Friday, September 11, 2026

LA MAL LLAMADA RELIGIÓN AFROCUBANA UN TEMA PARA DISCUTIR

Por Héctor A Rodríguez PhD

Nosotros los cubanos tendemos al chovinismo, defecto que pienso nos viene de la sangre española.

Partiendo de esa valoración que comparto, me quiero detener en analizar por qué le ponemos título de propiedad a todo los que nos rodea y nos molestamos cuando alguien nos quiere quitar algunas propiedades fundamentalmente culturales como por ejemplo la música Salsa.

Acabo de leer un artículo en Ego de Kaska, largo y tedioso, a veces aburrido por lo repetitivo de las situaciones que se plantean y quererlas hacer muy literarias.

El artículo que se publica no deja de ser interesante bibliográficamente hablando, pues te da cultura general de los medios que se usan en aplicar ritos de la religión Yoruba.

La adaptación cubana de una tradición, no autoriza automáticamente a borrar su identidad genealógica. Que la Regla de Ocha, no sea una reproducción exacta de las prácticas de Nigeria, no demuestra que haya dejado de pertenecer a la tradición religiosa Yoruba. Este es uno de mis puntos pues debemos ser modestos en nuestro proceder con la cultura de otras latitudes.

El artículo no es una investigación científica original. Es una reseña interpretativa —muy extensa y adornada— de un libro académico de Mercedes Cros Sandoval según se dice en el texto de Ego de Kaska. El autor de este articulo no aclara a que libro de la Sra. Cros se refiere pero presupongo el de su tesis doctoral que resume teorías, autores y ejemplos, pero no presenta trabajo de campo propio, entrevistas nuevas, archivos inéditos ni contraste directo con comunidades religiosas de Nigeria. Yo revise partes que me interesaban en varias fuentes que acoto al final.

El libro reseñado sí es una obra académica reconocida, publicada por University Press of Florida, en Gainesville,2007, y su tesis declarada consiste precisamente en estudiar cómo creencias yorubas trasladadas a Cuba se transformaron en lo que la autora denomina santería o religión afrocubana. Al final sugiero como debió decir. El artículo, sin embargo, repite esa tesis mucho más de lo que la examina críticamente.

Creo que es abusivo encasillar una religión afrocubana por encima de la religión Yoruba.

El artículo sostiene explícitamente: «La transculturación designa este nacimiento de algo distinto…».

Ahí está el verdadero punto discutible. El autor no se limita a decir que la tradición Yoruba cambió en Cuba; afirma que de la combinación nació algo que ya no puede reducirse a ninguna de las tradiciones participantes.

Sin embargo, el propio artículo reconoce la continuidad de: los orichas; el aché; Ifá y el dilogún; los babalawos, iyalochas y babalochas; la iniciación y los linajes rituales; los sacrificios, cantos, tambores y patakíes; la concepción jerárquica del poder espiritual.

Por ello, veo el artículo instructivo ya que describe muy bien la transformación, pero no establece un criterio convincente para decidir en qué momento una variante histórica deja de ser una expresión de la religión Yoruba y se convierte en una religión diferente de ahí mi sugerencia al análisis y respetar a los autores de la religión africana y quitarnos el derecho a propiedad alguna sobre sus basamentos religiosos.

¿Es incorrecta la expresión «religión afrocubana?

No la considero científicamente absurda ni una falsificación por sí misma. Es una categoría establecida en la antropología para identificar religiones de origen africano que tomaron formas históricas específicas en Cuba. La propia Cros Sandoval publicó en Madrid La religión afrocubana en 1975, y su libro posterior es presentado por la editorial universitaria como un estudio de la santería surgida en Cuba a partir de creencias yorubas trasplantadas.

Pero «afrocubana» no debería utilizarse para ocultar «Yoruba». Una denominación equilibrada podría ser: Regla de Ocha o santería cubana, tradición religiosa afrocubana de matriz Yoruba.

Reconoce simultáneamente el origen, la continuidad y la transformación. El problema empieza cuando «afrocubano» se convierte en una etiqueta total que desplaza a los yorubas de la narración de su propia tradición.

Al yo hacer una comparación con el catolicismo puede funcionar así:

El catolicismo practicado en Cuba posee expresiones culturales cubanas, pero esas adaptaciones no borran su filiación histórica con la Iglesia católica. Del mismo modo, las transformaciones cubanas de la Regla de Ocha no deberían borrar su genealogía Yoruba.

No son casos idénticos —el catolicismo tiene una institución centralizada que la tradición Yoruba no posee—, pero la analogía ilustra bien el problema del nombre y de la continuidad

Que sería aplicable también dada la transculturación a Chinos, Judíos, Árabes e Hindúes pues todos existían en Cuba y profesaban sus creencias.

Budismo cubano, Judaísmo cubano, Islamismo cubano, Hinduismo cubano.

Y aquí llamo a lo cordura de nuestro chovinismo cubano, por no querer renunciar a ser el ombligo del mundo, que muchos se lo creen, y por apropiarse hasta del origen del café con leche.

