Wednesday, October 19, 2016

La bandera cubana ya tiene acta de nacimiento (y es un anuncio ofreciendo clases de español)

Poema de Teurbe Tolon
Por Enrique Del Risco

Lo inexacto de la ubicación del nacimiento del símbolo más reconocible de la nación cubana puede resultar frustrante, sobre todo si ocurre que vives no lejos de allí. No es fetichismo histórico. Toda ciudad, a pesar de su impresión caótica termina individualizando cada rincón, atribuyéndole una personalidad y frente a esto la mera aproximación es flaco consuelo. No se trata de ubicar un punto en el desierto o en la estepa donde tal combate tuvo lugar. Se trata de determinar un sitio concreto entre las muchas posibilidades de interacción que una ciudad ofrece. Sobre todo en una ciudad como Nueva York donde el tiempo y la historia se va a acumulando a mayor velocidad que en otros sitios. No resulta irrelevante determinar –me decía al emprender la investigación-  cuál de los rincones de Nueva York vio combinar por primera vez esos colores y diseño que animan lo mismo una tienda de tabacos en La Haya que un puesto de croquetas en Miami.  
Sin embargo el margen de posibilidades de dar con el sitio exacto donde Miguel Teurbe Tolón pasó la bandera en limpio era bastante desalentador. En Cuba su nombre había aparecido en diversas publicaciones periódicas de su Matanzas natal y de La Habana además de estrenar un par de obras teatrales. En sus años neoyorquinos comenzó como jefe de redacción del periódico separatista y anexionista La Verdad y más tarde fundó y dirigió publicaciones como El Cubano, El Papagayo y El Cometa” y “tuvo a su cargo la sección hispanoamericana del Herald, de Nueva York”. 
Directorio de Nueva York de 1850
Sin embargo en los días en que diseñó la bandera Teurbe Tolón, en su condición de recién llegado, con esa invisibilidad de los inmigrantes recientes, tuvo escasas posibilidades de dejar huellas en la memoria escrita de la ciudad. Esa memoria que se registra en directorios, censos o archivos de transacciones comerciales. Y en efecto ni en el directorio de 1849 ni en el censo de 1850 aparece el nombre del poeta.
Directorio de Nueva York de 1850
Teurbe Tolón residía en Nueva York desde 1848, ciudad a la que había tenido que huir de la persecución española. Tras ser parte de la abortada conspiración encabezada por el general Narciso López en la isla había sido condenado a la pena de muerte en rebeldía. 
Cabecera del periódico La Verdad diseñada por Miguel Teurbe Tolón. Nótese el parecido del diseño con el cuartel superior del escudo cubano
Siendo editor de “La Verdad” creó para la cabecera de dicho periódico un diseño que recuerda el cuartel superior del actual escudo cubano. De acuerdo con Cirilo Villaverde fue el propio Miguel Teurbe Tolon el encargado del diseño en el propio año de 1849 de lo que luego de varias modificaciones se convirtiera en el escudo nacional cubano y que entonces se usó “a modo de escudo de armas para sellar los despachos y bonos que debía emitir”.
Escudo diseñado por Miguel Teurbe Tolón. Nótese todos los detalles asociados a la heráldica norteamericaba incluida la propia bandera y la repetición del motivo del las 13 estrellas del pabellón original

En relación a la presencia de Teurbe Tolón en Nueva York en aquellos primeros tiempos sí hay incidente que aparece registrado en varios periódicos de la época. Se trata de su detención por la policía en mayo de 1850. Casi un año después de que Teurbe Tolón trasplantara al papel la bandera imaginada por López encabezó una manifestación en la zona baja de la ciudad en apoyo a la expedición de Narciso López a Cárdenas. 
Noticia sobre detención de Teurbe Tolón

El periódico The Sun –cercano colaborador de los planes expedicionarios- había dado la noticia y un grupo de exiliados cubanos se habían lanzado a la calle bandera en mano para celebrar el acontecimiento del que todavía no se conocía su desenlace. Ante la protesta del cónsul español en la ciudad Teurbe Tolón fue detenido por la policía, y su nombre apareció en los periódicos pero no el lugar de su residencia. Tuve la esperanza de que en los archivos municipales de Nueva York apareciera algún documento asociado a su detención pero la búsqueda no arrojó resultados positivos. En cualquier caso –traté de consolarme- tales documentos hubieran reportado dónde residía el poeta en mayo de 1850 y no once meses antes, cuando definió el diseño de la bandera.
¿Y si en lugar de rastrear sus huellas en los tortuosos archivos municipales buscaba en el periódico donde había fungido como editor durante años? No es que esperara que un editor incluyera en el periódico que edita su dirección  personal. Pero quizás navegara con suerte y encontrara en “La Verdad” alguna pista que pudiese llevarme a la verdad y de paso dar con uno de los juegos de palabras más infelices en la historia del idioma. Pues tuve suerte: “La Verdad” entrecomillada y mayúscula traía consigo la otra. En la última página del número del 18 de mayo de 1849 aparecía un anuncio que se invitaba a tomar clases particulares de español en el número 47 de la calle Warren justamente con el señor M. T. Tolon. Tan modesto anuncio con el que el inminente diseñador de la bandera pensaba complementar el salario que recibía como editor de "La Verdad" puede servirnos indirectamente como acta de nacimiento: al menos menciona a quien atendiera el parto y el lugar de nacimiento. El resto lo describía en detalle el autor de "Cecilia Valdés".  

