Monday, May 18, 2026

“¿YA HABLÓ DON RAFAEL?” Radio y TV en español en los EE. UU. (*)

Por Eduardo Lolo (**)

Se considera que la primera radionovela original de gran éxito fue El derecho de nacer (1948), de Félix B. Caignet (1892-1976) quien definió (y desarrolló) la dramatización radial como “espectáculos para ser vistos con el oído.”

Xiomara Fernández (Graciela del Busto), Carlos Badías (Albertico Limonta)y Minín Bujones (Isabel Cristina) interpretando una escena de El Derecho de Nacer en el estudio de CMQ. La Habana, 1948. Foto aparecida en Bohemia (19 dic. 1948 p. 96)

Como ya he señalado en otras oportunidades, si el español fue la primera lengua europea en hablarse en lo que hoy llamamos Estados Unidos de América y la de uso más extendido hasta el siglo XIX en el vasto territorio de lo que sería esta gran nación, no es de extrañar que los primeros medios de comunicación hayan reflejado esa realidad lingüística. En efecto, los primeros periódicos y revistas editados en Norteamérica fueron en castellano, como antecedentes de esa pertinaz presencia hispana en la toponimia de un país en ciernes que se extendería de un océano a otro.

La metamorfosis de las diminutas trece colonias británicas apretujadas en la costa este hasta convertirse en el coloso independiente que hoy conocemos, hizo que el inglés se convirtiera en el lenguaje de mayor uso en la nueva entidad histórica resultante. No obstante, el español, nunca llegó a desaparecer de estos parajes. Aunque relegado a un segundo plano, publicaciones periódicas y libros se siguieron editando en castellano. Y en el siglo XX dos nuevos medios se encargarían de mantener y hasta extender esa presencia idiomática de la hispanidad en los Estados Unidos: la radio y la televisión. La inestabilidad política y/o económica endémica de la mayoría de las repúblicas latinoamericanas se ha encargado de que nunca falten nuevos hispanohablantes en estas tierras, ávidos por mantener su cultura a través de su mayor exponente: el idioma que le sirve de vehículo e identificación.

Las primeras emisiones radiales en castellano escuchadas en nuestro país aparecieron en la tercera década del siglo XX poco después de sus homólogas en inglés. Y no era de esperarse otra cosa, pues en definitiva los inicios de la transmisión inalámbrica están íntimamente ligados a la hispanidad, ya que los mensajes de radio en España comenzaron, de la mano de Julio Cervera Baviera, tan temprano como en 1902; o sea, mucho antes que en los EE. UU.

Sin embargo, la radio en castellano al norte del Río Bravo no está directamente relacionada con España, sino con México. Comunicadores mexicanos residentes en los estados americanos fronterizos con la nación azteca, conscientes del mercado potencial que representaba la audiencia formada por sus coterráneos viviendo de este lado de la frontera, comenzaron a comprar bloques habituales de transmisión a estaciones de radio anglosajonas en horarios de poca recepción para emitir programas en nuestra habla. También desde ciudades mexicanas próximas al territorio estadounidense tales como Tijuana, algunas emisoras comenzaron a dirigir parte de su programación a los ‘paisanos’, convirtiéndose con toda probabilidad en los primeros ejemplos de transmisiones radiales binacionales en América.

Desafortunadamente, entre 1928 y 1929 se dio un paso hacia atrás en el desarrollo de la radio hispana en los EE.UU. como consecuencia de la puesta en práctica de una política gubernamental antinmigrante conocida como “Operation Wetback” (Operación Espaldas Mojadas) que implementara la deportación de miles de mexicanos. Consecuentemente, muchas estaciones comenzaron a reducir la programación en castellano debido a las presiones de los gobiernos locales, así como por la promulgación de nuevas y más severas regulaciones federales para la radiodifusión.

Habría que esperar hasta los años cuarenta para que la radio en español en la Unión Americana reiniciara su truncado ascenso. A mediados de la década ya emitían programas en nuestro lenguaje 58 emisoras y salió al aire la primera estación en transmitir todo el tiempo en castellano, establecida en San Antonio (TX) por Roaul A. Cortez en 1946.

Roaul A. Cortez (Al centro) y el equipo de trabajo de la emisora KCOR, (c.1940)
 @Wikipedia

Los siguientes decenios presentan un desarrollo vertiginoso de la radio hispanounidense. De unas docenas de estaciones en la década del 50 se asciende a centenares a finales de siglo y a casi mil (contando las retransmisoras) en los inicios del actual. El control financiero y cultural mexicano sigue siendo preponderante, como corresponde a la proporción demográfica de dicha nacionalidad en la población hispana general de los EE.UU. Otros conglomerados menos numerosos han logrado abrirse paso en la industria, como los cubanos exiliados, quienes extendieron a este país la popularidad de las novelas radiofónicas y televisivas que previamente la radiodifusión habanera pre-castrista había exportado con gran éxito a toda Latinoamérica, convertidas en su desarrollo en un componente de suma importancia de la cultura hispanoamericana.

Estas célebres dramatizaciones tienen sus más remotas raíces en las ediciones de novelas impresas por entregas (denominadas “folletines”) tan populares en España y sus colonias durante el siglo XIX. Las radionovelas nacieron de sus narraciones adaptadas al nuevo medio fónico que, dado el inesperado éxito alcanzado, ampliaron sus ofertas en calidad con la adaptación radial de obras famosas de la literatura universal. Al poco tiempo, como consecuencia del veloz crecimiento en popularidad de dichos programas dramáticos, se empezarían a escribir historias originales directamente escritas para la radio, con libretos que no estaban fundados en narraciones publicadas con anterioridad en forma de libros o folletos. 

Se considera que la primera radionovela original de gran éxito fue El derecho de nacer (1948), de Félix B. Caignet (1892-1976) quien definió (y desarrolló) la dramatización radial como “espectáculos para ser vistos con el oído.” La referida obra estuvo en el aire en la radio cubana por un año (tiene 314 capítulos, originalmente transmitidos en vivo de lunes a sábado) y fue llevada posteriormente a otras zonas de la hispanidad con igual acogida del público, habiendo sido adaptada hasta el momento dos veces al cine y en múltiples ocasiones a la TV, al menos en un caso con hasta 600 capítulos.

Dicha novela narra las vicisitudes de una madre soltera de la alta clase social que, a pesar de todas las presiones, se resiste a abortar a su hijo, a quien no quiere le violen el derecho de nacer. El abuelo de la criatura (Don Rafael del Junco) hasta orquesta el asesinato del recién nacido, pero el encargado del infanticidio no se atreve a ejecutarlo y permite que una nana negra huya con la criatura, informando al malvado abuelo que los había matado a los dos. Con el tiempo, el niño se convierte en un galeno que salva la vida de su abuelo sin que ninguno de los dos supiera del parentesco. Contarles cómo se llega al final feliz luego de una tan escabrosa como complicada trama nos llevaría casi tanto tiempo como estuvo la obra en el aire.

