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Wednesday, March 15, 2017

Tammany Hall

Edificio de Tammany Hall en la calle 14
Por Enrique Del Risco

Tammany Hall, más que la sede de una sociedad afín al Partido Demócrata fue, en la corrupta política neoyorquina del siglo XIX  y principios del XX, sinónimo de tráfico de influencias y clientelismo político. La Tammany Society, fundada en 1786 y consolidada tres años más tarde, tuvo varias sedes antes de poner la primera piedra de un nuevo edificio el 14 de julio de 1867 en el 141 East 14th Street, entre la tercera y la cuarta avenidas. “Mucho puede Tammany Hall entre los electores de New York, y muy bien organizados los tiene” comentaba Martí en uno de los varios artículos que le dedicara a dicha sociedad. Desde las varias sedes que tuvo la Tammany Society controló la vida política de la ciudad durante casi un siglo y en cierta medida, la del país. Según Martí Tammany Hall “disponía del voto de la ciudad que es más importante que el del resto del Estado” e “imponía sus candidatos al partido” por lo que no podía “haber ahora Presidente sin el voto de New York” ni “podía aparecer candidato democrático a la Presidencia a menos que no consintiese de antemano en servir los intereses de Tammany Hall”. No le salía gratis ese poder sino provenía de una metódica negociación con sus caciques electorales y sus votantes: de “los candidatos que sacaba electos, sabíase ya que entraban a sus oficios públicos obligados a repartir puestos y ganancias con los miembros de la asociación: de estos empleos mayores obtenía los menores con que tenía sujetos a los votantes” explica el cubano.
En otro sitio añade Martí: “Es sencilla, curiosa esta máquina de Tammany. Todos trabajan para encumbrar a uno, pero éste reparte luego entre todos las ganancias del encumbramiento”. Para tener una idea de hasta donde llegaba la corrupción promovida desde Tammany Hall piénsese en el caso de la construcción de la sede del tribunal del condado de Nueva York. Empezó a construirse en 1861 y costó el doble de la compra de Alaska al gobierno ruso seis años más tarde. Y la causa del costo de construcción tan desorbitado radicó en parte en los salarios absurdos que se pagaron para justificar el desvío de fondos. Por ejemplo, a un carpintero le pagaron el equivalente a $4.9 millones de dólares actuales por un mes de trabajo y un yesista recibió $1.82 millones por apenas dos días de labor.
Por otra parte Tammany Hall permitió la incorporación a la vida política de la ciudad a generaciones de inmigrantes, fundamentalmente irlandeses. A los asociados al Tammany Hall el futuro Apóstol de la independencia cubana los describía así: 
“espaldudos, ventrudos, carnazas, de sombrero de pelo, con la mano en el chaleco público, el palillo entre los dientes, las mozas en mantón, y la nuca de tres buches, fofa y rapada. Se sacan a puñados los billetes, y son vanos y topos, sin más arte que el que les viene de conocer la desvergüenza por ser de ella, y buscarles el precio a los pícaros a la hora del voto”.
Recorte del New York Herald