Reccorte de anuncio del periódico La Verdad del 18 de mayo de 1849, unas semanas antes de la creación de la bandera
En el propio número del 18 de mayo aparece un poema firmado por Miguel T. Tolón que no era otro que quien dibujara la bandera. La existencia de una dirección oficial para el periódico en el 102 de Nassau Street  hace pensar que 47 Warren St. No podía ser otra que la dirección particular de Tolón en aquellos días y que allí, coincidiendo con el relato que hiciera Cirilo Villaverde en 1873 tuvo lugar la reunión donde se acordó el diseño de la futura insignia nacional.
Antes del descubrimiento de este anuncio me inclinaba por creer que era la dirección apuntada por el libro de notas de Villaverde (Murray entre Broadway y Church) la correcta partiendo del principio de que las anotaciones más cercanas en el tiempo a los hechos ofrecen menos espacio al error. No obstante que 24 años más tarde Cirilo Villaverde decidiera dar su versión pública y definitiva teniendo todavía en su posesión dicho libro de notas* (“El diario de tres años consecutivos, este sí siempre lo llevo a mi lado” dice en una carta del 25 de mayo de 1891) hace pensar que en 1873 tenía motivos para no ajustarse a sus apuntes de dos décadas antes. De manera que al cotejarse el relato de Villaverde de 1873 con el anuncio que insertó Tolón en mayo de 1849 ofreciendo clases de idioma se puede afirmar con razonable seguridad que fue en la dirección de 47 Warren Street el lugar de residencia de Miguel Teurbe Tolón y su esposa en junio de 1849 y por tanto donde se celebró la reunión en la que encontró forma y concreción la actual bandera cubana.
Mapa de 1850-1854 que incluye la calle Warren con sus números correspondientes
Cotejado con mapas de la época se comprueba que todavía se conserva la numeración original de 47 Warren St. donde debió estar la casa de huéspedes que alojó a mediados de 1849, en aquellos días a nombre de un tal John McLaren. Lamentablemente, como ocurre con la inmensa mayoría de las edificaciones de la zona, el edificio original ya no existe. 

Captura de mapa interactivo que permite superponer mapa de 1836 a una vista actual de Nueva York centrado en la calle Warren entre Church y Chapel
Apenas cinco años después de la creación de la bandera de acuerdo con un informe de 2002 de la “Tribeca South Historic District” se erigió en lugar de este un edificio de”Italianate-style” que “was constructed c.1854 as one in a pair of similar buildings including the adjacent  45 Murray Street, at a time when the residential streets to the west and north of City Hall Park were being rapidly redeveloped with new commercial buildings for the dry goods trade”. (En otros sitios aparece como 1910 la fecha del edificio pero el reporte de la “Tribeca South Historic District” aporta mucha más información). Es una suerte sin embargo que -a diferencia de otros sitios del downtown neoyorquino en los que con la erección de rascacielos descomunales quedó barrido todo rastro de la planta original de las antiguas edificaciones- este conserve  dimensiones, frente y planta no del todo distintos al de la edificación original. El edificio que abarca la numeración 45-47 Warren St. Hoy se encuentra en reformas para ser reconvertido en edificio de apartamentos aunque sin alterar la fachada de la edificación construida en 1854, en perfecta ignorancia de que hace 167 años allí mismo se gestaron los símbolos de un país.Ni más ni menos que la misma ignorancia que sobre el tema siempre ha demostrado dicho país.

Vista actual de la entrada de 47 Warren Street


Foto del edificio en los años 70s. La entrada de 47 Warren St. es la que se ve en la esquina inferior derecha.

Pero por fin ¿dónde se creó la bandera cubana?

Esquina de Howard Street con Broadway 
Por Enrique Del Risco

Fue en Nueva York, eso se sabe. Y que el creador fue el general venezolano Narciso López quien en junio de 1849 luego de desechar anteriores versiones de bandera se apareció en la casa de huéspedes donde residía el poeta Miguel Teurbe Tolón para pedirle a este que este pasara al papel la idea que venía burbujeando en su mente. Se sabe que el general venezolano vivía en aquel entonces en 39 Howard esquina a Broadway. 
Se sabe que Teurbe Tolón fue dibujando la descripción del general López mientras este rechazaba una tras otra las sugerencias de otros exiliados presentes sobre la distribución de los colores o la colocación de un ojo masónico en el lugar que había destinado para la estrella. Se sabe de las tres franjas azules que simbolizaban los departamentos en que estaba dividida la isla en aquellos días y el triángulo rojo equilátero “que simboliza la grandeza del poder que asiste al Gran Arquitecto del Universo y cuyos lados iguales aluden a la divisa masónica de libertad, igualdad, fraternidad y a la división tripartita del poder democrático“, “semejando [la inclusión del triángulo] el mandil de los maestros masones”.
Todo eso se hizo más o menos público desde mayo de 1873 gracias al relato que hiciera uno de los testigos de ese acto inaugural para la nación, el escritor Cirilo Villaverde, cuando en 1849 estaba acabado de llegar a la ciudad luego de escapar de una cárcel en La Habana. El relato de la creación de la bandera lo escribió en forma de carta que apareció publicada el 15 de febrero en el periódico de exiliados cubanos en Nueva York “La Revolución de Cuba.


El motivo de la carta era rectificar un artículo anterior publicado en el propio periódico en el que le atribuía a Gaspar Cisneros Betancourt el diseño de la bandera. Y es que la bandera que encabezara varias expediciones frustradas a la isla hacía más de dos décadas en 1873 era ya el símbolo de una insurrección que llevaba un lustro en marcha, la cifra de una nación que pugnaba por nacer a tiro limpio.
En la descripción de Villaverde se mencionaba la calle en que estaba la casa de huéspedes en la que vivían los Teurbe Tolón pero no se decía el número de la casa, esa delicadeza urbana que es la precisión de no tocar la puerta equivocada. Villaverde contaba cómo asistió junto a otros a la creación de la bandera “en torno de una mesa cuadrilonga, en la sala del fondo del segundo piso de una casa de huéspedes de la calle de Warren, cerca del río Norte, entre la calle Church y Collene Place, en los primeros días del mes de junio de 1849” y que allí “vivía Tolón y allí concurríamos casi todos los desterrados de entonces”.

