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Saturday, October 5, 2024

ANUARIO HISTÓRICO CUBANOAMERICANO NO. 8, 2024

 


Ya se encuentra disponible en Amazon.com la más reciente entrega de la revista que publica la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp. El habitual Dossier está dedicado esta vez a “Empresas y Empresarios del Exilio.” A sus otras secciones fijas añade una nueva de estreno titulada “En busca del tiempo olvidado.” Se publican numerosas piezas relacionadas con la historia de Cuba y sus exilios debidas a casi una veintena de autores, entre ellos Alejandro González Acosta, Octavio de la Suarée, Marcos Antonio Ramos, Manuel Gayol Mecías, Rosario Rexach, Luis Leonel León, Eduardo Lolo, Raúl Moncarz y Eduardo Zayas Bazán, entre otros.

 

Para más información, pulse el siguiente enlace:

 

Anuario Histórico Cubanoamericano: Una publicación de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp. (Spanish Edition): Lolo, Eduardo, de la Suarée, Octavio, Rodríguez, Frank: 9798339472599: Amazon.com: Books

 

 

 

Tuesday, November 28, 2023

Anuario Histórico Cubanoamericano #7

 


INDICE

INTRODUCCIÓN A LA HISTORIOGRAFÍA CUBANA DEL EXILIO (1959-2023), Eduardo Lolo

REVOLUCIÓN CUBANA: NACER SIN HISTORIA, Luis Leonel León

EL EXILIO MEXICANO DE JOSÉ MARÍA HEREDIA, Aejandro González Acosta

LA HISTORIA DE LA TUBERCULOSIS EN CUBA, Federico R. Justiniani

¡LA BOLA SE VA…!, René Álvarez

LA COMPARSA DE SAN PEDRITO AL RESCATE DE LAS “MÁSCARAS A PIE” Ismael Sambra

LA INFLUENCIA DE LA MÚSICA CUBANA EN LOS EE.UU. Eloy Cepero

DRAMAS REALES DE LA FARÁNDULA CUBANA DEL AYER, María Argelia Vizcaíno

ROBERTO DIAGO, AFRO-CUBAN PAINTER, Alejandro Anreus

FERNANDO POO, 1869: DESTINO FINAL. (ESTADOS UNIDOS, FERNANDO POO Y EL EXILIO POLÍTICO CUBANO DESDE
1868) José Raúl Vidal y Franco

CUBA, LA HABANA Y JOSÉ MARTÍ EN LA OBRA DE GUILLERMO CABRERA INFANTE, Waldo González López

JOSÉ MARTÍ: UNA VIDA SIN ACABAMIENTO, Alberto Müller

NADIE MUERE DEL TODO (ACERCA DE RAFAEL E. SAUMELL),Eduardo Lolo

FACTS ABOUT CUBAN EXILES, Sam Verdeja

LOS MISTERIOS DEL ESTUDIO SOBRE LA CULTURA DE LA POBREZA EN CUBA, POR OSCAR LEWIS, Rolando A. Alum Linera

LA SABIA DUBITACIÓN DE MÁXIMO GÓMEZ, J. Marat-Peres

LA REPÚBLICA QUE PERDIMOS, Pedro Corzo

LA DIPLOMACIA EN LA REPÚBLICA DE CUBA, Guillermo A. Belt

EL APORTE DE LOS ISRAELITAS A LA REPÚBLICA DE CUBA, 1902-1959, Raúl Moncarz, con Ivy Torres Morales

LA HABANA: LAS CONDICIONES QUE LA CONVIRTIERON EN EL CENTRO DE LA INDUSTRIA MUSICAL DEL CARIBE DURANTE LA REPÚBLICA, Antonio Gómez Sotolongo

LA PATRONA DE CUBA Y LA CUBA DE LA PATRONA, Julio Estorino

LOS SERVICIOS DE SALUD EN LA HABANA REPUBLICANA, Federico R. Justiniani

LA POLÉMICA AURELIANO-CHIBÁS: PRELUDIO DE LA DEBACLE REPUBLICANA, Octavio de la Suarée

EL BÉISBOL CUBANO NO ESCAPÓ A LA DESTRUCCIÓN DEL CASTRISMO, Jorge Morejón

FRACASOS DE LA REPÚBLICA, LA APARICIÓN DE FIDEL, CASTRO Y EL OCASO DE LA DEMOCRACIA EN CUBA, Manuel Gayol Mecías

LA CONSTITUCIÓN DE 1940: OBRA CUMBRE DE LA REPÚBLICA, Néstor Carbonell Cortina

DOSSIER EL PRESIDIO POLÍTICO CUBANO PRESIDIO POLÍTICO CUBANO CONTRA EL TOTALITARISMO, Pedro Corzo

EXPRIMIENDO LA MEMORIA, José Luis Fernández

POESÍA NACIDA ENTRE REJAS, Ernesto Díaz Rodríguez

RECUERDOS DE UNA ADOLESCENTE MENOR DE EDAD CONDENADA A SEIS AÑOS DE PRISIÓN POLÍTICA, Genoveva Canabal de Felisgrau

VIVENCIAS DE UN JOVEN PATRIOTA EN LAS PRISIONES DE LA TIRANIA TOTALITARIA CASTRISTA, Ramiro (“Manino”) Gómez Barrueco

ORIGEN Y SIGNIFICACIÓN DE PLANTADOS, Ángel De Fana

HISTORIAS DE HORROR Y PATRIOTISMO, DESPUÉS DE ISLA DE PINOS, Ángel Pardo

HUELGAS DE HAMBRE EN CUBA: LA REBELDÍA DE OFRENDAR LA VIDA, J. A. Albertini

¿DE VICTIMARIO A VÍCTIMA? ANÉCDOTA DEL FUGAZ INTERCAMBIO DE IDEAS DE UNA PRESA POLÍTICA CON
UNO DE SUS CARCELEROS, Ana Lázara Rodríguez

PRISIONEROS POLÍTICOS CUBANOS, INCIDENCIA DE STRESS POST TRAUMÁTICO Y EL EFECTO
INTERGENERACIONAL FAMILIAR, Irvin Flores

EFEMÉRIDES DE LA REVOLUCIÓN CUBANA: OBRA CUMBRE DE LA HISTORIA SOBRE LA INDEPENDENCIA DE CUBA, Alberto Sánchez de Bustamante, Jr.

