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Thursday, March 24, 2022

CONFERENCIA DE TERESA FERNÁNDEZ SONEIRA

La Académica Teresa Fernández Soneira, del Capítulo de la Florida de nuestra institución, ha sido invitada por el Centro Cultural Cubano de Nueva York a ofrecer una charla virtual con el tema “Contribución de la mujer a la Independencia de Cuba” donde va a tratar del papel de la mujer en los esfuerzos independentistas cubanos desde sus inicios hasta 1898.

Teresa Fernández Soneira (La Habana, 1947), estudió en el Colegio del Apostolado del Vedado en La Habana, y más tarde en el de Madrid. En 1961 se exilió con su familia en los EE.UU. donde reside desde entonces. Posee un Asociado en Artes en Filosofía del Miami-Dade College, y una Licenciatura en Humanidades de Barry University en Miami. Como historiadora e investigadora, ha escrito en diferentes periódicos y revistas, y participado en congresos académicos. Ha impartido conferencias en las bibliotecas públicas del Condado Miami-Dade, para la Fundación Padre Félix Varela, etc. Tiene publicados varios libros de temática cubana entre ellos: CUBA: Historia de la Educación Católica 1582-1961 (1997), Con la Estrella y la Cruz, Historia de las Juventudes de Acción Católica Cubana (2002), Mujeres de la Patria, contribución de la mujer a la independencia de Cuba vol. I (2014), y Mujeres de la Patria, vol. II (2018), todos de Ediciones Universal.

La actividad va a tener lugar el sábado 26 de marzo de 2022 a las 7:00 pm (ET). Para asistir a la misma, pulse en el día y hora señalados en el siguiente enlace:

 

http://tinyurl.com/3uvx4t38

Quedan todos invitados.

Capítulo de la Florida

Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp.

Saturday, February 29, 2020

EL PADRE VARELA PIONERO DEL PERIODISMO CATÓLICO EN LOS ESTADOS UNIDOS[1]


Dibujo del P. Félix Varela del artista 
Gervasio Esturo, de la colección de la autora

Por Teresa Fernández Soneira

Cuando el Padre Félix Varela[2] llega exiliado a Nueva York en 1823 arriba por los muelles Atlantic Docks. Una fuerza laboral reforzada por inmigrantes europeos descarga el café que viene de Brasil; las pieles de la Argentina, el azúcar de Cuba y el guano del Perú. Al igual que hoy, los inmigrantes y exiliados dan apoyo con la mano de obra y agilizan el proceso de la industria americana. Las familias cubanas que exportan azúcar a Nueva York en esa época envían con frecuencia a sus hijos a esa ciudad para que aprendan el idioma, la destreza en los negocios, y las costumbres del país. España aún gobierna en Cuba, pero los cubanos adinerados empiezan a considerar a los Estados Unidos como un lugar importante. Nueva York ya es entonces una ciudad en constante ajetreo, llena de bullicio y vida que acoge a pobres y a ricos.
Varela es un hombre maduro, de sólidos conocimientos y vasta cultura, y con un temperamento de luchador que derriba obstáculos como es todo aquel que empuña la pluma. Durante la travesía que ha hecho desde España hasta los Estados Unidos, ha estado meditando y se da cuenta que no habrá ya más cátedra en el Seminario de San Carlos de La Habana por lo que ya no tendrá más alumnos. Se pregunta entonces si no es quizás el periodismo una cátedra con un amplio auditorio. Sin pensarlo más decide entregarse a esta empresa y como veremos llegará a ser uno de los pioneros del periodismo católico de Norteamérica.

