Thursday, February 28, 2019

LA BODA DE MARTI

Carmen Zayas-Bazán

Por Santiago Cárdenas
                                                    
Desde Guatemala  José Martí  Pérez regresó a Ciudad México, con un mes de vacaciones por Navidad, a fines de noviembre de 1877. Le había prometido matrimonio a Carmen Zayas Bazán Hidalgo  que  era su novia official--  ( había , al menos ,otras  tres pretendientes conocidas )-- en cuanto tuviera un trabajo estable. Actualmente tenía dos.Como profesor en la Escuela Superior de Varones  y como catedrático en la Universidad de la capital guatemalteca, ambos por recomendación del presidente Don Rufino Barrios.

LOS ANTECEDENTES

Carmencita era la tercera hija de nueve, del viudo Francisco Zayas Bazán Varona que había arribado a México  unos tres años antes, huyendo de la guerra. En 1871, a solo tres años de Yara, cuando los mambises comenzaron la “candelada” de las cañas en el Camaguey, Francisco que era un terrateniente rico, dueño del Central Monte Grande, trató de convencer a Francisco Arredondo Miranda quien era el jefe insurrecto de la  zona de lo inútil de la independencia. La proposición  fue rechazada  enérgicamente y Zayas Bazán trasladado desde su colonia hasta Puerto Príncipe por una escolta de mambises todos  negros y ex esclavos con recomendaciones de no regresar a su finca.
Tal vez por estos recuerdos nunca se “tragó” al joven independentista Martí que comenzó a visitar su casona en Ciudad  México para  jugar ajedrez, tomar café y tirarle un vistazo a su hija.
Martí  a los 22 años, en diciembre de 1875, era una celebridad  en México-- a donde había arribado solo  diez meses antes -- cuando presentó “ Amor con  amor se paga. “ Un diálogo teatral entre  Julián y Leonor  que  fue un éxito  de primera magnitud  ante la burguesía adinerada y toda la intelectualidad de la capital en “El Principal”, a teatro lleno.
 La fecha exacta del comienzo del  noviazgo y del subsecuente  compromiso no se  sabe  con certeza ( existen varias versiones); pero,por  seguro, se conocieron en casa del mexicano  Ramon Guzmán  en febrero de 1875 a poco de llegar  Martí desde Nueva York como lo demuestra  la  participación de éste como testigo de la boda.
  Pepe Martí se marchó  a Guatemala a inicios de 1877--  unos quince meses después  del debut  de la obra teatral, a la cual asistió Carmen,--  para regresar a fines de ese mismo año para  cumplir con su compromiso nupcial.

                                                      LA BODA
            
Se celebró en la  parroquia del Sagrario Metropolitano, aún en pie, colindante  como un anexo a la Catedral  de México, que era el templo católico mas grande  de las Américas. Si ud se para  de frente a la Catedral en el Zócalo,--la plaza  central del Distrito Federal,--la Metropolitana es una  estructura anexa situada al pie de la inmensa torre derecha  de la Catedral. La Parroquia  tiene por fuera dos fachadas de un barroco  muy elaborado e impresionante y por  dentro una preciosa construcción neo clásica construída en 1759 durante  veinte años, por el español Lorenzo Rodríguez. Posee un espectacular sagrario de oro, que domina la vista humana en el centro del retablo, encima del altar.
 Ambos  novios tenían la misma edad: 24 años  y utilizaron vestidos clásicos para la ocasión. Martí en negro, su color preferido, y Carmen  vestida con un modelito  blanco confeccionado en casa por  sus hermanas.
La ceremonia en latín fue presidida por el padre Ambrosio de Lara cura interino que asentó el sacramento en el libro 27. Iba revestido de morado, el color del adviento, que litúrgicamente no permitía el Gloria in Excelsis Deo, ni  los cantos  habituales. Se  tocó solamente el órgano sacro. Estábamos a cuatro días de la Navidad. Un silencio impresionante  cubría el templo junto al olor del incienso  mezclado con  el de las dalias, orquídeas y nardos  traídas  desde el campo  mexicano.
Los padrinos fueron  el padre de la novia y su hermana Rosa.Los testigos  Manuel Mercado, que era el  preceptor de Martí desde su llegada a México, y el pintor Manuel Ocaranza que había sido el novio de la bella Ana hermana de Martí, fallecida tres años antes a los dieciocho años de edad.
Los testigos de la boda civil fueron  los mismos. Además, Ramón Guzmán, citado anteriormente.Toda la familia de Martí se econtraba en Cuba.

