Thursday, September 20, 2018

El neoconstitucionalismo y la vieja dictadura de siempre II


Por Alejandro González Acosta, Ciudad de México.

Pero hagamos algo de historia:
A partir del confabulatorio Foro de Sao Paulo (1990) (convocado por Lula da Silva, pero concebido y asesorado por Fidel Castro), ante el derrumbe del “socialismo real”, posterior a la Demolición del Muro de Berlín y lo que este simbolizaba, y el fracaso de las guerrillas en Latinoamérica como la única vía posible hasta entonces, según la ortodoxia de la praxis comunista, de “acceso revolucionario al poder”, se impuso una visión pragmática de urgente sobrevivencia para los gobiernos personalistas (autoritarios o totalitarios) con fachada de izquierda, frente al dogmatismo teórico de la antigua pureza marxista-leninista-maoísta.
Esto significó no un cambio de estrategia, sino de táctica: el fin seguía siendo el mismo, tomar y mantener el poder a cualquier precio, pero las vías, levemente diferentes, debían ser adecuadas a los nuevos tiempos. En su nuevo programa de acción, continuaba como un asunto capital la lucha mortal contra eso que algunos perseverantes ideólogos “de izquierda” insisten en llamar peyorativamente “neoliberalismo”, y que no es más que el liberalismo de siempre: no una filosofía y ni siquiera una escuela, sino sencillamente una actitud. Y es que el liberalismo ha resultado siempre el antagonista más decidido del comunismo y todas sus variantes, porque la libertad económica reclama, tarde o temprano, la libertad política, inevitablemente.
Esa intención descalificadora es clara y sostenida. Quizá como gesto de reciprocidad, los así calificados de “neoliberales”, podrían perfectamente motejar a sus oponentes de “neocomunistas” o, con más precisión epistemológica, “neomarxistas”, pues han desechado el viejo programa teórico de la toma violenta del poder por una vanguardia -el Partido- expuesto y llevado a la práctica por Lenin, para asumir de nueva cuenta el mensaje original del alemán y su “asalto al cielo”, pero ahora desde las barricadas legislativas. Antes, había que conquistar los cuarteles; hoy, la meta es tomar las curules.
Hábilmente, al fin se percataron que, en la mayoría de las democracias precarias realmente existentes, quien controlaba al Congreso, podría llegar a dominar la República por la vía pacífica y civilista, abjurando de la antes inevitable vía armada, aprovechándose de las congénitas debilidades de las mismas, si se cumplían ciertos requisitos para ello.
Una vez más en la historia humana, se levantaba el antiguo peligro del cual alertaron Aristóteles, Polibio y Plutarco, cuando denunciaron a la Oclocracia(el nombre original del populismo y la demagogia) como la amenaza más temible contra la democracia, mucho más dañina que la misma dictadura o la tiranía. El fantasma de la oclocracia -resurrección escatológica emanada del putrefacto cadáver comunista- recorre el mundo de hoy, como un espantoso vestigio de la implacable e inmutable condición humana, pues esta no es buena ni es mala; sencillamente, es así.
Y la persistente ingenuidad suicida de las democracias, les brinda a los conspiradores todas las facilidades para lograr sus siniestros propósitos. Debe recordarse que la democracia, en definitiva, no es esencialmente más que un pacto de buena voluntad acordado por todas las partes, y que basta que una de ellas sea aviesamente desleal, para que el vínculo se quiebre y termine por derrumbarse todo el edificio: la historia muestra puntualmente el interminable cementerio de las democracias así destruidas, por sus mismos aturdidos o estafados defensores.
Con la estrategia planteada por el Foro de Sao Paulo, nueva Komintern latinoamericana, los partidos comunistas fueron despojados de su protagónico papel histórico (los hombres mueren, pero el partido es inmortal), por la tácita aceptación y hábil manipulación del viejo fenómeno del caudillismo carismático latinoamericano –de raíces aldeana hispana y tribal africana, aunque también con ingredientes continentales propios del autoritarismo indígena- para formar una actualizada mezcla ideológica que, a juzgar por los resultados inmediatos, fue bastante efectiva al menos durante un tiempo. De esta suerte, fue postulado ese engendro carente de todo tipo de coherencia ideológica y programática, pero con gran efectividad promisoria y publicitaria, llamado Socialismo del Siglo XXI, atrayente pero engañador, que ya ha aportado tantas y muy sobradas muestras de estrepitosos fracasos, recientes y muy evidentes: pero ese moribundo todavía se niega tozudamente a morir.
A pesar de tantos devaneos y subterfugios, de abundantes maniobras descalificatorias y teorizaciones vacías, aunque les pese, esos ideólogos confinados en la nostalgia, no pueden evitar algo que hoy ya resulta ineludible: sólo hay un camino sensato para alcanzar la prosperidad y el bienestar, y es el del capitalismo, como la única vía real que ha creado riqueza para distribuir, pues más allá de ser una teoría económica, el denostado pero siempre superviviente capitalismo no es más que la aceptación, después de intentar vana y dolorosamente otros modos artificiales, de unas reglas que vienen dadas por la propia naturaleza humana, modulable y regulable por las leyes, pero esencialmente inalterable: el resto de las elucubraciones, son utopías, algunas funestas y terribles. Después de la experiencia de varios siglos, más que de capitalismo, hoy debe hablarse de él como la única forma moderna de la economía realmente operativa. Esto lo expuso tempranamente Ludwig von Mises con su libro El socialismo: un análisis económico y sociológico (1922), y lo demostró plenamente poco después Friedrich von Hayek con su Camino de servidumbre (1944).