Hay una anécdota de la extensa novela que parece algo así como un elemento precursor del realismo mágico: el actor que hacía el papel del cruel abuelo pidió aumento de sueldo y amenazó con abandonar el programa si no se le otorgaba. El dueño de la emisora se resistió a su demanda y ordenó al autor eliminar el personaje de la historia. Como esto era imposible desde el punto de vista dramatúrgico, Caignet ideó el subterfugio de que Don Rafael sufriera un derrame cerebral que le impidiera el habla. De vez en cuando se oían ininteligibles sonidos guturales como si éste intentara decir algo, balbuceos que hacía cualquiera de los otros actores presentes en el estudio, no pocas veces el propio ingenioso autor de la exitosa narración. De ahí que aquellos expectantes oyentes que se perdían alguno de los capítulos lo primero que preguntasen a quien lo hubiera oído era: “¿Ya habló Don Rafael?”, pues el desenlace de la trama dependía de una información que solamente él (y los millones de radioescuchas) conocían. La importancia de El derecho de nacer ha sido tal que el libreto original (o sus variantes tanto radiales como televisivas), se continúa emitiendo exitosamente con asombrosa periodicidad en diferentes naciones de habla castellana a pesar del tiempo transcurrido desde su estreno. Ninguna otra radionovela o telenovela anterior o posterior a la ópera prima de Caignet ha superado su éxito permanente. No resulta una sorpresa que en una encuesta hecha entre los televidentes por la agencia Associated Press en el año 2008 El derecho de nacer quedara catalogada como la novela más influyente en la radio y televisión en español de todos los tiempos.

Las especializaciones temáticas de las emisoras radiales hispanas en los EE.UU. son tan disímiles como las potencias de sus transmisores: de una programación eminentemente musical de carácter étnico o general, a otras de puro texto de opinión, educativo o adoctrinador. En la mayoría de los casos comunicadores carismáticos se encargan de mantener un contacto directo con la comunidad que los hace parte o voceros de la misma. Puede decirse que un oscuro gueto se convierte en pujante comunidad sólo cuando tiene su propia emisora de radio que lo extienda cabalgando Hertzios más allá de sus fronteras, aun cuando el dueño sea un ‘gringo’ que no habla una palabra en nuestro idioma o pertenezca a una corporación asentada en una lejana ciudad desconocida por los escuchas: el coterráneo hablando su lengua, con su acento y los modismos traídos del distante terruño añorado, es la única personalidad reconocida por los radioyentes; él ‘es’ la estación radial. Hasta exitosos consorcios anglosajones, conscientes de la creciente importancia demográfica de los hispanos en los Estados Unidos, han entrado en el mercado de la radiodifusión en español: CNN y ESPN sirven de ejemplos.

Un hecho curioso resulta ser la extensión del nombre de algunas emisoras más allá de las frías identificaciones oficiales. Supongo que dicha añadidura tenga su origen en un lema que sirviera originalmente para anunciar el contenido general de la programación diseñada o la radio audiencia en especial a la que estaba dirigida. Algunas de dichas adiciones resultan del todo lógicas; por ejemplo: “Amor” y “Recuerdo”, seleccionadas para nombrar una estación especializada en música romántica y otra en éxitos del ayer, respectivamente. O “La Campesina” y “Radio Fe de Excelencia”, la primera para identificar una emisora dedicada a oyentes rurales y la segunda a radioescuchas religiosos. Otras hacen un extravagante uso de la letra k con que se inician la mayoría de las denominaciones oficiales al oeste del río Mississippi: “La Kalle” y “La Konsentida” ilustran este grupo. Algunos de esos nombres nuevos resultan algo crípticos: “La Gran D” y “La Super Z” sirven de muestras. Y hasta los hay que parecen ser sugestivamente polivalentes: “La Qué Buena”, “La Bronca”, “La Caliente”, “La Mega”. El tema bien que podría servir para la confección de un artículo costumbrista que, como ya ofrecí en otra ocasión, dejo en las manos de cualquier interesado.

A la radio hispana en nuestra república le siguió la televisión. A principios de su desarrollo comercial a finales de la quinta década del siglo XX no se le prestó mucha atención al público hispanounidense en los EE.UU., posiblemente por considerarse que, en general, sus integrantes no contaban con los recursos financieros necesarios para la adquisición de un televisor, tenido como poco menos que un costoso artículo de lujo en los primeros años del medio. Luego, con la disminución del precio de los receptores y el sustancial aumento de la colonia hispana en múltiples estados, se comenzó a tomar en cuenta, paulatinamente, a ese preterido segmento de la población estadounidense.

En un inicio, como sucedió con la radio, se trataba de espacios alquilados a canales anglosajones durante horarios de poca teleaudiencia. Pero no pasó mucho tiempo para que se fundaran estaciones televisivas hispanas en los EE.UU. San Antonio, que fuera la primera ciudad en tener una emisora de radio completamente en español, repetiría su condición de primada de los medios de difusión hispanos en los Estados Unidos al inaugurar el primer canal de televisión de programación total en castellano en 1961. Un año después le seguiría Los Ángeles, a la que se unirían con posterioridad Nueva York y Miami.

De canales individuales se pasaría a corporaciones nacionales como las cadenas Univisión y Telemundo, las que prácticamente controlan en la actualidad la industria televisiva estadounidense en nuestro lenguaje. Conglomerados como Azteca América y Estrella TV, han logrado sobrevivir en el aire, aunque muy lejos de poder competir con las dos cadenas punteras citadas. Completan la nómina pequeñas estaciones locales como Américatevé en Miami que, sin poder pugnar con los grandes consorcios mencionados, tratan de cubrir necesidades específicas de sus comunidades con programaciones contentivas de un sabor local que no logran brindar las cadenas nacionales por la propia vasta extensión de sus objetivos.

Univisión basa sus ofertas fundamentales en programas grabados en México gracias a sus nexos con Televisa, mientras que Telemundo se inclina más a la programación de factura nacional y suramericana. Por consiguiente, Univisión está dirigida, esencialmente, a la teleaudiencia mexicana, al tiempo que Telemundo pone sus miras, básicamente, en el público puertorriqueño, cubano y centro y suramericano. Telemundo fue adquirida por el gigante de la televisión anglosajona National Broadcasting Company (NBC) en el 2001 y Univisión ampliaría su imperio a la radio con la adquisición en el 2003 de la Hispanic Broadcasting Corporation (HBC), la más significativa corporación de emisoras de radio en castellano de ese tiempo. Finalmente, Univisión Communications, Inc. sería vendida a Broadcasting Media Partners en el 2007.

