Friday, August 28, 2026

ESTEBAN SALAS, EL BACH CUBANO (*)

(**) Por Teresa Fernández Soneira

“… fue el más sabio y el más ilustre de los músicos cubanos, el Presbítero Don Esteban Salas, el “Bach cubano” como se le ha llamado siempre; bajo su dirección aprendieron los pocos músicos que entonces cultivaban el arte en ese país”[1]. Rafael Salcedo.

Poco se ha escrito de él y mucho menos reconocido al primer gran compositor clásico que tuvo Cuba, el músico habanero Esteban Salas y Montes de Oca. Pero debido a la importancia del papel que desempeñó en la historia de la música cubana del siglo XVIII, nada más justo que colocar a Salas en el lugar que le corresponde.

El historiador José Luciano Franco encontró la partida de bautismo de Salas en la iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje. En ella consta lo siguiente:

Libro III de bautizos de blancos, del Archivo Parroquial del Santo Cristo del Buen Viaje, correspondiente al año 1726, figura inscrito con el número 77, el de Esteban Salas, que nació el 25 de diciembre de 1725 en la ciudad de La Habana. Hijo legítimo de Don Tomás de Salas y Castro y Doña Petrona de Montes de Oca, ambos naturales de Islas Canarias. Folio 13 (vuelto)[2].

Parroquial del Santo Cristo del Buen Viaje, La Habana, Cuba.

Monseñor Ramón Suárez Polcari en su Historia de la Iglesia Católica de Cuba[3], relata: “Sus contemporáneos lo describen con tez morena, nariz aguileña, frente despejada, labios gruesos y carnosos, y sensibilidad tropical exuberante en su obra. Hombre de Iglesia, siempre vestido con el traje talar, muy escueto y pobre, con la tela envejecida hasta la trama”.

De joven, Esteban Salas se educó en La Habana. Primero estudió gramática, y luego ingresó como tiple de coro en la Parroquial Mayor. Algunos años más tarde se matricula en la Universidad de La Habana y estudia Filosofía y Teología, y aprende los oficios de organista y compositor, pero no termina sus estudios de Derecho Canónico por motivos de salud. Desde muy joven vive como un sacerdote aunque se considera indigno de ordenarse. Ha hecho votos de pobreza y castidad, y siempre viste de negro.

La Parroquial Mayor de La Habana (la ciudad aún no tenía catedral) poseía un alto nivel de riqueza material y actividad intelectual por el intercambio comercial, ya que las flotas que regresaban a España y que viajaban en la ruta de Veracruz-Habana-Sevilla, y luego Cádiz, hacían escala en La Habana. Por esa vía se cree vinieron a la Isla los maestros españoles que servirían en la Parroquial Mayor, y que pudieron preparar a un músico de la talla de Esteban Salas. Santiago de Cuba, aunque era capital de la Isla, no tenía la vida cultural que tenía La Habana, pues se encontraba en el extremo oriental de la isla, con pocos recursos económicos por la lejanía de las rutas comerciales. En La Habana, los instrumentos eran usados para los oficios religiosos, pero en Santiago se carecía hasta de libros de música, y en Cuba los organistas y músicos permanecían en sus cargos por poco tiempo pues tenían su vista siempre puesta en La Habana.

Sala Parroquial del Museo de la Ciudad de La Habana.

En 1722, el Obispo Francisco Jerónimo Valdés funda en Santiago de Cuba el Colegio Seminario de San Basilio el Magno y establece una cátedra de canto llano. Eso, sin embargo, no soluciona el dilema de la música en la Catedral de Santiago. En diciembre de 1755 el Cabildo se dirigió al Rey Fernando VI, pidiéndole licencia y ayuda para finalmente establecer una capilla de música en Santiago de Cuba. No sería hasta diez años después que Carlos III (sucesor de Fernando VI), respondiera a la solicitud.

Pedro Agustín Morel de Santa Cruz (1694-1768)

Mientras tanto, en 1753 Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, de la Española, había sido nombrado Obispo de Cuba y establecido su residencia en La Habana. Allí conoce a Esteban Salas y piensa que él es la persona indicada para constituir la capilla de música de Santiago de Cuba. Al recibirse el 26 de abril de 1765 la Real Cédula, Morell de Santa Cruz pide entonces a Salas que se traslade a Santiago.

Salas en Santiago de Cuba

Cuando Salas llega a Santiago es ya un hombre maduro. Su extremada modestia comienza a dar de qué hablar. Los canónigos, algo desconfiados, lo someten a prueba y le exigen la composición inmediata de un himno a la Virgen. Salas sale victorioso de aquel examen escribiendo el motete Ave Maris Stella. Algo tranquilizado, el Cabildo le hace otra encomienda: la composición de un salmo que Salas también escribe para beneplácito de los más exigentes. Finalmente le es concedida la plaza de Maestro. Muy pronto el Cabildo también le confía a Salas la enseñanza de algunas clases en el Seminario San Basilio el Magno, enseñando allí las cátedras de Filosofía, Teología y Moral. Salas lo acepta a condición de no recibir estipendio alguno. Escribe también varios textos de filosofía que son publicados.

