Blog de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio
La Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp. se propone evitar que los hechos históricos de Cuba y sus exilios se conviertan en leyendas, dejando un registro fidedigno de los mismos ‒sin censuras ni manipulaciones demagógicas‒ con el fin de que nunca pierdan su condición de historia. Este blog intenta reflejar nuestro quehacer en ese sentido, al tiempo de brindarse como tribuna abierta para que testigos y estudiosos del avatar cubano puedan contribuir de buena voluntad en el intento
Ante la proximidad de la caída del comunismo en Cuba impulsado por la terminación de la subvención que les llegaba de Venezuela se aproxima una decisión importante para los cubanos: seguir bajo gobiernos filibusteros o anexar a Cuba a los Estados Unidos.
La historia recoge los intentos de personajes de ambos países que intentaron la anexión.
Circunstancias evitables no lo propiciaron, pero han cambiado los tiempos y la necesidad sigue vigente. Ahora más que nunca se impone la resiliencia a favor de los cubanos. Han sufrido mucho, miles de muertos, hambre, necesidades de disfrutar la libertad y con ella la vinculación al mundo.
Debe dárseles la oportunidad de un referendo para decidir qué queremos.
A continuación, les dejo varias reflexiones que ayudarán a comprender las ventajas de la anexión para que llegado el momento ayudemos a los que nos rodean sepan decidir.
Ahí les dejo varias reflexiones.
1-¿Y si el pueblo cubano pudiera decidir en referendo si quiere ser el estado 51 de los Estados Unidos?¿Por qué temerle a la libertad de elegir?
2-Cuba lleva más de 100 años sin que el pueblo escoja su destino.
¿No sería justo permitirle escoger entre soberanía fallida o anexión próspera?
3-La anexión no es imposición.
La anexión sería válida solo si el pueblo la aprueba democráticamente.
¿Quién puede oponerse a la voluntad popular?
4-Puerto Rico eligió en votación acercarse a EE.UU.
¿Por qué Cuba no puede tener el mismo derecho?
5- Un gobierno vale lo que vale la vida de su pueblo.
Si Cuba no logra prosperar sola, ¿por qué no contemplar alternativas reales?
6- Los gobernantes han decidido por Cuba durante un siglo.
Ha llegado el momento de que decida el pueblo — no los caudillos.
7- Unidos no es perfecto, pero funciona.
Cuba tampoco es perfecta, pero no funciona.
La matemática es simple.
8-La anexión no sería absorción cultural:
Sería acceso a derechos, justicia, economía, libertad y ley.
9-El miedo a la anexión viene de quienes temen perder poder.
El pueblo solo teme seguir sobreviviendo sin futuro.
10-Cuba no necesita otro gobierno corrupto.
Necesita garantías, instituciones y ley.
Eso es lo que ofrece ser el estado 51.
11-Cuba no necesita discursos: necesita comida, salarios y futuro.
La anexión sería economía real, no promesas vacías.
12-Un cubano en EE.UU. gana en un día lo que en Cuba se gana en un mes.
¿Y si ese ingreso fuera posible sin emigrar?
13-El problema de Cuba no es el pueblo:
Es el sistema económico que no produce.
Ser estado 51 sí produce.
14-Estados Unidos tiene la moneda más fuerte del mundo.
Cuba tiene una de las más débiles.
¿A cuál prefieres pertenecer?
15-La anexión no es romanticismo: Es acceso directo al dólar, al crédito, a inversión, a empleo.
16-Cuba no atrae inversiones porque no tiene garantías legales.
Como estado 51, sí las tendría — por Constitución.
17-Más de 2 millones de cubanos viven en EE.UU.
¿Y si esa prosperidad pudiera llegar a la isla… en vez de huir hacia el norte?
18-Un país donde nadie quiere quedarse no es nación sostenible.
La anexión ofrece una salida digna: quedarse y prosperar.
19-La economía no es ideología:
Es comida en la mesa.
Y el socialismo cubano no la pone.
20-Cuba ya está dolarizada… pero sin derechos.
La anexión sería dolarización con derechos.
21- Un pueblo sin derecho a elegir su destino no es libre.
La anexión propone derechos primero, bandera después.
22-La democracia no es un discurso: es votar, decidir y cambiar lo que no funciona.
Cuba no puede hacerlo. El estado 51 sí.
23-La anexión no sustituye al pueblo cubano:
Lo empodera con leyes, jueces independientes y Constitución real.
24-En una democracia el pueblo manda.
En Cuba, el pueblo obedece.
¿Hasta cuándo?
25-La libertad de prensa, opinión y movimiento no son lujos: son derechos básicos.
Solo existen garantizados bajo la ley estadounidense.
26-El cubano no necesita otro líder.
Necesita instituciones que no dependan de un hombre, sino de la ley.
27-La anexión no es entrega:
Es recuperar lo que se perdió — el derecho a vivir sin miedo.
