Thursday, May 28, 2026

TRES MOTIVOS EN LA POESÍA DE HEBERTO PADILLA (*)

Por Gustavo Pérez Firmat (**)

«Me hubiera gustado ser solo eso, un poeta, un escritor, no una persona afectada por la política».

Heberto Padilla (1932-2000)

Aunque empezó a publicar muy joven, Heberto Padilla no fue un poeta prolífico. Si dejamos a un lado Las rosas audaces (1948), un libro juvenil que Padilla no reconoce como parte de su obra (Zapata, 1987, p. 273), quedan: cuatro poemarios –El justo tiempo humano (1962), Fuera del juego (1968), Provocaciones (1973), El hombre junto al mar(1981)–, dos cuadernos cuyos poemas, con alguna excepción, se incorporan a los poemarios –La hora (1964) y Por el momento (1970)– y dos antologías bilingües –Legacies (1982), A Fountain, A House of Stone (1991)–, aunque solo la segunda de estas recoge poemas inéditos. Su primer libro aparece cuando ya había cumplido treinta años y su último poco antes de cumplir los sesenta. De los cincuenta poemas de A Fountain, A House of Stone, solo siete son nuevos. Después de este libro, Padilla no volvió a publicar, y probablemente no escribió más poesía. Lo que dice en El hombre junto al mar acerca del destierro estadounidense de Luis Cernuda podría atribuirse a él: «La poesía / se le hizo terriblemente arisca» (Padilla, 1981, p. 77).

La poesía de Padilla gira en torno a tres actividades o núcleos argumentales: andar, objetar, cantar. Aunque las tres actividades atraviesan todos los poemarios, su importancia varía. En El justo tiempo humano prima el andar; en Fuera del juego y Provocaciones, el objetar; en El hombre junto al mar, el cantar. Los poemas inéditos de A Fountain, A House of Stone conforman una vacilante coda, como veremos.

ANDAR

Durante la década de 1950 y la primera mitad de la de 1960, Padilla fue un viajero infatigable. De las tres partes que conforman El justo tiempo humano, la primera y más larga se lee como un diario de viaje: «En la tumba de Dylan Thomas», «Hamburgo», «Londres», «Andaba yo por Grecia», «En la corte de Luis XIV». Otros poemas –«Renata», «Ana Frank», «Llegada del otoño», «Exilios»– también están ambientados en Europa. En «La hora», un poema escrito en Moscú en 1963, Padilla conjetura sobre el lugar de su muerte. Podría llegarle la hora en Londres, Moscú, Smolensk, Borodino, Lyon, New York o Noruega. El lugar que brilla por su ausencia es su país natal. Algo parecido sucede en «Cielos que cambian», de Provocaciones. El poeta alza los ojos y ve los cielos de Grecia, Marruecos, México, Londres, Moscú. Lo que no ve es el cielo azul de Cuba. Uno de los pocos poemas que escribió a propósito de un paraje de la isla, «Cayo Piedras», fue omitido de ediciones posteriores de Fuera del juego. Así como los referentes literarios de Padilla son escritores estadounidenses y europeos, sus referentes geográficos también son extranjeros.

Como se sabe, los adversarios de Padilla le sacaron en cara las frecuentes ausencias de Cuba. Según Leopoldo Ávila, la conducta de Padilla se caracterizaba por «el andar, despreocupado y boquiabierto, por las capitales europeas». Es más, «la lista de sus viajes le dan un récord que pocos pilotos han igualado» (Ávila, 1968, p. 17). Del mismo modo, la «Declaración de la UNEAC» le reprocha no haber estado en Cuba en momentos decisivos. Padilla (1968, p. 35) mismo, consciente de su vulnerabilidad en este punto, incluye en Fuera del juego un poema titulado «Siempre he vivido en Cuba», donde argumenta, con dudosa verosimilitud, que su ausencia física de la isla está compensada por su compromiso con su historia: «Yo vivo en Cuba. Siempre / he vivido en Cuba. Esos años de vagar / por el mundo de que tanto han hablado. / son mis mentiras, mis falsificaciones».

Pero, contra lo que afirma en el poema, desde muy joven Padilla alardeó de su vocación viajera. Empleado por el Ministerio de Comercio Exterior del régimen castrista, se llama a sí mismo «viajante de Comercio Exterior», un juego de palabras que nombra tanto su ocupación como su trashumancia (Padilla, 1968, p. 64). En un poema dedicado a Pablo Armando Fernández, se enorgullece de sus «viejos zapatones» que destrozó «de tanto andar» (Padilla, 1981, p. 11). En el poema inicial de Fuera del juego, «En tiempos difíciles», menciona sus «viejas piernas andariegas» (Padilla, 1968, p. 23). Dada esta insistencia en «andar», cuando el verbo recurre al final del poema –«Y finalmente, le rogaron / que, por favor, echase a andar»– adquiere una carga semántica que va más allá del uso coloquial. Echarse a andar, integrarse al proyecto de la Revolución, implica dejar de andar, abandonar sus hábitos de viajero.

OBJETAR

En el poema epónimo de Fuera del juego, Padilla (1968, p. 59) declara que el poeta «Encuentra siempre algo que objetar». En efecto, los poemas sitúan a Padilla en lo que Antonio José Ponte (2002, p. 99) ha llamado, a propósito de Lorenzo García Vega, «la tradición cubana del no». Inconforme, desobediente, malhumorado, el poeta no asiente, disiente. No se suma a la marcha. En «Fuera del juego», cuando «todo el mundo» dice «pues sí, / claro que sí, / por supuesto que sí», él se define por lo que niega: «No entra en el juego. / No se entusiasma. / No pone en claro su mensaje. / No repara siquiera en los milagros» (Padilla, 1968, p. 59).

Este ímpetu negador marca la distancia entre El justo tiempo humano y Fuera del juego, que puede leerse como una negación o retractación del compromiso con la Revolución del primero. La última parte de El justo tiempo humano, la única que guarda relación con el título, contiene siete breves poemas de sesgo político. Padilla toma el título de un verso de Salvatore Quasimodo (1961, p. 117), pero altera su significado; en el original giusto significa justo en el sentido de exacto o adecuado. El poema de Quasimodo, de tema amoroso, nada tiene que ver con la justicia social. Padilla desvía el significado de justo hacia la acepción ética del adjetivo y sustituye el amor de un pueblo por el amor de una mujer. El primero de los poemas «revolucionarios», «Pancarta para 1960», comienza: «Usureros, bandidos, prestamistas,  / adiós.  / Os ha borrado el fuego / de la Revolución» (Padilla, 1962, p. 119).

Los demás poemas de esta sección comparten el «pancartismo». Cuando no es el pancartismo justiciero de este poema, es el pancartismo cursi de «Playa Girón»: «Muerte, / no te conozco. / Aún no hay víscera mía / que hayas tocado en lo más leve» (Padilla, 1962, p. 121). O el pancartismo sentimental de «Canción»: «Duerme, / mi guerrillera, / La vida sigue en pie. / Por los caminos / tus ojos todavía resplandecen» (Padilla, 1962, p. 125).

En Fuera del juego el fugaz fervor revolucionario se ha desvanecido. Los tiempos han cambiado. Ya no estamos en el justo tiempo humano sino «En tiempos difíciles», el poema que abre la colección. Este poema debe leerse en relación con «Ahora que estás de vuelta», otro de los poemas revolucionarios de El justo tiempo humano. Al regresar a Cuba en 1959, Padilla (1962, p. 129) enumera órganos para reprobar el uso que ha hecho de ellos: su «corazón de elegía», sus ojos «habituados al resplandor / de los desastres», sus oídos «rotos / por tanta furia y tanta muerte», su lengua «de imágenes perecederas», y sus manos «que tiemblan, que solo / sabían escribir “me muero”». La desesperanza de estas frases queda superada en el poema siguiente, «El justo tiempo humano», que abre: «¡Mira la vida al aire libre!».

«En tiempos difíciles» retoma el listado anatómico. La Revolución le pide manos, ojos, labios, piernas, pecho, corazón, hombros y lengua. Mas la enumeración no propicia una transformación personal, como en el poemario anterior, sino un desmembramiento. No se trata de dones sino de donaciones. Y finalmente la Revolución le pide la prueba definitiva, que eche a andar, un andar que recuerda, con ironía salvaje, sus antiguos hábitos de viajero. No en balde, este poema está entre los señalados en la «Declaración de la UNEAC»: «Cuando Padilla expresa que se le arrancan sus órganos vitales y se le demanda que eche a andar, es la Revolución, exigente en los deberes colectivos, quien desmembra al individuo y le pide que funcione socialmente». Pero el poeta se niega a «convertirse en combustible social» (Padilla, 1968, p. 8). Como ha señalado Harris Feinsod (2017, p. 306), la enumeración de partes del cuerpo remite al género poético del blasón francés, dedicado a celebrar los encantos de una amada. Aquí, en cambio, sirve para denunciar la violencia de Estado.

