Tuesday, June 4, 2019

¿QUIEN FUE MARÍA LUISA DOLZ?


The Cuban Cultural Center of New York 
presents



 CINCO HABANERAS



An illustrated period study of five

exceptional 19th century women

from Havana



FRIDAY, JUNE 7, 2019

at 6:30 pm



BARUCH COLLEGE
Lexington Ave. bet. 24th & 25th Sts., NYC
6th Floor ~ Conference Room 6-210



As part of our year-long celebration of the

500th Anniversary of the City of Havana!


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Saturday, June 1, 2019

El Comandante Playboy

Reproducimos acá una entrevista al investigador Abel Sierra Madero sobre su último libro Fidel Castro, el Comandante Playboy. Sexo, Revolución y Guerra Fría, aparecido originalmente en Hypermedia Magazine:

Fidel Castro es uno de los grandes malentendidos del siglo XX


Abel Sierra Madero (Matanzas, 1976), luego de La nación sexuada (2002) y Del otro lado del espejo (2006), este último merecedor del Premio Casa de las Américas, publica ahora  Fidel Castro, el Comandante Playboy. Sexo, Revolución y Guerra Fría, un libro que nos sirve de pretexto para abordar con él los hilos fundamentales que recorren el texto: política, medios de prensa o ritos sexuales tamizados, como si se tratara de un filtro fotográfico, por la mirada ideológica.