28-La democracia cubana nunca ha existido porque nunca hubo alternancia.
Como estado 51, la alternancia sería obligación, no promesa.
29- Los gobiernos cambian.
Los derechos permanecen.
Eso solo lo garantiza un sistema constitucional fuerte.
30-No se trata de colores políticos.
Se trata de que ningún cubano vuelva a ser súbdito.
Solo ciudadano.
31-Un Cuba-51 significaría frontera segura a 90 millas del sur.
Menos crisis migratoria. Más estabilidad hemisférica.
32- Como estado 51, Cuba aportaría bases navales, puertos y logística estratégica en el Caribe.
Seguridad nacional para EE.UU
33-El turismo estadounidense tendría un destino legal, cercano y masivo, generando miles de empleos en ambos lados
34-Cuba-51 sería un nuevo mercado de 11 millones de consumidores bajo la economía estadounidense.
Negocio directo para empresas norteamericanas.
35- Estados Unidos gastaría menos en controlar migración y más en desarrollo económico dentro de su propio territorio.
36-Industria agropecuaria, energía, construcción y tecnología tendrían un nuevo territorio para invertir bajo ley estadounidense.
37-Cuba puede producir alimentos todo el año.
Como estado 51, sería un gigante agrícola al servicio del mercado americano
38-La anexión convertiría al Caribe en un corredor comercial norteamericano, frenando la influencia de China y Rusia en la región
39-Más estabilidad implica menos narcotráfico, menos contrabando y menor costo de seguridad para EE.UU.
40-Cuba-51 aportaría representación congresional y senatorial, impuestos y territorio estratégico a los Estados Unidos — sin guerra ni conquista.
Desde el primero de enero, a pesar del poder casi
omnímodo de los opresores, hombres y mujeres de diferentes procedencias
sociales y de todas las edades y razas, enfrentaron la dictadura.
Instalación, Yo sé de un pesar profundo, de Erik Ravelo Foto tomada de Facebook
Se que a algunos no les
gustará este comentario, que no faltaran quienes se molesten y hasta me
increpen, pero como admirador de José Martí sigo su postulado de que "Un
hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un
hombre honrado” y pretendo, intento, ser un hombre honrado, así que lo que
opino no lo callaré, aunque mis compatriotas se sientan agraviados.
Avergüenza ver a muchos
nacidos en Cuba seguir apoyando el totalitarismo castrista a pesar de no
disfrutar el más mínimo derecho ciudadano y sobrevivir en la miseria extrema.
La mayoría de los cubanos, están conscientes que viven en condiciones peores que
los esclavos de los ingenios azucarero del siglo XVIII, sin embargo, un
segmento nada despreciable, participa en espectáculos que benefician al sistema
que los oprime.
Estoy convencido que hay
quienes creen que el castrismo les dio una vida mejor, no especulo, los
conozco, personas que no se percatan que viven como animales de corral y que
las condiciones de vida de todos tienden a mejorar cuando hay libertad y se
pueden disfrutar libremente los derechos.
Estas personas no
entienden que se han convertido en una masa manipulada por una clase que
detenta el poder para su exclusivo beneficio, que están sometidos a una
instrucción doctrinal que les hace creer que la alternativa es la muerte o una
miseria mayor. Estos sujetos se niegan a aceptar que la realidad que viven
forma parte de un entramado gigantesco que funciona dentro de las murallas
construidas por los Castro y en la que Miguel Díaz Canel es el mayoral.
Recientemente vi un
número notable de cubanos vitoreando al inepto déspota de Díaz Canel,
mostrando, incomprensiblemente, respaldo a quien le oprime, aún más, mientras
la capital permanencia en casi absoluta oscuridad, otro o el mismo populacho,
se detenía frente al iluminado hotel donde se reunían los integrantes de un
convoy de idiotas útiles convencidos de que quienes los aclamaban eran víctimas
de confabulaciones imperiales y no de un sistema que ha conducido a la nación
al despeñadero.
Estoy convencido de que
algunos participan en estos actos por miedo, un sentimiento del que muy pocos
se escabullen y que los cubanos han vivido por demasiadas décadas. Otros,
asisten porque permanecen seducidos por una mentira que ha sido derruida por la
realidad, están convencidos como las ratas de Hamelin que seguir la tonada
hasta la hecatombe es lo mejor, sin faltar unos terceros, al menos por dos
motivaciones que al final de las cuentas se confunden, la frivolidad y respaldo
a quien te oprime, una especie de síndrome de Estocolmo masivo.
Represión contra las Damas de Blanco
El castrismo ha
dispuesto de un notable talento para manipular a la población cubana. Con ese
propósito creó un número importante de organizaciones que reparten mucho
garrote y poca zanahoria generando una inseguridad mezclada con miedo difícil
de superar, pero por encima de esa inducción criminal, tengo la certeza que no
faltan cubanos que como robots tienen inscrito en su consciente que cualquier
otra propuesta política o ideológica es peor que la que padecen.