El mayor defecto metodológico a mi juicio del artículo

El propio artículo admite que Cros Sandoval no hizo trabajo de campo en África occidental, ni en Nigeria, ni en Togo, sedes de la religión Yoruba.

El conocimiento de Cuba y Miami procede de una experiencia prolongada; el de Nigeria, principalmente de libros y estudios ajenos. ¿Entonces?

Esta asimetría es muy importante. Se intenta establecer cuánto cambió una religión Yoruba sin estudiar directamente, con la misma profundidad, a comunidades yorubas contemporáneas. El artículo reconoce la limitación, pero no extrae toda su consecuencia: Cuba aparece como sujeto vivo y Nigeria como archivo bibliográfico y eso es ligero de juicio factual.

Además, en el artículo se dice: «el ensayo dice al final, que trabajó con una traducción que contiene ausencias y errores terminológicos y que debe cotejarse con el original». Esa confesión debilita mucho la seguridad con que formula algunas conclusiones. Una reseña no debería construir afirmaciones terminológicas delicadas sobre una traducción que el propio reseñista considera defectuosa.

La redacción es excesiva y artificialmente repetitiva.

Una o dos veces podrían dar belleza al texto. Repetidas constantemente parecen plantillas insertadas entre párrafos. No hacen avanzar el razonamiento y terminan creando solemnidad artificial.

También hay reiteración conceptual. Durante todo el artículo se repite una sola tesis:

«La tradición conservó estructuras yorubas, pero modificó funciones y absorbió elementos cubanos, católicos y espiritistas».

Eso podía exponerse con rigor en una cuarta parte de la extensión. La prosa pretende ser poética y académica al mismo tiempo, pero acaba siendo pesada, circular y, en ciertos momentos, más grandilocuente que profunda.

¿El trabajo de La Sra. Cros demuestra una maniobra comunista para dividir lo cubano?

No. El trabajo reseñado en el artículo no demuestra esa tesis.

Menciona que el Gobierno revolucionario pasó por etapas de hostilidad, control, tolerancia selectiva, folklorización y promoción turística. Pero no presenta documentos oficiales, discursos, instrucciones culturales ni análisis histórico suficiente para probar que el régimen inventó o difundió deliberadamente la categoría «afrocubana» con el objetivo de dividir la identidad nacional. Yo tengo mis dudas y habría que demostrarlo, aunque de ese gobierno no dudo nada.

Además, la expresión académica «afrocubano» antecede ampliamente a este artículo y la tradición intelectual utilizada incluye a Fernando Ortiz, Lydia Cabrera y Rómulo Lachatañeré, cuyos trabajos no pueden reducirse sencillamente a una creación del comunismo. El libro de Cros Sandoval con ese término data de 1975, y su marco se inscribe en una corriente antropológica más amplia.

Otra cosa distinta —y más defendible— sería investigar cómo el régimen cubano: administró oficialmente determinadas manifestaciones religiosas; las convirtió en folclor, espectáculo o producto turístico; favoreció unas instituciones religiosas sobre otras; y utilizó categorías raciales o culturales según sus conveniencias políticas.

Pero para sostener eso se necesitan pruebas independientes. Este artículo apenas ofrece una pista; no ofrece la demostración.

Una contradicción ideológica interesante

El texto defiende toda transformación cubana como creatividad y adaptación, pero llama «revisionismo yoruba afrocéntrico» a los intentos de retirar elementos católicos y reconectar con Nigeria.

Ahí hay una parcialidad. Si incorporar santos, espiritismo y prácticas cubanas es una transformación legítima, también debería considerarse legítimo que algunos practicantes busquen una restauración Yoruba. Después podrá discutirse si esa restauración es históricamente exacta, pero no debería descalificarse de entrada como una fabricación de pureza.

El artículo parece aceptar la mezcla cuando conduce hacia la «cubanía», pero sospechar de la transformación cuando conduce nuevamente hacia África. Esa desigualdad merece crítica.

Mi conclusión definitiva

El artículo tiene amplia información bibliográfica y conoce el libro, pero no es una investigación científica original. Es una reseña-ensayo excesivamente larga, reiterativa y literariamente inflada. Sus mejores partes son aquellas en las que reconoce límites metodológicos; sus peores partes son aquellas en las que convierte una interpretación antropológica —la transculturación como nacimiento de una religión nueva— en una conclusión casi indiscutible. Parte de nuestro chovinismo.

Concluyo mi crítica central así, invitando al debate a la discusión.

No se cuestiona que la religión Yoruba se haya transformado profundamente en Cuba. Se cuestiona que esas transformaciones autoricen a desplazar su nombre, su genealogía y la voz de sus autores.

Tomado de Ego de Kasca

Bibliografia consultada:

1-Cros Sandoval, Mercedes. (2007). Worldview, the Orichas, and Santería: Africa to Cuba and Beyond. Gainesville: University Press of Florida.

