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Tuesday, April 16, 2024

Roban sede de monumento masónico en La Habana: estiman pérdidas en cientos de miles de dólares*



Por Camila Acosta

LA HABANA, Cuba -. Varias obras de arte inventariadas como Patrimonio Nacional de Cuba, lámparas antiguas, pertenencias personales y más de un centenar de documentos y objetos históricos de valor nacional fueron 
saqueados del Monumento Memorial Masónico Franklin Delano Roosevelt en Santiago de Las Vegas, La Habana, denunció a CubaNet Eduardo Leal Noda, su fundador.


En declaraciones a CubaNet, Leal Noda aseguró que los daños “ascienden de $500,000 a $800,000 dólares, aproximadamente, en el mercado interno cubano, no en el internacional ya que, de este ser el caso, esta cifra sería aún mayor”.

Según este historiador, “el robo con fuerza, allanamiento y violación de domicilio se descubrió el 20 de marzo” último y fue perpetrado por sus vecinos del fondo.

“Destruyeron parte del muro del fondo en el primer y segundo piso; allanaron todas las partes de mi propiedad, rompiendo puertas y otros elementos y, por sobre todo, robando cosas tanto personales como registradas e inventariadas en el patrimonio nacional”, declaró.

Su hijo, Oreste Leal Rodríguez, realizó la denuncia el día 5 del mes en curso en la estación de policía de Santiago de Las Vegas. Según el documento, Leal Rodríguez acusó a Lisbeth Alonso Prado, a Fabián Alonso y a Josefa Prado por presuntamente romper la pared de su domicilio y apoderarse de parte de su vivienda.

Hasta el momento, la policía no se ha presentado en el lugar para hacer indagaciones.

Eduardo Leal explicó a CubaNet que Fabian Alonso es el secretario de la UJC de su facultad de medicina, y Lisbet Alonso Prado, es dirigente de la Empresa Eléctrica de Capdevila, en el municipio de Boyeros.

“En su residencia, que es la número 18002 entre 180 y 184, Rpto Nueva Aurora Stgo de las Vegas, municipio Boyeros, La Habana, radica la presidencia del CDR (Comité de Defensa de la Revolución). Estos son los mismos que hace cinco años hablaban mal de la Revolución, e incluso planeaban salir de Cuba, pero ahora resultaron ser fervientes revolucionarios”, añadió.

Aida Leal, hija de Eduardo, en varias publicaciones en su perfil de Facebook ha denunciado la situación. En una de ellas expone que los vecinos en cuestión “sin ninguna autorización legal, solo por abuso de poder, decidieron abrir una entrada desde su casa y decir que eso les pertenece. A través de esa entrada, tuvieron acceso a la casa, rompiendo puertas, rejas, ventanas, en fin”. Actualmente, ocupan y viven en esas partes de la casa que se adjudicaron.

Saqueo en el monumento masónico (cortesía: Eduardo Leal Noda)

En imágenes compartidas por Leal Noda a CubaNet, se observa la vivienda antes y después del robo. “La casa parece una ruina”, detalló.

 

“Estos individuos se valen de su cualidad de revolucionarios para creer que están por encima de la ley, se deben sentir bien respaldados para hacer estas cosas sin ninguna consecuencia, leyes que deberían ser aplicadas estrictamente en este caso, pero en lo cual no tengo fe, debido a la impunidad y tapadera tan arraigadas, sin respetar las leyes”, señaló el historiador.

Eduardo Leal Noda se encuentra desde 2019 en el exilio, en Miami, Estados Unidos. En declaraciones a CubaNet, explicó que tuvo que irse de la Isla por el acoso de la Seguridad del Estado; antes logró sacar del país varias obras de arte, documentos y artículos históricos, previa autorización de instituciones masónicas y de Patrimonio, pero en su vivienda quedaban todavía muchísimos artículos de este tipo.

Saqueo en el monumento masónico (cortesía: Eduardo Leal Noda)

Entre los artículos saqueados se encuentran pinturas, obras de porcelana y de bronce, o cartas originales de José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez.

Durante casi 50 años, Eduardo Leal Noda ha resguardado objetos, cartas y documentos relacionados con próceres de la independencia de Cuba y la República. Este patriminio lo heredó de su familia, algunos de los cuales fueron importantes masones en la etapa republicana.

Esta herencia familiar y su pasión por la masonería lo llevó a colocar en 1982 en su vivienda, ubicada a las afueras de La Habana, en el reparto Santiago de Las Vegas, una tarja de mármol en el portal de la casa, para honrar a Franklin Delano Roosevelt, quien fue nombrado “benemérito de la masonería cubana” el 4 de julio de 1947 por su bisabuelo, Enrique Elizaga Peláez, quien fuera Gran Maestro y Soberano Gran Comendador de la Masonería en Cuba.

Esta afrenta al poder comunista en la Isla, le valió a Leal Noda, con apenas 22 años, la persecución de los órganos represivos y la expulsión de la Universidad de La Habana cuando cursaba el cuarto año de la carrera de Medicina.

De igual forma, mediante sus agentes infiltrados en las logias, el régimen impidió que realizara el sueño de su vida: iniciarse en la masonería.

Años más tarde, ubicaría igualmente en su casa una estatua de Roosevelt de tamaño real en bronce, que se convirtió en la única que existe en el mundo del exgobernante estadounidense vestido de masón.

El 30 de enero de 2016 el Monumento Memorial Masónico Franklin Delano Roosevelt fue formalmente inaugurado. En el acto inaugural participaron: el agregado cultural de la Embajada de los Estados Unidos en Cuba, Bruce P. Kleiner, funcionarios de la dirección provincial del ministerio de Cultura, entre ellos el historiador Eduardo Torres-Cuevas, así como líderes de la masonería en la Isla.

En ese evento, el monumento y la vivienda fueron igualmente declarados como Patrimonio Cultural de Cuba y de Santiago de Las Vegas.

Estatua de Franklin Delano Roosevelt en el monumento memorial masónico (cortesía: Eduardo Leal Noda).

Entre los objetos custodiados por Leal Noda se hallan la banda masónica del poeta José María Heredia, así como la banda del grado 33 del expresidente Gerardo Machado. También se cuentan documentos firmados por José Martí, Tomás Estrada Palma, Bartolomé Masó y otros próceres de la independencia.

En 2019, este historiador se exilió en los Estados Unidos, en donde logró iniciarse en la masonería. Entre los objetos que logró salvar se hallan la máquina de escribir de Ernest Hemingway y la bandera cubana que se izó en La Habana el 20 de mayo de 1902.


*Tomado de Cubanet.

Wednesday, January 18, 2023

Elena Larrinaga y la familia que fundó la Antillana de Acero*

 POR LESTER ÁLVAREZ MENO


Elena Larrinaga, nacida en La Habana en 1955, se ha convertido en una de las principales activistas por la democracia y los derechos humanos en Cuba desde España, donde ha terminado radicándose tras un periplo que la llevó por Estados Unidos y varios países europeos tras salir al exilio con tan solo cuatro años de edad, luego de la llegada al poder de Fidel Castro en la Isla.

Hija de Severiano Larrinaga, un importante empresario cubano, cuyas propiedades fueron confiscadas por el Gobierno de Fidel Castro, Larrinaga fundó y fue elegida presidenta de la Federación Española de Asociaciones Cubanas (FECU), organización mediante la cual prestó apoyo a los presos de la Primavera Negra en 2003.

Licenciada en Historia Moderna por la Universidad Complutense de Madrid, actualmente Larrinaga también se desempeña como presidenta de la Red Femenina de Cuba y portavoz del Consejo para la Transición Democrática en Cuba, pero más allá de estas iniciativas, su memoria familiar y su vida en el exilio serán los temas centrales de esta conversación con la reconocida activista.

Antillana de Acero 

Elena Larrinaga: "Esta foto es de cuando se puso la primera piedra de Antillana, mi padre creó Antillana de Acero. 


"Esta carpeta vieja hacía mucho que no la veía. Esto me pareció impresionante y que papi nunca hablaba de ello. La familia de mi padre fue impulsora de la creación de Antillana de Acero. Mi padre fue el mayor accionista y el Vicepresidente Ejecutivo de Antillana. Entonces, mirando estos papeles, encontré cosas que me parecieron muy interesantes. Esto es la Antillana, cómo se creó, las acciones que tenía, los accionistas quiénes eran…

"Interesante ver que el 85% del capital era cubano, no americano. Entonces aquí, para mi gusto, hay una cosa muy interesante. Para mi gusto, ¿eh?. Estas son las cartas (Memorándum) que le escribió mi padre a Osvaldo Dorticós, a Fidel Castro, a Guevara, al Capitán Antonio Núñez Jiménez y al Capitán Calixto Morales, que fue quien intervino la Antillana personalmente. Esta es la correspondencia que se pasó hasta que ellos adujeron, yo no sé qué adujeron…Los cuatro Memorándum están aquí. Son cosas que estaban ahí". 

