Tuesday, October 31, 2017

Dolor de España

La principal agencia de prensa española EFE reproduce un artículo del presidente de la AHCE Eduardo Lolo:

Procedentes de los Estados Unidos, mi esposa y yo arribamos en octubre de 2017 a un Madrid de balcones espontáneamente engalanados con la bandera española, como cuando la coronación del rey Felipe VI en 2014, de la cual fuimos testigos. Entonces era fiesta; ahora, incertidumbre.
El cambio se debe a la difícil situación que vive el pueblo español en estos momentos por la anunciada y finalmente emitida declaración unilateral de independencia de Cataluña por parte de un supuesto parlamento -y digo supuesto porque solamente un grupo de parlamentarios podía parlar.
La forma en que se ha venido desarrollando desde un principio el secesionismo en Cataluña apunta, indiscutiblemente, hacia el totalitarismo como sistema político: coartar la libertad de expresión de parlamentarios y ciudadanos que piensan distinto, la tergiversación de la realidad por parte de una prensa cómplice o controlada, el adoctrinamiento, el asedio y hasta la discriminación de los niños en las escuelas, etc. etc. En fin, algo muy diferente de movimientos semejantes en Escocia y en Canadá, donde siempre se respetaron las reglas de convivencia civilizada de la democracia y las normas de sus respectivas constituciones.
Una República de Cataluña, en la forma en que ha sido concebida, nacería con el germen de su propia ruina en tanto que sueño asociado a la libertad y el respeto a los derechos humanos de todos los catalanes. La propia clase política regional que la promueve ha sido ejemplo de corrupción, imposición política y caudillismo despótico. Algunos de sus más altos representantes han terminado tras las rejas, y es de presumirse que otros muchos todavía permanecen libres solo gracias al poder del dinero y las prebendas políticas de clanes de corte mafioso. Financieramente, todo anuncio de redistribución de la riqueza ha terminado, inexorablemente, redistribuyendo la pobreza y el incongruente advenimiento de una nomenclatura política amasando fortunas que los ricos del viejo régimen no habrían ni siquiera soñado. Una Cataluña independiente no sería una excepción; la avalancha de la ignominia ya ha comenzado. El parto catalán de una república tarada de infamia, como se aprecia en la actualidad, sería una bancarrota histórica para toda Cataluña.
Sin embargo, soy optimista. Estoy seguro de que el resto de España no va a dejar abandonada a parte fundamental de sí misma; ello es el clamor de muchos catalanes de bien. Además, espero que los catalanes confundidos o adoctrinados escuchen, finalmente, al resto de sus hermanos de la Península y no les pase como a los venezolanos, que creían que los cubanos exiliados estaban exagerando al vaticinarles la destrucción del país por la pérdida de la democracia.
El totalitarismo es uno solo, con disfraces ideológicos varios, tanto de izquierda como de derecha, unidos o semejantes en sus extremos: nacionalismo, antiimperialismo, fundamentalismo religioso, populismo, liberalismo, proteccionismo, etc., etc. En cualesquiera de sus variantes la democracia se torna demagogia; la tolerancia, intransigencia; la cordialidad, insolencia; y la veracidad en medias verdades (que implica que sean, al menos, medias mentiras).
Bajo un régimen totalitarista el mundo se vuelve, paulatinamente, al revés, pero una forzada mirada inversa por medio del engaño en un principio y luego del terror crea el espejismo de que está al derecho. El nuevo Mesías es infalible, omnipotente y omnipresente: el Führer, el Gran Timonel, Il Duce, El Comandante en Jefe, etc., etc. En Hispanoamérica hemos tenido una buena colección de ellos: hay ejemplos no muy lejanos en el tiempo con la etiqueta de izquierda (Hugo Chávez), de derecha (Anastasio Somoza) o de los que viajan de una a otra (Fidel Castro), pues en definitiva para el totalitarismo la ideología no es más que un útil vestuario de ocasión, a seleccionar pragmáticamente de acuerdo con las circunstancias.
Sin embargo, lo peor de todo es que el totalitarismo se basa en la esperanza frustrada de las masas y la falsa imagen de pertenencia a un clan que creen superior: "nosotros" (los buenos) versus "los demás" (los malos). Toda idea diferente (ni siquiera tiene que ser contraria) se convierte en anatema a silenciar, hasta con la muerte de quien la esgrima, convertido en "el enemigo" a eliminar, aunque hasta ayer haya sido un afable familiar, un buen amigo de toda la vida o un solidario compañero de trabajo de muchos años.
Todos los "convertidos" en la nueva "fe" quieren para sí el papel del David que derrota a Goliat, para al final ser devorados por un imprevisto Goliat disfrazado de ilusión supuestamente tangible. Se trata de una vieja historia en forma de Hidra, o de una Hidra en forma de historia, pues el orden de los horrores no afecta el espanto. Ojalá que tampoco esta vez la mitad de España muera de la otra mitad.

