Saturday, July 20, 2024

Quién es quién en la dramaturgia cubana: Diccionario

 


Sobre el nuevo libro de Pedro Monge Rafuls:

Un diccionario sobre los autores de teatro en Cuba… Nunca había existido. Y de pronto... ¡EXISTE!!! ¿Qué decir? Lágrimas en los ojos al ver tantos nombres, tantas obras… Buenas, malas, mediocres… poco importa. Es el amor al Teatro lo que nos une a todos y a todas. Gracias a Dios y gracias a Pedro Monge Rafuls. El primero creó el mundo. El segundo salvó el Teatro Cubano del olvido.
EDUARDO MANET

¿Se puede conocer a un país sin leer su teatro? Tal vez sí, como se conocen las rocas de Marte, las tormentas solares o el polvo lunar. Pero sin adentrarse en el teatro cubano y sus autores, será imposible comprender los conflictos del alma de una nación singularmente dramática, con sus contradicciones profundas y sus anhelos inconfesables. Gracias a este libro, el lector encontrará una ruta de acceso a esos secretos: un camino a veces arduo e intrincado, pero sin dudas, revelador y fascinante.
YUNIOR GARCÍA AGUILERA

Cuando se ha omitido tanto y desconocido a tantos, el Diccionario de dramaturgos cubanos elaborado por Pedro Monge Rafuls se eleva como una de esas piedras que los antiguos colocaban para perpetuar una vida, una existencia. «Quién es quién en la dramaturgia cubana» es un diccionario imprescindible para el teatro cubano y latinoamericano.
ALBERTO CURBELO

Este diccionario es una luz imprescindible para nuestra dramaturgia, que contribuye a comprender las conexiones entre épocas y generaciones, el mapa disperso al que pertenecemos, como parte de nuestra nación. La labor titánica de Pedro Monge Rafuls en este libro, rinde homenaje a nuestra dramaturgia y la dignifica, con una obra trascendental que nos guía por su Historia y nos muestra como un Todo. A partir de ahora, podemos encontrar, con este libro, quién es quién en la dramaturgia cubana, y nuestra memoria, con sus vacíos, nos es entregada, para comprendernos.
ULISES RODRÍGUEZ FEBLES

Pocas veces en las estrechas páginas de un diccionario pueden captarse los capítulos de la historia que forman parte de nuestras vidas y nuestra cultura. El Diccionario de la Dramaturgia Cubana ha logrado llenar un vacío al recoger la existencia de nuestro teatro a través del tiempo. El teatro, lamentablemente, es el huérfano de nuestras artes. Un pueblo disperso, incluyendo la tragedia del exilio, podrá encontrar en este acertado sumario el importante quehacer teatral que es parte de nuestra historia.
RAÚL DE CÁRDENAS

Tuesday, July 9, 2024

Fidel, tirano tímido*



Por Enrique Del Risco

Antes del encontronazo en Córdoba en 2006 con el periodista exiliado Juan Manuel Cao, que terminó sacándolo de circulación, uno de los mayores berrinches públicos protagonizados por Fidel Castro fue en una reunión con aprendices de periodistas en la Universidad de La Habana en octubre de 1987. Digo público y exagero. En realidad, la reunión ocurrió a puertas cerradas en la sede del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (ese que los cubanos llamamos «El Partido», para abreviar, a falta de otro). A pesar de que el suceso contó con la mayor concentración de periodistas por metro cuadrado que conociera la república por aquellos días, no trascendió a la prensa.
Por suerte existen los rumores. Gracias a ellos nos enteramos de que en la reunión los pichones de periodistas, soliviantados por los aires de apertura que soplaban desde la Unión Soviética, se cuestionaron la realidad nacional al punto de que el Comandante en Jefe, primer secretario del Partido y presidente del Consejo de Estado y de Ministros, llegó a dar un puñetazo en la mesa. Si los rumores son fidedignos, lo que detonó la explosión del Máximo Líder fue la afirmación de que en la prensa cubana circulaba rampante el culto a su personalidad.

Fidel Castro siempre fue especialmente sensible con el tema. No solo decía haber combatido el culto a la personalidad, sino que afirmaba —con su modestia característica— haber marcado nuevas pautas universales al respecto. «En nuestro país nos cabe a los dirigentes revolucionarios la honra de haber establecido un precedente único hasta hoy —dijo el 13 de marzo de 1966—, que fue una ley de la Revolución, una de las primeras leyes de la Revolución, estableciendo la prohibición de ponerle el nombre de ningún dirigente vivo a ninguna calle, a ninguna ciudad, a ningún pueblo, a ninguna fábrica, a ninguna granja; prohibiendo hacer estatuas de los dirigentes vivos; prohibiendo algo más: las fotografías oficiales en las oficinas administrativas. Le cabe a esta Revolución ese honor».

Cuando hacía un resumen de sus primeros 20 añitos en el poder, el Comandante en Jefe aseguró: «Nuestra Revolución jamás devoró a ninguno de sus hijos, porque no hubo culto a la personalidad ni dioses sedientos de sangre. La más estrecha unión, respeto y camaradería reinó siempre entre todos los revolucionarios». Cuando se había retirado de sus cargos oficiales de secretario general, etcétera, se ufanaba de que «Nunca se practicó tampoco en nuestro país el culto a la personalidad, prohibido por nuestra propia iniciativa desde los primeros días del triunfo». Cierto que luego del fusilamiento de Ochoa y el curioso infarto de Abrantes hablar de «estrecha unión, respeto y camaradería» se hacía incómodo y el retirado Comandante en Jefe prefirió ser discreto al respecto.


Usemos su estilo rotundo para decir que nunca un hombre de Estado se vanaglorió más de su humildad. Incluso llegó a decir que «El ejercicio del poder debe ser la práctica constante de la autolimitación y la modestia». ¡Ya habría querido Marco Aurelio tanta contención para sí! Pero preguntémonos, en serio, ¿por qué tanto comedimiento en una personalidad desbordada por naturaleza? Deberemos recordar entonces que, a diferencia de Mao Tse Tung o Kim Il Sung, el reinado de Castro I se inició cuando todavía resonaban los ecos del XX Congreso del PCUS de 1956. Allí, el entonces secretario general Nikita Khrushev había resumido una de las carreras criminales más brillantes en la historia de la humanidad bajo la acusación, más bien tenue, del culto a la personalidad. De las conclusiones del histórico congreso soviético, el Comandante en Jefe, etcétera, extrajo una de sus más importantes lecciones para el ejercicio del poder en nombre del comunismo. Podías mandar a la muerte a 20 millones de personas —si la demografía de la nación lo permitía, claro—, pero lo verdaderamente imperdonable para una ideología tan arraigada en la humildad sería llenar el país de estatuas y retratos tuyos.

El culto de la personalidad del líder tal y como lo había ejercido en vida Stalin era, además de poco pragmático, un atentado a la estética. Instalar en cada población del país una estatua en bronce de al menos el doble del tamaño natural era, por una parte, un despilfarro de materias primas y, por otro, una obscenidad.

Eso no no impedía que cada vez que el Comandante en Jefe tomaba la tribuna para lanzar un discurso —de al menos dos horas y media— todos los canales de televisión y las estaciones de radio lo transmitieran en cadena y todos los periódicos lo reprodujeran al día siguiente en su totalidad. O que no hubiera recurso más socorrido para adornar ciudades, fábricas o carreteras que empapelarlas con frases tomadas de los mismos discursos acompañadas de un retrato de su modesto autor. O que las menores insinuaciones lanzadas en sus discursos tomaran desde la mañana siguiente fuerza de ley inapelable, sin importar siquiera que contradijera lo dicho por el mismo orador en una ocasión anterior.


