Thursday, May 21, 2026

UN ENCUENTRO CON HERNÁN CORTÉS EN LA CASA MUSEO DEL PRESIDENTE POLK (*)

De los entretelones emerge un capítulo de la historia de Cuba.

Por: Vicente Morín Aguado (**) 

El ideal anexionista pretendía obtener las libertades propias de la constitución norteamericana, conservando la esclavitud. Mientras encontraba apoyo en los intereses de los estados esclavistas norteamericanos, chocaba con la oposición del norte, a la vez que desafiaba las leyes federales, opuestas a la expansión del oprobioso sistema de explotación humana.

Casa Museo James K. Polk @Fuente externa.

Un domingo rodé por la interestatal 65 hasta Columbia City, consumando mi tercera visita a una casa presidencial convertida en museo. Junto a la imprescindible bandera, pañoletas al viento, carteles y vallas reiteraban el cuarto de milenio ininterrumpido de ejercicio democrático, inaugurado con la declaración de independencia que cambió el mundo.

Nuestra guía se afanó en mostrarnos las interioridades de la vivienda y sus habitantes, donde el onceno presidente es protagonista. Se trata de una familia de la clase alta, propietarios de dos fincas con numerosos esclavos, a mediados del siglo XIX.

En mi patria, Cuba, la esclavitud de plantaciones, caña de azúcar principalmente, era la base de una próspera economía, al igual que el algodón hacia el centro-sur de los Estados Unidos. De a primeras, contrasta la rusticidad de los norteamericanos frente a la exhibición de refinamiento y lujos propios de similares propietarios caribeños.

Solo dos pequeños jarrones de Sevres adornan el comedor. La mesa es para seis comensales. Estantes y demás recipientes ocupan lugares exactamente pensados, significando el valor concedido al espacio habitado. 

El comedor Polk está repleto de muebles originales.
@Fuente externa.

En los cuartos, las camas matrimoniales no alcanzan ni siquiera a la medida Queen. La cocina es el lugar de mayor amplitud de la vivienda, bien equipada según los cánones de la época.

James Knox Polk nació el 2 de noviembre de 1795 en Pineville, Carolina del Norte. Samuel, su padre, marchó pronto en busca de oportunidades a Columbia, pequeña ciudad de Tennessee, un estado de la llamada frontera en los tiempos iniciales de la república norteamericana. El hijo pródigo habría de regresar a la tierra natal procurando una escuela de altos estudios, graduándose de leyes en 1818. (UNC, Chapel Hill).

James Knox Polk (1795-1849)

Samuel, convertido en un rico plantador, juez del poblado, impulsó la carrera política del joven, de vuelta al Volunteer State, bajo la sombra poderosa de Andrew Jackson, uno de los presidentes icónicos de la nación.

Según las normas del siglo XIX, el onceno período presidencial transcurrió entre marzo de 1845 hasta igual fecha de 1849. Polk cumplió su promesa preelectoral de no reelegirse, regresando a Nashville al término de su mandato cuatrienal. El acontecimiento principal de su gobierno fue la guerra contra México. Las hostilidades terminaron con la toma de la capital azteca por el ejército del cual era Polk comandante en jefe, el 15 de septiembre de 1847.

Tal y como es costumbre en este tipo de visitas guiadas, el tema mexicano quedó al margen, evitando probables controversias políticas. Sin embargo, era imposible para nuestra interlocutora dejar de mostrarnos una pieza que sin dudas es la joya del museo, capaz de desatarle la lengua a cualquiera medianamente conocedor de la historia.

En medio del amplio espacio del piso superior, de espaldas a la escalera, debí girar mi cuerpo totalmente, siguiendo el índice de nuestra guía, hasta encontrarme con una figura que reconocí al instante, sin mediar explicación alguna.

Retrato de Hernán Cortés

Al directo pregunté: ¿Qué hace Hernán Cortés aquí?

Efectivamente, de la alta pared ininterrumpida entre los dos pisos, colgaba un retrato a tres cuartos, tamaño natural, del renombrado Conquistador de México.

La reseña de cómo esta pieza llegó a manos de la familia Polk se basa en la explicación de quien nos atendió, confirmada con la lectura de un artículo publicado por John Holtzapple, director de esta casa museo durante 35 años.

Se trata de: A portrait of Spanish Conquistador Hernán Cortés: A Gift to the First Lady. Summer 2013. White House Historical Association[1].

En medio de la ocupación norteamericana, el general William Jenkins Worth obtuvo una copia del célebre retrato del hijo ilustre de Medellín en Extremadura, España. La pintura original es una de las cuatro que han estado hasta hoy preservadas en el hospital Jesús de Nazareno, fundado por el propio conquistador en 1524, tres años después de la toma de Tenochtitlán.

William Jenkins Worth (1794-1849)

La vetusta institución médica se mantiene en funciones, orgullo nacional, al ser la más antigua de su tipo en América. Allí reposan los restos del controvertido personaje español.

La copia al óleo de quien es considerado arquetipo del conquistador europeo en el Nuevo Mundo fue obsequiada por Worth a la entonces primera dama.

Coincidencia geográfica e histórica, el ejército invasor de los Estados Unidos desembarcó en Veracruz 328 años después que fuera fundada esa villa por los españoles, desde donde ambos ejércitos partieron hacia el mismo destino con similares propósitos.

El antes citado John Holtzapple nos ubica en contexto:

Desde la publicación en 1843 de la muy popular obra History of the Conquest of Mexico de William H. Prescott, la historia del enfrentamiento entre la España del siglo XVI y los aztecas había capturado la imaginación de Estados Unidos. La guerra con México avivó aún más la fascinación del público por Cortés y Moctezuma. Los partidarios y críticos de las políticas expansionistas del presidente Polk celebraron o denunciaron la guerra como la “segunda conquista de México.

