Thursday, April 30, 2026

PARA UNA EPISTEMOLOGÍA DEL EXILIO CUBANO

Por Alejandro González Acosta

La historia de la Humanidad es en gran parte el relato sucesivo de antiguas y numerosas migraciones; así se ha poblado el planeta y se han distribuido, dispersado, sustituido y fusionado unas con otras o no, las distintas civilizaciones. 


@Eleomar Puente

Al presentar en 1996 la Fundación Hispano-Cubana en Madrid, Mario Vargas Llosa afirmó: “El exilio cubano ha sido el más calumniado, difamado y satanizado del que tenga recuerdo”. Esto es una gran verdad comprobable y persistente en muchas partes. Pero, además, en los casos especiales del exilio cubano en todos los países de una extensa geografía, excepto quizá en los Estados Unidos, ha sido de los más ignorados y acallados.

Por otro lado, son muy pocos en la historia los exilios tan prolongados como el cubano: son 60 años ya, que suman al menos cuatro generaciones (si aceptamos el lapso de 15 años más empleado para definirlas), y ello ha determinado su subdivisión y creciente complejidad: se trata de un fenómeno que incluye a padres, hijos, nietos y hasta bisnietos en muchos casos. Cada oleada ha tenido su propia motivación y configuración, lo cual determina una psicología especial como grupo, y hasta una percepción propia del exilio y la forma de asumirlo y entenderlo.

Ante el exilio que provocó, el régimen castrista siempre ha mantenido una posición de fuerza y control, como el triunfador después de una guerra civil excluyente que derivó en totalitaria por decisión personal –pero compartida colectivamente por gran parte del pueblo cubano– de su máximo líder. De tal suerte, en relación con el exilio y los emigrados, siempre se ha reservado –y utilizado ampliamente– el “derecho de admisión”, de forma totalmente arbitraria y visceral, escudado en su muy particular y adulterada concepción de la “soberanía nacional” y de la “autodeterminación del pueblo” (la cual ha monopolizado), que es la más refulgente y empleada excusa para ejercer su control totalitario, al mismo tiempo que una afilada “Espada de Damocles” –o mejor aún “Machete de Castro” – pendiente siempre sobre las cabezas de sus rehenes, ya sean los recluidos en la isla, o los que aceptan regresar –transitoria o definitivamente– en algún momento a ella. Condicionar la aceptación del ingreso al país a su “buena conducta”, establece un mecanismo de control y atemorizamiento sutil o descarnado, según se requiera. Lo especialmente perverso del régimen es que no sólo controla y manipula la psiquis de sus reprimidos más inmediatos, sino también la de sus deudos y amistades, lo cual ha establecido una amplia red de vigilancia y amenazas de largo alcance: son rehenes a distancia, teledirigidos, sin estar demasiado conscientes de ello en muchos casos, pues esta imposición se acepta de forma resignadamente pasiva.

La gabela que les impone es tanto material –pagar altas sumas por pasaportes, permisos y renovaciones– como moral (el silencio cómplice, el apoyo tácito), que apaga el grito más comprometedor: en muchas partes, las llamadas “asociaciones de amistad” creadas y controladas desde las mismas embajadas castristas, son las “brigadas de respuesta rápida” (o retardada y de liberación prolongada, en las dosis necesarias), ubicadas atinadamente en puntos estratégicos para la geopolítica del régimen en el exterior. Este advierte: El compañero que te atiende viaja contigo y te sigue vigilante, o al menos finge o simula que lo hace, para hacer permanente un estado de peligro, temor y zozobra, angustiosa y paranoide. El cubano promedio, sometido a ese régimen de vigilancia y de “la selva de mil ojos” en la isla, cuando emigra tarda mucho –si lo logra– en desprenderse de esa sensación de estar bajo permanente observación.

Exilio, éxodo, destierro y diáspora:

@Eleomar Puente. Frozen Dreams

El exilio es un hecho físico (geográfico), temporal, material y espiritual, de origen político (histórico). Es también una cultura y una experiencia vital, de una persona, un grupo, toda una nación o parte de ella, durante una o varias generaciones, mientras dure la causa que la creó. Tiene que ver con la memoria, la historia del grupo y la identidad colectiva e individual. Tiene, también, su propia dinámica especial y sus mecanismos propios de adaptación y mimesis, según el caso. El éxodo es el traslado de un pueblo o una familia ocasionado por causas externas (políticas, históricas, geográficas y hasta climáticas). El destierro es el castigo de un gobierno o una persona de autoridad contra alguien o algunos ciudadanos en particular.

Todas las anteriores son formas de la emigración, que es el fenómeno que engloba a todas. La diáspora –vocablo de origen agrícola, pues significa la dispersión de las semillas– es una manera polisémica y en ocasiones eufemística de referirse a una emigración, ya sea exilio, destierro o éxodo. Aunque desde hace tiempo se trata de imponer desde la visión del régimen castrista una diferencia entre migración económica y política, en verdad, la primera sólo debería referirse propiamente a fenómenos climáticos (sequías, hambrunas, inundaciones y otros desastres naturales), pues realmente la migración política incluye la económica: gobiernos totalitarios, corrompidos y tiránicos, afectan las condiciones materiales de vida de las naciones, además de la vida política, pues una es el reflejo y la consecuencia de la otra. En definitiva, la propia definición del individuo ante su misma situación de extrañamiento, representa cómo se asume y cómo actúa ante esa situación, por la cual se trasladó hacia otro país distinto al nativo, pero a los efectos de un estudio, eso no resulta significativo, pues su misma subjetividad no puede afectar la objetividad sistemática del mismo. Es resumen: un emigrado o emigrante puede sentirse, asumirse o hasta autonombrarse “exiliado”, “desterrado”, “diasporizado” o “transterrado”, pero de acuerdo con su origen esencial eso no afecta su misma definición: él es más allá de lo que dice ser.

