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Monday, May 18, 2026

“¿YA HABLÓ DON RAFAEL?” Radio y TV en español en los EE. UU. (*)

Por Eduardo Lolo (**)

Se considera que la primera radionovela original de gran éxito fue El derecho de nacer (1948), de Félix B. Caignet (1892-1976) quien definió (y desarrolló) la dramatización radial como “espectáculos para ser vistos con el oído.”

Xiomara Fernández (Graciela del Busto), Carlos Badías (Albertico Limonta)y Minín Bujones (Isabel Cristina) interpretando una escena de El Derecho de Nacer en el estudio de CMQ. La Habana, 1948. Foto aparecida en Bohemia (19 dic. 1948 p. 96)

Como ya he señalado en otras oportunidades, si el español fue la primera lengua europea en hablarse en lo que hoy llamamos Estados Unidos de América y la de uso más extendido hasta el siglo XIX en el vasto territorio de lo que sería esta gran nación, no es de extrañar que los primeros medios de comunicación hayan reflejado esa realidad lingüística. En efecto, los primeros periódicos y revistas editados en Norteamérica fueron en castellano, como antecedentes de esa pertinaz presencia hispana en la toponimia de un país en ciernes que se extendería de un océano a otro.

La metamorfosis de las diminutas trece colonias británicas apretujadas en la costa este hasta convertirse en el coloso independiente que hoy conocemos, hizo que el inglés se convirtiera en el lenguaje de mayor uso en la nueva entidad histórica resultante. No obstante, el español, nunca llegó a desaparecer de estos parajes. Aunque relegado a un segundo plano, publicaciones periódicas y libros se siguieron editando en castellano. Y en el siglo XX dos nuevos medios se encargarían de mantener y hasta extender esa presencia idiomática de la hispanidad en los Estados Unidos: la radio y la televisión. La inestabilidad política y/o económica endémica de la mayoría de las repúblicas latinoamericanas se ha encargado de que nunca falten nuevos hispanohablantes en estas tierras, ávidos por mantener su cultura a través de su mayor exponente: el idioma que le sirve de vehículo e identificación.

Las primeras emisiones radiales en castellano escuchadas en nuestro país aparecieron en la tercera década del siglo XX poco después de sus homólogas en inglés. Y no era de esperarse otra cosa, pues en definitiva los inicios de la transmisión inalámbrica están íntimamente ligados a la hispanidad, ya que los mensajes de radio en España comenzaron, de la mano de Julio Cervera Baviera, tan temprano como en 1902; o sea, mucho antes que en los EE. UU.

Sin embargo, la radio en castellano al norte del Río Bravo no está directamente relacionada con España, sino con México. Comunicadores mexicanos residentes en los estados americanos fronterizos con la nación azteca, conscientes del mercado potencial que representaba la audiencia formada por sus coterráneos viviendo de este lado de la frontera, comenzaron a comprar bloques habituales de transmisión a estaciones de radio anglosajonas en horarios de poca recepción para emitir programas en nuestra habla. También desde ciudades mexicanas próximas al territorio estadounidense tales como Tijuana, algunas emisoras comenzaron a dirigir parte de su programación a los ‘paisanos’, convirtiéndose con toda probabilidad en los primeros ejemplos de transmisiones radiales binacionales en América.

Desafortunadamente, entre 1928 y 1929 se dio un paso hacia atrás en el desarrollo de la radio hispana en los EE.UU. como consecuencia de la puesta en práctica de una política gubernamental antinmigrante conocida como “Operation Wetback” (Operación Espaldas Mojadas) que implementara la deportación de miles de mexicanos. Consecuentemente, muchas estaciones comenzaron a reducir la programación en castellano debido a las presiones de los gobiernos locales, así como por la promulgación de nuevas y más severas regulaciones federales para la radiodifusión.

Habría que esperar hasta los años cuarenta para que la radio en español en la Unión Americana reiniciara su truncado ascenso. A mediados de la década ya emitían programas en nuestro lenguaje 58 emisoras y salió al aire la primera estación en transmitir todo el tiempo en castellano, establecida en San Antonio (TX) por Roaul A. Cortez en 1946.

Roaul A. Cortez (Al centro) y el equipo de trabajo de la emisora KCOR, (c.1940)
 @Wikipedia

Los siguientes decenios presentan un desarrollo vertiginoso de la radio hispanounidense. De unas docenas de estaciones en la década del 50 se asciende a centenares a finales de siglo y a casi mil (contando las retransmisoras) en los inicios del actual. El control financiero y cultural mexicano sigue siendo preponderante, como corresponde a la proporción demográfica de dicha nacionalidad en la población hispana general de los EE.UU. Otros conglomerados menos numerosos han logrado abrirse paso en la industria, como los cubanos exiliados, quienes extendieron a este país la popularidad de las novelas radiofónicas y televisivas que previamente la radiodifusión habanera pre-castrista había exportado con gran éxito a toda Latinoamérica, convertidas en su desarrollo en un componente de suma importancia de la cultura hispanoamericana.

Estas célebres dramatizaciones tienen sus más remotas raíces en las ediciones de novelas impresas por entregas (denominadas “folletines”) tan populares en España y sus colonias durante el siglo XIX. Las radionovelas nacieron de sus narraciones adaptadas al nuevo medio fónico que, dado el inesperado éxito alcanzado, ampliaron sus ofertas en calidad con la adaptación radial de obras famosas de la literatura universal. Al poco tiempo, como consecuencia del veloz crecimiento en popularidad de dichos programas dramáticos, se empezarían a escribir historias originales directamente escritas para la radio, con libretos que no estaban fundados en narraciones publicadas con anterioridad en forma de libros o folletos. 

Se considera que la primera radionovela original de gran éxito fue El derecho de nacer (1948), de Félix B. Caignet (1892-1976) quien definió (y desarrolló) la dramatización radial como “espectáculos para ser vistos con el oído.” La referida obra estuvo en el aire en la radio cubana por un año (tiene 314 capítulos, originalmente transmitidos en vivo de lunes a sábado) y fue llevada posteriormente a otras zonas de la hispanidad con igual acogida del público, habiendo sido adaptada hasta el momento dos veces al cine y en múltiples ocasiones a la TV, al menos en un caso con hasta 600 capítulos.

Dicha novela narra las vicisitudes de una madre soltera de la alta clase social que, a pesar de todas las presiones, se resiste a abortar a su hijo, a quien no quiere le violen el derecho de nacer. El abuelo de la criatura (Don Rafael del Junco) hasta orquesta el asesinato del recién nacido, pero el encargado del infanticidio no se atreve a ejecutarlo y permite que una nana negra huya con la criatura, informando al malvado abuelo que los había matado a los dos. Con el tiempo, el niño se convierte en un galeno que salva la vida de su abuelo sin que ninguno de los dos supiera del parentesco. Contarles cómo se llega al final feliz luego de una tan escabrosa como complicada trama nos llevaría casi tanto tiempo como estuvo la obra en el aire.