Háblanos un poco del origen de este libro, cómo surgió y por qué. ¿Fue una investigación previa que acabó organizándose y concretándose en un volumen, o fue la idea de escribir el libro lo que motivó la investigación?
Todo empezó con una relectura de Castro’s Cuba, Cuba’s Fidel (1967), del fotorreportero Lee Lockwood. Supe entonces que la revista Playboy había publicado como adelanto un fragmento de la entrevista de Lockwood con el dictador cubano. Esa pista me llevó a rastrear la relación de Castro con Playboy, la icónica revista de entretenimiento para adultos. 
Aunque estaba prohibida en Cuba, Playboy le permitió a Castro llegar a millones de personas. La sección “The Playboy Interview” fue durante varias décadas uno de los espacios más leídos del mundo. Además, la revista sirvió para asentar debates sobre la “normalización” de las relaciones de Estados Unidos con Cuba y el fin del embargo durante la década de 1970 y principios de la de 1980. 
Playboy, como demuestro en el libro, se convirtió no solo en una plataforma para el Comandante, sino también en una suerte de canal secreto (back channel) a través del cual se gestionaron algunas negociaciones entre políticos y lobistas con el gobierno cubano.
El libro no fue pensado inicialmente como tal. Fue un proyecto que creció poco a poco. En 2015 había escrito un capítulo para un volumen que planeaba publicar junto a la historiadora Lillian Guerra, una de las voces más importantes de los estudios cubanos de los últimos años. El capítulo sobre Fidel Castro y sus affaires con la revista Playboy era una especie de bonus track de ese libro. En ese momento yo me encontraba en medio de mi doctorado en New York University; la imposibilidad de cumplir con los plazos editoriales junto al rigor del programa de doctorado, me hizo tomar la decisión de posponer ese proyecto, aunque no hemos dejado de colaborar. De hecho, algunas de las imágenes que aparecen en el libro provienen de su archivo personal. 
Mientras tanto, seguí investigando sobre la presencia de Fidel Castro en la cultura impresa estadounidense durante la Guerra Fría y fueron saliendo otros temas. El proyecto comenzó a crecer y a integrar otras fuentes. Se aceleró luego de la muerte del Comandante en noviembre de 2016. Ha sido bien difícil porque tuve que escribir, al mismo tiempo que este libro, una tesis doctoral de más de trescientas páginas de un tema totalmente diferente. De locos. 
He tratado de posicionarme desde lugares menos comunes y romper con el marco binario tradicional conformado por las narrativas anticomunistas y por aquellas que toman a Fidel Castro como un referente moral. Como categorías de identidad política, el anticastrismo y el castrismo se articularon en una unidad constitutiva de amor y de odio, retroalimentándose mutuamente. Creo que ese ha sido uno de los errores del exilio: no generar un relato histórico más allá del anticastrismo. 
Ante semejante epíteto en portada: Fidel Castro, el Comandante Playboy, el lector pudiera pensar en primera instancia que te referirás a un comandante mujeriego y seductor, ¿no? Sin embargo, tu título apunta mucho más allá…
El título del libro es un gesto orientado, por una parte, al análisis de las relaciones del Comandante con Playboy y, por otra, a desmontar los lugares desde donde se ha construido la mística y el carisma del dictador. 
La mitología de Fidel Castro pasó también por la sexualidad y por su representación como bad boy y latin lover. Abbot Howard “Abbie” Hoffman, fundador del Youth International Party (Yippies), por ejemplo, fue uno de los que sucumbió a sus encantos. Dijo que Fidel era algo así como “un pene poderoso naciendo, y cuando él está alto y recto, la muchedumbre inmediatamente se transforma”. 
Además, confesó que hubiera querido tener el estilo de Andy Warhol combinado con el de Fidel: “Warhol entiende los medios modernos. Castro tiene la pasión para el cambio social. No es fácil. Uno es un maricón y el otro es el epítome de la virilidad”. Pero entre los dos, Hoffman prefería al caudillo cubano: “Si el país se vuelve más represivo tenemos que convertirnos en Castros. Si el país es más tolerante, debemos convertirnos en Warhols”. 
Así, el dictador cubano se convirtió en un objeto de deseo y de fascinación. 
Fidel Castro y la Revolución Cubana son uno de los más grandes malentendidos del siglo XX que la Historia se encargará de poner en su lugar. De eso estoy seguro. Su legado es una gran distorsión y es muy cuestionable. 
Fidel Castro secuestró y personalizó una revolución que no le pertenecía. Muchos de los que lideraron la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, y tenían un proyecto más liberal e inclusivo, acabaron fusilados, encarcelados o exilados. Prometió restaurar libertades y derechos fundamentales y terminó instaurando un régimen autoritario que instaló campos de trabajo forzado, fomentó la violencia de Estado, vació de contenido la figura del ciudadano y arruinó al país por seis décadas, desplazando a millones de personas. 
Aunque la base fundamental de su retórica era el antimperialismo, Fidel puso a Cuba bajo la órbita expansionista de Moscú y siguió reproduciendo el modelo de monocultivo y de monoexportación que había sido nuestro lastre fundamental como nación. Su gestión política y económica fue desastrosa y casi todos sus proyectos terminaron siendo un rotundo fracaso. 
Los niveles de desigualdad y de vulnerabilidad de la población cubana hoy son alarmantes. Ni la educación ni la salud son gratuitas, aunque la propaganda oficial se empeñe en demostrar lo contrario. Cuba se ha convertido en un país post-socialista controlado por una élite militar, que genera un modelo de extracción de la fuerza de trabajo que sorprendería al mismísimo Marx… 
Pero eso forma parte de otra discusión.
El Comandante encarnó las fantasías de la utopía revolucionaria y una alternativa a las burocracias del “socialismo real” y al capitalismo intervencionista de Washington. Alrededor de su figura se construyó un campo de afectos muy poderoso, que se mantiene aún en la actualidad entre sectores de la izquierda que desconocen la dimensión del drama cubano y que tienen a Estados Unidos y al embargo como la principal fuente de todos los problemas de la Isla. 
