Thursday, May 14, 2026

LA HISTORIA DE CUBA QUE EL CASTRISMO HA QUERIDO SEPULTAR

Por Antonio Gómez Sotolongo

Ramón Blanco Erenas (1833-1906)

Hoy, que algunos cubanos debatimos la posibilidad de una intervención de los Estados Unidos en Cuba, es una bocanada de aire fresco releer las ideas que algunos de nuestros próceres tuvieron al respecto, cuando las circunstancias fueron las mismas.

A continuación comparto las

Cartas cruzadas entre los generales Ramón Blanco (Capitán General de Cuba) y Máximo Gómez (Jefe del Ejército Libertador cubano), con motivo de la proposición del primero, enérgicamente rechazada por el segundo, solicitando una alianza del Ejército Cubano con el Español para luchar juntos contra el Ejército norteamericano.

General Máximo Gómez,

General en Jefe de las Fuerzas Revolucionarias.

Señor:

Con la sinceridad que siempre ha caracterizado todos mis actos, me dirijo a Ud., no dudando por un momento que su clara inteligencia y nobles sentimientos, los que como enemigo honrado reconózcole, harán acoger mi carta favorablemente. No puede ocultarse a Ud. que el problema cubano ha cambiado radicalmente; españoles y cubanos nos encontramos ahora de frente a un extranjero de distinta raza, de tendencia naturalmente absorbente y cuyas intenciones no son solamente privar a España de su bandera del suelo cubano, sino también exterminar al pueblo cubano[1], por razón de su sangre española.

El bloqueo de los puertos de la Isla no tiene otro objeto.

No sólo es dañoso a los españoles, sino que afecta también a los cubanos, completando la "obra de exterminio comenzada en nuestra guerra civil”.

Ha llegado por lo tanto el momento supremo, en que olvidemos nuestras pasadas diferencias y que unidos cubanos y españoles para nuestra propia defensa, rechacemos al invasor.

España no olvidará la noble ayuda de sus hijos de Cuba, y una vez rechazado el enemigo de la Isla, ella, como madre cariñosa, abrirá sus brazos a otra nueva hija de las naciones del Nuevo Mundo: que habla su lengua, profesa su religión y siente correr por sus venas la noble sangre española.

General, por estas razones propongo a Ud. una alianza de ambos ejércitos en la ciudad de Santa Clara.

Los cubanos recibirán las armas del Ejército Español y al grito de: "Viva España! y ¡Viva Cuba! rechazaremos al invasor y libraremos de un yugo extranjero a los descendientes de un mismo pueblo.

Su afectísimo servidor,

Ramón Blanco.

............................................................

Máximo Gómez (1836-1905)

General Don Ramón Blanco,

General en Jefe del Ejército español en Cuba.

Señor:

Me asombra su atrevimiento, al proponerme nuevamente términos de paz, cuando Ud. sabe que cubanos y españoles jamás pueden vivir en paz en el suelo de Cuba. Ud. representa en este Continente una Monarquía vieja y desacreditada y nosotros combatimos por un principio americano: el mismo de Bolívar y Washington.

Ud. dice que pertenecemos a una misma raza y me invita a luchar contra un invasor extranjero; pero Ud. se equivoca otra vez, porque no hay diferencia de sangre ni de razas.

Yo sólo creo en una raza: la Humanidad; y para mí no hay sino naciones buenas y malas; España habiendo sido hasta aquí mala, y cumpliendo los Estados Unidos, hacia Cuba, un deber de humanidad y civilización, en estos momentos. Desde el atezado indio salvaje, hasta el más refinado rubio inglés, un hombre es para mí, digno de respeto, según su honradez y sentimientos, cualquiera sea la raza a que pertenezca o la religión que profese.

Así son para mí las naciones, y hasta el presente sólo he tenido motivos de admiración hacia los Estados Unidos.

He escrito al Presidente McKinley y al General Miles, dándoles las gracias por la intervención americana en Cuba[2].

No veo el peligro de nuestro exterminio por los Estados Unidos, a que Ud. se refiere en su carta. Si así fuese: “la Historia los juzgará".

Por el presente sólo tengo que repetirle que es muy tarde para una inteligencia entre su ejército y el mío.

Su atento servidor,

Máximo Gómez.

[Nota: Esta carta lleva fecha 20 de Abril de 1898]

Tomado de Cronología Crítica de la Guerra Hispano-Cubanoamericana, por Felipe Martínez Arango [En línea] [Fecha de consulta 12 de may 2026] Disponible en: 

https://repositoriodigital.ohc.cu/download/files/original/3dc9c7deb35f03eb5769f0278c0345d165d050c6.pdf


[1] Nótese la coincidencia de los argumentos del General Blanco con los utilizados por el castrismo durante más de seis décadas, con la intención de atemorizar a los cubanos y denostar a los gobiernos de los Estados Unidos.

[2] En 1897 Gómez había enviado una carta a Grover Cleveland, entonces presidente de los Estados Unidos, sugiriéndole la intervención en Cuba. Disponible en: https://blogacademiaahce.blogspot.com/2026/02/carta-de-maximo-gomez-sugiriendo-la.html 

Monday, May 11, 2026

EL OTRO CRISTÓBAL (*)

Por Enrique Del Risco

En mi última visita a Puerto Rico en diciembre pasado pregunté por Cristóbal en todas partes para comprender que en toda la isla no teníamos un solo amigo en común, y que la próxima noticia que recibiría de él sería la de su obituario.

Cristóbal Díaz Ayala (1930-2026) @Fuente externa

“Tienes que conocer a Cristóbal” me escribió mi amigo Arsenio Rodríguez Quintana cuando se enteró que andaba por Puerto Rico. No Colón por supuesto, sino el otro. Cristóbal Diaz Ayala, redescubridor de la música cubana. Arsenio me envió su número de teléfono y a la mañana siguiente estaba con el autor de Música cubana: del Areyto a la Nueva Trova (1993) y La marcha de los jíbaros: Cien años de música puertorriqueña por el mundo (1998) en su casa en Guaynabo, hablando como si fuéramos amigos de toda la vida, agradecido desde ya a Arsenio y a la idea de compartir por unos días la misma isla con aquel señor que a los 90 años era la encarnación del saber musical de Cuba y de Puerto Rico.