Al totalitarismo
castrista nunca le han faltado aliados porque todos los que rechazan lo que
representa Estados Unidos, están dispuestos a asistirle, por eso, la escogencia
de Castro de Washington como su archienemigo, siempre le ha sido favorable.
No obstante, me siento
muy orgulloso de que nunca han faltado cubanos que rechacen el castrismo. Desde
el primero de enero, a pesar del poder casi omnímodo de los opresores, hombres y
mujeres de diferentes procedencias sociales y de todas las edades y razas,
enfrentaron la dictadura en tiempos en que la comida no faltaba y el fluido
eléctrico satisfacía la demanda, gracias a que los bienes acumulados de la
República que Fidel y Raúl Castro destruyeron, los había originado.
Cierto que en aquellos
días la libertad de prensa estaba siendo corroída. El viajar libremente sufría
limitaciones, quienes practicaban una religión eran discriminados, la
educación mutaba a adoctrinamiento y hasta ponerse cuello y corbata era subversivo,
abusos, que condujeron al fusilamiento de Porfirio Ramírez, Alberto Tapia
Ruano y de miles más, que Pedro Luis Boitel y Orlando Zapata Tamayo junto a
otros dignos compatriotas fallecieran en huelga de hambre y que Ángel de Fana,
Ernesto Díaz Rodríguez y Amado Alfonso con otros centenares de miles, fueran a
prisión por defender los derechos de todos.
Los géneros musicales creados en Cuba durante la Colonia y la República perdieron sus mercados a consecuencia de la descapitalización que provocó la abolición de la propiedad privada en la isla.
@Fuente externa
Una gran parte de la
historia de la música en Cuba ha estado sepultada, como lo estuvieron las
riquezas de Pompeya y Herculano bajo las cenizas del Vesubio. Sin embargo, la
música popular profesional cubana estableció su hegemonía en los mercados
durante la primera mitad del siglo XIX, y esto tuvo sus causas; entre otras, la
calidad que alcanzaron las orquestas, intérpretes y compositores de las danzas
cubanas desde las primeras décadas del siglo XIX, lo que fue posible por la
existencia en Cuba, y fundamentalmente en La Habana, de profesores criollos y
extranjeros de un alto nivel académico, de sociedades de recreo en las que se
impartían clases de música, teatro, pintura, de casas de música en las que se
comercializaban métodos para el estudio de los diversos instrumentos y se
vendían instrumentos de todo tipo, así como partituras, y en las que también se
presentaban habitualmente conciertos con aficionados y profesionales. Todo esto
en un medio donde existía un mercado ue demandaba los productos de la música
profesional. Así que, para poder comprender la devastación que sufrió el
mercado de la música cubana durante la segunda mitad del siglo XX, es
imprescindible, aunque sea en una muy apretada síntesis, mencionar las
condiciones que propiciaron el vertiginoso mercado de la música cubana desde el
siglo XIX y hasta la primera mitad del siglo XX.
Las rutas marítimas
y una gran bahía
La posición
geográfica de Cuba, en la ruta de las corrientes marinas que permiten la
navegación de ida y regreso entre Europa y las Antillas, y la existencia en La
Habana de una bahía de grandes proporciones, capaz de proteger a cientos de
naves de los temidos huracanes y de corsarios y piratas, propiciaron que el
puerto de la capital de la isla se convirtiera en el más importante de América
durante los siglos del descubrimiento, conquista y colonización. Esto originó
que, en 1561, la corona dispusiera la concentración en La Habana de las naves
que viajaban hacia Europa, por lo que la capital de la isla recibió mares de
cantos y bailes durante siglos. Esta sería una de las premisas para que allí se
consolidara una clase adinerada que disfrutaba de las diversiones que se
presentaban en las grandes urbes de entonces, y se fundaran con premura en la
capital cubana academias, teatros, casas de música, salones de baile, imprentas
de partituras y todo lo que el mercado del entretenimiento requería.
Los teatros desde
finales del XVIII
Teatro Coliseo
En 1775 la ciudad
tuvo su primer teatro, El Coliseo (1775-1846), al que le siguieron, entre
otros, el Diorama (1828-1846), el Gran Teatro de Tacón (1838), El Circo
Habanero —llamado Villanueva— (1847-1868), el Albisu (1870-1918), el Payret
(1877-2013), el Irijoa —llamado después Teatro Martí— (1884), el Teatro
Alhambra (1890-1935) y el Auditórium (1929-1977). En cada uno de ellos los
commodities más preciados fueron, por supuesto, la música, y entre estos los
más sonados fueron los géneros de la música popular profesional cubana. El
último teatro que se construyó en La Habana fue el Blanquita, en 1950, que por
sus dimensiones y modernidad fue comparado con el Radio City Music Hall de
Nueva York.