Por lo anterior, exiliados o desterrados, refugiados o asilados, expatriados –por decisión personal- o emigrados, cada quien en esta condición anómala (porque lo natural es morir donde uno nació y forjó su vida) asume su propia condición, aunque eso no signifique necesariamente que la misma se ajuste a su propia esencia. La gente en general se ve como se quiere ver, no como realmente es. Es lo que Freud definió como el yo en sí y el yo para sí. Y el fenómeno cruel de exilio es también un espejo, en el cual muchos no resisten mirarse, por la terrible imagen que se les devuelve de ellos mismos desde la implacable y verídica superficie pulida.

Torre de la Libertad del Miami Dade
@AGS

Quienes asumen un éxodo, siempre lo hacen en contra de una autoridad represiva o con la cual no se sienten confortables o seguros: Moisés –y en su origen divino Jehová, como causa eficiente– obliga al Faraón con las famosas Diez plagas de Egipto, para que permita la salida de los hebreos hacia la Tierra Prometida. No es una decisión libre del monarca egipcio, y el mismo origen divino del desplazamiento, parece autorizarlo, legitimarlo y bendecirlo. El éxodo hebreo se produce desde un lugar de opresión ajeno, a otro nuevo espacio de liberación propio: de esclavo en suelo extranjero el sujeto pasa a ser libre en un suelo ya propio. Pero cuando es la propia autoridad la que arroja y extraña a sus connacionales, no se trata de un éxodo, sino de una expulsión o destierro, como las decretadas contra los judíos y los moriscos españoles, en tiempos de los Reyes Católicos y sus sucesores.

Cuando quienes salen de su país nativo –por decisión propia o ajena, libre u obligadamente-  y se dispersan entre varios países o comunidades, y pierden parte de su identidad para integrarse progresivamente en sus lugares receptores, esto puede considerarse una diáspora: son semillas dispersas que germinan en otro suelo y se dispersan y fructifican. Dis: separar, sporas: semillas. El elemento extraño entra en simbiosis con su nueva realidad e interactúa con ella, y al mismo tiempo que recibe de la misma, aporta algunos de sus rasgos para formar una nueva identidad.

Cuando una cantidad significativa se traslada fuera de su origen y se concentra en uno o varios núcleos distintivos y distinguibles, pero conservan en lo posible su identidad por decisión propia dentro del receptor, eso es un transtierro, pues no renuncia al regreso al origen, y es una forma consciente de exilio, la cual también tiene el riesgo de conducir al gueto, o núcleo enquistado dentro de una sociedad a la cual siempre considera ajena e irreconciliable. El transtierro puede ser también una variante de la auto segregación.

La subjetividad influye poderosamente en la autodefinición de la situación personal ante la condición del exilio, pero no es significativa a los efectos del análisis sociopolítico y estadístico: el emigrado puede asumirse como exiliado o dispersado (o diasporizado), pero su imagen propia en realidad no define su ubicación grupal. Digamos que, de acuerdo con el nivel de asunción y autoconocimiento, existen “exilios en sí” y “exilios para sí”. La dialéctica social entre sus miembros también define cada caso.

Desde la formación de los estados nacionales a fines de la Edad Media, todo movimiento poblacional –pacífico o bélico– de una comunidad o país con rasgos de cierta comunidad, hacia otro de forma no autorizada o consensuada, es considerado una invasión, y está sujeto a las leyes y las costumbres. Anteriormente, las invasiones de los bárbaros en los restos del decadente Imperio Romano, o las invasiones de los godos hacia las regiones celtíberas, o de los musulmanes contra los godos, fueron fenómenos típicos de expansión territorial y de conquista, muchas veces generadores de nuevas culturas o civilizaciones, como la helénica que impulsa Alejandro Magno en el Asia, y la mozárabe, que funde los elementos ibéricos y árabes en España.

Los grandes traslados periódicos y transitorios de índole religiosa, como el viaje ritual de los creyentes musulmanes a La Meca y Medina, o de los católicos a Roma, Santiago de Compostela, Guadalupe de México, Fátima en Portugal o Lourdes en Francia, son peregrinaciones, éxodos simbólicos de purificación y perfeccionamiento, voluntarios y reversibles.

La historia de la Humanidad es en gran parte el relato sucesivo de antiguas y numerosas migraciones; así se ha poblado el planeta y se han distribuido, dispersado, sustituido y fusionado unas con otras o no, las distintas civilizaciones. La más antigua de éstas parece ser la del temprano Homo Sapiens, desde su origen africano hacia Europa y Asia. Más recientes, pero igualmente remotas, las oleadas migratorias que a través del Estrecho de Bering fueron poblando el continente americano de Norte a Sur.

Cuando un grupo intenta desplazar a otros ya establecidos y prevalecer sobre ellos, esto es una invasión y constituye un proceso de dominio y vasallaje, lo mismo si son egipcios, asirios, macedonios, romanos, godos, normandos, árabes, españoles, portugueses, franceses o ingleses; pero esto no excluye la posibilidad de ciertos avances civilizatorios: la conquista del imperio persa por Alejandro Magno creó la cultura helenística, lo mismo que el derecho romano benefició a las primitivas hordas salvajes europeas, y los árabes impulsaron el conocimiento y el refinamiento de los godos ibéricos, así como los normandos invasores pulieron a los sajones primitivos para crear una cultura inglesa, y sólo los miopes adictos a la Leyenda Negra contra España pueden persistir en negar el progreso que hasta los muchas veces brutales conquistadores españoles, pero también los piadosos religiosos evangelizadores de diversas procedencias, impusieron en las regiones conquistadas de América: cada pueblo dominante (es decir, el vencedor), tiene la convicción de ser superior al dominado, y esta consciencia es la base de su dominio y su legitimidad, sea cierto o no.