El ímpetu negador de Fuera del juego culmina en los dos últimos poemas, «No fue un poeta del porvenir» y «Vámonos, cuervo». Recuperando las negaciones del poema epónimo, el primero enumera los atributos que Padilla no tuvo y los tributos que no le rindieron. El segundo cita a Vallejo para contradecirlo al intercalar un «no» en medio del endecasílabo final de «Intensidad y altura». Vallejo escribe: «Vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva». Padilla (1968, p. 110) reescribe: «Vámonos, cuervo, no a fecundar la cuerva». En vez de fecundación, lo que ocupa al hablante es buscar «el hilo roto» –como el verso de Vallejo– de una cometa «que se enredó en el trípode viejo del artillero». Si se tuviera que resumir el asunto de Fuera del juego en una sola palabra, sería la partícula no.

Hay que destacar, además, que el Padilla objetor no solo apunta contra la Revolución. También se usa a sí mismo como blanco. Mucho antes de la famosa autocrítica, Padilla (1968, p. 99) ya mostraba inclinación por flagelarse o ridiculizarse, por verse como un «títere perplejo» o un «terco polichinela», como se moteja en La mala memoria (Padilla, 1989, p. 148). Así en «La sombrilla nuclear», de Fuera del juego: «Ese hombre que fornica desesperadamente en hoteles de paso. / Ese desconcertado que se frota las manos, / el charlatán sarcástico y a menudo sombrío, / solo como un profeta, / por supuesto, soy yo» (Padilla, 1968, p. 66).

Hablando con Carlos Verdecia en 1992, Padilla recuerda su último encuentro con Fidel Castro: «Me agradeció el libro de poesía romántica inglesa traducido por mí que yo le había enviado. Sí, porque yo le mandé el libro de poesía inglesa, y le mandé una carta que tú leíste en aquella oportunidad, ¿recuerdas? Yo te pregunté: “¿Tú crees que sea lo suficientemente abyecta?”» (Verdecia, 1992, p. 105). Padilla bromea, pero debajo de la broma se solapa su tendencia a la autodegradación. Por eso la autocrítica resultó tan espectacular. El poeta del no reaparece como la hipóstasis del sí. Durante la autocrítica Padilla actuaba, disimulaba, mentía, seguía un guión, se iba por las ramas, pero también se entregaba sin reserva –casi diríamos, con gusto– a un papel que había ensayado en otras ocasiones (lo cual no impide, por supuesto, que el episodio haya tenido una secuela desastrosa para su estado anímico). «También los humillados», un texto que parecería ser una amarga reflexión sobre la autocrítica, se escribió varios años antes: «Ahí está nuevamente la miserable humillación, / mirándote con los ojos del perro, / lanzándote contra las nuevas fechas / y los nombres. // ¡Levántate, miedoso!, / y vuelve a tu agujero como ayer, despreciado, / inclinando otra vez la cabeza / que la Historia es el golpe que debes aprender a resistir. / La Historia es ese sitio que nos afirma y nos desgarra» (Padilla, 1968, p. 73).

Provocaciones (1973), una delgada colección de veintiún poemas publicada por una editorial fundada en Madrid por un poeta cubano, José Mario, repite el naysaying, los gestos negadores de Fuera del juego. Dos años antes de la publicación de Provocaciones, Padilla había encabezado con este título la lectura de poemas que precedió a su arresto. En su autocrítica Padilla explica que, aunque el título aludía a la teoría de Arnold Hauser de que toda obra de arte es una provocación, el referente más inmediato era el célebre artículo de Leopoldo Ávila. Padilla responde al cargo de provocador provocando. Así y todo, la actitud desafiante de Fuera del juego ha sido matizada por una rabia contenida que asoma en «Homenaje», uno de sus más bellos poemas. El poema narra la tozudez de su abuelo al trasplantar una parra de Jerez a Cuba. Por mucho que el abuelo insista, la parra no da uvas. No entra en el juego. No se entusiasma. La contienda entre abuelo y parra se compara a los golpes de un pico contra una piedra: el abuelo es el pico; la parra es la piedra. Al llegar al final del poema, al lector le aguarda una sorpresa. Resulta que el «homenaje» no va dirigido al abuelo que no cejó, «sino a la parra desobediente / que el terco viejo isleño no logró hacer parir» (Padilla, 1973, p. 37). Padilla se identifica con la piedra y no con el pico, con la parra que, a su manera, se planta en la negación.

CANTAR

No me refiero aquí a los múltiples poemas titulados «Canción» o «Canto», que pudieran o no ser instancias de lo que entiendo por cantar. El acápite remite a una actitud que despunta en Provocaciones y se desarrolla en El hombre junto al mar, cuyo primer poema lleva por título «Lo mejor es cantar desde ahora». En este poema y otros del libro el escritor se retira del «sitio» de la Historia, de los espacios públicos que solía frecuentar, ya viajando, ya actuando como partidario u opositor del régimen castrista. Al cantar, Padilla cambia el ágora por el hogar. En lugar de la notoriedad del trotamundos o el disidente, el santuario de lo doméstico.

No es esta la modalidad más frecuente en su poesía, pero sí la que prevalece en los poemas recogidos en El hombre junto al mar, casi todos escritos durante la década de los setenta, en tiempos verdaderamente difíciles. Si el Padilla objetor niega, el Padilla cantor afirma. Trueca la «caja de penumbras» de «Los enamorados del bosque Izmailovo» por el «chaleco de feria» de «Lo mejor es cantar desde ahora». En poemas como este Padilla deja de objetar y de andar, contrae el horizonte y reduce el mundo al ámbito familiar. El poeta trotamundos «que huye a través del espejo, con bufanda y abrigo, escaleras abajo», ahora se revela como «el último espejismo / que ya ha curado el sol,  / el último síntoma de aquella enfermedad, / afortunadamente transitoria» (Padilla, 1981, p. 34).

Uno de los poemas de Provocaciones, «Pausa», ya había anticipado esta nueva actitud. En Fuera del juego, la Historia invadía todos los rincones de la vida del hablante: «Siempre, más allá de tus hombros veo el mundo. / Chispea bajo los temporales. / Es un pedazo de madera podrida, un farol viejo / que alguien menea como a contracorriente. / El mundo que nuestros cuerpos / (que nuestra soledad) no pueden abolir» (Padilla, 1968, p. 52).

Si cotejamos este poema, «En lugar del amor», con «Pausa», podemos comprobar la distancia que el poeta ha recorrido. El mundo de temporales y escombros, lo que sucede en las calles, pobladas por milicianos armados y consignas revolucionarias, no hace mella en la intimidad de la pareja: «Pero yo estoy aquí, / apretado a tu cuerpo, a tu sexo. / Yo no soy un romano / ni venero sigilas en los nichos. / Esta noche / para mí no hay Imperio como tu cama, / arma como tus brazos, / gloria como tus pechos» (Padilla, 1973, p. 55).

La abolición del mundo, entrevista en esta composición, se hace recurrente en El hombre junto al mar (1981), donde el poema también aparece. Lo que fue pausa ahora es costumbre. A pesar de que casi todos los poemas se escribieron durante los largos años de arresto domiciliario, El hombre junto al mar no es una obra negadora. Padilla se afirma en el ámbito doméstico, refugio de las tormentas y los tormentos de la Historia. Aquí, el calor de un cuerpo reemplaza la lealtad a un país: «Lo tibio de tu cuerpo es mi bandera» (Padilla, 1981, p. 42). En «La vida contigo», «A Belkis cuando pinta», «Día tras día», «Canción de aniversario» o «Amándonos», la tranquilidad del apartamiento disipa el terror y la rabia, tal como afirma en el título de otro poema: «La alegría abre también los ojos en la negrura». Así, la poesía de Padilla traza un arco que se extiende desde el compromiso de El justo tiempo humano, pasando por las retractaciones y objeciones de Fuera del juego y Provocaciones, hasta llegar a la apacibilidad de El hombre junto al mar. El poeta ya no es «el bufón que a nadie hizo reír» ni el «corsario negro» ni el «mercader de ungüentos». Los atavíos de los tres personajes se tiran «por la borda» (el título del poema de donde proceden las citas). Lo único que no ha desechado es la esperanza y el amor a la vida: «Por la borda el sueño torturado / la amargura / la costumbre de arquero y flecha y saltimbanqui / pero no la esperanza / ni el amor a la vida / lo que impulsa / a seguir adelante» (Padilla, 1981, p. 64).

El hombre junto al mar es un libro de exilio, pero de exilio interior. Igual que en Provocaciones, las pocas referencias a su trashumancia no son apuntes de viaje sino remembranzas, como en «Un restaurante al aire libre en el otoño de Budapest», donde recuerda «aquellas terrazas circulares / donde por un capricho del otoño de Hungría, cenábamos temblando». Por eso dice, más adelante en el poema, que «hace mucho tiempo que no hablo de países» y que los «temas casi obsesivos» de su poesía han desaparecido (Padilla, 1981, p. 59). De hecho, los catorce años que transcurren entre 1966, cuando Padilla regresa a Cuba, y 1980, cuando se le permite emigrar a Estados Unidos, es el tramo más largo que Padilla se mantiene sin viajar. Por primera vez en su vida adulta, se vio obligado al sedentarismo, y la imposición se dirimió en goce.