Muy pronto, el Comandante Etcétera le tomó el gusto a tan esforzado ejercicio de autocontención y timidez. ¿Para qué aparecer como el origen de las decisiones y medidas que se tomaban en el país, si bien podía presentarse como el intérprete y ejecutor de los deseos del pueblo? ¿O por qué no permitirles a sus ciudadanos expresar libremente lo que su líder había decidido por ellos? ¿Era necesario eliminar el estipendio que recibían los estudiantes universitarios? Se le daba la tarea al deportista más popular del momento —el inefable Alberto Juantorena— para que en nombre de los estudiantes del país renunciar a unos pesitos que nadie en su sano juicio hubiera rechazado.

¿Había que revitalizar las milicias? Se le daba la palabra a un humilde ciudadano para que les recordara a los asistentes en algún magno evento la necesidad de defender la patria y usar los fines de semana en infinitos entrenamientos. ¿Cometía el Comandante un error de cálculo sobre la cantidad de gente dispuesta a irse del país en 1980? Dejaba que el pueblo se lanzara «espontáneamente» a asediar a los que optaban por irse. ¿Se empezaban a multiplicar las voces disidentes? El pueblo, tan autónomo siempre, creaba grupos parapoliciales nombrados «Brigadas de Respuesta Rápida» que se encargaban de los famosos actos de repudio.

Todo lo anterior fue iniciativa popular, si no me cree busque en los discursos del Comandante las expresiones «Brigadas de Respuesta Rápida» y «actos de repudio» y no los encontrará ni una sola vez. (Sin embargo, fui testigo en 1990 de cómo un «seguroso» vestido de civil montaba en una guagua para animarnos a participar en un acto de repudio «espontáneo» contra «los que nos quieren quitar las escuelas y los círculos infantiles». ¿Estaría actuando el «seguroso» por cuenta propia? Los que sin dudas no lo hacían eran los estudiantes de la Universidad de La Habana, a quienes ese día los dispensaron de ir a clases para que pudieran hostigar al disidente Gustavo Arcos Bergnes en su apartamento en El Vedado).


El autoritarismo recatado y tímido se empezó a ensayar muy temprano. En otro artículo he mencionado el caso del discurso del 6 de febrero de 1959 cuando el líder de la «revolú» triunfante «sugirió» un boicot a una publicación por el simple hecho de haber incluido en sus páginas una caricatura suya. (Para asegurar el cumplimiento del boicot, la madrugada siguiente, miembros del Ejército Rebelde requisaron los ejemplares de la publicación recién salidos a la venta). Apenas un año más tarde, el Comandante fue interpelado en medio de un discurso a sindicalistas por una mujer que se quejaba de «que le estaban haciendo igual que en la época del Gobierno de Batista». Con su habitual contención, el orador le pide a la multitud que se calme y que invite a la señora «a que se retire buenamente» porque «aquí en una tribuna no se vienen a plantear problemas personales de ninguna clase; y cuando una persona viene a un acto o a una tribuna a plantear un problema personal, es por dos razones: o porque quiere sabotear el acto o porque no está muy bien de su salud». Minutos más tarde comenta que le han informado que «la señora está mal de salud mental». Resulta totalmente lógico, porque al decir del orador «nadie que esté cuerdo se atreve a venir a provocar al pueblo aquí».

Paradójicamente, saberte en posesión de un poder tan vasto e infalible, tan incontestable que solo se atreverían a desafiarlo quienes están fuera de sus cabales, puede hacerte perder la cabeza. Fue lo que le ocurrió al camarada Stalin. Fidel, en cambio, poseía un control sobre sí mismo que, aun sabiéndose sobrehumano, renunció a sembrar la isla con estatuas suyas. (Algún guasón argumentará que al Comandante siempre se le dio tan mal la escultura como la agricultura, pero no vale la pena contestarle).

Más importante y duradero fue esparcir sus ideas y sus frases con la esperanza de que echaran raíces en su pueblo. En efecto, nunca su pensamiento ha estado más presente entre los cubanos. Sobre todo, por aquello de «no los queremos, no los necesitamos» que tanto compatriota ha tomado de paternal consejo para irse de la isla. Que ahora se haya creado un esplendoroso Centro Fidel Castro Ruz, dedicado a su pensamiento o que abunden las referencias públicas al «Dios Fidel» no es traicionar la infinita modestia comandántica. Fidel, en su infinita sabiduría, no se oponía a homenajear «a los que ya rindieron su vida por la causa».

Es hora de que, tras su muerte, demos rienda suelta a la adoración que merece. Porque si las cosas en la isla no marchan como debieran, seguramente es por no seguir fielmente su guía infalible.

*Publicado originalmente en El Toque


La Víbora y sus orígenes*

Por Yaneli Leal

 


En 1902, el novelista Ramón Meza lamentaba que el barrio de La Víbora, llevara el nombre de tan "espeluznante reptil". Lo curioso es que este ha sido uno de los caprichos populares más longevos de La Habana, nunca transfigurado en ley, ya que el barrio La Víbora no está asentado ni delimitado legalmente en ningún documento histórico. Lo que conocemos como tal es la unión de varios repartos popularmente unificados bajo el nombre de un antiguo asentamiento campestre.  

Una vez que La Habana se instaló junto a la bahía, las zonas sur y oeste se definieron como espacios de explotación agrícola y ganadera, lo que garantizó su paulatino poblamiento. Con la rápida expansión extramural, el sur se potenció como región productiva y de comercio, en fuerte vinculación con los caminos trazados desde intramuros. Entre los primeros estuvo el de Monte, que a la altura de la Esquina de Tejas se bifurcaba y continuaba hacia el sur por el camino de Matabanó. Esta línea sinuosa pero bastante vertical en disposición norte-sur comunicaba con el antiguo poblado de Batabanó. Luego fue rebautizado Camino Real del Sur; a partir del siglo XVIII, Jesús del Monte; y desde 1918, Diez de Octubre.  

Villa Isabel, frente al paradero de La Víbora

En el sur de La Habana, esta vía constituyó punto de partida de los primeros proyectos urbanizadores, definiendo una ocupación lineal que se expandió a ambos lados de ella. De ahí que las secciones más irregulares estén condicionadas por el accidentado recorrido del legendario camino, y los trazados de los repartos varíen su orientación al buscar paralelismo con la antigua calzada.  

Se ha registrado que a finales del siglo XVII o principios del XVIII, entre las actuales calles Acosta y Santa Catalina, había una especie de cuadra que servía de descanso a los arrieros que trasportaban mercancías hasta la actual Habana Vieja. La edificación tenía una campana de bronce que anunciaba la salida y entrada de vehículos, por lo que fue conocida como Paradero de la Campana. Luego su nombre cambió al de La Víbora, por la pintura que identificaba el consultorio de un médico alemán que allí radicaba desde 1728. Este nombre quedó e incluso renombró extraoficialmente la vía de Jesús del Monte desde la Loma de Luz o Chaple hasta el final.

Al siglo XIX correspondieron los primeros proyectos urbanizadores aprobados por el Ayuntamiento, y aunque algunos no se ejecutaron inmediatamente, fueron testigos del interés inmobiliario que existía en el área. Su vinculación con los centros de producción y cultivo definieron la población de clase media y baja, con inclusión de familias de renombre que, atraídas por el carácter campestre y las hermosas vistas, tomaron parte activa en la urbanización y desarrollo social, económico y cultural de la localidad.

