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Sunday, September 22, 2024

Periodistas cubanas antes de 1959

 

Desde el viaje a La Habana de María de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo en 1840, hasta el viaje al exilio de Herminia del Portal y la revista Vanidades en 1960: Doce décadas (1840-1960) de luchas y logros del periodismo de cubanas, por cubanas y sobre cubanas.

 

© Ileana Fuentes

Trabajo presentado en el Congreso Anual del Centro Cultural Cubano de Nueva York

3-4 de diciembre, 2022

 

A modo de introducción: ¿Qué constituye ser periodista?

 

Como señala el Informe de 2012 de la Relatoría Especial (de Naciones Unidas) sobre el derecho a la libertad de opinión y expresión, y cito: “los periodistas son personas que observan, describen, documentan y analizan los acontecimientos y […] cualquier propuesta que pueda afectar a la sociedad, con el propósito de […] reunir hechos y análisis para informar a los sectores de la sociedad o a ésta en su conjunto, fin de la cita.

 

El periodismo cumple funciones notablemente sociales: las de intervenir de forma activa en los cambios encaminados hacia el avance de la sociedad.

 

Existe el término “periodista ambiental”, que es aquel -o aquella- que trasmite informaciones sobre personas, lugares, acciones o acontecimientos y también textos de opinión que no responden a las características propias de la información, puesto que pretenden divulgar ideas y están muy vinculados con la creación personal. Son una mezcla creativa y abierta de información y opinión. 

 

En Cuba, la Escuela de Periodismo Manuel Márquez Sterling se funda en La Habana en abril de 1942, lo que significa que, hasta mediados de la década de 1940, no hay en Cuba periodistas profesionales como tal, sino narradores, cuentistas, cronistas y novelistas que, desde su propia escritura, relatan y dan fe de acontecimientos, ideas, movimientos sociales, familia, salud, educación, ciencia, naturaleza, cultura, política, moda, y también de asuntos de la mujer.

A partir de estas definiciones, podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que la primera cubana que narra asuntos de interés a la sociedad, que observa, describe y documenta acontecimientos, que da fe de cambios físicos - específicamente de La Habana –, y que ejerce “una mezcla creativa y abierta de información y opinión” mediante su escritura, fue María de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo, Condesa de Merlín.

 

Precursora del periodismo femenino

 


Nacida en La Habana en 1789, María de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo –conocida también como Condesa de Merlín-, se radicó en París siendo una joven, y escribió casi toda su obra en francés. Es más conocida por su obra literaria, mayormente biografías y memorias –incluyendo su autobiografía- y otros textos menores que publicó en revistas.  Pero su obra magistral –en la opinión de su más rigurosa e innovadora estudiosa, la Dra. Adriana Méndez Rodenas, profesora emérita de la Universidad de Iowa y actualmente profesora de la Universidad de Missouri en Columbia-, es su Viaje a la Habana, una especie de epistolario que fue publicado en francés y en español en 1844, y cito a Méndez Rodenas que la describe como: “obra emblemática de la literatura decimonónica, cuya cartografía literaria y visual creó un mapa de La Habana colonial –de sus fronteras cambiantes, de la ampliación de sus extramuros-, y que construyó un diario de viajes que funge de historia social de La Habana colonial, con sus costumbres y el equilibrio entre blancos y negros, en los albores de la identidad nacional”. (Mendez Rodenas, A., 2021. Mapping Colonial Havana: La Condesa de Merlin’s Voyage of Return.  Karib – Nordic Journal for Caribbean Studies - mi traducción).

 

Como si estuviera escribiendo unas crónicas para un periódico, y sin haber sido periodista, la Condesa relata las impresiones de sus recorridos y describe las costumbres, las tradiciones y las peculiaridades de la isla, a la vez que brinda una aguda mirada a la sociedad cubana del siglo XIX. Cabe decir que la versión en francés de Viaje a la Habana (La Havane) contiene 36 cartas, mientras que la versión en español solo contiene 10 al ser censuradas todas las misivas que emitían críticas del gobierno colonial español.  Si bien La Havane tuvo amplia repercusión en Europa, Viaje… tuvo una recepción mixta en Cuba, aunque Domingo del Monte reseño su obra en la prensa habanera y selecciones aparecieron en la prensa de la época, como muestra Méndez Rodenas en su libro Gender and Nationalism in Colonial Cuba: The Travels of Santa Cruz y Montalvo, Condesa de Merlín, publicado por Vanderbilt University Press en 1998.

 

Dicho esto, si muchos críticos la consideran “madre” de nuestra literatura, creo que también podemos considerarla “precursora” del periodismo escrito por cubanas.

La primera cubana que podemos calificar de “periodista”

No debe extrañarnos que Viaje a la Habana, publicado en Madrid también en 1844, haya sido prologado por la otra gran madre de la literatura cubana, la primera cubana que podemos calificar de “periodista”: Gertrudis Gómez de Avellaneda.

