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Monday, August 3, 2026

LAS CANCIONES QUE LECUONA NO QUISO CANTAR (*)

Por Antonio Gómez Sotolongo

 ...dispongo que mi entierro sea en Nueva York en el caso que Fidel Castro o cualquier otro jefe de gobierno en Cuba sea comunista o represente dicha facción, grupo o clase.  

Ernesto Lecuona (1895-1963)

Entre los días 16 de agosto y el 2 de septiembre de 1962 el Consejo Nacional de Cultura de Cuba organizó el primer Festival de Música Popular Cubana (FMPC) en el teatro Auditórium, al que para entonces ya el llamado gobierno revolucionario había expoliado a sus legítimos dueños y lo habían rebautizado con el nombre de Amadeo Roldán. Según una carta con fecha 21 de julio de 1962, firmada por Odilio Urfé, a la sazón Coordinador de la Comisión Nacional de Música, del Consejo Nacional de Cultura, enviada al doctor Francisco Carballido, quien representaba los asuntos legales de Ernesto Lecuona en Cuba, dice en uno de sus párrafos lo siguiente:

[...]. Como usted sabe, desde hace algún tiempo, personas mal informadas, desorientadas o enemigas de la Revolución, han echado a rodar la especie de que el Maestro Lecuona se encuentra exiliado por razones artísticas y políticas, y que viene actuando en Norteamérica como un contrarrevolucionario. Ante ese estado de cosas, el Gobierno Revolucionario se vio obligado, por tratarse de tan significativa figura nacional y mundial, a esclarecer y destruir esas insidias que mucho dañaban el prestigio y la admiración que el pueblo de Cuba profesa a tan notable músico (Fajardo 2014, t. 2, 150).

Después de darle a conocer los «cargos» de los que se le acusaba: «actuar en Norteamérica como un contrarrevolucionario activo», «cargos» por los que han sido encarcelados y fusilados miles de cubanos durante los últimos 62 años, Odilio Urfé, como mensajero del «Gobierno Revolucionario» le daba a Ernesto Lecuona, por conducto de Francisco Carballido, su representante legal en Cuba, un ultimátum para que definiera su adhesión política, y así lo hace saber en el siguiente párrafo:

[…], el Consejo Nacional de Cultura, una vez consultadas las más altas y responsables figuras del Gobierno Revolucionario Cubano, determinó invitar al Maestro Lecuona a que regrese y establezca su residencia en su patria (la cual nunca ha dejado de honrar artística y patrióticamente) y tome parte activa en la intensa labor que dicho Consejo viene realizando, a nivel nacional, en pro de la música cubana en todas sus manifestaciones. En este aspecto el Maestro podrá escoger la residencia y lugar donde desearía vivir el tiempo que esté en Cuba, una vez regrese de los viajes que acostumbra a realizar anualmente por otros países.

Deseo añadir que también tendrá garantizado un contrato anual para que realice las actuaciones que él desee para el pueblo cubano, que tanto lo admira y que se regocijará una vez que conozca que el Maestro Lecuona se encuentra de nuevo viviendo en su patria (Fajardo 2014, t.  2, 150-151).

En esta carta, el «Gobierno Revolucionario» le da la «oportunidad» al Maestro Lecuona para que se «reivindique» y puedan ser borradas de su «expediente» las acusaciones que se le imputaban, haciéndole saber «cordialmente» que se le «permitiría» elegir la residencia en la que quisiera vivir durante el tiempo que estuviera en Cuba, y más adelante se le «sugería» la fecha en la que debería regresar:

[…]. En la seguridad de que Ud. hará todo lo que a su alcance esté para que esa gestión se haga realidad, que ojalá se logre entre el 16 de agosto y el 2 de septiembre en que se celebrará el magno Festival de Música Popular Cubana (evento sin precedentes en la historia de la música popular cubana), queda de usted con toda consideración a nombre del Consejo Nacional de Cultura y el mío propio,

Odilio Urfé

Coordinador

Comisión Nacional de Música

Departamento de Coordinación Nacional de Actividades de Música Popular (Fajardo 2014, t. 2, 152-153).

Pero Lecuona no regresó, y «la especie de que el Maestro Lecuona se encontraba exiliado por razones artísticas y políticas», siguió rodando, ese es el hecho. Se me hace difícil saber si se cantaron o no las canciones de Ernesto Lecuona en aquel evento, porque si bien es cierto que al pie de una foto publicada en Bohemia (17 ago. 1962, 75), en la que aparecen Reinaldo Henríquez, Elena Burke y Bola de Nieve se dice que este último interpretaría en el FMPC canciones de cinco autores: Lecuona, Grenet, Simons y Gilberto Valdés, unos días después la Bohemia (24 ago. 1962) hizo saber a sus lectores que en el espectáculo se presentarían «más de cien intérpretes del género popular» y una extensa relación de autores, por lo que cada uno haría una obra solamente, subrayando además que aquel era un «evento artístico de profundo contenido revolucionario», prescribiendo así, sin margen de error, cuál sería el «significado correcto» de las obras que allí se debían interpretar.

El hecho cierto es que la nota que publicó el periódico Revolución (30 nov. 1963), órgano oficial del M-26-7, dando la noticia de la muerte de Ernesto Lecuona es demasiado escueta para la grandiosidad de la vida y la obra del Maestro. Lo cierto es que la revista Bohemia (6 dic. 1963), en una nota que no excede los cuatro párrafos, dio a conocer la irreparable pérdida, haciendo saber en los dos últimos que:

[…]. Muere el Maestro lejos de la tierra que lo vio nacer, precisamente cuando mayor -y más sentido- es el impulso que, a las artes musicales cubanas hoy al alcance del pueblo, le da nuestra Revolución Socialista.

Y como colofón una soberbia mentira:

[…]. En gesto de última voluntad, según informó al cable su secretario Armando de la Torre, Lecuona expresó el deseo de que se le sepultara en Cuba, su patria.

Cuando lo cierto es que, según nos dice CDA[1], Lecuona otorgó su testamento el día 1 de junio de 1963 ante tres testigos, en su casa 5004, North Tampania, Tampa, Florida, y de este documento, el citado autor, transcribe el siguiente párrafo:

Yo dispongo que sea enterrado en una tumba apropiada de acuerdo con el criterio de mi albacea aquí más adelante nombrado y siempre que el costo sea apropiado. Además, dispongo que mi entierro sea en Nueva York en el caso que Fidel Castro o cualquier otro jefe de gobierno en Cuba sea comunista o represente dicha facción, grupo o clase, que sea gobernada, dominada o inspirada por doctrinas extranjeras de fuera. Por otra parte, en el evento de que Cuba sea libre al tiempo de mi muerte, dispongo ser enterrado allí de acuerdo con las mismas condiciones antes señaladas[2].

 Tumba de Ernesto Lecuona en The Gate of Heaven Cemetery. NY 

El hecho cierto es que han sido cientos los artistas cubanos borrados de la historia de la cultura cubana por sospechas como esas que se le imputaron a Lecuona en la carta firmada por Odilio Urfé. Tanto dura la ignominiosa persecución y borrado de artistas que no comulgan con la dictadura, que, al momento de escribir este párrafo, una de las noticias que acapara la atención de los medios alrededor del mundo es el estado de salud de Manuel Otero Alcántara, un artista cubano que se ha vuelto incómodo para el régimen y hoy está preso en el hospital Calixto García de La Habana en circunstancias no esclarecidas.

Según nos cuenta Robreño (1985, 36-43), en el setenta y cuatro cumpleaños del ilustre guanabacoense Ernesto Lecuona (6 ago. 1969), fue develada una tarja en el lugar de su nacimiento, y, entre medias verdades y mentiras completas, nos dice lo siguiente:

[…]. Lecuona fue ante todo un hombre sencillo y un hombre bueno. Que hizo el bien a raudales a propios y extraños y que amó y quiso a su patria, de la que no podía estar ausente por espacio mayor de un año y a donde siempre regresaba y hubiese regresado si la muerte no trunca tan preciosa existencia, aunque fuese reclamado en otras latitudes, donde le esperaban, fama, gloria y dinero.

Así quedaba oficialmente «restituido» Lecuona, un artista imprescindible para hablar de música cubana.

Bibliografía:

Fajardo Estrada, Ramón, ed. 2014. Ernesto Lecuona. Cartas Tomo 1 y Tomo 2. Santiago de Cuba: Oriente.

