Por Pedro Corzo
Estados Unidos es para
los necesitados, algo similar a lo que fue “El Dorado” para los conquistadores
europeos en América, o para los judíos la bíblica “tierra que mana leche y
miel, la tierra prometida".
En toda la historia de
la humanidad ningún país ha fraguado tantos y positivos modelos a seguir como
este. Desde el American Way of Live que sugiere un arquetipo cultural y de vida
basado en el trabajo duro y la democracia para gestar así condiciones en las
que todos podamos alcanzar el éxito, hasta la convicción de que por muy
poderoso que se sea, todos tenemos que cumplir las leyes.
La historia nos ha
mostrado que las influencias y el poderío de las naciones tienen un límite.
Ningún poder es imperecedero, sin embargo, el número tan alto de valores y su
magnitud de esta nación, más el desarrollo científico y su profundo sentido de
la solidaridad, sumado a la repercusión global de sus actuaciones, son factores
que integran el legado de los Estados Unidos de América, herencia que no tiene
paralelos en el devenir del tiempo.
Nunca diré que este país
es perfecto. He sido crítico de más de una de las decisiones de sus
gobernantes, no obstante, tengo el firme convencimiento que las oportunidades
para alcanzar una vida honorable y decorosa que brinda Estados Unidos, no se
repiten en otro país del orbe.
Es probable, como
afirman algunos conocedores, que este país sea superado en pocas
décadas por una nueva potencia global en asuntos claves como la economía o
el poderío militar, sin embargo, más allá de las riquezas producidas y la
cantidad de portaaviones y misiles, el único estado que hasta el momento llena
las expectativas de progreso personal, seguridad y derechos de los más
desposeídos, es Estados Unidos.
Estados Unidos es para
los necesitados, algo similar a lo que fue “El Dorado” para los conquistadores
europeos en América, o para los judíos la bíblica “tierra que mana leche y
miel, la tierra prometida", y aunque lejos de lo ideal, es la nación que
más se les aproxima a esos sueños siendo la sociedad que reúne condiciones
precisas para satisfacer las querencias más humanas, un hábitat donde las
esperanzas de una vida mejor pueden hacerse realidad.
Cierto que el sueño
americano no es alcanzado por todos, pero es posible soñar, cuando en otros
lugares solo se vive en pesadillas. Las condiciones para andar y construir
están a la vera del camino, simplemente hay que estar dispuesto al esfuerzo, al
trabajo, porque la expresión de que no hay almuerzo gratis no es peyorativa de
esta sociedad, sino la afirmación de que todos estamos obligados a trabajar por
nuestro progreso.
Por algo será que son
muchos los que busca dejar atrás los paraísos proletarios. Venezolanos,
nicaragüenses, cubanos, incluso los chinos, tienen como meta este país, tal
vez, el más vilipendiado del mundo, gestión en la que participan
lamentablemente algunos de sus ciudadanos naturales y adoptivos al intentar
importar propuestas políticas inspiradas en odios y resentimientos que solo han
cosechado fracasos donde han sido impuestas.
Muchos de los logros más
grande de la mente humana es cosecha estadounidense, no porque los naturales
sean particularmente sabios, sino porque existe el contexto necesario para que
los ilustrados desarrollen su talento. Una cantidad considerable de los avances
sociales y humanitarios se han originado aquí, o se han estructurado mejor por
las mismas razones que han hecho posible los progresos científicos.
Los extremos son una
amenaza real para cualquier sociedad. No importa la tendencia ni la
ideología que subyazca en cada tendencia. Esas corrientes solo promueven
quebrar la identidad nacional. Destruir los valores sobre los que se sostiene
la nación, patrones, a pesar de sus imperfecciones, a imitar por muchos países.
El fascismo y el
comunismo sin importar como se mimeticen, al igual que los indefinibles
ideológicamente "supremacistas de cualquier raza", son una realidad,
no una invención cinematográfica. Todos ellos trabajan duro por el objetivo que
comparten que es consistente con destruir los fundamentos de tolerancia,
comprensión y respeto a las diferencias que caracterizan a los Estados Unidos.
El honorable Abraham
Lincoln dijo en el lejano 1838, “Si la destrucción es nuestro destino, nosotros
mismos debemos ser su autor y consumador. Como nación de hombres libres,
viviremos para siempre o moriremos por suicidio”, una advertencia para tener en
cuenta porque en esta nación siempre han coexistido fuerzas centrífugas que
buscan su destrucción, así que estemos alerta para defender el país que nos da
abrigo.

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