Friday, September 6, 2019

Luis Israel Abreu (Rojillo) y el deber cumplido*

Por Idolidia Darias
El  En #TiempoDeContar les presento a Luis Israel Abreu un cubano ejemplar que completó un ciclo de 66 años de lucha ininterrumpida por la libertad y la democracia en Cuba
(A partir  las crónicas escritas por Luis Israel Abreu , anécdotas de sus compañeros de lucha y el perfil publicado en la  Academia de la Historia de Cuba en el Exilio).
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Nació  el 25 de agosto de 1932 en Buenavista, barrio de Remedios, provincia de Las Villas. En 1951 se mudó para Santa Clara donde obtuvo el título de Contador Profesional en la Escuela de Comercio de dicha ciudad. Al terminar sus estudios en 1955 matriculó Ciencias Comerciales en la Universidad Martha Abreu de las Villas.
En esos años de estudiante en la Escuela de Comercio conoció a Ricardo Vázquez y Diego Francisco Talavera, ambos pertenecían a los movimientos de resistencia creados en esa época. Sin embargo su registro de amigos se amplió cuando se unió al  Movimiento 30 de Noviembre y más tarde en la prisión. 
En el Presidio Modelo de Isla de Pino compartió los años duros de la lucha y de prisión. A ellos la sangre impregnada en los instrumentos que usaron los carceleros para “castigarlos” en los campos de trabajo forzado los unió para siempre, por eso más tarde en el exilio cuando volvieron a encontrarse no necesitaron firmar pactos de amor y entrega a la isla esclava. Lo adquirieron en su torrente sanguíneo como una marca de ADN.
Fue un cubano muy querido  y  apreciado por todos.
Su inicio en la búsqueda de la libertad y la democracia en Cuba quedó marcada el 10 de marzo de 1952 cuando salió junto con los demás estudiantes, a protestar por el Golpe de Estado del general Fulgencio Batista. Desde entonces, en una forma u otra, se mantuvo en la lucha por la democracia del país.
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Calle Cuba en Santa Clara antes de 1959
En 1956, al producirse el asalto al Cuartel Moncada, Abreu se lanzó a la calle en Santa Clara con otros estudiantes de inmediato comenzó la persecución contra él. Fue en esa fecha que se incorporó al Movimiento 26 de julio y pasó   a la clandestinidad. En esa etapa sufrió persecución y arresto y en mayo de 1958 salió hacia el exilio en México. Regresó a Cuba en enero de 1959, una vez que Batista salió de la isla y el Ejército Rebelde tomó al poder. 
De nuevo en Santa Clara, se incorporó al Gobierno Revolucionario como Coordinador Estudiantil Provincial en la antigua provincia de Las Villas pero antes de finalizar ese año fue expulsado  por sus críticas al rumbo comunista que tomaba la Revolución. 
También fue expulsado en el mismo año de sus empleos en el Gobierno Provincial y en el Ministerio de Comunicaciones y de la Universidad Martha Abreu de las Villas.
El 13 de marzo del 1960 Abreu participó en la fundación del Movimiento Revolucionario 30 de Noviembre “Frank País”. Lo nombraron Coordinador Estudiantil en la provincia de Las Villas. Estuvo varios meses en la clandestinidad realizando las acciones del movimiento pero en febrero de 1961 lo detuvieron y trasladaron a la prisión de la Fortaleza de la Cabaña. Fue condenado a 12 años de prisión.
En abril de 1962 lo trasladaron para el Presidio Modelo en Isla de Pinos donde junto a sus compatriotas fueron víctimas de vejaciones, atropellos y torturas.
El Plan de Trabajo forzado en Isla de Pinos.
En el horrendo Presidio Modelo el régimen comenzó a aplicar a mediados de 1964  el Plan de Trabajo Forzado, la etapa más sombría y violenta que vivieron los presos políticos en ese lugar enclavado en la Isla de Pinos al sur de la antigua provincia de La Habana. En rechazo a esa forma de explotación y esclavitud se negaron  a trabajar y fueron golpeados sin piedad.  
Según los argumentos del régimen ese plan de trabajo tenía como principal objetivo incluir a los reclusos a un proceso de "rehabilitación" pero en un país donde no hay justicia ni respeto al ser humano las definiciones nunca van acompañada de su significado.
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Presidio Modelo en Isla de Pinos