Saber al menos la calle en una urbe que crecía en todas direcciones, no es poca cosa, dirían muchos. Eso al menos se pensó durante casi ochenta años hasta que en 1952 el historiador Herminio Portell Vilá, el biógrafo más acucioso del creador de la bandera publicó el segundo tomo de “Narciso López y su época”. Allí daba cuenta de un hallazgo que complicaba todavía más las cosas. Donde antes teníamos una calle a la que atribuir el nacimiento de la enseña nacional ahora aparecían dos de las cuales por fuerza una tenía que ser falsa. Portell Vilá había comprado a la familia de Villaverde el diario de notas que el escritor llevaba en los días en que era secretario de Narciso López. Y en unas notas del diario que intentaban sintetizar la biografía del general Narciso López se confirmaba su descripción de 1873 en casi todos los detalles. ¿En todos? No. En lugar de ubicar la casa de huéspedes en que se alojaba Teurbe Tolón en junio de 1849 en la calle Warren lo hacía en Murray entre Broadway y Church Street aunque igualmente sin aclarar en qué número exacto. 
En todo caso tampoco era demasiado el margen de error, se consolaría alguno: ambas calles se encontraban a unos cincuenta metros una de otra y a su vez bastante cerca de la alcaldía de la ciudad y del futuro punto de partida del puente de Brooklyn. Excéntrica de la nación que intentaba representar la bandera al menos tenía como lugar de nacimiento el corazón de la ciudad que luego se autoproclamaría como capital del mundo.
La calle Murray en un grabado del siglo XIX


Desde entonces todos los historiadores que se acercaban al tema (Enrique Gay Calbó, Avelino Couceiro Rodríguez entre otros) debían advertir que su certeza sobre el sitio en que la futura nación se hizo tela lejos de hacerse más precisa se había dividido en dos.

[Continuará]

Sunday, October 16, 2016

"Tras los pasos del escritor cubano Cirilo Villaverde en Nueva York"

Por Enrique Del Risco

El viernes pasado El Nuevo Herald de Miami publicó una versión abreviada de los dos posts que anteriormente habían aparecido en este blog sobre los más de cuarenta años que Cirilo Villaverde vivió en Nueva York. Dicha versión apareció bajo el título de Tras los pasos del escritor cubano Cirilo Villaverde en Nueva York.

Post data:
Sobre una de las personalidades que se mencionan en dicho artículo, el santiaguero Andrés Cassard, “fundador de los altos cuerpos del Rito Escocés de la masonería regular cubana” al decir del historiador Eduardo Torres -Cuevas y fundador de la imprenta "El Espejo" -donde aparecería publicada "Cecilia Valdés"- vale ahondar un poco. En el libro de 1875 "Cincuenta años de la vida de Andrés Cassard" se le describe como enemigo del gobierno colonial español en Cuba y fugitivo de este: 


Wednesday, October 12, 2016

Rumba en el Parque Central

Por Aristides Falcón Paradí

De la prehistoria de la actual rumba en el Parque Central, sin duda, cuando Chano Pozo llegó a Nueva York rumbeó entrando por Lenox al límite norte del perfecto rectángulo que es el Parque, entre el lapso continuado de la tibia primavera hasta el último y tolerable fresco otoñal de 1947 y 1948. Solo guarachó en esos dos intervalos, medio año y medio vivió en la ciudad antes de morir, bueno si sus giras con Dizzy se lo permitían. Ya era muy famoso.
Rumba en Central Park en 1961. 

La rumba actual, ese templo polirítmico de constancia ancestral, se da cita todos los domingos si el señor Fahrenheit en las estaciones propicias deja subir la temperatura desde los 60 hasta cualquier calor que supere al trópico y las inclemencias del tiempo lo consientan. Sado, mi amigo japonés rumbero (también batalero) y chez de sushi, sin intención de ofender me dijo que los cubanos eran como unas cigarras periódicas, dijo bichos, que saben cuando salir al unísono de sus madrigueras en busca de un nuevo ciclo rumbero a tono con el ritmo de la vida. Los tambores no congenian con el frío menos la plebe aristocrática, múltiple de todos los estratos sociales, que los acompaña y no desmerece que cualquiera goce.

Rincón del Central Park donde los domingos de cada verano se reúnen los rumberos en Nueva York
La rumba sucede, su happening, en la parte sur del borde del lago, en inglés su nombre propio es The Lake que mejor nombre que lo identifique. No es cualquier lago, de verdad, ese lugar es un paraíso terrenal a pesar de que le hayan cortado dos inmensos sauce llorón que le escoltaban que cobijaba que daba sombra a los amantes.


La gente va llegando al baile, a la rumba, desde las 4 de la tarde, y va calentando los motores con macitas de puerco, arroz moro, enchilado de camarones, tamalitos que pican, ron y cerveza fría (en mejores tiempos recuerdo podías ordenar tostones que freían in situ), el alcohol es prohibido en los lugares públicos de la ciudad pero allí no se prohíbe nada como si tuviera una licencia de excepción, y sigue la rumba hasta las 10 de la noche que debe terminar oficialmente el jolgorio. Pero ni las ordenanzas del capitán Lee han podido con el peregrinaje e ímpetu de persistir de esos cofrades. Son ellos y ellas, el vivo ejemplo del crisol neoyorquino, hay de todos los colores y géneros, aunque mayoritariamente cubano y puertorriqueño.
Rumba en el Central Park, NYC (1974). De izquierda a derecha: Akinshélé (Scott Dowling), Howard Levy, Tony Archer y Mark Sanders. Foto: Mark Sanders.

Todos los caminos del Parque llegan a la rumba, pasan por ella. Su música contagia, se escucha. El ritmo atrae. Mejor para llegar sin tropiezos por sus tantas guardarayas se debe tomar la calle real de la 72, la mejor calle que atraviesa el parque de este a oeste, quien ha vivido en Nueva York sabe que es esta, si bien su nombre oficial es de Terrace Drive. Nadie la menciona con ese nombre. Así que si entras por el este de la calle 72 y Quinta avenida camino al oeste por la misma 72 darás al subir la loma por la derecha con la majestuosa fuente Bethesda coronada por su ángel, bajando las escaleras y bordeando el lago hacia el oeste invade el ritmo de la clave y los tambores. Por el oeste del la 72 y Central Park West se debe atravesar Strawberry Fields, nunca he visto fresas, pero sí al pasar queda patente el recuerdo para siempre a John Lennon. La música que nunca se pudo escuchar libremente en Cuba. Camino al este y cruzando la calle interior que corre de norte a sur y un tanto más a tu derecha un falcón indica el camino a la izquierda hacia la colina de los cerezos Yoshino (Cherry Hill) y su pequeña fuente, se sigue hasta llegar al agua dulce del lago que Yemaya le dio de regalo a Oshn﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ Osh  del lago. ando sus giras con Dixie se lo permit'ún donde se aman cisnes y humanos por sus alrededores a la vez. Aquí, feliz llegamos a la rumba.
Foto: Geandy Pavón