Todo lo anterior no pretende negar de ningún modo las limitaciones, excesos y carencias que todavía presenta el capitalismo: no es perfecto, pero sí es funcional, lo que no puede decirse del comunismo y sus diversos disfraces y subterfugios. No es ideal ni inmaculado, por supuesto, pero sin dudas es perfectible, lo cual está demostrado por su misma historia. Y aplicadamente empeñadas en este antiguo proceso (a pesar de sus “crisis cíclicas” y otros desmanes y turbulencias), se encuentran las sociedades exitosas que continúan limando las asperezas y rellenando las grietas que todavía presenta, como cualquier otro producto humano. Quienes tozudamente han anunciado una y otra vez, como un fervoroso mantra, la destrucción del capitalismo, han tenido que soportar que, con cada revés, él resurge más fuerte y cohesionado, fortalecido y perfeccionado, pues es capaz de autocorregirse. En cambio, el comunismo no puede emprender su propia transformación: cuando ha intentado hacerlo, simplemente se destruye. Y los jerarcas totalitarios lo saben muy bien. Por eso mismo no ceden “ni tantito así”, y la actual pantomima constitucional cubana es una buena muestra de ello.
Por supuesto, el capitalismo finalmente triunfal del futuro no será el capitalismo germinal de los burgos medievales, ni el capitalismo en los inicios de la expansión renacentista, ni el capitalismo comercial del siglo XVIII, o el industrial y mercantilista del XIX, ni el peligrosamente engañoso capitalismo bursátil del XX, sino un capitalismo de nueva generación, “recargado”, que se supera a sí mismo con cada etapa de la humanidad, un capitalismo progresivo, socialmente responsable y solidario, coherentemente humanista; es decir, un capitalismo con rostro humano, mucho más funcional y probable que lo que el comunismo prometió –e incumplió consistente y reiteradamente- bajo ese mismo nombre.
Tendremos entonces un capitalismo que sea productivo y eficaz en su funcionamiento, así como generoso y comprometido en su distribución: un capitalismo compasivo. El portentoso avance exponencial de la ciencia y la tecnología serán decisivos para este resultado, que ya se anuncia como una Cuarta Revolución Mundial. Marx y su compadre Engels nunca soñaron con esto: no podían. Los obreros y campesinos actuales de las economías más desarrolladas, disfrutan por lo general niveles de vida superiores a los de amplios sectores de las clases medias burguesas del siglo XIX. En cambio, los campesinos chinos de las regiones alejadas de los centros industriales de la China actual, mantienen una forma de vida tan precaria como la de sus abuelos durante el Celeste Imperio, a pesar de ese injerto de Capitalismo de Estado de corte feudal, con el siempre enigmático “modo de producción asiático” que desconcertó al mismo Marx.
Los logros palpables de las sociedades capitalistas avanzadas son el mejor argumento probatorio de la eficiencia del sistema, en contraposición a los delirios socialistas y comunistas, que sólo han degenerado, no de manera casual sino inevitablemente, en dictaduras y masacres. El socialismo (o el comunismo) realmente existente, ha resultado siempre mucho peor en cualquier caso que el tan denostado capitalismo: la tenaz pervivencia de éste ha demostrado sobre todo su auténtica esencia humana: no se trata de crear un imposible “hombre nuevo”, sino de contener por un equilibrado marco legal con los necesarios contrapesos, la ambición y la codicia naturales de los seres humanos, pues si estas características son pecados (éticamente hablando) al resultar incontenidas, son también las virtudesque impulsaron al hombre primitivo para salir de las cavernas y buscar su prosperidad y felicidad, ejerciendo ampliamente su talento y empeño. “El hombre, lobo del hombre” no es una maldición: es, sencillamente, una descripción, una condición congénita, pero también controlable.
Quienes han pretendido evadir esto, han buscado otros senderos, igualmente erróneos. El mismo “mito genial” del “socialismo nórdico”, ha sido demolido por el brillante Nima Sanadaji en su ensayo El poco excepcional modelo escandinavo: cultura, mercados y el fracaso de la ‘tercera vía’ del socialismo(2015), y lo remató con Desenmascarando la utopía: exponiendo el mito del socialismo nórdico (2016).
La búsqueda del beneficio individual, ya lo dijeron David Hume, Adam Smith, John Stuart Mill, Jeremy Bentham y hasta David Ricardo, redunda en el provecho colectivo. Se logra así un ciclo virtuoso, que impulsa el progreso y el desarrollo. Pero este beneficio tiene que repercutir entre todos de forma distributiva, como advirtió tempranamente el propio Smith, quien debe recordarse que además de ser el autor de La riqueza de las naciones, también lo fue de la Teoría de los sentimientos morales, cuyo concepto de la empatía ha tenido eco hasta en nuestro contemporáneo y laureado Amartya Sen. Hoy se empieza a configurar progresivamente algo que podría llamarse sociocapitalismo moderno, como ha venido sosteniendo desde hace años Robert Corfe en su tratado básico Social Capitalism in Theory and Practice. Emergence of the New Majority (2008) y otras de sus obras, lamentablemente poco difundidas entre nosotros.
Un argumento innegable es que cuando ya se encuentran en situación de libertad las sociedades sometidas al control represivo comunista, regresan de forma natural a la competencia individual, al respeto de la propiedad privada y el mercado libre. No hay que imponer el capitalismo: este recupera su supremacía de modo automático (en ocasiones, es cierto, también de manera traumática en un primer momento de transitoria readaptación), mientras que el comunismo siempre es una imposición, pues pretende ir contra la misma condición humana. Es una idea, perversa, que aspira triunfar sobre la realidad.
Desde hace mucho tiempo, el comunismo puro ha abandonado su prédica filosófica y económica ortodoxa, pero sostiene su absoluto control social y político. Los sistemas “comunistas” supervivientes resultan apenas las toscas caricaturas de lo que fueron idealmente en el pasado: son vulgares dictaduras totalitarias, pero que aplican en la práctica la tan denostada explotación capitalista más cruel e inhumana, para sostener una camarilla de poderosos, quienes ya no son los funcionarios del Partido, sino los nuevos gerentes de un sistema de explotación esclavista y feudal con una hipócrita fachada ideologizada. Pero para sostener tan precario edificio, al menos ante la mirada de la propaganda tan importante para el mantenimiento y justificación del sistema, necesitan de una escenografía trucada y engañosa que les otorgue cierta disputable legitimidad y aunque sea una levísima apariencia de legalidad.
Eso precisamente es lo que está ocurriendo ahora en Cuba con la pretendida “constitución” en ciernes.