La primera edición impresa tiene ISBN 978-0-8130-3020-3. Existe una edición en rústica posterior, de 2009, ISBN 978-0-8130-3452-2. El libro contiene 400 páginas, notas, glosario y bibliografía.

Su antecedente en español es:

Cros Sandoval, Mercedes. (1975). La religión afrocubana. Madrid: Playor. Prólogo de Lydia Cabrera.

Este libro fue una ampliación de su tesis doctoral de 1966:

Cros, Mercedes. (1966). «Lo yoruba en la santería afrocubana». Tesis doctoral, Universidad de Madrid.

2- Para verlo en Google

Worldview, the Orichas, and Santería Mercedes Cros Sandoval”. También por ISBN: 9780813034522

Google Books tiene la ficha del libro, pero probablemente solo permite una vista parcial o fragmentos, no las 400 páginas completas.

 “Worldview the Orichas and Santería PDF review”

Encontrarán reseñas académicas que explican el contenido. Por ejemplo, hay una reseña disponible en Academia.edu y otra en Research Gate. Estas describen la comparación que hace la autora entre la religión yoruba africana y su transformación en la santería cubana.

3- En la biblioteca de Miami-Dade entren en el catálogo de la Miami-Dade Public Library y busca primero por Mercedes Cros Sandoval

4- Para leer algunos capítulos en línea que fue lo que más hice.

La edición académica digital aparece en Oxford Academic–Florida Scholarship Online. Allí puede verse la introducción, el índice y páginas correspondientes a capítulos individuales; el texto completo puede exigir acceso mediante una biblioteca o universidad.

Busquen en Google:

site: academic.oup.com Worldview, the Orichas, and Santería

También pueden buscar un capítulo concreto:

Mercedes Cros Sandoval Priesthood Santería

Tuesday, September 8, 2026

CUBA: ETHOS, EROS Y ÁGAPE

Por Ángel R. Marrero

Si (como afirma el griego en el Cratilo) el nombre es arquetipo de la cosa, en las letras de 'rosa' está la rosa y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'. Jorge Luis Borges

Viene al ingrávido, cíclico y constante fluir de los recuerdos una lámina de metal –que la memoria colectiva de mi generación la registra ya oxidada– la cual tiene impresa una imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre transformada en anuncio publicitario intentando persuadir al consumidor con una frase escrita sobre un simulado pergamino a modo de cartucho egipcio que substituía al epígrafe original (el cual en la tradición iconográfica se reserva para titular la imagen) con la frase publicitaria: «Obsequio de Mejoral contra [el] dolor de cabeza y [los] resfriados». La ilustración en cuestión, que forma parte de lo que podríamos denominar una imagen de tipología narrativa[1], de uso muy común en la Isla, más que intentar reconstruir, construye a la vez que promueve, en el imaginario popular una narrativa en la que se substituye el hallazgo de una imagen física por una aparición, que según la tradición sucedería más tarde pero bajo otras circunstancias muy distintas de, y no a los "tres Juanes" en la barca que eran tres, pero no todos Juanes, sino a la niña Apolonia.  Se precisa la aclaración anterior aunque no sea este directamente el tema a tratar ya que contribuye a una mejor comprensión de los hechos y arroja luz sobre lo que nos ocupa, que es precisamente el texto del epígrafe substituido en el cartucho egipcio del anuncio publicitario de Mejoral, es decir el rótulo con el que según el testimonio encontrado por Levi Marrero en 1973 en el Archivo de Indias de Sevilla, sirvió de epígrafe a la imagen hallada por los pescadores y que rezaba «Yo soy la Virgen de la Caridad».

El título proclamatorio del libro de la historiadora Olga Portuondo Zúñiga, «La Virgen de la Caridad: Símbolo de cubanía» establece una relación entre una imagen mariana que se conserva en el pueblo de Santiago del Prado, más conocido como el Cobre, y un ethos: el cubano. Nos proponemos descifrar la relación específica entre el nombre mismo con el que se conoce la imagen y el ethos al que Dra. Portuondo Zúñiga hace alusión: el cubano. Es preciso, ante todo, destacar que hablar de cubanía es hablar de identidad y hablar de identidad a la vez es entrar en un complejo tema que nos enfrenta a dos espinosos problemas, a saber: por un lado el esencialista y por el otro el constructivista conjuntamente con el multiculturalismo que sirve a éste de base, así como las políticas identitarias a las que da lugar, tan cuestionadas hoy día por pensadores de la talla de Roger Scruton. Todo ello sin ahondar en un tema subyacente: el nacionalismo –tanto el esencialista como también el liberal– esa invención del siglo XIX que además de regalarnos monumentales óperas, ofreció desde las metrópolis europeas, a muchos de sus territorios de ultramar un imaginario con el que labrarían nichos donde colocar sus realidades fragmentadas y convertidas en nuevas naciones una vez que el denominado colonialismo tocó a su fin.  Más allá de este complejo, y si se quiere delicado contexto, es cierto también que los individuos, como los pueblos, necesitan encontrar narrativas que den cohesión a su existencia, que marcando los orígenes les permitan a la vez, descubrir las rutas del pasado que forman parte de su historia y les conecten con aquel origen, y que, una vez definido el mapa, puedan intentar la posibilidad de discernir las posibles rutas del porvenir. Así pues, para lograr cumplir con nuestro propósito, lo más adecuado sería desligarnos de todo lo anterior y usar la palabra ethos en lugar de identidad.