En los escenarios
habaneros hubo ópera, vaudeville, zarzuela, comedia, drama, y cantantes,
actores y actrices de primer cartel; se escucharon algunos de los concertistas
más aplaudidos en las salas de Europa y los Estados Unidos y los más populares
artistas del espectáculo, conformándose en este proceso una tradición y un
bagaje cultural propicios para quienes iniciaron el cine (1897), la radio
(1922) y la televisión (1950).
Las academias desde
la primera mitad del siglo XIX
Conservatorio Nacional (ca. 1904) @Fuente externa
En 1832 Federico
Edelmann (1794-1848), un prestigioso pianista francés, llegó a La Habana. Allí
ejerció como concertista y profesor de piano, y en 1836 fundó la imprenta
Edelmann y Cía. Edelman tuvo entre sus alumnos a Fernando Aristi (1828-1888),
Manuel Saumell (1817-1870) y Pablo Desvernine (1823-1910), quienes serían a su
vez intérpretes de primer cartel y profesores de música. En 1843 llegó a Cuba
el pianista José Miró (1815-1878), que impartió clases, entre otros, a Nicolás
Ruiz Espadero (1832-1890), quien sería un virtuoso pianista y maestro de
Ignacio Cervantes (1847-1905), Cecilia Aristi (1856-1930) y Angelina Sicouret
(1880-1945).
En 1885 el profesor
y compositor holandés Hubert de Blanck (1856-1932) fundó el Conservatorio
Nacional. Le siguieron el Conservatorio Falcón, del pianista Alberto Falcón
(1873-1961); el Conservatorio de Música y Declamación, de Carlos Alfredo
Peyrellade (1840-1908); el Conservatorio Orbón, del asturiano Benjamín Orbón
(1879-1944), que tuvo más de cien filiales por toda la isla y gozó de tal rigor
académico que sus títulos tenían valor oficial; y la Escuela de Música
O`Farril, fundada en 1903 por Guillermo Tomás (1868-1933), que se convertiría
en el Conservatorio Municipal de La Habana.
Haciendo la América
crearon academias, educaron a músicos que alcanzaron altos estándares técnicos
en la ejecución de sus instrumentos, y contribuyeron a divulgar y actualizar
los repertorios tanto técnico-docentes como artísticos entre estudiantes de música,
músicos profesionales y público. Llegaban por muy diversas razones, pero
después de la conquista y colonización y después, durante la República, la
principal razón por la que un músico hacía la América en Cuba era porque en La
Habana, Matanzas y Santiago de Cuba, y eventualmente en cualquier otra ciudad
de la isla, podía tocar, cantar y enseñar como se enseñaba la música en los más
prestigiosos centros de enseñanza de los Estados Unidos y Europa.
Los estudios
académicos tuvieron, pues, el aporte de los músicos que llegaron a la isla a
«hacer la América», y, a través de ellos los cubanos conocieron las técnicas de
interpretación y composición, se convirtieron en estudiantes de mérito y muchos
de ellos asistieron a prestigiosos conservatorios de Europa y los Estados
Unidos. Este proceso de enseñanza y aprendizaje duró al menos dos siglos, por
lo que en la primera mitad del siglo XX La Habana contaba con artistas que
asombraban a los más exigentes públicos y críticos.
El cine desde las
primeras décadas del siglo XX
Cine Fausto, La Habana. @Fuente externa
El 23 de enero de
1897 los habaneros asistieron por primera vez a un espectáculo de imágenes en
movimiento, presentado por el francés Gabriel Antoine Veyre (1871-1936), quien,
según Arturo Agramonte, poco después filmó una película de un minuto que se exhibió
el 7 de febrero de 1897, pasando a la historia de la cinematografía cubana como
la primera película filmada en Cuba. En 1932 se estrenó el primer corto musical
cubano, titulado Maracas y bongó, que según los créditos de la cinta fue «la
primera película de este género que se producía en Cuba por artistas, técnicos
y personal cubanos». Estuvo dirigido por Max Tosquella y contó con las
actuaciones, entre otros, de la soprano Yolanda González y el Septeto Cuba. En
él se interpretaron las piezas «Vanidad», una criolla de Armando Valdés;
«Lágrimas negras», una canción de Miguel Matamoros; «La cumbancha», una rumba
de Fernando Collazo; y «Maracas y bongó», un son de Neno Grenet. En 1937 se
estrenó La serpiente roja, primera película sonora filmada en Cuba; y en 1938,
la película Romance del Palmar, que por mucho tiempo fue la película cubana con
más éxito de taquilla. El cine supuso un eficiente medio de difusión para la
música cubana durante la República, y tal fue su rentabilidad que en 1955 La
Habana tenía 138 cines.
Hoteles, cafeterías,
aires libres y cabarés
En la película Romance del Palmar, Rita Montaner
canta el Manisero, de Simons en los aires libres
del hotel Saratoga.