Monday, October 30, 2017

Sin lengua, deslenguado

El diario digital Cubaencuentro publica artículo del estudioso Carlos Espinosa Domínguez sobre libro Sin lengua, deslenguado del miembro de la AHCE Gustavo Pérez Firmat. Allí se dice: 


"Pérez Firmat es noticia por la salida, hace pocas semanas, de un nuevo título: Sin lengua, deslenguado (Ediciones Cátedra, Madrid, 2017, 292 páginas). Se trata de una antología de su producción poética preparada por Yannelis Aparicio y Ángel Esteban, que recoge poemas escritos tanto en inglés como en español. De estos últimos se ofrecen versiones bilingües. Figuran además textos que combinan ambos idiomas e incluso algunos que incluyen detalles en spanglish.
Para Pérez Firmat, el hecho de haber sido incorporado a una colección como Letras Hispánicas representa un reconocimiento muy significativo. Hay que recordar que en ella aparecen los autores más relevantes de la literatura escrita en castellano. Pasa así a estar en compañía de Virgilio Piñera, Miguel de Carrión, Reinaldo Arenas, José Martí, Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Severo Sarduy, Cirilo Villaverde, Nicolás Guillén, Fernando Ortiz y José Triana, los cubanos que hasta ahora forman parte del catálogo de Cátedra. Eso me llevó a escribirle y preguntarle qué siente al integrar una lista tan selecta. Esta fue su respuesta: “¿Que qué siento? Me siento halagado, por supuesto, aunque sé requetebién que no me merezco la membresía en ese club y que hay muchos escritores cubanos que sí deberían estar y no están. Pero tampoco voy a pedir que me saquen. En otras ocasiones he dicho que no soy escritor por vocación sino por equivocación, y esta vez la equivocación ha sido a mi favor”
Y termina diciendo Carlos Espinosa: 
En suma, recomendamos con entusiasmo este libro recién editado por Pérez Firmat. Quienes se acerquen a Sin lengua, deslenguado, podrán acceder a una obra poética que representa uno de los mejores logros de la literatura cubanoamericana y a un autor que es una de sus referencias imprescindibles"

Thursday, October 26, 2017

Sobre la censura

El Nuevo Herald reproduce la entrevista hecha por el escritor Francis Sánchez al editor de "El compañero que me atiende". Reproducimos acá un fragmento centrado en la censura: 

