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Tuesday, September 2, 2025

Memorias indóciles: Una masacre olvidada en la historia de Cuba*

 


Por Isabel Soto Mayedo

Las páginas más oscuras de la historia de la revolución cubana fueron arrancadas de los textos escolares, pero el tiempo se está encargando de develar las verdades más escondidas. Una de ellas fue lo ocurrido en dos días de pólvora y silencio, a finales de agosto de 1962, cuando se desató un baño de sangre contra los integrantes de un grupo de militares y civiles organizados bajo el llamado Frente Anticomunista de Liberación (FAL).

Este episodio histórico fue el intento de alzamiento armado planeado para el 30 de agosto de 1962, fecha que, según el historiador Alberto Fibla (Diario Las Américas, 4 de agosto de 1999), “debe ser recordada por cada cubano” como un grito prematuro de libertad.

La frustrada conspiración del FAL intentó entonces lo inimaginable: derribar al régimen de Fidel Castro desde dentro de los cuarteles. La operación fracasó antes de comenzar y el horror que siguió aún resuena en informes diplomáticos secretos, en las memorias de los sobrevivientes y en la piel de las familias que nunca pudieron despedir a sus muertos.

Apenas tres años después de la entrada de los barbudos a La Habana, muchos de los que habían combatido contra Fulgencio Batista se sentían traicionados. El “halo de hipocresía” inicial de Fidel Castro, como lo describe Fibla, se disipaba con rapidez, dejando al descubierto la consolidación de un régimen marxista-leninista, de partido único y alineado con la Unión Soviética.

En ese contexto nació el FAL desde dentro de las propias filas castrenses. Su líder fue el comandante Evelio Francisco Pérez Menéndez, conocido como Frank, descrito como “un hombre digno y amante de la libertad”. A su lado figuraba Jesús Faraldo, segundo jefe del movimiento. Ambos planearon un levantamiento popular en La Habana y en otras regiones del país, para lo cual buscaron alianzas con miembros de la Marina de Guerra, la Policía y varios regimientos militares.

Entre las organizaciones que se sumaron al proyecto disidente se encontraban el Movimiento 30 de Noviembre, Unidad Revolucionaria, el Movimiento Montecristi, el Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR), a través de Héctor Fabián, y otras agrupaciones menores.

También estuvieron incolucradas personalidades políticas como Rufo Lopez Fresquet, quien fungió como Ministro de Hacienda del gobierno revolucionario hasta marzo de 1960, cuando renunció a su cargo.

El FAL no era un grupo aislado. Según testimonios de opositores de la época, consiguió la unificación de un buen número de organizaciones representativas de la resistencia civil, creando una alianza inédita entre militares desencantados y civiles que sentían caer el “yugo comunista” sobre Cuba.

Una guerra civil inminente

La estrategia del FAL era audaz y de una escala colosal. El levantamiento estaba programado para iniciarse a las 7 pm del 30 de agosto de 1962, dos horas antes del tradicional cañonazo de las 9 pm en La Habana, con el fin de sorprender al régimen.

El plan maestro consistía en aislar la capital mediante bloqueos simultáneos en todas sus entradas. El objetivo era descabezar al gobierno, cortando comunicaciones y líneas de suministro, para dar inicio a una “guerra civil” que sus promotores consideraban “justa y necesaria” para liberar a la patria.

Pero la operación fue abortada, porque el gobierno logró infiltrar el movimiento. Cerca de 400 personas fueron detenidas y muchas de ellas terminaron ejecutadas en lo que se conoce como la Masacre del 30 y 31 de agosto de 1962.

Infiltración y represión

La magnitud del proyecto fue, irónicamente, su perdición. Los documentos históricos señalan que el plan “se difundió más de la cuenta”. El régimen activó su táctica predilecta: la infiltración. La Seguridad del Estado, con una eficacia temible debido a la amplia red de soplones y espías que desarrolló desde la clandestinidad y en la Sierra Maestra, penetró las células del FAL.

La reacción de Fidel Castro fue rápida, brutal y ejemplarizante. No hubo juicios justos ni clemencia. Consciente del peligro real que representaba esta convergencia de fuerzas, el régimen inició una oleada de arrestos y fusilamientos indiscriminados. Una purga silenciosa, pero implacable, cayó sobre militares y civiles.


La represión culminó en jornadas de masacre en la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, escenario habitual de los fusilamientos de los llamados Tribunales Revolucionarios.

Evelio Francisco fue fusilado el 21 de septiembre de 1962. Poco después, cayó frente al paredón Ricardo Olmedo, sobreviviente del ataque al Palacio Presidencial del 13 de marzo de 1957. Entre los ejecutados se cuentan, además, Juan Carlos Montes de Oca, Luis Sánchez Carpente y Jesús Sierra. También figura Sara Rodríguez, madre de Carlos y Juan Salabarría, detenida para obligarla a confesar el paradero de sus hijos. Antes de ceder, se quitó la vida.

La mayoría de los implicados encontraron la muerte ante el pelotón de fusilamiento y los que sobrevivieron fueron condenados a décadas de prisión en condiciones infrahumanas. La represión no se detuvo en 1962: durante años, se persiguió y ejecutó a cualquier sospechoso de vínculos con el complot que puso en entredicho la fe ciega en el liderazgo de Fidel Castro.

Un informe diplomático rescatado

Un diplomático occidental, asentado en La Habana en esa época, dejó constancia para su gobierno de lo que vio y conoció de primera mano a través de varias fuentes. Su informe –recuperado ahora en un libro en preparación– es un retrato crudo de la ingenuidad y el heroísmo de aquellos conspiradores. En un extenso y revelador despacho, el diplomático contextualizó el evento dentro del marco geopolítico de la Crisis de los Misiles, en octubre de 1962, y expuso los detalles del fallido plan desde una perspectiva realista que debe ser considerada en cualquier análisis de aquellos hechos.

Así aparece citado por el diplomático en los reportes que he logrado revisar, y cuya autoría omito por el momento a petición de los investigadores involucrados en la pesquisa de los legajos inéditos:

“Sublevación militar interna. Hay dos cuestiones que aparecen confundidas o se interfieren la una a la otra: régimen de Fidel Castro y ocupación militar del territorio de Cuba, como avanzada nuclear soviética contra Estados Unidos. Si esta avanzada, si este campamento militar, ofreciese para la URSS más garantías y seguridades el establecerlo, por hipótesis, en la isla de Puerto Rico o en la de Jamaica, el Kremlin hace tiempo que hubiera abandonado al Barbudo de la Sierra Maestra a su suerte, la cual hubiera sido muy afortunada si en ese mismo mes de agosto hubiera triunfado la última y disparatada sublevación militar interna, pésimamente organizada por el Frente Anticomunista de Liberación, cuyos elementos procedían en su mayoría del Ejército y de las Milicias.

“Uno de los objetivos más acariciados por los conjurados del FAL era el asalto a las bases soviéticas en las que se suponía la existencia de proyectiles balísticos. Ocasión habrá más adelante para detallar que estos hombres llegaron a celebrar conversaciones con los soldados recién llegados del Báltico y de la Europa Central, y que estos les manifestaron que ‘lo que deseaban era la libertad, pero que, en lo que planeaban, era casi imposible que pudieran ayudarlos’.

“Estos hombres del FAL, cuyo heroísmo y valentía nadie niega, cometieron el grave error de no contar con un jefe idóneo, de confundir a los que simpatizaban dentro de los cuarteles con la sublevación como auténticos comprometidos y seguidores; llevados de su entusiasmo e inocente impericia, se les ocurrió algo verdaderamente arriesgado e imprudentísimo, por falta de conocimiento interno de su modo de funcionar: visitaron las embajadas occidentales y anunciaron sus propósitos para pedir su colaboración en el sentido de que informasen inmediatamente a sus gobiernos cuando el golpe de Estado se produjese”.

El error fatal

El informe detalla el momento crucial en que la conspiración se expuso a sí misma. El funcionario diplomático revela que un colega suyo –embajador de un país occidental– estuvo a punto de informar a su capital sobre el inminente golpe, creyendo que triunfaría. Fue él quien, conociendo a los principales implicados y la deficiente organización, lo disuadió:

“Alguno de los embajadores occidentales creyó que el FAL, la primera conjura castrense del nuevo Ejército de la revolución marxista-leninista, iba a triunfar, y a punto estuvo de comunicárselo así a su gobierno. El día 27 de este mes de agosto consultó conmigo; conocía yo a varios de los principales encartados, sabía que eran hombres decididos y dispuestos a jugarse la vida en el empeño de derrocar al régimen por el cual no habían luchado. Yo mismo les advertí que con una organización tan deficiente, su fracaso era seguro. El embajador tenía ya redactado el telegrama: ‘No lo envíe señor embajador, esta sublevación está fracasada de antemano’, le dije”.

Implicados en el alzamiento del 30 agosto de 1962.

Ese error de confiar en los cuerpos diplomáticos resultó mortal. La filtración fue inevitable:

“Y así fue; además de otros informes, el gobierno castrista supo, por alguien –no sé si diplomático o subalterno de una de las embajadas que visitaron los entusiastas conjurados–, que el golpe de Estado se daría el 30 de agosto a las diez de la noche”.

Juicios sumarios y ejecuciones

La redada fue masiva y despiadada: “Cerca de 300 jefes y oficiales fueron arrestados entre el 29 y el 30, algunos fusilados inmediatamente, otros encarcelados. La sublevación había abortado. Interiormente, nada había que temer y aquel levantamiento había sido un suicidio, lleno de nobleza, pero también sobrado de imprudencias”.

La represión no se limitó a los implicados directamente. El informe destaca una víctima en particular, un caso de terror aleatorio para sembrar el miedo:

“Como víctima singular que nada tenía que ver con aquel patriótico alzamiento, al filo de las doce y minutos de la noche, también entre el 29 y el 30, era fusilado Manolín Guillot, que había sido detenido el mes de mayo anterior y sufrido torturas en Las Cabañitas, singulares ergástulas de tormento”.