Desde el siglo XIX
hubo bailes en teatros, hoteles, glorietas, cafeterías, casas particulares e
instituciones privadas, conceptos que en el siglo XX se ampliaron hasta crearse
interpretaciones tropicales de los cabarés de París y los teatros de Broadway.
El cabaré habanero aceptó todos los géneros y aparecieron sitios como Sans
Souci, Montmartre, Tropicana, el Salón Rojo, el Parisien, y muchísimos otros
que presentaban espectáculos con música en vivo todas las noches; fueron fuente
de entretenimiento, riqueza y empleos, y establecieron un mercado en el que se
realizaron con vértigo los productos de la música cubana.
Las grabaciones
desde las primeras décadas del siglo XX
En 1918 la Casa
Humara tenía la exclusividad en la importación y distribución de los productos
de la Victor y vendía anualmente «más de 10,000 máquinas parlantes». Entre los
años 1917 y 1918 colocó en el mercado «un número de discos no menor de 200,000»
y llegó a operar hasta 1959 «con más de cinco millones de pesos al año», en
«una red comercial con más de trescientas agencias diseminadas por toda Cuba».
En 1926 la Victor
Talking Machine Company comercializaba en Cuba la vitrola, un aparato tan
eficaz que en 1953 llegaron a instalarse unas 6,000 en toda la isla y en 1957
la cifra se elevó a 15,000. Estas casas establecieron múltiples cadenas de
suministro de productos de la música cubana, contribuyendo a que estos
mantuvieran su hegemonía en los mercados y multiplicaran los capitales, tanto
así que en 1940 se anunciaban, además de las ya mencionadas, la Compañía Cubana
de Fonógrafos, La Casa de la Música y la Casa Barrié.
En 1944 Ramón Sabat
(1902-1986) fundó el sello Panart, de donde salió en 1945 el primer disco hecho
en Cuba, y un año después al menos una docena de agrupaciones registraron allí
casi un centenar de matrices que quedaron impresas en millones de discos. Por
solo citar algunas cifras, en 1949 vendió en tres meses 8,000 copias de la
guaracha «Bigote de Gato», y en 1953, más de 20,000 de «La Engañadora». En 1959
había en La Habana dos fábricas impresoras de discos: la Impresora Cubana de
Discos S. A (ICD) y la Cuban Plastic and Record Corporation, que imprimían las
matrices de una docena de sellos discográficos.
La radio se une al
mercado de la música
El 10 de octubre de
1922, con las primeras transmisiones producidas en la isla, la radio se unió a
la industria que difundía la música cubana desde La Habana, y ya en 1933 Cuba
era el cuarto país con mayor cantidad de radioemisoras, con un total de 62. Muy
pronto las industrias se abrieron espacios en el dial y colocaron programas con
sus nombres de marca. Las casas de discos y los sellos disqueros también se
acercaron a la radio y la prensa comenzó a dedicarles cada vez espacios más
extensos. Ya en la década del 40 La Habana era la ciudad con mayor densidad
radial del mundo, con más de treinta emisoras, por lo que la competencia era
recia y salían beneficiados los productos de la música cubana, porque estos
eran el principal atractivo para que el público mantuviera la sintonía y porque
los patrocinadores los utilizaban como «gancho» para anunciar sus bienes y
servicios.
En 1956 Cuba tenía
5,800,000 habitantes que residían en 1,200,000 hogares, de los que más de un
millón contaban con uno o más receptores de radio; esta puede ser una
referencia de cuán importante era entonces la radio para los músicos, cuya
música sonaba en millones de hogares al mismo tiempo. Todas las emisoras
tuvieron música en todos sus programas, contribuyendo así en la conformación de
los hábitos de escucha de extensos segmentos de la población, tanto en Cuba
como en otras islas del Caribe y el sur de los Estados Unidos, donde se
captaban las emisoras que transmitían desde La Habana.
La televisión le
pone las imágenes a la música
Primera retransmisión de la televisión cubana (1950)
El primer canal de
la televisión cubana, Unión Radio Televisión, se inauguró oficialmente el 24 de
octubre de 1950; y el segundo, CMQ-TV, el 11 de marzo de 1951. En 1957 ya había
cuatro canales: CMQ-Televisión Canal 6, CMBF-TV Canal 7, Televisión Nacional
Canal 4 y Canal 2 TV, que alternaban música, deportes, noticias, humor y cine.
Tomando al azar la
programación del martes 1 de enero de 1957, es posible conocer que ese día,
entre otras orquestas, cantantes y bailarines, se presentaron ante las cámaras
de CMQ-Televisión Olga Chorens y Tony Álvarez con el Conjunto Casino, Martha
Singer y la Orquesta Somavilla, la Orquesta Riverside y Tito Hernández,
atracciones líricas y los pianistas Adolfo Guzmán y Rafael Somavilla, y Benny
Moré y su orquesta.
