Thursday, September 23, 2021

Una aclaración necesaria

 Hace cuatro años publicaba un artículo que comenzaba con una declaración del caricaturista Arístides Pumariega ha sido bastante más claro en entrevistas que le han hecho al respecto:


“En el proceso revolucionario cubano el primero que sufrió la embestida de esa severa intolerancia del triunfante Fidel Castro fue Antonio Prohías, este increíble artista que a fines de la década de 1940 comenzó a trabajar como caricaturista en el periódico El Mundo y entre sus tiras cómicas se encontraba el increíble personaje El Hombre Siniestro, a fines de la década de 1950, era el presidente de la Asociación de Caricaturistas de Cuba. Cuando Castro fue con el primer gabinete de su gobierno a la Sierra Maestra a firmar la Reforma Agraria, Prohías hizo una caricatura que reflejaba al séquito como un grupo de bombines. Eso encolerizó a Castro a tal punto que Prohías debió marcharse a la carrera de Cuba hacia Estados Unidos”.


A continuación yo añadía:

"Hay varias imprecisiones al respecto que vale la pena aclarar: una es que la mencionada caricatura no fue publicó a raíz de la firma de la Ley de Reforma Agraria, ocurrida el 17 de mayo de 1959 sino unos meses antes, el 31 de enero. Y Prohías no se marchó de Cuba “a la carrera” sino quince meses más tarde 'el día 1 de mayo de 1960, 3 días antes de que Castro aboliese por completo la libertad de prensa en Cuba'”.

Pues ahora descubro una imprecisión todavía más importante. La caricatura aludida de los bombines no es del famoso Antonio Prohías sino de un tocayo suyo, el menos conocido Antonio Rubio Nuñez quien firmaba sus caricaturas simplemente como “Antonio”. 

Nacido el 26 de noviembre de 1920 Antonio Rubio inició su carrera profesional a los 25 años tras ser descubierto por el famoso Conrado Massager. Colaborador de Zig Zag, Avance, Bohemia, El Crisol, Infomacion, Pueblo, Prensa Libre, y el Diario de la Marina tuvo una carrera en Cuba jalonada de premios incluido el importante Premio Juan Gualberto Gómez a la mejor caricatura del año que recibiera en cinco ocasiones. Fue además fundador y presidente de la Asociación de Caricaturistas de Cuba y vicepresidente del Colegio de Periodistas de La Habana.

El no haber corregido ese error es imperdonable de mi parte. Que Fidel Castro en su discurso y siguiendo su costumbre no mencionara al caricaturista tampoco era de mucha ayuda. No ayudan tampoco otros detalles que apuntalan la confusión como una carta de renuncia de Prohías al periódico El Mundo en los días posteriores al discurso de Fidel. O como que la propia hija piense que el mencionado dibujo ers ade su padre:
Las caricaturas que más irritaron entonces a Castro, de acuerdo con su hija Marta y con Fabiola Santiago, autora de un texto incluido en el libro Spy vs. Spy-Omnibus, que publicó en 2011 la revista Mad, fueron la de una calavera que decía sentada frente a un plato vacío: “Señores, qué difícil es comer con un martillo y una hoz”, y la del propio Fidel Castro seguido por un ejército de personajillos con bombín, símbolo de la politiquería oportunista.


En El Mundo apareció en una fecha que no hemos podido determinar la siguiente caricatura.




Por las dudas compárense la firma de la caricatura de los bombines (aunque borrosísima) con la de otra caricatura de Rubio:





Pero ahí no acaban los errores de mi artículo pues descubro que ni siquiera ese del 6 de febrero de 1959 es el primer ataque público de Fidel Castro contra un caricaturista ni tampoco será el único de ese año.

Ya en un discurso del 21 de enero, a menos de dos semanas de su entrada triunfal en La Habana de 1959 se refería a una caricatura aparecida en una publicación mexicana diciendo 
“Repugnaba abrir algunos periódicos extranjeros, algunos periódicos de México, por ejemplo, y encontrarse allí una caricatura donde aparecía Cuba vestida de blanco en un charco de sangre y nosotros ahí con barba y fusil, como unos vulgares verdugos”.

Semanas después del ataque abierto contra la caricatura de Rubio, el 22 de marzo de 1959 en un discurso pronunciado desde el Palacio Presidencial, Castro vuelve a arremeter contra caricaturistas de los cuales tampoco menciona nombres. Primero hace una alusión oscura al pasado de uno de ellos diciendo:

“ustedes me dicen que el pueblo está conmigo [pero] se olvidan de algunos cintillos y de algunas caricaturas, y se olvidan o no han reparado tal vez cómo algunos de los que hasta hicieron fotografías y retratos del esbirro Salas Cañizares, hoy hacen caricaturas y fotografías contra la Revolución”.

De inmediato se refiere a otro caricaturista “que esta mañana, en un rotativo —no sé si de motu proprio o mandado por el dueño—, ponía unos versitos y en los versitos ponía a un lado: “aumento de sueldo”, y por otro lado un cartelito que decía: “contrarrevolucionario”, y lo titulaba: “El parche antes de que salga el grano.”

A continuación Fidel Castro en labores de Crítico en Jefe interpreta el dibujo: “por lo que yo entendí, no sé si quería decir que por un lado queríamos comprar a los periodistas hablando de un aumento de sueldo y por otro lado queríamos intimidarlos con el cartelito de contrarrevolucionario”.

Castro aclara, por si hacía falta decirlo “que ni queremos comprar a nadie, ni queremos intimidar a nadie, porque nosotros no tenemos que comprar a nadie para que nos defienda, porque sabemos defendernos; nosotros no tenemos que intimidar a nadie para que no nos ataquen, porque no le tememos a nadie, y porque al que tienen que venir a convencer es al pueblo”. Pero de inmediato se contradice diciendo que “desde ahora declaro que me tienen sin cuidado las lisonjas y los ataques” porque, generoso como es, “en definitiva nos atacarán haciendo uso de la misma libertad que hemos conquistado para el pueblo”.

El único humorista al que ataca Fidel Castro con nombre y apellidos en sus discursos 1959 será Carlos Robreño Dupuy, hijo del teatrista Gustavo Robreño y hermano del escritor Eduardo. En este caso la ocasión es algo más señalada. Se trata de la renuncia forzada del hasta entonces presidente de la República Manuel Urrutia Lleó al que el propio Castro había impuesto tras su llegada al poder. Por el carácter ornamental del cargo que ostentaba Urrutia el pueblo le había endilgado el sobrenombre de “Cuchara”, ya que “ni pinchaba ni cortaba”. La sustitución por otro presidente ornamental, el cienfueguero Osvaldo Dorticós Torrado, hizo que Carlos Robreño publicara un artículo titulado “Cambio de cucharas”.

