Saturday, July 30, 2016

Central Valley (I) por la Dra. Margarita García


“Rodeado de montes, por sobre cuyas mansas curvas o súbita eminencia corre el cielo está, a las puertas de Nueva York, un valle feliz”[1]llamado Central Valley que hoy es parte del pueblo llamado Woodbury, famoso en la zona por tener un inmenso centro comercial de tiendas de descuento. A finales del siglo XIX había obtenido conexión directa con la ciudad de Nueva York con el ferrocarril de Erie, que les permitía a los neoyorkinos escapar el calor de la ciudad después de un corto viaje. Central Valley tenía cerros, lagos, árboles de sombra y casonas de huéspedes con amplias terrazas donde los turistas se podían relajar y refrescar.[2]
Los habitantes eran mayormente Cuáqueros y Protestantes de diversas denominaciones de descendencia europea. La primera casa del pueblo data de 1730, y durante los años de la Revolución Americana, estaba poblada por campesinos de familias Anglo-Sajonas. En un panfleto publicado por el Ferrocarril de Erie en 1883, Central Valley fue descrita como “ un bello lugar de vacaciones de verano, situado en la cuesta noroeste de las lomas entre altas montañas y hermosos lagos…” La población de la época era de 400 personas. Había siete trenes hacia, y ocho trenes provenientes de la ciudad de Nueva York todos los días laborables, y cuatro trenes en cada dirección los fines de semana. El precio del boleto ida y vuelta era $2.00.[3]
Los residentes de Central Valley eran mayormente agricultores, aunque una fábrica famosa de varas de pescar (Leonard Rods) operaba allí desde 1881. Del Censo de 1900, que enumera la población total de Woodbury en vez de solamente la subdivisión de Central Valley, se puede tener una idea de que tipo de pueblo era. Se listaban 2,417 personas y 344 familias viviendo en el pueblo de Woodbury. Los habitantes eran primordialmente nativos, pero había unos cuantos irlandeses y alemanes, unos pocos suecos, dos familias rusas y dos familias francesas. Habían tres empleados solteros en el hotel local, una empleada doméstica y los nueve miembros de una familia listados como “negros”;  todo el resto eran “blancos”. En resumen puede decirse que Central Valley era una comunidad homogénea, de raza blanca, y monolingüe en inglés.
Una de las casonas del pueblo, propiedad de una pareja de maestros llamados David y Susana Cornell, era una casa de huéspedes en verano pero se convertía en una escuela privada para niños y niñas (el Instituto Cornell, fundado en 1865[4]) el resto del año. Los Cornells de Central Valley eran parientes lejanos de Ezra Cornell, el fundador de la famosa universidad de Cornell.[5]  Mario Pomares, un cubano residente en Nueva York, visitó con su familia un verano la casa de huéspedes de los Cornells[6]y se convirtió en un promotor de la casa y del pueblo, siendo responsable de que varios niños cubanos se matricularan en el Instituto Cornell. No sin importancia para la historia de Cuba, Pomares también recomendó el lugar a Tomás Estrada Palma cuando éste estaba en la ciudad de Nueva York recién llegado de la prisión en España.

El mito Cuáquero

Los Cornells eran originalmente Cuáqueros, aunque David había sido desunido de la Sociedad de los Amigos en 1868, mucho antes de que Don Tomás llegara a Central Valley. La razón, aparentemente, fue que David había dejado de asistir a las reuniones, y sobre todo, que había permitido bailes en su casa.[7]  No existen pruebas de que su escuela haya sido nunca una escuela Cuáquera.  Sin embargo el Instituto Cornell, tanto como el Instituto Estrada Palma, que vino después, han sido descritos como “escuelas Cuáqueras” por algunos autores.[8]Los dos eran instituciones seculares que operaban en una comunidad donde, por casualidad, había una cierta concentración de familias cuáqueras.
Como un embellecimiento adicional a la equivocación sobre las escuelas, el mismo Estrada Palma ha sido descrito como “Cuáquero convertido” por una series de autores que aparentemente tomaron un dato erróneo de una fuente secundaria[9]publicada en 1971, y siguieron repitiéndolo sin comprobar su veracidad. Así vemos que el mito aparece en un documental[10]; en libros como el de Louis A. Pérez[11]; el del Monseñor Ramón Suárez Polcari[12]; y el de Jason M. Yaremko[13]; y en páginas web como la del cuáquero cubano Joel Font[14].  Ninguna de las obras anteriormente mencionadas citaron una fuente primaria para sus aserciones. Es mas, como fue discutido por García-Estévez en el 2004[15], ninguno de los textos clásicos de historia de Cuba, o los periódicos de la época, o la Sociedad Histórica local de Central Valley, o la Biblioteca Histórica de los Amigos en Swathmore College tiene dato alguno de que Estrada Palma alguna vez perteneció a dicha secta.
Fue Marcos Antonio Ramos en su libro publicado en 1986 quien localizó el origen del “mito Cuáquero[16]”: fue el ilustre historiador Hugh Thomas (Lord Thomas of Swynnerton) quien no solo empezó el mito, sino también erró en llamar al pueblo “Happy Valley,” en vez de “Central Valley.” Sin embargo la honestidad intelectual de Lord Thomas fue demostrada en una carta que me escribió cuando yo le informé de su error. Me dijo: “Yo no tengo record de la razón por la cual yo describí a Estrada Palma como cuáquero.  Supongo que cometí un error.”

