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Monday, November 4, 2024

Prólogo al libro de Fernando Lles "La razón individual y el individualismo socialista"


Por Angel Velázquez Callejas

Prólogo

El próximo destino social y político del hombre  está en un sistema que concilie

la razón y el interés del individuo con la razón y el interés plural de la sociedad.

Fernando Lles

Fernando Lles (1883-1949) es un nombre que, aunque injustamente olvidado, merece figurar entre los diez pensadores más influyentes de Cuba. Este "escritor dinamita" fue eliminado del panorama intelectual por sus contemporáneos, quienes probablemente no supieron cómo lidiar con la intensidad de su obra. Sus escritos abarcaban desde versos hasta ensayos filosóficos y de filosofía política, todos impregnados de una profunda influencia nietzscheana. En sus textos, el instinto y la voluntad de poder no eran solo conceptos; eran las herramientas con las que construía sus ideas. Durante más de dos décadas, Lles se dedicó a investigar el individualismo, produciendo tres textos que aún hoy resuenan tanto a nivel local como universal: El individualismo y la relación con las formas políticas de Estado.

Convencido de que los valores del individualismo y la libertad individual no alcanzaban su máxima expresión en el capitalismo, Lles vislumbraba una evolución hacia un individualismo socialista. Este pensamiento, anticomunista en esencia, captó la atención del poeta Gastón Baquero. En un mundo asediado por el fascismo, el militarismo, el totalitarismo y el stalinismo, Lles creía que el capitalismo podría superar sus propias limitaciones y dar paso a un mesianismo pluralista, una sociedad en la que el individualismo no fuera una amenaza, sino un pilar de la convivencia. Nadie como él soñó con lo imposible: una hermenéutica política que reconciliara el individualismo con una sociedad plural y compensatoria.

La interpretación de la politización en autores como Alberto Lamar Schmeyer y Fernando Lles, apenas explorada en el primer tercio del siglo XX, alcanzó una profundidad sin precedentes en la historia de las ideas cubanas. Sin embargo, mencionar que ambos, especialmente Lamar, apoyaron la dictadura de Machado es un tema delicado y escandaloso. Lamar, un machadista a su manera, moldeaba la realidad a su conveniencia y luego adoptaba una pose filosófica, hablando del patriotismo cubano y del destino político que Machado vaticinaba para la Revolución del 30.

 No es que Lamar fuera un pensador irresponsable, pero su ideología, al confrontarse con el tiempo histórico y la crisis del patriotismo, llegó a tocar el fondo del espíritu de la época, diagnosticando, como Baudelaire, el estado mental de la abulia. Su novela La roca de Patmos es un testimonio de este análisis. Lamar veía en el patriotismo no una virtud, sino una fuerza que, alimentada por el aburrimiento, se concretaba bajo la amenaza del nacional-socialismo. Por eso, optó por aliarse con la dictadura de Machado, viendo en el tradicionalismo, en parte colonial y en parte poscolonial, una forma de resistir la creciente influencia de la socialdemocracia.

Lamentablemente, la recuperación de las obras de intelectuales cubanos que abordaron el existencialismo de la pesadez es escasa. Esta carencia ha dejado un vacío en la comprensión de cómo se formaron las masas y sus actitudes colectivas. Mientras que en el siglo XIX se podía hablar de una "deformidad dantesca", en el siglo XX y lo que va del XXI, el escenario ha mutado hacia un "esperpento de masas". Postergaré para otra ocasión un estudio integral de la obra de Lles, para centrarme en el análisis de sus ideas sobre el individuo, el individualismo y el Estado.

Entre las décadas de 1920 y 1930, Lles publicó tres ensayos donde examinó la relación del individualismo con las nuevas formas políticas emergentes, tanto en el Estado capitalista como en el socialista. Estas reflexiones fueron influenciadas por Nietzsche, especialmente en lo relativo al instinto, la moral y la voluntad de poder. Un ejemplo de ello es el debate que sostuvo en 1926 con su amigo Medardo Vitier sobre la viabilidad del socialismo. En esta introducción, me propongo contextualizar dos aspectos clave del pensamiento de Lles, apenas explorados por la crítica republicana y prácticamente ignorados por los humanistas marxistas posteriores a 1959: su crítica a la razón individual y su teoría del individualismo socialista.

Para comprender esta parte de la obra de Lles, sería necesario revisar su filosofía, profundamente influenciada por el pensamiento griego antiguo. Sin embargo, ese no es el objetivo aquí. Lo que nos interesa es el análisis de un hombre autodidacta, cuya amplia y plural lectura lo convirtió en un liberal anticomunista. Su creencia en que la sociedad debía avanzar hacia un individualismo socialista lo sitúa en una tradición de liberalidad que se distancia del conservadurismo liberal tradicional. Lles mismo lo dejó claro:

"Son viejos liberales los que conocen, en efecto, que es intangible, que es sagrado todo cuanto corresponde al derecho constitucional de un pueblo. Reformar esa ley básica de otro modo que no sea precisamente y lealmente por el que en esa misma ley se establece, constituye un peligro de total derrumbamiento de las libertades públicas, porque los derechos ciudadanos no tienen otro resguardo ni otra garantía que los que se le reconocen a una nación en la fuerza obligatoria de su Carta fundamental".

No resulta difícil comprender el concepto de individualismo socialista si lo abordamos desde la perspectiva de las estructuras sociales fragmentadas. Poco antes de su muerte, Gastón Baquero manifestó su interés en profundizar en la figura de Fernando Lles, un poeta, filósofo y ensayista relegado al olvido dentro de la tradición intelectual cubana. En una entrevista de 1997, concedida a Laura Ruiz Monte, Baquero comentó: "Estoy trabajando en un estudio sobre alguien a quien ustedes los matanceros han olvidado. Estoy escribiendo sobre Fernando Lles".

Baquero centraba su atención en develar la visión política e intelectual de Lles, autor del libro Individualismo, socialismo y comunismo: los problemas de la conciencia, publicado en una editorial local de Matanzas en 1934. Aunque el libro de Baquero sobre Lles no ha visto la luz —hasta donde sabemos—, sus reflexiones, recogidas en diferentes textos y entrevistas, sugieren una contraposición al pensamiento patriótico e independentista cubano. Es evidente que Baquero, colaborador del periódico de derecha Diario de la Marina, encontró en la obra de Lles elementos que le permitieron identificarlo como un pensador de derecha.

El perfil sui generis de Lles, que defendía una sociedad individualista basada en la propiedad privada, llamó la atención de Baquero tras la lectura de un folleto titulado El pensamiento de Fernando Lles, publicado en 1939 por José Nodarse, un amigo cercano de Lles.

Al hablar de la República de Cuba (1902-1958), es imposible ignorar la obra de Fernando Lles y su marcado anticomunismo. En 1934, Lles publicó Individualismo, socialismo y comunismo: los problemas de la conciencia contemporánea, un libro esencial que merece ser revisado por todos. Años antes, en 1926, había lanzado El individualismo: ensayo sobre el instinto y la conciencia, donde proponía una república basada en la competitividad y en el mérito de los líderes más capaces e inteligentes.