En uno de los capítulos de mi libro analizo precisamente el papel de la izquierda en la construcción de Cuba como un parque temático, puesto en función de sus necesidades afectivas e ideológicas, cuando no sexuales. La idea de que Cuba era Fidel y que Fidel era Cuba, y no una formación más abarcadora, es una de las distorsiones más grandes que produjeron esas narrativas.
En tu trabajo con el archivo, como explicas en la introducción del libro, has terminado haciéndote de una gran cantidad de magazines de pulp fiction, tabloides de chismes y revistas eróticas estadounidenses relacionadas con la figura de Castro. ¿Qué destino le aguarda a esa colección privada, que tal vez sea única en el mundo? ¿Seguirá creciendo? ¿Podremos esperar acaso una exposición?
He comprado cientos de revistas en subastas realizadas en la plataforma digital Ebay (alguien tendrá que estudiar el papel de Ebay en los procesos de democratización y de descentralización del archivo). Esos materiales son la base de este libro y han conformado una colección bastante rara que sigue creciendo. 
Por el momento pretendo conservarla. La idea, sí, es realizar una exposición. Ando buscando instituciones interesadas en el proyecto. 
También en la introducción, te refieres a tu libro como “el fragmento de una biografía de Fidel Castro o una historia de la Revolución que todavía está por escribirse”. 
Fidel Castro generó mucho material biográfico dentro y fuera de Cuba. La biografía se convirtió en un fenómeno de masas desde Stefan Zweig. Pero ese tipo de relatos generalmente se regodean en lo anecdótico, en el fetiche, y muy pocas veces en el análisis. Tienden a sobredimensionar a los personajes y terminan por distorsionarlo todo. 
No creo en géneros estables ni fijados; pero considero que una biografía de Castro que capture toda su complejidad, más allá de la idolatría o la fascinación, aún no se ha escrito. Tanto su figura como la historia de la Revolución deben ser sometidos a debate. Esas discusiones tienen que llegar a los lenguajes públicos globales para poder incidir en los manuales escolares, en los programas de estudio de las universidades, en el mundo del cine y en los medios de comunicación. 
Es bien difícil porque las grandes editoriales, periódicos como The New York Times o algunas revistas de circulación mundial como Slate y The Nation, entre otras, controlan celosamente lo que se publica sobre Castro y la Revolución. Pareciera que los cubanos estamos excluidos para contar nuestra historia en esos espacios. Por lo general, siempre alguien habla por nosotros. Es el síntoma de una política. 
Lo mismo sucede con los Cuban Studies en Estados Unidos. Este campo ha estado contaminado por relaciones clientelares que han establecido históricamente académicos estadounidenses con comisarios culturales y funcionarios. Existe un contrato tácito que implica cierta condescendencia política con respecto al régimen cubano. Las voces críticas suelen ser castigadas y penalizadas con la prohibición de entrar a la Isla. 
La profesora y artista cubanoamericana Coco Fusco, por ejemplo, ha sido detenida varias veces en el aeropuerto de La Habana y regresada a Miami en el mismo avión, por su apoyo a artistas independientes. Este no es un caso aislado, sino una práctica sistemática que lleva produciéndose mucho tiempo.
Salvo excepciones, la mayoría de los “expertos” sobre Cuba en Estados Unidos evitan hacer declaraciones públicas sobre la realidad política en la Isla. Algunos se manifiestan con vehemencia con respecto a violaciones de derechos humanos en otros lugares; pero con respecto a Cuba, su silencio es escandaloso. Es como si el repertorio de herramientas analíticas y categorías que usan para criticar otras realidades, no aplicaran al caso cubano. De este modo, Cuba se ha constituido como un espacio excepcional en los procesos de producción de conocimiento.
¿Qué crees que significa, para el lector cubano común y corriente de hoy, asomarse a este, digamos, “adelanto de biografía” que ya has escrito? ¿Qué esperas que le aporte tu libro? Más allá de los historiadores, o de los especialistas: ¿con qué lectores te gustaría conectar?
En este libro trato de contar una historia diferente de la Guerra Fría utilizando fuentes no convencionales, que van desde las revistas eróticas, la literatura de viajes, el rumor o el chisme, hasta el cómic y las tramas de pulp fiction. Me involucro en un proceso de deconstrucción de la figura del Fidel Castro a partir de las fantasías populares que se produjeron en Estados Unidos, y aquellas generadas por la izquierda global. Creo que el archivo que rescato, y comparto con los lectores, es una de mis contribuciones. 
Nunca he escrito para un lector específico y he tratado de manejar unos códigos que rompan con la jerga académica, para que las ideas puedan circular con más fluidez y tengan mayor alcance. Algunas veces lo he logrado, otras no tanto. Pero quiero conectar con todos los lectores posibles.
¿Esperas, algún día de tu vida, poder publicar este libro en Cuba? 
Ojalá. En el futuro todos los libros censurados y prohibidos por el comisariado cultural, durante estas décadas, deberían publicarse en Cuba. 
Imagino un fondo editorial que pueda encargarse del asunto. Creo que para que se produzca el cambio hay que imaginarlo, soñarlo. 
Eres especialista en cuestiones de sexualidad, políticas LGBTQ, etc. Tus ensayos anteriores exploran esos temas en el contexto de la historia y la cultura cubanas. ¿Cómo se relaciona El Comandante Playboy con el conjunto de tus libros? ¿Cuánto hay de ruptura, o de proximidad, con los asuntos que has estudiado anteriormente?
Creo que el proyecto de Historia de la Sexualidad en Cuba que empecé a finales de la década de 1990, está llegando a su fin. Siempre he tratado de ubicarme en los puntos ciegos y en los silencios de la Historia. El sexo era uno de ellos, y me interesaba como instancia de imaginación política, su relación con el nacionalismo y con procesos de exclusión social. 
