Monday, July 13, 2026

DE CADA CUAL SEGÚN SU CAPACIDAD A CADA CUAL SEGÚN SU INGENUIDAD

Los cambios en Cuba

Por Antonio Gómez Sotolongo


NOTA ANTES DE LEER ESTE ARTÍCULO: En 2008, harto de las infinitas vueltas de la noria en la que cabalgan las reformas impuestas por el castrismo en Cuba, realicé un breve recuento de aquellas en un artículo que publiqué en mi blog. Ahora, como la noria continúa sus infinitas vueltas, lo re-publico en este blog de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, porque, salvo algunas pinceladas, se puede leer como si de las 176 medidas de Canel se tratara. 

Santo Domingo. Viernes 13 de junio de 2008

La última «reforma» propuesta por Raúl Castro, que desde los cuatro puntos cardinales recibió loas, demuestra cuánta desmemoria somos capaces de acumular los seres humanos: Castro II, anunció la buena nueva de que se ajustarían los salarios de los trabajadores cubanos al rendimiento laboral. Anuncio que voló como las palomas que salen de la chistera de un mago, anuncio de una «reforma» que para nadie en Cuba es novedad. Es cierto que la década del 70 del siglo XX nos queda muy lejos en el recuerdo, y más aún la del 20; sin embargo, puedo tolerar el olvido, pero no lo comparto.

En 1975, Castro I celebró el I Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), del que salieron los planes del quinquenio 75-80, y entre la multitud de «reformas» que brotó del aquelarre, estuvo El Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (SDPE), un remedo de la más olvidada aún, Nueva Política Económica (NEP) con la que Vladimir Ilich Lenin pretendía «reformar», a principio de los 20’s, la depauperada economía soviética.

Entre los mecanismos que ambos sistemas proponían para el desarrollo acelerado de la economía socialista, se contemplaba la vinculación del salario de los trabajadores con el rendimiento y la productividad de estos en la jornada laboral, algo que se resumía en el precepto: «De cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo».

Algunas de estas «reformas» fueron practicadas en Cuba, y como consecuencia de ello aparecieron el mercado libre campesino, los mercados paralelos, el trabajo por cuenta propia y hasta una Ley de la Vivienda que permitía, en ciertas condiciones, arrendar, vender y comprar solares, azoteas y bienes inmuebles.

Por supuesto, que la primera que voló como Matías Pérez fue esta última Ley, que ni siquiera llegó a ser puesta en vigor completamente; y más tarde, todos los demás consecuentes de las «reformas» promulgadas por el I Congreso del PCC y reafirmadas en 1980 por el II Congreso.

A mediados del II quinquenio, Castro I promulgó nuevas «reformas», las que bautizó con el castizo nombre de «Rectificación de Errores y Tendencias Negativas», y que anulaban todas las «reformas» anteriores, poniendo fin a eso que hoy Castro II anuncia: «La vinculación de los salarios con el rendimiento laboral».

Ciertamente, en los 80’s se elevó la producción y mejoró relativamente el poder adquisitivo de los ciudadanos, quienes utilizaban entonces el peso cubano para sus obligaciones fundamentales. Pero más de tres décadas después, las «reformas» que propone Castro II, tienen un panorama muy distinto: Cuba no tiene moneda nacional, por más eufemismos y trucos lingüísticos que el régimen utilice para expresar lo contrario. Los trabajadores cubanos obtienen sus salarios en una moneda que le llaman «peso cubano», pero todas las obligaciones fundamentales, incluidas las cacareadas y aplaudidas «reformas» del género celular o teléfono móvil, deben cubrirlas con un papel moneda innombrable, conocido como CUC, que por supuesto se adquiere a precios superiores al dólar norteamericano.

Esta espiral sin fin, esta infinita resurrección y muerte de «reformas» ha sido el modo de vida y de operaciones de una de las dictaduras más largas de América, y todavía en sus laberintos, los herederos del trono insisten en los mismos métodos, en las mismas «reformas», porque las desmemorias e ingenuidades atrapan a los seres humanos, los anulan, y les impiden ver que nada se reformará en Cuba mientras gobiernen quienes la devastaron.

NOTA PARA LEER DESPUÉS DE HABER LEÍDO EL ARTÍCULO: Cualquier semejanza del pasado que cuenta este artículo con el presente, no es pura imaginación, es justo la realidad, es justo lo que va a suceder y es justo otra cortina de humo, justo para cambiar el discurso, aquel discurso que corría a raudales por los medios y de boca a oído y que rezaba: «Apagones e invasión». ¿Alguien lo recuerda? Aquella «palabra diaria» impuesta por los enemigos del castrismo y que le hacían tambalear, fue sustituido de un plumazo. Ahora, el castrismo lanza este nuevo señuelo al aire y ha sido tan bien acogido como otros tantos que lanzó en el pasado para confundir atrapar a ingenuos por naturaleza, y a ingenuos de oportunidad.

Tomado de El Tren de Yaguaramas 2da. Época.

Más información:

https://es.wikipedia.org/wiki/Nueva_Pol%C3%ADtica_Econ%C3%B3mica

https://www.pcc.cu/pccweb/congreso1.php

 

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