Una vez asentado en Santiago en su nuevo cargo, Salas comienza a laborar intensamente y pide al Cabildo un estipendio de 1,400 pesos anuales para el mantenimiento de la capilla, y una asignación de 370 pesos para él. Expone la gran pobreza de los músicos que habrían de actuar bajo su dirección y la necesidad de que puedan llevar una vida digna. Después procede a la creación de plazas: tres tiples, dos altos, dos tenores; dos violines, un violón, dos bajones y un arpa, además del órgano: un total de catorce ejecutantes. No es mucho, pero es un buen comienzo para una iglesia que sólo había conocido, hasta entonces, organistas temporales y capilla de dos voces. Hace trabajar mucho a sus músicos y cantores, y les impone nuevas disciplinas. Forma a varios discípulos, entre ellos Manuel Miyares y Francisco José Hierrezuelo. Está siempre componiendo y escribe con letra clara y segura, lo que más tarde haría más fácil el descifrar sus manuscritos.

El entusiasmo que puso Salas por hacer de la capilla de música de la Catedral algo digno de ésta, se aprecia por los resultados. La capilla se fue enriqueciendo con flautas, oboes, trompas y violas, llegando a establecer una pequeña orquesta clásica que podía ejecutar sinfonías, convirtiendo a la Catedral en sala de conciertos. El historiador Pablo Hernández Balaguer[4] dice: “Salas fue el verdadero punto de partida de la práctica de la música seria en Cuba. Con él comienza a apreciarse en Cuba y a diferenciarse la música popular de la música culta en el templo y en el pueblo”.


Cuando en 1783 parecía haber llegado al punto más alto de su carrera, el Supremo Consejo de Indias le exige la devolución de las sumas suplementarias que le habían estado entregando para mayor lucimiento de la capilla de música. Sorprendido y desconcertado, sin saber cómo reunir aquella tremenda cantidad de dinero, dirigió una larga carta al Rey explicando lo ocurrido. Pero la respuesta se hizo esperar siete años, y en ese tiempo la angustia y la incertidumbre quebrantaron su salud hasta el extremo de que estuvo a punto de morir. Por entonces los canónigos lo instan a que tome las órdenes sacerdotales, pero por estimarse a sí mismo indigno de llevar el hábito o de decir misa, sigue en su propio mundo, llevando traje de abate.

Dr. Antonio Feliú y Centeno (1728-1791)

En 1789, el Obispo Antonio Feliú y Centeno llega a Santiago. Mientras el Cabildo lo agasajaba, observa que Salas permanece en segundo plano, en medio de los monaguillos. El prelado va hacia él, le toma en brazos y le pide que solicite su ordenación. Esta vez el músico accede y recibe la primera tonsura en noviembre del mismo año, y en marzo de 1790 ya es sacerdote. El Viernes Santo de 1790 recibe la tonsura y oficia su primera misa, componiendo para aquella ocasión tan solemne un Stabat Mater monumental. “[Salas] llegó a vivir como un mendigo”, nos dice Monseñor Polcari[5] en la obra ya citada. “Su sotana se iba haciendo trizas y sólo se alimentaba con chocolate, pero seguía atendiendo a sus deberes ministeriales… aunque todo el dinero debía entregarlo para sufragar las deudas”, termina diciendo Polcari.

El 12 de noviembre de 1801, una Real Cédula pone fin a la deuda y a su preocupación, pero ya para Salas era muy tarde. Enfermo y deprimido, deja de existir, en la mayor pobreza, el 15 de junio de 1803, después de haber desempeñado su cargo por 39 años. Su cuerpo fue sepultado en la Santa Iglesia del Carmen[6], y el señor obispo dispuso que sus exequias se hicieran con la mayor pompa y solemnidad, y toda la ciudad de Santiago de Cuba se asoció al duelo. El día de sus funerales se leyeron estos versos:

No es muerto Esteban no, que vida ha sido/ de perdurable paz su monumento; por él con subterráneo apartamento/a la mansión de Dios se nos ha ido. Ya desnudo del hombre mal nacido/dejó la patria y valle turbulento, viajando en derechura al firmamento/por la lóbrega senda del olvido. Puerta dichosa fue, no sepultura/la que le abrió el destino en su partida.