Vida en Central Valley

Cuando Estrada Palma llegó a Central Valley apenas hablaba inglés y tenía muy poco dinero. Hizo un arreglo con una joven, parienta de los Cornells para intercambiar lecciones de español por lecciones de inglés. Estas clases, junto al clima de “inmersión total” en que se encontraba (nadie a su alrededor hablaba español) sirvieron para que su manejo del inglés se volviera “adecuado,” aunque no perfecto. Sin embargo, su estado mental estaba muy bajo. 
Tarjeta de la época en la Sociedad Histórica de Woodbury caption
Sintiéndose terriblemente solo, sin noticias de Cuba, sin libros o periódicos en español y sin cartas de sus amigos, tomaba largas caminatas a lo largo de la línea del ferrocarril.  Ida, una hija de los Cornells lo recuerda como “muy nervioso; se sentaba a la mesa con los pies golpeando el suelo hasta que el cuarto entero temblaba”.[17]  Edward, un hijo de los Cornells recuerda que muy a menudo, después de acostado, Estrada Palma “saltaba de la cama gritando ¡Mi madre! ¡Mi madre!” [18]
La belleza natural del valle, sus lagos, sus verdes campos, sus montes en la distancia, sus brisas agradables no lo sacaban de su depresión… hasta que empezó a recibir periódicos, libros y cartas de sus amigos desde varias ciudades que prendieron llama de esperanza y optimismo. Una carta de su pariente, el poeta José Joaquín Palma, fue particularmente interesante porque estaba escrita desde la ciudad de Tegucigalpa, la capital de la nación centroamericana de Honduras donde estaba viviendo.
José Joaquín le informaba que el nuevo presidente de Honduras estaba envuelto en una reforma significativa de su país y que necesitaba hombres honestos y educados que lo ayudaran en esta tarea.  Algunos de los veteranos de la Guerra de los Diez Años en Cuba, como el General Máximo Gómez ya estaban allí. Alguien del calibre de Estrada Palma que se ajustaría perfectamente a los planes del nuevo presidente debería considerar el mudarse para allá donde un trabajo importante le esperaba. Podría vivir con el y su esposa hasta que se encaminara.
Sin pensarlo mas, Estrada Palma salió hacia Tegucigalpa a donde llegó, después de un viaje largo y complicado, el 18 de julio de 1879.