De vuelta en Nashville, Sarah Polk reordenó la mansión familiar, colocando a Cortés en la mejor posición de su vestíbulo. Entre tanto, el manto de los cruciales acontecimientos mexicanos ocultaba la presencia de Cuba en las crónicas diarias.

Recién concluidas las hostilidades, el general Worth recibió la visita de un cubano, quien le hizo una propuesta a tono con el ambiente belicoso del momento.

Ambrosio José González, abogado y profesor universitario, traía la encomienda de una organización política clandestina llamada Club de La Habana: tres millones de dólares para el prestigioso militar, solicitándole formar y comandar un ejército conjunto de cubanos, estadounidenses sureños, junto a cuanto mercenario se dispusiera a incorporarse a la tropa, con la misión de conquistar la isla mayor del Caribe, anexándola a la Unión americana.

Ambrosio José González (1818-1893)

Asombra la cifra si consideramos el valor de la moneda. Un dólar diario era entonces el salario medio en la costa este del país.

¿Podía ser Cuba una buena tajada isleña para el imperio en formación?

La respuesta había cobrado fuerza entre los políticos de ambos países, generando un polémico debate, cuyas consecuencias se aprecian en la intensa labor de lo que se ha llamado anexionismo por parte de los historiadores. La figura cimera de esta tendencia política fue el militar y político español, nacido en Venezuela y muerto en La Habana, Narciso López.

El ideal anexionista pretendía obtener las libertades propias de la constitución norteamericana, conservando la esclavitud. Mientras encontraba apoyo en los intereses de los estados esclavistas norteamericanos, chocaba con la oposición del norte, a la vez que desafiaba las leyes federales, opuestas a la expansión del oprobioso sistema de explotación humana.

Moviéndose en medio de tales contradicciones, López, González y otros cubanos encontraron el apoyo de notables figuras sureñas, cito al senador Jefferson Davis, el gobernador de Mississippi John A. Quitman, el general Robert E. Lee, junto a numerosos plantadores. La delegación de La Habana visitó la Casa Blanca el 23 de junio de 1848, estrechando la mano del presidente Polk.

Se propuso al ejecutivo la compra de Cuba, negada rotundamente por Madrid, a la vez contraproducente para el gobierno federal, obligado a desestimar acciones favorables a la extensión del sistema esclavista.

Dadas las circunstancias, López, González y demás anexionistas, preconizaron la opción militar. ¿Rechazó el general Worth los tres millones de dólares?

Ni siquiera tuvo tiempo de sopesar calmadamente la oferta. Surgieron un par de inconvenientes en el camino, primero, le trasladaron a Texas, bajo el mando del general Zachary Taylor, quien ocuparía la Casa Blanca al año siguiente. Taylor no simpatizaba con este tipo de aventuras. El segundo inconveniente resultó lapidario. Ciertas enfermedades ahora bajo control, causaban tantas o más muertes que la pólvora durante el siglo XIX.

Sarah Polk bebió un vino amargo el 7 de mayo de 1849, noche inaugural del retrato de Cortés en su casa de Nashville. El correo le trajo la infausta noticia del fallecimiento de William Jenkins Worth, víctima del cólera.

Cuenta John Holtzapple:

Un mes después, James K. Polk también murió de cólera. A lo largo de los cuarenta y dos años de viudez de Sarah Polk, la pintura fue un punto frecuente de sus recuerdos. En una entrevista de 1884, le dijo a un periodista de Nashville: “Considero que la adquisición de Texas, y los resultados posteriores a la guerra con México, es decir, la incorporación de California y Nuevo México al territorio de los Estados Unidos, se cuentan entre los acontecimientos más importantes en la historia de este país.

Como se sabe, el colosal despojo territorial abarcó 2,4 millones de km2, el 30 % del territorio continental continuo de los Estados Unidos, equivalente al 55 % de la extensión de la naciente república mexicana, heredado del antiguo virreinato español llamado Nueva España.

Narciso López y sus seguidores afrontaron la muerte sucesiva de Worth y Polk con nuevas acciones. Una primera expedición partió hacia Cuba en septiembre de 1849, detenida por la intervención de la marina, ordenada por el nuevo presidente Zachary Taylor.

El 19 de mayo de 1850, Ambrosio González acompañó al persistente Narciso López en un segundo intento. Esta vez tomaron la costera ciudad de Cárdenas. El abogado y profesor universitario resultó herido durante el asalto a la casa de gobierno, siendo el primer cubano en derramar su sangre por la libertad, tal y como era entendida en aquellos momentos. (Patria, periódico del exilio en Tampa y Key West, diciembre 31, 1892, págs. 2 y 3. Por Gonzalo de Quesada)

No obstante, desde la capital llegaron refuerzos, superando abrumadoramente a los patriotas. A pesar de la derrota, esta expedición dejó un legado imperecedero: por vez primera se izó en territorio libre del dominio colonial la bandera de la estrella solitaria, nuestro símbolo nacional.

Tanto la bandera como el vigente escudo de nuestro país, fueron creados por colaboradores de la derrotada incursión militar. La estrella significa la unidad indisoluble del estado; el escudo muestra la relevancia geopolítica de Cuba, llave a la entrada del golfo, entre Yucatán y la Florida.

López lo intentaría por tercera vez desde los Estados Unidos. El consabido proverbio de las tres veces se cumplió a favor de España, negándole el éxito al obstinado aventurero anexionista.

Por su parte, Ambrosio González fundó hogar en Carolina del Sur, volviendo a tomar las armas cuando la guerra civil le incitó a combatir, como era de esperarse, del bando Confederado, alcanzando no obstante la errada elección histórica, relevantes méritos en el campo de batalla.

Casi al final de sus 74 años, está documentado que abrazó el independentismo, incorporándose al Partido Revolucionario Cubano, PRC, fundado por José Martí en los Estados Unidos. (Consultar biografía escrita por Antonio Rafael de la Cova, 2003)

Murió en Nueva York el 31 de julio de 1893, donde está enterrado en el cementerio Woodlawn, en el Bronx.