Antigua Academia Militar del Caribe

La práctica constructiva tradicional y las regulaciones vigentes condicionaron la estrechez de las calles y la ocupación compacta de las manzanas. Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, los repartos buscaron ganar en amplitud e higiene, al incluir vías amplias, parterres, portales y pasillos laterales. Los patios, por lo general traseros, respondieron a la preeminencia de lotes largos y estrechos.

Contemporáneos discretos de El Carmelo y El Vedado, los nuevos repartos del sur, aún con sus irregularidades, manifestaron la influencia de las corrientes de planeamiento urbano decimonónicas que motivaron el diseño de barrios residenciales mejor ordenados y ventilados, dígase más modernos física y visualmente, y con sistemas de infraestructura moderna (alumbrado, acueducto, alcantarillado y pavimentación). No obstante, el gran cambio fisionómico del lugar tomó gran parte del siglo XX.

Instituto de La Víbora

Actualmente cuesta imaginar lo que en 1940 describía un vecino de la calle Estrada Palma, entre Heredia y Poey, del año 1914: "Al principio se podía decir que vivía uno en pleno campo. […] Por las tardes íbamos a pasear con nuestros hijos, el mayor de 11 años, por lo que se llamaba La Huerta de los Chinos, vasto campo sembrado por los asiáticos que lo ocupaban, de variadas hortalizas, y cruzado de zanjas y regatos de agua no muy limpia, y por lo que se vio recientemente, nada higiénica. Eran unas excursiones encantadoras, llenas de sorpresas y fáciles peligros. Perderse y volverse a encontrar entre aquellos matorrales; caminar haciendo mil equilibrios sobre la gran cañería maestra de Vento que cruzaba sobre una cañada. Cazar tomeguines con jaulitas de trampa. Atrapar pintorescas mariposas, temblantes sobre las endebles ramas de los romerillos. Volver a casa cargando un palo travesado, del que pendían goteantes y frescas lechugas, jugosas acelgas, nutritivas coliflores, tiernos rabanitos, etc. Algunos domingos por la mañana ascendíamos a la Loma de Chaple, frontera a nuestra casa de Estrada Palma, a ver el plateado globo de aluminio del Capitán Zorrilla, ascender allá a lo lejos, detrás del Plaza, donde se hallaba la carpa de Pubillones. […] Hoy todo aquello está urbanizado, fabricado, cuadriculado, solicitado, y de La Huerta de los Chinos no queda ni un rábano de muestra".

Villa Teresa. Foto tomada del sitio para alquiler de casas https://www.havanacasaparticular.com/

Del germen marcado por el barrio De la Cruz (1864), cuyos límites originales fueron las actuales calles Diez de Octubre, Carmen, Poey y Libertad, el territorio fue consecutivamente parcelado y definido por otros barrios. Estos fueron: Vivanco (1903) y sus ampliaciones en 1907 y 1922 (La Sola), Acosta (1905), El Rubio (1906), Loma del Mazo (1906), ampliación De la Cruz o Párraga (1908), Havana Land Co. (1908), Loma de Chaple (década de 1900), Nueva Habana (1914) y su ampliación de 1947, Chaple (1914), La Floresta (1914), y San Juan Bosco (década del 40).

En algunos trazados participaron conocidos arquitectos e ingenieros cubanos como Walfrido Fuentes, Antonio Fernández de Castro, Eugenio Rayneri, Benito Lagueruela y Francisco Centurión. Estos dos últimos fueron inmortalizados en dos calles, hoy renombradas Continental y Pedro Consuegra.


Resulta interesante que entre tantos nombres perviviera aquel del siglo XVII homogeneizando hasta hoy los que legalmente tuvieron los proyectos de urbanización. De este modo, los que en realidad eran 15 repartos, han trascendido popularmente como uno. Tras una amplia investigación que involucró planos de urbanización, documentos históricos y la consulta de especialistas y vecinos de la zona, Juan Carlos Santana definió un derrotero para ayudar a comprender lo que entendemos por La Víbora, definida por las calles General Lee, Diez de Octubre, Acosta y Vento. Un barrio habanero amado por sus bondades paisajísticas y arquitectónicas que lamentablemente se deprecian a paso acelerado por la desidia estatal, la crisis económica y la deficiente administración pública. 

*Tomado de Diario de Cuba

Tuesday, July 2, 2024

La muerte asistida de mi padre, Carlos Alberto Montaner*


Por Gina Montaner

 
Son días de sentimientos encontrados para mí. Este 25 de junio se cumplió en España el tercer aniversario desde que la ley de eutanasia entró en vigor. Y el pasado 29 de junio marcó el primer año de la muerte de mi padre, el escritor cubano y analista político Carlos Alberto Montaner, quien pudo acogerse en Madrid a la prestación de ayuda para morir. Mi padre ha sido una de las 323 personas que en 2023 recibieron la muerte asistida en España. De ese modo, cumplió su deseo de marcharse de este mundo antes de que una cruel enfermedad neurodegenerativa acabara por postrarlo en una cama con las facultades físicas y cognitivas totalmente mermadas.
Mi padre falleció a los 80 años gracias a la sedación que le practicó un equipo médico de la sanidad pública española. No fue fácil recorrer el camino debido a los obstáculos que enfrentamos, a pesar de que con anterioridad él había establecido sus últimas voluntades en el testamento vital (documento que está al alcance de todos los españoles). Para él y para la Asociación Morir Dignamente (DMD), que fue nuestra guía en todo momento, no había duda de que su caso se ceñía a los requisitos de la ley vigente: su enfermedad era incurable, crónica e imposibilitante. Unos años atrás le habían diagnosticado Parkinson y una posterior resonancia magnética arrojó un diagnóstico más cruel: su mal era un Parkinson atípico y más severo llamado Parálisis Supranuclear Progresiva (PSP).

Mi padre luchó con perseverancia contra el avance de la enfermedad, pero cuando advirtió que más pronto que tarde su actividad intelectual, que había sido su brújula desde muy joven, se desvanecería irremediablemente, tomó la decisión (muy meditada) de solicitar la eutanasia antes de perder del todo su autonomía. El objetivo de la ley de eutanasia en España es el de respetar la voluntad de quienes, por determinadas enfermedades, desean poner fin a la vida; asimismo, debe garantizar que se haga con la máxima profesionalidad de los médicos, algo que no siempre se cumple. Para mi padre, la mayor dificultad radicó en la falta de formación de los profesionales de la sanidad pública en lo referente a abordar con conocimiento una ley que todavía es nueva y que está en pleno rodaje.

Según datos de DMD, casi un tercio de las personas que solicitan la eutanasia en España fallecieron durante la tramitación. Es un escollo que los defensores de este derecho atribuyen, principalmente, a la burocracia y a una tendencia de los médicos a no ponerse en el lugar de quienes solicitan la prestación de ayuda para morir al verse cercados por enfermedades terminales o padecimientos que avanzan inexorablemente como el Alzheimer, ELA o Parkinson. Fue muy duro para mí y la familia inmediata acompañar a mi padre en un camino cuyo final sería su despedida definitiva. Pero también fue un motivo de satisfacción ayudarlo a concluir su fructífera trayectoria vital. A lo largo de su vida luchó por la libertad en Cuba, su país natal y de donde tuvo que huir por la dictadura castrista; también luchó a favor de las libertades individuales porque era un firme creyente en el modelo de las democracias abiertas. Mi padre era un liberal en el sentido más amplio (no sólo en lo económico) y siempre se pronunció a favor de la legalización de la eutanasia. Para él era un derecho fundamental que debía estar al alcance de quienes se vieran en situaciones extremas de salud.