En La sombra de Heráclito (1923), Lles expresa un pesimismo respecto a la administración política de la República patriótica y sugiere:

1.  Crear instituciones funcionales y territoriales para descentralizar el poder del Estado.

2.  Establecer un sistema pluralista que garantice la integración del poder individual en la sociedad.

3.  Rechazar el papel rector de la democracia en la formación de la república.

"Examina el contrato social en todos sus aspectos, y verás cómo todo egoísmo o necesidad, grande o pequeña, se disfraza bajo el nombre de algo trascendente, religioso, metafísico, subjetivo, merecedor de tus más profundas y ciegas veneraciones".

La obra de Lles puede considerarse pionera en el estudio del egoísmo en Cuba, un tema que ha sido poco explorado. En lugar de centrarse en una historia del poder relacionada con las clases sociales, Lles se interesaba en el poder como un mecanismo de disciplina: una república para egoístas.

Autodidacta, Lles nació en Matanzas en 1883 y falleció en 1949. Fue uno de los pocos en abrazar el pensamiento de Nietzsche, autor de Así habló Zaratustra. En uno de sus textos, Lles afirma: "La esencia humana está determinada por el egoísmo y la ambición, como elementos innatos".

En 1926, al ingresar como miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras, Carlos Loveira defendió a Lles en su discurso Un gran ensayista cubano: Fernando Lles. Loveira escribió:

"He leído los libros de Lles, releyendo el primero hasta tres veces. He penetrado en el núcleo de esa obra de sabor trágico y he compartido con Lles el largo proceso de la angustia humana. Su obra ha despertado en mí ecos de pensamientos liberales ya algo lejanos, que alguna vez fueron míos y de un grupo de amigos estudiosos, de camaradas que la vida ha dispersado; pensamientos cuyo origen conmovedor causó más de una vez desconcierto en mi mente y agitó violentamente mi corazón juvenil".

Aunque no fundó ni perteneció a ningún partido de derecha, por la naturaleza de su pensamiento, Fernando Lles debe ser considerado un liberal de derecha y un precursor del movimiento derechista que operó al margen de la política en Cuba.

Hasta este punto, el título del libro parece suscitar una paradoja considerable, al menos desde una perspectiva conceptual. ¿Cuál es la relación entre la razón individual y el "individualismo socialista" que hemos señalado en la obra de Fernando Lles? Esta cuestión merece una investigación exhaustiva, algo que escapa al alcance de este prólogo. Nuestra tarea en este momento es simplemente revivir una obra que ha caído en el olvido y ha sido minimizada, posiblemente debido a su complejidad teórica, en un periodo en que la intelectualidad cubana, tanto antes como después de Machado, se centraba en la búsqueda de una unidad de conciencia nacional, a menudo a expensas de ideas más desafiantes.

Finalmente, debemos señalar que el análisis de la obra de Lles nos conduciría por caminos inexplorados en el pensamiento intelectual cubano. El socialismo que aquí se presenta no es el mismo socialismo impuesto por una fuerza colectivista condenada al fracaso histórico. El socialismo de Lles se relaciona con una forma de sociabilidad que oscila entre el individuo y la sociedad, donde se encuentran, se unen y luego se separan nuevamente. En una sociedad caracterizada por su intrínseca variedad y pluralidad de formas culturales, y sometida al terror de los medios de comunicación, surge, aunque sea de manera forzada, la necesidad de un acercamiento y un sentido de convivencia social entre el alter y el ego.

Ángel Velázquez Callejas.

Miami, octubre de 2017

 

 

 

Bibliografía Activa

Lles, Fernando: La higuera de Timón. Consejos al pequeño Antonio, Imprenta Casas y Mercado, Matanzas, 1921.
——: La metafísica en el arte, Imprenta Casas y Mercado, Matanzas, 1922.
——: La sombra de Heráclito, Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1923.
——: La escudilla de Diógenes. Etopeya del cínico, Editorial Nueva Novela, La Habana, 1924.
——: El individualismo. Ensayos sobre el instinto y la conciencia, Matanzas, s/e., 1926.
——: Individualismo, socialismo y comunismo. Los problemas de la conciencia contemporánea, Cuadernos de Cultura, La Habana, 1932.
——: El individuo, la sociedad y el Estado, La Habana, Editorial Cultural S.A., 1934.
——: Conferencias, Imprenta Casas y Mercado, Matanzas, 1944.

Bibliografía Pasiva

Acosta, Agustín: "Fernando Lles, poeta". En: Revista Cubana, La Habana, julio-diciembre, 1950.
Casaña, Mirta: "La filosofía en la obra de Fernando Lles y Berdayes". En: Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, enero-junio, 1993.
García, Federico: "La sombra de Heráclito, por Fernando Lles". En: El Fígaro, La Habana, 18 de noviembre de 1923.
Grismer, Aymond y Manuel Rodríguez y Saavedra: "Fernando Lles y Berdayes". En: Vida y obra de autores cubanos, Editorial Alfa, La Habana, 1940, t. 1.
Lavié, Nemesio: "La obra de un ensayista cubano. Fernando Lles". En: Diario de la Marina, La Habana, 29 de mayo de 1927.
Lizaso, Félix y José Antonio Fernández de Castro: "Fernando y Francisco Lles". En: La poesía moderna en Cuba (1882-1925), Librería y Casa Editorial Hernando, Madrid, 1926.
Loveira, Carlos: "Otro libro de Fernando Lles. La escudilla de Diógenes". En: El Fígaro, La Habana, enero de 1925.
——: "Un gran ensayista cubano, Fernando Lles". En: Discurso de ingreso como miembro de número de la Sección de Literatura, Academia Nacional de Artes y Letras (Cuba), Habana, Imprenta El Siglo XX, 1926.

Luhmann, Niklas. «Individuo, individualidad, individualismo» Zona Abierta, n.º 70  (1995).

——: La sociedad de la sociedad. México D.F.: Herder – Universidad Iberoamericana, 2007.

Martínez Bosch, M.: "La higuera de Timón". En: España Nueva, La Habana, 30 de abril de 1922.
Nadarse, José: El pensamiento de Fernando Lles, Editorial Cultural, La Habana, 1934.
——: "La filosofía social y política de Lles". En: Revista Cubana, La Habana, julio-diciembre de 1950.
Páez, Alfonso: "A propósito de la conferencia de Fernando Lles sobre individualismo, socialismo y comunismo". En: Revista Universidad de La Habana, La Habana, julio-agosto de 1934.
Ramos, José Antonio: "La sombra de Heráclito". En: El Fígaro, La Habana, 15 de marzo de 1925.
Rodríguez, Luis: "Nota bibliográfica de Fernando Lles y Berdayes". En: Revista Cubana, La Habana, julio-diciembre de 1950.
Rojas, Miguel: "Materialismo versus idealismo I. El materialismo de Lles". En: Periódico Escambray, Sancti Spíritus, 19 de enero de 1987.
——: "El naturalismo ateísta de Fernando Lles". En: El pensamiento filosófico en Cuba en el siglo XX: 1900-1960, 2da. ed., Editorial Félix Varela, La Habana, 1998.
——: "Fernando Lles Berdayes". En: El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana, versión digital, 2003, págs. 105-119.
——: "Humanismo y crítica en la filosofía de Fernando Lles Berdayes". En: Isla, 51, abril-junio, 2019, págs. 117-130.
Russinyol, José: "Fernando Lles: el hombre y el medio". En: Revista Cubana, La Habana, julio-diciembre de 1950.
Tejera, Diego: "La higuera de Timón". En: El Fígaro, La Habana, 9 de abril de 1922.
Valdés, Mario: "El socialismo en las visiones contrapuestas de Medardo Vitier y Fernando Lles". En: Sin Permiso, diario digital, 16-10-2017.
Vitier, Medardo: "Más sobre La higuera de Timón". En: El Fígaro, La Habana, 21 de enero de 1923.
——: "Fernando Lles". En: Valoraciones I, Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, 1960.