Luis Israel Abreu fue uno de los miles de cubanos que  llevaron a las cárceles en la primera década del sesenta a enfrentar  tuvieron que enfrentar las injusticias y arbitrariedades de un régimen oprobioso.
Al dar inicio el Plan de Trabajo Forzado Camilo Cienfuegos  a finales del año 1964, dividieron a los miles de presos políticos que allí se encontraban en bloques y brigadas de trabajo.
Pero muy pronto en 1965 Abreu inició un plante (se negó a trabajar)y dijo a los represores: “si me golpean si trabajo y me golpean si no trabajo, pues no trabajo más” y se salió de las filas de trabajo. 
Esa actitud atrajo la furia de los encargados de custodiar a los presos  y le propinaron más de 60 piquetes de bayoneta en sus glúteos y muslos, estuvo 50 días en huelga de hambre y lo mantuvieron en calabozos de castigo hasta que en mayo de 1966 lo trasladaron  a La Cabaña.
Ese fue el precio para librarse del trabajo forzado.
En el libro Crónicas del Bloque 19 escrito entre otros presos por Israel Abreu él precisa: “...dividieron a los miles de presos políticos que allí nos encontrábamos en bloques y brigadas de trabajo. A mí me ubicaron en un bloque de trabajo -el 19- compuesto totalmente por los jóvenes que antes de caer presos habían estado estudiando en diferentes niveles educacionales”.
 Los cronistas que compilaron las crónicas del Bloque 19 consideran que para   ese grupo de presos que mantenía un gran nivel de conciencia era más fácil ponerse de acuerdo para resistir al trabajo forzado.
CRONICAS DEL BLOQUE 19 (1)
Al inicio los llevaron a trabajar a las canteras de piedra de Isla de Pinos donde fueron sometidos a todo tipo de atropellos para hacerlos trabajar. Sin embargo, no lograron eliminar la  resistencia al trabajo forzado.
Una de las formas de oponerse fue a trabajar “al paso de jicotea” que consistió en hacer las labores con la mayor lentitud posible en las canteras. Los carceleros y encargados de velar los golpeaban, sin embargo ellos mantenían el ritmo lento.
 “Regresamos cada tarde a las celdas   con los cuerpos magullados y ensangrentados… La rebeldía llegó a tal punto que a los pocos días de estar trabajando el gobierno decidió no sacarnos más a las canteras hasta elaborar alguna estrategia que lograra doblegar nuestra rebeldía”, escribió el propio Abreu .
A los cinco o seis meses de aquella inactividad, empezó a correr un rumor de que  pondrían al frente del Bloque 19 a un Teniente apodado "Girón" y al Cabo Carbonell, más conocido como "Campeón" por lo fuerte que pegaba. El Teniente Girón venía precedido de gran "fama" y según sus propios comentarios, los haría trabajar por las buenas o por las malas. 
Los jóvenes se dieron cuenta desde la primera salida  que el Teniente Girón era un asesino profesional y que estaba dispuesto a llevar las cosas hasta las últimas consecuencias.
Lo primero que hizo fue cambiar el tipo de trabajo. En vez de llevarlos nuevamente a las canteras, los llevaron a arrancar hierba a los potreros, donde podrían aplicar todo tipo de tácticas sicológicas y brutales para hacerlos trabajar. 
Relató Abreu que los pusieron a trabajar en una larga fila horizontal para que el avance fuera al mismo tiempo, mientras que Girón y el Cabo Campeón recorrían la hilera de presos encorvados dándonos planazos por las espaldas y pinchando sus cuerpos con sus largas bayonetas.
Al ver que ni con esto los  hacían correr mientras arrancaban la hierba, el Teniente Girón cargó en sus brazos una ametralladora calibre 30.
“Lanzando gritos como un loco, recorría aquel potrero dándonos golpes y amenazando  con ametrallar. Aunque el Bloque 19 estaba aterrorizado, a nadie le pasó por la mente acogerse al plan de rehabilitación”. Todas las noches regresábamos al edificio sumamente golpeados y nos acostábamos pensando en la paliza del próximo día,  precisó Abreu en sus crónicas. 
Una de las anécdotas más fuertes en la que estuvo implicado su gran amigo de todos los tiempos Ricardo Vázquez ocurrió una mañana del 2 de noviembre de 1965, mientras esperaban en fila para empezar a arrancar la hierba con picos y palas.
“Vimos cómo el Cabo Campeón se le abalanzaba encima a uno de los estudiantes más jóvenes, más débiles, con un palo en la mano y lo golpeaba salvajemente”, relató. 