¿Qué opinas de la predominante visión arqueológica sobre la censura en Cuba y el quinquenio gris?
No sé cómo consiguen ver la censura en Cuba como un asunto del pasado. Con tantos ejemplos que se repiten una y otra vez. El principio de “dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada” es terriblemente represivo y a ese principio no se ha renunciado ni un minuto desde agosto de 1961. Supongo que en esa visión arqueológica tenga que ver que muchos de los censurados de ayer sean parte de la cultura (entiéndase también censura) oficial. En ese sentido, el de la censura, el régimen cubano actual resulta una especie de totalitarismo ilustrado. Los encargados de lidiar con los artistas y escritores ya no son los militarotes de antaño: los Papito Serguera, los Pavones, los Quesadas. Ahora son una mezcla de funcionarios con estudios universitarios con intelectuales graduados en diferentes niveles de censura, incluida la censura en carne propia. Esos últimos resultan a la larga los más efectivos. Son los que le dirán a los jóvenes creadores: “Eres muy atrevido porque eso en mi época no se podía decir”. Y todos tan contentos. Los jóvenes porque les satisface su audacia y los viejos porque sienten que de alguna manera han contribuido a esa “evolución”.
[...]No conozco antecedentes de una antología de este tipo... Aunque hay historias de vida muy bien documentadas, como en “Informe contra mí mismo”, de Eliseo Alberto Diego. Se han hecho antologías de las becas, de los trenes, de cualquier cosa, pero parece increíble que nos faltara la de los omnipresentes “segurosos”. ¿A qué crees que se deba ese silencio? ¿Existiría una sutil raya roja que tú estás cruzando ahora?
Las razones son bastante obvias. El régimen cubano restringe las libertades políticas y económicas de sus ciudadanos más que cualquier otro en la actualidad a excepción de la hermana república de Corea del Norte. Y encima no le gusta que se lo digan. No está preparado para lidiar con una evidencia tan elemental. Se lo dices y en vez de cambiar te amenaza: el Poder quiere que le digas lo hermoso que es o en su defecto te dediques hablar de otra cosa. Los regímenes así son narcisistas por naturaleza. Y pretenden que los intelectuales sean su espejo mágico y confirmen la idea que el Poder tiene de sí mismo. Pero los escritores, incluso en Cuba han demostrado ser, a pesar de todo, una especie bastante resistente. De hecho algunos textos de la antología (no muchos, la verdad) aparecieron antes publicados por editoriales cubanas. La diferencia estriba en que esos gritos que se pierden en el escándalo continuo que es la realidad cubana al ser reunidos en la antología ofrecen un contexto esencial para entender esa realidad. La represión es el elefante en la habitación que nadie quiere mencionar, al que le damos un rodeo de camino a la cocina. Pues “El compañero que me atiende” es un libro sobre el elefante y lo que significa tenerlo metido en tu casa.

Monday, October 23, 2017

COMUNICADO DE ADHESIÓN



ACADEMIA DE LA HISTORIA DE CUBA EN EL EXILIO, CORP.
P.O. BOX 521364                                     
430-A Hancock Pl.
Flushing, NY 
11352                                 
Fairview, NJ 07022


COMUNICADO DE ADHESIÓN


POR CUANTO:

El Banquete Anual “Día del Periodista” organizado por el Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio, Delegación NJ-NY, que tendrá lugar el domingo 29 de octubre de 2017, estará dedicado al Dr. Antonio A. Acosta.


POR CUANTO:

El Dr. Antonio A. Acosta habrá de recibir dicho homenaje y una placa alegórica en reconocimiento a su larga y excelente trayectoria como educador y por su ejecutoria como Presidente de dicha delegación del Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio.


POR CUANTO:

El Dr. Antonio A. Acosta es uno de los fundadores de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp. Y en la actualidad funge con eficiencia, responsabilidad y honestidad como Tesorero de la entidad.



La Junta Directiva de la AHCE.

RESUELVE

1-    Adherirse con honor y júbilo al justo homenaje al Dr. Antonio A. Acosta organizado por la Delegación de NJ-NY del Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio.

2-    Agradecer a dicha delegación el haber acordado rendir homenaje a uno de nuestros fundadores, lo cual honra a todos los miembros de la AHCE.

3-    Invitar a toda nuestra membresía a formar parte del homenaje que tendrá lugar en el conocido Restaurante Las Palmas, sito en la Calle 62 y la Avenida Bergerline (West New York, NJ), comenzando a la 1:30 PM de la fecha indicada.

Y para que así conste en los Archivos de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp., firmamos el presente Comunicado de Adhesión en New Jersey a los 20 días del mes de octubre de 2017.


Israel Abreu, Presidente Interino.                                                                 
Octavio de la Suarée, Secretario.


Saturday, October 21, 2017

El compañero que me atiende

El periódico digital Diario de Cuba anuncia que:
La primera presentación de la antología El compañero que me atiende, del historiador y profesor universitario Enrique del Risco, tendrá lugar en Miami el próximo 2 de noviembre, a las 7:30 pm, en la librería Altamira [en Coral Gables, Miami], a la que están invitados varios de los autores que intervienen en el texto.
El volumen, prologado por el propio Del Risco, ha sido publicado por la Editorial Hypermedia, y en este aparecen decenas de escritores cubanos que cuentan sus experiencias y relaciones con la policía secreta cubana, "esa instancia casi familiar y siempre temible llamada: G2".
La antología, como defiende su compilador, "no es un memorial de agravios", lo que intenta es reunir "una mínima parte de las aportaciones cubanas a un género anunciado ya por Kafka desde las primeras páginas de su inconclusa novela El proceso". [...] Néstor Díaz de Villegas, Antonio José Ponte, Rafael Almanza, Luis Felipe Rojas, Orlando Luis Pardo, Lien Carrazana, Legna Rodríguez Iglesias, Michel H. Miranda, Ángel Santiesteban, Orestes Hurtado, Karla Suárez, entre muchos otros forman parte de esta antología que será presentada en varias ciudades de EEUU. Ya se encuentra a la venta en Amazon.