En su local del 141 East 14th Street sus salones eran alquilados para diferentes eventos y entre ellos figuraron varios organizados por la comunidad exiliada cubana de la ciudad. El propio Martí fue orador principal de una de ellas, la del 10 de octubre de 1884, en el décimo sexto aniversario del inicio de la guerra de independencia cubana. Fecha principal del calendario de los exiliados cubanos, ese año el evento tuvo una significación especial. Luego de varios años de paz se hacían nuevos preparativos para librar a la isla del dominio español en lo que se conocería como Plan Gómez –Maceo. Dicho plan agitó a la emigración cubana por los siguientes dos años antes de ser abandonado por falta de recursos. Esa noche se aprovechó el evento patriótico para dar la bienvenida a los dos principales generales del Ejército Libertador: el dominicano Máximo Gómez y Antonio Maceo, quienes habían llegado a la ciudad nueve días antes, el 1ro de octubre. El acto fue presidido por Juan Arnao, veterano de las conspiraciones y expediciones anexionistas de Narciso López 35 años antes y de la guerra independentista de 1868. El orador principal fue el propio José Martí quien se perfilaba como figura civil del plan insurreccional. Fue “un discurso muy elocuente” al decir del periodista Enrique Trujillo y "florido y elocuente" según el New York Herald, pero del que lamentablemente no quedan transcripciones.
En aquellos meses se hallaba en Nueva York Antonio Zambrana quien fuera representante de la Asamblea de Guámaro en 1869 y redactor, junto a Ignacio Agramonte, de la primera constitución de la República en Armas. Radicado en Costa Rica desde 1876 había alcanzado allí gran prestigio como profesor, jurista y diplomático y fue representante de este país ante el gobierno de Nicaragua. Según su biógrafo costarricense Armando Vargas Araya “Concluido su encargo diplomático, Zambrana viajó a la Unión Americana a título de comisionado del gobierno de Nicaragua”. Allí se había encontrado en junio con Martí “en la casa neoyorquina del patriota para tratar la situación de la Isla” y participó al mes siguiente en la celebración del centenario del natalicio del libertador venezolano Simón Bolívar. Desde las páginas de la revista La América, que dirigía por entonces Martí, este lo presentó como tribuno “de nombre ilustre que él aún enaltece”. Aunque para entonces según su biógrafo Zambrana era “un reformista confeso” al encontrarse con el nuevo proyecto independentista se dejó atraer por la “tentación insurreccional”. Entonces “creyó entrever la posibilidad de asumir la conducción política del Plan Gómez-Maceo”, puesto al que se creía destinado en aquel entonces el propio Martí. De ahí que aquella reunión patriótica estuviera, pese al fervor de los concurrentes, cargada de tensiones que estallarían poco después.
Antonio Zambrana
El periodista Enrique Trujillo describió así aquella reunión en el Tammany Hall:
El 10 de Octubre de ese año se celebró el aniversario de la Revolución de Yara con un gran meeting en Tammany Hall. Después del Zanjón no se había visto fiesta política más concurrida ni más entusiasta. Se envió una comisión á buscar á Gómez para que fuera al salón y otra á Zambrana excitándole á que hablase. Gómez asistió, pero Zambrana se negó á complacer al pueblo.
Apenas ocho días después de este acto estalló la crisis. En una visita de Martí al Hotel Griffou donde se alojaban los generales Gómez y Maceo ocurre un desencuentro entre estos y Martí se retira indignado. Un par de días más tarde, el 20 de octubre le escribiría a Gómez la famosa carta en que rompe con el proyecto insurreccional diciéndole: "Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento". Dicha carta, según escribiría el propio Gómez, "antes de enviarla a mi residencia" Martí "la dio a leer a Antonio Zambrana, Leandro Rodríguez y otros".