En aquella primera visita Cristóbal me hablaría lo que antes había referido en otras entrevistas: de su auspiciosa niñez temprana en el Hotel Vista Alegre donde le bastaba salir al balcón para oír de viva voz al Trío Matamoros y a Sindo Garay que animaban el café de los bajos o escuchar los domingos la banda municipal de Gonzalo Roig tocando desde la glorieta del parque Maceo; de su adolescencia viboreña donde conoció a Marisa, su novia de toda la vida; de sus estudios de derecho en la Universidad de La Habana; de los encontronazos con lo que irrumpió en la vida de todos con el nombre ostentoso de “Revolución Cubana”; de su exilio inicial en Miami donde fue dueño y dependiente de una bodega que pronto vendió y que con el tiempo se convertiría en el germen de la ahora famosa cadena Sedano’s; de su traslado a Puerto Rico para ser parte de una compañía que fue parte del boom constructivo de la isla; también me habló de sus programas de radio sobre música, de la tremenda colección de más de 60 mil discos que había donado a la Universidad Internacional de Florida (FIU)  y de los proyectos que todavía lo obsesionaban en su décima década de vida como la reconstrucción de las relaciones entre la música y el café.

Café Vista Alegre. La Habana Cuba (ca. 1950) @Fuente externa

Cristóbal era la encarnación de ese arquetipo que abunda tanto en la literatura y tan poco en la vida real: el del viejito sabio que -según entendí en su caso- es resultado de una juventud feliz y una madurez plena, sin rencores ni resentimientos, aunque no exento de grandes dolores (como la muerte temprana de uno de sus hijos). Solo que en Cristóbal había un toque de frescura y picardía mental que conservaba incluso cuando el tiempo insistía en doblegar su cuerpo.

En un encuentro posterior Cristóbal me contó que siendo adolescente fue a una fiesta en El Vedado y que al intentar sacar a bailar a una muchacha la chaperona de turno le salió al paso y preguntándole de dónde era.

-De La Víbora.

A lo que la chaperona respondió:

-El Cerro fue, El Vedado es y Miramar será. La Víbora no fue, ni es, ni será -cerrando toda posibilidad de que el intruso bailara con la muchacha a su cargo.

Al contar aquella anécdota Cristóbal volvía a ser el adolescente furioso y humillado por los protocolos habaneros que le asignaban valor a la gente de acuerdo a su barrio de procedencia.

Nada más distante del espíritu de Cristóbal al emprender su historia de la música cubana. Cristóbal triunfa donde fracasa un Carpentier dominado por sus prejuicios musicales (que lo llevan a excluir del panteón musical a Lecuona o a los músicos populares del siglo XX) o la magnífica Cuba and its Music de Ned Sublette limitada por la convención de describir una república incapaz de engendrar la innegable maravilla musical que produjo. El amor incondicional y desprejuiciado de Cristóbal por la música le permitía ver genealogías y conexiones deslumbrantes donde otros intentan uncir ese caballo desbocado que ha sido la inventiva sonora de la isla a sus propias preconcepciones musicales o políticas.

La Victrola fue uno de los medios más eficaces para divulgar la música en Cuba
(N del editor) @Fuente externa

Cristóbal en sus libros deja la música fluir en todas sus variantes y direcciones e intenta, con la modestia y el detalle con que parecía emprenderlo todo, darnos las pistas esenciales para que podamos explicarnos la maravilla de su existencia. Su admiración -para mí incomprensible- por Esther Borja no le impedía apreciar la importancia esencial que el otro Arsenio, Ignacio de Loyola Travieso Scull, más conocido como Arsenio Rodríguez o el Ciego Maravilloso, tiene para la música del siglo XX. Ni la devoción de Cristóbal por los creadores musicales lo privaba de entender la contribución de productores, clubes sociales, estaciones de radio, estudios de grabación, cabarets y simples bares con victrolas a ese evento mágico que fue la explosión musical cubana en la primera mitad del siglo pasado. Cuando alguna vez le confesé que no había leído un mejor recuento de la música isleña que el suyo me respondió con su modestia incorrupta:

-Es que yo no escribo la historia de la música cubana como quien da una conferencia sino como quien le cuenta un secreto a un amigo al oído.

Cristóbal no tenía grandes conocimientos de teoría musical y rechazaba que le llamaran musicólogo. Su carrera como historiador de la música era la de un melómano excepcional que desde sus limitaciones teóricas encontró sentido donde otros muchos se han perdido en la manigua bullanguera de los géneros cubanos. Sospecho que si insistía en iniciar su relación con la música en el balcón del Hotel Vista Alegre era para arroparse con una mística personal frente a otros autores supuestamente mejor preparados, y así lidiar con su propio síndrome del impostor. Ni falta que hacía. El misterio de Cristóbal se resuelve de manera sencilla si se ve como combinación de amor infinito por el objeto de estudio, y una sistematicidad que rayaba con la manía a lo que se añade una clara inteligencia y una gracia natural para relatar.

Marisa, CDA y el autor

Luego de aquella primera visita se me hizo costumbre y obligación ir a verlo en cada uno de mis viajes a Puerto Rico a su urbanización en Guaynabo. Una de mis preciosas mañanas en la isla la dedicada a visitar aquella casa ya sin discos pero poblada por porcelanas de Lladró, cuadros de amigos pintores y la reconfortante hospitalidad de Marisa. Allí fui con toda la familia a que conociera a la pareja de viejitos maravillosos, a comprobar como la pareja se recuperaba de sus contratiempos físicos, pero sobre todo a hablar de música: allí contrastaba mis intuiciones sobre la evolución musical de Cuba con la visión limpia y afable de Cristóbal que no se permitía el vicio del conservadurismo. Cuando alguna vez me oyó despotricar contra la cadencia del reguetón Cristóbal me detuvo para advertirme que después de todo el reguetón utilizaba una versión actualizada del ritmo de la habanera. “Papam, pam pam” decía dando las correspondientes palmadas “ese ritmo que los músicos llaman ‘café con leche’”. Esa observación me bastó para reconciliarme en parte con el sonsonete que amenaza con tragarse toda la música en estos días aunque en particular prefiera esa variante cubana conocida como “reparto” que al menos cuenta con el ritmo redentor de la clave.