Tiene una gran facilidad para aprender idiomas y aunque lee inglés, no lo domina. Entonces, siempre con Cuba en la mente y el corazón, mientras aprende inglés se dedica a escribir y publicar El Habanero, en cuyas páginas enseña a los cubanos la manera en que hay que prepararse para lograr la total independencia de Cuba. El Habanero sería el primer periódico en español publicado en los Estados Unidos.
Dos años después comienza a distinguirse en la prensa de Norteamérica. Por entonces existe un movimiento anticatólico que, aunque tiene una finalidad política, recurre al antagonismo religioso. Vemos como se congregan 73 ministros protestantes y fundan en Nueva York la revista El Protestante en la cual desatan una campaña que es un verdadero furor religioso contra la iglesia Católica en la que despliegan una oleada de odios, persecuciones y discriminaciones contra los católicos, siendo incluso destruidas algunas propiedades de la iglesia. Además del idioma y del clima tan distintos a los de su Cuba natal, Varela tiene que enfrentarse a esta intolerancia y fanatismo del protestantismo. Para contrarrestar la campaña de El Protestante se echa sobre sus espaldas la tarea de refutarlos fundando por su cuenta el Protestant’s Abridger and Annotator[3] (El Abreviador y Anotador de El Protestante), donde hace gala de sus cualidades como polemista severo y enérgico que jamás se excede y que nunca ofende. Prueba de ello es su comentario de noviembre de 1839 en el periódico The Catholic Register[4] (El Registro Católico) de Nueva York en el que responde a ciertas críticas del sector protestante: “los protestantes besan la Biblia en señal de respeto y reverencia. Ellos no están besándola como libro sino porque contiene la palabra de Dios expresada en letras y símbolos. No deberían objetar entonces a que nosotros, los católicos, besemos un crucifijo que más profundamente llama la atención a nuestros sentidos y significa lo mismo”.
El 20 de febrero de 1840 escribe el editorial “La educación de los niños Católicos en las escuelas públicas” en el que nuevamente refuta a los protestantes: ‘La verdadera libertad y tolerancia se demostrarían si se tomase a la educación sin interferir con los principios religiosos de nadie. Lo primero que se hace en las escuelas públicas es poner la Biblia Protestante, sin notas ni comentarios, en manos de un niño, dejándola a su libre interpretación. En casi todas las escuelas públicas se utilizan libros que contienen muchos pasajes alterando y ridiculizando nuestra doctrina Católica. Los mismos maestros no dejan pasar la oportunidad para añadir sus sarcásticos comentarios’. Aunque la situación es muy tensa, Varela la maneja con delicadeza y sensibilidad a la vez que pone los puntos sobre las íes.
Entre 1829 y 1832 escribe también para El Mensajero Semanal[5] de Filadelfia y para el New York Register and Catholic Diary (Registro y Diario Católico) de Nueva York. Contribuye con la Revista Bimestre Cubana de La Habana en la que colaboran prestigiosos intelectuales de la época como José de la Luz y Caballero, Felipe Poey, Joaquín Santos Suárez y Domingo del Monte, entre otros, que logran que la revista alcance renombre. Varela también escribe en el periódico La Verdad de Nueva York, en el Repertorio Médico Habanero, y luego en 1836 funda The Catholic Observer.

El obispo de Boston le encomienda en 1838 la dirección de un periódico destinado a la juventud norteamericana: The Children’s Catholic Magazine. Esta revista para niños fue una de las primeras publicaciones dedicada a la juventud católica de Estados Unidos entre 10 y 16 años, y se publicó entre marzo 1838 y febrero de 1840. Varela fue su director a partir del segundo número. Un año después escribe para The Catholic Expositor y en 1840, a petición del obispo John Dubois[6], dirige el New York Catholic Register. Incansable, continua su labor y un año más tarde funda con la ayuda del padre Constantine Pise, The Catholic Expositor and Literary Magazine donde aparece la producción teológica más completa y madura de su pluma.
Como si todo esto no fuera ya suficiente, colabora con el Truth Teller (El Narrador de la Verdad) y con The New York Freeman’s Journal and Catholic Register (Diario y Registro Católico Libre de Nueva York). Escribe hasta altas horas de la noche; es una intensísima labor periodística la que despliega el Padre Félix Varela en estos años. En la biblioteca que este poseía se encontraron colecciones completas de historiadores griegos y latinos en sus lenguas originales, prueba de que poseía una cultura vasta y completa. Además del español y el inglés, entendía perfectamente el alemán, el portugués, el francés y el italiano. La plataforma sobre la que sustentó sus argumentos y polémicas estuvo siempre fundamentada en fuentes e idiomas originales.
En las primeras décadas del siglo XX, la Iglesia norteamericana comenzó a valorar la labor periodística del P. Félix Varela. En 1898 el padre D.A. Merrick, S.J. publicó en la revista Mensajero un artículo titulado "El Apóstol Cubano de Nueva York" [7], y en 1927 el Padre William F. Blackestee realizó un extenso trabajo para la Sociedad Católica de la Historia de Filadelfia en el que hace resaltar no solo la solidez de los conocimientos científicos y religiosos del Padre Varela, sino también su sorprendente dominio de la lengua inglesa. Dice Blackestee: “Con su penetrante visión, estilo grácil y un dominio asombroso de la lengua inglesa, derrotó de la forma más completa a sus más audaces y formidables opositores en las controversias literarias y en los debates públicos” [8]. El padre Varela también aparece en el Diccionario de Biografía Americana editado en 1936 y en el libro Pioneros del Periodismo Católico de la Sociedad Católica de la Historia de los Estados Unidos[9] donde se le hace justicia por sus innumerables contribuciones.
Iglesia de la Transfiguración