Robreño, Eduardo. 1985. Como lo pienso lo digo. La Habana: Unión

(*) Tomado de Gómez Sotolongo, Antonio. 2024. Historia de la Música Popular Cubana. De las danzas habaneras a la salsa (1829-1976). Hypermedia pp 174-176


[1] Díaz Ayala, Cristóbal. 2013. «Excelente libro y crónica, pero... A propósito de Ernesto Lecuona: carta». En Cubaencuentro. [En línea] [Fecha de consulta 28 de mayo de 2021] Disponible en: https://www.cubaencuentro.com/cultura/articulos/excelente-libro-y-cronica-pero-284959

[2] El texto íntegro en inglés se puede confrontar en: Jacobson, Gloria Castiel. 1982. A dissertation presented to the graduate council of the university of Florida in partial fulfilment of the requirements for the degree of doctor of philosophy: Miami. University of Florida. [En línea] [Fecha de consulta 29 de sep. de 2022] Disponible en: https://www.google.com/search?q=THELIFEANDMUSICOF+ERNESTOLECUONA&oq=THELIFEANDMUSICOF+ERNESTOLECUONA&aqs=chrome..69i57j33i10i160l3.2730j0j1&client=ms-android-samsung-gj-rev1&sourceid=chrome-mobile&ie=UTF-8 

Zarzuela María la O completa

Zarzuela Rosa la China completa

Thursday, July 30, 2026

«ERNESTO LECUONA HIZO CANTAR AL MUNDO» (*)

Por Antonio Gómez Sotolongo

Ernesto Lecuona pudo interpretar todos los géneros y estilos de la música, podía crear o tocar números llenos de ingenuidad artística, pero era también un gigante al abordar obras de gran dificultad.

Ernesto Lecuona Casado nació el 6 de agosto de 1895 y fue un prolífico compositor y virtuoso instrumentista. Su padre, Ernesto Lecuona Ramos, emigró a Cuba procedente de Santa Cruz de Tenerife, donde había nacido en 1834. En la ciudad de Matanzas, alcanzó notoriedad en el periódico La Aurora de Yumurí, y fue en esa misma ciudad donde contrajo matrimonio con Elisa Casado Bernal el 7 de noviembre de 1885.

Al año siguiente, Lecuona Ramos fungía como Director del periódico El Comercial, en la capital cubana y nueve años después, el matrimonio esperaba su decimosegundo hijo. Entonces los esposos decidieron establecerse en la ultramarina villa de Guanabacoa. Allí nació el 7 de agosto de 1895, quien, por la magnitud de su obra musical, se colocaría entre los más importantes compositores de América.

Cuando tenía apenas un año, ya jugaba a tocar el piano. Con sus manos colocadas en el alfeizar de la ventana en actitud de tocar, le vieron sus padres más de una vez, y ya a los tres años, parado sobre un cajón, porque su estatura aun no le permitía estar sentado en la banqueta, fue sorprendido repitiendo algunas melodías populares en la época.

A los cinco años de edad tocaba de oído el Himno Nacional cubano, La Marsellesa y fragmentos de zarzuelas que fueron muy populares en aquellos días. En 1903, comenzó a estudiar formalmente el piano con su hermana Ernestina, y al año siguiente ingresó en el Conservatorio Carlos Alfredo Peyrellade. En 1908, publicó su primera obra musical, titulada Cuba y América, un two-step, ritmo que se puso de moda en Cuba por los días de la segunda intervención norteamericana.

El ciclo de estudios formales tuvo desde 1907 algunas fisuras. Las precariedades económicas de la familia, compulsaron al joven a emplearse tocando en los cines de barrio, creando obras para el teatro, dirigiendo orquestas y haciendo de todo cuanto su talento le permitía. Aún no había cumplido los quince años de edad y ya tenía estrenadas un puñado de obras en el teatro Martí de La Habana, lugar en el que subían a escena piezas de los más prestigiosos compositores cubanos, y por donde pasaban en cada temporada un sinnúmero de compañías extranjeras.

Ernesto Lecuona pudo interpretar todos los géneros y estilos de la música, podía crear o tocar números llenos de ingenuidad artística, pero era también un gigante al abordar obras de gran dificultad. Estuvo siempre entre los más importantes artistas del musical cubano, sin abandonar las salas de conciertos.

En 1911, en el concurso anual que realizó el Conservatorio, el joven de 16 años Ernesto Lecuona obtuvo la Medalla de Bronce (Bohemia, 9 jul. 1911, 252). En 1912, Hubert de Blanck le organizó su primer recital en el que interpretó, junto a obras de Schumann, Gottschalk, Chopin, Liszt y Penderewsky, sus Seis Danzas Cubanas. A este recital le siguieron muchas otras presentaciones en las más importantes salas de conciertos de Cuba. En 1916, Lecuona viajó por primera vez a los Estados Unidos, donde tocó durante cuatro semanas en el teatro Capitol. En 1918 inauguró, junto a José Mauri, el Instituto Musical, una academia que estuvo incorporada al Conservatorio Hubert de Blanck. En 1924, viajó por España en unión de la violinista, también cubana, Marta de la Torre, quien fuera primer premio del Conservatorio de Bruselas. París, lo recibió en 1928, año en el que otros cubanos habían triunfado en la Ciudad Luz; entre ellos, Sindo Garay, Rita Montaner, Carmita Ortiz y Julio Richard.

En la sala Gaveau de París lo presentó su compatriota Joaquín Nin, quien por entonces llevaba muchos años en Europa. Fue una audición privada, pero entre los asistentes se encontraban Maurice Ravel, Joaquín Turina, José Iturbi y otros grandes músicos, quienes aplaudieron largamente al artista. Fue en esa audición que le escucharon decir a Ravel, refiriéndose a Lecuona: “¡Eso es más que piano!”. Poco después, Lecuona se presentó ante el gran público en dos conciertos en la sala Pleyel de París. Allí, el programa incluyó obras para piano solo, y piezas suyas para voz y piano, que fueron interpretadas por la soprano cubana Lidia de Rivera.


En 1929 se presentó en el Teatro Nacional en un espectáculo en el que los compositores cubanos rindieron homenaje a Rita Montaner y en 1931, viajó a México con un espectáculo musical cubano integrado por renombrados artistas del género. En el mismo año lo contrataron para trabajar en la musicalización de la película Love song, de la Metro Goldwin Mayer, que fuera protagonizada por el barítono Lawrence Tibbet y Lupe Vélez. Al año siguiente, volvió a España, donde se presentó tanto en recitales como con su orquesta. De allí siguió por toda Europa y en el Lido de Venecia un empresario le cambió el nombre a la orquesta Lecuona por Lecuona Cuban Boys.

En ese incesante ir y venir, creaba y daba a conocer la música cubana por todo el orbe, y sus canciones, zarzuelas, y obras para piano eran de gran popularidad. María la O, Rosa la China, Niña Rita, El Batey y tantas otras eran aplaudidas en teatros de toda América.

“Ernesto Lecuona hizo cantar al mundo con acentos cubanos”, escribió Joaquín Aristigueta, en 1952, en un artículo desbordado de admiración por el artista. Ninguna otra frase sintetiza con tanta precisión el significado de la labor musical de un autor que atrapó en sonidos el alma de toda una cultura. Nada más justo para definir a un artista imprescindible en la historia de la música cubana.

En junio de 1958, como ya era habitual, Ernesto Lecuona realizó un concierto de despedida antes de emprender la gira de ese año, y según escribió Nena Benítez en el Diario de la Marina (13 jun. 1958), el público que llenó el Teatro Nacional, demostró, puesto de pie, cuanto quiere y cuánto gusta de la música de Ernesto Lecuona».

Buque Satrústegui (1952-1973)

En enero de 1959 Lecuona regresó de aquella gira a bordo del vapor «Sartrústegui» procedente de España, y comenzó sus presentaciones. El 25 de febrero actuó en el Estadio Universitario, el 1 de marzo convocó un concierto benéfico en donde recaudaron miles de pesos que estarían dedicados a la reconstrucción de los daños causados en Sagua de Tánamo por los choques armados entre los guerrilleros del movimiento 26 de julio y el Ejército Nacional. También participó en los festivales Lecuona que se realizaron esta vez en el Auditorium durante los días 23, 27 y 30 de mayo, en los que se presentaron el sainete lírico María la O., y las zarzuelas El Batey, y la Flor del Sitio, teniendo todas estas presentaciones una segunda parte en la que Lecuona se presentaba en un gran concierto con algunas de sus obras más populares.

