Cristóbal Garau Rodríguez
El diseño del Pabellón de la República de Cuba estuvo a cargo del prestigioso arquitecto Evelio Govantes y Fuertes y del talentoso escultor Félix Cabarrocas y Ayala.

El Venerable Félix Varela y Morales, el principal
fundador de la identidad cubana, en su obra Elenco de 1816, escribió que
“[u]n magnífico edificio nunca pudo provenir de la aglomeración desarreglada de
diversos materiales…”
Viajemos, pues, desde el río Almendares en La Habana
hasta el río Guadalquivir en Sevilla, para visitar una obra de gran mérito de
la arquitectura cubana, poco conocida, por haber sido ejecutada en el
extranjero y olvidada con el paso del tiempo, si bien, parte de ella perdura
hasta hoy.
En los años de 1929 a 1930, el Reino de España
presentó, simultáneamente, dos exhibiciones internacionales, en plena crisis
económica mundial, algo bastante insólito: la Exposición Internacional de
Barcelona y la Exposición Iberoamericana de Sevilla, a la que este artículo se
refiere y más preciso aún, al Pabellón de la República de Cuba en ésta última.
La que fuera en otros tiempos la rica ciudad de Sevilla entró en el siglo XX con una estructura atrasada, sin apenas desarrollo industrial y un desarrollo urbanístico insuficiente. Para tratar de contrarrestar estas deficiencias, se celebró la “Exposición de Productos Sevillanos e Industrias Agrícolas, Vinícolas y Mineras” en 1905. Esta dio paso a la celebración de la “Fiesta de España en Sevilla” en 1908, de la que surgió la idea de la exposición iberoamericana, impulsada por la necesidad que la sociedad española de su época sentía por estrechar lazos con la América hispana. En 1914, don Federico de Amores y Ayala, conde de Urbina, se encargó de la organización, pero el proceso se dilató hasta 1925, cuando se acordó el nombre de “Exposición Iberoamericana”.
El estilo de la arquitectura expuesta en la
exposición se ciñó dentro del movimiento regionalista, una corriente procedente
del eclecticismo del siglo XIX. Los países tuvieron dos alternativas, encargar
el pabellón a un arquitecto propio o al comité organizador. Las naciones de
Argentina, Cuba, Chile, México, Perú, Portugal y Uruguay eligieron la primera
alternativa, mientras que las naciones de Colombia y Guatemala eligieron la
segunda. Esta interesante mezcla dio por resultado verdaderos referentes de arquitectura
neocolonial como los pabellones de Argentina y Uruguay; de arquitectura
neoindigenista como los pabellones de México y Perú y alguna que otra
arquitectura de vanguardia como el pabellón de Chile, de estilo Decó.

España cursó al gobierno cubano la primera
invitación en 1911 pero recibió una respuesta evasiva, dado la cierta
inestabilidad política en la isla causada por la segunda intervención
estadounidense y el corto plazo desde la instauración de la república. Cuba, al
fin, aceptó participar en 1926, primero con un edificio provisional, y después,
con uno permanente y otro provisional. El 22 de diciembre de 1927, el gobierno
cubano promulgó una ley que asignó 50,000 pesos cubanos (equivalente hoy a
$710,000 dólares) para cubrir los gastos de su participación y, en 1928, amplió
la cantidad a 160,000 pesos cubanos (equivalente hoy a $2,307,200 dólares). El
comité organizador, por su parte, ofreció un terreno de 7,000 m2:
2,000 m2 para edificar y 5,000 m2 para jardines con
plantas tropicales, situado en la Avenida de la Reina Victoria, haciéndose la
entrega oficial de la parcela el 9 de junio de 1928, en acto solemne, al
embajador de Cuba en España, el Sr. Mario García Kohly. Por invitación de Don
Nicolás Díaz Molero, alcalde de Sevilla, el coronel Enrique Quiñones Rojas,
comisionado general del gobierno de Cuba para la Exposición y el capitán Julián
Martínez Castells, comisionado técnico y substituto del comisionado general,
hicieron la presentación oficial del anteproyecto. La decoración artística del
decorado fue confiada a José Hurtado de Mendoza.
El diseño del Pabellón de la República de Cuba
estuvo a cargo del prestigioso arquitecto Evelio Govantes y Fuertes y del
talentoso escultor Félix Cabarrocas y Ayala y el proyecto de construcción fue
realizado por miembros del ejército cubano al mando de los ingenieros militares
Luis Hernández Savio y Alfonso González del Real, terminándose las obras el 24
de abril de 1929.