Además del periodismo, Varela fundó en Manhattan dos parroquias: la Transfiguración y St. James donde se distinguió como pastor dedicado a cuidar de los pobres y desamparados de la ciudad, particularmente de los inmigrantes irlandeses. El Venerable Padre Félix Varela Morales fue el primer sacerdote cubano incardinado[10] en lo que entonces era la Diócesis de Nueva York. Como había deseado desde su llegada a Norteamérica en 1823, con su pluma luchó por la justicia, los valores cristianos y la libertad para creer en Dios por lo que desempeñó una verdadera cátedra en los 30 años que permaneció exiliado en los Estados Unidos.
En este mes de febrero que conmemoramos los 167 años de su deceso en San Agustín de la Florida, recordamos al Venerable Padre Félix Varela Morales como abanderado de la fe católica, patriota, músico, científico, teólogo, periodista y figura clave en la historia de Cuba y los Estados Unidos. Es un santo que espera el milagro.





Bibliografia





Blakeslee, Father William F: “Félix Varela”, Catholic Historical Society, Vol. 38, No. 1, marzo, 1927, pp. 15-46.



McCadden, Joseph: Felix Varela: Torch bearer from Cuba, 1984.



Merrick, D.A.: “The Cuban Apostle of New York”, Messenger, 1898, pp. 613-26.



Piqueras, José Antonio: Félix Varela y la prosperidad de la Patria criolla, Fundación Mapfre, Edición Doce Calles, Madrid 2007.



The New York Catholic Register, Gallagher & Smith pubs. 1839-1840.



The Protestant’s Abridger and Annotator, Félix Varela Ed., New York, 1830.



 

[1] Este escrito es un resumen de la entrevista que me realizó el locutor y periodista Miguel Alberto para Radio Fe (que luego se convertiría en Radio Paz), el 19 de abril de 1991,  en el Programa Amanecer.
[2] Félix Varela y Morales (La Habana, Cuba, 20 de noviembre de 1788 - San Agustín de la Florida, 25 de febrero de 1853) fue un sacerdote, maestro, escritor, filósofo y político cubano que tuvo un importante desempeño en la vida intelectual, política y religiosa en la Cuba de la primera mitad del siglo XIX.​ Es considerado uno de los forjadores de la nación cubana.
[3] The Protestant’s Abridger and Annotator, publicado por George F. Buncer y el P. Félix Varela, en el 224 Cherry Street de Nueva York, comenzando en 1830.
[4] The New York Catholic Register, Gallagher & Smith pubs. publicación semanal, 1839-1840.
[5] En el que colaboró con José Antonio Saco. El primer número apareció el 19 de agosto de 1828 en New York redactado por Félix Varela y José Antonio Saco. Los números del 2 al 32 fueron editados en Filadelfia, y a partir del 33 y hasta el final, de nuevo en Filadelfia. De contenido variado. Colaboraron en sus páginas Gaspar Betancourt Cisneros, Tomás Gener, Ramón Vélez y José Estévez. El último número publicado corresponde al 29 de agosto de 1831.
[6] John Dubois (Paris 1764-Nueva York 1842), fundador de St. Mary’s College y tercer Obispo de la diócesis de Nueva York.
[7] D. A. Merrick: “The Cuban Apostle of New York”, Messenger, 1898, pp. 613-26.
[8] Father William F. Blakeslee: “Félix Varela”, Catholic Historical Society, Vol. 38, No. 1, marzo, 1927, pp. 15-46
[9]  Publicado en 1930.
[10] Vincular de manera permanente a un eclesiástico en una diócesis determinada.

Wednesday, February 5, 2020

Invitación

LOS ANTIGUOS MIEMBROS DE LAS JUVENTUDES DE ACCION CATOLICA CUBANA INVITAN A LA DEVELACION DE UN BUSTO EN HONOR DEL VENERABLE HERMANO VICTORINO DE LA SALLE, EL PROXIMO DOMINGO, 9 DE FEBRERO, A LAS 2 P.M., EN LA ERMITA DE LA CARIDAD. 
A ESTE ACTO SEGUIRA UNA MISA DE ACCION DE GRACIAS, CONCELEBRADA Y PARA CONMEMORAR OTRO ANIVERSARIO DE LA FUNDACION DE LA ACCION CATOLICA EN LA HABANA, EL 11 DE FEBRERO DE 1928.
LOS ESPERAMOS.