Hace un tiempo quise homenajear a Cristóbal en una novela en la que todavía trabajo dedicada a la vida neoyorquina del otro Arsenio Rodríguez, el Ciego Maravilloso. Allí introduje un personaje que comparte su nombre de pila y muchas de las características de Cristóbal. Lo imaginé más joven, estudiando derecho en la Universidad de Colombia y a la vez coleccionista ávido de todo tipo de músicas y asesor esporádico de la protagonista de mi libro, una estudiante de antropología que hace su tesis sobre Arsenio. Lo recreé como no lo había conocido, joven y con el apartamento atiborrado de discos, pero con el mismo trato afable y la misma inteligencia que no se esfuerza por exhibirse. Pero cuando le envié a Cristóbal el capítulo dedicado al personaje que él me había inspirado, no me respondió. Temí lo que se teme en esos casos: que en Cristóbal se había iniciado el declive definitivo del cuerpo y de la mente, ese que deja sin palabras las despedidas.

En mi última visita a Puerto Rico en diciembre pasado pregunté por Cristóbal en todas partes para comprender que en toda la isla no teníamos un solo amigo en común, y que la próxima noticia que recibiría de él sería la de su obituario. Anoche por fin recibí la confirmación y reconocí que a pesar de la vida larguísima y plena de Cristóbal siempre es difícil despedirse de alguien que, además de bueno, supo transformar sus querencias y manías en obra inmensamente útil. Me queda estirar la conversación releyendo libros imposibles de encontrar y que merecen una reedición más cuidada. Pero créanme, no es lo mismo.  

Tomado de Hypermedia magazine       

Thursday, May 7, 2026

LOS POETAS DE GALA (*)

Un pedazo de la historia del exilio cubano…

Por Julio Estorino

José María Heredia (1803-1839)

Cuando se dice “la poesía en el exilio”, se habla de una poesía comprometida, en primer término, con el quehacer patriótico de aquellos que han tenido que irse de su patria forzados por las circunstancias políticas impuestas allí. Se habla también de nostalgia, de rebelión ante la injusticia, también de lo que algunos clasifican como “poesía de barricada”, aquella que exhorta al cumplimiento del deber para con la patria lejana, se habla de versos que desgranan anticipadamente la visión de la victoria, y el gozo del regreso, versos de la esperanza.

Entre nosotros, cae por su propio peso la cita del Cantor del Niágara, el exiliado aquel que, maravillado ante la imponente cascada, siente, sin embargo, que algo le falta al hermoso paisaje que tiene ante sus ojos… “las palmas, ¡ay! Las palmas deliciosas / que en las llanuras de mi ardiente patria / nacen del sol a la sonrisa y crecen / y al soplo de las brisas del océano / bajo un cielo purísimo se mecen”… ¡Cuánto entendemos nosotros, los cubanos exiliados del presente, la desazón de Heredia ante aquel recuerdo, dulce y punzante a un mismo tiempo!

En el extenso catálogo de la poesía patriótica cubana, existe algo singular, que no sé si se da también en la historia literaria de otros pueblos y que pudiéramos llamar la poesía premonitoria del posible destierro. Lo expresó Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé, al final de las hermosas rimas de su poema Mi Hogar[1]:

   ¡Oh mi hogar! Yo te saludo,

Yo te ensalzo y te bendigo,

Porque en ti seguro abrigo

Hallar mi familia pudo.

Ojalá el destino crudo,

Me niegue golpes impíos,

Y goce yo entre los míos

De vida apacible y larga,

Sin beber el “agua amarga

De los extranjeros ríos”.

Y, más cercano a nosotros en el tiempo, lo expresó también el último, grande y legítimo Poeta Nacional de Cuba, Agustín Acosta y Bello, en uno de sus hermosos poemas, “Jaculatoria final”, donde se vuelca en toda sinceridad el temor profético del poeta al vislumbrar su futuro:

Señor: cuando yo sea una sombra tan solo,

En busca del sendero que me lleva hacia Ti,

Escucha el hondo ruego que te dirijo ahora:

¡no me alejes de aquí…

Déjame entre mis palmas, mis cumbres y mis ríos

-el claro paraíso en que siempre viví-

No me lleves a tierras extrañas y sombrías:

¡no me alejes de aquí… !

Si Tú me purificas cuando en tu luz me acojas,

Daré sus resplandores al suelo en que nací,

Quiero seguir amándolo como lo he amado siempre:

¡no me alejes de aquí…!

Y si es cierto que hay otras existencias: si es cierto

Todo cuanto en los libros sagrados aprendí;

Si es cierto que se nace más de una vez, recuérdalo:

¡quiero nacer de nuevo aquí… ¡

Agustín Acosta (1886-1979) 

Por esos misterios de la Omnipotencia que escapan al limitado entendimiento de sus criaturas, Dios no complació al poeta, pero, nos dio a sus compatriotas desterrados el gozo, el consuelo y el orgullo de tenerlo entre nosotros. Y al pie de su tumba, en un camposanto de Miami, el ángel Gabriel, el de las anunciaciones, espera un día que vendrá, para poder anunciarle al Poeta, antes que a ningún otro cubano, que Cuba es libre ya, que sus huesos ya pueden regresar a Matanzas.

Claro está que, si hablamos de la Poesía en exilio, es para nosotros referencia inescapable, la vida, el corazón y la pluma de un cubano que vivió en el destierro mucho más tiempo que aquel que los tiranos de entonces le dejaron vivir en la patria suya y nuestra. En su poema Domingo triste, José Martí, nos confiesa, sin buscar atenuantes en el lenguaje, que él murió cuando lo arrancaron de su patria:

Las campanas, el Sol, el cielo claro

me llenan de tristeza, y en los ojos

llevo un dolor que el verso compasivo mira,

un rebelde dolor que el verso rompe

y es ¡oh, mar! la gaviota pasajera

que rumbo a Cuba va sobre tus olas!

…Cáscara soy de mí, que en tierra ajena

gira, a la voluntad del viento huraño,

vacía, sin fruta, desgarrada, rota.