Purga estalinista

A pesar del fracaso, la audacia del plan conmocionó a la cúpula gobernante. La reacción de Fidel Castro no fue de alivio, sino de paranoia, y por ello ordenó una purga sistemática.

“A pesar del fracaso, aquella sublevación puso nervioso a todo el gobierno y Fidel Castro creyó que sus ramificaciones eran mucho mayores que las descubiertas. La purga de oficiales del antes llamado Ejército Rebelde, el que le siguió en la Sierra Maestra, fue típicamente estalinista”, relata el informe.

El diplomático concluye con una aguda observación sobre la naturaleza de la alianza entre Castro y la Unión Soviética, y sobre el estado de ánimo de un líder que, aun habiendo sofocado la rebelión, se sabía vulnerable: “Pero no dormía tranquilo en ninguna parte el Amo de Cuba, como con la relativa independencia que las conveniencias de la Unión Soviética le consentían”.

Silencio y memoria

Los días 30 y 31 de agosto de 1962 quedaron borrados oficialmente. Nunca hubo alusiones a lo ocurrido, ni conmemoración, ni mención en la prensa controlada por el Estado. La historia fue reescrita para sostener el mito de una revolución humanista, monolítica e inquebrantable.

Pero los documentos –como este informe diplomático– persisten. Son testamentos mudos de un capítulo trágico: el de la valentía de unos hombres que, movidos por un ideal de libertad, se enfrentaron a una maquinaria totalitaria apenas en cierne y pagaron el precio máximo.

Su historia -y la de la madre que prefirió quitarse la vida antes de denunciar a sus hijos ligados al plan– fue silenciada durante décadas y ahora exige ser contada. No como un simple fracaso, sino como testimonio de que incluso, en los momentos de mayor opresión, algunos cubanos valerosos optaron por un “suicidio lleno de nobleza” antes de renunciar a ver la patria liberada del oprobio y la mentira bajo un régimen comunista.

El 30 de agosto de 1962 no fue una simple escaramuza, sino el clímax de una conspiración masiva que pudo haber cambiado el rumbo de Cuba. Su fracaso aseguró la consolidación definitiva del castrismo y exhibió la eficacia aterradora de su aparato de seguridad.

Lo peor: dejó al descubierto hasta dónde estaba dispuesto a llegar el poder para perpetuarse.

*Tomado de Café Fuerte


Monday, August 11, 2025

Los crímenes secretos de Fidel en México


 Otro video de Ranfis Suárez de su serie El Matarrelatos. 

Descubre la historia oculta de Fidel Castro en México antes del Granma. Basado en el testimonio de su entrenador militar, Miguel Sánchez 'El Coreano', este material revela los asesinatos y las purgas que marcaron el nacimiento del Movimiento 26 de Julio.

Tuesday, August 5, 2025

A 31 años del Maleconazo: La memoria de un pueblo sin memoria


Por Enrique Del Risco

Porque antes de un 11 de julio hubo un 5 de agosto. Hace cuatro o 31 años, da igual. Cientos, si no miles, gritando en las calles de la Habana Vieja y Centro Habana “Libertad”. Solo que en 1994 no había redes sociales ni las cámaras andaban de mano en mano en forma de teléfonos. Tenemos que conformarnos año tras año con los mismos seis minutos y pico de imágenes tomadas por algún turista o periodista extranjero con gente escuálida y descamisada (literalmente, como dicen que son los que hacen las revueltas) que va de un lado a otro sin soltar la bicicleta de puro miedo a que se la roben. Imágenes incomprensibles si no se entiende el contexto: hambruna por años, desesperación, intentos de fuga del país que a veces terminan en masacre (como en hundimiento del remolcador 13 de marzo hacía apenas tres semanas) o con éxito (como el secuestro de la lanchita de Regla hacía apenas unos días). Gente que se reúne en la Avenida del Puerto a la espera de que un milagro la saque del país y de la miseria (que es más o menos lo mismo) y grupos paramilitares disfrazados de obreros de la construcción que los hostigan hasta que la furia estalla e invade media ciudad, la mitad más pobre. Tenemos esas pobres imágenes y los rumores de los cientos de presos, de algún muerto y de un karateca (o un policía), disfrazado de miembro del Contingente Blas Roca, al que le sacaron un ojo de un botellazo. (Los disfraces, aunque no engañen a nadie tienen un sentido teatral: no es la policía quien reprime al pueblo sino los obreros que se enfrentan a los delincuentes).

Fuera de esa pobreza de imágenes, de memoria, está la historia oficial. La de los antisociales que asaltaron tiendas para turistas (algo que también pasó), la de Fidel como Moisés abriéndose camino entre las masas airadas y convirtiendo los “Abajo Fidel” en puro “Fidel, Fidel” (aquí la historia oficiosa se contradice: si eran vulgares saqueadores ¿qué hacían gritando “Abajo Fidel”?). Como si las tropas especiales no hubieran llegado antes a preparar el terreno, a demoler la rabia desarmada. Luego, los pasos que dicta el Manual represivo del totalitarismo, tan bien descritos en la película rusa “¡Queridos camaradas!”: borrado de memoria, ocultamiento de los muertos y algo de comida en la forma de la apertura de los mercados campesinos unos días después. Lo otro fue el gran aporte del castrismo a la teoría marxista-leninista: el éxodo como arma de lucha. Como mismo se había empleado en los 60’s o el ochenta. Resolver el problema trasladándolo. Y entonces Fidel creó la llamada “Crisis de los balseros” y vio que era bueno. Los mismos que antes perseguían y mataban para impedir una fuga ahora la propiciaban y hasta ayudaban a los desesperados a subir a las balsas. A que se los comieran los tiburones o crearles problemas de logística al enemigo imperialista que no sabría dónde meter a tanta gente.

Luego, en el 2021, la historia se repitió, represión, control narrativo, comida anecdótica y ornamental y éxodo a través de Nicaragua. Antes el poeta Virgilio Piñera había cantado: “¡Pueblo mío, tan joven, no sabes ordenar!/ ¡Pueblo mío, divinamente retórico, no sabes relatar!/ Como la luz o la infancia aún no tienes un rostro”. ¿Cómo va a tener rostro, cómo va a madurar, Virgilio, un pueblo al que cada día le roban la memoria, la voluntad y el tiempo?


Wednesday, June 4, 2025

Operación Makasi



Por Pedro Corzo

Hay historias que por falta de documentos adecuados o testimonios acreditados de sus actores se convierten con el tiempo en leyenda, lo que tal vez habría ocurrido con los cubanos que combatieron el Castro comunismo en África si el cineasta Wenceslao Cruz con la colaboración del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo y fundamentalmente los protagonistas de esa gesta, no hubiera dirigido el documental que recoge aquella cruenta experiencia en la que cuatro pilotos aviadores cubanos perdieron la vida.

“Cubanos combatiendo el castro comunismo en África” es un documento histórico que testimonia el compromiso de un amplio sector del pueblo de Cuba de no cejar en el empeño de reconquistar sus derechos, aunque fuera combatiendo en tierras extranjeras.
La prácticamente desconocida Operación “Makasi”, fue un plan forjado por dependencias del gobierno de Estados Unidos para detener el progreso de las fuerzas comunistas en el antiguo Congo Belga, empeño, en el que participaron exiliados cubanos con el compromiso de las agencias federales de prestarles el apoyo que fuera pertinente para que siguieran combatiendo el régimen totalitario castrista, como expresa Generoso Bringas y otros expedicionarios en el documental.

Estos combatientes habían previamente confrontado al régimen en la Isla militando en las numerosas organizaciones que operaban en la clandestinidad o alzándose en armas contra el totalitarismo.
Posteriormente, en el exilio, se integraron mayoritariamente a la Brigada 2506, después se incorporaron a los grupos armados que en Centro América operaban en lanchas rápidas contra los intereses castristas, bajo el liderazgo de Manuel Artime.

Estos exiliados cubanos, al tener conocimiento que el asesino en serie Ernesto “Che” Guevara era el jefe del contingente que Castro había enviado al Congo, mostraron un mayor interés por participar en el proyecto.

El artillero de una de las lanchas rápidas, Félix Toledo dice en el documental “El combate se produjo por la noche y duró unas dos horas. Fue a corta distancia. Sólo combatieron cuatro de las cinco embarcaciones enemigas, ya que la quinta lancha se alejó de la zona. Poco después supimos que en ella se encontraba Guevara”, por su parte el piloto aviador, Juan Carlos Perón, relató la muerte de su colega Juan Tuñón, quien después de haber contraído malaria fue capturado por grupos rebeldes y asesinado brutalmente.

Uno de los testimonios más escalofriantes es el del soldado de infantería, Juan Tamayo, quien recuerda “Fuimos al rescate de unas familias, unos misioneros, aquello daba grima porque había niños, mujeres, ancianos, pero a mí lo que más me impresionó no fueron los tiros, fue que entre los rescatados había una niñita que no llegaba al año que me tuve que poner entre mis piernas, a pesar de que estaba disparando una ametralladora, tenía que cubrirle la carita con una mano para que los casquillos calientes que saltaban del arma no cayeran en su cara, me imagino que si esa niña está viva, debe ser sorda porque el tableteo era infernal”.

Al concluir exitosamente la Operación Makasi, cubanos del exilio, con independencia del gobierno de Estados Unidos se aprestaron a luchar contra los mercenarios castristas que en Angola respaldaban al gobierno de Agustino Neto, uno de estos hombres fue el también brigadista Miguel Álvaro Jimeno quien declaró, “Nuestra presencia en Angola fue consecuencia directa de nuestros anhelos de luchar contra el comunismo en Cuba y en cualquier otro país, esa operación era tan ajena al gobierno de Estados Unidos que cuando ellos pusieron en ejecución el Clark Amendment, salimos clandestinamente de Angola hacia Zaire donde otro líder de la insurgencia, Holden Roberto, puso a nuestra disposición dos camiones para que nos escondiéramos en cargamentos de plátanos[PC1] ”.