Hay una anécdota de la extensa novela que parece algo así como un elemento precursor del realismo mágico: el actor que hacía el papel del cruel abuelo pidió aumento de sueldo y amenazó con abandonar el programa si no se le otorgaba. El dueño de la emisora se resistió a su demanda y ordenó al autor eliminar el personaje de la historia. Como esto era imposible desde el punto de vista dramatúrgico, Caignet ideó el subterfugio de que Don Rafael sufriera un derrame cerebral que le impidiera el habla. De vez en cuando se oían ininteligibles sonidos guturales como si éste intentara decir algo, balbuceos que hacía cualquiera de los otros actores presentes en el estudio, no pocas veces el propio ingenioso autor de la exitosa narración. De ahí que aquellos expectantes oyentes que se perdían alguno de los capítulos lo primero que preguntasen a quien lo hubiera oído era: “¿Ya habló Don Rafael?”, pues el desenlace de la trama dependía de una información que solamente él (y los millones de radioescuchas) conocían. La importancia de El derecho de nacer ha sido tal que el libreto original (o sus variantes tanto radiales como televisivas), se continúa emitiendo exitosamente con asombrosa periodicidad en diferentes naciones de habla castellana a pesar del tiempo transcurrido desde su estreno. Ninguna otra radionovela o telenovela anterior o posterior a la ópera prima de Caignet ha superado su éxito permanente. No resulta una sorpresa que en una encuesta hecha entre los televidentes por la agencia Associated Press en el año 2008 El derecho de nacer quedara catalogada como la novela más influyente en la radio y televisión en español de todos los tiempos.

Las especializaciones temáticas de las emisoras radiales hispanas en los EE.UU. son tan disímiles como las potencias de sus transmisores: de una programación eminentemente musical de carácter étnico o general, a otras de puro texto de opinión, educativo o adoctrinador. En la mayoría de los casos comunicadores carismáticos se encargan de mantener un contacto directo con la comunidad que los hace parte o voceros de la misma. Puede decirse que un oscuro gueto se convierte en pujante comunidad sólo cuando tiene su propia emisora de radio que lo extienda cabalgando Hertzios más allá de sus fronteras, aun cuando el dueño sea un ‘gringo’ que no habla una palabra en nuestro idioma o pertenezca a una corporación asentada en una lejana ciudad desconocida por los escuchas: el coterráneo hablando su lengua, con su acento y los modismos traídos del distante terruño añorado, es la única personalidad reconocida por los radioyentes; él ‘es’ la estación radial. Hasta exitosos consorcios anglosajones, conscientes de la creciente importancia demográfica de los hispanos en los Estados Unidos, han entrado en el mercado de la radiodifusión en español: CNN y ESPN sirven de ejemplos.

Un hecho curioso resulta ser la extensión del nombre de algunas emisoras más allá de las frías identificaciones oficiales. Supongo que dicha añadidura tenga su origen en un lema que sirviera originalmente para anunciar el contenido general de la programación diseñada o la radio audiencia en especial a la que estaba dirigida. Algunas de dichas adiciones resultan del todo lógicas; por ejemplo: “Amor” y “Recuerdo”, seleccionadas para nombrar una estación especializada en música romántica y otra en éxitos del ayer, respectivamente. O “La Campesina” y “Radio Fe de Excelencia”, la primera para identificar una emisora dedicada a oyentes rurales y la segunda a radioescuchas religiosos. Otras hacen un extravagante uso de la letra k con que se inician la mayoría de las denominaciones oficiales al oeste del río Mississippi: “La Kalle” y “La Konsentida” ilustran este grupo. Algunos de esos nombres nuevos resultan algo crípticos: “La Gran D” y “La Super Z” sirven de muestras. Y hasta los hay que parecen ser sugestivamente polivalentes: “La Qué Buena”, “La Bronca”, “La Caliente”, “La Mega”. El tema bien que podría servir para la confección de un artículo costumbrista que, como ya ofrecí en otra ocasión, dejo en las manos de cualquier interesado.

A la radio hispana en nuestra república le siguió la televisión. A principios de su desarrollo comercial a finales de la quinta década del siglo XX no se le prestó mucha atención al público hispanounidense en los EE.UU., posiblemente por considerarse que, en general, sus integrantes no contaban con los recursos financieros necesarios para la adquisición de un televisor, tenido como poco menos que un costoso artículo de lujo en los primeros años del medio. Luego, con la disminución del precio de los receptores y el sustancial aumento de la colonia hispana en múltiples estados, se comenzó a tomar en cuenta, paulatinamente, a ese preterido segmento de la población estadounidense.

En un inicio, como sucedió con la radio, se trataba de espacios alquilados a canales anglosajones durante horarios de poca teleaudiencia. Pero no pasó mucho tiempo para que se fundaran estaciones televisivas hispanas en los EE.UU. San Antonio, que fuera la primera ciudad en tener una emisora de radio completamente en español, repetiría su condición de primada de los medios de difusión hispanos en los Estados Unidos al inaugurar el primer canal de televisión de programación total en castellano en 1961. Un año después le seguiría Los Ángeles, a la que se unirían con posterioridad Nueva York y Miami.

De canales individuales se pasaría a corporaciones nacionales como las cadenas Univisión y Telemundo, las que prácticamente controlan en la actualidad la industria televisiva estadounidense en nuestro lenguaje. Conglomerados como Azteca América y Estrella TV, han logrado sobrevivir en el aire, aunque muy lejos de poder competir con las dos cadenas punteras citadas. Completan la nómina pequeñas estaciones locales como Américatevé en Miami que, sin poder pugnar con los grandes consorcios mencionados, tratan de cubrir necesidades específicas de sus comunidades con programaciones contentivas de un sabor local que no logran brindar las cadenas nacionales por la propia vasta extensión de sus objetivos.

Univisión basa sus ofertas fundamentales en programas grabados en México gracias a sus nexos con Televisa, mientras que Telemundo se inclina más a la programación de factura nacional y suramericana. Por consiguiente, Univisión está dirigida, esencialmente, a la teleaudiencia mexicana, al tiempo que Telemundo pone sus miras, básicamente, en el público puertorriqueño, cubano y centro y suramericano. Telemundo fue adquirida por el gigante de la televisión anglosajona National Broadcasting Company (NBC) en el 2001 y Univisión ampliaría su imperio a la radio con la adquisición en el 2003 de la Hispanic Broadcasting Corporation (HBC), la más significativa corporación de emisoras de radio en castellano de ese tiempo. Finalmente, Univisión Communications, Inc. sería vendida a Broadcasting Media Partners en el 2007.

