Thursday, March 12, 2026

SÍMBOLOS DE LA CUBA ETERNA

Basado en un ensayo de mi libro La Cuba Eterna: Ayer, Hoy y Mañana

Por: Néstor Carbonell Cortina

El régimen Castro-Comunista que, con el apoyo de potencias enemigas, ha subyugado y arruinado a Cuba durante más de 66 años, no ha podido extirpar de su alma las ansias regeneradoras de libertad. Estas bullen a lo largo de la isla y habrán de brotar con fuerza suficiente para romper las barreras de la opresión.

Logrado ese objetivo esencial, ¿cómo galvanizar a la población, traumatizada por tantos años de tiranía, para acometer la ingente tarea de la pacificación y reconstrucción del país? Los pueblos en circunstancias críticas suelen acudir a los artículos de fe, a los símbolos que representan lo mejor de sus tradiciones y lo más grande y perdurable de su nacionalidad.

Los cubanos contamos con cinco símbolos propios que nos inspiran y enaltecen:

I- EL HIMNO NACIONAL, letra y música de nuestro eximio Perucho Figueredo. Nunca más debe este canto patriótico, sublimado por la grandeza moral de tantos mártires, cederle su primacía a composiciones embaucadoras y sectarias como el himno del 26 de julio. La nación sólo ha de tener un himno: el de Bayamo.

Deben sus sabias y melódicas estrofas servir de admonición para no caer de nuevo en la demagogia, preludio sombrío del autoritarismo, ya que en cadenas vivir es vivir en afrenta y oprobio sumido.


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II- LA BANDERA de la estrella solitaria, con la sensación visual de sus colores y el ondeo majestuoso de sus pliegues, es como un jirón de nobles sentimientos que flamea airoso bajo el sol. La izó Narciso López en Cárdenas el 19 de mayo de 1850, la siguieron con devoción los heroicos mambises, y la enarbolaron con firmeza los fundadores de la República para consolidar la plena soberanía sin Enmienda Platt.

Nuestro sagrado pabellón, ultrajado en 1959 por traidores disfrazados de profetas, flotará de nuevo bien alto cuando caigan la hoz, el martillo y todos los resortes del régimen comunista, y puedan los cubanos recobrar la ansiada libertad.

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III- EL CAPITOLIO NACIONAL es un símbolo imperecedero de la nación, no ya por la imponente estructura marmórea que lo sostiene, sino por los hitos republicanos que evoca y los logros jurídicos e institucionales que representa.

Fue en ese templo de leyes que se debatió y aprobó nuestra Carta Magna de 1940 libremente, sin injerencia doméstica o foránea. Esa Constitución, que ha sido bandera de lucha contra la dictadura de Batista y el totalitarismo marxista-leninista de Castro, podrá servir de base legítima para el tránsito en su día a la democracia representativa, a la libre empresa con conciencia social, y a la justicia con garantías para todos.

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IV- JOSÉ MARTÍ- el apóstol de nuestra independencia, es el símbolo más egregio de nuestra nacionalidad. Bajo su aureola, le rendimos homenaje también a todos los próceres que han dignificado a nuestra Patria.

Martí luchó denodadamente por la libertad de Cuba sin odios ni resentimiento. Aún para sus enemigos él pidió la Rosa Blanca. La doctrina martiana Con Todos y para el Bien de Todos es nuestra mejor consigna para lograr la redención de la isla y anclar la República del mañana en el imperio de la ley y en la concordia ciudadana. 

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V- LA VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE. Desde que los tres Juanes vieron flotar su imagen sobre una tablita en la bahía de Nipe, la Divina Madre ha sido fuente de inspiración y consuelo para los cubanos. En nuestras guerras de independencia, las fuerzas libertadoras le rindieron tributo a la Virgen Mambisa e invocaron su santo nombre en el fragor de los combates. Y durante el turbulento proceso republicano, ella fue luz y aliento para todos los cubanos.

Cuando caiga el régimen comunista, nuestra Cuba arruinada, polarizada y desmembrada requerirá no sólo amplias infusiones de capital y tecnología para reavivar la economía y reconstruir el país. Necesitará también una fuerte dosis de espiritualismo cristiano para sanar las heridas, recobrar la fe y levantar los ánimos. Roguemos a la Virgen de la Caridad que oriente y bendiga a los que emprendan la regeneración de la Patria liberada.

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Estos cinco símbolos encierran, como en un cofre sagrado, los valores cívicos y morales, los principios guiadores, los sentimientos y virtudes cardinales que nos legaron nuestros próceres y que representan lo mejor de nuestra CUBANÍA—la que pervive en la esperanza del pueblo sojuzgado y la que palpita en la añoranza de muchos desterrados.                            

Wednesday, March 11, 2026

LA HORA DECISIVA PARA CUBA

Actualidad

“Solo una religión anquilosada tiene entre sus ministros y fieles, individuos que cantan la gloria de Dios en el cielo, mientras pasan por alto las condiciones que hacen de la tierra un infierno para el hombre.” 