                      EL  ALBUM DE BODAS Y EL FIESTON A LA CUBANA

La fiesta se celebró en la casa de los Mercados. Los novios bailaron con la orquesta Sonatas Habaneras.La música de amenidad estuvo  a cargo del dúo Jade y del quinteto Habaneras . El pastel de boda mexicano, presente en el brindis, es conocido mundialmente, aún hoy en día, por su gusto y suntuosidad.
Los  Martí’s  pasaron seis noches en dicha casa, incluyendo la Nochebuena y la Navidad.Hubo una invitación de los Mercado en esos días festivos para una cena en el aristocrático restaurant El Tívoli de San Cosme en la Colonia San Rafael. Allí mozos en frac  servían el “neux deveau diplomate “ y “los becassines a la cavaliere”, teniendo como fondo el  Castillo de Chapultepec iluminado.
Carmen conservó hasta su muerte el Album de Bodas donde  un  indio escribió en nauhatl,  y don Nicolás de Azcárate, criollo eminente exiliado en México, un testimonio.Luego se fueron  agregando firmas. En Guatemala las del poeta  José Joaquín Palma y la de José M. Izaguirre, el director de la Escuela Superior de Varones donde  trabajaba Martí, ambos cubanos.También la del ex presidente don Miguel García Granados, el padre  de la Niña de Guatemala.Después de muerto  Martí  firmaron en la isla Aurelia del Castillo; Enrique José Varona y  Máximo Gómez, entre otros notables.
En la mañana del 26 de diciembre  de 1877 partieron los novios, con escolta,  para Acapulco. Comenzaban su luna de  miel.

Wednesday, February 27, 2019

Al pie de la memoria


Reseña de la escritora cubana Gabriela Díaz Gronlier sobre el libro Al pie de la memoria. Antología poética de poetas cubanos muertos en el exilio, 1959-2002 (Betania, 2002) de Felipe Lázaro; publicada en el blog de la autora El copo y la rueca(Madrid, febrero de 2019): www.elcopoylarueca.com
AL PIE DE LA MEMORIA. ANTOLOGÍA DE POETAS CUBANOS MUERTOS EN EL EXILIO (1959-2002).
Lo demás es historia”.
Alberto Baeza Flores
El coro de voces reunido en Al pie de la memoria nos ofrece un recital con tonalidades muy distintas que, sin embargo, están entrelazadas, pues todas ellas tejen y destejen el manto de la incertidumbre. El éxodo del pueblo cubano se alarga en el tiempo y no hay indicios que indiquen que el plazo de huida concluya, de ahí que sepamos, por experiencia, cuánto azuza y cuán hondo anida en el hombre la melancolía.
Al pie de la memoria, nos dice el editor Felipe Lázaro, “conforma un amplio arcoíris de la extraordinaria poesía cubana del pasado siglo”. En el libro están representados los movimientos estéticos que inspiraron a los integrantes de la Generación del 23, de la Poesía Pura, del Grupo Orígenes, del Neorromanticismo, de la Generación del 50, de la Generación del Mariel, de la Generación de los 80 y de los poetas jóvenes del exilio.
Cuando el retorno no es más que un deseo hecho cenizas, porque para el gobierno de tu nación no eres más que escoria sin derecho a un visado que te permita volver a tu patria, el canto se vuelve profundo y triste. Y aunque la tierra de acogida con los años se vuelve tierra querida -en ella hemos construido nuestro segundo hogar-, los recuerdos no nos dejan planear por encima de las penas porque la pérdida se transforma en recuerdos obsesivos. Somos leales al lugar en el que crecimos, aunque, digo, con los años también somos capaces de ver cómo una misma brisa besa palmeras y olivos.
Treinta y cinco poetas encuentran su sitio en Al pie de la memoria, libro que incluye, a modo de prólogo, un poema inédito de Manuel Díaz Martínez titulado Presentación del Poeta Muerto, una introducción del editor y una ficha biográfica y concisa que acompaña a cada autor.
Los poemas que he seleccionado del libro que hoy les invito a leer los ilustro con algunas de las fotografías que mi amiga cubana y escritora Belkys Rodríguez hizo en su último viaje a Cuba. He dejado al final de las poemas los nombres de los autores incluidos en la antología.
Al pie de la memoria. Antología de poetas cubanos muertos en el exilio (1959-2002) se encuentra dentro del catálogo de la editorial Betania.
Esta antología prueba que la muerte no es la Nada, pues quedan las obras concebidas y el esfuerzo de los que se dedican a conservar y a transmitir a las nuevas generaciones el resultado de las ideas de los hombres que nos dejaron.
Y ahora, parafraseando un verso del poema de Manuel Díaz Martínez, “los invito a palpar la carnalidad de la palabra / del Poeta Muerto”.