Wednesday, October 18, 2017

Maldito Menéndez: reviva la revolu

Entrevista llevada a cabo por el escritor Carlos A. Aguilera en dos partes a Maldito Menéndez fundador de Arte Calle, agrupación esencial entre las que estremecieron el escenario artístico y político en Cuba en los años 80 al tiempo que figura principal del arte contestatario en el exilio. Ver aquí la primera parte y la segunda aquí. Dice Maldito en la entrevista:


La cultura ya no es monopolio de las instituciones culturales, salvo en los totalitarismos, como Cuba. Si la cultura cubana ha experimentado un crecimiento exponencial desde los años 60, no ha sido gracias a la revolu, sino a las migraciones de cubanos que huyen de la misma desde que la infamia tomó el poder. Si la cultura fuera una sola, la cubana no estaría en Cuba, sino en el exilio. ¿Dónde si no es posible una entrevista como ésta?

Angola, la guerra innecesaria

El Diario de las Américas publica artículo sobre el nuevo libro Angola, la guerra innecesaria de Carlos E. Pedre Pentón. Pedre Pentón, participante en la guerra como parte de uno de los primeros contingentes llegados al país africano, declara, entre otras cosas, que la propaganda castrista 
“le vendió la idea a los cubanos y al mundo de que éramos internacionalistas, pero para muchos angoleños y otros africanos éramos un ejército racista de ocupación, éramos conquistadores como mismo veían a los sudafricanos. Esa era la verdad”.
Sobre la ayuda internacionalista desinteresada:
 “fue otra de las grandes mentiras de Fidel Castro. He consultado fuentes conocedoras de los secretos de esa guerra, personas que aún están en Cuba y por eso no puedo develar sus nombres, que tenían acceso directo a la intendencia del ejército angoleño, y me han confirmado que Angola pagaba 2.000 dólares mensuales por hombre a Cuba. No éramos internacionalistas sino un ejercito mercenario que ayudaba a una de las facciones en pugna”.
Sobre los mutilados:
“Una pregunta que le hago a mucha gente es ¿cuántos mutilados cubanos de la guerra de Angola conocen? Teniendo en cuenta que fue una guerra de 16 años, librada a cañonazos y minas, ¿no resulta muy extraño que no haya mutilados? ¿Dónde están, qué pasó con ellos? No pocos asumen que los hayan matado para impedir que los mutilados se pasearan por Cuba con sus horribles huellas de la guerra”
Sobre el total de bajas cubanas. Si en 1989 la cifra oficial de bajas era de 2,889 :
“Años después, el escritor Michel Porcheron, en una nota sobre el documental Cuba, una odisea africana, publicada en el diario Granma, dijo que 2.000 cubanos ofrendaron sus vidas en aquel continente. Sin embargo, en ese mismo documental se plantea que los historiadores estiman los caídos en unos 10.000 muertos. Una contradicción propia de la clásica manipulación del régimen”, recalcó el veterano.
“Es increíble cómo con el paso del tiempo, en vez de develarse la cifra real de fallecidos, el régimen y sus periodistas oficialistas reducen el número. No me sorprendería si los excelsos defensores del comunismo a ultranza un día afirman que sólo perecieron unas pocas decenas. Lo que no podrán es borrar el estigma de una guerra que no fue necesaria, a no ser para el propósito maligno de Fidel Castro de expandir su supuesta revolución”.