Martin Luther King        

La Iglesia no está formada únicamente por ministros ordenados, ni la Iglesia es solo su jerarquía institucional. La Iglesia es también el conjunto de hombres y mujeres que, desde su fe vivida en la sociedad, encarnan el Evangelio en medio de la historia, llamados todos, como cuerpo visible de Cristo en la tierra, a iluminar la realidad cotidiana con la verdad, la justicia y el amor al prójimo.

Como cristianos hemos sido llamados a anunciar el evangelio y a acompañar al ser humano en sus horas de dolor y en sus búsquedas más profundas de sentido, por lo tanto, no podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de nuestra nación, sino que estamos obligados moralmente a nombrar lo que vemos y a recordar la verdad sobre el ser humano: toda persona posee una dignidad que no proviene del Estado, ni de la historia, sino de haber sido creada a imagen de Dios.

Este texto no pretende hablar en nombre de toda la Iglesia, sino expresar la reflexión y la conciencia de un grupo de cristianos que, dentro y fuera de Cuba, desean acompañar el sufrimiento y la esperanza de nuestro pueblo.

El pueblo cubano ha estado viviendo en una tensión permanente entre la esperanza y la frustración. Hemos sido testigos directos de familias divididas, jóvenes sin futuro, ancianos sin alivio y ciudadanos privados de derechos fundamentales, así como el abuso de la autoridad, la represión y graves violaciones, de las cuales muchos de nosotros hemos sido objeto.

Es desgarradora la pobreza extrema que asfixia a tantas familias en la isla, los largos apagones que sumen al pueblo en la oscuridad y la miseria cotidiana que brota de estructuras incapaces de sostener la vida dignamente, mientras que los dirigentes viven vidas de lujo y alejados de todo el sacrificio que exigen.

Cuba ha vivido en los últimos años la mayor ola migratoria de su historia. Muchos de quienes han emigrado o se han visto forzados al exilio han sido privados de sus derechos como ciudadanos, otros casos han sido impedidos de regresar al único país del cual eran residentes y ciudadanos y otros, dentro de la isla, han sido colocados en la categoría de “regulados”, lo que les impide salir del país sin explicación pública ni garantías jurídicas claras, vulnerando también su derecho fundamental a la libre movilidad.

En Cuba permanecen encarcelados más de mil presos políticos por causas vinculadas al ejercicio de derechos fundamentales como la libertad de expresión, de conciencia o de participación cívica, junto a otras muchas personas que han sido detenidas o sancionadas por causas injustas. Las detenciones arbitrarias, los procesos judiciales sin suficientes garantías y las largas condenas han dejado una profunda herida en numerosas familias.

A lo largo de estos últimos 67 años, los dictadores que detentan el poder en Cuba han sido requeridos para escuchar el clamor de su propio pueblo y para abrir espacios reales de participación, protección jurídica y pluralidad; pero nunca han escuchado ni actuado.

La Biblia declara que “Cuando los justos gobiernan, el pueblo se alegra. Pero cuando los perversos están en el poder, el pueblo gime.” (Proverbios 29.2) y los dictadores cubanos han sido perversos con el pueblo. Cuando las vías naturales de expresión y solución de los problemas de un país se cierran, la historia demuestra que la solución termina llegando por caminos más difíciles y menos deseables para todos.

Nosotros no estamos pidiendo una concesión política, ni reformas dentro del sistema, sino que estamos reclamando justicia, y un cambio que debería comenzar por la decisión de marcharse y dejar el poder en favor de la libertad y de la transición democrática inmediata. No nos anima la violencia ni la venganza, pero les recordamos que la justicia transicional debe aplicarse sobre todos los que han participado en actos represivos de cualquier naturaleza contra el pueblo.

Cuba necesitará sanar sus heridas y reencontrarse consigo misma. La reconciliación de nuestro pueblo no puede construirse sobre el olvido ni sobre la negación de la verdad, sino sobre la justicia, la memoria y el respeto a la dignidad humana. Aspiramos a una nación donde los cubanos, dentro y fuera de la isla, podamos volver a reconocernos como hermanos y trabajar juntos por el bien común, reconstruyendo una patria donde nadie sea excluido y donde la libertad y la dignidad de todos sean finalmente respetadas.

Hoy hablamos también a nuestra Iglesia en Cuba, porque nuestro lugar no puede estar fuera del dolor del pueblo. Nuestra responsabilidad moral no es solo nombrar esta realidad como lo que es, sino acompañar a nuestro pueblo en su anhelo de justicia, siendo luz en medio de las tinieblas.

Durante todos estos años no han faltado en la Iglesia cubana voces que, con fidelidad evangélica, han dado testimonio de la verdad y han acompañado el dolor de nuestro pueblo, aun cuando ello ha significado cierres de culto, demolición de templos, incomprensiones, presiones, marginación, expulsión de carreras o trabajos, represión, cárcel, expulsión del país y exilio.

La Iglesia cubana ha llevado esperanza, ha ayudado en las necesidades materiales y ha atendido a personas vulnerables. Reconocemos también el testimonio valiente que muchos pastores, sacerdotes, religiosos y laicos han dado a lo largo de estos años, acompañando al pueblo cubano en medio de grandes dificultades. Gracias a ese testimonio perseverante la conciencia cristiana no ha sido apagada.