El anexionismo flota aún entre ambas riberas del estrecho de la Florida, cual anhelo desesperado de libertad, camino torcido pero recurrente de un matrimonio mal llevado, siempre intentando la reconciliación.

En cuanto a su figura fundacional, Narciso López es uno de esos casos raros en la historia, de una personalidad cuyos reiterados fracasos no impidieron elevarlo a la categoría de inolvidable.

Aún resuenan sus palabras, momentos antes de ser estrangulado por el garrote el 1ro de septiembre de 1851, en la explanada pública del Castillo de la Punta, a la entrada de la Bahía milagrosa que le dio a Cuba la categoría de llave de Las Américas.

«Mi muerte no cambiará los destinos de Cuba».


[1] https://www.whitehousehistory.org/a-portrait-of-spanish-conquistador-hernan-cortes 

(*) Tomado de Facebook

(**) Periodista independiente cubano. Se formó como profesor de Historia y Pedagogía en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. Ha publicado sus textos en Diario de Cuba, Cibercuba, 14 y Medio, El blog de Montaner, entre otros. Arqueólogo, investigador de la historia y la cultura aborigen, especialmente las pictografías de la isla anteriores a Colón.

Monday, May 18, 2026

“¿YA HABLÓ DON RAFAEL?” Radio y TV en español en los EE. UU. (*)

Por Eduardo Lolo (**)

Se considera que la primera radionovela original de gran éxito fue El derecho de nacer (1948), de Félix B. Caignet (1892-1976) quien definió (y desarrolló) la dramatización radial como “espectáculos para ser vistos con el oído.”

Xiomara Fernández (Graciela del Busto), Carlos Badías (Albertico Limonta)y Minín Bujones (Isabel Cristina) interpretando una escena de El Derecho de Nacer en el estudio de CMQ. La Habana, 1948. Foto aparecida en Bohemia (19 dic. 1948 p. 96)

Como ya he señalado en otras oportunidades, si el español fue la primera lengua europea en hablarse en lo que hoy llamamos Estados Unidos de América y la de uso más extendido hasta el siglo XIX en el vasto territorio de lo que sería esta gran nación, no es de extrañar que los primeros medios de comunicación hayan reflejado esa realidad lingüística. En efecto, los primeros periódicos y revistas editados en Norteamérica fueron en castellano, como antecedentes de esa pertinaz presencia hispana en la toponimia de un país en ciernes que se extendería de un océano a otro.

La metamorfosis de las diminutas trece colonias británicas apretujadas en la costa este hasta convertirse en el coloso independiente que hoy conocemos, hizo que el inglés se convirtiera en el lenguaje de mayor uso en la nueva entidad histórica resultante. No obstante, el español, nunca llegó a desaparecer de estos parajes. Aunque relegado a un segundo plano, publicaciones periódicas y libros se siguieron editando en castellano. Y en el siglo XX dos nuevos medios se encargarían de mantener y hasta extender esa presencia idiomática de la hispanidad en los Estados Unidos: la radio y la televisión. La inestabilidad política y/o económica endémica de la mayoría de las repúblicas latinoamericanas se ha encargado de que nunca falten nuevos hispanohablantes en estas tierras, ávidos por mantener su cultura a través de su mayor exponente: el idioma que le sirve de vehículo e identificación.

Las primeras emisiones radiales en castellano escuchadas en nuestro país aparecieron en la tercera década del siglo XX poco después de sus homólogas en inglés. Y no era de esperarse otra cosa, pues en definitiva los inicios de la transmisión inalámbrica están íntimamente ligados a la hispanidad, ya que los mensajes de radio en España comenzaron, de la mano de Julio Cervera Baviera, tan temprano como en 1902; o sea, mucho antes que en los EE. UU.

Sin embargo, la radio en castellano al norte del Río Bravo no está directamente relacionada con España, sino con México. Comunicadores mexicanos residentes en los estados americanos fronterizos con la nación azteca, conscientes del mercado potencial que representaba la audiencia formada por sus coterráneos viviendo de este lado de la frontera, comenzaron a comprar bloques habituales de transmisión a estaciones de radio anglosajonas en horarios de poca recepción para emitir programas en nuestra habla. También desde ciudades mexicanas próximas al territorio estadounidense tales como Tijuana, algunas emisoras comenzaron a dirigir parte de su programación a los ‘paisanos’, convirtiéndose con toda probabilidad en los primeros ejemplos de transmisiones radiales binacionales en América.

Desafortunadamente, entre 1928 y 1929 se dio un paso hacia atrás en el desarrollo de la radio hispana en los EE.UU. como consecuencia de la puesta en práctica de una política gubernamental antinmigrante conocida como “Operation Wetback” (Operación Espaldas Mojadas) que implementara la deportación de miles de mexicanos. Consecuentemente, muchas estaciones comenzaron a reducir la programación en castellano debido a las presiones de los gobiernos locales, así como por la promulgación de nuevas y más severas regulaciones federales para la radiodifusión.

Habría que esperar hasta los años cuarenta para que la radio en español en la Unión Americana reiniciara su truncado ascenso. A mediados de la década ya emitían programas en nuestro lenguaje 58 emisoras y salió al aire la primera estación en transmitir todo el tiempo en castellano, establecida en San Antonio (TX) por Roaul A. Cortez en 1946.

Roaul A. Cortez (Al centro) y el equipo de trabajo de la emisora KCOR, (c.1940)
 @Wikipedia

Los siguientes decenios presentan un desarrollo vertiginoso de la radio hispanounidense. De unas docenas de estaciones en la década del 50 se asciende a centenares a finales de siglo y a casi mil (contando las retransmisoras) en los inicios del actual. El control financiero y cultural mexicano sigue siendo preponderante, como corresponde a la proporción demográfica de dicha nacionalidad en la población hispana general de los EE.UU. Otros conglomerados menos numerosos han logrado abrirse paso en la industria, como los cubanos exiliados, quienes extendieron a este país la popularidad de las novelas radiofónicas y televisivas que previamente la radiodifusión habanera pre-castrista había exportado con gran éxito a toda Latinoamérica, convertidas en su desarrollo en un componente de suma importancia de la cultura hispanoamericana.