POEMAS
 ISLA DE MI ALMA
Mercedes García Tudurí
(La Habana, 1904 – Miami, 1997)
Isla de mi alma, breve y entre las aguas sola,
con los mares del mundo batiendo en tus orillas,
vives la estrecha cárcel de tus marinas costas.
Isla de mi alma, buscas las señales secretas,
apoyado tu oído sobre las caracolas,
de rumorosas alas y de trémulas velas.
Mirando al horizonte perdido entre las olas,
¿qué te sostiene, dime, sobre la mar desierta,
isla pequeña y sola?
  
ARISFAEL
Arístides Sosa de Quesada
(Matanzas, 1908 – Miami, 2000)
Yo tenía un predio breve
como un pañuelo verde.
Allí coseché auroras y crepúsculos
y levanté Turquinos con terrones minúsculos.
El alma en libertad, indiferentemente,
se detenía en la hoja, el rocío o la fuente;
en el trozo de cielo de una constelación,
o en el misterio augusto de la germinación.
Todo en mi predio era armonioso…
Pero una tarde, horrenda en el recuerdo,
fue profanado el diminuto predio.
Ya el sinsonte no acude a los guayabos
ni el tomeguín anida en los naranjos.
El sol no juega con las sombras.
Bajo el alero umbroso,
mastines como lobos.
Se mustian, desolados, los rosales.
Está triste mi predio,
con la triste quietud de un cementerio.

LA CASA
Jorge Oliva
(Guantánamo, 1948 – Nueva York, 1989)
A veces dice que se va
decide abandonarla para siempre,
pero siempre es demasiado nunca
y a poco
regresa otra vez a la lenta, a la oscura ciudad
entre la montaña y el mar;
a esas calles polvorientas
de chatos portales y árboles añosos,
a los antiguos rincones
y a cierta gente que detesta y que,
inexplicablemente,
nunca ha dejado de amar.
Y es que en esos retornos
él se vuelve a encontrar: lo que queda de él,
todo lo que fue
recupera las cosas
que no traicionaron la infancia
y que a veces ya era incapaz de recordar
porque la memoria estaba demasiado sucia.


CANCIÓN PUERIL
Rafael Esténger
(Santiago de Cuba, 1899 – Miami, 1983)
Bajo este viejo puente,
larín, larín, larán,
bajo este viejo puente
me siento a descansar.
¡Qué mansa pasa el agua,
larín, larín, larán,
qué mansa pasa el agua
cantando hacia el mar!
Yo le pregunto al río,
larín, larín, larán,
yo le pregunto al río
si volveré a mi hogar.
Grazna de pronto un cuervo,
larín, larín, larán,
grazna de pronto un cuervo
perdido en el trigal.
Y el río, mansamente,
larín, larín, larán,
el río, mansamente,
se pone a sollozar…

SONIDO DE LA NOCHE
Alberto Baeza Flores
(Santiago de Chile, 1914 – Miami,1998)
Campana de la iglesia de San Salvador de Bayamo
que suena todavía en mi memoria.
En el golpe secreto de la noche sin tiempo
continúa sus ondas.
Un cirio se apagó. Pasó una nube.
Voló una llama y se quemó una pluma.
Cruzó una golondrina transitoria.
Una lumbre de ayer fue enterrada sin nadie.
Al pedestal del héroe le borraron su sombra.
Cayeron, una a una, las tejas desoladas
y los que se quedaron perdieron la memoria.
Se parceló la noche en un delirio insomne.
Pasó un coche de ayer con los caballos ciegos
y con su conductor descabezado.
Lo demás es historia.


