Friday, March 29, 2024

INTRODUCCIÓN A LA HISTORIOGRAFÍA CUBANA DEL EXILIO (1959-2023)

Por Eduardo Lolo

Nostalgia. Todo emigrante es secuestrado por la nostalgia, y no hay rescate alguno que pueda liberarlo. No importan las razones que le obligaron a emigrar: huir del hambre hereditaria, o del terror de dictaduras de izquierda o de derecha, o de la opresión de democracias de atrezo porque la colonia siguió viviendo en la república (como constatara Martí y tratara, inútilmente, de que no sucediera lo mismo en su Cuba), o del caos de estados fallidos, donde la delincuencia es el único poder real y efectivo, con su espanto omnipresente; escenarios usualmente mezclados en ominosas combinaciones. Todas esas razones quedan eclipsadas por el recuerdo de todo lo sucedido para que el emigrado fuera quien terminara ser: el jolgorio familiar en tiempos de fiesta, el olor de la tierra vestida de lluvias sorpresivas, el sonido musical de los granizos en el techo de zinc, tejas o paja, o el beso subrepticio sellando amores adolescentes que debieron ser eternos. No importa cuán alto ascienda el expatriado, o cuán bajo descienda. Otras fiestas, otras lluvias, otros besos nunca alcanzarán la importancia de los cosechados en el terruño natal. Lo mismo en una suite de un hotel de lujo, que en una celda revestida de fechas desesperanzadas, siempre vivirá atrapado en una burbuja de nostalgias, donde las pocas estrellas del mundo carcelario se filtran clandestinas entre barrotes, y los días no tienen otro límite que la raya grabada con la uña en una pared encarcelada. Porque toda persona fuera de su Patria puede estar aquí y seguir siendo allá.

Cómo lleva el desterrado el fardo de nostalgias a manera de impedimenta del alma depende de la edad y las razones por las cuales dejara atrás sus raíces. En la mayoría de los casos el emigrante hace realidad los sueños que les fueran vedados en su tierra original; pudiera decirse que nace de nuevo. Cierto que con los dolores y sentimientos encontrados asociados a todo parto; pero con el final feliz de una nueva vida arropada de la vida vieja, las que terminan fusionadas. De todo lo anterior se colige (y que me excuse Ortega y Gasset) que yo soy quien fui y quien soy, simultáneamente, uno convertido en parte de las circunstancias del otro, en posición siempre variable según el ángulo óptico que se utilice para observar el binomio histórico resultante, el cual hasta podría convertirse en trinomio mediante la añadidura –vía predestinación– de quién seré, presentes e imbricados los tres yoes y sus respectivas circunstancias en un tiempo fluyente en direcciones varias, emancipado de toda atadura cronológica.

En algunos expatriados la nostalgia deriva en espejismo, sublimando lo que fue y, consecuentemente, asordinando las razones de su desgajo. Porque es el caso que para ningún desterrado todo tiempo pasado fue mejor, pues entonces no habría tenido necesidad de partir. Pero en otros, especialmente los expatriados a la fuerza y exiliados por razones políticas, la nostalgia se convierte en registro histórico que deviene en denuncia. Sin desechar las trincheras de piedras, se parapetan en trincheras de ideas, desde donde no se cansan de disparar verdades.

Tal es el caso de Cuba. A partir de 1959 se dio un fenómeno inesperado: el país, tierra de inmigrantes ya desde tiempos coloniales (y mucho más aún en el breve período republicano de 1902 a 1958, a pesar de sus períodos funestos), se convirtió en un país de emigrantes, desperdigados (sembrados) por múltiples países, aunque mayoritariamente en los Estados Unidos. Las primeras oleadas de exiliados estuvieron formadas, en sentido general, por campesinos, empresarios y escritores o periodistas, todos con el fardo de la nostalgia sobre los hombros. Los primeros trataron de conjugarla con sus éxitos económicos alcanzados a mediano y largo plazo; los últimos, pluma en ristre.

Entre los primeros intelectuales llegados al exilio algunos ya se habían dedicado exitosamente a la historiografía en la Isla. Cabe mencionar, entre otros, a los biógrafos de Martí Jorge Mañach, Carlos Márquez Sterling y Alberto Baeza Flores (chileno ‘nacionalizado’ cubano almáticamente), así como Emeterio Santovenia, Herminio Portell Vilá, Rafael Estenger, Juan J. Remos Rubio, Levi Marrero y los laureados Octavio R. Costa, y Rosario Rexach[1]. La mayoría de ellos siguieron escribiendo y publicando fuera de Cuba importantes obras históricas. Posiblemente haya sido Manuel Moreno Fraginals, entre los autores ya famosos en Cuba como historiadores, el último en escapar del totalitarismo. Una vez libre, escribió y publicó en el destierro su segundo libro más importante, el cual confeccionó, “según sus propias palabras, porque el exilio le permitió dar a luz aquella obra. Por primera vez en años pudo reflexionar, divagar y conjeturar sobre la historia nacional sin el temor de la censura”[2]. Otros escritores cubanos, llegados en fechas diversas y conocidos desde antes en Cuba (e internacionalmente) por sus éxitos en otros géneros, comenzaron a cultivar la historiografía como antídoto contra la nostalgia. Entre ellos son de señalar a Guillermo Cabrera Infante y Reinaldo Arenas.

Los arribados al exilio en las primeras décadas se dieron a la tarea de crear con sus obras el registro histórico de los probados alcances de la república en el campo económico, social y cultural, lo que hizo que las mismas se convirtieran (puede que sin haber sido, inicialmente, un objetivo premeditado) en denuncia de la dictadura que revirtió dramáticamente todos esos triunfos logrados por el joven país en poco más de medio siglo. Cierto que dichas conquistas no abarcaron el campo político, razón por la cual la república martiana “con todos y para el bien de todos” terminó en quimera engullida en un banquete de tiranos y tiranozuelos, hasta degenerar en la longeva pesadilla real del totalitarismo, con más de dos millones de exiliados hasta la fecha a pesar de las trabas para salir del país (más del 20% de la población), miles de presos políticos, cientos de patriotas asesinados, y varias generaciones amputadas de futuro.

Dicha denuncia se convirtió en objetivo primario de la historiografía cubana del exilio en los decenios siguientes y se mantiene como tal hasta hoy en día. Sus autores se han concentrado, fundamentalmente, en dos campos diferentes aunque interrelacionados: conjurar la falsificación de toda la historia de Cuba por la historiografía castrista, y dejar constancia de la vida bajo la dictadura totalitaria, cuyos horrores la “nomenklatura” siempre ha querido ocultar. A ello hay que añadir el intento de dejar constancia de los avatares del Exilio, enriquecido por décadas y olas libertarias de varias descendencias. Entre los autores en este grupo de generaciones diversas se encuentran Néstor Carbonell Cortina, Enrique Ros, José Sánchez Boudy, Jaime Suchlicki, Alberto Gutiérrez de la Solana, Julio Estorino, Teresa Fernández Soneira, Alberto Sánchez de Bustamante y Parajón, Rafael E. Saumell, Manuel Gayol Mecías, Gustavo Pérez-Firmat, Uva de Aragón, Alfonso García Osuna, Enrique Del Risco, J.A. Albertini, Jorge Castellanos, Roberto Soto Santana, Marcos Antonio Ramos, Hortensia Ruiz del Vizo, Guillermo A. Belt, Alejandro González Acosta, Enrico Mario Santí y un largo etcétera. En el campo de la historia de la música son de destacar Aurelio de la Vega (también un famoso compositor de música culta moderna) y Antonio Gómez Sotolongo, músico de carrera. Una mención en especial merecen Sam Verdeja y Guillermo Martínez por su voluminosa obra Cubans: An Epic Journey. The Struggle of Exiles for Truth and Freedom –el más completo registro del Exilio compilado hasta la fecha– así como Armando Valladares, autor de Contra toda esperanza, el libro más traducido y publicado de la historiografía cubana del destierro. Ambas obras constituyen lectura obligatoria para los estudiosos pre sentes y futuros que intenten interpretar a cabalidad la azarosa historia cubana.