Herencia familiar

Mientras repasa unos documentos, la devenida activista por los derechos humanos en Cuba comenta:

Esto no sé qué es. Esto es de constitución, esto es otra cosa. Esto es el historial de papi. Ah bueno sí, todas las cosas que él dirigía. Bueno, en fin… Te quiero decir que papi hablaba poco. Fue un señor que nos educó en la alegría y lo positivo. Pero cuando pasa el tiempo y con la edad veo estas cosas pienso en qué mérito tuvo mi padre, porque fue una persona que jamás se quejó de nada. Un tipo que trabajó como un bestia.

Él tenía un tío que se llamaba Camilo Aguirre, que se fue a Cuba en el siglo XIX. Era soltero e hizo una fortuna impresionante, porque era un hombre muy trabajador. No tenía hijos. Tenía una única hermana que era la madre de mi padre. Y la llamó por teléfono y le dijo “yo no tengo a quién dejarle esto, manda a tu hijo”. Y su hijo era mi padre. Mi padre resultó ser un hombre inteligentísimo, este señor le puso las cosas en sus manos y él siguió adelante.

Incompatibilidad con la Revolución

"Yo me acuerdo al principio, cuando nos fuimos de Cuba, que nadie entendía que nosotros no fuéramos revolucionarios. Te quiero decir, la Revolución entró en Cuba porque todo el mundo quería cambiar aquello; todo el mundo quería salir de la dictadura de Batista; todo el mundo creyó en el mensaje de Fidel; todo el mundo. Porque si no lo hubieran apoyado todos, hubiera sido imposible.

"Luego, yo siempre digo que, digamos que la gente que más tenía acceso a la información se dio cuenta antes de lo que vendría. Es más fácil si eres papi y estás metido en todo, darte cuenta por dónde van las cosas, que si no estás metido en ese ajo. Yo me acuerdo cuando papi decidió que nos fuéramos. Porque nosotras salimos primero. Nosotros éramos la típica familia… Imagínate todo lo contrario a la Revolución: católica, educadas en colegio de monjas, un matrimonio que se llevaba bien, que eran gente seria, trabajadores, que no robaban… no sé cómo decirte. Éramos justo con lo que había que terminar, ¿no?

"Yo me acuerdo cuando nosotros salimos. Primero nos quedamos en Washington un tiempo. Luego ya, cuando papi salió, decidió que había que organizarse. A él no le gustaba la cultura americana. Nosotros no éramos americanos de sentimiento. Papi y mami no se sentían bien ahí. Vinimos para Europa y luego nos quedamos en España porque papi tenía familia aquí.

"Yo siempre le preguntaba a papi, sobre todo cuando llegamos a Europa, porque cuando estábamos en Washington yo era muy chiquita, ´¿papi, por qué estamos aquí si aquí todo el mundo quiere a Fidel?´. Como esto era una dictadura, Franco trataba a Fidel medio bien. Yo me acuerdo cuando venía Carlos Rafael Rodríguez para acá, le mandaban un carro al aeropuerto, te quiero decir, le daban institucionalmente reconocimiento.

"Yo le preguntaba ´pero, papi, ¿por qué nosotros hemos salido?´ Me decía, ´mira, a lo mejor me confundí, pero, a lo mejor, cuando seas mayor, te darás cuenta, no solo por ti, sino el día que tengas hijos, de que tomé la decisión adecuada´. Y yo ahora no sabes lo que me acuerdo.

"Cuando veo la situación de Cuba y veo a mi hijo, a mis sobrinos, establecidos, con un sentido de pertenencia a un país, todo lo que nosotros no pudimos tener, ellos sí lo tienen. Pues yo digo, en el fondo, que fue una decisión inteligente. Lo que pasa que papi y mami murieron jóvenes, relativamente jóvenes, cincuenta y pico de años.  Yo creo que cuando nosotros crecimos ya ellos como que psicológicamente soltaron las amarras. Perdieron como ese espíritu de lucha que ellos tuvieron. Se murieron pronto".

Léster Álvarez: ¿Aquí en España?

EL: "Aquí. Los dos. Después que mami murió nosotros íbamos mucho a Estados Unidos, pues papi se compró un apartamento en Miami porque casi todos sus amigos vivían allí. Entonces a él le gustaba ir a verlos. Estábamos allí en verano, me acuerdo que íbamos caminando y me dijo —Ay Elena, me duele la pierna—, le dije —papi no te pongas flojo, no te pongas flojo—.

"Fíjate qué cosas más raras: la Antillana se intervino un 29 de febrero. Fue cuando Morales fue para allá, Guevara fue para allá. Montaron un espectáculo horrible. Los obreros salieron, porque querían muchísimo a papi, que era un hombre muy moderno para su época. Cuando llegaba la paga, decían que los empleados de la Antillana se quedaban con el dinero y muchas veces la familia no lo veía.

"Entonces él instauró un sistema que me parece muy inteligente. Él, todos los lunes por la mañana, citaba a las mujeres de los empleados y les daba la mitad de la paga semanal, para asegurarse que las familias tuvieran ingresos. Tenía esa manera un poco más moderna de entender las cosas. Luego empezó a crear viviendas para los empleados allí.

"También es verdad que era el más joven de todo el grupo de directivos. Todos los que trabajan con él eran mayores, con otra mentalidad. Él tuvo muchas conversaciones con Fidel, pero al final, no hubo maneras. Nosotros fuimos de los primeros que salimos de Cuba. Un 26 de julio del año 1960. Yo le decía a mi papá —¡papi, pero qué fecha, qué horror!—. 

"Yo recuerdo la salida. Todavía los aeropuertos eran chiquitos. Salías al aeropuerto, caminabas por la pista y te subías al avión. Y recuerdo cuando di la vuelta con mis tíos. Era la primera vez que me iba de casa. Recuerdo perfectamente ver a mami llorando desconsolada. También recuerdo a los milicianos. Todas esas imágenes tan difíciles y duras, que yo decía, ´pero, ¿y esto, qué ha pasado aquí de repente?´.

"Me imagino que serían cosas que se irían gestando, pero claro, como niña al fin, nadie te las cuenta. Tengo que decir que, a pesar de lo difícil que es cambiar de un país a otro, fui bastante arropada, nunca me faltó de nada. Nosotros fuimos a los Estados Unidos y fuimos al Colegio del Sagrado Corazón, de donde veníamos. Pero la separación física en aquellos momentos era muy dura.

"Hubo primos que se quedaron en Cuba y nunca más volví a ver en mi vida. Además de que las comunicaciones eran difíciles. Finalmente, de mi familia en Cuba solo quedaron unos primos de mami que se llaman los Camacho, los demás fueron todos saliendo. Tuve unos primos que salieron después de nosotros con la Operación Peter Pan y los padres se quedaron en Cuba.

"Fue una experiencia muy dura porque estos niños cuando por fin vieron a sus padres, eran hombres. Mi familia era su familia, no sus padres, que casi no lo recordaban. Todos esos procesos por los que han pasado mucha gente son muy difíciles de superar. Lo que pasa que yo me acuerdo que en mi casa siempre se decía una cosa: ´Lo importante en la vida no es lo que te pasa, sino la respuesta que tú le das´.

"Si he tenido que salir de mi país por determinadas razones, hay dos opciones, o todavía uso bien mi vida y procuro trabajar a favor de obra, y trabajar a favor de obra significa trabajar a favor de obra de los demás, pero también de ti mismo, o me hundo en la situación, en la tristeza, en la pesadumbre que no te permite tirar para adelante.

"Eso es una decisión que no sé si la tomas porque te la enseñan, o la tomas porque va con tu carácter, o porque tienes capacidad para ello, no sé. Porque yo creo que todo el mundo quiere ser feliz en la vida, pero no todo el mundo tiene la capacidad. También es muy importante la persona que te acompaña en la vida. Por ejemplo, en el caso de mis padres.

"Mi padre era un hombre alegre y muy tranquilo. A mí me recuerda un poco a este (señala a Lester). Muy tranquilo, muy pausado, que llevaba el sufrimiento por dentro. En mi casa siempre flotaba un ambiente de serenidad. Yo iba a casa de las niñas del colegio que eran españolas y yo notaba en esas casas una alegría ficticia, impostada, había algo que… Ellos hicieron el máximo esfuerzo para que no se notara, pero hay cosas que no se pueden disimular". 