Miro a los hombres como montes; miro

…de la vida en mi torno: ni un gusano

es ya más infeliz: suyo es el aire,

y el lodo en que muere es suyo!

Siento la coz de los caballos, siento

las ruedas de los carros; mis pedazos

palpo: ya no soy vivo: ni lo era                                                                                    

cuando el barco fatal levó las anclas

que me arrancaron de la tierra mía! 

Los poetas no somos los congéneres favoritos de la gente práctica, esos que prefieren un manual para ensamblar un mueble antes que un poemario. Nos miran como a bichos raros y, que nadie se entere: a veces pienso que quizás tienen razón. Son los que preguntan ¿para qué sirve la Poesía? Y, más específicamente en nuestro caso, nos dicen que ni poesías ni discursos, van a liberar a Cuba de sus presentes desgracias, algo que sabemos, como también sabemos que, sin poesías ni discursos, la patria no podrá alcanzar su verdadera liberación.

Para ilustrar esto, permítanme compartir con ustedes una anécdota personal, algo que me demostró en mi temprana y ahora distante juventud, el valor de la poesía, la fuerza de un poema escrito en el destierro.

En septiembre de 1962, a mis 19 años, estaba yo asilado en la Embajada de Uruguay en La Habana. Yo era uno entre casi cuatrocientos compatriotas que esperábamos un salvoconducto que la incipiente tiranía castrocomunista estaba obligada a darnos, en virtud de los entonces vigentes tratados interamericanos y que, en mi caso, demoró un año en llegar. Para el 8 de septiembre de aquel año, los asilados organizamos una procesión con una pequeña imagen de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, la Virgen Mambisa, procesión que se realizó de noche, con gran solemnidad y a la luz de antorchas que los empleados de la sede diplomática nos ayudaron a confeccionar y que, rezando el rosario, recorrió todo el perímetro de la embajada, junto a la sencilla cerca de alambre que nos separaba del territorio cubano. Al pasar frente a la garita donde los guardias del régimen custodiaban la entrada, estos rastrillaron sus metralletas con toda la mala intención de que son capaces los comunistas.

Llegamos al punto final de la procesión, un lugar que estaba cerca, precisamente, del lugar donde estaban los guardias, y allí nos detuvimos. Yo subí a una terraza que quedaba en un segundo piso y desde allí comencé a recitar una oración, escrita en pareados por el poeta exiliado en Miami Ernesto Montaner, poema que había llegado a mis manos en mis andares dentro de lo que llamábamos entonces, el clandestinaje cubano… Las doce campanadas de un año que moría / eran doce advertencias del monstruo que vendría / Eran doce rugidos de bronce, que, en el viento, eran doce llamadas por el advenimiento / del apóstol mentido, del falso redentor: / el corazón de Judas… / las barbas del Señor…

Lo maravilloso para mí no fue ver a aquellos trescientos y tantos cubanos y cubanas, mis compañeros de asilo, emocionados, sobrecogidos, emocionados hasta el llanto. Lo maravilloso para mí fue poder ver a aquella escuadra de milicianos que pocos minutos antes había rastrillado sus metralletas para amedrentarnos, extáticos, petrificados, tocados por la magia con la que los envolvía los versos de un poeta del bando contrario: un poeta exiliado.

Llegados a este punto, creo que se impone una exposición más amplia y generalizada sobre la obra de los poetas exiliados de estos tiempos, la constatación de esa obra y, al menos una ligera comparación, en conjunto, con los que nos precedieron, los poetas desterrados durante las luchas por la independencia. Un intento, tímido, por mi parte, de respuesta a la inquietante pregunta que espontáneamente aflora en nuestros pensamientos: ¿Han sido fieles los poetas exiliados del presente, al legado de sus predecesores, los poetas desterrados durante las luchas por la independencia de la patria que añoramos?

Sería pretencioso de mi parte tratar de dar una respuesta categórica a tan cáustica pregunta. El exilio cubano del siglo XIX duró 30 años, de 1868 a 1898 y fue interrumpido por breves períodos de mal llamada paz en la Isla. El nuestro va, prácticamente, desde mediados del siglo XX hasta el primer cuarto del XXI… ¡67 años! y, desgraciadamente, aún no cesa. El nuestro es también más numeroso y más extendido. Yo no conozco la obra de todos los poetas de nuestro destierro y aún cuando me refiriera solamente a los exiliados en el sur de La Florida, la respuesta a la pregunta que nos inquieta, carecería de la amplitud imprescindible para ser justa.

Debido a ello, me referiré solamente al grupo de poetas que mejor he conocido, los poetas de GALA, el Grupo Artístico y Literario Abril, agrupación cuyo nombre es en sí mismo una tarjeta de presentación que describe su membresía: escritores de todo género literario, pintores, escultores, recitadores, etc. GALA se gestó en Miami en 1977, se fundó en 1978 y existió hasta 1997, o sea, que tuvo diez años de excelente labor. Su motor impulsor fueron José Ferrer, un cubano españolizado que amaba las letras, sin que él mismo fuese escritor, y su hija, la valiosa poetisa Araceli Perdomo, a quien muchos de ustedes seguramente recuerdan de sus tiempos como responsable de las páginas de opinión de El Nuevo Herald.

Amelia del Castillo, nuestra querida y admirada Amelia del Castillo, fue, de principio a fin, el alma del grupo. Desde el primer momento, Agustín Acosta, muy mayor ya para entonces, fue escogido como su Presidente de Honor. Arístides Sosa de Quesada fue el primer presidente que nos dimos. Y los poetas… los poetas y las poetisas… ¿qué decirles? Tengo necesariamente que entrar en terrenos resbalosos, porque tengo que mencionar algunos nombres y dar unos pocos ejemplos para llegar a la respuesta que buscamos. Desde ahora les pido perdón por las inevitables omisiones.