En su discurso del 22 de julio de 1959 Castro por una vez rompe con su tradición de denostar anónimamente y se refiere a 
“un señor periodista publica con un título verdaderamente insolente —un señor que confunde el humorismo con la grosería muchas veces, que se llama Carlos Robreño” [a quien] “no se le ocurre sino escribir un artículo indecente que titula “Cambio de cucharas”. Se trata, sencillamente, de una historieta de mal gusto de este señor que hace un cuento y lo termina diciendo que un cliente que llegó a un restaurante pide un menú, una amplia cartulina en la cual aparecen escritos los platos del día...”. 

Ya esa alusión bastaría para que el mencionado humorista fuese sometido a un sistemático linchamiento público.

En cambio, de la famosa caricatura de Antonio Prohías en la que aparece un vendedor de periódicos anunciando “Extra… extra última hora Fidel Castro 45 minutos sin hablar” no hemos encontrado ninguna referencia por parte del aludido. Lo seguro es que no le hizo mucha gracia.

Estos ataques públicos dejaban claro que el ejercicio de la sátira en el país se había convertido en una actividad de alto riesgo. Previsiblemente los dueños de las publicaciones en que aparecieron estas caricaturas y escritos se vieron forzados primero a expulsar a los infractores y para luego ver cómo eran clausurados uno tras otro los diarios y revistas que hasta entonces habían funcionado con independencia del Estado. Mientras Antonio Prohías debió salir del país el primero de mayo de 1960, Antonio Rubio Núñez (Antonio) debió hacerlo en julio de 1961. Lo siguieron entre otros importantes humoristas Ramón Arroyo Cisneros (Arroyito) en 1963, Silvio Fontanillas Quiroga (Silvio) en 1964 y otros de los que desconocemos la fecha de partida como Carlos Robreño, José Manuel Roseñada, Niko Lursen (emigró a Panamá), Luaces y Vergara así como los comediantes Alberto Garrido, Federico Piñero, Mimí Cal, Leopoldo Fernández o Aníbal de Mar. El humorista, como se ha dicho tantas veces, es de los primeros en resentir la pérdida de libertades, en no poder respirar sin ellas.

P.D: Cualquiera que pueda ofrecer información detallada sobre la salida al exilio de cualquiera de estos creadores será de agradecer.

Sunday, September 12, 2021

PREMIER EN MIAMI DEL DOCUMENTAL DETRÁS DE MIS OJOS, DE IVÁN ACOSTA



Por Eduardo Lolo

 

El pasado sábado 11 de septiembre, a 20 años del ataque terrorista que destruyera las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York, se estrenó en el Teatro Tower de la Pequeña Habana (barrio icónico del Exilio Cubano) el documental Detrás de mis ojos, filmado, escrito y narrado por Iván Acosta, vicepresidente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp.

Este documental conmemorativo de los trágicos acontecimientos que cambiara la vida norteamericana para siempre, se diferencia de los demás dados a conocer hasta ahora en que su objetivo principal no es describir los hechos ocurridos, sino lo que se iba grabando “detrás de los ojos” de un cubano neoyorquino testigo del nefasto suceso mientras filmaba lo que veía a través del lente de una humilde cámara de 8 milímetros. Acosta nos hace acompañarlo al balcón de su apartamento en Manhattan esa mañana aciaga cuando aún sólo había preguntas sin respuestas, con la ciudad saturada de horror e incertidumbre cubiertos por las nubes de humo que despedían las torres gemelas en lo que nadie previó serían sus últimos momentos. Luego, caminaríamos por los alrededores de la llamada Zona Cero, escuchando el silencio locuaz del dolor colectivo, las paredes y postes convertidos en volantes de esperanza en busca de los seres queridos desaparecidos, un niño (el hijo de Acosta) recogiendo compungido con una especie de cuchara improvisada las cenizas del suelo convertido en historia, etc., etc. Y, finalmente, la reconstrucción de lo destruido, como haciéndolo indestructible en el tiempo por la digna voluntad indoblegable del pueblo norteamericano.

La sobria narración de Acosta se vuelve íntima, casi personal, a veces de un lirismo que toma prestado de la poesía, pues del habla del alma se trata; que es decir, lo que quedó detrás de sus ojos. Le edición de Raúl Barcelona y la música de Alfredo Triff se imbrican armoniosamente al texto narrado y las imágenes espontáneas que se sucedían delante del lente, como buscando su registro por sí mismas.

A pesar de la poca publicidad que se le hizo al evento, un nutrido público acudió a la premier. Entre ellos otros cineastas, actores y actrices, periodistas, neoyorquinos asentados en la Florida y, como es lógico, miembros de nuestra academia. Luego de la proyección se llevó a cabo un panel compuesto por los realizadores del documental con la asistencia de Andrés Martínez y moderado por Luis Leonel León, Secretario del Capítulo de la Florida de la AHCE, entidad que ha tomado como tarea el estudio y reconocimiento de la historiografía fílmica del Exilio Cubano, como quedó demostrado con la investidura este año de Eduardo Palmer y Lilo Vilaplana.

Cuarenta minutos le bastaron a Iván Acosta darnos a conocer todo lo que había quedado detrás de sus ojos aquel 11 de septiembre de 2001 y meses subsiguientes, aunque en realidad (y quizás sin habérselo propuesto) nos permitió ver lo que todavía queda en el alma de Nueva York (y de esta gran nación toda), ciertamente herida por la infamia, pero arropada de valor, honor y esperanzas que, conjugados, sirven de raíz a la resiliencia demostrada por este pueblo a través de toda su historia. Y que lo define, por siempre.

 

Saturday, September 11, 2021

Reflexiones sobre la violencia y los abusos de poder

Por Narciso J. Hidalgo

 University of South Florida

          Dos acontecimientos ocurridos recientemente en el Caribe, de capital importancia por la escalada de violencia que los caracterizó, ocupan mis reflexiones en esta edición.  El primero tuvo lugar en Haití el 7 de julio, con el asesinato del presidente  Jovenel Moïse. El segundo, en Cuba el 11 de julio, con manifestaciones espontáneas a lo largo de toda la isla. 


          Lo acontecido en Haití es todavía motivo de especulaciones de la prensa. Recientemente ha señalado la injerencia de perpetradores extranjeros --antiguos miembros de las fuerzas armadas colombianas--, en el asesinato del primer mandatario.  Su esposa, Martine Moïse, al referirse  a los hechos, declaró que se trata de una conspiración mayor porque los asaltantes –más de doce fuertemente armados— buscaban algo en la residencia y, para su desconcierto, la docena de guardias de seguridad que cuidaban al presidente, o bien los dejaron entrar, o habían abandonado sus puestos sin que ninguno resultase herido. La investigación oficial ha conducido al arresto de más de cuarenta sospechosos. Sin embargo sigue sin saberse el motivo o quiénes son los arquitectos del magnicidio.

          El asesinato, que agrava la crisis política que vive el país, pone de relieve, una vez más, el uso de la violencia para defender intereses políticos y partidistas. La corrupción y la lucha de poder han erosionado la sociedad civil por más de medio siglo, aparte de poner en crisis los valores institucionales, que por décadas fueron pisoteados por la dinastía Duvalier (François Papá Doc., 1957-1971 y Jean-Claude Baby Doc., 1971-1986).