Sunday, January 12, 2020

EMILIA Y CIRILO: TODO POR LA LIBERTAD*

Por Teresa Fernández Soneira «Cuba no solo es posible, y es probable, sino que es seguro que alcanzará la libertad». Emilia Casanova
Era el 18 de enero de 1832 y en la finca Caimito de Cárdenas, en Matanzas, nacía Emilia Casanova Rodríguez.  Los padres, Petronia e Inocencio, educarían a Emilia con esmero y esta se convertiría en una mujer fuerte y dinámica, pero sobre todo luchadora que dedicaría su vida a la independencia de Cuba. Todo comenzó en 1850 cuando Emilia contaba 18 años de edad.  Mientras se hallaba recostada a un ventanal de su casa vio al general venezolano Narciso López  portar la bandera cubana diseñada por él y que las cubanas y norteamericanas de Nueva Orleáns, en los Estados Unidos, habían confeccionado. Para asombro general, López había desembarcado en Cárdenas en la mañana del 19 de mayo a la cabeza de 610 expedicionarios.  Junto al postigo donde resonaban los primeros tiros por la independencia, los ojos de Emilia se iluminaron al ver el nuevo pabellón de la nacionalidad cubana, y desde aquel feliz momento, dice un biógrafo, «todos sus gustos, sus pensamientos, hasta sus placeres –dice un biógrafo - se concentraron en esa idea primordial que llegó a ser la religión de su alma, y que le dio nuevo impulso, la revistió de nuevo carácter, y la hizo nacer a nueva vida ».  Pero López y sus expedicionarios serían apresados un año más tarde, siendo este condenado a morir por garrote vil, y muchos de sus soldados fusilados. 
Un día, mientras el gobernador español, Manuel Fortún, celebraba un banquete para festejar la derrota de López y al que habían asistido Emilia Casanova y su padre, llegó el momento de hacer los brindis.  En su intrepidez, Emilia dedicó el suyo a la libertad del mundo y a la de Cuba. Los españoles quedaron desconcertados sobre todo porque la que lo proponía era una joven cubana. Fortún condenó las palabras y las consideró un insulto a España. Preocupado y temeroso, el padre de Emilia se la llevó para los Estados Unidos donde la internó en un colegio.  Pero Emilia aprovecharía aquel tiempo en Nueva York para hacer contactos con los miembros de la Junta Cubana dirigida por Gaspar Betancourt Cisneros.   Al saber Betancourt Cisneros que Emilia regresaba a Cuba no dudó en confiarle una comisión delicada y peligrosa: llevar a los conspiradores de La Habana y Matanzas documentos importantes así como volantes sediciosos para distribuir clandestinamente en la isla. 
En Matanzas Emilia formó un núcleo de propaganda y hasta se atrevió a planear una conspiración con la ayuda de su hermano mayor. Aquellas actividades llegarían a oídos de las autoridades españolas y la familia se vería obligada a huir precipitadamente al exilio de Filadelfia en los Estados Unidos. En esa ciudad Emilia conoce al escritor y novelista pinareño Cirilo Villaverde con quien contrae matrimonio el 8 de julio de 1855.  De esta unión nacerían tres hijos: Narciso, Emilia  y Enrique.  Al matrimonio no solo los unía el amor sino también su deseo ardiente de ver a Cuba libre.     «…ni cuando en las oscuras mañanas de invierno iba
puntual, muy hundido ya el cuerpo, a su servidumbre de
trabajador allá en la mesa penosa de EL Espejo, se vio a
Cirilo Villaverde tan meritorio y fogoso y digno de
verdadera admiración». José Martí, Patria, octubre, 1894