El documental también muestra la profunda solidaridad del exilio cubano a través del “Miami Medical Team”, cuyo director y fundador, el doctor Manuel Alzugaray, describe los viajes y envíos de recursos médicos a Angola en respaldo a las fuerzas de Unita que dirigía el ya desaparecido Jonás Sabimbi.

El film de Cruz fue estrenado en la FIU con la colaboración del Cuban Research Institute que dirige Sebastián Arcos, después en el museo de la Brigada 2506 y por último en la Universidad Atlantic de Puerto Rico, que dirige Ramon Barquín III, donde una espectadora Xiomara Ledon me dijo, “se ve que son cubanos, porque son los únicos que narran tragedias sin dejar de sonreír”.



 

Tuesday, November 12, 2024

La Cuba de hoy y de mañana

El pasado septiembre Hypermedia Magazine tradujo y publicó un artículo que el periodista norteamericano J.D. Whelpley dio a la luz en 1900, en la revista The Atlantic Monthly. A dos años de terminada la guerra hispano-americana y en plena reconstrucción del país bajo la ocupación norteamericana el periodista hizo interesantes observaciones a partir de su visita a la isla. Por el interés histórico que puedan tener estas observaciones -con toda su carga de desconfianza, superioridad, racismo y condescendencia- creemos importante reproducirlas en nuestro blog.  

La Cuba de hoy y de mañana



En ningún momento de la historia reciente de Cuba ha sido más difícil que ahora para el pueblo de los Estados Unidos obtener una visión correcta de las condiciones en esa isla. Esta puede parecer una afirmación injustificada en vista de la paz que ahora prevalece, la reactivación del comercio, la presencia de norteamericanos en todas las comunidades y la gran cantidad de espacio que la prensa dedica ahora a Cuba y a su pueblo.

Sin embargo, es cierto, como lo sabe cualquiera que haya analizado el asunto desde un punto de vista imparcial y desinteresado. Incluso cuando España tenía a Cuba agarrada por el cuello y desalentaba a los norteamericanos de venir a la isla, el pueblo de los Estados Unidos estaba bastante bien informado de lo que estaba sucediendo. El propósito de una gran parte de la prensa es obtener noticias sensacionales.

Hace dos años, Cuba era un campo atractivo. Las noticias obtenidas desde allí fácilmente podían considerarse exclusivas, rara vez podían corroborarse y, si bien es posible que hubiera habido una exageración considerable en algunas de las historias de horror anteriores a la guerra de 1897 y 1898, los hechos fueron lo suficientemente sorprendentes como para hacer que la exageración fuera insignificante en su conjunto.

La situación actual es peculiar. Cuba ha sido «agotada» desde el punto de vista del periodismo sensacionalista, y abandonada al estadístico, al economista teorizador y al experto gubernamental. Con una campaña nacional en marcha, y una administración, con las manos llenas de problemas en otras direcciones y en busca del respaldo en las urnas, los funcionarios de la administración consideran muy deseable que los asuntos cubanos se mantengan en un segundo plano tanto como sea posible.

Esta actitud en Washington tiene un efecto notable en la prensa conservadora del país; ya que muchos periódicos que no están a favor de la administración actual se oponen aún más al triunfo del ala demócrata que defiende la libre acuñación de plata, y por lo tanto, excluyen de sus columnas cualquier información que pueda servir como munición para el enemigo común. Junto con los periódicos estrictamente de la administración, esto incluye el noventa por ciento o más de los periódicos respetables del país.

Los pocos escritores valiosos que han visitado Cuba últimamente están casi todos controlados necesariamente por estas influencias. Los corresponsales de prensa destacados en la isla han encontrado inútil malgastar sus energías en algo que no sea el suceso diario o la descripción casual de algún trozo pintoresco de la vida.

En cuanto a si los cubanos están a favor o en contra de la anexión, si los americanos gustan o disgustan, si los cubanos son aptos o no para el autogobierno, si están alegres u hostiles bajo la inyección forzosa de los ideales americanos en su sistema español de gobierno, son temas en gran parte prohibidos.

Cuando estuve en Cuba el invierno pasado, y tras una paciente indagación entre todas las clases de personas, llegué a la conclusión de que los cubanos se oponían de forma abrumadora a la anexión de la isla a Estados Unidos. En un artículo cuidadosamente meditado publiqué este hecho en Estados Unidos. La afirmación suscitó sorpresa y críticas. Estas últimas amainaron cuando mi opinión fue confirmada enfáticamente por los generales Wood, Ludlow y muchos otros. Un periodista inteligente y responsable, destinado en La Habana para uno de los grandes diarios de Nueva York, me comentó amargamente la discusión que había suscitado la publicación de esta noticia: «Después de estudiar esa cuestión durante seis meses, escribí un artículo a dos columnas en el que adoptaba la misma opinión que usted, y eso fue hace cinco meses, pero nunca se imprimió. Era una herejía».

Los funcionarios del gobierno estadounidense se unen en el coro de «Todo va bien» por razones obvias. Complace a los cubanos, hace avanzar la causa del poder fáctico en casa y satisface al pueblo de Estados Unidos. La única nota discordante que ha llegado a las costas de este país proviene de las declaraciones de los funcionarios que, al regresar, ya no tienen restricciones para hablar, así como de empresarios, periodistas y otros observadores inteligentes que han pasado algún tiempo en la isla. El contraste entre lo que dicen los funcionarios del gobierno y los políticos y los demás es tan marcado, que por sí mismo arroja sospechas sobre la sinceridad de las declaraciones de los primeros.


La gran dificultad para presentar correctamente estos asuntos es la imposibilidad de citar los puntos de vista reales de aquellos cuyas opiniones llamarían la atención. Lo que el secretario Root, el general Wood, el general Ludlow, el coronel Black, el coronel Rathbone, el general Chaffee y otros realmente saben y realmente piensan sobre la Cuba de hoy y la Cuba de mañana sería intensamente interesante.

Si se conociera, contribuiría en gran medida a formar el sentimiento público en los Estados Unidos, y así influiría en la legislación nacional sobre el tema. Pueden creer que los cubanos son todo lo que se espera de ellos, que están aceptando de buen grado, incluso con alegría y con humilde espíritu de agradecimiento, las enseñanzas de los norteamericanos, y que no pasarán más que unos meses antes de que el buque del Estado cubano pueda ser botado de los astilleros norteamericanos y, conducido por una tripulación cubana, realizar un viaje exitoso y provechoso.

Por otra parte, pueden creer que la tarea que el gobierno estadounidense ha emprendido ostensiblemente es inútil. Pueden haber llegado a la conclusión, tras dieciocho meses de prueba, de que el cubano prefiere sus propios ideales, costumbres y formas de hacer a los de los estadounidenses, y que no se ha hecho ni se puede hacer ningún progreso con esta generación en materia de sustitución.

Incluso, pueden haber llegado a la conclusión de que la falta de control político está tan arraigada en la naturaleza de los cubanos, que, aun eligiendo sus propios sistemas ejecutivo y judicial, no serían capaces de dirigir un gobierno estable e independiente.

Si son optimistas, pueden expresar su optimismo; si son pesimistas, deben ser cautelosos.

Con un conocimiento íntimo de lo que ha logrado o no la intervención estadounidense durante el último año y medio, estos hombres están en condiciones de ilustrar al pueblo estadounidense sobre lo que puede esperarse como desenlace de la situación cubana. Pero, por la propia naturaleza de las cosas, no pueden hacerlo. Deben autoengañarse, ser evasivos o faltar a la verdad de forma optimista.

Las relaciones de Estados Unidos con Cuba son ahora tan falsas y antinaturales, las relaciones de la cuestión cubana con la política nacional en Estados Unidos están tan llenas de posibles peligros para el partido dominante, que hablar claro está más allá de la posibilidad del momento por parte de quienes sostienen las políticas actuales con la esperanza de hacer las del futuro.

Se puede ver fácilmente, por lo tanto, que la mayoría del pueblo de los Estados Unidos tiene pocas oportunidades en este momento de juzgar la situación real en Cuba y, en consecuencia, no puede formarse una opinión realmente inteligente sobre lo que es probable que depare el futuro en las relaciones de los Estados Unidos con esa isla y su pueblo.

La actual agudeza de los asuntos puertorriqueños y filipinos también sirve para desviar la atención pública de Cuba. Será necesaria alguna marcada perturbación de la aparente paz que ahora reina en esa dirección, o alguna tregua en el interés que ahora se presta a otros asuntos, antes de que los inquietos periódicos estadounidenses aprovechen la oportunidad que aquí se les presenta para explotarla y comentarla. En la actualidad es comparativamente fácil para los interesados desacreditar cualquier rumor inquietante.

Repasar brevemente las condiciones existentes en Cuba cuando comenzó la intervención americana es necesario a efectos de comparación. Bajo el dominio español el jefe del gobierno era un militar con poder autocrático apoyado por una fuerza armada. La sombra de la autonomía prevalecía en forma de un gobierno civil subordinado que se extendía desde los asuntos estatales hasta los municipales. El poder judicial era una función subordinada del gobierno, el poder supremo descansaba en el «fiscal» del tribunal supremo, que era en realidad un funcionario del gobierno. Los tribunales eran lentos y venales. Las leyes se hacían para los ricos e influyentes, y así se administraban.


El sistema impositivo estaba concebido de tal manera que permitía escapar al aristócrata terrateniente, y el hombre de negocios y el consumidor pagaban las facturas. Los derechos de importación eran pesados para las necesidades y ligeros para los lujos.

La iglesia desempeñaba un papel importante en el gobierno y, por una ley inicua, un legado a la iglesia se convertía en una hipoteca sobre un patrimonio que se mantenía en su totalidad contra todos y cada uno de los compradores de un pie de tierra de ese patrimonio.

Estas llamadas hipotecas eclesiásticas ascienden ahora a millones de dólares, y hoy en día enturbian el título de propiedad de cientos de miles de acres de las tierras más valiosas.