Michel Foucault demostró que la sexualidad no era un tema de segundo orden o colateral a las narrativas nacionales, sino que estaban en el centro de los procesos de institucionalización y de organización de la sociedad moderna. La teoría marxista, preocupada por el tema de las clases y la economía, no lo entendió hasta hace muy poco. Yo he tratado de contribuir con mis investigaciones y mis ensayos a que la sexualidad se integre a la historiografía, a los estudios cubanos y latinoamericanos como una preocupación importante y no como un elemento decorativo, de atrezo.  
El Comandante Playboy forma parte de una transición temática y disciplinar que empezó hace algún tiempo. Ahora mis preocupaciones están orientadas a la política de la memoria. 
En Cuba hay una crisis de memoria histórica y el escenario poscomunista se articula precisamente sobre un proceso de lavado y borrado de la memoria. Los regímenes totalitarios, sobre todo aquellos enquistados en el tiempo, tienden a producir narrativas que diluyen el pasado de represión para distorsionar el alcance de la tragedia. Borrón y cuenta nueva, dicen algunos. 
El caso cubano no es una excepción. Hay fuerzas que promueven un futuro amnésico y un olvido colectivo; fuerzas que diluyen y acomodan el pasado para que no pueda usarse en el presente o en el futuro político. El papel de los historiadores y de los intelectuales públicos es trabajar para que eso no suceda. El pasado tiene que convertirse en una herramienta para pensar el futuro y para los procesos de administración de la justicia. 
No puede soñarse con una Cuba en democracia sino pensamos en estas cuestiones. Tiene que haber una ley de memoria redactada para el día después. Y ese día va a llegar, más tarde o más temprano.
Colocas como epígrafe al volumen esta frase de Svetlana Boym: “The past has become much more unpredictable than the future”. A día de hoy, y varios libros después, ¿qué nos diría Abel Sierra Madero cuando se habla del futuro de Cuba?
La frase de Svetlana Boym es muy poderosa porque de alguna manera resume el presente y futuro de las sociedades poscomunistas. Su libro The Future of Nostalgia es una gran contribución para entender los afectos en estos países, en especial ese tema de la nostalgia. 
La Revolución Cubana fue, entre otras cosas, una maquinaria, una industria de producción de afectos que traspasó sus propias fronteras, y eso es muy difícil de desmontar, porque esos afectos se tradujeron en un pensamiento de tipo religioso y no en la racionalidad del análisis crítico. Ese campo de afectos se generó desde el cine, la literatura, la música, y se conecta con las vivencias de la gente.
Si tomamos en cuenta lo sucedido en las sociedades de Europa del Este y las antiguas repúblicas soviéticas, incluida Rusia, no es difícil imaginar el futuro de Cuba: economía deprimida, agudización de la desigualdad y la pobreza, resurgimiento de la religión, la homofobia, el racismo y el pensamiento extremo; gobiernos autoritarios, corrupción, etcétera. 
En resumen: ausencia de un Estado de derecho. Ya se ha demostrado que el tiempo histórico no es lineal ni continuo; ya sabemos que nunca se cumplió la promesa de la democracia tras la caída de esos regímenes. 
Este escenario que he descrito, que por cierto ya se instaló en la Isla, ha venido creando una especie de añoranza, una nostalgia por el pasado comunista. Y la nostalgia hay que atenderla con mucho interés y cuidado, por el tipo de memoria colectiva que genera.
Muchos cubanos, por ejemplo, idealizan la sociedad pre-revolucionaria de la década de 1950, basados en una serie de mitos y de imágenes que —comparados con la decadencia y la ruina que generó el socialismo— les parecen muy atractivos. No tienen en cuenta los grandes problemas nacionales y el tipo de capitalismo bananero que había en Cuba y que permitió precisamente el surgimiento de personajes como Fidel Castro. 
Lo mismo sucede con aquellos que idealizan la década de 1980 solo porque había más enlatados en las tiendas, o electrodomésticos de fabricación soviética, cuando en realidad fue un período oscuro para el arte y para el desarrollo del país. 
El reto es construir una comunidad nacional que tenga un sentido crítico del pasado y que convierta la nostalgia en una categoría política. He visto comentarios en redes sociales de personas emocionadas con teleseries de guerra o de aventuras donde se enmascaraba la propaganda, o con canciones que prometían hundirnos en el mar antes de “traicionar la gloria que se ha vivido”. Eso es preocupante y triste. 
Vivimos también en un mundo cada vez más predecible y aburrido, que tiende a la homogenización. Un mundo donde no hay riesgo cultural, en el que los libros que más se venden son los de cocina o de autoayuda. Las mismas cadenas de fast food, la misma estética, el mismo street art en New York, Miami o Praga. La experiencia de las mayorías pasa por las redes sociales y, para que un lugar merezca la pena, debe ser ante todo “instagramable”. El capital simbólico pasa por los likes y por los followers. Un mundo cada vez más polarizado donde los discursos sobre el bienestar social se asocian al comunismo y no a la socialdemocracia. 
El argumento de Svetlana Boym, con el que empiezo mi libro, también se conecta con la producción de conocimiento acerca de la naturaleza de los regímenes autoritarios. En ese sentido, considero que es fundamental la creación de nuevos consensos e imágenes sobre la Historia de la Revolución. Si ya conocemos el futuro, y no pinta nada bien, el ejercicio más productivo sería regresar al pasado y convertirlo en una instancia más compleja de imaginación nacional, precisamente para que no se repita. 
Jorge Edwards señaló que las revoluciones “siempre serán juzgadas con mayor benevolencia que las contrarrevoluciones. Hay razones sólidas para que esto sea así. En las revoluciones el horror puede coexistir con la grandeza”. 
Por lo pronto, es muy probable que esto sea cierto.