Todo exilio implica un movimiento impulsado por fuerzas ajenas al sujeto. Tzvetan Todorov se ha ocupado sustantivamente de los mecanismos y procedimientos del exilio en El hombre desplazado (Buenos Aires, Taurus, 2008). Pero no es el viaje como experiencia voluntaria, en un proceso de aprendizaje y perfeccionamiento (lo que Goethe llamó Bildungsreise, el “viaje educativo”, el cual se recomendaba a los jóvenes europeos de su época, como parte de su formación personal), sino tiene que ver con el naufragio, la huida, la orfandad, el escape, el dejar todo atrás y empezar de nuevo bajo otro cielo, muchas veces desde cero.

Una filósofa española muy cercana a Cuba, María Zambrano, no sólo fue una exiliada, sino devino en una teórica del tema. Con su propia experiencia como sustento, dijo:

Yo no concibo mi vida sin el exilio que he vivido. El exilio ha sido como mi patria, o como una dimensión de una patria desconocida. Una patria que, una vez que se conoce, es irrenunciable. Creo que el exilio es una dimensión esencial de la vida humana, pero al decirlo me quemo los labios, porque yo querría que no volviese a haber exiliados, sino que todos fueran seres humanos y a la par cósmicos.

En esta definición entre filosófica y poética, puede advertirse la noción del exilio también como posibilidad para el crecimiento, en lo cual subyace una cierta reminiscencia estoica: entre los clásicos latinos, el propio Séneca vivió y de alguna forma disfrutó el exilio (curiosamente, se sentía más exiliado de Roma que de su natal Córdoba), así como Ovidio, Horacio y Cicerón, quien terminó por definir resignadamente: “Ubi panis, ibi patria”; definición que el cubano José María Heredia rectificó románticamente casi dos mil años después, para convertirla en su divisa personal y exlibris: “Ubi pacis et libertas, ibi patria”.

@Eleomar Puente / "The dreams bloom" / 80" x 90" in / A/C / 2024

El asunto del desarraigamiento que implica el exilio, tiene también componentes emocionales personales muy determinantes: la actitud individual que se asume ante esta experiencia traumática, contribuye de otro modo para su propia definición, en un diapasón de sentimientos que van desde la nostalgia, la melancolía, la desposesión, la mutilación, la resignación, la culpa, la adaptación y la rabia, hasta la rebeldía, la recuperación del origen y la voluntad del regreso y su reintegración.

El exilio está en el origen mismo y en la entraña más íntima de la historia humana: para la Biblia, Adán y Eva fueron exiliados del Jardín del Edén por su desobediencia, soberbia y apetito de conocimiento: se les castigó apartándolos, por la fuerza, del sitio donde habían nacido. Pero, además, la historia demuestra que, desde la cuna de los primeros homínidos en África, se produjeron grandes éxodos, formidables traslados naturales que dispersaron la raza humana por todo el planeta.

Mas la noción real del exilio como lo entendemos hoy, nace con el concepto de patria, aunque esta sea una ciudad: exiliados romanos fueron Horacio y Virgilio, como Dante Alighieri lo fue de Florencia. El Pentateuco incluye la relación de un viaje liberador: el Éxodo, que llevó a los esclavos hebreos desde Egipto hasta la Tierra Prometida, guiados por Moisés, quien simbólicamente, nunca llegó a la misma, pues murió a la vista de ella. Cumplió su misión hasta el punto que le resultó humanamente posible, pero no cosechó nunca el fruto final de su esfuerzo liberador, lo cual suele ocurrir con los guías de esclavos que buscan su emancipación: no siempre quienes inician las grandes liberaciones las culminan; generalmente, es todo lo contrario, desde Espartaco hasta Carlos Manuel de Céspedes.

Ha habido exilios como resultado de destierros: los monarcas católicos de toda Europa –salvo contadas excepciones– arrojaron a los judíos fuera de sus fronteras. España, además, expulsó a los moriscos sobrevivientes de la Reconquista. Luego, los mismos reyes cristianos extrañaron de sus reinos en el momento indicado a los jesuitas, tanto de España y Portugal, como de Francia e Inglaterra. Todos estos sujetos apartados de su origen nativo se consideraron desterrados y arrojados de su patria. Al ser obligados a irse por la fuerza, se llevaron con ellos un pedazo de aquella.

Modernamente, en el vocabulario de las emigraciones, se han incorporado las nociones de refugiado y asilado. La primera define el concepto de abrigo humanitario por razones de desastres diversos, pero fundamentalmente naturales, y la segunda se reserva para quienes se acogen al Derecho de Asilo, consagrado por el Pacto de Montevideo de 1933 (confirmados después en las Convenciones de Viena de 1969 y 1986), para pedir cobijo en sedes diplomáticas y por extensión, en los países suscriptores. La Organización de las Naciones Unidas (fundada en 1948) tiene una división especializada para la atención de los refugiados, la ACNUR, y los asilados corresponden a las diferentes cancillerías de los países involucrados. Este es un privilegio antiguo que proviene del derecho romano, feudal y eclesiástico: los templos (paganos y cristianos), así como algunas mansiones nobiliarias, gozaban de privilegios y fueros que convertían su espacio en sitios sagrados. Actualmente, las embajadas reclaman la defensa del principio de extraterritorialidad para sus sedes, y sus representantes disfrutan de las prebendas que los eximen y protegen.