Ya para entonces,  a los esbirros no les importaba si trabajaban o no. Era claro que solo querían someterlos por la fuerza al “plan de reeducación”.
“ Yo no pude aguantar más tanto abuso y me acordé de aquel pensamiento de nuestro apóstol José Martí, que decía que "valía más morir de pie que vivir de rodillas. Me salí de la fila, clavé el pico en la tierra y le dije al Teniente Girón que yo no trabajaba más. Girón asombrado desenfundó su bayoneta para golpearme, pero en esos momentos vio que otro estudiante, Ricardo Vázquez Pérez, hacía lo mismo que yo, por lo que cambió su airado rostro por una expresión cínica y nos dijo que nos sentáramos a descansar para que luego siguiéramos trabajando. Se llevó al Bloque lejos, y al poco rato vino y se sentó junto a nosotros, tratando de convencernos para que volviéramos a trabajar.  Le dijimos que como que ellos nos golpeaban aunque trabajáramos, preferíamos que nos golpearan sin trabajar. Al ver que no nos pudo convencer, envió al Cabo Campeón a la Dirección del Penal para que le orientaran sobre lo que debía hacer con nosotros. Las instrucciones no se hicieron esperar”.
“Al cabo de una hora, llegaron al potrero varios "jeeps" cargados de guardias, que se parquearon a unos 100 metros de donde nos encontrábamos. El Teniente Girón le quitó el afilado estilete a uno de los fusiles Lenin y lo tomó en la mano izquierda, mientras que en la derecha empuñaba su larga bayoneta. Campeón, mientras tanto, cortó un palo de una mata de guayaba y se aproximó amenazador ante  Ricardo”.
“Nos dijeron que corriéramos hacia los jeeps pero al ver que seguíamos caminando empezaron a golpearnos sin compasión. Girón hundía el estilete en mis muslos una y otra vez al mismo tiempo que me golpeaba en la espalda con el plan de la bayoneta que esgrimía en la mano derecha. Yo sentía la punta del estilete cortando mis carnes, y los planazos cayendo sobre mi espalda pero no podíamos correr porque lo que ellos querían era que corriéramos para mostrar ante nuestros compañeros que teníamos miedo. Aún bajo la tremenda golpiza que me estaban propinando tenía ánimo para mirar hacia donde estaba Ricardo a quien golpeaban tan salvajemente como a mí con aquel largo y flexible guayabo que se curvaba en sus espaldas, levantando tremendos verdugones.
Al llegar al hospital, nos bajaron y nos hicieron caminar hacia la entrada sin importarles lo débiles que estábamos. Pero para asombro de todos yo me negué a dejarme curar alegando que ellos lo que querían era curarme para sacarme de nuevo a trabajar. Según me dijeron posteriormente, yo tenía más de 80 piquetes en las nalgas y los muslos. Las heridas que necesitaron puntos fueron más de 10. Después de la operación, me ingresaron en una de las salas del hospital donde me encontré con Ricardo. Este tenía la espalda inflamada por tantos golpes recibidos.
A la hora de la comida nos negamos a ingerir alimento. Al preguntar  por qué no comíamos les respondimos que ellos querían que comiéramos para seguir dando golpeándonos y que volveríamos a comer hasta que nos sacaran del área de trabajo forzado. 
Después de cinco días sin ingerir alimento alguno nos trasladaron para el edificio con los demás compañeros para ver si ellos nos convencían de que comiéramos. Pero al continuar en nuestra postura de no comer nos trasladaron nuevamente para el hospital para amarrarnos y alimentarnos por la fuerza. Así, entre el hospital y el edificio donde estaban recluidos el resto de los estudiantes, transcurrieron entre 40 y 50 días hasta que, una mañana, subieron Girón y varios guardias más al tercer piso donde nos tenían acostados en sendos camastros. En forma amenazadora Girón se acercó hasta donde yo yacía y dando un planazo en uno de mis brazos me ordenó que me levantara porque "hoy vas a trabajar de todos modos", me dijo.