Prevalece la mitología sobre la historia. Hay quien cuenta que por los finales de lo sesenta se tocó cerca de Bethesda Fountain. El cuento va y viene hasta que todos coinciden de que el actual lugar será para siempre y recuerdan que está allí desde los inicios de los setenta. Nunca le han dado a la rumba que ya hace historia una tarja de reconocimiento, tampoco la persiguen más bien preferirían que los ignoren que los dejen tranquilos, por la perseverancia de ese sentir que insiste y persiste en ese lugar definitivo. Sí tiene una millonada de pequeños videos en YouTube, nadie les ha pagado ningún derecho, y fotos de ocasión, pocos artículos de periódico, menos de scholar (poco interesa ese género para esos sesudos) y muy reciente tiene un largometraje. Por esa historia de media rueda, han pasado todos los famosos rumberos y los que sin ánimo de trascender han sido los más fieles. Han muerto muchos, y se les recuerda, nombrar todos sería imposible pero siguen otros la tradición. Mencionar uno por el todo, sería justo pensar en Manuel “El Llanero” Martínez Oliveras. La rumba es, siendo; se renuevan como río interminable.

Foto: Mónica López
La rumba es intensa. Allí se va a dar lo mejor si tienes para ofrecer, no se va a aprender. Solo aprenden los niños, a ellos, los hijos de Elegúa, se le permite todo. Se debe puntualizar que hubo un antes y un después de los marielitos, llegaron hacinados por el mar como carga esclava a la inversa liberada, año 80 el de esos sincréticos cristianos, fue a turning point que no se discute que ya queda en los anales de volver a repetir con fuerza cada domingo la magia del illo tempore. De volver a revivir el barrio solariego en ese sonido, la jerga, la comida, el gesto, la vestimenta, lo que se es. Un vivir esa necesidad de la existencia que si no no se vive. Arraiga la rumba en el desarraigo. Ellos, también yo, sin la rumba no llegamos a ser feliz. ¡Oh felicidad, la rumba en el Central Park!       
Al centro, con chaqueta verde y mochila, Arístides Falcón

Tuesday, September 27, 2016

Cirilo Villaverde en Nueva York (II)

Por Enrique Del Risco

El escritor en movimiento
Luego de su estancia en el número 59 Oeste de la calle 24 de Manhattan los directorios anuales de la ciudad recogen diferentes direcciones como residencia de Cirilo Villaverde hasta su muerte, ocurrida en 1894: 136th Alexander Avenue en el Bronx (1875-1877), y en Manhattan 42 E. 126th Street (1882-1883), 39 W. 24th Street (1883-1884) o el 1730 Broadway (desde 1890 hasta su muerte).

Una imprenta masónica
No obstante de todos los sitios asociados a la extensa presencia de Cirilo Villaverde en Nueva York ninguno más relevante que el marcado con el número 4 de la calle Cedar. Allí radicó durante décadas la imprenta El Espejo, la misma que publicaría en 1882 la versión completa y definitiva de “Cecilia Valdés”. Si bien acogida al principio con cierta reserva ya al año siguiente la novela recibiría elogios de Benito Pérez Galdós y en 1885 sería aclamada por Manuel de la Cruz como "obra maestra en el género" que "señala el máximo perfeccionamiento que hasta ahora ha alcanzado nuestra literatura". El novelista Ramón Meza haría notar el extraño mérito de conseguir reproducir con tal intensidad la sociedad cubana de 1830 a tanta distancia espacial y temporal:



"Nadie al recorrer muchas de las mejores páginas de esta obra magistral pudiera sospechar que se escribieran en lugar apartado, en medio distinto y extraño, después de dilatados años de ausencia. Hay tanta frescura en el trazado de los paisajes de la naturaleza cubana que en el libro abundan, hay tanta verdad, tanta realidad, hasta en los más nimios detalles de esta obra vasta y complicada, que no pudiera creerse que fuera escrita al calor de los recuerdos sino con la observación inmediata, directa, de un original que está a la mano y por tanto se ve, se toca"


La imprenta El Espejo estaba dedicada a imprimir una publicación periódica en español del mismo nombre “filled with advertisements for U.S.-made export products. Locomotives, wheelbarrows and pianos were the standard fare in the columns of El Espejo” (Lazo. 172). 



La publicación salió por primera vez a la luzcomo “El Espejo Masónico” a fines de 1865. Su director era André Cassard un destacado masón santiaguero de origen francés quien a su vez había sido el “fundador de los altos cuerpos del Rito Escocés de la masonería regular cubana” (Torres Cuevas, 108). 
Tiempo más tarde “como [la revista] ya no podía dedicarse al asunto especial de la Masonería, [Cassard] le quitó el adjetivo del título con que lo principió, dejándole solo el de El Espejo, que es en el día [1873] el periódico más grande y más hermoso de cuantos se publican en castellano [en Nueva York]” (Hyneman. XII). Interrumpida su publicación en 1869 por enfermedad de su dueño y director “El Espejo” no volvió a salir a la luz hasta noviembre de 1872.