Evelio Govantes y Fuertes fue un arquitecto e ingeniero civil cubano, nacido en La Habana, Cuba, en 1886 y fallecido en la Florida,
EE. UU., en 1981. Cursó estudios de arquitectura e ingeniería en la Universidad
de La Habana, graduándose de Ingeniería Civil y Arquitectura en 1907. Fue miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras
de Cuba, presidente de la Comisión de Historia, Ornato y Urbanismo de La
Habana, secretario de la Junta de Inspección de la Universidad de La Habana y
miembro de la Comisión de Arqueología, Urbanismo y Monumentos.
Por su participación en
importantes proyectos en Cuba, fue designado Director de Obras Públicas
Municipales de 1913 a 1925 y, con posterioridad, fue nombrado Jefe de Fomento
Municipal en La Habana. En este cargo, diseñó un plan de obras públicas de gran
impacto que incluyó, por vez primera, la restauración de edificios públicos
erigidos, durante la colonia, en la Plaza de Armas, como el Templete en la
calle Baratillo #1, el Palacio del Segundo Cabo en la calle O’Reilly #4 y el
Palacio de los Capitanes Generales en la calle Tacón #4. Por su iniciativa, la
Plaza de Armas y la Catedral de la Virgen María de la Concepción Inmaculada de La Habana en la calle Empedrado #158 (Plaza
de la Catedral) fueron declaradas Monumento Nacional; se eliminó el tendido
eléctrico aéreo en la zona histórica de la ciudad para ser sustituido por el
cableado soterrado, y se promovió la idea de devolver a las calles de La Habana
los nombres coloniales que pervivían en la memoria y uso de sus habitantes. Además,
recomendó enfáticamente a la escuela de ingenieros y arquitectos de la
Universidad de La Habana que estudiaran los edificios “genuinamente cubanos’
para la creación de un estilo nacional.

Félix Cabarrocas y Ayala
fue un escultor y dibujante cubano, nacido en Santa Clara, Cuba, en 1887 y
fallecido en La Habana, Cuba, en 1961. Cursó estudios en la Facultad de Letras
y Ciencias, Escuela de Letras y Filosofía, de la Universidad de La Habana, graduándose,
con premio en Dibujo Lineal y Natural, en 1910. También fue miembro de Mérito de Escultura de la Academia Nacional de Artes y Letras de Cuba. Fue jefe del Departamento de Urbanismo del
Ayuntamiento de La Habana en 1925. Siempre tuvo un extremo cuidado ético en nunca presentarse y firmar como
arquitecto ningún plano o publicación y rechazó, por no creer merecerlo, el
título Honoris Causa que la Universidad de La Habana le propuso.
Proyectó, en solitario, la
sede de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana en 1921. En
1917, reinició el proyecto del Capitolio Nacional de Cuba, situado en las
calles Paseo del Prado, Dragones, San José e Industrias, con Mario Romañach,
padre, cuyo primer diseño fue realizado en 1910 por los arquitectos Eugenio
Rayneri Sorrentino y su
hijo, Eugenio Rayneri Piedra, con una nueva versión de cambios sustanciales, como
la escalera y el pórtico monumentales, terminados en lo alto con cúpula y
la adición de los hemiciclos en los extremos. Entre sus obras escultóricas se encuentran: las Cariátides, piedra (con
colaboración de Evelio Govantes), que sustentan la logia superior de una logia
doble, en el edificio de la sociedad Unión Club, en la avenida Malecón #17, en
1924; la capilla de Nicolás Rivero y Muñiz, Conde del Rivero, director del
Diario de la Marina, en la Necrópolis de Colón, con la única escultura
yaciente de un templario franciscano, en
1925 y el Monumento a las
Víctimas de la explosión del acorazado Maine (las dos últimas, con colaboración
de Moisés de Huerta) en la avenida Malecón y calle Línea, en El Vedado, en
1925. Un proyecto poco divulgado, de la década de 1920, fue una edificación
llamada Edificio Corporativo, en el Paseo del Prado de La Habana, que nunca se
construyó, pero que fue un adelanto de lo que mucho más tarde conoceríamos como
edificio de propiedad horizontal (condominio) y que ofrecía toda una
infraestructura para resolver las necesidades de los residentes.