Todas ellas tienen como productos básicos las telenovelas. La nueva versión del lejano “folletín” peninsular decimonónico tendría un gran desarrollo, a partir de la evolución cubana de su raíz, en otros países del continente tales como México, Venezuela y ‒en menor medida‒ Colombia, desde donde sus producciones se importan a las demás naciones hispanoamericanas y a los Estados Unidos. Dicha modalidad dramática ha logrado imponerse tan marcadamente en la preferencia del público televidente hispanounidense que hasta ha dado pie a importantes obras realizadas en nuestra nación, muy en especial en Miami. También ha trascendido las fronteras lingüísticas, con doblajes y versiones en más de una docena de idiomas y una destacada elaboración brasileña y turca (que a su vez se doblan al castellano), así como un reciente proceso de expansión en progreso a la TV anglosajona, con piezas grabadas directamente en inglés. Luego del surgimiento del Modernismo Hispanoamericano (el primer movimiento literario en castellano nacido fuera de España) y más expansivo todavía (si bien sólo de difusión audiovisual), la telenovela, a pesar de ser despreciada por muchos académicos que la catalogan como sub-literatura por su cepa comercial, está quedando como el aporte hispano por antonomasia a la cultura universal desde la segunda mitad del siglo XX hasta inicios del actual.

Las telenovelas desarrollan, fundamentalmente, tramas simples que tienen como argumento primario una historia de amor que debe vencer un sinnúmero de obstáculos (con especial hincapié en las diferencias entre clases sociales) para llegar al final feliz que todos esperan y conocen de antemano. El nivel artístico-literario, en sentido general, era mediocre en sus inicios, pues tal parecía que se producían en serie, como en una fábrica de autos o refrigeradores: todas casi iguales, y de ahí el despectivo calificativo de “culebrones” que se les endilgara. Pese a esa pobre factura inicial, nada impidió ganar teleaudiencia como una secuela plural de mal cosida hechura del colosal éxito de El derecho de nacer desde su primera entrega en 1948 como obra radiofónica y sus notables prontas versiones televisivas y fílmicas.

Más recientemente la telenovela, además de distribuir ríos de lágrimas a domicilio, ha incorporado a su oferta mercantil riachuelos de risas y sonrisas, (como en Betty la fea, creación colombiana de 1999 escrita originalmente por Fernando Gaitán en nuestro idioma y célebre, incluso, en su adaptación anglosajona) y arroyos históricos e ideológicos como la española Amar en tiempos revueltos (2005-2012) de Josep María Benet i Jornet, basada en la catalana Temps de silenci, de 52 capítulos que terminaron en 2002. Es decir, que la hija de la sosa novelita rosa, por una sorpresiva evolución artística en su adultez y sin menoscabo de su tradicional provocación de sollozos romanticoides, ha añadido –gracias a la radio y la televisión modernas– lo mismo humor que conocimientos. De ahí la necesidad de un análisis profesional que trate de dilucidar el fenómeno de la telenovela tanto desde el punto de vista cultural como social. Es más, considero que sería interesante investigar cómo andan las cosas en otras culturas, tratando de identificar, por ejemplo, qué relación pudiera existir entre la telenovela y la “soap opera” norteamericana: sus diferencias, similitudes, posibles influencias, tendencias actuales, etc

Por otra parte, a principios de este siglo un nuevo medio de difusión se ha sumado a la radio y la televisión tradicional: las plataformas de transmisión por cable (streaming, en inglés), alimentadas, esencialmente, por las llamadas series y evolucionadas de simples arroyos a caudalosos ríos. En español han alcanzado notoriedad internacional obras tales como El ministerio del tiempo (2015) de Jaime de Armiñán, y La casa de papel (2017) de Alex Pina adaptadas, incluso, a otras culturas tales como a la inglesa la primera y a la coreana la segunda. Se diferencian de sus homólogas en inglés que las precedieron en que el componente romántico fundamental de las telenovelas, sin llegar a ser el más importante de los argumentos en las series hispanas, es más que un substrato; antes bien, forman segundas tramas paralelas no muy alejadas (y complementando) las principales. Por lo anterior, ¿podrían considerarse las series españolas como un peldaño superior en el desarrollo de las telenovelas?

Dejo a futuros investigadores del tema de la telenovela esbozados en los dos párrafos anteriores a manera de una tentadora puerta abierta para los que quieran y se atrevan traspasar su umbral.

Esmeralda, de Delia Fiallo. Venevisión 1970.
Esmeralda: Lupita Ferrer. Juan Pablo: José Bardina

Un caso sumamente excepcional en la historia de las narraciones radiofónicas y televisivas es el de Delia Fiallo (1924-2021). Su dominio del libreto radial y el guion de televisión, la calidad artística de su ficción, su prolificidad, y la resultante popularidad mundial de sus creaciones, la hicieron la escritora más famosa del orbe en el campo dramático que venimos tratando desde los párrafos anteriores. En ello puede haber sido determinante el haber desarrollado y perfeccionado su vocación literaria con una sólida formación académica en la Universidad de La Habana (una de las más importantes de Hispanoamérica hasta la primera mitad del siglo XX), donde obtuvo un doctorado en filosofía y letras en 1948. Su primera incursión en la literatura fue en narrativa breve en edición impresa, habiendo recibido en ese mismo año el entonces importante galardón Premio Internacional de Cuentos Hernández Catá. Casi de inmediato pasó a la novela radial, en cuyo subgénero escribió una docena de exitosas historias. Con el advenimiento de la televisión, Delia Fiallo cambió de medio y escribió más de 20 telenovelas no menos notables, la mayoría de ellas creadas fuera de su país natal al salir al Exilio en 1966 ‒una vez implantado el Totalitarismo en Cuba‒ por sus ideales democráticos anticomunistas. Entre sus melodramas más destacados basta mencionar Leonela, Topacio, Lucecita, Esmeralda, y Cristal, esta última su entrega postrera, que data de 1985. Sus obras se han transmitido en más de 180 países y decenas de versiones de sus historias continúan repitiendo los éxitos de las originales. Por todo lo anterior, se le considera la Madre de las Telenovelas y la Mejor Embajadora del Español en el Mundo de su tiempo.

Delia Fiallo (1924-2021)

El arribo de la televisión por cable hizo que el ciclo se repitiera: la compra de espacios en horarios de poca teleaudiencia, o la adquisición gratuita de segmentos dentro de canales de propiedad municipal, han permitido una pluralidad de ofertas en castellano en la nueva era televisiva que van del deporte a la religión, pasando por variantes culturales disímiles, la política, intereses gremiales o comunales, etc. Coincidentemente, algunos canales y empresas anglosajonas de temáticas específicas están intentando llegar al televidente hispano con ediciones de sus programas dobladas al castellano o personal hablando nuestro idioma. Entre ellos cabe destacar CNN, ESPN, History Channel, Discovery Channel y el conglomerado cultural no comercial Public Broadcasting System (PBS), el cual ya tiene su versión en español: VeMe. Todos están tratando de repetir con el público hispanounidense los éxitos alcanzados con el de habla inglesa; tendencia que es de suponer se incremente en el futuro a medida que nuestro peso demográfico sea mayor.