"Había otras personas de mi familia que eran los típicos arrebatados. Y yo decía, ´y esto por aquí qué resuelve, no resuelve nada´. Lo que resuelve es hacer, lo poco que puedas hacer en la vida. Y yo creo que eso es lo que hice yo, lo que hizo mi hermano cuando se hizo patrono de la Fundación Hispano Cubana, cuando vimos que la generación anterior iba desapareciendo, porque todos murieron.

"La generación que creó el Centro Cubano de España (CCE) en el año 1967. Mi familia fue una de las fundadoras. Fíjate que mi tío, el hermano pequeño de mi padre, era el último socio fundador del CCE que quedaba y murió el año pasado en pleno Covid-19. Mi tío Alejandro, tenía 100 años". 

Centro Cubano de España 

"El CCE murió hace muchos años. A nosotros nos llamaron para ver si lo podíamos revitalizar, pero fue imposible. Ahí se hizo un trabajo maravilloso. Mi familia participó mucho porque cuando empezó el éxodo cubano no había relación directa con los Estados Unidos. Había que pasar por España, para luego ir para allá. Por ahí pasó todo el mundo. En esos primeros años creo que fueron 200 o 300 mil cubanos los que pasaron por aquí. Fue una cosa impresionante. Yo a veces llegaba a mi casa del colegio y decía y esta gente de dónde salió". 

Julio Lobo inaugurando el Centro Cubano de España


LA: ¿Conservan un archivo?

EL: "El archivo está ahí. Está. Lo tenemos en alguna parte. Te lo voy a buscar. Se hizo mucho papeleo. Pero no te creas, que el franquismo no fue muy favorable a las memorias. Fue una época difícil. Pero bueno, esos grandes próceres que había, esa generación de gente que tenía recursos, que tenía preparación, pues el tiempo pasa, ¿no?

"Al final nos encontramos con una diatriba, ´¿qué hacemos, seguimos con esto o no seguimos con esto?´. Pero fue imposible seguir porque las cuentas no salían. Entonces después de ahí mi hermano se fue de patrón a la Fundación Hispano Cubana con Guillermo Cortázar, Raúl Rivero y tal, y yo creé, porque había muchos cubanos por aquí, la Federación Española de Asociaciones Cubanas. Para un poco juntar a toda aquella gente. Funcionó durante algunos años muy bien". 

Presos políticos de la Primavera Negra y Premio Sajarov

"Luego llegaron los presos cubanos de la Primavera Negra, más de setecientas personas, y los atendimos. Fue también un dolor, una experiencia dificilísima. Me acuerdo que tuve al Cardenal en casa para que hablara con ellos. Fue una época complicada también. Porque allí había dolor y sufrimiento grandes. También fue, para nosotros, muy emocionante.

"Porque llevábamos trabajando mucho tiempo defendiendo a estas personas en el Parlamento, en las instituciones europeas, sin saber quiénes eran, cómo eran. Nunca las habíamos visto. Y encontrarnos fue emocionante. Me pasó con Coco Fariñas. Fuimos a Bruselas con los presos cuando llegaron y ahí surgió, esas cosas que surgen.

"Estábamos sentados en una mesa siete personas, había un presidente polaco, Jerzy Buzek, que había sido preso político. Y dijimos, a lo mejor es el momento, y le dijimos al presidente —Sr Presidente ya Cuba tiene dos premios Sajarov—, porque teníamos a Oswaldo Payá y a las Damas de Blanco y era el momento de la huelga de Coco, —y sería buenísimo tener a Coco Fariñas—.

"Bueno, total, que para los premios hay que contabilizar quien te va a votar y quién no. Y me dijo, —bueno, ya sabes que los liberales nunca quieren apoyar a nuestros candidatos, porque ellos tienen los suyos. A no ser que nosotros encontremos un candidato liberal que ellos no puedan decir que no—. Pues llamé a La Habana y me contestó Héctor Palacios.

"Fue una conversación de tres minutos. Esas cosas que pasan en la vida que dices, son cosas de Dios. Le dije —Héctor, nada más que para preguntarte una cosa, ¿Fariñas pertenece al partido Liberal?— a lo que me contestó que sí. Le dije adiós y colgué. Le dije a Buzek —sí—. Y me dijo —pues pa´lante—. Por supuesto que Coco había hecho una cosa extraordinaria.

"Coco siempre me dice —el día que yo llegué a Madrid, que nos sentamos a comer, tú te tomaste veinte Coca Colas—. Y le digo —¿quieres que te diga por qué, de verdad? Porque yo estaba aterrorizada de llevarlo a Bruselas, y me preguntaba, ¿cómo será?—.

"A Laura Pollán le mandamos un teléfono móvil cuando comenzaron a salir. Le dijimos, Laura, métete el teléfono en el bolsillo. Estábamos en casa de Raúl Rivero, aquí en Madrid. Tú metes el teléfono en el bolsillo y le das a este botón y marcas el número, para que esté abierto. Para que nosotros podamos oír. Ella hizo eso y nosotros, por primera vez, pudimos escuchar, de verdad, lo que ahí estaba pasando.

"Por eso digo que la revolución tecnológica, desde mi punto de vista que lo he vivido todo desde fuera, ha sido una cosa espectacular. Te voy a decir, lo que pasa en Cuba no es ni mejor ni peor con respecto a todo lo que ha pasado anteriormente. Pero de todas esas cosas antes no se sabía: los plantados, los fusilamientos de La Cabaña… Porque no había manera de que saliera la información.

"Ahora, gracias a Dios, sale mucho. Creo que eso es un buen ayudante, como digo yo, que nos ayuda a exponer la realidad, que no es lo que nosotros contamos, es que está ahí. No es que yo se lo cuente a usted, es que está ahí. Es que los testimonios internos son muy importantes. Por qué se van a fiar de lo que tú dices si no tienes respaldo gráfico, documental, ni ninguna declaración que lo avale.

"La gente puede decir —mira, eso lo dice usted—. El otro día estaba hablando con la gente del Club de Madrid y me decían, —pero hay muchos cubanos que se han radicalizado—. Yo no soy una persona radical, no me educaron en eso en mi casa. 

"Yo siempre digo que la familia es como un país. Nosotros somos siete hermanos y yo soy la del medio. Y en mi casa, si queríamos jugar al parchís, tenía que ser la mayoría la que quería jugar al parchís. Si no, te fastidiabas y no jugabas al parchís. A mí me gustaba jugar al ajedrez y si nadie quería jugar, pues me fastidiaba. Yo me he educado en eso. Es que esa es la única manera de sacar adelante las cosas, porque si te pones por arriba del otro, al final es el desastre. Porque el que pierde se recrudece y se amarga y al final eso sale. Y un país es lo mismo.

"En el Club de Madrid me decían, —hay muchos cubanos que son radicales—. Y yo le respondía, —no mire, en mi familia he tenido gente radical de palabra, no de obra. Pero de palabra sí—. Y le voy a decir por qué. Es muy complicado, cuando sales de un país, cuando estás viendo una injusticia, cuando estás viendo lo que pasa…

"Es muy difícil aguantar que cuando tú estés hablando de eso te digan que tú estás mintiendo, que eres un capitalista de mierda. Porque nadie está hablando de eso, te quiero decir. Todo el mundo que apoyó la Revolución entendió que Cuba, como todos los países en los años 50, después de la Segunda Guerra Mundial, que fue una época fatal, necesitaba una renovación.

"Porque ya el viejo orden había terminado. Hacía falta un nuevo orden, como se instauró en muchos sitios. Lo que a nosotros nos tocó la china, la verdad. Porque podíamos haber tenido cualquier cosa, pero nos tocó la china. Por eso yo le digo a mucha gente que no se sienta mal por darle la vuelta a la Revolución. Incluso gente mayor que ha venido a mi casa, como Carlos Franqui, Huber Matos…

"Porque fue la Revolución la que los traicionó a todos. Si Fidel y sus muchachos hubieran llegado diciendo lo que iban a hacer, nadie los hubiera apoyado. Todo el mundo hubiera dicho que no. Lo que pasa que llegó diciendo lo que queríamos: elecciones libres, igualdad de derechos… en fin, todo lo que tienen los países desarrollados de ahora. Nos parecía que era un precursor. ¡Qué maravilla!". 

Conocer a Huber Matos    

LA: Conociste a Huber Matos entonces.

EL: Sí

LA: Yo leí “Cómo llegó la noche” y me parece el libro más importante para comprender eso mismo. Lo que era la Revolución y en lo que se convirtió después de su triunfo.

EL: "Yo no he visto una persona más buena que Huber Matos. Hay dos personas de las que he conocido, y yo he conocido a muchas personas, que me han impresionado. Cada una en su estilo. Una es Huber Matos y otra es Ángel de Fana. Porque yo siempre digo que cuando la gente se radicaliza en su posición y —yo no estoy dispuesto a…—, ¿sabes?

