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Tuesday, May 3, 2022

EL COMITÉ CUBANO DE PARÍS

 

Ramón Emeterio Betances

Por Teresa Fernández Soneira

 

"¡Cubanos y puertorriqueños!, unid vuestros esfuerzos, trabajad de concierto, somos hermanos, somos uno en la desgracia; seamos uno también en la Revolución y en la independencia de Cuba y Puerto Rico. Así podremos formar mañana la confederación de las Antillas."                Ramón Emeterio Betances[1]

 

Era el París del siglo XIX en el que todos se respetaban: había tolerancia y libertad, fuera uno republicano o monárquico; anarquista o bonapartista; judío, católico o protestante. La libertad de pensamiento, de prensa, de asociación, de reunión, estaba reconocida. El derecho a la huelga estaba garantizado, y el divorcio existía de nuevo. Era la belle époque[2] en que el arte y el amor tenían por capital a París. Los cubanos se dieron cita en ese contexto ya desde 1830 y durante el resto del siglo XIX en que duraron las contiendas independentistas.  A Francia emigraban aquellos cubanos pudientes que no querían estar expuestos a los conflictos de la guerra en la isla.  Eran los sectores más privilegiados; una comunidad sumamente rica, aunque no quería esto decir que todos los cubanos que allí residían eran adinerados ya que, por ejemplo, la hija de José Antonio Saco o el hijo de Narciso López vivían en la estrechez. 

Estaba la colonia compuesta por los hijos de los hacendados azucareros, los dueños de las grandes caballerías de terrenos, y por algunos otros cubanos influyentes.  Había entre ellos científicos, abogados, músicos, artistas y médicos. Todos se entrelazaban profesional y fraternalmente.  La mayoría de ellos habían logrado trasplantar a París las mismas relaciones sociales que tenían en la Isla, así como su modo de vivir: los azucareros continuaban con su aristocrático estilo de vida, y los profesionales seguían ejerciendo sus carreras con éxito. No existían sectores de obreros asalariados, ni artesanos, ni campesinos, ni comerciantes.  Los cubanos de origen trabajador y los profesionales de menos relieve, que fue el mayor número de exiliados desde el 1868 en adelante, marcharon a Estados Unidos, México, las Antillas, y a Centro y Sur América. 

A “la ciudad luz,” como llamaban a París, fueron Mercedes Santa Cruz y Montalvo, condesa de Merlín,[3] el poeta José María de Heredia, y también Gertrudis Gómez de Avellaneda, aunque esta última luego de un tiempo en Francia, hizo de España su hogar.  Les siguieron los políticos de diferentes tendencias: Francisco Frías Jacott, Conde de Pozos Dulces; Porfirio Valiente, José Valdés Fauli, José Antonio Saco, José Morales Lemus, Nicolás Azcárate, Francisco Vicente Aguilera, Manuel de Quesada y otros más. También integraban la comunidad varios comerciantes, como los hermanos Terry de Cienfuegos. José Emilio y Francisco Terry eran los “varones de la sacarocracia,[4]” y de ellos dos, José Emilio fue el que más se destacó por ser en aquel momento el “primer productor de azúcar del mundo”.  Su gran fortuna le permitió adquirir en 1891 el famoso castillo de Chenanceau[5] en la región del Loira.

Igualmente se distinguieron varias damas de la alta burguesía cubana junto a sus esposos: Marta Abreu Arencibia y sus hermanas, Rosalía y Rosa.  Leonor García Whitmarsh, hija del General Calixto García Iñiguez; Ana de Quesada de Céspedes, viuda del padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, y la hija de Juan Clemente Zenea, la Sra. Piedad Zenea de Bobadilla. También estaban Cristina Saco Frías, hija de José Antonio Saco, y Dolores Madán, Marquesa de San Carlos de Pedroso.   Aunque nunca se llegó a realizar un censo de la población cubana que residía en Francia en esas décadas, a partir de unas 160 fichas se pudo averiguar que el número de miembros de aquella colonia ascendía a unos 300.