Muchas de las emisoras de TV son repetidoras de la programación general de las cadenas nacionales, aunque aquellas asentadas en zonas de mayor población hispana tienen sus propios estudios de producción encargados de la realización de programas locales (básicamente noticiosos) que alternan con los de carácter nacional. Otras carecen de estudios particulares, como por ejemplo UniMás, cuya programación esencial se basa en la transmisión de películas anglosajonas dobladas a nuestra lengua, antiguas series humorísticas, viejas telenovelas, así como eventos deportivos.

Las emisoras de radio, por el contrario, tienen sus propios estudios aun cuando formen parte de cadenas nacionales tales como Univisión Radio y la Spanish Broadcasting System. Ello se debe al hecho de que la radio sigue manteniendo su condición prístina de medio de comunicación local, respondiendo a las necesidades y preocupaciones concretas de las comunidades en que están ubicadas las emisoras. Los radioyentes se identifican con las personalidades de los comunicadores que ‘sienten’ cercanos, en una repetición (o continuación) del antiguo caso de Pedro González. La televisión, a pesar de su popularidad, no ha podido alcanzar nunca esa relación tan íntima con el público que la radio logró hace casi un siglo y ha sabido mantener hasta el presente.

El siglo XXI abriría con nuevos retos tales como la pujante presencia ambivalente de las redes cibernéticas, así como el deterioro de las formas tradicionales del español por efecto de la influencia del inglés o la lejanía de las nuevas comunidades de inmigrantes hispanos de sus zonas de origen. A ellas se uniría la marcada pérdida lingüística de la segunda y tercera generación de hispanos nacidos en los EE. UU. y, en el último decenio, la disminución del flujo migratorio como resultado de las deportaciones masivas y las trabas a la inmigración.

En un intento por paliar los mencionados efectos negativos y estar a la altura de los tiempos, tanto las grandes cadenas nacionales de radio y televisión como las compañías de menor importancia, han creado cibersitios que promocionan o complementan sus ofertas. En algunos de ellos es posible escuchar y/o ver la programación en vivo original o los programas ya emitidos. Sus secciones de noticias, por sus periódicas actualizaciones diarias, hasta compiten con las publicaciones noticiosas de difusión tradicional en la Internet. Con todo, todavía está por ver si tal extensión cibernética resulte, a la postre, beneficiosa o inconveniente, asfixia o aliento para los medios hispanos en los Estados Unidos.

No obstante los aspectos perjudiciales o irresolutos señalados, no vislumbro una crisis en la radio y la TV en español como la que sufrió la primera a finales de los años veinte del siglo pasado. Teniendo en cuenta el constante ‒si bien actualmente disminuido‒ aumento de la población hispana en los EE. UU., es de esperarse que los medios no impresos de difusión en castellano continúen su ascenso cuantitativo en este país. Estados donde los hispanos eran casi inexistentes hace 20 años, en la actualidad presentan pujantes colonias de nuevos inmigrantes, cuyos miembros están ansiosos por oír su idioma en el radio o ver en el televisor los rostros de sus actores y actrices preferidos con quienes llorar o reír luego de la casi siempre fatigante jornada laboral. Pues es el caso que gracias a la magia de la radio y la televisión en español, el sol enceguecedor de México, Puerto Rico o los llanos venezolanos, bien que puede caldear las montañas nevadas de Utah.

Y sí, finalmente, Don Rafael habló. Incluso en todos (o casi todos) los estados de la Unión Americana. Gracias al derecho de nacer de la radio y la televisión hispanounidenses.

(*) Ponencia presentada por el autor en el II Congreso de la Academia Norteamericana de la Lengua Española [ANLE], celebrado en la Biblioteca del Congreso de los EE. UU. en Washington, DC, en octubre de 2018.

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https://web.archive.org/web/20170816194431/http://www.panorama.com.ve/espectaculos/El-viejo-romance-nunca-muere-Delia-Fiallo-a-PANORAMA--Audio-20160110-0055.html

(*) Tomado de Lolo, Eduardo. El Asesinato de la Historia o Crimen en el Occidente Express. Con otras reflexiones en busca del tiempo aún no perdido. Nueva York: Editorial de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, 2024. Págs. 163-182. Para más información, pulse el siguiente enlace: B0D8PHZL4C

(**) Catedrático de Lengua Española y Literatura Hispánica en el Kingsborough Community College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, donde también es coordinador de área en el Departamento de Lenguas Extranjeras.Entre sus publicaciones, destacan Las trampas del tiempo y sus memorias (1991); Mar de espuma. Martí y la literatura infantil (1995); Un huésped no invitado. La voz tangencial del indio en la literatura hispana (2001); Después del rayo y del fuego. Acerca de José Martí (2003); Platero y nosotros: estudio crítico (2007); Lo que quede de aldea. Más sobre José Martí (2011), y el compendio bibliográfico Para leerte mejor. Publicaciones en español en los Estados Unidos (2000-2012), editado en el 2013. 

Thursday, May 14, 2026

LA HISTORIA DE CUBA QUE EL CASTRISMO HA QUERIDO SEPULTAR

Por Antonio Gómez Sotolongo

Ramón Blanco Erenas (1833-1906)

Hoy, que algunos cubanos debatimos la posibilidad de una intervención de los Estados Unidos en Cuba, es una bocanada de aire fresco releer las ideas que algunos de nuestros próceres tuvieron al respecto, cuando las circunstancias fueron las mismas.

A continuación comparto las

Cartas cruzadas entre los generales Ramón Blanco (Capitán General de Cuba) y Máximo Gómez (Jefe del Ejército Libertador cubano), con motivo de la proposición del primero, enérgicamente rechazada por el segundo, solicitando una alianza del Ejército Cubano con el Español para luchar juntos contra el Ejército norteamericano.

General Máximo Gómez,

General en Jefe de las Fuerzas Revolucionarias.

Señor:

Con la sinceridad que siempre ha caracterizado todos mis actos, me dirijo a Ud., no dudando por un momento que su clara inteligencia y nobles sentimientos, los que como enemigo honrado reconózcole, harán acoger mi carta favorablemente. No puede ocultarse a Ud. que el problema cubano ha cambiado radicalmente; españoles y cubanos nos encontramos ahora de frente a un extranjero de distinta raza, de tendencia naturalmente absorbente y cuyas intenciones no son solamente privar a España de su bandera del suelo cubano, sino también exterminar al pueblo cubano[1], por razón de su sangre española.

El bloqueo de los puertos de la Isla no tiene otro objeto.

No sólo es dañoso a los españoles, sino que afecta también a los cubanos, completando la "obra de exterminio comenzada en nuestra guerra civil”.

Ha llegado por lo tanto el momento supremo, en que olvidemos nuestras pasadas diferencias y que unidos cubanos y españoles para nuestra propia defensa, rechacemos al invasor.