¿QUIÉN FUE LAURA MARTÍNEZ DE CARVAJAL?

Como parte del ciclo "Cinco habaneras" con que el Centro Cultural Cubano de Nueva York está celebrando el 500 aniversario de la fundación de La Habana anuncia una conferencia para la próxima semana sobre Laura Martínez de Carvajal, la primera doctora de la historia cubana.
The Cuban Cultural Center of New York 
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La Virgen de la Caridad, película cubana

Agradecemos al miembro de la AHCE Iván Acosta habernos hecho llegar el enlace de una nueva versión restaurada de la película cubana La Virgen de la Caridad, la más importante del cine silente y algunos incluso afirman que de toda la etapa republicana. La acompañar la película y que se entienda mejor la relevancia de esta añadimos el texto de un artículo del 2011 del destacado crítico cubano
Juan Antonio García Borrero tomado de su blog Cine cubano, La pupila insomne.


La Virgen de la Caridad, por Ramón Peón

Por Juan Antonio García Borrero
 
Hace hoy exactamente 81 años (8 de septiembre de 1930) fue estrenado en el cine Rialto de La Habana el largometraje de Ramón Peón La Virgen de la Caridad, versión de la novela homónima de Enrique Agüero Hidalgo. Como expresan los investigadores Arturo Agramonte y Luciano Castillo en la apasionante biografía que le dedicaran al cineasta, ésta terminó siendo “la película que cerró el período silente en Cuba, la más importante generada en la Isla por el cine comercial prerrevolucionario y la mejor obra en la prolífica filmografía de Ramón Peón”. (1)
Yo demoré bastante en ver ese filme, a pesar de que, por haber nacido el 8 de septiembre de 1964, debía ser uno de los que apelara desde temprano a la advocación que prodiga la deidad del título. No importa que mi velado agnosticismo (rogaría no confundir con el dogmático ateísmo) a veces provoque suspicacia entre los más creyentes. En realidad llegué tarde al filme porque durante un buen tiempo Ramón Peón fue ignorado, y esta cinta apenas fue considerada por quienes escribían la Historia del cine cubano. Y no hablo aquí de la Historia firmada después de 1959, que por ser dominante la ideología marxista, durante un buen tiempo descalificó como “idealismo” todo lo que oliese a religión.
En realidad el olvido de La virgen de la Caridad comenzó a fraguarse desde mucho antes. Creo que nadie mejor que Néstor Almendros podría ilustrarnos sobre ello. Según nos recuerda en su libro “Cinemanía”, en 1960 el célebre historiador del cine George Sadoul fue invitado a Cuba por el ICAIC. El francés quiso ver algunos filmes “pre-revolucionarios” con el fin de establecer los antecedentes exactos del proceso que comenzaba a vivirse en el Instituto, y se organizaron varias exhibiciones, incluyendo la de Peón. Uno de los asistentes a aquella proyección de La Virgen de La Caridad fue Néstor Almendros, quien luego de describir los numerosos prejuicios que tenía entonces en cuanto al cine cubano pre-59, anota sus impresiones sobre lo sucedido ese día:
“Sonaba a kitsch piadoso, a ingenua hagiografía de tema bíblico como las que se exhibían en Pascua en los colegios religiosos y las parroquias.
La oscuridad se hizo en la sala de proyección. Sadoul sacó su cuaderno de notas y afiló el lápiz. Y empezó la vieja película, que no se había visto en décadas.
Primera sorpresa: no era una película religiosa. El título estaba puesto a propósito para despistar, ya que escondía la solución de la intriga final. La Virgen de La Caridad era, más bien, un melodrama campesino con algo de mensaje social. Otras sorpresas; excelente fotografía, interesantes decorados y localizaciones, montaje profesional, argumento con suspense. La interpretación “estilizada” no era peor que en la mayoría de las películas mudas americanas y europeas. La última secuencia era brillante, con sus acciones paralelas a ritmo in crescendo, movimientos de cámara bien ejecutados y primeros planos a lo Griffith soberbiamente montados.
Estábamos atónitos y un poco avergonzados por nuestra arrogancia antes de comenzar la proyección. Al aparecer la palaba “fin”, hubo una sostenida salva de aplausos. Sadoul estaba absolutamente feliz con la perla que acababa de descubrir.
Aquella tarde tuvimos todos la revelación de que Cuba tenía en Ramón Peón, el director de La Virgen de La Caridad, un artista visual, un narrador de excepcional talento. (2)
Hace poco vi la película otra vez con el temor de que las afirmaciones de Almendros pecaran de exageración. Los que la han visto saben que la trama más ingenua no puede ser: un joven campesino nombrado Yeyo vive con su abuela en la finca La Bijirita. Yeyo está enamorado de Trina, la hija del cacique del pueblo, quien no ve con buenos ojos la relación. Guillermo Fernández, hijo de un poderoso terrateniente del lugar, reaparece tras largos años de ausencia, y no sólo intentará casarse con Trina, sino también apoderarse mediante métodos fraudulentos de la finca La Bijirita. Todo parece que favorecerá al villano, pero una “milagrosa” intervención deLa Virgen de la Caridad (a través de una imagen que conservaba la abuela entre sus pertenencias) impide que el Mal se consagre.
Creo entender ahora un poco mejor el entusiasmo de Sadoul y Almendros. Ellos miraron el filme con la euforia desangelada del arqueólogo que encuentra trazas inesperadas de una cultura ya arcaica o desaparecida. Le reconocieron el valor técnico, el mérito de su elaboración pionera, pero pasaron por alto lo que pudo significar (o aún puede seguir significando) para el público cubano, una cinta que invoque a La Virgen de la Caridad.
Esto resulta interesante porque, como apuntara Almendros, no se trata de un filme religioso. O al menos su historia no está planteada desde la perspectiva hagiográfica. Lo cual nos permitiría examinar a la cinta como parte de algo más complejo, es decir, como parte del esfuerzo que a diario hacemos por encontrar el sosiego personal mientras nos dure la efímera existencia. ¿Quién no se ha sentido alguna vez en esta vida víctima de ese caos que nos rodea?, ¿quién no ha sentido que vive vapuleado por el absurdo y la arbitrariedad?, ¿quién (aún sin creer en Dios) no ha rogado para que tanta villanía y tormentos cesen?
No sé hasta qué punto Almendros y Sadoul estaban enterados del impacto sicológico que ha tenido en el imaginario de todos los cubanos la proclamación de La Virgen de la Caridad del Cobre como Patrona de Cuba. Y en verdad la película tampoco quiere extenderse en ello, no obstante su título. Más bien da por sentado que ese manto bienhechor ha estado y estará siempre allí, protegiendo a los cubanos de buena voluntad en cualquiera de las circunstancias en que se encuentren. A los que creen y a los que no creen. A los que viven dentro de la isla o fuera de ella.
Tampoco importa a la Virgen las ideas que sobre el mundo podamos tener, y mucho menos esas disputas feroces que en nombre de tales ideas (por valiosas que sean o parezcan) podamos orquestar, pues lo expresado por Pascal en su momento sigue resultando bien aleccionador: “Todo este mundo visible es sólo un punto imperceptible en el amplio seno de la naturaleza. Ninguna idea se le aproxima. Podemos incluso agrandar nuestras concepciones más allá de los espacios imaginables: en comparación con la realidad de las cosas, no concebimos más que átomos”.

Monday, May 20, 2019

Cómo Estrada Palma aceptó ser presidente

Por Guillermo A. Estévez *
El 20 de mayo de 1902 en el Palacio de Gobierno en La Habana.  En el centro pueden observarse al Presidente Tomás Estrada Palma. al Generalísimo Máximo Gómez y al General Leonard Wood.
 
Cuando llegaba la hora de establecerse la nueva república de Cuba, en 1901, la mayoría de los cubanos pensaban en el Generalísimo Máximo Gómez para que rigiera los destinos del país. El hecho de que no había nacido en Cuba no importaba. Bastante ya había demostrado su amor por ella. El Generalísimo, sin embargo, no aceptó. Dijo que el era soldado, no político. Y también dijo que él sabía quien era la persona ideal para ese puesto: Tomás Estrada Palma. 