Cuando cualquiera de ellos, desde su vocación y responsabilidad, ha alzado la voz por la verdad o ha servido al pueblo que sufre, la Iglesia misma se hace visible y presente, porque la Iglesia no es una realidad abstracta ni únicamente institucional, sino el cuerpo de Cristo que camina en la historia a través del testimonio concreto de sus hijos.

Pero también es cierto que no siempre la Iglesia en Cuba ha alzado la voz con la claridad que el sufrimiento de nuestro pueblo exigía, muchas veces el temor o la prudencia excesiva han generado silencios interpretados consecuentemente como indiferencia.

En las circunstancias actuales que vive el pueblo cubano, el silencio institucional de la Iglesia es injustificable. Una Iglesia que calla ante la injusticia para preservar espacios, privilegios o tranquilidad institucional corre el riesgo de convertirse en mera administración religiosa y deja de ser signo de esperanza para su pueblo. La fe cristiana, cuando se vive con fidelidad al Evangelio, muchas veces incomoda al poder, y ese riesgo forma parte del testimonio al que estamos llamados.

El Evangelio nunca ha sido neutral ante el sufrimiento humano. Cristo no bendijo el silencio ni la prudencia que protege estructuras injustas. La Iglesia debe anunciar la verdad de Dios sobre la dignidad humana, y denunciar las injusticias que destruyen esa dignidad. Si la Iglesia no es voz para los que no tienen voz, terminará hablando solo para sí misma y correrá el riesgo de olvidar una dimensión esencial de su misión: su vocación profética. “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta” (Isaías 58.1a)

La participación cívica del cristiano no está reñida con su compromiso con el Reino de Dios, sino que es una expresión concreta de su llamado a amar, hacer justicia y caminar en verdad. Ser ciudadanos del Reino de Dios implica también ser ciudadanos activos aquí y ahora, comprometidos con la justicia, la verdad y la compasión, anunciando con acciones concretas que el Reino de Dios ya está entre nosotros.

Llega una hora en la vida de los pueblos en la que el silencio deja de ser prudencia y se convierte en complicidad. Hablar deja de ser una opción y pasa a ser un deber moral. Por eso, en este tiempo recordamos a nuestra Iglesia en Cuba, la enseñanza apostólica que atraviesa los siglos y juzga a toda autoridad humana: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.” (Hechos 5:29)

Agradecemos a gran parte de la comunidad internacional por su apoyo solidario y les recordamos a otros que no basta con observar desde la distancia, mas bien les instamos a que no ignoren el clamor de un pueblo que desea vivir con dignidad y libertad. Su apoyo y su compromiso pueden contribuir a abrir caminos donde hoy solo hay agotamiento histórico y pueden marcar la diferencia entre la desesperanza y el renacer de una nación.

A nuestro pueblo le decimos que el tiempo de la espera no puede ser infinito. Lograr los cambios implica sacrificios, al decir del maestro y apóstol de nuestra patria José Martí: “La libertad cuesta muy cara, y es necesario o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio.” Los cambios profundos no nacen de decretos, sino de decisiones valientes que abren caminos nuevos. La libertad no nace de la resignación ni del miedo, sino de la verdad vivida con valentía.

Toda sociedad llega a momentos en los que debe elegir entre preservar estructuras agotadas o permitir que la vida renazca. Hoy Cuba se encuentra ante uno de esos momentos. No podemos delegar en otros lo que pertenece a nosotros como cubanos. Cada voz alzada, cada gesto de verdad, cada acto de dignidad, cada protesta ante lo injusto y cada paso hacia la justicia va reconstruyendo la nación. No podemos seguir indiferentes ante los abusos y atropellos. ¡Es hora de caminar juntos, sin miedo!

Oramos para que Dios conceda a nuestra nación la valentía para provocar y vivir el cambio y a Su Iglesia la libertad interior para hacer y ser, plenamente, lo que está llamada: anunciar el evangelio transformador y ser sal, luz y esperanza para su pueblo. Desde cada uno de nuestros lugares acompañamos al pueblo cubano, oramos por Cuba y caminamos con ella. Creemos firmemente que ninguna noche histórica es definitiva y que cada día el amanecer está más cerca.

Dios bendiga a Cuba.