Wednesday, September 19, 2018

El neoconstitucionalismo y la vieja dictadura de siempre


Por Alejandro González Acosta

I

Es muy conocida, por antigua y reiterada, la vocación (¿política?) simbólica del régimen cubano. No es casual que hayan elegido el 13 de agosto como el inicio de la “consulta” sobre ese remedo de “constitución”, sino también el día de su votación en un referéndum. Con ese “viejo gobierno de difuntos y flores” nada es fortuito.

Sin embargo, escapó a la atención de quienes han calificado de “fuerte significado” que el plebiscito de la próxima “constitución” cubana será el 24 de febrero de 2019, fecha que además de ser el inicio de la Guerra de Independencia de 1895 (Grito de Baire), y de la “aprobación” de la “constitución” anterior, la de 1976 (reformada luego varias veces al modo y necesidad de los mandantes cubanos), precisamente también en ese día se habrían cumplido 60 añosde cuando debió asumir la presidencia de Cuba el Presidente ya electo en 1958,  Andrés Rivero Agüero.

De haber ocurrido esa investidura, a la fecha de hoy quizá habríamos tenido en la isla 15 presidentes, en vez de 2 ½; unos mejores y otros peores, algunos buenos y otros malos, pero siempre elegidos por el voto directo y popular de todos los ciudadanos: por no esperar 54 días, con la ofuscación de un jubiloso pueblo obnubilado, exaltado y extraviado, nos han robado seis décadas de democracia, aunque esta fuera precaria e imperfecta, como suelen serlo todas. Es bueno tenerlo presente para establecer el necesario y doloroso contraste.

Porque aunque algunos persistan en tratar de negarlo, las Elecciones Generalescubanas realizadas el domingo 3 de noviembre de 1958, en medio de una cruenta guerra civil, a pesar del boicotexpreso y violento y las amenazas cumplidas de Castro, tuvo un sorprendente y meritorio 45,88 % de participación del padrón electoral, con 608,154 votos, repartidos entre cuatro partidos –los cuales gozaron de todas las garantías para participar- y que le dieron la victoria a Andrés Rivero Agüero con el 70,4 %, lo cual representó un amplio margen sobre sus tres competidores (Carlos Márquez Sterling, Ramón Grau San Martín y Alberto Salas Amaro).

El ensañamiento castrista contra estas elecciones ha sido persistente: durante muchos años una de las preguntas más corrosivas de los famosos “cuentametuvida” que debían responder obligatoriamente todos los ciudadanos, y especialmente los jóvenes que pretendían ingresar en la universidad y obtener algunos trabajos más codiciados, interrogaba si habían participado en esas elecciones malditas (aunque tuvieran cinco años de edad en ese momento).

Es un hecho histórico innegable que desde noviembre de 1953 había sido restablecidaíntegramente la Constitución de 1940,y aún durante el intermedio de los dos años desde el incruento Golpe de Estado del 10 de Marzo de 1952, nunca fueron suprimidos los partidos políticos ni intervenida la prensa independiente.

Ante los intentos y propuestas de una negociación política y pacifista que solucionara el sangriento conflicto, desde su cómodo escondite en las montañas, el líder tronó: Todo o nada, ningún pacto, vamos por el poder completo. Y la masa enceguecida, engolosinada con el triunfo, se ajustó ella misma el nudo en la garganta. Así se negó tajantemente la posibilidad de una solución civilista. Todos, por activa o por pasiva, apoyaron la decisión totalitaria: hoy los nietos continúan pagando la culpa y el error de aquellos abuelos, seducidos por los resplandores engañosos de una victoria total, vindicatoria y ejemplarizante. Ha sido un embullo irreflexivo que nos ha costado muy caro: bíblicamente, siete veces siete generaciones están pagando aquel momento de ofuscación, locura transitoria, miopía y suicidio colectivo, revestido de una aplastante vendetta justiciera. Creyeron tomar el cielo por asalto y el cielo se les vino encima, aplastándolos: han sido 60 años perdidospara la vida nacional cubana los que se cumplirán el próximo 24 de febrero de 2019, cuando el régimen realice el grotesco paripé de un referéndum del que ya se sabe su resultado desde mucho antes.

La monstruosa concentración de poder, sin ningún contrapeso ni garantía, excluyente y discriminatoria de ese esperpento de “constitución” la cual pretenden pasar arteramente por legítima, es apenas un precario remedo de hipócrita legalidad, y queda muy por debajo del omnipotente Partido Comunista, que es la suma y condensación de toda la posible “soberanía” nacional; de tal suerte, tiene más valor el Reglamento Interno del PCC y sus Normas y procedimientos, que semejante fantochada constitucional, pues ambos prontuarios están sobre ella. Esto dejará aún más sometidos y esclavizados a los ciudadanos, entregados a la merced de sus gobernantes.

La historia insular brinda un capítulo glorioso, donde una disputa constitucional nos legó uno de los más bellos poemas cubanos: el soneto “La más fermosa”, que compuso febrilmente inspirado desde su banca el periodista Enrique Hernández Miyares, ante la viril posición del patricio Manuel Sanguily (identificado con “Don Quijote”), al oponerse al Tratado de reciprocidad comercial)adjunto a la Constitución de 1901), que defendía el brillante orador Antonio Sánchez de Bustamante y Sirvén, a quien se alude como “El Caballero de la Blanca Luna”:

Que siga el Caballero su camino,

Agravios desfaciendo con su lanza:

Todo noble tesón al cabo alcanza

Fijar las justas leyes del Destino.

Cálate el roto Yelmo de Mambrino

Y en tu rocín glorioso altivo avanza,

Desoye el refranero Sancho Panza,

Y en tu brazo confía, y en tu sino.