En «El que regresa a las regiones claras» Padilla (1981, p. 33) parafasea un conocido poema de Eliseo Diego, «El sitio en que tan bien se está», al formular su apología del sedentarismo: «El sitio –además– donde mejor / puede permanecer un hombre / es en su patio, su casa, / sin gentes melancólicas que acechen en los muelles / la carne atroz de las pesadillas».

En poemas como este Padilla descubre otro lugar, más allá o más acá del sitio de la Historia: por una parte, los muelles, los viajes, las pesadillas; por otra, la casa, la inmovilidad, el bienestar (el bien-estar). El presente postraumático borra, o aspira a borrar, lo pasado. El impulso claustral de estos versos constituye la última modulación significativa en su poesía.

El último libro de Padilla, A Fountain, A House of Stone (1991), difícilmente podría considerarse nuevo, ya que casi todos sus poemas habían sido incluidos en libros anteriores. Los siete poemas nuevos, agrupados al final del libro, conforman una coletilla idéntica en número a la de El justo tiempo humano, pero muy distinta en intención. El exilio continuado ha socavado la tranquilidad que se observa en El hombre junto al mar. Son poemas que ni andan, ni objetan, ni cantan. Si exceptuamos «Recuerdo de Wallace Stevens en la Florida», los demás dan constancia de la vida de Padilla en Princeton, New Jersey. Al principio de la secuencia, el temple de ánimo del poeta es un difuso malestar: «¿A quién aúlla mi perro a media noche / si afuera solo hay árboles y nieve?» (Padilla, 1991, p. 104). A medida que se suceden los poemas, el malestar se agudiza hasta llegar al último del libro, y el último que Padilla publicó, «El cementerio de Princeton». Ya que fue escrito al menos diez años antes de su muerte, no creo que Padilla lo haya concebido como un texto testamentario, un balance de cuentas, pero su contenido alienta esta lectura. El poema abre con una ecuánime reflexión sobre la imbricación de la vida y la muerte: «Un pueblo puede ser la feliz reunión de muchos seres, / pero es también un escrutinio constante de la muerte» (Padilla, 1991, p. 108). A paso seguido el hablante describe el cementerio y la labor del sepulturero y el jardinero –«guardianes de estos muertos»–, y al hacerlo va perdiendo su ecuanimidad. El poema culmina en una dolorosa exclamación:  «Oh, Dios, dinos dónde, por qué. / No solo hay un miércoles de ceniza en nuestra vida. / Hacia ese camposanto / todo el mundo camina con el mismo miedo, / los mismos ojos, los mismos pies» (Padilla, 1991, p. 109).

En estos versos aparece por última vez el motivo del andar, excepto que ahora se trata del viaje definitivo. Unos años después de la publicación de A Fountain, A House of Stone, Padilla (1994, p. 5A) resumió así su trayectoria: «Me hubiera gustado ser solo eso, un poeta, un escritor, no una persona afectada por la política». Nunca lo logró y cabe preguntarnos, en contra de lo que afirma, si su poesía hubiera alcanzado la relevancia que alcanzó si no hubiese incidido en la política. Por memorables que sean algunos de los poemas nutridos por sus viajes o su vida íntima, la veta más fértil de su poesía es la política. Objetar le era más natural que andar o cantar, lo cual nos ayuda a entender por qué el exilio lo extinguió como poeta. Ya no tenía a la vista blancos a los que disparar. Ni escenario desde donde hacerlo. Ni público que lo abucheara o aplaudiera. Fuera del juego, no había razón para seguir jugando.

COLUMBIA UNIVERSITY

(*) Tomado de Cuadernos hispanoamericanos

(**) Nació en La Habana, Cuba y se crió en Miami, Florida. Estudió en el Miami-Dade Community College, la Universidad de Miami y la Universidad de Michigan , donde obtuvo un doctorado en Literatura Comparada. Impartió clases en la Universidad de Duke de 1979 a 1999 y en la Universidad de Columbia hasta 2022. Actualmente es Profesor Emérito David Feinson de Humanidades en la Universidad de Columbia.

BIBLIOGRAFÍA

Ávila, Leopoldo. «Las provocaciones de Heberto Padilla», Verde Olivo, 9.45, 1968, pp. 17-18.

Feinsod, Harris. The Poetry of the Americas, Oxford University Press, Nueva York, 2017.

Padilla, Heberto. El justo tiempo humano, UNEAC, La Habana, 1962.

Fuera del juego (Premio Julián del Casal), UNEAC, La Habana, 1968.

Provocaciones, La Gota de Agua, Madrid, 1973.

El hombre junto al mar, Seix Barral, Barcelona, 1981.

Legacies (edición bilingüe, traducido por Alastair Reid y Andrew Hurley), Farrar Straus Giroux, Nueva York, 1982.

La mala memoria, Plaza & Janés, Barcelona, 1989

A Fountain, a House of Stone (edición bilingüe, traducido por Alastair Reid y Alexander Coleman), Farrar Straus Giroux, Nueva York, 1991.

«Política y poesía», El Nuevo Herald, 6 de agosto de 1994, 5A.

Ponte, Antonio José. El libro perdido de los origenistas, Aldus, México, 2002.

Quasimodo, Salvatore. Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 1961.

Verdecia, Carlos. «Conversación con Heberto Padilla», La mala memoria de Heberto Padilla (edición condensada), Kosmos Editorial, San José (Costa Rica), 1992, pp. 101-116.

Zapata, Miguel Ángel. «Entre la épica y la lírica de Heberto Padilla». Inti, 26-27, 1987-1988, pp. 273-284.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

 

Monday, May 25, 2026

CUBA: ¿HACIA DÓNDE VAMOS? (*)

Por Néstor Carbonell Cortina (**)

Cuba está al borde del colapso. Los apagones, la miseria y el sufrimiento forman parte de la  vida cotidiana. Sin embargo, acontecimientos recientes ofrecen esperanzas de libertad para la isla  cautiva, pero insumisa.

Ruinas del “Central Gregorio Arleé Mañalich” (Mercedita), en Melena del Sur,
provincia de Mayabeque, Cuba. @Cuba Sindical

El Presidente Trump impulsó el proceso de liberación en diciembre de 2025 al invocar la Doctrina Monroe, reafirmando esencialmente la preeminencia de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental. Luego, en enero, declaró un estado de  emergencia nacional para imponer, mediante aranceles punitivos, un bloqueo petrolero contra Cuba por su “alianza con potencias hostiles y actores malignos” y por “albergar fuerzas militares y de inteligencia en la isla”.

Asimismo, le confió a su altamente calificado y respetado Secretario de Estado, Marco Rubio, la misión de desarrollar e implementar un plan integral para la liberación de Cuba.

Los comentarios recientes de Trump sobre Cuba nos indican cómo está viendo la situación.  Dijo él que Cuba es un Estado fallido, a punto de caer. Señaló que se están llevando a cabo negociaciones con funcionarios cubanos de alto nivel —principalmente familiares o representantes de Raúl Castro. Añadió que ellos parecen estar en disposición de llegar a un acuerdo que le permita a Estados Unidos ejercer gran influencia sobre la transición en Cuba. El tiempo dirá si los hechos concuerdan con esas palabras. Y, en lo que parecen ser concesiones preliminares, el régimen anunció la liberación de 2,010 prisioneros cubanos (no está claro si incluyen a los 1,200 presos políticos), y aprobó reformas económicas que permiten a los exiliados cubanos invertir y poseer negocios en la isla  

Si bien Cuba, bajo el régimen comunista de los Castro, ha sido un fracaso en casi todo sentido, hay que reconocer que ha logrado subyugar a la nación durante más de 67 años, y embaucar a muchos presidentes de Estados Unidos,  Y en cuanto a quien realmente representa al régimen en la actual negociación, se trata de uno de los hermanos responsables de la tiranía, del terrorismo    y de múltiples crímenes de lesa humanidad. Quizás no haya otra alternativa que Raúl en las actuales circunstancias, pero para alcanzar los objetivos deseados, Washington deberá negociar con firmeza e impedir la permanencia en el poder del déspota, de su familia y de sus secuaces.

Destacados exiliados cubanos, muchos de los cuales abandonaron la isla sin recursos y luego prosperaron en Estados Unidos, están dispuestos a invertir en Cuba y contribuir a su reconstrucción. Pero recordando las duras enseñanzas del pasado, sólo arriesgarán su capital ganado con esfuerzo si la libertad vuelve a imperar en la isla bajo un estado de derecho. El secretario Rubio parece compartir esa condición. “No se puede arreglar la economía”, dijo, “si no se cambia el sistema de gobierno”.

@Fuente externa

La historia demuestra que los hermanos Castro se han valido de reformas económicas revocables  para obtener concesiones de Estados Unidos y prolongar su tiranía, mientras se enriquecen ellos, sus familias y sicarios.  Tras el colapso de la Unión Soviética y la pérdida de su principal fuente de ingresos y subsidios en 1991, Fidel Castro dolarizó la economía e introdujo algunas reformas  de mercado. Les permitió a empresas agrícolas estatales crear cooperativas, les otorgó licencias a negocios por cuenta propia, e invitó a grandes corporaciones internacionales a invertir en Cuba. Pero la aparente apertura económica fue breve. Renuente a permitir que el capitalismo socavara su régimen, Fidel Castro pronto restableció rígidos controles estatales.