En la Antigüedad, existía también la figura de la interdicción y la proscripción: ambas suspendían los derechos del ciudadano y lo expulsaban de sus comunidades, y hasta autorizaban matarlos por parte de cualquiera que los sorprendiera si violaban su destierro… Un proscrito era una no persona, un ser cuya vida no valía nada, pues había sido excluido de su origen: era un hijo negado por su madre.

Hay que asumir, sin embargo, una distinción esencial entre lo que es un emigrado y un exiliado. El primero se encuentra, en primera instancia, motivado por impulsos sociales, económicos, o particulares: puede sostener una relación apolítica y tersa con el gobierno de su país de origen, e incluso hasta colaborar con él, aunque éste sea indirectamente responsable de su emigración. El exiliado, por el contrario, se asume y se expresa directa y claramente como un transterrado[1] por cuestiones políticas, de las cuales se pueden derivar otras motivaciones (materiales, espirituales, personales). Un emigrado es un sujeto puramente social; en cambio, un exiliado, aún a su pesar, es un ente esencialmente político. El hecho de “residir” en un país ajeno al propio no confiere la condición de exiliado, pues sólo la participación franca y activa contra el régimen que lo convirtió en tal puede sustentarlo.

Debe distinguirse, por justicia y por propiedad, entre una y otra condición, aunque puede darse el caso que una persona que comenzó siendo “residente” o “inmigrante”, después asuma un compromiso más activo y se presente ya como “exiliado”. Pero ello requiere hechos y acciones, no sólo declaraciones (generalmente en consonancia con el contexto donde se expresan), a mi modo de ver; mucho más tratándose de una materia tan compleja e históricamente mutable como es la actuación cubana en el exterior: un emigrante es un sujeto social pasivo; un exiliado es un sujeto político activo. Uno es, malgré tout, colaborador; el otro es, per se, opositor.

Un ejemplo elocuente de la transformación de los migrantes la puede ofrecer el caso de los tabaqueros cubanos de Tampa, en el siglo XIX: en principio, fueron emigrados económicos, buscando mejores oportunidades en sentido general, aunque al apoyar con sus contribuciones las gestiones para la independencia realizadas por José Martí y otros revolucionarios, asumen su condición de exiliados. Sin embargo, no puede pasarse por alto el hecho que cuando decidieron salir de Cuba para buscar mejores condiciones de vida en los Estados Unidos, por el estado de ruina que las guerras habían ocasionado en la isla, aunque su causa inmediata fue económica, en última instancia ésta tuvo un origen político.

La relación entre el gobierno tiránico impuesto en la isla y el exilio no ha sido monolítica ni estática. Primero fue el odio feroz contra quienes escaparon, condenados sin apelación a un ostracismo eterno e inapelable y sujetos a agresiones y privaciones múltiples; en los pasaportes se estampaba el aviso que era como una condena de muerte: sin regreso al país; luego vino el silencio y la difusión de mentiras de que a quienes habían abandonado el país “les iba mal”, “los médicos limpiaban pisos”, “los abogados trabajaban en fábricas”, “nadie los saludaba”, “se caían en la calle y nadie los ayudaba”, “morían de frío y hambre”, “los negros son discriminados”…

Después los ideólogos de la tiranía castrista tuvieron que asumir, ante la evidencia de lo inocuo de sus distorsiones, la indiferencia y una falsa superioridad, y más tarde hasta una fingida neutralidad interesada, para lo cual impusieron el concepto de la “diáspora”, maniobra diversionista y distractiva que eludía la verdadera y dolorosa raíz del problema o conflicto: esa fue una forma retórica propagandística, copiada de Goebbels, para silenciar o neutralizar el exilio. Dispersaron entonces una espesa neblina propagandística en el Estrecho de la Florida, destinada a difuminar la, para ellos y su régimen, crecientemente amenazante silueta de un Miami (símbolo del exilio en los Estados Unidos, en particular, y en general en todo el planeta) triunfal y sibarítico en su mismo horizonte, mientras el territorio nacional se veía cada día más decadente y ruinoso.

Antes, los “de allá”, los que se habían marchado, se ilusionaban al principio de su destierro al creer ver a lo lejos el resplandor de las luces de una Habana ya perdida; pero ahora, “los de acá”, rodeados por sombras y ruinas, como el sediento viajero del desierto engañado por el espejismo del oasis, aseguran ver “en las noches más claras”, según cuidan de especificar para darle un cierto sentido racional a su afirmación, los destellos del otrora odiado y siempre envidiado Miami, como invitación, tentación, promesa y meta.

Pero debe enfatizarse que el exilio cubano tiene ciertas especificidades muy profundas y propias. Regresemos al Génesis: cuando Adán y Eva, los originales bíblicos, fueron expulsados del Jardín del Edén, lo hicieron con el dolor por la pérdida del Paraíso. Sus actuales émulos cubanos, cuando hoy abandonan el que solía ser el vergel tropical de las delicias, lo hacen sintiendo una alegría liberadora, porque ya aquello no es el paraíso y comienza a parecerse demasiado al infierno, y así lo será aún más cada día: ese infierno (por todos) tan temido, como dijo en una de sus visiones nocturnas Juan Carlos Onetti. Y los que suelen volver –adánicos readmitidos temporalmente, por graciosa y costosa concesión del siempre vigilante portero Cancerbero– con cierta periodicidad, confiesan que al abandonarlo de nuevo para regresar a la que ya es la otra su casa –porque aquélla “ya no es tu casa, ni tú eres ya Antonio el Camborio”, como diría Federico García Lorca– más que tristeza, sienten una profunda, intensa y casi culpable sensación de alivio: esos son los resultados de aceptar una esclavitud voluntaria y a veces hasta gozosa; o lo que es decir, la mentalidad del sobreviviente.