No temas la esquivez de la Fortuna:

Si el Caballero de la Blanca Luna

Medir sus armas contra las tuyas osa,

Y te derriba por contraria suerte,

De Dulcinea, en ansias de tu muerte,

¡Di que siempre será La más fermosa!



Nada hace suponer hoy que ante el fársico espectáculo de esa “constitución” manca y bastarda, resurja el espíritu libertario ciudadano y se alce alguna voz dentro de los actuales escritores cubanos para emular el glorioso poema de Hernández Miyares. Son otros los tiempos …

Sunday, September 16, 2018

Primer Congreso de la AHCE: reportaje fotográfico

Miembros de la AHCE. De izquierda a derecha: Jesse Fernandez, Eduardo Lolo, Octavio de la Suareé, Ivan Acosta, Perla Rozencvaig, Enrique Del Risco, Pedro Corzo, Guillermo Belt y Liliana Soto-Fernandez. Al centro sentado el doctor Antonio Costa.

Proclama de la alcaldía de Union City a la AHCE

El presidente de la AHCE Eduardo Lolo hace uso de la palabra

Cominsionados de Union City Celin J. Valdivia, Wendy Grullon y el presidente de la AHCE Eduardo Lolo

El dramaturgo y cineasta Ivan Acosta hace uso de la palabra

Eduardo Lolo, Lucio Fernandez, Ivan Acosta
Pdro Corzo hace uso de la palabra

Octavio de la Suareé
Enrique Del Risco
Eduardo Lolo, Pedro Corzo, Lucio Fernandez, Ivan Acosta y Octavio de la Suareé


Liliana Soto-Fernandez, Eduardo Lolo y Ana Cueto-Acosta



Guillermo Belt y Eduardo Lolo


Perla Rozencvaig y María del Pilar Diez Rodríguez

Emilio Bernal Labrada y Eduardo Lolo


Liliana Soto-Fernandez hace uso de la palabra


Lucio Fernandez y Eduardo Lolo

Jesse Fernandez






Se celebra Primer Congreso de la AHCE

Radio Martí reporta la celebración del Primer Congreso de la AHCE:


La Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE) celebró el sábado su primer congreso en el Centro Cultural de la ciudad de Union City, en el estado de New Jersey.
En el evento, además de historiadores, participaron intelectuales, escritores, artistas y profesores universitarios cubanos exiliados en diferentes ciudades de Estados Unidos. Todos reunidos bajo la máxima: “Salvando la historia de Cuba desde el exilio”.

La Academia de la Historia de Cuba en el Exilio celebró su primer congreso en New Jersey.
La Academia de la Historia de Cuba en el Exilio celebró su primer congreso en New Jersey.
“El encuentro intenta lograr uno de los objetivos básicos de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, que es conjurar la falsificación de la historia de Cuba por parte del gobierno totalitario cubano”, dijo a Radio Martí el profesor Eduardo Lolo, presidente de la AHCE y presidente a su vez del Congreso.
“Nosotros hemos estado trabajando durante 60 años para mantener la cubanía, para mantener la rectitud histórica de Cuba, y para que las próximas generaciones puedan recibir un legado histórico ajustado a la realidad, y no ajustado a la propaganda política totalitaria”, enfatizó.

Reconocidos exiliados expusieron sus visiones de la historia de Cuba en el primer congreso de la AHCE.
Reconocidos exiliados expusieron sus visiones de la historia de Cuba en el primer congreso de la AHCE.
Lolo, quien en el evento disertó sobre los "Estudios Martianos en el exilio cubano actual”. explicó en entrevista con Pedro Corzoque tanto el Congreso como la Academia, se proponen “hacer un récord, un archivo de las actividades, los personajes, los sueños, las ambiciones, las frustraciones, los fracasos, pero sobre todo de las esperanzas del exiliocubano”, destacó el catedrático, quien por décadas enseñó español y literaturas hispánicas de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY).

Programa del primer congreso de la AHCE.
Programa del primer congreso de la AHCE.
El doctor Eduaro Lolo es autor de “La palabra frente al espejo y otros ensayos”, “Para leerte mejor”, “Las trampas del tiempo y sus memorias”, “Lo que quede de aldea”, entre otros títulos.
En la actualidad se desempeña como Senior Bibliographer de la MLA International Bibliography. La Real Academia Española (RAE) lo eligió Académico Correspondiente en Estados Unidos por su condición de Miembro Numerario de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE), donde preside la Comisión de Bibliografía y Hemerotecnia. Ha recibido numerosos reconocimientos académicos. Entre los ponentes en el Congreso estuvieron además los profesores Guillermo Belt, con la conferencia titulada “Historias fingidas, la historia verdadera” y Emilio Bernal Labrada, quien presentó “Castro, cómplice en el asesinato de John Fitzgerald Kennedy”. También participaron Enrique del Risco, Iván Acosta, Perla Rozencvaig, Pedro Corzo, Octavio de la Suarée y Jesse Fernández entre otros intelectuales.
(Redactado por Luis Leonel León con reporte de Pedro Corzo)

Sunday, September 9, 2018

Cien barcos

El Centro Cultural Cubano de Nueva York inaugura su temporada de otoño con la presentación del libro CIEN BARCOS EN LA HISTORIA DE CUBA del historiador Emilio Cueto.
MIÉRCOLES, 12 DE SEPTIEMBRE, 2018, 6 PM
Lugar: La Nacional
239 West 14th Street
(e/ 7ma y 8va Ave.) NYC

ESPACIO LIMITADO

RSVP: info@cubanculturalcenter.org

Para más información, haga clic aquí:
http://www.cubanculturalcenter.org/events/2018/08/cien-barcos-en-la-historia-de-cuba/

Tres libros en Miami

Ediciones Universal tiene el placer de invitarlos a la presentación de tres libros del escritor e historiador cubano Raúl Eduardo Chao: 

Con LAS MEMORIAS DEL ALMIRANTE CERVERA, Raúl Eduardo Chao nos presenta el punto de vista español; con OUR CONSUL IN HAVANA nos brinda los documentos que cursaba en esos momentos el gobierno norteamericano. Y con MIS DIARIOS DE CAMPAÑA de Máximo Gómez tomamos conciencia de la lucha y el sacrificio de los cubanos por conquistar independencia y libertad. 
La presentación a cargo de los historiadores: Marcos Antonio Ramos y Pedro Roig. 
LUGAR: MUSEO DE LA DIÁSPORA CUBANA,1200 Coral Way, Miami. Tel. 305-529-5400. FECHA: Jueves 13 de septiembre a las 7 PM.