Neil MacGregor, el historiador de arte y exdirector del Museo Británico, afirma que 

...desde las sociedades más antiguas que marcaban las superficies de las vasijas de cerámica formando dibujos de motivos repetitivos, todos los seres humanos parecen estar preprogramados  para las formas y comportamientos repetitivos agrupados en patrones. No sólo nos gustan los patrones repetitivos, nos producen satisfacción, placer, seguridad. Y no sólo en las cosas que creamos, sino que también los vamos buscando. Damos por supuesto que desde el más pequeño fragmento hasta la vida en su más grande escala, así como de alguna manera en las cosas y los acontecimientos, todo se produce generando patrones. Patrones que tal vez nos proporcionan una comprensión, una narrativa coherente, de nuestro lugar en el universo»[2] 

El comentario es a propósito del hallazgo de un grupo de fragmentos de marfil de mamut que una vez juntados resultaron ser la imagen del Hombre león, una escultura del paleolítico superior que está entre las más antiguas que conocemos. Meditando sobre esta escultura el historiador señala que dicha figura, de uso ritual –según concluyen las investigaciones científicas realizadas– nos permite asegurar que las creencias que son capaces de producir patrones para aplicarlos a los rituales, crean a su vez un sentido de pertenencia. Esto implicaría que, como los hombres del paleolítico superior, el cubano ha creado patrones de comportamiento en un ritual alrededor de una imagen que une en un mismo imaginario a vivos y muertos. Mirando la corta y accidentada historia de la Isla, desde su descubrimiento hasta el corto período republicano, seguido del revolucionario, es difícil imaginar –sobre todo teniendo en cuenta que este último intentó deshacerse de todas las tradiciones, que de por si generan patrones de comportamiento– qué otro quehacer ritual, pues incluso el creado alrededor del himno y la bandera son relativamente recientes, pueda haber reunido al cubano de todos los tiempos y lugares con sus difuntos como el culto a la Virgen de la Caridad. El argumento presentado por MacGregor añade peso a la declaración de Portuondo Zúñiga.

Al referirnos al epígrafe rotulado sobre «una tablita pequeña, y en unas letras grandes las cuales leyó Rodrigo de Hoyos y decían: Yo soy la Virgen de la Caridad»[3]  nos estamos refiriendo, implícitamente, a la primera vez que un oriundo de la Isla al leerla –imaginamos que lo hizo en voz alta para dejarle saber lo que decía la tablita a los otros dos que le acompañaban­– anunció y podríamos decir enunció tales palabras en tanto que éstas tienen como propósito manifestar lo que se ignora o se oculta . Ese enunciado, proferido por el único Juan que no lo era, es decir por el mencionado Rodrigo, siendo sus otros dos acompañantes: Juan de Hoyos y Juan Moreno, conocido éste ultimo cariñosamente como «el negrito de la Caridad», encierra según lo manifestado por la Dra. Portuondo Zúñiga las claves del ethos cubano.

En la sencilla estructura de la oración Yo soy la Virgen de la Caridad el uso del verbo copulativo soy construye una predicación nominal que declara en el sujeto Yo una condición intrínseca, natural o permanente. En este punto es indispensable resaltar la similitud de la estructura gramatical a la de la respuesta dada por el Dios al pueblo hebreo a Moisés: «Yo Soy el que Soy». Sin entrar en las profundidades teológicas o  filosóficas que unen y separan a ambas frases en el tiempo, podemos decir que en ambos casos se utiliza esta estructura que al definir la condición de su ser establece una relación entre la divinidad y un representante de un pueblo.

Entremos a analizar el término Yo que – a modo de resumen escueto– está vinculado tanto a la concepción biopsíquica de la persona, insertada en el tiempo y el espacio, como a los conceptos de conciencia y cognición, es decir la conciencia del conocimiento compartido de su entorno que a su vez permite valorar y procesar la información del medio que le rodea. En el caso que nos ocupa, ese Yo hace referencia a la persona histórica María de Nazaret, madre de Jesús. Pero ese mismo Yo histórico en el contexto cubano trasciende el tiempo y el espacio de María de Nazaret para decir Yo [María] soy la Virgen de la Caridad en la relación de substitución del pronombre por el nombre de María que a la vez que lo oculta lo revela, de ahí la importancia de adentrarnos en el significado del mismo. Tratemos de hacer un brevísimo bosquejo interpretativo del complejísimo significado de este nombre. Existe una antigua tradición que recoge Jerónimo de Estridón[4] a partir de la consideración de dos palabras hebreas que forman el nombre mir (amargo) y yam (mar) para lo cual habría que hacer uso de la versión del nombre como Miryam, pero el mismo Jerónimo introduce una segunda interpretación, aún más popular, la del nombre stella maris (estrella del mar)[5] compuesto por yam (mar) y ma-or (luminaria, estrella). Es preciso añadir la interpretación del nombre a partir del posible origen egipcio, que derivaría de la raíz mr (amor, amada) [6]