Estas célebres dramatizaciones tienen sus más remotas raíces en las ediciones de novelas impresas por entregas (denominadas “folletines”) tan populares en España y sus colonias durante el siglo XIX. Las radionovelas nacieron de sus narraciones adaptadas al nuevo medio fónico que, dado el inesperado éxito alcanzado, ampliaron sus ofertas en calidad con la adaptación radial de obras famosas de la literatura universal. Al poco tiempo, como consecuencia del veloz crecimiento en popularidad de dichos programas dramáticos, se empezarían a escribir historias originales directamente escritas para la radio, con libretos que no estaban fundados en narraciones publicadas con anterioridad en forma de libros o folletos. 

Se considera que la primera radionovela original de gran éxito fue El derecho de nacer (1948), de Félix B. Caignet (1892-1976) quien definió (y desarrolló) la dramatización radial como “espectáculos para ser vistos con el oído.” La referida obra estuvo en el aire en la radio cubana por un año (tiene 314 capítulos, originalmente transmitidos en vivo de lunes a sábado) y fue llevada posteriormente a otras zonas de la hispanidad con igual acogida del público, habiendo sido adaptada hasta el momento dos veces al cine y en múltiples ocasiones a la TV, al menos en un caso con hasta 600 capítulos.

Dicha novela narra las vicisitudes de una madre soltera de la alta clase social que, a pesar de todas las presiones, se resiste a abortar a su hijo, a quien no quiere le violen el derecho de nacer. El abuelo de la criatura (Don Rafael del Junco) hasta orquesta el asesinato del recién nacido, pero el encargado del infanticidio no se atreve a ejecutarlo y permite que una nana negra huya con la criatura, informando al malvado abuelo que los había matado a los dos. Con el tiempo, el niño se convierte en un galeno que salva la vida de su abuelo sin que ninguno de los dos supiera del parentesco. Contarles cómo se llega al final feliz luego de una tan escabrosa como complicada trama nos llevaría casi tanto tiempo como estuvo la obra en el aire.

Hay una anécdota de la extensa novela que parece algo así como un elemento precursor del realismo mágico: el actor que hacía el papel del cruel abuelo pidió aumento de sueldo y amenazó con abandonar el programa si no se le otorgaba. El dueño de la emisora se resistió a su demanda y ordenó al autor eliminar el personaje de la historia. Como esto era imposible desde el punto de vista dramatúrgico, Caignet ideó el subterfugio de que Don Rafael sufriera un derrame cerebral que le impidiera el habla. De vez en cuando se oían ininteligibles sonidos guturales como si éste intentara decir algo, balbuceos que hacía cualquiera de los otros actores presentes en el estudio, no pocas veces el propio ingenioso autor de la exitosa narración. De ahí que aquellos expectantes oyentes que se perdían alguno de los capítulos lo primero que preguntasen a quien lo hubiera oído era: “¿Ya habló Don Rafael?”, pues el desenlace de la trama dependía de una información que solamente él (y los millones de radioescuchas) conocían. La importancia de El derecho de nacer ha sido tal que el libreto original (o sus variantes tanto radiales como televisivas), se continúa emitiendo exitosamente con asombrosa periodicidad en diferentes naciones de habla castellana a pesar del tiempo transcurrido desde su estreno. Ninguna otra radionovela o telenovela anterior o posterior a la ópera prima de Caignet ha superado su éxito permanente. No resulta una sorpresa que en una encuesta hecha entre los televidentes por la agencia Associated Press en el año 2008 El derecho de nacer quedara catalogada como la novela más influyente en la radio y televisión en español de todos los tiempos.

Las especializaciones temáticas de las emisoras radiales hispanas en los EE.UU. son tan disímiles como las potencias de sus transmisores: de una programación eminentemente musical de carácter étnico o general, a otras de puro texto de opinión, educativo o adoctrinador. En la mayoría de los casos comunicadores carismáticos se encargan de mantener un contacto directo con la comunidad que los hace parte o voceros de la misma. Puede decirse que un oscuro gueto se convierte en pujante comunidad sólo cuando tiene su propia emisora de radio que lo extienda cabalgando Hertzios más allá de sus fronteras, aun cuando el dueño sea un ‘gringo’ que no habla una palabra en nuestro idioma o pertenezca a una corporación asentada en una lejana ciudad desconocida por los escuchas: el coterráneo hablando su lengua, con su acento y los modismos traídos del distante terruño añorado, es la única personalidad reconocida por los radioyentes; él ‘es’ la estación radial. Hasta exitosos consorcios anglosajones, conscientes de la creciente importancia demográfica de los hispanos en los Estados Unidos, han entrado en el mercado de la radiodifusión en español: CNN y ESPN sirven de ejemplos.

Un hecho curioso resulta ser la extensión del nombre de algunas emisoras más allá de las frías identificaciones oficiales. Supongo que dicha añadidura tenga su origen en un lema que sirviera originalmente para anunciar el contenido general de la programación diseñada o la radio audiencia en especial a la que estaba dirigida. Algunas de dichas adiciones resultan del todo lógicas; por ejemplo: “Amor” y “Recuerdo”, seleccionadas para nombrar una estación especializada en música romántica y otra en éxitos del ayer, respectivamente. O “La Campesina” y “Radio Fe de Excelencia”, la primera para identificar una emisora dedicada a oyentes rurales y la segunda a radioescuchas religiosos. Otras hacen un extravagante uso de la letra k con que se inician la mayoría de las denominaciones oficiales al oeste del río Mississippi: “La Kalle” y “La Konsentida” ilustran este grupo. Algunos de esos nombres nuevos resultan algo crípticos: “La Gran D” y “La Super Z” sirven de muestras. Y hasta los hay que parecen ser sugestivamente polivalentes: “La Qué Buena”, “La Bronca”, “La Caliente”, “La Mega”. El tema bien que podría servir para la confección de un artículo costumbrista que, como ya ofrecí en otra ocasión, dejo en las manos de cualquier interesado.

