Thursday, August 20, 2026

DEL ALMENDARES AL GUADALQUIVIR: EL PABELLÓN DE LA REPÚBLICA DE CUBA EN LA EXPOSICIÓN IBEROAMERICANA DE SEVILLA, 1929 (*)

 Cristóbal Garau Rodríguez  

El diseño del Pabellón de la República de Cuba estuvo a cargo del prestigioso arquitecto Evelio Govantes y Fuertes y del talentoso escultor Félix Cabarrocas y Ayala. 

El Venerable Félix Varela y Morales, el principal fundador de la identidad cubana, en su obra Elenco de 1816, escribió que “[u]n magnífico edificio nunca pudo provenir de la aglomeración desarreglada de diversos materiales…”

Viajemos, pues, desde el río Almendares en La Habana hasta el río Guadalquivir en Sevilla, para visitar una obra de gran mérito de la arquitectura cubana, poco conocida, por haber sido ejecutada en el extranjero y olvidada con el paso del tiempo, si bien, parte de ella perdura hasta hoy.

En los años de 1929 a 1930, el Reino de España presentó, simultáneamente, dos exhibiciones internacionales, en plena crisis económica mundial, algo bastante insólito: la Exposición Internacional de Barcelona y la Exposición Iberoamericana de Sevilla, a la que este artículo se refiere y más preciso aún, al Pabellón de la República de Cuba en ésta última.

La que fuera en otros tiempos la rica ciudad de Sevilla entró en el siglo XX con una estructura atrasada, sin apenas desarrollo industrial y un desarrollo urbanístico insuficiente. Para tratar de contrarrestar estas deficiencias, se celebró la “Exposición de Productos Sevillanos e Industrias Agrícolas, Vinícolas y Mineras” en 1905. Esta dio paso a la celebración de la “Fiesta de España en Sevilla” en 1908, de la que surgió la idea de la exposición iberoamericana, impulsada por la necesidad que la sociedad española de su época sentía por estrechar lazos con la América hispana. En 1914, don Federico de Amores y Ayala, conde de Urbina, se encargó de la organización, pero el proceso se dilató hasta 1925, cuando se acordó el nombre de “Exposición Iberoamericana”.

El estilo de la arquitectura expuesta en la exposición se ciñó dentro del movimiento regionalista, una corriente procedente del eclecticismo del siglo XIX. Los países tuvieron dos alternativas, encargar el pabellón a un arquitecto propio o al comité organizador. Las naciones de Argentina, Cuba, Chile, México, Perú, Portugal y Uruguay eligieron la primera alternativa, mientras que las naciones de Colombia y Guatemala eligieron la segunda. Esta interesante mezcla dio por resultado verdaderos referentes de arquitectura neocolonial como los pabellones de Argentina y Uruguay; de arquitectura neoindigenista como los pabellones de México y Perú y alguna que otra arquitectura de vanguardia como el pabellón de Chile, de estilo Decó.

España cursó al gobierno cubano la primera invitación en 1911 pero recibió una respuesta evasiva, dado la cierta inestabilidad política en la isla causada por la segunda intervención estadounidense y el corto plazo desde la instauración de la república. Cuba, al fin, aceptó participar en 1926, primero con un edificio provisional, y después, con uno permanente y otro provisional. El 22 de diciembre de 1927, el gobierno cubano promulgó una ley que asignó 50,000 pesos cubanos (equivalente hoy a $710,000 dólares) para cubrir los gastos de su participación y, en 1928, amplió la cantidad a 160,000 pesos cubanos (equivalente hoy a $2,307,200 dólares). El comité organizador, por su parte, ofreció un terreno de 7,000 m2: 2,000 m2 para edificar y 5,000 m2 para jardines con plantas tropicales, situado en la Avenida de la Reina Victoria, haciéndose la entrega oficial de la parcela el 9 de junio de 1928, en acto solemne, al embajador de Cuba en España, el Sr. Mario García Kohly. Por invitación de Don Nicolás Díaz Molero, alcalde de Sevilla, el coronel Enrique Quiñones Rojas, comisionado general del gobierno de Cuba para la Exposición y el capitán Julián Martínez Castells, comisionado técnico y substituto del comisionado general, hicieron la presentación oficial del anteproyecto. La decoración artística del decorado fue confiada a José Hurtado de Mendoza.

El diseño del Pabellón de la República de Cuba estuvo a cargo del prestigioso arquitecto Evelio Govantes y Fuertes y del talentoso escultor Félix Cabarrocas y Ayala y el proyecto de construcción fue realizado por miembros del ejército cubano al mando de los ingenieros militares Luis Hernández Savio y Alfonso González del Real, terminándose las obras el 24 de abril de 1929.

Evelio Govantes y Fuertes fue un arquitecto e ingeniero civil cubano, nacido en La Habana, Cuba, en 1886 y fallecido en la Florida, EE. UU., en 1981. Cursó estudios de arquitectura e ingeniería en la Universidad de La Habana, graduándose de Ingeniería Civil y Arquitectura en 1907. Fue miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras de Cuba, presidente de la Comisión de Historia, Ornato y Urbanismo de La Habana, secretario de la Junta de Inspección de la Universidad de La Habana y miembro de la Comisión de Arqueología, Urbanismo y Monumentos.

Por su participación en importantes proyectos en Cuba, fue designado Director de Obras Públicas Municipales de 1913 a 1925 y, con posterioridad, fue nombrado Jefe de Fomento Municipal en La Habana. En este cargo, diseñó un plan de obras públicas de gran impacto que incluyó, por vez primera, la restauración de edificios públicos erigidos, durante la colonia, en la Plaza de Armas, como el Templete en la calle Baratillo #1, el Palacio del Segundo Cabo en la calle O’Reilly #4 y el Palacio de los Capitanes Generales en la calle Tacón #4. Por su iniciativa, la Plaza de Armas y la Catedral de la Virgen María de la Concepción Inmaculada de La Habana en la calle Empedrado #158 (Plaza de la Catedral) fueron declaradas Monumento Nacional; se eliminó el tendido eléctrico aéreo en la zona histórica de la ciudad para ser sustituido por el cableado soterrado, y se promovió la idea de devolver a las calles de La Habana los nombres coloniales que pervivían en la memoria y uso de sus habitantes. Además, recomendó enfáticamente a la escuela de ingenieros y arquitectos de la Universidad de La Habana que estudiaran los edificios “genuinamente cubanos’ para la creación de un estilo nacional.