Los asuntos postales de la isla eran tan imperfectos que pocos se preocupaban de confiar una carta importante a los correos, y el sistema de cobro revertido se había convertido en una especie de chantaje. De los trescientos mil niños en edad escolar que había en Cuba, unos cuatro mil asistían a lo que se dignificaba con el nombre de escuelas públicas.

La educación pública era meramente superficial, y el porcentaje de analfabetismo en consecuencia alcanza ahora en muchas comunidades el ochenta o incluso el noventa por ciento. El bandolerismo prevalecía en todo el país, y era inspirado y sostenido por hombres con altos cargos y posición social en La Habana.

En resumen, la vida, la libertad y la justicia no estaban aseguradas para los ciudadanos de Cuba a menos que pudieran pagar generosamente por la inmunidad contra el asesinato, el encarcelamiento o las desastrosas complicaciones legales.

En tiempos de paz, a pesar de estos agravios, tan grandes cuando se ven a la luz de la civilización moderna, Cuba floreció. Su suelo fértil producía azúcar, tabaco y frutas. La vida no era dura para los pobres con sus necesidades sencillas y sus disposiciones felices. Para los ricos podía hacerse deseable según los medios y la influencia. Los norteamericanos llegaron a Cuba en tiempo de guerra, cuando a estas condiciones se añadió la lacra de un largo conflicto civil, con la consiguiente hambruna del pueblo, reconcentración, estancamiento del comercio y males similares. Es difícil concebir una tierra más hermosa y más desolada por las malas pasiones de los hombres.

La tarea que se presentaba a los estadounidenses no era ligera, pues se trataba de poner orden en medio del caos, y puede decirse sin prejuicios que ningún pueblo podría haberlo hecho más rápida o eficazmente. Los hambrientos fueron alimentados, la vida se hizo segura en cada ciudad, pueblo y barrio. Las aduanas se convirtieron en casas de la moneda, y el dinero recaudado en ellas se contabilizó honestamente.

Toda la isla fue limpiada y desinfectada, real y figuradamente hablando. Resumir todo lo realizado es decir que Cuba fue administrada con un nivel de orden como nunca lo ha sido ningún país hispanoamericano en la historia de este hemisferio.

Tanto los naturales como los extranjeros respiraron aliviados. Los hombres se aventuraron en los campos para labrar la tierra. La fértil tierra respondió con gusto a un ligero estímulo. El comercio revivió y cobró fuerza a medida que pasaban los meses, pues sobre todo flotaba la bandera de los Estados Unidos, lo que significaba que aquí, allá y acullá estaban los oficiales tranquilos, de mirada aguda y resuelta del ejército estadounidense, con cientos de soldados robustos, impetuosos y bien equipados a su disposición.

Hasta aquí todo iba bien. Los Estados Unidos habían llevado a cabo su programa. Los españoles habían sido expulsados de Cuba y se había restablecido el orden. Se cerraba así el primer capítulo de la intervención estadounidense en Cuba.

Por difícil que hubiera sido, fue fácil de llevar a cabo en comparación con lo que vendría después, porque hasta entonces los estadounidenses no habían necesitado cooperación ni ayuda. Ellos concibieron y ejecutaron sus propios planes. Aunque llevados a cabo en una tierra extraña y en condiciones nuevas, no les resultaba un trabajo desconocido. En otros lugares se había aliviado la angustia y restablecido el orden. Se trataba simplemente de adaptar los hombres, el material y el sentido común a un clima tropical.

Después de esto, sin embargo, vendría la preparación de la isla para la libertad y la independencia, pues el pueblo estadounidense, en su ansiedad por demostrar motivos desinteresados, se había comprometido a entregar Cuba a los cubanos. Sin embargo, había una salvedad, contenida en la promesa hecha al mundo entero, de que Cuba mantuviera siempre un gobierno estable.

Al primer vistazo sobre el terreno fue evidente para los estadounidenses que para garantizar esto Cuba tendría primero que ser pacificada permanentemente, las iniquidades contenidas en el código legal eliminadas, la honestidad hecha la regla en todos los departamentos del gobierno, los niños educados adecuadamente, la iglesia retirada a su legítima esfera de influencia, el sistema de impuestos revisado, y una nueva forma de gobierno creada.

Los cubanos, debido a su falta de experiencia, eran manifiestamente incapaces de lograr estas cosas por sí mismos, por lo que los estadounidenses, con vigor y entusiasmo, se pusieron manos a la obra para enseñarles.

La historia de este esfuerzo es el segundo capítulo del relato de la intervención, y aún no puede escribirse todo, aunque, como ocurre con la mayoría de los relatos, puede deducirse alguna idea de lo que está por venir. Las verdaderas dificultades comenzaron en este momento, y por la sencilla razón de que la tarea requería la cooperación de los cubanos. Hasta entonces, los estadounidenses habían trabajado solos; ahora sólo debían guiar, y los cubanos realizar el trabajo al que se habían creído asignados durante mucho tiempo.


Llamando en su ayuda a los hombres cuyos nombres habían sido más generalmente identificados con la lucha por la independencia de Cuba, el general Brooke intentó una forma de gobierno casi civil. Siguió las recomendaciones de los consejeros cubanos en la medida de sus posibilidades, y estos le condujeron a escollos desde el principio.

Descubrió que los dirigentes cubanos habían luchado por un cambio de amos y no de métodos. Se peleaban con el pueblo y entre ellos. Se opusieron a las reformas y fomentaron los problemas entre los naturales y los estadounidenses.

La situación llegó a ser tan grave que el caos amenazó de nuevo, y el general Brooke fue retirado por una administración alarmada para dejar sitio al general Wood, que había mostrado el mayor tacto y los mejores resultados en el departamento bajo su administración.

Probablemente el general Brooke se alegró de escapar. El lugar no le convenía, ni él al lugar. El general Wood era un hombre más joven, con la vida aún por delante, y aprovechó la gran oportunidad que se le presentaba. Su primer acto como gobernador fue uno que le granjeó el aplauso de los cubanos conservadores y propietarios, pues echó del cargo a la pandilla de pendencieros que el general Brooke había reunido y los sustituyó por los autonomistas, el grupo más digno y admirable de hombres identificados con la lucha de los cubanos contra España.

El general Wood continuó alimentando a los hambrientos, desinfectando las ciudades, vigilando el país, recaudando los ingresos necesarios a través de las aduanas y gastando el dinero donde más se necesitaba. Reconociendo los males del sistema legal y otras regulaciones públicas que habían dejado los españoles, nombró comisiones para revisarlos todos, y en cada una de estas comisiones colocó a norteamericanos para dar a los cubanos el beneficio de su sistema y experiencia.

Día a día, a medida que los asuntos erróneos han ido llamando su atención, los ha ido enderezando. En su intenso deseo de mantener la paz en la isla, tanto por su propio bien como por el de la administración que le colocó en su alto cargo, se esfuerza por aplacar a todos los elementos opuestos.

Si un cubano con seguidores se vuelve demasiado ruidoso o se inclina por la crítica, le da un cargo. Esta política se ha seguido con tanta asiduidad que ahora pasar lista a los titulares de los cargos es pasar lista a los principales agitadores de la isla que florecieron en tiempos de tensión y rebelión.

Esto no significa, sin embargo, que estos hombres sean aptos para dirigir al pueblo en tiempos de reconstrucción pacífica, pues muchos de ellos son ignorantes y peligrosos demagogos, y casi todos ellos sólo están esperando el momento, y no con demasiada paciencia, hasta que se vean libres del fuerte control del gobernador americano, para poder obrar su propia voluntad en los asuntos públicos como han soñado hacer durante todos los años en que envidiaron al español el ejercicio de su poder autocrático.

En la época de los españoles, un gobernador foráneo ejercía un gobierno autocrático con ciertas limitaciones legales. Una evasión de estas limitaciones era posible, pero sólo se lograba mediante algún truco secreto. Bajo el mando americano un gobernador foráneo ejerce un poder que no reconoce limitaciones. Cada juez es considerado como un oficial militar bajo su autoridad, y cada ley no es más que una orden militar sujeta a cambio o incluso a ser borrada a una palabra del cuartel general militar.

Bajo esta autoridad absoluta se mantiene a raya la injusticia legalizada, se vacían las cárceles de prisioneros injustamente confinados, se ajusta la tarifa de modo que, ostensiblemente al menos, se grave más a los ricos y menos a los pobres. El dinero recaudado se contabiliza de forma más general y se distribuye con mayor justicia, la instrucción pública ha recibido un fuerte impulso y, en general, en toda la isla el pueblo es libre de perseguir su propia voluntad y placer en las artes de la paz.

Los funcionarios locales fueron al principio designados en todos los municipios, y posteriormente elegidos por sufragio restringido. Sin embargo, es dudoso que los resultados de las elecciones en cuanto a los hombres seleccionados para los cargos sean tan satisfactorios como los del sistema de designación.

Las comisiones nombradas para planificar reformas en los sistemas jurídico y fiscal no han logrado nada tangible por voluntad propia. Las leyes de la Cuba española se mantienen hoy, con algunas modificaciones menores, como las leyes de la Cuba americana.

El capital se invertía en Cuba bajo el dominio español por derecho de garantía y concesión del gobierno. No se ha invertido capital nuevo en Cuba bajo el dominio americano por dos razones. Una, es que el gobierno de los Estados Unidos no se ha atrevido a confiar a sus propios funcionarios el derecho de otorgar concesiones. La otra razón es que el capital de todas las nacionalidades teme ahora que Estados Unidos vaya a mantener la concepción popular de la promesa dada por el Congreso en el sentido de que Cuba será entregada en manos de un gobierno cubano independiente.