Nacida en Camagüey el 13 de marzo 1814, al igual que la Condesa de Merlín, Gómez de Avellaneda se radicó en 1836 en Europa, en España específicamente, donde publicó textos en el Semanario Pintoresco Español, entre otros. Ya viuda de su primer esposo, y ya publicada su obra maestra, la novela anti-esclavista Sab en 1841, regresa a Cuba en 1859 y funda dos revistas. En la más combativa – El Álbum Cubano de lo Bueno y lo Bello, escribe cuatro artículos netamente feministas:

 

ü  “La mujer considerada respecto al sentimiento y a la importancia que él le ha asignado en los anales de la religión”

ü  “La mujer considerada respecto a las grandes cualidades de carácter de que derivan el valor y el patriotismo”

ü  La mujer considerada respecto a su capacidad para el gobierno de los pueblos y la administración de los intereses públicos

ü  “La mujer considerada particularmente en su capacidad científica, artística y literaria”




Álbum Cubano de lo Bueno y lo Bello [-que se empieza a publicar en 1859 como Revista Quincenal de Moral, Literatura, Artes y Modas-] incluye varias secciones fijas a saber: “Pensamientos Morales”, “Galería de Mujeres Célebres”, “Remembranzas” (sobre la poesía dedicada a la mujer), además de reseñas sobre la moda y el vestir de las cubanas, y artículos como “Libertad Moral”, “El matrimonio”, “Máximas para las esposas” y “Máximas para las solteras”, que reafirmaban la igualdad entre los sexos y el libre albedrío de la mujer.

 

A partir de Álbum Cubano –del cual se publicaron solo 12 números (por dificultades técnicas) se intensificó la recurrencia de la prensa femenina en Cuba, a través de revistas dirigidas a la familia y a la mujer en particular, entre ellas:

·         La Noche

·         El Céfiro (ambas fundadas en Camagüey por Sofía Estévez y Domitila García Duménico)

·         Las Hijas de Eva

·         En el Hogar

·         Minerva

·         El Álbum de las Damas

·        La Revista Blanca (Luz Gay)

 

Bajo el seudónimo de La peregrina, Gómez de Avellaneda publicó trabajos periodísticos en las siguientes publicaciones:

·         Faro Industrial de La Habana

·         El Siglo

·         Diario de la Marina

·         Gaceta de Puerto Príncipe

·         Cuba Literaria

…entre otras.

 

Un periodismo femenino, feminista y sufragista en Cuba

 

El periodismo femenino empieza a consolidarse en Cuba en la segunda mitad del siglo 19 y a comienzos del siglo 20, al tiempo que se empezaba a forjar un movimiento feminista y sufragista entre cubanas de la clase alta. La Dra. Lynn Stoner, en su libro De la casa a la calle (Duke University Press, 1991) menciona los nombres de Luz Gay, fundadora de La revista blanca; de Laura G. de Zayas Bazán, que fue corresponsal de periódicos extranjeros y publicó extensamente en Bohemia, Cuba y América y Letras;  Rosa Trujillo, de Güines, que fundó la revista literaria Letras Güineras; Rosario Sigarroa, fundadora de Cuba Libre; María Urzais, de Guanabacoa, fundadora  de La golondrina, y María Radelat, fundadora de la revista de artes Grafos.

Una figura clave en ese desarrollo fue Domitila García Duménico, camagüeyana nacida en mayo de 1847, que fue escritora, periodista, editora y profesora, considerada la primera mujer que ejerció el periodismo en Cuba. García Dumérico fundó la Academia de Mujeres Tipógrafos y Encuadernadoras, siendo ella la primera mujer en trabajar como tipógrafa en Cuba. Tiene en su haber el haber publicado, en 1868, la primera antología de escritoras cubanas, titulada Álbum poético fotográfico de escritoras cubanas. En Camagüey fundó y fue editora de varias publicaciones, incluyendo las revistas La Noche, La Antorcha y El Céfiro con la también periodista Sofía Estevez (1848–1901). También fue coeditora de la revista La Mujer, junto a María Collado, Isabel Margarita Ortex y Aida Peláez Martínez de Villa Urrutia.

 

A su vez, Aida Peláez Martínez de Villa-Urrutia, nacida en febrero de 1885 –y una de los arquitectos de la campaña sufragista de los ‘10 junto a Digna Collazo y Amalia Mallén-, fue pionera del periodismo feminista, crítico de arte, y activa defensora de los derechos de la mujer. Cabe mencionar que su padre le prohibió ejercer el periodismo, por lo que adoptó por un tiempo el seudónimo “Eugenio”. En 1923, publicó Necesidad del voto para la mujer en la revista El Sufragista, y el texto El sufragio femenino. Fundó los periódicos La Discusión, La Atlántida y en 1919, la revista literaria Ideal.