Tuesday, October 17, 2017

Adiós mi Habana

Por Enrique Del Risco

Las experiencias de una chica germano-americana en una década de vida en Cuba es la materia con la que estaba fabricada la novela gráfica Adiós mi Habana de Anna Velfort. Ya eso bastaría para resultarles interesante a los cazadores de curiosidades etnológicas. Pero lo es mucho más si se precisa que la década en cuestión es la que va desde el año 1962 al 72. O que la chica acompaña a su padrastro norteamericano y a su madre alemana, comunistas convencidos que viajan a Cuba para incorporarse a la última encarnación de la Revolución Mundial. O que la protagonista fue testigo única de aquella pequeña, privilegiada (pero no menos vigilada) sociedad de compañeros de viaje venidos del extranjero en acto de solidaridad revolucionaria. Pero el descubrimiento de la protagonista de su propia homosexualidad convierte Adiós mi Habana en documento excepcional. En historia de cómo funcionó en aquellos años fundadores de todo lo que vendría después el mecanismo de vigilancia y represión a los homosexuales cubanos a lo largo del sistema educativo y laboral cubano: desde menos de un año de la proclamación del carácter socialista del régimen hasta entrado ya en el llamado Quinquenio Gris.
Sin muchas más pretensiones aparentes que las de contar su experiencia vital durante lo que suelen calificar como uno de los acontecimientos más importantes del pasado siglo Veltfort consigue un relato fascinante. Sobre todo si se lo compara con la mayoría de los novelistas que han entrado en dicho período a la caza de esa ballena blanca que es la novela de la Revolución Cubana. Con el más sencillo y directo de los estilos que se limita a seguir las peripecias de la protagonista Veltfort rescata una historia reveladora en su propia elementalidad. La protagonista verá el descubrimiento de su sexualidad convertido en pesadilla y sus romances cubanos en razón de Estado. A todo esto se añade tanto detallismo gráfico documental y narrativo (vale recordar que su autora es también la del blog El Archivo de Connie) que lo convierte en un documento de primera mano de aquellos años tan convulsos como edulcorados por sus cronistas. Allí la ya mitológica noche de las tres Pes con su apresamiento multitudinario de “prostitutas, pájaros y proxenetas” tiene fecha precisa: el 11 de octubre de 1962, apenas tres días antes del inicio de la llamada Crisis de los Misiles. Allí aprendemos que la famosa Operación Hippie con el que recogieron buena parte de los jóvenes habaneros aficionados al rock ocurrió el 25 de septiembre de 1968, días antes de que Fidel Castro proclamara en el octavo aniversario de los CDR que “en nuestra capital […] dio por presentarse un cierto ‘fenomenito’ entre grupos de jovenzuelos[…] influidos entre otras cosas por la propaganda imperialista, que les dio por comenzar a hacer pública ostentación de sus desvergüenzas”.

Llama la atención la frescura con que está contado el relato. La ingenuidad que le evita contaminar al personaje de aquellos días con la experiencia adquirida posteriormente. Más bien ocurre lo contrario. La ingenuidad juvenil parece contagiar el epílogo donde la autora se pregunta por qué fue objeto de una persecución tan enconada por parte de las autoridades “¿Por qué tanta atención sobre una estudiante extranjera sin importancia […]?” para terminar achacando tal encono a las maquinaciones de una conocida. Como si después de diseccionarlo con tal detalle se le escapara una enseñanza elemental de un sistema como el cubano: la de que allí, al igual que con la Cosa Nostra, no hay nada personal. Que la esencia misma de un sistema como aquel consiste en no subestimar nada. En dedicarle la máxima atención a seres mucho más insignificantes que una estudiante extranjera. En cambio y aunque no lo diga directamente queda claro que si bien el castrismo no inventó la homofobia sí puede atribuirse el copyright de su instrumentalización política en la historia cubana. La vieja homofobia que estimulada e ideologizada sirvió no solo para controlar a los homosexuales cubanos sino mantener a toda la población en el trance totalitario de exigir y dar cuentas de lo más íntima de sí. Y de dicha estatalización de lo íntimo emanó buena parte de su control sobre toda la sociedad. Adiós mi Habana es, en fin, un libro muy recomendable. Sobre todo si se trata de hacerle un regalo de cumpleaños a Mariela Castro, tan desinformada, la pobre. 

La Venezuela imposible

CUANDO: Viernes, 20 de octubre a las 7:00 PM

DONDE: Librería Altamira
219 Miracle Mile, Coral Gables, FL 33134
Tel: (786) 534-8433

PRESENTADORA:
Maria Teresa Romero 
En un ambiente informal rodeado de libros de gran interés, el nuevo libro La Venezuela imposible, será presentado ante el público por miembros de la directiva de la Fundación Francisco Herrera Luque. Posteriormente el autor, Carlos J. Rangel, será entrevistado por el Dr. Jose Antonio Cisneros sobre los temas candentes del libro.