Firman a título personal

1. Padre Alberto Reyes- Sacerdote católico, Cuba

2. Cándido Ochoa- Capellán y Pastor cubano de los Cuáqueros, Miami, Estados Unidos.

3. Carlos Raul Macías- Pastor Metodista cubano, Brasil.

4. Cesar Perez- Pastor Bautista cubano, Texas, Estados Unidos

5. Dairon Gavilan, miembro de la Iglesia Adventista y músico, Cuba

6. Diana Rosa Ramos- Capellana y Pastora presbiteriana cubana, Georgia, Estados Unidos

7. Elaine Espinosa- Pastora Bautista, Pinar del Río, Cuba

8. Gabriel Perez, laico católico y escritor, Holguín, Cuba

9. Joanna Columbie- Pastora Bautista y capellana cubana, Miami, Estados Unidos.

10. José Daniel Ferrer- Laico católico y coordinador de UNPACU, Miami, Estados Unidos.

11. Manuel Alejandro R. Yong- Laico católico cubano, España

12. Mario Felix Leonard- Pastor Bautista cubano, Maryland, Estados Unidos.

13. Orietta Millian- Laico católico, Santiago de Cuba, Cuba

14. Osvaldo Gallardo- Laico católico cubano, Miami, Estados Unidos.

15. William Chávez- Pastor Bautista, Pinar del Río, Cuba

16. Yaiset Rodríguez- miembro de la Iglesia Pentecostal Asambleas de Dios, Michigan, Estados Unidos

17. Yoaxis Marcheco- Pastora Bautista cubana, Maryland, Estados Unidos.

18. Yoe Suarez- Miembro de la Iglesia Bautista y escritor, Estados Unidos

Organizaciones firmantes

1.   Instituto Patmos

2.   Alianza de Iglesias Cubanas No Registradas (Aicnor)

3.   Welcome to freedom

Si deseas apoyar este llamado, puedes añadir tu firma a continuación.

Aquí puedes leer la carta y añadir tu firma 

Tuesday, March 10, 2026

¿A QUÉ HUELE EL COLAPSO? (*)

Actualidad

por Yoani Sánchez, La Habana

La ciudad está salpicada de estos lugares que una vez cerraron sus puertas y comenzaron a degradarse rápidamente. Grandes mercados, bancos, cines y moteles que olían a café recién colado, a frituras y a aire acondicionado, de los que hoy solo brota hediondez.


Tomo una hoja de hierbabuena del balcón y la aprieto entre mis dedos antes de echarla al agua que voy a tomar. En las manos me queda un aroma fresco y esperanzador. Agasajar la nariz es una tarea difícil en estos tiempos que vivimos en Cuba. El colapso del país huele a basura quemada, a aguas albañales y a falta de limpieza. Cada aroma agradable es un premio escaso e invaluable para los sentidos.

Son las cuatro de la madrugada y salto de la cama. Ha regresado la electricidad después de un apagón que comenzó la tarde anterior. Nada más levantarme me voy a la azotea. Mis dos perras, las estrellas y yo. La ciudad duerme y yo oteo el horizonte. La Habana ya no huele a lo mismo. A esa hora me llega la peste de desperdicios que se acumulan por todos lados y, desde el cercano Zoológico de la calle 26, se escucha el rugido desesperado de un león. Debe tener hambre.

Nunca pensé que iba a extrañar aquel tufo

Cuando era niña y me iba a visitar a mis parientes en los pequeños pueblos de Villa Clara y Cienfuegos, al regresar a la capital me golpeaba el olor. Esta ciudad siempre tuvo un aroma particular. El servicio de gas manufacturado instalado en muchas casas, los tantos vehículos que circulaban por sus calles y las aguas de la bahía mezcladas con el petróleo que caían en ella, hacían que el lugar donde nací y crecí oliera a aceites industriales y a alquitrán. Nunca pensé que iba a extrañar aquel tufo.

Ahora La Habana tiene otra “huella olfativa”. Un portal por el que siempre transitaba cuando caminaba por la calle Reina, en Centro Habana, se ha convertido en un urinario público que me hace contener la respiración cuando paso cerca. De la tienda Ultra sale un vaho, la fetidez del abandono. La ciudad está salpicada de estos lugares que una vez cerraron sus puertas y comenzaron a degradarse rápidamente. Grandes mercados, bancos, cines y moteles que olían a café recién colado, a frituras y a aire acondicionado, de los que hoy solo brota hediondez.

El dinero huele a miseria y el billete de mil con el rostro de Mella

Hasta el dinero huele a miseria. Tiene un hedor a humedad, como si hubiera estado guardado en una cueva oscura y mugrienta. Frente a los cajeros automáticos la gente hace colas de horas para poder sacar un poco de efectivo. Muchas veces la máquina se rompe o se apaga por un corte eléctrico antes de que los clientes puedan obtener esos devaluados bonos de colores que conforman la moneda nacional.

Quienes tienen más recursos pagan por el dinero. Comprar pesos se ha convertido para muchos en la única vía de tener billetes en la mano. Pero lo que obtienes es un amasijo de papeles sucios. Un amigo me ha contado que en el país donde vive metieron algunos euros en un laboratorio y les encontraron trazas de droga, heces y saliva. Fantaseo con que alguien lleve a analizar una muestra de pesos cubanos. No me sorprenderán los resultados.

El billete de 1.000, con el rostro de Julio Antonio Mella, quizás tenga vestigio de gasolina, de perfume y del líquido que suelta una caja de cuartos de pollo cuando empieza a descongelarse. Del de 200, que tiene la imagen de Frank País, de seguro brotarán restos de aceite vegetal, lágrimas y boñiga de caballo de los tantos cocheros que mueven pasajeros de aquí a allá en las casi paralizadas ciudades cubanas. Del trozo de papel, de tonos rojos y con el rostro de Ernesto Che Guevara, saldrían las huellas de un pasado en que servía para pagar algo que costaba hasta tres pesos. Un remoto tiempo en que en las calles de La Habana Vieja le ofrecían ese papel con el gesto adusto del guerrillero a los turistas, que venían en masa, a ver este desvencijado experimento social en el que vivimos.