España no olvidará la noble ayuda de sus hijos de Cuba, y una vez rechazado el enemigo de la Isla, ella, como madre cariñosa, abrirá sus brazos a otra nueva hija de las naciones del Nuevo Mundo: que habla su lengua, profesa su religión y siente correr por sus venas la noble sangre española.

General, por estas razones propongo a Ud. una alianza de ambos ejércitos en la ciudad de Santa Clara.

Los cubanos recibirán las armas del Ejército Español y al grito de: "Viva España! y ¡Viva Cuba! rechazaremos al invasor y libraremos de un yugo extranjero a los descendientes de un mismo pueblo.

Su afectísimo servidor,

Ramón Blanco.

............................................................

Máximo Gómez (1836-1905)

General Don Ramón Blanco,

General en Jefe del Ejército español en Cuba.

Señor:

Me asombra su atrevimiento, al proponerme nuevamente términos de paz, cuando Ud. sabe que cubanos y españoles jamás pueden vivir en paz en el suelo de Cuba. Ud. representa en este Continente una Monarquía vieja y desacreditada y nosotros combatimos por un principio americano: el mismo de Bolívar y Washington.

Ud. dice que pertenecemos a una misma raza y me invita a luchar contra un invasor extranjero; pero Ud. se equivoca otra vez, porque no hay diferencia de sangre ni de razas.

Yo sólo creo en una raza: la Humanidad; y para mí no hay sino naciones buenas y malas; España habiendo sido hasta aquí mala, y cumpliendo los Estados Unidos, hacia Cuba, un deber de humanidad y civilización, en estos momentos. Desde el atezado indio salvaje, hasta el más refinado rubio inglés, un hombre es para mí, digno de respeto, según su honradez y sentimientos, cualquiera sea la raza a que pertenezca o la religión que profese.

Así son para mí las naciones, y hasta el presente sólo he tenido motivos de admiración hacia los Estados Unidos.

He escrito al Presidente McKinley y al General Miles, dándoles las gracias por la intervención americana en Cuba[2].

No veo el peligro de nuestro exterminio por los Estados Unidos, a que Ud. se refiere en su carta. Si así fuese: “la Historia los juzgará".

Por el presente sólo tengo que repetirle que es muy tarde para una inteligencia entre su ejército y el mío.

Su atento servidor,

Máximo Gómez.

[Nota: Esta carta lleva fecha 20 de Abril de 1898]

Tomado de Cronología Crítica de la Guerra Hispano-Cubanoamericana, por Felipe Martínez Arango [En línea] [Fecha de consulta 12 de may 2026] Disponible en: 

https://repositoriodigital.ohc.cu/download/files/original/3dc9c7deb35f03eb5769f0278c0345d165d050c6.pdf


[1] Nótese la coincidencia de los argumentos del General Blanco con los utilizados por el castrismo durante más de seis décadas, con la intención de atemorizar a los cubanos y denostar a los gobiernos de los Estados Unidos.

[2] En 1897 Gómez había enviado una carta a Grover Cleveland, entonces presidente de los Estados Unidos, sugiriéndole la intervención en Cuba. Disponible en: https://blogacademiaahce.blogspot.com/2026/02/carta-de-maximo-gomez-sugiriendo-la.html 

Monday, May 11, 2026

EL OTRO CRISTÓBAL (*)

Por Enrique Del Risco

En mi última visita a Puerto Rico en diciembre pasado pregunté por Cristóbal en todas partes para comprender que en toda la isla no teníamos un solo amigo en común, y que la próxima noticia que recibiría de él sería la de su obituario.

Cristóbal Díaz Ayala (1930-2026) @Fuente externa

“Tienes que conocer a Cristóbal” me escribió mi amigo Arsenio Rodríguez Quintana cuando se enteró que andaba por Puerto Rico. No Colón por supuesto, sino el otro. Cristóbal Diaz Ayala, redescubridor de la música cubana. Arsenio me envió su número de teléfono y a la mañana siguiente estaba con el autor de Música cubana: del Areyto a la Nueva Trova (1993) y La marcha de los jíbaros: Cien años de música puertorriqueña por el mundo (1998) en su casa en Guaynabo, hablando como si fuéramos amigos de toda la vida, agradecido desde ya a Arsenio y a la idea de compartir por unos días la misma isla con aquel señor que a los 90 años era la encarnación del saber musical de Cuba y de Puerto Rico.

En aquella primera visita Cristóbal me hablaría lo que antes había referido en otras entrevistas: de su auspiciosa niñez temprana en el Hotel Vista Alegre donde le bastaba salir al balcón para oír de viva voz al Trío Matamoros y a Sindo Garay que animaban el café de los bajos o escuchar los domingos la banda municipal de Gonzalo Roig tocando desde la glorieta del parque Maceo; de su adolescencia viboreña donde conoció a Marisa, su novia de toda la vida; de sus estudios de derecho en la Universidad de La Habana; de los encontronazos con lo que irrumpió en la vida de todos con el nombre ostentoso de “Revolución Cubana”; de su exilio inicial en Miami donde fue dueño y dependiente de una bodega que pronto vendió y que con el tiempo se convertiría en el germen de la ahora famosa cadena Sedano’s; de su traslado a Puerto Rico para ser parte de una compañía que fue parte del boom constructivo de la isla; también me habló de sus programas de radio sobre música, de la tremenda colección de más de 60 mil discos que había donado a la Universidad Internacional de Florida (FIU)  y de los proyectos que todavía lo obsesionaban en su décima década de vida como la reconstrucción de las relaciones entre la música y el café.

Café Vista Alegre. La Habana Cuba (ca. 1950) @Fuente externa

Cristóbal era la encarnación de ese arquetipo que abunda tanto en la literatura y tan poco en la vida real: el del viejito sabio que -según entendí en su caso- es resultado de una juventud feliz y una madurez plena, sin rencores ni resentimientos, aunque no exento de grandes dolores (como la muerte temprana de uno de sus hijos). Solo que en Cristóbal había un toque de frescura y picardía mental que conservaba incluso cuando el tiempo insistía en doblegar su cuerpo.

En un encuentro posterior Cristóbal me contó que siendo adolescente fue a una fiesta en El Vedado y que al intentar sacar a bailar a una muchacha la chaperona de turno le salió al paso y preguntándole de dónde era.

-De La Víbora.

A lo que la chaperona respondió:

-El Cerro fue, El Vedado es y Miramar será. La Víbora no fue, ni es, ni será -cerrando toda posibilidad de que el intruso bailara con la muchacha a su cargo.

Al contar aquella anécdota Cristóbal volvía a ser el adolescente furioso y humillado por los protocolos habaneros que le asignaban valor a la gente de acuerdo a su barrio de procedencia.