MAR
Reinaldo Arenas
(Holguín, 1943 – Nueva York, 1990)
Ya no tenemos el mar,
pero tenemos voz para inventarlo.
No tenemos el mar,
pero tenemos mares que no podemos olvidar:
El mar encrespado de la cólera,
el mar viscoso del destierro,
el fúlgido mar de la soledad,
el mar de la traición y el desamparo.
No tenemos el mar,
pero tenemos mares.
Mares repletos de excrementos,
mares de gomas de automóviles
donde empecinadamente deriva un esqueleto
(las falanges aún aferradas a la cámara
y el fragor de la metralla en el oleaje).
No tenemos el mar,
pero tenemos mares.
Mares de inescrupulosos traficantes,
mares de esbirros disfrazados de bañistas
y profesores que comercian con el crimen,
mares de playas convertidas en trincheras,
mares de cuerpos balanceados
que aún retumban en nuestra memoria salpicándola.
No tenemos el mar,
pero tenemos náufragos,
tenemos uñas, tenemos dedos cercenados,
alguna oreja y un ojo que el ahíto tiburón no quiso aprovechar.
Tenemos uñas,
siempre tendremos uñas
y las aguas hirvientes de las furias,
y esas aguas, las pestilentes, las agresivas aguas,
se alzarán victoriosas con sus víctimas
hasta formar un solo mar de horror, un mar unánime
un mar
sin tiempo y sin orillas sobre el abultado vientre del verdugo.

 LA PIEDRA DESNUDA
Agustín Acosta
(Matanzas, 1886 – Miami, 1979)
Vine a decirte adiós, piedra desnuda.
Te quedas sola en medio de la noche.
Muchas veces en ti recliné mi cabeza
y tuve el sueño de Jacob. Ahora,
al continuar el viaje, no me llevo
sino la huella roja de tu arruga
en la mejilla. Soy agradecido.
Las suaves almohadas no me han dado
sino plácidos sueños, enervantes
apreciaciones de la vida. Hacía
falta a mi voluntad tu agria dureza.
Tal vez eres la misma que a Jacob
le dio el bíblico sueño, y en tu entraña,
como en un raro metal, duerme el augurio.
Te quedas sola en medio de la noche…
Vengo a decirte adiós, piedra desnuda…!

EXILIO CASI VEINTE AÑOS
José Corrales
(Guanabacoa, 1937 – Nueva York, 2002)
No vengo del pasado
all of a sudden
me encontré detrás
de una de las grietas
que el futuro se empeña
en rellenar
con memorias abiertas
casi siempre supurando
Con llanto
casi coagulado
con sonrisa
casi vacía de dientes
y de ganas
con risa de casi falsedades
y con mi casi asentir con la cabeza
Una vez traté de escupirles
y casi siempre me ahoga la saliva
una vez les grité
y casi que me oyeron
una vez traté de guardar
casi silencio
y cargaron mi nombre
de adjetivos
Yo soy el que me asomo
no son ellos


HOMBRE IDEAL
Lucas Lamadrid
(La Habana, 1919 – Miami, 1987)
El hombre nuevo y útil
escucha pero no habla
mira más no sonríe
obedece y trabaja
sumiso no protesta
su mente programada
su voluntad rendida
no deciden acatan
su alma late al unísono
del partido y la causa
una computadora
tabula su esperanza
hace el amor y engendra
más siervos de su casta
su hembra con petróleo
a la prole amamanta
sonámbulo camina
y se convierte en masa
por el bien colectivo
muere en paz y le basta

ROMANCE DE LOS PUEBLOS DE CUBA
Norman Rodríguez
(Matanzas, 1926 – Miami, 1988)
Pueblos solemnes, abiertos,
humildes como centavos…;
pueblos que guardan un polvo
de angustia en sus entrepaños;
pueblos donde la tristeza
transita de mano en mano:
con parques grandes y parques
que caben en un abrazo;
con un collar de campanas
de los domingos colgado;
con árboles que doblegan
traumatismos centenarios;
y viejas empalagosas
como las lluvias de mayo…
Bodegas que huelen siempre
a controversia y cigarros,
con un chinito tan ele
como una cinta de caucho,
o algún gallego que ostenta
su gracejo de cubano…;
cantinas donde la bulla
organiza simulacros
indoctos de la alegría;
barberos que son un mazo
de cábalas y recetas
para todo el vecindario;
algún busto de un Maceo
que parece de otro lado,
y un pedrusco por las Madres
(escultórico mal parto);
portales donde los novios
se escrutan sin embarazo;
jardines a medias, donde
marpacíficos y trapos
reparten, a campanadas,
un color desconsolado…;
calles pardas y sinuosas,
llenas de niños y charcos
y mariposas que forman
archipiélagos alados…