Desde 1884, cuando Don Tomás regresó de Honduras a Estados Unidos casado y con su primer hijo la familia se había establecido en Central Valley, situado a cincuenta millas al norte de la ciudad de Nueva York, donde vivió por casi 20 años. Allí habían fundado una escuela, el Instituto Estrada Palma, una verdadera institución bicultural y bilingüe que enseñaba tanto a niños latinoamericanos como a americanitos locales. 


En 1887, José Martí se apareció un buen día de visita y re-encendió la antorcha de la idea de la libertad de Cuba. Martí se sintió bien en la amistad entablada con el estadista experimentado, desarrolló un gran respeto, cariño y confianza hacia él. Martí iba a Central Valley cuando se sentía un poco desanimado, iba a hablar de la Cuba futura con Don Tomás, de educación, de economía, de política, de reconstrucción, de derechos humanos, de deberes cívicos, de la igualdad… 


Una de las últimas visitas que hizo Martí antes de partir para Cuba en su fatídico viaje fue a Central Valley. Una de las últimas cartas que escribió fue a Don Tomás. A la muerte del Apóstol, Estrada Palma tomó las riendas del Partido Revolucionario Cubano, y fue nombrado “Delegado” por unanimidad de todos los “clubes” cubanos en Estados Unidos. Poco después fue nombrado Ministro Plenipotenciario del Gobierno de Cuba en Armas.
Desde 1895 hasta el final de la Guerra Cubano -Hispano–Americana, desde Nueva York, Don Tomás dirigió el esfuerzo exterior por la independencia de Cuba. Manejó los fondos recaudados con inmenso sacrificio por los trabajadores cubanos en todos los Estados Unidos con honestidad impecable. Compró armas y municiones; organizó y envió 73 expediciones armadas en apoyo a los mambises.


También Estrada Palma estuvo a la cabeza del esfuerzo y triunfo diplomático monumental e histórico que hubo de garantizarle a Cuba su independencia, la Resolución Conjunta del Congreso de Estados Unidos, firmada por el Presidente McKinley, que declaraba, en primer lugar “que el pueblo de la isla de Cuba es, y de derecho debe ser, libre e independiente.”
Estrada Palma y su grupo ganó a la opinión pública norteamericana, desde personajes importantes hasta la gente de pueblo. Había ferias cubanas en muchas ciudades, había obras de teatro sobre “Cuba Libre;” hasta estaban expuestas en cera las figuras de Maceo y Máximo Gómez en el Museo de Cera (llamado “Eden Musée”) de Nueva York. Y obreros y oficinistas y profesionales americanos también donaban su poquito de dinero para la causa.


En el esfuerzo por la independencia la figura de Estrada Palma brilló como hombre honesto, administrador admirable y diplomático hábil. Mientras tanto, Doña Genoveva Guardiola de Estrada Palma y los seis hijos estuvieron pasando severos aprietos y necesidades económicas en el pueblito de Central Valley.
En 1898, al finalizar la guerra, Don Tomás regresó a Central Valley, a su casa, a su familia y a su Instituto. Ya habían padecido mucho; hacía falta dinero. Ya él tenía cerca de 70 años. Quería regresar y regresó al magisterio. 


La intervención americana en Cuba marchaba relativamente bien. Había paz y había reconstrucción de la infraestructura y de la destrucción devastadora e inhumana de tres años de guerra, pero más que nada, había el entendimiento entre todos del contenido de la Resolución Conjunta del Congreso de los Estados Unidos: Los americanos se marcharían y tendríamos gobierno propio.
Las elecciones presidenciales estaban señaladas para el 31 de diciembre 1901. Máximo Gómez ya había dicho redondamente que él no se postularía. En julio de 1901, el Generalísimo , impaciente, agarró a uno de sus hijos por la mano y se embarcó hacia Nueva York, a Central Valley, a hablar con “Tomasico” en su casa.
La Patria llamaba una vez más, le dijo. Había que hacer un sacrificio más. Estrada Palma –dijo Gómez– era el único capaz de iniciar los destinos de Cuba por un camino honesto. Estrada Palma conocía a los americanos, y era el único capaz de mantener la cuerda floja de que fueran amigos, pero no amos. Don Tomás lo pensó por un tiempo; recibió el apoyo por escrito de un grupo de generales mambises, y accedió a seguir sirviendo a Cuba. El 31 de diciembre de 1901, en voto popular y secreto, fue electo Presidente de la República de Cuba.


Casi seis meses después, en lo que fue por siglos el Palacio de los Capitanes Generales españoles –ahora Palacio de Gobierno– en La Habana, se unieron en ceremonia solemne el Gobernador Leonardo Wood. Y otros dignatarios norteamericanos, el Presidente Electo Estrada Palma y su Consejo de Ministros, veteranos mambises, personalidades cubanas e invitados. Al acercarse el mediodía, el Generalísmo Máximo Gómez, también presente, dijo a los que lo rodeaban su famosa frase: “Ya hemos llegado!”
A las doce meridiano el Gobernador Leonardo Wood leyó la carta enviada por el presidente Teodoro Roosevelt en la cual se le adjudicaba el gobierno de Cuba a Tomás Estrada Palma, primer presidente electo. El General Wood abrazó a Estrada Palma y ordenó arriar la bandera americana. Inmediatamente después, el General Emilio Núñez izó la bandera cubana en el Castillo del Morro, a la vista de los miles de cubanos que bordeaban el Malecón. La bandera de la estrella solitaria también se izó en el Palacio de Gobierno y en todos los edificios públicos a lo largo y ancho de la isla.