Raúl Eduardo Chao recibió su doctorado de la Universidad Johns Hopkins y después de un breve paso por la industria estuvo 18 años en el mundo académico, como Profesor Titular y Director de los Departamentos de Ingeniería Química en las Universidades de Puerto Rico y Detroit. En 1986 fundó The Systema Group y como presidente de esa empresa consultora ha escrito media docena de libros sobre ciencias y administración de negocios, numerosos artículos y una veintena de libros sobre la Historia de Cuba. Él y su esposa Olga viven en Lakeland, Florida. 

MIS DIARIOS DE GUERRA: Al conocer del alzamiento del 10 de Octubre de 1868, Máximo Gómez se presentó en los campamentos Cubanos en calidad de soldado, sin hacer mención de sus conocimientos militares; en pocas semanas le otorgaron el grado de Sargento y al final de la guerra del 1895 fue identificado como uno de los más capaces jefes del Ejército Libertador Cubano. Los propios Españoles lo reconocieron como «... el guerrillero más grande de América».Esta es una historia de las Guerras de Independencia de Cuba, según fue narrada en su Diario de Campaña por el general Máximo Gómez.

LAS MEMORIAS DEL ALMIRANTE CERVERA: La Guerra Hispano-Cubano-Americana no se decidió en las batallas del Caney o la de la loma de San Juan en los alrededores de Santiago de Cuba, ni fueron los Rough Riders de Teddy Roosevelt los heroicos vencedores de la guerra. Eso fue una fantasía militar propagada por la prensa amarilla Americana, el New York Journal de William Randolph Hearst y el New York World de Joseph Pulitzer, ambos tratando de aumentar la circulación de sus periódicos. El verdadero desenlace final ocurrió en las aguas de las afueras de Santiago de Cuba con la pérdida total de la flota Española del almirante Pascual Cervera en un encuentro suicida con la armada de los EEUU. Este libro presenta un relato personal y detallado de la batalla escrito de puño y letra por el derrotado Almirante Cervera en 1899. El editor de este libro, Raúl Eduardo Chao, solo se ha limitado a añadir imágenes y notas aclaratorias a estas emocionantes y conmovedoras Memorias del Almirante Cervera. 

OUR CONSUL IN HAVANA presents a series of what were confidential and classified documents and information gathered by the American Consulate in Havana during the days of the 1895 Cuban War of Independence. No one was better informed about this conflict than Fitzhugh Lee, an old Confederate cavalry General who had seen his first actions at the Battle of Bull Run in 1861. For a good many years he was the eyes, the intellect and ears of the United States as Our Consul in Havana.

Thursday, September 6, 2018

Una contra historia


Acaba de aparecer "Cuba de Batista à Castro. Une contre-histoire" libro del escritor cubano-francés Jacobo Machover. Es autor de libros como La memoria frente al poder, El heraldo de las malas noticias, Raul et Fidel. La Tyrannie des frères ennemis, Cuba : une utopie cauchemardesque : Derrière le mythe, un demi-siècle de tyrannie castriste, La cara oculta del Che, El exilio, lejos del paraíso. Su nuevo libro aparecerá en librerías (y en Amazon.fr) el 4 de octubre de 2018. En versión española también en octubre.