A la radio hispana en nuestra república le siguió la televisión. A principios de su desarrollo comercial a finales de la quinta década del siglo XX no se le prestó mucha atención al público hispanounidense en los EE.UU., posiblemente por considerarse que, en general, sus integrantes no contaban con los recursos financieros necesarios para la adquisición de un televisor, tenido como poco menos que un costoso artículo de lujo en los primeros años del medio. Luego, con la disminución del precio de los receptores y el sustancial aumento de la colonia hispana en múltiples estados, se comenzó a tomar en cuenta, paulatinamente, a ese preterido segmento de la población estadounidense.

En un inicio, como sucedió con la radio, se trataba de espacios alquilados a canales anglosajones durante horarios de poca teleaudiencia. Pero no pasó mucho tiempo para que se fundaran estaciones televisivas hispanas en los EE.UU. San Antonio, que fuera la primera ciudad en tener una emisora de radio completamente en español, repetiría su condición de primada de los medios de difusión hispanos en los Estados Unidos al inaugurar el primer canal de televisión de programación total en castellano en 1961. Un año después le seguiría Los Ángeles, a la que se unirían con posterioridad Nueva York y Miami.

De canales individuales se pasaría a corporaciones nacionales como las cadenas Univisión y Telemundo, las que prácticamente controlan en la actualidad la industria televisiva estadounidense en nuestro lenguaje. Conglomerados como Azteca América y Estrella TV, han logrado sobrevivir en el aire, aunque muy lejos de poder competir con las dos cadenas punteras citadas. Completan la nómina pequeñas estaciones locales como Américatevé en Miami que, sin poder pugnar con los grandes consorcios mencionados, tratan de cubrir necesidades específicas de sus comunidades con programaciones contentivas de un sabor local que no logran brindar las cadenas nacionales por la propia vasta extensión de sus objetivos.

Univisión basa sus ofertas fundamentales en programas grabados en México gracias a sus nexos con Televisa, mientras que Telemundo se inclina más a la programación de factura nacional y suramericana. Por consiguiente, Univisión está dirigida, esencialmente, a la teleaudiencia mexicana, al tiempo que Telemundo pone sus miras, básicamente, en el público puertorriqueño, cubano y centro y suramericano. Telemundo fue adquirida por el gigante de la televisión anglosajona National Broadcasting Company (NBC) en el 2001 y Univisión ampliaría su imperio a la radio con la adquisición en el 2003 de la Hispanic Broadcasting Corporation (HBC), la más significativa corporación de emisoras de radio en castellano de ese tiempo. Finalmente, Univisión Communications, Inc. sería vendida a Broadcasting Media Partners en el 2007.

Todas ellas tienen como productos básicos las telenovelas. La nueva versión del lejano “folletín” peninsular decimonónico tendría un gran desarrollo, a partir de la evolución cubana de su raíz, en otros países del continente tales como México, Venezuela y ‒en menor medida‒ Colombia, desde donde sus producciones se importan a las demás naciones hispanoamericanas y a los Estados Unidos. Dicha modalidad dramática ha logrado imponerse tan marcadamente en la preferencia del público televidente hispanounidense que hasta ha dado pie a importantes obras realizadas en nuestra nación, muy en especial en Miami. También ha trascendido las fronteras lingüísticas, con doblajes y versiones en más de una docena de idiomas y una destacada elaboración brasileña y turca (que a su vez se doblan al castellano), así como un reciente proceso de expansión en progreso a la TV anglosajona, con piezas grabadas directamente en inglés. Luego del surgimiento del Modernismo Hispanoamericano (el primer movimiento literario en castellano nacido fuera de España) y más expansivo todavía (si bien sólo de difusión audiovisual), la telenovela, a pesar de ser despreciada por muchos académicos que la catalogan como sub-literatura por su cepa comercial, está quedando como el aporte hispano por antonomasia a la cultura universal desde la segunda mitad del siglo XX hasta inicios del actual.

Las telenovelas desarrollan, fundamentalmente, tramas simples que tienen como argumento primario una historia de amor que debe vencer un sinnúmero de obstáculos (con especial hincapié en las diferencias entre clases sociales) para llegar al final feliz que todos esperan y conocen de antemano. El nivel artístico-literario, en sentido general, era mediocre en sus inicios, pues tal parecía que se producían en serie, como en una fábrica de autos o refrigeradores: todas casi iguales, y de ahí el despectivo calificativo de “culebrones” que se les endilgara. Pese a esa pobre factura inicial, nada impidió ganar teleaudiencia como una secuela plural de mal cosida hechura del colosal éxito de El derecho de nacer desde su primera entrega en 1948 como obra radiofónica y sus notables prontas versiones televisivas y fílmicas.