Hay que mencionar a Avelina Correa. Nacida en Bayamo en 1875, Correa publicaría su primer artículo periodístico a los 14 años en el semanario La Habana Elegante. En 1901, el periódico El Mundo la contrató como periodista y redactora, convirtiéndose así esta bayamesa en la primera periodista en ejercer el periodismo profesionalmente –léase, a sueldo- en Cuba.

 

El periodismo femenino y el movimiento sufragista-feminista se forjaron juntos. Muchas de las publicaciones periódicas que surgieron representaban la visión y los objetivos de las diversas organizaciones de mujeres. Así, la revista Aspiraciones, en 1912, una publicación cívico-patriótica para defender los intereses de las mujeres; y en 1921, la Revista de la Asociación Femenina de Camagüey, que, aunque literaria-cultural, también abordó las condiciones de trabajo de las obreras, especialmente las de las despalilladoras en la industria del tabaco, y el tema de un feminismo “femenino” que enalteciera la maternidad, el hogar y la familia como feminismo ideal. (Stoner)

Entre 1920 y 1940, durante la lucha organizada y diversa por obtener el sufragio femenino y otras reformas legales importantes a favor de los derechos de la mujer –derecho al trabajo, al divorcio, a heredar, a manejar sus finanzas, al aborto y a la custodia de sus hijos-, sobresalen cuatro activistas feministas, que a su vez ejercieron el periodismo a favor de la causa: la conservadora María Collado Romero, y las liberales de izquierda Ofelia Rodríguez Acosta, Mariblanca Sabas Alomá y Ofelia Domínguez Navarro.

María Collado Romero, nacida en marzo de 1885, fundó Revista Protectora de la Mujer y luego el Partido Nacional Sufragista al que le siguió el Partido Demócrata Sufragista, del cual fue presidenta. Collado fue la primera reportera de noticias que tuvo Cuba y reportera del Congreso. Escribió para los periódicos y revistas La Discusión, La Nación, Heraldo Liberal, La Tarde y Bohemia. En 1932, fue cofundadora y editora de la revista La Mujer, órgano del Partido Demócrata Sufragista, que se publicó hasta 1942.

Ø  Ofelia Rodríguez Acosta, nacida en febrero de 1902, feminista radical y periodista, que escribió crónicas y ensayos al igual que cuento, novela y teatro. En 1927, fundó la revista Espartana, y entre 1929 y 1932 escribió para Bohemia, y también para Diario de la Marina, El Mundo y Social. Abogó por el amor libre, por la emancipación total de las mujeres respecto a los hombres, criticó la hipocresía de la Iglesia y de la alta sociedad, y escandalizó a casi todo el mundo con su novela La vida manda, una novela ni pornográfica ni erótica, más bien analítica sobre los deseos de una joven de romper con los amarres sociales, religiosos y sexuales impuestos por la sociedad. Rodríguez Acosta se vio obligada a defenderse por escrito en la revista Bohemia de los ataques contra ella que salieron en otras publicaciones.



 

Ø  Mariblanca Sabas Alomá, nacida en febrero de 1901, inició la carrera periodística en su Santiago de Cuba natal en 1918, escribiendo para El Cubano Libre y Diario de Cuba. Sus artículos se publicaron en importantes periódicos y revistas como El País, Excélsior, El Mundo, Diario de la Marina, El Heraldo, Avance, Prensa Libre, El Sol, Información, Social, Orto, Carteles y Bohemia. También escribió para publicaciones extranjeras, y era comentarista de Radio CMQ. Se hizo una periodista de renombre especialmente por su profundo compromiso con la emancipación de las mujeres.  Fue miembro fundador del Grupo Minorista, al igual que María Villar Buceta (1899-1977), las únicas dos mujeres en el Grupo, menospreciadas por los hombres de la asociación, entre ellos Jorge Mañach, que sobre estas dos intelectuales escribió, y cito de su ensayo “Los minoristas”:


 

Me pregunto por qué a estas simpáticas señoras las dejamos venir [a las reuniones semanales del Grupo].  Quizás porque tienen ilusiones de llegar a ser cultas y quieren dar cierto aire de espiritualidad a sus vidas”.

 

Por sus escritos sobre la necesaria emancipación de la mujer y sus críticas a las mujeres de sociedad que, en su opinión, explotaban a la mujer obrera, se ganó el apodo de “la feminista roja”. Fue presidenta del Partido Demócrata Sufragista y editora de La Mujer, y periodista fija de la revista Carteles. En 1922 fundó la revista Astral.

 

Ø  Ofelia Domínguez Navarro, nacida en diciembre de 1894 en Mataguá, provincia de Santa Clara, fue escritora, maestra, sufragista y de profesión formal, abogada. Domínguez Navarro, Sabas Alomá y Mirta Aguirre están consideradas las principales intelectuales de la primera mitad del siglo 20. Fue una defensora de los derechos de la mujer, abogó por legalizar el aborto –en cuya agenda trabajó en Cuba hasta lograr en 1936 una ley de legalización parcial del aborto-, y por eliminar la categoría de “ilegítimo” de futuras inscripciones de nacimiento. Escribió sobre todo ello en varias publicaciones, y fue la primera mujer en dirigir un periódico en Cuba, el periódico La Palabra. Fue una de las fundadoras del Club Femenino de Cuba y de la Alianza Nacional Feminista.