El 1 de mayo de 1961, como
un capricho del destino, el cortejo fúnebre que conducía hacia la Necrópolis de
Colón sus restos mortales, fallecido dos días antes, se detuvo frente al
Monumento a las Víctimas del acorazado Maine, cuando se procedía a la eliminación,
por parte del gobierno comunista, del águila de bronce que lo remataba.
En las primeras décadas del siglo XX tuvo lugar en
Cuba un proceso de renovación arquitectónica antes de iniciarse el Movimiento
Moderno, que partiendo del eclecticismo desembocó en el estilo neocolonial,
tendencia precursora de la búsqueda de una arquitectura nacional. Dicho sea de paso, todo esto se realizó sin
tener que endilgarles una guayabera y un sombrero de yarey a las nuevas
edificaciones.
La prensa española de la época comentó, con
descortesía y desprecio, que Cuba, al principio,
participó con cierto “complejo de inferioridad”, alegando no tener una típica
arquitectura nacional, pero se olvidan de señalar que fue el comité organizador
quien impuso estas condiciones arquitectónicas. Es cierto que Cuba no tenía una
arquitectura autóctona de valor, en contraste con otras naciones
hispanoamericanas, pero el barroquismo cubano, aunque sublimemente diluido, aún
existía a principios del siglo XX, convirtiéndose en la semilla que, al cabo de
los años, sería reconocida como “el alma de la cubanidad” en la evolución de su
arquitectura. Es evidente que, en esta obra, los arquitectos, en vez de copiar las fórmulas
extranjeras importadas, se decantaron, con gran acierto, por la arquitectura
vernácula adaptada a los medios disponibles, tanto constructivos, como en el
uso de materiales autóctonos de fácil acceso y manipulación.

Hacia mediados de la
década de 1920, la sociedad de Govantes y Cabarrocas estaba ya bien establecida
en Cuba. De 1924 a 1927, acometieron la obra de la residencia
para el doctor Juan Pedro y Baró y su esposa, Catalina Lasa y del Río Noriega,
en la calle Paseo #406, en El Vedado. En 1925, continuó el proyecto del
Capitolio Nacional, acentuando la importancia de la escalera y adosándole a los
pórticos laterales grandes pilastras y haciendo la cúpula más clásica. En 1928,
realizaron el proyecto para la construcción del barrio obrero Ludgardita,
nombrado en honor de Lutgarda Morales y Yanes, madre del entonces presidente de
Cuba General Gerardo Machado y Morales, en el área industrial, próximo al
aeropuerto de Rancho Boyeros, establecido en 1929, en el municipio de Santiago
de las Vegas. Este proyecto, el primero de su tipo que se construyó en
Hispanoamérica, incluyó cien viviendas con sus correspondientes servicios de
colegio, estación de ferrocarril, guardería, hospital, iglesia, oficina de
correos, parques, teatro, etc. En 1928, también proyectaron el Pabellón de la
República de Cuba, en la Exposición
Iberoamericana de Sevilla, que fue galardonado con el Gran Premio.
El proyecto para la Exposición estaba compuesto por
dos edificaciones: una permanente de 30 por 10 metros, que perdura hasta hoy, y
otra provisional de 45 por 30 metros, demolida al finalizar la exhibición. La
primera se hizo con cimientos y muros de hormigón que soportan a muros de carga
de ladrillo en la fachada, contando la principal con jácenas metálicas
perpendiculares y losas de hormigón; en el centro y en los laterales, las
cubiertas son de teja española sobre tablas y los balcones formados por columnas
salomónicas torneadas. El interior estaba compuesto por dos plantas y un
mirador, siguiendo de este modo el esquema propio de villa y estando dotado de
diversos elementos típicos de la arquitectura cubana, como, por ejemplo, el
portal de la entrada, una gran arcada realizada con piedras traídas de las
canteras cubanas de Jaimanitas, así como la escalera de caoba que parte del
vestíbulo, y el mirador, junto con todos los elementos, como artesonados,
balcones, barandas, rejas, etc. realizados con maderas nobles cubanas. En el
exterior de la entrada, a mano izquierda, estaba situada una reproducción
exacta de la ancestral fuente del convento de Santa Clara de Asís del siglo
XVII, situado en la calle Cuba #602; un edificio de dos plantas y
gruesas paredes de tapias y rafas, que encierra, dentro
de sus muros, los vestigios de la ciudad primitiva, y entre ellos, las primeras
manifestaciones de civilización y urbanismo. Fue la primera fuente pública, no
solo de Cuba, sino de las Américas, con todos sus servicios derivados para los
menesteres de una ciudad naciente.