“Me tomaron entre varios guardias y me pusieron de pie en el trayecto que conducía a la puerta de salida donde miles de presos se arremolinaban montando en los camiones que los llevarían a los campos de trabajo forzado. Tambaleándome caminé hacia dicha salida y al llegar a donde estaba el camión que conduciría al Bloque 19 compuesto, como ya dije, de estudiantes, me negué a subir. El Teniente Girón les ordenó a dos estudiantes, a Arturo Moradiellos y al Chino Menéndez, que me subieran al camión, pero estos se negaron alegando que respetaban mi determinación a no trabajar. Con sus machetes y bayonetas los golpearon cruelmente, pero ellos resistieron. Finalmente tuvieron que subirme los propios guardias y depositarme acostado en la cama del camión. Al llegar al potrero detuvieron al camión y mandaron a bajar a los estudiantes, mientras que a mí me bajaron los propios guardias y me depositaron sobre la hierba húmeda. 
Al resto de los reclusos se los llevaron para dar inicio a la jornada de trabajo. Aunque yo permanecía con los ojos cerrados, me di cuenta que el Cabo Campeón y algunos soldados más se encontraban parados junto a mí. De inmediato sentí una patada en el costado derecho mientras una voz tronaba a mis oídos diciéndome. "Arriba, levántate que vas a trabajar". Al no responder afirmativamente, el Cabo me viró boca abajo mientras me bajaba los pantalones. Sentí entonces que colocaba la punta de la bayoneta en una de mis nalgas la que penetraba lentamente en mis carnes desnudas. Esto lo acompañaba con la frase de "Arriba, bravo, párate que vas a trabajar". Como que yo continuaba inmutable, con los ojos cerrados, empujó la punta de la bayoneta hasta que ésta chocó con el hueso de la cadera y un dolor sin precedentes laceró mis carnes. Noté que Campeón sacaba la bayoneta de mis carnes, y un profundo silencio siguió a su gesto. Yo estaba dispuesto a soportar aquello hasta las últimas consecuencias, pues presentía que ésa era la última prueba por la que tendría que pasar.
Estando en estas cavilaciones sentí nuevamente la punta de la bayoneta penetrando por la misma herida que me habían hecho mientras que la gruesa voz de Campeón tronaba: "¡Arriba, bravo, que vas a trabajar!". Y eso fue lo último que oí, pues cuando la punta de la bayoneta chocó nuevamente con el hueso de mi cadera el Cabo Campeón, con la insensibilidad propia de un criminal profesional, le dio vuelta a la bayoneta dentro de la herida, perdiendo prácticamente el conocimiento. Cuando recuperé la conciencia me encontraba en una cama de la enfermería del penal después de haberme dado varios puntos en aquella enorme herida producida por la bayoneta de Campeón.
Después de esa cruel prueba me subieron nuevamente al camión y se dirigieron al edificio de donde me habían sacado, pero no para dejarme allí sino para recoger al otro recluso y gran amigo mío que plantó conmigo, Ricardo Vázquez Pérez, quien no tuvo que pasar por esta última prueba debido a su mal estado de salud.
De ahí nos condujeron a los pabellones de castigo donde había una docena más de reclusos que habían "plantado" al trabajo forzado, entre ellos los periodistas Alfredo Izaquirre Rivas y el Dr. Emilio Adolfo Rivero Caro, los primeros que se negaron a trabajar. Este era el requisito principal que habíamos puesto para volver a comer. Que nos sacaran del área de trabajo forzado, no importaba para dónde. 
En los pabellones, o calabozos de castigo de Isla de Pinos nos tuvieron varios meses sin recibir visitas y sin ver la luz del sol, hasta que un día nos mandaron a recoger las pocas pertenencias que teníamos y nos trasladaron para La Cabaña, prisión de terrible recordación, ya que en sus fosos habían sido fusilados cientos de cubanos por el único delito de querer libertad y democracia para nuestra patria. 
Nuestra estancia en la Cabaña no fue tampoco un lecho de rosas. Muchos jirones más de nuestra historia quedaron enredados en sus barrotes y húmedas paredes”, concluyó Abreu.
En testimonios que dio el expreso político a personas interesadas en rescatar la memoria de aquellos años, relató que estuvo en La Cabaña   con alrededor de 165 reclusos, unos por negarse a trabajar, otros por  ser líderes y el resto por “conflictivos”, no fue menos difícil. En ese lugar también sufrió golpizas y varias huelgas de hambre entre ellas una que duró 35 días.
A mediados del  siguiente año de estar allí el Ministerio del Interior quiso obligar a los presos políticos a vestir el uniforme azul de los comunes y muchos se negaron, entre ellos Abreu. A los que no quisieron aceptar el cambio de uniforme, semidesnudos, los sometieron a una larga odisea por distintas cárceles y calabozos. Les propinaron golpizas a muchos de ellos y no faltaron las  huelgas de hambre y de sed incluidas. Un año  después les fueron devueltos los uniformes amarillo de presos político.