 

Aunque no tuvo una columna periodística regular en ninguna publicación, sus escritos feministas se publicaron en Cuba en La Prensa, El Mundo, El Cubano Libre, El País, Bohemia y Carteles, y en México en El Nacional y El Universal, entre otros. En1924 fundó la revista Villaclara.

 

Otras periodistas feministas de la era republicana son dignas de mencionar:

Mirta Aguirre Carreras, nacida en 1902, fue vice editora-en-jefe de la revista mensual Lyceum, bajo la dirección de su editora-en-jefe, la profesora de la Universidad de La Habana Piedad Maza, entre 1949 hasta su último número en 1955.

Berta Arocena de Martínez Márquez, nacida en 1899, fue sufragista y feminista activa en los años ‘20 y ‘30. En 1929, fue cofundadora del Lyceum, que publicaba mensualmente la revista homónima.

Renée Méndez-Capote y Chaple, nacida en 1901 y más conocida por su obra testimonial Memorias de una cubanita que nació con el siglo, escribió para Diario de la Marina, La Gaceta de Cuba, la revistas Bohemia y Social, y ya en la era revolucionaria, en Revolución y Cultura, Unión, Juventud Rebelde y Mujeres y en el semanario Pionero.


 

Loló de la Torriente, nacida en 1907, periodista, ensayista y crítico de arte, que publicó en Cuadernos Americanos, Carteles, Mediodía, Bohemia y Novedades.

Josefina Mosquera y Rouco, nacida en 1903, de quién hablaré a continuación.

  

Y llegó el comandante y mandó a parar

 El 1º de enero de 1959, al triunfo de la revolución, había inscritas en Cuba unas 900 organizaciones cívicas de mujeres, lo que hoy llamamos no-gubernamentales, según el Dr. Julio César González Pagés, profesor de la Universidad de La Habana, en su libro En busca de un espacio: Historia de mujeres en Cuba (Editorial Ciencias Sociales, 2003). También en ese momento, había en la isla 35 revistas femeninas, en su mayoría literarias y de muy alto nivel, como Lyceum, Revista Ateneo y Revista Unidad Femenina, y también otras más populares como Vanidades.

Por una parte, estas revistas, en su mayoría, tenían una conexión con grupos de mujeres específicos, en muchos casos voceros del importante movimiento feminista cubano pre-1959 y de los cuales el nuevo gobierno revolucionario –a través de la Federación de Mujeres Cubanas-, decidió distanciarse… digamos “decidió borrar”.

El distanciamiento también se impuso sobre casi todas las destacadas activistas y profesionales que se habían curtido en las luchas sufragistas desde la izquierda socialista de los años 20, 30 y 40. El movimiento feminista de los años de la República, y sus más brillantes personalidades, como Mariblanca Sabas Alomá, Ofelia Díaz Acosta y Ofelia Domínguez Navarro, serían ninguneadas completamente por el machangato castrista, con contadas excepciones como Mirta Aguirre y Renée Méndez-Capote. Una nueva historia de Cuba iba a escribirse, sin excepción.

Ahora, llego al momento de transición gubernamental y sistémica –al momento del asentamiento del régimen revolucionario- que lleva a la clausura de casi todos los periódicos y revistas que existían entonces – y de las 900 organizaciones cívicas de mujeres, en aras de la Federación única-, y tomo como ejemplo lo acontecido con la revista femenina Vanidades.

 

Josefina Mosquera y Rouco, nacida en 1903, funda en La Habana la revista Vanidades en 1937 como revista bimensual, que llegaría a ser la revista favorita de las mujeres cubanas.  Vanidades abarcará los temas de la moda, la costura, consejos de belleza, el hogar, la salud, cocina, el cuidado de los hijos, y extractos de novelas, cuentos y poesía. Vanidades era, definitivamente, una revista “lite”. En 1954, asume su dirección Herminia del Portal, nacida en 1906, que la dirige hasta agosto de 1960, cuando la revista es nacionalizada por el gobierno revolucionario y es nombrada nueva directora Adelaida Clemente. La FMC seguirá publicando Vanidades revolucionaria hasta noviembre de 1961, fecha en que se convierte en la revista Mujeres, órgano oficial de la FMC.

 


Josefina Mosquera y Rouco cayó presa el 19 de abril de 1961 y se declaró en huelga de hambre, que sostuvo por 19 días. Fue liberada sin juicio y salió de Cuba el 19 de marzo de 1962. También Herminia del Portal saldría de Cuba al exilio en 1960 y en 1961, lanzaría una nueva revista Vanidades en Nueva York.