Poetas y amigos de GALA. Arriba, de izq. a der: Dr. Angel Pío de la Portilla,
Dr. Rodolfo Moreno, Blanca Rosa Pereda, Raquel Fundora, Aracely Perdomo,
Dra. Delia Díaz de Villar, Esperanza Rubido, Dr. Arístides Sosa de Quesada,
Miguel González y Dr. Rolando Espinosa. 
Abajo, en igual orden: Amelia del Castillo,
José Borrell,
Consuelo y Agustín Acosta. Pura del Prado, Dr. Demetrio Pérez Arencibia,
Julio Estorino y Miguel González Pando. (Homenaje al Poeta Nacional de Cuba,
Agustín Acosta.
YMCA Internacional José Martí, Miami, 23 de mayo de 1976)

Algunos de los poetas de GALA: Pura del Prado, mi querida Pura cuyo poema “!Aquí no, qué va!”, se convirtió prontamente en un himno para el destierro: El día que yo me muera / se va a morir Cuba un poco / porque mi espíritu loco / tiene zumo de palmera… / ¡Prométanmelo, soldados! / ¡Roto ese muro de hierro, / no dejen en el destierro / mis huesos abandonados!... / ¡Llévenme para allá! / Aquí, no. ¡Qué va!

Otros poetas en GALA: Mercedes García Tudurí, José Manuel Cuscó, Adela Jaume, Roberto Cazorla, Luis Mario, Norman Rodríguez: Norman Rodríguez, el más desconocido y uno de los mejores decimistas del idioma castellano, que, en los siguientes versos, nos demostró ser exiliado de cuerpo, pero no de alma: “Yo tuve patria. La tuve / y la volveré a tener. / ¡Que no se debe perder / el regalo de una nube! / Aquella paz donde anduve, / aquel cielo donde fui, / que Dios escogió por mí / y yo lo hice mi altar, / no me lo pueden quitar… / ¡porque me lo dio Martí!”

Juan Orlando García, Sergio Galán Pino, Uva de Aragón, Carlos Fojo, José Albertini, Alfredo Leiseca, Rosa Leonor Withmarsh, Jorge Antonio Doré, Fico López, Lucas Lamadrid… Lucas, que describió magistralmente el rigor de la represión contra los intelectuales no adeptos al régimen: “Fuimos a ver el crimen / que no ocurrió en la calle / sino entre las columnas / de un templo sin fervor y sin deidades. / Fuimos a ver el crimen / y allí estaba todavía el cadáver / del hombre asesinado… / ¡Un poeta obligado a retractarse!”

Héctor Maldonado, Francisco Henríquez, Pablo Le Riverend, Salvador Subirá, Orlando Rossardi, Ulises Prieto, Aurelio Torrente, una poetisa, tan honda y tan alta como la modestia que la acompaña: mi admirada Sara Martínez Castro, que, a sus catorce años de destierro, nos llamaba al cumplimiento del deber: “Por la puerta entreabierta del recuerdo / se asoma el corazón en una lágrima... / Catorce años de exilio / con el alma sin voz en las pisadas / con un paisaje huérfano en los ojos / con la emoción prendida de crisálidas. / Por la puerta entreabierta del recuerdo / se asoma el corazón en una lágrima... / ¡Hay que ponerse al cinto la vergüenza / y salir al rescate de la patria!

Termino esta apretada selección que he hecho de memoria, con quien, ya lo dije, fue el corazón de GALA: Amelia del Castillo y que hoy, a sus 105 años, mantiene viva su llama poética: su poema “Caminos”: Han marcado mis pies muchos caminos. / los sepias y dorados andaluces / paisajes de olivares y de cruces / El verde deslumbrante en las laderas, / el blanco de las nieves espumosas / el alpino despliegue de asombrosas / pinceladas en lagos y praderas. / Han marcado mis pies muchos caminos, / caminos que no saben de mis huellas, / que no tienen mi sol, ni mis estrellas: / errantes, extranjeros, peregrinos… / Magníficos y bellos… / ¡pero no mis caminos!

Debo añadir, como referencia final, que, en 1979, GALA instituyó un premio de Derechos Humanos, el premio “Pluma de Oro”, que se adjudicó en varias ocasiones, a poetas que eran entonces prisioneros políticos en Cuba, como Ángel Cuadra, Jorge Valls, Armando Valladares, Andrés Vargas Gómez, Ernesto Díaz Rodríguez, no recuerdo si algún otro. Todos ellos, una vez llegados al exilio, fueron miembros de honor de GALA.

¿Han honrado los poetas de nuestro destierro el legado hermoso de sus pares del 68 y del 95? ¿La patria los contempla orgullosa? ¿Se siente bien el alma cubana hoy, cuando se dice: la poesía en el exilio?

Modestamente, pero lleno de paz, tengo que decir ¡Sí! Hemos cumplido y estamos cumpliendo, pero la palabra final, la tendrá la historia. Que Dios nos ayude.

(*) Ponencia presentada en el Encuentro con el Libro Cubano, efectuado en la ciudad de West Miami, el 19 de julio de 2025. Se le han hecho algunas correcciones de estilo para su publicación en este blog.


[1] Nápoles Fajardo, Juan C. (El Cucalambé). 1938. Rumores del Hórmigo. Editado por Lorenzo Vidal y Miguel Lesasserier. La Habana: Talleres Seoane, Fernández y Ca. 103-107 En línea: Rumores del Hórmigo.

Monday, May 4, 2026

REFLEXIONES SOBRE LA CUBANIDAD EN EL MARCO DE CONSILIENCIA (*)

Por Jorge A. Sanguinetty

Es necesario explicar por qué la república y la sociedad cubanas no resistieron el embate revolucionario y por qué y cómo los cubanos en masa se dejaron despojar de sus derechos y de sus propiedades en tan corto tiempo y de manera tan radical. 

Hombre crucificado en el basurero (1992). Tomás Sánchez.
@Fuente externa 

Cuando los edificios se derrumban sin una razón aparente se debe hacer una evaluación de las causas que provocaron el desastre. Cuando el derrumbe es provocado por alguna fuerza externa e inesperada, como un terremoto o una explosión, la evaluación de la estructura sigue siendo necesaria y hay que enfocarla en el por qué el edificio no resistió tal embate, en los factores determinantes de la debilidad estructural. En ambos casos la evaluación tiene que tomar en cuenta el diseño y la calidad de la estructura y las condiciones por las que no se mantuvo estable. Como se trata de una estructura física, la evaluación se puede hacer objetivamente con elementos o componentes tangibles y con instrumentos de medida y otras herramientas, de manera que la evaluación no dependa de opiniones subjetivas que vayan a predominar sobre la evidencia material y pueda alcanzarse un consenso sobre los orígenes del evento.