El descontento de algunos sectores económicos, y sobre todo la frustración de la población mayoritaria, indican que la pequeña nación caribeña es un calvario de vicisitudes, que ha sufrido no sólo el impacto de la Pandemia, sino que también ha sido víctima de un terremoto con un saldo de mil trescientos damnificados, e inundaciones provocadas por la tormenta tropical Grace.

Pese a lo anterior, es imposible justificar la violencia con que fue ejecutado el mandatario como vía redentora de los conflictos que aquejan al país. En condiciones extremas se requieren medidas adecuadas para solucionar esas situaciones, sin que ello justifique el abuso de poder o impunidad para cometer delitos de suma gravedad como el ya mencionado.  Pero no puede pensarse que la violencia es una condición intrínseca de la sociedad. La jerarquía política que ha perpetuado el nepotismo y la brutal corrupción reinantes, han mantenido a las clases más desfavorecidas sobreviviendo por debajo de los niveles de pobreza. ¿Dónde fueron a parar los millones de dólares que desde 1995 los Estados Unidos han proporcionado a Haití? ¿Qué han hecho las élites haitianas con las ayudas internacionales?

          Si las relaciones del país caribeño con Los Estados Unidos ha sido objeto de debates y se ha culpado a la administración de Washington de condicionar dichas ayudas, no es menos cierto que el corolario del desarrollo de la nación ha estado en manos y ha sido responsabilidad de las élites gobernantes que engordan sus bolsillos sin escrúpulos, a expensas de la pobreza que  ha predominado en Haití desde su independencia (1804). La violencia, la intimidación y el abuso de poder han sido los sostenes para perpetuar la riqueza de las élites. Haití no ha conocido descanso, la estabilidad política y la posibilidad de desarrollo económico han sido una quimera que ha convertido “el país en el primer productor de desdichas y de zombis” como afirmara el poeta y escritor haitiano René Depestre (1926). 


         

En Cuba, el amanecer del 11 de julio sorprendió a sus gobernantes con una ola de manifestantes que desde el municipio de San Antonio de los Baños, al sureste de La Habana, se extendió a lo largo de toda la isla, hasta llegar a las provincias orientales. Para el régimen que gobierna desde 1959, no era la primera vez que la población cubana se manifestaba y expresaba abiertamente su descontento con las condiciones de vida existentes. Habría que recordar que durante el verano de 1994, en medio del Período Especial, la desangrada economía cubana fue testigo de las protestas de cientos de cubanos reunidos en el malecón de La Habana, que responsabilizó, correctamente, al gobierno por la falta de alimentos, de medicinas, y los constantes “apagones.” La crisis del “maleconazo” reflejo de la incertidumbre y las necesidades de cambio, provocó el enfrentamiento violento de los manifestantes con la policía y grupos parapoliciales que, a palos, acudió a apaciguar la protesta y acallar sus demandas.

Posteriormente en noviembre del año pasado, más de doscientos artistas e intelectuales cubanos se plantaron frente al Ministerio de Cultura de Cuba, para exigir sus derechos ciudadanos. El Movimiento de San Isidro dio a conocer entonces un texto en el cual expresaban:

Los artistas e intelectuales cubanos repudiamos, denunciamos y condenamos la incapacidad de las instituciones gubernamentales en Cuba para dialogar y reconocer el disenso, la autonomía activista, el empoderamiento de las minorías y el respeto a los derechos humanos y ciudadanos.

Posteriormente un nuevo manifiesto político, promovido por un grupo de artistas bautizados como 27N, exhortaba a la sociedad cubana a exigir libertades políticas, económicas y a que legalizara los medios de comunicación independientes. Los reclamos salidos de un grupo de jóvenes pacíficos, atrajo la atención de otros intelectuales que con carácter crítico cuestionaban la política social y cultural impuestas en todo el país. La negación de las autoridades culturales a establecer un diálogo con los manifestantes y las intimidaciones, los arrestos y la encarcelación de los participantes fueron los recursos del establishment para, una vez más, silenciar y minimizar los justos reclamos de una sociedad civil moderna.

No obstante, en 62 años de “Revolución” sus gobernantes no habían presenciado una manifestación general con quejas y reclamos de la magnitud del 11J. En esta ocasión, y sí por primera vez, las protestas superaban las ingentes necesidades económicas y las pésimas condiciones sanitarias para tratar a los enfermos de Covid, como algunos medios han señalado, minimizando el trasfondo político y el descontento de un amplio sector de la población, contra la dirigencia del gobierno, contra su presidente, y contra el sistema ideológico impuesto, que ha llevado a la mayoría de los habitantes a mal vivir en circunstancias precarias por seis décadas. Decenas de videos tomados con teléfonos celulares y exhibidos en las redes sociales son el testimonio irrefutable de lo aquí expresado. “Hay represión con la juventud”. “Cuba es de los cubanos” exclamaba una mujer negra en medio de la multitud que, a empujones, se enfrentaba a las fuerzas policiales.

Jóvenes, mujeres y personas ya adultas de diferentes poblados y ciudades avanzaban por las calles gritando “Viva la libertad y Abajo la dictadura.” Puede que la escases de alimentos y medicinas y el descontento con la falta de recursos para proteger debidamente a la población de la Pandemia hayan sido el detonador de las manifestaciones. Es difícil saberlo.

En la medida que las calles se abarrotaban de personas y los gritos de desaprobación se generalizaban, los agentes policiales comenzaron a golpear indiscriminadamente a jóvenes y sobre todo a mujeres, que con gritos de Patria y Vida, en contraste con el lema machacón de Patria o Muerte, se resistían a ser arrestadas.

La masividad y el descontento sin lugar a duda desacreditaban al liderazgo y la vigencia de un gobierno tiránico e inoperante. La respuesta oficial no se hizo esperar: la brutalidad policial, los golpes, los arrestos, las desapariciones, y el desplazamiento de agentes especiales vestidos de civil e infiltrados entre la muchedumbre fueron parte del recibimiento que dio el partido comunista de Cuba a los reclamos del pueblo.

El señor presidente, al parecer atemorizado, en una presentación televisada exhortaba a todos los “revolucionarios del país, a todos los comunistas” para que salieran a las calles a enfrentar a los manifestantes. Cubanos contra cubanos, jóvenes armados con palos para aporrear a los jóvenes, a las mujeres y a todo el que formara parte de la protesta.

El país que ha pregonado ser el “Primer territorio libre de América” ahora arremetía con toda fuerza y sin miramientos a otros cubanos, que sin armas y pacíficamente reclamaban derechos elementales.