Cirilo Villaverde de la Paz había nacido el 28 de octubre de 1812 en San Diego de Núñez, Pinar del Río, zona por entonces rica en ingenios y cafetales.  Sus padres fueron Dolores de la Paz y Tagle y el Dr. Lucas Villaverde y Morejón, médico este del ingenio Santiago.  En 1823 Cirilo se traslada a La Habana donde estudia filosofía, pintura y derecho, y en 1834 obtiene el título de bachiller en leyes aunque pronto abandona la labor de abogado para dedicarse al magisterio y a la literatura que son sus grandes pasiones.  La Habana se hallaba por entonces convulsionada por conspiraciones y por grupos de cubanos que incitaban a la rebelión, como Francisco Lemus quien había dirigido proclamas subversivas al pueblo de Cuba, o el gran poeta santiaguero, José María Heredia, implicado en la conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar.  Este desasosiego en la sociedad se advertiría luego en los escritos de Villaverde. 
En 1838 Cirilo escribe para diversas publicaciones donde aparecen algunas de sus novelas como La peña blanca y El perjurio. Por su obra, Excursión a Vuelta Abajo, un crítico comentó que Cirilo representaba para los pinareños el primer descubridor de la riqueza ecológica y de los paisajes paradisíacos de la provincia.  Dice Villaverde: «fui yo, Cirilo Villaverde, en Excursión a Vuelta Abajo, quien descubrió para las letras universales vida, paisajes y costumbres de estas regiones de Vuelta Abajo al amparo de la pupila creadora del señor Moreau,  con sus dibujos, y otros amigos que me acompañaron en la más hermosa de mis aventuras» . La excursión la realizó el 20 de marzo de 1839 en compañía del pintor francés Alejandro Moreau y del presbítero Francisco Ruiz quienes se dirigieron a Ceiba del Agua, Bejucal, Rincón y San Antonio de los Baños para luego internarse en territorio pinareño.
Asiste Villaverde por entonces a las tertulias literarias de Domingo del Monte,  y publica trabajos críticos para El Recreo de las Damas, Aguinaldo Habanero y La Cartera Cubana.  Pero es en 1838 cuando escribe su obra cumbre, Cecilia Valdés o La Loma del Ángel, una novela romántica de tema costumbrista.  Dice Villaverde en el prólogo de la primera edición: «Publiqué el primer tomo de esta novela en la Imprenta Literaria de Don Lino Valdés a mediados del año de 1839. Contemporáneamente empecé la composición del segundo tomo, que debía completarla; pero no trabajé mucho en él […].  Durante la mayor parte de esa época de delirio y de sueños patrióticos (1865-1878) durmió, por supuesto, el manuscrito de la novela. ¿Qué digo? no progresó más allá de una media decena de capítulos, trazados a ratos perdidos, cuando el recuerdo de la patria empapada en la sangre de sus mejores hijos se ofrecía en todo su horror y en toda su belleza, y parecía que demandaba de aquellos que bien y mucho la amaban, la fiel pintura de su existencia bajo el triple punto de vista físico, moral y social […]». 
En la sentida dedicatoria de Cecilia Valdés típica del exiliado que lo invade la nostalgia, Cirilo escribió: «A las cubanas: lejos de Cuba y sin esperanza de volver a ver su sol, sus flores ni sus palmas, a quién, sino a vosotras, caras paisanas, reflejo del lado más bello de la patria, pudiera consagrar con más justicia estas tristes páginas».  Por esta obra Manuel de la Cruz  considerará a Cirilo Villaverde «príncipe y creador de la novela cubana».   Por entonces Villaverde edita para las escuelas su Compendio geográfico de la isla de Cuba (1845), y junto a su amigo Antonio Bachiller y Morales  dirige el Faro Industrial de La Habana.  Es autor de una serie de relatos y de libros de temas didácticos, históricos y políticos en los que transmite su preocupación por la cuestión de la esclavitud, y describe las costumbres del campo por los recuerdos que guarda de cuando era niño en el ingenio Santiago en Pinar del Río. 
Además de dedicarse a escribir, Villaverde conspira contra el dominio español junto a Narciso López y otros patriotas. En 1848 es detenido por su participación en la conspiración de Trinidad y de Cienfuegos y condenado, primero a diez años de presidio, y luego al garrote . Relata Villaverde: «Encerrado cual fiera en una oscura y húmeda bartolina, permanecí seis meses consecutivos al cabo de los cuales, después de ser juzgado y condenado a presidio por la Comisión General Permanente como conspirador contra los derechos de la corona de España, logré evadirme el 4 de abril de 1849 en unión de D. Vicente Fernández Blanco» . Huye entonces en una goleta que se dirige a Estados Unidos y llega a Nueva York donde se aglutina ya una considerable colonia de exiliados cubanos a la que Simón Camacho  llamaría “un barrio de La Habana». 