"Trabajo por una bicoca"
Hacia 1874 Cirilo Villaverde entra a trabajar en la redacción de El Espejo que primero estuvo radicada en el 67-69 William Street y más tarde en su dirección definitiva del número 4 de Cedar Street. “Escribo a V. en la oficina del Espejo donde hace algunos meses que trabajo por una bicoca” (Cairo. 132) le cuenta a su amigo José “Pepe” Gabriel del Castillo y Azcárate (1824-1910) en una carta del 23 de junio de 1874. Allí trabajará Cirilo Villaverde hasta inicios de la década de 1890. Primero estuvo a las órdenes del susodicho Cassard hasta que en el otoño de 1881 El Espejoformalmente pasa a manos de Narciso Villaverde, primogénito del novelista.  
Negocios que no marchan bien
Pese a su carácter “puramente económico y mercantil” que le impedía “reproducir nada literario o novelesco” El Espejo no parece haber sido un negocio muy próspero. Mientras Villaverde insiste en sus cartas que de El Espejo es “de donde yo saco con qué sostener la familia” los informes de la firma R. G. Dun & Co., dedicada a investigar la rentabilidad empresarial dan una imagen más bien desesperada de su estado económico: muy escasas ganancias, sin nadie que les concediera crédito y teniendo que pagar al contado todas sus transacciones. 

Esquina de la calle Cedar correspondientes a los números 2 y 4 poco antes de ser demolido para ceder paso a la construcción de City Services Building


El extraño silencio del Apóstol

Cirilo Villaverde no llegó a presenciar el final de la empresa (1897) a la que había dedicado sus últimas dos décadas de vida: el 23 de octubre de 1894 moría en Nueva York a los 82 años de edad. En un famoso panegírico que le dedicara José Martí días más tarde lo llama "patriota entero y escritor útil [...] que dio a Cuba su sangre, nunca arrepentida, y una inolvidable novela". Y supone que debe haber muerto  "con el inefable gozo de no hallar en su conciencia, a la hora de la claridad, el remordimiento de haber ayudado, con la mentira de la palabra ni el delito del acto, a perpetuar en su país el régimen inextinguible que lo degrada y ahoga". Llama la atención, no obstante que esa mención, póstuma, fuera la única que Martí publicara sobre un compatriota con el que compartía ideales y exilio y cuyas oficinas estaban separadas por apenas unos pocos centenares de metros.

El último desafío
En lo que parece su último desafío al dominio español sobre su tierra natal su esposa Emilia Casanova lo hizo embalsamar y enviar a La Habana para ser enterrado en la Necrópolis Cristóbal Colón donde se congregaron los admiradores que tenía en la capital de la isla. Dice la investigadora Ana Cairo:
"Su viuda Emilia Casanova decidió que fuera enterrado en La Habana. Sería el último desafío al poder colonial. En diciembre, un grupo de intelectuales, encabezados por Juan Gualberto Gómez, Enrique Hernández Miyares, Ramón Meza, acudieron al puerto a recibir a los familiares y rendir el último  tributo ante el sarcófago. Después, se trasladaron al cementerio de Colón"
Emilia no lo sobreviviría mucho más de dos años muriendo en la propia ciudad el 4 de marzo de 1897 siendo enterrada en el cementerio de St. Raymond en el Bronx. Sus restos serían trasladados a Cuba medio siglo después, en 1947.


Desaparece una casa
La propia dirección de 4 Cedar Street desapareció décadas después de la muerte de Villaverde cuando en la manzana en que se hallaba fue construido entre los años 1931 y 1932 un edificio art deco de 67 pisos conocido en principio como City Services Building, luego como American International Building y actualmente por la dirección 70 Pine Street.
Vista actual del edificio por el costado que debe haber ocupado la fachada de 4 Cedar Street




Bibliografía


Cairo Ballester, Ana. [compiladora] Letras. Cultura en Cuba. Volumen 4. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 1987

Cova, de la, Antonio Rafael. Review of Lazo, Rodrigo, Writing to Cuba: Filibustering and Cuban Exiles in the United States. H-LatAm, H-Net Reviews. October, 2005.

Hyneman, Leon. Cincuenta años de la vida de Andrés Cassard. Nueva York: George L. Lockwood, 819 Broadway, 1873.

Lazo, Rodrigo. Writing to Cuba. Filibustering and Cuban Exiles in the United States. The University of North Caolina Press, 2005.

Torres Cuevas, E. Historia de la masonería cubana Seis ensayos. Segunda Edición. La Habana : Ediciones Imagen Contemporánea, 2005.

Cirilo Villaverde en Nueva York (I)