Existe otro incidente asociado con el Tammany Hall y los cubanos que, aunque reproducido en multitud de sitios, incluida la edición de las obras completas de Martí, debe ser tomado con extrema reserva. Es el que refiere 48 años más tarde el capitán del Ejército Libertador Alberto Plochet. El cuidado con que debe ser tomado este testimonio se deriva de tres razones: la muy tardía aparición del testimonio, en época en que ya no podía contrastarse con otros testigos del supuesto evento; ciertos errores e inconsistencias del mismo (como la propia fecha en que ubica los hechos, 1885 que de acuerdo a los personajes envueltos solo podría haber ocurrido un año antes); y la ausencia de cualquier otro documento, testimonio o noticia periodística que corrobore que una reunión posterior a la que acabamos de mencionar siquiera ocurrió. Que ni siquiera el periodista Enrique Trujillo mencionara tal reunión en sus detallados "Apuntes históricos. Propaganda y movimientos revolucionarios cubanos en los Estados Unidos desde enero de 1880 hasta febrero de 1895" publicado en 1896 es razón suficiente para cuestionar que una segunda reunión tuvo lugar ese año en Tammany Hall.
De acuerdo al testimonio de Plochet, en dicha reunión que se celebró ("en un día otoñal del año 1885" dice Plochet, "a mediados de noviembre" de acuerdo con el biógrafo de Zambrana) en el propio Tammany Hall Antonio Zambrana aprovechó la oportunidad para atacar a Martí.  De acuerdo con Plochet, que a la sazón contaba con quince años, (o 14, si se tiene en cuenta el error de fecha), esa misma mañana “había salido de la casa de Madame Griffou” con Gómez, Maceo y Flor Crombet “para visitar en la redacción del periódico The Sun, a su editor propietario Charles A. Dana, con el fin de alquilar los salones de Tammany Hall, para celebrar por la noche una junta magna patriótica”. (Se puede objetar que tenía poca lógica arreglar el asunto en el periódico en lugar de las oficinas de Tammany Hall, mucho más cercanas al hotel donde residían los jefes mambises. No obstante también pueden tenerse en cuenta las buenas relaciones que tenía el dueño del periódico tanto con el independentismo cubano y con la directiva de Tammany Hall, a quien le había comprado el local donde se ubicaba entonces su periódico). Allí, en la sede de The Sun los generales se encontraron con Martí y a pesar de su abrupto distanciamiento cuenta Plochet que “ Martí y los tres jefes se abrazaron con desbordante efusión y cariño”.
No obstante esa noche, durante el acto celebrado nuevamente en el Tammany Hall, tuvo lugar un el incidente que, según Plochet, le revelaría el carácter de Martí. “Presidía el meeting Máximo Gómez, ocupando asientos a su alrededor Antonio Maceo, Flor Crombet y los demás jefes y oficiales que los acompañaban” cuenta Plochet añadiendo que “había un público desbordante, de todas partes habían acudido los cubanos para conocer a los jefes mambises y para contribuir con su óbolo”. (Aquí también podría cuestionarse la presencia de ese "público desbordante" en una reunión concertada apenas unas horas antes). En el relato de Plochet, Antonio Zambrana, al hacer uso de la palabra y aludiendo el retraimiento de Martí ante el Plan Gómez-Maceo, “fustigó implacablemente a su actitud pasiva, calificándolo de pusilánime, y llegando al extremo de decir, ‘que los cubanos que no secundaban ese movimiento debían usar sayas’”. Plochet relata:
"Martí estaba parado junto a la entrada del gran salón, y cuando se oyó aludido se encaminó precipitadamente hacia el escenario. […] Los pasillos estaban llenos de gente, así es que Martí tuvo que empujar y apretujar a los que le estorbaban el paso para llegar al escenario. […] Lo que salió de aquel rincón, fue un bólido. Martí llevaba su bombín (derby) agarrado con ambas manos y apoyado sobre el pecho, y se abrió camino como un proyectil lanzado por una catapulta. […] Cuando subió al escenario le dijo a Máximo Gómez, interrumpiendo al orador, que había sido aludido y que quería hablar. Flor Crombet se levantó y le brindó su asiento, mientras Máximo Gómez le decía, que esperara a que terminase de hablar ‘el cubano que estaba en el uso de la palabra’. Y habló Martí, y ni aun cuando le decía a Antonio Zambrana, vuelto hacia él mirándolo cara a cara, que "era tan hombre que apenas si cabía en los calzones que usaba; y eso lo pruebo yo aquí y donde quiera"
Como me comenta el historiador Jorge Ignacio Domínguez "no me imagino a Martí diciendo tales cosas delante de mujeres", siempre presentes en los eventos patrióticos cubanos. Pero si nos pareciera cuestionable el relato entonces deberíamos reconocer la imaginación narrativa de Plochet quien agrega esta otra anécdota.
Gómez y Martí en 1894
"Sucede que un tabaquero, cuyo nombre no recuerdo, había iniciado la colecta de prendas y dinero en una bandeja grande que había cogido del bar del salón, y cuando llegó a donde estaban sentados Antonio Maceo, Flor Crombet y demás jefes y oficiales, estos se despojaron de cuanta prenda y dinero llevaban encima y las echaron en la bandeja que ya estaba colmada; le tocó el turno a Máximo Gómez, y éste dijo: "Yo no tengo encima más que cobre y hueso, pero no quiero salir abotonado de aquí". La bandeja llegó frente a Martí, que estaba sentado junto a Máximo Gómez, y yo, que iba ayudando a ese tabaquero, noté que Martí se había levantado como para abrazar a Máximo Gómez, pero la bandeja le estorbó en su intención, se quedó parado […] y mirando a Gómez y a Maceo, murmuró: 'Yo tampoco puedo salir de aquí abotonado, cuando Gómez y Maceo salen desabotonados'".
Sea o no cierto el relato de Plochet el biógrafo de Zambrana cuenta que semanas después, a fines de ese mismo año Antonio Zambrana viajaría a México “comisionado por Gómez quien le encargó unas armas que Maceo recogería en Veracruz”. Sin embargo con los meses Zambrana se fue desentendiendo del encargo hasta que “decidió abandonar la revolución del todo e incorporarse al Partido Autonomista que aspiraba a mantener la soberanía española sobre la Isla, con un gobierno autónomo a la manera de Inglaterra con Canadá”.
Por su parte Martí en los próximos dos años se retraería de participar de toda actividad política en los dos años siguientes (a excepción de un encuentro con la inmigración que convocó en julio de 1885 en Clarendon Hall para hacer frente a insistentes rumores sobre las causas de su retraimiento). Así hasta el 10 de octubre de 1887 cuando pronunciaría un discurso durante la conmemoración de un nuevo aniversario del Grito de Yara y que marcaría su regreso a las labores patrióticas. Y todavía tardaría un lustro para que Martí y Gómez acordaran participar juntos en los preparativos de la última contienda independentista.
La sede de Tammany Hall fue se mantuvo en dicho edificio hasta 1927 en que fue vendido para que en su lugar fuera construido el Consolidated Edison Building.