La “dulce Cuba” sigue siendo, con una espantosa fidelidad y fijeza, como dijo hace más de dos siglos el primer exiliado cubano, José María Heredia, ese triste lugar donde “en su seno se miran, en el grado más alto y profundo, las bellezas del físico mundo, los horrores del mundo moral”.

(*) Tomado del anuario Histórico Cubanoamericano #3 (2019): págs. 20-32.


[1] Término propuesto por el filósofo español José Gaos, exiliado en México. El novelista cubano José Manuel Prieto ha propuesto, en su proyecto de cosmopolitización expresada en Rex, la clasificación para esta etapa, “una anterior a 1917 e incluso hasta 1789”, el concepto de “viajero” para el desarraigado que vive en otro país, por las razones que sean, como parte de sus ideas políticas, o como parte del “bildungsreise” o “viaje educativo”, concepto introducido por Goethe, Hegel y Heine. Soy (dice Prieto) “un extranjero a todas luces (…) sólo hay un pequeño territorio en todo el globo donde no solo soy; lo soy, por ende, más que cualquier otra cosa…”

Monday, April 27, 2026

“ENTONCES QUIEBRO MI COPA”. José Martí

Por Héctor Rodríguez, PhD

Miami es la obra del exilio cubano, teniendo en cuenta la pujanza de los cubanos, déjennos tener lo mismo en Cuba en 20 años.

Miami Beach @Fuente externa

Ante la crisis cubana actual provocada por la estulticia de personas que han usurpado el poder por las armas primero y por fuerza después, afectando a generaciones enteras en su formación integral, haciéndolos huir porque en un país donde solo piensa un hombre, los demás son esclavos como nos enseñó Simón Bolívar, hoy aparece uno de esos personajes declarando sin derecho alguno dinamitar la isla ante la solución que espera el pueblo hace 100 años.

Cuba se independizó de España luego de la derrota en la Guerra Hispano-cubana-americana. Como resultado, la isla pasó a ser controlada por Estados Unidos, que luego de una intervención militar, le da la forma de una República.

El 20 de mayo de 1902, el General Leonard Wood se retira de Cuba, y toma posesión el primer presidente electo de nuestra naciente república: Tomás Estrada Palma.

Máximo Gómez iza la bandera cubana en presencia de Leonard
 Wood, 20 de mayo de 1902. Foto: Gómez de la Carrera.

A partir de ese momento y hasta el 1º de enero de 1959 ocurrieron 19 cambios de gobierno. Es decir como promedio un presidente cada tres años. ¿Qué imagen le da eso de los cubanos? No todos los presidentes cumplieron a término su mandato, y como ejemplo de ello algunos datos curiosos:

En cuatro ocasiones Cuba ha tenido 3 o más gobernantes en un mismo día. Ocurrió el 12 de agosto de 1933, en que Gerardo Machado fue destituido, Alberto Herrera presidió durante solo unas horas y posteriormente Carlos M de Céspedes que lo hizo por poco menos de dos meses. ¡Todo en un mismo día!

El 4 de septiembre de ese mismo año 1933, Carlos M de Céspedes fue destituido y presidió el país una pentarquía constituida por Grau, Franca, Carbó, Portela e Irizarry que gobernaron durante seis días, hasta el 10 de ese mismo mes. Grau toma el poder y lo mantiene al menos durante cuatro meses, hasta el 14 de enero de 1934.El 14 de enero de 1934, Carlos Hevia, que fue presidente solo unas horas y sustituido por Márquez Sterling, cuyo “gobierno” duró cuatro días. Después Carlos Mendieta lograría mantenerlo al menos durante casi dos años…

Palacio Presidencial, La Habana, Cuba. Construido entre1909 y 1920
por los arquitectos 
Rodolfo Maruri Paul Belau

Y para los que pueda interesarles o no los recuerden, publico la lista con todos los presidentes anteriores a 1959.

1-TOMÁS ESTRADA PALMA(20 de mayo 1902 a 28 de septiembre 1906)

2- JOSÉ MIGUEL GÓMEZ(28 de enero 1909 a 20 de Mayo de 1913)

3- MARIO GARCÍA MENOCAL(20 de mayo 1913 a20 de mayo de 1921)

4- ALFREDO ZAYAS Y ALFONSO(20 de mayo 1921 a 20 de mayo 1925)

5- GERARDO MACHADO Y MORALES(20 de mayo 1925 a 12 agosto 1933)

6- ALBERTO HERRERA Y FRANCHI(12 agosto 1933 a 12 agosto 1933)

7- CARLOS M. DE CÉSPEDES Y DE QUESADA(12 agosto 1933 a 4 septiembre 1933)

8- LA PENTARQUÍA : (Ramón Grau San Martín, Sergio Carbó,Porfirio Franca, José Miguel Irisarri y Guillermo Portela(4 septiembre 1933 a 10 de septiembre 1933)

9- RAMÓN GRAU SAN MARTIN(10 de septiembre 1933 a 14 enero 1934)

10- CARLOS HEVIA Y REYES GAVILÁN(14 enero 1934 a 14 de enero de 1934)

11- MANUEL MÁRQUEZ STERLING(14 de Enero 1934 a 18 de Enero 1934)

12- CARLOS MENDIETA Y MONTEFUR(18 de Enero 1934 a 11 diciembre de 1935)

13- JOSÉ A. BARNET Y VINAJERAS(11 diciembre de 1935 a 20 de mayo 1936)