Luego, en 2015, el presidente Obama decidió llegar a un entendimiento con Cuba ofreciéndole incentivos y financiamiento al régimen bajo Raúl, considerado más pragmático que Fidel. Obama restableció relaciones diplomáticas, eliminó a Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo, intercambió prisioneros políticos y flexibilizó las restricciones a las inversiones estadounidenses y empresas mixtas  en Cuba. Se esperaba que estas concesiones impulsaran la expansión del sector privado y, eventualmente, liberalizaran el régimen. Esta ilusión fue rápidamente tronchada por Raúl Castro. Ante el Séptimo Congreso Comunista, afirmó: “No somos ingenuos”, y añadió que “fuerzas externas poderosas” esperaban “crear agentes de cambio para ponerle fin a la revolución”.

Obama y familia pasean por La Habana Vieja, Cuba
@Fuente externa

Esperemos que quienes tratan hoy de negociar la libertad de Cuba no dependan de supuestas reformas fácilmente reversibles para abrir la economía y aliviar la penuria del pueblo cubano.

Si bien la crisis humanitaria en Cuba es una gravísima tragedia que hay que resolver cuanto antes, ella no es la única razón urgente para erradicar la tiranía totalitaria. Existe también la necesidad imperiosa de contrarrestar la amenaza real del régimen a la seguridad de Estados Unidos y de las Américas, en connivencia con China, Rusia, Irán y organizaciones narcoterroristas. Dicha alianza no es un simple consorcio competitivo, sino un eje de fuerzas agresivas y malignas a sólo 90 millas de nuestra costa

Según informó en diciembre de 2024 el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), China opera actualmente cuatro bases de espionaje electrónico en Cuba capaces de recopilar inteligencia de señales (SIGINT) sobre la costa sureste de Estados Unidos, una zona repleta de bases militares, centros de mando de combate, instalaciones de lanzamiento espacial y áreas de pruebas militares. También pueden monitorear movimientos navales en el Atlántico y el Golfo de México. La mayor de estas bases, en Bejucal, cerca de La Habana, cuenta con tecnología para interceptar y potencialmente interferir comunicaciones satelitales estadounidenses, transmisiones militares y datos de lanzamientos espaciales.

Además, la Policía Armada de China (PAP), que ayudó a sofocar las protestas de Hong Kong en 2019, entrenó a la Brigada Nacional Especial de Cuba, o “Boinas Negras”, para reprimir el levantamiento cívico del 11 de julio de 2021 en toda la isla. Estas fuerzas ahora intentan liquidar las crecientes protestas en Cuba, que Estados Unidos deberían apoyar con inteligencia, recursos y acceso a Starlink.

@Fuente externa

Cuba también figura entre las prioridades geoestratégicas de Vladimir Putin, junto con Nicaragua y Venezuela. Según informes confiables, las Fuerzas de Defensa Aeroespacial de Rusia operan en estos países estaciones terrestres de doble uso del sistema GLONASS (Sistema Global de Navegación por Satélite), utilizadas para  recopilar inteligencia y monitorear operaciones militares estadounidenses. La estación en Cuba está ubicada en el Instituto de Astronomía Aplicada en La Habana.

Mientras tanto, el régimen cubano continúa compartiendo con China y Rusia información clasificada de inteligencia y militar de Washington, como la que obtuvo durante muchos años gracias a dos de los espías más perjudiciales de Estados Unidos: Ana Belén Montes y el embajador Víctor Manuel Rocha,  Cuba también apoya la guerra de Rusia en Ucrania, facilitando el reclutamiento de unos 15.000 cubanos para luchar allí a favor de Moscú.

Todos estos factores demandan una estrategia bien integrada para llevar a cabo la liberación de Cuba con el respaldo del Congreso, el apoyo del sistema interamericano (OEA), y la  participación democrática cubana. El liderazgo estadounidense, que algunos llaman América Primero, es esencial, pero no debe ser América A Solas, porque es muy probable que se requieran  acciones colectivas —diplomáticas, económicas y militares— bajo el Tratado de Río de Janeiro para alcanzar nuestro objetivo en Cuba.

Los próximos pasos que dé Estados Unidos serán cruciales. A continuación van algunas ideas sobre las tres fases clave de la estrategia y sus respectivos fundamentos legales.

FASE I – Comprometernos con la libertad de Cuba y con la seguridad de Estados Unidos y las Américas.

Dado que las negociaciones actuales, por si solas, quizás no logren la liberación de Cuba y la retirada de las potencias enemigas de la isla, la administración de Trump debería aplicar la Resolución Conjunta del Congreso (Ley 87-733), firmada por el presidente Kennedy el 3 de octubre de 1962, justo antes de la Crisis de los Misiles. Esta establece, en parte:

Estados Unidos está decidido a:

a) impedir por cualquier medio necesario que el régimen marxista-leninista en Cuba extienda sus actividades agresivas o subversivas a cualquier parte del hemisferio;
b) prevenir en Cuba la creación o el uso de cualquier capacidad militar apoyada externamente que ponga en peligro la seguridad de Estados Unidos; y
c) trabajar con la OEA y con cubanos amantes de la libertad para apoyar las aspiraciones del pueblo cubano de autodeterminación.

FASE II – No suspender o levantar el embargo estadounidense hasta que se cumplan las condiciones prescritas en la Ley.

Según la Ley LIBERTAD de 1996 (Ley Helms-Burton), Estados Unidos no puede suspender o levantar el embargo a menos que el gobierno cubano cumpla ciertas condiciones, entre ellas la liberación de todos los presos políticos, el respeto de los derechos humanos, la legalización de la actividad política, la disolución del aparato represivo de seguridad del Estado, la resolución de reclamaciones estadounidenses por propiedades confiscadas y el compromiso con elecciones libres, entre otras.

FASE III – Establecer las instituciones cubanas necesarias para la paz, la libertad y la seguridad.

La transición hacia una Cuba libre y democrática debe comenzar con un gobierno provisional de unidad nacional, excluyendo a la familia Castro y a funcionarios con antecedentes criminales, que se rija por una nueva Constitución con todas las garantías necesarias. Los cubanos no tendrían que improvisar, ya que pueden, y deben, restablecer las partes aplicables de su legítima Constitución de 1940, que fue el eje de la lucha contra Batista y Castro. Bajo esa Constitución, el gobierno provisional desmantelaría el aparato totalitario, iniciaría la privatización y el resurgimiento de la economía con capital y tecnología extranjeros, promovería la regeneración moral del país,  y sentaría las bases de  una nueva era con elecciones libres y un estado de derecho.

Si avanzamos con prudencia, determinación inquebrantable y justicia, podremos liberar a Cuba y restaurar la paz y la seguridad en este hemisferio. No perdamos esta gran oportunidad. ¡Fe y Adelante!

(*) Tomado de Diario de las Américas

(**) Abogado, ejecutivo de empresa, escritor y militante de la libertad. Nació en La Habana, Cuba, en 1936. Se graduó en 1957 de Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva en La Habana. Al año siguiente, obtuvo una maestría en leyes en la Universidad de Harvard. Más información del autor aquí.

Thursday, May 21, 2026

UN ENCUENTRO CON HERNÁN CORTÉS EN LA CASA MUSEO DEL PRESIDENTE POLK (*)

De los entretelones emerge un capítulo de la historia de Cuba.

Por: Vicente Morín Aguado (**) 

El ideal anexionista pretendía obtener las libertades propias de la constitución norteamericana, conservando la esclavitud. Mientras encontraba apoyo en los intereses de los estados esclavistas norteamericanos, chocaba con la oposición del norte, a la vez que desafiaba las leyes federales, opuestas a la expansión del oprobioso sistema de explotación humana.

Casa Museo James K. Polk @Fuente externa.

Un domingo rodé por la interestatal 65 hasta Columbia City, consumando mi tercera visita a una casa presidencial convertida en museo. Junto a la imprescindible bandera, pañoletas al viento, carteles y vallas reiteraban el cuarto de milenio ininterrumpido de ejercicio democrático, inaugurado con la declaración de independencia que cambió el mundo.

Nuestra guía se afanó en mostrarnos las interioridades de la vivienda y sus habitantes, donde el onceno presidente es protagonista. Se trata de una familia de la clase alta, propietarios de dos fincas con numerosos esclavos, a mediados del siglo XIX.

En mi patria, Cuba, la esclavitud de plantaciones, caña de azúcar principalmente, era la base de una próspera economía, al igual que el algodón hacia el centro-sur de los Estados Unidos. De a primeras, contrasta la rusticidad de los norteamericanos frente a la exhibición de refinamiento y lujos propios de similares propietarios caribeños.

Solo dos pequeños jarrones de Sevres adornan el comedor. La mesa es para seis comensales. Estantes y demás recipientes ocupan lugares exactamente pensados, significando el valor concedido al espacio habitado. 