La vida nos aboca a pasar de lo abstracto a lo concreto y es la prueba definitiva de la capacidad de poner en práctica las creencias que enarbolamos. En el otoño de su vida –después de haber escrito sus memorias. Sin ir más lejos, publicadas en 2019–, mi padre se vio en la disyuntiva de plantearse una muerte asistida como salida a una enfermedad que lo carcomía con rapidez. Lejos de abordarlo con emotividad, lo hizo con fría racionalidad y fiel a su línea de pensamiento: había llegado el momento de acogerse a la ley de eutanasia y, por ser ciudadano español, tenía la fortuna de poder hacerlo en uno de los pocos países que ha legalizado este derecho (un total de 7 en todo el mundo).

En la década de los 70, mi padre vivió con júbilo la transición a la democracia en España. Desde entonces, la conquista de las libertades individuales fue avanzando porque la sociedad española estaba dispuesta a abrazar la tolerancia. Cuando en junio de 2021 la ley de eutanasia finalmente entró en vigor, contaba con el respaldo de la mayoría de los españoles. Representó todo un triunfo frente a las presiones de la Iglesia y la oposición de partidos de ultraderecha como Vox. Hoy me uno a las celebraciones de organizaciones como DMD, que en el tercer aniversario de esta ley también informan de la importancia de mejorarla y de resolver los obstáculos que los solicitantes encuentran a lo largo de tan duro proceso.

También, y a pesar del profundo dolor que siento por su pérdida, celebro que mi padre pudo despedirse como él lo deseaba: por medio de una muerte digna y muy dulce (Una muerte muy dulce es el título del libro que Simone de Beauvoir escribió sobre los últimos días de vida de su madre), que lo libró de un deterioro definitivo que para él era inaceptable. Mi padre vivió y murió libremente. Ganó la más primordial de las batallas.

*Tomado de El Nuevo Herald

Sunday, June 23, 2024

Film "Amigos" by Iván Acosta at Coral Gables Art Cinema

 


Description

FILM + Q&A with writer/director Iván Acosta and actor Ruben Rabasa, moderated by local filmmaker Gabriel de Varona.

 A Cuban refugee named Ramon (Ruben Rabasa) arrives in Miami after being in prison for years. Freed during the Mariel boatlift, Ramon is welcomed to Florida by his childhood friend Pablo (Reynaldo Medina). Pablo, now a successful car salesman with a comfortable life and a beautiful fiancée (Lucy Pereda), takes Ramon under his wing. As Ramon navigates his new life, Pablo helps him experience the American dream.

Upset by the negative depiction of "Marielitos" in Brian De Palma's Scarface (1983), Cuban writer/director Iván Acosta (El Super play) sought funding to make the first feature-length film made in the U.S. entirely by Cuban filmmakers, artists, technicians and actors. Amigos presents "the other face of Scarface" (Miami Herald) and was filmed on location in Miami, with additional scenes shot in Washington D.C., Union City, New Jersey, and New York City.

 "The Cuban community in Miami had a very negative attitude towards the new refugees. So, to me, it was very important to tell the human story of the "Marielitos." In Amigos, we aimed to do just that, in El Súper’s style. In El Súper, I had Roberto Amador Gonzalez expressing the Cuban exile experience of those days. In Amigos, I have Ramón Goizueta Fernández, telling the stories of many Cuban refugees who decided to leave everything behind, to escape through the Mariel boatlift. I wrote the script as a bittersweet comedy drama." —Iván Acosta

 Ruben Rabasa, who stars in Amigos, is also featured in the film Thelma, showing at Coral Gables Art Cinema June 21 to July 4.

 "A story of a Mariel refugee told with warmth and humor." — The Miami News

Tuesday, June 18, 2024

Los edificios más antiguos de El Vedado*

Casa de Cosme Blanco Herrera, hoy Centro Cultural Vicente Revuelta


Por Yaneli Leal

El Vedado, paradigma del urbanismo moderno, modelo permanente para los barrios de expansión de La Habana, referente obligado, intensamente estudiado por los urbanistas cubanos del siglo XX, fue la primera bandera de modernidad plantada en la capital cubana. Dígase mejor, trazada en su tierra. Colmado luego por palacetes que desplegaron lo mejor de la arquitectura republicana, y alzado su perfil con múltiples torres de apartamentos, no detuvo su espíritu de vanguardia hasta mediados del siglo XX.

No obstante, El Vedado (nombre genérico que incluye el reparto El Carmelo) nació en el siglo XIX, época de la que aún conserva algún patrimonio construido. Conocerlo es el primer paso para valorarlo. Preservarlo debería ser, dado su significativo deterioro, un compromiso urgente.

De 1859-60 es la concepción de su magnífico trazado que tan eficientemente ordenó la circulación peatonal y vehicular, y privilegió el confort doméstico con el uso de la vivienda aislada con jardín, portal y pasillos laterales, provocando una excelente transición entre el espacio público y privado con la vegetación como elemento protagónico. Su ejecución, contrario a lo que se creería, tomó tiempo. En los primeros años del siglo XX, Renée Méndez Capote, quien tenía su residencia en 15 y B, comentaba que aún no habían parques ni aceras, y que las únicas calles no interrumpidas por furnias eran Línea, 17 y Calzada. El alumbrado era con faroles de gas y aún no había alcantarillado.

En esta zona de la ciudad existían varias canteras de piedra, de las cuales se extrajo material de construcción, sobre todo empleado en Centro Habana. Todavía queda la huella de algunas como las furnias de 25 y N (Canteras de la Cueva) y 25 y K (Canteras de Vega), sobre la que hoy se levanta el nuevo mastodonte hotelero.

En sus Memorias de una cubanita que nació con el siglo, Méndez Capote describe un Vedado que mantenía un fuerte matiz campestre al empezar el siglo XX, donde abundaban murciélagos y lechuzas, y pastaban chivos, vacas y burras. Así lo resume: "El Vedado de mi infancia era un peñón marino sobre el que volaban confiadas las gaviotas y en cuyas malezas crecía silvestre y abundante la uva caleta. Las cercas eran de tunas espinosas, el aire lo poblaban las auras tiñosas, los totíes, los gorriones, las bijiritas y los sinsontes y en las furnias gigantescas de la orilla derecha del Almendares, de las que serían la Calle 23 y la Calle 15, anidaban las iguanas, los hurones y las ratas".

Como construcciones de siglos anteriores estaban: el reducto de la Chorrera (c.1641-43), el Castillo del Príncipe (1767-79) y el Cuartel de la Pirotecnia Militar (Colina Universitaria) en su límite sur. ¿Pero qué edificios ocuparon El Vedado del siglo XIX? ¿Cuáles quedan?

Coincidiendo con la fundación del reparto, en Línea y 18 se definió una estación o paradero para el tranvía que comunicaba con La Habana Vieja. Se dice que el inmueble actual es de inicios del siglo XX. También se comenzó a construir al sur el cementerio Colón en 1871; la Iglesia de la Virgen del Carmen (o del Rosario) en 16 entre 13 y 15, en 1872, que permanece inconclusa; y en 1880 el hospital Nuestra Señora de las Mercedes, en 23 y L (demolido en 1958). Además había algunos baños de mar y el Club de Béisbol Habana.