Salas deja al morir un precioso legado al Archivo Catedralicio compuesto por más de un centenar de obras. En los años subsiguientes a su muerte se siguieron oyendo en la Catedral de Santiago sus villancicos y algunas otras obras como la Misa de Réquiem. Esta obra fue perpetuada por Juan París[7], el maestro de capilla que le sucedió, quien realizó numerosas copias de las composiciones de aquél de modo que pudo continuarse y renovarse su interpretación en los oficios de la Catedral. En 1855, el Semanario Cubano publicó el primer artículo dedicado a la memoria de Esteban de Salas, cuya obra fue calificada como ‘venerable”. En lo adelante, alguna que otra vez su nombre fue mencionado en estudios sobre la música cubana, pero una vez disuelta la capilla y con la entrada del nuevo siglo, su figura comenzó a ser poco a poco olvidada.

No sería hasta la década de 1940 en que el escritor, investigador y musicólogo Alejo Carpentier se da a la tarea de desenterrar la obra de Esteban Salas y Montes de Oca. Los documentos y las obras se encontraban en estado lamentable y en gran desorden en un armario de la Catedral, y su estudio fue tarea larga y paciente. Algunas partituras no sólo estaban semi destruidas, sino que fue preciso hacer un estudio minucioso de muchas otras obras para determinar lo que era realmente obra suya. “Las prolongadas búsquedas que nos llevaron a dar con un buen lote de partituras de Salas”, dice Alejo Carpentier, “arrojan plena luz sobre una figura que no sólo es adquisición para Cuba, sino para la historia musical de todo el continente”[8].

A raíz de este hallazgo, los investigadores se dedican a estudiar la figura de Salas, y en 1953, al cumplirse los 150 años de la muerte del compositor, José Luciano Franco escribe para la revista Carteles un artículo titulado “Salas, el compositor olvidado”. Tres años más tarde, Pablo Hernández Balaguer[9] comienza la ardua labor de catalogación de la obra. “De toda la música conservada de este compositor, 146 obras en total, sólo 80 y tantas pudieron ser devueltas a la vida; las demás solamente nos dan una pista de lo que fueron”, dice Hernández Balaguer. “No obstante, tal pista es en extremo valiosa para la investigación, pues nos brinda la oportunidad de estudiar mejor la naturaleza de su música, el conjunto vocal e instrumental de que se valía Salas, a más de otros aspectos de su obra”, termina diciendo Hernández Balaguer.

Salas compuso misas, lecciones, las Siete Palabras, un Himno a la Virgen, pasionarios, salmodias, Letanías del Corazón de Jesús, Letanías del Trisagio; 16 salves y motetes para la Octava de la Asunción; te deums, stabat maters, motetes, pastorelas y 30 villancicos, así como un himno titulado Saludad a la Aurora Divina, autos sacramentales y unas canciones compuestas junto con Pérez y Ramírez. Carpentier añade: “[…] la finura, el buen gusto, el frescor de ideas, nunca abandonan a Salas. Su lenguaje es además conciso y directo. No hay espacio perdido. Se vale del canon y de la fuga con frecuencia, pero no abusa gratuitamente del juego contrapuntístico”[10].

Conciertos, grabaciones y publicaciones

En 1959 el Coro de Madrigalistas, dirigido por el maestro Manuel Ochoa, grabó un disco de villancicos en el que aparecen varios villancicos de Salas. En 1960 se interpretó la música de Salas en la Catedral de Santiago, repitiéndose el mismo programa en La Habana. Después, el viernes 15 de abril de ese mismo año, Viernes Santo, en la iglesia del Espíritu Santo de La Habana, Monseñor Ángel Gaztelu[11], su párroco entonces, predicó el Sermón de las Siete Palabras a la par que se interpretaba, por primera vez la versión musicalizada de este texto atribuida a Esteban Salas. Este oficio de Semana Santa fue dirigido por Juan Viccini y estuvo a cargo de un coro, dos solistas y un conjunto de cuerdas[12].

En 1996 el coro Exaudi de Cuba, bajo la batuta de María Felicia Pérez, graba los tres primeros discos compactos con música de este compositor, y más tarde el conjunto Música Antigua Ars Longa, bajo la dirección de Teresa Paz y Aland López, continúa el “rescate” y difusión de la obra de Salas con los discos: Nativité en Santiago de Cuba, y Cantus in honore Beatae Mariae Virginiae. Estos coros han seguido ofreciendo conciertos y dando a conocer la música religiosa de Salas en Cuba y en el extranjero. También se han venido celebrando los Festivales de Música Antigua Esteban Salas en La Habana. Importante es la colección de libros Música Sacra de Cuba, siglo XVIII, escritos por la musicóloga cubana Miriam Escudero.

En Miami, el grupo coral Seraphic Fire, con residencia en esta ciudad, presentó en septiembre del 2008, y luego en enero del 2019, unos conciertos de música religiosa de Latinoamérica, y escogió de Cuba la música de Salas. Como dijo esa noche su director, Patrick Dupré Quigley, “oirán las composiciones de Esteban Salas como hubieran sonado en la Catedral de Santiago de Cuba en el siglo XVIII”. Para los que pudimos asistir, estos conciertos fueron memorables.