El Comité de París, como era conocido este grupo, creó una prensa diversa y con pluralidad de enfoques.  Fue importante el periódico El Americano, que se publicaba en francés y español y que era tribuna de muchos destacados antillanos. También se editaba el Bulletin de la Révolution Cubaine bajo la dirección de Ramón de Armas y Céspedes, que divulgaba una relación detallada de las operaciones militares en la Isla.  El santiaguero, Porfirio Valiente y Cuevas[6], quien ya había conspirado en los Soles y Rayos de Bolívar[7] en La Habana en 1823, publicó en París su folleto Réformes dans les iles de Cuba et Porto Rico.[8]  Algunos miembros del Comité escribían para L’Intransigeant, Le Jour o Le Temps, La Renaissance, La Petite République y Le Matin. También se publicaba el periódico bilingüe La República Cubana/La République Cubaine dirigido por Domingo Figarola-Caneda,[9] y que era el órgano revolucionario de los cubanos en Francia. Otros periódicos como La Revista Latinoamericana (1874) y El Hispanoamericano (1882) así como América en París (1891), publicaban también sobre el tema cubano. La prensa se convirtió en uno de los medios más importantes de este Comité para divulgar los problemas de Cuba. Tuvieron la fortuna de ser apoyados por varios escritores franceses de renombre, entre ellos Víctor Hugo y Elisée Reclus[10]. 

Desde Nueva York, José Martí estaba al tanto de lo que ocurría en Francia.  Conocía al médico puertorriqueño, Dr. Ramón Emeterio Betances[11], que residía en París, y se comunicó con él: “París es a un tiempo residencia de un gobierno nuevo humano, y de un grupo considerable de hijos de Cuba. […] ¿Quería Ud. contribuir con su ayuda valiosa a organizar en París un grupo vigoroso y activo de auxiliares de nuestra seria y creciente Revolución?”[12]  Betances, quien se había distinguido por su labor en favor de su patria, Puerto Rico, y había sido amenazado de ser expulsado de Francia por sus labores conspirativas, acepta la propuesta de Martí.  En aquellos momentos Betances no solo practicaba su profesión de médico, sino que también era delegado del Partido Revolucionario en Francia; Agente Diplomático General de la República de Cuba en ese país, y presidente honorario del Club Borinquen de Nueva York.  No pocas veces le causaría agotamiento tantas obligaciones. El Comité comenzó a reunirse en su domicilio los lunes a las 8 y media de la noche. Dice el historiador Paul Estrade[13] que “su consultorio y su casa se habían convertido en un antro de agitadores y en un nido de conspiradores”.  Una vez nombrado director del Comité, su primera declaración fue para el semanario La Revue Diplomatique:[14] “Martí, Gómez y Maceo hoy están de nuevo a la cabeza de la revolución del 24 de febrero de1895 que el gobierno español ha querido hacer pasar primero por un asalto de bandidos y después por una rebelión de negros… […] Cuba está destinada a probar, una vez más, que los españoles han podido hacer todo en América, excepto hijos españoles”.   

Aunque a menudo divididos, las funciones del Comité se mantuvieron más o menos activas a lo largo de tres años, sobre todo entre 1896 y 1897.  El grupo celebraba tertulias en la casa de José Valdés Fauli[15] donde se informaba de las últimas noticias recibidas de la Isla; se intercambian datos sobre la situación económica de algunos exiliados, y se buscaba la forma de remediar su miseria. Para influenciar en Francia, España y los Estados Unidos sobre los asuntos de Cuba, se preparaban informes que luego aparecían publicados en la prensa en diferentes idiomas. Las más importantes conferencias y reuniones del Comité se llevaron a cabo en el salón del hotel de las Societes Savantes en el Barrio Latino. Allí habló, entre otros, Vicente Mestre Amabile[16] sobre su obra “La cuestión cubana y el conflicto hispanoamericano”, y también se realizó un banquete con algunos masones franceses.  Para apoyar las necesidades de las tropas mambisas se llevaron a cabo otras actividades en el restaurante Marguery y en los salones del Gran Hotel de París.

Además de estos profesionales y comerciantes, residían en París músicos y artistas como el violinista José White Lafitte; el pianista y compositor Ignacio Cervantes; el pintor Guillermo Collazo y el dibujante Heredia y Saavedra.  No hay información sobre si Cervantes y White tocaron en alguna velada de la comunidad. Sabemos que Cervantes desarrolló parte de sus estudios en París y que llegó a tocar junto a las grandes cantantes Christina Nilsson and Adelina Patti, y que White, se convirtió en gran amigo del compositor italiano Giachino Rossini, y fue aclamado por los amantes de la música clásica en toda Europa. 