Hotel Trotcha


En 1886 se inauguró el Hotel Trotcha, en Calzada y 2, que desde temprano fue muy popular como espacio de alojamiento y por los bailes, juegos, conciertos y obras de teatro que organizaba. Ya muy maltrecho, el edificio fue parcialmente destruido por un incendio en 1986. Su pórtico monumental, querido y recordado por los vedadenses cayó con el huracán Irma en 2017. Los restos de las columnas fueron removidos del lugar muy a pesar de los vecinos.

Dos décadas después de aprobado El Vedado, alrededor de 45 manzanas estaban ocupadas total o parcialmente con viviendas. Las edificaciones se concentraban sobre la calle Línea hasta 3ra y al sur hasta 13, en el tramo inscrito entre las calles 24 y G. Atravesada en la retícula aún se conservaba la hacienda del conde de Pozos Dulces (entre las manzanas D, 11, F y 15 aproximadamente). Según Méndez Capote, "estaba abierta para los niños con su verja alta y su gran jardín lleno de flores y de árboles frutales en que abundaban los nidos, y la casa de vivienda se alzaba acogedora en una loma. Todas las mañanas íbamos a jugar a la hacienda de Pozos Dulces, como dábamos una vuelta por casa de los Parajón, que tenían animales en el jardín y nos llegábamos al Trotcha a ver los cocodrilos".

Las primeras viviendas tuvieron gran relación con las quintas de El Cerro, copiaron la elegante línea neoclásica de las fachadas, los altos puntales y techos planos, los grandes ventanales con lucetas de colores y la fantástica herrería de cancelas, barandas y rejas de portal. Por regla general omitieron el patio interior típico de la vivienda colonial, cuya función climática sustituyó el entorno ajardinado, e incorporaron pasillos interiores para articular las habitaciones de la casa. Algunas son de una planta como la de Juan Bautista Docio (1880) en Línea 804, y la de Línea, entre 8 y 10 (1889), de las pocas con patio interior; y otras de dos plantas como las de Antonio González Curquejo (c.1880) en Línea y B 612, y las gemelas de B entre Línea y Calzada (151 y 153), también construidas por González Curquejo para alquiler.

No faltó el uso de viviendas en tira con paredes medianeras, como las de Línea entre C y D, y las de Calzada entre 8 y 10. No obstante, el modelo de casa exenta se impuso. Las más vistosas residencias que se conservan del siglo XIX son las que están en Línea entre D y E: la de Francisco López García (1888), en el número 508; su vecina en el 502, ya de 1900; y enfrente la número 505, de Cosme Blanco Herrera (1892-1901).

La primera, hoy en restauración por el estudio privado de arquitectura Infraestudio para centro de arte contemporáneo, destaca por su magnífico portal de seis metros con arcada de pilastras adosadas. Su enorme cancela es una obra de arte de la herrería decimonónica, sin duda la más elaborada y vistosa de la barriada, cubierta por un mediopunto de fábrica que tuvo tres copas de cemento. Hermosas son también las piñas piñoneras colocadas sobre cada montante de la reja de entrada. A su lado, la número 502 destaca por las delgadas columnas de hierro que sostienen el portal con gingerbreads también metálicos.

Aunque la reina de la ornamentación fue la residencia del industrial Cosme Blanco Herrera, donde la base neoclásica se desbordó con la filigrana de las molduras y los balcones de vidrios de colores. Desde 1970 esta vivienda albergó la sede de Teatro Estudio, y ha sido utilizada como local de ensayo, representaciones, exposiciones y oficinas de las direcciones de arte dramático. Conocida como la Casona de Línea, desde 2014 se llama Centro Cultural Vicente Revuelta. En 2003, se inauguró en sus jardines una nueva sala de teatro llamada Adolfo Llauradó, que al día de hoy continúa siendo uno de los espacios preferidos del teatro cubano.

Tal vez la más popular de las casas del siglo XIX vedadense es la de Línea y 14 (c.1880). Inicialmente de alquiler, fue residencia definitiva de Dulce María Loynaz entre 1920 y 1946, aunque antes su familia la alquiló en varias ocasiones. Se levanta sobre un basamento donde estaban las habitaciones de servicio, y para el acceso a la planta principal tiene una escalera bifurcada. Es de las pocas con techo inclinado y portal de madera. Federico García Lorca, quien la visitó, la llamaba "mi casa encantada".

Casa de Dulce María Loynaz

Al igual que otras viviendas de su época ha sido convertida en ciudadela, y sufre un crítico estado de deterioro. Maltrechas sobreviven esas casas para recordar los inicios de El Vedado, de ese barrio insignia de la modernidad habanera. En su poema "Últimos días de una casa", Dulce María Loynaz dio voz a esta casa que cuenta la transformación del entorno y llora su ruina. Quede esta estrofa como un reclamo amplificado más de medio siglo después de escrito el poema:

No he de caerme, no, que yo soy fuerte.
En vano me embistieron los ciclones
y me ha roído el tiempo hueso y carne,
y la humedad me ha abierto úlceras verdes.
Con un poco de cal yo me compongo:
con un poco de cal y de ternura…

*Tomado de Diario de Cuba


Sunday, June 9, 2024

ASPECTOS DE LOS MISTERIOS DEL ESTUDIO SOBRE LA CULTURA DE LA POBREZA EN CUBA, POR OSCAR LEWIS

Oscar Lewis

Por:  Rolando A. Alum Linera  [miembro de la AHCE desde 2021]

SUMMARY:   I have been writing for decades about the aborted “Culture of Poverty” Project by U.S. anthropologists Oscar Lewis and Douglas Butterworth in socialist Cuba in 1969-70.  I synthesize past findings and update them with fresh research, while narrating about the Insua family, who were the Project’s main victims (Alvaro Insua spent six years in jail for collaborating with the Project].  Likewise, I rebut S. Rigdon --the biographer of O. Lewis-- who insulted the Insuas (and me) online about the obituary of álvaro Insua that I authored for the Anthropology News (of the American Anthropological Assoc.) [vid Alum, 2020; see link below, at the end].  For the sake of space economics, I only address in the Academia’s Blog some of the issues raised in my more thorough chapter on the topic in the Academia’s ANUARIO # 7 (2023: pp.152-163), though focusing here on the Rigdon unwarranted confrontational comments .  This brief version does not include the Footnotes, Bibliography and my Biographical Information, which do appear in the Anuario # 7 {ralum@pitt.edu}.  

 

   I--Exordio:  En 1969 el famoso antropólogo sociocultural (etnólogo) estadounidense Oscar Lewis fue a Cuba acompañado de su esposa Ruth Maslow Lewis y de su principal colega, Douglas Butterworth con el propósito de conducir el primer estudio en un país “socialista” sobre la “Cultura de la Pobreza” [C-P en adelante].  Tenían la anuencia excepcional de la máxima cúpula gubernamental que llanamente esperaba resultados favorables al gobierno con fines propagandísticos posteriores.  El estudio investigativo [el Proyecto en adelante], rodeado de controversias, reveló información demostrativa sin precedentes acerca de los efectos iniciales de la regimentación socialista en Cuba post-1959. 

   Esta versión resumida para el Blog de la Academia no incluye las Notas al Pie, la Bibliografía relevante, y los Datos Biográficos que sí aparecen en el ANUARIO # 7 (2023).   

   II--Enigmas de la teoría de la C-P:  Influenciado por el análisis marxista, y basado en sus estudios previos entre mexicanos y puertorriqueños, Lewis había catalogado los aspectos comunes del elusivo dilema de los pobres en sociedades capitalistas.  Aunque la pobreza se define en términos relativos, la C-P se conceptualiza como un cuerpo amorfo de creencias y conductas transmitidas socio-culturalmente de generación en generación; por ej., baja ética de trabajo y de conciencia socio-cívica, abuso doméstico, alcoholismo, fatalismo, matrifocalidad, homofobia/machismo, consumo conspicuo, y sobre todo gratificación/orientación inmediata.