Consolidated Edison Building


Dicho edificio a su vez fue declarado National Historic Landmark en el 2009. En 1929 el nuevo Tammany Hall se inauguraría no lejos de ahí, en la esquina de East 17th Street con Union Square East en un edificio que se conserva hasta hoy y que ha sido designado hito histórico por la ciudad. No obstante el poder de que gozó la maquinaria política que lo albergaba fue declinando hasta que la propia Tammany Society desapareció a mediados de la década del sesenta.   
Ultima sede de Tammany Hall


Post Data: Una revisión del diario del general Máximo Gómez parece reducir el tantas veces reproducido relato de Alberto Plochet a pura invención. Y no sólo porque no hace la más leve mención al episodio (tampoco lo hace de la reunión contrastada con la prensa del 10 de octubre de 1884). Según el diario, con posterioridad a la ruptura con Martí, Máximo Gómez parte de Nueva York con dirección a Nueva Orleans el 29 de octubre y no regresa hasta el 12 de diciembre de ese mismo año para encontrarse con una situación desesperada.
Día 12, llegamos a New York. Los comisionados de París [Flor Crombet y Eusebio Hernández]no han sacado nada positivo pues tuvieron la fatalidad de no alcanzar allí al General Gregorio Luperón, que era mi principal esperanza. No tengo pues dinero ni aún para pagar el hospedaje; ya nos hemos reunido varios. Ocurro [¿recurro?] a los cubanos, i ni uno sólo atiende a mi reclamo — todos nos han dado la espalda. Hasta los que antes parecían más, dispuestos. Nos vemos en la triste necesidad de empeñar nuestras prendas — la situación que se presenta es triste i difícil. El trato de España con los Estados Unidos ha borrado un poco el entusiasmo que había en los cubanos.— Es un pueblo triste. Sin embargo yo no desmayo —tengo algo de esperanzas. No está por eso perdida la causa. Con miles apuros i compromisos personales — por fin logro despachar al General Crombet a Panamá a levantar el espíritu allí i al Doctor Hernández a Cayo Hueso con el mismo fin. Yo regreso con Rodríguez a New Orleans.
Si a eso se añade que Crombet había partido hacia París el 23 de octubre, Maceo a México en esas mismas fechas (de donde regresa en enero a Nueva Orleans para encontrarse con Gómez) y Zambrana para México a finales de año prácticamente no hay momento en que todos los personajes implicados en la escena descrita por Plochet coincidan en Nueva York “un día otoñal” de 1884. (Tampoco de 1885 porque ya para esas fechas Máximo Gómez se encontraba en Santo Domingo, Martí se había retirado temporalmente de la vida política del exilio y Zambrana renunciado a sus planes insurreccionales). Existe apenas una estrechísima brecha de tiempo en la que coinciden en Nueva York todos los elementos que menciona Plochet: el distanciamiento entre Gómez y Martí y los personajes que menciona su historia: esta va desde la recepción de la carta de Martí, escrita el 20 de octubre, a la partida de Crombet el 23. Pero para que esto fuera posible en esos tres días (20, 21 y 22 de octubre) Martí escribiría la carta, se la mostraría a Zambrana, la enviaría a Gómez (20 de octubre) este la leería, decidiría organizar una reunión en Tammany Hall e invitaría a participar en él a Zambrana con la intención abierta de atacar a Martí (21) para al día siguiente (22) y organizar y dar una asamblea llena de salidas de tono y botones arrancados de la que nadie más da noticia. Demasiadas exigencias para la credulidad de cualquiera. De manera que el relato tantas veces repetido del enfrentamiento entre Zambrana y Martí parece deberse a la exclusiva imaginación de un señor que 48 años después de los supuestos hechos quiso añadir un par de anécdotas más a la ya dilatada mitología martiana.

Wednesday, February 1, 2017

Chickering Hall: un templo cubano

Por Enrique Del Risco

En la segunda mitad del siglo XIX la emigración cubana en Nueva solía celebrar sus eventos más importantes en salones de alquiler. A falta de una sede social fija como el club San Carlos de Cayo Hueso o los varios clubes y fábricas de Tampa el uso de locales alquilados o prestados por otras instituciones resultaba bastante más conveniente. Según el historiador Enrique López Mesa a partir del estallido de la guerra de independencia de 1895 “donde se celebró la mayor parte y los más importantes meetings políticos de este período fue en el Chickering Hall (5ª. Ave. y Calle 18)”.
Chickering Hall en 1888


Dicho edificio fue hecho construir por la compañía de fabricantes de pianos Chickering &Sons. Con esto seguía el ejemplo de la competencia, la famosa empresa de fabricantes de pianos Steinway que en 1864 había estrenado en 71–73 East 14th Street una imponente construcción llamada Steinway Hall. En dicho edificio podían exhibirse hasta un centenar de pianos para la venta a lo que se añadió dos años después una sala de conciertos. A pesar de sus deseos de imitar a sus competidores no fue hasta el 15 de noviembre de 1875 que Frank Chickering, dueño de Chickering & Sons, consiguió estrenar su propio Chickering Hall.