De las gargantas de la gigantesca multitud que rodeaba el Palacio de Gobierno, de los hombres, mujeres y niños frente a la entrada de la bahía en el Malecón, de todos cubanos en todos los rincones de La Habana y de las provincias brotaba: “VIVA CUBA LIBRE!” La alegría era ensordecedora. Se cantaba el Himno de Bayamo, y se tocaba el Himno Invasor, las campanas repiqueteaban en todas las iglesias, y se oían cohetes, y se veían fuegos artificiales, y banderas, y escudos y abrazos entre extraños. Era una esplendorosa expresión de la identidad cubana: júbilo, triunfo, victoria.
Los elementos de la naturaleza también cooperaron: día soleado, cielos despejados, mar azul turquí. A las doce y 20, los miembros del Tribunal Supremo de Justicia tomaron el juramento y Don Tomás Estrada Palma se convirtió en el primer Presidente de “Cuba Libre”.

* El autor es Director, Retirado del International Rescue Committee, Inc., Secretario de Derechos Humanos de la Unión de Ex-Presos Polítcos Zona Norte; Miembro del Comité Internacional de Ex-Presos Políticos Cubanos 

Saturday, May 18, 2019

Hoy, acto de investidura

LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE CUBA EN EL EXILIO, CORP.

INVITA

AL ACTO DE INVESTIDURA DE LOS NUEVOS ACADÉMICOS Dr. Alejandro Anreus y el Ing. Paul Echaniz

A efectuarse el sábado 18 de mayo de 2019 a la 1:00 PM en el

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420 15th Street Union City, NJ 07087


PROGRAMA

Discurso de Investidura del Dr. Alejandro Anreus con el título de “Presencia de Roberto Estopiñán en la escultura moderna de Cuba.”

Discurso de Investidura del Ing. Paul Echaniz con el título de “Testimonio de un exilado cubano en Nueva York - Desde los 60 hasta el presente”

Discurso de Respuesta por la Dra. Liliana Soto-Marini.

Entrega de Diplomas y Conclusiones por el Dr. Octavio de la Suarée, Secretario de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp.

QUEDAN TODOS INVITADOS

Thursday, May 9, 2019

CINE FOCUS: EMILIA, AN UNTOLD CUBAN-AMERICAN STORY

Friday, May 10, 2019 @ 6:30 pm






Who created the Cuban Flag? Luis Pérez Tolón‘s new documentary, EMILIA, is a personal journey and search for ancestral roots to unravel the story of his ancestor, Emilia Teurbe Tolón, who sewed Cuba’s national flag while living in exile in New York in 1850.
Emilia was the first woman deported from Cuba for political insurgency. She was a 19th century woman ahead of her time and a role model for women’s contributions to the struggle for independence. An advocate for social justice, she bequeathed her assets for children’s education. Her husband, Miguel Teurbe Tolón, was a poet, political activist and a Freemason. In exile, he became a pioneer of Spanish language journalism in the United States, where he designed the flag and coat of arms. Their commitment to free Cuba from Spanish colonial oppression gave rise to the birth of the Cuban nation.
BARUCH COLLEGE
25th Street, bet. Lexington and Third Aves., NYC
5th FLOOR: SCREENING ROOM 160
SPACE IS LIMITED
Free Admission 
MUST RSVP at: info@cubanculturalcenter.org
For more info on film and trailer, click on these two links:
http://www.cubanflagemilia.com
www.emiliaproductionsmiami.com
 Luis Pérez Tolón was Director of Production and Development with Discovery Networks Latin America. His credits include: Paranal: Eye on the Universe, gold medal NY Film Festival; Jorge Luis Borges (France/Argentina/USA), and Manuela Saenzla pasión de Bolivar (Colombia/USA). Prior to Discovery, he resided in Europe where he was director of the European Union’s MEDIA Program, produced documentaries in Spain and London, including the series 1898:The Spanish-American War for Canal + Spain, History Channel UK and Discovery Channel Latin America. His award-winning independent documentary Exilio/Exile was broadcast on WNET-Independent Focus and distributed to PBS stations nationwide. Luis was born in Cuba, holds an MA from the University of Southern California in Film-Broadcasting-Anthropology. Recently he worked as Coordinating Producer in American Comandante for PBS’ American Experience.
This event is co-presented by

Wednesday, May 8, 2019

Visitando a Arsenio Rodríguez



Ralph Mendez y Enrique Del Risco junto a la tumba de Arsenio Rodríguez


Por Enrique Del Risco
 
El viernes pasado di un viaje memorable. De esos que cuando lo vives no tienes otro remedio que echar mano a pobre y abusada metáfora del sueño. Me había invitado a visitar la tumba de Arsenio Rodríguez, (el músico que más contribuyó al desarrollo de una de las tradiciones musicales más importantes del siglo XX) su más esforzado y documentado biógrafo, el colombiano Jairo Grijalba Ruiz. Un cementerio situado a unos cuarenta minutos de Nueva York, algo que en mis 22 años de vivir en esta zona me había resultado a mí, extraño ser sin licencia de conducir, inalcanzable. Nos llevaba Ralph Méndez, historiador autodidacta y uno de quienes más ha hecho por conservar viva la memoria de Arsenio, más allá de su música. Boricua tenía que ser. Y allá íbamos tres devotos a la búsqueda de su dios mayor. Tres enamorados.
El biógrafo de Arsenio, Jairo Grijalba, y Ralph Méndez