 


 

Wednesday, December 28, 2022

Bohemia, la revista que era Cuba. Texto de la conferencia.

A continuación transcribimos el texto de la videoconferencia de Enrique Del Risco presentada en un post anterior. Los números que aparecen dentro del texto se corresponden con el orden de las imágenes que acompañaron la videoconferencia.

 


Bohemia, la revista que era Cuba

Por Enrique Del Risco

La revista Bohemia -la cual se anuncia orgullosamente en estos tiempos como “la más antigua de Latinoamérica”- todavía se sigue publicando y su mera supervivencia deviene en asunto milagroso. Que sobreviviera al cataclismo revolucionario de 1959 que se llevó por delante prácticamente todas las instituciones republicanas de algún valor -y Bohemia era una de las instituciones republicanas más reconocibles- constituye un enigma por resolver.

Yo, nacido en 1967, crecí leyendo la Bohemia post cataclísmica a pesar de que había en ella muy poco que leer más allá de su propaganda desembozada,[0] sus obreros sonrientes por el sobrecumplimiento de sus metas, o las entrevistas a intelectuales apacibles que coincidían en declarar que el momento más importante de sus vidas era la llegada de Fidel Castro a La Habana encaramado en un tanque. [1] Niño al fin, mi mayor interés se concentraba en el final de la revista donde aparecía la sección de humor, la de curiosidades y una todavía más curiosa sección de “Correspondencia” donde un redactor se dedicaba a contestar el tipo de preguntas que le hacemos hoy al oráculo de Google. En el caso de aquella sección la curiosidad de los lectores iba desde [2] aclarar la correcta posición ideológica de algún patriota (como es el caso de la imagen que muestro donde se debatía el patriotismo del poeta Juan Clemente Zenea) a la posibilidad de reparación [3] de un tocadiscos soviético que se le había quemado en un par de ocasiones a algún atribulado lector.

Pero, junto a aquella muestra de la realidad socialista vista a la mejor luz posible, en mi casa existía, como en muchas casas de Cuba [3b] un pesado artefacto consistente en varios números de la revista correspondientes a los años cincuenta encuadernados en una única cubierta. Si mi idea de aquella república [4] a la que en la escuela recibía los graciosos motes de “pseudorepública” o “neocolonia” fue algo menos rígida y acartonada de lo que recibía de la incansable propaganda castrista fue gracias a aquellos números juntados más o menos al azar que reflejaban una realidad bastante más compleja de lo que nos querían inculcar. [5] Porque con su mimetismo y frivolidad, su comercialismo y su violencia, pero también con su tremenda su inventiva y vitalidad, desde su nacimiento Bohemia fue algo así como una concentración de lo que era Cuba.



[6]Transcurría la segunda ocupación norteamericana de la isla cuando el empresario Miguel Ángel Quevedo Pérez dio a la luz el 10 de mayo de 1908 una revista que llevaba por título el de su ópera favorita y como subtítulo el de Revista Semanal Ilustrada. La revista duró solo unos pocos números para luego reaparecer en 1910, ya bajo la presidencia de José Miguel Gómez. [7] El estilo art novó de su diseño, sus secciones que llevaban títulos tales como “Labor literaria”, “Notas de arte”, “Actualidades” o “Crónica social” nos dan una idea de la concepción por entonces, como una publicación más o menos exclusiva, enfilada a las élites sociales y artísticas [8] de la joven república, con énfasis especial en el público femenino a la cual estaban dedicadas secciones con títulos tan poco crípticos como “Para las damas”.

Aquella Bohemia [9] era una revista de apenas veinte páginas y con el espíritu lánguido de aquellas publicaciones de la época que querían parecer respetables. En 1914 la revista dio su primer salto importante al introducir por primera vez la tricromía, [10] es decir, la impresión a partir del uso de tres colores lo que la situó por delante de la competencia. También en aquel momento la revista se amplió a cuarenta páginas. La revista siguió las altas y bajas de los años que conocieron la Danza de los Millones y las Vacas Flacas tratando de subsistir apelando a ciertos “atrevimientos” editoriales y a un público más amplio con secciones cada vez más variadas y utilizando una publicidad sorprendente y agresiva.[11]

El salto más importante en la década de los años veinte [12] lo da Bohemia en 1927 con su traspaso por cuestiones de salud del fundador Miguel Ángel Quevedo Pérez a su hijo de tan solo 18 años Miguel Ángel Quevedo y de la Lastra. La nueva dirección supuso para la revista un cambio de visión radical en su enfoque haciendo más énfasis en secciones atractivas como la dedicada al deporte, [13] con mayores incursiones en la cultura popular y con una sección de partituras musicales que reflejaba un gusto cada vez más amplio. [14]

Corrían los años [15] de la presidencia de Gerardo Machado, pronto devenida en dictadura, a la cual la revista primero elogió y luego criticó de manera cada vez más frontal hasta llegar a la hostilidad] abierta. La caída de Machado fue registrada en la revista con euforia, [16] (hasta la partitura de los danzonetes parecía alusivas a la caída de Machado) [16b] como si el derrocamiento del dictador hubiera sido obra de la propia revista. No sorprende que los desmanes [17] que se cometieron en siguientes días contra los colaboradores del régimen depuesto fueran justificados sin disimulo en las páginas de Bohemia. Sería esta la primera vez, pero no la única en la que la revista, como representante de la voz de la ciudadanía frente a los desmanes de los gobiernos de turno, salía triunfante del, en apariencia, tan desigual pulso.