Pero ahora el dinero huele a pobreza. También se sienten así las oficinas de trámites, los locales antes climatizados del poderoso monopolio de telecomunicaciones Etecsa y hasta el lobby de los ministerios. Las miasmas se han apoderado de todo el espectro de olores a donde quiera que vayamos. El ascensor de mi edificio huele a orine. En el cercano policlínico alguien ha echado un chorro de desinfectante para tapar el olor a enfermedad y suciedad que lo cubre todo. La consulta de estomatología ya no desprende aquella mezcla de agentes antisépticos y materiales dentales.

Pego la nariz a mi axila. Después de toda una mañana caminando yo también huelo como La Habana, una combinación de penuria y desespero.

(*) Tomado del perfil de FB de Yoani Sánchez

Monday, March 9, 2026

CASTRO Y CHÁVEZ, UNA ASOCIACIÓN CRIMINAL

Revista

La participación de los agentes castristas en el narcotráfico

Por Pedro Corzo

Los vínculos entre los déspotas de ambos países han sido tan profundos que el carnicero más devastador del castrismo, Ramiro Valdés, ha sido un asiduo visitante al país sudamericano con el objetivo de montar la base logística que el chavismo necesitaba para sobrevivir

Fidel Castro y Hugo Chávez

La muerte de varias decenas de esbirros castristas en Caracas testimonia de manera irrefutable la estrecha alianza existente entre los sistemas dictatoriales de Cuba y Venezuela, liga en la que está directamente involucrada la dictadura nicaragüense de Ortega- Murillo, déspotas que han decidido liberar prisioneros políticos en un intento por aliviar la presión que las actuales condiciones hemisféricas dejan apreciar.

Cierto que Venezuela le ha facilitado al totalitarismo cubano un respaldo invaluable consistente en la entrega de petróleo, contratación de trabajadores esclavos y respaldo internacional, pero los Castro le han trasmitido, primero a Hugo Chávez y después al felizmente encarcelado Nicolás Maduro, sus vastos conocimientos en actividades relacionadas con la represión, el espionaje y un aspecto poco comentado, la estrategia a desarrollar para que la mayoría de la población insatisfecha políticamente, emigre con el objetivo de reducir la oposición y tener ingresos provenientes del extranjero.

Han sido muchas las denuncias sobre el control ejercido por oficiales de las Fuerzas Armadas de Cuba sobre los institutos armados venezolanos. Efectivos de diferentes graduaciones tienen autoridad en el fuerte Tiuna, el centro marcial más importante, mientras, instruyen a los servicios de espionaje y contraespionaje en como neutralizar hasta arrestar, a los potenciales conspiradores dentro de las unidades castrenses.   

Hay que señalar que las enseñanzas de castrismo han conducido a la autocracia venezolana a implantar un control social muy semejante al de Cuba, caracterizado por el sectarismo, la discriminación y la desconfianza ciudadana, con el remate de una desesperanza generalizada, en mi opinión, el legado más trágico de cualquier dictadura.

Ramiro Valdés (1932)

Los vínculos entre los déspotas de ambos países han sido tan profundos que el carnicero más devastador del castrismo, Ramiro Valdés, ha sido un asiduo visitante al país sudamericano con el objetivo de montar la base logística que el chavismo necesitaba para sobrevivir, así que es fácil colegir que los agentes castristas situados en Venezuela han debido tener una notable participación en la gestión del tráfico de drogas que manejaba el cartel de los Soles.

El castrismo es igualmente responsable del narcotráfico como Maduro y Diosdado Cabello, máxime, si recordamos las denuncias de la estrecha relación de Fidel Castro con varios de los capos del narcotráfico de los ochenta y noventa y otras recientes, que aducen que el totalitarismo intento cubrir con el fusilamiento del general Ochoa y de otros altos oficiales, su actividad delictiva.

Manuel Piñeiro (1933-1998)

Es ampliamente conocido que el Departamento América, uno de los organismos del totalitarismo dedicado exclusivamente a la subversión y desestabilización de las democracias, durante toda su existencia y bajo la dirección de Manuel Piñeiro, alias “Barbarroja”, cuando estaba corto de dinero buscaba los recursos necesarios en el tráfico de drogas y  Carlos Lehder, más de treinta años preso en Estados Unidos por traficar narcóticos, dijo a Radio Martí, “Yo fui invitado por el gobierno comunista de Cuba, por la dictadura castrista a Cuba, a establecer allí un conducto, una línea, una ruta de tráfico de cocaína hacia los Estados Unidos”.

Por otra parte, creo necesario recordar que los esbirros castristas que murieron el 3 de enero último en Caracas no han sido los únicos de su estirpe en ser abatidos en defensa de lo peor. Fidel Castro siempre anhelo someter a Venezuela, aunque fue Hugo Chávez, traidor a su país, quien se la entregó en bandeja de plata.