EXILIOS
Heberto Padilla
(Pinar del Río, 1932 – Auburn, 2000)
Madre, todo ha cambiado.
Hasta el otoño es un soplo ruinoso
que abate el bosquecillo.
Ya nada protege contra el agua
y la noche.
Todo ha cambiado ya.
La quemadura del aire entra
en mis ojos y en los tuyos,
y aquel niño que oías
correr desde la oscura sala,
ya no ríe.
Ahora todo ha cambiado.
Abre puertas y armarios
para que estalle lejos esa infancia
apaleada en el aire calino;
para que nunca veas el viejo y pedregoso
camino de mis manos,
para que no me sientas deambular
por las calles de este mundo
ni descubras la casa vacía
de hojas y de hombres
donde el mismo de ayer sigue
buscando soledades, anhelos.
Poetas que aparecen en Al pie de la memoria: Emilia Bernal, Agustín Acosta, Rafael Esténger, Eugenio Florit, Mercedes García Tudurí, Pablo Le Riverend, Arístides Sosa de Quesada, José Ángel Buesa, Adela Jaume, Alberto Baeza Flores, Gastón Baquero, Justo Rodríguez Santos, Ramón Álvarez Silva, Miguel González, Lucas Lamadrid, Carlos Miguel Suárez Radillo, Oscar Gómez-Vidal, Ana Rosa Núñez, Norman Rodríguez, Antonio Giraudier, Pancho Vives, Pura del Prado, Heberto Padilla, Severo Sarduy, José Corrales, José Mario, David Fernández Chericián, Luis Cartañá, Reinaldo Arenas, Julio E. Miranda, Wifredo Fernández, Alberto Serret, Jorge Oliva, Amando Fernández y Roberto Valero.

Saturday, February 23, 2019

Cuba en 1958

Ediciones Universal presenta nuevo libro del historiador Raúl Eduardo Chao "Cuba en 1958". Según dice su descripción: "Este libro presenta la triste historia de un pueblo que perdió su libertad por haber descuidado sus tradiciones democráticas.  En 1933, Cuba sufrió los embates de una miserable y sangrienta Revolución que exaltó el uso de violencia, atropellos  y asesinatos en la vida política Cubana. Veinte y cinco años después, con la Revolución Castrista de 1959, los Cubanos recogieron una infausta retribución de lo que habían sembrado en el 1933. El relato de esa experiencia pudiera ser una gran lección para los hombres y mujeres que son seducidos por las ideas y estrategias marxistas y de extrema izquierda,  pero no lo va a ser. Nadie escarmienta en cabeza ajena. En 1958, Cuba estaba bajo el asedio  voraz del Comunismo ... y nadie se daba cuenta"

Wednesday, February 20, 2019

Central Valley (I)