Existe una más reciente y compleja derivación del significado del nombre de María en su versión original de Mariam, menos conocida[7], que de alguna manera resume todas las anteriores y se basa en la grafía hebraica. En hebreo Mariam se escribe MRIM, ya que se omiten las vocales. I o Y es una semiconsonante y al ser un abyad, un sistema de escritura que sólo tiene símbolos para fonemas de consonantes, se toma en cuenta. En esta interpretación, el nombre se descompone de la siguiente manera: MIM y R. Al articular la vocal A en el grupo MIM se obtiene MAIM, que significa «las aguas». Mem (M) es el hierograma de la pasividad universal, la receptividad pura que en la tradición judía está simbolizada por el elemento “agua”. I o Y es el hierograma de la actividad divina que es el principio de dicha actividad una vez manifestada. Resh (R), como su sonido parecería indicar, es el despliegue de la energía divina. En esta interpretación, el nombre de MaRIaM representa el acto creador, la energía divina desplegándose sobre el agua, la Substancia cósmica en la «totalidad de las potencialidades y el medio receptor», manifestación humana de la posibilidad universal. Esta conexión tan directa como profunda del nombre de María con el agua trae a la mente los estudios de la antropóloga de la Universidad de Durham, Verónica Strang, sobre la relación simbólica entre el agua y la serpiente7, relación que de más está mencionarlo, forma parte intrínseca de la iconografía mariana como expresión de su realidad teológica en el contexto cristiano.

Continuamos con el vocablo Virgen, que como adjetivo hace referencia a la persona que no ha tenido relaciones sexuales y como sustantivo, específicamente en este caso, a la castidad consagrada –pues la tradición afirma que de niña María había sido consagrada al Dios del pueblo de Israel. Cabe aquí citar al filósofo y tradicionalista Jean Hani cuando para explicar la Virginidad de María desde el concepto de la Tearquía supra esencial (es decir el Dios no manifestado y por tanto in condicionado) de Dionisio el Areopagita, dice que La divinidad, lo Absoluto contiene la Masculinidad en sí y lo infinito contiene la Feminidad en sí…es la Pasividad pura, receptáculo cósmico, ella al ser «distinta» de la Esencia Divina permite que los arquetipos se manifiesten... [es] fundamentalmente Potencia pasiva, sin forma, pese a contener las formas es «siempre virgen», «inmaculada», totalmente disponible para la acción creadora, su «humilde sierva»… es el reflejo de la Omnipotencia del Principio en la potencialidad de la Materia prima[8]

Esta virginidad, o para usar las significativas palabras de Hani, su recepticularidad cósmica, pertenece a, es –así lo denota el uso de la preposición de y el artículo la–  de la Caridad. Ese sentido de pertenencia, si tomamos en cuenta lo que ésta representa, consta, como la imagen misma, de dos dimensiones: una trascendente y la otra inmanente, es decir una eterna y otra temporal. La temporal, inscrita en el tiempo y el espacio, es la que se relaciona según la propuesta de «símbolo de cubanía» con lo cubano, por estar éste último sujeto a las mismas constricciones del tiempo y el espacio. Ello nos conduce a indagar en el significado de la próxima palabra, Caridad, para lo cual no basta apoyarnos en su etimología, es necesario referirnos al contexto del que proviene, el concepto de la palabra usada en la traducción tanto de los textos de la Septuaginta como de los neotestamentarios en lengua griega, y hablamos específicamente de la epístola[9] donde Pablo de Tarso presenta al Amor como fuerza fundamental del cristianismo. En la traducción al latín vulgar o tardío realizada por San Jerónimo de Estridón, se vierte al latín por Caritas, del griego Ágape.

Este era uno de los varios tipos de amor que definieron los griegos: el amor-eros, el amor-ludus, el amor-storge, el amor-philia, el amor-pragma, el amor-philautia y el amor-ágape (al margen quedaba la manía, forma desequilibrada del amor). De todas estas especies la forma más alta, la expresión superior del amor era considerada el ágape, por eso no es de sorprendernos que Juan de Patmos escogiese ágape para definir la naturaleza de la divinidad cuando dice (en la traducción latina) Deus caritas est [10] (Dios es amor-caridad), pues la por él proclamada Encarnación del Verbo implicaba una comunidad divina de perfecta convivencia en dicho amor.