En Nueva Orleáns publica El Independiente y es colaborador en La Verdad.  En aquellos años de exilio afirmaría: «Fuera de Cuba, reformé mi género de vida: troqué mis gustos literarios por más altos pensamientos; pasé del mundo de las ilusiones al mundo de las realidades; abandoné, en fin, las frívolas ocupaciones del esclavo en tierra esclava, para tomar parte en las empresas del hombre libre en tierra libre. Quedáronse allá [se refiere a Cuba] mi manuscritos y libros, que si bien recibí algún tiempo después, ya no me fue dado hacer nada con ellos; puesto que primero como redactor de La Verdad, periódico separatista cubano, luego como secretario militar del General Narciso López, llevé una vida muy activa y agitada, agena (sic) por demás a los estudios y trabajos sedentarios» .  En 1854 viaja a Filadelfia para dedicarse a la enseñanza del idioma español, y un año más tarde conoce a la patriota Emilia Casanova con quien contrae matrimonio, como ya mencionamos antes.
Acogiéndose a una amnistía concedida por el gobierno español, el matrimonio viaja a La Habana en 1858 y va a residir a la casa de la calle Galiano 85 ½ donde luego estuvo la famosa tienda El Encanto.  En esa casa les nace su primer hijo, Narciso, el 8 de septiembre en 1858.   En la capital Cirilo trabaja como codirector y redactor del periódico La Habana y colabora en Cuba Literaria.  Pero la situación en Cuba es cada vez más difícil por lo que liquidan sus propiedades en la Isla y en 1860 se van a vivir nuevamente a Estados Unidos. 
En 1861 les nace la hija a la que pondrían por nombre Emilia, como la madre, pero que moriría en 1867. En Nueva York Emilia y Cirilo fundan colegios en Oak Point, Nueva York; en el Bronx, y en Weehawken, Nueva Jersey . Emilia ayuda a constituir la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico en 1866, y aunque está embarazada de Enrique, su tercer hijo, eso no la detiene a seguir participando en actividades revolucionarias. En enero de 1869 funda la primera sociedad de carácter político establecida por mujeres cubanas en territorio extranjero: La Liga de las Hijas de Cuba. Tiene esta organización por objetivo recaudar fondos para la guerra y así socorrer a los heridos y enfermos del Ejército Libertador. Sería esta asociación la precursora de más de 53 clubes revolucionarios femeninos  establecidos para apoyar la insurrección.
La Liga de las Hijas de Cuba envía una carta a José Morales Lemus  de la Junta Cubana, informándole sus propósitos: «El comité de la sociedad Liga de las Hijas de Cuba, […] comprendiendo la urgencia de levantar fondos para proveer a las necesidades de los hospitales de los ejércitos que combaten por la libertad e independencia de la patria, varias señoras se asociaron con este santo objeto a la mira; y desde el 6 de febrero próximo pasado se constituyeron en una sociedad formal y bajo un reglamento escrito, después de la elección de empleadas que desempeñasen los cargos de toda corporación pública».   También estas damas redactan un manifiesto que envían al célebre escritor francés Víctor Hugo  y que va firmado por más de 300 mujeres.  En el manifiesto le piden a Hugo se exprese públicamente a favor de la libertad de Cuba y el las complace.
Al estallar la Guerra de los Diez Años, Cirilo Villaverde se suma a la Junta Revolucionaria mientras colabora con sus escritos en La Familia, El Avisador Hispanoamericano, El Fígaro y en la Revista Cubana.  Emilia por su lado ayuda a familias que han dejado la isla o que han sido expulsadas y que llegan a Nueva York sin recursos para vivir. También escribe cartas a importantes figuras mundiales y a varios presidentes de la América Latina pidiendo apoyo para Cuba.  Vemos que su amplio epistolario incluye personalidades como el ilustre Giuseppe Garibaldi  en Italia, la señora Margarita Masa de Juárez en México, al general Quintín Quevedo en Bolivia. También envía cartas a Benjamín Vicuña McKenna de Chile, a Pedro José Varela en Montevideo, a la señora Juana Manso de Noroña en Buenos Aires, así como a otras celebridades en Venezuela y en el Perú.