En palabras de Carpentier, Salas “fue un verdadero místico” y el primer gran compositor serio de música religiosa clásica que tuvo Cuba. De él parte en línea recta la tradición que luego continuarían Laureano Fuentes, Ignacio Cervantes, Cratilio Guerra, Antonio Raffelin, Manuel Saumell y otros. La vida de Salas estuvo llena de dificultades y siempre tuvo que luchar contra los que, celosos de su talento, se empeñaban en amargar su productiva vida. Pero nos ha quedado su música que le ha conquistado, aunque dos siglos después de su muerte, un lugar cimero en la historia de la música religiosa de Cuba.

Discografía:

Esteban Salas: Les Grandes Heures du Baroque Cubain, 1996

Esteban Salas: un barroco cubano del siglo XVIII, 1996

Nativité à Santiago de Cuba, 2001

Cantus in honore Beatae Mariae Virginis, 2002

Esteban Salas: un barroco cubano, 2003

Esteban Salas. Passio Domini Nostri Jesu Christi, 2004

Referencias:

Pablo Hernández Balaguer, Los villancicos, cantatas y pastorelas de Esteban Salas, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1987, cédulas y órdenes, legajo 2, núm. 198.

Mons. Ramón Suárez Polcari, Historia de la Iglesia Católica de Cuba, Vol. I, Ediciones Universal, Miami, Florida, 2003.

Hernández Balaguer, Pablo, Ibid.

Según Alejo Carpentier en obra citada: Libro de Entierros No. 7, folio 25 vuelto, No. 50, Catedral de Santiago de Cuba.

Alejo Carpentier, La Música en Cuba, Fondo de Cultura Económica, México, 1972.

Balaguer, Pablo Hernández, El Más Antiguo Documento de la Música Cubana, Editorial Letras Cubanas, 1986.

Carpentier, Alejo, Ibid.

Bibliografía

Arrate, Martín Félix de: Llave del Nuevo Mundo, Antemural de las Indias Occidentales, Fondo de Cultura Económica, México.

Balaguer, Pablo Hernández: Los Villancicos, Cantatas y Pastorelas de Esteban Salas, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1986.

Carpentier, Alejo: La Música en Cuba, Fondo de Cultura Económica, México, 1972.

El Más Antiguo Documento de la Música Cubana, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1986.

Miriam Escudero: “Esteban Salas in aeternum”, Opus Habana, La Habana, 11 de julio de 2003, en www.opushabana.cu/noticias.

____________: Esteban Salas, maestro de capilla de la Catedral de Santiago de Cuba (1764-1803). Libros I-VIII, Ediciones Boloña, Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, Universidad de Valladolid, España, Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana.

Suárez Polcari, Mons. Ramón: Historia de la Iglesia Católica de Cuba, Vol. I, Ediciones Universal, Miami, 2003.

Trelles, Carlos M.: Bibliografía Cubana de los siglos XVII y XVIII, La Habana, Imprenta del Ejército, 1927.

(*) Tomado del blog Gaspar, el lugareño. Publicado originalmente en la Revista Herencia Cultural Cubana, Miami, marzo 2009, pp. 87-91.

(**) Teresa Fernández Soneira (La Habana 1947), es una historiadora y escritora cubana radicada en Miami desde 1961. Ha hecho importantes aportes a la historia de Cuba con escritos y libros de temática cubana, entre ellos, CUBA: Historia de la educación católica 1582-1961, Ediciones Universal, Miami, 1997, Con la Estrella y la Cruz: Historia de las Juventudes de Acción Católica Cubana, Ediciones Universal, Miami, 2002. En los últimos años ha estado enfrascada en su obra Mujeres de la Patria, contribución de la mujer a la independencia de Cuba, (Ediciones Universal, Miami 2014 y 2018). El volumen I dedicado a la mujer en las conspiraciones y la Guerra de los Diez Años, y el volumen 2, de reciente publicación, trata sobre la mujer en la Guerra de Independencia. En estos dos volúmenes la autora ha rescatado la historia de más de 1,300 mujeres cubanas y su quehacer durante nuestras luchas independentistas.


[1] Carlos M. Trelles: Bibliografía Cubana de los siglos XVI y XVIII, La Habana, Imprenta del Ejercito, 1927.

[2] Pablo Hernández Balaguer: Los villancicos, cantatas y pastorelas de Esteban Salas, Editorial Letras Cubanas, La Habana 1987, cédulas y órdenes, legajo 2, núm. 198.

[3] Mons. Ramón Suárez Polcari: Historia de la Iglesia Católica de Cuba, vol. I, Ediciones Universal, Miami, 2003.

[4] Pablo Hernández Balaguer, Ibid.

[5] Suárez Polcari, Ibíd.

[6] Según Alejo Carpentier en obra citada: Libro de Entierros No. 7, folio 25 vuelto, no. 50, Catedral de Santiago de Cuba.