Un tema en especial ha sido motivo de desarrollo por varios historiadores: la desmitificación del Che Guevara. Aunque está comprobado que este fue un destacado y confeso homicida que le hacía sombra a Fidel Castro y, en consecuencia, deliberadamente abandonado a su suerte para una muerte segura en las selvas bolivianas, la maquinaria propagandística gubernamental de Cuba y su extensión en las afines fuerzas de izquierdas del resto de Hispanoamérica crearon, tras su asesinato, un mito apuntalado por una foto de Korda que degeneró en una económicamente exitosa “marca” comercial. Entre los escritores cubanos que se han dedicado a dejar constancia de la verdadera historia del trágico guerrillero son de destacar Enrique Ros, Roberto Luque Escalona, Pedro Corzo y Alberto Müller. A ellos habría que adicionar, al menos, un historiador no cubano: el argentino Nicolás Márquez.

Sin embargo, posiblemente la figura histórica más estudiada por la historiografía cubana del exilio sea José Martí. Dicha priorización parte de la respuesta de los autores de la diáspora a la manipulación política de la obra martiana que comenzara en la república y se intensificara a niveles nunca antes vistos durante la añosa tiranía totalitaria. Martí, de haber sido un “ilustre desconocido” en Cuba hasta su muerte (excepto para los colonialistas españoles), comenzó a ser utilizado como bandera por el grupo de políticos republicanos (algunos de ellos héroes de las guerras independentistas) que se convirtieron en caudillos cultores de una corrupción galopante y un enfermizo egocentrismo que, combinados, dieron al traste con la república. Luego, Fidel Castro incrementaría dicha manipulación hasta mutarla en falsificación[3], “convirtiendo” al Apóstol en el Autor Intelectual del asalto al Cuartel Moncada (hecho declarado, demagógicamente, como el inicio de su revolución a pesar de no haber participado personalmente en el combate). Porque es el caso que la república de Cuba fracasó no por lo que tuvo de Fidel Castro, sino por lo que no tuvo de José Martí.

Entre los historiadores que se dedicaron a establecer en el tiempo la imagen de un Martí desmanipulado y desfalsificado, cabe destacar a Roberto D. Agramonte, Octavio R. Costa, Rosario Rexach, Humberto Piñera Llera, Pedro Roig, y, más recientemente, Ismael Sambra, Raúl Eduardo Chao, y José Raúl Vidal y Franco, entre otros. Sin embargo, de todos ellos el que más investigaciones ha realizado y más libros ha publicado sobre la vida y la obra de Martí ha sido Carlos Ripoll, quien hizo del estudio y registro del acontecer martiano un objetivo de vida. Dada la profundidad, la calidad literaria, la objetividad histórica y la vastedad de su obra, esta habrá de ser cantera imprescindible para cualquier estudio martiano futuro. Especialmente en una Cuba realmente cimentada en el ideario del Apóstol.[4]

Las memorias como variante (o complemento) de la historiografía es también registro, aunque personal. Algunos de sus cultores del exilio fueron intelectuales célebres en la Isla e internacionalmente reconocidos como Heberto Padilla y Reinaldo Arenas, a quienes se les unió recientemente Belkis Cuza Malé, ya esposa del primero en tiempos del sonado “Caso Padilla”. Otros fueron figuras asociadas inicialmente con el castrismo que terminaron sus días exiliados, como Carlos Franqui (cercano colaborador de Fidel Castro en la Sierra Maestra, luego director del periódico oficialista Revolución y, por último, devenido en disidente) y Daniel Alarcón Ramírez (conocido por el nom de guerre de “Benigno”), quien acompañó al Che Guevara en sus fracasadas aventuras guerrilleras en el Congo y Bolivia, y sobrevivió para contarlas. No pocos fueron luchadores anticastristas que luego en el destierro desarrollaron labores exitosas, como Manolo Reboso y Eduardo Zayas-Bazán. Un caso curioso es el de Jorge Besada Ramos, quien tal parece que, en realidad, lo que hizo fue escribir dos libros de Historia de Cuba (el primer tomo dedicado a la República y el segundo a la Cuba castrista) donde se intercala a sí mismo y su entorno vital. Otros nos cuentan su historia para, simplemente, compartirla, como son los casos de Hugo Consuegra y Juan Suárez, el último de los cuales subtitula sus memorias “la vida sencilla de un hombre cualquiera.” Y unos pocos las escriben en inglés, como el ya nombrado Zayas-Bazán, Paúl V. Montesinos y Federico Justiniani. Pero, en todos los casos el “yo” múltiple identificado más arriba se mezcla con sus circunstancias; saben que, como mortales al fin, se irán definitivamente, pero se proponen y atreven a dejar constancia de sus respectivos ciclos vitales en sus memorias –aunque sea una mala memoria, como titulara Padilla las suyas.

Las editoriales cubanas de la diáspora han dedicado muy importantes colecciones a la Historia de Cuba. Comenzaría el rescate de nuestras raíces la Editorial Universal bajo la batuta de Juan Manuel Salvat, el decano de los editores cubanos desterrados. Aunque la mayoría dichas casas editoras ha desarrollado su labor de reparación histórica cubana en los Estados Unidos, en España se han fundado otras empresas de importancia que nunca han dejado de lado la historiografía anticastrista. Un caso peculiar en los Estados Unidos fue la Editorial Cubana de Miami, fundada en 1984 por Luis J. Botifoll, cuyo nombre, a su deceso, fue adicionado a la de la corporación sin fines de lucro a manera de justo homenaje. Actualmente la Editorial Cubana “Luis J. Botifoll” al parecer está desaparecida o adormecida en un hiato silencioso; de ser lo último, ojalá que salga pronto de su letargo. Sus entregas de piezas clásicas (dedicadas, fundamentalmente, a la Historia de Cuba y vendidas por subscripción a precio de costo) se han caracterizado por la reproducción facsimilar de la edición príncipe de las obras seleccionadas ‒u otra lo más cercana posible a la misma‒ precedidas por un texto introductorio moderno a cargo de un reconocido especialista en estudios cubanos.[5]

Otro campo a destacar es el de la prensa periódica del Exilio; la cual, aunque en menor cuantía, tiene órganos dedicados a la historiografía cubana. Por ejemplo, la revista Herencia, editada por la organización Herencia Cultural Cubana, lleva unos 30 años publicando tres números anuales profusamente ilustrados, con trabajos tanto en inglés como en español. De más reciente aparición es el Anuario Histórico Cubanoamericano, editado desde 2017 por la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio. Otros medios, aunque no dedicados especialmente a la historiografía, consagran regularmente espacios en sus páginas a la Historia de Cuba y sus exilios. Muchos de ellos han dejado de editarse en forma impresa y han pasado a la edición digital o, simplemente, han desaparecido, mientras otros mantienen una y otra variante. Entre estos últimos cabe destacar el semanario Libre, publicado sin interrupción desde 1966 hasta la fecha por Demetrio Pérez, Jr., (hace poco fallecido) y. de más reciente factura, la revista bimestral Lux, editada por Ángel de Fana.

La narrativa histórica también ha sido cultivada por los escritores cubanos del destierro; pero, dada la lógica carga de ficción inherente al subgénero, no puede considerarse dentro del campo historiográfico.