Todas ellas tienen como productos básicos las telenovelas. La nueva versión del lejano “folletín” peninsular decimonónico tendría un gran desarrollo, a partir de la evolución cubana de su raíz, en otros países del continente tales como México, Venezuela y ‒en menor medida‒ Colombia, desde donde sus producciones se importan a las demás naciones hispanoamericanas y a los Estados Unidos. Dicha modalidad dramática ha logrado imponerse tan marcadamente en la preferencia del público televidente hispanounidense que hasta ha dado pie a importantes obras realizadas en nuestra nación, muy en especial en Miami. También ha trascendido las fronteras lingüísticas, con doblajes y versiones en más de una docena de idiomas y una destacada elaboración brasileña y turca (que a su vez se doblan al castellano), así como un reciente proceso de expansión en progreso a la TV anglosajona, con piezas grabadas directamente en inglés. Luego del surgimiento del Modernismo Hispanoamericano (el primer movimiento literario en castellano nacido fuera de España) y más expansivo todavía (si bien sólo de difusión audiovisual), la telenovela, a pesar de ser despreciada por muchos académicos que la catalogan como sub-literatura por su cepa comercial, está quedando como el aporte hispano por antonomasia a la cultura universal desde la segunda mitad del siglo XX hasta inicios del actual.

Las telenovelas desarrollan, fundamentalmente, tramas simples que tienen como argumento primario una historia de amor que debe vencer un sinnúmero de obstáculos (con especial hincapié en las diferencias entre clases sociales) para llegar al final feliz que todos esperan y conocen de antemano. El nivel artístico-literario, en sentido general, era mediocre en sus inicios, pues tal parecía que se producían en serie, como en una fábrica de autos o refrigeradores: todas casi iguales, y de ahí el despectivo calificativo de “culebrones” que se les endilgara. Pese a esa pobre factura inicial, nada impidió ganar teleaudiencia como una secuela plural de mal cosida hechura del colosal éxito de El derecho de nacer desde su primera entrega en 1948 como obra radiofónica y sus notables prontas versiones televisivas y fílmicas.

Más recientemente la telenovela, además de distribuir ríos de lágrimas a domicilio, ha incorporado a su oferta mercantil riachuelos de risas y sonrisas, (como en Betty la fea, creación colombiana de 1999 escrita originalmente por Fernando Gaitán en nuestro idioma y célebre, incluso, en su adaptación anglosajona) y arroyos históricos e ideológicos como la española Amar en tiempos revueltos (2005-2012) de Josep María Benet i Jornet, basada en la catalana Temps de silenci, de 52 capítulos que terminaron en 2002. Es decir, que la hija de la sosa novelita rosa, por una sorpresiva evolución artística en su adultez y sin menoscabo de su tradicional provocación de sollozos romanticoides, ha añadido –gracias a la radio y la televisión modernas– lo mismo humor que conocimientos. De ahí la necesidad de un análisis profesional que trate de dilucidar el fenómeno de la telenovela tanto desde el punto de vista cultural como social. Es más, considero que sería interesante investigar cómo andan las cosas en otras culturas, tratando de identificar, por ejemplo, qué relación pudiera existir entre la telenovela y la “soap opera” norteamericana: sus diferencias, similitudes, posibles influencias, tendencias actuales, etc

Por otra parte, a principios de este siglo un nuevo medio de difusión se ha sumado a la radio y la televisión tradicional: las plataformas de transmisión por cable (streaming, en inglés), alimentadas, esencialmente, por las llamadas series y evolucionadas de simples arroyos a caudalosos ríos. En español han alcanzado notoriedad internacional obras tales como El ministerio del tiempo (2015) de Jaime de Armiñán, y La casa de papel (2017) de Alex Pina adaptadas, incluso, a otras culturas tales como a la inglesa la primera y a la coreana la segunda. Se diferencian de sus homólogas en inglés que las precedieron en que el componente romántico fundamental de las telenovelas, sin llegar a ser el más importante de los argumentos en las series hispanas, es más que un substrato; antes bien, forman segundas tramas paralelas no muy alejadas (y complementando) las principales. Por lo anterior, ¿podrían considerarse las series españolas como un peldaño superior en el desarrollo de las telenovelas?

Dejo a futuros investigadores del tema de la telenovela esbozados en los dos párrafos anteriores a manera de una tentadora puerta abierta para los que quieran y se atrevan traspasar su umbral.

Esmeralda, de Delia Fiallo. Venevisión 1970.
Esmeralda: Lupita Ferrer. Juan Pablo: José Bardina

Un caso sumamente excepcional en la historia de las narraciones radiofónicas y televisivas es el de Delia Fiallo (1924-2021). Su dominio del libreto radial y el guion de televisión, la calidad artística de su ficción, su prolificidad, y la resultante popularidad mundial de sus creaciones, la hicieron la escritora más famosa del orbe en el campo dramático que venimos tratando desde los párrafos anteriores. En ello puede haber sido determinante el haber desarrollado y perfeccionado su vocación literaria con una sólida formación académica en la Universidad de La Habana (una de las más importantes de Hispanoamérica hasta la primera mitad del siglo XX), donde obtuvo un doctorado en filosofía y letras en 1948. Su primera incursión en la literatura fue en narrativa breve en edición impresa, habiendo recibido en ese mismo año el entonces importante galardón Premio Internacional de Cuentos Hernández Catá. Casi de inmediato pasó a la novela radial, en cuyo subgénero escribió una docena de exitosas historias. Con el advenimiento de la televisión, Delia Fiallo cambió de medio y escribió más de 20 telenovelas no menos notables, la mayoría de ellas creadas fuera de su país natal al salir al Exilio en 1966 ‒una vez implantado el Totalitarismo en Cuba‒ por sus ideales democráticos anticomunistas. Entre sus melodramas más destacados basta mencionar Leonela, Topacio, Lucecita, Esmeralda, y Cristal, esta última su entrega postrera, que data de 1985. Sus obras se han transmitido en más de 180 países y decenas de versiones de sus historias continúan repitiendo los éxitos de las originales. Por todo lo anterior, se le considera la Madre de las Telenovelas y la Mejor Embajadora del Español en el Mundo de su tiempo.

Delia Fiallo (1924-2021)

El arribo de la televisión por cable hizo que el ciclo se repitiera: la compra de espacios en horarios de poca teleaudiencia, o la adquisición gratuita de segmentos dentro de canales de propiedad municipal, han permitido una pluralidad de ofertas en castellano en la nueva era televisiva que van del deporte a la religión, pasando por variantes culturales disímiles, la política, intereses gremiales o comunales, etc. Coincidentemente, algunos canales y empresas anglosajonas de temáticas específicas están intentando llegar al televidente hispano con ediciones de sus programas dobladas al castellano o personal hablando nuestro idioma. Entre ellos cabe destacar CNN, ESPN, History Channel, Discovery Channel y el conglomerado cultural no comercial Public Broadcasting System (PBS), el cual ya tiene su versión en español: VeMe. Todos están tratando de repetir con el público hispanounidense los éxitos alcanzados con el de habla inglesa; tendencia que es de suponer se incremente en el futuro a medida que nuestro peso demográfico sea mayor.