El 6 de enero de 1960, doce meses después de su llegada a La Habana, visto el caso, retornó a los Estados Unidos. Fue su último adiós a Cuba. Allá quedó todo su amor. Allá quedaron sus ancestros. Trashumante hasta el final, viajó en septiembre de 1963 a Santa Cruz de Tenerife, lugar de origen de su familia paterna, y allí le sorprendió la muerte en el Hotel Mencey. Era la noche del viernes 29 de noviembre de 1963.

(*) Tomado del blog El Tren de Yaguaramas 2da. Época.

Monday, July 13, 2026

DE CADA CUAL SEGÚN SU CAPACIDAD A CADA CUAL SEGÚN SU INGENUIDAD

Los cambios en Cuba

Por Antonio Gómez Sotolongo


NOTA ANTES DE LEER ESTE ARTÍCULO: En 2008, harto de las infinitas vueltas de la noria en la que cabalgan las reformas impuestas por el castrismo en Cuba, realicé un breve recuento de aquellas en un artículo que publiqué en mi blog. Ahora, como la noria continúa sus infinitas vueltas, lo re-publico en este blog de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, porque, salvo algunas pinceladas, se puede leer como si de las 176 medidas de Canel se tratara. 

Santo Domingo. Viernes 13 de junio de 2008

La última «reforma» propuesta por Raúl Castro, que desde los cuatro puntos cardinales recibió loas, demuestra cuánta desmemoria somos capaces de acumular los seres humanos: Castro II, anunció la buena nueva de que se ajustarían los salarios de los trabajadores cubanos al rendimiento laboral. Anuncio que voló como las palomas que salen de la chistera de un mago, anuncio de una «reforma» que para nadie en Cuba es novedad. Es cierto que la década del 70 del siglo XX nos queda muy lejos en el recuerdo, y más aún la del 20; sin embargo, puedo tolerar el olvido, pero no lo comparto.

En 1975, Castro I celebró el I Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), del que salieron los planes del quinquenio 75-80, y entre la multitud de «reformas» que brotó del aquelarre, estuvo El Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (SDPE), un remedo de la más olvidada aún, Nueva Política Económica (NEP) con la que Vladimir Ilich Lenin pretendía «reformar», a principio de los 20’s, la depauperada economía soviética.

Entre los mecanismos que ambos sistemas proponían para el desarrollo acelerado de la economía socialista, se contemplaba la vinculación del salario de los trabajadores con el rendimiento y la productividad de estos en la jornada laboral, algo que se resumía en el precepto: «De cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo».

Algunas de estas «reformas» fueron practicadas en Cuba, y como consecuencia de ello aparecieron el mercado libre campesino, los mercados paralelos, el trabajo por cuenta propia y hasta una Ley de la Vivienda que permitía, en ciertas condiciones, arrendar, vender y comprar solares, azoteas y bienes inmuebles.

Por supuesto, que la primera que voló como Matías Pérez fue esta última Ley, que ni siquiera llegó a ser puesta en vigor completamente; y más tarde, todos los demás consecuentes de las «reformas» promulgadas por el I Congreso del PCC y reafirmadas en 1980 por el II Congreso.

A mediados del II quinquenio, Castro I promulgó nuevas «reformas», las que bautizó con el castizo nombre de «Rectificación de Errores y Tendencias Negativas», y que anulaban todas las «reformas» anteriores, poniendo fin a eso que hoy Castro II anuncia: «La vinculación de los salarios con el rendimiento laboral».

Ciertamente, en los 80’s se elevó la producción y mejoró relativamente el poder adquisitivo de los ciudadanos, quienes utilizaban entonces el peso cubano para sus obligaciones fundamentales. Pero más de tres décadas después, las «reformas» que propone Castro II, tienen un panorama muy distinto: Cuba no tiene moneda nacional, por más eufemismos y trucos lingüísticos que el régimen utilice para expresar lo contrario. Los trabajadores cubanos obtienen sus salarios en una moneda que le llaman «peso cubano», pero todas las obligaciones fundamentales, incluidas las cacareadas y aplaudidas «reformas» del género celular o teléfono móvil, deben cubrirlas con un papel moneda innombrable, conocido como CUC, que por supuesto se adquiere a precios superiores al dólar norteamericano.

Esta espiral sin fin, esta infinita resurrección y muerte de «reformas» ha sido el modo de vida y de operaciones de una de las dictaduras más largas de América, y todavía en sus laberintos, los herederos del trono insisten en los mismos métodos, en las mismas «reformas», porque las desmemorias e ingenuidades atrapan a los seres humanos, los anulan, y les impiden ver que nada se reformará en Cuba mientras gobiernen quienes la devastaron.

NOTA PARA LEER DESPUÉS DE HABER LEÍDO EL ARTÍCULO: Cualquier semejanza del pasado que cuenta este artículo con el presente, no es pura imaginación, es justo la realidad, es justo lo que va a suceder y es justo otra cortina de humo, justo para cambiar el discurso, aquel discurso que corría a raudales por los medios y de boca a oído y que rezaba: «Apagones e invasión». ¿Alguien lo recuerda? Aquella «palabra diaria» impuesta por los enemigos del castrismo y que le hacían tambalear, fue sustituido de un plumazo. Ahora, el castrismo lanza este nuevo señuelo al aire y ha sido tan bien acogido como otros tantos que lanzó en el pasado para confundir atrapar a ingenuos por naturaleza, y a ingenuos de oportunidad.

Tomado de El Tren de Yaguaramas 2da. Época.

Más información:

https://es.wikipedia.org/wiki/Nueva_Pol%C3%ADtica_Econ%C3%B3mica

https://www.pcc.cu/pccweb/congreso1.php

 

Thursday, June 4, 2026

TIENTOS Y DIFERENCIAS DE LA GUANTANAMERA COMPUESTA POR JULIÁN ORBÓN (*)

Política cultural de la revolución cubana de 1959

Por Antonio Gómez Sotolongo

Julián Orbón (1925-1991)

Resumen 

El análisis de la reconocida obra de la música popular cubana titulada Guantanamera, mediante la investigación de las bibliografías, fonogramas y partituras que documentan la génesis de dicha pieza, revela al verdadero autor de la melodía con la que se cantan los versos de José Martí en la mencionada canción y demuestra las causas que provocaron la incertidumbre acerca de la autoría de dicha melodía.

Con esta investigación concluyo que la melodía con la que se cantan los versos de José Martí en la pieza Guantanamera es una creación del compositor hispano–cubano Julián Orbón (1925–1991) y no de Joseíto Fernández como se ha repetido acríticamente. Igualmente, concluyo que la melodía de la tonada conocida con el título de Guajira guantanamera, popularizada con textos en décimas improvisadas y adjudicada a Joseíto Fernández, es bien diferente a la melodía utilizada por Orbón y popularizada por Pete Seeger para cantar los versos de Martí. Por causas políticas el Estado Cubano ha difundido el desacierto de que el autor de la melodía con la que se cantan los versos de José Martí en la pieza titulada Guantanamera es Joseíto Fernández y que Julián Orbón solamente adaptó los versos de Martí a la melodía de Fernández.

Introducción

La Sinfonía Nº 3 en mi Bemol, que Ludwig van Beethoven comenzó a escribir en 1803 y que hoy conocemos como La Heroica, lleva por título en el manuscrito original: Sinfonía heroica: Bonaparte (1804). Napoleón era entonces el héroe de Beethoven y, según su amigo Ritter Seyfried citado por Romain Rolland, el músico “deseaba para Francia el sufragio universal y esperaba que Bonaparte lo estableciese, echando así las bases de la felicidad del género humano”. Pero Napoleón se coronó emperador en 1804 y encendió la furia de Beethoven, quien tachó el título original y escribió entonces en la partitura: “Sinfonía heroica… a la memoria de un gran hombre”. [i]

En esta anécdota se descubre el influjo que el medio puede ejercer sobre el artista y la obra de arte y cómo las revoluciones son traicionadas por sus propios héroes. La revolución cubana de 1959 no fue menos. Así, una canción, con reminiscencias de romance y pasacalle, en la que se cruzan la guajira, el bolero y el son, trocó, por las condiciones sociopolíticas del medio, a su autor.