Tuesday, September 4, 2018

Orígenes de los cubanos de Nueva York: sobre un libro de Lisandro Pérez*

Por Efraín Barradas

Hoy identificamos la comunidad cubana fuera de Cuba con Miami, pero en los orígenes no fue así. Como el sociólogo cubano-americano Lisandro Pérez establece con ejemplar solidez intelectual y profundo rigor académico, desde la segunda mitad del siglo XVIII y, sobre todo, durante la primera mitad del XIX fue Nueva York el principal punto de contacto comercial y cultural entre Cuba y los Estados Unidos. No hay que olvidar que otras ciudades estadounidenses también tuvieron efectivos contactos comerciales y políticos con Cuba en ese periodo: Nueva Orleans, Filadelfia, Boston, por ejemplo. Pero no cabe duda de que en el principio de las relaciones entre los dos países Nueva York fue el punto de mayor contacto comercial, político y cultural entre el joven país que comenzaba a convertirse en potencia mundial y una de las últimas colonias españolas en América que luchaba por su independencia y formaba su identidad colectiva.
Con su nuevo libro, Sugar, Cigar, and Revolution: The Making of Cuban New York (Nueva York, New York University Press, 2018), Pérez hace una contribución de gran importancia al estudio de la formación de la comunidad cubana en los Estados Unidos. Contrario a otros estudiosos del momento, quienes se ofuscan y confunden lo latinoestadounidense –en este caso sería la comunidad cubano-americana– y lo latinoamericano o caribeño –en este caso la Cuba insular del siglo XIX–, Pérez ve muy claramente que, a pesar de que estudia una compleja relación que él mismo llama “extra nacional”, las dos son realidades distintas, aunque íntimamente relacionadas. Ya meramente por ese acercamiento acertado y provechoso hay que felicitar a Pérez. Pero su libro está compuesto de muchos más descubrimientos y aciertos de importancia. Al terminar de leerlo, aunque no dejé de sentir ciertos desacuerdos con el autor, tuve la certeza de que este es una excelente contribución multidisciplinaria al estudio de la historia cubana, la insular y la de la diáspora.
Sugar, Cigars, and Revolution… se divide en dos partes. Cronológicamente estas quedan demarcadas en dos periodos: 1823 a 1868; 1868 a 1895. Los hitos que marcan estos momentos son el arribo de Félix Varela a Nueva York (1823), el comienzo de la guerra de independencia (1868) y la muerte de José Martí (1895). Varela, figura que merece mucho más estudio y reconocimiento, fue el primer cubano que marcó la sociedad neoyorquina con su trabajo con los emigrantes, especialmente los irlandeses, y por su defensa del catolicismo frente al fiero y agresivo fundamentalismo protestante del momento. Por su parte, la guerra de independencia cambió por completo el carácter de la emigración cubana a Nueva York y la muerte de Martí cerró ese ciclo decimonónico. Los hitos seleccionados indudablemente son, pues, importantes, acertados y reveladores.
Pero también se podrían definir esas dos partes del libro no por fechas sino por los dos productos comerciales a los cuales apunta el título: la primera parte estaría definida por el azúcar y la segunda, por el tabaco. Así es porque los contactos comerciales entre Cuba y Nueva York especialmente durante la primera mitad del siglo XIX estuvieron definido por la exportación de azúcar a la ciudad, lugar donde llegaba sin procesarse por completo para ser refinada allí. Mucho capital, tanto cubano como neoyorquino, se afincó en la industria de la refinación del azúcar. Por ejemplo, las grandes colecciones de pintura impresionista en el Museo Metropolitano de Nueva York y en el de Bellas Artes de Boston fueron adquiridas con el capital de familias que negociaban en Nueva York y en Boston en azúcar cubana y puertorriqueña. El libro, por ello, podría verse como otro “contrapunteo del tabaco y el azúcar”, para parafrasear el título del libro de Fernando Ortiz.
Y como en el clásico de Ortiz, Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940), en el libro de Pérez se emplea una diversidad de acercamientos; el autor, por ejemplo, se vale de la historia, de la sociología, de la economía, de la antropología para crear, con un estudio detallado de diversos aspectos de la comunidad que estudia y crear así un amplio y matizado cuadro de la misma. Por ejemplo, Pérez se vale de los libros de cuenta de compañías financieras neoyorquinas que servían a la alta burguesía cubana de la primera mitad del siglo XIX, especialmente los de la Moses Taylor and Company, para aclarar el carácter de esa clase que dominó la comunidad cubana en Nueva York en la primera mitad del siglo XIX. Esos libros de cuentas en manos de Pérez sirven para crear un retrato detallado de esas ricas familias cubanas. Por ejemplo, descubre en ellos un patrón en los planes de esas familias para la educación de sus hijos y hasta para los hábitos de compras de artículos de lujo.
Es que en este estudio no se desperdician datos; aún aquellos que pueden parecer insignificantes, en manos de Pérez se convierten en ricas minas. Por ejemplo, la boda de un acaudalado hacendado cubano ya mayor y una joven de rancia familia neoyorquina le sirve para estudiar la visión que tenía la sociedad estadounidenses de los emigrantes cubanos. Curiosamente en esa visión se repiten patrones que se habían establecidos en Europa para entender a los mismos neoyorquinos y los estadounidenses en general. El episodio de la boda de don Esteban Santa Cruz de Oviedo y Frances Amelia Barlett el 13 de octubre de 1859 parece un capítulo sacado de una novela de Henry James donde los europeos miran sospechosamente a los nuevos ricos arribistas, los americanos. Cámbiese europeo por neoyorquino y cubano por americano y se tendrá un patrón de prejuicios idéntico, un patrón muy revelador del papel de los cubanos en la ciudad en ese momento. Es así que un dato aparentemente insignificante se convierte aquí en un rico y revelador caudal histórico.
Por otro lado, el empleo de datos sacados de los censos le sirven a Pérez para determinar las formación de enclaves cubanos en la ciudad y para establecer la clase a que pertenecían los emigrantes antillanos durante la segunda mitad de ese siglo. Pérez establece que mientras la alta burguesía cubana compuesta por hacendados azucareros dominaron la primera mitad del siglo XIX, la segunda fue marcada por los obreros del tabaco. Por ello mismo, Nueva York dejó de ser el centro de acción de esa emigración cubana después de 1868; Florida, particularmente Ybor City, comunidad creada específicamente para los tabaqueros y hoy un vecindario de Tampa que muy poco tiene que ver con sus orígenes obreros, se convirtió a partir de 1878, final de la primera guerra de independencia, en el centro de acción revolucionaria y en la comunidad más grande de cubanos en los Estados Unidos.