Para comprender la relación que guardaría el término caritas con el ethos cubano sería útil traer a colación a la «Cecilia Valdés» de Cirilo Villaverde que ha llegado a ser considerada como una novela fundacional dentro del canon literario de la isla y epítome de la cultura cubana. Sin que necesitemos citar los múltiples estudios culturales, como el de David Lisenby[11] podríamos sostener, sin temor a equivocarnos, que la mulata en el personaje de Cecilia Valdés encarna la sensualidad y el erotismo, que por lo prototípico del personaje de Cecilia, se asume como una de las características del ethos cubano a quien ella representaría. Podría discutirse si tal característica es endógena o si bien es el producto de una visión exógena impuesta a partir de la visión turística o colonial de lo cubano, pero la extensión de este trabajo nos lo impide. En cualquier caso la peculiaridad de manifestarse como condición óntica parece haber sido asumida y formar parte del ethos que define actualmente la cubanía. Apoyaría esta propuesta canciones de corte popular que apuntan al tema como «La Macorina» o «Suavecito» y en la música culta el uso de la forma habanera en L'amouret est un oiseau rebelle, la emblemática aria de seducción de la ópera «Carmen» de Georges Bizet[12]; o si damos una rápida pasada a la literatura podemos referirnos al capítulo VIII de «Paradiso», de Lezama Lima, una obra que ocupa un lugar tan importante dentro del canon literario cubano, y lo mismo podríamos decir de las creaciones de Carilda Olivier, Reynaldo Arenas o Zoe Valdés, por mencionar sólo tres de los escritores contemporáneos más destacados; mientras que en la plástica José Ramón Alejandro, Servando Cabrera Moreno, o Luis Trápaga, podrían presentarse como evidencia. Todo lo cual nos permitiría proponer con muy poco margen de error que la exaltación del eros forma parte del ser cubano.

En este punto es necesario recordar que la imagen encontrada en las aguas después de la tormenta, es decir sobre el caos ya ordenado, representa a dos personas unidas en una estructura triangular en la que de la madre el hijo brota como de una rama el retoño, como su entraña convertida en otra vida estableciendo de entrada una relación implícita de potencia y acto entre la causa material y la causa final, dándole así un orden, un telos a la función vital erótica. En la tradición en la que se inscribe la imagen, una de estas personas es persona divina, el Niño, y la otra ha sido asunta al cielo, la Virgen. Entendiendo cielo, a partir del contexto cristiano, el lugar donde habita la divinidad en sus tres personas divinas[13]. Carl Jung reconoce la importancia que tiene la persona de María en el inconsciente colectivo[14], mientras que Jordan Peterson señala por un lado la relación entre lo femenino y el caos y por el otro la maternidad representada arquetípicamente por María[15]: « …esta imagen [La Reina de los Ángeles de William-Adolphe Bouguereau] tiene que ser considerada como trascendente, y con ello quiero decir, que es una imagen que está en la base de la estructura de valores, porque no pueden existir seres humanos sin un niño y una madre. Entonces, si esta no es vista como una imagen representativa de un valor humano, todo se desmorona…»[16] Podríamos así deducir a partir de lo antes expresado por Jung y Peterson que María en el inconsciente colectivo ordena el caos que se presenta en la Vida, siendo como ella es una feminidad en consonancia con la divinidad, es decir, con el Bien, con el Orden, convirtiéndose pues en agente ordenador del caos ínsito en la madre naturaleza que lo devora a todo y a todos. En el caso específico que aquí tratamos se la podría interpretar como una llamada a devolver al orden, a corregir, los patrones de desorden provocados por las sensaciones primordiales del ethos cubano, y de ahí su consideración de patrona de la nación bajo la advocación de Virgen de la Caridad. 

Si el eros destaca de forma enfática dentro del ethos cubano, entonces podemos establecer una relación directa entre el eros y el ágape por constituir estos los dos polos opuestos en el espectro de los tipos de amor establecidos por la cultura griega, cultura que a su vez forma parte intrínseca de la herencia de la cultura cubana al encontrase en la base de la cultura occidental a la que la especificidad del ethos cubano pertenece. Esta relación fue la misma que establecieron intuitivamente los negros yorubas al sincretizar la Virgen de la Caridad con Oshún, en una relación de suelo-subsuelo que trae a la mente el nombre de la famosa Iglesia romana con la bella fachada de Maderno construida sobre un templo pagano, Santa Maria sopra Minerva. El hecho de que el amor-ágape se coloque por encima de todos los demás tipos de amores y que el eros sea la forma más básica o fundamental del amor, invoca una epistemología jerárquica que nos hace pensar que si el ágape, es decir la caridad, es el más alto nivel del amor, para usar las palabras de C. S. Lewis, tal cosa implicaría un llamado de superación del ethos cubano desde su enfaticidad erótica hacia la entrega caritativa. Tomando en cuenta la declaración de la Dra. Portuondo Zúñiga, tal implicación nos hace ver signado en el epígrafe rotulado sobre la tabla «Yo soy la Virgen de la Caridad» la máxima expresión de la potencialidad del ethos cubano. Lo cual permitiría, no sólo darle un sentido, al ingrávido, cíclico y constante fluir de los recuerdos que nos devuelve una y otra vez aquella misma imagen, sino que también facilitaría la posibilidad de encontrar en el llamado a la entrega altruista, un camino para reconstruir la patria, esa palabra que tristemente cae cada vez más en desuso, permitiendo a la vez probar lo declarado por la historiadora cubana en el lema que inspiró a superar con éxito la dura experiencia que significó el éxodo del Mariel: La Caridad nos une.[17]

[Discurso de investidura a la membresía de la Academia de Historia de Cuba en el Exilio, pronunciado el 19 de mayo de 2018 en la Biblioteca Pública del Este de Los Ángeles (CA) y publicado en el Anuario Histórico Cubanoamericano #2 (2018): 54-66.]