Francisco Javier Denis otro de los integrantes del Movimiento 30 de Noviembre también estuvo haciendo huelgas de hambres por igual exigencia pero en la cárcel Kilo 5 y Medio de Pinar del Río.
A finales del año 1969, fue trasladado conjuntamente con centenares de reclusos más al Campo de Concentración conocido por Las Alambradas en Manacas, Las Villas donde tendría que terminar su condena de 12 años, sin embargo cuando llegó la fecha establecida lejos de ponerlo en libertad, como correspondía, lo “recondenaron” a 2 años más de prisión. Cumplió en total 14 años. 
Cuando lo liberaron el 9 de marzo de 1975 fue a residir en Santa Clara donde vivía la familia. Allí estuvo cuatro años trabajando en una oficina de construcción ubicada en los alrededores de esa ciudad hasta que salió  a los Estados Unidos vía España.
Se estableció en New Jersey hasta su muerte a finales de 2018.
Siempre Cuba en sus actos y palabras 
En el  exilio Abreu dejó una marca muy distintiva de cómo el hombre aún desterrado puede hacer  por la democracia y la libertad de su país. De 1981 a 1983 fue presidente de la Unión de Expresos Políticos Cubanos, Zona Noreste. De 1983 a 1985 fue presidente fundador de la Federación Mundial de Expresos Políticos Cubanos. Por esa época también fundó tres organizaciones internacionales para luchar por la democracia con los polacos, afganos y nicaragüenses.
11850597_923827047655269_7745225293379266839_oDurante los años 1983 al 1985 cursó estudios de Ciencias Políticas en Mercy College, NY y en la Universidad de Jersey City, NJ. Y trabajó en el Departamento de Contabilidad del Racquet and Tennis Club, en New York, de 1983 al 2003 cuando se retiró.
De 1993 al 2005 fue Secretario General del Movimiento Revolucionario 30 de Noviembre “Frank País” y organizó y participó en varias protestas cívicas de gran impacto para llamar la atención pública acerca de lo que sucede en Cuba. Entre ellas, los encadenamientos en lo alto de la Estatua de la Libertad en 1988 y en lo alto del Monumento a George Washington en 1989. Además, están los encadenamientos en la puerta del Consulado de México en NY en 1993 y el de la entrada de la Misión Cubana en NY en 1994.  
Formó parte de las protestas de impacto con bloqueo a la entrada del Lincoln Tunnel y frente al centro financiero de Wall Street, ambas en 1995. Esto sin contar gestiones ante políticos en Washington y frente a la ONU y denuncias ante gobiernos y organismos internacionales.
Abreu protestó también en el 1988 encadenándose en la cerca frente a la entrada de la ONU con la boca tapada simbolizando que el pueblo de Cuba no puede moverse ni criticar. Con el mismo propósito de promover la democracia en Cuba viajó por varios países, invitado por la Fundación Nacional para la Democracia, con sede en Washington, DC. Además, dictó conferencias en las universidades de Montclair, Rutgers, Jersey City State, Miami, Princeton y Ohio.
En el año 2015 asistió al Primer Encuentro Nacional Cubano efectuado en Puerto Rico en el que asistieron más de 30 organizaciones opositoras dentro de Cuba y otras tantas del exilio. En agosto del año siguiente, 2016, asistió al Segundo Encuentro en el mismo lugar, que tuvo como resultado la creación de una coalición unitaria llamada “Congreso del Encuentro Nacional Cubano de Puerto Rico” compuesto por organizaciones opositoras de dentro y fuera de Cuba. Fue director Ejecutivo del Comité de Ayuda a los Activistas de Derechos Humanos;  Director de la Sección Cuba del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, Delegación New Jersey/New York y Vicepresidente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio. Además, es Asesor de la Federación Mundial de Expresos Políticos Cubanos; de la Unión de Expresos Políticos Cubanos, Zona Noreste y del Movimiento Revolucionario 30 de Noviembre “Frank País”.
Al fallecer el 20 de octubre de 2018, Abreu completó un ciclo de 66 años de lucha ininterrumpida por la libertad y la democracia en Cuba.