El 19 de marzo de
1958, Tele-Color, S. A. Canal 12 transmitió la primera señal de televisión a
color en Cuba desde el Hotel Habana Hilton, que se inauguraba también ese día.
Según se anunció, actuarían Miguel Herrero y su grupo de arte español, María de
Aragón, Olga Guillot, María Marcos, Fernando Albuerne, Arturo Gatica, Hilda
Sour y Jorge Astudillo, Christina Denise y sus guitarristas, y una selección de
artistas norteamericanos.
Mercado y prensa
libre
Resumiendo, durante
más de dos siglos La Habana tuvo teatros, universidades, cine-teatros,
conservatorios de música, fábricas de discos, sellos discográficos, estudios de
grabaciones, cabarés, cines, emisoras de radio, canales de televisión,
periódicos como el Diario de la Marina y revistas como Carteles, Bohemia,
Vanidades, Social y Orígenes, que acompañaron al público tanto para
entretenerlo con banalidades como para servirle de báculo en el arduo proceso
de aprehensión de las leyes estéticas que propician el pleno disfrute de las
grandes obras del arte musical y escénico. La prensa cubana también llegaba con
regularidad a los inmigrantes latinos en Nueva York y llevaba las nuevas de la
farándula habanera y las listas de los éxitos musicales; por su parte, las
disqueras se encargaban de poner en manos de aquel público los discos de moda
en la isla.
Durante la República
la industria de la música en Cuba corría por las paralelas de hierro del libre
mercado y la ley de la oferta y la demanda, y eran los consumidores cubanos
quienes trazaban las pautas de ese mercado. En ese competitivo mercado de la música
popular profesional que se fue conformando, se crearon géneros musicales que se
establecerían en el gusto del público con tanta firmeza como lo habían hecho
las danzas cubanas durante el siglo XIX, y estos nuevos géneros surgidos en la
isla durante el siglo XX fueron también objeto de apropiación por parte de muy
diversos compositores.
El principio del fin
Entrada de Castro y sus guerrilleros en La Habana. @Fuente externa
Pero todo esto
comenzaría a cambiar completamente a partir del 1 de enero de 1959 con la huida
del dictador Fulgencio Batista. Para esa fecha, cientos de contratos estaban
por firmarse y cientos más por ejecutarse; y decenas de músicos, meseros,
luminotécnicos, magos, funambulistas, concertistas de primer cartel,
periodistas, presentadores, fotógrafos, empleados de las fábricas de discos,
técnicos de los estudios de grabaciones, dueños de sellos disqueros, artistas
del cine, la radio y la televisión, músicos de las orquestas de baile, dueños
de centros nocturnos y todos los que se empleaban en el complejo y veloz
mercado de la música en Cuba, que había transitado por las férreas paralelas
del libre mercado, comenzaron a zozobrar.
Se inició entonces
un proceso de abolición de la propiedad privada y de imposición de un sistema
de producción socialista. Como consecuencia de las políticas económicas
impuestas, fueron expoliados todos los inversionistas que habían garantizado
hasta entonces los insumos para la industria local, las producciones, las
realizaciones de los productos en el mercado, la capitalización y las nuevas
inversiones. Los productos de la música cubana, al igual que el café, el tabaco
y el ron, que se habían posicionado en todos los mercados, dejaron de
producirse en Cuba en las cantidades suficientes para suplir la demanda, y los
productos de la música cubana fueron abandonando el nicho que habían ocupado
desde el siglo XIX, descapitalizándose la industria. Además de abolir la
propiedad privada y descarrilar el sistema económico capitalista para implantar
un sistema de economía planificada, la disidencia política fue motivo de
persecuciones a los artistas y de censura a sus obras, que dejaron de
presentarse en público por todos los medios hasta hoy. El sistema no
capitalista hizo colapsar la industria, y la persecución política hizo colapsar
el talento artístico.
La apropiación
estaba echada
Sin embargo, dos
siglos de posicionamiento de los productos de la música cubana en los mercados
habían provocado que músicos de los cuatro puntos cardinales se apropiaran de
los géneros creados en Cuba. Johnny Pacheco, uno de los músicos que en Nueva
York había sido absorbido por las influencias de los géneros de la música
cubana y quien había hecho apropiación de estos, en 1960 firmó con el sello
Alegre y un año después consiguió vender más de cien mil copias de su disco
Pacheco y su Charanga, en el que vuelve a hacer uso de los géneros de la música
popular cubana, como se puede apreciar en todas las piezas del disco, entre
ellas, «Soy de Batabanó» y «El agua de Clavelito», esta última un chachachá
que, según registra Cristóbal Díaz Ayala, compuso M. A. Pozo y que la Orquesta
Aragón había grabado por primera vez para la Victor en 1953.
En 1964 Johnny
Pacheco y Jerry Masucci crearon la disquera Fania Records y grabaron su primer
disco titulado Mi nuevo tumbao… Cañonazo, en el que cambia la orquesta charanga
por el conjunto, un tipo de agrupación también creada en Cuba y que integran
trompetas, piano, contrabajo y percusión, derivada de los septetos y sextetos
de son, lo que es posible escuchar en la pieza que le da título a ese disco.