A fines de 1868 el padre de Emilia adquiere una mansión en Oak Point, Nueva York conocida como Whitlock’s Folly.   La mansión posee numerosas bodegas para guardar vino así como túneles secretos subterráneos. Uno de los pasajes sale al río Hudson lo que les facilita transportar por esa vía rifles, pólvora y municiones en los barcos que van con expediciones secretas para Cuba.  No pocas de esas expediciones son organizadas por Emilia Casanova, y también se cree que la tripulación del Virginius  salió de esta casa. En la mansión se dan cita los patriotas y Emilia, con palabra encendida y fervorosa, los agita y anima para la insurrección. 
Con la guerra en camino, esta valiente mujer se presenta en Washington en abril de 1868 en los momentos en que el Gabinete de la nación está en sesión. Solicita una audiencia con el Presidente norteamericano Ulysses Grant  quien se la concede enseguida. Como se comunica perfectamente en inglés, le plantea al presidente Grant los anhelos y trabajos del pueblo cubano por alcanzar la independencia y solicita de este que haga suya la guerra separatista. 
En 1869 Cirilo escribe el reporte La Revolución Cubana vista desde Nueva York,  dirigido al presidente Carlos Manuel de Céspedes y que relata lo que sucede entre los emigrados de la ciudad, en especial la actuación de la Junta dirigida por Morales Lemus y Miguel Aldama, quienes quieren controlar y monopolizar las actividades revolucionarias en aquella ciudad.  Villaverde sigue también publicando novelas y cuentos, como Dos amores y El penitente; La cruz negra, La tejedora de sombreros de yarey y El ciego y su perro.  Aunque está en el exilio, su narrativa, predominantemente histórica, costumbrista y social, contribuye a que se consolide ese género en Cuba.  
Las mujeres de la Liga de las Hijas de Cuba presentan al Congreso de los Estados Unidos un Memorial redactado por Emilia y firmado por 30,000 personas de todo el país, fechado el 4 de marzo de 1872,  en el que piden beligerancia para Cuba.  Entre sus párrafos el Memorial expone: «Lo que en Cuba existe no es una sedición pasajera provocada por causa fortuita y sostenida por intereses personales, ni mucho menos es un alzamiento de populacho movido por malas pasiones y dirigido por agentes extranjeros, como dicen los partidarios de España. Lo que hay en Cuba es una revolución popular, política y social, preparada muy de antemano, que ha pasado y está pasando por todos los trámites porque han pasado y pasan y precisamente tienen que pasar semejantes revoluciones».  Desde entonces La Liga comienza a organizar conciertos, rifas de joyas, ferias y bazares y todo tipo de actividades para crear recursos para las necesidades de la contienda.
Pero eso no es todo.  Esta mujer a la que nada detiene, realiza visitas a los más importantes jefes políticos; asiste diariamente al Congreso de los Estados Unidos y suscita debates entre los congresistas sobre el asunto cubano, y en el llamado Salón Mármol contiguo al Senado en el que los senadores reciben visitas, entabla discusiones sobre la obligación de apoyar a la revolución cubana. 
Cirilo entre tanto publica varias ediciones de su Cecilia Valdés, aunque es en 1882 cuando sale la versión definitiva. Uno de los ejemplares llega a manos del gran escritor español Benito Pérez Galdós,  el que al leerla exclama: «no creí que un cubano escribiese una cosa tan buena». A pesar del éxito, Villaverde se quejaría en varias ocasiones de no haber podido siquiera recuperar el dinero invertido en la impresión de su novela.  Periodista, pedagogo, luchador por la causa de la independencia, exiliado durante dos largos períodos en Estados Unidos, «su actividad y su novela son un reflejo fehaciente de las tensiones de su patria».  
Llega el 10 de octubre de 1884 y los exiliados de Nueva York se reúnen en Tammany Hall  para conmemorar el Grito de Yara.  Emilia Casanova, así como una gran muchedumbre, asisten al evento. Todos esperan la presencia de los líderes. Al llegar Gómez y Maceo los aplauden calurosamente, pero cuando entra Emilia se repite la atronadora ovación.  Emilia ese día vistió ropa militar para dar testimonio público de su actuar revolucionario.  Según la historiadora Perla Cartaya Cotta, “lucía un uniforme que consistía en una levita con una golilla fruncida, mangas anchas, y dos bandas azules del hombro a la cintura, una a la derecha y otra a la izquierda con ocho estrellas de cinco puntas. La falda era también color azul» , que era el color de rebeldía que portaban los que estaban en contra de España.  En aquellos momentos de efervescencia patriótica no faltaron quienes compararon a Emilia Casanova con Madame Roland. 