El nuevo y acelerado mundo de la Internet es un medio donde la Historia de Cuba tiene una fuerte presencia. Desafortunadamente, el gobierno totalitario dejó a la zaga al Exilio y sin herramientas para ripostar a los contestatarios del país, ya que comenzó bien temprano a utilizarla como instrumento de propaganda no solamente en sus declarados sitios oficiales, sino también en otras publicaciones aparentemente independientes pero, en realidad, creadas por un grupo de técnicos-esbirros gubernamentales dedicados profesionalmente a llenar la red cibernética de desinformación sobre Cuba y su historia. A veces la falsificación orquestada resulta hasta ridícula, como cuando en una de tales publicaciones omitieron la era republicana y saltaron directamente de la ocupación norteamericana de 1898 a la tiranía de Batista. No obstante ello, y sin otros recursos que el amor patrio, últimamente muchos blogs y cibersitios (tanto privados como de algunas instituciones de la diáspora), junto a los llamados “influencers”, responden con dignidad a las indignas falacias castristas. En particular las nuevas generaciones de cubanos, tanto en la Isla como asentados en otros países, y sus aliados entre los jóvenes nacidos en el exterior, han hecho de una plataforma como You Tube un campo de batalla ideológica. El advenimiento de la llamada “Inteligencia Artificial” (todavía en pañales) augura una nueva estrategia en la que David tiene todas las de ganar en su lucha contra el Goliat cibernético; pues, simplemente, no existe patriotismo artificial.[6]

Sin embargo, la historiografía del exilio cubano rebasa la palabra escrita: también incluye la radio, la televisión y el cine. En el primer medio son de recalcar los programas de Reynaldo Fernández Pavón, Ramón Fernández Larrea y Eloy G. Cepero. En el segundo, la transmisión semanal desde hace años por la televisora pública de Miami WLRN-TV Canal 17 de Cuba y su Historia, así como las series de Lilo Villaplana para la TV comercial (Américatevé, de Miami), las de Luis Leonel León para Radio/TV Martí, y la de René Álvarez, titulada Orgullo Cubano (https://orgullocubano.net/), quien también tiene un exitoso programa radial devenido en televisivo denominado Café con leche, con recurrentes temas cubanos. La Academia de la Historia de Cuba en el Exilio posiblemente sea la primera Academia de Historia en abrir sus puertas a los historiadores que dan a conocer sus trabajos a través de la radio, el cine, la televisión y medios digitales, como demuestra el hecho de que los mencionados en este párrafo son todos miembros de nuestra institución, con la excepción de Fernández Pavón, quien espero lo sea pronto.

Por otra parte, el Diario Las Américas (decano de la prensa en español en el estado de la Florida), desde 1959 abrió sus páginas a los intelectuales cubanos del destierro, publicando artículos y reportajes sobre la nueva (y trágica) situación cubana de entonces que hoy en día se conservan como los primeros registros históricos publicados de los horrores del castrismo. En la actualidad dicho periódico, como parte de su conversión en una multiplataforma impresa y digital con una amplia presencia en la red cibernética, ha comenzado a producir documentales de temas históricos en una serie titulada Testamento que tiene como contenido fundamental entrevistas a personas que fueron parte de los acontecimientos que intenta historiar. Ya han aparecido Brigada 2506 (2021-2022), sobre la frustrada gesta militar de Bahía de Cochinos, y El adiós de la esperanza (2023), que tiene como tema la Operación Pedro Pan, este último seleccionado como muestra oficial del Festival de Cine de Miami de 2023. Ambos fueron dirigidos por Lieter Ledesma y producidos por Iliana Lavastida.

Un caso singular es el de Pedro Corzo, productor o director de un grupo de importantes documentales testimoniales cortos (todos bajo el sello del Instituto de la Memoria Histórica Cubana Contra el Totalitarismo) cuyos contenidos utilizó como materia prima para algunos de sus libros, dejando el registro histórico en cinta y, partiendo de lo filmado, complementándolo con la palabra impresa.

La historiografía fílmica de largometrajes creados en el Exilio merece un trabajo dedicado a ella en particular. Y ya existe, al menos, uno[7]. Yo, simplemente, voy a señalar algunos títulos icónicos. De los inicios: La Cuba del ayer (1963) de Manolo Alonso, donde se presenta una versión sublimada de la república, Cuba: satélite 13 (1963), dirigido por Manuel de la Pedrosa y producido por Eduardo Palmer, en el cual aparecen ya los desmanes iniciales de la sovietización del país, y El Super (1979) de León Ichaso y Orlando Jiménez Leal, película basada en la obra de teatro homónima de Iván Acosta, donde asoma ya una visión del cubano exiliado. Otros documentales testimoniales o filmes de ficción basados rigurosamente en hechos reales han continuado dicha variante historiográfica, aunque ya desechando la imagen edulcorada de la Cuba republicana. Cabe señalar Conducta impropia, de Orlando Jiménez Leal y Néstor Almendros; Nadie escuchaba, de Jorge Ulla y Néstor Almendros (las dos estrenadas en 1984), Amigos (1985), escrita y dirigida por Iván Acosta y, de más reciente factura, Plantados (2021), y Plantadas (2023), ambas de Lilo Villaplana, con sendas descripciones basadas en episodios comprobados del presidio político castrista. A veces la película se filma en inglés, pero con tema cubano. Ejemplifican esa variante lingüística Before the Night Falls (2000) –basada en la traducción de las memorias de Reinaldo Arenas–, dirigida por el destacado cineasta Julian Schnabel y con la actuación del actor español Javier Bardem (por cuyo trabajo personificando a Reinaldo Arenas en el filme fuera nominado al Oscar en la categoría de Mejor Actor), y The Lost City (2005), actuada y dirigida por Andy García, con guion de Guillermo Cabrera Infante.

Otros investigadores se encargan, fundamentalmente, de la recopilación de la información de los hechos históricos a manera de data, la cual ponen a disposición de los historiadores tanto del presente como del futuro. Algunos actúan individualmente, como el caso de María Werlau y su proyecto Cuban Archive. La mayoría, sin embargo, hace sus compilaciones estadísticas, o sus investigaciones y análisis historiográficos, agrupados en organizaciones tales como el Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo, Herencia Cultural Cubana, la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, o FACE (Facts About Cuban Exiles). Dichas instituciones, además de promover y propiciar el registro histórico de Cuba y sus exilios y la evaluación de los hechos indagados, se han dado a la tarea de publicar por sus propios medios los trabajos de sus asociados, tanto en la Internet como en forma impresa, así como organizar conferencias, congresos, etc.

En todos los casos la historiografía cubana del exilio, por su carácter denunciante y su implícita o subliminal intención de enmendar en la Cuba futura las deficiencias políticas de la primera república que la llevaron a su destrucción, ha hecho evolucionar internamente a muchos exiliados y desterrados cubanos para pasar de la nostalgia del ayer a la nostalgia de pasado mañana, aunque sea soñando; que es decir, añorar esperanzados, y actuar consecuentemente, por el advenimiento de una Cuba que sea, verdaderamente y para siempre, “con todos y para el bien de todos.” Según el título de la famosa obra de Calderón de la Barca “la vida es sueño”; gracias a los esfuerzos y la dedicación de los historiógrafos cubanos del exilio identificados en los ejemplos nombrados, estoy seguro de que es posible revertir la citada fórmula de Calderón y lograrse que, algún día, en Cuba el sueño sea vida.

 

[Tomado del Anuario Histórico Cubanoamericano #7 (2023): 15-27.]



[1] El primero, tan temprano como en 1948 había sido premiado por la Academia Cubana de la Historia por su biografía de Antonio Maceo; la segunda alcanzó notoriedad por la selección de una compilación de sus estudios martianos por la Comisión Cubana de la UNESCO para publicarlos en 1954 en conmemoración del Centenario del Apóstol.