El comedor Polk está repleto de muebles originales.
@Fuente externa.

En los cuartos, las camas matrimoniales no alcanzan ni siquiera a la medida Queen. La cocina es el lugar de mayor amplitud de la vivienda, bien equipada según los cánones de la época.

James Knox Polk nació el 2 de noviembre de 1795 en Pineville, Carolina del Norte. Samuel, su padre, marchó pronto en busca de oportunidades a Columbia, pequeña ciudad de Tennessee, un estado de la llamada frontera en los tiempos iniciales de la república norteamericana. El hijo pródigo habría de regresar a la tierra natal procurando una escuela de altos estudios, graduándose de leyes en 1818. (UNC, Chapel Hill).

James Knox Polk (1795-1849)

Samuel, convertido en un rico plantador, juez del poblado, impulsó la carrera política del joven, de vuelta al Volunteer State, bajo la sombra poderosa de Andrew Jackson, uno de los presidentes icónicos de la nación.

Según las normas del siglo XIX, el onceno período presidencial transcurrió entre marzo de 1845 hasta igual fecha de 1849. Polk cumplió su promesa preelectoral de no reelegirse, regresando a Nashville al término de su mandato cuatrienal. El acontecimiento principal de su gobierno fue la guerra contra México. Las hostilidades terminaron con la toma de la capital azteca por el ejército del cual era Polk comandante en jefe, el 15 de septiembre de 1847.

Tal y como es costumbre en este tipo de visitas guiadas, el tema mexicano quedó al margen, evitando probables controversias políticas. Sin embargo, era imposible para nuestra interlocutora dejar de mostrarnos una pieza que sin dudas es la joya del museo, capaz de desatarle la lengua a cualquiera medianamente conocedor de la historia.

En medio del amplio espacio del piso superior, de espaldas a la escalera, debí girar mi cuerpo totalmente, siguiendo el índice de nuestra guía, hasta encontrarme con una figura que reconocí al instante, sin mediar explicación alguna.

Retrato de Hernán Cortés

Al directo pregunté: ¿Qué hace Hernán Cortés aquí?

Efectivamente, de la alta pared ininterrumpida entre los dos pisos, colgaba un retrato a tres cuartos, tamaño natural, del renombrado Conquistador de México.

La reseña de cómo esta pieza llegó a manos de la familia Polk se basa en la explicación de quien nos atendió, confirmada con la lectura de un artículo publicado por John Holtzapple, director de esta casa museo durante 35 años.

Se trata de: A portrait of Spanish Conquistador Hernán Cortés: A Gift to the First Lady. Summer 2013. White House Historical Association[1].

En medio de la ocupación norteamericana, el general William Jenkins Worth obtuvo una copia del célebre retrato del hijo ilustre de Medellín en Extremadura, España. La pintura original es una de las cuatro que han estado hasta hoy preservadas en el hospital Jesús de Nazareno, fundado por el propio conquistador en 1524, tres años después de la toma de Tenochtitlán.

William Jenkins Worth (1794-1849)

La vetusta institución médica se mantiene en funciones, orgullo nacional, al ser la más antigua de su tipo en América. Allí reposan los restos del controvertido personaje español.

La copia al óleo de quien es considerado arquetipo del conquistador europeo en el Nuevo Mundo fue obsequiada por Worth a la entonces primera dama.

Coincidencia geográfica e histórica, el ejército invasor de los Estados Unidos desembarcó en Veracruz 328 años después que fuera fundada esa villa por los españoles, desde donde ambos ejércitos partieron hacia el mismo destino con similares propósitos.

El antes citado John Holtzapple nos ubica en contexto:

Desde la publicación en 1843 de la muy popular obra History of the Conquest of Mexico de William H. Prescott, la historia del enfrentamiento entre la España del siglo XVI y los aztecas había capturado la imaginación de Estados Unidos. La guerra con México avivó aún más la fascinación del público por Cortés y Moctezuma. Los partidarios y críticos de las políticas expansionistas del presidente Polk celebraron o denunciaron la guerra como la “segunda conquista de México.

De vuelta en Nashville, Sarah Polk reordenó la mansión familiar, colocando a Cortés en la mejor posición de su vestíbulo. Entre tanto, el manto de los cruciales acontecimientos mexicanos ocultaba la presencia de Cuba en las crónicas diarias.

Recién concluidas las hostilidades, el general Worth recibió la visita de un cubano, quien le hizo una propuesta a tono con el ambiente belicoso del momento.

Ambrosio José González, abogado y profesor universitario, traía la encomienda de una organización política clandestina llamada Club de La Habana: tres millones de dólares para el prestigioso militar, solicitándole formar y comandar un ejército conjunto de cubanos, estadounidenses sureños, junto a cuanto mercenario se dispusiera a incorporarse a la tropa, con la misión de conquistar la isla mayor del Caribe, anexándola a la Unión americana.

Ambrosio José González (1818-1893)

Asombra la cifra si consideramos el valor de la moneda. Un dólar diario era entonces el salario medio en la costa este del país.

¿Podía ser Cuba una buena tajada isleña para el imperio en formación?

La respuesta había cobrado fuerza entre los políticos de ambos países, generando un polémico debate, cuyas consecuencias se aprecian en la intensa labor de lo que se ha llamado anexionismo por parte de los historiadores. La figura cimera de esta tendencia política fue el militar y político español, nacido en Venezuela y muerto en La Habana, Narciso López.

El ideal anexionista pretendía obtener las libertades propias de la constitución norteamericana, conservando la esclavitud. Mientras encontraba apoyo en los intereses de los estados esclavistas norteamericanos, chocaba con la oposición del norte, a la vez que desafiaba las leyes federales, opuestas a la expansión del oprobioso sistema de explotación humana.

Moviéndose en medio de tales contradicciones, López, González y otros cubanos encontraron el apoyo de notables figuras sureñas, cito al senador Jefferson Davis, el gobernador de Mississippi John A. Quitman, el general Robert E. Lee, junto a numerosos plantadores. La delegación de La Habana visitó la Casa Blanca el 23 de junio de 1848, estrechando la mano del presidente Polk.

Se propuso al ejecutivo la compra de Cuba, negada rotundamente por Madrid, a la vez contraproducente para el gobierno federal, obligado a desestimar acciones favorables a la extensión del sistema esclavista.

Dadas las circunstancias, López, González y demás anexionistas, preconizaron la opción militar. ¿Rechazó el general Worth los tres millones de dólares?

Ni siquiera tuvo tiempo de sopesar calmadamente la oferta. Surgieron un par de inconvenientes en el camino, primero, le trasladaron a Texas, bajo el mando del general Zachary Taylor, quien ocuparía la Casa Blanca al año siguiente. Taylor no simpatizaba con este tipo de aventuras. El segundo inconveniente resultó lapidario. Ciertas enfermedades ahora bajo control, causaban tantas o más muertes que la pólvora durante el siglo XIX.

Sarah Polk bebió un vino amargo el 7 de mayo de 1849, noche inaugural del retrato de Cortés en su casa de Nashville. El correo le trajo la infausta noticia del fallecimiento de William Jenkins Worth, víctima del cólera.

Cuenta John Holtzapple:

Un mes después, James K. Polk también murió de cólera. A lo largo de los cuarenta y dos años de viudez de Sarah Polk, la pintura fue un punto frecuente de sus recuerdos. En una entrevista de 1884, le dijo a un periodista de Nashville: “Considero que la adquisición de Texas, y los resultados posteriores a la guerra con México, es decir, la incorporación de California y Nuevo México al territorio de los Estados Unidos, se cuentan entre los acontecimientos más importantes en la historia de este país.

Como se sabe, el colosal despojo territorial abarcó 2,4 millones de km2, el 30 % del territorio continental continuo de los Estados Unidos, equivalente al 55 % de la extensión de la naciente república mexicana, heredado del antiguo virreinato español llamado Nueva España.

Narciso López y sus seguidores afrontaron la muerte sucesiva de Worth y Polk con nuevas acciones. Una primera expedición partió hacia Cuba en septiembre de 1849, detenida por la intervención de la marina, ordenada por el nuevo presidente Zachary Taylor.

El 19 de mayo de 1850, Ambrosio González acompañó al persistente Narciso López en un segundo intento. Esta vez tomaron la costera ciudad de Cárdenas. El abogado y profesor universitario resultó herido durante el asalto a la casa de gobierno, siendo el primer cubano en derramar su sangre por la libertad, tal y como era entendida en aquellos momentos. (Patria, periódico del exilio en Tampa y Key West, diciembre 31, 1892, págs. 2 y 3. Por Gonzalo de Quesada)

No obstante, desde la capital llegaron refuerzos, superando abrumadoramente a los patriotas. A pesar de la derrota, esta expedición dejó un legado imperecedero: por vez primera se izó en territorio libre del dominio colonial la bandera de la estrella solitaria, nuestro símbolo nacional.

Tanto la bandera como el vigente escudo de nuestro país, fueron creados por colaboradores de la derrotada incursión militar. La estrella significa la unidad indisoluble del estado; el escudo muestra la relevancia geopolítica de Cuba, llave a la entrada del golfo, entre Yucatán y la Florida.