Marta Abreu

A pesar de que con sus fortunas estos cubanos lograron colocarse en primera fila una vez que terminó la guerra, sus aportaciones económicas a la lucha revolucionaria siempre estuvieron por debajo de sus capacidades económicas. Pero hubo excepciones. Por su generosidad y patriotismo no podemos dejar de mencionar a la gran benefactora villaclareña, Marta Abreu Arencibia, quien donó parte de su fortuna a la causa patriótica: unos $200,000.00 de la época.  Como dijo el Dr. Fermín Valdés Domínguez[17], Marta humildemente “ocultaba entonces su nombre bajo el seudónimo de Ignacio Agramonte y ella, como aquel gran genio, sería para los cubanos, símbolo de honor”.  En una reunión uno de los asistentes informó que con mil fusiles bien distribuidos en Las Villas se aseguraría el triunfo de la guerra en menos de un año. Marta preguntó que cuánto costarían esos fusiles, y el informante le dijo que el precio sería de $10,000. Marta replicó: "Pues yo los doy".  Tiempo después, Estrada Palma le pidió al escritor Raimundo Cabrera[18] que fuera a visitar a Marta, ya que nuevamente necesitaba su ayuda, esta vez para adquirir un vapor, estimándose que valdría unos $80,000. El giro de Marta no se hizo esperar. En total, en los 3 años que funcionó el Comité Cubano en Francia se recogieron 1.800.000 francos, aunque esta cifra posiblemente no sea la correcta pues muchas entregas no llegaron a documentarse por temor a represalias si se conocían en Cuba los nombres de los donantes. Pero no todas las contribuciones fueron en dinero.  Hay que resaltar los sesenta cubanos de París que quisieron pasar a las filas del Ejército Libertador, y que se embarcaron para Cuba a luchar en la manigua.

Al llegar el fin de la guerra, la comunidad se dispuso a celebrar por todo lo alto con banquetes y actividades patrióticas.  He aquí un resumen de la crónica publicada en la revista “Cuba y América”: “La satisfacción que los cubanos íbamos sintiendo, al aproximarse la memorable fecha del 20 de mayo y el inefable placer que hemos de seguir experimentando, viene demostrándose en los salones de la colonia cubana de París, por numerosas recepciones en donde la animación y la alegría general unida a los acordes de la cadenciosa danza o las notas agudas de triunfales himnos, nos han hecho entrever la Patria independiente en su aspecto real de unánime alborozo” .[19] 

En la misma revista apareció la invitación que hacían el General Collazo y su esposa Angelita Benítez a una comida la noche del 20 de mayo.  Dice la crónica que el salón estaba decorado con numerosas banderas cubanas.  En los salones también había varios retratos de patriotas, entre ellos el de José Martí junto a una estrella de flores blancas naturales que colgaba del centro de uno de los espejos del comedor, y los elegantes menús llevaban impresos el escudo de Cuba.  Varias damas asistieron como las señoras Leonor Pérez de la Riva, Angelina Ponce de León de Lombard, y las parejas los señores Martínez-Ibor, los Whitmarsh-García; Collazo-Benítez; Elisa Bilbao-Marcaida y su esposo Raimundo Cabrera.  También estaban Gloria de Céspedes de Quesada, hermana gemela de Carlos Manuel de Céspedes; Tomás Terry y su esposa Teresa Dorticós y Leys, y Amalia Goicuría de Vaymari, hija del patriota Domingo Goicuría.

Raimundo Cabrera


Cuando llegó el momento del regreso, casi todos los integrantes de aquella colonia volvieron a la Isla. Algunos mantuvieron residencia en Francia, y otros pocos se quedaron a vivir definitivamente en ese país como Enrique Piñeyro y Barry y Francisco de Frías y Jacott, IV conde de Pozos Dulces.  En cuanto al Dr. Betances, después de haber realizado una intensa labor manteniendo la unión y recaudando fondos para el Ejército Libertador; de haber sido militante defensor de la libertad de las Antillas, y de haber vivido en el exilio la mayor parte de su vida, acabaría sus días gravemente enfermo en una clínica cercana a París viendo como su patria, Puerto Rico, terminaba bajo el dominio español.  Falleció el 16 septiembre de 1898 a los 71 años.  Su esposa, la puertorriqueña Simplicia Jiménez Carlo,[20] estuvo con él hasta el final, así como su mejor amigo, el médico cubano Filiberto Fonst.  Al morir, la Sra. Piedad Zenea de Bobadilla se encargó de guardar en una caja toda la papelería de Betances y luego enviarla a Benjamín Guerra, tesorero de Partido Revolucionario Cubano en Nueva York. 