Félix Cabarrocas y Ayala fue un escultor y dibujante cubano, nacido en Santa Clara, Cuba, en 1887 y fallecido en La Habana, Cuba, en 1961. Cursó estudios en la Facultad de Letras y Ciencias, Escuela de Letras y Filosofía, de la Universidad de La Habana, graduándose, con premio en Dibujo Lineal y Natural, en 1910. También fue miembro de Mérito de Escultura de la Academia Nacional de Artes y Letras de Cuba. Fue jefe del Departamento de Urbanismo del Ayuntamiento de La Habana en 1925. Siempre tuvo un extremo cuidado ético en nunca presentarse y firmar como arquitecto ningún plano o publicación y rechazó, por no creer merecerlo, el título Honoris Causa que la Universidad de La Habana le propuso.

Proyectó, en solitario, la sede de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana en 1921. En 1917, reinició el proyecto del Capitolio Nacional de Cuba, situado en las calles Paseo del Prado, Dragones, San José e Industrias, con Mario Romañach, padre, cuyo primer diseño fue realizado en 1910 por los arquitectos Eugenio Rayneri Sorrentino y su hijo, Eugenio Rayneri Piedra, con una nueva versión de cambios sustanciales, como la escalera y el pórtico monumentales, terminados en lo alto con cúpula y la adición de los hemiciclos en los extremos. Entre sus obras escultóricas se encuentran: las Cariátides, piedra (con colaboración de Evelio Govantes), que sustentan la logia superior de una logia doble, en el edificio de la sociedad Unión Club, en la avenida Malecón #17, en 1924; la capilla de Nicolás Rivero y Muñiz, Conde del Rivero, director del Diario de la Marina, en la Necrópolis de Colón, con la única escultura yaciente  de un templario franciscano, en 1925 y el Monumento a las Víctimas de la explosión del acorazado Maine (las dos últimas, con colaboración de Moisés de Huerta) en la avenida Malecón y calle Línea, en El Vedado, en 1925. Un proyecto poco divulgado, de la década de 1920, fue una edificación llamada Edificio Corporativo, en el Paseo del Prado de La Habana, que nunca se construyó, pero que fue un adelanto de lo que mucho más tarde conoceríamos como edificio de propiedad horizontal (condominio) y que ofrecía toda una infraestructura para resolver las necesidades de los residentes.

El 1 de mayo de 1961, como un capricho del destino, el cortejo fúnebre que conducía hacia la Necrópolis de Colón sus restos mortales, fallecido dos días antes, se detuvo frente al Monumento a las Víctimas del acorazado Maine, cuando se procedía a la eliminación, por parte del gobierno comunista, del águila de bronce que lo remataba.

En las primeras décadas del siglo XX tuvo lugar en Cuba un proceso de renovación arquitectónica antes de iniciarse el Movimiento Moderno, que partiendo del eclecticismo desembocó en el estilo neocolonial, tendencia precursora de la búsqueda de una arquitectura nacional.  Dicho sea de paso, todo esto se realizó sin tener que endilgarles una guayabera y un sombrero de yarey a las nuevas edificaciones.

La prensa española de la época comentó, con descortesía y desprecio, que Cuba, al principio, participó con cierto “complejo de inferioridad”, alegando no tener una típica arquitectura nacional, pero se olvidan de señalar que fue el comité organizador quien impuso estas condiciones arquitectónicas. Es cierto que Cuba no tenía una arquitectura autóctona de valor, en contraste con otras naciones hispanoamericanas, pero el barroquismo cubano, aunque sublimemente diluido, aún existía a principios del siglo XX, convirtiéndose en la semilla que, al cabo de los años, sería reconocida como “el alma de la cubanidad” en la evolución de su arquitectura. Es evidente que, en esta obra, los arquitectos, en vez de copiar las fórmulas extranjeras importadas, se decantaron, con gran acierto, por la arquitectura vernácula adaptada a los medios disponibles, tanto constructivos, como en el uso de materiales autóctonos de fácil acceso y manipulación.

Hacia mediados de la década de 1920, la sociedad de Govantes y Cabarrocas estaba ya bien establecida en Cuba. De 1924 a 1927, acometieron la obra de la residencia para el doctor Juan Pedro y Baró y su esposa, Catalina Lasa y del Río Noriega, en la calle Paseo #406, en El Vedado. En 1925, continuó el proyecto del Capitolio Nacional, acentuando la importancia de la escalera y adosándole a los pórticos laterales grandes pilastras y haciendo la cúpula más clásica. En 1928, realizaron el proyecto para la construcción del barrio obrero Ludgardita, nombrado en honor de Lutgarda Morales y Yanes, madre del entonces presidente de Cuba General Gerardo Machado y Morales, en el área industrial, próximo al aeropuerto de Rancho Boyeros, establecido en 1929, en el municipio de Santiago de las Vegas. Este proyecto, el primero de su tipo que se construyó en Hispanoamérica, incluyó cien viviendas con sus correspondientes servicios de colegio, estación de ferrocarril, guardería, hospital, iglesia, oficina de correos, parques, teatro, etc. En 1928, también proyectaron el Pabellón de la República de Cuba, en la Exposición Iberoamericana de Sevilla, que fue galardonado con el Gran Premio.

El proyecto para la Exposición estaba compuesto por dos edificaciones: una permanente de 30 por 10 metros, que perdura hasta hoy, y otra provisional de 45 por 30 metros, demolida al finalizar la exhibición. La primera se hizo con cimientos y muros de hormigón que soportan a muros de carga de ladrillo en la fachada, contando la principal con jácenas metálicas perpendiculares y losas de hormigón; en el centro y en los laterales, las cubiertas son de teja española sobre tablas y los balcones formados por columnas salomónicas torneadas. El interior estaba compuesto por dos plantas y un mirador, siguiendo de este modo el esquema propio de villa y estando dotado de diversos elementos típicos de la arquitectura cubana, como, por ejemplo, el portal de la entrada, una gran arcada realizada con piedras traídas de las canteras cubanas de Jaimanitas, así como la escalera de caoba que parte del vestíbulo, y el mirador, junto con todos los elementos, como artesonados, balcones, barandas, rejas, etc. realizados con maderas nobles cubanas. En el exterior de la entrada, a mano izquierda, estaba situada una reproducción exacta de la ancestral fuente del convento de Santa Clara de Asís del siglo XVII, situado en la calle Cuba #602; un edificio de dos plantas y gruesas paredes de tapias y rafas, que encierra, dentro de sus muros, los vestigios de la ciudad primitiva, y entre ellos, las primeras manifestaciones de civilización y urbanismo. Fue la primera fuente pública, no solo de Cuba, sino de las Américas, con todos sus servicios derivados para los menesteres de una ciudad naciente.