RESEÑA DE UN HUÉSPED NO INVITADO: LA VOZ TANGENCIAL DEL INDIO EN LA LITERATURA HISPANA, DE EDUARDO LOLO, Liliana Soto-Fernández

LA FAMILIA BORRERO: APORTE A LA HISTORIA LITERARIA Y ARTÍSTICA DE CUBA, Jesse Fernández

Para comprar pinche aquí

Thursday, October 27, 2022

Anuario Histórico Cubanoamericano, Número 6

Acaba de salir el último número del ANUARIO HISTÓRICO CUBANO-AMERICANO, el número 6, de este año 2022, una publicación de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp.
El ‘Dossier’ de este número se concentra en la “Resistencia civil en Cuba (1959 – 2021)” y tiene muy interesantes estudios sobre “La larga memoria de la historia”, del conocido periodista Pedro Corzo; la “Protesta del pueblo de Perico”, de Lidia Martínez; “Protesta por la visita de Anastás Mikoyán en el Parque Central de La Habana”, de Juan Manuel Salvat; “Un asesinato y tres latrocinios”, de Julio Estorino; “El Cano y Cárdenas, 1962: Verano de Protestas”, por Daniel J. Pedreira; “El Comité Cubano Pro-Derechos Humanos, Ricardo Boffill y la Primera Mesa Redonda Disidente”, de Ricardo Cartaya; la “Carta de Presos Políticos Cubanos de 1978”, de Ángel de Fana; la “Carta de los Diez”, de María Elena Cruz Varela; la “Memoria del Maleconazo”, de Luis Leonel León; las “Memorias Reflexivas de ‘Concilio Cubano’, de Juan José López Díaz; “A los Veinte y Cinco Años de ‘La Patria es de Todos’”, de Pedro Corzo; “Las Damas de Blanco, Ejemplo del Patriotismo de la Mujer Cubana”, de Roberto Álvarez Quiñones; “Patria y Vida: La Canción de las Protestas en Cuba”, de Antonio Gómez Sotolongo y “11-J: Anhelado y (Por el Momento} Frustrado Despertar de los Cubanos”, de Luis Leonel León.

Asimismo, se encuentran artículos y ensayos de los escritores José Azel, Santiago Juan-Navarro, Pedro Monge Rafuls, Ingeborg Portales, Manuel Gayol Mecías, Jesse Fernández, Sylvia Landa, María Argelia Vizcaíno, Teresa Fernández Soneira, Rafael Peñalver, Vicente Morín Aguado, Pedro Corzo, Rolando Alum Linera y Federico R. Justiniani, como a la vez el “Documento con la firma a mano de los 31 miembros de la Asamblea Constituyente Cubana de 1901”, del profesor Raúl Eduardo Chao. Finalmente, una recopilación bibliográfica original sobre la “Presencia del Exilio en la Internet”, del ensayista Manuel Gayol Mecías.

Esta bella y atrayente publicación de 340 páginas ya puede adquirirse aquí.

Saturday, December 11, 2021

Publican "Anuario Histórico Cubanoamericano"*

Por Luis de la Paz

La historia cubana, que se documenta desde hace apenas poco más de 500 años, brinda la trayectoria de un pueblo que ha vivido (como todos), momentos claros y oscuros: guerras, encuentros y desencuentros. Quizás su etapa más oscura no esté en un remoto pasado, sino en el presente, bajo una tiranía política, económica, social y cultural, sin precedentes en nuestro hemisferio; dictadura de más de seis décadas de opresión.

Para contextualizarla en parte está la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, fundada por el Dr. Eduardo Lolo, que acoge en su asociación a escritores, académicos y periodistas que con sus obras recorren la vida cubana desde distintos ángulos, como la literatura, la música, el teatro, sus organizaciones sociales o políticas y en general el análisis de lo cubano.

La Academia de la Historia tiene a bien publicar su Anuario Histórico Cubanoamericano, un libro voluminoso de cerca de 400 páginas, con un amplio diapasón temático y analítico, lo que le imprime a este libro un carácter de documento valioso para entender y ordenar el siempre esperanzador futuro.

El Anuario abre con un texto de Eduardo Lolo sobre el 50 aniversario de la autocrítica de Heberto Padilla, uno de los episodios más bochornosos en el marco cultural de la isla. Entre otros destacados trabajos está el de Roberto Álvarez Quiñónez sobre el transporte en Cuba. El escritor cubano radicado en Canadá, Ismael Sambra escribe sobre el empresario e independentista Emilio Bacardí Moreau. Antonio Gómez Sotolongo, un artículo sobre la música (uno de los trabajos más interesantes del anuario); mientras que el profesor Gustavo Pérez Firmat analiza al poeta Hilarión Cabrisas. Vale destacar la detallada crónica que brinda el cineasta Lilo Vilaplana, sobre la génesis de la película Plantados.

El Anuario de la Academia de la Historia está dividido en cinco secciones. En la de “Testimonio”, aparece una emotiva narración del cineasta y dramaturgo Iván Acosta sobre los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001, en Nueva York, eventos que dieron lugar a su documental Detrás de mis ojos. En otra sección, “Documentos”, aparece un trabajo de Raúl Eduardo Chao, sobre una carta del patriota de la guerra de independencia Francisco Vicente Aguilera.

Una de las partes más interesantes es el dossier que en este Anuario #5 está enfocado en las organizaciones cubanas del exilio. Coordinado por el escritor Luis Leonel León, se pueden leer valiosos textos de Enrique del Risco y Paúl Echániz. Otros autores se centran en grupos de exiliados en California, Chicago, Nueva York y España.

Por su parte, Ángel de Fana escribe sobre la organización Plantados Hasta la Libertad y la Democracia en Cuba y Pedro Corzo de la trayectoria del Instituto de la Memoria Histórica Contra el Totalitarismo. Vale añadir la colaboración de Rolando Fernández Padrón sobre la historia de los Municipios de Cuba en el Exilio, significativa agrupación de carácter patriótico y activismo por la libertad y el de Sylvia Iriondo sobre la pujante M. A. R. por Cuba. Sin duda un dossier muy completo y necesario para la historiografía del exilio cubano.

Para el cierre, el Anuario Histórico Cubanoamericano, de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, brinda una variedad de reseñas sobre libros y otros textos. Los interesados en la Academia y en sus anuarios, escriba a directiva@academiahce.org.