El 10 de diciembre de 1898 se firmó el Tratado de París entre España y Estados Unidos sin que fuera invitada una delegación cubana.  Así se dio fin a la Guerra Hispano-Cubana-Norteamericana, y  España abandonó sus demandas sobre Cuba.  Comenzaba una nueva etapa para la futura República. 

 

 


 Notas:

Araujo, Nara: “José Martí, crónicas francesas”, El Nuevo Félix, 2007.

Barnet, J.A.: “Los salones cubanos de París”, Cuba y América, año VI, no. 25, pp. 125-128, La Habana, julio, 1902.

Castromori, Javier de: “Enrique Piñeyro: esteticista de la crítica literaria cubana, En el centenario de su muerte”, Memorandum Vitae, 13 abril, 2011.

 

De Armas Céspedes, Ramón: Bulletin de la Révolution Cubaine, 1871-1874.

Domingo Acebrón, María Dolores: “Los reformistas cubanos en París, 1838-1878”, Caravelle CMHLB, no. 74, pp 105-117, Toulusse, 2000.

 

Enríquez Ureña, Max: “Poetas Cubanos de Expresión Francesa”, revista Iberoamericana, Nueva Orleáns, Luisiana, mayo, 1941.

 

Estrade, Paul:  Iniciación a Betances, Casa de las Américas, La Habana, 2008.

___________:  La colonia cubana de París  1895-1898- El combate patriótico de Betances y la solidaridad de los revolucionarios franceses, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,1984.

___________: Solidaridad con Cuba Libre 1895-189: la impresionante labor del Dr. Betances en París, Universidad de Puerto Rico, San Juan, 2001.

___________: y Félix Ojeda Reyes: Pasión por la libertad, Instituto de Estudios del Caribe Editorial de la Universidad de Puerto Rico, San Juan, 2000.

 

La Revue Diplomatique, París, 19 mayo, 1895.

 

Martí, José: Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.

 

Navarrete, William: “Un castillo francés propiedad de cubanos”, El Nuevo Herald, Miami, 1 de mayo, 2016. 

 

Ojeda Reyes, Félix: El desterrado de París, biografía del Dr. Ramon Emeterio Betances, Ediciones Puerto, San Juan, 2001.

 

Pons Cardá, Rubén: “Betances y la colonia cubana en París (1895-1898”), Revista de Sociología Histórica, año 1, núm. 1, Universidad de Murcia, oct. 2010.

Valiente, Porfirio: Las reformas en las islas de Cuba y Puerto Rico, Imprimerie Centrale des Chemins de fer, París, 1869.

 

 

Tomado de la revista Convivencia: un umbral para la ciudadanía y la sociedad civil. Desde el interior de Cuba. No. 86, Año XV: p. 30-33. Reproducido con permiso de la autora.

 



[1] Manifiesto de 1867.

[2] Belle époque, período anterior a la Primera Guerra Mundial caracterizado por el progreso socioeconómico y cultural y, consecuentemente, del ocio.

[3] Mercedes Santa Cruz, condesa de Merlín (La Habana, 1789 - París, 1852) escritora y novelista cubana. Llegó a Madrid en 1802 donde sus padres tenían un lugar preferente en la Corte de Carlos IV.  En 1810 se casó con Cristóbal Merlín de Thionville y en 1813 se marcharon a París.

[4] Aristocracia azucarera cubana.

[5] En el castillo se puede todavía apreciar en la galería del primer piso, dos butacas de cuero con las iniciales E.T. (Emilio Terry). José Emilio Terry vendió el castillo a su hermano Francisco, y tras su muerte lo heredó su hija Natalia quien lo vendió en 1913 a Henri Menier, heredero de los fabricantes de chocolates del mismo apellido. Ver William Navarrete, “Un castillo francés propiedad de cubanos”, El Nuevo Herald, 1 de mayo 2016.

[6] Porfirio Valiente y Cuevas (Santiago de Cuba, 1807- Jamaica, c. 1870), político y patriota cubano.