Muchas de las emisoras de TV son repetidoras de la programación general de las cadenas nacionales, aunque aquellas asentadas en zonas de mayor población hispana tienen sus propios estudios de producción encargados de la realización de programas locales (básicamente noticiosos) que alternan con los de carácter nacional. Otras carecen de estudios particulares, como por ejemplo UniMás, cuya programación esencial se basa en la transmisión de películas anglosajonas dobladas a nuestra lengua, antiguas series humorísticas, viejas telenovelas, así como eventos deportivos.

Las emisoras de radio, por el contrario, tienen sus propios estudios aun cuando formen parte de cadenas nacionales tales como Univisión Radio y la Spanish Broadcasting System. Ello se debe al hecho de que la radio sigue manteniendo su condición prístina de medio de comunicación local, respondiendo a las necesidades y preocupaciones concretas de las comunidades en que están ubicadas las emisoras. Los radioyentes se identifican con las personalidades de los comunicadores que ‘sienten’ cercanos, en una repetición (o continuación) del antiguo caso de Pedro González. La televisión, a pesar de su popularidad, no ha podido alcanzar nunca esa relación tan íntima con el público que la radio logró hace casi un siglo y ha sabido mantener hasta el presente.

El siglo XXI abriría con nuevos retos tales como la pujante presencia ambivalente de las redes cibernéticas, así como el deterioro de las formas tradicionales del español por efecto de la influencia del inglés o la lejanía de las nuevas comunidades de inmigrantes hispanos de sus zonas de origen. A ellas se uniría la marcada pérdida lingüística de la segunda y tercera generación de hispanos nacidos en los EE. UU. y, en el último decenio, la disminución del flujo migratorio como resultado de las deportaciones masivas y las trabas a la inmigración.

En un intento por paliar los mencionados efectos negativos y estar a la altura de los tiempos, tanto las grandes cadenas nacionales de radio y televisión como las compañías de menor importancia, han creado cibersitios que promocionan o complementan sus ofertas. En algunos de ellos es posible escuchar y/o ver la programación en vivo original o los programas ya emitidos. Sus secciones de noticias, por sus periódicas actualizaciones diarias, hasta compiten con las publicaciones noticiosas de difusión tradicional en la Internet. Con todo, todavía está por ver si tal extensión cibernética resulte, a la postre, beneficiosa o inconveniente, asfixia o aliento para los medios hispanos en los Estados Unidos.

No obstante los aspectos perjudiciales o irresolutos señalados, no vislumbro una crisis en la radio y la TV en español como la que sufrió la primera a finales de los años veinte del siglo pasado. Teniendo en cuenta el constante ‒si bien actualmente disminuido‒ aumento de la población hispana en los EE. UU., es de esperarse que los medios no impresos de difusión en castellano continúen su ascenso cuantitativo en este país. Estados donde los hispanos eran casi inexistentes hace 20 años, en la actualidad presentan pujantes colonias de nuevos inmigrantes, cuyos miembros están ansiosos por oír su idioma en el radio o ver en el televisor los rostros de sus actores y actrices preferidos con quienes llorar o reír luego de la casi siempre fatigante jornada laboral. Pues es el caso que gracias a la magia de la radio y la televisión en español, el sol enceguecedor de México, Puerto Rico o los llanos venezolanos, bien que puede caldear las montañas nevadas de Utah.

Y sí, finalmente, Don Rafael habló. Incluso en todos (o casi todos) los estados de la Unión Americana. Gracias al derecho de nacer de la radio y la televisión hispanounidenses.

(*) Ponencia presentada por el autor en el II Congreso de la Academia Norteamericana de la Lengua Española [ANLE], celebrado en la Biblioteca del Congreso de los EE. UU. en Washington, DC, en octubre de 2018.

Bibliografía

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(*) Tomado de Lolo, Eduardo. El Asesinato de la Historia o Crimen en el Occidente Express. Con otras reflexiones en busca del tiempo aún no perdido. Nueva York: Editorial de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, 2024. Págs. 163-182. Para más información, pulse el siguiente enlace: B0D8PHZL4C

(**) Catedrático de Lengua Española y Literatura Hispánica en el Kingsborough Community College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, donde también es coordinador de área en el Departamento de Lenguas Extranjeras.Entre sus publicaciones, destacan Las trampas del tiempo y sus memorias (1991); Mar de espuma. Martí y la literatura infantil (1995); Un huésped no invitado. La voz tangencial del indio en la literatura hispana (2001); Después del rayo y del fuego. Acerca de José Martí (2003); Platero y nosotros: estudio crítico (2007); Lo que quede de aldea. Más sobre José Martí (2011), y el compendio bibliográfico Para leerte mejor. Publicaciones en español en los Estados Unidos (2000-2012), editado en el 2013. 

Thursday, April 2, 2026

FALLECE EL ACADÉMICO EDUARDO PALMER

Eduardo Palmer (1931-2026)

Eduardo Palmer (1931-2026) fue un historiógrafo fílmico y televisivo que dejó constancia en su extensa obra como director y/o productor de cine y televisión de importantes hechos y personajes históricos cubanos. Su carrera cubrió más de cinco décadas con un haber de 10 largometrajes, 500 programas de televisión y 100 documentales. Pionero del cine cubano del Exilio, tan temprano como en 1963 produce el largometraje Cuba: Satélite 13, que se estrena simultáneamente en once salas de cine de Nueva York, donde registró la sovietización de Cuba por el castrismo. Durante su estancia en la República Dominicana fundó Fílmica Dominicana, donde es considerado como un mentor de cineastas jóvenes. Calzando esta nota de dolor, véase una filmografía selecta de tan destacado cubano que, como creador y exiliado, nunca renunció a sus ideales democráticos y, consiguientemente, antitotalitarios.

Vaya hasta sus familiares, colegas, amigos y admiradores, el más sentido pésame de parte de toda la membrecía de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, la cual se honró con su presencia al elegirlo años atrás como Académico Numerario, donde se mantuvo activo prácticamente hasta su deceso. QPD.

Junta Directiva AHCE

EDUARDO PALMER. FILMOGRAFÍA SELECTA

Cuba Satélite 13. Productor. (1963)

Los gusanos. Coproductor. (1977)

Guaguasi. Coproductor. (1978)

Rompiendo el silencio. Productor. (1994)

La imagen rota. Coproductor. (1995)

Brigada 2506. Productor y director. (1995)

Jorge Mas Canosa, luchador incansable. Productor y director. (1997)

Fidel Castro, Cuba y el narcotráfico. Productor y director. (1998)

Habana, retrato del ayer. Productor Asistente. (1998)

En un lugar sin alma. Productor y director. (1999)

La Patria sí es de todos. Productor y director. (1999)

Alerta Roja. Productor y director. (2000)

Pasos a la libertad. Productor y director. (2000)

A solo 90 millas. Productor y director. (2002)

Paraíso traicionado. Productor y director. (2003)

Manto Negro. Productor y director. (2004)

Archivo Cuba. Productor y director. (2006)

La rastra de la muerte. Productor y director. (2007)

Fidel Castro, ¿la historia lo absolverá? Productor y director. (2008)

La Red Avispa. Productor y directo.