La tonada que popularizó Joseíto Fernández

La pieza Guajira guantanamera alcanzó notoriedad por primera vez en la década del 30 del siglo veinte. Según escribe Cristóbal Díaz Ayala, Joseíto Fernández (La Habana, 5/9/1908–11/10/1979),

…en diversas entrevistas, ha situado el origen de este número […] desde 1928 hasta 1934. Tal y como se usó en la radio, primero en Radio Lavín y después en el programa llamado Sucesos del día, la Guajira guantanamera, […] se usó para ambientar programas radiales; en su última versión, Joseíto Fernández y otra cantante, La Calandria (Nela Cruz) (N. del A.), cantaban –con la música de la Guajira guantanamera- décimas en que comentaban un suceso, generalmente trágico, de sangre. En Lavín el programa había comenzado a fines de los ’30, pero en la CMQ, se inició en 1941. Ya antes Joseíto Fernández, con su orquesta danzonera, había grabado la Guajira guantanamera para la RCA Victor en 1940.[ii]     

 Otros datos biográficos de Joseíto Fernández según Helio Orovio.

“Cantó con tríos, sextetos y orquestas típicas. En la etapa de auge del danzonete, […], cantó primero acompañado por la orquesta Raimundo Pía y Rivero, después al frente de su propia agrupación danzonera. […] Compuso, además, varios boleros y guarachas”.[iii]

La guajira y el son: Especies de la música popular cubana

La palabra guajiro o guajira se utilizó durante el siglo XVI para referirse a los aborígenes esclavizados que llevaron los españoles a Cuba procedentes de la Península de la Guajira, hoy territorio colombiano, y luego se utilizó como sinónimo de campesino.

La guajira, como especie de la música popular cubana, se caracteriza por tener un metro ritmo ternario, en el que se alternan el 6/8 y 3/4, con una primera parte en modo menor y la segunda en mayor, sus temas se refieren de manera idílica a la campiña cubana. “[…] esta especie se sitúa a medio camino entre los complejos del punto y la canción, aunque su inclusión en este último es más apropiada debido a la predominante función cantable […]”.[iv]

El son montuno, se escribe en compás de 2/4, se cantan cuartetas que alternan con un estribillo y el diseño rítmico se caracteriza por el bajo anticipado, cuatro semicorcheas en cada tiempo en los bongoes, las maracas y la guitarra, y la clave xilofónica haciendo el figurado conocido como clave cubana. Su función es el canto y el baile.

La tonada Guajira guantanamera, es un cruce entre ambas especies. Tiene de la guajira el tema, que en ocasiones es bucólico, dicho en décimas y su función es el canto, que por su relación con el punto es de carácter improvisatorio. Del son tiene el compás binario, y como es de 4/4 y no 2/4 como en el son montuno, las cuatro semicorcheas que tocan guitarras, maracas y bongó en cada tiempo se convierten en dos corcheas. Además, esas corcheas, en las guitarras o el piano, imitan el punteado del punto guajiro.

En la tonada popularizada por Fernández se utilizan las décimas improvisadas, en controversia con otro poeta o describiendo alguna situación por lo que la melodía, aunque sigue ciertos parámetros fijos, el poeta tiene la libertad de variarla. No existe una melodía definitiva. Y el estribillo, que en el son se alterna con las cuartetas, Fernández unas veces lo canta en la introducción y la coda, otras solamente al final.

La Guantanamera que escuchó Alejo Carpentier

En 1945 Carpentier terminó en Caracas uno de los libros más emblemáticos de la musicología cubana, en el que describe la pieza asumiendo que es de autor anónimo, y que la melodía se relaciona con un romance español conocido. Lamentablemente, en esta obra Carpentier no da muchas explicaciones ni aporta suficientes documentos que prueben lo dicho:

…hace poco, una estación de radio […] obtuvo un gran éxito […] con una canción de buen corte campesino, titulada La Guantanamera, que había sido traída a la capital por auténticos <<cantadores>>. Sobre su melodía se narraban, a manera de aleluyas, los últimos sucesos de actualidad. Pues bien: la que correspondía a los dos primeros incisos de La Guantanamera no era otra que la del viejísimo romance de Gerineldo, en su versión extremeña.[v]

Documentación fonográfica de la tonada que popularizó Fernández

Se conservan grabaciones de la tonada que constituyen excepcionales documentos para la investigación y el disfrute; entre ellas, algunas bajo el título de Guajira guantanamera, reeditada en “Homenaje Póstumo a Joseíto Fernández. Creador de la Guantanamera”. (Lp Egrem PRD 060), y en “Guajiras De Cuba - Cantan: Ramón Veloz y Joseíto Fernández”. CD (Kubaney 265); y otras, que toman el título de acuerdo al tema de las décimas.

Según Cristóbal Díaz Ayala, los primeros registros de la tonada aparecieron bajo el título de A mi madre y Mi biografía, grabados para la Victor en 1940 y aunque ambos datan del 12 de septiembre de 1940 fue A mi madre el primero en publicarse. La EGREM reeditó la tonada en 1973 con el título Cuento mi vida en “Guajira guantanamera. Joseíto Fernández”. (Lp Guamá 2010); y a finales de la década del 70 apareció como Así es el arte, en el mencionado Lp., “Homenaje póstumo”. También en 1945 Joseíto grabó la tonada con el título La amistad, y al año siguiente fue El canto de mi sinsonte. Estos dos últimos registros fueron reeditados en 1998 en el CD “Paulina Álvarez y Joseíto Fernández: La Dama y El Caballero”. (Cubanacán 1709)


A mi madre, grabada el 12 sep. 1940

Uno de los fonogramas que más llama la atención es el que apareció bajo el título de Guantanamera en el disco “Benny Moré en vivo” (Lp Fotón 037) editado en México probablemente a fines de la década del 70, reeditado en el mencionado “Homenaje póstumo” a principio de los 80s, y en “El gran Benny Moré a dúo con”. (Mojito Records CD-12022) en 1997. En este registro Benny Moré y Joseito Fernández improvisan sobre la tonada. Cristóbal Díaz Ayala escribe al respecto en su obra citada: “es una controversia […] tomada del programa ‘Casino de la Alegría’ de junio 17, 1959. Según deduce la investigadora Adriana Orejuela por la crónica de Aquiles Heel en el diario Revolución de junio 20, 1959”.


Documentación de la tonada en partituras

Esta música se transmite de manera oral y se toca de oído, por lo que no es necesario escribir arreglos ni partituras, a consecuencia de esto se hace casi imposible encontrar un documento escrito de la tonada, por eso será utilizada la transcripción de la grabación de junio de 1959, una partitura hecha para los fines de este artículo.[vi] Es imperioso anotar, que cualquier transcripción de estas tonadas corre el riesgo de ser inexacta, puesto que los poetas hacen tantas piruetas que la notación musical a veces es insuficiente. Para estos casos frecuentemente se utilizan algunos símbolos y convenciones, pero eso no aportaría mucho más a la investigación, lo transcrito se acerca lo suficiente a la interpretación como para hacer un justo análisis musical.


Divertimento orboniano

A finales de la década del 40 la tonada estaba prácticamente olvidada, pero el Maestro Julián Orbón (España 1925 - Estados Unidos 1991), músico radicado en La Habana, pianista, compositor e intelectual de enorme importancia en la vida cultural cubana de la época, fundador del Grupo Renovación Musical (1942-1948) y estrechamente ligado al Grupo Orígenes, cantaba entre amigos, según los testimonios, los versos de José Martí “con música” de La Guantanamera.

Grupo Orígenes. De izq., a der.: Fina García-Marruz, Eliseo Diego.
Bella García Marruz, Collazo (linotipista), Cintio Vitier, el padre de Ángel
Gaztelu, Lorenzo García Vega, Alfredo Lozano, José Lezama Lima, Julián Orbón,
Mariano Rodríguez y Octavio Smith, en Bauta, en las cercanías de La Habana,
celebrando el Premio Nacional de Literatura 1952 otorgado a Lorenzo García Vega
por su novela Espirales del cuje.


Así lo afirma en 1957 Cintio Vitier (1921-2009): “Experiencia inolvidable, verdadera iluminación poética, la de oír a Julián Orbón cantar con la música de La Guantanamera, esas estrofas [de los Versos Sencillos] donde Martí alcanza, en su propio centro, las esencias del pueblo eterno”.[vii]

En 2001 Vitier declara a la revista Clave que las reuniones en casa de Orbón terminaban “con un gran coro loco cantando La Guantanamera […] Una noche […] él nos dijo que había descubierto cómo se podían cantar los versos de La Guantanamera, y aquella noche la tocó por primera vez en Cuba”.[viii]

Pero quizás Orbón no sentía gran orgullo por su Guantanamera como obra, porque sus referencias a esta pieza la describen como el resultado de un experimento, en el que unió el texto de Martí con la tonada popularizada por Fernández, y entendiendo que no se ajustaban de la mejor manera decidió utilizar otra música.