El primer sicario castrista que se tenga conocimiento muerto en ese país fue Antonio Briones Montoto, uno de los invasores de Machurucuto. El interés de Castro por imponer su fundamentalismo en el hemisferio fue constante pero dos países, para desgracia de estos, ejercieron sobre el déspota cubano una atracción fatal, Venezuela y Colombia.

Rómulo Betancourt (1908-1981)

El interés de Castro en Venezuela se evidenció con su viaje a Caracas en enero de 1959, cuando quiso convencer al excelso demócrata Rómulo Betancourt de que se aliara a sus propuestas, objetivo que no logró porque el guatireño lo caló a fondo mientras millones de cubanos se embelesaban con el tirano  Fidel.

Desde los albores de la revolución cubana cientos de insurgentes venezolanos fueron entrenados y pertrechado con armas y dinero de la Isla, sin embargo, la ayuda de los Castro no destruyó la democracia, fueron Hugo Chávez y Nicolás Maduro quienes la echaron abajo y todos juntos, han estado involucrados en el tráfico de drogas.  

CELEBRADO EL XI ENCUENTRO DEL CENTRO DE ESTUDIOS CONVIVENCIA.

 Actualidad

A la memoria de Siro del Castillo


Los días 7 y 8 de marzo de 2026 el Centro de Estudios Convivencia (CEC) celebró el Onceno Encuentro del Itinerario de Pensamiento y Propuestas para Cuba, en la Universidad Internacional de la Florida, con el apoyo del Instituto de Estudios Cubanos. Participaron más de 60 estudiosos provenientes México, España y Cuba, Isla y Diáspora.

El sábado 7 fue estudiado el tema “La cultura de la vida: aborto, eutanasia y pena de muerte en el futuro de Cuba: Visión y Propuestas”. Luego de la bienvenida y la presentación de los participantes fueron dictadas dos conferencias motivadoras. La primera a cargo del Dr. Antonio Manuel Padovani Cantón con el título “Cuando el que debe proteger mata”. La segunda a cargo del sacerdote católico Jorge Luis Pérez Soto, titulada “Recolocando el ser humano al centro: cultura de la vida en una Cuba nueva”. En el horario de la tarde tuvo lugar el trabajo en equipos para responder entre todos, y a partir de los aportes personales, la guía de estudios recibida con anterioridad.

Al finalizar esta primera jornada tuvo lugar la presentación de tres libros producidos por la editorial Alexandria Library: 1. El daño antropológico en Cuba y su sanación. Un proyecto humanista martiano para la reconstrucción de Cuba, de Dagoberto Valdés Hernández; 2. Juan Pablo II: enseñanzas para la Bioética en Cuba, de Yoandy Izquierdo Toledo; y 3. Patria, sacrificio y revolución. Antropología de la violencia política en la Cuba revolucionaria, de Raisiel Damián Rodríguez González. Además, disfrutamos de una velada cultural con el pianista y cantante Félix Bernal y el percusionista Dagmar Arencibia.

El domingo 18 el tema de estudio fue “El tamaño, los roles y la interacción entre la sociedad civil y el Estado en el futuro de Cuba: Visión y Propuestas”. La jornada matutina transcurrió con dos conferencias impartidas por los Doctores en Ciencias Políticas Daniel Pedreira y Carlos Manuel Rodríguez Arechavaleta. La primera bajo el título “La sociedad civil: pilar indispensable para la Cuba democrática” y la segunda: “Sociedad civil en contextos de transición. Cuba y las nuevas dinámicas de la sociedad civil”.

El CEC agradece, después de 11 años de trabajo ininterrumpido, la participación de decenas de cubanos de la Isla y la Diáspora, el método parlamentario empleado en las dinámicas de trabajo en equipo y la discusión en plenaria. El clima de respeto, el espíritu propositivo y la amistad cívica, evitando la confrontación, las descalificaciones y el lenguaje agresivo, han hecho posible la producción, hasta la fecha, de 19 informes de estudios que pueden ser descargados en: https://centroconvivencia.org/propuestas/. Luego del trabajo de compilación y edición de los aportes emanados de este encuentro, se publicarán en la página web los dos informes correspondientes.

En las circunstancias actuales de Cuba, en medio de grandes incertidumbres, el think tank de Convivencia apuesta por seguir “pensando Cuba”, para que el día después de mañana no nos encuentre desprevenidos.

Tomado de Convivencia. Centro de Estudios. Pensando Cuba.

Thursday, March 5, 2026

UN PAÍS QUE CARGA UNA DESGRACIA QUE NO ELIGIÓ (*)

Revista

El odio fue sembrado, administrado y convertido en política de estado

Por Rafael Bordao

La Habana, Cuba. @Fuente externa

Miami/Hay naciones que avanzan, tropiezan, y se reinventan. Y hay otras –como Cuba– que fueron condenadas a caminar en círculos, arrastrando un sacrificio que dejó de ser digno para convertirse en castigo. Durante décadas, la vida cotidiana se volvió una sucesión de renuncias: renunciar a la libertad, renunciar a la palabra, renunciar al futuro, renunciar incluso al derecho elemental de imaginar otra vida.