[7] Juan París (Barcelona, 1759 – Santiago de Cuba, 1845) sacerdote y compositor.

[8] Alejo Carpentier: La Música en Cuba, Fondo de Cultura Económica, México, 1972.

[9] Hernández Balaguer, Pablo, Ibid.

[10] Hernández Balaguer, Pablo, Ibid.

[11] Ángel Gaztelu, (Puente la Reina (Navarra, España), 1914-Miami, Florida octubre 2003). Emigró con su familia a Cuba y se naturalizó cubano. Sacerdote, escritor, poeta, y una de las figuras principales del grupo literario Orígenes que marcó el desarrollo de la poesía en Cuba en los años 40 del siglo XX.

[12] 13 Miriam Escudero: “Esteban Salas in aeternum”, Opus Habana, La Habana, 11 julio 2003.


Thursday, August 27, 2026

LA VENTANA DE LOS CHÉVERE EN EL TEATRO LATEA ESTE MES DE SEPTIEMBRE.

26 de agosto. Queens Latino.

Este mes de septiembre, Teatro LATEA con el apoyo del Departamento de Asuntos Culturales de la Ciudad de Nueva York (DCLA por sus siglas en inglés) presentará La Ventana de los Chévere, una nueva obra escrita y dirigida por el aclamado dramaturgo cubanoamericano Iván Acosta, en el segundo piso del Centro Cultural y Educativo Clemente Soto Vélez ubicado en el 107 de Suffolk Street, en el Lower East Side de Manhattan.

Interpretada en español, la producción se estrena el jueves 3 de septiembre y estará en cartelera hasta el domingo 20 de septiembre, con funciones de jueves a domingo. La obra llega en el vigesimoquinto (25º) aniversario del 11 de septiembre de 2001 e incluye una función conmemorativa especial el viernes 11 de septiembre de 2026.

Narrada desde la ventana de un modesto apartamento en Hell’s KitchenLa Ventana de los Chévere acompaña a una familia hispana a lo largo de un período decisivo de la historia reciente de Estados Unidos: desde las secuelas de los atentados del 11 de septiembre hasta la crisis financiera del 2008.

A la vez trágica y cómica, la obra reúne a tres generaciones bajo un mismo techo: una abuela que observa la ciudad desde su ventana, unos padres que sostienen el hogar en medio de la crisis y un joven que se solidariza con los familiares de los fallecidos. Plantea una pregunta que se vuelve cada vez más urgente: ¿qué significa el 11 de septiembre para los hispanos y cómo lo interpretan las generaciones que aún no habían nacido cuando cayeron las torres?

La función conmemorativa del 11 de septiembre ancla la temporada como un encuentro cívico: una velada para honrar a los socorristas, a las familias y a los vecinos del Bajo Manhattan que vivieron aquel día y reconstruyeron en los años que siguieron.

La Ventana de los Chévere es la obra más reciente de Iván Acosta, reconocido como autor de El Súper, la emblemática obra de teatro, y posterior película, sobre la experiencia del inmigrante cubano en Nueva York, y fundador de Latin Jazz USA Productions.

La producción cuenta con la aclamada soprano y actriz Brenda Feliciano en el papel de Machucha, junto a Sandor Juan como Felipe, Nicolás Salgado como Felipito, y Amy Naranjo como Maruchi.

«La Ventana de los Chévere trata sobre la memoria: cómo una familia carga con el 11 de septiembre a través de tres generaciones, y cómo transmitimos esa memoria a quienes aún no habían nacido cuando cayeron las torres», expresó Iván Acosta, autor y director de la obra. «Quise contarla como la vivieron nuestras familias, en nuestro idioma, con todo el dolor y todo el humor que exige la supervivencia».

«Durante más de cuarenta años, Teatro LATEA ha sido una casa para las historias latinas en el Lower East Side», expresó Miguel Trelles, director ejecutivo de Teatro LATEA. «No hay lugar más apropiado para conmemorar este aniversario que aquí, en nuestra propia comunidad, con una obra que honra lo que vivieron y reconstruyeron nuestros vecinos».

DATOS DE LAS FUNCIONES

·       Producción: La Ventana de los Chévere, escrita y dirigida por Iván Acosta

·       Idioma: español

·       Sala: Teatro LATEA, segundo piso, Centro Cultural y Educativo Clemente Soto Vélez, 107 Suffolk Street, Nueva York, NY 10002

·       Fechas: septiembre 3 a septiembre 20 de 2026

·       Horario: jueves, viernes y sábado a las 7:00 p. m.; domingos a las 4:00 pm (matiné)

·       Función conmemorativa: viernes 11 de septiembre de 2026

·       Boletos: $25 a $35. Visita Latea

Tickets: https://teatrolatea.org/events/list/

·       Duración:  120 minutos

ACERCA DE TEATRO LATEA

Teatro LATEA (Latin American Theatre Experiment Associates) es una organización sin fines de lucro de Nueva York, fundada en 1982, y un pilar del teatro latino en el Lower East Side. Fundamento del Centro Cultural y Educativo Clemente Soto Vélez, LATEA se dedica a producir y presentar obras que reflejan la profundidad y la diversidad de la experiencia artística latina en la ciudad de Nueva York.