14- MIGUEL MARIANO GÓMEZ(20 de mayo 1936 a 23 diciembre 1936)

15- FEDERICO LAREDO BRU(23 diciembre 1936 a 10 octubre 1940)

16- FULGENCIO BATISTA Y ZALDÍVAR(10 octubre 1940 a 10 octubre 1944)

17- RAMÓN GRAU SAN MARTÍN(10 octubre 1944 a 10 octubre 1948)

18- CARLOS PRÍO SOCARRÁS(10 octubre 1948 a 10 marzo 1952)

19- FULGENCIO BATISTA Y ZALDÍVAR(10 marzo 1952 a 1º enero 1959)

A partir de aquí la desgracia se multiplicó por todos ellos quiero decir que lo que no hicieron los anteriores en 57 años tampoco lo hizo el último en 66 años ,lo que significa que el pueblo cubano no ha recibido de sus gobernantes en 123 años es suficiente ,como para tener derecho ahora cuando caiga el comunismo, decidir en las urnas que quiere y que necesita , que lo sigan maltratando gobiernos inescrupulosos o que nos dirija el gobierno de Los Estados Unidos al cual podríamos pertenecer si nos dan la posibilidad de un referendo de anexión no a este gran país.

Los cubanos tenemos una carta de presentación para demostrar qué seríamos capaces de hacer si nos anexamos: Miami.

Miami es la obra del exilio cubano, teniendo en cuenta la pujanza de los cubanos, déjennos tener lo mismo en Cuba en 20 años.

Le generación actual no lo disfrutará plenamente, se irá apagando, pero tendrán la tarea de preparar la felicidad de sus hijos y nietos y no habría mayor orgullo para ellos que dejarles un país del primer mundo, que de seguir gobernados como hasta ahora nunca lo alcanzarían.

Les dejo ahora un análisis y mis reflexiones de los beneficios de la anexión según mi punto de vista

Podríamos por vez primera tener un país basado en los mismos principios que Estados Unidos.

Derecho y respeto a la vida,

Derecho y respeto a la libertad,

Derecho y respeto a la propiedad.

¿Y si el pueblo cubano pudiera decidir en referendo si quiere ser el estado 51 de los Estados Unidos?

¿Por qué temerle a la libertad de elegir

Hoy nos enfrentamos a un nuevo desafío anunciado por un gobernante de facto.

Que un gobernante diga —o permita que se diga— que prefiere dinamitar la isla antes que entregarla, como interpreta CNN en el contexto de las negociaciones en Cuba, no es una metáfora: es una confesión moral.

Díaz-Canel no compró Cuba.

Cuba no es su propiedad.

La isla no es un rehén ideológico ni una finca personal del poder.

Ningún gobernante tiene derecho a destruir una nación por orgullo, por miedo o por fanatismo.

Imagen de una calle de Centro Habana, Cuba.
Ninguno tiene derecho a condenar a generaciones enteras a la ruina con tal de no soltar el poder.

Eso no es soberanía.

Eso no es patriotismo.

Eso es estulticia política y bancarrota ética.

Cuando un poder afirma: “prefiero destruirlo todo antes que perderlo”, lo que revela no es fuerza, sino debilidad.

El que ama a su país lo entrega vivo, no lo amenaza muerto.

Lo cuida, no lo dinamita.

Lo hereda a su pueblo, no lo secuestra.

Cuba es una obra secular: ciudades, campos, cultura, familias, memoria.

Nada de eso pertenece a un partido, a un apellido ni a un buró político.

Los países no se gobiernan como trincheras.

Se gobiernan como hogares.

Y ningún hogar se salva cuando quien manda está dispuesto a prenderle fuego.

Decir que “antes de entregar el poder se prefiere destruir la isla” no es una frase fuerte:

es una confesión peligrosa.

Cuba no es propiedad de ningún gobernante.

Nadie la compró.

Nadie tiene derecho a amenazar su destrucción.

Eso no es soberanía.

Eso no es patriotismo.

Eso es miedo a perder el poder.

Los países se gobiernan para salvarlos, no para incendiarlos.

Cuba pertenece a su pueblo, no a quienes están dispuestos a dejarla en ruinas.

Tomando las palabras de José Martí para terminar

En homenaje al destacado periodista Adolfo Márquez Sterling en Discursos Políticos de sus obras completas pronunciado bajo el título Prédicas Revolucionarias el 26 de abril de 1879 esbozaba al final igual que hoy sobre la política cubana lo siguiente:

Si tal y más amplia y completa, hubiera de ser la política cubana; si hubieran de ponerse en los labios todas las aspiraciones definidas y legítimas del país, bien que fuese entre murmullos de los timoratos, bien que fuese con repugnancia de los acomodaticios, bien que fuese entre tempestades de rencores:-si ha de ser más que la compensación de intereses mercantiles, la satisfacción de un grupo social amenazado y la redención tardía e incompleta de una raza que ha probado que tiene derecho a redimirse; si no se ha extinguido sobre la tierra la raza de los héroes, y a los que fueron, suceden los héroes de la palabra y del periódico; si al sentir, al hablar, al reclamar, no nos arrepentimos de nuestra única gloria y la ocultamos como a una pálida vergüenza ; por soberbia, por digna, por enérgica, yo brindo por la política cubana.

Pero si entrando por senda estrecha y tortuosa no planteamos con todos sus elementos el problema, no llegando, por tanto, a soluciones inmediatas, definidas y concretas; si olvidamos, como perdidos o deshechos, elementos potentes y encendidos; si nos apretamos el corazón para que de él no surja la verdad que se nos escapa por los labios; si hemos de ser más que voces de la patria, disfraces de nosotros mismos; si con ligeras caricias en la melena, como de domador desconfiado, se pretende aquietar y burlar al noble león ansioso, entonces quiebro mi copa: no brindo por la política cubana (1).