“Rodeado de montes, por sobre cuyas mansas curvas o súbita eminencia corre el cielo está, a las puertas de Nueva York, un valle feliz”[1] llamado Central Valley que hoy es parte del pueblo llamado Woodbury, famoso en la zona por tener un inmenso centro comercial de tiendas de descuento. A finales del siglo XIX había obtenido conexión directa con la ciudad de Nueva York con el ferrocarril de Erie, que les permitía a los neoyorkinos escapar el calor de la ciudad después de un corto viaje. Central Valley tenía cerros, lagos, árboles de sombra y casonas de huéspedes con amplias terrazas donde los turistas se podían relajar y refrescar.[2]
Los habitantes eran mayormente Cuáqueros y Protestantes de diversas denominaciones de descendencia europea. La primera casa del pueblo data de 1730, y durante los años de la Revolución Americana, estaba poblada por campesinos de familias Anglo-Sajonas. En un panfleto publicado por el Ferrocarril de Erie en 1883, Central Valley fue descrita como “ un bello lugar de vacaciones de verano, situado en la cuesta noroeste de las lomas entre altas montañas y hermosos lagos…” La población de la época era de 400 personas. Había siete trenes hacia, y ocho trenes provenientes de la ciudad de Nueva York todos los días laborables, y cuatro trenes en cada dirección los fines de semana. El precio del boleto ida y vuelta era $2.00.[3]
Los residentes de Central Valley eran mayormente agricultores, aunque una fábrica famosa de varas de pescar (Leonard Rods) operaba allí desde 1881. Del Censo de 1900, que enumera la población total de Woodbury en vez de solamente la subdivisión de Central Valley, se puede tener una idea de que tipo de pueblo era. Se listaban 2,417 personas y 344 familias viviendo en el pueblo de Woodbury. Los habitantes eran primordialmente nativos, pero había unos cuantos irlandeses y alemanes, unos pocos suecos, dos familias rusas y dos familias francesas. Habían tres empleados solteros en el hotel local, una empleada doméstica y los nueve miembros de una familia listados como “negros”;  todo el resto eran “blancos”. En resumen puede decirse que Central Valley era una comunidad homogénea, de raza blanca, y monolingüe en inglés.
Una de las casonas del pueblo, propiedad de una pareja de maestros llamados David y Susana Cornell, era una casa de huéspedes en verano pero se convertía en una escuela privada para niños y niñas (el Instituto Cornell, fundado en 1865[4]) el resto del año. Los Cornells de Central Valley eran parientes lejanos de Ezra Cornell, el fundador de la famosa universidad de Cornell.[5]  Mario Pomares, un cubano residente en Nueva York, visitó con su familia un verano la casa de huéspedes de los Cornells[6] y se convirtió en un promotor de la casa y del pueblo, siendo responsable de que varios niños cubanos se matricularan en el Instituto Cornell. No sin importancia para la historia de Cuba, Pomares también recomendó el lugar a Tomás Estrada Palma cuando éste estaba en la ciudad de Nueva York recién llegado de la prisión en España.

El mito Cuáquero

Los Cornells eran originalmente Cuáqueros, aunque David había sido desunido de la Sociedad de los Amigos en 1868, mucho antes de que Don Tomás llegara a Central Valley. La razón, aparentemente, fue que David había dejado de asistir a las reuniones, y sobre todo, que había permitido bailes en su casa.[7]  No existen pruebas de que su escuela haya sido nunca una escuela Cuáquera.  Sin embargo el Instituto Cornell, tanto como el Instituto Estrada Palma, que vino después, han sido descritos como “escuelas Cuáqueras” por algunos autores.[8] Los dos eran instituciones seculares que operaban en una comunidad donde, por casualidad, había una cierta concentración de familias cuáqueras.
Como un embellecimiento adicional a la equivocación sobre las escuelas, el mismo Estrada Palma ha sido descrito como “Cuáquero convertido” por una series de autores que aparentemente tomaron un dato erróneo de una fuente secundaria[9] publicada en 1971, y siguieron repitiéndolo sin comprobar su veracidad. Así vemos que el mito aparece en un documental[10]; en libros como el de Louis A. Pérez[11]; el del Monseñor Ramón Suárez Polcari[12]; y el de Jason M. Yaremko[13]; y en páginas web como la del cuáquero cubano Joel Font[14].  Ninguna de las obras anteriormente mencionadas citaron una fuente primaria para sus aserciones. Es mas, como fue discutido por García-Estévez en el 2004[15], ninguno de los textos clásicos de historia de Cuba, o los periódicos de la época, o la Sociedad Histórica local de Central Valley, o la Biblioteca Histórica de los Amigos en Swathmore College tiene dato alguno de que Estrada Palma alguna vez perteneció a dicha secta.
Fue Marcos Antonio Ramos en su libro publicado en 1986 quien localizó el origen del “mito Cuáquero[16]”: fue el ilustre historiador Hugh Thomas (Lord Thomas of Swynnerton) quien no solo empezó el mito, sino también erró en llamar al pueblo “Happy Valley,” en vez de “Central Valley.” Sin embargo la honestidad intelectual de Lord Thomas fue demostrada en una carta que me escribió cuando yo le informé de su error. Me dijo: “Yo no tengo record de la razón por la cual yo describí a Estrada Palma como cuáquero.  Supongo que cometí un error.”