Algunos estudiosos y los politólogos hablan del recrudecimiento del embargo estadounidense, de las recientes restricciones impuestas en la isla a la moneda norteamericana y los efectos de la pandemia como factores lacerantes en la sociedad cubana. Olvidan mencionar que la isla recibe alrededor de 29 mil millones de dólares en remesas enviadas por familiares residentes en el exterior. Olvidan que la esfera política cubana recibió entre el 2001 y el 2020 exportaciones estadounidenses en productos agrícolas, alimentos, medicinas y suministros médicos por un valor de más de siete billones de dólares. Al parecer, esos estudiosos, desconocen que las exportaciones cubanas sobrepasan los 5 mil millones de dólares anuales. Y que el gobierno venezolano le dio a Cuba entre el 2008 y el 2011, unos 18 millones de dólares en préstamos, inversiones y donaciones. Por demás los acuerdos Castro-Chávez han suministrado al país millones de barriles de petróleo (de 105,000 diarios en el 2012 a 47,000 en el 2017, reducción debida a la también crisis venezolana).

¿Puede entonces afirmarse que el embargo de los Estados Unidos tiene sumida a la población cubana en la mayor pobreza? ¿No será que la élite que se ha aferrado al poder por más de seis décadas ha demostrado su incapacidad para generar un crecimiento económico adecuado como afirma el economista Carmelo Mesa-Lago?

¿O es desacertado pensar que la ambición de poder y enriquecimiento de la clase dirigente, que ha llenado sus bolsillos sin ningún escrúpulo, ha elaborado un “embargo interno” que mantiene estrangulada a la sociedad cubana? Podrá decirse que son especulaciones contra el “envidiable sistema socialista cubano”. Pienso que no. Véase en los medios informativos cómo viven y disfrutan los hijos de los altos dirigentes cubanos, y luego podrán esgrimir eufemismos laudatorios, porque solo el nepotismo, el abuso de poder y las desigualdades pueden producir tanta riqueza como la industria farmacéutica norteamericana.

El 11J mostró al mundo la inconformidad de un amplio sector de la población cubana con un sistema totalitario, represivo y de vividores incompetentes. Las manifestaciones de aquel día evidenciaron, por demás, que los dirigentes actúan rápido y contundentemente contra cualquier expresión de disidencia, con tal de cuidar sus privilegios sin importar los métodos para conseguirlo.

Si todo ello no fuera suficiente, los gobernantes, de inmediato, pusieron en vigor otro “tapabocas”, el Decreto Ley 35 que sanciona

“a quienes publiquen en las redes sociales contenidos que expresen descontento con el régimen o cualquier tipo de denuncias que puedan ser consideradas como delito cibernético.” Esto es, totalitarismo cubano contra la libertad de expresión.

¿Será que la represión y la falta de derechos y de libertades civiles más elementales tienen que ver con el embargo?

Lo ocurrido recientemente en Haití y en Cuba es un viejo mal que aqueja a las naciones latinoamericanas. En ellas la corrupción, el nepotismo, la violencia y el abuso de poder han sido la norma dominante. Las élites con uniformes militares, o de cuello y corbata siguen estrangulando a los pueblos, con el amparo de discursos ideológicos, que hablan de bienestar para todos, cuando en realidad, sin escrúpulos y recurriendo incluso a la violencia, se apoderan de la riqueza de las naciones, como si se tratara de sus fincas privadas.

Thursday, September 9, 2021

LA DESILUSIÓN DE CUBA SOCIALISTA POR NOTABLES INTELECTUALES EXTRANJEROS

…nada hay verdad, ni mentira: todo es según el color del cristal con que se mira,  Ramón de Campoamor

 

ADVERTENCIA:   El presente escrito representa solo una versión abreviada de la ponencia presentada verbalmente el sábado, septiembre 4 de 2021 ante la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, en el Centro Cultural Musto, de Union City, New Jersey, EUA.  La versión más completa, con todas sus notas al pie adicionales, y la correspondiente Bibliografía, será publicada en el próximo ANUARIO de la AHCE, correspondiente al año 2022.  Como es mi costumbre, agradecería toda crítica constructiva.   

I— INICIO:(1)  De más estar decir que los sistemas autocráticos supuestamente disímiles, como los de Hitler, los hermanos Trujillo y los fraternos Castro comparten un sinnúmero de rasgos comunes.  Entre esos sobresale el pretender reescribir la historia insidiosamente a su favor, como lo enfatizó Eric Blair [aka George Orwell].  Peor aún, lo han hecho rutinariamente en complicidad con escritores extranjeros que ansían higienizar sus imágenes en el exterior con falsas narrativas (Aron, 1955; Hollander, 2006).  El régimen imperante en Cuba desde 1959 cuenta aún con ciertos apologistas que, cómodamente desde ultramar, continúan ensalzando y justificando la dictadura a pesar de sus calamitosas fallas y el alto costo humano, espiritual y socioeconómico (Holgado, 2020). 

    El dúo de los Castro, sin duda, disfrutó de gran apoyo popular inicialmente, pero fue disminuyendo a medida que ellos empinaban el país al fallido modelo soviético, lo que provocó un éxodo masivo de cubanos, un fenómeno sociopolítico sin precedentes en la Américas.  Fulgencio Batista, quien había llegado al poder por medio de un golpe de estado injustificado en marzo de 1952, abandonó Cuba el primero de enero de 1959, incluso bajo presión de EE.UU. 

   La lucha antibatistiana (1952-1958), esencialmente burguesa, fue una rebelión política civilista y proconstitucionalista (de la Cuesta y Alum, 1974; Thomas, 1971), y no una revuelta popular con tonos socioeconómicos nacionalistas.  Disfrazados de “revolucionarios humanistas”, los Castro llenaron el vacío de poder con la promesa de restaurar el ritmo constitucional.  Pero en vez, impusieron un totalitarismo orwelliano que sumió a los cubanos en la depauperación, excepto por los privilegiados “apparatchiks” de la “nomenklatura” criolla.  Se suplantó la relativamente breve dictadura autoritaria del exmilitar Batista de seis años y nueve meses por un longevo absolutismo hipermilitarista de carácter marxista-estalinista.  (Nótese, por cierto, que Batista ha sido el único jefe de estado de origen afrocubano). 

   Pero la tiranía castrista continúa todavía seis décadas más tarde con sus herederos designados a dedo —Miguel Díaz Canel sin jamás consultar con el pueblo por medio de elecciones libres.

Así y todo, la lista de los que han defendido al régimen “con los ojos ampliamente cerrados” desde fuera del país es larguísima (de la Nuez, 2007; Fontova, 2005; Hollander, 2006).  Pero, obviando nombres, prefiero enfocarme en “deconstruir” el mensaje común del coro de los fanáticos pro-oficialismo. 

    Ellos arguyen, por ejemplo, que los problemas socioeconómicos que afligieron a la Cuba republicana (1902-1958) fueron eliminados por el llamado Gobierno Revolucionario.  Porfían incluso que entre 1959 y 1991 Cuba era un “Edén”.  Según ellos, ese supuesto paraíso “exótico” solo se ha ido resquebrajando debido a la desaparición de los subsidios del otrora Bloque Socialista de la Europa Oriental dirigido por la Unión Soviética, que se desplomó en 1991 por su propio peso destructor, lo que dio comienzo en Cuba al tildado "Período Especial en Tiempos de Paz" (Holgado, 2020).