Así nos deja una enseñanza, que los gobernantes cubanos merecen igual que el apóstol declamó, quebrar nuestras copas por las fallidas políticas cubanas. Yo quiebro la mía.

1-Jose Martí Obras completas, Predicas Revolucionarias Abril 26,1879.

Thursday, April 23, 2026

VENTAJAS DE LA ANEXIÓN DE CUBA A LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA (*)

 Por Héctor A. Rodríguez PhD

Ante la proximidad de la caída del comunismo en Cuba impulsado por la terminación de la subvención que les llegaba de Venezuela se aproxima una decisión importante para los cubanos: seguir bajo gobiernos filibusteros o anexar a Cuba a los Estados Unidos.

La historia recoge los intentos de personajes de ambos países que intentaron la anexión.

Circunstancias evitables no lo propiciaron, pero han cambiado los tiempos y la necesidad sigue vigente. Ahora más que nunca se impone la resiliencia a favor de los cubanos. Han sufrido mucho, miles de muertos, hambre, necesidades de disfrutar la libertad y con ella la vinculación al mundo.

Debe dárseles la oportunidad de un referendo para decidir qué queremos.

A continuación, les dejo varias reflexiones que ayudarán a comprender las ventajas de la anexión para que llegado el momento ayudemos a los que nos rodean sepan decidir.

Ahí les dejo varias reflexiones.

1-¿Y si el pueblo cubano pudiera decidir en referendo si quiere ser el estado 51 de los Estados Unidos?¿Por qué temerle a la libertad de elegir?

2-Cuba lleva más de 100 años sin que el pueblo escoja su destino.

¿No sería justo permitirle escoger entre soberanía fallida o anexión próspera?

3-La anexión no es imposición.

La anexión sería válida solo si el pueblo la aprueba democráticamente.

¿Quién puede oponerse a la voluntad popular?

4-Puerto Rico eligió en votación acercarse a EE.UU.

¿Por qué Cuba no puede tener el mismo derecho?

5- Un gobierno vale lo que vale la vida de su pueblo.

Si Cuba no logra prosperar sola, ¿por qué no contemplar alternativas reales?

6- Los gobernantes han decidido por Cuba durante un siglo.

Ha llegado el momento de que decida el pueblo — no los caudillos.

7- Unidos no es perfecto, pero funciona.

Cuba tampoco es perfecta, pero no funciona.

La matemática es simple.

8-La anexión no sería absorción cultural:

Sería acceso a derechos, justicia, economía, libertad y ley.

9-El miedo a la anexión viene de quienes temen perder poder.

El pueblo solo teme seguir sobreviviendo sin futuro.

10-Cuba no necesita otro gobierno corrupto.

Necesita garantías, instituciones y ley.

Eso es lo que ofrece ser el estado 51.

11-Cuba no necesita discursos: necesita comida, salarios y futuro.

La anexión sería economía real, no promesas vacías.

12-Un cubano en EE.UU. gana en un día lo que en Cuba se gana en un mes.

¿Y si ese ingreso fuera posible sin emigrar?

13-El problema de Cuba no es el pueblo:

Es el sistema económico que no produce.

Ser estado 51 sí produce.

14-Estados Unidos tiene la moneda más fuerte del mundo.

Cuba tiene una de las más débiles.

¿A cuál prefieres pertenecer?

15-La anexión no es romanticismo: Es acceso directo al dólar, al crédito, a inversión, a empleo.

16-Cuba no atrae inversiones porque no tiene garantías legales.

Como estado 51, sí las tendría — por Constitución.

17-Más de 2 millones de cubanos viven en EE.UU.

¿Y si esa prosperidad pudiera llegar a la isla… en vez de huir hacia el norte?

18-Un país donde nadie quiere quedarse no es nación sostenible.

La anexión ofrece una salida digna: quedarse y prosperar.

19-La economía no es ideología:

Es comida en la mesa.

Y el socialismo cubano no la pone.

20-Cuba ya está dolarizada… pero sin derechos.

La anexión sería dolarización con derechos.

21- Un pueblo sin derecho a elegir su destino no es libre.

La anexión propone derechos primero, bandera después.

22-La democracia no es un discurso: es votar, decidir y cambiar lo que no funciona.

Cuba no puede hacerlo. El estado 51 sí.

23-La anexión no sustituye al pueblo cubano:

Lo empodera con leyes, jueces independientes y Constitución real.

24-En una democracia el pueblo manda.

En Cuba, el pueblo obedece.

¿Hasta cuándo?

25-La libertad de prensa, opinión y movimiento no son lujos: son derechos básicos.

Solo existen garantizados bajo la ley estadounidense.

26-El cubano no necesita otro líder.

Necesita instituciones que no dependan de un hombre, sino de la ley.

27-La anexión no es entrega:

Es recuperar lo que se perdió — el derecho a vivir sin miedo.

28-La democracia cubana nunca ha existido porque nunca hubo alternancia.

Como estado 51, la alternancia sería obligación, no promesa.

29- Los gobiernos cambian.

Los derechos permanecen.

Eso solo lo garantiza un sistema constitucional fuerte.

30-No se trata de colores políticos.

Se trata de que ningún cubano vuelva a ser súbdito.

Solo ciudadano.

31-Un Cuba-51 significaría frontera segura a 90 millas del sur.

Menos crisis migratoria. Más estabilidad hemisférica.

32- Como estado 51, Cuba aportaría bases navales, puertos y logística estratégica en el Caribe.