Más recientemente la telenovela, además de distribuir ríos de lágrimas a domicilio, ha incorporado a su oferta mercantil riachuelos de risas y sonrisas, (como en Betty la fea, creación colombiana de 1999 escrita originalmente por Fernando Gaitán en nuestro idioma y célebre, incluso, en su adaptación anglosajona) y arroyos históricos e ideológicos como la española Amar en tiempos revueltos (2005-2012) de Josep María Benet i Jornet, basada en la catalana Temps de silenci, de 52 capítulos que terminaron en 2002. Es decir, que la hija de la sosa novelita rosa, por una sorpresiva evolución artística en su adultez y sin menoscabo de su tradicional provocación de sollozos romanticoides, ha añadido –gracias a la radio y la televisión modernas– lo mismo humor que conocimientos. De ahí la necesidad de un análisis profesional que trate de dilucidar el fenómeno de la telenovela tanto desde el punto de vista cultural como social. Es más, considero que sería interesante investigar cómo andan las cosas en otras culturas, tratando de identificar, por ejemplo, qué relación pudiera existir entre la telenovela y la “soap opera” norteamericana: sus diferencias, similitudes, posibles influencias, tendencias actuales, etc

Por otra parte, a principios de este siglo un nuevo medio de difusión se ha sumado a la radio y la televisión tradicional: las plataformas de transmisión por cable (streaming, en inglés), alimentadas, esencialmente, por las llamadas series y evolucionadas de simples arroyos a caudalosos ríos. En español han alcanzado notoriedad internacional obras tales como El ministerio del tiempo (2015) de Jaime de Armiñán, y La casa de papel (2017) de Alex Pina adaptadas, incluso, a otras culturas tales como a la inglesa la primera y a la coreana la segunda. Se diferencian de sus homólogas en inglés que las precedieron en que el componente romántico fundamental de las telenovelas, sin llegar a ser el más importante de los argumentos en las series hispanas, es más que un substrato; antes bien, forman segundas tramas paralelas no muy alejadas (y complementando) las principales. Por lo anterior, ¿podrían considerarse las series españolas como un peldaño superior en el desarrollo de las telenovelas?

Dejo a futuros investigadores del tema de la telenovela esbozados en los dos párrafos anteriores a manera de una tentadora puerta abierta para los que quieran y se atrevan traspasar su umbral.

Esmeralda, de Delia Fiallo. Venevisión 1970.
Esmeralda: Lupita Ferrer. Juan Pablo: José Bardina

Un caso sumamente excepcional en la historia de las narraciones radiofónicas y televisivas es el de Delia Fiallo (1924-2021). Su dominio del libreto radial y el guion de televisión, la calidad artística de su ficción, su prolificidad, y la resultante popularidad mundial de sus creaciones, la hicieron la escritora más famosa del orbe en el campo dramático que venimos tratando desde los párrafos anteriores. En ello puede haber sido determinante el haber desarrollado y perfeccionado su vocación literaria con una sólida formación académica en la Universidad de La Habana (una de las más importantes de Hispanoamérica hasta la primera mitad del siglo XX), donde obtuvo un doctorado en filosofía y letras en 1948. Su primera incursión en la literatura fue en narrativa breve en edición impresa, habiendo recibido en ese mismo año el entonces importante galardón Premio Internacional de Cuentos Hernández Catá. Casi de inmediato pasó a la novela radial, en cuyo subgénero escribió una docena de exitosas historias. Con el advenimiento de la televisión, Delia Fiallo cambió de medio y escribió más de 20 telenovelas no menos notables, la mayoría de ellas creadas fuera de su país natal al salir al Exilio en 1966 ‒una vez implantado el Totalitarismo en Cuba‒ por sus ideales democráticos anticomunistas. Entre sus melodramas más destacados basta mencionar Leonela, Topacio, Lucecita, Esmeralda, y Cristal, esta última su entrega postrera, que data de 1985. Sus obras se han transmitido en más de 180 países y decenas de versiones de sus historias continúan repitiendo los éxitos de las originales. Por todo lo anterior, se le considera la Madre de las Telenovelas y la Mejor Embajadora del Español en el Mundo de su tiempo.

Delia Fiallo (1924-2021)

El arribo de la televisión por cable hizo que el ciclo se repitiera: la compra de espacios en horarios de poca teleaudiencia, o la adquisición gratuita de segmentos dentro de canales de propiedad municipal, han permitido una pluralidad de ofertas en castellano en la nueva era televisiva que van del deporte a la religión, pasando por variantes culturales disímiles, la política, intereses gremiales o comunales, etc. Coincidentemente, algunos canales y empresas anglosajonas de temáticas específicas están intentando llegar al televidente hispano con ediciones de sus programas dobladas al castellano o personal hablando nuestro idioma. Entre ellos cabe destacar CNN, ESPN, History Channel, Discovery Channel y el conglomerado cultural no comercial Public Broadcasting System (PBS), el cual ya tiene su versión en español: VeMe. Todos están tratando de repetir con el público hispanounidense los éxitos alcanzados con el de habla inglesa; tendencia que es de suponer se incremente en el futuro a medida que nuestro peso demográfico sea mayor.

Muchas de las emisoras de TV son repetidoras de la programación general de las cadenas nacionales, aunque aquellas asentadas en zonas de mayor población hispana tienen sus propios estudios de producción encargados de la realización de programas locales (básicamente noticiosos) que alternan con los de carácter nacional. Otras carecen de estudios particulares, como por ejemplo UniMás, cuya programación esencial se basa en la transmisión de películas anglosajonas dobladas a nuestra lengua, antiguas series humorísticas, viejas telenovelas, así como eventos deportivos.

Las emisoras de radio, por el contrario, tienen sus propios estudios aun cuando formen parte de cadenas nacionales tales como Univisión Radio y la Spanish Broadcasting System. Ello se debe al hecho de que la radio sigue manteniendo su condición prístina de medio de comunicación local, respondiendo a las necesidades y preocupaciones concretas de las comunidades en que están ubicadas las emisoras. Los radioyentes se identifican con las personalidades de los comunicadores que ‘sienten’ cercanos, en una repetición (o continuación) del antiguo caso de Pedro González. La televisión, a pesar de su popularidad, no ha podido alcanzar nunca esa relación tan íntima con el público que la radio logró hace casi un siglo y ha sabido mantener hasta el presente.

El siglo XXI abriría con nuevos retos tales como la pujante presencia ambivalente de las redes cibernéticas, así como el deterioro de las formas tradicionales del español por efecto de la influencia del inglés o la lejanía de las nuevas comunidades de inmigrantes hispanos de sus zonas de origen. A ellas se uniría la marcada pérdida lingüística de la segunda y tercera generación de hispanos nacidos en los EE. UU. y, en el último decenio, la disminución del flujo migratorio como resultado de las deportaciones masivas y las trabas a la inmigración.