*Tomado del Diario de Las Américas

Saturday, October 16, 2021

ANUARIO HISTÓRICO CUBANOAMERICANO No. 5 (2021)

 

Ya se encuentra disponible el más reciente número del Anuario Histórico Cubanoamericano, publicado por la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp. Como siempre, consta de diferentes secciones con artículos, ensayos, documentos, testimonios, etc. El Dossier de este año está dedicado a “Organizaciones Cubanas del Exilio.” La lista de autores presenta tanto a experimentados académicos como a otros de nueva promoción, así como a ilustres colaboradores, como prueba la siguiente relación:

 

Iván Acosta, Roberto Álvarez Quiñones, Emilio Bernal Labrada, Raúl Eduardo Chau, Pedro Corzo, Ángel De Fana, Enrique Del Risco, Paúl Echániz, Julio Estorino, Rolando Fernández Padrón, Manuel Gayol Mecías, Antonio Gómez Sotolongo, Eduardo S. Iglesias, Sylvia Iriondo, Federico Justiniani, Luis Leonel León, Eduardo Lolo, Ángel Marrero, Luis Martínez-Fernández, Raúl Moncarz, Paul V. Montesino, Alberto Müller, Eduardo Palmer, David Pedreira, Gustavo Pérez Firmat, Manuel Rodríguez Ramos, Perla Rozencvaig, Ismael Sambra, Octavio de la Suarée, Armando R. Triana, José Raúl Vidal y Franco, y Lilo Vilaplana.

En este número también aparece una carta inédita de Francisco Vicente Aguilera, un breve compendio bibliográfico de la historiografia cubana del exilio del 2020, y otros trabajos de igual interés.

 

Para más información y cómo obtener un ejemplar, pulse AQUÍ.

 

Saturday, January 9, 2021

NUEVA ENTREGA DEL ANUARIO HISTÓRICO CUBANOAMERICANO

 


Ya se encuentra entre las ofertas de Amazon.com el Anuario Histórico Cubanoamericano #4 (2020) que publica la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp.

El contenido de esta entrega, de acuerdo a sus diferentes secciones y al orden de aparición, es el siguiente.

 ARTÍCULOS, ENSAYOS Y DISCURSOS

 

SOUTHERN COMFORT: HOG JOWLS AT THE K & W, por Gustavo Pérez-Firmat.

 

LA ZARZUELA EN CUBA Y EN ESPAÑA: CONTRASTES, por Pedro Gómez Manzanares.

 

FEMINISMO Y LITERATURA EN CUBA: UN BREVE RECORRIDO, por Mabel Cuesta.

 

REFLEXIONES SOBRE EL LEGADO DE LA DIÁSPORA AFRICANA, por Narciso J. Hidalgo.

 

ANDRÉS FACUNDO CRISTO DE LOS DOLORES PETIT, por Armando de Armas.

 

MONSEÑOR AGUSTÍN ROMÁN: HACIENDO HSTORIA EN LA HISTORIA, por Julio Estorino.

 

NECESIDAD DEL RESCATE DE LA HISTORIA Y LA HISTORIOGRAFÍA CUBANA, por Pedro Camacho.

 

LA HISTORIA QUE SE REPITE ETERNAMENTE, Ramón Fernández Larrea.

 

HISTORIA Y POESÍA EN (DOS POEMAS DE) VIRGILIO PIÑERA, por Jesús Jambrina.

 

UN EPISODIO VERGONZOSO EN LA HISTORIA DE CUBA COLONIAL: EL FUSILAMIENTO DE LOS ESTUDIANTES DE MEDICINA (1871), por Federico R. Justiniani.

 

1869-1871. LOS TRES ÚLTIMOS AÑOS EN LA VIDA DE ZENEA, por Santiago Arturo Cárdenas.

 

JOSÉ MARTÍ: AMOR DEVOTO A LA PATRIA Y A SU AMÉRICA, por Mariela A. Gutiérrez.

 

 

DOSSIER “40 AÑOS DEL MARIEL”

Coordinación e Introducción de Luis de la Paz

 

MARIEL 40 AÑOS DESPUÉS: LA HISTORIA ES LA VIDA QUE DESPUÉS SE CONVIERTE EN MEMORIA, por Luis de la Paz.

 

CUARENTA AÑOS DESPUÉS..., por Reinaldo García Ramos.

 

EPISODIOS DEL MARIEL EN PRIMERA PERSONA, por Luis de la Paz.

 

SALIR DE CUBA, por Patsy Sánchez.

 

MEMORIA DE FORT CHAFFEE 40 AÑOS DESPUÉS, por Mireya Robles.

 

EL ARRIBO A BOSTON DE UN VELERO LLAMADO MARIEL, por Paul V. Montesino.

 

RENOVACIÓN, CON NUEVAS APRECIACIONES, TENDENCIAS Y DESENFADO CREATIVO, por Jesús Hernández Henríquez

 

EL MARIEL: LUCES Y SOMBRAS, Nancy Pérez-Crespo.

 

40 AÑOS DEL MARIEL EN EL CINE, por Alejandro Ríos.

 

UN ERROR DE CÁLCULO, por Enrique Del Risco.

 

 

DOCUMENTOS

 

UNA CARTA PRE-FILATÉLICA Y HASTA AHORA INÉDITA DE FÉLIX VARELA A SU ALUMNO JOSÉ DE LA LUZ Y CABALLERO, por Raúl Eduardo Chao.

 

 

TESTIMONIOS

 

PROPAGANDA ENEMIGA, por Rafael E. Saumell.

 

 

RESEÑAS

 

AURELIO DE LA VEGA: TIEMPO, CREACIÓN Y LIBERTAD. (Reseña del libro Aurelio de la Vega: Impresiones desde la distancia, de Manuel Gayol Mecías.), por Orlando Rivero-Valdés.

 

DEL PARNASO ME HAN DADO UN RECADO. (Reseña del libro Poetas cubanos en Nueva York: Estudios Críticos [1978-2018] de Octavio de la Suarée.), por Eduardo Lolo.

 

 

Para más información, haga click en el siguiente enlace:

 

 

Monday, December 21, 2020

Anuario de la AHCE No. 4

 


Ya está a la venta el Anuario Histórico Cubanoamericano correspondiente a este año que incluye trabajos de Gustavo Pérez Firmat, Mabel Cuesta, Ramón Fernández Larrea, Rafael Saumell, Armando de Armas, Federico Justiniani, Jesús Jambrina y un dossier que conmemora el 40 aniversario del éxodo del Mariel. Puede comprarlo accediendo aquí. La imagen de la portada fue creada por el artista Geandy Pavón.