La distribución interior del edificio permanente era muy sencilla. En la planta baja, se instaló un gran vestíbulo, que se integra tras el portal con elementos cubanos, con columnas parecidas a las de las casas del Marqués de Arcos, de la calle Mercaderes #16 (Plaza de la Catedral) y del Marqués de Almendares, de la calle Compostela #651-657 y con ventanas de estilo camagüeyano. Desde el vestíbulo, y tras una doble arcada, arranca la impresionante escalera donde se puede contemplar un magnífico mascarón tallado, coronado por un farol y que da acceso al primer piso. Bajo ella, en el ala izquierda, se ubicaron varias salas y dependencias dedicadas a los productos del país, como los perfumes y jabones, el tabaco y el ron de caña, el alcohol y las conservas alimenticias, el carey y las pieles trabajadas. También en la planta baja, había un auditorio y estaban las oficinas de la Comisión. En una de las salas había una biblioteca de más de cuatro mil volúmenes de autores cubanos o sobre asuntos de Cuba. En la planta alta se hallaban la sala de fiestas y las exposiciones de los ministerios de Comunicaciones, Gobernación, Guerra, Marina y Obras Públicas.  Además, había una urna de cristal con arena de playa del lugar donde, se creía entonces, ocurrió el primer desembarco del Almirante Cristóbal Colón. Una segunda escalera, que partía de la planta alta, llevaba al mirador, pudiéndose contemplar un artesonado colonial, además de un plano en relieve del distrito central de La Habana. Igualmente, aquí se exponía una selección de monedas que iban desde la época colonial hasta esa fecha, maquetas y planos de obras realizadas por el gobierno en distintas zonas de Cuba, y gráficos y fotografías de la Marina de Guerra y de los cuerpos militares.

La decoración contaba con cuadros de pintores cubanos de la época que fueron pensionados por el gobierno, donde el sitio de honor estaba reservado para el patriarca Leopoldo Romañach y Guillén, así como con un busto del apóstol cubano José Martí y Pérez, otro del Padre Bartolomé de las Casas, un tercero del presidente de la república, General Gerardo Machado y Morales, en la sala de fiestas, y un retablo cerámico con la Virgen de la Caridad del Cobre.

El edificio provisional, demolido al finalizar la exposición, se construyó detrás del edificio permanente con una altura igual a la planta baja. En él sobresalían, una vez más, las maderas nobles empleadas: ácana, caoba, chicharrón, júcaro, majagua, moruro, ocuje, sabicú, sangre de doncella y yaba. Contaba con un patio central, de estilo camagüeyano, rodeado por galerías corridas con una original columnata de sencilla apariencia, y se accedía a él por una puerta en la fachada principal que daba a un vestíbulo de grandes dimensiones. En este edificio se mostraron las exposiciones de las secretarías de Agricultura, Comercio, Hacienda, Sanidad (la primera en el mundo) y Beneficencia y Trabajo. Más de una veintena de casas tabacaleras tenían sus vitrinas y aparadores con adecuadas alegorías y, algunas, como la afamada Gener, en un sobrio y elegante templete de estilo clásico, en mármol y bronce, al que daban acceso tres escalones alfombrados, y en el interior del cual, sobre un zócalo también de mármol, se alzaba una vitrina de bronce cincelado con cristales, en cuyo interior eran presentados sus productos. También, había una fábrica de tabaco en la que se mostraba un tabaco de aproximadamente 2.60 m. de largo y 55 kg. de peso, y en la que lo producido se regalaba entre el público. Además, había una maqueta de un trapiche para enseñar cómo se elaboraba el azúcar de caña, y una exhibición de frutas, para cuya elaboración había un mostrador con sus aparatos y cámaras frigoríficas, donde se repartían gratuitamente degustaciones. Asimismo, había exposiciones de diferentes industrias y de los servicios Postales, de Telégrafos, de Ferrocarriles y Marítimos, con un mapa en relieve de Cuba que mostraba dónde estaban las líneas telefónicas, telegráficas y ferrocarrileras, con un pequeño tren en movimiento; y varias maquetas, como una finca agrícola con útiles modernos para el cultivo de la caña de azúcar, o el edificio del Capitolio Nacional, que estaba en construcción en La Habana en aquel entonces.

Tras décadas de ser propiedad del Consulado cubano y posteriormente cedido al Ayuntamiento de Sevilla, el edificio precisó de una intensa restauración dada su continuada falta de mantenimiento. En 1983, ya como sede del Patronato Municipal de Vivienda, luego Emvisesa, el arquitecto sevillano Francisco Torres Martínez remodeló y amplió el Pabellón, recuperando el desaparecido edificio provisional que se encontraba en la parte trasera durante la Exposición, demolido poco después, y conectó los dos edificios por una pasarela. En 1990, pasó a ser la Delegación de Gobernación. Actualmente es la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo de la Junta de Andalucía, que, bochornosamente, no permite la entrada a turistas.

Hoy día, en el Paseo de la Palmera #28, semi-escondida entre la exuberante vegetación procedente del continente americano, compuesta de washingtoneas, palos borrachos, tipuanas y dombeyas, esta elegante obra de Govantes y Cabarrocas, que se destacó por el alarde de magnificencia en su construcción, grandeza en su traza y riqueza de los materiales empleados, perdura llena de sensualidad criolla, en un estilo neocolonial sin frivolidades, una arquitectura que hace poesía y que canta jubilosamente su tradición cubana.