No sólo el capital se ha mostrado reacio a ir a Cuba, sino que desde la intervención estadounidense se han retirado realmente de la isla más de ciento treinta millones de dólares de dinero español y de otros países. Lo que se ha logrado en Cuba hasta el momento por la intervención estadounidense puede incluirse en la vigilancia efectiva de la isla, y ningún hombre, por muy optimista que sea en cuanto al futuro, puede poner el dedo en la llaga sobre algo más de valor permanente o señalar un hecho consumado que pueda utilizarse como argumento a favor de la afirmación de que los cubanos serán capaces en poco tiempo de dirigir un gobierno propio, independientemente de la orientación y el control real estadounidenses, que pueda calificarse de estable.

Hay buenas razones para ello. Se encuentran en la naturaleza de la intervención, en las incómodas relaciones políticas de Estados Unidos con la isla y en el carácter y la disposición del pueblo cubano.

La intervención de Estados Unidos en los asuntos cubanos fue la de una fuerza armada presente principalmente para preservar el orden. Esto en sí mismo implica superioridad. Esta implicación es de lo más objetable para cualquier pueblo por débil que sea nacionalmente.

Para el orgulloso y excitable cubano, lleno de antagonismo racial natural, la plena comprensión de esta actitud de los norteamericanos, la de un severo maestro de escuela con la vara en la mano obligando al buen comportamiento, trajo consigo resentimiento y distanciamiento de la obra propuesta de americanizar el gobierno en todas sus funciones.

Necesariamente se ha continuado con la forma militar de la intervención americana. Necesariamente el gobernador americano ha retenido en sus propias manos la autoridad final en todas las cosas. Cada día se ha hecho más difícil predecir cuándo se podría prescindir de esta forma de intervención o en qué momento, o en qué punto se podría permitir que la autoridad americana caducara y la cubana se convirtiera en definitiva.

Hasta ahora los cubanos se muestran en general pasivos en cuanto a estas cosas, pero ellos, al igual que los estadounidenses que ejercen la autoridad, son plenamente conscientes de que el día no se acerca perceptiblemente, ni está cada vez más claro cuándo y cómo los Estados Unidos pueden «dejarlo ir».

España se vio obligada a regañadientes a entregar a su revoltoso hijo a Estados Unidos. El Congreso de los Estados Unidos, para satisfacer la conciencia nacional, todavía gobernada en 1898 por la teoría del aislamiento de la virtud nacional, aprobó una resolución declarando que era el sentimiento del padrastro que el niño fuera libre e independiente.

Sin embargo, había una restricción previa a esta intención que tenía precedencia, y era la promesa a la comunidad internacional por parte del futuro padre de que el niño debería comportarse siempre en lo sucesivo, no sólo ante el mundo, sino en sus relaciones con aquellos que echaran su suerte en su íntima compañía.

En el transcurso de un artículo titulado “Growth of our Foreign Policy”, en el Atlantic de marzo, el honorable Richard Olney expresó brevemente el único significado que puede tener esta promesa en las condiciones actuales, y es que Cuba, desde la firma del tratado con España, pertenecía a Estados Unidos como fideicomisario, y seguiría perteneciendo así.

Esta conclusión es lógica e inevitable tanto si se considera el asunto desde el punto de vista geográfico, estratégico, político, comercial, o en interés de la vigilancia efectiva del continente americano, una tarea asignada a Estados Unidos por las naciones de la tierra, y reclamada por ese país como un derecho así como aceptada como una responsabilidad.

El Tratado de París, en la medida en que afecta a las relaciones de Estados Unidos con Cuba, tiene precedencia sobre la legislación interna promulgada como una cuestión de conveniencia o disculpa política, especialmente cuando dicha legislación se limita a expresar un sentimiento, sujeto a cambios legítimos a la luz de una información y experiencia más completas.

Se puede suponer sin entrar en detalles que mientras a los cubanos no se les haya confiado una gran responsabilidad en ningún departamento de su propio gobierno, poco o ningún progreso se ha hecho para inducirlos a un esquema de autogobierno como el que posiblemente contemplaron aquellos que hace dos años, o incluso más recientemente, abogaban honestamente y creían en la posibilidad de una Cuba libre e independiente.

Los cubanos se quejan ahora amargamente de que nadie puede decir si pueden gobernarse a sí mismos o no hasta que se haya probado. Los estadounidenses los calman con discursos elogiosos, alaban su patriotismo, su generosidad, su adaptabilidad, su sentimentalismo, su afán por añadir sus nombres a la lista de sueldos del gobierno, e invariablemente concluyen con un tributo a sus gracias sociales.

A la persistente y repetida pregunta de cuánto tiempo va a continuar el estatus actual, los estadounidenses se muestran evasivos, indefinidos o contemporizadores, ya que ningún hombre familiarizado con la isla, su gente y sus asuntos, por muy optimista que sea su creencia en el destino de Cuba como república libre, ha tenido la temeridad de fijar un día en el futuro próximo en el que se pueda retirar con seguridad el poder policial estadounidense.

Esto se debe a la absoluta falta de autocontrol político que han manifestado los cubanos en casi todas las ocasiones en que podría haberse ejercido con ventaja. En las reuniones de las comisiones han reducido a los miembros norteamericanos a la desesperación y a un sentimiento de desesperanza de lograr alguna vez el objeto en vista.

Como funcionarios han abusado de su poder, y muchos de ellos no han mostrado ninguna concepción de la idea de un cargo público como una confianza pública. Su incapacidad, su falta de progresismo y, en muchos casos, su deshonestidad han mantenido a los funcionarios estadounidenses ocupados corrigiendo errores y enderezando entuertos.

La idea española de gobierno se ha criado en ellos y están completamente imbuidos de su espíritu. Si la intervención norteamericana cesara hoy, Cuba se convertiría, en un plazo increíblemente corto, en una furiosa caldera de alboroto civil provocado por la guerra interna por el botín. Con el tiempo triunfaría el hombre o la facción más fuerte, y se organizaría entonces un gobierno del mismo carácter indeseable que los que existen ahora en los países centroamericanos.

A los cubanos no les gustan los americanos, y eso es bastante natural. Para los cubanos inteligentes, los estadounidenses representan un país que creen que ahora les está negando su derecho de nacimiento. Con los ignorantes, el antagonismo racial es fuerte.

Estas son generalizaciones, por supuesto, pues hay muchas excepciones, como hay cubanos que están a favor de la anexión, pero son una minoría irremediable. Con una Cuba libre existe la cuestión racial, siempre presente, siempre amenazadora y siempre peligrosa.

Casi un tercio de la población es negra, y una raza no se mezcla con la otra en términos de igualdad social. Incluso se ha propuesto seriamente por conocidos cubanos que tan pronto como Cuba fuera libre se dividiera en dos repúblicas, los negros ocuparían la parte oriental de la isla y los blancos la occidental.

Es difícil para los estadounidenses que no están familiarizados con los pueblos de los países hispanoamericanos darse cuenta del tremendo abismo que existe entre ellos y el pueblo de Estados Unidos en sus costumbres, forma de pensar, ideales políticos y normas morales en asuntos que afectan al bien público.

Los cubanos son hispanoamericanos. Al igual que en México y Centroamérica, la riqueza y la inteligencia de Cuba están en manos de extranjeros y de un pequeño porcentaje de nativos que han vivido mucho en el extranjero o que poseen cualidades excepcionales.

Una Cuba gobernada por los estadounidenses significa un sufragio restringido y una seguridad relativa. Una Cuba libre significa sufragio universal y la rápida caída de la frágil estructura política diseñada y erigida por los estadounidenses, y ahora mantenida intacta sólo por su presencia.

La continuación de las condiciones actuales en Cuba será posible durante algún tiempo sin graves problemas. El experimento de una Cuba libre puede incluso intentarse con el tiempo, dependiendo esto en gran medida del sentimiento público y del poder dominante en las políticas de Estados Unidos.

Inevitablemente resultará en otra intervención que no necesitará disculpas, y continuará mientras Estados Unidos siga siendo una nación.

Es posible que la anexión sea provocada por una franquicia restringida, que con el tiempo perderá la esperanza de una Cuba libre, y buscará la ventaja comercial y la estabilidad política en una unión con Estados Unidos.

También es posible que la situación en Cuba se vuelva tan tensa, incluso hasta la violencia, que Estados Unidos reconozca un cambio de política, y con la mayor suavidad posible transmita a los cubanos la imposibilidad de una república independiente en vista del fracaso de los planes bien trazados en sentido contrario.

Lo único que parece absolutamente remoto, improbable y casi imposible desde todos los puntos de vista es una república cubana libre e independiente.

La esperanza de Cuba no está en la generación actual, sino en la venidera. Con educación, desarrollo, contacto con las instituciones estadounidenses y un largo respiro de la guerra de guerrillas, el nuevo pueblo de Cuba hará una nueva Cuba.

Este pueblo no deseará una existencia política separada, pues se dará cuenta de los mayores beneficios de la libre relación social y comercial con una nación poderosa de la que forma parte, y cuyas necesidades en ciertas direcciones sólo pueden ser suplidas por ella.

Julio de 1900.

Wednesday, September 11, 2024

Los judíos en Cuba, 1492-1902*

 Por Jesús Jambrina, Viterbo University, jejambrina@viterbo.edu



 

A modo de introducción

“(…) la historia de los judíos cubanos, (…) esa historia ignorada, disimulada, en parte clandestina, que aún está por escribirse”
Fernando Ortiz

El objetivo de esta cronología es situar en un cuadro histórico general la presencia hebrea[1] (documentada)[2] en la isla de Cuba desde la inserción de los españoles y los portugueses hasta la proclamación de la República en 1902. Se trata de 410 años que transformaron el espacio, el idioma, el componente humano y las tradiciones religiosas y culturales de la isla, dando lugar a una identidad completamente nueva –la cubana– a través de un proceso que Fernando Ortiz, y con él las ciencias sociales modernas, llamó de transculturación (Contrapunteo 92-97).