López lo intentaría por tercera vez desde los Estados Unidos. El consabido proverbio de las tres veces se cumplió a favor de España, negándole el éxito al obstinado aventurero anexionista.

Por su parte, Ambrosio González fundó hogar en Carolina del Sur, volviendo a tomar las armas cuando la guerra civil le incitó a combatir, como era de esperarse, del bando Confederado, alcanzando no obstante la errada elección histórica, relevantes méritos en el campo de batalla.

Casi al final de sus 74 años, está documentado que abrazó el independentismo, incorporándose al Partido Revolucionario Cubano, PRC, fundado por José Martí en los Estados Unidos. (Consultar biografía escrita por Antonio Rafael de la Cova, 2003)

Murió en Nueva York el 31 de julio de 1893, donde está enterrado en el cementerio Woodlawn, en el Bronx.

El anexionismo flota aún entre ambas riberas del estrecho de la Florida, cual anhelo desesperado de libertad, camino torcido pero recurrente de un matrimonio mal llevado, siempre intentando la reconciliación.

En cuanto a su figura fundacional, Narciso López es uno de esos casos raros en la historia, de una personalidad cuyos reiterados fracasos no impidieron elevarlo a la categoría de inolvidable.

Aún resuenan sus palabras, momentos antes de ser estrangulado por el garrote el 1ro de septiembre de 1851, en la explanada pública del Castillo de la Punta, a la entrada de la Bahía milagrosa que le dio a Cuba la categoría de llave de Las Américas.

«Mi muerte no cambiará los destinos de Cuba».


[1] https://www.whitehousehistory.org/a-portrait-of-spanish-conquistador-hernan-cortes 

(*) Tomado de Facebook

(**) Periodista independiente cubano. Se formó como profesor de Historia y Pedagogía en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. Ha publicado sus textos en Diario de Cuba, Cibercuba, 14 y Medio, El blog de Montaner, entre otros. Arqueólogo, investigador de la historia y la cultura aborigen, especialmente las pictografías de la isla anteriores a Colón.

Monday, May 18, 2026

“¿YA HABLÓ DON RAFAEL?” Radio y TV en español en los EE. UU. (*)

Por Eduardo Lolo (**)

Se considera que la primera radionovela original de gran éxito fue El derecho de nacer (1948), de Félix B. Caignet (1892-1976) quien definió (y desarrolló) la dramatización radial como “espectáculos para ser vistos con el oído.”

Xiomara Fernández (Graciela del Busto), Carlos Badías (Albertico Limonta)y Minín Bujones (Isabel Cristina) interpretando una escena de El Derecho de Nacer en el estudio de CMQ. La Habana, 1948. Foto aparecida en Bohemia (19 dic. 1948 p. 96)

Como ya he señalado en otras oportunidades, si el español fue la primera lengua europea en hablarse en lo que hoy llamamos Estados Unidos de América y la de uso más extendido hasta el siglo XIX en el vasto territorio de lo que sería esta gran nación, no es de extrañar que los primeros medios de comunicación hayan reflejado esa realidad lingüística. En efecto, los primeros periódicos y revistas editados en Norteamérica fueron en castellano, como antecedentes de esa pertinaz presencia hispana en la toponimia de un país en ciernes que se extendería de un océano a otro.

La metamorfosis de las diminutas trece colonias británicas apretujadas en la costa este hasta convertirse en el coloso independiente que hoy conocemos, hizo que el inglés se convirtiera en el lenguaje de mayor uso en la nueva entidad histórica resultante. No obstante, el español, nunca llegó a desaparecer de estos parajes. Aunque relegado a un segundo plano, publicaciones periódicas y libros se siguieron editando en castellano. Y en el siglo XX dos nuevos medios se encargarían de mantener y hasta extender esa presencia idiomática de la hispanidad en los Estados Unidos: la radio y la televisión. La inestabilidad política y/o económica endémica de la mayoría de las repúblicas latinoamericanas se ha encargado de que nunca falten nuevos hispanohablantes en estas tierras, ávidos por mantener su cultura a través de su mayor exponente: el idioma que le sirve de vehículo e identificación.

Las primeras emisiones radiales en castellano escuchadas en nuestro país aparecieron en la tercera década del siglo XX poco después de sus homólogas en inglés. Y no era de esperarse otra cosa, pues en definitiva los inicios de la transmisión inalámbrica están íntimamente ligados a la hispanidad, ya que los mensajes de radio en España comenzaron, de la mano de Julio Cervera Baviera, tan temprano como en 1902; o sea, mucho antes que en los EE. UU.

Sin embargo, la radio en castellano al norte del Río Bravo no está directamente relacionada con España, sino con México. Comunicadores mexicanos residentes en los estados americanos fronterizos con la nación azteca, conscientes del mercado potencial que representaba la audiencia formada por sus coterráneos viviendo de este lado de la frontera, comenzaron a comprar bloques habituales de transmisión a estaciones de radio anglosajonas en horarios de poca recepción para emitir programas en nuestra habla. También desde ciudades mexicanas próximas al territorio estadounidense tales como Tijuana, algunas emisoras comenzaron a dirigir parte de su programación a los ‘paisanos’, convirtiéndose con toda probabilidad en los primeros ejemplos de transmisiones radiales binacionales en América.

Desafortunadamente, entre 1928 y 1929 se dio un paso hacia atrás en el desarrollo de la radio hispana en los EE.UU. como consecuencia de la puesta en práctica de una política gubernamental antinmigrante conocida como “Operation Wetback” (Operación Espaldas Mojadas) que implementara la deportación de miles de mexicanos. Consecuentemente, muchas estaciones comenzaron a reducir la programación en castellano debido a las presiones de los gobiernos locales, así como por la promulgación de nuevas y más severas regulaciones federales para la radiodifusión.

Habría que esperar hasta los años cuarenta para que la radio en español en la Unión Americana reiniciara su truncado ascenso. A mediados de la década ya emitían programas en nuestro lenguaje 58 emisoras y salió al aire la primera estación en transmitir todo el tiempo en castellano, establecida en San Antonio (TX) por Roaul A. Cortez en 1946.

Roaul A. Cortez (Al centro) y el equipo de trabajo de la emisora KCOR, (c.1940)
 @Wikipedia

Los siguientes decenios presentan un desarrollo vertiginoso de la radio hispanounidense. De unas docenas de estaciones en la década del 50 se asciende a centenares a finales de siglo y a casi mil (contando las retransmisoras) en los inicios del actual. El control financiero y cultural mexicano sigue siendo preponderante, como corresponde a la proporción demográfica de dicha nacionalidad en la población hispana general de los EE.UU. Otros conglomerados menos numerosos han logrado abrirse paso en la industria, como los cubanos exiliados, quienes extendieron a este país la popularidad de las novelas radiofónicas y televisivas que previamente la radiodifusión habanera pre-castrista había exportado con gran éxito a toda Latinoamérica, convertidas en su desarrollo en un componente de suma importancia de la cultura hispanoamericana.

Estas célebres dramatizaciones tienen sus más remotas raíces en las ediciones de novelas impresas por entregas (denominadas “folletines”) tan populares en España y sus colonias durante el siglo XIX. Las radionovelas nacieron de sus narraciones adaptadas al nuevo medio fónico que, dado el inesperado éxito alcanzado, ampliaron sus ofertas en calidad con la adaptación radial de obras famosas de la literatura universal. Al poco tiempo, como consecuencia del veloz crecimiento en popularidad de dichos programas dramáticos, se empezarían a escribir historias originales directamente escritas para la radio, con libretos que no estaban fundados en narraciones publicadas con anterioridad en forma de libros o folletos. 

Se considera que la primera radionovela original de gran éxito fue El derecho de nacer (1948), de Félix B. Caignet (1892-1976) quien definió (y desarrolló) la dramatización radial como “espectáculos para ser vistos con el oído.” La referida obra estuvo en el aire en la radio cubana por un año (tiene 314 capítulos, originalmente transmitidos en vivo de lunes a sábado) y fue llevada posteriormente a otras zonas de la hispanidad con igual acogida del público, habiendo sido adaptada hasta el momento dos veces al cine y en múltiples ocasiones a la TV, al menos en un caso con hasta 600 capítulos.

Dicha novela narra las vicisitudes de una madre soltera de la alta clase social que, a pesar de todas las presiones, se resiste a abortar a su hijo, a quien no quiere le violen el derecho de nacer. El abuelo de la criatura (Don Rafael del Junco) hasta orquesta el asesinato del recién nacido, pero el encargado del infanticidio no se atreve a ejecutarlo y permite que una nana negra huya con la criatura, informando al malvado abuelo que los había matado a los dos. Con el tiempo, el niño se convierte en un galeno que salva la vida de su abuelo sin que ninguno de los dos supiera del parentesco. Contarles cómo se llega al final feliz luego de una tan escabrosa como complicada trama nos llevaría casi tanto tiempo como estuvo la obra en el aire.