[1] Martí, José, "El Colegio De Tomas Estrada Palma En Central Valley," Patria, (1892), Vol,
[2] Town of Woodbury Bicentennial Book, (In the Woodbury Historical Society, Highland Mills, NY., 1976).
[3] Ibid. p. 16
[4] D.S. Lawrence and Co., "Orange County Directory for 1878-1979," (In www.usgennet.org/usa/ny/county/orange/cp).
[5] McGinnes, Chuck, "George Cornell, 1910-2003: Benefactor Spoke Little, Gave Much," Palm Beach Post, Palm Beach, FL., 2003, 1A and 10A.
[6] Cornell, Edward, Susanna Cornell Ferguson and Her Descendants, (Central Valley, NY: Privately Published, 1937. In Friends Historical Library, Swarthmore College, PA.).
[7] Ibid.
[8] Thomas, Hugh, Cuba: The Pursuit of Freedom, (New York, NY: Harper and Row, 1971). p. 314
[9] Ibid.
[10] Cardona, Joe, "José Martí: Legacy of Freedom," (WPBT2 (USA), 2002).
[11] Pérez, Louis A., Cuba between Empires 1878-1902, (Pittsburgh, PA: Pittsburgh University Press, 1983). p. 98, 372.
[12] Suárez Polcari, Ramón, Historia De La Iglesia Católica En Cuba, (Miami, FL.: Ediciones Universal, 2003).
[13] Yaremko, Jason M. , U.S. Protestant Missions in Cuba:  From Independence to Castro, (Gainesville, Fl.: University Press of Florida, 2000).
[14] Font, Joel, "The Quakers Wore Guayaberas,"  http://cubanstories.blogspot.com/ Accessed
[15] García-Estévez, Margarita "The Development and Maintenance of a Myth: Unsupported Assertions That Tomás Estrada Palma Was a Converted Quaker" Paper presented in Fifteenth Biennial Conference of Quaker Historians and Archivists George Fox University, Newberg, OR, Reprinted in
[16] Ramos, Marco Antonio, Panorama Del Protestantismo En Cuba, (San José, Costa Rica: Editorial Caribe., 1986).
[17]  Kerr, Ida Cornell, "Recollections," 1943
[18]  Cornell, Susanna Cornell Ferguson and Her Descendants.

                                                                                                                
Referencias

Town of Woodbury Bicentennial Book. In the Woodbury Historical Society, Highland Mills, NY., 1976.

Saturday, July 9, 2016

Donde la bandera cubana ondeó por primera vez

Por Enrique Del Risco

Nueva York junto con Nueva Orleans fue el centro de los proyectos cubanos que a mediados del siglo XIX intentaban emancipar a la isla del dominio español y luego –siguiendo el ejemplo de Texas- anexarla a los Estados Unidos. El líder de estos proyectos fue el general venezolano Narciso López quien, tras haber sido descubierta una conspiración que tramaba dentro de Cuba, había buscado refugio en los Estados Unidos.  
Como parte del nuevo proyecto de invasión Narciso López había diseñado una bandera que simbolizara la nación cubana en casa del dibujante y poeta matancero Miguel Teurbe Tolón en junio de 1849. Sería al propio Teurbe Tolón a quien le encargaría el diseño de un escudo con el que encabezar sus proclamas y que con el tiempo se convertiría a su vez en escudo nacional. 

Una de las banderas que acompañó a Narciso López en su expedición a Cárdenas
Tras un intento abortado por el gobierno norteamericano el 7 de mayo parte de Nueva Orleans en el vapor Creole Narciso López y más de quinientos expedicionarios. El aliado más activo entre los medios de prensa norteamericanos con que López contó en sus empresas fue el periódico The Sun de Nueva York, a la cabeza en difusión e innovaciones tecnológicas de la prensa norteamericana. 

Era en las oficinas de este periódico donde se publicaba el periódico La Verdad, editado por en diferentes etapas por Pedro Santacilia, Cirilo Villaverde y Miguel Teurbe Tolón y destinado a dar calor a la idea de la independencia cubana y su anexión a los Estados Unidos.



Habiendo dado aviso al periódico The Sun de Nueva York la dirección de este decidió colgar en las oficinas de la redacción de dicho periódico, ubicado en la esquina de las calles Nassau y Fulton, donde se ubicaban sus oficinas, una insignia cubana el 11 de mayo de 1850. Dice al respecto el profesor Herminio Portell Vilá:

Grabado de 1853 del edificio original que ocupaba el periódico The Sun y donde tres años antes ondeó la bandera cubana por primera vez
No fue hasta el 19 de mayo que Narciso López arribó a Cárdenas, ciudad que tomó por unas horas y donde ondeó por primera vez en Cuba la que ahora es oficialmente insignia nacional.  
Es menos conocido que fue en esa esquina de Nassau y Fulton del distrito financiero de Nueva York donde ondeó por primera vez públicamente la bandera cubana. Y que en aquellas calles, en la noche del 24 de mayo -al recibir la noticia tardia e incompleta de que el general Narciso López había tomado la ciudad de Cárdenas- se produjo la primera manifestación pacífica presidida por la insignia nacional:

El edificio original no ha sobrevivido a los continuos cambios que ha sufrido el distrito financiero de la ciudad. En estos días en el edificio que ocupa dicha esquina está alojada una cafetería de la conocida cadena Starbucks, unas cuadras al sur del ayuntamiento de Nueva York.