Aunque la presencia judía en este período ha sido referida en múltiples ocasiones por los historiadores,[3] pocos estudios se han dedicado a revelar el componente hebreo en el ajiaco cubano en estas cuatro centurias.[4] Si aceptamos, en la tradición de Cecil Roth, Yitzhak Baer, Seymour Liebman, Anita Novinsky, y Moderchai Ardell, entre otros, que los judíos y conversos españoles y portugueses usaron las Américas como vía de escape de la Inquisición, entonces debemos afirmar que aquellos de este grupo que llegaron, pasaron o se establecieron en Cuba, sobre todo en la primera mitad del siglo XVI, algunos incluso, como se verá, procesados por la inquisición, estuvieron entre los primeros judíos en el hemisferio occidental.[5]

Una de las primeras referencias documentales a criptojudíos en el nuevo mundo se encuentra en Cuba en una Real Cédula del año 1518 en la que se menciona a un “Yudio español que andaba en hábito cristiano” (García del Pino y Melis Cappa 3). Esta mención enuncia lo que serían las identidades, muchas veces superpuestas, de judeoconverso, criptojudío, marrano, nuevo cristiano, hereje, apostata y judaizante que también encontraremos en las Américas a partir de esos años y que igualmente consideramos dentro de la definición de judío en este libro.

Antecedentes

La presencia hebrea en la península ibérica se pierde en la niebla de la antigüedad, desde la época de los fenicios hasta la llegada de los romanos alrededor del año 161 a.e.c, que es cuando el consenso historiográfico y arqueológico moderno ha datado el arribo masivo de judíos a lo que hoy son España y Portugal. En el Concilio de Elvira, cerca de la actual Granada, en el siglo IV los obispos ya establecieron medidas –no acatadas por todos– de separación entre judíos y cristianos, haciéndose evidente que la población hebrea era lo suficiente numerosa como para representar un obstáculo a la cristianización de los territorios[6].

Como mínimo, cuando Fernando de Aragón e Isabel de Castilla decretaron la expulsión de 1492[7], los judíos habían vivido en los reinos de León, Galicia, Castilla (la vieja y la nueva), Aragón, Navarra y Granada por más de 1500 años.[8] Lo hicieron bajo los romanos, los visigodos y los árabes, conviviendo con todos y floreciendo como religión y cultura, dando, incluso, el nombre de Sefarad a la península ibérica[9]

Es obvio, por otra parte, que estuviesen entre los primeros que se aventuraran en busca de nuevas tierras al zarpar la primera expedición colombina. Pero ¿qué era ser judío en la España post 1492 y especialmente en el Nuevo Mundo? Cuando Colón, según Bartolomé de las Casas, menciona al trujamán (traductor e intérprete) Luis de Torres en su Diario al describir el desembarco en Cuba, dice que este “habia sido judío, y sabia hebraico y caldeo, y aún diz que, arábigo” [sic], es decir, la filiación religiosa sería pasada.

Sin embargo, en el mismo Diario, también se habla de un Juan Arias, “portugués”, eufemismo de la época para decir “judío”, pues el reino de Portugal no decretó la expulsión hasta diciembre de 1496, ejecutándola en abril de 1497 y, por lo tanto, sus súbditos pudieron practicar el judaísmo hasta esa fecha. En 1493, los primeros “azucareros” en el Caribe, Pedro de Atienza, Miquel Ballesteros (catalán), Aguiló (Mallorquí) y Gonzalo de Vellosa “fueron –según Fernando Ortiz– judíos por su linaje”, significando en ellos más que religión, etnicidad y cultura, en este caso comercial y de oficios.

Luego, el ser judío a partir del siglo XV, en principio, y sin importar el catolicismo público de la persona, estaría atravesado por un linaje étnico religioso ancestral, más o menos cercano en el tiempo que incluía haber tenido algún pariente procesado (o no) por la Inquisición o quemado en la hoguera, realizar algunas prácticas como “quitar la crisma” a los niños al llegar a casa de la iglesia, las mujeres practicar la cuarentena después de dar a luz, usar ropas limpias los viernes en la tarde (comienzo del Shabbat) al igual que encender velas, descansar los sábados, importar y leer libros “prohibidos”, ya fuera religiosos o en la lista de la inquisición, “blasfemar” de los santos y las vírgenes, y practicar ciertos oficios como el de intérprete, mercader, pero también notario, escribano, medico, astrólogo, maestro, zapatero, platero o joyero, entre muchos otros[10].

Este concepto del ser judío se mantendrá en las tierras americanas hasta bien entrado el siglo XIX, convirtiéndose entre algunos grupos poblacionales en memoria histórica y huella familiar[11].

Fuentes

Esta cronología usa como fuentes archivos y bibliografías relacionadas con la presencia hebrea en la isla, anotando ­–y comentado cuando se considere necesario– cuanta información sea útil para profundizar en las relaciones de este colectivo en el surgimiento, existencia y evolución de la nación cubana, sobre todo, en el período de referencia.

Asimismo, se incluirán fragmentos literarios, crónicas, genealogía, datos y nombres relacionados con la presencia judía a nivel regional e internacional, en tanto una de las características de esta comunidad en la época que nos ocupa, serán sus redes económicas, políticas, religiosas y culturales con lo que se conoció como “La Nación” o La Nação (en portugués), como se llamaban a sí mismo los practicantes abiertos o secretos de la Ley de Moisés.

La Nação abarcaba todo el espectro de la diáspora hispanoportuguesa en el Nuevo Mundo, cuyo clímax se alcanza en los siglos XVII y XVIII en el Caribe holandés, británico y francés,[12] en el que jugaron un papel importante los contactos abiertos y/o clandestinos, con las colonias españolas del área. Esta compilación busca poner en perspectiva la presencia judía en la isla después de las expulsiones de la península ibérica: 1483 (Andalucía), 1492 (León, Castilla y Aragón), 1496 (Portugal) y 1498 (Navarra), ubicándola en el contexto mayor de su movilidad, desarrollo y en última instancia, supervivencia.


Notas

[1] La expulsión de los judíos de Andalucía en 1483, del reino de León, Castilla y Aragón en 1492, de Portugal en 1496 y del reino de Navarra en 1498, creó dos poblaciones religiosas distintas, pero con un mismo origen hebreo: los judíos que salieron de los reinos mencionados dieron lugar a la comunidad sefardí mientras que los que se quedaron, convertidos al catolicismo, llamados judeoconversos, se dividieron entre conversos sinceros, los cuales encontraron apoyo en algunos sectores de la iglesia, y los criptojudíos, quienes públicamente eran cristianos, pero en privado seguían las costumbres judías. A estos últimos la Inquisición los calificó de herejes y/o judaizantes, persiguiéndolos y procesándolos allí donde los capturasen. En Portugal se le llamó marranos. Los Estatutos de Limpieza de Sangre, instaurados en Toledo a mediados del siglo XV, impedía a los judeoconversos emigrar a las Indias, pero su aplicación fue relajada en varias ocasiones y, en otras, los mismos conversos buscaron formas de darles la vuelta para poder subirse a los barcos. Para un resumen de la presencia judía en los reinos hispanos inmediatamente anterior a 1492, ver Levi Marrero, Cuba: economía y sociedad, tomo I, pp. 78-83.


[2] Cabe la posibilidad, sobre todo en los primeros siglos de la llegada de los europeos al Caribe, de que gente de diferentes orígenes nacionales, étnicos y religiosos, así como de oficios más o menos lícitos, se establecieran en las villas en busca de empresa y refugio, escapando tanto de la ley civil como de la inquisición. También la condición de archipiélago, con la complejidad geográfica que ello conlleva, jugó un papel importante en la llegada y asentamiento de individuos y grupos fuera de los registros oficiales.


[3] Como veremos en la cronología, el propio Bartolomé de las Casas, el primer cronista de la historia cubana, descendiente de judeoconversos sevillanos, ya menciona la presencia judía en la isla en las primeras décadas de la colonización. Luego, tendremos que esperar al siglo XX para que los historiadores modernos comiencen a mencionarla dentro del devenir socio cultural de Cuba, en particular Fernando Ortiz, César García Pino, Maritza Corrales, Avelino Víctor Coucerio Rodríguez, Reinaldo Sánchez Porro, Adriana Hernández Gómez de Molina, Caridad Fernández Valderrama, Alicia Calzada, incluyendo historiadores e investigadores judío cubanos como Dionisio Castiel, Eugenia Farín Levy, Jaime Sarusky, Ruth Behar, Moisés Asís y Jaime Eisntein. Para un análisis de los estudios dedicados a los judíos en Cuba, ver Corrales, “Los estudios judaicos en Cuba”.


[4] El ajiaco tiene origen en la adafina, el plato que los judíos españoles cocinaban para el Shabbat.


[5] Entre las investigaciones más recientes hay que mencionar las genéticas relativas a distintas poblaciones alrededor del mundo, incluidas las judías, estudios a través de los cuales se ha logrado trazar las migraciones de judeoconversos hacia el Nuevo Mundo, así como su mezcla tanto con las poblaciones nativas como con las de africanos traídos como esclavos entre los siglos XVI y XIX, dependiendo de la región (Chacón-Duque, JC., Adhikari, K., Fuentes-Guajardo, M. 2018).


[6] Por los concilios en la época visigoda, especialmente a partir del año 589, con la conversión al catolicismo de Recadero y el 616, con la primera expulsión de judíos decretada en Iberia, hecha por Sisebuto, sabemos que la presencia hebrea en la actual España fue antigua y numerosa. Será mencionada tanto en fuentes judías como cristianas y árabes, siempre como una minoría socio cultural y religiosa activa a lo largo de la historia medieval.