    Con el apoyo de una generosísima subvención de la Fundación Ford [casi $300,000 -- equivalente a más de $2.5 millones en 2024], los antropólogos intentaron someter a prueba un corolario a la teoría de la C-P.  Con una ingenuidad asombrosa, planteaban que la C-P no podría existir en un país comunista, ya que asumían que las condiciones socioeconómicas enajenantes que la engendran no podrían existir bajo el socialismo.  


El equipo cubano de Oscar Lewis en 1969

   III--Trascendencia del Proyecto:   Por supuesto que siempre hubo cubanos pobres --y de todo fenotipo-- desde la época colonial, y es concebible que existiera alguna versión de la C-P en los apenas 56 años de la era republicana [1902-1958].  No obstante, en mis propias comunicaciones con Butterworth me confirmó el hallazgo notable que él desarrolló en su excelente etnografía, The People of Buenaventura (1980), acerca de los residentes de viviendas públicas en las afueras de La Habana donde fueron relocalizados antiguos pobladores de favelas.  A pesar de que tenían muy pocos años de fabricadas, ya estaban plagadas de abandono y “nada funcionaba bien”.  Aunque Butterworth reconoció las deficiencias socioeconómicas de la Cuba de Ayer, no pudo confirmar --por ejemplo, a través de las “historias de vida” que logró recopilar-- si una C-P generalizada existiera antes de 1959.  

    Sin embargo, Butterworth pudo verificar que sí existía ya una C-P generalizada en 1969-70, aunque no necesariamente como sobreviviente del llamado ancien régime ya que estimó que apuntaba a ser una consecuencia del sistema socialista post-1959.  Por lo que el corolario de la tesis de Lewis de la supuesta imposibilidad de la C-P en un sistema socialista resultó ser refutada empíricamente.  A pesar de esta obvia conclusión, curiosamente, poca atención se la ha dado en la literatura de la Cubanología o de las ciencias sociales en general.

    El Proyecto proporcionó revelaciones notables que los defensores foráneos de la dictadura cubana todavía continúan obviando.  Entre otras cosas, demostró que la vida del cubano promedio hacia finales de la década inicial del régimen ya estaba atestada de corrupción y escasezes, así como de un desencanto extensivo con los gobernantes.  Todo esto es característico de lo que se denomina las “economías de escasez”, el estándar que se practicaba en las sociedades europeas de modelo soviético.

   Butterworth reveló cómo los cubanos “de a pie” ya se dedicaban a lo que hoy llamamos “formas cotidianas de resistencia”, el arma social de los subyugados en cualquier lugar.  También informó cómo los cubanos ya estaban socavando el estado hegemónico a través de acciones tabú, como: ausentismo, mercado negro, hurtos, y vandalismo, al igual que lo han descrito otros observadores extranjeros (e.g., el diplomático chileno Edwards [1973] y la antropóloga estadounidense Hirschfeld [2008]).

   IV--Cancelación del Proyecto:  Como se confirmó después, el gobierno espiaba todo aspecto del Proyecto: electrónicamente, plantando espías en el personal de oficina y de servidumbre, y los vecinos de los apartamentos asignados a los Lewis para oficinas y residencias en la otrora exclusiva Miramar, confiscados a exiliados.  Hasta la mayoría de los entrevistados fueron escogidos por la Seguridad del Estado.  Además, los entrevistadores eran principalmente miembros de la “Juventud” del Partido Comunista, quienes llegaban al punto de regañar a los entrevistados que se atrevían a quejarse del régimen.  A su vez, los entrevistadores tenían que reportar a oficiales del gobierno sus actividades diarias, según me contó a mí --y también a la historiadora Lillian Guerra (2015)-- la psicóloga [Dra.] Maida Donate (2011), quien participó en el Proyecto, aunque ya exiliada por años.

    Al enterarse el gobierno de las conclusiones negativas que se iban elucidando, los antropólogos extranjeros fueron súbitamente expulsados del país a mediados de 1970, acusados públicamente de “espiar para el imperialismo”.  Gran cantidad de los materiales de investigación, así como equipos y automóviles VW importados por Lewis fueron confiscados.  Peor aún, Álvaro Ínsua [1935-2019], quien aparte de servirle como entrevistado ayudó a Lewis con estadísticas --su profesión en la Academia de Ciencias cubana-- fue encarcelado, irónicamente el 4 de julio de 1970, acusado de “colaborar con espías.”

Alvaro Insua

   Aparte del libro de Butterworth (1980), otros tres volúmenes resultaron del Proyecto: la “Trilogía”, titulada paradójicamente Living the Revolution [Viviendo la Revolución (1977-78)], editados por Mrs. Lewis con la ayuda de la contratista Susan Rigdon [ver abajo], y basados en el material de entrevistas que los Lewis habían logrado sacar del país-isla previamente. 

    Los Insua fueron abandonados en Cuba a su suerte.  En mayo de 1980 se les “permitió” salir a Costa Rica, llegando luego a Miami, coincidiendo con el arribo de los refugiados del Mariel.  Seis meses más tarde se mudaron a Nueva Jersey, donde les di la bienvenida; y cinco años más tarde regresaron a Miami al ser nombrado allí Álvaro --también por sugerencia de varios de nosotros-- el corresponsal principal del incipiente Radio Martí (del Gobierno de EE.UU.).

    V--Debate Vs. S. Rigdon:   Al fallecer Ínsua a principios de 2019, la American Anthropological Association (la cual me hizo después “Miembro Distinguido”) publicó el obituario de Insua de mi autoría en el Anthro News, órgano de la organización.  Pero la antes mencionada S. Rigdon me refutó hostilmente vía online [Internet] (ver R. Alum, 2020,       <https://www.anthropology-news.org/articles/alvaro-insua/>; por ejemplo, la Dra. Rigdon:

1—Intentando mancillar la memoria de Álvaro, cuestionó el número de duros años que él cumplió en prisión, que incluyó campos de trabajo forzado:  Fueron seis; pero Rigdon esgrime que fueron menos, como si eso, de todas maneras, cambiara la ecuación. 

2—Negó que Greta Ínsua haya participado en el Proyecto:  Aunque no figuraba en la nómina oficial, sí colaboró estrechamente (pro bono), según me contaron Álvaro, Greta y el hijo Manolo Insua en nuestras conversaciones a través de las décadas.  Es evidente que los Insua eran prácticamente los únicos cubanos en quienes Lewis podía confiar.

3—Negó que el Proyecto fuera cancelado por el gobierno debido a las conclusiones negativas al régimen que iban surgiendo:  Pero hasta ahora, Rigdon no ha ofrecido otra explicación confiable.

4—Absurdamente, hasta cuestionó cómo y cuándo Álvaro y yo entablamos contacto:  Dio la casualidad que Barbara Hutchinson, otrora ataché cultural en la embajada de EE.UU. en Santo Domingo --donde me había dado la bienvenida como becado Fulbright en los años ’70-- fue enviada por el Presidente Carter al abrirse la Sección de Intereses en La Habana en 1978.  Cuando Insua fue a solicitar visa, Hutchinson nos puso en contacto estando yo aun en República Dominicana conduciendo mis estudios de campo entre cortadores de caña (e.g., Alum, 1985).