 

 

Sunday, October 13, 2024

El azúcar de Cuba. Capitalismo, Nación y Región. Centralización y concentración azucarera en Manzanillo (1880-1898)



Los reformistas cubanos de principios del siglo XIX, encabezados por la sacarocracia criolla y la doctrina fisiocrática de Arango y Parreño, consolidaron la economía de plantación esclavista bajo la consigna «sin azúcar no hay país». Décadas más tarde, los autonomistas —y algunos anexionistas e independentistas— de finales del mismo siglo afirmaban que «sin concentración y centralización azucarera no había nación». Este cambio de enfoque revela una transformación del espíritu capitalista en la agricultura, que fundamentó la regionalización económica a través de la expansión de los Centrales azucareros, la división del trabajo entre industria y agricultura, y la creación de un mercado interno para trabajadores asalariados, arrendatarios y pequeños propietarios, formando entre 1880 y 1898 la base de la nación cubana.

El manuscrito El azúcar de Cuba. Capitalismo, Nación y Región…, escrito en 1992, permaneció inédito durante treinta años. Una versión limitada y resumida fue publicada en 2015 bajo el sello Unos y Otros Ediciones, y ahora, Ediciones Exodus presenta la versión completa, que incluye ilustraciones, mapas, croquis cartográficos, anexos y conclusiones. En 1993, el texto fue discutido en la sección de trabajo de la UNHIC en Granma, Bayamo, con la historiadora Fe Iglesias, como oponente. La obra recibió una mención en el Premio Nacional de Investigación Cultural de 1994 y, en 1999, se utilizó en charlas en el Department of History de la University of Florida en Gainesville.

El análisis se desarrolla en ocho capítulos:

Capítulo I: El capitalismo en la industria y manufactura azucarera de la región
Capítulo III: La guerra de los Diez Años
Capítulo IV: Expansión y concentración azucarera en la región de Manzanillo
Capítulo V: Inversión de capitales y tecnología en la industria azucarera (1880–1889)
Capítulo VI: La tierra y el sistema del colonato
Capítulo VII: Impacto de la guerra en la industria azucarera (1895–1898) y su reconstrucción
Capítulo VIII: Origen del batey, centralización azucarera y el poblado de Campechuela

Con más de 200 notas y citas a pie de página, el relato y las conclusiones de esta investigación están basados en un 80 % en fuentes documentales, bibliográficas y periodísticas de primera mano. Entre la documentación consultada destacan los libros talonarios del Registro de la Propiedad de Manzanillo, Bayamo y Santiago de Cuba entre 1880 y 1898; las Antiguas Anatadurías de Hipotecas de Manzanillo (1860-1878); los libros de Sociedades Anónimas y Comerciales de Manzanillo del Registro de la Propiedad; los Protocolos notariales (escrituras y registros de contratos de propiedades rústicas e ingenios centrales); las Actas Capitulares del Cabildo de Manzanillo y cientos de legajos y expedientes de los fondos documentales del Archivo Histórico de Santiago de Cuba.

El azúcar de Cuba. Capitalismo, Nación y Región. Centralización yconcentración azucarera en Manzanillo (1880-1898) pretende llenar el vacío positivista en la historiografía económica cubana señalado por el historiador Juan Pérez de la Riva en su obra inconclusa La conquista del espacio cubano. Asimismo, se propone subrayar que el espacio conquistado por la centralización azucarera se entrelaza con el concepto del espacio interior de mundo explorado por Rainer María Rilke en su poema de 1914 De casi todas las cosas proviene una invitación al contacto y en el ensayo de Gastón Bachelard La poética del espacio.

A través de todos los seres se extiende el único espacio:
Espacio interior de mundo. Los pájaros vuelan silenciosos
a través nuestro. Oh, yo, que quiero crecer,
miro afuera y en mí crece el árbol.
Me preocupo, y en mí está la casa.

La expansión territorial del Central no se orienta exclusivamente hacia el exterior, como sugiere Juan Pérez de la Riva al hablar del «batey y su dinámica del crecimiento demográfico y territorial», sino que también se proyecta hacia el interior, apropiándose de espacios previamente abiertos. ¿Qué implica, en este sentido, el espacio interior como concepto poético?

El Central no se limita a ser un complejo socioeconómico que atrae capitales, tecnologías, obreros, arrendatarios, colonos, vías de comunicación y tierras desde el exterior. Es, ante todo, un armazón interior que fomenta la convivencia y actúa como un contenedor para el espacio cultural en expansión, formando parte de la región histórica y poética en el espíritu de la nación.

Los relatos previos sobre ingenios-centrales carecían de una profundidad analítica y filosófica respecto a la conquista del espacio interior, limitándose a tratar el tema desde una perspectiva socioeconómica sin abordar el impacto existencial del Central. Esta falta de reflexión ha impedido una comprensión completa del Central como ente en el mundo o como estructura creadora de espacios, regiones y localidades para la convivencia. Tal conquista ha sido fundamental en la formación de la nacionalidad, la nación y el espacio regional.

Ramiro Guerra, en Azúcar y abolición en las Antillas (1927), no se opuso a la centralización azucarera, como se ha interpretado erróneamente, sino al monocultivo y al predominio del colonato sobre otras formas de tenencia de la tierra. En su obra autobiográfica Mudo testigo, destacó la importancia de un mundo interior para el capital fisiocrático.

Ante la modernidad capitalista de la gran industria, Rilke observa:

«Ruera, digo, y entonces, estaba, era, la verdad pura, cuando el verso
me habló: a través de todos los seres se extiende el único espacio.
Todas las cosas encontré allí conjuradas a la convivencia,
todo lo existente oscilaba en su lugar, imperceptiblemente, en un mismo.»

El estudio de la regionalización de la conquista del espacio cubano, tanto en su versión interior como exterior, mediante la concentración y centralización azucarera, es esencial para descifrar las razones que propiciaron la creación de la conciencia colectiva de la Nación Cubana y la configuración sociopolítica y espiritual de la imagen de la isla en los albores de la República capitalista.

Treinta años después, Alberto Lamar escribió una novela significativa, Vendaval en los cañaverales, que muestra cómo la burguesía nacional propietaria de centrales azucareros había perdido la noción del espacio interior de mundo, desencadenando una crisis en el patriotismo cubano.


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Saturday, September 28, 2024

Hacienda patriarcal y el 10 de octubre de 1868

 


N.º 76 del catálogo de Ediciones Exodus (2024).

Por Angel Velázquez Callejas


Hacienda patriarcal y el 10 de octubre de 1868 salda una deuda histórica de más de diez años con la historiografía cubana. Los primeros avances en esta investigación se remontan a principios de la década de 1990, cuando se publicó un ensayo de 80 páginas a través de la Editorial Ciencias Sociales, tras haber sido galardonado con el premio Pinos Nuevos en 1996. Siguiendo los trabajos de Juan Pérez de la Riva y Jorge Ibarra sobre la regionalización sociocultural de las denominadas Cuba A y Cuba B, desarrollé un análisis en profundidad del modelo de la hacienda patriarcal en la región del Cauto, diferenciándolo de la plantación esclavista. En esta obra, se propone una nueva perspectiva sobre la estructura sociocultural de la hacienda patriarcal y los eventos que condujeron al 10 de octubre. El libro, con un total de 170 páginas, está disponible en Amazon.