ACERCA DE IVÁN ACOSTA

Iván Acosta es un dramaturgo, director y productor cubanoamericano cuya obra abarca el teatro, el cine y la música. Es reconocido sobre todo por El Súper y es el fundador de Latin Jazz USA Productions.

Tomado de: Queens Latino

ACERCA DE LA OBRA ORIGINAL

La ventana de los Chévere, que lleva como subtítulo «Tragicomedia con música en Hell’s Kitchen, New York», se desarrolla entre el verano de 2001 y el año 2008. Estas fechas resultan especialmente significativas —sobre todo 2001—, pues la familia Chévere, integrada por los padres (Maruchi y Felipe), la abuela (Marucha, madre de Maruchi) y el hijo (Felipitio o Phillips), habita un apartamento cuya ventana da directamente a las Torres Gemelas. Marucha, la abuela, es —según se nos dice— una mujer puertorriqueña de ideas conservadoras. Su hija, Maruchi, posee un carácter alegre y un sentido del humor vivaz; trabaja como enfermera en un hospital. Su esposo, Felipe, es portero en un edificio de apartamentos de lujo, mientras que Felipito, el hijo, es un estudiante universitario neoyorquino que sueña con convertirse en rapero. Más sobre La ventana de los Chévere aquí.

Monday, August 24, 2026

LETRAS NOTADAS AL PASAR

Por Antonio Gómez Sotolongo

Gabriela Mistral (1889-1957)

A veces, buscando una cosa encuentro otra, y eso me pasa también con las letras. Ya no recuerdo lo que buscaba en las páginas del Listín Diario cuando encontré lo que voy a contarles, quizás algún dato sobre las danzas cubanas, o puertorriqueñas a las que desde el siglo XIX y muy entrado el XX le llamaban merengue, o quién sabe qué. El caso es que me encontré de pronto con una hermosa escena habanera y no pude hacer otra cosa que amarrar a San Dimas, con la fe puesta en que más tarde encontraría lo que buscaba, y me dispuse a leer aquellas letras notadas al pasar. Acababa de encontrar, en las páginas digitalizadas del Listín Diario, la hermosa crónica que a continuación transcribo:

LA FIESTA DE DESPEDIDA DE GABRIELA MISTRAL EN LA COMEDIA DE LA HABANA.

Leyó la ilustre intelectual sus poemas inéditos. El producto de esa fiesta cultural se destinará a editar un tomo de poesías selectas de Martí.

(Sto. Domingo. Listín Diario, 6 jul. 1931 pp. 1, 6) (De nuestra redacción en la Habana)

Habana, julio 1º. Bella y lucida fiesta la celebrada anoche en el Principal de la Comedia, de esta capital. La gran poetisa chilena Gabriela Mistral, leyó sus últimos poemas, todavía inéditos, en una fiesta cultural cuyo producto será destinado a sufragar los gastos de la edición de un tomo de prosas selectas del gran Martí, conforme a la iniciativa del Instituto de Educación de la Liga de las Naciones, la cual se propone publicar en francés obras de autores latinoamericanos.

Interesantísimo el programa que los entusiastas propulsores de la fiesta, Francisco Ichazo y Mariano Brull, confeccionaron. La concurrencia muy selecta y brillante, integrada por un escogido grupo de la intelectualidad cubana y por la concurrencia de distinguidas personalidades del Cuerpo Diplomático extranjero y miembros del servicio consular acreditado en esta capital. Entre aquellos, en primer término, recordamos a su excelencia el Ministro de Chile, y el Embajador de la República azteca, y entre los segundos al Cónsul General de Chile, nuestro dilecto amigo Sr. Sebastián Q. Gelabert. Completaban la audiencia bellísimas mujeres, poetas, escritores, artistas y una buena representación de la prensa local y extranjera los cuales tuvimos la suerte de encontrarnos.

JOSÉ MARTÍ, CABALLERO

Comenzó la sutil y amable disertación de la señora Blanca Z. de Baralt, que durante diez años de permanencia en Nueva York conociera y tratara con casi diaria frecuencia al extremo de darle en su casa hospitalidad, a José Martí. Dijo de cómo se hacía estimar y admirar el grande hombre y fue señalando detalles de la conversación, de sus gustos y preferencias, descubriendo rasgos esenciales en la reconstrucción de su persona.