Para ese mismo año, Charlie y Eddie Palmieri también habían dejado el formato
de charanga y habían integrado una orquesta con trompetas y trombones más en el
estilo de los conjuntos cubanos o las bandas de jazz, como es posible escuchar
en la pieza «Palo pa rumba», en la que se interpreta una rumba cubana.
En 1968 Johnny grabó
con la Fania un disco en vivo en el Red Garter que incluyó la pieza «Cómo me
gusta el son», en el más claro estilo del son montuno cubano como se puede
escuchar; además, en el texto del son también se utilizan topónimos y se
mencionan tipos cubanos. Otro importante paso de la Fania, en su camino para
monopolizar el mercado que hasta hacía poco tiempo había que compartir con las
disqueras que distribuían los discos cubanos, fue la producción del documental
Nuestra cosa latina, en el que aparece la pieza «Quítate tú pa ponerme yo»,
tema que apareció en los momentos en que se iba imponiendo la palabra salsa
para referirse a lo que poco antes se había conocido como rumba, son,
chachachá, mambo, etc. Es como si la salsa le estuviera diciendo al son:
«Quítate tú pa ponerme yo».
Izzy Sanabria y la
resignificación de la música cubana con la palabra salsa
Durante la década
del 70 del siglo XX, mientras la industria musical cubana expiraba y la palabra
salsa se abría paso en el mercado, un nuyorican nacido en Mayagüez y criado en
Nueva York, quien muchos años atrás había diseñado la carátula de un disco de
Chapotín para el sello Panart de La Habana, llamado Izzy Sanabria, era el
presentador de la Fania y diseñador gráfico de las carátulas de sus discos.
Tuvo un show de televisión, fundó la revista Latin New York y el premio de
música latina de la propia revista. Y a través de todos estos medios, con gran
eficacia, fue resignificando los géneros de la música cubana entre el público
latino de Nueva York.
Izzy Sanabria fue
explicándoles que aquella música que escuchaban procedía de África, del barrio
latino, de Europa, de los indios y que se llamaba salsa; pero, según m i
criterio, la palabra salsa termina por posicionarse definitivamente en el
mercado como nombre de marca de los géneros de la música cubana a consecuencia
del eficiente trabajo de marketing que tuvo la película documental titulada
Salsa. Este filme comenzó a grabarse el 24 de agosto de 1973 en un concierto en
el Yankee Stadium en el que participarían las estrellas de Fania, la Típica 73
y Mongo Santamaría; pero ese concierto no se pudo terminar a consecuencia de
los desórdenes provocados por el público, y fue necesario terminarlo el 18 de
noviembre del mismo año en la inauguración del estadio Roberto Clemente de San
Juan, Puerto Rico. Se grabaron dos álbumes que salieron rápidamente al mercado,
y el documental se estrenó en 1976. En los dos fonogramas y en el documental
titulado Salsa, el repertorio que interpreta la Fania está integrado por piezas
que pertenecen a los géneros de la música popular cubana, entre ellos, rumba,
son y guaracha.
Como ya he
mencionado, los productos de la música popular profesional se habían
descapitalizado en Cuba a consecuencia del expolio de todas y cada una de las
partes que componían la industria, y paralelamente la Fania comenzó a
capitalizarlos y resignificarlos; finalmente, el público latino de Nueva York
les dio un nuevo significado a la rumba, el son, la guaracha, la pachanga, el
bolero, y los compró con el nombre de marca salsa.
Conclusiones
Después de 1959 la industria de la música cubana dejó de regirse por las leyes
de la oferta y la demanda y perdió todos los incentivos para producir riqueza,
como lo había hecho durante más de dos siglos. Los géneros musicales creados en
Cuba durante la Colonia y la República perdieron sus mercados a consecuencia de
la descapitalización que provocó la abolición de la propiedad privada en la
isla. Cuba dejó de ser el centro de la industria de la música en el Caribe, y
La Habana dejó de ser su escaparate. Los inmigrantes caribeños en Nueva York se
apropiaron de esos géneros, los capitalizaron y resignificaron, colocándolos
así en el nicho de mercado que había ocupado la música cubana.
La salsa, a través
de un largo proceso, se convirtió en la música representativa del Caribe
hispano, por la apropiación, resignificación y capitalización que los
productores y consumidores latinos residentes en Nueva York hicieron de los
géneros de la música popular profesional creados en Cuba durante la primera
mitad del siglo XX.
A free Cuba, once again aligned with the
West and an ally of Washington, would leave a much safer neighborhood for the
United States.