Monday, January 6, 2020

A LA VENTA EN AMAZON EL ANUARIO HISTÓRICO CUBANO AMERICANO #3 (2019)


La tercera entrega del AnuarioHistórico Cubanoamericano que publica la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio ya puede ser adquirido en Amazon.
A plumas reconocidas internacionalmente se unen en este número otras en proceso de serlo, como representantes de una versión actualizada de “los pinos nuevos” martianos. La mayoría de los autores incluidos son Miembros Numerarios de nuestra institución que residen en los Estados Unidos: Alejandro Anreus, Armando de Armas, Alberto Calvo, Raúl Eduardo Chao, Teresa Fernández Soneira, Manuel Gayol Mecías, Mariela A. Gutiérrez, Ellen Leeder, Luis Leonel León, Eduardo Lolo, Octavio de la Suarée, Ángel Velázquez Callejas y María Argelia Vizcaíno. Pero también aparecen trabajos de ilustres Miembros Correspondientes en el extranjero como Zoé Valdés, Amir Valle, Manuel Cabrera Peña y Alejandro González Acosta, quienes desde países disímiles conjuran con entusiasmo patrio la lejanía de las colonias tradicionales de exiliados cubanos.



Para adquirir este número del Anuario…, hacer click en el siguiente enlace.






Friday, August 9, 2019

Nat Chediak: contrabandista de sombras*


Nat Chediak
Por Enrique Del Risco

Nat Chediak es una suerte de rey Midas cultural. Pasó de fundar una Cinemateca en Coral Gables en 1973 a fundar el Festival Internacional de cine de Miami en 1984 y dirigirlo por 18 años. Y de ahí a crear junto al cineasta español Fernando Trueba el sello discográfico Calle 54 responsable de las grabaciones más exitosas de Bebo Valdés o del disco Boomerang de Habana Abierta. Hijo de diplomático libanés y madre cubana, y cubano de nacimiento y vocación, luego de salir en 1960 de Cuba creció entre Estados Unidos, México y el Líbano. No es extraña la insistencia con la que Chediak ha pugnado porque la cultura cubana del exilio sea menos provinciana y cerrada de lo que podría serlo de abandonarse a la nostalgia y el enclaustramiento. Y de que algunos de sus más acabados productos sean conocidos por medio mundo. Desde el 2014 vuelve a sus orígenes cinéfilos al ser nombrado director de programación del Coral Gables Art Cinema empeñado en seguir mostrando cine de calidad al público de Miami.

¿Hubo algo antes del cine?

Antes del cine, la oscuridad.

Llega en enero de 1960 a los Estados Unidos ¿Cómo y en qué circunstancias?

 Salí con mi madre y mi hermana, en la estampida de los que vieron lo que se había instaurado. Para mis padres el pistoletazo fue la intervención de las escuelas privadas. No quisieron que nos indoctrinaran. Mi padre, además de abogado especialista en derecho autoral, era cónsul honorario del Líbano en Cuba y permaneció un año más ayudando a los libaneses que querían irse de Cuba también.

Vivió en Cuba solo sus primeros nueve años de vida en el seno de una familia de origen libanés. Luego vivió en diferentes países a los que lo llevó la carrera diplomática de su padre. Sin embargo en algún momento ha dicho “Nunca me he despertado sintiéndome otra cosa que cubano”.  En su caso la cubanía más que fatalidad parece tener algo de vocacional ¿Es así?

Siempre me he preguntado como fui marcado por la cubanía y no lo entiendo del todo, pienso que estaba presente en mi ADN. Lo cierto es que los referentes en mi formación siempre han sido cubanos: el crítico Rene Jordán, Néstor Almendros (cubano adoptivo), Cabrera Infante, Cachao, Bebo Valdés... y muchos otros que no me saltan a la mente. En años recientes he forjado una estrecha amistad con Leonardo Padura, es decir, que la vocación perdura.

 ¿Cómo se fue forjando esa identidad?

 Ni idea, no fue forjada por mis padres. Tal vez por mi identidad de nacimiento. Recuerdo que mi primer interés por la cultura fue al comienzo de la secundaria en México cuando mi maestra de inglés sugirió que fuera a ver 8 y medio de Fellini. La pasaban en un cine de barrio. El cine estaba repleto y el público esperaba una película europea de relajo. Cuando se acabó la proyección volaron toda una serie de proyectiles a la pantalla: refrescos, rositas de maíz, nadie entendió nada; yo tampoco.

¿Cómo llegó al cine?

Mi padre fue diplomático del gobierno libanés y me tocó vivir de niño en varios países. El cine y la música fueron desde mi adolescencia mis inseparables amigos.

En esa adolescencia ¿qué cine le atraía más?

Recuerdo vestirme de saco y corbata para pretender ser mayor de edad y ver From Russia With Love en México, donde era “apta para adultos”. Recuerdo que el acomodador se rio al verme llegar con mi improvisada indumentaria y me dejó entrar. En Líbano vi Psycho de Hitchcock (con subtítulos en francés y en árabe). Pero mi primer encuentro con películas subtituladas ocurrió de niño en La Habana cuando me llevaron a ver una reposición de Casablanca con subtítulos en castellano. En México acompañé a mi madre a ver una reposición de An Affair to Remember, su película favorita, lloró cántaros con ella. En fin, que para mí no existe la noción de “cine extranjero”. Solo buenas y malas películas que vienen de todas partes. 


¿Y la música? ¿Qué música le hizo sentirse un poco más melómano que el resto de los adolescentes?

Para mí, ser hijo de un diplomático fue una desgracia en lo personal. Eso de hacer y perder amistades no es propio de la infancia. De país en país lo único constante para mí fue la música y el cine. En México fui amigo de un DJ que programaba el Top 40 americano. Los fines de semana compraba singles como “Pretty Woman” de Roy Orbison y “Help Me Rhonda” de los Beach Boys. Fue en México donde descubrí a los Beatles, gran revelación. Mi primer encuentro con la música cubana ocurrió acompañando a mi hermana a sus primeras fiestas de jovencitos donde bailaban cha cha chá. Si no sabías bailar le preguntabas a tu pareja ¿cuadrado o de lado? y echabas a andar. Años después, de regreso en Miami después de graduarme de secundaria en Beirut en el medio de la Guerra de los Seis Días, acompañé de chofer a mi padre a visitar un viejo amigo, Ramon Sabat. En Cuba, mi padre demandó a la RCA Victor por monopolio, avalando la creación de la Panart, el primer sello discográfico cubano, propiedad de Sabat. Al terminar esa visita, Sabat me obsequió un LP del Cuban Jam Session, diciéndome que era su favorito de todos los que había grabado. Al ponerlo yo en casa descubrí que la música cubana era más que un pretexto para que mi hermana bailara con sus amiguitos.