Friday, July 1, 2016

Visiones de poder

Por Enrique Del Risco

Fascinado concluyo la lectura de las casi cuatrocientas páginas de “Visions of Power in Cuba. Revolution, Redemption and Resistance, 1959-1971” (2012), libro de la historiadora cubano-americana Lillian Guerra. Fascinado por la frescura y profundidad que el material y los datos que reune el libro aporta a la comprensión de lo que fueron los primeros doce años de ese complejo proceso conocido como la Revolución Cubana. Más fascinado aun al comprobar que buena parte del material que este libro examina y que tan revelador resulta procede no de los impermeables archivos de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado sino de sitios más al alcance del común de los historiadores –que no de los mortales- como puede ser la Colección Cubana de la Biblioteca Nacional: aparecen allí los rastros de campañas políticas y proyectos económicos (¿o son uno los dos?) ya olvidados; raptos de romanticismo revolucionario individuales y colectivos apropiadamente seguidos de defenestraciones públicas o secretas; la sucesión de discursos ideológicos y moralistas basados en principios ineludibles e innegociables que luego serán cambiados de acuerdo a las circunstancias; y sobre todo el lento, minucioso e indetenible proceso de expansión del poder castrista sobre la vida cubana, (la política pero también la cotidiana). Y eso lo consigue tanto a partir del análisis de la misma prensa gubernamental y los discursos de las principales figuras de la jerarquía de poder como de publicaciones humorísticas, de cartas privadas, de material fílmico de distinta procedencia y de entrevistas y anécdotas personales.
Emerge de este estudio una rica y compleja imagen del establecimiento del aparato de poder que hasta el día de hoy le ha permitido conservar a los hermanos Castro un control bastante cercano a lo absoluto sobre el país sin destruir del todo la ilusión –sobre todo en los años que analiza este estudio- de que el sistema no solo respondía a los intereses del pueblo sino que hasta era controlado por este. A través del variopinto material que estudia este libro se puede dibujar sin demasiado esfuerzo un modus operandi que no obstante su apariencia arbitraria y caótica respondía y satisfacía una necesidad sistemática de acaparamiento de poder.
En este sentido no menos fascinante resulta que la autora de “Visions of Power in Cuba” pese a la riqueza del material recuperado, de sus amplias posibilidades interpretativas no consiga apartarse de los viejos discursos que han intentado explicar la realidad cubana de las últimas seis décadas. Me refiero, por supuesto, a los moldes narrativos que conciben dicho proceso como la instauración de un estado totalitario policial o la de un proyecto emancipador de tal o más cual tendencia ideológica. La autora escoge una variante del segundo esquema narrativo, la del proyecto emancipador fallido bastante afín a lo que muchos participantes originales dieron en llamar la “revolución traicionada”. Sin embargo más que de revolución traicionada se trata -según las conclusiones de Guerra- de una revolución que no supo o quiso aprovechar lo suficiente las posibilidades subversivas y liberadoras que ofrecía el formidable instrumento de la movilización popular. 
Es una lástima que tras tan inteligente y laboriosa acumulación de material la autora renuncie a una construcción narrativa más sutil y novedosa como ese mismo material sugiere. Una trama histórica que ese mismo material que nos propone Guerra vuelve obsoleta, inoperante. Ni el modelo de un totalitarismo cuyo factor esencial para su instauración y conservación sería la violencia de Estado (tal y como lo definiría Hanna Arendt) ni una revolución nacionalista espontánea y popular alcanzan para explicar la realidad histórica que tan bien expresa el material reunido por el libro. De la información aportada por el libro emergería la imagen de un sistema que sin dejar de ser violento y represivo -o enarbolar moldes ideológicos más o menos dogmáticos- encuentra su mayor fuente de energía y su material más duradero en su capacidad movilizativa, en sus arranques moralistas y la articulación de su acción caótica y arbitraria en un discurso trascendente con no poca coherencia narrativa y atractivo popular. Y en su capacidad de provocar y aprovechar para sí cíclicos raptos de euforia colectiva. En ese sentido Guerra cae en la trampa de comparar la realidad con los objetivos declarados del discurso oficial, gesto que la lleva a abusar del adverbio “ironically”. Como si el “fallo” de la Revolución hubiera sido no ser más leal a su palabra. Si en cambio la autora observase la escasa distancia existente entre la violenta voluntad de poder que subyace en el discurso oficial y la realidad resultante podría ver que más que tratarse de un proyecto emancipador fallido nos hallamos ante un proyecto totalitario populista altamente exitoso. Eso sí, siempre que entendamos el totalitarismo de una manera más compleja a como se expresa en la propaganda norcoreana o en los dibujos animados del "The Wall" de Alan Parker y Roger Waters.