Sin embargo, cuando se trata del derrumbe de una república o sociedad la evaluación es infinitamente más compleja, pues se trata de una “estructura” intangible cuyos elementos o componentes no se pueden ver, tocar o medir. Lo que podemos percibir como estructuras sociales están sostenidas por fuerzas invisibles y con frecuencia la evaluación de las causas de su derrumbe se enfoca en lo que es aparentemente obvio, como las causas directas o externas. De este modo se puede afirmar que el derrumbe de la república y la sociedad cubanas que ocurre fundamentalmente entre 1959 y 1960 todavía no ha sido adecuadamente explicado. Abundan las evaluaciones que enfocan todo el análisis de las causas en la voluntad de Fidel Castro y su movimiento revolucionario, pero se quedan cortas en la explicación del fenómeno al no incluir los factores que permitieron que un grupo relativamente exiguo de guerrilleros se apoderara del país entero con sus siete millones de habitantes en menos de dos años. Las defensas de la sociedad, o sea, lo que se puede entender como su sistema inmune, no fueron lo suficientemente robustas para oponerse al proceso o revertirlo después, a pesar de la heroica resistencia de muchos ciudadanos.

Busco en el análisis de la cubanidad, como expresión de la cultura cubana en su sentido más amplio, las causas de ese derrumbe. Me interesan también los factores que han permitido que el régimen político, económico y social, que surge del derrumbe hayan perdurado por más de seis décadas a pesar de su incapacidad para gobernar satisfactoriamente y ser el único responsable del enorme deterioro del nivel de desarrollo económico y social del país alcanzado hasta 1959. Además, es notorio  que después de 62 años es sólo ahora con las manifestaciones de protesta del 11 de julio que aparece un desafío importante, sin duda el más serio, al poder del régimen instalado desde entonces. En principio se puede afirmar que los factores que explican el derrumbe de la República tienden a ser los mismos que explican la permanencia y estabilidad del nuevo régimen, tópicos que por su importancia y proyección hacia el futuro merecen ser analizados con un cierto grado de rigor y profundidad. Aunque sea someramente, me propongo tocar algunos elementos de análisis que no suelen ser considerados en muchas reflexiones y escritos.

Al sur del Calvario (1994). Tomás Sánchez
@Fuente externa

Los análisis y estudios que he leído sobre el cambio revolucionario y la estabilidad del régimen resultante son con frecuencia superficiales y no contribuyen a lograr una comprensión cabal del proceso y a que Cuba pueda superar esta situación en un futuro visible. No hay que conformarse con explicaciones triviales y simplistas como la de que todo ocurrió por la voluntad de un líder revolucionario y sus obedientes seguidores. Es necesario explicar por qué la república y la sociedad cubanas no resistieron el embate revolucionario y por qué y cómo los cubanos en masa se dejaron despojar de sus derechos y de sus propiedades en tan corto tiempo y de manera tan radical. 

No voy a referirme a la cubanidad vagamente y en abstracto, como si fuera una entelequia ambigua o caja negra sobre cuyo contenido sabemos poco. Para producir un análisis convincente y de utilidad práctica para los cubanos quiero referirme a algunos factores o variables específicas constitutivas de lo que conocemos por cubanidad. Con el fin de observar y evaluar la naturaleza de la cubanidad en su conjunto es necesario identificar y analizar los componentes que la definen y la hacen perceptible.  Fernando Ortiz habló de los componentes de la cubanidad a modo de metáfora comparándolos con los de un ajiaco, pero prefiero usar una analogía más dinámica y realista y con tal fin adopto la nomenclatura del economista Joel Mokir que ha estudiado las raíces culturales del crecimiento económico, en especial la Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX. 

@Fuente externa
En su libro The Culture of Growth, The Origins of the Modern Economy, el autor agrupa los componentes que definen cada cultura en tres grandes clases de agregados: conocimientos y creencias, preferencias y valores predominantes o más frecuentes en una sociedad dada. Este enfoque nos permite ampliar la concepción de Fernando Ortiz abriendo oportunidades analíticas de gran utilidad práctica. Acercándonos a los tres vectores de Mokyr para ver con más detalle los componentes de la cultura cubana, el grupo de conocimientos y creencias incluye no sólo el saber hablar español con el léxico cubano sino también las formas en que el lenguaje se usa para adquirir, ampliar, transmitir y difundir conocimientos y creencias, además de preferencias y valores. Es fácil percibir las múltiples y muy complejas interacciones de estos componentes de la cultura, pero en extremo difícil describirlas con precisión y evaluarlas por su naturaleza intangible y hasta subjetiva. Esta condición no debe detenernos en la investigación de los fenómenos y componentes que nos interesan, en especial sobre cómo la cultura cubana influencia y hasta determina la evolución de la sociedad en todos sus aspectos, o sea, en su organización política, económica y social. 

Para mejor comprender o percibir la evolución de la cultura cubana podemos ampliar la concepción de Ortiz y comparar la cubanidad como algo análogo a una selva o bosque con sus componentes en materia de fauna, flora, clima y territorio, con todo y su ecología, con múltiples variables exógenas y endógenas, y una existencia e identidad propias. Al igual que una selva, la cubanidad tiene un origen en los múltiples organismos que aparecen de manera exógena pero van apareciendo, plantándose y creciendo en medio de una red compleja e indescriptible de innumerables interacciones.

@Fuente externa
En esta analogía aplico el marco analítico de Conciliencia desarrollado por el entomólogo Edward Wilson en su libro Consilience, The Unity of Knowledge, donde el autor explica cómo la expansión del conocimiento de las ciencias naturales como la física, la química y la biología, ha hecho que sus fronteras toquen a las de complejidad creciente en las ciencias sociales y las humanidades. Así, la analogía de la cultura como si fuera una selva nos permite usar las propiedades de la biología evolucionaria para mejor comprender los cambios culturales en el tiempo y sus variaciones en el espacio, en especial cómo los principios darwinistas de la selección natural entre los componentes específicos de la cultura. Del mismo modo que una selva es un super organismo compuesto de organismos vivos que interactúan entre sí para crear una dinámica conjunta, la cultura que llamamos cubanidad evoluciona como resultado del conjunto de sus organismos constitutivos, sus propias evoluciones individuales, pero no necesariamente independientes y de la misma evolución conjunta de todo el sistema.