[7]  Intentos prematuros para lograr la independencia de Cuba de la sociedad secreta masónica de los Soles y Rayos de Bolívar.

[8] Las reformas en las islas de Cuba y Puerto Rico, Imprimiere Céntrale des Chemins de fer, París,1869.

[9] Periodista, literato y patriota, (1852-1926). Fundador y primer director de la Biblioteca Nacional de La Habana.

[10] Elisee Reclus, (Sainte Foy la Grande, Francia, 1830- Bélgica, 1905), geógrafo francés de ideas anarquistas.

[11] Ramón Emeterio Betances (Cabo Rojo, Puerto Rico, 1827 - Neuilly-sur-Seine, Francia, 1898) prócer puertorriqueño y el principal artífice de la insurrección armada conocida como el Grito de Lares.  Era médico, historiador y diplomático. Había estudiado medicina en Francia donde tuvo renombre por sus investigaciones científicas. 

[12] Carta de José Martí a Ramón Emeterio Betances, Obras completas de José Martí, tomo VIII, p. 55, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1975.

[13] Paul Estrade y Félix Ojeda Reyes: Pasión por la libertad, Instituto de Estudios del Caribe Editorial de la Universidad de Puerto Rico, San Juan 2000, p. 199.

[14] La Revue Diplomatique, París, 19 mayo 1895.

[15] Abogado y rector de la Universidad de La Habana, salió de Cuba por ser acusado de promover los acontecimientos del Teatro Tacón en La Habana y forzado a exiliarse. Le fueron embargados todos sus bienes.

[16] Vicente Mestre Amabile, ofreció esta conferencia el 5 junio 1896.

[17] Fermín Valdés Domínguez (La Habana 1853-1910), médico y amigo entrañable de José Martí.

[18] Raimundo Cabrera abogado, periodista, publicista y novelista (La Habana 1852-1923).

[19] J.A. Barnet: “Los salones cubanos de París”, Cuba y América, año VI, no. 25, pp. 125-128, La Habana, julio 1902.

[20] Simplicia Jiménez Carlo (Cabo Rojo 1842-San Juan, Puerto Rico 1923)

Tuesday, May 9, 2017

Un cubano alcalde de París, la historia lo enterró y ahora lo rescata

Por William Navarrete*

El 5 de octubre de 2015, Anne Hidalgo, la alcaldesa de París, y otros ediles del Ayuntamiento de la capital, inauguraron en la esquina de la calle Saussure y el bulevar de Pereire, en el distrito XVII de la capital francesa, la calle Severiano de Heredia. Todo el que levante la vista hacia las dos tarjas que a lo largo de esta arteria peatonal existen podrá leer algunos de sus cargos: ‘‘Diputado del Distrito XVII. Presidente del Consejo de París (1879). Ministro de Obras Públicas (1887)’’.
Nacido en La Habana, en 1836, y educado en París desde los 11 años de edad aproximadamente, este otro Heredia cubano (menos conocido que sus dos primos poetas, José María Heredia y Heredia y José-María de Heredia) fue, por así decirlo, el primer hombre de origen africano en obtener una cartera de ministro en un gobierno europeo y el único nativo del continente americano que ha ocupado el relevante puesto de la Alcaldía de París.
 El gesto, para estos tiempos en que el lenguaje de la diversidad o de la ‘‘mixité’’ (como se llama en francés al fenómeno de integración racial a nivel de instituciones) está de moda, tiene mucho de significación política. Y como suelen hacer los de la política, echar mano al único alcalde de París con orígenes africanos y rendirle homenaje más de un siglo después tiene bastante de ganga.
Hijo de la esclava y el amo
Poco se sabe de la infancia de Severiano de Heredia. Los autores que han abordado su biografía (tanto en español como en francés) afirman que fue bautizado en la parroquia de Jesús del Monte, en aquel entonces en los campos aledaños a La Habana, el 4 de enero de 1837, como hijo de los esclavos liberados Henri Domingo de Heredia y Beatriz de Cárdenas (quienes llevaban entonces los patronímicos de sus amos). En el acta de bautizo aparece como padrino Ignacio de Heredia Campuzano, terrateniente y propietario de esclavos, quien estaba casado con la normanda Madeleine Godefroy, con quien no tuvo hijos. El conde de Jaruco, en Historia de familias cubanas, menciona a Severiano como hijo adoptivo (e insinúa que natural) del mencionado Ignacio, y añade que Severiano tomó como segundo apellido –ignoro la razón– el de ‘‘Arredondo’’.