En un intento por paliar los mencionados efectos negativos y estar a la altura de los tiempos, tanto las grandes cadenas nacionales de radio y televisión como las compañías de menor importancia, han creado cibersitios que promocionan o complementan sus ofertas. En algunos de ellos es posible escuchar y/o ver la programación en vivo original o los programas ya emitidos. Sus secciones de noticias, por sus periódicas actualizaciones diarias, hasta compiten con las publicaciones noticiosas de difusión tradicional en la Internet. Con todo, todavía está por ver si tal extensión cibernética resulte, a la postre, beneficiosa o inconveniente, asfixia o aliento para los medios hispanos en los Estados Unidos.

No obstante los aspectos perjudiciales o irresolutos señalados, no vislumbro una crisis en la radio y la TV en español como la que sufrió la primera a finales de los años veinte del siglo pasado. Teniendo en cuenta el constante ‒si bien actualmente disminuido‒ aumento de la población hispana en los EE. UU., es de esperarse que los medios no impresos de difusión en castellano continúen su ascenso cuantitativo en este país. Estados donde los hispanos eran casi inexistentes hace 20 años, en la actualidad presentan pujantes colonias de nuevos inmigrantes, cuyos miembros están ansiosos por oír su idioma en el radio o ver en el televisor los rostros de sus actores y actrices preferidos con quienes llorar o reír luego de la casi siempre fatigante jornada laboral. Pues es el caso que gracias a la magia de la radio y la televisión en español, el sol enceguecedor de México, Puerto Rico o los llanos venezolanos, bien que puede caldear las montañas nevadas de Utah.

Y sí, finalmente, Don Rafael habló. Incluso en todos (o casi todos) los estados de la Unión Americana. Gracias al derecho de nacer de la radio y la televisión hispanounidenses.

(*) Ponencia presentada por el autor en el II Congreso de la Academia Norteamericana de la Lengua Española [ANLE], celebrado en la Biblioteca del Congreso de los EE. UU. en Washington, DC, en octubre de 2018.

Bibliografía

Albarran, Alan B. & Brian Hutton.  A History of Spanish Language Radio in the United States.  Denton, TX: The Center of Spanish Language Media. The University of North Texas, 2009.

Álvarez, Valentina. (2007). Lágrimas a Pedido: Así se escribe una Telenovela. Caracas: Alfa, 2007.

Cabrujas, José. Ignacio. (2002). Y Latinoamérica inventó la telenovela. Caracas: Alfadil, 2002.

Castañeda Paredes, Mari. “The Transformation of Spanish-Language Radio in the U.S.”. Journal of Radio Studies 10(1) 2003: 5-16.

Connor, Olga. “La televisión.” Enciclopedia del español en los Estados Unidos. Humberto López Morales, coordinador. España: Santillana, 2009. Págs. 497-504.

Guerra, Ibrahim. Telenovela y consumo comercial en América Latina: Desde 'El Derecho de Nacer' hasta 'Betty La Fea'. Caracas: Comala.com Edición X demanda, 2001.

González Tosat, Clara. “Cibermedios hispanos en los Estados Unidos”. Informes del Observatorio/Observatorio Reports. Cambridge, MA: Instituto Cervantes at Harvard University, 2015.

---. “La radio en español en los Estados Unidos”. Informes del Observatorio / Observatorio Reports.  Cambridge, MA: Instituto Cervantes at FAS - Harvard University, 2017.

Gutiérrez, Félix. “The Increase in Spanish-language Media in California from 1970 to 1975: An Index of the Growing Use of Spanish.”  International Journal of the Sociology of Language 53 (1985): 115-125.

--- & J.R. Schement.  Spanish-language Radio in the Southwestern United States.  Austin, TX: Center for Mexican American Studies. University of Texas, 1979.

Lolo, Eduardo, editor y compilador. Para leerte mejor: publicaciones en español en los Estados Unidos (2000-2012). New York: Academia Norteamericana de la Lengua Española, 2013.

Mato, Daniel. “Miami in the transnationalization of the telenovela industry: On territoriality and globalization”. Journal of Latin American Cultural Studies 11-2 (2002): 195-212.

Merayo-Pérez, Arturo, coordinador. La radio en Iberoamérica. Evolución, diagnóstico y prospectiva. Sevilla y Zamora: Comunicación Social Ediciones y Publicaciones, 2007.

Miranda, Marcos, y Elinet Medina. “La radio hispana en los Estados Unidos.” Enciclopedia del español en los Estados Unidos. Humberto López Morales, coordinador. España: Santillana, 2009. Págs. 482-496.

Retis, Jessica y Ángel Badillo. ‘Los latinos y las industrias culturales en español en los Estados Unido”. Documento de trabajo 1 (2015). Madrid: Real Instituto Elcano, 2015.

Rodríguez, América. “Creating and Audience and Remapping a Nation: A Brief History of US Spanish Language Broadcasting 1930-1980.”  Quarterly Review of Film and Video 16.3 (1997): 357-374.

Verón, E., & Lucrecia Escudero Chauvel, eds.  Telenovela: Ficción popular y mutaciones culturales.Barcelona:Gedisa,1997.