[7] Las cifras de los judíos salidos de los reinos españoles en 1492 pueden variar dependiendo de muchos factores, pero se estiman en alrededor de 100 mil personas, la mayoría salida en principio a Portugal, pero también al norte de África e Italia y de ahí hacia prácticamente toda la cuenca mediterránea. Uno de los resúmenes más documentados de dichas cifras lo da Julio Caro Baroja en el tomo I de su clásico Los judíos en la España moderna y contemporánea, pp. 198-206. Más recientemente, basado en documentos de cuentas e impuestos del reino portugués en la época de la expulsión, Edgar Samuel ha considerado que, sólo en Portugal, había entre 30 -35 mil judíos, de los cuales el 80-90 porciento eran inmigrantes de los reinos hispanos (43)


[8] Debe apuntarse que no lo hicieron en igual números en todos los sitios ni en todas las épocas, pero a partir del siglo XII ya se encuentran referencias en la mayoría de estos reinos, encontrándose hasta ese siglo los mayores números en el sur, de donde emigrarán al norte, donde se hallaba el grueso de la población judía en 1492.


[9] El término aparece en la Biblia Hebrea o Tanaj, en Addías, 1:20, y fue adoptado por los hispanos judíos a partir del siglo X. Uno de los primeros en llamarse sefardí, es decir, judío de origen ibérico, fue, precisamente, Moses ben Maimón, llamado RaMBaN, conocido como Maimónides (Córdoba, 30 de Marzo, 1135 – El Cario, 13 de Diciembre, 1204), médico, teólogo, y filósofo que se refugió en Egipto, huyendo de las invasiones almohades en el siglo XII.


[10] Debemos recordar que la población cristiana en la época medieval española, sobre todo en la Castilla la vieja, y los Reinos de León, Aragón y Navarra tenía tres grandes oficios, la guerra, a través de la cual podía alcanzar un estatus social al que no llegaban por linaje monárquico o noble, el trabajo en el campo, casi siempre en tierras de Señorío, es decir al servicio de un noble, y la carrera eclesiástica, especialmente a través de las órdenes religiosas. Como en todo hubo excepciones, pero esas eran las tres grandes áreas en las que esta población podía acceder a una vida mejor; los judíos, en cambio, por religión y cultura, aprendían a leer la Biblia Hebrea (el Antiguo Testamento para los cristianos) desde pequeños, en casa y con los rabinos en las Escuela Talmud Torah, incorporando los beneficios que la alfabetización traía en una época donde la instrucción pública era escasa, cuando no inexistente para la mayoría de la población; y por otro, al ser minoría religiosa y no poder entrar en los ejércitos o la iglesia ni tener grandes extensiones de tierras como los nobles o los monarcas, debían aprender oficios, mayormente relacionados con la vida urbana, aunque tampoco siempre fue así. Por ejemplo, el clásico oficio de mercader y/o comerciante, recaudador de impuestos para los nobles o la monarquía, pero también otros más “mundanos” como el de herrero, zapatero, carpintero, curtidor de pieles, otros que requerían conocimientos como el físico o médico, farmacéuticos, contadores, escribanos, oficios todos que luego estarán asociados con los judeoconversos. Cada época de los 1500 años que estuvieron los judíos en España tiene sus propias características en términos de oficios y labores, pero algo permanecía: la sola capacidad de leer y escribir abría a los judíos un espectro de opciones muchas más amplias que a cualquier otro estamento social, incluso, aunque este fuese el dominante, ya sea en el sur, entre los siglos VIII y XII, bajo los musulmanes, o en el norte bajo los cristianos, a partir del siglo XI hasta el XV; en ambos lados de la frontera de la reconquista y de acuerdo a los parámetros de la época, los judíos estuvieron obligados a adaptarse, sobrevivir y desarrollarse como comunidad étnico religiosa, un aprendizaje histórico cultural que traerían al Nuevo Mundo.


[11] Los casos más conocidos son los de Colombia, sitios como Riohacha, Cartagena de Indias y Medellín, en Venezuela, Coro y sus alrededores, el noreste de México y suroeste de Estados Unidos, lo que se llamó el Nuevo Reino de León, en México sitios como Yucatán, Michoacán, entre otros; en Ecuador, Loja, en el noreste de Brasil, las regiones de Rio Grande do Norte, Paraíba, Pernambuco, entre otros lugares.


[12] Está por estudiarse, a lo cual espero este libro contribuya mínimamente, la presencia y el impacto de este movimiento en las colonias españolas del Caribe: La Española (hoy Haití y República Dominicana), Puerto Rico y Cuba. En el caso de Jamaica, que fue española hasta 1655, se ha estudiado la presencia de los conversos y criptojudíos a partir de 1494, cuando la isla pasó a ser feudo de la familia Colón, y donde la Inquisición no tuvo una presencia relevante.


*Introducción al libro del mismo título disponible en Amazon tanto en versión impresa como en Kindle.

Wednesday, August 7, 2024

Alicia (Alonso) y el rojo de sus zapatillas


Por Ranfis Suárez

¿Sabías que en plena “tiranía” de Batista, el Ballet Nacional de Cuba cobraba casi un tercio del presupuesto del Instituto Nacional de Cultura (INC)? 33 000 cabillas de un presupuesto anual de 100 000, entregaba de jamoneta el batistiano Guillermo de Zéndegui a la roja Alicia Alonso. De Zéndegui se percató o lo percataron de que estaba trabajando pal inglés –los comunistas– pues quien manejaba los hilos del Ballet Nacional de Cuba era Sergio Nicols, un sabueso cubano del KGB y le cortó la subvención.
El manejador del BNC, como buen agentón, usaba el Sergio Nicols como seudónimo. Realmente se llamaba Pelayo Cordero Nicot y trabajaba pal aparato de inteligencia cubano-soviético desde que estaba en la Guerra Civil Española. Allí llegaría a ser Comisario Político y comandante de batallón (en la foto) dentro de la 46 División del Ejército Popular Republicano. Al acabarse el conflicto sería capturado y condenado a muerte por los tribunales franquistas pero salvaría el pellejo por su condición de extranjero (cubano).
Tras regresar a Cuba (1945), se convirtió en el jerarca cultural comunista detrás de dos de las mayores plataformas de propaganda roja en Cuba: la emisora Mil Diez y la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo. Después de 1959 fue el arquitecto y mayor esbirro castrista (junto al criptocomunista Marcos Behemaras) del aparato de radio y televisión en Cuba. Desde allí erigió un sistema de adoctrinamiento de masas con el innoble fin de convertir a Cuba en un satélite soviético.
En la foto, un detalle del artículo de la revista Gente (1956) donde Nicols aparece como “el cerebro inventor” del BNC (Ballet Nacional de Cuba, 1948) y se desenmascara a la criptocomunista Alicia Alonso y sus ocultas traquiñuelas con los esbirros culturales del Kremlin.

Sunday, June 9, 2024

ASPECTOS DE LOS MISTERIOS DEL ESTUDIO SOBRE LA CULTURA DE LA POBREZA EN CUBA, POR OSCAR LEWIS

Oscar Lewis

Por:  Rolando A. Alum Linera  [miembro de la AHCE desde 2021]

SUMMARY:   I have been writing for decades about the aborted “Culture of Poverty” Project by U.S. anthropologists Oscar Lewis and Douglas Butterworth in socialist Cuba in 1969-70.  I synthesize past findings and update them with fresh research, while narrating about the Insua family, who were the Project’s main victims (Alvaro Insua spent six years in jail for collaborating with the Project].  Likewise, I rebut S. Rigdon --the biographer of O. Lewis-- who insulted the Insuas (and me) online about the obituary of álvaro Insua that I authored for the Anthropology News (of the American Anthropological Assoc.) [vid Alum, 2020; see link below, at the end].  For the sake of space economics, I only address in the Academia’s Blog some of the issues raised in my more thorough chapter on the topic in the Academia’s ANUARIO # 7 (2023: pp.152-163), though focusing here on the Rigdon unwarranted confrontational comments .  This brief version does not include the Footnotes, Bibliography and my Biographical Information, which do appear in the Anuario # 7 {ralum@pitt.edu}.  

 

   I--Exordio:  En 1969 el famoso antropólogo sociocultural (etnólogo) estadounidense Oscar Lewis fue a Cuba acompañado de su esposa Ruth Maslow Lewis y de su principal colega, Douglas Butterworth con el propósito de conducir el primer estudio en un país “socialista” sobre la “Cultura de la Pobreza” [C-P en adelante].  Tenían la anuencia excepcional de la máxima cúpula gubernamental que llanamente esperaba resultados favorables al gobierno con fines propagandísticos posteriores.  El estudio investigativo [el Proyecto en adelante], rodeado de controversias, reveló información demostrativa sin precedentes acerca de los efectos iniciales de la regimentación socialista en Cuba post-1959. 

   Esta versión resumida para el Blog de la Academia no incluye las Notas al Pie, la Bibliografía relevante, y los Datos Biográficos que sí aparecen en el ANUARIO # 7 (2023).   

   II--Enigmas de la teoría de la C-PInfluenciado por el análisis marxista, y basado en sus estudios previos entre mexicanos y puertorriqueños, Lewis había catalogado los aspectos comunes del elusivo dilema de los pobres en sociedades capitalistas.  Aunque la pobreza se define en términos relativos, la C-P se conceptualiza como un cuerpo amorfo de creencias y conductas transmitidas socio-culturalmente de generación en generación; por ej., baja ética de trabajo y de conciencia socio-cívica, abuso doméstico, alcoholismo, fatalismo, matrifocalidad, homofobia/machismo, consumo conspicuo, y sobre todo gratificación/orientación inmediata.

    Con el apoyo de una generosísima subvención de la Fundación Ford [casi $300,000 -- equivalente a más de $2.5 millones en 2024], los antropólogos intentaron someter a prueba un corolario a la teoría de la C-P.  Con una ingenuidad asombrosa, planteaban que la C-P no podría existir en un país comunista, ya que asumían que las condiciones socioeconómicas enajenantes que la engendran no podrían existir bajo el socialismo.  