"Yo pienso, vamos a ver, un señor como Huber Matos que estuvo al lado de Fidel, que se pasó veinte años en la cárcel y que te está diciendo —este es el camino—, ¿no? Usted, ¿cómo se va a poner por encima de un señor que ha pasado por todo esto? Usted lo habrá pasado fatal, y yo, mi papá, mi mamá, mi tía, mi prima, mi amiga y todo el país. Pero, yo no he estado veinte años en la cárcel.

"Yo no puse mi vida al servicio de esto y luego tuve que tener el valor de decir que no y enfrentarme a una cosa tan difícil. Yo no he estado como Ángel de Fana años plantado. Que me llamó por teléfono, una llamada con la que me quedé un poco así… Me llamó a través de una tercera persona y me dijo —por favor, apunta a los plantados a la Amnistía. No la pongan solamente para unos años, pónganla desde el principio. Nosotros también queremos ser amnistiados. Queremos morir sin delito—. 

"Con las barbaridades que están pasando en Cuba que no tienen nombre… ¿Nuestro objetivo cuál es? Yo creo que para resolver los problemas en la vida hay que analizarlos con mucha objetividad. Hay que ser muy analítico, objetivo, y dejar los sentimientos a un lado. La política no se puede hacer con sentimientos personales porque si no te equivocas.

"Yo pienso, vamos a ver, la mayoría de esta gente que está en la Asamblea son unos tipos que se han criado en lo que se han criado. En su momento escogieron un camino, que es este. Entonces, ahora, ¿qué vamos a pedirles? Te quiero decir, ellos no tuvieron responsabilidad directa sobre el camino que tomó la Revolución.

"Ellos heredaron una cuestión, creyeron en ello, o los papás los educaron en eso, no les dieron la opción de pensar en otra cosa y están ahí. De acuerdo que los que dan las órdenes podían ser un poquito más valientes y decir no. Pero como yo viví aquí el final del franquismo, donde nadie se atrevía a moverse y la mayoría de la gente estaba en contra de esto.

"Entendiendo que eso es lo que está pasando ahí, yo creo que hay que mandar un mensaje de vamos a arreglar esto entre todos, vamos a olvidarnos de esta generación tan mayor y vamos a intentar los delitos que se hayan podido cometer de menor cuantía vamos a meterlos en la Amnistía y luego los grandes que haya habido, tampoco en Cuba ha habido ni genocidio, ni lesa humanidad, que si seguimos por el camino que vamos ahora sí lo habrá, porque ahora sí, por inacción, sí se está comenzando a eso.

"Me preocupa en ese sentido la Declaración de Naciones Unidas, que no sé si leyeron, que dijeron que Cuba era responsable de los delitos de lesa humanidad en Venezuela. Salió ayer. Creo que eso se refiere, digamos, a los militares, y de cuando empezó el chavismo. Es una declaración interesante de ONU que tampoco nunca se ha querido pronunciar".

LA: Está bien que haya salido en medio de este clima de represión tan horrible que hay en Cuba ahora. 

EL: "Horrible. Es que es una cosa que no tiene ningún sentido ya". 

LA: Están pidiendo una ayuda por la mañana a los Estados Unidos y por la noche están dando palos a plena oscuridad de cortes de electricidad. 

Encuentro con Lech Walesa

EL: "Cuando Lech Walesa estuvo aquí en Madrid, justo estaba empezando Diario de Cuba, y subimos Pablo y yo a su cuarto, porque él estaba muy cansado, a hacerle una entrevista. Al día siguiente tenía que dar una charla, llegó por la noche y estaba muy cansado. ´Yo soy un sindicalista´ decía. ´Cuando ustedes vean que las autoridades empiezan a dar palos así para todos lados desesperadamente, ese es el final. Pero el dragón hará mucho daño, porque morirá matando´.

"Yo me acuerdo mucho de él y digo, esto es lo que está pasando. ¿Qué se puede hacer?; ¿Qué podemos hacer? Esa es la cuestión. Ahora han sacado al General de Cuerpo de Ejército Ramón Espinosa. Ese es un tipo de los antiguos". 

LA: Elena, recuerdo cuando te comenté la idea de la memoria familiar, ¿que me dijiste que tu familia había salido de Cuba con la de Julio Lobo?

EL: "Sí. Julio Lobo fue uno de los fundadores del Centro Cubano de España. Fue uno de los grandes impulsores. Tenía un sobrino que murió hace poco y se llamaba Berti Lobo, que nosotros tratamos mucho. Julio Lobo, papi y otros señores fueron los que dijeron —vamos a hacer algo porque esto tiene una pinta malísima y hay que ayudar a la gente que venga—.

"Por aquí pasó todo el mundo, Cabrera Infante, Armando Valladares… Todo el mundo que llegaba a Europa pasaba por aquí, por el Centro Cubano y ya luego desde aquí se les ubicaba. Se hicieron papeles a muchísima gente para que pudiera irse a los Estados Unidos… Cuando llegaron los presos y familiares de la Primavera Negra en 2007-2008, nos acordamos de aquello, porque fueron 785 personas que hubo que ubicar.

"Me acuerdo que la embajada norteamericana se portó muy bien porque facilitó mucho. Yo iba todos los días allí con una lista. Tardó todo un tiempo porque había mucha gente y la mayoría no tenía quien los acogiera o pudiera mantener. Se buscaron organizaciones religiosas y ONG que los pudieran sustentar o avalar, que se ocuparan de ellos. Fue complicadísimo, porque empezaba la crisis, además.

"Había veces que me acostaba y decía ´Dios mío y mañana qué vamos a hacer´. Entre esas personas había de todo. El 90% de las personas eran buenísimas, pero también el gobierno cubano metió, como se dice aquí, morcilla. Siempre meten morcilla para desprestigiar a los otros, para que ese grupo desprestigie a los presos de verdad".  

Amistad con la familia Batista

LA: Elena lo último que te quería preguntar con respecto a esto de la memoria familiar y afectiva es tu amistad con el hijo de Batista. 

EL: "Papi no era batistiano y, de hecho, por ejemplo, tú miras la foto de cuando se hace la ampliación de la Antillana… 

"Nosotros queríamos y queremos muchísimo a los hijos de Batista. El otro día llamé a la hija de Roberto, que era su cumpleaños, y la queremos mucho.  Porque la verdad que ellos, todos los muchachos, eran encantadores. 

"Pero papi no era batistiano, no apoyaba aquello, no le gustaba. Entonces, nos mandó a un colegio en Suiza. Nosotros hablábamos cada equis meses, porque era difícil hablar por teléfono en aquella época. Nos escribíamos cartas interminables, pero lo que era hablar, no. Y una vez papi nos llama por teléfono y nos dice, ´niñas qué tal, ¿por qué tienen ustedes la voz muy alegre?

"Le decimos, —ay papi, nos hemos encontrado con unos niños cubanos, estamos contentísimas—. Él se alegra y nos dice, —¡ay qué bueno! ¿Y, cómo se llaman?—. Dice mi hermana Maribel, que ya murió, mira papi, se llaman Jorge, Roberto, Carlos y Fulgencio Batista. Y papi solo contestó ´¡Alabao!´. Fue su única respuesta.

"Pasa un águila por el mar, nosotras vinimos para Madrid, los Batista vinieron para Madrid y aquí nos volvimos a encontrar todos. Mi hermana Maribel se hace amiga íntima de Carlos, nosotros nos hacemos amigos de Fulgencio, porque eran de nuestra misma edad. Yo les decía a mis hermanas con el tiempo, qué ejemplo el de papi, ¿no? Porque podía haber dicho, con esta gente no quiero relación. 

"Con Roberto, que se ha muerto hace poco, nosotros cogíamos todas las noches un teléfono y rezábamos, mis hermanas, mis primas, el rosario, con Roberto y con su hija. Todas las noches hasta que se murió. Ese tipo de amistad. Los quisimos muchísimo. Ellos lo pasaron muy mal también. Tenían mucho dinero y mucho bienestar económico, indudable, pero fue difícil la vida de ellos. Imagínate, cargar con ese lastre.

"Ellos cuentan que cuando salieron de Cuba, que llegaron al aeropuerto de Nueva York, Roberto tenía 12 años, y cuando abrieron la puerta del avión había un montón de gente gritando ¡Asesino! Dice Roberto que miró a su padre y le dijo ´papi, ¿tú qué has hecho?´. Luego, Fulgencio fue muy buen padre".

LA: ¿Él murió aquí en España?

EL: "Murió aquí en España, en Marbella. Le dio un infarto".

Fidel Castro intenta secuestrar a Fulgencio Batista

"Te voy a contar una cosa que me contaron a mí el otro día y no sabía. En los años setenta la imagen de Fidel comenzó a decaer un poco. Entonces, él decidió que había que secuestrar a Batista, llevárselo a Cuba y hacerle un juicio sumario por todos los crímenes. Armar un show grande con eso para reivindicar su figura de líder. Quien me lo cuenta participó de aquello.