Cuénteme del ambiente cultural de Miami en su juventud. ¿Le quedaba grande la propia expresión de ambiente cultural?

Miami siempre ha sido receptivo a ofertas culturales. Sus instituciones han sido más lentas en responder a iniciativas. No así el público. Acostumbrados a ver cine de todas partes, los exiliados cubanos (y demás inmigrantes) fueron receptivos a mis actividades, primero en la Cinemateca y luego en el Festival. Siguen siéndolo hoy día. 

¿Cómo fue crear un festival de cine en esas circunstancias?

Diez años de preparación en la Cinemateca que fundé en Coral Gables hasta que estuve convencido que había desarrollado un público que aceptaría la propuesta. El apoyo/padrinaje de exiliados como Guillermo Cabrera Infante, Néstor Almendros y el crítico de cine René Jordán fueron decisivos. Ellos fueron mis maestros y apostaron por el Festival con su presencia e influencia, desde su gestación. 

¿Cuáles fueron los mayores obstáculos que enfrentó?

Siempre los mismos. El apoyo económico de entidades públicas nunca fue suficiente. Nunca tuve ocasión de quejarme que el público no respondiera, aún con las más arriesgadas apuestas en programación.

¿Cuáles fueron para usted los principales logros del Festival de Cine de Miami en los años en que lo dirigió?

Presentar por vez primera en Estados Unidos relevantes directores internacionales, rendir homenaje a sendas figuras del cine mundial, develar corrientes trascendentales como el nuevo cine iraní, etc.

¿Qué presencia tuvo en esos festivales el cine cubano hecho en el exilio?

Estrenamos Conducta Impropia, Guaguasí, La Otra Cuba, Azúcar Amarga, Nadie escuchaba y documentales de otras latitudes que abordaron el tema cubano, como Buena Vista Social Club, Havana de Jana Bokova, Fin de Siglo, El Planeta de los niños, Balseros, etc.

¿Cuáles fueron los principales méritos de ese cine?

Dar a conocer una realidad desconocida, tanto de la isla, como del exilio.

¿Cuáles fueron sus principales limitaciones?

Eso le corresponde decir a los realizadores.


¿Cómo compararía el cine cubano hecho en el exilio con el cine de otros exilios?

No ha tenido el apoyo económico que requiere. La mayor parte del cine cubano en el exilio se ha hecho en Estados Unidos, un país donde hay menos tradición de subvencionar el cine. A diferencia, por ejemplo, de Francia que es el país que tradicionalmente más ha acogido a cineastas exiliados de todo el mundo.

Y con respecto al cine latinoamericano en general, ¿hay algo que distinga al cine cubano del exilio del resto del cine latinoamericano?

El cine latinoamericano suele tener un contexto político de izquierdas que, por supuesto, difiere del que se ha hecho a duras penas y a contracorriente en el exilio. Al final de cuentas, lo que trasciende es la calidad de la película, a pesar de su procedencia. En los setenta, con la visión que siempre lo caracterizó, Dan Talbot, creador de New Yorker Films, distribuyó cine cubano del ICAIC pero también El Súper y Conducta Impropia.

¿Hay algún género cinematográfico que por sus características haya florecido mejor en el exilio que en la isla?

No podemos hablar de géneros, salvo el documental. En el exilio el cine cubano se ha hecho contra viento y marea. Con mucha independencia y talento pero siempre con escasos recursos. En Cuba, el cine tiene el apoyo oficial. Salvo el cine independiente que, hoy día, es el que más interesa, por dar la cara de la realidad cubana, como lo hicieron en su momento los artistas plásticos, los cantautores, etc.

¿Hay piezas cinematográficas producidas en el exilio que merecerían ser mejor atendidas?

Todo el cine cubano del exilio que me ha tocado presentar siempre ha contado con un público nutrido y entusiasta.

¿Cuál ha sido para usted el principal aporte del cine del exilio a la cultura cubana?

Ya lo dije. Mostrar la realidad de la isla y del exilio.

*Entrevista aparecida en el número 2 del Anuario Histórico Cubanoamericano como parte de un dossier dedicado al cine cubano del exilio.

Wednesday, February 20, 2019

Gusanos, mercenarios, bandidos, escorias


Como adelanto al segundo número del Anuario Histórico Cubanoamericano que recién acaba de aparecer les presentamos uno de los artículos que lo componen y que fuera presentado en el primer congreso de la AHCE

Historia de las falsificaciones contada por sus palabras
Por Enrique Del Risco

La Historia no la escriben necesariamente los vencedores. La Historia suelen escribirla historiadores que sí, con frecuencia están a sueldo de los vencedores que son los que quedan en mejores condiciones para subvencionar a los historiadores después de cada contienda. Pero incluso cuando la Historia no la escriban los vencedores debemos tener en cuenta que la Historia como tal no está compuesta de hechos sino de palabras. Compuesta por un lenguaje que refleja otra guerra, la guerra de insultos, invectivas, descalificaciones que precede y acompaña a las acciones físicas. Una guerra en la que —y en eso Goebbels, el ministro de propaganda nazi, lo tenía claro— no ganan necesariamente la inteligencia y la racionalidad sino la repetición y el volumen.

La entronización en Cuba a partir de 1959 de un régimen político totalitario impuso reglas de juego más a tono con los preceptos de Goebbels. Ya no se trataba de la propaganda elaborada por un gobierno o por la prensa afín para difamar a sus opositores. A partir de entonces se erigió un sistema que no solo controlaba por completo la esfera política sino también los medios de difusión masiva, la publicidad, las casas editoriales, el sistema educativo un complejo y ubicuo entramado de organizaciones de masas para imponer la ideología y voluntad política de su líder. Cada vez que Fidel Castro comparecía ante las cámaras de televisión para pronunciar sus maratónicos discursos —que en la década del sesenta alcanzó una frecuencia semanal— sus palabras eran transmitidas por todos los canales de televisión existentes y por todas las emisoras nacionales de radio. Pero no solo eso: en los días siguientes sus palabras eran reproducidas literalmente por toda la prensa escrita y luego “discutidas” —esto es repetidas, machacadas y digeridas— en multitud de “círculos de estudio” cual si de textos bíblicos se trataran. Y más allá de esto sus principales frases eran repetidas en vallas por todo el país, en los actos matutinos de las escuelas o en los textos oficiales por los que estudiaban niños y adultos. O luego servían de exergo a los libros académicos para justificar la visión del autor que las más de las veces era la del poder que lo autorizaba a existir como tal.