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Moreno_Fraginals

[3] Véase La falsificación de Martí en Cuba, de Carlos Ripoll. 2da, edición, anotada. Nueva York: Unión de Cubanos en el Exilio, 1992; también en Martí en Cuba hoy (Nueva York: Editorial Dos Ríos, 1996). Hay una traducción al inglés de Manuel A. Tellechea publicada por la University of Pittsburgh Press en 1994. El término “falsificar”, relacionado con el tratamiento de José Martí por la historiografía castrista, parece haber sido utilizado por primera vez por Carlos Márquez Sterling en la Introducción que escribiera en el Exilio a su Biografía de Martí (Barcelona: Talleres Gráficos de Manuel Pareja, 1973.): 7.

[4] Ver Su mano franca: acerca de Carlos Ripoll. Ed. de Eduardo Lolo. Miami: Alexandria Library, 2010.

[5] Para más sobre el tema, véase el documentado trabajo de Orlando Rodríguez Sardiñas (Rossardi), “Las empresas editoriales de los cubanos en el exterior. Ediciones y catálogos.” https://cvc.cervantes.es/lengua/anuario/anuario_08/pdf/publicaciones02.pdf

[6] Ver la compilación “Presencia del Exilio en la Internet”, de Manuel Gayol Mecías. Anuario Histórico Cubanoamericano #6 (2022): 307-319.

[7] Juan-Navarro, Santiago. “El cine cubano del Exilio.” Anuario Histórico Cubanoamericano #6 (2022): 20-31.

Monday, March 25, 2024

Jorge Mañach entrevista al general Enrique Loynaz del Castillo

El escritor y profesor Jorge Mañach entrevista al general mambí Enrique Loynaz del Castillo para el programa de radio La Universidad del aire en 1950. Este blog ya publicó en entregas consecutivas un resumen de las Memorias de la guerra del propio Loynaz del Castillo redactado por Guillermo A. Belt. Sirva esta grabación como complemento e ilustración de del trabajo desarrollado por nuestro colega Belt.



Thursday, February 29, 2024

PRIMER CONGRESO DE LA MEMORIA HISTÓRICA CUBANA CONTRA EL TOTALITARISMO


El pasado 24 de febrero tuvo lugar el importante evento identificado en el titular de esta Nota organizado por nuestra institución hermana el Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo. El mismo se efectuó en la Biblioteca Pública JFK de la ciudad de Hialeah, en el estado de Florida, desde las 9:00 AM hasta las 4:00 PM. Participaron importantes estudiosos y actuantes en los hechos tratados. La organización fue impecable y permitió, tanto a los ponentes como al público en general que asistió a la actividad, conocer o recordar de primera mano los hechos históricos indagados y sus evaluaciones a través de muy profesionales ponencias.

Algunos de nuestros miembros fueron parte del Comité Organizador, tales como Pedro Corzo y Daniel Pedreira; otros fueron ponentes. El Congreso se transmitió en vivo a través de la Internet en el Canal YouTube de Wenceslao Cruz, un famoso “youtober” especializado en asuntos cubanos. Reciban los organizadores y expositores todos nuestra más cálida felicitación y nuestro agradecimiento como cubanos del destierro.

A continuación, el video de las presentaciones de los miembros de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio que formaron parte del evento.

 

 

Dr. Eduardo Lolo

https://www.youtube.com/watch?v=ZEeFRwN9E8Y     

 

Dr. Santiago Cárdenas

https://www.youtube.com/watch?v=BuJcGOf7EtE

 

Lic. Julio Estorino

https://www.youtube.com/watch?v=Vr-IxASSKQA

 

Dr. Octavio de la Suarée

https://www.youtube.com/watch?v=m_JJNfMYhkc

 

Dr. Daniel Pedreira

https://www.youtube.com/watch?v=8xsXw-maUN8

 

Sr. Pedro Corzo

https://www.youtube.com/watch?v=-45TkKqhEiw

 

Las demás ponencias pueden verse también yendo al ya identificado canal de YouTube de Wenceslao Cruz, haciendo click en el siguiente enlace:

 

Wenceslao Cruz - YouTube

 

Tuesday, February 20, 2024

Muere ex prisionero político Juan Carlos Herrera Acosta

Centro por una Cuba Libre. Washington DC, 19 de Febrero de 2024. 

El ex prisionero político Juan Carlos Herrera Acosta murió repentinamente el sábado 17 de febrero en su hogar en Syracuse, estado de Nueva York al sufrir un ataque masivo al corazón a los 57 años de edad.

Herrera Acosta cumplió su primera etapa en prisión en la década del 90 en la Prisión Provincial de Guantánamo donde enfrentó golpizas, agresión psicológica y represalias constantes por su defensa de los derechos humanos de la población penal y por denunciar los desmanes de las autoridades carcelarias. Al salir de prisión al inicio de la década del 2000, se incorporó a la oposición cívica cubana como periodista independente y activista del Movimiento Cubano de Jóvenes por la Democracia. En el 2003 fue uno de los opositores arrestados y juzgados en la primavera de ese año durante la oleada represiva conocida como la Primavera Negra de Cuba; lo condenaron a 20 años en prisión.

“La prisión nunca lo amilanó. Fue valiente y serio en su postura anticomunista y en su defensa de los derechos humanos durante la segunda prisión, desde el 2003 hasta el verano del 2010 cuando fue desterrado a España junto a otros prisioneros politicos de la llamada Causa de los 75. Durante ese período, sufrió un duro golpe al perder a su hija de 14 años en un trágico accidente de tránsito cuando la joven se dirigía a visitarlo a la prisión en un autobús. A pesar de todo el sufrimiento que supuso la prisión, la represión continua y la pérdida de su hija, jamás claudicó. Al llegar al exilio en España y luego a Estados Unidos nunca dejó de preocuparse por Cuba y denunciar las injusticias del régimen castrista. Será recordado por su frase: de pie frente al terror. Así vivió este valiente cubano”, dijo Janisset Rivero, asesora del Centro por una Cuba Libre.

De los prisioneros de la Causa de los 75 han muerto ya 15, incluyendo a Orlando Zapata Tamayo quien murió en prisión durante una huelga de hambre después que el régimen le negara el agua durante 18 días. Zapata fue amigo cercano de Herrera Acosta ya que compartieron parte de su encarcelamiento en la Prisión Provincial de Holguín. Este próximo 23 de febrero se cumplen 14 años de su muerte; un crimen que permanece impune.

“Las condiciones de hacinamiento, insalubridad, y el modelo represivo de aislamiento que se le impuso a los prisioneros de la Primavera Negra, ha contribuido a que muchos salieran de prisión con enfermedades vasculares y cardíacas. Varios de los ya fallecidos del grupo murieron por causa de estas afecciones que surgieron durante su prisión”, afirmó John Suárez, Director Ejecutivo del Centro.

El Centro por una Cuba Libre lamenta la desaparición física de Juan Carlos Herrera Acosta. Su cuerpo será expuesto el próximo 22 de febrero de 11AM a PM en la Funeraria Mathewson-Forani, ubicada el el 206 Kinne Street, East Syracuse, NY. Le sobrevive su esposa Ileana Danger Hardy.

Tuesday, February 13, 2024

LAS CANCIONES CUBANAS QUE LA FANIA NOS RECORDÓ


Por Antonio Gómez Sotolongo

En el blog DESMEMORIADOS, Historias de la Música Cubana, Rosa Marquetti ha publicado un artículo titulado: 201 canciones de Fania que no sabías que eran cubanas (ni tampoco Fania te lo dijo) el que quiero comentar aquí, porque entiendo que son varias las fintas que hace la articulista para no chutar directamente y como que de Historia de la Música se trata, vale la pena despejar en defensa de la Memoria.