    Hay varios subtópicos por cubrir al respecto; pero me limito a citar, en contraposición, las impresiones recogidas en Cuba misma antes del colapso del bloque pro-soviético por varios observadores, también extranjeros, aunque más honestos intelectualmente que los apologistas. Estas narrativas cándidas desdicen las historietas viciadas de los revisionistas pro-dictadura.  Y recurro solo a extranjeros ya que los cubanos, tanto en el “insilio” (dentro del país) como en el exilio que opinan en disidencia son injuriados rutinariamente en los círculos académicos y mediáticos internacionales —incluyendo a Hollywood— con ataques calcados de las consignas de la propaganda oficialista (del Risco, 2019; Fontova, 2005).

 

II—CRITERIO:  Además de ser no cubanos, el criterio para escoger estos ocho escritores consiste en el:  A) haber sido inicialmente un defensor ideológico del gobierno de los Castro;  B) haber pasado un tiempo residiendo en Cuba entre 1959 y 1991;  y  C) el haberse desengañado del régimen a través de su propia experiencia personal, lo que considero equivalente al “estudio de campo” típico de la Antropología Sociocultural, “viviendo entre los nativos” (Abrams, 1974).  

    Esta es la dimensión que en la Antropología nos referimos también como la visión interna, o (en inglés) de la “emic”, semejante al concepto de la “epistemología personal”.  Figuran en esta lista de autores renombrados cinco estadounidenses, un chileno, un francés, y un ucranio-argentino-israelí, todos considerados de izquierda, políticamente hablando (aunque hay matices), y algunos de ellos hasta fueron víctimas directas del régimen castrista.

 


III—LOS OCHO DECEPCIONADOS

A)  Jules Dubois (1910-1966) fue un periodista corresponsal para Latinoamérica del CHICAGO TRIBUNE que visitaba a Cuba frecuentemente desde los años 50.  Considerado un liberal (aunque anticomunista, típico de la época), fue un crítico tenaz de la dictadura batistiana.  Conoció a Fidel Castro, a quien exaltó en sus despachos periodísticos y en su libro Fidel Castro (1959) <https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1958-60v06/d317>.  Pero empezó a reprobar en sus reportes periodísticos la ruta anti-democrática que tomaba el gobierno, sobre todo la influencia que se percibía de comunistas notorios, incluso algunos ex colaboradores de Batista.  Como resultado de sus críticas, se le dificultó la entrada a Cuba y fue ridiculizado por el exparlamentario y periodista radial José Pardo LLada —entonces aún progubernamental quien le puso el mote de “el de la oreja peluda”, aunque irónicamente, luego se exilió en Colombia (marzo de 1961) <https://www.cubamilitar.org/wiki/Jos%C3%A9_Pardo_Llada>).


B)  Allen Ginsberg (1926-1997) era un poeta de Nueva Jersey, líder de la “Beat Generation”.  Un declarado drogadicto, gay y enemigo del capitalismo que viajó a Cuba en 1965 para “vivir la revolución”.  Pero fue expulsado del país cuando intentó abogar por los derechos de los gays y se quejó sobre los campamentos de la UMAP <https://en.wikipedia.org/wiki/ Allen_ Ginsberg>.(2)


C)  Oscar Lewis
(1914-1970) era un famoso antropólogo sociocultural estadounidense que, entre otras propuestas, ensayó someter a prueba en Cuba en 1969-70 su hipótesis de que la "Cultura de la Pobreza" no podía existir en un país socialista.  Inspirado por Marx, Lewis asumía que las condiciones socio-enajenantes que la generan solo se desarrollaban en sociedades capitalistas (Lewis, et al., Living The Revolution, 1977-78).  Empero, a pesar de que él y su asociado Douglas Butterworth habían sido recibido con beneplácito oficial, fueron expulsados del país súbitamente, acusados de ser “espías”.  Por cierto, ellos dejaron abandonado en la cárcel a su colaborador cubano, el académico Álvaro Ínsua, sobre quien he venido escribiendo por cuatro décadas <https://blogacademiaahce.blogspot.com/search/label/ Rolando%20Alum>.  Es más, su obituario en una publicación profesional de Antropología de mi autoría en inglés ha generado una polémica con una estadounidense aparentemente apologista del régimen <https://www.anthropology-news.org/articles/alvaro-insua/>.

D)  Douglas Butterworth (1930-1986) era el antropólogo asociado principal de Lewis, quien después de la muerte de su mentor reveló que el proyecto investigativo había encontrado incidencia de la “Cultura de la Pobreza”, lo que aparentemente explica la expulsión repentina.  Basándose en entrevistas a docenas de cubanos, Butterworth indicó en The People of Buena Ventura (1980) que a pesar de los vaivenes socioeconómico-políticos de la era republicana (1902-1958), dicha “Cultura de la Pobreza” no parecía haber estado arraigada antes de 1959.  Concluyeron que ese fenómeno sociocultural era producto del "nuevo orden socialista", lo que, además, refutó la hipótesis preliminar de Lewis.


E)  Maurice Halperin
(1906-1995) fue un académico estadounidense tan ultraizquierdista que se autoexilió en los años 50 al acusársele de espiar para los soviéticos, instalándose primero en México —donde, por cierto, se reunió con Oscar Lewis, y después hasta en el mismo Moscú.  Allí conoció al “Ché” Guevara durante una visita diplomática, quien lo invitó a mudarse a La Habana.  En 1962 Halperin se desempeñó como asesor del gobierno cubano, así como profesor universitario.  Sin embargo, defraudado, se marchó a Canadá cuando tuvo la primera oportunidad en 1967.  Luego visitó a Cuba en dos ocasiones y escribió artículos y tres libros (1973, 1981, y 1994).  En ellos afirmó que a pesar “del caos de los tres años revolucionarios iniciales”, La Habana de 1962 era aún “un París caribeño” que contrastaba con el monótono Moscú; pero que eso era gracias a que Cuba todavía era heredera de los “beneficios capitalistas” remanentes de la “Cuba de Ayer".  En su última visita en 1989 observó cómo Cuba ya se asemejaba más al "tétrico modelo soviético" que él conoció íntimamente en Moscú, por ej.: colas, penurias, escaseces, deterioro, abandono, prostitución; gente demacrada, quejosa y harapienta; y una obvia resistencia ciudadana reflejada en un vasto “mercado negro”.  Debo añadir que, paradójicamente, cuando se desclasificaron los documentos del llamado proyecto “Venona” en los años postsoviéticos, se confirmó que Halperin sí había espiado para los rusos en sus años mozos <https://en.wikipedia.org/wiki/Maurice_Halperin>.