Pero no pretendo decir que esos discursos que se agolpaban en la prensa nacional conformaban la mentalidad de los cubanos a su imagen y semejanza. Después de todo muchas veces los nuevos discursos negaban lo que se había dicho en los anteriores. Más importante que la difusión de las ideas del líder fue la deformación del vocabulario cubano hasta incapacitarlo para dar cuenta de su propia realidad. La escritora Masha Gessen al estudiar el caso soviético afirma que “la capacidad de dar sentido a la propia existencia en el mundo es propia de la libertad” y que “el régimen soviético despojó a las personas no solo de la aptitud para vivir en libertad, sino también de la capacidad para comprender cabalmente de qué se les había despojado y cómo había ocurrido esto”. Así el régimen buscaba “aniquilar la memoria personal y la memoria histórica tanto como el análisis académico de la sociedad” y su sistemática labor de propaganda fue de hecho un ataque a “la humanidad de la sociedad rusa, que perdió las herramientas e incluso el lenguaje para entenderse” (Gessen.15) De eso precisamente quiero hablar en esta ponencia: del lenguaje del castrismo. Porque no se trata solo de que la sociedad cubana haya perdido las palabras para explicarse a sí misma sino que estas han sido sustituidas por un léxico ideado para hacer más profunda tal incomprensión.

El lingüista judío alemán Victor Klemperer apuntaba en su estudio de La lengua del Tercer Reich que en el esfuerzo propagandístico de los nazis “el efecto más potente no lo conseguían ni los discursos, ni los artículos, ni las octavillas, ni los carteles” ni nada “que se captase mediante el pensamiento o el sentimiento conscientes”. De acuerdo con Klemperer el “nazismo se introducía más bien en la sangre de las masas a través de palabras aisladas, de expresiones, de formas sintácticas que imponía repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente” (Klemperer.31). Klemperer, lingüista al fin, estaba convencido de que “el lenguaje no solo crea y piensa por mí sino que guía a la vez mis emociones”. Y lo decía ante la evidencia de que incluso la caída del Tercer Reich no había conseguido llevarse consigo el lenguaje que creó sino que este persistía incluso entre quienes desde una ideología contraria intentaban describirlo.

Si observamos el caso cubano debemos reconocer el triunfo casi total de la neolegua totalitaria. El léxico impuesto desde el poder ha sido adoptado no solo por su sistema de propaganda o por sus repetidores dentro o fuera de la isla sino por el cubano de a pie, por los cubanos cultos, por los exiliados, por los académicos de adentro o afuera, por castristas o anticastristas. Las expresiones usadas para definir el régimen cubano “Revolución Cubana”, “Cuba socialista” son las escogidas por él mismo; su peor crisis no conoce otra denominación que la de “Período Especial”; a la disidencia que se produjo dentro del seno del Partido Comunista a finales de los sesenta la llaman por el despectivo epíteto de “microfracción” y a la destrucción de los remanentes de pequeña empresa y el trabajo por cuenta propia en 1968 se le conoce como “Ofensiva Revolucionaria”; y al repunte ideológico y represivo alentado por el apoyo chavista y la campaña alrededor del balserito Elián González se insiste en llamarle “Batalla de las Ideas”. Cualquier intento por describir lo que ha pasado en la isla en las últimas décadas con mayor apego al fenómeno en sí y menos al vocabulario que ha producido es visto como tendencioso, extremista, poco objetivo. La lengua del castrismo ha demostrado ser, en fin, su baluarte más firme. De tan ubicua y aceptada que es se ha vuelto invisible incluso para sus propios detractores.

Uno de los casos en los que la lengua del castrismo ha mostrado su eficacia es en nombrar a sus enemigos. En su intento de negarles agencia, dignidad, voluntad propia y, llegado el caso, hasta su propia humanidad. En ese sentido la palabra “gusano” fue y sigue siendo un hallazgo ejemplar. Aparecida en el apogeo de la instauración del régimen totalitario y cuando este encontraba una mayor resistencia interna, el término imitaba “la visión apocalíptica nazi” en la que al decir de un estudioso los judíos “putativos enemigos de la civilización […] eran representados como organismos parásitos —como sanguijuelas, parásitos, piojos, bacterias o vectores de contagio” (Smith.15). El propio Hitler había proclamado en su Mein Kampfque “El judío es y será siempre el parásito típico, un bicho, que, como un microbio nocivo, se propaga cada vez más, cuando se encuentra en condiciones adecuadas. Su acción vital se parece a la de los parásitos de la Naturaleza. El pueblo que le hospeda será exterminado con mayor o menor rapidez” (Hitler.185-186).

El primer discurso donde Fidel Castro menciona la palabra “gusano” corresponde al del día 2 de enero de 1961. Allí la repite nada menos que 23 veces. Su estrategia para entronizarla se hace evidente. Empeñado en representar el papel de David frente al Goliath norteamericano Castro debe reconocer no obstante la existencia de una resistencia interna pero insistiendo en su total dependencia del enemigo externo. “Ese enemigo poderoso —dice Castro— ha sido el encargado de “revolver la gusanera” aquí en nuestro país […]  Y los gusanos se han removido, los gusanos se han agitado”. La resistencia interna no sería una reacción de descontento ante el régimen sino el rezago de un pasado putrefacto porque “los gusanos no pueden vivir sino de la pudrición […] no podían vivir ni hacer de instrumentos del imperialismo, como no fuese en el mundo y en el medio corrompido en que vivía nuestro pueblo antes del día luminoso del 1ro de enero de 1959” (Castro. 2 de enero, 1961). Y si yo hablaba antes de un hallazgo es porque “gusano” al tiempo que difama al contrario retiene una suerte de desparpajo popular. Gracias a eso consigue entrar en el vocabulario corriente como una disyuntiva frente a la que cada cubano debía definirse. Una disyuntiva que se resume en este diálogo de la película Memorias del subdesarrollo: “Tú no eres revolucionario ni “gusano”. “¿Entonces qué soy?”. “Nada, tú no eres nada”. 
Fotograma de "Memorias del subdesrrollo"