Villasmil, Elvira. “El romance nunca muere: Delia Fiallo.” Panorama, 16 de agosto de 2017.

https://web.archive.org/web/20170816194431/http://www.panorama.com.ve/espectaculos/El-viejo-romance-nunca-muere-Delia-Fiallo-a-PANORAMA--Audio-20160110-0055.html

(*) Tomado de Lolo, Eduardo. El Asesinato de la Historia o Crimen en el Occidente Express. Con otras reflexiones en busca del tiempo aún no perdido. Nueva York: Editorial de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, 2024. Págs. 163-182. Para más información, pulse el siguiente enlace: B0D8PHZL4C

(**) Catedrático de Lengua Española y Literatura Hispánica en el Kingsborough Community College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, donde también es coordinador de área en el Departamento de Lenguas Extranjeras.Entre sus publicaciones, destacan Las trampas del tiempo y sus memorias (1991); Mar de espuma. Martí y la literatura infantil (1995); Un huésped no invitado. La voz tangencial del indio en la literatura hispana (2001); Después del rayo y del fuego. Acerca de José Martí (2003); Platero y nosotros: estudio crítico (2007); Lo que quede de aldea. Más sobre José Martí (2011), y el compendio bibliográfico Para leerte mejor. Publicaciones en español en los Estados Unidos (2000-2012), editado en el 2013. 

Thursday, May 14, 2026

LA HISTORIA DE CUBA QUE EL CASTRISMO HA QUERIDO SEPULTAR

Por Antonio Gómez Sotolongo

Ramón Blanco Erenas (1833-1906)

Hoy, que algunos cubanos debatimos la posibilidad de una intervención de los Estados Unidos en Cuba, es una bocanada de aire fresco releer las ideas que algunos de nuestros próceres tuvieron al respecto, cuando las circunstancias fueron las mismas.

A continuación comparto las

Cartas cruzadas entre los generales Ramón Blanco (Capitán General de Cuba) y Máximo Gómez (Jefe del Ejército Libertador cubano), con motivo de la proposición del primero, enérgicamente rechazada por el segundo, solicitando una alianza del Ejército Cubano con el Español para luchar juntos contra el Ejército norteamericano.

General Máximo Gómez,

General en Jefe de las Fuerzas Revolucionarias.

Señor:

Con la sinceridad que siempre ha caracterizado todos mis actos, me dirijo a Ud., no dudando por un momento que su clara inteligencia y nobles sentimientos, los que como enemigo honrado reconózcole, harán acoger mi carta favorablemente. No puede ocultarse a Ud. que el problema cubano ha cambiado radicalmente; españoles y cubanos nos encontramos ahora de frente a un extranjero de distinta raza, de tendencia naturalmente absorbente y cuyas intenciones no son solamente privar a España de su bandera del suelo cubano, sino también exterminar al pueblo cubano[1], por razón de su sangre española.

El bloqueo de los puertos de la Isla no tiene otro objeto.

No sólo es dañoso a los españoles, sino que afecta también a los cubanos, completando la "obra de exterminio comenzada en nuestra guerra civil”.

Ha llegado por lo tanto el momento supremo, en que olvidemos nuestras pasadas diferencias y que unidos cubanos y españoles para nuestra propia defensa, rechacemos al invasor.

España no olvidará la noble ayuda de sus hijos de Cuba, y una vez rechazado el enemigo de la Isla, ella, como madre cariñosa, abrirá sus brazos a otra nueva hija de las naciones del Nuevo Mundo: que habla su lengua, profesa su religión y siente correr por sus venas la noble sangre española.

General, por estas razones propongo a Ud. una alianza de ambos ejércitos en la ciudad de Santa Clara.

Los cubanos recibirán las armas del Ejército Español y al grito de: "Viva España! y ¡Viva Cuba! rechazaremos al invasor y libraremos de un yugo extranjero a los descendientes de un mismo pueblo.

Su afectísimo servidor,

Ramón Blanco.

............................................................

Máximo Gómez (1836-1905)

General Don Ramón Blanco,

General en Jefe del Ejército español en Cuba.

Señor:

Me asombra su atrevimiento, al proponerme nuevamente términos de paz, cuando Ud. sabe que cubanos y españoles jamás pueden vivir en paz en el suelo de Cuba. Ud. representa en este Continente una Monarquía vieja y desacreditada y nosotros combatimos por un principio americano: el mismo de Bolívar y Washington.

Ud. dice que pertenecemos a una misma raza y me invita a luchar contra un invasor extranjero; pero Ud. se equivoca otra vez, porque no hay diferencia de sangre ni de razas.

Yo sólo creo en una raza: la Humanidad; y para mí no hay sino naciones buenas y malas; España habiendo sido hasta aquí mala, y cumpliendo los Estados Unidos, hacia Cuba, un deber de humanidad y civilización, en estos momentos. Desde el atezado indio salvaje, hasta el más refinado rubio inglés, un hombre es para mí, digno de respeto, según su honradez y sentimientos, cualquiera sea la raza a que pertenezca o la religión que profese.

Así son para mí las naciones, y hasta el presente sólo he tenido motivos de admiración hacia los Estados Unidos.

He escrito al Presidente McKinley y al General Miles, dándoles las gracias por la intervención americana en Cuba[2].

No veo el peligro de nuestro exterminio por los Estados Unidos, a que Ud. se refiere en su carta. Si así fuese: “la Historia los juzgará".

Por el presente sólo tengo que repetirle que es muy tarde para una inteligencia entre su ejército y el mío.

Su atento servidor,

Máximo Gómez.

[Nota: Esta carta lleva fecha 20 de Abril de 1898]

Tomado de Cronología Crítica de la Guerra Hispano-Cubanoamericana, por Felipe Martínez Arango [En línea] [Fecha de consulta 12 de may 2026] Disponible en: 

https://repositoriodigital.ohc.cu/download/files/original/3dc9c7deb35f03eb5769f0278c0345d165d050c6.pdf


[1] Nótese la coincidencia de los argumentos del General Blanco con los utilizados por el castrismo durante más de seis décadas, con la intención de atemorizar a los cubanos y denostar a los gobiernos de los Estados Unidos.

[2] En 1897 Gómez había enviado una carta a Grover Cleveland, entonces presidente de los Estados Unidos, sugiriéndole la intervención en Cuba. Disponible en: https://blogacademiaahce.blogspot.com/2026/02/carta-de-maximo-gomez-sugiriendo-la.html