Nada más distante del espíritu de Cristóbal al emprender su historia de la música cubana. Cristóbal triunfa donde fracasa un Carpentier dominado por sus prejuicios musicales (que lo llevan a excluir del panteón musical a Lecuona o a los músicos populares del siglo XX) o la magnífica Cuba and its Music de Ned Sublette limitada por la convención de describir una república incapaz de engendrar la innegable maravilla musical que produjo. El amor incondicional y desprejuiciado de Cristóbal por la música le permitía ver genealogías y conexiones deslumbrantes donde otros intentan uncir ese caballo desbocado que ha sido la inventiva sonora de la isla a sus propias preconcepciones musicales o políticas.

La Victrola fue uno de los medios más eficaces para divulgar la música en Cuba
(N del editor) @Fuente externa

Cristóbal en sus libros deja la música fluir en todas sus variantes y direcciones e intenta, con la modestia y el detalle con que parecía emprenderlo todo, darnos las pistas esenciales para que podamos explicarnos la maravilla de su existencia. Su admiración -para mí incomprensible- por Esther Borja no le impedía apreciar la importancia esencial que el otro Arsenio, Ignacio de Loyola Travieso Scull, más conocido como Arsenio Rodríguez o el Ciego Maravilloso, tiene para la música del siglo XX. Ni la devoción de Cristóbal por los creadores musicales lo privaba de entender la contribución de productores, clubes sociales, estaciones de radio, estudios de grabación, cabarets y simples bares con victrolas a ese evento mágico que fue la explosión musical cubana en la primera mitad del siglo pasado. Cuando alguna vez le confesé que no había leído un mejor recuento de la música isleña que el suyo me respondió con su modestia incorrupta:

-Es que yo no escribo la historia de la música cubana como quien da una conferencia sino como quien le cuenta un secreto a un amigo al oído.

Cristóbal no tenía grandes conocimientos de teoría musical y rechazaba que le llamaran musicólogo. Su carrera como historiador de la música era la de un melómano excepcional que desde sus limitaciones teóricas encontró sentido donde otros muchos se han perdido en la manigua bullanguera de los géneros cubanos. Sospecho que si insistía en iniciar su relación con la música en el balcón del Hotel Vista Alegre era para arroparse con una mística personal frente a otros autores supuestamente mejor preparados, y así lidiar con su propio síndrome del impostor. Ni falta que hacía. El misterio de Cristóbal se resuelve de manera sencilla si se ve como combinación de amor infinito por el objeto de estudio, y una sistematicidad que rayaba con la manía a lo que se añade una clara inteligencia y una gracia natural para relatar.

Marisa, CDA y el autor

Luego de aquella primera visita se me hizo costumbre y obligación ir a verlo en cada uno de mis viajes a Puerto Rico a su urbanización en Guaynabo. Una de mis preciosas mañanas en la isla la dedicada a visitar aquella casa ya sin discos pero poblada por porcelanas de Lladró, cuadros de amigos pintores y la reconfortante hospitalidad de Marisa. Allí fui con toda la familia a que conociera a la pareja de viejitos maravillosos, a comprobar como la pareja se recuperaba de sus contratiempos físicos, pero sobre todo a hablar de música: allí contrastaba mis intuiciones sobre la evolución musical de Cuba con la visión limpia y afable de Cristóbal que no se permitía el vicio del conservadurismo. Cuando alguna vez me oyó despotricar contra la cadencia del reguetón Cristóbal me detuvo para advertirme que después de todo el reguetón utilizaba una versión actualizada del ritmo de la habanera. “Papam, pam pam” decía dando las correspondientes palmadas “ese ritmo que los músicos llaman ‘café con leche’”. Esa observación me bastó para reconciliarme en parte con el sonsonete que amenaza con tragarse toda la música en estos días aunque en particular prefiera esa variante cubana conocida como “reparto” que al menos cuenta con el ritmo redentor de la clave.

Hace un tiempo quise homenajear a Cristóbal en una novela en la que todavía trabajo dedicada a la vida neoyorquina del otro Arsenio Rodríguez, el Ciego Maravilloso. Allí introduje un personaje que comparte su nombre de pila y muchas de las características de Cristóbal. Lo imaginé más joven, estudiando derecho en la Universidad de Colombia y a la vez coleccionista ávido de todo tipo de músicas y asesor esporádico de la protagonista de mi libro, una estudiante de antropología que hace su tesis sobre Arsenio. Lo recreé como no lo había conocido, joven y con el apartamento atiborrado de discos, pero con el mismo trato afable y la misma inteligencia que no se esfuerza por exhibirse. Pero cuando le envié a Cristóbal el capítulo dedicado al personaje que él me había inspirado, no me respondió. Temí lo que se teme en esos casos: que en Cristóbal se había iniciado el declive definitivo del cuerpo y de la mente, ese que deja sin palabras las despedidas.

En mi última visita a Puerto Rico en diciembre pasado pregunté por Cristóbal en todas partes para comprender que en toda la isla no teníamos un solo amigo en común, y que la próxima noticia que recibiría de él sería la de su obituario. Anoche por fin recibí la confirmación y reconocí que a pesar de la vida larguísima y plena de Cristóbal siempre es difícil despedirse de alguien que, además de bueno, supo transformar sus querencias y manías en obra inmensamente útil. Me queda estirar la conversación releyendo libros imposibles de encontrar y que merecen una reedición más cuidada. Pero créanme, no es lo mismo.  

Tomado de Hypermedia magazine       

Thursday, May 7, 2026

LOS POETAS DE GALA (*)

Un pedazo de la historia del exilio cubano…

Por Julio Estorino

José María Heredia (1803-1839)

Cuando se dice “la poesía en el exilio”, se habla de una poesía comprometida, en primer término, con el quehacer patriótico de aquellos que han tenido que irse de su patria forzados por las circunstancias políticas impuestas allí. Se habla también de nostalgia, de rebelión ante la injusticia, también de lo que algunos clasifican como “poesía de barricada”, aquella que exhorta al cumplimiento del deber para con la patria lejana, se habla de versos que desgranan anticipadamente la visión de la victoria, y el gozo del regreso, versos de la esperanza.

Entre nosotros, cae por su propio peso la cita del Cantor del Niágara, el exiliado aquel que, maravillado ante la imponente cascada, siente, sin embargo, que algo le falta al hermoso paisaje que tiene ante sus ojos… “las palmas, ¡ay! Las palmas deliciosas / que en las llanuras de mi ardiente patria / nacen del sol a la sonrisa y crecen / y al soplo de las brisas del océano / bajo un cielo purísimo se mecen”… ¡Cuánto entendemos nosotros, los cubanos exiliados del presente, la desazón de Heredia ante aquel recuerdo, dulce y punzante a un mismo tiempo!

En el extenso catálogo de la poesía patriótica cubana, existe algo singular, que no sé si se da también en la historia literaria de otros pueblos y que pudiéramos llamar la poesía premonitoria del posible destierro. Lo expresó Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé, al final de las hermosas rimas de su poema Mi Hogar[1]:

   ¡Oh mi hogar! Yo te saludo,

Yo te ensalzo y te bendigo,

Porque en ti seguro abrigo

Hallar mi familia pudo.