Según nos dice Marquetti, «la desconexión que sufrieron los músicos de la Isla a partir de 1961 respecto a los mercados internacionales [...], creó una situación única dejando en el limbo la gestión de los derechos de los autores cubanos»; sin embargo, ateniéndome a los hechos, la ausencia de cientos de músicos cubanos y sus obras en los mercados internacionales a partir de 1961 fue causada por el expolio de todos los medios de producción, incluidos los de la música, lo que provocó la cancelación de todos y cada uno de los contratos firmados y por firmar tanto dentro como fuera de la Isla.

El daño contra la música cubana, y la cultura cubana en general, comenzó cuando Fidel Castro expolió las empresas y las industrias que intervenían en la creación de los productos de la música cubana. Expoliar de la noche a la mañana y a punta de fusil a los propietarios de los estudios de grabación, las fábricas de discos, las academias de música, los teatros, los cines, los cabarés, las emisoras de radio, las revistas, los periódicos, las agencias publicitarias, las imprentas, las tiendas de música, los canales de televisión y todas las fuentes de empleo que tuvieron los músicos en la Mayor de las Antillas, fue un verdadero genocidio cultural y fue perpetrado por Fidel Castro y todos los que le acompañaron en la larga noche de los «discos rotos».

Nos dice también Marquetti que «los ejecutivos de Fania se encontraron de pronto en un terreno fértil para la imaginación»; sin embargo, lo cierto es que se encontraron con un nicho de mercado que Castro había vaciado gracias a la imposición en Cuba de una economía (planificada) no capitalista, que había abolido las leyes de la oferta y la demanda y la propiedad privada. Y si bien es cierto que «Masucci era abogado y sabía la gran oportunidad que Fidel Castro» le había puesto delante al devastar el mercado de la música cubana, nada debió importarle el embargo que John F. Kennedy decretó contra el régimen del entonces nuevo dictador cubano a través de la Proclamation 3447.

Pero mucho más patético que «Las irregularidades en los créditos de los discos, la complicación en la identificación real de una canción cubana, el tratamiento editorial, o de copyright, y la modificación sin autorización del autor», ha sido la censura de cientos de artistas cubanos por disentir del régimen comunista. Sería demasiado extensa la lista, pero estoy seguro que la autora del artículo conoce a cientos de ellos. Filmes, discos, libros, telenovelas, radionovelas, revistas, pinturas, esculturas, partituras, etc., que habiendo sido creadas por quienes disintieron del Partido Comunista, con palabras o con el hecho «imperdonable» de ir a vivir al exilio, fueron borrados de la cultura cubana, sin el menor derecho, porque el arte en Cuba desde 1959 «es un arma de la dictadura» y «contra la dictadura los ciudadanos no tienen ningún derecho».

Nunca agradeceremos lo suficiente a los músicos y empresarios capitalistas que hicieron regresar a los mercados los productos de la música popular cubana. Gracias a ellos el pueblo latino sigue teniendo una identidad en su música, ellos nos recordaron las canciones que el castrismo nos hizo olvidar. Pocos recuerdan hoy los géneros musicales creados en Cuba durante casi dos siglos, aquellos que se convirtieron en marcas hegemónicas en los mercados de medio mundo, pocos recuerdan hoy el cha-cha-chá, el mambo, el bolero, el son, la guaracha, la rumba, la pachanga y tantos otros; sin embargo, todos fueron regresando a sus nichos a partir de 1973, solo que, gracias a la industria capitalista, con un nuevo significado y con un nuevo nombre de marca: SALSA.

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Sunday, February 4, 2024

A mis 67, reflexiones de un ex profesor de marxismo leninismo en Cuba

 

"Karl Marx", obra de Lázaro Saavedra

Por Vicente Morín Aguado.

Tengo 67 recién cumplidos en Tennessee, la muerte me acecha pegada a una enfermedad crónica, distendida con el trabajo duro en un almacén de la transnacional Ricoh, donde participo de los derechos laborales que jamás tuve ni medianamente en mi patria durante 62 años de dictadura del proletariado, cuyas esencias enseñé a cientos de alumnos, parafraseando a Karl Marx cuando dijo que en 1871 los comuneros de París habían intentado “la locura de tomar el cielo por asalto”.

El marxismo leninismo presume de ser un “comunismo científico”, sistema complejo de ideas que Lenin llamara “doctrina” al escribir un breve texto muy difundido, titulado “Tres Fuentes y Tres partes integrantes del marxismo” (Zúrich, 1913), donde afirma:

“La doctrina de Marx es omnipotente porque es verdadera. Es completa y armónica, y brinda a los hombres una concepción integral del mundo.”

Tan rotunda aseveración en pleno siglo veinte equivale a la última de las profecías, bajo la influencia del determinismo científico predominante en el mundo occidental, capitalismo industrial en marcha, imperios coloniales enganchados al europeo centrismo, con la paradoja de que esta renovada ideología proclamó sin ambages arrasar con el capital, enarbolando la dictadura de su producto social mayor, los obreros asalariados.

Lo significativo es que al descarnar el cuerpo de un sistema ideológico forrado con el complejo lenguaje hegeliano, el esqueleto se compone de ideas simples, cuya antigüedad rivaliza con la civilización:

Los trabajadores, obreros de una fábrica, empleados de comercio, campesinos, artesanos, inclusive científicos, son los que producen la riqueza, los que sirven, en tanto los dueños existen cual parásitos sociales, acopiando la mayor porción del valor generado, debido a detentar la propiedad de cuanto es básico para producir.

Una lógica engañosa indica que suprimiendo a los propietarios, la llamada burguesía, no debería afectarse la producción, con la ventaja de sumar al reparto común los valores acaparados por esta minoría egoísta.

Sin embargo, surge un problema de inmediato porque alguien, un ente colectivo, deberá asumir la propiedad confiscada.

Surgieron dos respuestas posibles desde la izquierda anti-propietarios: la colectivización creando empresas privadas bajo una economía de mercado, es decir, autogestión cooperativa, o la estatización de las propiedades arrebatadas.

La primera solución creó el anarquismo en sus variantes, la segunda el comunismo marxista.

Las cooperativas basadas en la propiedad privada han logrado un éxito limitado, correspondiente a su capacidad de competir con otras formas de gestión capitalista.

El éxito, y también el fracaso estruendoso, han acompañado hasta el presente al comunismo científico. Sumando territorios y población, en los años ochenta del pasado siglo, bajo el nombre asociado a repúblicas socialistas, con un partido único de tipo leninista, obviando peculiaridades nacionales y/o de liderazgo, los marxistas ganaron el poder en 13 estados, con unos 33 millones de km2 y más de 1700 millones de habitantes.

Lo peculiar es que de la totalidad solo algunas excepciones corresponden a territorios donde burgueses y proletarios constituían la contradicción fundamental de la sociedad, tal y como reza la doctrina.

Un asunto de mayor gravedad se hizo evidente cuando Marx, Engels, Lenin y demás sucesores modernos, desestimaron las consecuencias económicas del paso de la propiedad privada capitalista a la estatal bajo la dictadura comunista. Ya en el citado manifiesto de 1848 Marx ponía un parche al posible descosido:

“Se ha objetado que con la abolición de la propiedad privada cesaría toda actividad y sobrevendría una indolencia general. Si así fuese, hace ya mucho tiempo que la sociedad burguesa habría sucumbido a manos de la holgazanería, puesto que en ella los que trabajan no adquieren y los que adquieren no trabajan.”

Los hechos han demostrado que Marx, ratón de bibliotecas británicas, polemista implacable, en nombre de una economía que estudió hasta el colmo de publicar un enorme volumen titulado Das Kapital, estaba equivocado.