Fuentes:

  1. http://www.arquitecturacuba.com/2015/04/felix-cabarrocas-ayala-en-la-memoria.html#!/2015/04/felix-cabarrocas-ayala-en-la-memoria.html
  2. https://books.google.com/books?id=yXSgMn6LjWcC&pg=PA258-IA255&lpg=PA258-IA255&dq=felix+cabarrocas&source=bl&ots=taa1Vx1IQ4&sig=izd_CZfPrUqCGvebOUYHPMYCvT8&hl=en&sa=X&ved=0ahUKEwjBnO_VgdbZAhVqslQKHTeEAVk4FBDoAQg6MAQ#v=onepage&q=felix%20cabarrocas&f=false
  3. http://www.cubanartnews.org/es/news/collectors_and_collections_evelio_govantes-999/1254
  4. Echeverría, AIA, Alfredo D., “La Promesa Incumplida, Coloquio sobre arquitectura y vivienda en Cuba”, Alexandria Library Publishing House, Miami, Florida, USA, 2012, isbn 9781477529409.
  5. https://www.ecured.cu/Evelio_Govantes_Fuertes
  6. http://www.encaribe.org/es/article/felix-cabarrocas-ayala
  7. García Santana, Alicia, “30 maravillas del patrimonio arquitectónico cubano”, Ediciones Polymita, Ciudad de Guatemala, 2012, isbn 9789929807846
  8. Gómez Díaz, Francisco, “De Forestier a Sert, Ciudad y Arquitectura en La Habana (1925-1960), Abada Editores, S.L., Madrid, Reino de España, 2008, isbn 9788496775404.
  9. http://habanadeco.com/chicago-art-deco%20society-havana.pdf
  10. http://www.habanaradio.cu/articulos/capilla-del-conde-rivero-cuartel-n-o-cuadro-8-zona-de-monumentos-de-primera-cementerio-de-colon/
  11. Hyde, Timothy, “Constitutional Modernism: Architecture and Civil Society in Cuba 1933-1959”, University of Minnesota Press, 2013, isbn 9780816678112.
  12. http://www.opushabana.cu/index.php/articulos/4159-felix-cabarrocas-ayala-en-la-memoria
  13. http://postalesyfotosantiguasdesevilla.blogspot.com/2017/09/pabellon-de-cuba-en-la-exposicion.html
  14. http://www.sevillasigloxx.com/2008/04/la-exposicin-iberoamericana.html
  15. http://sevillasigloveinte.blogspot.com/2008/04/la-exposicin-iberoamericana.html
  16. http://sevillaciudad.sevilla.abc.es/reportajes/bellavista-la-palmera/cultura-bellavista-la-palmera/pabellon-de-cuba-el-oculto-palacio-de-la-caoba-de-sevilla/
  17. http://taniaquintero.blogspot.com/2013/10/govantes-y-cabarrocas-i.html
  18. https://www.unaventanadesdemadrid.com/otras-comunidades/sevilla-exposicion-iberoamericana-1929.html
  19. https://www.unaventanadesdemadrid.com/otras-comunidades/sevilla-exposicion-iberoamericana-1929-ii.html

(*) Discurso de investidura a la membresía de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio pronunciado por el autor en la Biblioteca Pública del Este de Los Angeles, California. Publicado originalmente en el Anuario Histórico Cubanoamericano #2 (2018): págs. 108-119.

Tuesday, August 18, 2026

LA MEMORIA RECUPERADA DEL TROTSKISMO CUBANO: A PROPÓSITO DE UN TESTIMONIO DEL PROFESOR ROLANDO ALUM LINERA (*)

Por Carlos Manuel Estefanía Aulet

La reciente publicación de mi libro Trotskistas cubanos. Una historia enterrada durante años continúa generando valiosas reacciones entre investigadores e intelectuales cubanos. Una de las más significativas ha sido la del profesor Rolando Alum Linera, académico, etnólogo y antropólogo, investigador asociado externo del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh, miembro de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio y del PEN Club Internacional de Escritores Cubanos en el Exilio, además de colaborador habitual de Periódico Cubano.

El profesor Alum tuvo la gentileza de hacerme llegar una carta de felicitación por la publicación del libro. Más allá de sus palabras de reconocimiento, compartió un testimonio familiar de extraordinario interés historiográfico, pues procede de su tío materno, Pascasio Linera (Guanabacoa, 1920 – Miami Beach, 2008), dirigente sindical auténtico, obrero textil, perseguido por la dictadura de Batista, exiliado y posteriormente incorporado a la lucha en el Escambray durante los meses finales de la insurrección.

Según recordaba Pascasio Linera, ya desde los primeros meses de 1959 el nuevo Gobierno revolucionario marginaba e incluso perseguía a los militantes trotskistas. Resulta especialmente revelador que este testimonio no provenga de un simpatizante del trotskismo. Al contrario, Pascasio no compartía sus posiciones políticas. Sin embargo, pertenecía a una generación del movimiento obrero cubano en la que las diferencias ideológicas no impedían mantener relaciones de respeto, solidaridad y reconocimiento mutuo entre quienes habían combatido las dictaduras.

Esta observación confirma una de las conclusiones fundamentales desarrolladas en Trotskistas cubanos. Una historia enterrada durante años: la eliminación del trotskismo cubano no fue un episodio tardío asociado a la institucionalización del régimen, sino una política iniciada prácticamente desde el triunfo revolucionario, cuando todavía coexistían diversas corrientes dentro de la izquierda cubana.

El profesor Alum recuerda igualmente otro episodio ilustrativo de aquellos años. Su tío fue acusado públicamente de «mujalista» por David Salvador en una intervención televisiva en 1959. Décadas después, ambos coincidieron casualmente en el exilio, en Los Ángeles, donde David Salvador terminó reconociendo el carácter injusto de aquella acusación y pidió disculpas. El episodio refleja hasta qué punto la descalificación política sustituyó al debate dentro del naciente régimen revolucionario.

Las reflexiones del profesor Alum no se limitan, sin embargo, al pasado. En su carta señala una paradoja que merece atención. Mientras el régimen castrista persiguió y desarticuló al trotskismo cubano, determinados grupos trotskistas internacionales han continuado defendiendo durante décadas a ese mismo régimen. Como ejemplo recuerda la visita realizada por Yoani Sánchez y Orlando Luis Pardo Lazo a una universidad de Nueva York en 2013, donde organizaciones trotskistas interrumpieron la conferencia con consignas contra los invitados y en defensa del Gobierno cubano. Según relata, cuando algunos asistentes intentaron explicarles hechos ampliamente documentados, como las UMAP o la persecución de homosexuales y disidentes, aquellos activistas rechazaron tales testimonios calificándolos simplemente como propaganda de la derecha.

