Por Pedro Corzo
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| Paredón de fusilamiento. Museo Americano de la Diáspora Cubana. Miami. |
Murió Ramiro Valdés Menéndez, el sujeto que engrasaba la macabra maquinaria del totalitarismo castrista con la sangre de los miles de hombres que fusiló y los cientos de miles que encarceló.
Participó con los Castro
en el fracasado ataque al cuartel Moncada y en la expedición en la que naufragó
el yate Granma. En la Sierra Maestra cumplió la misión de espiar a compañeros y
enemigos, la misma tarea que asumió en Mexico entre sus compañeros
expedicionarios. Tenía vocación de espía, en lenguaje cubano, era el chivato
por excelencia.
Ocupó posiciones muy
importantes bajo el totalitarismo castrista. Miembro del ejecutivo nacional de
las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), dos veces ministro del
Interior, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, miembro del Buró
Político, viceministro Primero de las FAR, ministro de la Informática y de las
Comunicaciones, estuvo al frente de los sectores de la Construcción y la
Industria Básica, junto a otras responsabilidades gubernamentales.
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| Fusilamiento en la Sierra Maestra |
De 1961 a 1969 comandó
el ministerio del Interior, cargo que retomó en 1978-1985, siendo sustituido
por el viceministro- general, José Abrantes, muerto en prisión.
El comandante Jaime
Costa, quien fuera amigo de la infancia de Ramiro Valdés, afirma que los
primeros especialistas de la KGB en ingresar a Cuba que hablaban español, abril
del 59, lo hicieron por gestiones de Valdés.
Fue el fundador del
Ministerio del Interior, estableciendo una estrecha colaboración con sus pares
del extinto bloque soviético que duró hasta la caída del Muro de Berlín y en
algunos casos por varios años más. Documentos archivados en la Stassi, policía
política de la RDA, testimonian la estrecha cooperación entre las fuerzas
represivas y los suministros de diferentes clases que la entidad represiva
germana enviaba a sus homólogos de La Habana. Igual relación existía con la
KGB, soviética.
Valdés instituyó en Cuba
la vigilancia contra el ciudadano común, pero también contra los altos jerarcas
del régimen. No había diplomático, funcionario, empresario o personalidad
extranjera, que no fuera espiado en la isla. Otro aspecto importante en los
predios de Valdés fue al alto nivel de corrupción, siendo “Ramirito” el más
corrupto.
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| Fusilamiento en La Cabaña |
Es importante destacar
que quien fuera Viceprimer ministro del gobierno de Cuba y miembro del Buró
Político, fue uno de los principales brazos ejecutores de la subversión
castrista en el hemisferio. Las incursiones de los sicarios de la revolución
cubana en Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Colombia y el resto de los países del
continente, contaron con la asesoría de Valdés.
Valdés, fue el primer
jefe militar de Las Villas bajo el castrismo, posteriormente asumió la
dirección del Departamento de Investigaciones del Ejército Rebelde (DIER),
represores por excelencia y primera cantera de la Seguridad del Estado e
instructores en la subversión.
La Seguridad del Estado,
creada por Valdés es un organismo que ha encarcelado a más de medio millón de
hombres y mujeres, ejecutado aproximadamente a seis mil personas y varios
cientos de desaparecidos. Ellos cuentan con licencia para arrestar y matar, condenar
sin juicios y fusilar sin pruebas, el legado más importante de Ramiro.
El comandante de la
Sierra Maestra, Huber Matos, declaró que Ramiro tenía la triste fama de ser
represivo, aún antes del triunfo de la insurrección. Matos cuenta que, durante
su arresto en Camagüey, Valdés le apuntó con una pistola constantemente y fue
quien lo condujo preso a la capital.
Las redadas, condenas y
ejecuciones estaban a cargo de los "Ramiritos" como los calificaba
Dariel Alarcón. Ricardo Boffill, afirmaba que viejos comunistas con un
historial de violencia y asesinatos como Isidoro Malmierca y Osvaldo Sánchez,
se incorporaron al MININT a través de Valdés, entregándole las informaciones
sobre actividades políticas de ciudadanos de interés que había acumulado el
Partido Socialista Popular durante años.
Los agentes de Ramiro
actuaron con plena impunidad, desconociendo los más elementales derechos
ciudadanos. Ejecutaban redadas de miles de personas sin que mediara actuación
judicial. Se estima que en los días de Playa Girón fueron arrestados y
confinados en campos deportivos, escuelas y clubes sociales, más de 250.000
personas.
Entre 1960 y 1975,
Ramiro Valdés dispuso el desplazamiento forzoso de miles de campesinos de
diferentes zonas rurales de Cuba, particularmente de la región montañosa del
Escambray, creando los tristemente famosos “Pueblos Cautivos”.
No faltaron masacres
como la de «La Ceiba», Escambray, donde fueron ejecutados con
una ametralladora calibre 30, 19 hombres. Para el ministro y sus
discípulos, la convicción de que un indiciado era culpable hacía posible
cualquier condena. Fundó campos de concentración en todo el país, «La
Sierrita», «Arroyo Blanco», «El Condado», y muchos más, siendo los campesinos
los que más los padecieron.
Ulteriormente, colaboró
estrechamente con el Ministerio de las Fuerzas Armadas para poner en función
las sádicas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), donde miles de
jóvenes fueron maltratados brutalmente.
Homosexuales y opositores a la revolución cubana en la Unidad Militar de Ayuda a la Producción de Cuba, 1967. Foto tomada de Wikipedia
Valdés introdujo en los
interrogatorios torturas muy sofisticadas. La aplicación del pentotal sódico
(conocido como el suero de la verdad), cambios de temperaturas, aislamiento
prolongado y métodos sicológicos muy agresivos para desestabilizar al preso, entre
ellos el electroshock, sin dejar de proporcionar golpizas brutales.
Numerosos presos recluidos en el hospital de Topes de Collantes, transformado
en cárcel, fueron atados y lanzados desde helicópteros a una laguna situada
cerca del antiguo centro hospitalario. Estas torturas se realizaron en otros
lagos y pantanos de la isla.
Manuel de Beunza, dice
que aparte de asesino, Ramiro era un sádico. Gustaba visitar las prisiones, en
particular las menos conocidas, como unas que estaban a disposición exclusiva
del Departamento Técnico de Investigaciones, en las que el detenido podía permanecer
por tiempo indefinido sin ser presentado ante autoridad judicial.
Las condiciones
carcelarias bajo la dirección de Valdés no solo eran difíciles, sino que podían
generar un genocidio, si en el país se producía alguna circunstancia que
pusiera en peligro la permanencia del sistema. Cumpliendo órdenes de Fidel,
colocó en los túneles de las cuatro circulares y en el comedor, del Reclusorio
Nacional para Varones de Isla de Pinos, miles de libras de TNT, con la orden de
detonar los explosivos si se producía una sublevación o un ataque del exterior.
Durante más de 20 meses 5.000 presos políticos durmieron sobre un virtual
colchón de explosivos.

Nicolás Maduro y Ramiro Valdés
Los funcionarios del MININT y Seguridad del Estado, G-2, han sido una élite dentro del régimen. Disfrutan de prerrogativas y privilegios que jerarcas de otras estructuras gubernamentales no disponen. Un oficial de esos cuerpos es mucho más importante que su par de las Fuerzas Armadas, su condición de sacerdotes del totalitarismo les permite intimidar, detener y eliminar a cualquier hereje sin mayores consecuencias, siendo, ese, el verdadero poder en un régimen como el castrismo. Ramiro lo detentó hasta su muerte.



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