Tomado de la sección "Tiempo de contar" del sitio Frontera Transparente.
https://lafronteratransparente.com/

Thursday, September 5, 2019

Biografía del diplomático cubano Guillermo Belt sale a la luz en Miami*


Guillermo Belt Sr.
“Un instrumento de paz". Así ha resumido el escritor cubanoamericano Daniel Pedreira la vida del diplomático cubano de la era republicana, Guillermo Belt Ramírez, en el libro que presentará el lunes próximo en Miami.

Se trata de An Instrument of Peace: The Full-Circled Life of Ambassador Guillermo Belt Ramírez (Editorial Lexington Books, 2019), en el que Pedreira hurga en la trayectoria de Belt desde su puesto en el gobierno de Carlos Manuel de Céspedes (hijo) en 1933 hasta sus incursiones en la diplomacia cubana de la república.

En entrevista con Radio Televisión MartíPedreira habló sobre su investigación de la obra de Belt, que fue alcalde de La Habana, diplomático en Moscú y Washington, y al subir Fidel Castro al poder en 1959 se quedó a vivir en la capital estadounidense.

“Fue embajador de Cuba ante las Naciones Unidas. Cuando se creó la organización fue el que firmó la Carta de Naciones Unidas a nombre de Cuba”, resalta Pedreira.

Belt Ramírez (La Habana 1903-EEUU 1989) sirvió a los gobiernos de Carlos Mendieta y Ramón Grau San Martín. Bajo su mandato como alcalde de La Habana iniciado en 1935 se construyó el Hospital Infantil, restauró la Plaza de Armas y las calles de La Habana tomaron sus antiguos nombres, reseña Ángel Fuentes para el portal Nuevo Orden.

Aunque esta edición es en inglés, de las palabras de contraportada se extrae la siguiente valoración: “El éxito de Belt en las esferas diplomática y política se encontró con el dolor y las dificultades del exilio. Gracias a su fe, el amor de su familia y un inquebrantable sentido del patriotismo, Belt perseveró, manteniendo su pasión por los valores e ideales democráticos de Cuba hasta su fallecimiento”.

Pedreira se ha enfocado en la historia política cubana y asegura: “quise saber un poco más sobre su obra, y mientras más encontré, más me pareció una figura insigne de la diplomacia cubana de esa época”.

Guillermo Belt saludando a Truman
En la actualidad Pedreira estudia un doctorado en Ciencias Políticas por la Universidad Internacional de la Florida (FIU) en Miami; tiene una maestría en Operaciones de Paz por la George Mason University (Virginia) y es autor de El último constituyente: El desarrollo político de Emilio “Millo” Ochoa (2013).

A la obra de Belt se suma su colaboración junto a diplomáticos latinoamericanos para la fundación de la OEA en 1948 y su aporte a la delegación cubana que laboró (y firmó) la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

“¿Cómo ayuda la historia diplomática de Cuba a explicar las relaciones actuales entre Estados Unidos y Cuba dentro de un contexto político e histórico más amplio como lo refleja la vida del Embajador Belt?”, indagó Daniel Pedreira y aquí está el resultado.

An Instrument of Peace: The Full-Circled Life of Ambassador Guillermo Belt Ramírez será presentado el lunes 9 de septiembre en la librería Books&Books de Coral Gables a las 6:30 pm.

*Noticia aparecida en Radio Televisión Martí

Wednesday, September 4, 2019

Petición sobre la libertad en las aulas universitarias cubanas

Carta al Gobierno de la República de Cuba, por estudiantes y profesores universitarios cubanos
En días pasados el sitio oficial del Ministerio de Educación Superior y Cubadebate publicaron el texto “Ser profesor universitario” de la viceministra primera de esa institución Martha Mesa Valenciano. En el mismo, su autora concluía “El que no se sienta activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas, debe renunciar a ser profesor universitario.”
A pesar del inédito alud de críticas que ha generado dicho texto en una parte importante de la sociedad cubana, incluidos profesores y estudiantes universitarios, el Gobierno cubano no ha presentado hasta ahora ninguna comunicación que lo distancie de este pronunciamiento que hace abierta apología a la discriminación.
Ante tal silencio, estudiantes, profesores y ciudadanos manifestamos nuestro rechazo a que el derecho universal a la educación, al trabajo y la protección contra toda forma de discriminación consagradas en la Constitución cubana, se continúen violando en las universidades del país con cada persona expulsada de las mismas por razones políticas.
Las palabras de la viceministra vulneran la recién aprobada Carta Magna. También desconocen los artículos 18 y 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI y otros tratados y convenios en el ámbito educativo que reconocen la libertad académica y la autonomía universitaria como condiciones indispensables para una universidad de calidad, plural, comprometida socialmente, democrática e inclusiva.
Ante el aumento de medidas discriminatorias y punitivas hacia profesores y estudiantes por motivos políticos que se ha vivido en los últimos años en las universidades cubanas, y la posibilidad de que un documento empobrecedor éticamente pueda servir de base para institucionalizar la comisión de actos lesivos a derechos humanos, reclamamos al gobierno cubano el cumplimiento de la legalidad de nuestro país, los protocolos y pactos internacionales de los que es parte y que honre sin distinciones, ni condicionamientos, los principios humanistas en los que debe fundarse la educación superior.