5—Negó falsamente que el Proyecto se enfocara en la C-P:  Ese enfoque es obvio y está bien aclarado por la misma viuda de Lewis en el primer volumen de la “Trilogía” (1977-78), y como se desprende también de los archivos en la Fundación Ford y en la Universidad de Illinois a los que he tenido acceso indirectamente solo gracias al profesor Steven Dikes (2011) de la Universidad de Colorado, quien es un reconocido experto en el legado intelectual de Lewis (debo aclarar que años atrás Mrs. Lewis me negó acceso).  

6—Negó que los Lewis abandonaron a los Insua--historial que es indiscutible (Alum, 2021).

  


  Es de notar, además, que Rigdon no es antropóloga, sino científica política; es experta en la China (donde ha pasado tiempo), no en Iberoamérica; no participó en el Proyecto, ni siquiera conoció a O. Lewis (solo devino en amiga cercana y contratista de Mrs. Lewis varios años más tarde); no es ducha en el idioma español; y nunca entrevistó a los Ínsua directamente, o a ningún otro participante del Proyecto.  Pero aun, jamás se interesó por tenderle una mano a los Insua.  Pero, así y todo, ella pretende:  (A) saber más que la familia Insua acerca de su propia odisea,  y  (B) hasta de cómo y cuándo nos contactamos inicialmente.  Es más, en la Antropología consideramos a los entrevistados como semisagrados; pero --con una ausencia de sensibilidad y compasión inaudita-- Rigdon le falta el respeto a la familia Insua.  Y uno se pregunta: ¿No es esto un ejemplo de lo que ahora tildan “apropiación cultural”?   Puede que esté errado, pero sospecho que Rigdon no se hubiera atrevido a lanzar sus insultos si las víctimas hubiesen sido de otra nacionalidad [y no cubanos], opuestos a un sistema de gobierno distinto.

    Mas aun, Butterworth tuvo que publicar su etnografía por separado de la “Trilogía” --precisamente-- por diferir de las intenciones, aparentemente algo indignas de la Sra. de Lewis y Rigdon de minimizar fundamentalmente los maltratos a los Insua y la traición gubernamental a O. Lewis.  Quizás jamás imaginaron que los Insua llegarían al Exilio a contar su historia, y/o que este humilde antropólogo los asistiera y defendiera públicamente. 


   Ambas autoras tienen su derecho a justificar al régimen castrista, si así lo desean.  Pero, como le ripostaron a Rigdon en el sitio Web de la ANTHRO NEWS: (a) Manolo Insua [el hijo de álvaro y Greta]; así como (b) la escritora feminista Ileana Fuentes, quien conoció a Álvaro, además entrevistó a Greta y continua su amistad; (c) y también el bibliotecario F. “Ray” Pestana, a quienes les agradezco su apoyo público:  ¿Es que acaso tiene Rigdon el derecho moral a pretender reescribir la historia a favor del gobierno en Cuba?  ¿Es que se cree ella con el derecho a ofendernos solo por nuestros esfuerzos de honrar la memoria de Álvaro? (ver Alum, 1982, 2019, 2020, 2021).  

   Precisamente, la meta de la AHCE es la de dejar sentado “un registro fidedigno” de la historia cubana --de antes y después de 1959-- tan tergiversada al estilo orwelliano por la dictadura de los Castro y sus acólitos extranjeros.  Aunque hay aun mucha tela por donde cortar, queden aquí aclarados algunos de los “misterios” del “Affaire” Lewis, como lo llamara Maurice Halperin (1981), un ex-radical estadounidense, amigo y crítico de O. Lewis, quien vivió en, y escribió tres libros sobre, Cuba.

Friday, May 24, 2024

"Emilia Casanova: la patriota cubana y gran amor de Cirilo Villaverde": entrevista con Ena Curnow

 

Por Enrique Del Risco

Ena Curnow acumula una larga trayectoria en el rescate de figuras relevantes en la historia cubanas, sobre todo mujeres. Es autora de Manana: detrás del Generalísimo, una biografía de Bernarda Toro de Gómez, esposa del de Mayor General del Ejército Libertador Máximo Gómez. También es obra suya Cien años de rebeldía y pasión, biografía de Leonor Ferreira, luchadora que se enfrentara sucesivamente a las dictaduras de Gerardo Machado, Fulgencio Batista y Fidel Castro. Justo ahora acaba de salir a la luz su monumental estudio Emilia Casanova: la patriota cubana y gran amor de CiriloVillaverde (Alexandria Library, 2024, 521 páginas). Sobre este último libro en particular giró nuestra entrevista a la autora.

Empecemos como se debe: por el principio. ¿De dónde vienes? ¿De dónde sale ese apellido tuyo tan inusual?

Hasta donde he podido investigar, mi bisabuelo John Toms Curnow, de origen Cornish, o sea gentilicio de los nacidos en Cornwall, región al sudeste de la isla grande de Gran Bretaña, llegó al oriente cubano probablemente en la segunda mitad del siglo XIX y allí debió conocer a mi bisabuela Ana María Asencio, quien residía en Santiago de Cuba. Ana María era sobrina de Asencio Asencio, a su vez padrino de Antonio Maceo, Lugarteniente general del Ejército mambí, como lo acoto en mi libro “Manana. Detrás del Generalísimo”.

Luego el matrimonio debió asentarse en Palma Soriano, muy cerca del sitio señalado. Allí concibieron cinco hijos: Jorge, Federico, Rosa, Amanda y Juan Miguel, a los cuales conocí, pero sólo vi una o dos veces. Jorge se parecía mucho a mi abuelo Juan Miguel (con estatura promedio, nariz aguileña y ojos muy azules); Federico era un hombre menudito, pero muy culto y siempre elegantemente vestido. Su principal oficio era dar clases de inglés. A Rosa y Amanda las conocí cuando ya eran dos señoras bien mayores. Amanda vivía en Marianao y su oficio era ama de casa. De Rosa me acuerdo de su piel blanca y sus mejillas muy rojas (perennemente ruborizada). Rosa estaba pasadita de peso. Amanda tenía el pelo castaño y era un poco más trigueña. Mi abuelo Juan Miguel, siempre soltero y componiendo poesías, mitad en español y mitad en inglés, usualmente dedicadas a las chicas del correo cercano. En realidad, era un condottiero. Nunca constituyó un hogar. Afincó su vida en Guantánamo y viajaba ocasionalmente a La Habana para ver a sus hijos, que eran cuatro: Francisco (Panchín), mi padre Antonio (Toñico), Alfredo y Zoila, la tía adorada. John Michael (Juan Miguel, en Cuba) contaba haber llegado a Cuba a los catorce años. Cuando ocasionalmente trabajaba, se ganaba la vida como intérprete de la base naval de Guantánamo. Fue muy estricto con el uso del idioma paterno y trató de enseñarnos algo a sus nietos, pero su estancia en nuestra casa duró poco y nosotros, los frutos del matrimonio de su hijo Antonio, con mi madre Ena Asencio, hija a su vez de Juan Agustín y María del Carmen León. Juan Agustín era primo hermano de Juan Miguel, mi abuelo paterno, el “Cornish” e hijo a su vez de Ana María Asencio sobrina del ya mencionado Asencio Asencio, o sea dos veces el mismo nombre… No sé el porqué.

Pero en un plano más personal, mi madre se llamó Ena… Fui la tercera de sus hijas y como se le acabaron los nombres decidió ponerme el suyo a mi… Así lo cuento en un artículo mío titulado “Le robé el nombre a mi madre” publicado hace años en el Diario las Américas. De mi padre al igual hablo en otro escrito, también publicado en el mismo periódico bajo el título “¿Dónde está mi papá?”, en ocasión de su fallecimiento. Creo que ambos escritos están en Internet.