Misión Angola. Productor.

Biografía de Elena Mederos. Productor y director.

Biografía de Aureliano Sánchez Arango. Productor y director.

Biografía de Julio Antonio Yebra. Productor y director.

Monday, June 9, 2025

De nuestros miembros: Gustavo Pérez Firmat, Julio Shiling, Arturo Cárdenas, Francisco Rodríguez, Eduardo Lolo y Luis Leonel León (mayo 2025)

El profesor y escritor Gustavo Pérez Firmat ha sido seleccionado para integrar The American Academy of Sciences and Letters, una institución dedicada a honrar la excelencia en la erudición en todas las disciplinas del mundo universitario moderno. En noviembre próximo será la ceremonia donde se honrará su labor. ¡Nuestras más calurosas felicitaciones al muy justamente galardonado colega! 

Pérez Firmat es uno de los más importantes intelectuales del cubano del exilio. Sus libros Life on the Hyphen (1994) –traducido al español con el título Vidas en vilo (2000)– y Next Year in Cuba: A Cubano’s Coming of Age (1997), nominado al Premio Pulitzer de no ficción (El año que viene estamos en Cuba), entre otros, se consideran obras icónicas de la literatura cubanoamericana. 

Apreciado por cubanos y angloparlantes por igual, ha recibido el reconocimiento de la Fundación John Simon Guggenheim, el Fondo Nacional para las Humanidades, el Consejo Americano de Sociedades Científicas, la Fundación Mellon, etc. En 1997, Newsweek lo incluyó entre los 100 estadounidenses a seguir para el siglo XXI y la revista Hispanic Business lo seleccionó como uno de los 100 hispanos más influyentes en los Estados Unidos. Pérez Firmat, además, apareció en el documental Cubamerican y en la serie de PBS Latino Americans del 2013. 

Entre sus libros de investigación y crítica literaria y cultural vale citar: Idle Fictions (1982, 1993), Literature and Liminality (1986); Do the Americas Have a Common Literature (editor, 1990); The Cuban Condition (1989, 2006); Life on the Hyphen (1994, 2012); My Own Private Cuba (1999); Cincuenta lecciones de exilio y desexilio (2000; 2016); Vidas en vilo, 2000, 2015); Tongue Ties (2003); The Havana Habit (2010); A Cuban in Mayberry (2014).



También ha publicado varias colecciones de poesía en inglés y español: Carolina Cuban (1987); Equivocaciones (1989); Bilingual Blues (1995); Scar Tissue (2005); The Last Exile (2016); Sin lengua, deslenguado (2017), Viejo Verde (2019); la novela Anything but Love (2000). Life on the Hyphen recibió el Premio Nacional del Libro Eugene M. Kayden University Press en 1994 y recibió una Mención Honorífica en el Premio Katherine Singer Kovacs de la Modern Language Association y el Premio del Libro Bryce Wood de la Latin American Studies Association.

Por otra parte, otros de nuestros académicos han estado muy activos en el mes de mayo participando individualmente, o en forma colectiva, en importantes actividades para conmemorar la caída en combate de José Martí y celebrar un aniversario más de la fundación de la República de Cuba en 1902, así como escribiendo y publicando nuevos trabajos sobre tales efemérides. Entre ellos Julio Shiling, Arturo Cárdenas, Francisco Rodríguez, Eduardo Lolo y Luis Leonel León. 

El ensayista y politólogo Julio M. Shiling es autor de catorce libros, incluyendo Dictaduras y sus paradigmas: ¿por qué algunas dictaduras se caen y otras no? (2013), que ya va por su tercera edición. Sus artículos y ensayos han aparecido en decenas de publicaciones impresas y electrónicas en los EE. UU., América Latina y Europa. Además, desde el 2006 viene dirigiendo Patria de Martí, un medio digital que reúne el trabajo de numerosos autores, en especial martianistas del Exilio. Patria de Martí, entre otros galardones, recibió el Premio Derechos Humanos Libertad 2015 por la Asociación por la Paz Continental (ASOPAZCO), una ONG española consagrada con la promoción de los derechos humanos en el mundo, así como el Premio Herencia de 2017 por su aporte a la cultura cubana, otorgado por la organización Cuban Cultural Heritage.

Acto de la institución Patria de Martí, celebrando el nacimiento de la República de
Cuba. Sentados, de izquierda a derecha, los académicos Santiago Cárdenas, Frank
Rodríguez y Julio Shiling. En el podio, Eduardo Lolo. (Foto de José Tarano). 

El historiador Santiago Cárdenas es además un destacado galeno llegado al exilio en 1992 como refugiado político. En Cuba, fue redactor de la publicación semanal jesuita Vida Cristiana (1956-1957) y, ya bajo la dictadura castrista, de las publicaciones clandestinas Ecos del SínodoEl Pueblo de Dios como parte de su activismo religioso enfrentado al Totalitarismo, por lo cual sufrió persecución política. Una vez en los Estados Unidos, fue editor médico en las revistas Éxito y Viva Semanal, publicadas por el periódico Chicago Tribune. Además, ha sido comentador médico de familia en Radio Martí. Entre sus obras publicadas se destacan Nicea 325; Payá: el chivo; el hombre; el profeta; José Martí: viñetas de su vida y Rescatando a Juan Clemente Zenea en el exilio. Desde hace más de una década, escribe “Los Recuerdos de Santiaguito”, una columna de contenido historiográfico que aparece en la página digital de la Red Mundial de los Maristas.

El editor e historiador Frank Rodríguez llegó a los EE.UU. mediante la operación clandestina de salvamento de menores “Pedro Pan”, epopeya de la cual se ha convertido en uno de sus más destacados historiadores, como lo demuestra su obra Pedro Pan Memoir Pancho Montana (1983). Más allá de ese tema que le es tan cercano, sus publicaciones historiográficas incluyen su labor como editor de Cubans an Epic Journey: A Struggle for Truth and Freedom (2022) –traducido al español y publicado el mismo año– y Cuba: Chronological History (2022). Además, es coautor, junto a Carlos Alberto Montaner, de USA in the World (2004), una serie de ensayos de ciencias políticas. Profesionalmente, ha ocupado diversos cargos ejecutivos en importantes compañías editoriales. En la actualidad, se desempeña como Administrador del Museo Americano de la Diáspora Cubana con sede en Miami, lo cual alterna con sus presentaciones en diversos medios como analista político especializado, fundamentalmente, en temas cubanos. 