Y lo hizo con un concierto del afamado y exigente pianista alemán Hans von Bulow. Por aprovechar la oportunidad única de que el famoso pianista iniciara su gira norteamericana con un piano Chickering en el auditorio de la compañía el concierto se celebró antes de finalizar la decoración interior del edificio. El edificio, construido en mármol y piedra roja conocida como brownstone, tenía cuatro plantas. Había sido diseñado por el arquitecto Robert B. Post y su auditorio, que ocupaba las plantas segunda y tercera tenía capacidad para mil quinientos espectadores.

Un hito en la historia de la sala fue la presentación del escritor Oscar Wilde el 9 de enero de 1882 quien dio inicio a su gira por los Estados Unidos con una conferencia a lleno completo sobre el renacimiento inglés. Entre los asistentes se encontraba el joven periodista de todavía 28 años José Martí quien escribió una hoy conocida reseña del evento que incluía esta descripción del auditorio:
“Es en Chickering Hall, casa de anchos salones, donde en Nueva York acude el público a oír lecturas. Es la casa de los lectores aristocráticos que ya gozan de fama y de fortuna para llamar desahogadamente a ella. En esas salas se combate y defiende el dogma cristiano, se está a lo viejo y se predica lo nuevo. Explican los viajeros sus viajes, acompañados de vistas panorámicas y dibujos en una gran pizarra. Estudia un crítico a un poeta. Diserta una dama sobre la conveniencia o inconveniencia de estos o aquellos trajes. Desenvuelve un filósofo las leyes de la filología. […] La sala está llena de suntuosas damas y de selectos caballeros. […] Los carruajes se agolpan a las puertas anchas de la solemne casa de las lecturas. Tal dama lleva un lirio, que es símbolo de los reformistas. Todas han hecho gala de elegancia y riqueza en el vestir. Como los estetas, que son en Inglaterra los renovadores del arte, quieren que sean siempre armónicos los colores que se junten en la ornamentación o en los vestidos, el escenario es simple y nítido”
En otras ocasiones Martí asistió a conferencias de alguno de los pensadores más "independientes, elocuentes o celebrados" del país o del famoso humorista Mark Twain que "ha sacado sus libros ya célebres del pecho mismo de los hombres". O describe el espectáculo en que podía llegar a convertirse una subasta de cuadros:
"Todo el señorío de Nueva York, para comprar o curiosear, espera pacientemente a que abran las puertas dei salón de Chickering. [...] Son las ocho. La sala está llena. Los catálogos, empastados de rojo, brillan entre los vestidos negros del concurso como manchas de sangre. Un cintillo de luces de gas da sobre el escenario, en cuyo fondo aguardan los cuadros su fortuna, ocultos tras las cortinas encarnadas. Ábrense las cortinas. El remate empieza"
Sin embargo, de los catorce discursos que se conservan de Martí ninguno de ellos fue pronunciado en Chickering Hall. En cambio sí hay constancia de que después de su muerte se celebraron varios homenajes en su memoria y al menos un par de ellos fueron presididos por la oratoria famosa de Manuel Sanguily: el pronunciado el 10 de octubre de 1895 y que llevaba por título “Céspedes y Martí” y el de la conmemoración del primer aniversario de la muerte del apóstol cubano el 19 de mayo de 1896.