Muchos afirman que era más bien hijo del amo con Beatriz, su esclava, algo que explica por qué el amo decide adoptarlo desde su más tierna edad. Los Heredia formaban parte de un clan de terratenientes de la isla vecina de La Española, establecidos en Cuba después de los episodios de la revolución haitiana. Severiano es primo en grados diversos de José María Heredia y Heredia (1803-1839), el cantor del Niágara y En el teocalli de Cholula, uno de los poetas cubanos insignes del siglo XIX, y también de José-María de Heredia (1842-1905), de similar importancia en el ámbito literario francés.
Después de la muerte de su padre adoptivo (o biológico) en 1848, Severiano viaja con su madre a París y se instala definitivamente en la Ciudad Luz.
Estudios y vida parisina
Severiano de Heredia estudia en uno de los mejores institutos de París: el Lycée Louis-le-Grand, sito en el bulevar Saint-Michel, oficializado con sus correspondientes cartas patentes por el Rey en 1563. Allí estudia durante nueve años, aprende la retórica y será recompensado con un Premio Honorífico en 1853.

Para ese entonces es un joven rico y consentido. Alguien que vive de sus rentas, pues ha heredado la plantación cubana de Santo Cristo y un centenar de esclavos. Puede permitirse lujos, frecuentar la ópera, los cafés en donde se mide el pulso de la vida mundana y la brillante sociedad parisina de esa época. Es un diletante perfecto que escribe, de vez en cuando, críticas de arte para Le Gaulois, u otros textos para la Revue de París, y sueña con convertirse en escritor. Posee una villa en el bulevar Pereire y a juzgar por lo que de él cuenta su vecino y contemporáneo, el editor y escritor Maurice Dreyfous, en su libro de memorias Ce que je tiens à dire (Lo que tengo que contar), publicado en 1912, era un ser ocioso que prefería pasar el día callejeando más que otra cosa.
Influencia de la masonería
Para entender la trepidante carrera política de Severiano habrá que remontarse a la influencia de la francmasonería en este ámbito. En 1866, dos años antes de casarse con Henriette Hanaire, entra en la logia Estrella Polar, perteneciente a la orden del Gran Oriente de Francia. De sus diferentes cargos y funciones desempeñadas en el seno de dicha orden, de la que llegó a obtener el alto grado de Rosa Cruz en 1870, da cuenta Jean-Marie Mayeur en su diccionario biográfico Los parlamentarios del departamento del Sena durante la Tercera República (en francés). Sabido es que el apoyo de esta cofradía o institución iniciática (incluso en la época actual) es una pieza clave para llegar a ocupar puestos políticos de relevancia en la sociedad francesa.
Hoy una calle de París lleva el nombre de Severiano de Heredia.
Cortesía William Navarrete
A ello se añadirá un contexto político particularmente turbulento, marcado por la guerra franco-prusiana de 1870, el fin del Tercer Imperio tras la derrota de Napoleón III y el comienzo de la llamada Tercera República. Por sentimiento patriótico, tal vez porque ya tenía previsto lanzarse en política, solicita y obtiene por decreto de ese año la nacionalidad francesa. Poco después, en abril de 1873, un mes antes de que ocupe la presidencia el general Patrice de Mac-Mahon, duque de Magenta, Severiano obtiene el cargo de Consejero municipal, en representación del barrio de Ternes (distrito XVII de París). Es su primer puesto de importancia en esta esfera.
Carrera política
A partir de su primera nominación, el cubano (si nos atenemos a que nació en la isla de Cuba, entonces bajo la égida de España), naturalizado francés, será representante del departamento del Sena (que incluía entonces la capital actual y algunas municipalidades limítrofes) y en 1879 es elegido presidente del Consejo de París, un puesto que equivale hoy al de alcade. Tenía 42 años y había sido designado por los ediles de un Ayuntamiento que se reunía entonces en el palacio de Luxemburgo por haber sido incendiado el original por los communards en mayo de 1871 (y no reconstruido hasta años después).
A principios de la Tercera República, la función de alcalde había dejado de existir. París se había enfrentado al Estado durante los episodios sangrientos de la Comuna y había quedado administrada por una asamblea de consejeros o representantes dirigidos por un presidente cuyas funciones eran aproximadamente las de un alcalde de antes y de nuestro tiempo.