Ojalá el destino crudo,

Me niegue golpes impíos,

Y goce yo entre los míos

De vida apacible y larga,

Sin beber el “agua amarga

De los extranjeros ríos”.

Y, más cercano a nosotros en el tiempo, lo expresó también el último, grande y legítimo Poeta Nacional de Cuba, Agustín Acosta y Bello, en uno de sus hermosos poemas, “Jaculatoria final”, donde se vuelca en toda sinceridad el temor profético del poeta al vislumbrar su futuro:

Señor: cuando yo sea una sombra tan solo,

En busca del sendero que me lleva hacia Ti,

Escucha el hondo ruego que te dirijo ahora:

¡no me alejes de aquí…

Déjame entre mis palmas, mis cumbres y mis ríos

-el claro paraíso en que siempre viví-

No me lleves a tierras extrañas y sombrías:

¡no me alejes de aquí… !

Si Tú me purificas cuando en tu luz me acojas,

Daré sus resplandores al suelo en que nací,

Quiero seguir amándolo como lo he amado siempre:

¡no me alejes de aquí…!

Y si es cierto que hay otras existencias: si es cierto

Todo cuanto en los libros sagrados aprendí;

Si es cierto que se nace más de una vez, recuérdalo:

¡quiero nacer de nuevo aquí… ¡

Agustín Acosta (1886-1979) 

Por esos misterios de la Omnipotencia que escapan al limitado entendimiento de sus criaturas, Dios no complació al poeta, pero, nos dio a sus compatriotas desterrados el gozo, el consuelo y el orgullo de tenerlo entre nosotros. Y al pie de su tumba, en un camposanto de Miami, el ángel Gabriel, el de las anunciaciones, espera un día que vendrá, para poder anunciarle al Poeta, antes que a ningún otro cubano, que Cuba es libre ya, que sus huesos ya pueden regresar a Matanzas.

Claro está que, si hablamos de la Poesía en exilio, es para nosotros referencia inescapable, la vida, el corazón y la pluma de un cubano que vivió en el destierro mucho más tiempo que aquel que los tiranos de entonces le dejaron vivir en la patria suya y nuestra. En su poema Domingo triste, José Martí, nos confiesa, sin buscar atenuantes en el lenguaje, que él murió cuando lo arrancaron de su patria:

Las campanas, el Sol, el cielo claro

me llenan de tristeza, y en los ojos

llevo un dolor que el verso compasivo mira,

un rebelde dolor que el verso rompe

y es ¡oh, mar! la gaviota pasajera

que rumbo a Cuba va sobre tus olas!

…Cáscara soy de mí, que en tierra ajena

gira, a la voluntad del viento huraño,

vacía, sin fruta, desgarrada, rota.

Miro a los hombres como montes; miro

…de la vida en mi torno: ni un gusano

es ya más infeliz: suyo es el aire,

y el lodo en que muere es suyo!

Siento la coz de los caballos, siento

las ruedas de los carros; mis pedazos

palpo: ya no soy vivo: ni lo era                                                                                    

cuando el barco fatal levó las anclas

que me arrancaron de la tierra mía! 

Los poetas no somos los congéneres favoritos de la gente práctica, esos que prefieren un manual para ensamblar un mueble antes que un poemario. Nos miran como a bichos raros y, que nadie se entere: a veces pienso que quizás tienen razón. Son los que preguntan ¿para qué sirve la Poesía? Y, más específicamente en nuestro caso, nos dicen que ni poesías ni discursos, van a liberar a Cuba de sus presentes desgracias, algo que sabemos, como también sabemos que, sin poesías ni discursos, la patria no podrá alcanzar su verdadera liberación.

Para ilustrar esto, permítanme compartir con ustedes una anécdota personal, algo que me demostró en mi temprana y ahora distante juventud, el valor de la poesía, la fuerza de un poema escrito en el destierro.

En septiembre de 1962, a mis 19 años, estaba yo asilado en la Embajada de Uruguay en La Habana. Yo era uno entre casi cuatrocientos compatriotas que esperábamos un salvoconducto que la incipiente tiranía castrocomunista estaba obligada a darnos, en virtud de los entonces vigentes tratados interamericanos y que, en mi caso, demoró un año en llegar. Para el 8 de septiembre de aquel año, los asilados organizamos una procesión con una pequeña imagen de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, la Virgen Mambisa, procesión que se realizó de noche, con gran solemnidad y a la luz de antorchas que los empleados de la sede diplomática nos ayudaron a confeccionar y que, rezando el rosario, recorrió todo el perímetro de la embajada, junto a la sencilla cerca de alambre que nos separaba del territorio cubano. Al pasar frente a la garita donde los guardias del régimen custodiaban la entrada, estos rastrillaron sus metralletas con toda la mala intención de que son capaces los comunistas.

Llegamos al punto final de la procesión, un lugar que estaba cerca, precisamente, del lugar donde estaban los guardias, y allí nos detuvimos. Yo subí a una terraza que quedaba en un segundo piso y desde allí comencé a recitar una oración, escrita en pareados por el poeta exiliado en Miami Ernesto Montaner, poema que había llegado a mis manos en mis andares dentro de lo que llamábamos entonces, el clandestinaje cubano… Las doce campanadas de un año que moría / eran doce advertencias del monstruo que vendría / Eran doce rugidos de bronce, que, en el viento, eran doce llamadas por el advenimiento / del apóstol mentido, del falso redentor: / el corazón de Judas… / las barbas del Señor…

Lo maravilloso para mí no fue ver a aquellos trescientos y tantos cubanos y cubanas, mis compañeros de asilo, emocionados, sobrecogidos, emocionados hasta el llanto. Lo maravilloso para mí fue poder ver a aquella escuadra de milicianos que pocos minutos antes había rastrillado sus metralletas para amedrentarnos, extáticos, petrificados, tocados por la magia con la que los envolvía los versos de un poeta del bando contrario: un poeta exiliado.

Llegados a este punto, creo que se impone una exposición más amplia y generalizada sobre la obra de los poetas exiliados de estos tiempos, la constatación de esa obra y, al menos una ligera comparación, en conjunto, con los que nos precedieron, los poetas desterrados durante las luchas por la independencia. Un intento, tímido, por mi parte, de respuesta a la inquietante pregunta que espontáneamente aflora en nuestros pensamientos: ¿Han sido fieles los poetas exiliados del presente, al legado de sus predecesores, los poetas desterrados durante las luchas por la independencia de la patria que añoramos?

Sería pretencioso de mi parte tratar de dar una respuesta categórica a tan cáustica pregunta. El exilio cubano del siglo XIX duró 30 años, de 1868 a 1898 y fue interrumpido por breves períodos de mal llamada paz en la Isla. El nuestro va, prácticamente, desde mediados del siglo XX hasta el primer cuarto del XXI… ¡67 años! y, desgraciadamente, aún no cesa. El nuestro es también más numeroso y más extendido. Yo no conozco la obra de todos los poetas de nuestro destierro y aún cuando me refiriera solamente a los exiliados en el sur de La Florida, la respuesta a la pregunta que nos inquieta, carecería de la amplitud imprescindible para ser justa.