Esta contradicción histórica ya había sido advertida en los propios años sesenta. El profesor Alum remite acertadamente al ensayo de Joseph HansenTrotskyism and the Cuban Revolution: An Answer to Hoy (1962), escrito en respuesta a la campaña de difamación lanzada por el periódico Hoy, órgano oficial del antiguo Partido Socialista Popular. Hansen denunciaba cómo el estalinismo cubano recurría a las mismas falsificaciones históricas utilizadas durante décadas por la burocracia soviética para desacreditar a Trotski y a sus seguidores, presentando toda crítica revolucionaria como una forma de colaboración con el imperialismo. Asimismo, sostenía que aquella campaña pretendía desviar la atención del creciente problema de la burocratización del proceso revolucionario tras la caída de Aníbal Escalante.

Joseph Hansen fue una figura central del trotskismo estadounidense y uno de los principales dirigentes del Socialist Workers Party (SWP), con influencia en la Cuarta Internacional durante el siglo XX. Su trayectoria combina militancia revolucionaria, producción teórica y participación en la dirección de organizaciones marxistas, pero también refleja los límites históricos y estratégicos del trotskismo como corriente política.

Su etapa más conocida fue su cercanía a León Trotsky entre 1937 y 1940 en México, donde actuó como secretario y miembro del equipo de seguridad. Aunque este vínculo le otorgó autoridad simbólica dentro del movimiento, su papel histórico en este período ha sido en ocasiones idealizado por la tradición trotskista, que tiende a convertir la proximidad a Trotsky en un criterio de legitimidad política.

Tras el asesinato de Trotsky, Hansen asumió posiciones de dirección en el SWP durante décadas, destacando más como organizador de prensa y aparato teórico que como estratega político con impacto real en procesos históricos de masas. Su actividad estuvo concentrada en la esfera de la discusión interna del marxismo revolucionario estadounidense, con limitada influencia fuera de ese círculo.

A nivel internacional, participó en la reunificación de sectores de la Cuarta Internacional en 1963. Sin embargo, este proceso no resolvió las fracturas estructurales del trotskismo, que continuó fragmentado en múltiples corrientes con escasa capacidad de intervención unificada en la política mundial.

Su análisis de la Revolución Cubana constituye su aporte más debatido. Hansen defendió tempranamente al régimen surgido tras 1959 como una forma de “Estado obrero en transición”, una interpretación que ha sido criticada por su tendencia a encajar procesos nacionales complejos dentro de esquemas teóricos rígidos del marxismo ortodoxo. Esta lectura fue influyente en sectores trotskistas, pero también mostró los límites del aparato conceptual del movimiento para explicar revoluciones lideradas por fuerzas no proletarias clásicas.

Su obra y su legado permanecen principalmente dentro del campo del marxismo militante, sin haber trascendido significativamente al pensamiento político académico general ni haber generado una teoría con capacidad explicativa dominante sobre los procesos revolucionarios del siglo XX.

Falleció en 1979, dejando una producción teórica relevante dentro del trotskismo, pero también un legado asociado a las tensiones internas, reinterpretaciones polémicas y limitaciones estratégicas de esa tradición política.

El testimonio aportado por Rolando Alum Linera posee un valor que trasciende la anécdota personal. Constituye una pieza más de la memoria oral que confirma cómo la represión contra el trotskismo fue percibida por numerosos militantes obreros ajenos a esa corriente política desde los primeros momentos de la Revolución. Cuando estos recuerdos familiares convergen con la documentación de la época y con investigaciones recientes, dejan de ser simples memorias individuales para convertirse en fuentes historiográficas de primer orden.

La historia del trotskismo cubano continúa reconstruyéndose precisamente gracias a la convergencia entre archivos, testimonios y documentos olvidados. Cada nueva aportación, como la generosamente compartida por el profesor Rolando Alum Linera, ayuda a rescatar una parte de la historia de Cuba que durante décadas permaneció deliberadamente sepultada.

 (*) Tomado de: Cuba Nuestra: Historia 

Saturday, August 15, 2026

LA HABANA Y TEHERÁN, UNA PAREJA PELIGROSA (*)

Por Pedro Corzo

Los verdugos iraníes como Fidel Castro y sus acólitos, en mi opinión, nunca han actuado en base a doctrinas religiosas o ideologías, son fundamentalistas del poder.

 Fidel Castro y el ayatolá Jameneí. 

Todo parece indicar que los más altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos han llegado a la conclusión de que la convivencia con el totalitarismo castrista es imposible, asumiendo que es ineludible situar al depredador mimetizado como perpetua víctima, en el lugar que le corresponde.

Cierto que las relaciones entre Washington y La Habana a partir de la llegada de los Castro al poder han sido caóticas con periodos muy difíciles, los que paradójicamente, a mi modo de ver, han concluido con ventajas publicitarias para la Isla, en detrimento del vecino poderoso entrampado por su propia fortaleza.

La Cuba de los Castro ha sido muy hábil en presentarse como el cordero martirizado, cuento, que muchos estadounidenses se han creído por años, sin ser una excepción, las últimas visitas de funcionarios electos, quienes criticaron a su gobierno por presionar a la dictadura, no al régimen por reprimir a la población, menos, por el bloqueo interno impuesto al ciudadano que lo ha sumido en la extrema miseria.

Confieso que vi con mucha satisfacción el debate en Naciones Unidas entre el embajador Michael Waltz y el esbirro con corbata del castrismo Bruno Rodríguez, quien intentó neutralizar a Waltz con sus acostumbradas diatribas y este, como se decía en Cuba, le canto las cuarentas al decirle simplemente, «esto no es La Habana», además, me complace en extremo ver como el embajador Mike Hammer, encargado de negocios de este país en Cuba, es un defensor de la causa democrática cubana, sentimiento que expresa públicamente.

Por otra parte, y aunque las afirmaciones del secretario de Estado, Marco Rubio, de que el régimen cubano contribuye al desarrollo de grupos extremistas de izquierda no es una novedad, el tono en el cual lo expreso fue como si su gobierno no fuera a seguir tolerando las maquinaciones destructivas de los castristas.

Hay mucha información que demuestra que Cuba sirvió a la URSS con devoción por el odio compartido contra Estados Unidos, verdadero nutriente del totalitarismo insular.