Ya por aquel entonces [18] la mayor parte del material que conformaba cada uno de sus números no era original ni escrito especialmente para la publicación. La revista dependía en buena medida de artículos, columnas y caricaturas de medios sindicados en Estados Unidos y reproducidos por esta. [19] Muchas veces se trataba de cuentos policiacos, género muy en boga entonces, o de historias truculentas de asesinos o espías, y de reportajes de tierras y personajes exóticos. La realidad nacional se abría paso apenas en los comentarios sobre la política local, la crónica deportiva y el humor local.

Las diferentes secciones humorísticas que aparecieron a lo largo de los años en la revista merecen comentario aparte. Una de las primeras [20] fue la tira cómica de “Pepito y Rocamora” que apareció en Bohemia en los en 1915 y se adentró bien en los años veinte. También se incluían artículos costumbristas sobre personajes típicos [20b]. En la siguiente década la revista dependió en buena medida de tiras sindicadas importadas pero los años cuarenta [21] tuvieron una presencia cada vez mayor de humoristas locales contando con colaboraciones de humoristas de la talla de Miguel de Marcos. O las del cronista Eladio Secades, quien con sus “Estampas” [22] escribió un capítulo definitivo del costumbrismo republicano y que luego se convertiría en el jefe de la sección deportiva de la revista donde también sentó cátedra.

Se menciona menos, a pesar de su importancia, al caricaturista y escritor Francisco Vergara [23] quien a lo largo de los años cuarenta creara diferentes secciones humorísticas en Bohemia con títulos como “Cohetes” o la más estable “Picadillo a la criolla”. Como muestra de la agudeza de Vergara sirva el texto que escribe tras asumir el poder Ramón Grau el 10 de octubre de 1944: [24] una parodia de la biografía que Emil Ludwig le hiciera al presidente saliente Fulgencio Batista burlándose sin piedad del metafórico estilo del escritor alemán y de sus imprecisiones de todo tipo. “En una madrugada fría y desapacible del 4 de diciembre de 1897 en un villorrio nombrado Oriente de la provincia de Banes en Cuba nació un hermoso niño. Tenía la piel trigueña y el pelo negro y lacio. Su boca fina y diminuta era roja como el alma de Marinello [se refiere al líder del Partido Comunista]. Sus ojos eran pequeños como los sueldos de los conserjes de escuela. Ese varón que al hacer su entrada en el mundo había aumentado ipso facto la menguada población de la Perla de las Antillas era Fulgencio Batista y Zaldívar”. Vergara luego sería el creador de populares secciones de la revista como “Radiolandia” y “Tele-radiolandia” [25] que servían para reseñar las noticias producidas por el mundo de la radio y la televisión y más tarde se convertiría en libretista de programas televisivos tan populares como el “Cabaret Regalías El Cuño” y “El Casino de la Alegría”.

Con el tiempo las diferentes secciones de humor recibieron cada vez más espacio dentro de la revista. Además de las ya tradicionales tiras sindicadas norteamericanas los caricaturistas locales tuvieron su propio espacio en la página llamada “Humorismo criollo” [26]. Allí fueron apareciendo firmas tanto de dibujantes consagrados como Antonio Rubio, Antonio Prohías, Arroyito, Silvio Fontanillas Quiroga (Silvio), Valdés Díaz y Niko Lursen y de novatos de entonces como Wilson, Pecruz, Ñico, René de la Nuez entre otros. Las caricaturas personales de Juan David [27] aparecían en otras páginas de Bohemia ilustrando tanto noticias nacionales como internacionales. Por su parte, Silvio y Arroyito, dos los caricaturistas más considerados por la publicación, recibían la encomienda de rellenar páginas unipersonales sobre diferentes temas. Silvio [28] era también el encargado de ilustrar la página inicial de la sección “En Cuba” con su tira “El Reyecillo Criollo” donde el gobernante de turno aparecía vestido de rey interactuando con un campesino que representaba el pueblo cubano.