[1] Del programa «The Beginnings of Belief» que forma parte de la Serie radial de la BBC de Londres «Living with the Gods». La palabra pattern es utilizada por Neil MacGregor para referirse a los dibujos repetitivos generalmente geométricos en culturas primitivas. A continuación la cita del texto original (1:06 min) “From the earliest society making repetitive marks on their pottery, all human beings seem hardwired for patterns. It bring us satisfaction, pleasure, reassurance. And we don’t just make patterns in the things we make, we also seek it out. We assume that from the smallest fragments right up to life in the largest scale, somewhere right in the things and events of the world live patterns. Patterns that can turn perhaps into a coherent understanding, into a narrative of our place in the universe” https://www.bbc.co.uk/radio/play/b099xhmj

[2] Las populares ilustraciones de la Virgen de la Caridad «apareciéndose» a los «tres Juanes», uno rezando y los otros dos remando o justamente soltando los remos ante el asombro de lo sucedido, no corresponde a lo realmente acontecido de acuerdo a lo que aparece asentado en el Archivo de Indias de Sevilla (véase nota a continuación). Los «tres Juanes» recogieron de las aguas una imagen física que vieron flotar en la Bahía de Nipe. Según la tradición la «aparición» sucedería más tarde ya en las montañas del cobre para señalar el sitio donde debería construírsele el templo en el Cobre.

[3] Archivo de Indias de Sevilla, título: Audiencia de Santo Domingo, Legajo: 363. Los testimonios se pueden encontrar en la obra de Levi Marrero, Cuba: Economía y Sociedad, vol. 5to, pág. 92. San Juan y Madrid: Playor.

[4] En esta edición de Jerónimo de Estridón de Jean Martianay, San Jerónimo recoge las interpretaciones de Filón de Alejandría y de Orígenes como: pikra thalassa (mar amargo) Enciclopedia Católica (S. Hier. opp., t. II, Parisiis, 1699, 2°, cols. 109-170, 181-246, 245-270) aunque en esta interpretación se presenta el problema de que en hebreo el sustantivo sigue al adjetivo.

[5] Esta es producto de la traducción de San Jerónimo del Onomasticon Sacrum de Eusebio de Cesarea, pero la ley de Phillipi abre la posibilidad de una I tónica en sílaba cerrada dando lugar a una A, de donde deriva por ejemplo la forma aramea Maryam y de ellas las formas árabe, griega y Latina.

[6] Es bueno anotar que Von Hummelauer (Enciclopedia Católica, Exod. et Levit., París, 1897, p. 161) considera la posibilidad de que el nombre tenga un origen egipcio, puesto que Miryam es el nombre de la hermana de Moisés; pero existe un complejo argumento sobre el uso poco común del nombre en el Antiguo Testamento, lo cual no implicaría que éste no haya pasado al hebreo con un significado añadido.

[7] En Mitos Ritos y Símbolos, Jean Hani, Editor: José J. Oladeña, Palma de Mayorca, 2005, p. 451-2, el autor hace esta interpretación basándose en la grafía hebraica conservada intacta en la versión griega de San Lucas (1:28-30)

[8] La Virgen Negra y el Misterio de María. Jean Hani. Editor: José J. Oladeña, 1997, p. 70,71,73.

[9] Primera Epístola a los Corintios, 13:4-13.

[10] Primera Epístola de Juan, 4:8.

[11] “Frustrated Mulatta Aspirations: Reiterations of Cecilia Valdés" in Post-Soviet Cuba. David Lisenby. Afro-Hispanic Review. Vol. 31, No. 1 (Spring 2012), págs. 87-104

[12] El origen de la habanera es muy aún muy debatido tal como lo señala Manuel Peter (Creolizing Contradance in the Caribbean. Temple University Press. Philadelphia, 2009, p. 56) aunque la gran mayoría de los musicólogos la identifican con lo Cubano, como su nombre indica.

[13] Según la tradición cristiana, tanto de los Padres romanos como de los griegos, las Personas que integran el Dios uno y trino, se relacionan con la persona de María de manera directa, siendo ésta la hija de Padre, la madre del Hijo y la esposa del Espíritu Santo, como reza el principio de la oración de San Juan Audes (Orémos con san Juan Eudes, Impresora: Feriva, Cali 2005, pág. 28)

[14] . “But anyone who has followed with attention the visions of Mary which have been increasing in number over the last few decades, and has taken their psychological significance into account, might have known what was brewing. The fact, especially, that it was largely children who had the visions might have given pause for thought, for in such cases, the collective unconscious is always at work ... One could have known for a long time that there was a deep longing in the masses for an intercessor and mediatrix who would at last take her place alongside the Holy Trinity and be received as the 'Queen of heaven and Bride at the heavenly court.' For more than a thousand years it has been taken for granted that the Mother of God dwelt there.” (C.G. Jung. Answer to Job, trans. R.F.C. Hull. Princeton 2002: Princeton University Press, págs. 99 -100).