Por Enrique Del Risco

Poco se discute el sitio privilegiado que ocupa Cecilia Valdés en la novelística cubana del siglo XIX. O incluso en la conformación del imaginario nacional cubano. Bastante menos conocido es que su autor, Cirilo Villaverde (1812- 1894) viviera la mayor parte de su vida adulta (de 1849 a 1858 primero y luego de 1860 hasta su muerte en 1894) en los Estados Unidos y que su obra cumbre fuera publicada en Nueva York ciudad en la que vivió la mayor parte de su vida adulta. Tras participar en el movimiento conspirativo dirigido en la isla por el general venezolano Narciso López fue detenido y condenado “a 10 años de presidio y en revista, a muerte en garrote vil”. El 31 de marzo de 1849 se fuga de la prisión en compañía de otro preso y un guardián de la cárcel al que había sobornado y se embarca hacia los Estados Unidos “oculto en la bodega de una goleta costera” (Calcagno, F. 689). Al llegar a Nueva York se incorporaría de inmediato al movimiento que por aquellos días organizaba Narciso López para arrancar la isla de Cuba del dominio español con la intención declarada de anexarla a los Estados Unidos. Villaverde como secretario personal de Narciso López asistiría al complejo proceso conspirativo que llevó a las sucesivas y fallidas expediciones que el general venezolano llevaría a Cuba y a la creación de los emblemas que terminarían siendo los del futuro estado nacional: el escudo y la bandera cubanos.
Aparte de diferentes estancias en Nueva Orleans entre 1850 y 1854 y su estancia entre 1854 y 1855 en Filadelfia (ciudad en la que conocería a Emilia Casanova y se casaría con ella) Villaverde desarrolló casi toda su vida norteamericana en Nueva York. Allí nacerían dos de sus hijos, participaría en la redacción de publicaciones como La Verdad (1852-1854) La América de 1861 a 1862 y La Ilustración Americana de 1865 a 1869 y junto a su esposa fundaría colegios en Oak Point, Bronx, NY y Weehawken, NJ, proyectos que aparentemente tuvieron poca duración.
Al estallar la gesta independentista de 1868 desarrollaría junto a su esposa una intensa campaña de apoyo a la insurrección independentista de 1868. Emilia Casanova, nacida en la ciudad de Cárdenas había llegado a presenciar el desembarco en dicha ciudad de Narciso López y desde entonces había estado consagrada a la causa de la independencia del yugo español. La revolución de Yara de 1868 hizo de Emilia una de las figuras más visibles del exilio cubano al punto que la prensa integrista la convirtió en blanco predilecto de sus ataques. 
Hija del inmigrante canario Inocencio Casanova, que a través de diversas empresas y propiedades en la ciudad de Cárdenas llegaría a ser uno de los hombres más ricos de Cuba Villaverde Emilia Casanova puso su fortuna a disposición de la causa independentista. Durante un tiempo ella y su esposo vivieron con su padre en el Bronx en el llamado Castello Casanova, una de las residencias particulares más impresionantes del país. De aquella residencia se dice que durante la guerra del 68 se almacenaron armas para la contienda independentista y desde la que partieron envíos de armas hacia Cuba. “Senor Casanova’s mansion became a secret cache for Cuban arms to be used in a revolution, and local lore tells of mysterious ships that ventured up the creek on moonless nights, with cautiously sounding the channel” (McNamara. 29).
La calle 24 vista desde la sexta avenida hacia 1930
Hacia 1872 Emilia y Cirilo se mudaron al número 59 Oeste de la calle 24 de Manhattan, sitio que se transformaría en centro del exilio político cubano en la ciudad de Nueva York en aquellos años. Cuando en octubre de 1873 las autoridades españolas capturaron el barco expedicionario Virginius y comenzaron a ejecutar a sus tripulantes un periodista de The New York Times acudió a dicha dirección para conocer las reacciones de Villaverde, de Emilia Casanova y del resto de los concurrentes. “La residencia del señor Villaverde estuvo abarrotada a lo largo del día de ayer. Entre los presentes se encontraba un capitán que había participado en tres expediciones a la isla y que dijo estar preparado para partir en otra expedición en cualquier momento y un gran número de hombres, tanto cubanos como ciudadanos norteamericanos dijeron estar listos y ansiosos para incorporarse como voluntarios a la causa. La señora Villaverde y su esposo conocían a la mayoría de las víctimas de la expedición del Virginius personalmente y contribuyeron grandemente a la preparación de esa y de otras expediciones previas”.
Recorte correspondiente al 15 de noviembre de 1873

Vista actual de la calle 24 vista desde la 6ta avenida

Bibliografía

Calcagno, Francisco. Diccionario biográfico cubano, N. Ponce de León-D.E.F. Casona, New York-La Habana, 1878-1886.

McNamara, John. McNamara's Old Bronx. Bronx, N.Y. : Bronx County Historical Society; 1989


Monday, September 19, 2016

“Antes de Cuba Libre. El surgimiento del primer presidente de Cuba, Tomás Estrada Palma”

            
Margarita García: “Antes de Cuba Libre. El surgimiento del primer presidente de Cuba, Tomás Estrada Palma” (Madrid: Betania, 2015, 200 páginas).