En la revista Cuba y América editada en Nueva York por el destacado intelectual cubano Raimundo Cabrera se resumía en junio de 1898 la importancia de dicha institución para el exilio cubano:
“Chickering Hall; he ahí un nombre que recordarán siempre con amor todos los emigrados cubanos.
Sus localidades, innumerables veces, desde el comienzo de la Revolución, han sido ocupadas por ese público entusiasta en cuyos pechos vibran, enardecidos, los sentimientos de libertad y de odio contra los opresores de la patria. Oradores elocuentísimos han esparcido en su recinto ecos mágicos y sentidas y arrebatadoras imágenes.[…]
¡Cuántas veces el viajero de Cuba, ansioso por desahogar sus sentimientos en una pública asamblea ha acudido allí para acudir frenético sus palmas y llevar después a Cuba, a aquella atmósfera de opresión, el recuerdo indeleble que grabara en su memoria el magno espectáculo de esas manifestaciones libres y expansivas de los colonos en el seno de una nación hospitalaria!
Hoy, cuando los ensueños de ese pueblo heroico se ven al fin realizados, ¿de cuántos deseos, de cuántas esperanzas no son mudos testigos las molduras y adornos labrados del liceo que bien pudiéramos llamar, el Templo Cubano, y que quedará en Nueva York como memorial augusto de nuestras luchas angustiosas por la redención de la patria?
Si bien el edificio del Chickering Hall quedaba como testigo de tantos deseos y esperanzas patrióticas no lo fue por mucho tiempo. En 1901, al vencerse el contrato de arrendamiento sobre el terreno hecho por Chickering & Sons un cuarto de siglo atrás, el edificio fue vendido a una compañía de bienes raíces. Esta lo hizo demoler y en su lugar se construyó un edificio comercial de 11 plantas de ladrillo y piedra caliza que se conserva hasta hoy.
El Edifico poco antes de ser derribado

Imagen actual del sitio. Foto del autor. (Nótese que el edificio que se encuentra al lado derecho es el mismo que aparece junto al edificio original en la imagen anterior)



Thursday, January 5, 2017

Las Cuatro Estaciones del Centro Cultural Cubano de Nueva York (Final)

Por Iván Acosta
TERCERA ESTACION
En agosto de 1994, por iniciativa del difunto y muy querido amigo José “Pepe” Prince, Marcelino Miyares y un servidor, nos reunimos informalmente en casa de la Dra. Elva Collazo en el Village. Entre los invitados se encontraban, Omar Torres, Pablo Carreño, Mirta Gómez, Ada de Cárdenas y Maria Teresa Serrano. Esa noche luego de disfrutar de un recital privado por la pianista Mirta Gómez, se acordó reorganizar de nuevo el Centro Cultural Cubano de Nueva York. Una vez más, comenzamos a llamar a amigos artístas, académicos, intelectuales, profesionales y personas interesadas en preservar y exponer el rico legado cultural cubano en el exilio.
Por espacio de tres años se estuvieron celebrando reuniones y tertulias en los estudios de televisión, Times Square Studios en Broadway y la calle 42, presididos por Marcelino Miyares. En esos estudios, TSS, se celebraban conferencias, recitales, presentaciones de libros y proyecciones de películas cubanas. Se acordó no usar todavía el nombre del Centro Cultural Cubano de Nueva York, hasta que éste estuviese reorganizado y reincorporado.
Nos pusimos en contacto con el profesor Dr. Julio Hernández Miyares, CPS. Phillips Martínez, Prof. Perla Rozencvaig, Iraida Iturralde, ING. Paul Echániz, Mariano Ross, Vicente Echerri, Luis Alberto Soto, Luis Cruz Azaceta, Sergio Garcia Marrúz, Omar Torres, Dario Acosta, Beatriz Hernandez, Eduardo Lolo, Joseph Gil Berlinches, Lourdes Gil, Luis Alberto Soto, Wilfredo Angueira Zagal, Jorge Moya, Jorge Gómez, Armando Alvarez, Ivonne Conde, Julio Alvarez Machirán, Maria A. Perez, Ana Maria Alvarez, Rafael Bordao, Manolo Garcia Oliva, Rene Bush, Ana Margarita Martinez Casado, Mario Perez Peña, Andrés Hernández, Carlos Espasande, Maritza Maseda, Julia Alemán, Jorge Domínguez, la abogada y consejera legal, Maritza Bolaños y otros compatriotas amigos y colegas.
Las poetas Louerdes Gil, Iraida Iturralde, Maya Islas, Magaly Alabau y Alina Galliano
Luego de varias reuniones en distintas casas, Jose “Pepe” Prince, convocó a una asamblea general que se realizó en el Centro Católico de Nueva York. Asistieron unas 100 personas. Se prosiguió a formar un comité de abogados miembros de El Centro, para redactar los nuevos estatutos.
El VI Congreso del CCCNY estuvo dedicado a la juventud cubana en Estados Unidos
Sostuvimos reuniones en el hogar de la Dra. Rosario Rexach, en el hogar de la Dra. Elva Collazo y en mi apartamento en el Manhattan Plaza. Así se acordó nombrar una Comisión ad hoc encargada de hacer los tramites legales hasta la convocatoria de nuevas elecciones.
A mediados del 1997 en los salones de Bloomberg Communications, en Park Avenue, bajo la supervisión del periodista y escritor Vicente Echerri y Luis Alberto Soto, directores del comité de elecciones del CCCNY, se celebraron las elecciones oficiales para elegir la nueva directiva, la cual quedaría formada en el siguiente orden: Iván Acosta, presidente; Julio Hernández Miyares, primer vicepresidente; Jose Prince, segundo vicepresidente; Iraida Iturralde, secretaria; Omar Torres, tesorero. También se eligieron a 16 miembros que formarían la nueva junta directiva, encargados de coordinar las distintas secciones.