Seguridad nacional para EE.UU

33-El turismo estadounidense tendría un destino legal, cercano y masivo, generando miles de empleos en ambos lados

34-Cuba-51 sería un nuevo mercado de 11 millones de consumidores bajo la economía estadounidense.

Negocio directo para empresas norteamericanas.

35- Estados Unidos gastaría menos en controlar migración y más en desarrollo económico dentro de su propio territorio.

36-Industria agropecuaria, energía, construcción y tecnología tendrían un nuevo territorio para invertir bajo ley estadounidense.

37-Cuba puede producir alimentos todo el año.

Como estado 51, sería un gigante agrícola al servicio del mercado americano

38-La anexión convertiría al Caribe en un corredor comercial norteamericano, frenando la influencia de China y Rusia en la región

39-Más estabilidad implica menos narcotráfico, menos contrabando y menor costo de seguridad para EE.UU.

40-Cuba-51 aportaría representación congresional y senatorial, impuestos y territorio estratégico a los Estados Unidos — sin guerra ni conquista.

(*) Tomado de Ego de Kaska

Monday, April 20, 2026

VERGÜENZA ANTE LA SERVIDUMBRE

Por Pedro Corzo 

Desde el primero de enero, a pesar del poder casi omnímodo de los opresores, hombres y mujeres de diferentes procedencias sociales y de todas las edades y razas, enfrentaron la dictadura.

Instalación, Yo sé de un pesar profundo, de Erik Ravelo
Foto tomada de Facebook

Se que a algunos no les gustará este comentario, que no faltaran quienes se molesten y hasta me increpen, pero como admirador de José Martí sigo su postulado de que "Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado” y pretendo, intento, ser un hombre honrado, así que lo que opino no lo callaré, aunque mis compatriotas se sientan agraviados.

Avergüenza ver a muchos nacidos en Cuba seguir apoyando el totalitarismo castrista a pesar de no disfrutar el más mínimo derecho ciudadano y sobrevivir en la miseria extrema. La mayoría de los cubanos, están conscientes que viven en condiciones peores que los esclavos de los ingenios azucarero del siglo XVIII, sin embargo, un segmento nada despreciable, participa en espectáculos que benefician al sistema que los oprime.

Estoy convencido que hay quienes creen que el castrismo les dio una vida mejor, no especulo, los conozco, personas que no se percatan que viven como animales de corral y que las condiciones de vida de todos tienden a mejorar cuando hay libertad y se pueden disfrutar libremente los derechos.

Estas personas no entienden que se han convertido en una masa manipulada por una clase que detenta el poder para su exclusivo beneficio, que están sometidos a una instrucción doctrinal que les hace creer que la alternativa es la muerte o una miseria mayor. Estos sujetos se niegan a aceptar que la realidad que viven forma parte de un entramado gigantesco que funciona dentro de las murallas construidas por los Castro y en la que Miguel Díaz Canel es el mayoral.

Recientemente vi un número notable de cubanos vitoreando al inepto déspota de Díaz Canel, mostrando, incomprensiblemente, respaldo a quien le oprime, aún más, mientras la capital permanencia en casi absoluta oscuridad, otro o el mismo populacho, se detenía frente al iluminado hotel donde se reunían los integrantes de un convoy de idiotas útiles convencidos de que quienes los aclamaban eran víctimas de confabulaciones imperiales y no de un sistema que ha conducido a la nación al despeñadero.

Estoy convencido de que algunos participan en estos actos por miedo, un sentimiento del que muy pocos se escabullen y que los cubanos han vivido por demasiadas décadas. Otros, asisten porque permanecen seducidos por una mentira que ha sido derruida por la realidad, están convencidos como las ratas de Hamelin que seguir la tonada hasta la hecatombe es lo mejor, sin faltar unos terceros, al menos por dos motivaciones que al final de las cuentas se confunden, la frivolidad y respaldo a quien te oprime, una especie de síndrome de Estocolmo masivo.

Represión contra las Damas de Blanco

El castrismo ha dispuesto de un notable talento para manipular a la población cubana. Con ese propósito creó un número importante de organizaciones que reparten mucho garrote y poca zanahoria generando una inseguridad mezclada con miedo difícil de superar, pero por encima de esa inducción criminal, tengo la certeza que no faltan cubanos que como robots tienen inscrito en su consciente que cualquier otra propuesta política o ideológica es peor que la que padecen.

Al totalitarismo castrista nunca le han faltado aliados porque todos los que rechazan lo que representa Estados Unidos, están dispuestos a asistirle, por eso, la escogencia de Castro de Washington como su archienemigo, siempre le ha sido favorable.

No obstante, me siento muy orgulloso de que nunca han faltado cubanos que rechacen el castrismo. Desde el primero de enero, a pesar del poder casi omnímodo de los opresores, hombres y mujeres de diferentes procedencias sociales y de todas las edades y razas, enfrentaron la dictadura en tiempos en que la comida no faltaba y el fluido eléctrico satisfacía la demanda, gracias a que los bienes acumulados de la República que Fidel y Raúl Castro destruyeron, los había originado.

Cierto que en aquellos días la libertad de prensa estaba siendo corroída. El viajar libremente sufría limitaciones, quienes practicaban una religión eran discriminados, la educación mutaba a adoctrinamiento y hasta ponerse cuello y corbata era subversivo, abusos, que condujeron al fusilamiento de Porfirio Ramírez, Alberto Tapia Ruano y de miles más, que Pedro Luis Boitel y Orlando Zapata Tamayo junto a otros dignos compatriotas fallecieran en huelga de hambre y que Ángel de Fana, Ernesto Díaz Rodríguez y Amado Alfonso con otros centenares de miles, fueran a prisión por defender los derechos de todos.