"Dispusieron un comando en Argelia, para cruzar a Marbella y cogerlo. Y el día antes de que estaba previsto el secuestro, Batista murió de un infarto. Ya tenían a un equipo en Málaga y el barco saliendo de Argelia, para raptarlo y llevarlo a Cuba. Fíjate qué cosa el destino.    

"Ellos tuvieron una vida en España tranquila. Primero fueron a Estados Unidos. Bueno, primero pasaron por Dominicana, pero Trujillo les pedía una barbaridad de dinero, como un millón de dólares por cada día que estuvieran ahí. Entonces se fueron a Estados Unidos. De ahí se fueron a Funchal, Isla de Madeira, Portugal. Estuvieron viviendo mucho en Madeira.

"Luego se fueron a Londres, Inglaterra. Roberto nos decía que eran amigos de Dodi Al-Fayed, aquel novio que tuvo Lady Di. Yo le decía bromeando ´oye ustedes se trataban con lo mejor´. Después internaron a los niños en Suiza y ya después vinieron para España. Porque Franco dejó a los Trujillo, a Perón, a Batista, a todos los dictadores que venían para España, los dejaba estar aquí si no se metían en política. No les permitía ninguna declaración política, ni española ni de sus países. Ellos cumplieron, se quedaron aquí y no tuvieron ningún problema, la verdad".

*Tomado de Arbol Invertido

Wednesday, December 28, 2022

Bohemia, la revista que era Cuba. Texto de la conferencia.

A continuación transcribimos el texto de la videoconferencia de Enrique Del Risco presentada en un post anterior. Los números que aparecen dentro del texto se corresponden con el orden de las imágenes que acompañaron la videoconferencia.

 


Bohemia, la revista que era Cuba

Por Enrique Del Risco

La revista Bohemia -la cual se anuncia orgullosamente en estos tiempos como “la más antigua de Latinoamérica”- todavía se sigue publicando y su mera supervivencia deviene en asunto milagroso. Que sobreviviera al cataclismo revolucionario de 1959 que se llevó por delante prácticamente todas las instituciones republicanas de algún valor -y Bohemia era una de las instituciones republicanas más reconocibles- constituye un enigma por resolver.

Yo, nacido en 1967, crecí leyendo la Bohemia post cataclísmica a pesar de que había en ella muy poco que leer más allá de su propaganda desembozada,[0] sus obreros sonrientes por el sobrecumplimiento de sus metas, o las entrevistas a intelectuales apacibles que coincidían en declarar que el momento más importante de sus vidas era la llegada de Fidel Castro a La Habana encaramado en un tanque. [1] Niño al fin, mi mayor interés se concentraba en el final de la revista donde aparecía la sección de humor, la de curiosidades y una todavía más curiosa sección de “Correspondencia” donde un redactor se dedicaba a contestar el tipo de preguntas que le hacemos hoy al oráculo de Google. En el caso de aquella sección la curiosidad de los lectores iba desde [2] aclarar la correcta posición ideológica de algún patriota (como es el caso de la imagen que muestro donde se debatía el patriotismo del poeta Juan Clemente Zenea) a la posibilidad de reparación [3] de un tocadiscos soviético que se le había quemado en un par de ocasiones a algún atribulado lector.

Pero, junto a aquella muestra de la realidad socialista vista a la mejor luz posible, en mi casa existía, como en muchas casas de Cuba [3b] un pesado artefacto consistente en varios números de la revista correspondientes a los años cincuenta encuadernados en una única cubierta. Si mi idea de aquella república [4] a la que en la escuela recibía los graciosos motes de “pseudorepública” o “neocolonia” fue algo menos rígida y acartonada de lo que recibía de la incansable propaganda castrista fue gracias a aquellos números juntados más o menos al azar que reflejaban una realidad bastante más compleja de lo que nos querían inculcar. [5] Porque con su mimetismo y frivolidad, su comercialismo y su violencia, pero también con su tremenda su inventiva y vitalidad, desde su nacimiento Bohemia fue algo así como una concentración de lo que era Cuba.



[6]Transcurría la segunda ocupación norteamericana de la isla cuando el empresario Miguel Ángel Quevedo Pérez dio a la luz el 10 de mayo de 1908 una revista que llevaba por título el de su ópera favorita y como subtítulo el de Revista Semanal Ilustrada. La revista duró solo unos pocos números para luego reaparecer en 1910, ya bajo la presidencia de José Miguel Gómez. [7] El estilo art novó de su diseño, sus secciones que llevaban títulos tales como “Labor literaria”, “Notas de arte”, “Actualidades” o “Crónica social” nos dan una idea de la concepción por entonces, como una publicación más o menos exclusiva, enfilada a las élites sociales y artísticas [8] de la joven república, con énfasis especial en el público femenino a la cual estaban dedicadas secciones con títulos tan poco crípticos como “Para las damas”.

Aquella Bohemia [9] era una revista de apenas veinte páginas y con el espíritu lánguido de aquellas publicaciones de la época que querían parecer respetables. En 1914 la revista dio su primer salto importante al introducir por primera vez la tricromía, [10] es decir, la impresión a partir del uso de tres colores lo que la situó por delante de la competencia. También en aquel momento la revista se amplió a cuarenta páginas. La revista siguió las altas y bajas de los años que conocieron la Danza de los Millones y las Vacas Flacas tratando de subsistir apelando a ciertos “atrevimientos” editoriales y a un público más amplio con secciones cada vez más variadas y utilizando una publicidad sorprendente y agresiva.[11]

El salto más importante en la década de los años veinte [12] lo da Bohemia en 1927 con su traspaso por cuestiones de salud del fundador Miguel Ángel Quevedo Pérez a su hijo de tan solo 18 años Miguel Ángel Quevedo y de la Lastra. La nueva dirección supuso para la revista un cambio de visión radical en su enfoque haciendo más énfasis en secciones atractivas como la dedicada al deporte, [13] con mayores incursiones en la cultura popular y con una sección de partituras musicales que reflejaba un gusto cada vez más amplio. [14]

Corrían los años [15] de la presidencia de Gerardo Machado, pronto devenida en dictadura, a la cual la revista primero elogió y luego criticó de manera cada vez más frontal hasta llegar a la hostilidad] abierta. La caída de Machado fue registrada en la revista con euforia, [16] (hasta la partitura de los danzonetes parecía alusivas a la caída de Machado) [16b] como si el derrocamiento del dictador hubiera sido obra de la propia revista. No sorprende que los desmanes [17] que se cometieron en siguientes días contra los colaboradores del régimen depuesto fueran justificados sin disimulo en las páginas de Bohemia. Sería esta la primera vez, pero no la única en la que la revista, como representante de la voz de la ciudadanía frente a los desmanes de los gobiernos de turno, salía triunfante del, en apariencia, tan desigual pulso.

Ya por aquel entonces [18] la mayor parte del material que conformaba cada uno de sus números no era original ni escrito especialmente para la publicación. La revista dependía en buena medida de artículos, columnas y caricaturas de medios sindicados en Estados Unidos y reproducidos por esta. [19] Muchas veces se trataba de cuentos policiacos, género muy en boga entonces, o de historias truculentas de asesinos o espías, y de reportajes de tierras y personajes exóticos. La realidad nacional se abría paso apenas en los comentarios sobre la política local, la crónica deportiva y el humor local.

Las diferentes secciones humorísticas que aparecieron a lo largo de los años en la revista merecen comentario aparte. Una de las primeras [20] fue la tira cómica de “Pepito y Rocamora” que apareció en Bohemia en los en 1915 y se adentró bien en los años veinte. También se incluían artículos costumbristas sobre personajes típicos [20b]. En la siguiente década la revista dependió en buena medida de tiras sindicadas importadas pero los años cuarenta [21] tuvieron una presencia cada vez mayor de humoristas locales contando con colaboraciones de humoristas de la talla de Miguel de Marcos. O las del cronista Eladio Secades, quien con sus “Estampas” [22] escribió un capítulo definitivo del costumbrismo republicano y que luego se convertiría en el jefe de la sección deportiva de la revista donde también sentó cátedra.