Por Octavio de la Suarée
La reciente publicación de Margarita García, profesora emérita de Montclair State University en New Jersey, Antes de Cuba Libre: El surgimiento del primer presidente de Cuba, Tomás Estrada Palma, llama la atención del interesado en la historia de Hispano América por muchos motivos pero, en especial, por 3 razones principales. En primer lugar, por la novedad de dedicarse al estudio de una de las figuras más polémicas hoy día en la historia de la República de Cuba desde su establecimiento a principios del Siglo XX; asimismo, por concentrarse en la formación, desarrollo y actuación de Tomás Estrada Palma en el período inmediatamente anterior a ser electo Presidente de Cuba in absentia a finales de 1901, una de sus etapas menos estudiadas; y, por último, por tratarse de la siempre interesante Isla en este momento en que los líderes de Cuba y Estados Unidos logran un entendimiento y dan por concluidos los motivos que mantenían a los dos países separados por más de medio siglo.
A Tomás Estrada Palma se le conoce mayormente en la historia de Cuba por su participación en 2 acontecimientos notables a principios del siglo pasado; primero, como Presidente de la República de 1902 a 1906 y por igual como el responsable de la intervención de las fuerzas armadas norteamericanas entre 1906 a 1909. Mucho se ha especulado sobre esta complicada acción suya y la autora de la obra, Margarita García, no ofrece excusas en defensa de Estrada Palma de pedir ayuda norteamericana, decisión que le cuesta al presidente su monumento en La Habana y su lugar en la revisionista historia del actual gobierno de Cuba. Sin embargo, con la perspectiva que nos brinda ya más de un siglo transcurrido desde entonces, hay que tener presente que aquella época se caracterizaba por la expansión territorial de Europa Occidental y de los Estados Unidos en busca de nuevos mercados económicos. A la vez la despreciada Enmienda Platt a la Constitución cubana ya se encontraba vigente. Por otro lado, como sí indica la profesora García, varios otros hechos de naturaleza personal en la vida de Estrada Palma ofrecen más luz sobre el tema y quizás pudieron haberlo inclinado a tomar tal medida, incluyendo los más de 15 años que pasó viviendo en Estados Unidos; el desarrollo de su vida y su aclimatación en Central Valley, New York, como Director del Instituto Estrada Palma; la realidad de que casi todos sus hijos fueran nacidos y se formaron en este país; el hecho de que, como Delegado de la Junta Revolucionaria Cubana a la muerte de José Martí, Estrada Palma ya estaba en contacto con la administración norteamericana a través de su abogado y los miembros de su Delegación en Washington, D.C.; y, por último, su admiración por la joven y fuerte nación que ayuda a conseguir la Independencia de su patria y pone fin al colonialismo español en las Américas.
La profesora García estudia la vida y obra de Tomás Estrada Palma solamente desde su nacimiento hasta su llegada a La Habana para tomar posesión de la Presidencia el 20 de mayo de 1902, sin entrar en su actuación como presidente, lo cual excluye el reconocimiento de sus méritos como estadista, entre ellos, el reducir a solo Guantánamo el interés de los Estados Unidos de establecer 7 bases militares en la isla; el conseguir que Isla de Pinos –ambicionada por los norteamericanos- permaneciera como parte del territorio de la República de Cuba; y su intachable honestidad demostrada en el hecho de que el Tesoro de la República mostrase un superávit al final de su periodo en 1906. La obra se halla dividida en 4 partes teniendo en cuenta las 4 facetas más importantes de su vida, a saber, su labor como patriota, como maestro, como Delegado del Partido Revolucionario Cubano y, por último, los acontecimientos personales ocurridos en el período de 1898 a 1902, que mucho van a influir en su futuro.Sus esfuerzos como patriota por la causa de la independencia cubana son muy conocidos por todos hoy día, comenzando con su participación en la lucha desde el inicio de la Guerra de los Diez Años en su natal Bayamo y en Yara, su actuación como miembro de la Asamblea de Diputados durante todo el conflicto y el hecho de que es Presidente de la República de Cuba en Armas cuando cae prisionero de las fuerzas españolas en 1878. Los 18 meses siguientes que pasa en prisión los va a aprovechar para el desarrollo de sus teorías sobre la educación, ideas que implementa a su regreso de Honduras donde establece familia y pasa unos 5 años dedicado a la enseñanza y en el desempeño de varias funciones gubernamentales. De vuelta en Central Valley comienza ahora la década más productiva de su vida, primero como director del exitoso Instituto Estrada Palma, donde cursan estudios alumnos de familias cubanas, latinoamericanas en general y asimismo norteamericanas. Estrada Palma – señala el crítico- se refería al nuevo mundo “’como dividido en dos razas, la anglosajona y la latina’, pero que ‘los dos grupos, por sus instituciones republicanas y por los sentimientos democráticos que inspiran igualmente a todos sus ciudadanos, forman una sola comunidad’. La escuela, esperaba él, ‘sería un lugar de contacto cordial y fructífero entre los hijos de las diferentes divisiones del hemisferio occidental; porque bien se sabe que las impresiones que se despiertan y los lazos de amistad que se adquieren en el aula constituyen las más memorables reminiscencias de la vida’. Su objetivo, pues, era el de ‘propagar el conocimiento de inglés entre los latinoamericanos y el conocimiento de español entre los anglosajones”. Por desgracia, como indica Margarita García, no existen detalles de teoría educacional de Estrada Palma aparte de sus ideas sobre la importancia del bilingüismo y el biculturalismo, pero sí se puede obtener una “excelente descripción de la atmósfera de la escuela y de los objetivos del curso de estudio gracias a la pluma de José Martí, que visitaba frecuentemente Central Valley. Éste, en un artículo publicado en la revista Patria, describe que la escuela en el “majestuoso y saludable valle” transforma rápidamente a los latinoamericanos en jóvenes que hablan “inglés puro” y que componen correctamente sus ideas en español, en francés y en inglés”. Añade además que “la cultura y el idioma del país anfitrión deben aprenderse, “porque aquellos que no lo hacen son hombres sin brújulas, partidos por la mitad, nulos para los demás y para sí; no benefician al país en que han de vivir y no saben beneficiarse de él”.
No obstante, el Apóstol de la Independencia cubana, estaba trabajando muy duro en su empeño por unir a los cubanos para una nueva lucha por la independencia y en septiembre de 1887 fue a reclutar a Estrada Palma a Central Valley. Hacía falta – le dijo- que una persona de la reputación de Don Tomás apareciera en público en apoyo a la causa. Y desde ese momento Estrada Palma empieza a desatender los asuntos del Instituto y a compenetrarse más aún con la causa cubana, y al morir Martí en Dos Ríos en 1895 abandona definitivamente el Instituto y se muda a Nueva York ya electo Delegado de la Junta Revolucionaria Cubana. Es ahora cuando el patriota y el maestro comienza a demostrar sus cualidades de delegado como conciliador entre los diferentes grupos cubanos, como recaudador de fondos, como organizador de expediciones armadas y como diplomático tratando de obtener el reconocimiento del gobierno norteamericano para Cuba como ‘país beligerante’, lo cual evitaría la persecución de sus guardacostas, entre otras obligaciones. La última parte del libro se concentra en el retorno de Estrada Palma a Central Valley tratando de volver a levantar el Instituto, su interés de permanecer en Estados Unidos durante la Guerra Hispano Americana y después, la visita de Máximo Gómez instándolo a postularse como candidato presidencial en las próximas elecciones de diciembre de 1901, y, finalmente, su entrada triunfante en Cuba como presidente electo de la joven nación. Tenemos entendido que habrá 2 versiones de este libro, una en español – la que nosotros reseñamos- y otra en inglés próxima a publicarse. La edición en castellano es de bolsillo, con una bella portada de Paul Caicedo, que muestra la isla de Cuba vista desde el espacio. Asimismo, la obra contiene una foto de Tomás Estrada Palma sentado en la silla presidencial, una bibliografía y un índice onomástico. Esperemos que esta obra sea difundida por toda la isla en breve para que el pueblo cubano pueda darse cuenta al fin del engaño a que ha sido sometido en la figura de Tomás Estrada Palma por el régimen castrista, salga de su ignorancia y rectifique su error.

Sunday, September 18, 2016

INVESTIDO EL DR. GUSTAVO PÉREZ-FIRMAT COMO MIEMBRO DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE CUBA EN EL EXILIO


El conocido escritor cubano-americano Gustavo Pérez-Firmat fue investido como miembro de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio en una reunión de la Junta Directiva de dicha organización llevada a cabo el sábado 17 de septiembre en el local de la Unión de Expresos Políticos Cubanos, Zona Noreste, en Union City (NJ).La presentación del nuevo académico estuvo a cargo de la Dra. Oneida Sánchez, Directora de Relaciones Públicas de la Institución. Como parte de la ceremonia de investidura, el Dr. Pérez-Firmat leyó un destacado discurso titulado “El Quinquenio feliz”, el cual fue respondido por el Dr. Octavio de la Suarée, Secretario de la corporación. El nuevo académico es autor de numerosos libros (tanto en español como en inglés) que tratan, fundamentalmente, de la vida de los cubanos exiliados en los Estados Unidos y sus descendientes, lo mismo desde el punto de vista histórico como cultural.