 

Sobre el libro:

 Rigoberto Moisés, catedrático y especialista en historiografía económica de la Universidad Complutense de Madrid, ha escrito sobre Hacienda patriarcal y el 10 de octubre de 1868:

«Los grandes acontecimientos históricos a menudo surgen de errores y circunstancias imprevistas, desafiando la lógica de las estructuras y tendencias que parecen sostenerlos. El levantamiento en el ingenio Demajagua el 10 de octubre de 1868, frecuentemente presentado como una revolución planificada, en realidad se originó en un hecho insólito e inesperado: la desesperación de campesinos atrapados en una crisis hipotecaria y usurera. Carlos Manuel de Céspedes, figura clave en la independencia y miembro de la logia masónica Buena Fe, también estaba implicado en esta crisis, aunque su relación con la esclavitud era distante. Su fortuna se construyó sobre hipotecas impagables, arrastrando a muchos propietarios a una espiral de deuda sin solución. En este libro, Velázquez Callejas examina detalladamente la hacienda patriarcal en el Valle del Cauto, analizando su papel, dinámica y crisis, y proporcionando el contexto necesario para entender el grito de La Demajagua».

 


Friday, September 20, 2024

Introducción a la reedición de “Biología de la democracia” de Alberto Lamar Schweyer



Por Ángel Velázquez Callejas

“El error científico de la Democracia, juzgada biológicamente, fue el falso sentido de la igualdad”
Alberto Lamar Schweyer, Biología de la democracia

1. De la presente edición

Las sombras de Alberto Lamar Schweyer se deslizan por los márgenes olvidados del tiempo. Sus palabras, antaño prohibidas o simplemente ignoradas, resurgen de sus exilios de tinta. Cuatro de sus hijos literarios han retornado a las manos contemporáneas: Los contemporáneos: ensayos sobre literatura cubana del siglo (Biblio Bazaar, 2009), La roca de Patmos (Editorial Letras Cubanas, 2010), La palabra de Zarathustra: Federico Nietzsche y su influencia en el espíritu latino (CreateSpace Independent Publishing Platform, 2013) y La crisis del patriotismo: Una teoría de las migraciones (CreateSpace Independent Publishing Platform, 2014). Sin embargo, solo La roca de Patmos ha encontrado en el prólogo de Adis Barrio un salvavidas para flotar en las aguas turbias del olvido. Pero la obra más peligrosa, la que devoró su nombre como un incendio lento, es Biología de la democracia, y por fin regresa, indómita, desde su destierro.

Desde sus primeros latidos, en 1927, Biología de la democracia sembró un campo de batalla intelectual. Las espadas de la política chocaron con la lanza biológica de Lamar, quien fue expulsado del círculo virtuoso de la nación. La primera edición fue vista como un acto de traición, un manifiesto contra las patrias y los ideales democráticos[1]. Sin embargo, detrás del rechazo, el pensamiento cubano vio la obra como un texto incómodo, que exponía una verdad visceral: el determinismo biológico, un monstruo teórico que agitaba el fantasma de una nueva doctrina del Estado. En esta segunda edición, los editores de Exodus buscan reavivar la chispa del debate, pero ahora desde una perspectiva distinta, centrada en el giro epistemológico que Lamar proponía, un intento de definir una política del ser, del cuerpo, del instinto.

Lamar veía en las leyes de la biología —en esa pulsión de vida que él llamaba vitalismo— las raíces de una teoría bio-política donde el Estado no era más que un reflejo de las fuerzas naturales. Para él, la derecha no era ideología, sino una extensión del principio vital: selección, poder, jerarquía. Autocracia no como tiranía, sino como la fuerza ineludible de los fuertes sobre los débiles, la ley de la naturaleza misma. En este sentido, Biología de la democracia fue un manifiesto vitalista, una proclamación de vida y poder que, aunque incómoda, resonó con un eco profundo en aquellos dispuestos a escuchar[2].

¿Por qué hemos esperado noventa años para rescatar este texto del abismo? No fue por olvido, no. Lamar no desapareció, sino que fue deliberadamente silenciado, apartado como se aparta a un lobo de la manada. La nación, devota de sus mitos patrióticos y heroicos, no estaba lista para aceptar una biblioteca hecha de carne y sangre, de instinto y voluntad. ¿Acaso era necesario para la teología insular evitar la tentación de lo vitalista, de esa biblioteca dionisíaca que Lamar construyó en la periferia del pensamiento nacional? Su formación, alimentada por la memoria de los fuertes, los sobrevivientes, los que escriben con las venas abiertas, no debe ser relegada a los rincones oscuros del pensamiento.

La lectura del canon naturalista positivista, en su singularidad, refleja el estilo inconfundible de Lamar: un ensayo libre, sin las ataduras de la academia, que fluye como un río desbordado hasta los últimos días de su vida como lector y escritor. No había espacio para los rigurosos aparatos críticos ni para las citas exhaustivas. Así, en Biología, desfilan nombres y autores, pero a menudo sin las huellas de sus referencias bibliográficas. Lo que se nos presenta es un rizoma, una estructura que no sigue las reglas de la superficie sino que se hunde en lo subterráneo, en lo oscuro, donde cada lector debe llegar armado de un sentido crítico y genealógico. El naturalismo biológico, que había impregnado el pensamiento a finales del siglo XIX, había creado una nueva lente para observar las formas de vida de sociedades y culturas. La biología, esa fuerza primigenia, reclamaba el lugar que antes ocupaba la metafísica. Desde entonces, la jurisprudencia y la política se erigían como sus siervas.

En esta edición de Biología de la democracia, uno de nuestros propósitos es desvelar el mito del vir obscurissimus, develando el error que, según las teorías de Lamar, procedía de fuentes insospechadas para analizar el fenómeno de la política y la democracia, entrelazado con una vasta bibliografía que abarcaba historia y psicología.

El eje de la biología en el pensamiento de Lamar, durante la segunda mitad de los años veinte, se convirtió en el núcleo que alimentó su ruptura radical con el positivismo y el minorismo sabático de su tiempo. Su inspiración era como un torrente imparable, que desafiaba a los intelectuales moldeados por la burguesía y el pensamiento liberal. Las críticas que recibió Biología, tanto en sus primeros años como después, nunca alcanzaron las fuentes profundas del vitalismo que definía su obra. Se esparcieron elipsis, hipótesis mal fundadas y deducciones pos-positivistas que pretendían aplicar el darwinismo social a los problemas de la democracia americana sin comprender la esencia del pensamiento lamariano.

En Lamar, leer no era un simple placer; era una forma de existir. Esa íntima conexión entre la obra, la lectura y la vida lo llevó a abrazar el vitalismo como un modo de conocimiento total. Ergo, en esta edición nos proponemos destacar los pilares de su pensamiento polémico: la ruptura con el liberalismo, la hibridación cultural como mecanismo vital, la selección racial como una herramienta para la comprensión de la sociedad, la igualdad como origen del cesarismo, caciquismo y tiranía, y, por supuesto, la autocracia (minorismo), vista no como un despotismo, sino como la manifestación biológica del poder y el gobierno.