Por el camino hablábamos, por supuesto, del músico. Tuve la buena idea de preguntar si existían películas de Arsenio tocando con sonido (las pocas que circulan son pequeños fragmentos mudos) y el biógrafo me extendió su teléfono: allí aparecía Arsenio tocando el tres con sonido metálico que estuvo presente en sus últimas grabaciones. Magia, pensé. Como si aquellas fotos estáticas que había repasado montones de veces hubiesen condescendido a animarse. El viaje de la mano de Ralph fue como sobre una alfombra voladora donde lo más extraño parecía tan natural como inevitable. Así llegamos a la tumba del Ciego Maravilloso que alguna vez fue anónima y que fue el propio Ralph quien se encargó de coordinar los esfuerzos para colocar la tarja. “Desde el primer momento todas las puertas se me fueron abriendo” dijo, humilde, “como si ya estuviera decidido que debía hacerlo”. 


Luego de regreso al Bronx, escuchar al colombiano y al boricua desgranar datos minuciosos frente a la imbatible consistencia del mito. Y Ralph conduciéndonos por un barrio feo que gracias a sus observaciones se iba convirtiendo en el mundo que animóArsenio con su tres en sus últimas dos décadas de vida. Así una iglesia “Pare de sufrir” era de nuevo el Teatro Puerto Rico, una clínica el antiguo Club Tropicana, y un edificio en reparaciones, camino a convertirse en no se sabe qué, volvía a ser el Club Cubano Interamericano. 
Arsenio Rodríguez en el Club Cubano Interamericano
Terminamos el recorrido en el único sitio que seguía siendo lo que siempre había sido. La Casa Amadeo, la tienda de música del compositor Mike Amadeo fundada en 1941 como Casa Hernández por el también compositor Rafael Hernández y su hermana Victoria. Amadeo que a sus ochenta y cinco años es un monumento vivísimo a lo mejor de la música latina en el Bronx. Y en esos minutos que serán infinitos lo mismo nos habló de las rutinas de Arsenio que agarró una de las guitarras que tenía en venta para cantarnos una canción que acaba de componer.

Todo muy raro. Tan raro como aquel cuadro de Dalí en que el mismo cuando niño le levanta la piel al mar para ver qué guarda debajo. Los tres peregrinos de esa tarde teníamos un poco de niños que van despertando en la realidad vulgar una más antigua y esencial. De todo eso tuve la certeza un rato antes de llegar a la Casa Amadeo, mientras fotografiábamos la clínica que se levanta en el lugar que fue el Club Tropicana. El guardia de seguridad del lugar salió a preguntarnos, receloso, lo que hacíamos ahí. Difícil explicarle que no fotografiábamos el lugar que custodiaba sino otro que había existido allí hace mucho tiempo. Solo consiguió aplacarse un poco al escuchar la palabra “Tropicana” en la que reconoció un pasado que escapaba a sus obligaciones laborales. “No estamos retratando este edificio” le dije “sino su fantasma”. “Me gusta” me respondió, sonriendo al fin, “un fantasma”. Era la palabra que necesitaba para tranquilizarse del todo, para asegurarse que nuestras fotos correspondían a otra dimensión, la misma a la que pertenecen los sueños, la magia y los juegos infantiles. A casi nada.
Con Ralph Mendez junto a la tumba de Arsenio Rodríguez

Saturday, May 4, 2019

Acto de investidura

LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE CUBA EN EL EXILIO, CORP.

INVITA

AL ACTO DE INVESTIDURA DE LOS NUEVOS ACADÉMICOS
Dr. Alejandro Anreus y el Ing. Paul Echaniz

A efectuarse el sábado 18 de mayo de 2019 a la 1:00 PM en el

William V. Musto Cultural Center
420 15th Street
Union City, NJ 07087


PROGRAMA

Discurso de Investidura del Dr. Alejandro Anreus con el título de “Presencia de Roberto Estopiñán en la escultura moderna de Cuba.”

Discurso de Investidura del Ing. Paul Echaniz con el título de “Testimonio de un exilado cubano en Nueva York - Desde los 60 hasta el presente”

Discurso de Respuesta por la Dra. Liliana Soto-Marini.

Entrega de Diplomas y Conclusiones por el Dr. Octavio de la Suarée, Secretario de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp.

QUEDAN TODOS INVITADOS

Wednesday, May 1, 2019

Un libro recuperado


La importante revista National Geographic trae reportaje sobre un tesoro bibliográfico que se consideraba perdido. Se trata de Specimens of the Plants & Fruits of the Island of Cuba de Mrs. A.K. Wollstonecraft, un manuscrito en tres volúmenes con dibujos originales sobre la flora cubana realizados por su autora.

“I think the manuscript by Anne Wollstonecraft is of great importance,” says ethnobotanist Paul Cox, executive director of Brain Chemistry Labs in Jackson, Wyoming. “Although the plants that she profiles in her drawings and descriptions are generally common, the detailed notes she makes of indigenous uses add a whole new dimension to understanding their possible utility, and could be used today to guide researchers in discovering new pharmaceuticals.”