Teatro Principal de la Comedia (1921-1955)

«Recuerdo como si fuera ayer, la primera vez que vi a Martí. Era yo jovencita de 18 años y le fui presentada en una reunión. No tenía ausencias de él, era para mí un señor cualquiera, un encuentro fortuito de sociedad. Mas a los pocos minutos de conversación, con habilidad que no he visto igualada, sin interrogatorio, había averiguado cuáles eran mis gustos, mis inclinaciones, mis esperanzas. Tocó la hora del arte, señaló precisamente las obras que me apasionaban. Discutió conmigo, cuadros, música y libros de la manera más natural, con absoluta sencillez, sin hacerse sentir la diferencia que existe entre una niña y un sabio. Del mismo modo se hizo conocer de mí. Pude apreciar al instante que era un hombre superior, de vastos conocimientos y de alma grande. Nunca desmintió aquella impresión primera. No quisiera dar aquí una idea de la frivolidad de Martí sin indicar las mil facetas de su espíritu, abierto a todas las manifestaciones de la vida y al punto me permitiré contar una anécdota que de seguro sus historiadores desconocen. Pocos días antes de mi matrimonio, me dijo Martí:

-Blanca: voy a pedirle un favor.

-Usted dirá. -dije.

-Quiero que me deje ver su trousseau.

-Bueno -exclamé-. Tal día irán mis amigas a casa; venga usted también, o un poco antes si le parece.

Y continúa la señora Baralt: «Llegó y con mi madre y mis hermanas estuvo examinando como un chiquillo vestidos y sombreros, haciendo un fino comentario y poniendo nombres a varios de ellos. Un tiempo después, encontrándome con mi marido, recordó la prenda que había vestido y me dijo: Veo que lleva usted el sombrerito casto. En otra ocasión reconoció el vestido discreto, o el abanico perverso, nombres puestos por él el día de la exposición del trousseau.

Yo le recuerdo -agrega la señora Baralt- como un joven de genio alegre, y sólo en los últimos tres o cuatro años, cuando pesaban sobre su alma las grandes preocupaciones y responsabilidades que entrañaban la idea de lanzar a su pueblo a la revolución donde tenían que morir muchos combatientes, se tornó grave y pensativo. En los meses que precedieron a la guerra del 95, cuando Martí era perseguido por el espionaje de la colonia, cambiaba de residencia a menudo para despistar a los agentes que le buscaban. Venía a veces a pedirnos albergue sabiendo que nuestra casa era la suya; y cuenta mi marido que una noche en que Martí durmió en su cuarto con él, lo despertaron unos suspiros profundos y unos quejidos lastimeros.

-¿Que tiene, Martí?- le preguntó Luis alarmado. Abriendo los ojos exclamó: ¡Ay las madres, las madres, cuánta sangre y cuántas lágrimas van a correr en esta revolución a que voy a lanzar a mi país! Sentía el peso de la tempestad que iba a desencadenar y su alma sensible se condolía de los sufrimientos inherentes a la revolución.

Habla luego la señora Baralt de la gran facilidad que tenía Martí para escribir y comentar las obras y poemas escritos por él durante aquellos años. Refiere a su biblioteca, a sus libros predilectos, desde El Cuervo, de Poe, a Las noches, de Musset. Comenta sus gustos e inclinaciones.

Dice: Su preferencia por el chocolate, con poco azúcar, que acabamos de anotar, me recuerda sus aficiones gastronómicas. Como verdadero artista, Martí tenía una gran agudeza de los sentidos y el paladar estaba en él desarrollado al extremo. Era gourmet a lo Brillat-Savarin y sabía combinar el menú de la comida que hacía honor a la pericia de un embajador. Frugal en su sustento ordinario, cuando se trataba de obsequiar a sus amigos sabía elegir los platos más exquisitos y los vinos más raros, como experto que era en la materia. Conocía, a fuerza de buscarlos, los lugares de la metrópoli neoyorquina donde un especialista ignorado del gran público confeccionaba un plato suculento.

Imposible seguir a la señora Baralt en su interesantísima disertación sobre Martí, y trabajo de tan nobles y bellos aspectos en que la anécdota salta como chorro de oro, merece más bien la transcripción. La señora Baralt fue ovacionada al terminar la lectura.

La Sra. Durán Castillo

Leyó una selección de poemas de Martí la bella y distinguida dama señora Águeda Azcárate de Durán Castillo. A fe que el tino de lo escogido corrió parejo la admirable interpretación de la recitadora, a la que muy pocas veces hemos podido ver siquiera igualada en la lectura de versos de Martí.

Las señoritas García Orellana

Números de canto y piano, siguieron. La primorosa voz de la señorita Rosario García Orellana ofreció el lírico regalo de exquisitas canciones, acompañada al piano por su hermana María.

Poemas de la Mistral

Hubo un profundo silencio y comenzó la gran poetisa americana la lectura de sus poemas. Cruzaron por la sala, dejando en cada espíritu una trémula caricia de alados poemas: Carta a Rodolfo Ortega; los nocturnos (tres composiciones bellísimas) El gesto, La pajarita y Canciones de Cuna… Al terminar, la concurrencia, puesta de pie, la ovacionó largo rato. Gabriela Mistral tiene el secreto de la palabra que sólo entiende el corazón. 