Debido a ello, me referiré solamente al grupo de poetas que mejor he conocido, los poetas de GALA, el Grupo Artístico y Literario Abril, agrupación cuyo nombre es en sí mismo una tarjeta de presentación que describe su membresía: escritores de todo género literario, pintores, escultores, recitadores, etc. GALA se gestó en Miami en 1977, se fundó en 1978 y existió hasta 1997, o sea, que tuvo diez años de excelente labor. Su motor impulsor fueron José Ferrer, un cubano españolizado que amaba las letras, sin que él mismo fuese escritor, y su hija, la valiosa poetisa Araceli Perdomo, a quien muchos de ustedes seguramente recuerdan de sus tiempos como responsable de las páginas de opinión de El Nuevo Herald.

Amelia del Castillo, nuestra querida y admirada Amelia del Castillo, fue, de principio a fin, el alma del grupo. Desde el primer momento, Agustín Acosta, muy mayor ya para entonces, fue escogido como su Presidente de Honor. Arístides Sosa de Quesada fue el primer presidente que nos dimos. Y los poetas… los poetas y las poetisas… ¿qué decirles? Tengo necesariamente que entrar en terrenos resbalosos, porque tengo que mencionar algunos nombres y dar unos pocos ejemplos para llegar a la respuesta que buscamos. Desde ahora les pido perdón por las inevitables omisiones.

Poetas y amigos de GALA. Arriba, de izq. a der: Dr. Angel Pío de la Portilla,
Dr. Rodolfo Moreno, Blanca Rosa Pereda, Raquel Fundora, Aracely Perdomo,
Dra. Delia Díaz de Villar, Esperanza Rubido, Dr. Arístides Sosa de Quesada,
Miguel González y Dr. Rolando Espinosa. 
Abajo, en igual orden: Amelia del Castillo,
José Borrell,
Consuelo y Agustín Acosta. Pura del Prado, Dr. Demetrio Pérez Arencibia,
Julio Estorino y Miguel González Pando. (Homenaje al Poeta Nacional de Cuba,
Agustín Acosta.
YMCA Internacional José Martí, Miami, 23 de mayo de 1976)

Algunos de los poetas de GALA: Pura del Prado, mi querida Pura cuyo poema “!Aquí no, qué va!”, se convirtió prontamente en un himno para el destierro: El día que yo me muera / se va a morir Cuba un poco / porque mi espíritu loco / tiene zumo de palmera… / ¡Prométanmelo, soldados! / ¡Roto ese muro de hierro, / no dejen en el destierro / mis huesos abandonados!... / ¡Llévenme para allá! / Aquí, no. ¡Qué va!

Otros poetas en GALA: Mercedes García Tudurí, José Manuel Cuscó, Adela Jaume, Roberto Cazorla, Luis Mario, Norman Rodríguez: Norman Rodríguez, el más desconocido y uno de los mejores decimistas del idioma castellano, que, en los siguientes versos, nos demostró ser exiliado de cuerpo, pero no de alma: “Yo tuve patria. La tuve / y la volveré a tener. / ¡Que no se debe perder / el regalo de una nube! / Aquella paz donde anduve, / aquel cielo donde fui, / que Dios escogió por mí / y yo lo hice mi altar, / no me lo pueden quitar… / ¡porque me lo dio Martí!”

Juan Orlando García, Sergio Galán Pino, Uva de Aragón, Carlos Fojo, José Albertini, Alfredo Leiseca, Rosa Leonor Withmarsh, Jorge Antonio Doré, Fico López, Lucas Lamadrid… Lucas, que describió magistralmente el rigor de la represión contra los intelectuales no adeptos al régimen: “Fuimos a ver el crimen / que no ocurrió en la calle / sino entre las columnas / de un templo sin fervor y sin deidades. / Fuimos a ver el crimen / y allí estaba todavía el cadáver / del hombre asesinado… / ¡Un poeta obligado a retractarse!”

Héctor Maldonado, Francisco Henríquez, Pablo Le Riverend, Salvador Subirá, Orlando Rossardi, Ulises Prieto, Aurelio Torrente, una poetisa, tan honda y tan alta como la modestia que la acompaña: mi admirada Sara Martínez Castro, que, a sus catorce años de destierro, nos llamaba al cumplimiento del deber: “Por la puerta entreabierta del recuerdo / se asoma el corazón en una lágrima... / Catorce años de exilio / con el alma sin voz en las pisadas / con un paisaje huérfano en los ojos / con la emoción prendida de crisálidas. / Por la puerta entreabierta del recuerdo / se asoma el corazón en una lágrima... / ¡Hay que ponerse al cinto la vergüenza / y salir al rescate de la patria!

Termino esta apretada selección que he hecho de memoria, con quien, ya lo dije, fue el corazón de GALA: Amelia del Castillo y que hoy, a sus 105 años, mantiene viva su llama poética: su poema “Caminos”: Han marcado mis pies muchos caminos. / los sepias y dorados andaluces / paisajes de olivares y de cruces / El verde deslumbrante en las laderas, / el blanco de las nieves espumosas / el alpino despliegue de asombrosas / pinceladas en lagos y praderas. / Han marcado mis pies muchos caminos, / caminos que no saben de mis huellas, / que no tienen mi sol, ni mis estrellas: / errantes, extranjeros, peregrinos… / Magníficos y bellos… / ¡pero no mis caminos!

Debo añadir, como referencia final, que, en 1979, GALA instituyó un premio de Derechos Humanos, el premio “Pluma de Oro”, que se adjudicó en varias ocasiones, a poetas que eran entonces prisioneros políticos en Cuba, como Ángel Cuadra, Jorge Valls, Armando Valladares, Andrés Vargas Gómez, Ernesto Díaz Rodríguez, no recuerdo si algún otro. Todos ellos, una vez llegados al exilio, fueron miembros de honor de GALA.

¿Han honrado los poetas de nuestro destierro el legado hermoso de sus pares del 68 y del 95? ¿La patria los contempla orgullosa? ¿Se siente bien el alma cubana hoy, cuando se dice: la poesía en el exilio?

Modestamente, pero lleno de paz, tengo que decir ¡Sí! Hemos cumplido y estamos cumpliendo, pero la palabra final, la tendrá la historia. Que Dios nos ayude.

(*) Ponencia presentada en el Encuentro con el Libro Cubano, efectuado en la ciudad de West Miami, el 19 de julio de 2025. Se le han hecho algunas correcciones de estilo para su publicación en este blog.


[1] Nápoles Fajardo, Juan C. (El Cucalambé). 1938. Rumores del Hórmigo. Editado por Lorenzo Vidal y Miguel Lesasserier. La Habana: Talleres Seoane, Fernández y Ca. 103-107 En línea: Rumores del Hórmigo.