El sacrificio dejó de ser una acción heroica para transformarse en un mecanismo de control. Se sacrificaba el pueblo para salvar al poder, no al revés. Y así, generación tras generación, los mismos hombros cargaron la escasez, la vigilancia, la obediencia, la espera interminable. La élite gobernante, blindada por privilegios, jamás sintió la molestia de la cola, del apagón, del miedo, del exilio forzado. La pregunta entonces se vuelve filosófica: ¿Qué clase de sistema necesita que su pueblo sufra para poder existir?

El odio no brotó del corazón de los cubanos. Fue sembrado, fue administrado, fue convertido en política de Estado. Para justificar la represión, hacía falta un enemigo. Para justificar la pobreza, hacía falta un culpable. Para justificar la vigilancia, hacía falta un traidor.

"El odio se volvió un recurso renovable"

Ese odio se alimentó con discursos interminables, con manuales escolares que confundían historia con propaganda, con noticieros que repetían la misma liturgia del miedo, con marchas obligatorias donde la unanimidad era una forma de permanecer. El odio se volvió un recurso renovable; siempre había alguien a quien culpar, siempre había un “otro” que amenazaba la pureza del proyecto. Pero el odio tiene un costo ontológico: destruye la convivencia, corroe la memoria, y fractura la identidad colectiva. Y cuando un país vive demasiado tiempo bajo la lógica del enemigo, termina sospechando incluso de sí mismo.

"Nadie firmó un contrato para renunciar a la libertad"

Nadie votó esta condena. Nadie eligió entregar su vida a un dogma que ya no sostiene ni el aire que respiramos. Nadie firmó un contrato para renunciar a la libertad de movimiento, de pensamiento, de creación. La decisión la tomó una cúpula que confundió su permanencia con la salvación de la patria, que convirtió la ideología en religión obligatoria y la historia en un monólogo sin fisuras.

Esa cúpula decidió que el país debía pagar eternamente por un sueño que dejó de ser sueño y se convirtió en coartada; decidió que el pueblo debía inmolarse para que ellos pudieran seguir gobernando; decidió que la nación era un laboratorio y los ciudadanos, piezas reemplazables. La filosofía política nos enseña que todo poder que exige sacrificio sin ofrecer libertad es un poder ilegítimo. Pero, en Cuba, esa ilegitimidad se normalizó, se ritualizó, se convirtió en paisaje.

Ruinas del teatro Campoamor. @Fuente externa

Hoy, el discurso oficial flota como un cascarón vacío. Las normativas ya no conmueven, los héroes ya no inspiran, las promesas ya no engañan. El país está exhausto. La gente ya no cree, ya no espera, ya no teme como antes. El dogma se ha vuelto un fósil ideológico incapaz de explicar la ruina, la emigración masiva, la desesperanza que se respira en cada esquina. Cuando un dogma deja de sostenerse, lo único que queda es la pregunta que lo desarma todo: ¿hasta cuándo?

Camuflaje para un sueño migratorio. Óleo sobre lienzo. 50 x 69"
Eleomar Puente. (Cuba 1968)

Escribir sobre Cuba es escribir contra el silencio. Es un acto de rebeldía, pero también de duelo. Es reconocer que el país ha sido herido por quienes juraron salvarlo. Es afirmar que la memoria no puede seguir secuestrada por un relato único. Es reclamar el derecho a preguntar, a dudar, a disentir, a imaginar. Porque un país no se salva con mandatos, sino con verdad. No se reconstruye con miedo, sino con dignidad. No se libera con odio, sino con justicia.

(*) Tomado del diario 14 y Medio 

Wednesday, March 4, 2026

EL CINQUILLO Y LA TUMBA FRANCESA

Revista

La huella de Haití en la cultura cubana

Por Antonio Gómez Sotolongo

La noche del 14 de agosto de 1791 se produce, en Saint-Domingue, un gravísimo acontecimiento. Suenan los tambores del vodú en Bois Caimán. Bajo una lluvia torrencial, doscientos delegados de dotaciones de la Llanura del Norte, llamados por el iluminado Bouckman, beben la sangre tibia de un cerdo negro, juramentándose para la rebelión.

@Fuente externa

Así describe Alejo Carpentier, en «La Música en Cuba», el inicio de la Revolución de Haití, un acontecimiento que estremeció el Caribe y que tuvo enorme influencia en la conformación de la cultura cubana, sobre todo en la región oriental de la isla. Las terroríficas degollinas que realizaron los esclavos haitianos contra sus amos franceses y la destrucción del magnífico emporio que entonces era la economía haitiana provocaron la estampida de miles de colonos franceses y negros criollos haitianos, muchos de los cuales llegaron a Santiago de Cuba en la más desoladora miseria.

Los criollos haitianos, arrastrados junto a sus amos por fidelidad o en calidad de esclavos domésticos, cargaron con sus hábitos, cantos y danzas y con una lengua propia conocida como creole o patois, resultantes de un proceso de transculturación, y se les conoció como «franceses», incluso se le llamó «francés» a todo su entorno.