Mencionar a Irán y Cuba, demostrar que ambos países están confabulados en la misión de apoyar a los extremistas de izquierda, nos conduce a recordar los estrechos y profundos vínculos de La Habana con Teherán, relaciones que solo han procurado a través de los años, 1979, gestionar el fortalecimiento de ambos regímenes, junto, a la mutua disposición de destruir las democracias y toda forma de vida en libertad.

La República Islámica de Irán ingresó a la farsa del Movimiento de los No alineados, una organización de carácter mundial que fuera muy útil a la extinta Unión Soviética, cuando esa entidad estaba bajo el liderazgo indiscutido de Fidel Castro.

El primer aliado de la revolución islámica en este hemisferio fue Fidel Castro.

Los ayatolas se percataron que Castro era su igual, compartían un profundo odio hacia quienes ellos llaman el Gran Satán, codiciando lo mismo: «la muerte a América», consigna que primer líder supremo de Irán, Ruhollah Jomeini usó ampliamente en los días iniciales de la revuelta que lo llevó al poder, algo parecido a lo que Fidel le escribió en una carta a Celia Sánchez en la que señala que su futuro y verdadero enemigo iba a ser Estados Unidos.

El primer aliado de la revolución islámica en este hemisferio fue Fidel Castro, de inmediato ambos despotismos que deberían haber sido enemigos mortales si realmente hubieran sido honestos en sus propuestas filosóficas, encontraron áreas políticas e ideológicas comunes en los cuales promover sus verdaderos intereses: el poder y su expansión.

Los verdugos iranies como Fidel Castro y sus acólitos, en mi opinión, nunca han actuado en base a doctrinas religiosas o ideologías, son fundamentalistas del poder, sujetos obsesionados con el control y la autoridad, condición que explica la colaboración estrecha entre las propuestas del castrismo y lo que promulgan los ayatolas, formulas antagónicas, aunque los oportunistas se esfuercen por hacerlas compatibles.

Castro recurrió a las fórmulas marxistas porque le aportaba una propuesta de reivindicación y alianza vital con una gran potencia dispuesta a facilitarle recursos y una siempre necesaria retaguardia, los ayatolas, con independencia de sus creencias religiosas, pactan con sus enemigos naturales por el odio compartido.

La misión de los amos de Teherán y La Habana nunca dejará de ser la destrucción de lo que representa este país. En mayo de 2001, durante una conferencia en la Universidad de la capital de Irán, Fidel Castro, dijo «Irán y Cuba, en cooperación mutua, pueden poner a Estados Unidos de rodillas». Una amenaza que siempre tratara de cumplir.

(*) Tomado de 14Ymedio.com

Thursday, August 13, 2026

LA CONSTITUCION DE 1940: CLAVE PARA LA LIBERTAD DE CUBA (*)

Por Néstor Carbonell Cortina

Me complace y me honra participar en este gran foro patriótico –feliz iniciativa de Héctor Lans—, que se celebra con la esperanza de un pronto amanecer de libertad en Cuba

Se me ha pedido que comente, con perspectiva histórica, las razones expuestas por nuestros distinguidos panelistas a favor de un marco constitucional, durante la transición a la democracia en Cuba, basado en los preceptos fundamentales y aplicables de nuestra Constitución de 1940. 

Pero antes, un breve preámbulo de cómo se logró esa Constitución que hoy celebramos, después de un período de enorme inestabilidad, tras el derrocamiento de Machado en 1933, con 8 presidentes en 6 años. 

Entre los factores que más contribuyeron al éxito de la Constituyente de 1940, figuran: el Pacto de Conciliación entre dos enemigos acérrimos—Fulgencio Batista y Ramón Grau San Martín—propiciado por el presidente Laredo Bru poco antes de que se celebrara la constituyente.

El otro factor positivo fue la presidencia de Carlos Márquez Sterling, quien con gran autoridad y destreza parlamentaria logró agilizar los debates entre los 77 delegados de la Constituyente. 

El tercer factor de importancia fue la Comisión Coordinadora que presidió José Manuel Cortina, integrada por 17 de los líderes más influyentes, quienes lograron el consenso y la aprobación de la mayoría de los preceptos fundamentales en las asambleas plenarias de la Constituyente.

Y el último factor influyente, que realmente fue de suerte, fue haber podido controlar a las turbas, atrincheradas en el hemiciclo del capitolio, con el propósito de echar abajo la Constituyente el día de la inauguración cuando hablaba Cortina.  Este trató de serenarlas apelando a la solidaridad nacional, pero no tuvo éxito.  Entonces, con el índice acusador, se impuso Cortina con el grito que llegó a ser emblemático: ¡LOS PARTIDOS, FUERA, LA PATRIA, DENTRO!

Todos estos factores contribuyeron a que se aprobara la Constitución de 1940, que, aún con sus defectos, balanceó los amplios derechos sociales otorgados con la defensa irreductible de los derechos individuales; impulsó el desarrollo económico del país, e introdujo el sistema semi-parlamentario para atemperar el autoritarismo de los presidentes.

¿Por qué debemos apoyarla ahora, ante la posible redención de Cuba?

Primero: Porque la Constitución de 1940 es la legítima Carta Magna de la República. Fue aprobada libremente por  los representantes electos de todos los partidos y sectores del país, y no ha sido abrogada ni reformada democráticamente. Sólo ha sido suplantada por la fuerza.  

Segundo: Su articulado está enraizado en nuestra historia, afincado en leyes complementarias, y esclarecido por la jurisprudencia cubana anterior al régimen comunista. Aunque no todos sus preceptos serían aplicables durante la provisionalidad, como los Derechos Individuales consagrados en el Título IV de la Constitución, los de imposible cumplimiento podrían suspenderse o ajustarse a las realidades imperantes hasta que el pueblo decida en las urnas si desea actualizar la Constitución o sustituirla.  

Tercero: Fue la Constitución de 1940 el documento unificador en la lucha contra la dictadura de Batista y el régimen comunista de los hermanos Castro.

Cuarto: Ella ha continuado siendo invocada hasta estos días por las principales organizaciones cívicas y patrióticas en Cuba y el exilio.

 Quinto: Su prestigio ha sido reconocido por la Comisión International de Juristas de las Naciones Unidas. Cito: “La Constitución de 1940 se caracteriza por traducir un equilibrio excepcional entre las estructuras republicanas, liberales y democráticas y los postulados de justicia social y promoción económica.”