The phrase “America First” has been a
recognizable rallying cry of the citizen and political movement that brought
President Donald Trump to the White House twice. The America First Policy
Institute believes that a foreign policy approach that prioritizes the United
States is based on the idea that when the United States puts the security,
prosperity, and general well-being of its people first, it is better positioned
to lead the world and preserve peace and stability. In economic terms, to summarize, the
U.S. was Cuba’s main trading partner between 1902 and 1958; sugar dominated
bilateral trade; and U.S. investments had a structural weight in key sectors of
the island’s economy.
This last element dispels the widespread
notion that an “America First” foreign policy would mean isolationism. The
operation to remove dictator Nicolás Maduro and the beginning of a transition
to democracy in Venezuela, or the weakening of the Iranian nuclear program, are
key to achieving a robust peace under U.S. hegemony.
Now, after these two international
successes, the focus seems to be on Cuba, the oldest totalitarian regime in the
West. Just 90 miles from the Florida Keys, Havana transformed the island from
one of the closest allies in Hispanic America into a hub of anti-American
propaganda in the heart of the continent since 1959.
Furthermore, the Castro regime made Cuba
available to terrorist groups from Europe, Central and South America, and even
some operating within the United States. On the other hand, it provided
diplomatic and military support to anti-American regimes in Africa and Asia.
It’s no wonder that it earned a place on the list of state sponsors of
terrorism in 1982, with brief interruptions during the Democratic
administrations of Barack Obama and Joe Biden.
A free Cuba, once again aligned with the
West and an ally of Washington, would leave a much safer neighborhood for the
United States. One without Chinese radar bases pointed at its territory, like
those denounced in the international press a few years ago.
To imagine this possible future, it is
helpful to understand what past relations between Cuba and the United States
were like. Yuleisy Mena, an adjunct professor at Florida International
University, recalls that the relationship, not only commercial but also guided
by geopolitical pragmatism, dates back to the 19th century. An example was the
Spanish-American War of 1898, which marked a period in which islanders and
Americans took up arms together.
“Many Americans wanted to help Cuba,
knowing the horrors committed by the Spanish military officer Valeriano Weyler
against the rural population; but also because many Cubans and Americans wanted
to rid themselves of the domination of European empires in the hemisphere —
something key to the Monroe Doctrine — and they also had an interest in Cuba
becoming a republic for pragmatic and ideological reasons,” Mena explained to
me.
During the republican period, Cuba was a
strategic ally in Latin America. That is, until 1959, when Cuba fully entered
the Cold War, but on the Soviet side. That tension has not yet subsided, and
Professor Mena believes that Castroism still poses a danger to the United
States, especially regarding espionage. “These individuals are present in
various industries and sectors of society,” she states, “and they can be of
Cuban or American origin; they simply have to sympathize with Marxism in its
political or cultural forms.”
Cubans have always risen to the challenge
On the other hand, there are always
risks for a post-Castro Cuba, based on understanding and evaluating the
available data. Professor Emeritus Octavio de la Suarée of William Paterson
University believes that “one of the ills that has always been attributed to
Cubans is the Hispanic legacy of caudillismo, that is, the figure of an
all-powerful leader.” That tradition, he recalls, stretches from the monarchy
to the dictatorships of Latin American strongmen after the successive
independence movements of the early 19th century, and on to the political
processes of the 21st century.
Suarée, who is also president of the
Cuban Academy of History in Exile, asserts that the communist indoctrination
received by the Cuban population from 1959 to the present “requires a good dose
of freedom and democracy, which cannot be learned overnight.” He fears that a
people “accustomed to the government thinking for them may not be prepared to
think for themselves.”
First, Suarée argues, it will be
necessary to educate the Cuban people about the meaning of freedom, human
rights, and democracy, and their importance, so they can vote consciously in
free elections and exercise the right that has been denied them for so long.
And that is also fundamental, he
asserts, to enjoying a good relationship with the United States. “We had a
history as an independent nation during the Republic (between 1902 and 1958),
and we could enjoy it again,” according to the Cuban-American historian. But to
achieve this, he believes it is essential to first build citizens who can
create and sustain it. “We have a lot to learn.”
“Let us remember that the United States
is great because it enjoys basic institutions established from its beginnings;
we never had them. Can we build them now?” he asks. “To be free, we need to
create a civic-minded and responsible Cuban citizen, one who knows how to
respect others, without mockery or boasting, a hard worker, dedicated, and
respectful. Is that possible?”
Optimistic, Suarée reflects that Cubans
have always risen to the challenge of adversity, fought hard, and triumphed.
“And they will do so again.” And in this New Cuba, “relations with the United
States will once again be cordial,” for the benefit of both nations and for the
security and peace of the Western Hemisphere.
(**) Yoe Suárez is a writer, producer, and journalist, exiled
from Cuba due to his investigative reporting about themes like torture,
political prisoners, government black lists, cybersurveillance, and freedom of
expression and conscience. He is the author of the books "Leviathan:
Political Police and Socialist Terror" and "El Soplo del Demonio:
Violence and Gangsterism in Havana."