Su obra más conocida hasta ahora se titula Life in the Hyphen: the Cuban-American Way (1994) con el título español de Vidas en vilo, probablemente el ensayo cubano más famoso e influyente publicado hasta el presente en los Estados Unidos, con varias ediciones en su haber. Trata de sí mismo en tanto que fenómeno cultural de toda una generación de escritores que sienten que la condición de cubano-americanos implica no ser completamente ni lo uno ni lo otro; de ahí la vida en el guion que sirve de nexo o frontera a ambos gentilicios.

            Life in the Hyphen constituye la obra fundamental para comprender a cabalidad el estar aquí y ser allá ‘a la cubana’ de los niños del destierro. Es de destacar que, dada la alta calidad literaria del ensayo, este ha calado más allá de sus lectores inmediatos, llevando el mensaje y el retrato del nuevo cubano que no es del todo tal o del bisoño americano que no llega a serlo por completo como un nuevo rostro cultural en el pensamiento norteamericano postmodernista. Pudiera decirse que su salida constituyó la carta de presentación de una nueva cultura (que me resisto a calificar de híbrida) inmersa en la cultura norteamericana en general.

            Otras obras donde el ensayista sigue desarrollando el tema de la cubanía ‘americanizada’ son Next Year in Cuba: A Cubano’s Coming-of-Age in America (1995)y A Cuban in Mayberry: Looking Back at America’s Hometown (2014).

            La Academia de la Historia de Cuba en el Exilio se honra de contar entre sus miembros al Dr. Pérez Firmat.

El Dr. Gustavo Pérez-Firmat recibe de manos del Dr. Eduardo Lolo (Presidente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio) el diploma que lo acredita como miembro pleno de la organización

Monday, September 12, 2016

Acto de investidura y premiación

Según se había anunciado, en la tarde del viernes, 9 de septiembre del 2016, tuvo lugar el acto de investidura a la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE) de la Dra. Margarita García y del Sr. Pedro Corzo como nuevos miembros de nuestra institución. Después de sus discursos de investidura habló el Secretario de la Academia, Dr. Octavio de la Suarée, para darles la bienvenida. El acto tuvo lugar en el local de la Unión de Expresos Políticos Cubanos, Zona Noreste, Union City, NJ, correspondiéndole al Vicepresidente de dicha institución Aurelio Candelaria las palabras de bienvenida a la concurrencia que eran alrededor de 60 personas. La Dra. Oneida Sánchez, Secretaria de Relaciones Públicas de la Academia actuó como Maestra de Ceremonias.
Después del acto de investidura de los nuevos miembros tuvo lugar la entrega de la Orden al Mérito “Enrique Ros” a la Unión de Expresos Políticos Cubanos, Zona Noreste, por su patriotismo y perseverancia a favor de la libertad y la democracia de nuestra Patria. También se le otorgó a Pedro Corzo la misma Orden al Mérito por su gran labor al frente del Instituto de la Memoria Histórica Cubana. Seguidamente se leyó un mensaje de agradecimiento de la Congresista Ileana Ros-Lehtinen por haber nombrado la Orden al Mérito con el nombre de su padre Enrique Ros, ya fallecido, para otorgar dicha Orden como reconocimiento a instituciones y personas destacadas del exilio cubano. Cerró el acto con acertadas palabras el Presidente de la Academia Dr. Eduardo Lolo, quien también hizo entrega de los diplomas a los nuevos ingresados y a los recipientes de la Orden al Mérito “Enrique Ros”.
Luis Israel Abreu
Vicepresidente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio

[Nota: Para ver video de la investidura y premiación del Sr. Pedro Corzo pinchar aquí.]

A la izquierda el Dr. Jesse Fernandez, al centro Dra. Oneida Sanchez y a la derecha el Dr. Octavio de la Suarée

De izquierda a derecha los señores Cuco Moro, Pedro Corzo, Hector Perdomo y Eduardo Lolo, presidente de la Academia.

Tuesday, September 6, 2016

Invitación

La Academia de la Historia de Cuba en el Exilio

Invita a los miembros de las organizaciones cubanas del exilio en el área de Nueva York y Nueva Jersey y al público en general a acompañarnos en el

ACTO DE INVESTIDURA Y PREMIACIÓN

que tendrá lugar el viernes 9 de septiembre a las 7:30 PM en el local de la Unión de ExPresos Politicos Cubanos, Zona Noreste, sito en la calle 43 #508 de Union City (NJ) con el siguiente

PROGRAMA

Primera Parte: Investidura de nuevos miembros.
Introducción por la Dra. Oneida Sánchez, Directora de Relaciones Públicas de la AHCE, quien fungirá como Maestra de Ceremonias.
Discurso de Investidura de la Dra. Margarita García, con el título de “Victimología Cubana”.
Discurso de Investidura del Dr. Gustavo Pérez-Firmat, con el título de “El quinquenio feliz”. Discurso de Investidura del Sr. Pedro Corzo, con el título de “1959, entre el miedo y la esperanza”.
Discurso de Respuesta a los investidos por el Dr. Octavio de la Suarée, Secretario de la AHCE Entrega de los diplomas a los investidos por el Dr. Eduardo Lolo, Presidente de la AHCE.

Segunda Parte: Entrega de la Orden al Mérito “Enrique Ros.”
Reproducción de un video contentivo de un mensaje de la Hon. Ileana Ros-Lehtinen. Entrega de la Orden al Mérito “Enrique Ros” en la categoría individual al Sr. Pedro Corzo. Entrega de la Orden al Mérito “Enrique Ros” en la categoría institucional a la Unión de Expresos Políticos Cubanos, Zona Noreste.
Breves palabras de conclusión del acto por el Dr. Eduardo Lolo, Presidente de la AHCE.


QUEDAN TODOS INVITADOS