Relevantes precedentes constitucionales proceden de tres países europeos que, tras liberarse de la dominación soviética,  pudieron aplicar en la transición a un estado de derecho los preceptos aplicables de sus históricas constituciones democráticas. Me refiero a los casos de Estonia, Lituania y Latvia, que nos arrojan luz para la transición en Cuba.

Un caso desafortunado fue el de Checoslovaquia en su tránsito a la democracia. Por no haber podido resolver una intensa controversia constitucional, se produjo la disolución del país como tal y su división en dos naciones: la República Checa y Eslovaquia. Esto provocó la renuncia inmediata del insigne Presidente de Checoslovaquia, Václav Havel. 

Y al hablar de constituciones, ¿cómo ha podido este gran país, que nos abrió sus brazos, mantener la suya, a pesar de sus imperfecciones, durante 238 años? Pues reformándola con 27 enmiendas, incluyendo las 10 primeras que consagraron el Bill of Rights, y otras que llegaron a resolver la crisis candente de la esclavitud que desató la guerra civil.

Gracias en gran parte a esa Constitución actualizada, los Estados Unidos han podido superar sus crisis y alcanzar los más altos niveles de progreso y bienestar.

En conclusión ¿qué enseñanzas nos ofrecen todo lo expuesto a los que seguimos luchando para que cese la tiranía comunista y pueda iniciarse la transición a la democracia representativa? ¿Qué debemos hacer?

Ante todo, deponer ambiciones personales, conciliar diferencias tácticas o de criterios, y unirnos bajo la legítima Constitución de 1940, que le abriría a la Patria que sufre horizontes de paz, libertad y progreso.  

Quiera Dios que pronto llegue ese día para que los cubanos puedan enarbolar la Carta Magna de 1940 frente al Capitolio Nacional,  y jurar solemnemente que nunca más ningún déspota o demagogo habrá de usurpar la voluntad soberana del pueblo, y nunca más el dominio de las armas habrá de prevalecer sobre el imperio de la Constitución y de las leyes.

¡FE Y ADELANTE!     

Tomado de: Diario Las Américas

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Para obtener la Constitución de la República de Cuba de 1940 pinche aquí: Constitución de la República de Cuba en pdf

 

La Constitución de 1940 obra cumbre de la
República, de Néstor Carbonell Cortina.

Monday, August 10, 2026

CONVERSACIÓN BAJO LOS PORTALES DE INGEBORG PORTALES, LA HIJA DEL MARINO

Por María Cristina Fernández


Bergenline, the Avenue of immigrants, por Ingeborg Portales

Conocí a Ingeborg Portales Marino en un retiro que juntó a muchachas y monjas, concebido con la idea de que al pasar unos días juntas pudieran llegar a confirmarse vocaciones.

Hacía muy poco se había publicado el libro Fidel y la religión, de Frei Betto, y el gobierno cubano aparentaba suavizar las tensas relaciones con el clero. En la Cuba de finales de los años ochenta, acercarse a la Iglesia Católica era un acto subversivo y, si lo aprovechabas bien, podía corroer los límites que imponía la odiosa formación marxista-leninista que, dicho sea de paso, el cubano con su hambre sensual y su vocación de choteo nunca acató demasiado bien. 

Pudiéramos decir, como La Lupe, que aquello era puro teatro. Un teatro fastidioso y asfixiante, al que los seres con ganas de vivir buscábamos alternativas. Ese retiro de fin de semana en una comunidad religiosa de Matanzas me trajo alguna certeza (mi vocación era escribir y hasta el padre Pedro lo notó) y el comienzo de una amistad con una muchacha que aparecería en diferentes momentos de mi vida, en forma de avatares benéficos. 

Las cartas viajaron entre Guanajay y Centro Habana, cartas de muchachas que nada sabían del porvenir. Pasaron unos años y nos reencontramos dentro de los perímetros residuales del grupo El Establo. Su pareja y la mía habían ganado un controversial Premio David de la UNEAC en 1992, pero el libro tardó unos años en publicarse. 

En este otro ámbito coincidían escritores, graduados de Farmacia y otras ciencias, algunos principiantes en la fotografía, espeleólogos de corazón, amantes de las «guerrillas», no las que supuestamente liberarían a continentes enteros, sino esas que nos llevaban a Canasí, al Pan de Guajaibón o la cueva de La Pluma. 

Fue en esa época que Ingeborg comenzó a explorar con la cámara. Su padre fue marino mercante, lo cual daba la ventaja, en aquella Isla llena de restricciones, de poder asomarse al mundo y constatar que existía. De él y de su abuelo, también aficionado a la fotografía, heredó las primeras cámaras con nombres de abolengo: Contessa y Kiev. Luego se compraría, según ha contado, una Nikon de uso.

La vida de Portales Marino en su infancia y primeros años de juventud estuvo marcada por el ocaso de un mundo tradicional y familiar que se descomponía sin poder hacer otra cosa que tratar de fijarlo en algunas imágenes, unas palabras de despedida. 

«Recuerdo como si fuera ayer cuando nos hicieron el inventario de la vieja casona colonial de Mariel y nos dieron, "generosamente", 72 horas para abandonar la propiedad. Según las leyes cubanas de vivienda de aquel entonces, ni mi abuelo, ni mi padre, tenían ningún derecho sobre la propiedad familiar, adquirida por el bisabuelo alrededor de 1920. En el portón de madera pegaron un sello, advirtiendo que la casa pasaba a ser propiedad del Estado. Un tiempo después fue convertida en Museo Municipal… Atrás quedó la tía Felipa, la Iglesia de Santa Teresa de Jesús, el Padre Prieto, los flamboyanes del parque, la escuela primaria Luis Augusto Turcios Lima, la maestra Gladys y el recuerdo de un bisabuelo gruñón, a quien nunca volví a ver. Regresamos a vivir a la casa de los abuelos paternos, en Guanajay». 

Otra casa raigal, amplia, y hoy desmembrada por el tiempo y el exilio. Un pueblo que tuvo sus días de gloria y su teatro, construido a imitación del Gran Teatro de la Ópera de Berna, Suiza, y que terminó convertido en almacén de papas, según descubrió en una visita años después. 

De ese pueblo y de esa casa diezmados, de esa Cuba que ha perpetuado en tantas buenas imágenes, como esa que tituló «¡Lázaro, ven fuera!», donde las muletas que apuntalan a un hombre se repiten progresivamente en las que apuntalan la casa de enfrente. Alegoría de toda una ciudad, de un país.