Pero la sección que le otorgó el perfil definitivo a Bohemia fue “En Cuba”. [29] Inaugurada según los recuentos oficiales el 4 de julio de 1943 – aunque no hemos encontrado la sección con su nombre definitivo hasta el número siguiente, el del 11 de julio 1943- “En Cuba” fue dirigida desde sus inicios por los periodistas Enrique de la Osa y Carlos Lechuga. [29b] Esta sección logró aprovechar la larga experiencia de sus creadores y sus extensos contactos en los medios políticos para seguir la compleja trama de la política cubana de una manera minuciosamente detectivesca. “En Cuba” adoptó las más modernas técnicas narrativas para construir relatos apasionantes de lo que iba ocurriendo semana a semana sin tener que dar cuenta de sus fuentes. [30] Las informadas voces que iban relatando las historias no iban calzadas por firma alguna pero eran responsables de la credibilidad del relato, al modo de las mejores ficciones, solo que al lector le quedaba claro que los hechos que narraba no tenían nada de ficticios.

La importancia de la sección “En Cuba” no se limitó al tipo de periodismo que prohijó. Fue la manera en que una publicación basada fundamentalmente en artículos importados pudo descubrir el interés del público por artículos generados en el país y con ello, la posibilidad de depender cada vez menos de las importaciones. Un hecho significativo en este sentido fue el número especial del 10 de octubre de 1948. [31] En el 80 aniversario del grito de independencia de la Demajagua, día en el que además se celebraba la sucesión presidencial de Ramón Grau San Martín por el nuevo presidente Carlos Prío Socarrás la Bohemia de aquel día salió a la calle como edición extraordinaria de más de 200 páginas y hecha enteramente por manos cubanas [32]. “Cubanos son todos los que redactaron y compusieron este número y cubana es la empresa que lo edita”. La experiencia de esta edición extraordinaria fue lo suficientemente exitosa como para que la revista confiara cada vez más en el talento local. [33] Para la década siguiente Bohemia se había cubanizado mucho más y dependía cada vez menos del material importado y más de los periodistas e intelectuales locales. [34] Aun así la revista podía darse lujos como el que se permitió en la edición del 15 de marzo de 1953: [35] publicar en exclusiva la primera edición en español de El viejo y el mar de Ernest Hemingway en traducción de Lino Novás Calvo aunque por aquellos días el propio Hemingway se declaraba a sí mismo como un “cubano sato”. [36]

No era Bohemia una publicación especialmente partidista, aunque no dejara de tomar partido por las causas que le parecían justas a su director: [37] Bohemia fue antifranquista durante la guerra Civil española y luego con la instauración del franquismo; [38] antifascista y antinazi con la Segunda Guerra Mundial [39] y anticomunista desde el inicio de la Guerra Fría. Fue también crítica con los gobiernos auténticos entre 1944 y 1952 [40] y con el tiempo Bohemia se identificaría con el mayor disidente del Partido Auténtico, [41] el fundador y líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) Eddy Chibás a quien le dedicaría varias portadas en vida [42] y también después de muerto.

Los opositores al régimen batistiano de 1952 [43] encontraron en las páginas de la revista respaldo y tribuna. Si no como la voz de la totalidad del pueblo cubano, Bohemia fungía como el representante oficioso de los intereses de su clase media. La enorme popularidad de la revista respaldaba sus pretensiones: de una tirada de cuatro mil ejemplares en 1926 había pasado a 125 mil en julio de 1948, para situarse cerca de 260 mil en 1953 y 315 mil en 1958 (uno por cada 21 cubanos de entonces). [43b] En una de aquellas Bohemia “sin censura” su tiraba se anunciaba como de medio millón de ejemplares lo cual equivalía a uno por cada 12 habitantes. Y el éxito no se limitaba al ámbito nacional. [44] Bohemia se distribuía por toda América Latina y aún en Estados Unidos donde contaba con su propio distribuidor. Con tanta aceptación el dueño de la revista pudo llegar a creer no solo que era la voz del pueblo sino también sus ojos y sus oídos. [45] Si no poseía la verdad absoluta andaba muy cerca de ello. Después de todo Bohemia había visto pasar gobiernos uno tras otro mientras los juzgaba y los absolvía o condenaba según el caso.


Como muestra de su compromiso insobornable con la verdad en los períodos en que el régimen batistiano suspendía las garantías constitucionales y establecía la censura previa la revista adoptó un método radical: no publicar ninguna noticia sobre política local hasta tanto no se levantara la censura y entonces publicar sus famosas Bohemia sin censura [46] que alcanzaban tiradas abrumadoras. La revista se erigió en vocero de la oposición antibatistiana ya fuera la que apelara a las vías legales o a las insurreccionales. [47] Fidel Castro y su Movimiento 26 de Julio tuvieron en Bohemia su plataforma política más visible en una época en que la revista reinaba en los hogares cubanos.

No es de extrañar que al triunfo revolucionario Castro firmara una nota manuscrita que rezaba: [48] “A la revista Bohemia mi primer saludo después de la victoria porque fue nuestro más firme baluarte. Espero que nos ayude en la paz como nos ayudó en nuestros largos años de lucha porque ahora comienza nuestra tarea más difícil y dura”.

