Wednesday, May 8, 2019

Visitando a Arsenio Rodríguez



Ralph Mendez y Enrique Del Risco junto a la tumba de Arsenio Rodríguez


Por Enrique Del Risco
 
El viernes pasado di un viaje memorable. De esos que cuando lo vives no tienes otro remedio que echar mano a pobre y abusada metáfora del sueño. Me había invitado a visitar la tumba de Arsenio Rodríguez, (el músico que más contribuyó al desarrollo de una de las tradiciones musicales más importantes del siglo XX) su más esforzado y documentado biógrafo, el colombiano Jairo Grijalba Ruiz. Un cementerio situado a unos cuarenta minutos de Nueva York, algo que en mis 22 años de vivir en esta zona me había resultado a mí, extraño ser sin licencia de conducir, inalcanzable. Nos llevaba Ralph Méndez, historiador autodidacta y uno de quienes más ha hecho por conservar viva la memoria de Arsenio, más allá de su música. Boricua tenía que ser. Y allá íbamos tres devotos a la búsqueda de su dios mayor. Tres enamorados.
El biógrafo de Arsenio, Jairo Grijalba, y Ralph Méndez

Por el camino hablábamos, por supuesto, del músico. Tuve la buena idea de preguntar si existían películas de Arsenio tocando con sonido (las pocas que circulan son pequeños fragmentos mudos) y el biógrafo me extendió su teléfono: allí aparecía Arsenio tocando el tres con sonido metálico que estuvo presente en sus últimas grabaciones. Magia, pensé. Como si aquellas fotos estáticas que había repasado montones de veces hubiesen condescendido a animarse. El viaje de la mano de Ralph fue como sobre una alfombra voladora donde lo más extraño parecía tan natural como inevitable. Así llegamos a la tumba del Ciego Maravilloso que alguna vez fue anónima y que fue el propio Ralph quien se encargó de coordinar los esfuerzos para colocar la tarja. “Desde el primer momento todas las puertas se me fueron abriendo” dijo, humilde, “como si ya estuviera decidido que debía hacerlo”. 


Luego de regreso al Bronx, escuchar al colombiano y al boricua desgranar datos minuciosos frente a la imbatible consistencia del mito. Y Ralph conduciéndonos por un barrio feo que gracias a sus observaciones se iba convirtiendo en el mundo que animóArsenio con su tres en sus últimas dos décadas de vida. Así una iglesia “Pare de sufrir” era de nuevo el Teatro Puerto Rico, una clínica el antiguo Club Tropicana, y un edificio en reparaciones, camino a convertirse en no se sabe qué, volvía a ser el Club Cubano Interamericano. 
Arsenio Rodríguez en el Club Cubano Interamericano
Terminamos el recorrido en el único sitio que seguía siendo lo que siempre había sido. La Casa Amadeo, la tienda de música del compositor Mike Amadeo fundada en 1941 como Casa Hernández por el también compositor Rafael Hernández y su hermana Victoria. Amadeo que a sus ochenta y cinco años es un monumento vivísimo a lo mejor de la música latina en el Bronx. Y en esos minutos que serán infinitos lo mismo nos habló de las rutinas de Arsenio que agarró una de las guitarras que tenía en venta para cantarnos una canción que acaba de componer.

Todo muy raro. Tan raro como aquel cuadro de Dalí en que el mismo cuando niño le levanta la piel al mar para ver qué guarda debajo. Los tres peregrinos de esa tarde teníamos un poco de niños que van despertando en la realidad vulgar una más antigua y esencial. De todo eso tuve la certeza un rato antes de llegar a la Casa Amadeo, mientras fotografiábamos la clínica que se levanta en el lugar que fue el Club Tropicana. El guardia de seguridad del lugar salió a preguntarnos, receloso, lo que hacíamos ahí. Difícil explicarle que no fotografiábamos el lugar que custodiaba sino otro que había existido allí hace mucho tiempo. Solo consiguió aplacarse un poco al escuchar la palabra “Tropicana” en la que reconoció un pasado que escapaba a sus obligaciones laborales. “No estamos retratando este edificio” le dije “sino su fantasma”. “Me gusta” me respondió, sonriendo al fin, “un fantasma”. Era la palabra que necesitaba para tranquilizarse del todo, para asegurarse que nuestras fotos correspondían a otra dimensión, la misma a la que pertenecen los sueños, la magia y los juegos infantiles. A casi nada.
Con Ralph Mendez junto a la tumba de Arsenio Rodríguez

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