No es necesaria una larga lista de datos para demostrar el error, basta con ojear la historia del llamado socialismo real o echarle un vistazo a la Cuba de hoy. Pero jamás los creyentes aceptarán el fallo de la Fe, los doctrinarios siempre encontrarán los párrafos adecuados para acomodar los hechos a la verdad preconcebida.

Al caer la URSS tres cuartos de siglo después del noviembre rojo de 1917, las rémoras sobrevivientes a lo que un día se llamó Sistema Socialista Mundial representan algo peor: una combinación de dictadura comunista con capitalismo en China y Vietnam, en tanto Cuba y Corea del Norte se aferran a la ortodoxia de la dictadura unipartidista, bajo un reinado de absolutismo feudal, con una población cada día más empobrecida, sometida a un sistema represivo militar, apoyado por el control social extremo.

Rusia por su parte intenta revivir el imperio de los Zares cuando la humanidad se afana por un encuentro cercano con otros seres del universo.

Marx no conoció el motor eléctrico de Tesla; Lenin desapareció sin saber que el átomo podía dejar de serlo y a Stalin lo dejaron morir antes de experimentar la magia de un dedo sobre la pantalla sensible de los teléfonos celulares; invenciones de un capitalismo indetenible muy a pesar del Armagedón pronosticado por los marxistas leninistas.

Las relaciones capitalistas de producción no se han convertido en freno para el desarrollo de las fuerzas productivas, según sentenciara el judío de Tréveris en su célebre Grundrisse de 1857.

Los burgueses son imprescindibles creadores de riqueza.

José Martí, apóstol de las libertades para los cubanos, pensador de profunda sencillez, desde su exilio en los Estados Unidos, también comentó sobre los fallos de un Marx que según el cubano, “anduvo de prisa y como en la sombra.”

Su diagnóstico resultó certero:

“De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. El funcionarismo autocrático abusará de la plebe cansada y trabajadora. Lamentable será, y general, la servidumbre.” (Publicado en La América, Nueva York, abril de 1884)

EPILOGO:

Siendo quien escribe periodista del sistema estatal (año 1994), asistió a una sesión de video bajo citación del departamento ideológico del Partido Comunista de Cuba en la hoy llamada Isla de la Juventud. Jamás olvidaré aquellas palabras de Fidel Castro, dichas con énfasis de juramento hasta hoy reafirmado por sus sucesores:

“Mientras viva no permitiré dos cosas: ni Pluripartidismo, ni economía de mercado.”

Estamos de nuevo ante el Rubicón, y como César dos mil años atrás la suerte está echada.

Monday, January 29, 2024

JOSÉ MARTÍ Y LA PROFANACIÓN LITERARIA


Por Eduardo Lolo

 

Injusticias y fracasos. Eso es lo que contenía el equipaje del alma de Martí a su llegada a Nueva York. Injusticias por las aciagas características del sistema colonial en Cuba, de las cuales fue testigo y víctima; y fracasos por sus fallidos intentos de asentarse en México, Guatemala y Venezuela porque, según sus propias palabras, “la colonia continuó viviendo en la república.”[1]

            De ahí que no sorprenda que arribara a los Estados Unidos ya convertido en conspirador, como demuestra que, presumiblemente, lo hiciera con pasaporte italiano, como quedó registrado en los documentos de Inmigración.

            En Nueva York encontró el Apóstol en ciernes una pujante comunidad hispana de cubanos, españoles, argentinos, uruguayos, puertorriqueños, y de otras nacionalidades. Además de un ambiente cultural cosmopolita solamente superado por París, en sitial que luego ocuparía la futura ciudad de los rascacielos y que le ganase el sobrenombre de la “Capital del Mundo”.

            Pero el joven Martí no pudo dedicarse enteramente a disfrutar, como otros emigrantes, del ambiente cultural neoyorquino. Parafraseando a Thomas Mann, donde quiera que Martí estuviera, estaba Cuba, con todos sus horrores como lugar y tiempo común de vida en agonía. De ahí que priorizó sus labores conspirativas. Perseguido por detectives contratados por el gobierno español y sus agentes oficiales o encubiertos, Martí tuvo que cambiar varias veces de nombre y domicilios, hacer viajes clandestinos y otros subterfugios propios del clandestinaje. Pero nada le impidió aunar fuerzas y corazones en la organización e inicios de “la Guerra Necesaria”, de lo cual hay mucho escrito. Esa fue su misión principal. Y exitosa

            Pero hubo otra misión, en la que Martí resultó tan triunfante como en la patriótica, que considero nunca se propuso ni llevó a cabo, al menos al inicio, conscientemente: la de coadyuvar a la evolución de las literaturas hispánicas de fines del siglo XIX en lo que terminaría llamándose “Modernismo”, un nuevo escribir en español que saltaría, ornado, a la siguiente centuria, y cuya figura principal terminaría siendo el nicaragüense Rubén Darío, quien llamaba a Martí “maestro”. Sin embargo, Martí murió sin saber que había sido uno de los fundadores del movimiento literario en castellano con el cual abriría el nuevo siglo, colocando las literaturas hispanas a la par de sus homólogas de las otras lenguas europeas.

            Ahora bien, ¿cuáles fueron las características estilísticas de la escritura martiana, tanto en prosa como en verso, que le hicieron alcanzar semejante sitial?

            Martí nunca copió, ni imitó, ni remedó a nadie con su pluma, de donde nacían “bramidos” –como calificara Domingo Faustino Sarmiento su voz literaria. Y eso sí fue algo que procuró y logró el futuro Apóstol de manera consciente, aunque en sus inicios fuera más bien íntima, como reconoce en su dedicatoria del Ismaelillo a José Francisco, su único hijo: “Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas, diles que te amo demasiado para profanarte así.”[2]

            De lo anterior se colige que para Martí el copiar, imitar o remedar a otros escritores era una profanación literaria. Pero eso no quiere decir que los desconociera, subestimara o despreciara; todo lo contrario. Desde muy joven, Martí leyó, estudió e identificó las características de lo mejor de las literaturas (y en más de un idioma) que le habían precedido o le eran contemporáneas, pues nunca se ciñó a los clásicos del ayer, sino que amplió su vasta cultura a los clásicos en progreso del mañana que le rodeaban.

            Basado en el precipitado hispano, francés, inglés y de otros elementos recibidos, Martí creó lo que yo llamo una inusitada y exitosa alquimia literaria a la sombra de su alma y sus ideales. Su herramienta lingüística fue el idioma español, pero pinceladas en su sintaxis, imágenes y postulados, vendrían de muchas parte, seleccionadas y fusionadas en esa (repito) alquimia, sin menoscabo del componente mágico asociado al término.

            En 1880 el bardo confiesa que "el corazón no siente al leer a Núñez de Arce ese grato calor que queda al leer los versos de un verdadero poeta"[3] y dirige entonces su mirada hacia la literatura de otras culturas. Dijo luego al respecto:

 

            ¿Por qué nos han de ser fruta vedada las literaturas extranjeras, tan sobradas hoy de ese ambiente natural, fuerza sincera y espíritu actual que falta en la moderna literatura española? (…) Conocer diversas literaturas es el medio mejor de libertarnos de la tiranía de algunas de ellas.[4]

 

            Así, basándose en su condición de políglota, –y muy en especial su dominio total del francés, la lingua franca del siglo XIX), Martí toma para escribir, sin despreciar lo más notable de su herencia cultural española, lo mejor de otras literaturas; pero, no en la forma en sí, sino en del nuevo espíritu de fin de siècle del que estas emergen, prácticamente al unísono, gracias a los nuevos adelantos tecnológicos que aceleraron la velocidad tanto en las comunicaciones como en la impresión de periódicos y libros y sus distribuciones. Consecuentemente, como ya se ha dicho, Nueva York estaba mucho más 'cerca' de Londres, Berlín o París, que la misma Madrid.