Hay una anécdota de la extensa novela que parece algo así como un elemento precursor del realismo mágico: el actor que hacía el papel del cruel abuelo pidió aumento de sueldo y amenazó con abandonar el programa si no se le otorgaba. El dueño de la emisora se resistió a su demanda y ordenó al autor eliminar el personaje de la historia. Como esto era imposible desde el punto de vista dramatúrgico, Caignet ideó el subterfugio de que Don Rafael sufriera un derrame cerebral que le impidiera el habla. De vez en cuando se oían ininteligibles sonidos guturales como si éste intentara decir algo, balbuceos que hacía cualquiera de los otros actores presentes en el estudio, no pocas veces el propio ingenioso autor de la exitosa narración. De ahí que aquellos expectantes oyentes que se perdían alguno de los capítulos lo primero que preguntasen a quien lo hubiera oído era: “¿Ya habló Don Rafael?”, pues el desenlace de la trama dependía de una información que solamente él (y los millones de radioescuchas) conocían. La importancia de El derecho de nacer ha sido tal que el libreto original (o sus variantes tanto radiales como televisivas), se continúa emitiendo exitosamente con asombrosa periodicidad en diferentes naciones de habla castellana a pesar del tiempo transcurrido desde su estreno. Ninguna otra radionovela o telenovela anterior o posterior a la ópera prima de Caignet ha superado su éxito permanente. No resulta una sorpresa que en una encuesta hecha entre los televidentes por la agencia Associated Press en el año 2008 El derecho de nacer quedara catalogada como la novela más influyente en la radio y televisión en español de todos los tiempos.

Las especializaciones temáticas de las emisoras radiales hispanas en los EE.UU. son tan disímiles como las potencias de sus transmisores: de una programación eminentemente musical de carácter étnico o general, a otras de puro texto de opinión, educativo o adoctrinador. En la mayoría de los casos comunicadores carismáticos se encargan de mantener un contacto directo con la comunidad que los hace parte o voceros de la misma. Puede decirse que un oscuro gueto se convierte en pujante comunidad sólo cuando tiene su propia emisora de radio que lo extienda cabalgando Hertzios más allá de sus fronteras, aun cuando el dueño sea un ‘gringo’ que no habla una palabra en nuestro idioma o pertenezca a una corporación asentada en una lejana ciudad desconocida por los escuchas: el coterráneo hablando su lengua, con su acento y los modismos traídos del distante terruño añorado, es la única personalidad reconocida por los radioyentes; él ‘es’ la estación radial. Hasta exitosos consorcios anglosajones, conscientes de la creciente importancia demográfica de los hispanos en los Estados Unidos, han entrado en el mercado de la radiodifusión en español: CNN y ESPN sirven de ejemplos.

Un hecho curioso resulta ser la extensión del nombre de algunas emisoras más allá de las frías identificaciones oficiales. Supongo que dicha añadidura tenga su origen en un lema que sirviera originalmente para anunciar el contenido general de la programación diseñada o la radio audiencia en especial a la que estaba dirigida. Algunas de dichas adiciones resultan del todo lógicas; por ejemplo: “Amor” y “Recuerdo”, seleccionadas para nombrar una estación especializada en música romántica y otra en éxitos del ayer, respectivamente. O “La Campesina” y “Radio Fe de Excelencia”, la primera para identificar una emisora dedicada a oyentes rurales y la segunda a radioescuchas religiosos. Otras hacen un extravagante uso de la letra k con que se inician la mayoría de las denominaciones oficiales al oeste del río Mississippi: “La Kalle” y “La Konsentida” ilustran este grupo. Algunos de esos nombres nuevos resultan algo crípticos: “La Gran D” y “La Super Z” sirven de muestras. Y hasta los hay que parecen ser sugestivamente polivalentes: “La Qué Buena”, “La Bronca”, “La Caliente”, “La Mega”. El tema bien que podría servir para la confección de un artículo costumbrista que, como ya ofrecí en otra ocasión, dejo en las manos de cualquier interesado.

A la radio hispana en nuestra república le siguió la televisión. A principios de su desarrollo comercial a finales de la quinta década del siglo XX no se le prestó mucha atención al público hispanounidense en los EE.UU., posiblemente por considerarse que, en general, sus integrantes no contaban con los recursos financieros necesarios para la adquisición de un televisor, tenido como poco menos que un costoso artículo de lujo en los primeros años del medio. Luego, con la disminución del precio de los receptores y el sustancial aumento de la colonia hispana en múltiples estados, se comenzó a tomar en cuenta, paulatinamente, a ese preterido segmento de la población estadounidense.

En un inicio, como sucedió con la radio, se trataba de espacios alquilados a canales anglosajones durante horarios de poca teleaudiencia. Pero no pasó mucho tiempo para que se fundaran estaciones televisivas hispanas en los EE.UU. San Antonio, que fuera la primera ciudad en tener una emisora de radio completamente en español, repetiría su condición de primada de los medios de difusión hispanos en los Estados Unidos al inaugurar el primer canal de televisión de programación total en castellano en 1961. Un año después le seguiría Los Ángeles, a la que se unirían con posterioridad Nueva York y Miami.

De canales individuales se pasaría a corporaciones nacionales como las cadenas Univisión y Telemundo, las que prácticamente controlan en la actualidad la industria televisiva estadounidense en nuestro lenguaje. Conglomerados como Azteca América y Estrella TV, han logrado sobrevivir en el aire, aunque muy lejos de poder competir con las dos cadenas punteras citadas. Completan la nómina pequeñas estaciones locales como Américatevé en Miami que, sin poder pugnar con los grandes consorcios mencionados, tratan de cubrir necesidades específicas de sus comunidades con programaciones contentivas de un sabor local que no logran brindar las cadenas nacionales por la propia vasta extensión de sus objetivos.

Univisión basa sus ofertas fundamentales en programas grabados en México gracias a sus nexos con Televisa, mientras que Telemundo se inclina más a la programación de factura nacional y suramericana. Por consiguiente, Univisión está dirigida, esencialmente, a la teleaudiencia mexicana, al tiempo que Telemundo pone sus miras, básicamente, en el público puertorriqueño, cubano y centro y suramericano. Telemundo fue adquirida por el gigante de la televisión anglosajona National Broadcasting Company (NBC) en el 2001 y Univisión ampliaría su imperio a la radio con la adquisición en el 2003 de la Hispanic Broadcasting Corporation (HBC), la más significativa corporación de emisoras de radio en castellano de ese tiempo. Finalmente, Univisión Communications, Inc. sería vendida a Broadcasting Media Partners en el 2007.

Todas ellas tienen como productos básicos las telenovelas. La nueva versión del lejano “folletín” peninsular decimonónico tendría un gran desarrollo, a partir de la evolución cubana de su raíz, en otros países del continente tales como México, Venezuela y ‒en menor medida‒ Colombia, desde donde sus producciones se importan a las demás naciones hispanoamericanas y a los Estados Unidos. Dicha modalidad dramática ha logrado imponerse tan marcadamente en la preferencia del público televidente hispanounidense que hasta ha dado pie a importantes obras realizadas en nuestra nación, muy en especial en Miami. También ha trascendido las fronteras lingüísticas, con doblajes y versiones en más de una docena de idiomas y una destacada elaboración brasileña y turca (que a su vez se doblan al castellano), así como un reciente proceso de expansión en progreso a la TV anglosajona, con piezas grabadas directamente en inglés. Luego del surgimiento del Modernismo Hispanoamericano (el primer movimiento literario en castellano nacido fuera de España) y más expansivo todavía (si bien sólo de difusión audiovisual), la telenovela, a pesar de ser despreciada por muchos académicos que la catalogan como sub-literatura por su cepa comercial, está quedando como el aporte hispano por antonomasia a la cultura universal desde la segunda mitad del siglo XX hasta inicios del actual.

Las telenovelas desarrollan, fundamentalmente, tramas simples que tienen como argumento primario una historia de amor que debe vencer un sinnúmero de obstáculos (con especial hincapié en las diferencias entre clases sociales) para llegar al final feliz que todos esperan y conocen de antemano. El nivel artístico-literario, en sentido general, era mediocre en sus inicios, pues tal parecía que se producían en serie, como en una fábrica de autos o refrigeradores: todas casi iguales, y de ahí el despectivo calificativo de “culebrones” que se les endilgara. Pese a esa pobre factura inicial, nada impidió ganar teleaudiencia como una secuela plural de mal cosida hechura del colosal éxito de El derecho de nacer desde su primera entrega en 1948 como obra radiofónica y sus notables prontas versiones televisivas y fílmicas.