Severiano de Heredia fue reelegido diputado del distrito XVII en 1881 y, finalmente, ministro de Obras Públicas en 1887, año en que comenzó la construcción de la Torre Eiffel, al final del mandato de Jules Grévy.
Durante ese periodo y la década siguiente se hará eco de las ideas más progresistas en aras de la separación del Estado de la Iglesia, en favor de la libertad de la prensa, de la escuela pública, se destacará en la creación bibliotecas municipales y se convertirá en portavoz de la necesidad de un Estado laico. Llegó incluso a presidir la Asociación Filotécnica, después de que lo hicieran Víctor Hugo y Jules Ferry. Compartía, además, las ideas de este último, pero lo perseguía su pasado esclavista, el hecho de que su fortuna personal se fundara en la explotación de la mano de obra esclava y en la economía colonial de la plantación, algo que sus detractores evocaban constantemente para desacreditarlo.
En el universo de las rencillas políticas no le sobraron enemigos. ‘‘El mulato del Elíseo’’, como a menudo le llamaban, era caricaturizado en la prensa por los sectores conservadores, y hasta por los propios socialistas de la época.
Rescatado de las tinieblas
El empeño de Paul Estrade, profesor universitario e hispanista, influyó en la decisión de la Alcaldía de París de rendir homenaje a este olvidado de la historia. De la misma manera que su pariente José-Maria de Heredia, también nacido en Cuba, fue el primer extranjero en ocupar un sillón en la Academia de la Lengua francesa, Severiano había sido el primer hombre de color en encabezar un ministerio europeo.
Por razones inexplicables, tal vez porque a fines del siglo XIX Europa se repartía África durante la conferencia en Berlín (1885) y porque la política colonial entraba en contradicción con su permanencia en un puesto gubernamental, el hijo de esclavos afrocubanos se convirtió en un personaje incómodo.
De las tinieblas del olvido lo rescata el profesor Estrade en un libro que lleva en portada una de las caricaturas inspiradas en él: Ce mulâtre cubain que Paris fit maire (Ese mulato cubano que París convirtió en alcalde), publicado en las ediciones Les Indes savantes, en 2011 (por ahora sólo en francés).
Y no porque no hubiera referencias de él en la prensa y en diferentes tras publicaciones, sino porque hasta entonces a nadie parecía importarle mucho la vida y obra de tan singular personaje.
Descendencia y herencia
Severiano de Heredia muere arruinado en 1901, en el mismo barrio en que comenzó su carrera política, muy cerca del parque Monceau. Se dice que invirtió lo que quedaba de su fortuna en el desarrollo del automóvil eléctrico (en lo cual también se adelantó a su época). Tuvo dos hijos de los que el varón murió pequeño y la hija, Marcelle de Heredia, fue una célebre neurofisiológica que tuvo sólo un hijo adoptivo: el pintor Carlos Lapicque, fallecido en 1998.
Al entierro de Severiano asistieron algunos miembros del gobierno y del cuerpo diplomático de Haití (Cuba se encontraba entonces bajo administración norteamericana durante el primer periodo de ocupación), encargado de dirigir las exequias. Nunca obtuvo la Legión de Honor, ni ninguna de esas altas órdenes francesas que pasan de mano en mano por alianzas y favoritismos. Y en el cementerio de Batignolles, en un mausoleo de piedra en forma de caseta, fue enterrado sin que su nombre figurara por ello durante mucho tiempo en la lista de personalidades y hombres ilustres que acoge el camposanto.

Panteón de Severiano de Heredia 
Quedan muy pocas calles disponibles en una ciudad tan densa como París y los olvidados tienen que conformarse con pedazos de plazuelas o calles peatonales que son más bien aceras. De hecho, la de Severiano tiene una sola manzana y un café moderno (L’Iguane) como única referencia. Por otra parte, el cementerio de Batignolles lo ha incluido finalmente en su lista de personalidades, tal vez la mejor prueba de que comienzan a rendir honores merecidos a este hombre singular, nacido en la mayor de las Antillas.

*Escritor cubano residente en París. El texto, tomado de El Nuevo Herald, es reproducido aquí con autorización expresa del autor.