He cantado el poema que trato (Para Aragón, en España), con la tonada de la “Guantanamera”; claro que la fusión es enorme; sin embargo, un día percibí que algo faltaba, la música no acababa de identificarse con los versos; sí se producía ese extraño y gozoso coincidir que –al unir la tonada americana con lo remoto del verso- también ocurre si cantamos con la misma “Guantanamera” cualquier romance, Fontefrida, el Conde Arnaldos, etc.; de cualquier manera, algo estaba ausente. Canté entonces los versos con la melodía de una jota de Teruel: la fusión fue absoluta.[ix]

Héctor Angulo y Pete Seeger

En 1961, las décimas improvisadas sobre la tonada de Guajira guantanamera, no estaban de moda; sin embargo, el joven músico cubano Héctor Angulo (Santa Clara 3/9/1932), quien estudiaba entonces en los Estados Unidos e impartía clases de música, le cantaba a sus estudiantes los versos de José Martí como se los había escuchado a su ex profesor Julián Orbón. Según el folklorista norteamericano Pete Seeger, tuvo noticias de la pieza a través de los estudiantes que tomaban clases con Angulo y que fue del propio Héctor de quien aprendió a cantarla.

Héctor Angulo (1932-2018)

El 8 de junio de 1963, el folklorista la interpretaba públicamente en un concierto que fue grabado en vivo en el Carnigie Hall de New York. “Creo que fue una bendición ese descubrimiento”, dice Pete Seeger, “llevé la Guantanamera a más de 35 países”.[x] En principio la pieza integró el álbum “We Shall Overcome”, que salió al mercado unos meses después, y a partir de entonces esta nueva Guantanamera[xi] comenzó a integrar el repertorio de los más populares artistas y fue cantada en todo el mundo bajo el caprichoso copyright: Martí-Angulo-Seeger.

Pete Seeger (1919-2014)


La Guantanamera de Espígul

Sucedió que con el tiempo y el uso el título de Guajira guantanamera se redujo a La Guantanamera, o Guantanamera lo cual ha provocado otros entuertos y algunos autores han tronado diciendo que la Guantanamera no está registrada a nombre de Joseíto Fernández sino de Ramón Espígul, quien cobró durante años los derechos que la Peer International le pagaba.

Lo que sucede, según documenta Cristóbal Díaz Ayala, es que Espígul, afamado actor de los bufos cubanos durante los primeros años del siglo XX, ciertamente compuso una pieza titulada La Guantanamera, pero ésta no tiene nada que ver en melodía, armonía o texto con Guajira guantanamera, sino que es un son con diálogos que grabó María Gómez con el acompañamiento del Sexteto Estrellas Habaneras, en New York el 14 de enero de 1930 para el sello Victor. (Matriz BVE 58381, fonograma 78” V30054)

Ramón Espígul (1893-1952)

Más datos biográficos de Julián Orbón según Encarta 2005

Julián Orbón (1925-1991), destacó como uno de los autores más relevantes de su generación. Nació en Avilés (Principado de Asturias) el 7 de agosto de 1925 y, tras realizar sus primeros estudios de música en el Conservatorio de Oviedo (1930-1934), se trasladó a La Habana, donde estudió con José Ardévol; en 1946 continuó su formación con Aaron Copland en Estados Unidos. […] fue director del Conservatorio Orbón de La Habana (1946-1960) y profesor de composición en el Conservatorio Nacional de Música de México (1960-1963) y en la Universidad de Washington (1964-1965). Tras afincarse en Nueva York, impartió clases en el Lenox Collage y en el Barnard Collage.

Su música refleja diversas influencias, desde Manuel de Falla o Heitor Villa-Lobos hasta ritmos y melodías afrocubanas. En una primera etapa compuso según la tendencia neoclásica, aunque a partir de 1950 recogió las nuevas técnicas compositivas occidentales. También el mundo literario le sirvió como estímulo en gran número de composiciones. De sus obras destacan: Homenaje sobre la tumba del padre Soler (1942), Pregón (1943), Danzas sinfónicas (1955-1956) para orquesta, Crucifixus (1953) para coro y numerosas obras de cámara e instrumentales, como la Toccata (1942) para piano.

Los derechos de Joseíto Fernández

Según Migdalia Fernández,

…cuando Pete Seeger popularizó la Guantanamera […] se la consideraba como una melodía […] de dominio público. Sin embargo, mi papá tenía la propiedad autoral desde 1929 [...] Él autorizó al Estado Cubano para que a través de la EGREM, (Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales) (N. del A.) lo representara en el litigio internacional que se suscitó por el reconocimiento autoral y así recuperar para el patrimonio nacional esta melodía.[xii]

A consecuencia de esto u otras acciones la partitura editada en 1965 por Fall River Music, Inc., apareció con el no menos antojadizo copyright: “Letra y música original de Joseíto Fernández. Adaptación musical: Pete Seeger. Adaptación del texto: Héctor Angulo, basado en un poema de José Martí”. En realidad, lo que Joseíto Fernández tenía registrado era el título de Guajira guantanamera, y la letra y música de los ocho compases del estribillo en el que se canta únicamente: “Guantanamera, guajira guantanamera”, algo que además nunca interpretó de manera idéntica.

La melodía de la tonada era imposible registrarla puesto que es un material que se improvisa en cada interpretación, de tal modo que es a esa letra y música del estribillo al que se refiere el copyright dado por Fall River Music, Inc., a Joseíto Fernández y no a la melodía con la que se canta el texto martiano.

Independientemente de los dictámenes que hubieran podido dar los juristas respecto a los derechos, las autoridades revolucionarias –el Estado Cubano- adoptaron la canción que llegaba de allende los mares como una de sus más emblemáticas consignas, y además de la resonancia que tuvo en todos los medios de la isla, se le rindieron a Joseíto Fernández múltiples homenajes; entre otros, en 1978 recibió del entonces Ministro de Cultura un Diploma de Honor por su labor artística y contribución al enriquecimiento de la identidad nacional por la creación de Guajira guantanamera. Refiriéndose a la canción popularizada por Pete Seeger, la que contiene los versos de José Martí, y no a la tonada que Joseíto Fernández popularizó en “Los sucesos del Día”.

La repetición del error

Desde entonces, se ha repetido acríticamente que la pieza popularizada por Pete Seeger con el título de Guantanamera y cantada en todo el mundo es de la autoría de Joseíto Fernández con la adaptación del texto martiano por Orbón. Esto no es cierto, la pieza en cuestión es de la autoría total de Julián Orbón, es una obra totalmente nueva, una obra inexistente antes de que el genio de Julián la plasmara, y los elementos que la constituyen sobrepasan la simple musicalización de versos.

La estructura, la melodía y el texto se organizan en esta pieza de un modo completamente nuevo, y los elementos que utiliza de la tonada son sometidos a niveles de elaboración tales que se convierten en componentes nuevos, con nuevas funciones, otorgándole a la pieza por tanto una nueva función. La Guantanamera de Orbón es una canción escrita, y no una tonada improvisada. Orbón no acomodó los versos martianos a la tonada de Fernández, Orbón creó una melodía completamente nueva para cantar las cuartetas del Apóstol cubano.

Si bien es cierto que Julián Orbón experimentó alguna vez con la melodía de la tonada popularizada por Fernández para cantar versos de José Martí, como lo escribe en su artículo de 1971 en Exilio, la melodía que popularizó Pete Seeger no es la misma de la tonada, como lo demuestra la comparación verso a verso entre ambas.[xiii] Es obvio que, por la fecha del artículo, Orbón estaba al tanto de la popularidad que la Guantanamera había alcanzado en la voz de Pete Seeger y muchos otros intérpretes -como pieza y no como resultado de un experimento-; sin embargo, nada nos revela directamente acerca de ella.

Si se compara verso a verso la tonada de Joseito con la canción de Orbón, incluso quienes desconocen la lectura musical pueden reconocer que no existe relación alguna entre una y otra:

Lo que creó Julián Orbón y lo que utilizó de la tonada de Joseíto

Por supuesto que Vitier no lleva la lengua por el justo camino del análisis musical, sino por los del tropo poético al decir que: “Julián cantaba con la música de La Guantanamera esas estrofas de Martí”. Cintio, aunque estuvo siempre rodeado de música no es músico de profesión y muy probablemente no pudo darse cuenta de la notable diferencia entre la melodía creada por Orbón y la popular tonada que improvisaba Fernández, y las dificultades para entonar el texto de Martí con la melodía de la tonada la cual como está dicho más de una vez, es una melodía variable. 