De modo que lo que la autora define como “grassroots dictatorship” podría verse como un sistema de cesiones temporales de capacidad represiva a grupos y organizaciones de masas para desembarazarse de personalidades o grupos que interfieren en la construcción de un estado totalitario. (No es difícil seguir la lógica del sistema: la alta y media burguesía es usada para desplazar al poder batistiano primero y a la presencia norteamericana luego, la clase media para desplazar a la alta, las clases más populares para mantener a raya a la clase media, el PSP para desplazar a ciertos sectores del 26 de Julio, el Directorio Revolucionario para dinamitar a las ORI (discurso del 13 de marzo de 1962) y amedrentar al PSP (Caso "Marquitos"), la primera redacción de El Caimán Barbudo para destruir a Ediciones El Puente y así hasta el infinito.)  
No obstante y pese al cúmulo de evidencias aportadas por ella misma, Guerra intenta ver eventos como las movilizaciones populares de 1959 o la Ofensiva Revolucionaria de 1968 (por poner dos ejemplos que aborda el libro en detalle) como expresión de una dictadura del pueblo y no como reproducciones de los métodos típicos del totalitarismo populista del siglo XX desde Mussolini a Mao. De alguna manera Guerra confunde los esfuerzos del poder instaurado en Cuba desde el 59 por aprovechar el entusiasmo o la frustración popular en su favor y darle un aire espontáneo y popular a sus políticas de control social con el empoderamiento de la sociedad cubana. Llegado el momento Guerra incluso confunde la concesión del “derecho a denunciar” por parte de las organizaciones de masas o de individuos como práctica de empoderamiento social.
Lo más revelador de “Visions of Power in Cuba” es que pese a la narrativa elegida por la autora todo el material acumulado apunta a un proyecto de máxima concentración de poder en manos de la más alta dirigencia revolucionaria desde los primeros meses de 1959. Y no solo de concentración de poder político que es lo que suelen señalar otras historias sino de poder económico, social, cultural y simbólico a un nivel inédito en el continente. En este sentido y pese a sus propias conclusiones Guerra aporta evidencias más que suficientes de que dicho proceso de concentración de poder comenzó a realizarse prácticamente con el mismo triunfo de la Revolución de 1959, en momentos en que la dirigencia revolucionaria contaba con un apoyo popular casi unánime. Cuando todavía no podían invocarse la amenaza de agresiones internas o externas para justificarlas y mucho antes, por supuesto, que se adoptara oficialmente una ideología definida marxista –leninista. Y que cada vez que el régimen tuvo que decidir entre control y emancipación optó por el control.
La importancia de los hallazgos de “Visions of Power in Cuba” sospecho que rebasen con largueza el ámbito cubano. Atenuar el peso de factores como la ideología o la influencia externa ya fuera de los Estados Unidos o la Unión Soviética nos permite comprender mejor la dinámica interna de regímenes que podrían definirse –de acuerdo con el acento que se ponga en uno u otro factor- como totalitarismos con vocación populista o populismos con vocación totalitaria. Una dinámica que al mismo tiempo que pretende recuperar o reforzar la soberanía popular de hecho desplaza dicha soberanía hacia entes como la Revolución, el Estado, el Partido, la Nación o la Patria en nombre de los cuales una élite ejerce un poder cada vez más ilimitado. Y ese proceso de pérdida progresiva de soberanía popular se da en el caso cubano –como demuestra abundantemente el libro de Guerra- desde el inicio de la Revolución cuyo supuesto sentido primigenio era la recuperación de dicha soberanía. Una lectura interesada y actual de convertiría este libro en una fábula sobre cómo los derechos individuales tantas veces despreciados en nombre de razones mayores más que impedimento a la soberanía popular son justo lo opuesto: son base esencial de dicha soberanía, los árboles sin los que el bosque no es más que mera y vacía abstracción.