Como expresión de la cultura cubana la cubanidad es una entidad viva, evoluciona en el tiempo, pero también varía en el espacio porque tiene rasgos regionales y la afectan los movimientos migratorios de sus portadores. Desde 1959 se puede afirmar que ha estado sufriendo cambios o choques abruptos, en algunos casos traumáticos, no evolutivos y difíciles de calibrar o evaluar aunque acaban afectando sus evoluciones futuras. Las presiones totalitarias provenientes del nuevo régimen de gobierno en Cuba para lograr un predominio ideológico basado en las ideas marxistas-leninistas e implementado mediante el monopolio estatal del sector educativo, la prohibición de toda forma de educación privada y el control de todos los medios de expresión, han estado modificando continuamente la cubanidad y sus componentes desde 1959. 

Independientemente de cómo se forma y evoluciona, los cubanos tomamos la cubanidad por dada de manera parecida a cómo tomamos el clima, algo a lo que nos acostumbramos desde el nacimiento, con lo que estamos forzados a vivir, como algo inmutable, a lo que tenemos que adaptarnos. Y nunca se nos ocurre que es algo a cuya formación y evolución contribuimos, aunque sea de manera infinitesimal e inconsciente pero que en conjunto conforman la cultura. Que además, como cualquier otra cultura, se forma, reproduce y crece como una selva, de manera silvestre, aunque puede haber sectores que se cultiven deliberadamente, de acuerdo a un plan. Pero es legítimo, a pesar de todo lo aparentemente inmutable o inconmovible de una cultura, preguntarnos: ¿Qué factores exógenos y endógenos conforman o influyen en la cubanidad y en sus variaciones? ¿Tiene sentido analizar críticamente algunos de sus componentes? Jorge Mañach lo hizo en su Indagación del choteo al que señaló como un rasgo no precisamente admirable de la cubanidad. A propósito, creo que lo que llamamos choteo es una forma de comportamiento que puede estar correlacionado con otras características de la cubanidad, como es la frecuente propensión de algunos o muchos ciudadanos de no tomarse muy en serio el cumplimiento de las normas o de las leyes. Pero yo quiero referirme aquí, aunque sea brevemente, a otros componentes, pues la cultura es la base determinante de los comportamientos ciudadanos que en conjunto generan o modulan los acontecimientos de una sociedad y lo hacen de una manera recurrente, como una serie interminable de cadenas de Markov, de manera que lo que pasa en un período dado está determinado o por lo menos influenciado por lo que pasó en el período anterior.

En este punto y a modo de aclaración metodológica quiero apuntar que se puede hacer de los componentes de la cultura una conceptualización o formulación más precisa y rigurosa mediante la lógica simbólica o la teoría de conjuntos con base en conjuntos confusos (“fuzzy sets”). Me refiero a conjuntos confusos porque la cubanidad u otra cultura no se define por los que se identifican con un grupo, tengan exactamente los mismos rasgos. O sea, en una cultura dada hay rasgos predominantes en el conjunto de los miembros de esa cultura, como es el hablar como cubano, por ejemplo, en el caso de la cubanidad, pero siempre hay otros miembros con conocimientos y creencias, preferencias y valores diferentes, que no los excluyen del mismo grupo. Dicho de otro modo y viéndolo con una perspectiva amplia, la cubanidad, como cualquier otra cultura reside en sus portadores y cada uno de ellos aporta, a su manera y con intensidades variables y casi sin saberlo a la cultura de la cual también se nutre. Con esta última observación no quiero dejar de reconocer en el marco de la cubanidad el acervo cultural acumulado desde su nacimiento en forma de arte, historia, literatura, arquitectura, etc., pero que no son pertinentes a este análisis.

Protestas del 11J. Esquina de Toyo,
La Habana. @Fuente externa

Para no abrirme en abanico y perder el foco de la exposición que más me interesa escojo un tema específico o grupo de componentes culturales que me preocupa sobremanera para poder ilustrar concretamente un modo de proceder en este análisis. Así me pregunto: ¿es la cultura cubana o cubanidad compatible con una organización democrática de la república? O planteado de otro modo: ¿son o han sido las actitudes, ideas y comportamientos cubanos compatibles con la promoción y mantenimiento de una democracia? ¿Son esos comportamientos motivados por la cultura prevaleciente de los cubanos, en materia de conocimientos, creencias, preferencias y valores? ¿Qué componentes concretos de la cubanidad son propicios a la democracia? ¿Es la falta frecuente de respeto por el cumplimiento de las leyes un rasgo de la cubanidad? ¿Hay algo en la cultura cubana que nos ayude a explicar por qué los cubanos en su gran mayoría acogieron con gran indiferencia la ruptura constitucional del 10 de marzo de 1952 orquestada por Fulgencio Batista y la aceptación y adaptación de muchos a la transfiguración revolucionaria que comenzó en 1959 y ha durado hasta hoy?

Las manifestaciones del 11 de julio demostraron que hay muchos cubanos que valoran y prefieren vivir en libertad, pero ¿cuántos son y qué tienen que hacer para lograrlo? ¿Qué saben cuántos cubanos cómo organizarse con tales fines? ¿Por qué tantos cubanos se han adaptado al totalitarismo y por qué los que no se adaptan prefieren irse del país en vez de intentar cambiar al régimen? Si, por alguna razón, el sistema actual de gobierno en Cuba desapareciera, como ocurrió con la Unión Soviética, ¿cuán preparados están los cubanos pare reconstruir la República sobre principios democráticos? Una democracia que funcione con un mínimo de estabilidad requiere una organización compleja, que resulte de acuerdos colectivos que no son fáciles de alcanzar, con leyes y reglas que deben cumplirse con cierta disciplina y regularidad. Esa organización necesita que, por lo menos, una masa crítica de ciudadanos tenga la capacidad de llegar a acuerdos estables y duraderos y saber cómo lograr un mínimo de apoyo del resto de la población. Para organizarse se requieren acciones colectivas coordinadas, lo cual a su vez depende de que los miembros de una acción colectiva dada lleguen a acuerdos que se puedan cumplir con un mínimo de disciplina, precisión y eficacia. Y para llegar a acuerdos se requieren diálogos organizados entre los actores.