Se menciona menos, a pesar de su importancia, al caricaturista y escritor Francisco Vergara [23] quien a lo largo de los años cuarenta creara diferentes secciones humorísticas en Bohemia con títulos como “Cohetes” o la más estable “Picadillo a la criolla”. Como muestra de la agudeza de Vergara sirva el texto que escribe tras asumir el poder Ramón Grau el 10 de octubre de 1944: [24] una parodia de la biografía que Emil Ludwig le hiciera al presidente saliente Fulgencio Batista burlándose sin piedad del metafórico estilo del escritor alemán y de sus imprecisiones de todo tipo. “En una madrugada fría y desapacible del 4 de diciembre de 1897 en un villorrio nombrado Oriente de la provincia de Banes en Cuba nació un hermoso niño. Tenía la piel trigueña y el pelo negro y lacio. Su boca fina y diminuta era roja como el alma de Marinello [se refiere al líder del Partido Comunista]. Sus ojos eran pequeños como los sueldos de los conserjes de escuela. Ese varón que al hacer su entrada en el mundo había aumentado ipso facto la menguada población de la Perla de las Antillas era Fulgencio Batista y Zaldívar”. Vergara luego sería el creador de populares secciones de la revista como “Radiolandia” y “Tele-radiolandia” [25] que servían para reseñar las noticias producidas por el mundo de la radio y la televisión y más tarde se convertiría en libretista de programas televisivos tan populares como el “Cabaret Regalías El Cuño” y “El Casino de la Alegría”.

Con el tiempo las diferentes secciones de humor recibieron cada vez más espacio dentro de la revista. Además de las ya tradicionales tiras sindicadas norteamericanas los caricaturistas locales tuvieron su propio espacio en la página llamada “Humorismo criollo” [26]. Allí fueron apareciendo firmas tanto de dibujantes consagrados como Antonio Rubio, Antonio Prohías, Arroyito, Silvio Fontanillas Quiroga (Silvio), Valdés Díaz y Niko Lursen y de novatos de entonces como Wilson, Pecruz, Ñico, René de la Nuez entre otros. Las caricaturas personales de Juan David [27] aparecían en otras páginas de Bohemia ilustrando tanto noticias nacionales como internacionales. Por su parte, Silvio y Arroyito, dos los caricaturistas más considerados por la publicación, recibían la encomienda de rellenar páginas unipersonales sobre diferentes temas. Silvio [28] era también el encargado de ilustrar la página inicial de la sección “En Cuba” con su tira “El Reyecillo Criollo” donde el gobernante de turno aparecía vestido de rey interactuando con un campesino que representaba el pueblo cubano.


Pero la sección que le otorgó el perfil definitivo a Bohemia fue “En Cuba”. [29] Inaugurada según los recuentos oficiales el 4 de julio de 1943 – aunque no hemos encontrado la sección con su nombre definitivo hasta el número siguiente, el del 11 de julio 1943- “En Cuba” fue dirigida desde sus inicios por los periodistas Enrique de la Osa y Carlos Lechuga. [29b] Esta sección logró aprovechar la larga experiencia de sus creadores y sus extensos contactos en los medios políticos para seguir la compleja trama de la política cubana de una manera minuciosamente detectivesca. “En Cuba” adoptó las más modernas técnicas narrativas para construir relatos apasionantes de lo que iba ocurriendo semana a semana sin tener que dar cuenta de sus fuentes. [30] Las informadas voces que iban relatando las historias no iban calzadas por firma alguna pero eran responsables de la credibilidad del relato, al modo de las mejores ficciones, solo que al lector le quedaba claro que los hechos que narraba no tenían nada de ficticios.

La importancia de la sección “En Cuba” no se limitó al tipo de periodismo que prohijó. Fue la manera en que una publicación basada fundamentalmente en artículos importados pudo descubrir el interés del público por artículos generados en el país y con ello, la posibilidad de depender cada vez menos de las importaciones. Un hecho significativo en este sentido fue el número especial del 10 de octubre de 1948. [31] En el 80 aniversario del grito de independencia de la Demajagua, día en el que además se celebraba la sucesión presidencial de Ramón Grau San Martín por el nuevo presidente Carlos Prío Socarrás la Bohemia de aquel día salió a la calle como edición extraordinaria de más de 200 páginas y hecha enteramente por manos cubanas [32]. “Cubanos son todos los que redactaron y compusieron este número y cubana es la empresa que lo edita”. La experiencia de esta edición extraordinaria fue lo suficientemente exitosa como para que la revista confiara cada vez más en el talento local. [33] Para la década siguiente Bohemia se había cubanizado mucho más y dependía cada vez menos del material importado y más de los periodistas e intelectuales locales. [34] Aun así la revista podía darse lujos como el que se permitió en la edición del 15 de marzo de 1953: [35] publicar en exclusiva la primera edición en español de El viejo y el mar de Ernest Hemingway en traducción de Lino Novás Calvo aunque por aquellos días el propio Hemingway se declaraba a sí mismo como un “cubano sato”. [36]

No era Bohemia una publicación especialmente partidista, aunque no dejara de tomar partido por las causas que le parecían justas a su director: [37] Bohemia fue antifranquista durante la guerra Civil española y luego con la instauración del franquismo; [38] antifascista y antinazi con la Segunda Guerra Mundial [39] y anticomunista desde el inicio de la Guerra Fría. Fue también crítica con los gobiernos auténticos entre 1944 y 1952 [40] y con el tiempo Bohemia se identificaría con el mayor disidente del Partido Auténtico, [41] el fundador y líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) Eddy Chibás a quien le dedicaría varias portadas en vida [42] y también después de muerto.

Los opositores al régimen batistiano de 1952 [43] encontraron en las páginas de la revista respaldo y tribuna. Si no como la voz de la totalidad del pueblo cubano, Bohemia fungía como el representante oficioso de los intereses de su clase media. La enorme popularidad de la revista respaldaba sus pretensiones: de una tirada de cuatro mil ejemplares en 1926 había pasado a 125 mil en julio de 1948, para situarse cerca de 260 mil en 1953 y 315 mil en 1958 (uno por cada 21 cubanos de entonces). [43b] En una de aquellas Bohemia “sin censura” su tiraba se anunciaba como de medio millón de ejemplares lo cual equivalía a uno por cada 12 habitantes. Y el éxito no se limitaba al ámbito nacional. [44] Bohemia se distribuía por toda América Latina y aún en Estados Unidos donde contaba con su propio distribuidor. Con tanta aceptación el dueño de la revista pudo llegar a creer no solo que era la voz del pueblo sino también sus ojos y sus oídos. [45] Si no poseía la verdad absoluta andaba muy cerca de ello. Después de todo Bohemia había visto pasar gobiernos uno tras otro mientras los juzgaba y los absolvía o condenaba según el caso.


Como muestra de su compromiso insobornable con la verdad en los períodos en que el régimen batistiano suspendía las garantías constitucionales y establecía la censura previa la revista adoptó un método radical: no publicar ninguna noticia sobre política local hasta tanto no se levantara la censura y entonces publicar sus famosas Bohemia sin censura [46] que alcanzaban tiradas abrumadoras. La revista se erigió en vocero de la oposición antibatistiana ya fuera la que apelara a las vías legales o a las insurreccionales. [47] Fidel Castro y su Movimiento 26 de Julio tuvieron en Bohemia su plataforma política más visible en una época en que la revista reinaba en los hogares cubanos.

No es de extrañar que al triunfo revolucionario Castro firmara una nota manuscrita que rezaba: [48] “A la revista Bohemia mi primer saludo después de la victoria porque fue nuestro más firme baluarte. Espero que nos ayude en la paz como nos ayudó en nuestros largos años de lucha porque ahora comienza nuestra tarea más difícil y dura”.

Resultaba lógico que Miguel Angel Quevedo se tomara el triunfo revolucionario como cosa propia y que lo celebrara con aquellas famosas tres ediciones extraordinarias [49] de Bohemia conocidas como “Ediciones de la libertad” con una tirada de un millón de ejemplares cada una. O sea, uno por cada seis habitantes [50] lo cual resulta una enormidad desde cualquier punto de vista, incluido el propagandístico. Porque a la propaganda estuvieron dedicados aquellos tres números y los siguientes: por una parte, a ensalzar el régimen triunfante y, por la otra, a denostar el anterior, aunque para ello la publicación hubiera de caer en la exageración y la mentira. [51] Se repetía la situación de la caída de Machado, pero a un nivel mucho más decisivo debido a la influencia alcanzada por la revista. Fue Bohemia la que popularizó la falsedad de los 20 mil asesinatos del régimen batistiano lo que hacía parecer cualquier desmán cometido por el régimen triunfante como algo explicable y necesario. [52] Incluso hubo casos en los que la revista abandonó el más mínimo pudor periodístico como ocurrió al publicar la foto de un niño posando con restos de indígenas de cinco siglos atrás afirmando que la imagen correspondía al hijo de un esbirro batistiano jugando con las calaveras de las víctimas de su padre.