Con el epíteto “gusano” se busca, además, reducir la complejidad de la oposición al castrismo —desde el latifundista hasta el revolucionario frustrado— a una imagen elemental y única. Según Klemperer el principio en que se basaban los insultos nazis era este: ¡Que tus oyentes no se planteen un pensamiento crítico, trátalo todo de manera simplista! Si hablaras de varios adversarios, alguien podría pensar que tú, el aislado, tal vez no tuvieras razón… Así pues, redúcelos a un común denominador, ponlos todos juntos en un paréntesis, establece un rasgo común entre ellos” (Klemperer.254) 

Cartel reciente contra la bloguera Yoani Sanchez
Tal fue la naturalización del vocablo “gusano” que en mi primer día en una universidad norteamericana, hace ya veinte años, al presentarme como cubano que vivía acá un estudiante latinoamericano me preguntó “Pero tú, ¿eres cubano o gusano?” Así, con el mismo aire curioso que si me preguntara si era de La Habana o de Santiago de Cuba. O para que el año pasado en un congreso español sobre cine histórico una ponente de la Universidad de Cádiz, precisamente al explicar otra película de Tomás Gutiérrez Alea, (Las doce sillas) dijera que “Esta obra se hace eco de las primeras medidas llevadas a cabo por los revolucionarios como las expropiaciones y sus consecuencias que cristalizaron en el éxodo masivo de amplios sectores de la oligarquía y burguesía cubanas a Miami que, desde aquella época y siempre, se les apodó de gusanos para significar su esencia corrupta y servil” (Pérez Murillo.617).

Pero con tal epíteto no se buscaba únicamente significar la “esencia corrupta y servil” de los así llamados “gusanos” sino también justificar su exterminio. Elías Canetti explica en su famoso libro Masa y poder que con la animalización del contrario el “detentador del poder además que degrada a los hombres hasta convertirlos en animales […] degrada a nivel de alimaña todo lo que no es apropiado para ser dominado, y finalmente lo extermina por millones” (Canetti.382). No sorprende que en un discurso Fidel Castro admita que “a los que no podamos convencer ni persuadir ni neutralizar, a los que nos combatan, a los que nos hagan la guerra sencillamente [deberemos] hacerles la guerra […] a los contrarrevolucionarios activos, como parásitos que son […] como gusanos que son […] como servidores del imperialismo que son [debemos] exterminarlos” (Castro.13 de marzo,1961).

No fue “gusanos” la única designación utilizada por el castrismo contra sus adversarios. Otra que ha tenido empleo extenso es la de “mercenario”, asociada desde 1961 a los miembros de la brigada 2506 derrotada en Playa Girón. Incluso antes que desembarcaran a lo largo de la bahía de Cochinos ya Fidel Castro había desarmado a los futuros invasores de cualquier objetivo autónomo llamándolos “mercenarios”. En un discurso del 4 de marzo de 1961, cuando todavía faltaba más de un mes para la proyectada invasión Castro repite 21 veces el vocablo. Como para asegurarse que penetrara en el léxico de su sistema de propaganda y a su vez en el de toda la nación. 

Y así fue. De la eficacia del vocablo da cuenta la manera en que se entronizó en el habla coloquial cubana. Al punto que en la conocida canción “Memorias” de un cantautor “contestatario” como Carlos Varela al tiempo que evoca la censura contra “los discos de los Beatles” añade, con aire alegre que “cambiamos mercenarios por compotas/ cuando Playa Girón” (Varela). El régimen consideró este término lo suficientemente eficaz como para que entrado el siglo XXI, ante la aparición de una nueva hornada de disidentes, volviera a endilgárselo como si una nueva invasión se tratara. Si esta vez el término no ha calado en el habla popular al menos justifica la insistencia de la prensa oficial en cuestionar las fuentes de financiamiento de los disidentes y presiona a estos a que den explicaciones sobre su financiamiento.

También está el caso de la expresión “bandidos del Escambray”, usada para calificar a las guerrillas rurales que enfrentaban al régimen cubano en los años sesenta. Fue una frase que al mismo tiempo cuestionaba la catadura moral de los rebeldes y reducía a fenómeno local lo que fue —en su momento de mayor actividad— una serie de levantamientos guerrilleros que abarcó todas las provincias del país. Aunque Fidel Castro hablara profusamente de “bandas contrarrevolucionarias” curiosamente el término “bandidos” fue poco usado por este para referirse a los que se rebelaban contra su régimen. Pero es obvio que el sistema de propaganda fue instruido al detalle de cómo debía manejarse ante ese fenómeno. De manera que la represión contra estas guerrillas campesinas fue conocida como Lucha Contra Bandidos y el esfuerzo por exterminarlas fue oficialmente bautizado como la “Limpia del Escambray”. Tal manipulación lingüística ha sido lo bastante exitosa como para que rara vez se use el término “guerrillas” para referirse a esta forma de resistencia ni siquiera entre los historiadores del exilio. En su afán de exterminarlos el régimen estaba consciente que el cerco y el aislamiento físico al que sometió a estos combatientes no estaría completo sin el correspondiente acoso lingüístico.

La imaginación mostrada por el régimen castrista para destruir a sus contrarios ha sido demasiado profusa para no pretender siquiera resumirla en esta ponencia. Sin embargo, no quisiera cerrar este recuento sin referirme a otro epíteto que marcó época en la Historia cubana. Me refiero a “escoria”. Su uso se circunscribe especialmente al año 1980 y a los sucesos que desembocaron en la crisis de la embajada del Perú en el que casi 11 mil personas buscaron refugio en la sede diplomática peruana en La Habana y al posterior éxodo por el puerto del Mariel de más de 125 mil cubanos hacia los Estados Unidos. Una palabra hasta entonces extraña al habla cubana aparecía indisociable de aquellos sucesos. 
 No fue Fidel Castro el primero en pronunciarla. Al menos no en sus discursos. La menciona el 1ro de mayo de ese año cuando la crisis llevaba un mes de iniciada y ya era el término oficial usado por la prensa para aludir a los que intentaban escapar. En esta ocasión, al parecer, el régimen prefirió que dicha palabra pareciera surgir del propio pueblo, un clamor popular que era en realidad el muñeco del ventrílocuo. Hasta donde he podido investigar la primera mención que aparece en el órgano oficial del partido Comunista de Cuba, el diario Granma, es el 7 de abril, a una semana exacta de la entrada en la embajada de los primeros solicitantes de asilo en un editorial titulado “La posición de Cuba”. El objetivo de este es presentar a los refugiados como antisociales (haciendo énfasis especialmente en la condición homosexual de “no pocos de ellos”), seres que no merecían ser protegidos por ninguna ley de asilo político. Dice el editorial:

Como dijo Fidel en la clausura del último Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas, la histórica empresa de hacer una revolución y construir el socialismo es absolutamente voluntaria y libre. Aunque en nuestro país no se persigue ni hostiga a los homosexuales, entre los que se alojaron en el patio de la embajada peruana había no pocos de ellos, amén de aficionados al juego y a las drogas que no encuentran aquí fácil oportunidad para sus vicios (“La posición de Cuba”)

Luego el editorial exhibe sus dotes telepáticas: “Nuestro pueblo trabajador piensa unánimemente: “¡Que se vayan los vagos! ¡Que se vayan los antisociales! ¡Que se vayan los lumpens! ¡Que se vayan los delincuentes! ¡Que se vaya la escoria!” (“La posición de Cuba”). Difícil suponer que tal palabra apareciera espontáneamente en boca del pueblo. Sobre todo si se piensa que este ya disponía de otros términos como el de “gusano” que también se usó profusamente en aquellos días. Pero el régimen tenía buenas razones para poner a circular otro apelativo. Si se atiende a la lógica con la que se presentó la palabra “gusano” su recuperación dos décadas resultaba embarazosa para el régimen. ¿Acaso los gusanos no anidaban en la podredumbre? Llamarles gusanos en 1980 equivalía a reconocer que la llamada revolución producía su propia putrefacción. De ahí que el término “escoria” pareciera más apropiado. El residuo que sobrenada en los hornos al fundir los metales parecerá demasiado rebuscado como invención popular pero conveniente para presentar a los refugiados como el deshecho de la forja de una nueva sociedad. Esa era la imagen que trataba de ofrecer de sí mismo un régimen que quería convertir la fuga masiva de sus ciudadanos en expulsión de desechos. No por gusto un artículo que publicara en aquellos días el entonces viceministro de relaciones exteriores cubano Ricardo Alarcón se titulaba “El acero y la escoria” (Alarcón). 

“Escoria” fue el epíteto obligatorio para definir a aquellos que escaparon en el ochenta. Tanto como para que en la prensa cubana aparecieran titulares como este: “Declara Alto Comisionado de ONU que la escoria que ha ido a EEUU no son refugiados porque no son perseguidos políticos” (Armendariz.6). Todavía hoy se asocia automáticamente aquel éxodo a la palabra “escoria”. El escritor Juan Abreu, miembro insigne de aquella generación, recuerda cómo en Barcelona, al mencionar el año de su partida un joven recién salido de Cuba le comentó: “Así que tú eras parte de la escoria”. Abreu aclara que “la palabra fue pronunciada a la ligera, sin intención peyorativa. Todo lo contrario, sonó como una burla a la forma en que el régimen cubano calificó a los ‘marielitos’” (Abreu.10). Y sin embargo Abreu no deja de traslucir una incomodidad que resuelve invocando a algunos —hoy muertos ilustres— que en aquellos días llamaban “escoria”. En primer lugar a Reinaldo Arenas “esa escoria cubana” de quien Abreu se precia de “haber sido amigo”. Arenas le basta a Abreu para reconciliarlo con su “país, que lo dio a él, en una época llena de cobardes, delatores, oportunistas y canallas” (11). Y Abreu también piensa en otros escritores como Roberto Valero, Guillermo Rosales o en el artista Carlos Alfonzo. Y al invocar aquella noche a sus muertos Abreu confiesa: “Volví a ser lo que más soy, un marielito, una escoria. Es decir, una forma de ser transgresor, marginal, según lo veo. Un hombre orgulloso de venir de donde viene. Alguien feliz de haber nacido en el mismo lugar que estos amigos que acabo de recordar. De esta gente que sabía que uno no puede venderse en lo fundamental, ni claudicar en lo fundamental. Yo no creo en Dios y, sin embargo, alzo los ojos a este cielo pastoso e imploro por ellos, con humildad llena de vida y de peligro: “Por favor, no olvides a la escoria” (14).   

No estoy seguro que la manera más recomendable de lidiar con la lengua del castrismo, una lengua creada para controlar nuestras emociones y pensamientos, sea la de Abreu: esa prestidigitación con que convierte un insulto en motivo de orgullo. Después de todo Abreu es un poeta, condición que casi ninguno de nosotros comparte. Y no lo digo porque Abreu literalmente escriba poesía sino por la especial atención y uso que hace del vocabulario heredado. Pero podríamos imitarlo al menos en esa atención e intención máximas con que hace uso de una lengua que fue creada para dominarnos.



Bibliografía

Alarcón de Quesada, Ricardo. “El acero y la escoria”. Granma, 13 de mayo, 1980, p. 6.

Armendariz, Jorge. “Declara Alto Comisionado de ONU que la escoria que ha ido a EEUU no son refugiados porque no son perseguidos políticos”. Granma, 17 de junio, 1980, p. 6.

“La posicion de Cuba”. (Editorial). Granma, 7 de abril, 1980, p.1.

Castro. Fidel. “Discurso pronunciado en el desfile efectuado en la Plaza Cívica, el 2 de enero de 1961”. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1961/esp/f020161e.html

---------------. “Discurso pronunciado en el acto de recordación  a los Mártires del Asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957, celebrado en la Escalinata de la Universidad de La Habana, el 13 de marzo de 1961”.http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1961/esp/f130361e.html

Gessen, Masha. El futuro es historia. Rusia y el regreso del totalitarismo. Madrid: Turner Publicaciones SL, 2018.

Hitler, Adolf. Mi lucha. file:///C:/Users/enris/Downloads/Adolf%20Hitler-Mi%20Lucha(1).pdf

Klamperer, Victor. La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo. Barcelona: Editorial Minúscula, 2012.

Perez Murillo, María Dolores. La Revolución Cubana filmada por Tomás Gutiérrez Alea. https://e-archivo.uc3m.es/bitstream/handle/10016/24789/Revolucion_Perez_CIHC_2017.pdf

Smith, David Livingstone. Less than human : why we demean, enslave, and exterminate others. New York: St Martin Press, 2011.

Varela, Carlos. https://www.letras.com/carlos-varela/1266095/