[Tomado de: El blog de Enrisco]

Unión de Expresos Políticos Cubanos, Zona Noreste


En la Calle 43 # 508 en la ciudad de Union City, NJ, se encuentra el local de la Unión de Expresos Políticos Cubanos, Zona Noreste. Fundada originalmente como Asociación de Expresos Políticos Cubanos, Zona Norte (AEPPC) su función desde el principio fue la organización y apoyo de los ex presos políticos cubanos y el apoyo a la lucha por el restablecimiento de un sistema democrático en Cuba. Las elecciones generales para elegir la primera directiva fueron el 7 de septiembre de 1980. resultando su primer presidente su fundador Orlando Lima quien registró la organización en Trenton el 10 de abril de 1981. Su actual presidente (elegido en junio, 2016) es Ángel Alfonso Alemán. 


Inicialmente la AEPPC funcionó en un local rentado en el segundo piso del edificio situado en la esquina de la Avenida Bergenline y la Calle 43, en Union City, NJ cambiando a su nombre actual de Unión de Expresos Políticos Cubanos, Zona Noreste en 1992. En 1995 la UEPPC fue trasladada a su sede actual en la calle 43 # 508, Union City, NJ en un local donado por la alcaldía de Union City. Este local ha sido transformado paulatinamente en un santuario patriótico en cuyas paredes aparecen cientos de fotos de mártires y luchadores desde Pedro Luis Boitel hasta Orlando Zapata Tamayo. En este local se celebran periódicamente reuniones de la Unión de Expresos Políticos Cubanos, Zona Noreste de carácter organizativos, patriótico, político o cultural así como en ocasiones cede su espacio para conferencias y reuniones de personalidades y organizaciones afines a dicha institución. Por ella han pasado casi todas las personalidades más conocidas tanto del exilio como de la oposición interna que han visitado la zona para intercambiar experiencias e ideas con los miembros de la UEPPC y otros residentes del área triestatal. 
[Investigador de esta nota: Israel Abreu]








Wednesday, June 15, 2016

Presidente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Inc. recibe galardón

EDUARDO LOLO INVESTIDO COMENDADOR
DE LA IMPERIAL ORDEN HISPÁNICA DE CARLOS V
NUEVA YORK _ El hombre de letras Eduardo Lolo, miembro de la Junta Directiva de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE), fue investido Comendador de Número de la Imperial Orden Hispánica de Carlos V de la Sociedad Heráldica Española, distinción que se otorga a quienes “por su calidad, prestigio y defensa de la Hispanidad se hagan merecedores de ello”.
La ceremonia se llevó a cabo el 28 de mayo en el Altar Mayor de la iglesia del Real Convento de San Jerónimo, en Granada, fundado por los Reyes Católicos. El rito de Cruzamiento (el toque de la espada en la cabeza y los hombros del investido) lo llevó a cabo D. Enrique de Borbón, Gran Maestre de la Orden, en presencia de altos directivos de la entidad, el capellán de la misma y el público presente en la iglesia.
“Asumo este privilegio a nombre de todos los hispanistas de los Estados Unidos y, en particular, de mis colegas de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, todos grandes defensores de la Hispanidad”, comentó el investido al término de la ceremonia, quien se desempeña como bibliotecario de la ANLE y bibliógrafo de la Modern Language Association of America (MLA) y es miembro correspondiente de la Real Academia Española (RAE).
Lolo afirmó que “este galardón llegó a mis manos como la mayoría de los recibidos por mí hasta ahora: sin esperarlo ni procurarlo. Fue simplemente el resultado de la decisión de un grupo de colegas que dispusieron reconocer mis esfuerzos por más de 30 años en la promoción de los estudios hispánicos en los Estados Unidos”.
El destacado polígrafo fue distinguido por una dedicada carrera profesoral y una docena de libros de temas hispánicos publicados, además de su desempeño como miembro de varias organizaciones académicas y literarias que tienen como objetivo principal el estudio y promoción del español y las culturas hispánicas en Estados Unidos.
“Mi investidura como Comendador de Número de la Imperial Orden Hispánica de Carlos V de la Sociedad Heráldica Española corrobora el creciente reconocimiento de la sociedad española de la labor que venimos realizando los hispanistas de este lado del Atlántico”, afirmó Lolo. “Que una organización como la Imperial Orden Hispánica de Carlos V de la Sociedad Heráldica Española reconozca la labor por la Hispanidad de intelectuales fuera de las fronteras españolas constituye un ejemplo más de cómo la globalización del presente siglo comienza a dar sus resultados”.
En la actualidad, la Orden tiene caballeros y damas galardonados en otros países europeos tales como Portugal, Francia, Bélgica, Italia, Estonia, Eslovaquia, Rusia, Holanda, Suecia. En América han recibido diversos grados colegas de nuestro país, así como de México, Puerto Rico, la República Dominicana, Colombia, Argentina y Venezuela.