Orbón debió crear una nueva obra para sus canturías martianas, pero al parecer jamás le pasó por la mente registrarla. Ya él había escrito un extenso catálogo de obras de gran valor artístico y grandes directores habían estrenado algunas de ellas. Erick Kleiber (1890-1956), el deslumbrante director austriaco, estrenó el 17 de noviembre de 1946 en el Teatro Auditórium, con la Filarmónica de La Habana, el segundo y tercer movimiento de su Sinfonía en Do; y Frieder Weissmann, el 8 de febrero de 1953, frente al mismo conjunto y en el mismo escenario Homenaje a la tonadilla; y en 1947 había comenzado a componer la obra Tres versiones sinfónicas, que fue premiada en el Primer Festival de Música Latinoamericana, celebrado en Caracas en 1954 ¿cómo podrían darle fama y fortuna aquellos compases de La Guantanamera, creados solamente para el solaz entre amigos?

En la canción Guantanamera creada por Orbón, que según todos los testimonios es la que popularizó Pete Seeger en 1963, la melodía consta de doce compases y, como se puede leer en la transcripción, la tonada de Joseíto es mucho más extensa. Orbón creó una melodía fija, que se puede memorizar fácilmente por el común de las personas y es sobre esa melodía, que consta de seis frases de ocho sonidos cada una, donde se montan las cuartetas octosílabas de los Versos Sencillos, cantando una sílaba por sonido y repitiendo los dos primeros versos. 

Tonada, c 31

Frase creada por Orbón que mantiene alguna relación con el compás 31 de la tonada

De la tonada de Joseíto, Orbón utilizó el bajo obstinado o basso ostinato, y sus secuencias armónicas, (I-IV-V7) un recurso utilizado desde tiempos remotos en la música occidental, sobre el que se canta tanto la melodía como el estribillo de ocho compases.

Bajo obstinado o Basso ostinato utilizado en la tonada de Joseito Fernández y en la canción de Orbón

Obsérvese cómo en cada una de las seis frases Orbón varía los motivos (A) y (B) creando seis diferencias: 




Además de esto, tomó el motivo que forman las cuatro primeras notas del bajo y lo elaboró para formar las cuatro frases del estribillo y las seis de las cuartetas; estableciendo con esto también, consciente o inconscientemente, una relación con el bolero, pues esas cuatro figuras, que comienzan en el contratiempo del tercer tiempo, coinciden con las que marcan las tumbadoras en algunas especies del bolero bailable.[xv]

El estribillo que Joseíto utilizaba al principio y/o al final de las décimas Orbón lo alterna con cada cuarteta -como en el son-, pero con una melodía nueva, creada también por Julián, porque Joseíto, al tener que jugar con la improvisación, variaba en cada versión la melodía, aunque por lo general cierto giro melódico y el texto eran el mismo: “Guantanamera, guajira guantanamera”.[xvi]  

Obsérvese que sólo hay similitud entre los compases 6 y 7 de la tonada y 6 y 7 de la canción de Orbón

Estribillo de la tonada popularizada por Fernández, según registro de junio de 1959

Estribillo de la canción creada por Orbón según la edición de Fall River, Inc.

Estos recursos utilizados en La Guantanamera: el bajo obstinado y las tonadas del romancero, nos llegaron por cientos desde España y se transformaron de mil maneras por los caminos de América, por lo que es absolutamente imposible que Fernández registrara la melodía de la tonada, la que constantemente él mismo variaba. El registro al que se refieren los testimonios y los documentos, como ya está dicho, es al registro del estribillo y la secuencia armónica, que constituyen la parte más estable de la pieza, pero este material procede, como lo asegura Carpentier, de ese inmenso catálogo anónimo. El hecho de que Joseíto lo registrara no constituye en lo más mínimo un plagio, sino un recurso perfectamente válido en el mercado.

Orbón sintetizó el caos controlado que constituye toda improvisación y lo convirtió en orden y simetría. El estribillo que creó Orbón, consta de cuatro secciones, y se alterna con cada cuarteta, de las que se repiten las dos primeras, es decir, las cuartetas se convierten en seis versos octosílabos, que sumados a los cuatro del estribillo nos proporcionan las diez secciones de una décima. Además, las diez frases están hechas en forma de variaciones, utilizando el motivo que forman las cuatro primeras notas del bajo como elemento unificador. 

Orbón concibió una décima con texto fijo, de pura esencia cancionística, no improvisatoria lo que le imprime una nueva función al texto martiano, y al texto en el contexto de la obra musical.

Nótese el equilibrio en la melodía del estribillo creado por Orbón:

Joseíto canta su tonada en el cine y Brouwer realiza una versión sinfónica de la Guantanamera de Orbón.

Otra magnífica versión de la tonada popularizada por Joseíto es la que aparece en la banda sonora del filme Lucía, dirigido por el cineasta cubano Humberto Solás (1941-2008) en 1968. La música original de todo el filme es de Leo Brouwer (1939- ), pero en el tercer cuento, que se desarrolla en Cuba durante la década del 60, “la fuerza del lenguaje discursivo está en la voz en off de Joseíto Fernández, que narra los sucesos que acontecen en la película con la música de La Guantanamera. […] lo que contribuye grandemente a dar sentido expresivo al relato”.[xvii] Justo en la función que Fernández siempre le dio a la tonada.

Al final de la película Brouwer utiliza una orquesta sinfónica para recrear el tema de La Guantanamera, pero esta vez con la melodía originalmente creada por Orbón, la de los doce compases para el texto martiano, más los ocho del estribillo. Sin dudas esto lo hizo porque en 1968 esa era en realidad la Guantanamera más conocida en Cuba y el mundo.


Es lamentable que en los créditos de la película no aparezca el nombre de Orbón, y más triste aún que del artículo “Lucía en tres movimientos”, se infiera la ignorancia de Brouwer sobre el origen verdadero de esta melodía. “[Tuve] la necesidad de orquestar una Guantanamera distinta y cubana […] que no podía ser ni el producto excelentemente terminado de la importación, ni la elementalmente original del autor”.[xviii] 
Ese “producto excelentemente terminado de la importación” es la canción creada por Julián Orbón, y la “elementalmente original” la tonada improvisada por Fernández.
Harold Gramatges, músico y compositor de gran prestigio, ganador del Premio Tomás Luis de Victoria, quien fuera presidente de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, institución dirigida por miembros del Partido Comunista desde 1950 hasta su disolución en 1960, embajador de Cuba en Francia desde 1961 hasta 1964, justifica así esa omisión en el Preludio para el prefacio a la edición cubana de 1979 de La Música en Cuba:

Conclusiones del análisis musical comparativo entre la tonada Guajira guantanamera y la canción Guantanamera.

En la comparación verso a verso entre la tonada de Fernández y la canción dada a conocer por Pete Seeger titulada Guantanamera, no existe coincidencia de notas. No son melodías idénticas por lo que la pieza que popularizó Pete Seeger en 1963 no es de la autoría de Joseíto Fernández. Según los testimonios, la pieza que dio a conocer Pete Seeger le fue escuchada a Julián Orbón por varios de sus amigos a fines de la década del 40.

Los Versos Sencillos de José Martí no se ajustan a la música de la tonada, porque la coincidencia entre los acentos rítmicos de la música y los prosódicos del texto no es perfecta, así que Julián Orbón debió crear una melodía y una estructura nueva para poder cantarlos, haciendo coincidir los acentos.

La función de la tonada es improvisar texto y música, la función de la canción de Orbón es interpretar un texto y una melodía ya existentes. La función de ambas expresiones musicales es diferente. En la canción de Orbón se utilizan las dos palabras del estribillo de la tonada: Guajira guantanamera, y hay cierta similitud en dos de los ocho compases, pero esencialmente es una música diferente, creada por Julián Orbón.

En la canción de Orbón se utilizan el mismo bajo obstinado y las secuencias armónicas que utiliza Fernández en su tonada, lo cual no significa que ambas piezas musicales sean idénticas. Fernández improvisó durante toda su vida sobre una tonada ancestral, que llegó a él por transmisión oral y, según los testimonios, registró a su nombre los compases del estribillo con el título de Guajira guantanamera. Orbón, con algunos elementos de esa tonada y estribillo creó una obra completamente nueva que no registró y hoy se canta en todo el mundo con el nombre de Guantanamera.