Saturday, August 22, 2026

NADIE ESCUCHABA

Por Pedro Corzo


La cancillería estadounidense acaba de publicar un documento, en mi opinión, una especie de sumario judicial contra el totalitarismo castrista, que será muy útil para que la opinión pública nacional se convenza del peligro que encierra para este país y los valores culturales de occidente, la estructura de odio que rige a Cuba desde 1959.

El documento titulado «Cuba: la capital del comunismo del Siglo XXI» consolida las numerosas actividades contra Estados Unidos y lo que esta nación representa que han sido orquestadas o auspiciada por la mayor de las Antillas desde el mismo año que accedió al poder.

Cierto que, aunque muchas de las informaciones son de conocimiento público, es la primera vez que un documento oficial de una instancia tan importante del gobierno federal, como el Departamento de Estado, compila tanta y variada indagación sobre las acciones criminales del castrismo.

La labor destructiva de los hermanos Fidel y Raúl Castro contra Estados Unidos se inició en el mismo año de la victoria insurreccional, paralelo, con la procura de establecer en Cuba un sistema totalitario que imposibilitara la gestión independiente de la población.

Veamos algunas instituciones creadas por el totalitarismo insular que durante años los ciegos que no quieren ver y los sordos que prefieren no escuchar, escogieron considerarlas aparatos inofensivos dedicados a labores intelectuales, amistad o información.

El Instituto de Artes e Industrias Cinematográfica, ICAIC, fue fundado en marzo de 1959. El primer aparato del castrismo que le regaló Fidel a su amigo Alfredo Guevara. El ICAIC fue usado para glorificar la revolución y denostar contra Estados Unidos.

Uno de los aparatos más poderosos del castrismo y que ha cumplido la mayoría de sus propósitos con éxitos, fue la agencia desinformativa «Prensa Latina», constituida a mediados de 1959. Esta entidad fue inspiración de Fidel Castro, el asesino en serie Ernesto «Che» Guevara y el periodista guerrillero Jorge Ricardo Masetti, su primer director general, muerto en combate.

La idea de crear un centro de desinformación, básicamente orientado a desmentir a las agencias capitalista generando sus propias informaciones y editando las ajenas, por supuesto, esto nunca fue dicho tan claramente. La idea se le ocurrió a Fidel Castro en el aula Magna de la Universidad de Caracas, fundamentándola en la necesidad de combatir a lo que llamo el monopolio informativo de las agencias.

En abril se creó la «Casa de las Américas», supuestamente un centro cultural totalmente distante de los polos ideológicos que representaban Estados Unidos y la entonces pujante Unión Soviética. La «Casa» otorgaba premios y magnificaba prestigios, particularmente entre los creadores jóvenes ansiosos por labrarse un sitio en el mundo intelectual, también invitaba a creadores a participar como jurados, con todos los gastos sufragados por el estado.

No obstante, los potenciales jurados como los concursantes debían tener credenciales que contaran con el visto bueno del oficialismo y sus trabajos corresponder a los postulados de la Revolución, sino sus premios podían ser cuestionados como le ocurrió al poeta Heberto Padilla, 1968, cuya obra fue publicada, pero censurada por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, el aparato que controla con manos de hierro a los autores cubanos.

La Casa de las Americas no solo seducía y comprometía a intelectuales latinoamericano, también a estadounidenses, ya fuese sirviendo de jurados o concursantes. El objetivo era captarlos para que a su regreso llevara un mensaje de inconformidad a sus centros de estudio y trabajo, labor que cumplió con igual o mayor éxito, el Instituto de Amistad con los Pueblos, ICAP, diciembre de 1960, un cuerpo que contaba con amplios recursos económicos con los que encandilaban a los sujetos con grandes ambiciones. 

Entre esas herramientas fundamentalmente orientadas a la guerra asimétrica se destaca «El Comité Pro Justo Trato para Cuba» fundado en Nueva York en abril de a1960, un aparato que agrupó intelectuales, activistas y ciudadanos estadounidenses que defendían la Revolución Cubana, consideraban, que la hostilidad de Washington contra los Castro, personas que nunca tuvieron en cuenta los fusilamientos masivos al interior de la Isla y la confiscación de bienes a ciudadanos probos, incluidos compatriotas suyos.

El engendro que asumió el poder en Cuba no fue una propuesta política y menos ideológica, sino, una armazón de odios, envidias y resentimientos, que, si bien no cuenta con capacidad para destruir a sus enemigos de un golpe, si dispone de las herramientas necesaria para corroer desde adentro a quienes les adversen, de ahí, su esfuerzo por manipular a los estudiantes y funcionarios públicos.

(*) Tomado de The Post