Eduardo Lolo fue uno de sus fundadores y primer presidente de nuestra institución, donde todavía funge como editor del Anuario Histórico Cubanoamericano. Es autor de más de una docena de libros, casi todos disponibles en Amazon, entre ellos Las trampas del tiempo y sus memorias (1990, 2024) Premio Letras de Oro de Ensayo concedido por un jurado internacional presidido por Camilo José Cela, así como tres compilaciones de estudios sobre la vida y obra de José Martí. Su más reciente obra se titula El Asesinato de la Historia o Crimen en el Occidente Express (2024), publicado por nuestra Academia. Miembro Numerario de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) y Académico Correspondiente en los EE. UU. de la Real Academia Española (RAE). Comendador Gran Placa de la Imperial Orden Hispánica de Carlos V de la Sociedad Heráldica Española, etc.



Otros han realizado actividades fuera de Estados Unidos, entre ellos Luis Leonel León, escritor, periodista y realizador de documentales y series historiográficas –Brigada 2506 héroes cubanos, Mariel 40 años–, fundador de la editorial Colección Fugas y la revista El Nuevo Conservador, quien viajó a España para presentar algunos de sus filmes en el Real Círculo Artístico de Barcelona, junto al también cineasta Orlando Jiménez Leal –autor de clásicos del cine cubano del exilio como La otra Cuba, 8A y El Super–, el escritor Néstor Díaz de Villegas y otros intelectuales cubanos y europeos. 


Monday, May 12, 2025

JOSÉ MARTÍ Y EL TOTALITARISMO[1]



Por Eduardo Lolo

Todo parece indicar que el primero en utilizar el término “Totalitarismo” fue Benito Mussolini en uno de sus histriónicos discursos de 1935[2]. Francisco Franco, quien se adelantaría a Castro en su admiración por Il Duce, también esgrimiría la expresión en 1936[3]. Es de destacar, sin embargo, que en ambos casos la locución no tenía una intención peyorativa, sino todo lo contrario: un sistema totalitario era por ellos preciado como el infalible constructor de una sociedad perfecta.

Se considera que el primero en utilizar la palabra Totalitarismo con el significado actual fue el escritor austriaco Frank Birkenau (comunista en su juventud), en un libro sobre la Internacional Comunista publicado en 1938. Pero quien la hizo famosa internacionalmente con su significado despectivo fue Winston Churchill al incluirla en un luego muy difundido discurso ante la Cámara de los Comunes en 1939.

Por lo anterior, resulta obvio deducir que Martí no se enfrentó al Totalitarismo. Pero sus juicios sobre el peligro de las ideas socialistas, tanto en sus textos publicados como en cartas personales, arrojan una nítida visión de lo que sería un Estado bajo un gobierno socialista (es decir, totalitario) casi dos décadas antes de la Revolución de Octubre en Rusia.

Los marxistas cubanos, envalentonados por la victoria de los bolcheviques, comenzaron su labor proselitista en la Isla, pero no previeron que las ideas martianas serían un escollo para el cumplimiento de sus objetivos y, a la postre, lo atacarían.

Dicho duelo no tuvo nada que ver con la literatura martiana, de importancia capital en el desarrollo de las letras españolas de finales del siglo XIX que continuarían sus seguidores durante los primeros decenios de la siguiente centuria. Los asaltos totalitarios contra el Apóstol los determinó su ascenso como personaje político en Cuba más allá de su Cruzada Independentista, debido al desarrollo de un ideario ético, más filosófico que ideológico, de carácter trascendental por su naturaleza humanocéntrica.

¿Cómo logró Martí convertirse en una figura histórica significativa en su Patria, en tanto que personaje político, que llegara a representar una amenaza para las ideas totalitarias y, consecuentemente, fuera embestido por los cubanos comunistas? El proceso fue paulatino y demoró décadas en cristalizarse.

En el momento de su muerte, Martí era en Cuba, excepto para unos pocos escritores y conspiradores en la Isla, “un ilustre desconocido”; toda su fama la había ganado entre los cubanos del destierro y la intelectualidad hispana fuera del país. Cuando cae en Dos Ríos, el gobierno colonial, quizás sorprendido, de momento no reaccionó con la algarabía que era de esperarse. El gacetillero del Diario de la Marina ni siquiera intentó escribir una nota al respecto, sino que copió literalmente un telegrama dirigido al Capitán General de la Isla desde Oriente, sin ni siquiera editarlo para mejorar el texto y optimizar su lectura.[4] Los lectores leyeron más sorprendidos aún el despacho publicado. Todos conocían a Máximo Gómez, Antonio Maceo y otros héroes de la Guerra del 68; pero ¿a Martí?

Todo comenzó a cambiar a partir de 1898 con el regreso de muchos de los cubanos de “la emigración” (como se conocía lo que hoy llamamos Exilio), que alcanzara una gran cifra de repatriados con el advenimiento de la República en 1902. Por la misma época, se comenzaron a publicar textos martianos en revistas culturales de entonces, prohibidos durante la Colonia.

En abril de 1899 fue removida la estatua de la reina española del Parque Central de La Habana y, menos de un mes después, el periódico capitalino El Fígaro llevó a cabo una encuesta entre algunos personajes para seleccionar qué efigie debía ocupar su lugar. Los inquiridos prefirieron a Martí por un estrecho margen. Luego, el mismo periódico publicó los resultados obtenidos para que sus lectores escogieran una entre las propuestas recibidas. Gracias a los exiliados de regreso a la Patria, intelectuales y algunos oficiales del Ejército Libertador, Martí ocupó el primer lugar en la indagación pública. La estatua, sufragada por cuestación popular, fue develada el 24 de febrero de 1905, siendo la primera en rendir homenaje al Apóstol. Poco después, también con fondos privados, se inauguraría la segunda (de más relevancia) en la Plaza Mayor de la ciudad de Matanzas, rebautizada como Parque de la Libertad. Ambas se mantienen en pie.

Ya el pueblo cubano de la Isla comenzaba a conocer a Martí. No obstante, cuando Gonzalo de Quesada y Aroztegui intentó en 1910 encontrar un editor en La Habana para publicar el contenido de un paquete de textos seleccionados por Martí confiándole su publicación si moría en la Guerra Necesaria, su fiel albacea literario no encontró quién aceptara el encargo. El primer tomo sería publicado en Italia y tuvo muy poca acogida en Cuba. Gonzalo de Quesada le entregó un grupo de ejemplares de Leonor Pérez para que los vendiera y éste llegó a quejarse de que “ni siquiera por ser su madre le compran un libro”.

En los años 20 fue el comienzo de lo que sería el culto a Martí, impulsado, fundamentalmente, por las autoridades educacionales y la publicación de las obras martianas más emblemáticas en ediciones populares. Nuevas escuelas en casi todo el país comenzaron a ser bautizadas con su nombre, a las cuales se les instaló un busto de Martí que devendría en lo que llegaría a conocerse como el “Rincón Martiano” del plantel –poco menos que un altar patrio– en práctica que se extendió a todos los colegios de la nación.