Entre 1888 y 1894 Cirilo hace breves viajes a Cuba; escribe la «Advertencia» y las «Notas» y Cuestión de Cuba; traduce al español David Cooperfield del escritor inglés Charles Dickens, así como publica varios cuentos y relatos.  A pesar de vivir muchos años en el extranjero, mantiene relaciones con sus contemporáneos y ejerce influencia en la cultura cubana. 
Cuando en 1892 Martí funda el Partido Revolucionario Cubano, Emilia Casanova pasa de los sesenta años y ya le van quedando pocas fuerzas. Ha dedicado más de 40 años a la lucha patria, ha sufrido por Cuba, y ha utilizado casi todos sus recursos monetarios en la empresa.  Se entusiasma con la unidad que está logrando Martí y los planes que este tiene para la Guerra de Independencia. Pensamos que Emilia y Martí coincidieron en alguna actividad revolucionaria y que se conocieron en persona, no solo porque los dos vivían en Nueva York, sino también por las descripciones que de ella nos ha dejado Martí. 
Sin ver a Cuba libre, Cirilo Villaverde muere en Nueva York el 23 de octubre de 1894 a los 82 años de edad. «Su muerte parece su último desafío al dominio español sobre su tierra natal», escribe el historiador Enrique del Risco.   Y continúa: «su esposa, Emilia Casanova, lo hizo embalsamar y enviar a La Habana para ser enterrado en la Necrópolis de Cristóbal Colón donde se congregaron sus admiradores, casi todos a su vez partidarios de la independencia». Al saber de su muerte, José Martí escribió: «Cirilo] ha muerto tranquilo, al pie del estante de las obras puras que escribió, con su compañera cariñosa al pie, que jamás le desamó la patria que él amaba, y con el inefable gozo de no hallar en su conciencia, a la hora de la claridad, el remordimiento de haber ayudado con la mentira de la palabra ni el delito del acto, a perpetuar en su país el régimen inextinguible que lo degrada y ahoga» .  Al terminar el entierro, Emilia exclamó: « ¡Si mi esposo duerme en tierra esclava, a mí me tocará siendo Cuba Libre!». Desgraciadamente no fue así.  Emilia tampoco llegó a ver la hora de la redención pues fallece en Nueva York poco tiempo antes de terminar la guerra, el 4 de marzo de 1897.  José Martí escribió elocuentes palabras acerca de una mujer de quien afirmó es «una cubana que en el indómito corazón lleva toda la fiereza y esperanza de Cuba, y en los ojos todo el fuego y el mérito todo de la tierra en la abundancia y gracia de su magnífica palabra...».   Se refería a Emilia Casanova.  Los restos de Emilia permanecieron enterrados en el cementerio de St. Raymond en el Bronx de Nueva York hasta que en 1944, gracias al empeño de su hijo Narciso, fueron trasladados a Cuba donde reposan en el Cementerio de Colón de La Habana al lado de la tumba de su esposo Cirilo. 
En el Norte de los Estados Unidos vivieron exiliados por más de cuatro décadas Emilia Casanova y Cirilo Villaverde. Donde había una necesidad humanitaria o bélica que apoyar, allí estaba Emilia. Cirilo, como el mismo se había definido: «cubano como soy hasta la médula de los huesos y hombre de moralidad», estuvo siempre presto a organizar la insurrección o redactar algún artículo o reporte. «Precursor, y feliz creador de una nueva jerarquía en la novela, »  nos dejó una de las obras cumbres de nuestra literatura.  Emilia, fiel al juramento que desde muy joven había hecho en Matanzas al ver ondear la bandera cubana, había luchado por sus ideales hasta el final de sus días a pesar de críticas y obstáculos. Con palabra ardiente se había acercado a presidentes y ministros para abogar por su sufrida Patria. Cirilo hablaba a los jóvenes de Nueva York que tocaban a su puerta para escuchar sus relatos de Cuba. Tenía derecho a hablarles, porque como había dicho Martí, a la hora de la prueba se había entregado con coraje a la conspiración de López sufriendo hasta prisión, y no había mostrado miedo a morir.
Cirilo y Emilia entraron en la muerte gloriosa  por la puerta grande luego de dedicar sus vidas a luchar como patriotas enteros.  Dios tuvo que conferir a este matrimonio el premio merecido de la gloria eterna por entregar su ser y su quehacer a la libertad. Cuba no puede olvidar a los que la han amado y se han sacrificado por ella.  Y nosotros tampoco.

Bibliografía
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del Risco, Enrique: «Tras los pasos del escritor cubano Cirilo Villaverde en Nueva York», El Nuevo Herald, Miami, 14 octubre, 2016.
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Villaverde, Cirilo: Cecilia Valdés o La Loma del Ángel, Oxford University Press, New York, 2005.

_______: La Revolución de Cuba vista desde Nueva York, New York, 1869. *Artículo aparecido originalmente en la revista Convivencia.