En tu obra se percibe un claro interés por rellenar el vacío que hay sobre personalidades femeninas destacadas de nuestra historia. ¿Qué te llevó a elegir a Emilia Casanova por encima de otras figuras?

En el prólogo de mi libro lo digo con absoluta franqueza: “No sé cómo llegó Emilia a mi vida”, pero meditando al respecto pienso que debí “tropezarme con ella cuando investigaba sobre la vida de Manana” y entonces fui de asombro en asombro. Increíble la trayectoria de esta cubana nacida en Cárdenas y crecida al calor de esta gran nación que es EE.UU, el segundo hogar de los cubanos entonces y hoy.

Cuéntanos cómo fue investigar sobre la vida de Emilia Casanova. ¿Qué cuestiones te parecían más importantes dilucidar desde un inicio? ¿Cuáles fuentes se revelaron más provechosas en tu investigación?

Investigar sobre Emilia fue toda una aventura, plagada de escaseces económicas y falta de tiempo. No es fácil escribir cuando uno debe buscar “el pan de cada día, trabajando duro” y emplear los pocos recursos, viajando y pagando la estancia en sitios tan caros como Nueva York y tan distantes como la Gomera, una de las islas Canarias, adonde viajé. No obstante, casi al final tuve la suerte de ganar por dos años consecutivos el premio de la Herencia Hispana”, con sendos proyectos sobre el tema y de contar con la ayuda, ya en la etapa final de proyecto, de varios de los descendientes de la patriota, residentes en EE.UU., como lo reconozco en el Prólogo.

Elegiste, para narrar la historia de Emilia, un híbrido entre la monografía académica con su cuerpo de notas y referencias y la biografía novelada. ¿Qué fue lo que te llevó a esa elección?

Creo que contribuyó mi experiencia como periodista. Por 15 años trabajé en el Diario las Américas y otros más en La Poderosa y Radio Mambí. También incursioné en la publicidad y fui redactora de revistas del corazón, entre otras desde el conglomerado de la Editorial Vanidades… Y de pequeña, mis padres y maestros me regañaban constantemente “por estar pensando siempre en las musarañas”

Emilia Casanova llega a convertirse no sólo en una de las figuras más importantes del exilio en un mundo abrumadoramente dominado por los hombres sino también en la más vilipendiada por la prensa colonial. ¿Por qué piensas que sucedió eso?

Porque “hombres al fin” actuaban de conjunto. De ahí el llamado “sexo fuerte”, aplicado al cuerpo cuando “el cerebro es débil”. En medio de esa mentalidad retrógrada de “un mundo de hombres”, saltar la barrera debió ser un acto temerario y heroico. La “lógica” -tan ilógica a veces- indica la existencia de otras muchas Emilia quienes secundaron a su líder y cuyos nombres me di a la tarea de que aparecieran en este libro. Me propuse que así fuera. Quise rescatar el mayor número posible. A tono con el pensamiento de la época la prensa hizo “oídos sordos” a su presencia, aunque fuera para vejarlas y ofenderlas. No debemos callar tampoco el silencio guardado al respecto por nuestros héroes. Y para mayor asombro también “callaron hasta las propias mujeres”.

Se suele mencionar el hecho de que Ana Bethancourt abogara por la liberación de la mujer en la asamblea constituyente de Guáimaro en 1869, pero por otro lado la intensa labor desarrollada por Emilia Casanova y sus compañeras desde el exilio en Nueva York, dando pasos concretos hacia una participación activa y autónoma de las mujeres en las grandes decisiones políticas, ha sido sistemáticamente ignorada. ¿A qué crees que se deba esto?

Emilia fue demasiado mujer en un “mundo de hombres” cuando precisamente eran ellos quienes controlaban todos los canales de información y como dije, hasta las propias mujeres sentían temor de saltar a la palestra pública. Tampoco las feministas norteamericanas habían alcanzado suficientes fuerzas y cuando lo lograron, al parecer no mostraron solidaridad alguna con las de su mismo sexo fuera de su suelo.

Al inicio de la guerra de independencia ya Emilia Casanova llevaba casi dos décadas viviendo en Estados Unidos. ¿Hasta qué punto crees que fue influida por las luchas de las feministas norteamericanas y por su experiencia norteamericana en general en su decisión de participar de manera tan activa y autónoma en su apoyo al movimiento independentista?

No creo que existieran vínculos entre la Liga y el movimiento feminista norteamericano, apenas en crecimiento. Sin embargo, sí existieron contactos con mujeres de ese origen. Así puede apreciarse, por ejemplo, en la p 431 de mi libro, que recoge el Llamamiento de la Sociedad de Socorros de las mujeres americanas en alivio de las mujeres y niños de Cuba. (El Demócrata. 11 de octubre de 1870). Creo que por su actitud y protagonismo Emilia fue una precursora del movimiento feminista no sólo de Cuba sino también de EE.UU. No se ha dado muchos casos de patriotas que hayan tratado de preparar un ejército de mujeres para libertar a su Patria. ¿Será incultura mía o así es?...

En tu libro junto a la personalidad de Emilia emergen la de varios hombres que fueron parte importante de su vida como su padre, el potentado Inocencio Casanova, o su esposo, el escritor Cirilo Villaverde. ¿En qué medida estos influyeron positiva o negativamente en la evolución y proyección política de Emilia? ¿En qué medida Emilia influyó en ellos?

Sin duda alguna… Emilia admiró y quiso mucho a su padre. De él heredó su resolución y capacidad de decisión, entre otros valores de ese zar de los negocios. Y él, por su parte fue actualizando su retrógrado pensamiento. De su marido y gran amor, la gentileza, las buenas formas, su pensamiento pulido y puro… La efectividad de Cirilo en la manera de hacer Patria.

Casi con el mismo fervor con que Emilia se enfrentó al colonialismo español entró en contradicción abierta con quien era por entonces uno de los principales representantes del exilio cubano en Nueva York, el potentado Miguel Aldama. ¿Cuáles eran las claves centrales de este enfrentamiento?

La incomprensión de Aldama y el coraje de Emilia. El mucho hombre y ella demasiada mujer. Los demás está en el libro.   

¿Piensas seguir investigando sobre el aporte femenino en la conformación y afianzamiento de la nacionalidad cubana? ¿Conoces la labor de otros historiadores empeñados en temas similares?

A veces digo que no. Otras, que sí. Me gustaría escribir la biografía de una gran mujer, exiliada y ejemplo de todo lo que ha sufrido la diáspora, aunque ya haya narrado una parte de lo sucedido en la biografía de la Dra. Leonor Ferreira, cuyo título es “Cien años de rebeldía y pasión”. Tengo al igual en mente escribir sobre otro interesante y explosivo tema… Pero no sé… También quiero disfrutar de mi familia, de mis preciosos nietos... De leer, de viajar, de jugar dominó…

En la lucha actual por la reinstauración de la democracia en Cuba la presencia femenina ha tenido un protagonismo incomparable con otros procesos políticos de la historia cubana. ¿Qué lecciones útiles para el movimiento actual pueden sacarse de la labor pionera de personalidades como Emilia Casanova?

Si pudiera, enviara cientos de libros sobre Emilia a Cuba. Pero en realidad, concluyo, no son imprescindibles. La lucha de las cubanas contra el castrismo no tiene parangón. Es superior, impensable, increíble. Algún día conoceremos su verdadera dimensión.