Quien desee firmar puede hacerlo en este sitio.

Emilia Casanova, la reina del Hudson*

Por Enrisco
En una época en que las mujeres le pedían permiso al marido hasta para sacar a pasear el perro hubo una en Nueva York que llenaba barcos de hombres y armas y los mandaba a la guerra. A liberar a su país, Cuba, del dominio español. Se llamaba Emilia Casanova de Villaverde. Mujer de armas tomar, literalmente, y enviarlas con una bandera bordada por ella misma de propina. Una bandera cubana, porque en Nueva York Emilia era Cuba.
El Villaverde le venía de su esposo Cirilo, famoso escritor cubano. El Casanova le venía de su padre, Inocencio, natural de Canarias convertido en uno de los empresarios más ricos de Cuba. El ímpetu con que acometía todo le venía de nacimiento, ocurrido en Cárdenas, el 18 de enero de 1832. Lo de Emilia era meterse en el monte y montar a caballo. Nada la emocionó más en su juventud que la imagen del general Narciso López, desembarcado en su ciudad con una bandera acabada de estrenar. Tanta fue su emoción que estuvo despotricando del dominio español hasta que su familia decidió emigrar a Estados Unidos antes que terminaran presos o peor: como el pobre Narciso López (ver “El general y la tuerca”).
Nada ilusionaba más a Emilia que fundar un país donde ondeara libremente esa bandera. Conoció a Cirilo Villaverde en 1855 en Filadelfia. Saber que estuvo presente cuando el general López inventó la bandera que ella vio ondear en Cárdenas debió ser fulminante. Habrá descubierto en él a su alma gemela, por mucho que el cuerpo del escritor hubiese nacido veinte años antes que el suyo. Se casaron y tuvieron dos hijos Narciso (como el general ejecutado) y Enrique. Y una hija, Emilia, que murió a los seis años, en diciembre de 1867.

Diez meses más tarde, el 10 de octubre 1868, un grupo de patriotas se levantó en Cuba contra el dominio español. Emilia emplearía todas sus energías en apoyar a los rebeldes. El 6 de febrero de 1869 fundó la Liga de las Hijas de Cuba, sociedad creada para organizar a las mujeres del exilio y reunir fondos para auxiliar a los independentistas. En serio. Un historiador norteamericano comenta que la impresionante mansión del padre de Emilia, en el Bronx, conocida como Castello Casanova “se había convertido en un escondite secreto para las armas cubanas que serían usadas en la revolución y la tradición local habla de barcos misteriosos que se aventuraban cautelosamente en las noches sin luna por las aguas del canal”.
Tal relevancia alcanzó Emilia que aparecía en las caricaturas españolas con más frecuencia que cualquier otro exiliado: lo mismo la dibujaban cosiendo frenéticamente banderas cubanas que mangoneando a su esposo Cirilo. O si no, insinuaban que este le era infiel. Lo que nunca pudieron poner en duda fue la fidelidad de ella a la causa independentista. Y como no le podían hacer daño con las caricaturas probaron con apresar al padre. Pero nada conseguía detener a Emilia: lo mismo se reunía con el presidente Ulysses Grant para que intercediera por Inocencio que se presentaba ante el Congreso norteamericano para que reconociera a la República en Armas cubana.
Desde su exilio neoyorquino Emilia vería el fracaso de la primera Guerra de independencia de Cuba en 1878, la muerte de su esposo Cirilo en 1894 y, un año más tarde, el inicio de la última y definitiva guerra de independencia. Pero no vería su final pues Emilia moriría el 4 de marzo de 1897. Un año más y habría visto su adorada bandera ondear en el Morro. Acompañada de la gringa, eso sí. Porque la alegría nunca llega sola: siempre viene acompañada de la etiqueta con el precio.

*Publicado originalmente en Nuestra Voz.