En la siguiente década se publica, al fin, la primera edición de las Obras Completas de José Martí, y se extiende a todo el país la Parada Martiana por su natalicio siguiendo el ejemplo de la primera, celebrada en La Habana el 28 de enero de 1889, durante el gobierno interventor norteamericano. Libros como IsmaelilloLa Edad de Oro y Versos Sencillos publicados en ediciones populares, así como artículos y crónicas repetidos en periódicos y revistas, serían lectura generalizada en el país. Sus poesías se memorizan en las aulas escolares y declamadores profesionales las incorporan en sus repertorios. Los niños, guiados por familiares y maestros, fueron los primeros receptores de las doctrinas martianas, Por todo lo anterior, ya a mediados del segundo lustro, el “ilustre desconocido” de 1895 se había hecho célebre como el Mártir de Dos Ríos y el Apóstol de Cuba; términos ambos que, combinados, no resulta descabellado interpretar como una subliminal conexión religiosa de cariz católico. Y comenzaron los ataques del Totalitarismo contra José Martí.

Lanzaría los primeros dardos venenosos contra sus ideas humanistas un destacado miembro de la nomenklatura del Partido Socialista Popular (PSP); en realidad, un tentáculo soviético. Se llamaba Juan Marinello y se caracterizó por una piel política camaleónica que le permitió alcanzar altos cargos gubernamentales como fiel lacayo de tiranos de ideologías que se supone disímiles, como lo fueron Fulgencio Batista y Fidel Castro.Sirve de prueba de cargo lo que Marinello escribiera en 1935 en su artículo “Martí y Lenin” donde asevera que Martí había sido “un gran fracasado” y “abogado de los todopoderosos”, por lo que sus ideas no servían más que “como trampolín de oportunistas”, por lo cual había que “dar la espalda de una vez a sus doctrinas.”[5] Otros de sus camaradas partidistas repetirían y ampliarían sus falacias.

Pero en los años 40 ya Martí y sus ideas se agigantaron de manera tal que atacarlo habría sido poco menos que un suicidio político. Contribuyó en ello la segunda edición de sus Obras Completas en 1946 por la Editorial Lex, y no solamente por la seriedad de la edición de los textos, sino por su factura física, con cubiertas de piel y papel biblia, que de alguna forma como que remedaba la de las biblias verdaderas adoradas en los hogares cristianos, junto a las cuales dicha edición de Lex pasó a ocupar un lugar destacado en las lecturas familiares.

El clímax del culto a Martí se alcanzó con motivo del Centenario de su nacimiento en 1953 con multitudinarias festividades en todo el país y el develamiento del monumento martiano en la Plaza Cívica, cuyo elemento básico sería la monumental escultura del Apóstol[6] y, todavía en medio de las dilatadas celebraciones, el estreno y exhibición nacional del filme cubano-mexicano La Rosa Blanca. Momentos de la vida de José Martí (1954)[7].


Pero en 1953 el Totalitarismo volvió a la carga. Una foto de Fidel Castro en una dependencia gubernamental luego de entregarse sin ofrecer resistencia a las tropas del Ejército Constitucional luego de huir cobardemente junto a su hermano y abandonar a su suerte a los asaltantes que sí habían entrado al Cuartel Moncada, mostraba en la pared a sus espaldas una foto de Martí muy destacada. Como quiera que ésta fue publicada en muchos medios de prensa, el hecho de que eran los dos únicos rostros que aparecían en la imagen, le dio la idea al futuro Falsificador en Jefe de aprovecharse de la coincidencia y, ya que no podía vencer a Martí, decidió “incorporarlo” demagógicamente a su causa. De ahí surgió el mito de que Martí fue “El Autor Intelectual del Cuartel Moncada.”


Para implementar dicha falacia institucionalmente, en los setenta se constituyó en La Habana el Centro de Estudios Martianos como una dependencia del Ministerio de Educación. El día de su inauguración, el Comisario de turno dijo en su discurso que dicho centro

…orientado por el materialismo histórico, e inspirado en la enseñanza de Fidel en el Moncada, el Centro de Estudios Martianos debe cumplir el compromiso de estudiar las relaciones entre el pensamiento de José Martí y las tareas de la revolución socialista. Grande y valioso aporte hará el Centro de Estudios Martianos si con el pensamiento de José Martí y con el instrumento científico del materialismo histórico logra exponer, con información y datos concretos, los lazos que unen el movimiento democrático revolucionario del Maestro con el ideario socialista de Marx, Engels y Lenin. [8]

A partir de entonces, no cesó el ataque frontal del Totalitarismo contra Martí en la historiografía castrista, su prensa tanto radial como escrita y televisiva, su producción fílmica y los libros de textos escolares en todos los niveles de enseñanza, con el desarrollo embaucador de lo que Carlos Ripoll calificó, justamente, como “La Falsificación de Martí en Cuba.”[9]

Los pormenores del proceso falsificador castrista del pensamiento democrático y humanista martiano servirían para una voluminosa monografía. Por razones de espacio, solamente voy a esbozar unos pocos:

1) Ocultar el marcado sentir anti caudillista de Martí, que le impidió asentarse en México, Guatemala y Venezuela porque, según sus propias palabras “la Colonia siguió viviendo en la República”, lo cual le hizo carenar en Nueva York a pesar de la todavía imberbe democracia norteamericana de la época, a medio camino en su proceso evolutivo.

2) Distorsionar la breve relación de Martí con Carlos Baliño en los Estados Unidos como una especie de camaradería socialista, cuando en ese entonces Baliño era un comprobado anarquista, quien tenía como modelo a Mijail Bakunin, ideólogo fundamental del movimiento y, consecuentemente, connotado antimarxista. Baliño no se adscribiría al socialismo sino casi 3 décadas después, en Cuba, luego de la decadencia e inoperatividad de las ideas anarquistas. Congruentemente, el nuevo converso se encargaría de servir de elemento distorsionador. (Algo semejante le pasaría después a Fidel Castro, quien de su militancia fascista pasó a la socialista, pues, ya desaparecido el fascismo, era la única ideología occidental vigente que le permitía convertirse en dictador vitalicio.)

3) Transpolar cronológicamente las críticas martianas a la sociedad norteamericana como si estuvieran vigentes unas ocho décadas después, cuando las condiciones que las justificaron ya habían sido largo tiempo atrás superadas. Y, al mismo tiempo, omitir los elogios martianos a los elementos positivos de esa sociedad decimonónica que tan objetivamente retrató en sus crónicas.

4) Minimizar (cuando no escamotear) los encontronazos de Martí con Máximo Gómez y Antonio Maceo por el poeta identificar en sus posturas el caudillismo que había echado al traste las repúblicas hispanas de tierra firme y que él intentó (inútilmente) que no se repitiera en Cuba.

5) Ignorar, y hasta ocultar su filosofía humanocentrista, construida con los elementos heredados, desde los antiguos humanistas (Bruno, Erasmo, etc.) hasta otros filósofos de inicios del siglo XIX como Krause, cuyas ideas tuvieron una amplia resonancia en el mundo hispano (Martí fue un krausista confeso).