[15] Mythological representations of the world – which are representations of reality as a forum for action – portray the dynamic interrelationship between all three constituent elements of human experience. The eternal unknown – nature, metaphorically speaking, creative and destructive, source and destination of all determinant things – is generally ascribed an affectively ambivalent feminine character (as the “mother” and eventual “devourer” of everyone and everything). The eternal known, in contrast – culture, defined territory, tyrannical and protective, predictable, disciplined and restrictive, cumulative consequence of heroic or exploratory behavior – is typically considered masculine (in contradistinction to “mother” nature). The eternal knower, finally – the process that mediates between the known and the unknown – is the knight who slays the dragon of chaos, the hero who replaces disorder and confusion with clarity and certainty, the sun-god who eternally slays the forces of darkness, and the “word” that engenders creation of the cosmos.” Jordan Peterson, Maps of Meanings: The Architecture of Belief. London, 1999: Routledge, Pág 28.

[16] This image [William-Adolphe Bouguereau’s The Queen of the angels] has to be held up as transcendent, and by that I mean, it’s an image that’s got to be at the basis of a value structure insofar as there’s going to be human beings because there aren’t going to be any human beings without the infant and the mother. And so, if that’s not held up as an image of human value, then it all falls apart. It’s something our culture does extraordinarily badly.”  https://www.youtube.com/watch?v=kj7VgBnQNUc, 0:35 min.

[17] . El lema «La Caridad nos une» nace en 1980, producto del esfuerzo por salvar las marcadas diferencias creadas por los veintiún años de separación de los cubanos que llegaran a los Estados Unidos de América provenientes de la Isla, de los ya radicados en el exilio, ambos marcados por la radical experiencia de la revolución cultural cubana. Dicho lema fue creado por La asociación católica cubana Caridad del Cobre (ACCCC) fundada en Los Angeles, California con el mismo propósito y en el mismo año. 

Monday, September 7, 2026

MVM PRESENTS “OUR HISTORY, OUR TRADITION” IN CELEBRATION OF CUBAN HERITAGE MONTH

 


Documentary Premiere, Salsa Show, Live Music, Food & Community Celebration Set for September 11 at Miami Dade College’s Wolfson Campus

MIAMI, FL — September 3, 2026 — In celebration of Cuban Heritage Month, the MVM invites the community to an unforgettable evening celebrating Cuban history, culture, family, and tradition at Miami Dade College’s Wolfson Campus Auditorium on Friday, September 11, 2026, from 6:00 PM to 10:30 PM.

Titled “Our History, Our Tradition,” the special cultural event will bring the community together for an evening dedicated to honoring the stories, traditions, and experiences that have helped shape South Florida’s Cuban-American community.

The centerpiece of the evening will be the premiere of the documentary “Two Families, One Home,” a fascinating and deeply moving story about three Pedro Pan brothers, The Cepero Brothers, (Eloy Cepero), whose journey from Cuba to the United States forever changed their lives. The film explores a remarkable story of separation, family, perseverance, hope, and, above all, love.

“This is much more than a documentary premiere,” said representatives of the MVM. “It is an opportunity to come together, remember our history, celebrate our heritage, and share a story of three brothers whose extraordinary journey represents an important part of the Cuban-American experience.”

The evening will also feature a Salsa Show, live music, complimentary food and beverages, and a community celebration designed to bring people of all generations together.

EVENT HIGHLIGHTS

·  🎬 Premiere of “Two Families, One Home”

·  ❤️ A fascinating and emotional Pedro Pan story of three brothers and love

·  💃 Live Salsa Show

·  🎶 Live Music

·  🍽️ Complimentary Food & Drinks

·  🇨🇺 Celebration of Cuban culture and heritage

·  👨‍👩‍👧‍👦 Community celebration for all generations

·  🚗 FREE PARKING for all attendees

·  🎟️ FREE ADMISSION — Open to the entire community

EVENT DETAILS

Our History, Our Tradition
Celebrating Cuban Heritage Month

📅 Friday, September 11, 2026
🕕 6:00 PM – 10:30 PM
📍 Miami Dade College – Wolfson Campus Auditorium
300 NE 2nd Avenue, Miami, FL 33132
🚗 Free Parking
🎟️ Free and Open to the Entire Community

Come celebrate our heritage. Come honor our roots. Come experience a fascinating story of family, courage, and love.

“Our stories are our heritage. Our heritage is our legacy.”

For more information:
MVM

info@miamivirtualmuseum.com

786-691-0491