F)  Jorge Edwards (1931--  ) es un prestigioso escritor chileno que sirvió como embajador de su país en Cuba, nombrado por el presidente marxista Salvador Allende en 1971 (luego derrocado por el golpista General Pinochet).  Paradójicamente, Fidel Castro mismo declaró a Edwards “persona no grata” debido a las relaciones amistosas que sostenía con autores que iban cayendo en desgracia con el régimen por su independencia de pensamiento (por ej., el poeta Heberto Padilla).  En Persona non grata (1973), Edwards relata su desengaño con el castrismo, que critica por imponer un estado policíaco opresivo y miserable que, a pesar de su status diplomático, solo pudo tolerar por apenas unos cuatro meses.    


G)  Pierre Golendorf
(¿-?), fotoperiodista, ex militante del Partido Comunista francés, se fue a Cuba en septiembre de 1971 para escribir un libro favorable al gobierno.  Pero, a medida que entrevistaba a los cubanos, se iba percatando del totalitarismo impuesto por los Castro.  Al expresar su desencanto, fue acusado de espiar para “la inteligencia norteamericana” y terminó cumpliendo 38 meses en prisión, que incluyeron torturas físico-mentales.  Describió su odisea —que llamó como “kafkiana en el trágico Gulag tropical”— en su libro 7 ans à Cuba (1976).

H)  Jacobo Timerman (1923-1999) fue un prolífero periodista ucranio-argentino-israelí reconocido mundialmente por haber denunciado las atrocidades de las dictaduras militares en Argentina y Chile de los años 70.  Pudo conducir ciertas entrevistas en Cuba en el verano de 1987, y relató sus decepcionantes impresiones en Cuba hoy, y después (1990).  En él, criticó el culto a la personalidad, "la nueva clase” gobernante privilegiada y nepotista, el horrible reino del terror, la falta de libertades básicas, la promoción del odio interhumano, el racionamiento controlador, y las escaseces, así como la sumisión a la remota Unión Soviética.

 

IV—ANáLISIS PRELIMINAR:   Estos ocho testimonios coinciden, de una manera u otra, en que el gobierno de los Castro no solamente no resolvió los problemas socioeconómicos tradicionales, sino que los exacerbó, y más aún, creó problemas peores, y a un gran costo humano y psicosocial, y algunos autores jóvenes también añaden “un gran daño antropológico”.

    Durante la primera treintena del régimen, la calidad de vida ya había desmejorado enormemente, tal como lo experimentaron en carne propia los ocho escritores internacionales mencionados aquí; por cierto, al menos cinco de ellos aparentemente eran de origen étnico judío.  Y hay muchos otros ejemplos de observadores extranjeros, hombres y también mujeres (como la francoestadounidense Susan Sontag), que en vez del proclamado "Hombre Nuevo", ya habían hallado una cultura de "miseria postrevolucionaria decadente” previo al Período Especial.(3)

    Permítaseme una anécdota personal:  En el verano de 1977, el distinguido sociólogo dominicano Frank Marino Hernández —mi mentor en Santo Domingo durante mi estadía allí— encabezó una delegación cultural de su país a Cuba.  A su regreso, su esposa, doña Elda (quien era salvadoreña), me contó que la propia “comisaria” asignada a vigilar a los visitantes le susurró que le pasara a escondidas, en el baño de damas, la ropa interior que llevaba puesta.      

    Más adelante, en 1988, el economista estadounidense Nick Eberstadt ya citaba a Cuba en The Poverty of Communism como ejemplo del binomio de pobreza+opresión que han acarreado los sistemas comunistas históricamente en diferentes países y continentes.  También notó similitudes sombrías entre Corea del Norte y Cuba, por ej., en la militarización de la sociedad, la subalimentación de la población, y el estilo dinástico de la élite gobernante autoperpetuada.   

 

V—COMPLEMENTO:   El discurso de los apologistas del castrismo ultramarinos —desmentido por los antes citados intelectuales tempranamente desencantados del régimen recurre a repetidas falacias estilo consignas excusadoras.  Entre otras, siguen culpando los fracasos del gobierno al “subdesarrollo del pasado”, al "coloso del Norte", y al Exilio. 

    A pesar de su bendecido clima y riquísimo suelo agrícola, Cuba ahora importa alrededor del 80% de sus comestibles, a diferencia de los años anteriores, cuando se autoabastecía y exportaba muchísimos productos agropecuarios (Comunicación Personal de mi exprofesor, el economista Carmelo Mesa-Lago, considerado “el decano de la Cubanología”).  El turismo se consideraba la segunda industria, después del azúcar; no obstante, más cubanos tenían el poder adquisitivo de viajar a EE.UU. y gastar más dinero aquí, que los norteamericanos en Cuba en los años 50. 

    Cuba jamás experimentó antes emigración en masa; al contrario.  Era un país de inmigrantes, donde hasta las españolas iban como sirvientas; incluso, más extranjeros residían en Cuba (sobre todo estadounidenses, abarcando también puertorriqueños) que cubanos en el exterior, incluyendo a EE.UU.  La isla-nación acogía a los exiliados prodemocráticos de toda Latinoamérica —especialmente antes del batistato de los 50, como lo enfatizara el escritor y político dominicano Juan Bosch (exiliado en Cuba) en su clásico: Cuba, la isla fascinante (1954).  Más aún, Cuba recibió al menos tantos refugiados judíos europeos en proporción a su población (per capita) como los mismos EE.UU. durante el hitlerato. 

    El nivel de vida cubano se consideraba superior al de casi toda Latinoamérica, y que España, Portugal y otros países europeos.  Contrario a lo que aducen los apologistas —y Hollywood, que a veces parece ser la fuente principal de información para muchos en la prensa y el mundo intelectual— los índices de calidad socioeconómicos iban acrecentando por día.  Y, por cierto, todas estas buenas noticias a pesar de, y no gracias al batistato de los 50 <https://2009-2017. state.gov/p/wha/ci/cu/14776.htm>.  Claro, habían muchas imperfecciones por remediar en apenas 57 años de independencia (fue la última colonia española en independizarse en el continente).  Pero, como lo han acotado tantos cubanólogos internacionales, intelectualmente honestos y respetados, los Castros no solo no las corrigieron, sino que las empeoraron, y además produjeron nuevas anomalías, es posible que ex profeso, en su obsesión de dominar el bello país antillano.  

   Mi enfoque es esencialmente en el ámbito de las libertades(4).  Pero quedan por describir muchos otros acontecimientos en lo que llamo “el pre-período especial” que ya reflejaban la naturaleza cruel y devastadora del régimen antes de 1991.  Entre esos se pueden citar el total control de los medios de comunicación y de la enseñanza, las detenciones masivas “preventivas” (ej., al iniciarse el desembarco de Playa Girón en abril/1961), el cambio de la moneda que empobreció fatalmente al pueblo cubano, la total estatización de la economía en 1968, la descabellada “Zafra de los 10 millones” de 1970, el episodio de la embajada peruana en La Habana y la consiguiente huida en masa por el Mariel en 1980, los balseros desesperados [y que continúan], etc. (AHCE, 2020; <https://diariodecuba.com/economia/1624878747_32228.html>).     