            Como periodista en activo y asiduo visitante de los salones de las bibliotecas de la ciudad, el poeta caribeño logró mantener contacto directo con lo último publicado Francia e Inglaterra. A ello súmasele su abierta postura ante la cultura norteamericana de la época (la cual daría a conocer a sus hermanos de América Latina) y se tendrá un cuadro general de las potencialidades regeneradoras de la cultura hispánica que reunía Martí, como intelectual, en el Nueva York de aquellas últimas décadas del siglo XIX.

            Como resultado de lo anterior, iniciaría Martí, en su rechazo al decadente romanticismo español, toda una magia literaria donde combinaría elementos franceses, ingleses y norteamericanos en su prosa y su poesía en castellano. Doctos martianistas se han encargado ya de desglosar la fórmula mágica resultante[5], cuyos análisis e interpretaciones condenso a manera de sumario en lo que sigue:

            Entre los elementos franceses que Martí absorbiera parcialmente están el parnasianismo, el simbolismo y el impresionismo

            Martí adoptó del parnasianismo[6] sus principios esteticistas y plásticos, así como su culto a las civilizaciones antiguas. Del simbolismo[7], el bardo cubano reflejaría, además del uso enfático del símbolo, las formas musicales y la recuperación del 'yo' poético, así como la presencia de sutiles tintes metafísicos, posiblemente por Martí ser krausista confeso y masón práctico.

            Pero ahí no se detendría la prestidigitación literaria de Martí. De los impresionistas[8], Martí tomaría su rechazo a las abstracciones y su priorización de las sensaciones, así como el uso intencionado de la sinestesia, la prosopopeya y la metáfora, la última de las cuales lleva Martí a un nivel mucho más complejo que la animización.

            De los pre-rafaelistas[9] ingleses tomaría Martí la idealizada descripción de la naturaleza que los caracterizó (extensiva, en el poeta caribeño, al hombre 'natural' mismo); pero rechazaría la búsqueda de la verdad absoluta en el arte como el objetivo básico del artista. Sí comparte en muchos pasajes la tendencia pre-rafaelista en los detalles más mínimos o insignificantes, reduciendo aún más las pequeñas pinceladas impresionistas. Pero, a diferencia de su fuente inglesa, Martí reduce para engrandecer, llamando la atención sobre lo mínimo para hacerlo, momentáneamente, lo máximo.

            Martí también utiliza en su fusión literaria elementos del país que lo acoge, particularmente del simbolismo americano. Es conocida su admiración por Edgar Allan Poe, Ralph W. Emerson y Walt Whitman. Poe fue, en parte, fuente de los movimientos franceses (a través de Baudelaire) que recibían Martí y demás escritores hispanoamericanos de entonces desde Europa; pero, a diferencia de sus colegas al sur del Río Bravo, Martí puede conocer de primera mano la importancia del autor de The Raven no sólo por la lectura de los textos poeianos originales, sino a través del conocimiento vivencial del medio físico-cultural en que Poe había desarrollado su obra. Quién sabe si por esa cercanía a una de las fuentes originales de la rebelión anti-romántica europea, fue por lo que Martí quedó como el menos 'afrancesado' de todos los modernistas.

            Del transcendentalismo emersoniano Martí tomó o aceptó sus postulados contra el racionalismo científico y la convicción de que cada hecho natural encierra una verdad espiritual. Desde el punto de vista estilístico, la influencia de Emerson que parece destacarse más en Martí es la sentencia epigramática como unidad de pensamiento que constituye un elemento común en la prosa –y hasta en la poesía– martiana, cuyo destacado uso –más allá del substrato hispano que podría representar Baltasar Gracián– es del todo emersoniano, ya presente en Nature (1836) y toda la prosa poética de Emerson, del pleno conocimiento de Martí.[10]

            Sin embargo, Whitman sería quien más influencia ejercería, de las fuentes estadounidenses, en el poeta cubano. La unidad rítmica, los efectos musicales mediante el empleo de paralelismos, la belleza de la muerte y la igualdad de todos los seres humanos presentes en la obra martiana, tienen sus contrapartes en Leaves of Grass (1855) y otras obras del gran poeta neoyorquino. Particularmente en los Versos Libres (1882) de Martí es donde más se destaca la influencia del gran cantor de Manhattan.[11]

            No obstante, como quiera que la nueva forma de decir martiana estaba dirigida contra el 'mal' romanticismo español en su período decadente, y no contra los valores trascendentales del movimiento, Martí mantiene en su obra estrechos puntos de contacto con éste[12]. El poeta cubano y sus seguidores sí descubren a Bécquer, ya que es el pensamiento becqueriano, la riqueza de su lenguaje poético y las posibilidades de, a través de éste, llegar a un Henrich Heine ya 'españolizado', lo que los hispanoamericanos reconocerán en el poeta envilecido por la crítica académica española de la época y la interpretación superficial de los lectores peninsulares decimonónicos. Martí es, también, romántico, al menos por la simple razón de que, como bien dijo Darío, "¿quién que es no es romántico?"

            Con todos los elementos anteriores, más la genialidad innata del prócer cubano, es que éste logra (mas sin el marcado 'afrancesamiento' de otros modernistas) algo del todo inusual en las literaturas hispanoamericanas de su época: una forma de escribir de factura totalmente diferente a los patrones peninsulares en boga. Por primera vez en la historia de la literatura, Hispanoamérica iniciaba un movimiento literario al margen de los modelos imperantes en la metrópolis cultural que había sustituido a la metrópolis política. Las crónicas de Martí –continentalmente conocidas– harían llegar la nueva buena a todos los intelectuales hispanoamericanos y peninsulares de entonces. Y en 1882, con el librito de versos ya citado dedicado a su hijo ausente, extendería Martí, conscientemente, la renovación a la poesía. Porque es el caso que la alquimia martiana resultó ser, a la postre, mucho más que la suma de sus partes.

            Ideológicamente, Martí identificó, mucho antes que el peruano Eudocio Ravines (1897-1979), que el socialismo era una gran estafa trágica[13]. Sus objetivas palabras sobre el tema pueden encontrarse, incluso, hasta en su epistolario personal, como en su misiva de 1889 a Fermín Valdés Domínguez donde le advierte que

 

Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, y el de la soberbia y la rabia de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados.[14]

 

            Pero Martí amplió sus advertencias y denuncias más allá de la ideología socialista per se, señalando la igualmente nefasta labor de sus antípodas históricos de tendencias disímiles aunque, en el fondo, semejantes. El Apóstol, sarcástico e iracundo, los calificó como aldeanos vanidosos, bribones inteligentes, pensadores canijos, etc., viviendo como parásitos de la historia que desgarraban la América hispana de entonces, —y que luego en Cuba (en su Cuba) endémicos serían amamantados por el totalitarismo. Dijo de uno de esos especímenes: “Por casa con coche y bolsa para queridas vende la lengua o la pluma mucho bribón inteligente.”[15]

            Martí nunca aceptó que una de sus páginas se pareciera a las páginas de otro, pues consideraba que ello sería una profanación literaria. De ahí que –reitero– nunca copiara, ni imitara, ni remedara a nadie con su pluma. Tampoco que sus “bramidos” se hicieran eco de ideas directas (o encubiertas) contrarias a sus ideales humanistas y democráticos. De todo lo anterior se infiere que Martí, tanto en la forma como en el contenido de su vasta obra, jamás profanó a Cuba, ni a sus lectores; ni, por ende, a la literatura. Son conocidos sus versos “Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche./¿O son una las dos?”[16] Pero igualmente considero que, como hubo mucho más en la vida de Martí que su excelsa labor patriótica (y no menos egregia, como demuestran los veinte y tantos gruesos tomos de sus Obras Completas), tendría sentido otra comparación igualitaria emanada de una atrevida (y puede que hasta iconoclasta) paráfrasis de mi propia invención: “Dos patrias tengo yo: Cuba y la literatura./¿O son una las dos?”.