Sin una capacidad colectiva para formar una sociedad organizada en favor de los ciudadanos, las sociedades tienden a depender de un poder que las organice, como un deus ex machina. De la demanda social para evitar el caos y tener un mínimo de orden y seguridad ciudadana surgen los poderes centrales. La historia nos enseña que esos poderes nacen y se consolidan en forma de caudillos o dictadores, y Cuba no es una excepción a lo que se puede postular como una regla o ley de la organización social: La incapacidad de una sociedad para organizarse crea un vacío que tiende a llenarse con una autoridad máxima o caudillo, que concentra grandes poderes que suelen administrarse dictatorialmente y a contrapelo de los intereses de la mayoría de los ciudadanos.

Caricatura de Abela. @Fuente externa

Sin el apoyo de investigaciones empíricas, mis observaciones del comportamiento típico de los cubanos (que se asemeja al de otros latinoamericanos) indican que en varios componentes de la cubanidad tenemos desventajas frente a otras culturas. Por ejemplo, por ser desorganizados los diálogos entre cubanos no facilitan lograr acuerdos sobre acciones colectivas prácticas y duraderas. Un detalle que no sólo es observable en Cuba sino también entre la mayor parte de los cubanos que vivimos en el llamado exilio. Ortega y Gasset propuso hace unos cien años en su España Invertebrada, que la desorganización de la política española estaba correlacionada con la desorganización de los diálogos entre los españoles, fenómeno que se puede extrapolar a los cubanos. Los diálogos sirven a los interlocutores para identificar sus intereses comunes y sus desacuerdos como fase preliminar a los acuerdos necesarios para acciones colectivas. En este contexto se puede señalar también que dentro de la cultura cubana no se destaca una gran capacidad de manejar y resolver conflictos, lo cual es esencial para llegar a acuerdos que puedan generar beneficios comunes.

Se puede afirmar que la cubanidad sufrió cambios traumáticos a partir de 1959. ¿Qué pasó con la cubanidad desde entonces? ¿Se puede decir que la capacidad de dialogar libremente se fortaleció o se debilitó? Es de esperar que la falta de libertad de asociación ha impedido que los ciudadanos desarrollen destrezas retóricas y organizativas necesarias en una sociedad democrática. La ofensiva ideológica revolucionaria, la supresión de la libertad de expresión y de prensa, el adoctrinamiento masivo y otras intervenciones deben haber dejado una huella en la cubanidad, pero creo que se puede postular, de nuevo sin el apoyo de evidencia rigurosa, que en el 11 de julio una masa significativa, acaso representativa, de cubanos mostraron preferencias y valores a favor de vivir en libertad, así definida vagamente aún cuando no tengan el conocimiento ni las destrezas de cómo lograrlo. Pero tales preferencias y valores no parecen ser compartidos por los cubanos que pertenecen al gobierno y al Partido. Pero ¿qué significa esto? ¿Se bifurcó la cubanidad? ¿Hay una cubanidad para los gobernantes y otra para los ciudadanos de a pie? Aunque no creo que tenga sentido afirmar que hay dos cubanidades, porque la predominancia de los rasgos originales de la cultura cubana así lo determinan, me parece que se puede reconocer que hay una segmentación cultural en Cuba que en la actualidad separa a los gobernantes de los gobernados.

La gran cuestión es si, en el largo plazo, podemos influenciar o incluso mejorar en alguna medida ciertos componentes de la cubanidad. Al fin y al cabo la cubanidad se fue formando evolutivamente desde el comienzo de la nación cubana y sus componentes resultaron de la combinación aleatoria de infinitos factores, muchos de los cuales fueron fortuitos pero otros resultaron de decisiones deliberadas en muchos sectores, familias, industrias, programas educativos, inmigraciones, clubes, religiones, la influencia de otras culturas, etc. No propongo someter a la cubanidad a ningún plan de ingeniería cultural pero definitivamente creo que es legítimo considerar cambios dentro de alguna perspectiva razonable. Independientemente del carácter “silvestre” de la “selva cultural” que es la cubanidad, sectores de la misma pueden ser cultivados deliberadamente del mismo modo que se planta y atiende un jardín o un parque. De la misma manera que el clima del planeta o de una de sus regiones no se cambia con facilidad, “mejorar” algunos componentes de la cubanidad parece una tarea imposible, pero no lo es. Hoy, las tendencias negativas del cambio climático nos obligan a tomar medidas que disminuyan o incluso detengan el calentamiento global. Lo que parecía descabellado pensar hace algunos años ahora se ha convertido en una tarea necesaria y factible, aunque costosa, para los habitantes de La Tierra.

Las Damas de Blanco son arrestadas en Lawton, La Habana

Pero aparte de estas disquisiciones, Cuba tiene un desafío gigantesco en el corto plazo y es el de construir una nueva república sobre una base democrática a partir de las condiciones actuales. Y ¿cómo puede lograrse semejante hazaña partiendo del gobierno y sociedad actuales y en el marco de la cultura cubana tal como existe ahora? Descontando la aparición de un superpoder político que pueda definir y dirigir el proceso, que dicho sea de paso no está entre mis preferencias, la solución está en el desarrollo de coaliciones que puedan converger hacia un acuerdo nacional empezando por mantener diálogos comprometidos con una meta concreta. El acuerdo tiene que formarse entre coaliciones e individuos que, conscientes de nuestras características culturales, puedan superar las limitaciones que he apuntado someramente arriba. Pero ¿cómo pueden formarse, en Cuba y fuera de la isla? En este sentido las experiencias de otros países en su formación democrática puede ser una fuente de conocimientos e inspiración.

Estos son temas que pudieran alimentar debates e intercambios entre los cubanos como una preparación para un futuro democrático en la Isla. El régimen dictatorial en Cuba no necesariamente será automática o fortuitamente reemplazado por una república como la que muchos cubanos desean. Mucho dependerá de cómo los cubanos de ambas orillas trabajen y se preparen.

(*) Tomado de la página Ego de Kaska