Política cultural de la revolución cubana de 1959.

Durante la década del 60, el Estado expropió la industria discográfica cubana, y aplicó en la cultura un sistema económico presupuestario, al margen de las leyes de la oferta y la demanda, basado en que: “El arte y la literatura [en la revolución] dejan de ser mercancías”.[xix] Esto causó el hundimiento del comercio de la música, un mercado que fue inusitadamente rico durante la primera mitad del siglo, y que tuvo a sus principales socios comerciales en los Estados Unidos y Europa. 

Los sucesos del día. La crónica roja.

Mientras en Cuba Joseíto Fernández se enteraba, a través de la voz de Pete Seeger, que elaborando con ingenio algunos elementos de la tonada que él popularizó años atrás podían cantarse los Versos Sencillos de José Martí, la turbulencia social había crecido hasta el paroxismo. La revolución tenía su más enjundiosa fundamentación ideológica en los discursos de Fidel Castro, y en su voz se enunciaba claramente la necesidad de perseguir y reprimir a todo el que no comulgara con su doctrina.

Entre otras consecuencias, esta política de “intransigencia revolucionaria” propició que desde entonces hasta hoy se le imponga el estigma de “contrarrevolucionario” “gusano”,  “prófugo”, “desertor”, o “traidor a la patria” a quienes deciden emigrar, condenando a millones de personas a sanciones asombrosas. Entre ellas, la pérdida del empleo, la confiscación de todos los bienes y la inhabilitación en la historia de la patria.

Fidel Castro, el héroe de la revolución cubana de 1959, ante un grupo de intelectuales reunidos en la Biblioteca Nacional de La Habana en junio de 1961, había dicho: “los que se dejan atolondrar con la mentira, son quienes renuncian a la Revolución. […] ¿Abandonar este país […] para ir a sumergirse en las entrañas del monstruo imperialista […]? Han preferido ser prófugos y desertores de su Patria […]”.[xx]

“El desertor” Julián Orbón

Cuando se conoció en Cuba la Guantanamera cantada por Seeger, Julián Orbón ya calificaba entre los “prófugos” y “desertores” porque había decidido emigrar a los Estados Unidos, a “las entrañas del monstruo imperialista”; sus obras, de gran importancia para la historia musical cubana, habían sido prohibidas; las ciento sesenta academias “Orbón” que existieron por todo el país, y que fundara su padre Benjamín Orbón (Asturias, 1874 - La Habana, 1944) a principios del siglo XX, habían sido expropiadas; el tan popular libro de piano de Orbón había sido eliminado del sistema de enseñanza musical, y por supuesto anulada la posibilidad de ser reconocido públicamente como compositor de la Guantanamera.

Fue tal el rechazo que suscitó el Maestro cubano-español en las filas revolucionarias, que la monografía sobre la obra orboniana que apareció en la edición príncipe de La música en Cuba, de Alejo Carpentier (1904-1980), fue eliminada en las ediciones posteriores a la década del 60.

Han pasado tres décadas. Y a mitad del camino ha surgido una Revolución que ha dado <<señales de una renovación ancha y múltiple anunciadora de una creación superior y distinta>>. Esta es la razón por la cual esta edición, ligeramente corregida por su autor, se detiene en la trayectoria temporal de las figuras de Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla en el momento de sus muertes.

Pero también Gramatges, pasa por alto a Julián Orbón -y de paso a Virginia Fleites (La Habana 1916- ) por iguales motivos- cuando al referirse al Grupo de Renovación escribe: “De aquel grupo (cerca de diez compositores) quedan en activo Edgardo Martín, Argeliers León, Hilario González y Harold Gramatges”.[xxi] Cuando en realidad Orbón en esa época creaba e impartía clases en Nueva York, pero Gramatges reconoce sólo a quienes viven en Cuba.

Por su parte Leonardo Acosta afirma en la revista Clave,[xxii] que Carpentier eliminó este capítulo por diferencias estéticas con Orbón. Es difícil aceptar este razonamiento, si se tiene en cuenta que Carpentier no eliminó otras afirmaciones que en los 70s ya habían caducado o estaban bajo escrutinio de la musicología; entre ellas, las que hace sobre la canción de la Ma’ Teodora. En este capítulo, Carpentier no introdujo en la edición de 1979 ninguna referencia al contundente ensayo Teodora Ginés ¿mito o realidad histórica?, publicado por Alberto Muguercia en 1971, y para la edición de 1988, con la muerte del autor, esas decisiones estaban en manos de los editores.

En 1967, Juan Marinello (1898-1977), en un artículo aparecido en Bohemia escribe: “[…] parece indudable que el triunfo de La Guantanamera se debe, en primer lugar, a la lograda calidad de su música. […] Pero lo que da vuelo a La Guantanamera es la presencia de los versos de Martí […]”.[xxiii]

Marinello, un intelectual marxista leninista, conocedor de la vida y obra de Julián Orbón y muy probablemente de sus guantanameras martianas, descubre el vuelo que los versos le dan a la pieza, pero no menciona a su verdadero creador, su compromiso político se lo impide, ya en una conferencia en octubre de 1959, en la Universidad de Oriente había dicho: “La lealtad a nuestros principios será, como debe ser, lealtad a la Revolución Cubana”.[xxiv]

El revolucionario Pete

Pete Seeger (1919- ), según nos dice la Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta 2005,

…en 1938 abandonó la Universidad de Harvard para viajar por Estados Unidos cantando y recopilando canciones, […] trabajó […] en el archivo de música folk de la biblioteca del Congreso […], y en 1955 fue investigado por el Comité de Actividades Antiamericanas de Joseph McCarthy, aunque en 1962 se retiraron los cargos en su contra. En la década de 1960 participó activamente en movimientos de protección del medio ambiente y a favor de los derechos humanos de los negros de Estados Unidos.

Con este aval, su llegada a La Habana en junio de 1971, invitado por el gobierno revolucionario, fue gloriosa, porque –como afirma Cintio Vitier- “era un buen hombre, muy amigo de la Revolución, que logró convertir esa música [La Guantanamera] en una especie de Himno de la Revolución cubana”.[xxv]

Fue durante esta visita que Seeger se entrevistó con Cintio Vitier y pudo confirmar que Orbón tenía el crédito de La Guantanamera. “Él [Pete] –dice Vitier- traía una fotocopia de […] Lo cubano en la poesía, que era donde yo había escrito sobre eso. […] yo le conté la historia y él se fue a Nueva York y se entrevistó allá con Julián”.[xxvi]

El revolucionario Joseíto Fernández

Fue sobre los hombros de Joseíto Fernández, quien decidió permanecer en Cuba y aplaudir las hazañas del régimen, donde el Estado Cubano trató de colocar públicamente todo el peso autoral de la pieza, una pieza que Fernández grabó por primera vez con los versos de José Martí en 1967, seis años después que en un campamento de verano en los Estados Unidos, un folklorista norteamericano la aprendiera de Héctor Angulo, y a la distancia de casi dos décadas de las canturías de Orbón.

La turbulencia totalitaria impidió que Joseíto Fernández pudiera divulgar que no era autor de la melodía con la que se cantaban los versos de José Martí, ningún medio -para entonces todos en poder del Estado- hubiera podido publicarlo. La “lucha ideológica” determinó que quienes conocían las canturías martianas de Orbón, fueran silenciados, aunque como explica Vitier: “nosotros, sus amigos, dimos testimonio en el Ministerio de Cultura de Cuba”.[xxvii] El Estado Cubano debió mentir porque La Guantanamera, su emblemático himno revolucionario, era, irónicamente, una creación del “desertor” Julián Orbón, y su explosiva distribución en el mundo entero se debía a la clarividencia mercadológica del norteamericano Pete Seeger y la eficiencia del mercado capitalista para convertir la obra de arte en mercancía.

Ningún derecho.

Los hechos eran verdaderamente conturbadores: Fidel Castro, el ídolo de la revolución cubana de 1959, abolió la propiedad privada que prometió proteger, violó primero y eliminó después la Constitución que ofreció cumplir y hacer cumplir, desbrozó el sagrado derecho a no estar de acuerdo y expresar libremente las ideas, abolió el Sufragio Universal, y echó por tierra los afanes martianos de fundar en Cuba una República con todos y para el bien de todos.