Pronto empezó a pagar Bohemia el precio de su entrega incondicional al nuevo régimen. Así, como ha señalado el investigador Abel Sierra Madero recientemente, [53] las respetadas encuestas que hacía la revista desde años atrás para medir la opinión popular sobre los distintos gobiernos dejaron de publicarse muy pronto. Y esto obedeció al detalle de que el nuevo gobierno había pasado del 90% de aprobación durante los primeros meses a un 65%, cifra que a pesar de representar un grado de aprobación razonable para cualquier gobierno democrático, no lo era para un régimen que pretendía contar con el apoyo de la totalidad de la población. Tampoco ayudaba a la imagen de respaldo total e incondicional que intentaba transmitir el régimen el detalle de que casi el 40% de los cubanos afirmaran desear elecciones en un futuro próximo. Mientras tanto, Bohemia justificó [54] cada una de las medidas revolucionarias apelando a todos los métodos que encontraba a mano incluido un artículo recordando que los famosos hermanos Graco, tribunos de la plebe romana, defendían la reforma agraria.

En los primeros meses del triunfo revolucionario Miguel Angel Quevedo, [55] debió ofrecer su apoyo por simpatía por el nuevo proceso para pronto comprender que el único modo de conseguir que su Bohemia sobreviviera en el nuevo estado de cosas era convertirla en un órgano incondicional de la propaganda del régimen. Atrapado en medio de esa disyuntiva terrible Quevedo pide asilo en la embajada de Venezuela en La Habana en el verano de 1960 aunque una publicación oficialista ha afirmado recientemente sin sonrojo que “el 20 de julio de 1961 Miguel Ángel Quevedo, a quien nadie perseguía ni hostigaba, abandonó la revista Bohemia y se asiló en la embajada de Venezuela”. [56] Desde el exilio Quevedo siguió publicando la revista, primero con el apellido “Libre” y luego sin este. Lo hizo durante nueve años más hasta que en 1969 acosado por las deudas [57] cede la revista al Grupo Armas y el 12 de agosto de ese año se suicida de un disparo en la sien.

En Cuba la revista se ha seguido publicando hasta hoy. En la actualidad Bohemia ha acumulado una década más desde la partida de Quevedo (62 años) que los 52 que van desde su fundación hasta que su dueño escapara del país (52). Cabe preguntarse cómo es posible que Bohemia haya sobrevivido donde tantas otras publicaciones republicanas desaparecieron. [58] La respuesta más evidente es que Bohemia no ha sido desde entonces sino un cascarón de lo que fue en su época de gloria. Un cascarón que no trata de disimular su condición de vocero de la propaganda castrista. Pero todavía así resulta curioso que el régimen insistiera en mantener con vida aquel rezago del pasado que encima llevaba un nombre tan decadente para los nuevos tiempos que se anunciaban. [59] Y es que Bohemia se había convertido en una costumbre tan cubana como la del cafecito por las mañanas y de alguna manera se decidió que entre tantos cambios debían mantenerse ciertas costumbres, aunque como el café, la Bohemia posterior a 1960 saliera aguada y supiera a rayos. [59] A veces las costumbres se bastan a sí mismas para persistir. Que la revista haya sobrevivido incluso a las estrecheces del período especial -crisis que arrambló con buena parte de las publicaciones oficiales- y a los reajustes vividos en los últimos treinta años es otra prueba del poder que tienen la costumbre y la inercia. [60] Bohemia es hoy parte integral de una rutina en la que deja de tener sentido preguntarse por el por qué de las cosas.

 

Wednesday, January 19, 2022

La muerte de Rodríguez. Un fusilamiento en Cuba asolada por la guerra*

 

Por Richard Harding Davis. New York Journal. Febrero,1897

Adolfo Rodríguez era el único hijo varón de un campesino cubano que vive a nueve millas de Santa Clara, más allá de las lomas que rodean la ciudad por el norte.

Al estallar la revolución el joven Rodríguez se unió a los insurgentes, dejando a su padre, madre y dos hermanas en la finca. En diciembre de 1896, cuando fue arrestado por un destacamento de la Guardia Civil, unidad selecta del ejército español, se defendió con el machete hiriendo a tres guardias.

Fue juzgado por un tribunal militar por alzarse en armas contra el gobierno y condenado a ser fusilado una mañana de tantas, antes del amanecer.

Lo recluyeron en la prisión militar de Santa Clara junto con otros treinta insurgentes, todos condenados a morir, uno tras otro, en mañanas sucesivas a partir del fusilamiento de Rodríguez.

El fusilamiento se llevó a cabo en la madrugada del 19 de enero, a media milla de la ciudad, en la llanura que se extiende desde las fortificaciones hasta las lomas tras las cuales había vivido Rodríguez por diecinueve años. Al morir había cumplido los veinte.

Fui testigo de su fusilamiento, y lo que sigue es el relato de cómo enfrentó la muerte. Los amigos del joven no pudieron estar presentes porque habría sido temerario presentarse en medio de aquella multitud. Quiero pensar que aunque Rodríguez no pudo saberlo hubo allí, en el momento de su muerte, un espectador involuntario y compasivo que se consideró su amigo.

Aunque eran más de las cinco de la mañana cuando el pelotón de soldados emprendió la marcha de salida del pueblo, la luna llena de la noche anterior aún brillaba, penetrando la bruma. Iluminaba las dos millas de llanura interrumpida por crestas y barrancos, y cubierta de matorrales, cactos y palmitos. La neblina se asentaba en las hondonadas de las crestas, como anchos lagos, y a un costado de la llanura se veían las murallas de la ciudad antigua. Del otro lado se alzaban lomas cubiertas de palmas reales, tan blancas a la luz de la luna como centenares de columnas de mármol. Entre las fortificaciones se extendía a intervalos regulares una hilera de fogatas prendidas por los centinelas durante la noche, que resplandecían.

Pero a medida que avanzaba el día y palidecía la luz de la luna se iban apagando los fuegos, y cuando creció el número de soldados la luna era ya una bola blanca en el cielo, sin brillantez alguna. De las fogatas sólo quedaban cenizas, y el sol no acababa de nacer.

De tal suerte que aún después de formar filas a lo largo de tres lados de un cuadrado hueco, los hombres apenas podían verse unos a otros en la luz incierta del amanecer.

Eran unos trescientos soldados, miembros del Cuerpo de Voluntarios. Se desplegaron en la llanura detrás de su banda, que tocaba una garbosa marcha a tiempo doble mientras los oficiales galopaban sobre la hierba de un lugar a otro en busca de un lugar idóneo para el fusilamiento. Más allá de las filas de soldados la banda militar continuaba tocando alegremente.

Unos cuantos hombres y muchachos, que habían abandonado el lecho atraídos por la música, se movían en las crestas de las lomas, detrás de los soldados y a medio vestir, sin afeitar, soñolientos, bostezando y estirándose nerviosamente mientras titiritaban en el aire frío y húmedo de la mañana.

Por disciplina, o dada la naturaleza de su cometido, o porque sólo estaban medio despiertos, los soldados no hablaban en las filas y permanecían inmóviles, apoyados en los rifles, de espaldas a la ciudad, mirando hacia las lomas allende la llanura.

Detrás de los soldados el grupo de hombres también guardaba un adusto silencio. Sabían que cualquier cosa que dijesen sería tergiversada en palabras de apoyo al condenado o de protesta contra el gobierno. Así que nadie habló; hasta los oficiales daban órdenes en hoscos susurros, y los hombres insertos en la multitud no se juntaban sino que se miraban con sospecha unos a otros, guardando distancia.

Aumentaba la luz y con ella llegaba a la carrera un grupo grande de personas encabezado por dos figuras vestidas de negro. Los soldados se colocaron en posición de atención, y parte de la doble fila se replegó abriendo el cuadrado.

En nuestro país el condenado a muerte camina una distancia corta desde su celda al cadalso o hasta la silla eléctrica, y los muros de la prisión lo ocultan de la vista de los demás. Aún así suele ocurrir que el corto viaje resulta demasiado largo para sus fuerzas y su coraje.

Pero esta mañana los españoles misericordiosos obligaron al prisionero a caminar por más de media milla sobre un escabroso campo abierto. Yo pensé que vería a este hombre, sea cual fuese su fortaleza en otros momentos, dando traspiés y vacilando en su cruel trayectoria. Pero al acercarse pude ver que iba al frente de todos los demás, que los sacerdotes a cada lado de él daban dos pasos por cada uno de los suyos, tropezando con sus vestimentas y en los hoyos en su afán por mantenerse a la par del condenado, y que caminaba erecto con aire marcial, a paso rápido a la cabeza de ellos.

Buen mozo, de cara amable al estilo campesino, tenía barba puntiaguda y leve, grandes ojos melancólicos y una amplia cabellera negra y ensortijada. Era demasiado joven para tamaño sacrificio, y parecía más napolitano que cubano. Bien podrías imaginártelo sentado cómodamente al sol en los muelles de Nápoles o Génova, mostrando con la risa su blanca dentadura. Llevaba al cuello un escapulario nuevo, por sobre su camisa de lino.