La potencia de una gran parte de esas fotografías radica en lo telúrico, lo existencial en su esencia al ser captadas. Desde partos a entierros, desde un hombre que hace carbón hasta un niño que se zambulle en el río y sus piernas se asemejan a las ramas de la orilla, sus instantáneas de la Isla no son postales turísticas en lo absoluto.

Al reencontrarme con Ingeborg en este exilio, el Miami nuestro, supe que venía haciendo una sorprendente serie de entrevistas, otra manera suya de retratar y exponer. Los entrevistados eran en su mayoría figuras de calibre en la cultura cubana, muchos de ellos borrados de la cartografía oficial: «los innombrables».

Fueron publicadas inicialmente en el Sun Sentinel y en estos intercambios desfilan músicos como Cachao o Generoso Jiménez, escritores como Emilio de Armas, artistas visuales como Luis Cruz Azaceta, por solo mencionar algunos. Sería un hermoso proyecto que estas entrevistas pudieran ser publicadas en un solo volumen, acompañadas de retratos de Portales. 

En una original aproximación a la obra de Ingeborg Portales, el escritor y crítico (entre otros atributos) Alfredo Triff, diagrama elementos puntuales de la misma. Menciono solo una arista: «Portales es fotocivista (se dice del fotógrafo que hace de la ciudad su sujeto)». Y pasa a mencionar algunos tropos: el collage citadino, la soledad en el gentío del rush hour, el ojo que busca las espaldas de la gente, el ajetreo humano del subway, la intimidad durante el viaje en el tren, el transeúnte en su candidez, las rejas de la ciudad y lo que hay detrás de ellas. Tropos que se avienen con su amplia exploración de la llamada Street Photography, donde se ha lucido ampliamente, sin salirse del blanco y negro con el que inauguró su obra en Cuba.

Esta serie, publicada como libro-catálogo en la colección CdeCuba, es una fiesta visual, un despliegue de tipos humanos, de gestos que encandilan, de soledades que convocan, de miradas que desafían, de artistas callejeros que alumbran, de gente ensimismada y gente que se entrega, de pasajeros que duermen y pasajeros que velan, de cabezas bien cubiertas y cráneos que se desnudan, de todo lo que se esconde o florece en una gran ciudad que puede ser un cosmos, pero también un colmo, y hasta puede que por momentos conozca la calma. 

Los tipos humanos que Ingeborg retrata son tantos y tan variados que me pregunto si el marino de su padre, que visitó tantos puertos, llegó a tener una experiencia visual de lo distinto más o menos aproximada.

Con o sin intención, esta serie empezada en Miami y trasladada a New York y otras ciudades, conversa amigablemente en el tiempo con la obra pionera de mujeres que enriquecieron el arte de la instantánea callejera, como Alice Austen, Vivian Maier o Helen Levitt. Cada espectador establecerá sus propios diálogos, según su arsenal, por supuesto. En particular, yo relaciono la obra de la cubana con la de Alice Austen, quien aprendió el arte de la fotografía gracias a la cámara que le regalara el esposo de su tía Minn, un capitán de barco danés, y a la generosidad de su tío Peter, que era químico y se ocupó de ayudarla con el adiestramiento y la logística del revelado. 

Algo de ese espíritu de la Austen (el hacer de la fotografía una aventura y un modo de confraternizar con el mundo, con toda la audacia que llevó a Austen a retratar lo mismo a los vendedores ambulantes de New York, que el desenfado de lo que se llamaría entonces larky life, que la austeridad de los espacios vacíos de las estaciones de cuarentena de Ellis Island, tan conocidos por quienes inmigraban en esa época) me sobreviene cuando pienso en la poética de Portales Marino. Con las otras dos grandes fotógrafas norteamericanas, Maier y Levitt, también se emparenta en la exuberante muestra del teatro urbano que son sus exploraciones.

Cuenta Ingeborg que, de niña, su padre la llamaba «cámara lenta». La escritora Martha María Montejo Pizarro, en el prólogo al libro mencionado antes, dice: «Ingeborg reacciona ante la vida con elementos interiores que definen su personalidad y fotografía como solitaria, silenciosa y lenta. Cada una de estas categorías contiene su opuesto para hacerlas filosóficamente funcionales. Los personajes quedan expuestos y la soledad comienza a ser relativa si existe un ojo que observa; el mutis tiene fisuras si no necesitan hablar para comunicar la desconexión, el mundo subterráneo o la vida paralela; y la lentitud es negada totalmente por la velocidad con que se crea la foto en medio de la sorpresa». 

La vida y la creación tienen sus propias paradojas en cuanto a ritmo, asimilación y sostenimiento. Entre la imagen que se hace fija, que se vuelve tropos, que se eterniza, y nuestra respiración, nuestro ojo, nuestra mano diestra, las leyes del artilugio nos desgobiernan. La ventaja, en cuanto trasgresión de lo naturalmente posible que da el arte, no es comparable a la que da ninguna otra modalidad de expresión humana. 

Si bien la presencia del ser humano es clave en la obra de Portales Marino, quiero referirme a una serie donde el centro de atención está en los pequeños rituales que forman parte del día a día, como notas de belleza al pie de otras búsquedas.

Esta serie a color se compone de naturalezas muertas minimalistas u objetos que pueden ser parte de los actos de cocinar, de la ceremonia doméstica del té, de simples arreglos florales, expuestos en composiciones muy centradas, casi de una estética zen.

Me refiero a I don’t want to cook but art is sacred que puede verse en la página LensCulture, que acoge otras secuencias suyas menos conocidas pero igualmente fascinantes como Bergenline, the Avenue of Immigrants.

No me pasa inadvertido que Ingeborg le llama The Journey a otra de sus colecciones de imágenes. Journey y no trip, porque el trip se agota en su movimiento de ida y vuelta, a diferencia del journey, cuyo destino parece ser el viaje mismo.

De ese viaje o destino me asaltan ahora flashazos de encuentros en diferentes contextos, épocas y búsquedas personales, desde aquella pequeña iglesia en Matanzas, cerca del mar, donde fuimos a indagar sobre nuestras vocaciones, que no pudieron ser contenidas en claustro alguno. 

Tomado de Hypermedia Magazine