En el Carnegie Hall, el 22 de abril, tuvimos el honor de presentar a la nueva directiva oficial de la reorganización del Centro Cultural Cubano de Nueva York. Esa noche presentamos un concierto clásico con composiciones de Ernesto Lecuona, interpretadas por el pianista, Maestro Marco Rizo. La poetisa y secretaria de la nueva directiva, Iraida Iturralde, abrió la ceremonia presentando al Honorable Alcalde de la Ciudad de Nueva York, Rudolph Giuliani, quien vino en persona a entregarnos la Proclama Oficial de la Ciudad de Nueva York.
Desde su reorganización en 1997 hasta el presente, el Centro Cultural Cubano de Nueva York, ha contado con nuevos miembros muy valiosos de la directiva y con cuatro presidentes electos, en el siguiente orden: Iván Acosta, Iraida Iturralde, Joseph R. Gil-Berlinches y Manuel Castelo.
Gracias a la árdua labor y dedicación de Iraida Iturralde y de las últimas tres directivas con sus respectivas presidencias, su dinámica junta de directores y el extraordinario apoyo de sus miembros, el Centro Cultural Cubano de Nueva York, continua haciendo historia por su singular dedicación, preservando y exponiendo lo mejor del arte y la cultura cubana fuera del archipielago cubano.
Cartel del IX Congreso del CCCNY
A través de sus congresos, conferencias, conciertos, proyecciones cinematograficas, exhibiciones de arte, presentaciones de libros y presentaciones teatrales, el Centro Cultural Cubano de Nueva York, vibra, vive y continúa brillando por su excelencia.
Como lo escribiesen los profesores, Dr. Julio Hernández Miyares y Eduardo Lolo, en el Programa Boletín CCC, que se repartió en aquel histórico concierto de inauguración en el Carnegie Hall:
“El nuevo CCCNY reconoce la labor de su antecesor y, como aquél, se propone la tarea de mantener y desarrollar el legado cultural que recibiéramos de quienes nos precedieron en el exilio desde el siglo anterior”.
Confieso que cuando llamé a mis amigos, Omar Torres y a Luis Cruz Azaceta, aquella noche otoñal de 1972, jamás me hubiese imaginado que 43 años mas tarde estaríamos celebrando otro aniversario del Centro Cultural Cubano de Nueva York.
¡Enhorabuena!
Nota:
(En este breve relato, solamente hemos podido mencionar algunos miembros y algunas de las actividades más sobresalientes durante la Primera y Segunda Estacionesdel Centro Cultural Cubano de Nueva York. Aun queda mucho por contar sobre su presente Tercera Estación.  Es nuestro anhelo que, la Cuarta Estación, se escriba en una Cuba libre, unida y democrática).