Más recientemente la telenovela, además de distribuir ríos de lágrimas a domicilio, ha incorporado a su oferta mercantil riachuelos de risas y sonrisas, (como en Betty la fea, creación colombiana de 1999 escrita originalmente por Fernando Gaitán en nuestro idioma y célebre, incluso, en su adaptación anglosajona) y arroyos históricos e ideológicos como la española Amar en tiempos revueltos (2005-2012) de Josep María Benet i Jornet, basada en la catalana Temps de silenci, de 52 capítulos que terminaron en 2002. Es decir, que la hija de la sosa novelita rosa, por una sorpresiva evolución artística en su adultez y sin menoscabo de su tradicional provocación de sollozos romanticoides, ha añadido –gracias a la radio y la televisión modernas– lo mismo humor que conocimientos. De ahí la necesidad de un análisis profesional que trate de dilucidar el fenómeno de la telenovela tanto desde el punto de vista cultural como social. Es más, considero que sería interesante investigar cómo andan las cosas en otras culturas, tratando de identificar, por ejemplo, qué relación pudiera existir entre la telenovela y la “soap opera” norteamericana: sus diferencias, similitudes, posibles influencias, tendencias actuales, etc

Por otra parte, a principios de este siglo un nuevo medio de difusión se ha sumado a la radio y la televisión tradicional: las plataformas de transmisión por cable (streaming, en inglés), alimentadas, esencialmente, por las llamadas series y evolucionadas de simples arroyos a caudalosos ríos. En español han alcanzado notoriedad internacional obras tales como El ministerio del tiempo (2015) de Jaime de Armiñán, y La casa de papel (2017) de Alex Pina adaptadas, incluso, a otras culturas tales como a la inglesa la primera y a la coreana la segunda. Se diferencian de sus homólogas en inglés que las precedieron en que el componente romántico fundamental de las telenovelas, sin llegar a ser el más importante de los argumentos en las series hispanas, es más que un substrato; antes bien, forman segundas tramas paralelas no muy alejadas (y complementando) las principales. Por lo anterior, ¿podrían considerarse las series españolas como un peldaño superior en el desarrollo de las telenovelas?

Dejo a futuros investigadores del tema de la telenovela esbozados en los dos párrafos anteriores a manera de una tentadora puerta abierta para los que quieran y se atrevan traspasar su umbral.

Esmeralda, de Delia Fiallo. Venevisión 1970.
Esmeralda: Lupita Ferrer. Juan Pablo: José Bardina

Un caso sumamente excepcional en la historia de las narraciones radiofónicas y televisivas es el de Delia Fiallo (1924-2021). Su dominio del libreto radial y el guion de televisión, la calidad artística de su ficción, su prolificidad, y la resultante popularidad mundial de sus creaciones, la hicieron la escritora más famosa del orbe en el campo dramático que venimos tratando desde los párrafos anteriores. En ello puede haber sido determinante el haber desarrollado y perfeccionado su vocación literaria con una sólida formación académica en la Universidad de La Habana (una de las más importantes de Hispanoamérica hasta la primera mitad del siglo XX), donde obtuvo un doctorado en filosofía y letras en 1948. Su primera incursión en la literatura fue en narrativa breve en edición impresa, habiendo recibido en ese mismo año el entonces importante galardón Premio Internacional de Cuentos Hernández Catá. Casi de inmediato pasó a la novela radial, en cuyo subgénero escribió una docena de exitosas historias. Con el advenimiento de la televisión, Delia Fiallo cambió de medio y escribió más de 20 telenovelas no menos notables, la mayoría de ellas creadas fuera de su país natal al salir al Exilio en 1966 ‒una vez implantado el Totalitarismo en Cuba‒ por sus ideales democráticos anticomunistas. Entre sus melodramas más destacados basta mencionar Leonela, Topacio, Lucecita, Esmeralda, y Cristal, esta última su entrega postrera, que data de 1985. Sus obras se han transmitido en más de 180 países y decenas de versiones de sus historias continúan repitiendo los éxitos de las originales. Por todo lo anterior, se le considera la Madre de las Telenovelas y la Mejor Embajadora del Español en el Mundo de su tiempo.

Delia Fiallo (1924-2021)

El arribo de la televisión por cable hizo que el ciclo se repitiera: la compra de espacios en horarios de poca teleaudiencia, o la adquisición gratuita de segmentos dentro de canales de propiedad municipal, han permitido una pluralidad de ofertas en castellano en la nueva era televisiva que van del deporte a la religión, pasando por variantes culturales disímiles, la política, intereses gremiales o comunales, etc. Coincidentemente, algunos canales y empresas anglosajonas de temáticas específicas están intentando llegar al televidente hispano con ediciones de sus programas dobladas al castellano o personal hablando nuestro idioma. Entre ellos cabe destacar CNN, ESPN, History Channel, Discovery Channel y el conglomerado cultural no comercial Public Broadcasting System (PBS), el cual ya tiene su versión en español: VeMe. Todos están tratando de repetir con el público hispanounidense los éxitos alcanzados con el de habla inglesa; tendencia que es de suponer se incremente en el futuro a medida que nuestro peso demográfico sea mayor.

Muchas de las emisoras de TV son repetidoras de la programación general de las cadenas nacionales, aunque aquellas asentadas en zonas de mayor población hispana tienen sus propios estudios de producción encargados de la realización de programas locales (básicamente noticiosos) que alternan con los de carácter nacional. Otras carecen de estudios particulares, como por ejemplo UniMás, cuya programación esencial se basa en la transmisión de películas anglosajonas dobladas a nuestra lengua, antiguas series humorísticas, viejas telenovelas, así como eventos deportivos.

Las emisoras de radio, por el contrario, tienen sus propios estudios aun cuando formen parte de cadenas nacionales tales como Univisión Radio y la Spanish Broadcasting System. Ello se debe al hecho de que la radio sigue manteniendo su condición prístina de medio de comunicación local, respondiendo a las necesidades y preocupaciones concretas de las comunidades en que están ubicadas las emisoras. Los radioyentes se identifican con las personalidades de los comunicadores que ‘sienten’ cercanos, en una repetición (o continuación) del antiguo caso de Pedro González. La televisión, a pesar de su popularidad, no ha podido alcanzar nunca esa relación tan íntima con el público que la radio logró hace casi un siglo y ha sabido mantener hasta el presente.

El siglo XXI abriría con nuevos retos tales como la pujante presencia ambivalente de las redes cibernéticas, así como el deterioro de las formas tradicionales del español por efecto de la influencia del inglés o la lejanía de las nuevas comunidades de inmigrantes hispanos de sus zonas de origen. A ellas se uniría la marcada pérdida lingüística de la segunda y tercera generación de hispanos nacidos en los EE. UU. y, en el último decenio, la disminución del flujo migratorio como resultado de las deportaciones masivas y las trabas a la inmigración.

En un intento por paliar los mencionados efectos negativos y estar a la altura de los tiempos, tanto las grandes cadenas nacionales de radio y televisión como las compañías de menor importancia, han creado cibersitios que promocionan o complementan sus ofertas. En algunos de ellos es posible escuchar y/o ver la programación en vivo original o los programas ya emitidos. Sus secciones de noticias, por sus periódicas actualizaciones diarias, hasta compiten con las publicaciones noticiosas de difusión tradicional en la Internet. Con todo, todavía está por ver si tal extensión cibernética resulte, a la postre, beneficiosa o inconveniente, asfixia o aliento para los medios hispanos en los Estados Unidos.

No obstante los aspectos perjudiciales o irresolutos señalados, no vislumbro una crisis en la radio y la TV en español como la que sufrió la primera a finales de los años veinte del siglo pasado. Teniendo en cuenta el constante ‒si bien actualmente disminuido‒ aumento de la población hispana en los EE. UU., es de esperarse que los medios no impresos de difusión en castellano continúen su ascenso cuantitativo en este país. Estados donde los hispanos eran casi inexistentes hace 20 años, en la actualidad presentan pujantes colonias de nuevos inmigrantes, cuyos miembros están ansiosos por oír su idioma en el radio o ver en el televisor los rostros de sus actores y actrices preferidos con quienes llorar o reír luego de la casi siempre fatigante jornada laboral. Pues es el caso que gracias a la magia de la radio y la televisión en español, el sol enceguecedor de México, Puerto Rico o los llanos venezolanos, bien que puede caldear las montañas nevadas de Utah.

Y sí, finalmente, Don Rafael habló. Incluso en todos (o casi todos) los estados de la Unión Americana. Gracias al derecho de nacer de la radio y la televisión hispanounidenses.

(*) Ponencia presentada por el autor en el II Congreso de la Academia Norteamericana de la Lengua Española [ANLE], celebrado en la Biblioteca del Congreso de los EE. UU. en Washington, DC, en octubre de 2018.

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(*) Tomado de Lolo, Eduardo. El Asesinato de la Historia o Crimen en el Occidente Express. Con otras reflexiones en busca del tiempo aún no perdido. Nueva York: Editorial de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, 2024. Págs. 163-182. Para más información, pulse el siguiente enlace: B0D8PHZL4C

(**) Catedrático de Lengua Española y Literatura Hispánica en el Kingsborough Community College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, donde también es coordinador de área en el Departamento de Lenguas Extranjeras.Entre sus publicaciones, destacan Las trampas del tiempo y sus memorias (1991); Mar de espuma. Martí y la literatura infantil (1995); Un huésped no invitado. La voz tangencial del indio en la literatura hispana (2001); Después del rayo y del fuego. Acerca de José Martí (2003); Platero y nosotros: estudio crítico (2007); Lo que quede de aldea. Más sobre José Martí (2011), y el compendio bibliográfico Para leerte mejor. Publicaciones en español en los Estados Unidos (2000-2012), editado en el 2013.