2. Ruptura contra el ideal positivista independentario

En el intrincado laberinto de la interpretación, una breve pero vibrante tradición critica la lectura social darwinista y de derecha del pensamiento político de Lamar Schweyer. El pathos patriótico de Alberto Lamar se presenta como una construcción rudimentaria y artificiosa para algunos. Otros lo catalogan como un pensador antipolítico y antidemocrático. Sin embargo, esta visión no refleja el verdadero espíritu de Lamar. El pensador, influenciado por una época en transición, abrazó un enfoque antimetafísico que colocaba al hombre en el centro de sus circunstancias, en un universo de selección y adaptación. Su biologismo (o vitalismo) se alinea más con la filosofía práctica nietzscheana que con el darwinismo de los evolucionistas ortodoxos.

La metamorfosis entre el vitalismo natural y el espíritu político en Lamar es aún un enigma por desentrañar. Sus reflexiones abordan directamente la politeia, las formas de vida de los regímenes antidemocráticos, fundamentadas en el caudillismo, la tiranía y el autoritarismo. Para Lamar, según el orden lógico de los eventos políticos, América estaba condenada a la imposibilidad de una democracia artificial. Aunque su visión política estaba llena de optimismo y esperanza para el continente americano, no debemos descontextualizar sus introspecciones. Hoy, nos enfrentamos a una variedad de definiciones sobre política, Estado y democracia, que se distancian del marco uniforme de su tiempo.

En el sentido más estricto del término, Lamar Schweyer es antidemocrático y rechaza la cultura de masas si esta no se subordina a un gobierno dirigido por una nobleza dotada. Para él, la superioridad no es un don de la naturaleza, sino un atributo de la minoría natural, un aristokratischer Radikalismus que resuena con la radicalidad nietzscheana.

3. El biologismo en el pensamiento político de Alberto Lamar Schweyer

Al examinar el pensamiento de Alberto Lamar Schweyer, nos encontramos con una profunda reconsideración del positivismo, que arranca desde la premisa de que la vida se define en su medio, contra otros medios inconcebibles. En la evolución de su perspectiva, se va perfilando un desvío del ideario positivista del bien común. La concepción positivista, que intenta capturar la proximidad a través del holismo social analógico—ya sea bajo la rúbrica de espíritu, paisaje, patria, nacionalidad, nación, leyes o constitución—pierde su relevancia. Esta orientación abre un espacio para una reflexión sobre la pluralidad de relaciones vitales con el entorno. Este cambio metodológico y constructivista se distancia de los estudios de Schweyer sobre la teoría darwinista, así como de las críticas que esta ha suscitado. Lamar no solo reelabora su vitalismo biológico a partir del darwinismo convencional, sino que también lo enriquece con los avances de la biología teórica de su época. A partir de una lectura crítica de Jakob von Uexküll, se aparta notablemente de la ortodoxia darwinista. En particular, Cartas biológicas a una dama podría haber inspirado en Lamar la percepción de que la vida, en su entorno inmediato, constituye una realidad vital y envolvente. De estas Cartas, Lamar toma el concepto de Planmäßigkeit, o «plan funcional», según el cual los organismos vivos y las culturas desarrollan sus teleologías afines. Esto da lugar a un concepto evolutivo de voluntad política sobre el Estado, aunque carece de las premisas para una democracia americana. Sin este contexto metabiológico y la biología subjetiva, la funcionalidad de la vida en el espacio, resulta incomprensible Biología de la democracia y sus conceptos fundamentales de selección, minorías y raza.

El concepto de formación de razas en Lamar se aleja del biologismo superficial, influenciado por el espíritu antinaturalista de la Ideologiekritik positivista y marxista. En el marco de sus análisis teóricos, Lamar adopta un concepto de razas de la biología en auge, cuyas implicaciones hermenéuticas van más allá de la pigmentación y los rasgos antropomorfos, enfocándose en la formación, dentro de la evolución ascendente de la naturaleza y la cultura, del grado, valor y rendimiento frente a la supervivencia cultural y social. Por lo tanto, es crucial evitar el análisis de la obra de Lamar sin considerar las influencias científicas y teóricas del contexto y las inevitables interacciones durante el umbral de un movimiento epistemológico en el que el pragmatismo y las relaciones con el mundo empezaban a desafiar el pensamiento metafísico. En este sentido, la biología, especialmente la biología teórica, contribuyó de manera inesperada a transformar el pensamiento filosófico y político hacia finales del siglo XIX y principios del XX.

La omisión de este giro por parte del neo positivismo marxista, tanto anterior como reciente, no menoscaba la proyección teórica y empírica de la formación intelectual de Lamar Schweyer. Más bien, el tránsito de Lamar de una ideología patriótica al biologismo antidemocrático abre un hiato en el pensamiento durante varias décadas, sin una claridad absoluta sobre las fuentes e influencias concretas. Este giro biológico distingue entre la política como pura acción del poder, en consonancia con las fuerzas ideológicas patriótica y nacionalista, y la política como modelo de Estado y Gobierno. Como expone Lamar en Biología de la democracia, el objetivo es interrumpir el curso del meliorismo fundamentalista de la igualdad natural entre los seres vivos. La verdadera virtud política radica en la desigualdad entre los individuos. Estas desigualdades, en términos políticos, no se refieren a la raza, sino a minorías y formas de autocracia. En secciones posteriores, se profundizará en el minorismo autocrático y su relación con la biología según Lamar Schweyer. Todo análisis de la biología contra la democracia no aborda ni cuestiona los fundamentos autocráticos y políticos que subyacen a esta biología.

4. El autor y su época

Mi primer encuentro con los libros de Alberto Lamar Schweyer tuvo lugar en la primavera de 2011, cuando revisaba material sobre la prensa cubana del primer cuarto del siglo XX. Sin embargo, fue un año después, durante una prolongada visita al Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami, que me detuve a explorar Biología de la democracia, La crisis del patriotismo y Cómo cayó el presidente Machado. En particular, Biología de la democracia tuvo un impacto notable en los círculos intelectuales cubanos de la década de 1920. Había leído previamente en artículos y críticas cómo su obra era aclamada y condenada por los intelectuales contemporáneos, debido a sus posturas conservadoras y anti-liberales que apoyaban el régimen tiránico de Gerardo Machado. En febrero de 1927, El Fígaro publicó un fragmento del capítulo XII de Biología de la democracia, provocando un debate intenso que marcó un cambio significativo en las concepciones políticas de la joven intelectualidad criolla y contribuyó a la disolución de una de las agrupaciones más destacadas de la vida intelectual cubana: el minorismo.