6) Hacer lo mismo con su praxis política basada en el sistema democrático y sus cambios evolutivos por consenso, no mediante la lucha de clases ni la violencia. No en balde escribió que “Una revolución es necesaria todavía: ¡la que no haga Presidente a su caudillo, la revolución contra todas las revoluciones!...”

7) El intento llegó, incluso, al pináculo de la demagogia o la más absurda ridiculez (o ambas a la vez) al intentar justificar el monopartidismo totalitario porque Martí había fundado ¡un solo partido! (¿acaso querían los ‘sabios’ ideólogos castristas que éste hubiera organizado otro partido político que sirviera de oposición al primero?) Martí utilizó la palabra “partido” para aunar las fuerzas independentistas como alternativa a la plataforma programática del Partido Autonomista (muy popular en Cuba, dicho sea de paso, en particular entre las llamadas ‘clases vivas’) y otras tendencias políticas en Cuba (integristas y, anexionistas), pero, obviamente, no porque promulgara el monopartidismo. En fin…

Aunque, realmente, la falsificación del ideario martiano por parte del Totalitarismo no fue una obra perfecta, ya que su resultado dista mucho de haber sido exitoso. La generalizada “doble cara” de muchos intelectuales varados en la Isla (a quienes se les permitió espaciar u omitir sus loas al régimen con tal de no hacer públicas sus críticas) y el consiguiente intento de incumplir subrepticiamente las directrices gubernamentales, hizo que muchos de ellos “entre col y col totalitaria” cultivaran alguna que otra “lechuga contestataria”, aunque fuera entre líneas. Incluso, en el mismo Centro de Estudios Martianos no eran todos los que estaban ni estaban todos los que eran. Aunque siempre bajo la mirada “profesionalmente” inquisitiva de los “segurosos”[10], algunos de ellos hasta hicieron contacto clandestino con martianistas del Exilio, con quienes intercambiaban ideas, y produjeron trabajos de real seriedad académica, consultando como fuentes libros prohibidos, si bien no dándoles créditos ni nombrando a sus autores exiliados siguiendo la advertencia del apotegma sarcástico de jugar con la cadena; pero con el mono, no. Hasta el legendario e indagado choteo cubano se hizo disidente en el Centro de Estudios Martianos, cuando no pocos de sus empleados ‘rebautizaron’ a sus espaldas a un director (léase comisario estilo soviético) de apellidos Toledo Sande como “Tolete Sandez”.

Las más recientes generaciones de cubanos, gracias al acceso (aunque restringido) al mundo digital y un consiguiente atisbo del mundo exterior, han comenzado a desintoxicarse de la espuria falsificación de Martí en Cuba. Otros, menos afortunados, han reaccionado con un efecto secundario negativo de amargura histórica: rechazan a Martí por considerarlo el culpable del horror consuetudinario en que desviven por creerlo todavía el “Autor Intelectual del Asalto al Cuartel Moncada”.

En todo caso, oficialmente, como lógico resultado de la feroz guerra del Totalitarismo contra José Martí, el Apóstol quedó como un simple precursor de Fidel Castro, este último auto convertido, por obra y desgracia de sí mismo y su cohorte de pajes y bufones prebendados, en el “Máximo Líder”; es decir, superior a todos quienes le antecedieron (incluyendo a Martí) como una falaz versión ampliada devenida en caricatura del personaje de Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos. Al final permaneció forzosamente en las mentes instilada (aunque para muchos rechazada), la repetida frase de que “Martí lo soñó y Fidel te lo cumplió”, la más nefasta y asquerosa malinterpretación de todos los tiempos del ideario martiano.

Pero queda la obra de Martí, pues aunque aquí falte, señores, ay, una voz, los “bramidos” de su pluma (como señalara Domingo Faustino Sarmientos) aún se escuchan en las páginas de sus faenas que algún día –una vez vencido el gigantesco molino de viento del horror– se conocerán en Cuba sin los innobles afeites de la referida falsificación mantenida por los descendientes históricos del castrismo, tanto presentes como futuros. Pues, por mucho que éstos se resistan atrincherados en la ignominia, parafraseando la frase del Apóstol sobre Bolívar y América, ¡Martí tiene mucho que hacer por Cuba todavía!


Miami, primavera de 2025.


[1] Palabras pronunciadas por el autor en un Acto Martiano del Instituto de la Memoria Histórica Cubana Contra el Totalitarismo, llevado a cabo el 10 de mayo de 2024 en el Auditorio de Westchester Regional Library, en el estado de Florida (USA).

[2] Mussolini fue uno de los más admirados personajes históricos de Fidel Castro, quien le sirvió de modelo y especie de mentor. El dictador cubano parafraseaba (por no decir plagiaba) frases de sus discursos e imitaba sus gesticulaciones en la tribuna.

[3] Franco y Castro, luego de una breve escaramuza con el embajador español en Cuba, mantuvieron muy estrechas relaciones, posiblemente por la raíz gallega y, en particular, su compartida ‘profesión’. El cubano, incluso, salió en defensa de su homólogo español cuando éste fue detenido brevemente en Madrid.

[4] Reproducido en su totalidad en “La muerte (también sin acabamiento) de José Martí” en: Lolo, Eduardo. El Asesinato de la Historia o Crimen en el Occidente Express. Nueva York: Editorial de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, 2024: 85-102.

[5] Marinello, Juan. “Martí y Lenin” Repertorio Americano (Costa Rica) Vol. 30, núm. 4 (26 de enero de 1935): 58-59.

[6] Obra de Juan José Sicre y Vélez (1898-1974) con la colaboración de Roberto Estopiñán Cernuda (1921-2015), ambos fallecidos en el Exilio.

[7] Financiada por el gobierno de Fulgencio Batista, fue dirigida por el afamado realizador mexicano Emilio “El Indio” Fernández.

[8] Anuario del Centro de Estudios Martianos, I/1978: 17-18.

[9] Véase La falsificación de Martí en Cuba, de Carlos Ripoll. 2da, edición, anotada. Nueva York: Unión de Cubanos en el Exilio, 1992; también en Martí en Cuba hoy (Nueva York: Editorial Dos Ríos, 1996). Hay una traducción al inglés de Manuel A. Tellechea publicada por la University of Pittsburgh Press en 1994. El término “falsificar”, relacionado con el tratamiento de José Martí por la historiografía castrista, parece haber sido utilizado por primera vez por Carlos Márquez Sterling en la Introducción que escribiera en el Exilio a su Biografía de Martí (Barcelona: Talleres Gráficos de Manuel Pareja, 1973.): 7

[10] Nombre burlescamente despectivo con el cual en Cuba se denomina a los miembros de la Seguridad (G2) del Estado, construida a imagen y semejanza de la Stasi, abreviatura de Ministerium für Staatssicherheit (Ministerio para la Seguridad del Estado), nombre oficial de la policía política de la desaparecida República Democrática Alemana (RDA), fiel heredera en su metodología del espanto de la Gestapo (abreviatura de Geheime Staatspolizei)
nazi.