    En fin, contrario a lo que todavía proclaman los aduladores extranjeros del castrismo, las primeras tres décadas del régimen ya constituían una dolorosa "distopía", una triste antiutopía que aún perdura tres otras décadas más tarde, y que curiosamente sigue siendo justificada —

notablemente— en los mundos mediáticos y académicos internacionales, evidentemente, sin importarles para nada el sufrimiento del pueblo cubano.

  

                                                            NOTAS  SELECTAS

(1)  Agradezco humildemente el honor que me brinda la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE) al invitarme a su membresía.  Esta ponencia constituye una continuación más extensa y profunda de mi previo breve artículo “Antes del Período Especial” publicado en DIARIO DE CUBA (01/01/2014).  Aplico el estilo de citas bibliográficas a la usanza en la Antropología.  Al igual que otros trabajos míos sobre temas cubanos, este no ha tenido el apoyo financiero, ni institucional, de ningún organismo.  También doy las gracias a los familiares y colegas que me han ofrecido comentarios a borradores anteriores de este y otros escritos afines.  Dedico este modesto ensayo a la memoria de:  (a) mis dos tíos abuelos mambises: Federico Alum [muerto en combate] y Emilio García [fallecido ya nonagenario en el Exilio en Miami];  (b) así como a mi tío materno, el legendario líder sindical antibatistiano y prodemocracia Pascasio Linera [también fallecido en el Exilio miamense];  (c) y a su hija, mi querida prima-hermana Caridad Linera [fallecida recientemente en Miami] <ralum@pitt.edu]>.  

 

(2)  Con relación a los campos de concentración de las llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (U.M.A.P.), donde no solo confinaban a los gays, sino también a practicantes religiosos, incluyendo a los Testigos de Jehová y de los cultos afrocubanos (como el Abakuá), ver: R. Núñez; R. Alum; & R. Nodal, 1985, "The Afro-Hispanic Abakuá", Orbis-Linguistique [Lovaina]:XXXI:263-284. 

 

(3)  Hay muchos otros exsimpatizantes, considerados pensadores de izquierda internacionales que se decepcionaron del régimen; e.g., el español Fernando Arrabal, el peruano Mario Vargas Llosa, el alemán Hans M. Enzensberger, el inglés Hugh Thomas (1971), el canadiense Leonard Cohen, el mexicano Octavio Paz, el portugués José Saramago, y el estadounidense Irving Horowitz, entre otros que han tenido el coraje de no temer ser tildados de “reaccionarios” y otros epítetos (del Risco, 2019).  Claramente, no hay que residir bajo un régimen para poderlo juzgar.  Ninguno de nosotros tuvo que sufrir los rigores de las infernales tiranías alemana Nazi o dominicana de los hermanos Trujillo para poderlas calificar como espantosamente insoportables <https://www.cubanet.org/opiniones/trujillo-republica-dominicana-cuba>.

 

(4)  A propósito, el régimen insulta a los expatriados habitualmente con epítetos vitriólicos ("antisociales, bandidos, escoria, gusanos, ‘Lumpen’, lacayos del imperialismo, mercenarios, reaccionarios,” y más recientemente, “de baja calaña”, etc.), insolencias etnocéntrico-políticas que repiten insensiblemente los seguidores foráneos del régimen (ver del Risco, 2019, y <https://deinospoesia.com/2021/08/28/dejar-la-isla-jose-abreu-felippe/>).  Aparte de eso, se refieren al Exilio como “la Mafia de Miami” (y a veces añaden, también “de New Jersey”).  Pero: ¿Qué más mafia que la misma familia de eurodescendientes dominando el país por seis décadas?  Irónicamente, es ese Exilio demonizado —incluso por la prensa extranjera y el mundo académico— quien subsidia con sus remesas y envíos de provisiones generosos a casi la mitad de la población en la isla (José Álvarez, economista, Florida: Comunicación Personal).

 

=*DATOS BIOGRÁFICOS:  Rolando Alum Linera  es Investigador “Senior” Asociado en Antropología del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh, del cual es egresado; también recibió un Certificado Postdoctoral de la Universidad de Virginia.  Fue profesor en varias universidades de EE. UU., Puerto Rico y República Dominicana, y fungió como subsecretario de Educación de EE.UU. (Región Federal II), y como presidente del Comité Asesor al Censo.  Fue becario Fulbright y de la OEA en República Dominicana, e investigador huésped en la Hoover Institution (Calif.), y es un “Senior Fellow” de la Sociedad Para la Antropología Aplicada.  También ocupó cargos de subgabinete en el gobierno estatal de Nueva Jersey, y sirvió como regente de Ramapo College, y actualmente de DeVry University-N.J.  Es además vicepresidente del Comité Certificante de Psicoanalistas, y del estatal Centro Hispano Para Políticas, ambos de Nueva Jersey.  Sus más de 175 escritos han sido publicados —en inglés y español— en revistas académicas, libros, enciclopedias, y periódicos [ralum@pitt.edu].


Tuesday, September 7, 2021

LA FIRMA DE FIDEL


Por Emilio Bernal Labrada

            Era un sábado abrileño de 1959, con agradable estado del tiempo. La prensa de la capital había dado la noticia de que Fidel Castro, a quien el dueño y rector de la revista Bohemia Miguel Ángel Quevedo había calificado de “Máximo Líder de la Revolución” —aparte de retratarlo en la portada en pose nazarena—, llegaría a Washington en horas vespertinas, a pocos meses de haberse apoderado de nuestro país.

            Habiéndome establecido hacía poco en la capital norteamericana decidí, por curiosidad, dirigirme a la embajada cubana. Tal vez podría tomarle la medida al presunto líder, de quien tenía sospechas desde que, en el sangriento acto “putschista” del Moncada, había dado tales muestras de peligrosidad para la integridad política de la Isla que me instó a emigrar. Tuve el presentimiento, modestia aparte, de aciagos días para el suelo patrio si seguía suelto el personaje. Este había sido salvado por Monseñor Pérez Serantes y luego indultado por el gobernante Batista gracias a la “palanca” de su esposa Mirta Díaz Balart de Castro, cuyo parentesco con un ministro del “Guajirito de Banes” lo había sin duda impulsado a contraer matrimonio con ella. Castro acostumbraba, por astucia, hacer ambiciosos planes a largo plazo. Claro, nunca imaginé que esos planes cuajaran a tales extremos ni por tan dilatado tiempo.

            En todo caso, fui a la embajada con un par de compatriotas. Nos colocamos frente al edificio cerca de las seis de la tarde y en pocos minutos vimos que cruzaba la Calle 16 su abultada figura, sin la menor escolta, a saludarnos en persona. Vestía su conocido traje y botas de soldado, pero sin aire militar y dando muestras de cansancio. Como me adelanté a los demás, sentí un fuerte pisotón de su pesada bota —ya mala señal, pero hice caso omiso— y, estrechándole la mano, no sé por qué se me ocurrió decirle, sabiendo de sus inclinaciones de tribuno: “Dos palabras, Fidel”.