Aunque no es el objetivo de estas páginas profundizar en las implicaciones ideológicas y prácticas del debate sobre Biología, no se puede pasar por alto, aunque sea brevemente, la importancia de las acusaciones que surgieron en respuesta. El sociólogo y profesor de la Universidad de La Habana, Roberto Agramonte, redactó veinte días después del suceso el documento más extenso y desafiante contra Biología, una crítica meticulosa que recibió el respaldo y la celebración de muchos intelectuales de la época. En Biología contra la democracia (un texto de más de 200 páginas), Agramonte emplea el poder de la sociología positivista para argumentar la incompetencia intelectual de Lamar. El contrataque de Agramonte a la supuesta debilidad empírica eugenésica y racial de la igualdad desconcierta a Lamar, quien aborda estas cuestiones desde una perspectiva biológica en el contexto de la democracia. La crítica de Agramonte puede considerarse como el único documento crítico de relevancia de la época. También es relevante mencionar el impulso que llevó a Alberto Edward a publicar un año después una exégesis anti-Lamar sobre la realidad chilena. En La fronda aristocrática, Edward no desmiente la superioridad del homo politikon, sino que argumenta que una selección política instruida asegura la eficiencia de la gubernatura chilena.

Una respuesta menor pero enérgica desde el punto de vista político y personal contra Biología no tardó en llegar. Días después de la publicación del capítulo de Biología, en Social, los colaboradores más cercanos a Lamar, Emilio Roig de Lechsenring y Conrado Amassager, publicaron una crítica contundente y, semanas después, redactaron la Declaración del Grupo Minorista en respuesta a las afirmaciones de Lamar sobre el extinto deseo «minorista» como práctica intelectual. Publicada en Carteles el 22 de mayo, la declaración minorista criticaba directamente el núcleo de Biología: «creo en las minorías de selección y no en los sabáticos». El concepto de selección, como veremos más adelante, tendrá una repercusión decisiva en Biología, especialmente en relación con los conceptos de raza, herencia y civilización en la obra de Lamar.

Para resumir, las principales objeciones a Biología a finales de la década de 1920 y principios de la de 1930 provienen de criterios chovinistas y nacionalistas. Alejo Carpentier acusó a Lamar de traidor, Marcelo Pogolotti de sátrapa y autocrático, y Jorge Mañach de nihilista y escéptico. No obstante, Labrador Ruiz lo considera un profundo observador de la realidad cubana. No es hasta la década de 1990 que surge en Cuba una crítica detallada y tendenciosa a Biología desde un «posicionamiento marxista». En resumen, se pueden identificar tres momentos en la crítica a Biología: la sociología positivista, el nacionalismo patriótico y el marxismo crítico. Todas estas corrientes críticas coinciden en su rechazo a la tendencia anti-democrática, social darwinista y fascista-nietzscheana de Lamar Schweyer.

Desde nuestra perspectiva, Lamar puede ser catalogado como anti-burgués, anti-liberal y ferozmente anti-comunista. En Biología, se presenta de manera ambivalente y como un reaccionario obsoleto (para usar una expresión peculiar de Nietzsche); albergaba la esperanza de una futura «democracia» para América, mientras intuía al mismo tiempo que la autocracia no era adecuada para el continente. Esta ambivalencia naturalista de Lamar, que no logró trascender los años 30 del siglo XX ni consolidarse en las corrientes nacionales y círculos intelectuales criollos, puede entenderse en el contexto de que no constituía una directriz ideológica y patriótica, sino una artificialidad nacionalista.

Por supuesto, para Lamar Schweyer, la evolución de la naturaleza no ocurre por saltos abruptos. Este enunciado darwinista trasladado a la práctica política implica una prognosis que esclarecería su impulso vitalista y su alejamiento de las ideologías y demagogias políticas de la época. Ya en el prefacio del libro, Lamar afirmaba: «Despojándome del ‘optimismo paradójico’ que denunció la voz magistral de Rodó, he querido exponer una tesis, imparcialmente, con frialdad, sin prevenciones intelectuales que pudieran evolucionar hacia un pesimismo que no existe en mí». En efecto, la fuga de Ariel impone, en el desarrollo posterior al año 1900 en la jurisprudencia americana, un freno directo contra la barbarie y promueve como antídoto la democratización de la educación (tema que merece un estudio aparte). En este punto, Lamar no profundiza lo suficiente para sostener la tesis de que «la democracia no es americana». El valor de sus postulados sigue siendo demostrativo de una jerarquización de las razas.

La visión de Lamar, que la naturaleza no procede por saltos sino por continuidad, le permite inferir que Biología se desmarca por la implementación de un nuevo Estado basado en la naturaleza. Lo que toma de Le Dentec como plan unificado constituye la vía mediante la cual la naturaleza y la sociedad se unen en un arquetipo jerárquico. La autocracia no es el modelo del culto al poder o de ser culto para ejercer el poder, sino el escalonamiento donde los grados intermedios en la evolución de la continuidad hacen de la raza el dominio sobre otra. En América, no se producen saltos; por eso Lamar considera al caciquismo, el cesarismo y las tiranías como grados intermedios en la evolución de la democracia autocrática. Esta nueva forma de autoridad queda fuera del ámbito de interés del libro de Lamar.

5. Biología de la democracia intrínsecus

a) No nos centraremos en los pormenores de por qué diversas corrientes de pensamiento en Cuba lanzaron una crítica contundente a Biología de la democracia. En primer lugar, tanto el positivismo como el marxismo en Cuba no incorporaron elementos biológicos de manera efectiva. La transformación del ser humano se abordaba desde una perspectiva objetiva en el positivismo y desde la conciencia de clase en el marxismo. Estos aspectos hermenéuticos requieren un estudio aparte. Nuestro objetivo ahora es analizar Biología desde dentro, explorando sus fundamentos teóricos. Lamar no se presenta como un biólogo ni como un darwinista que aplica estrictamente las leyes del naturalismo biológico a la estructura social.

En la teoría de Lamar no hay un determinismo estricto, sino una combinación de factores psicosomáticos dentro de la evolución natural. A pesar de cualquier intento de desafiar lo establecido, Lamar se mantiene como un vitalista que ve la civilización como una etapa en la evolución de la naturaleza. Hasta ahora, ninguna estructura cultural colectiva ha alcanzado la igualdad ideal que se postula en las democracias utópicas. Para Lamar, la democracia representa un avance, una metamorfosis de la política menor dominada por caudillos hacia una gran política autocrática. Los individuos dotados de posibilidades infinitas, capaces de redistribuir valores a partir de un rendimiento superior, serán los artífices de esta gran política. Así, el análisis de Biología comienza con una disección de postulados en sociología, psicología y biología, y avanza para desentrañar la psicología del caciquismo y el caudillismo, así como el surgimiento de cesarismos y tiranías en América. La democracia, tal como se entiende en América, se convierte en el terreno propicio para el tirano y el caudillo.