Hay datos que parecen fascinar a Pérez y que por ello aparecen constantemente en su libro: el origen irlandés de muchos de los empleados domésticos de las familias cubanas y la localización de los panteones de esas familias en La Habana y especialmente en Nueva York, por ejemplo. Es que los datos obtenidos de diversas fuentes, datos de obvia importancia y otros aparentemente insignificantes, le sirven al autor para crear un rico cuadro de esa comunidad. Sugar, Cigars, and Revolution… es un excelente ejemplo de un acercamiento multidisciplinario y, por ello, un modelo para otros estudiosos.
Como lector interesado en el campo de la formación de las comunidades latinoestadounidenses, objetivo principal de este trabajo en cuanto estudia la creación de la comunidad cubana en Nueva York, tengo que apuntar dos rasgos del libro de Pérez que me parece merecen atención crítica. Primero, en algunos pasajes, especialmente al final del libro cuando se discute el desenlace de la segunda guerra de independencia, se rompe el delicado equilibrio que se había mantenido en todo el libro al estudiar la compleja relación entre la historia insular y la del exilio. Creo que en ese momento Pérez pierde un tanto –solo un tanto, recalco– ese fino y difícil balance entre esas dos realidades históricas que había caracterizado el libro. Recordemos que una de las bases de este estudio es la interdependencia de esos dos mundos, pero que el foco principal es la comunidad cubana en Nueva York. Dada esa interdependencia el autor puede ir de un punto al otro; pero creo que el balance o equilibrio se pierde algo al final, donde se mira la historia de la isla y se olvida un tanto el foco neoyorquino.
En segundo lugar –y obviamente este punto viene por prejuicios muy personales– creo que Pérez debió prestarle más atención a la contribución de los puertorriqueños a la comunidad cubana en Nueva York en el siglo XIX. Los lazos entre los antillanos entonces eran muy fuertes como lo prueban la labor de Eugenio María de Hostos, de Sotero Figueroa y de Arturo Schomburg, entre otros. Estos tres importantes personajes históricos, todos ausentes del libro de Pérez, sirvieron respectivamente como propagandista en América Latina de la guerra de independencia (Hostos), como editor de Patria, el periódico del Partido Independentista Cubano fundado por Martí (Figueroa), y como miembro muy activo de los clubes martianos (Schomburg). Más allá de mis prejuicios, creo que valdría la pena explorar más la contribución de los puertorriqueños a esa comunidad cubana que se veía a sí misma, especialmente por el impacto de los tabaqueros, desde una muy amplia perspectiva antillana. En ese sentido la ausencia en la bibliografía del libro de Pérez de las memorias de Bernardo Vega, quien como él presenta un cuadro muy humano de Martí, es notable y triste.
Quizás esas ausencias en verdad sean solo indicio de la necesidad de un libro como este sobre la formación de la comunidad puertorriqueña en Nueva York en el siglo XIX. Cuando tal libro se escriba Sugar, Cigar, and Revolution… –¡no me cabe duda de ello!– le servirá de modelo a la autora o el autor de ese libro tan necesario que también nos ayudará a entender la historia boricua, la cubana y la antillana en esa ciudad. Por el momento sólo recalco los grandes logros alcanzados por Pérez con este excelente libro, magnífico ejemplo de rigor académico y honestidad intelectual. 

*Texto publicado originalmente en 80 grados.