A pesar de que hubo algunos que con el tiempo se desplazaron por toda la isla, en su mayoría se establecieron en la región oriental, donde permanece la huella de su cultura. Según algunos historiadores fue el precio de la tierra la causa de que los «franceses» se arraigaran en esta región. Afirma Julio Le Riverand, en su Historia económica de Cuba, que mientras en Oriente la caballería de tierra valía 100 pesos, en La Habana no bajaba de 1000 y según los datos existentes se sabe que la hacienda Santa Catalina, propiedad del Marqués de Jústiz, localizada en la región de Guantánamo, fue vendida a colonizadores franceses emigrados de Haití, al precio de 20 pesos la caballería.

Tumba Francesa La Caridad de Oriente @Fuente Externa

Descendientes de estos criollos haitianos, interesados en conservar sus costumbres y protegerse unos a otros, crearon las sociedades de Tumba francesa, las que según el Dr.Olavo Alén, «constituyeron y constituyen aún hoy, una fuente constante de elementos culturales de ese folklore primario o antecedente cuya interacción conformó los primeros rasgos de la cultura cubana». 

A principios del siglo XXI, se mantenían tres de estas sociedades, dos de ellas en zonas urbanas y una en un poblado campesino. La Sociedad Tumba Francesa La Caridad de Oriente, fundada el 24 de febrero de 1862 con el nombre de Sociedad La Fayette y declarada por el Fondo de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) Patrimonio Intangible de la Humanidad en 2003, está ubicada en el número 501 de la calle Los Maceos, esquina a San Bartolomé, en el barrio Los Hoyos, en Santiago de Cuba.

Uno de los eventos más significativos de estas sociedades son las fiestas en las que se baila en parejas sueltas, con figuras que rememoran gestos y actitudes de los bailes del Cabo y Port-au-Prince, y se entonan cantos afrohaitianos acompañados por tambores, que se denominan: premier o redoblé, sécond y bula o bebé, catá tambora, chachá o maruga.

Estos instrumentos son anchos y chatos y se tocan con baquetas, muy semejantes a los del vodú haitiano. Los cueros, según se afirma en el Diccionario de la Música Cubana, de Helio Orovio, «se tensan por medio de cuerdas y tarugos ganchudos, yendo algunas cuerdas ensartadas en el aro, del cual descienden diagonalmente a pasar por debajo de una estaca o cuña y ascienden otra vez al cuero, formando ángulos».

El cinquillo cubano

Una de las células rítmicas que con más fuerza influyó en la música cubana fue el llamado cinquillo, un figurado de procedencia africana y que los «franceses» de Haití visibilizaron en Cuba. Esta célula, que seguramente se encontraba en los barracones de esclavos en Cuba desde mucho antes, no tuvo real influencia en la música profesional hasta entrado el siglo XIX, cuando las contradanzas comenzaron a difundirse por toda la isla

Fernando Ortiz, en su libro «La africanía de la música folklórica de Cuba», la recoge como una de las siete células rítmicas afrocubanas más importantes y la considera como la «célula rítmica africana del Danzón, llamada cinquillo». También utilizada en las antiguas contradanzas cubanas y que se diseminó en casi todos los géneros de la música popular cubana.

«Al ser introducido en la isla –nos comenta Alejo Carpentier-, el cinquillo se hizo uno con la contradanza oriental. Las orquestas de baile se apoderaron de él para salpimentar sus ejecuciones». Y para el danzón, a finales del siglo XIX, se convirtió en la célula rítmica medular, algo que se puede apreciar desde el que se considera el primero en su género: Las Alturas de Simpson, de Miguel Failde. 

Está muy difundido en la historiografía cubana el suceso que protagonizó el compositor catalán residente en Santiago de Cuba, Juan Casamitjana y Alsina, y que diera un enorme impulso a la difusión de los cantos de los negros «franceses». Según se cuenta, cierta noche de 1836, el músico, que había compuesto un buen número de canciones cubanas, pudo escuchar, al paso de una comparsa, los cantos del Cocoyé. Anotó las coplas y los ritmos y compuso una partitura que muy pocos días después colocó en los atriles de la banda del Regimiento de Cataluña. En esa oportunidad, la retreta, en la que habitualmente se escuchaban los clásicos del repertorio universal, se convirtió en una invaluable difusora de los cantos y ritmos afrohaitianos y dio un verdadero impulso a la mezcla de éstos con las células rítmicas afrocubanas.

Las coplas y los ritmos del Cocoyé (o Cocuyé), con sus cinquillos, transitaron por las partituras de un buen número de compositores, incluso llegaron a las salas de conciertos en obras de muy diversos compositores; entre ellos, el pianista y compositor Louis Moreau Gottschalk, nacido en New Orleans y radicado por temporadas en Cuba, quien compuso una obra titulada El Cocoyé Op. 80 (Grand Caprice Cubain di Bravura) y Amadeo Roldán quien compuso las obras Obertura sobre temas cubanos, y la Oriental, de «Tres pequeños poemas».

La cultura afrohaitiana, con el paso de los siglos, sufrió en Cuba una nueva transculturación, marcó su huella indeleble, y se convirtió en una de las fuentes que contribuyeron a la conformación de la cultura cubana.