La distribución interior del edificio permanente era
muy sencilla. En la planta baja, se instaló un gran vestíbulo, que se integra
tras el portal con elementos cubanos, con columnas parecidas a las de las casas
del Marqués de Arcos, de la calle Mercaderes #16 (Plaza de la Catedral) y del
Marqués de Almendares, de la calle Compostela #651-657 y con ventanas de estilo
camagüeyano. Desde el vestíbulo, y tras una doble arcada, arranca la
impresionante escalera donde se puede contemplar un magnífico mascarón tallado,
coronado por un farol y que da acceso al primer piso. Bajo ella, en el ala
izquierda, se ubicaron varias salas y dependencias dedicadas a
los productos del país, como los perfumes
y jabones, el tabaco y el ron de caña, el alcohol y las conservas
alimenticias, el carey y las pieles trabajadas. También
en la planta baja, había un auditorio y estaban las oficinas de la Comisión. En
una de las salas había una biblioteca de más de cuatro mil volúmenes de autores
cubanos o sobre asuntos de Cuba. En la planta alta se hallaban la sala de
fiestas y las exposiciones de los ministerios de Comunicaciones, Gobernación,
Guerra, Marina y Obras Públicas. Además,
había una urna de cristal con arena de playa
del lugar donde, se creía entonces, ocurrió el primer desembarco del Almirante
Cristóbal Colón. Una
segunda escalera, que partía de la planta alta, llevaba al mirador, pudiéndose
contemplar un artesonado colonial, además de un plano en relieve del distrito
central de La Habana. Igualmente, aquí se exponía una selección de monedas que
iban desde la época colonial hasta esa fecha, maquetas y planos de obras
realizadas por el gobierno en distintas zonas de Cuba, y gráficos y fotografías
de la Marina de Guerra y de los cuerpos militares.

La decoración contaba con cuadros de pintores
cubanos de la época que fueron pensionados por el gobierno, donde el sitio de
honor estaba reservado para el patriarca Leopoldo Romañach y Guillén, así como
con un busto del apóstol cubano José Martí y Pérez, otro del Padre Bartolomé de
las Casas, un tercero del presidente de la república, General Gerardo Machado y
Morales, en la sala de fiestas, y un retablo cerámico con la Virgen de la
Caridad del Cobre.
El edificio provisional, demolido al finalizar la
exposición, se construyó detrás del edificio permanente con una altura igual a
la planta baja. En él sobresalían, una vez más, las maderas nobles empleadas:
ácana, caoba, chicharrón, júcaro, majagua, moruro, ocuje, sabicú, sangre de
doncella y yaba. Contaba con un patio central, de estilo camagüeyano, rodeado
por galerías corridas con una original columnata de sencilla apariencia, y se
accedía a él por una puerta en la fachada principal que daba a un vestíbulo de
grandes dimensiones. En este edificio se mostraron las exposiciones de las
secretarías de Agricultura, Comercio, Hacienda, Sanidad (la primera en el
mundo) y Beneficencia y Trabajo. Más de una veintena de casas tabacaleras
tenían sus vitrinas y aparadores con adecuadas alegorías y, algunas, como la
afamada Gener, en un sobrio y elegante templete de estilo clásico, en mármol y
bronce, al que daban acceso tres escalones alfombrados, y en el interior del
cual, sobre un zócalo también de mármol, se alzaba una vitrina de bronce
cincelado con cristales, en cuyo interior eran presentados sus productos.
También, había una fábrica de tabaco en la que se mostraba un tabaco de
aproximadamente 2.60 m. de largo y 55 kg. de peso, y en la que lo producido se
regalaba entre el público. Además, había una maqueta de un trapiche para
enseñar cómo se elaboraba el azúcar de caña, y una exhibición de frutas, para
cuya elaboración había un mostrador con sus aparatos y cámaras frigoríficas,
donde se repartían gratuitamente degustaciones. Asimismo, había exposiciones de
diferentes industrias y de los servicios Postales, de Telégrafos, de
Ferrocarriles y Marítimos, con un mapa en relieve de Cuba que mostraba dónde
estaban las líneas telefónicas, telegráficas y ferrocarrileras, con un pequeño
tren en movimiento; y varias maquetas, como una finca agrícola con útiles
modernos para el cultivo de la caña de azúcar, o el edificio del Capitolio
Nacional, que estaba en construcción en La Habana en aquel entonces.