Monday, September 3, 2018

COMENTARIOS DESPARRAMADOS SOBRE EL TEATRO HISPANO ESTADOUNIDENSE DEL SIGLO XIX

Por PEDRO R. MONGE RAFULS
( Dramaturgo cubano-neoyorquino.  Fundador de OLLANTAY Center for the Arts y de la revista teatral del mismo nombre.)
La inmigración latinoamericana posee una serie de características que no suelen valorarse. Los inmigrantes de primera generación, como somos muchos, no siempre nos damos cuenta de que estamos creando historia, o muchas veces, continuando la historia latino estadounidense que ya existe.
Desconocer la trayectoria de las actividades culturales y artísticas en las que nos movemos, que amamos, puede ser perjudicial para las mismas, porque puede empequeñecerlas y empobrecerlas. Por el contrario, conocer lo que sucedió en la comunidad hispana/latina que nos precedió, nos ayuda a crecer como grupo y como individuos. Nos ayuda a imponer nuestra presencia al hacer notar que hemos estado contribuyendo a la ciudad por años, en el caso del teatro, por más de un siglo (Hoy el “gentilicio” hispano es poco usado y nos llaman Latinos a todos los residentes, o nacidos, en los Estados Unidos de origen latinoamericano. Peor aún, cuando en los documentos oficiales usan HISPANO como si fuera una raza).  
 La historia del teatro hispano-estadounidense comienza con la presentación de la farsa del Capitán Marcos Farfán de los Godos en 1598. Esta farsa, escrita y representada en lo que hoy es Nuevo México, tuvo el propósito de festejar la llegada de la Iglesia a las nuevas tierras. Esta primera representación teatral ocurrió ocho años antes de que sucediera la mascarada francesa dramatizada en Acadia en 1606, y “sesenta y siete años” antes que se presentara la primera obra en inglés. Este importante hecho artístico es desconocido por el mainstream del teatro estadounidense y, lamentablemente, por los mismos latinoestadounidense. De lo contrario, los teatristas del movimiento latino la celebrarían orgullosos, para dejar clara su presencia y, más aún, su importancia, desde el principio de la historia de los Estados Unidos. En 1998, con la salvedad de una mención que hice en el editorial de OLLANTAY Theater Magazine, nadie celebró el cúatricentenario de este suceso importante del teatro en/de los Estados Unidos.
    Ese desgano por nuestra historia latinaestadounidense logra que la información sea escasa, si alguna, sobre las posibles actividades teatrales hispano-estadounidense entre 1598, cuando se presentó la comedia de Farfán de los Godos y los mediados del siglo XIX, cuando en las costas del Pacifico, en las décadas de 1840 y 1850, se registran presentaciones de grupos y artistas mexicanos y españoles, que construían espacios para la escenificación en Los Ángeles, San Francisco y San Diego. Según Nicolás Kanellos el teatro hispano estaba consolidado, presentando obras escritas por mexicanos, españoles y cubanos en esas zonas, y se había extendido a El Paso y a San Antonio. Fue años después de esa presencia hispana americana cuando comenzó la actividad de los grupos angloamericanos. (Nicolás Kanellos.“An Overview of Hispanic Theatre in the United States”. Hispanic Theatre in the United States. Houston: Arte Público Press, 1984). De acuerdo a McGroarty, los hispanos dieron lugar a importantes organizaciones: “la primera grand opera del Estado de California es de 1847, cuando la Compañía de Opera Álvarez llegó desde Lima, Perú, y se estableció con un magnifico contrato de $10,000” (John Steven McGroarty. “Los Angeles from Mountains to the Sea”. Chicago and New York: The American Historical Society, Vol. I, 1921, 378).
  Por otro lado, en Tampa, los tabaqueros cubanos dan muestra de una intensa actividad dentro del estilo bufo cubano, presentando obras que venían de La Habana. Pronto comenzaron a auspiciar un teatro propio, con autores y obras locales escritas en Tampa. Tal era la actividad que los tabaqueros cubanos construyeron el teatro El Centro Español en 1890. Esas presentaciones teatrales continuaron y llegaron al siglo XX.            
    Particularizando siempre a New York, el principal intereses de este escrito, podemos observar actividades teatrales desde los primeros años de la mitad del siglo XIX, cuando los cubanos, exiliados por la guerra independentista, muestran una presencia dominante en la escena. En La Patria, el periódico de José Martí, aparecen datos sobre ese teatro de los exiliados independentistas. Presentaciones donde encontramos características interesantes que nos admiten perfilar la dualidad del teatro que se montaba: uno serio, y otro más ligero, siguiendo las pautas del vernáculo cubano, con música y picardía. En 1851 ya hay menciones de que existían espacios teatrales para el público que hablaba español. Las representaciones se hacían con el propósito de recaudar fondos para la guerra que se libraba para alcanzar la independencia de España, y se llevaban a cabo en los clubes políticos, cívicos, o artísticos, de la comunidad de aquel entonces, como el Club de Damas Cubanas, y el Club Lírico Dramático Cubano; el nombre de este último nos invita a pensar que en New York había actividad continua de las artes escénicas en español, y que estrenaron obras que hoy, muchas, lamentablemente, están pérdidas. Entre las referencias que han llegado a nosotros, encontramos a Francisco Víctor Valdés, quien en 1869 escribió dos cuadros de la insurrección cubana para la Junta de Señoras de New York. En el primer cuadro se presenta a una familia que marcha a la guerra después de haber dado la libertad a sus esclavos. El segundo cuadro trae a la escena el regreso triunfal después de la batalla y el tratamiento generoso ofrecido a los prisioneros. La pieza tenía como propósito ganar simpatías entre el público estadounidense para contrarrestar la propaganda española sobre el trato dado a los prisioneros por las fuerzas insurrectas. En 1874, Luis García Pérez estrena y publica “El Grito de Yara”. Un año después, en 1875, “La muerte de Placido” de Diego Vicente Tejera Calzado fue estrenada en New York. Es una pieza escrita en un acto y en verso. Presenta al poeta Placido fusilado en 1844 por su supuesta participación en la Conspiración de la Escalera. Presentado por el  Club de Damas, el colombiano Joaquín María Pérez estrena, el 29 de diciembre de 1877, en el teatro Francés de New York, su epopeya, en tres actos y en verso “El Monctezuma”, inspirada en el apresamiento de un vapor correo preparado por Leoncio Prado, hijo del presidente de Perú. Los cubanos deciden incendiar el vapor correo antes de dejarse apresar por las fuerzas enemigas españolas. En “El Monctezuma”, escrita y presentada en el siglo XIX, es necesario anotar dos características que continúan apareciendo en nuestros días, permitiéndonos hablar de proceso en el teatro latinoyorkino: 1) una obra escrita en New York para satisfacer los intereses de la comunidad hispana de ese momento en  la ciudad, que incluía tanto a cubanos, como peruanos y colombianos. 2) particularizando a los artistas y no a la audiencia, podemos notar, tal como sucede hoy, la mezcla creativa de artistas de distintas nacionalidades en una producción: el autor de “El Monctezuma” era colombiano, el tema y los productores cubanos, y los actores, se desprende lógicamente, de distintas nacionalidades. Según podemos darnos cuenta al leer sobre esas obras, la premisa de las mismas es clara; y su técnica de escritura teatral se realiza en su mayoría “mezclando la realidad con el romance sentimental y un final heroico” (Rine Leal: TEATRO MAMBI, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1978, 23).                                                                    
    Otra obra de la que se encuentra registro es “La fuga de Evangelina”, juguete en un acto y cuatro cuadros, y en verso, por el periodista, escritor y pedagogo cubano Desidero Fajardo Ortiz, quien uso el seudónimo El cautivo. La obra fue escrita expresamente para el grupo de aficionados del club de niñas Las Dos Banderas, lo que introduce otro grupo teatral, y fue estrenada en el Carnegie Lyceum el 22 de enero de 1898. En el centro de la escenografía se mostraba a la Estatua de la Libertad, lo cual causaba admiración. Esta obra fue publicada por la Casa editorial A. W. Howes. Kanellos habla de una presentación que se realizó en el Central Opera House, el 16 de enero de 1899, con el propósito de recaudar fondos para el sepulcro de Martí.                                                        
    Las presentaciones teatrales deben haberse llevado a cabo por todo el siglo, hasta el fin del mismo, como anota Kanellos, y cuando, además de las obras del bufo cubano y zarzuelas españolas, presentadas en Tampa, que viajaban a New York, es razonable pensar sobre la existencia de actividades culturales y teatrales de exiliados puertorriqueños y dominicanos, y de otros latinoamericanos. Debemos conjeturar que ellos deben haber escrito o montado obras con temas que acometían sus intereses                                                                              
    Hasta el momento nada —o muy poco— se ha documentado la actividad de nuestros teatristas, novelistas, pintores y otros artistas del siglo XIX; sirva esta breve crónica para llamar la atención sobre el teatro latinoyorkino del siglo XIX, y para ayudarnos a visualizar su trayectoria hasta hoy.                                                                                                
    Y antes de terminar, juzgo necesario aclarar sobre el uso del gentilicio latinoyorkino con k (por York) para referirme a los latinos residentes en la ciudad de New York, a finales del siglo XX y principios del siglos XXI. Lo hago por dos objetivos, entre varios: 1)  para abarcar y afirmar todo el sentido de lo que significa ser latino, residente en la ciudad de New York. 2) para dejar claro que nuestro teatro latino, aunque se escriba y monte en español, es neoyorquino, aunque hasta el momento se desconoce ese hecho, de que el teatro escrito por latinos en New York es parte del teatro estadounidense en general, y del neoyorquino en particular.
New York, 10 de agosto del 2018.