El equipo cubano de Oscar Lewis en 1969

   III--Trascendencia del Proyecto:   Por supuesto que siempre hubo cubanos pobres --y de todo fenotipo-- desde la época colonial, y es concebible que existiera alguna versión de la C-P en los apenas 56 años de la era republicana [1902-1958].  No obstante, en mis propias comunicaciones con Butterworth me confirmó el hallazgo notable que él desarrolló en su excelente etnografía, The People of Buenaventura (1980), acerca de los residentes de viviendas públicas en las afueras de La Habana donde fueron relocalizados antiguos pobladores de favelas.  A pesar de que tenían muy pocos años de fabricadas, ya estaban plagadas de abandono y “nada funcionaba bien”.  Aunque Butterworth reconoció las deficiencias socioeconómicas de la Cuba de Ayer, no pudo confirmar --por ejemplo, a través de las “historias de vida” que logró recopilar-- si una C-P generalizada existiera antes de 1959.  

    Sin embargo, Butterworth pudo verificar que existía ya una C-P generalizada en 1969-70, aunque no necesariamente como sobreviviente del llamado ancien régime ya que estimó que apuntaba a ser una consecuencia del sistema socialista post-1959.  Por lo que el corolario de la tesis de Lewis de la supuesta imposibilidad de la C-P en un sistema socialista resultó ser refutada empíricamente.  A pesar de esta obvia conclusión, curiosamente, poca atención se la ha dado en la literatura de la Cubanología o de las ciencias sociales en general.

    El Proyecto proporcionó revelaciones notables que los defensores foráneos de la dictadura cubana todavía continúan obviando.  Entre otras cosas, demostró que la vida del cubano promedio hacia finales de la década inicial del régimen ya estaba atestada de corrupción y escasezes, así como de un desencanto extensivo con los gobernantes.  Todo esto es característico de lo que se denomina las “economías de escasez”, el estándar que se practicaba en las sociedades europeas de modelo soviético.

   Butterworth reveló cómo los cubanos “de a pie” ya se dedicaban a lo que hoy llamamos “formas cotidianas de resistencia”, el arma social de los subyugados en cualquier lugar.  También informó cómo los cubanos ya estaban socavando el estado hegemónico a través de acciones tabú, como: ausentismo, mercado negro, hurtos, y vandalismo, al igual que lo han descrito otros observadores extranjeros (e.g., el diplomático chileno Edwards [1973] y la antropóloga estadounidense Hirschfeld [2008]).

   IV--Cancelación del Proyecto:  Como se confirmó después, el gobierno espiaba todo aspecto del Proyecto: electrónicamente, plantando espías en el personal de oficina y de servidumbre, y los vecinos de los apartamentos asignados a los Lewis para oficinas y residencias en la otrora exclusiva Miramar, confiscados a exiliados.  Hasta la mayoría de los entrevistados fueron escogidos por la Seguridad del Estado.  Además, los entrevistadores eran principalmente miembros de la “Juventud” del Partido Comunista, quienes llegaban al punto de regañar a los entrevistados que se atrevían a quejarse del régimen.  A su vez, los entrevistadores tenían que reportar a oficiales del gobierno sus actividades diarias, según me contó a mí --y también a la historiadora Lillian Guerra (2015)-- la psicóloga [Dra.] Maida Donate (2011), quien participó en el Proyecto, aunque ya exiliada por años.

    Al enterarse el gobierno de las conclusiones negativas que se iban elucidando, los antropólogos extranjeros fueron súbitamente expulsados del país a mediados de 1970, acusados públicamente de “espiar para el imperialismo”.  Gran cantidad de los materiales de investigación, así como equipos y automóviles VW importados por Lewis fueron confiscados.  Peor aún, Álvaro Ínsua [1935-2019], quien aparte de servirle como entrevistado ayudó a Lewis con estadísticas --su profesión en la Academia de Ciencias cubana-- fue encarcelado, irónicamente el 4 de julio de 1970, acusado de “colaborar con espías.”

Alvaro Insua

   Aparte del libro de Butterworth (1980), otros tres volúmenes resultaron del Proyecto: la “Trilogía”, titulada paradójicamente Living the Revolution [Viviendo la Revolución (1977-78)], editados por Mrs. Lewis con la ayuda de la contratista Susan Rigdon [ver abajo], y basados en el material de entrevistas que los Lewis habían logrado sacar del país-isla previamente. 

    Los Insua fueron abandonados en Cuba a su suerte.  En mayo de 1980 se les “permitió” salir a Costa Rica, llegando luego a Miami, coincidiendo con el arribo de los refugiados del Mariel.  Seis meses más tarde se mudaron a Nueva Jersey, donde les di la bienvenida; y cinco años más tarde regresaron a Miami al ser nombrado allí Álvaro --también por sugerencia de varios de nosotros-- el corresponsal principal del incipiente Radio Martí (del Gobierno de EE.UU.).

    V--Debate Vs. S. Rigdon:   Al fallecer Ínsua a principios de 2019, la American Anthropological Association (la cual me hizo después “Miembro Distinguido”) publicó el obituario de Insua de mi autoría en el Anthro News, órgano de la organización.  Pero la antes mencionada S. Rigdon me refutó hostilmente vía online [Internet] (ver R. Alum, 2020,       <https://www.anthropology-news.org/articles/alvaro-insua/>; por ejemplo, la Dra. Rigdon:

1—Intentando mancillar la memoria de Álvaro, cuestionó el número de duros años que él cumplió en prisión, que incluyó campos de trabajo forzado:  Fueron seis; pero Rigdon esgrime que fueron menos, como si eso, de todas maneras, cambiara la ecuación. 

2—Negó que Greta Ínsua haya participado en el Proyecto:  Aunque no figuraba en la nómina oficial, sí colaboró estrechamente (pro bono), según me contaron Álvaro, Greta y el hijo Manolo Insua en nuestras conversaciones a través de las décadas.  Es evidente que los Insua eran prácticamente los únicos cubanos en quienes Lewis podía confiar.

3—Negó que el Proyecto fuera cancelado por el gobierno debido a las conclusiones negativas al régimen que iban surgiendo:  Pero hasta ahora, Rigdon no ha ofrecido otra explicación confiable.

4—Absurdamente, hasta cuestionó cómo y cuándo Álvaro y yo entablamos contacto:  Dio la casualidad que Barbara Hutchinson, otrora ataché cultural en la embajada de EE.UU. en Santo Domingo --donde me había dado la bienvenida como becado Fulbright en los años ’70-- fue enviada por el Presidente Carter al abrirse la Sección de Intereses en La Habana en 1978.  Cuando Insua fue a solicitar visa, Hutchinson nos puso en contacto estando yo aun en República Dominicana conduciendo mis estudios de campo entre cortadores de caña (e.g., Alum, 1985).

5—Negó falsamente que el Proyecto se enfocara en la C-P:  Ese enfoque es obvio y está bien aclarado por la misma viuda de Lewis en el primer volumen de la “Trilogía” (1977-78), y como se desprende también de los archivos en la Fundación Ford y en la Universidad de Illinois a los que he tenido acceso indirectamente solo gracias al profesor Steven Dikes (2011) de la Universidad de Colorado, quien es un reconocido experto en el legado intelectual de Lewis (debo aclarar que años atrás Mrs. Lewis me negó acceso).  

6—Negó que los Lewis abandonaron a los Insua--historial que es indiscutible (Alum, 2021).

  


  Es de notar, además, que Rigdon no es antropóloga, sino científica política; es experta en la China (donde ha pasado tiempo), no en Iberoamérica; no participó en el Proyecto, ni siquiera conoció a O. Lewis (solo devino en amiga cercana y contratista de Mrs. Lewis varios años más tarde); no es ducha en el idioma español; y nunca entrevistó a los Ínsua directamente, o a ningún otro participante del Proyecto.  Pero aun, jamás se interesó por tenderle una mano a los Insua.  Pero, así y todo, ella pretende:  (A) saber más que la familia Insua acerca de su propia odisea,  y  (B) hasta de cómo y cuándo nos contactamos inicialmente.  Es más, en la Antropología consideramos a los entrevistados como semisagrados; pero --con una ausencia de sensibilidad y compasión inaudita-- Rigdon le falta el respeto a la familia Insua.  Y uno se pregunta: ¿No es esto un ejemplo de lo que ahora tildan “apropiación cultural”?   Puede que esté errado, pero sospecho que Rigdon no se hubiera atrevido a lanzar sus insultos si las víctimas hubiesen sido de otra nacionalidad [y no cubanos], opuestos a un sistema de gobierno distinto.

    Mas aun, Butterworth tuvo que publicar su etnografía por separado de la “Trilogía” --precisamente-- por diferir de las intenciones, aparentemente algo indignas de la Sra. de Lewis y Rigdon de minimizar fundamentalmente los maltratos a los Insua y la traición gubernamental a O. Lewis.  Quizás jamás imaginaron que los Insua llegarían al Exilio a contar su historia, y/o que este humilde antropólogo los asistiera y defendiera públicamente. 


   Ambas autoras tienen su derecho a justificar al régimen castrista, si así lo desean.  Pero, como le ripostaron a Rigdon en el sitio Web de la ANTHRO NEWS: (a) Manolo Insua [el hijo de álvaro y Greta]; así como (b) la escritora feminista Ileana Fuentes, quien conoció a Álvaro, además entrevistó a Greta y continua su amistad; (c) y también el bibliotecario F. “Ray” Pestana, a quienes les agradezco su apoyo público:  ¿Es que acaso tiene Rigdon el derecho moral a pretender reescribir la historia a favor del gobierno en Cuba?  ¿Es que se cree ella con el derecho a ofendernos solo por nuestros esfuerzos de honrar la memoria de Álvaro? (ver Alum, 1982, 2019, 2020, 2021).  

   Precisamente, la meta de la AHCE es la de dejar sentado “un registro fidedigno” de la historia cubana --de antes y después de 1959-- tan tergiversada al estilo orwelliano por la dictadura de los Castro y sus acólitos extranjeros.  Aunque hay aun mucha tela por donde cortar, queden aquí aclarados algunos de los “misterios” del “Affaire” Lewis, como lo llamara Maurice Halperin (1981), un ex-radical estadounidense, amigo y crítico de O. Lewis, quien vivió en, y escribió tres libros sobre, Cuba.