Desde el prefacio, Lamar establece los objetivos de su ensayo: «Si América supera sus males —diferencias étnicas, analfabetismo, espíritu anárquico—, las tiranías desaparecerán por sí solas, ya que el tirano prospera solo en ambientes de desorden y desorientación política, propiciados por la falta de preparación. América lo sabe, y el mundo puede verlo. Los tiranos pasarán, los subyugadores del medio desaparecerán, al igual que los déspotas, consecuencias de un entorno bárbaro, pero las dictaduras persistirán. Los pueblos, las masas, no pueden regirse por regímenes de igualdad, porque las ciencias biológicas han demostrado en los últimos veinte años que la palabra igualdad no existe en el léxico de la naturaleza.»

b) La igualdad, según Lamar, es un principio anti-biológico. Si la biología está en contra de la democracia, el postulado democrático basado en la igualdad revela en el fondo un principio anti-biológico. Esta tesis no es objeto de discusión hoy en día, sino de comentario. Para Lamar, lo crucial es examinar la genealogía de la igualdad en América y el contexto, favorable o no, en el que se instauró la idea política de la igualdad. Según Lamar, «existe en América un determinante psico-biológico que entorpece la posibilidad democrática. Tal afirmación se basa en el estudio de los factores sociales que componen nuestros pueblos, y encuentra confirmación en el estado de desorden y anarquía ideológico-política en el que se desenvuelven la mayoría de las repúblicas, que distan mucho de ser verdaderas organizaciones democráticas.»

c) Uno de los términos que Lamar utiliza en Biología y que le confiere el estigma de neo-nietzscheano y fascista, y que contribuye a la noción eugenésica de su teoría, es el concepto de raza en el sentido bio-social darwinista y galtiano. Lamar lee y escribe sobre Las palabras de Zaratustra para revelar la misión de Nietzsche. No hay dudas de que Lamar, con Biología, busca construir una teoría que ascienda desde lo inferior de la raza hacia lo superior. Esta transmutación ascendente del rendimiento y la capacidad que las especies vivas reciben de la naturaleza no está bien dilucidada en los textos críticos sobre Biología. La crítica tiende a descontextualizar el panorama teórico en torno a la obra, y a rechazar las nociones contemporáneas del darwinismo racial. Lamar afirma: «El grupo generado por las razas mezcladas carecerá de un sentido político unánime, porque la ley de herencia ancestral descubierta por Galton al estudiar el atavismo en biometría hará que en cada individuo se presenten caracteres físicos y morales de sus ascendientes, en una proporción decreciente que permite todas las influencias, hasta los caracteres de los tipos fundamentales. Con estas cualidades negativas, queda anulada la posibilidad de un tipo humano cuya moral social permita dentro del grupo el avasallamiento de individualidad en un mismo sentido, que ha sido el fundamento moral de las organizaciones humanas desde el desarrollo de la tribu.»

Al final del texto, Lamar concluye: «Desde el primer siglo de la conquista se pueden determinar los lineamientos de una cultura en germen, que se manifiesta en reacciones y orientaciones desvinculadas de toda tradición política, artística e intelectual europea. A través del tiempo, estas no podrán coincidir con la Democracia. En los siglos que preceden a la revolución, el estado psíquico colectivo americano ha cambiado de acuerdo con los determinantes biológicos —mestizaje, lucha en el medio, necesidades de vida—. Las fórmulas tradicionales o circunstanciales europeas llegan a no tener sentido sobre los nuevos supuestos psicológicos americanos, y su imposición determina toda la gama de anormalidades y desequilibrios.» Lamar utiliza un perspectivismo racial anti-eugenésico, basándose en varias teorías de origen «social-darwinista».

El problema radica en no considerar que Lamar, aparentemente, reformuló sus perspectivas sobre los fundamentos raciales de la cultura y la selección racial, a partir del enfoque de Joseph Gobineau en Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, un texto que Nietzsche leyó con gran interés. El énfasis recae en destacar que las leyes de selección de razas y su adecuada aplicación al gobierno de los hombres constituyen una labor esencial del Estado, sin que implique un viraje calamitoso e ideológico. La selección va en contra de la cultura de masas. La idea básica, histórica y antidemocrática, es que la cultura de masas se considera la base del progresismo, el socialismo y el social-liberalismo. Para Lamar, el núcleo duro de su teoría es la prognosis de que la decadencia y degeneración de América a lo largo del siglo XIX se debió a la mezcla interracial, sin vislumbrar un ascetismo racial auténtico y autocrático. Lamar aduce: «La cultura americana, aún en germen, se orienta contra la democracia. Es la tendencia al equilibrio de la que hablamos anteriormente. El espíritu sin carácter, formado por múltiples cruzamientos étnicos, ha producido un caos político extendido, necesario para generar una nueva cultura que solo alcanzará su plenitud con la equivalencia de una raza definida.»

Antes que ellos, el genio siempre se adelanta, encarnando un sentido futuro, mientras la totalidad se desplaza con la lentitud de la historia. La sociedad en la que el genio se desarrolla, incapaz de alcanzar la plenitud, solo modela aquellas partes de sí misma que están orientadas hacia el futuro que representa el genio. Miguel Ángel encarna el Renacimiento, pero vive en el medievo. Rousseau anticipa la democracia, pero su vida transcurre bajo el gobierno del Cardenal Fleury. Bolívar y Martí, así como Moreno y O’Higgins, no pueden personificar el sentido del porvenir que Nietzsche atribuye al superhombre. Su genio representa un cierre de la cultura europea, no una anticipación del contexto; intentan crearlo. Eran, como hemos observado, republicanos en un entorno monárquico, desorientados por su ignorancia. Por lo tanto, no es posible juzgar la cultura americana a través de estos hombres síntesis, ajenos a lo que falsamente representan.

La cultura americana, aún en sus primeras etapas, se orienta contra la democracia. Es la tendencia hacia el equilibrio de la que hemos hablado anteriormente. El espíritu sin carácter, forjado por múltiples cruzamientos étnicos, ha creado un caos político necesario para generar una nueva cultura que solo alcanzará su plenitud con el surgimiento de una raza definida.

Lamar aplica estas ideas desde las perspectivas del darwinismo naturalista, pasando por el social darwinismo y culminando en la noción del superdotado nietzscheano de raza. La primera mención aparece en:

d) Un cuestionable excursus sobre un tema semántico-político en Biología es el concepto de hibridismo, utilizado por Lamar a partir de los juicios de Félix le Dantec sobre el egoísmo como base de toda la sociedad, y que sirvió para explicar aspectos del mestizaje de las razas. Con este giro, el autor de Las palabras de Zaratustra sugiere que: «… incluso dentro de esa tendencia hacia un tipo único, no habrá unidad. El grupo generado por las razas mezcladas carecerá de un sentido político unánime, porque la ley de herencia ancestral descubierta por Galton al estudiar el atavismo en biometría hará que en cada individuo se presenten caracteres físicos y morales de sus ascendientes, en una proporción decreciente que permite todas las influencias, hasta los caracteres de los tipos fundamentales.»

Este enfoque ha generado un fundamental desacuerdo crítico con la obra de Lamar. Se le acusa de aplicar el principio darwiniano de selección natural a problemas sociales y culturales. Aunque cita a Galton, artífice de las técnicas eugenésicas, no se debe considerar su enfoque como un simple mecanismo de segregación racial. La falta de unidad política atribuida por Lamar al mestizaje debería analizarse también considerando la biología (en términos de rendimiento y capacidad individual) en la formación del Estado. Una vez más, el sociólogo convertido en cátedra cosmopolita de historiografía natural nos invita a reflexionar:

«Ampliemos esta reflexión y pasemos de la Familia al Estado. La confusión de razas crea, dentro de este último, capas étnicas y morales que obstaculizan el proceso evolutivo hacia el mejoramiento político. El protoplasma social, al desarrollarse en el medio americano, ha formado un organismo esencialmente anárquico. No actúa una sola raza dentro de él, sino tres razas fundamentales con sus híbridos. La superioridad intelectual (o guerrera) de la raza blanca pudo someter a las otras, pero es una mera presión física sin trascendencia espiritual. En cualquier momento de debilidad, los grupos sometidos actuarán siguiendo su impulso ancestral. Dentro del mismo Estado, como veremos más adelante, no hay una tendencia social única, sino fracciones de tendencias representadas por los diversos grupos que componen el total. Así, la anarquía es una tendencia que se manifestará con la decadencia de la raza dominante, precipitando la caída del régimen que impuso en su momento de apogeo.»