Bueno, ya dije más de dos palabras— me contestó sin mucho entusiasmo, como indispuesto. Evidentemente, se había percatado de que ese público de cuatro gatos no merecía una perorata de esas que gustaba ofrecer durante horas a mítines multitudinarios. Su expresión daba a entender que ya bastante había hecho con cruzar la calle a saludarnos. —Pero vengan mañana a la embajada, ya que habrá una recepción a la una de la tarde— agregó, dando media vuelta y alejándose sin más comentarios.

            Ni corto ni perezoso, me presenté en el hermoso edificio de la Calle 16 NW a la hora señalada, preparado con alguna documentación pero lamentando olvidar la camarita fotográfica que desde entonces siempre me ha acompañado. Había ya una muchedumbre, destacándose entre ella unos cuantos barbudos poco acicalados, como recién bajados de la Sierra. Intercambié algunas palabras con ellos, además de saludar a célebres compatriotas como Pedro Ramos y Camilo Pascual, admirados lanzadores para el equipo entonces llamado Senadores de Washington. En fin, había un gentío considerable que entraba libremente y se paseaba por todas las habitaciones del inmueble en esa época despreocupada de la “seguridad” hoy imperante.

            Entrando en una gran antesala que fungía como espacio de recepción en el segundo piso, me encontré a Castro arrellanado cómodamente tras un gran escritorio y, luego de un par de palabras de saludo, le ofrecí mi pasaporte cubano, pidiéndole su autógrafo.

            —Cómo no—, me dijo muy listo. Sacó un bolígrafo y, sin molestarse en buscar una hoja en blanco, abrió la página en que aparecían mi fotografía y filiación y, ante mis ojos atónitos, procedió a garabatear exageradamente su firma por encima del retrato y todo lo que allí estaba escrito. Incrédulo, vi que extendía su autógrafo de arriba abajo y de lado a lado a través de la doble hoja principal.

En ese momento, pensé que quien así trataba un documento oficial de la República era seguramente capaz de destrozar cuanto se encontrara en su camino: reglas, normas, instituciones, constitución, y obras físicas y simbólicas de todo tipo. Es decir, transmitía un clarísimo mensaje: este documento no tiene valor alguno —lo que importa aquí es mi firma—. Sin inmutarme, disimulé, le di las gracias y le extendí entonces mi carnet de la Universidad de La Habana, en que había cursado estudios hasta poco antes. Me dirigió entonces, sonriente, una inconfundible mirada de inteligencia, como diciendo “tú eres de los nuestros”.

Obedecía ello a que Castro había sido dirigente de la Federación Estudiantil Universitaria, FEU; lo que no supe a ciencia cierta sino más adelante era que había aprovechado su cargo para cometer toda suerte de atropellos, amenazas a profesores e incluso, según rumores, asesinar sin escrúpulos y por la espalda a un estudiante rival, Manolo Castro (idéntico apellido, pero no pariente). El joven Fidel, que entonces tenía apenas 32 años, se limitó esta vez a poner su firma de manera normal en un espacio en blanco (no era necesario repetir la peripecia). Luego, entre el fluir del gentío, saludé a sus acompañantes y les pedí que también autografiaran mi documento universitario para tener constancia. Aun cuando entonces no eran conocidos, alguno ha venido a ser más o menos tristemente célebre: Ramiro Valdés, Alberto León y dos más cuyas firmas son ilegibles.

            No volví a ver a Castro durante el resto de la recepción. Me imaginé que se habría retirado a hablar en privado con sus seguidores a fin de preparar su comparecencia del día siguiente en el programa televisivo “Meet the Press”, y su posible reunión en la Casa Blanca con Eisenhower. El presidente norteamericano, sin embargo, prefirió evitar el encuentro, seguramente por suspicacias y para no darle relieve a quien no era, formalmente, jefe de estado. “Ike” envió, en su lugar, al vicepresidente Nixon, quien sostuvo una entrevista con Castro de la cual no resultó sino una noticia anodina, desprovista de interés. Ello me pareció sospechoso, ya que Castro desaprovechaba así una valiosa oportunidad para afianzar las relaciones y obtener ventajas económicas que hubieran sido sumamente útiles para Cuba, cuya economía había sufrido durante todo el período guerrillero, con la caída del turismo, el terrorismo por él instigado y otros perjuicios.

De la comparecencia televisiva de Castro capté su hábil manera de expresarse, con indudables visos demagógicos. Hablaba con gran soltura, chamullando pobremente el inglés al hacer pronunciamientos pro democráticos y afirmar sus buenas intenciones —evitó cuanto fuera criticable—. Ateniéndome a lo que decía, pensé que si bien el futuro no estaba muy claro, había esperanzas, pero entretejidas de inquietud. Si alguna trampa urdía, el evidente calibre de su astucia no filtraba la menor señal capaz de revelar aviesas intenciones.

            Volviendo a la recepción en la embajada, se tornó un tanto desordenada, carente de organización. Viendo que muchos se apoderaban tranquilamente del micrófono para dirigirse a los presentes sobre la suerte de Cuba, aproveché la ocasión para pronunciar breves palabras, en español e inglés, respecto a la importancia de recaudar fondos para los niños de la Isla; el tema se había abordado de modo general pero sin que se llegara a ninguna conclusión o petición de donaciones. Otra oportunidad desaprovechada, pensé.

            Pasadas las cuatro de la tarde, me fui de la embajada un poco inquieto pero tratando de no darle demasiada importancia al encuentro fideliano. Al llegar a mi casa, le conté a mi esposa lo acontecido y guardé el pasaporte y mi carnet universitario en una gaveta. Ni siquiera me molesté en lo que hoy hubiera hecho sin vacilar: sacar copias fotostáticas de los documentos y, por si acaso, guardarlos en lugar seguro. Años después, comprobé que había desaparecido el pasaporte, sin duda sustraído por algún codicioso (¡qué tontería!, nadie sino el titular podrá jamás disponer de él). Aunque hasta hoy no lo he recuperado, sí conservo el carnet universitario con todas sus firmas, hoy varias veces copiado y puesto a buen recaudo en una caja de caudales bancaria. Al fin y al cabo, es cuestión de historia.

            Resumen: La atropellante firma de Fidel Castro, mucho antes de que revelara él sus verdaderas intenciones, ¡era un síntoma y símbolo que, en retrospectiva, lo retrataba de pies a cabeza! Nunca jamás soñé siquiera con tanta maleficencia, que —algún día lo sabrá todo el planeta—, engendró lo que algún día se conocerá como el holocausto cubano.

            En contraste, mi encuentro con Fulgencio Batista en 1952, en el Club Náutico de Varadero, fue de naturaleza muy diferente y abría otras perspectivas para Cuba, pese a la muy lamentable ruptura del orden institucional.  Pero esa es otra historia…