Vida en Central Valley

Cuando Estrada Palma llegó a Central Valley apenas hablaba inglés y tenía muy poco dinero. Hizo un arreglo con una joven, parienta de los Cornells para intercambiar lecciones de español por lecciones de inglés. Estas clases, junto al clima de “inmersión total” en que se encontraba (nadie a su alrededor hablaba español) sirvieron para que su manejo del inglés se volviera “adecuado,” aunque no perfecto. Sin embargo, su estado mental estaba muy bajo. 
Tarjeta de la época en la Sociedad Histórica de Woodbury caption
Sintiéndose terriblemente solo, sin noticias de Cuba, sin libros o periódicos en español y sin cartas de sus amigos, tomaba largas caminatas a lo largo de la línea del ferrocarril.  Ida, una hija de los Cornells lo recuerda como “muy nervioso; se sentaba a la mesa con los pies golpeando el suelo hasta que el cuarto entero temblaba”.[17]  Edward, un hijo de los Cornells recuerda que muy a menudo, después de acostado, Estrada Palma “saltaba de la cama gritando ¡Mi madre! ¡Mi madre!” [18]
La belleza natural del valle, sus lagos, sus verdes campos, sus montes en la distancia, sus brisas agradables no lo sacaban de su depresión… hasta que empezó a recibir periódicos, libros y cartas de sus amigos desde varias ciudades que prendieron llama de esperanza y optimismo. Una carta de su pariente, el poeta José Joaquín Palma, fue particularmente interesante porque estaba escrita desde la ciudad de Tegucigalpa, la capital de la nación centroamericana de Honduras donde estaba viviendo.
José Joaquín le informaba que el nuevo presidente de Honduras estaba envuelto en una reforma significativa de su país y que necesitaba hombres honestos y educados que lo ayudaran en esta tarea.  Algunos de los veteranos de la Guerra de los Diez Años en Cuba, como el General Máximo Gómez ya estaban allí. Alguien del calibre de Estrada Palma que se ajustaría perfectamente a los planes del nuevo presidente debería considerar el mudarse para allá donde un trabajo importante le esperaba. Podría vivir con el y su esposa hasta que se encaminara.
Sin pensarlo mas, Estrada Palma salió hacia Tegucigalpa a donde llegó, después de un viaje largo y complicado, el 18 de julio de 1879.



[1] Martí, José, "El Colegio De Tomas Estrada Palma En Central Valley," Patria, (1892), Vol,
[2] Town of Woodbury Bicentennial Book, (In the Woodbury Historical Society, Highland Mills, NY., 1976).
[3] Ibid. p. 16
[4] D.S. Lawrence and Co., "Orange County Directory for 1878-1979," (In www.usgennet.org/usa/ny/county/orange/cp).
[5] McGinnes, Chuck, "George Cornell, 1910-2003: Benefactor Spoke Little, Gave Much," Palm Beach Post, Palm Beach, FL., 2003, 1A and 10A.
[6] Cornell, Edward, Susanna Cornell Ferguson and Her Descendants, (Central Valley, NY: Privately Published, 1937. In Friends Historical Library, Swarthmore College, PA.).
[7] Ibid.
[8] Thomas, Hugh, Cuba: The Pursuit of Freedom, (New York, NY: Harper and Row, 1971). p. 314
[9] Ibid.
[10] Cardona, Joe, "José Martí: Legacy of Freedom," (WPBT2 (USA), 2002).
[11] Pérez, Louis A., Cuba between Empires 1878-1902, (Pittsburgh, PA: Pittsburgh University Press, 1983). p. 98, 372.
[12] Suárez Polcari, Ramón, Historia De La Iglesia Católica En Cuba, (Miami, FL.: Ediciones Universal, 2003).
[13] Yaremko, Jason M. , U.S. Protestant Missions in Cuba:  From Independence to Castro, (Gainesville, Fl.: University Press of Florida, 2000).
[14] Font, Joel, "The Quakers Wore Guayaberas,"  http://cubanstories.blogspot.com/ Accessed
[15] García-Estévez, Margarita "The Development and Maintenance of a Myth: Unsupported Assertions That Tomás Estrada Palma Was a Converted Quaker" Paper presented in Fifteenth Biennial Conference of Quaker Historians and Archivists George Fox University, Newberg, OR, Reprinted in
[16] Ramos, Marco Antonio, Panorama Del Protestantismo En Cuba, (San José, Costa Rica: Editorial Caribe., 1986).
[17]  Kerr, Ida Cornell, "Recollections," 1943
[18]  Cornell, Susanna Cornell Ferguson and Her Descendants.

                                                                                                                
Referencias

Town of Woodbury Bicentennial Book. In the Woodbury Historical Society, Highland Mills, NY., 1976.