Tuesday, September 3, 2019

MENSAJE ELECTRÓNICO A LA CONSULTA DE UN AMIGO


Por Eduardo Lolo 
Estimado amigo Alexei:

Es un placer saber de ti. Espero que tú y los tuyos estén bien de salud. Muy interesante el artículo cuyo enlace me envías en tu más reciente Email y del cual solicitas mi opinión. Una rápida lectura del mismo me basta para percatarme que está lleno tanto de verdades como de escamoteos y datos que no pueden confirmarse. Interpreto que su objetivo es reducir la importancia del independentismo decimonónico en Cuba y empequeñecer la historia cubana de la época a una simple dicotomía de dos polos únicos, suprimiendo el resto del espectro político criollo de entonces. Es cierto que hubo cubanos integristas hasta el último momento de la etapa colonial; muchos de ellos honestos en sus convicciones; otros, verdaderos bandoleros que utilizaron su militancia en el Cuerpo de Voluntarios para seguir haciendo sus desmanes impunemente. 
Los cubanos que apoyaron activamente la independencia de Cuba entre 1895 y 1898 formaban, en realidad, una minoría de la población. Pero no todos los que se mantuvieron contrarios o al margen de la gesta independentista formaban parte del movimiento integrista dominado por el Partido de Unión Constitucional. Había otras tres preferencias o actitudes históricas entre los cubanos del período: los anexionistas, los autonomistas, y los indiferentes. Estos últimos, aunque no tengo dato alguno que confirme mi conjetura, creo que constituían el conjunto mayoritario, formado por personas que no confiaban en los otros grupos en pugna o que preferían, por diversas razones (miedo, instinto de conservación, responsabilidades filiares, económicas, etc.), mantenerse fuera del ruedo de la historia. Sumados los tres (anexionistas, autonomistas e indiferentes), considero que superaban en número a integristas e independentistas. 
No tengo estadística alguna que corrobore lo anterior pero un vistazo a la Cuba actual pudiera servir de punto de inferencia histórica, pues se trata del mismo país. En la Cuba de hoy los herederos del independentismo decimonónico (disidentes, opositores, periodistas independientes, etc.) forman una minoría tan ignorada por el resto de la población como los mambises del 95. Y yo diría que hasta más heroica, pues enfrentan a mano limpia, ante la pasiva mirada de los indiferentes actuales, al símil moderno (en su versión dramáticamente corregida y trágicamente aumentada) del colonialismo español: el totalitarismo castrista y su séquito. Las Brigadas de Acción Rápida son la versión fidelista de lo peor de los Voluntarios, como los Pueblos Cautivos fueron la copia de la Reconcentración de Weyler. Una nueva modalidad de anexionismo semeja algo así como la interpretación satírica de un pasaje de realismo mágico: si los EE.UU. no invaden Cuba, los cubanos “invaden” los EE.UU.; nada, que si no vienen, yo voy, en paródica versión de la anécdota de Mahoma y la montaña. 
Todo lo anterior conduce a la más desvalida desesperanza como única visión de la Cuba del presente. Entre indiferentes, castristas y “anexionistas”, los nuevos mambises no tienen posibilidad alguna de triunfo más allá de la honrosa satisfacción del deber cumplido. Para quienes los reprimen o voltean la cara, no son más que románticos suicidas políticos. El contraste es bien simple: para castristas, indiferentes o neo-anexionistas no importan los medios con tal de llegar al fin; para los descendientes históricos de los mambises, el medio es tan o más importante que el fin; el decoro histórico como alabarda. De lo que puede colegirse que a España debemos mucho más que la rica lengua que heredamos y los miles de peninsulares que siguieron llegando a la Isla en tiempos de la república para enriquecerla con su sudor (entre ellos mi abuelo Baldomero Lolo). En efecto, tan importante como el idioma y el trabajo honrado de los nuevos inmigrantes iberos llegados a Cuba entre 1902 y 1959, recibimos el espíritu quijotesco que hemos logrado sobreviva, indoblegable, durante tantas décadas de escarnio dictatorial. Desde ese punto de vista, nuestra maltrecha patria sigue siendo “la siempre fiel Isla de Cuba”: semper fidelis a lo mejor y más genuino de España, que lo negativo del codicilo recibido (y cultivado con perverso esmero por malos cubanos) no ha podido (ni podrá nunca) vencer. Saludos, por Cuba siempre, de 
Eduardo Lolo 
Nueva York, 2 de septiembre de 2019