Por Néstor Carbonell Cortina
Me complace y me honra
participar en este gran foro patriótico –feliz iniciativa de Héctor
Lans—, que se celebra con la esperanza de un pronto amanecer de libertad en
Cuba
Se me ha pedido que comente, con perspectiva histórica,
las razones expuestas por nuestros distinguidos panelistas a favor de un marco constitucional,
durante la transición a la democracia en Cuba, basado en los preceptos
fundamentales y aplicables de nuestra Constitución de 1940.
Pero antes, un breve preámbulo de cómo se logró esa
Constitución que hoy celebramos, después de un período de enorme inestabilidad,
tras el derrocamiento de Machado en 1933, con 8 presidentes en 6 años.
Entre los factores que más contribuyeron al éxito de la
Constituyente de 1940, figuran: el Pacto de Conciliación entre
dos enemigos acérrimos—Fulgencio Batista y Ramón Grau San Martín—propiciado por
el presidente Laredo Bru poco antes de que se celebrara la constituyente.
El otro factor positivo fue la presidencia de
Carlos Márquez Sterling, quien con gran autoridad y destreza parlamentaria
logró agilizar los debates entre los 77 delegados de la Constituyente.
El tercer factor de importancia fue la Comisión
Coordinadora que presidió José Manuel Cortina, integrada por 17
de los líderes más influyentes, quienes lograron el consenso y la aprobación de
la mayoría de los preceptos fundamentales en las asambleas plenarias de la
Constituyente.
Y el último factor influyente, que realmente fue de
suerte, fue haber podido controlar a las turbas, atrincheradas en el hemiciclo
del capitolio, con el propósito de echar abajo la Constituyente el día de la
inauguración cuando hablaba Cortina. Este trató de serenarlas
apelando a la solidaridad nacional, pero no tuvo éxito. Entonces,
con el índice acusador, se impuso Cortina con el grito que llegó a ser
emblemático: ¡LOS PARTIDOS, FUERA, LA PATRIA, DENTRO!
Todos estos factores contribuyeron a que se aprobara la
Constitución de 1940, que, aún con sus defectos, balanceó los amplios derechos
sociales otorgados con la defensa irreductible de los derechos individuales;
impulsó el desarrollo económico del país, e introdujo el sistema
semi-parlamentario para atemperar el autoritarismo de los presidentes.
¿Por qué debemos apoyarla ahora, ante la posible
redención de Cuba?
Primero: Porque la Constitución
de 1940 es la legítima Carta Magna de la República. Fue aprobada libremente
por los representantes electos de todos los partidos y sectores del
país, y no ha sido abrogada ni reformada democráticamente. Sólo ha sido suplantada
por la fuerza.
Segundo: Su
articulado está enraizado en nuestra historia, afincado en leyes
complementarias, y esclarecido por la jurisprudencia cubana anterior al régimen
comunista. Aunque no todos sus preceptos serían aplicables durante la
provisionalidad, como los Derechos Individuales consagrados en el
Título IV de la Constitución, los de imposible cumplimiento podrían
suspenderse o ajustarse a las realidades imperantes hasta que el pueblo decida
en las urnas si desea actualizar la Constitución o sustituirla.
Tercero: Fue la Constitución de
1940 el documento unificador en la lucha contra la dictadura
de Batista y el régimen comunista de los hermanos Castro.
Cuarto: Ella ha continuado
siendo invocada hasta estos días por las principales organizaciones cívicas y
patrióticas en Cuba y el exilio.
Quinto: Su prestigio ha sido reconocido por la Comisión
International de Juristas de las Naciones Unidas. Cito: “La Constitución de
1940 se caracteriza por traducir un equilibrio excepcional entre las
estructuras republicanas, liberales y democráticas y los postulados de justicia
social y promoción económica.”
Relevantes precedentes constitucionales proceden
de tres países europeos que, tras liberarse de la dominación
soviética, pudieron aplicar en la transición a un estado de derecho
los preceptos aplicables de sus históricas constituciones democráticas. Me
refiero a los casos de Estonia, Lituania y Latvia, que nos arrojan
luz para la transición en Cuba.
Un caso desafortunado fue el de Checoslovaquia en
su tránsito a la democracia. Por no haber podido resolver una intensa
controversia constitucional, se produjo la disolución del país como tal y su
división en dos naciones: la República Checa y Eslovaquia. Esto provocó la
renuncia inmediata del insigne Presidente de Checoslovaquia, Václav
Havel.
Y al hablar de constituciones, ¿cómo ha podido este gran
país, que nos abrió sus brazos, mantener la suya, a pesar de sus
imperfecciones, durante 238 años? Pues reformándola con 27
enmiendas, incluyendo las 10 primeras que consagraron el Bill of Rights,
y otras que llegaron a resolver la crisis candente de la esclavitud que desató
la guerra civil.
Gracias en gran parte a esa Constitución actualizada, los
Estados Unidos han podido superar sus crisis y alcanzar los más altos niveles
de progreso y bienestar.
En conclusión ¿qué
enseñanzas nos ofrecen todo lo expuesto a los que seguimos luchando para que
cese la tiranía comunista y pueda iniciarse la transición a la democracia
representativa? ¿Qué debemos hacer?
Ante todo, deponer ambiciones personales, conciliar
diferencias tácticas o de criterios, y unirnos bajo la legítima Constitución de
1940, que le abriría a la Patria que sufre horizontes de paz, libertad y
progreso.
Quiera Dios que pronto llegue ese día para que los
cubanos puedan enarbolar la Carta Magna de 1940 frente al Capitolio
Nacional, y jurar solemnemente que nunca más ningún déspota o
demagogo habrá de usurpar la voluntad soberana del pueblo, y nunca más el
dominio de las armas habrá de prevalecer sobre el imperio de la Constitución y
de las leyes.
¡FE Y ADELANTE!
Tomado de: Diario Las Américas
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