Resultaba lógico que Miguel Angel Quevedo se tomara el triunfo revolucionario como cosa propia y que lo celebrara con aquellas famosas tres ediciones extraordinarias [49] de Bohemia conocidas como “Ediciones de la libertad” con una tirada de un millón de ejemplares cada una. O sea, uno por cada seis habitantes [50] lo cual resulta una enormidad desde cualquier punto de vista, incluido el propagandístico. Porque a la propaganda estuvieron dedicados aquellos tres números y los siguientes: por una parte, a ensalzar el régimen triunfante y, por la otra, a denostar el anterior, aunque para ello la publicación hubiera de caer en la exageración y la mentira. [51] Se repetía la situación de la caída de Machado, pero a un nivel mucho más decisivo debido a la influencia alcanzada por la revista. Fue Bohemia la que popularizó la falsedad de los 20 mil asesinatos del régimen batistiano lo que hacía parecer cualquier desmán cometido por el régimen triunfante como algo explicable y necesario. [52] Incluso hubo casos en los que la revista abandonó el más mínimo pudor periodístico como ocurrió al publicar la foto de un niño posando con restos de indígenas de cinco siglos atrás afirmando que la imagen correspondía al hijo de un esbirro batistiano jugando con las calaveras de las víctimas de su padre.

Pronto empezó a pagar Bohemia el precio de su entrega incondicional al nuevo régimen. Así, como ha señalado el investigador Abel Sierra Madero recientemente, [53] las respetadas encuestas que hacía la revista desde años atrás para medir la opinión popular sobre los distintos gobiernos dejaron de publicarse muy pronto. Y esto obedeció al detalle de que el nuevo gobierno había pasado del 90% de aprobación durante los primeros meses a un 65%, cifra que a pesar de representar un grado de aprobación razonable para cualquier gobierno democrático, no lo era para un régimen que pretendía contar con el apoyo de la totalidad de la población. Tampoco ayudaba a la imagen de respaldo total e incondicional que intentaba transmitir el régimen el detalle de que casi el 40% de los cubanos afirmaran desear elecciones en un futuro próximo. Mientras tanto, Bohemia justificó [54] cada una de las medidas revolucionarias apelando a todos los métodos que encontraba a mano incluido un artículo recordando que los famosos hermanos Graco, tribunos de la plebe romana, defendían la reforma agraria.

En los primeros meses del triunfo revolucionario Miguel Angel Quevedo, [55] debió ofrecer su apoyo por simpatía por el nuevo proceso para pronto comprender que el único modo de conseguir que su Bohemia sobreviviera en el nuevo estado de cosas era convertirla en un órgano incondicional de la propaganda del régimen. Atrapado en medio de esa disyuntiva terrible Quevedo pide asilo en la embajada de Venezuela en La Habana en el verano de 1960 aunque una publicación oficialista ha afirmado recientemente sin sonrojo que “el 20 de julio de 1961 Miguel Ángel Quevedo, a quien nadie perseguía ni hostigaba, abandonó la revista Bohemia y se asiló en la embajada de Venezuela”. [56] Desde el exilio Quevedo siguió publicando la revista, primero con el apellido “Libre” y luego sin este. Lo hizo durante nueve años más hasta que en 1969 acosado por las deudas [57] cede la revista al Grupo Armas y el 12 de agosto de ese año se suicida de un disparo en la sien.

En Cuba la revista se ha seguido publicando hasta hoy. En la actualidad Bohemia ha acumulado una década más desde la partida de Quevedo (62 años) que los 52 que van desde su fundación hasta que su dueño escapara del país (52). Cabe preguntarse cómo es posible que Bohemia haya sobrevivido donde tantas otras publicaciones republicanas desaparecieron. [58] La respuesta más evidente es que Bohemia no ha sido desde entonces sino un cascarón de lo que fue en su época de gloria. Un cascarón que no trata de disimular su condición de vocero de la propaganda castrista. Pero todavía así resulta curioso que el régimen insistiera en mantener con vida aquel rezago del pasado que encima llevaba un nombre tan decadente para los nuevos tiempos que se anunciaban. [59] Y es que Bohemia se había convertido en una costumbre tan cubana como la del cafecito por las mañanas y de alguna manera se decidió que entre tantos cambios debían mantenerse ciertas costumbres, aunque como el café, la Bohemia posterior a 1960 saliera aguada y supiera a rayos. [59] A veces las costumbres se bastan a sí mismas para persistir. Que la revista haya sobrevivido incluso a las estrecheces del período especial -crisis que arrambló con buena parte de las publicaciones oficiales- y a los reajustes vividos en los últimos treinta años es otra prueba del poder que tienen la costumbre y la inercia. [60] Bohemia es hoy parte integral de una rutina en la que deja de tener sentido preguntarse por el por qué de las cosas.