El capítulo XI de Biología de la democracia, titulado Novena cultura y el hombre síntesis, se destaca por su relevancia en el contexto de la obra. Su propuesta se basa en una reinterpretación del enfoque spengleriano, que contrasta el método fisiognómico con el vitalismo. Spengler, en La decadencia de Occidente, afirma: «El darwinismo, quizás sin intención, ha conferido una eficacia política a la biología. La hipotética mucosidad primaria ahora posee una actividad democrática, y la lucha de los gusanos por la existencia ofrece una lección ejemplar para los bípedos, que llegaron al mundo de manera simple y sin complicaciones». En este sentido, la actividad democrática refleja la visión de Lamar sobre la cultura en su estado morfológico real, es decir, la democracia como manifestación política externa.

Lamar considera que esta configuración es inconcebible para América. Entonces, ¿puede la democracia, en el contexto de la época fáustica, ser vista como un elemento crucial de la civilización y la decadencia occidental, una técnica social de la política? Lamar sostiene que no. Afirma que la democracia «no es para América». En consecuencia, «Bolívar y Martí, siendo europeos puros tanto física como intelectualmente, están desvinculados del entorno al que no representan, a diferencia de Rousseau y Napoleón, quienes encarnaron el sentido de su época y su contexto. Su caso es único en la historia de las culturas». Schweyer añade que «la cultura americana, aún en desarrollo, se opone a la democracia. Es la tendencia al equilibrio mencionada anteriormente. El espíritu sin carácter, formado por múltiples cruzamientos étnicos, ha generado un caos político extenso, necesario para la génesis de una nueva cultura que solo alcanzará su plenitud con el surgimiento de una raza definida».

En resumen, Alberto Lamar no se presenta como un demócrata en esencia. Su obra está marcada por la preocupación por los limitados avances democráticos en América y se opone a la idea de que la Democracia, bajo el enfoque naturalista, encarna el pathos de la igualdad. En respuesta, propone el resurgimiento del minorismo autocrático para moldear el Gobierno y el Estado de manera autónoma, sin la influencia de la cultura de masas. Lamar utiliza el concepto de entelequia social como punto de partida, un concepto inaplicable a sociedades dominadas por regímenes caudillistas y tiránicos. En The History and Theory of Vitalism, Eduard Driesch, creador de la entelequia social, sugiere que la vida social, al tener un fin en sí misma, actúa como una causalidad unificante e individualizante, reflejo del devenir biológico. Los organismos y estructuras sociales, como el Estado y las instituciones gubernamentales, deben adherirse a esta ley de finalidad vitalista. La entelequia permite ver los entes en la temporalidad como modulaciones integrales y orgánicas. La democracia, en este contexto, se revela como una falsa conciencia ilustrada.

Lamar concluye afirmando: «Los regímenes políticos son el resultado de la biología social, productos de culturas que encuentran en ellos su representación histórica, manifestación de las fuerzas orgánicas del Estado que derivan hacia un régimen de armonía interior. Cada entorno corresponde a una cultura que implica un sistema de teorías propias, una construcción política determinada por sus necesidades, el carácter psíquico y el factor biológico de los individuos que la componen. La política es la manifestación suprema de la ética social, que es una extensión de la ética individual. El hombre no es un animal político en sí, sino porque necesita una moral pública, un conjunto de inhibiciones, un sometimiento de la individualidad para armonizar su vida con la de los demás.»

Finalmente, la controversia es evidente. Lamar aborda el problema de gobernar al hombre de manera efectiva ubicando en primer lugar la biología, acoplada a un sistema de teorías propias y una construcción política determinada por sus necesidades. Dos años antes de la publicación de Biología de la democracia en 1925, Lamar había publicado un artículo en la revista Social donde discutía el aporte de José Ingenieros al pensamiento americano. En ese texto se anticipa la transición del conocimiento positivista hacia un análisis de la biología como fenómeno de autocuidado y autoformación de la vida política.

Sobre el pensamiento de Ingenieros, cuyo texto completo aparece en el anexo, Lamar comenta:

«De ese criterio filosófico se deriva su teoría de la moral adogmática, práctica en todos los sentidos. Al mismo tiempo, revela en la ética humana un simple problema biológico de herencia en las líneas espirituales, demostrando la posibilidad de una moral alejada del idealismo kantiano, con un “noúmeno” casi material, desvinculada del romanticismo hegeliano y del viejo escolasticismo, petrificado aún en muchas conciencias, de todo aquello que está más allá de la experiencia. Se argumentará que esta concepción nace en el Catecismo Positivista.»

Lamar señala que las leyes de selección de nobleza y su correcta aplicación al gobierno de los hombres es la primera labor innata del Estado, evitando así la malformación del gobierno a través del caudillismo y la tiranía.

Así, detrás del discurso de Biología de la democracia se vislumbra la intención de un autor que busca responder a los problemas de la política liberal democrática en América. Apuesta por el concepto de genio, gran hombre, apto para la política, ideado por Schopenhauer en La sabiduría de la vida. De Nietzsche, toma la gradación subyacente del puente cultural en la naturaleza ascética humana: la verdadera historia y política de un pueblo reside en la conexión entre el genio y el pueblo. Gradación que interrumpe la transición de una generación de últimos hombres a otras.

Dr. Ángel Velázquez Callejas
Miami, diciembre de 2016

 

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Worms, René: La sociología, París, 1925.

 



[1] Aunque algunos, como el ensayista Juan Benemelis, sugieren que Lamar aprovechó la Primera Conferencia Panamericana de Eugenesia y Homicultura, celebrada en La Habana del 21 al 23 de diciembre de 1927, para lanzar Biología de la democracia durante el gobierno de Machado, cuando era su secretario de prensa, esta idea no es del todo precisa. Tampoco se precipitó en ese momento. Es cierto, sin embargo, que Lamar desempeñó un papel en la organización del congreso de eugenesia, lo que revela su compromiso con el evento. Desde sus primeros años, Lamar se había sumergido con fervor intelectual en los estudios de biología y darwinismo, explorando estos campos con una pasión notable. No obstante, Lamar nunca se consideró un eugenicista en el sentido estricto de la biología. Más bien, su enfoque se inclinaba hacia la promoción de la inmigración de diversas razas como un medio para estimular el desarrollo de América. Para una comprensión más profunda de sus ideas, se recomienda consultar su obra La crisis del patriotismo. Una teoría de las migraciones.

 

[2] Sin previo aviso, algo emerge aquí, casi como un eco inevitable: Lamar no solo se enfrentaba a dilemas políticos, sino a una cuestión ética de gran calado. La transición que él presenciaba, marcada por una crisis profunda del patriotismo nacionalista, lo empujaba a reconsiderar su propia responsabilidad. En ese contexto, El principio de responsabilidad de Hans Jonas (1979) habría sido clave para comprender la verdadera naturaleza de su desafío. Jonas, tal vez, habría visto en Lamar no solo la lucha por una idea abstracta, sino el ejercicio de una responsabilidad ciudadana concreta, una que se gestaba en una era que ya había dejado atrás la metafísica martiana.