 

 

(Tomado de Palabra Abierta. Revista y casa editora de Cultura Universal. Publicado el 28 de enero de 2024.)



[1] Martí, José. “Nuestra América”. Publicado en El Partido Liberal de México el 30 de enero de 1891. Recogido en Obras Completas de JM. Vol. II. La Habana: Editorial Lex, 1946: pág. 109.

[2] Martí, José. Ismaelillo. Nueva York: Imprenta de Thompson y Moreau, 1882. Idem. pág. 1340.

[3] Martí José.  “Poetas españoles contemporáneos.” Publicado originalmente en inglés en el periódico neoyorkino The Sun el 26 de noviembre de 1880. Traducido al español, apareció en Repertorio Colombiano, de Bogotá, en febrero de 1881. Idem, Vol. I: p. 875.

[4] “Oscar Wilde.” Publicado en El Almendares, de La Habana, en enero de 1882 y luego reproducido en La Nación de Buenos Aires en diciembre del mismo año. Idem: pág 935.

[5] Véase, entre una extensa bibliografía al respecto, a: Manuel Pedro González & Ivan A. Schulman, José Martí. Esquema Ideológico (México: Cultura, 1961), Ivan A. Schulman, Símbolo y color en la obra de José Martí (Madrid: Gredos, 1960) y José Olivio Jiménez, La raíz y el ala. Aproximaciones a la obra literaria de José Martí (Valencia: Pre-Textos, 1993),

[6] Ver: Catulle Mendès, La légende du “Parnasse Contemporaine” (1884; Farnborough: Gregg, 1971) y Luc Decaunes, La poésie parnassienne: de Gautier a Rimbaud (Paris: Seghers, 1977). En inglés, véase: Robert T. Denomme, The French Parnassian Poets (Carbondale: Southern Illinois UP, 1972).

[7] Ver: Anna Balakian, ed., The Symbolist Movement in the Literature of European Languages (Budapest: Akademiai Kiado, 1982) y The Symbolist Movement; a Critical Appraisal (New York: New York UP, 1977). En español, véase: José Olivio Jiménez, comp. El Simbolismo (Madrid: Taurus, 1976).

[8] Ver María E. Kronegger, Literary Impressionism (New Haven: New Haven College and UP, 1973) y H.P. Stowell, Literary Impressionism (Athens: U of Georgia P).

[9] Ver: Holman Hunt, Pre-Raphaelism and the Pre-Raphaelite Brotherhod (1905; London: Chapman and Hall, 1913); Evelyn Waugh, PRB: An Essay on the Pre-Raphaelite Brotherhood (1847-54) (1926; Werterham: Dalrymple Press, 1982); Herbert L. Sussman, Fact Into Figure: Typology in Carlyle, Ruskin, and the Pre-Raphaelite Brotherhood. (Columbus: Ohio State UP, 1979). En español, véase Cristina Sanjuan Álvarez, “El movimiento pre-rafaelista: de la fidelidad a la naturaleza a una religión del arte,” Cuadernos de Investigación Filológica 9.1-2 (Mayo-Diciembre de 1983): 171-81.

[10] Ver: Georg Schawarmann, The Influence of Emerson and Whitman on the Cuban Poet José Martí… (2009?)

[11] Idem.

[12] Ver la Tesina de Grado de Gabriel Bejarano Parpal, José Martí y el romanticismo español. (Universitat de Barcelona, 2020)

[13] Ver: Eudocio Ravines, La Gran Estafa. (Santiago de Chile: Editorial del Pacífico, 1954.) Hay más de una veintena de ediciones posteriores hasta la fecha. Ver también: José Martí, “La futura esclavitud”. O.C. ídem, págs. 954-957.

[14] José Martí, Obras Completas. Vol. 3. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1975: 249.

[15] En una correspondencia a La opinión pública de Montevideo en 1889. Idem, Vol 12, pág. 276.

[16] José Martí. “Dos Patrias.” En Flores del Destierro. Obras Completas de la Editorial Lex ya citada, Vol. II: pág. 1415.

Tuesday, January 16, 2024

Causa número 2 de 1989

Compartimos con nuestros lectores el video que resume el juicio al exministro del interior José Abrantes, iniciado el 24 de agosto de 1989 bajo la denominación oficial de Causa número 2 de 1989. Tal numeración hacía referencia a la famosa Causa número 1 fue la que se le había seguido a un grupo de oficiales del MININT y el MINFAR el mes anterior acusados de narcotráfico y que concluyó con el fusilamiento de cuatro de los acusados incluido el general de división Arnaldo Ochoa Sánchez. La principal acusación que se le hizo al ex ministro del MININT fue la compra de más de 1200 Ladas por un monto de cuatro millones de dólares para ser entregados a sus subordinados, cargo que sirvió para justificar la expulsión del MININT de los oficiales que habían recibido los vehículos y la reconstitución del ministerio por oficiales afines a Raúl Castro. Dicho juicio también propició el traspaso del sistema financiero construido por el MININT con dinero del narcotráfico a manos del MINFAR que ese mismo año habría de fundar la corporación Gaviota. José Abrantes, quien había sido ministro desde 1985, fue condenado a 20 años de prisión el 31 de agosto de 1989 condena de la que cumplió apenas unos meses. El 21 de enero de 1991 fallecía en la prisión de Guanajay donde estaba recluido, a causa de un infarto, según la explicación oficial. No obstante Archivo Cuba afirma que

Desertores del régimen cubano informaron que [Abrantes] había sido sometido a una dieta especial de nutrición para debilitarlo y que se le agregaban toxinas a su comida además de administrársele inyecciones con dosis concentradas de potasio y digoxina para provocarle un ataque cardíaco. Según se informa, fue trasladado en ambulancia al hospital y lo asfixiaron con una almohada durante el trayecto. No se realizó autopsia y no se permitió a la familia ver el cadáver.



Monday, January 15, 2024

We Were Strangers: Una película de John Huston inspirada en un episodio del machadato

 En el post anterior a propósito de un famoso atentado doble que se preparó contra Machado en 1932 se mencionaba la película de John Huston "We Were Strangers". Estrenada en 1949 y protagonizada por Jennifer Jones, John Garfield y Pedro Almendariz se inspiró en el barroco plan, desarrollado por los terroristas del ABC. Este incluía, como primer paso, el asesinato del presidente del senado Clemente Vázquez Bello tras lo cual se preveía que cuando el asesinado fuera enterrado en el panteón de los Truffin, la familia de la esposa, en el cementerio Colón, en La Habana. La segunda parte del plan consistía en hacer explotar una carga de dinamita que se había plantado previamente en dicho panteón cuando se hallaran allí los asistentes al entierro entre los que se esperaba que estuviera el dictador Gerardo Machado. La parte esencial del plan se vino abajo cuando los familiares de Vázquez Bello decidieron enterrarlo en el panteón familiar de Santa Clara, decisión que sin saberlo evitó el mayor atentado terrorista que hubiera conocido la república cubana. Lo que sí provocó, en cambio, fue una represión terrible por parte del régimen machadista tal y como se describe en el post anterior. 

No obstante lo intrincado del plan encendió la imaginación artística de al menos un par de creadores. De un lado la del escritor Lino Novás Calvo quien usó el plan para delinear el final de su cuento "Aquella noche salieron los muertos" publicado apenas semanas después del atentado en la Revista de Occidente. Por otro la película de John Huston que les ofrecemos a continuación.