Tras
décadas de ser propiedad del Consulado cubano y posteriormente cedido al Ayuntamiento de Sevilla, el
edificio precisó de una intensa restauración dada su continuada falta de
mantenimiento. En 1983, ya como sede del Patronato Municipal de Vivienda, luego
Emvisesa, el arquitecto sevillano Francisco
Torres Martínez remodeló y amplió el Pabellón, recuperando el
desaparecido edificio provisional que se encontraba en la parte trasera durante
la Exposición, demolido poco después, y conectó los dos edificios por una
pasarela. En 1990, pasó a ser la Delegación
de Gobernación. Actualmente es la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo
de la Junta de Andalucía, que, bochornosamente, no permite la entrada a
turistas.
Hoy día, en el Paseo de la Palmera #28,
semi-escondida entre la exuberante vegetación procedente del continente
americano, compuesta de washingtoneas, palos borrachos, tipuanas y dombeyas, esta elegante obra de Govantes y Cabarrocas, que se
destacó por el alarde de magnificencia en su construcción, grandeza en su traza
y riqueza de los materiales empleados, perdura llena de
sensualidad criolla, en un estilo neocolonial sin frivolidades, una
arquitectura que hace poesía y que canta jubilosamente su tradición cubana.
Fuentes:
- http://www.arquitecturacuba.com/2015/04/felix-cabarrocas-ayala-en-la-memoria.html#!/2015/04/felix-cabarrocas-ayala-en-la-memoria.html
- https://books.google.com/books?id=yXSgMn6LjWcC&pg=PA258-IA255&lpg=PA258-IA255&dq=felix+cabarrocas&source=bl&ots=taa1Vx1IQ4&sig=izd_CZfPrUqCGvebOUYHPMYCvT8&hl=en&sa=X&ved=0ahUKEwjBnO_VgdbZAhVqslQKHTeEAVk4FBDoAQg6MAQ#v=onepage&q=felix%20cabarrocas&f=false
- http://www.cubanartnews.org/es/news/collectors_and_collections_evelio_govantes-999/1254
- Echeverría, AIA, Alfredo D., “La Promesa Incumplida, Coloquio sobre
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Miami, Florida, USA, 2012, isbn 9781477529409.
- https://www.ecured.cu/Evelio_Govantes_Fuertes
- http://www.encaribe.org/es/article/felix-cabarrocas-ayala
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arquitectónico cubano”, Ediciones Polymita, Ciudad de Guatemala, 2012,
isbn 9789929807846
- Gómez Díaz, Francisco, “De Forestier a Sert, Ciudad y
Arquitectura en La Habana (1925-1960), Abada Editores, S.L., Madrid,
Reino de España, 2008, isbn 9788496775404.
- http://habanadeco.com/chicago-art-deco%20society-havana.pdf
- http://www.habanaradio.cu/articulos/capilla-del-conde-rivero-cuartel-n-o-cuadro-8-zona-de-monumentos-de-primera-cementerio-de-colon/
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- http://www.opushabana.cu/index.php/articulos/4159-felix-cabarrocas-ayala-en-la-memoria
- http://postalesyfotosantiguasdesevilla.blogspot.com/2017/09/pabellon-de-cuba-en-la-exposicion.html
- http://www.sevillasigloxx.com/2008/04/la-exposicin-iberoamericana.html
- http://sevillasigloveinte.blogspot.com/2008/04/la-exposicin-iberoamericana.html
- http://sevillaciudad.sevilla.abc.es/reportajes/bellavista-la-palmera/cultura-bellavista-la-palmera/pabellon-de-cuba-el-oculto-palacio-de-la-caoba-de-sevilla/
- http://taniaquintero.blogspot.com/2013/10/govantes-y-cabarrocas-i.html
- https://www.unaventanadesdemadrid.com/otras-comunidades/sevilla-exposicion-iberoamericana-1929.html
- https://www.unaventanadesdemadrid.com/otras-comunidades/sevilla-exposicion-iberoamericana-1929-ii.html
(*) Discurso de investidura a la membresía de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio pronunciado por el autor en la Biblioteca Pública del Este de Los Angeles, California. Publicado originalmente en el Anuario Histórico Cubanoamericano #2 (2018): págs. 108-119.