Dentro de la revolución todo: contra la revolución ningún derecho,[xxviii] fue la máxima de su política cultural, la fundamentación ideológica de las drásticas acciones que eliminaron o emborronaron la vida e historia de millones de cubanos. Un eslogan que parodia al dogma cristiano que reza: Con Dios todo, sin Dios Nada; y que es un retruécano del napoleónico grito: ¡La revolución soy yo!

En abril de 1971 esta política se enfatizaba en el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura, un evento que utilizó Fidel Castro para enfrentar el repudio internacional que había causado el encarcelamiento en La Habana del escritor cubano Heberto Padilla, no por realizar acciones delictivas, sino por divulgar ideas opuestas a la revolución, un derecho que el régimen criminalizó. La Declaración final del Congreso decía en uno de sus párrafos:

Condenamos a los falsos escritores latinoamericanos que […] se refugiaron en las capitales de las podridas y decadentes sociedades de Europa Occidental y los Estados Unidos para convertirse en agentes de la cultura metropolitana imperialista. En París, Londres, Roma, Berlín Occidental, Nueva York, estos fariseos encuentran el mejor campo para sus ambigüedades, vacilaciones y miserias generadas por el colonialismo cultural que han aceptado y profesan. Sólo encontrarán de los pueblos revolucionarios el desprecio que merecen los traidores y tránsfugas.[xxix]

“Que se vaya la escoria”: Esa fue la consigna de los revolucionarios para reprender a quienes integraron el éxodo masivo que partió rumbo a los Estados Unidos desde el puerto cubano de Mariel en 1980. Durante la nueva década, los revolucionarios cubanos reiteraban en los llamados “actos de repudio” su violento rechazo a quienes, en un mundo de emigrantes, decidían emigrar.

Y en 1991, llegó al final la vida del Maestro Julián Orbón, cumpliendo íntegramente la condena que le fuera impuesta por el Estado Cubano. Y si bien es cierto que Pete Seeger trató de subsanar el error y en las renovaciones del copyright incluyó a Julián Orbón,[xxx] el Maestro llegó al final de sus días despojado del derecho a ser admirado y reconocido públicamente en Cuba, donde compuso un valioso catálogo de obras sinfónicas y de cámara, y donde según los indicios, documentos y testimonios examinados creó la pieza conocida en todo el mundo como Guantanamera, un estándar americano que no falta en ningún repertorio.

P. E: La rehabilitación póstuma de Orbón.

La década del 90 marcó nuevos derroteros para Cuba. El derrumbe ideológico de los países socialistas de Europa del Este provocó que Fidel Castro introdujera ciertos cambios económicos, los que propiciaron un temporal desajuste en sus manos de ciertos hilos del poder. Algunos baluartes de aprensión se agrietaron y facilitaron que el nombre de Julián Orbón, imposibilitado definitivamente para replicar, fuera mencionado tímidamente en boca de quienes por imposición o “conciencia revolucionaria” le desconocieron, le ocultaron, le olvidaron y le borraron.

En 1994, Danilo Orozco ofreció en La Habana una conferencia sobre su vida y obra, y se estrenó su Cuarteto de Cuerdas; en 1997, la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba estrenó Tres versiones sinfónicas; y en el mismo año Cintio Vitier publicó en La Gaceta de Cuba, un artículo titulado: “Julián Orbón, música y razón”; y en 2001, la revista Clave publicó la mencionada entrevista a Vitier bajo el título: “Julián Orbón, la música inocente”, y el artículo “Homenaje a Julián Orbón”, de Leonardo Acosta.

Así se le rehabilitó, haciéndose saber muy puntualmente que el músico

…no fue un enemigo salvaje de la Revolución, no se unió a ningún grupo del exilio. Ni siquiera se unió al sistema de vida norteamericano, porque vivía muy modestamente de sus ingresos como profesor de Composición, él, que era uno de los más grandes músicos vivos de Hispanoamérica.[xxxi] (¡)

Y si “lo olvidamos o desconocimos durante treinta años [fue] por motivos más coyunturales que otra cosa”.[xxxii] (¡¡)

(*) Publicado en Cuadernos de Música, Artes visuales, y Artes escénicas. Univ. Javeriana de Bogotá Colombia. Vol. 2 Nº 2 abril 2006-septiembre 2006. pp. 146- 175 / Encuentro de la cultura cubana. Nº 44. Primavera de 2007 pp. 63-77 [En línea] [Fecha de consulta 28 abr. 2026] Disponible en: https://revistas.javeriana.edu.co/index.php/cma/article/view/6433 Revisado para su publicacion en el blog de la Academia de la Historia de Cuba en el exilio.   

[i] Romain Rolland, Vida de Beethoven. (La Habana: Instituto Cubano del Libro, 1970) 26.

[ii] Cristóbal Díaz Ayala, Enciclopedia Discográfica de la Música Cubana 1925-1960. http://gislab.fiu.edu/smc/SECCION02EF.pdf. (Ficha 910) p. 709.

[iii] Helio Orovio, Diccionario de la música cubana, biográfico y técnico (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1992) 170.

[iv] Zoila Gómez y Victoria Eli, Música latinoamericana y caribeña. (La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 1995) 280.

[v] Alejo Carpentier, La música en Cuba. (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1979) 30, 31.

[vi] Ver ejemplo 1 al final de este artículo.

[vii] Cintio Vitier, Lo cubano en la poesía. (La Habana: Instituto del libro, 1970) 251 (2ª edición)

[viii] Gina Picart Baluja, Julián Orbón, la música inocente. (La Habana: Revista Clave, Año 3 Número 1, 2001) 46.

[ix] Julián Orbón, José Martí: poesía y realidad. Revista Exilio Nos. 16- 17, New York, invierno-primavera de 1971. Tomado de: En la esencia de los estilos y otros ensayos. (España: Editorial Colibrí, 2000) 119.

[x] Leonardo Depestre Catony, Homenaje a la música popular cubana. (Santiago de Cuba: Editorial Oriente, 1989) 30.

[xi]  En “Pete Seeger’s Greatest Hits”. © 2001 Sony Music Entertaiment Inc. CD-5060362000

[xii] Depestre 34.

[xiii] Sería necesario localizar la mencionada jota de Teruel para documentar lo escrito por Orbón, y determinar si es con esa melodía con la que se canta la Guantanamera popularizada por Seeger, mientras tanto seguiré adelante con la tesis de que Orbón terminó por crear una melodía.

[xiv] Ver ejemplo 2 al final de este artículo.

[xv] Este figurado comenzó a evolucionar en los 40s con la entrada de la tumbadora en el conjunto de Arsenio Rodríguez, y se definió durante los 50s en boleros tan conocidos como Vida consentida, de H. Parra, y Morir soñando, de M. Pelayo. (Lp Modiner NG 229   “Éxitos de Lino Borges”)  (Ver ejemplo 3 al final de este artículo)

[xvi] En Así es el arte, por ejemplo, Joseíto canta el estribillo, con el texto de Guantanamera, antes de la primera décima y después de la última, y en la grabación de Junio 1959, sólo al final.

[xvii] Isabel Serrano Fuentes, La banda sonora como ambientación de la cinematografía     revolucionaria: La Obra de Humberto Solás. (Santiago de Cuba: Universidad de Oriente, Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas, Departamento de Historia del Arte, Trabajo de Diploma inédito, 1994) 41, 42.

[xviii] Leo Brouwer, La música, lo cubano y la innovación. (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1982) 74.

[xix] Política Cultural de la Revolución Cubana. Documentos. (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1977) 59.

[xx] Política Cultural 46.

[xxi] Harold Gramatges, Presencia de la revolución en la música cubana. (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1983) 17.

[xxii] Leonardo Acosta, Homenaje a Julián Orbón. (La Habana: Revista Clave, Año 3 Número 1, 2001) 38.

[xxiii] Depestre 31.

[xxiv] Juan Marinello, Ensayos. (La Habana: Editorial Arte y Literatura, 1977) 207.

[xxv] Picart 46.

[xxvi] Picart 46, 47.

[xxvii] Picart 47.

[xxviii] Política cultural 17.

[xxix] Política Cultural 60.

[xxx] Actualmente las partituras que se encuentran en el mercado reconocen parcialmente sus derechos. Entre otras ediciones, ver: La Nueva Colección de Música Latina. © 1998 Warner Bros. Publications. 146.

[xxxi] Picart 48.

[xxxii] Acosta 37.