Por Dagoberto Valdés Hernández
Cuba vive
entre la esperanza y la frustración, entre el cambio profundo y el cambio
fraude, entre el “ahora sí” y el “si no es ahora, más nunca”.

Los cristianos del mundo entero celebramos la Semana Santa de 2026 y todos, incluso los agnósticos y ateos, todos, podemos aprender de las contradictorias lecciones que nos brindan los diferentes acontecimientos históricos que conmemoramos en esta Semana Mayor de los cristianos. Veamos:
1. El
Domingo de Ramos celebramos la entrada triunfal de Jesucristo en
Jerusalén. Jesús avanzaba hacia la muerte y, mientras, el pueblo lo recibía
vitoreándole con palmas como si fuera un rey de los violentos y mundanos, como
si fuera un político que los liberaría de la opresión de Roma. Jesús no iba a
oprimir sino a entregarse para una liberación total que empieza por el interior
de cada persona y transforma hasta las estructuras de la sociedad.
Cuba puede también
equivocarse y esperar a un nuevo caudillo populista y falsamente mesiánico en
lugar de aprender a evaluar y elegir los mejores programas y propuestas para la
liberación total de todas sus estructuras políticas, económicas y sociales.
2. El
Jueves Santo se celebra la última cena de Jesús. En ella, el
verdadero Mesías nos enseña, lavando los pies a sus discípulos, que el único
poder legítimo es el que se ejerce como servicio y por amor.
Cuba debe aprender
a elegir a sus nuevos líderes entre aquellos que hayan demostrado,
convincentemente, que tienen vocación de ser verdaderos servidores públicos,
disponibles para servir y dispuestos para abandonar el poder en cuanto se
cumpla su mandato. Servir y amar a Cuba. No dominar y oprimir a Cuba.
3. El
Viernes Santo, día de descanso y oración, se conmemora la muerte de
Cristo para salvarnos. La pasión y muerte de Jesucristo es la pasión y muerte
de todo pueblo que sufre y muere. Él no manda a su pueblo a morir, él se
entrega y ofrece su vida por todos. Jesús dice: “Nadie me quita la vida, yo la
doy voluntariamente” (Juan 10, 18). La misma muchedumbre, masa deshumanizada,
que el Domingo de Ramos aclamó a Jesucristo cantando: ¡bendito el que viene en
nombre del Señor! solo cinco días después, el Viernes Santo, vocifera manipulada:
¡crucifícalo!, ¡crucifícalo! La pasión de Cristo es también la pasión de Cuba
que sufre.
Cuba debe aprender
también esta doble lección: primero, las masas son así de manipulables y
contradictorias cuando no tienen educación cívica, ni ética personal: un día están
de un lado y al otro día apoyan lo contrario. Segundo: el verdadero líder da su
vida primero, no empuja a su pueblo a la violencia ni a la muerte.
4. El Domingo de
Resurrección, la mayor fiesta de los cristianos, celebramos el triunfo de
Jesús sobre la muerte que no tiene nunca la última palabra. La última palabra
es de la vida, de la vida nueva, de la vida buena, de la vida en la Verdad.
Cuba también
resucitará, y muy pronto. La luz de la verdad vencerá sobre las tinieblas del
gran apagón de Cuba. Después de este agónico viernes de muerte que ha durado
más de 60 años, Cuba amanecerá al resplandor de su libertad.
¡Cristo ha
resucitado!
¡Cuba
verdaderamente resucitará!
Hasta el próximo
lunes, si Dios quiere.
(*) Publicado el lunes, 30 de marzo de 2026 en Centro de Estudios Convivencia.
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