Aunque parezca una ligereza en un momento como este, confieso que sentí gran satisfacción cuando vi que el cubano, al pasar por mi lado, llevaba un cigarrillo entre los labios, sin arrogancia ni bravuconería pero sí con el aire despreocupado de un hombre que marcha hacia el castigo sin miedo, haciendo saber a sus enemigos que lo pueden matar pero no asustarlo.

Todo terminó muy pronto, bruscamente, con misericordiosa rapidez salvo por un terrible error. La multitud se detuvo al llegar a las filas de soldados que formaban el cuadrado. El condenado, los sacerdotes y el pelotón de fusilamiento de seis jóvenes voluntarios entraron al cuadrado y la fila se cerró tras de ellos.

El oficial que sujetaba la cuerda que ataba las manos del cubano a la espalda y pasaba por su pecho la dejó caer en la hierba y desenvainó la espada. Rodríguez dejó caer el cigarrillo de los labios, se inclinó y besó el crucifijo que el sacerdote le ofrecía.

El sacerdote de mayor edad se hizo a un lado y rezó rápidamente en un alto susurro mientras que el otro, más joven, se alejó hasta colocarse detrás del pelotón de fusilamiento, se cubrió la cara con las manos y se volvió de espaldas. Ambos habían pasado las doce horas anteriores junto a Rodríguez en la capilla de la cárcel.

El cubano caminó hasta el sitio que le indicó el oficial, dio la espalda al cuadro de soldados y volvió la cara hacia las lomas y el camino entre ellas que conducía a la finca de su padre.

Cuando el oficial dio la primera voz de mando el reo se enderezó hasta donde lo permitían sus ataduras, levantó la cabeza y fijó la vista inmóvil en la luz matinal que acababa de asomar por sobre el lomerío.

Su aspecto era de tanta indefensión patética, pero al mismo tiempo de tanto valor y dignidad que al instante me hizo recordar la estatua de Nathan Hale que se alza en el parque del ayuntamiento por encima del ruido de Broadway, brindando una lección diaria a las multitudes que en pos del dinero pasan bajo ella.

Los brazos del cubano, como los de la estatua, estaban atados, y estaba parado en firme con el peso del cuerpo descansando sobre los talones como soldados en formación, con la cara levantada y sin temor, como en la estatua. Pero con esta diferencia: aunque probablemente estaba tan dispuesto a dar seis vidas por su patria como lo estuvo el rebelde americano, a Rodríguez, por ser sólo un campesino no se le ocurrió decirlo, y por ende no vivirá en bronce durante muchas vidas de otros hombres, sino que será recordado simplemente como uno de los treinta cubanos fusilados en Santa Clara al amanecer de cada día.

El oficial había dado la orden, los hombres habían levantado los fusiles, el condenado había oído el sonido del cerrojo de las armas y había permanecido inmóvil. Entonces ocurrió un acto de tortura del más cruel refinamiento imaginable, aunque fue accidental. Cuando el oficial levantaba la espada lentamente y se preparaba para dar la señal, uno de los oficiales cabalgó hasta él y en silencio le señaló algo que yo había observado con cierta satisfacción, y era que el pelotón de fusilamiento, debido a su colocación, al disparar haría blanco en varios de los soldados apostados en el extremo opuesto del cuadro que habían formado.

El capitán de la tropa hizo una señal a sus hombres para que bajasen los fusiles, caminó por la hierba y puso la mano sobre el hombro del prisionero que aguardaba.

No resulta agradable pensar en el choque emocional del condenado. El hombre se había armado de valor para recibir una descarga de balas por la espalda. Creía que en un instante se encontraría en otro mundo. Había escuchado la orden y el sonido al montar los rifles Máuser, y en ese momento supremo una mano humana se posó en su hombro y una voz le habló al oído.

Uno esperaría que cualquier hombre arrancado así de regreso a la vida se sobresaltara, temblando ante el aplazamiento de la condena, o se desmoronara del todo. Pero este joven volvió la cabeza sin vacilación, siguiendo con la vista la dirección que el oficial le indicaba con la espada, y entonces asintió solemnemente con la cabeza, se cuadró de hombros, se colocó en el nuevo lugar, y enderezó la espalda manteniéndose erecto.

Esta demostración de dominio de sí mismo supera sin duda alguna los actos de heroísmo en combate, alentados por miles de compañeros. Este hombre estaba solo, mirando hacia sus lomas tan conocidas, con sólo enemigos a su alrededor y sin ninguna fuente de la que tomar más fuerzas que las que había en su fuero interno.

El oficial al mando del pelotón de fusilamiento, molesto por su metida de pata, desenvainó la espada apresuradamente, los soldados apuntaron con los fusiles, el oficial alzó la espada, la bajó y el pelotón disparó. La cabeza del cubano cayó súbitamente hacia atrás, casi entre los hombros, pero el cuerpo cayó lentamente, como si alguien lo hubiese empujado suavemente por detrás y el hombre hubiera tropezado.

El joven cayó de costado sobre la hierba mojada, sin un solo movimiento ni sonido, y quedó inmóvil.

Costaba creer que él se proponía quedarse allí, que todo terminaba así, sin una palabra, que el hombre vestido de lino no se levantaría y continuaría caminando en dirección a las lomas, como parecía haber comenzado a hacerlo, hasta su casa. Costaba creer que no había alguna equivocación en todo esto, o cuando menos que alguien lo lamentaría, o diría algo, o correría a levantarlo del suelo.

Pero, afortunadamente, él no necesitaba ayuda, y los sacerdotes regresaron – el más joven con lágrimas bañándole el rostro – se pusieron sus vestiduras y leyeron un breve responso por su alma, mientras el pelotón de fusilamiento permanecía de pie con las cabezas descubiertas, los soldados que formaban el cuadro hueco arreglaban sus arreos, cambiaban las armas de posición y se alistaban para la orden de marchar, en tanto que la banda comenzaba a tocar de nuevo a doble tiempo tras la interrupción causada por la descarga de fusilería.

El cuerpo continuaba sobre la hierba, sin que nadie lo tocara, y nadie parecía recordar que había llegado allí por sus propios pies, ni se dieron cuenta que el cigarrillo seguía encendido como un pequeño círculo de fuego vivo en el lugar donde el hombre se había parado desde el principio.

Ese cuerpo pertenecía ya al pasado, y el pelotón se sacudió como una serpiente enorme, se deshizo en pedazos pequeños y comenzó a marchar alegremente, tropezando en la hierba alta y tratando de mantener el paso al compás de la música.

Los oficiales dirigieron a los soldados al pasar cerca del cuerpo en el traje de lino, tan cerca que los que cerraban la marcha tuvieron que separarse de la columna para no pisarlo. Cada soldado al pasar volteaba a ver el cuerpo, algunos estirando el cuelo con curiosidad, otros mirándolo despreocupadamente y algunos sin ningún interés, como si estuviesen viendo una casa a la vera del sendero, o una carreta que pasaba por allí, o un hoyo en el camino.

Un joven soldado tropezó con una enredadera y cayó hacia adelante justo frente al cuerpo. Enrojeció visiblemente ante la risa burlona de sus compañeros. Los espectadores soñolientos emprendieron la marcha a ambos lados de la banda militar. Ellos también habían olvidado lo sucedido. Los sacerdotes guardaron sus vestiduras en una bolsa, se arroparon en sus pesadas capas y se apresuraron a seguir a los demás.

Todos parecían haber olvidado el cuerpo con excepción de dos hombres que venían lentamente hacia él desde el pueblo conduciendo una carreta con un ataúd sin cepillar, cada uno con un cigarrillo entre los labios y el cuello envuelto contra las brumas de la mañana.

En ese momento el sol, cuya salida prometía un brillo que se advertía ya sobre las lomas, apareció de repente en todo el esplendor del trópico, como una esfera roja y feroz, llenando el aire de luz y de calor.

Las bayonetas de la columna de soldados en retirada refulgían, un gallo cantó con brío en una finca vecina, una docena de trompetas contestó el reto con las alegres notas del toque de diana, y desde toda la ciudad las campanas de las iglesias llamaron a las primeras misas del día. La ciudad de Santa Clara y su mundo todo parecía desperezarse y despertar para dar la bienvenida al nuevo día.

Pero al unirme al final de la procesión y mirar hacia atrás, la figura del joven cubano que ya no formaba parte del mundo de Santa Clara dormía sobre la hierba mojada, con los brazos inmóviles aún atados fuertemente a la espalda, el escapulario torcido sobre la cara y la sangre de su pecho derramándose en el suelo que él quiso liberar.

*Traducido por Guillermo A. Belt, miembro de nuestra academia.