Carlos J. Rangel utiliza la historia reciente de Venezuela para ilustrar la actualidad y vigencia de los principios de democracia y libertad, profundizando en temas de derechos humanos y sociales, igualdad vs libertad, la naturaleza del libre mercado, la razón de gobierno y la relación de éste con el espíritu empresarial.

La Venezuela Imposible es una compilación de escritos realizados a lo largo de varios años, complementada con nuevos ensayos inéditos para hilar las tesis expuestas. Carlos J. Rangel utiliza un lenguaje claro y directo para documentar el desarrollo del chavismo desde sus etapas iniciales dentro de la democracia liberal, hasta su expresión en un estado autocrático, reflexionando sobre la libertad, los derechos humanos, el populismo, tiranía vs anarquía, y la violencia, entre otros temas.

Este libro es un análisis trascendental para cualquier país inmerso en el mundo turbulento de la actualidad occidental donde derechas, izquierdas, populismos, demagogias y el liberalismo pugnan por arraigarse entre los pueblos.

Sunday, October 8, 2017

La última casa de José Martí

Por Jorge Ignacio Domínguez

Tras el fracaso de la expedición de Fernandina en los primeros días de enero de 1895, José Martí tuvo que ocultarse. El gobierno español había contratado a los agentes de la Agencia Pickerton para descubrir su paradero. El objetivo era hacer que el gobierno norteamericano lo detuviese por violación de la neutralidad en los asuntos cubanos con la que el gobierno estadounidense estaba comprometido.

¿Dónde pasó José Martí esas dos semanas, desde su apresurado regreso de la Florida hasta su definitiva partida? En ese lugar escribió algunas de sus cartas más importantes, y allí firmó el “acta de independencia” de Cuba: la Orden de Alzamiento para iniciar la Guerra del 95.

La casa —ya veremos después dónde estaba realmente— fue uno de los centros gravitacionales de la comunidad cubana de Nueva York. Allí vivían dos matrimonios cuyo destino se fundió varias veces con el de la Isla de Cuba: el del Dr. Ramón Luis Miranda y Luciana Govín, y el de la hija de estos, Angelina Miranda, y Gonzalo de Quesada, discípulo y amigo cercano de Martí.

Luciana Govín era a su vez la hija de Félix Govín, el cubano más rico de Nueva York hasta su muerte en 1891. Luciana, principal heredera y albacea testamentaria de su padre, era una activa corredora de bienes raíces, y administraba su pequeño imperio desde la casa familiar. La fortuna heredada de su padre —y que debería compartir con su hermano vivo y los hijos del hermano muerto— equivaldría hoy a una suma de entre 16 y 36 millones de dólares.

Esa fortuna estuvo muchas veces a disposición de la causa cubana, aunque habría que señalar la probable falsedad de la más dramática escena de fervor patriótico que nos ha llegado: el ofrecimiento del famoso cheque en blanco durante los días cruciales en que Martí se refugió en su casa. Pero está fuera de toda duda que ayudó generosamente a la causa, y que era la persona a acudir cuando había que pagar la fianza de algún cubano detenido por conspirar contra España en el suelo oficialmente neutral de Nueva York.

No es ocioso recordar que una promesa incumplida de Félix Govín estuvo a punto de expulsar a Martí de la historia de Cuba. El famoso encontronazo con Máximo Gómez y Maceo en el Hotel Griffou en 1884 fue de alguna manera provocado por Govín. Según cuenta el general y doctor Eusebio Hernández, entre otros, el acaudalado Félix Govín había prometido a Gómez y a Maceo donar cien mil pesos y buscar dos amigos que donaran cada uno cincuenta mil, "si juntos [Gómez y Maceo] se ponían al frente del movimiento".

Tras la llegada a la ciudad de los dos patriotas, relata Eusebio Hernández, Govín informó a los conspiradores que no podría ayudarlos, pues "en aquellos momentos tenía pendiente una reclamación al gobierno español que fracasaría si le demostraban que alentaba una revolución separatista". Fue entonces que se decidió enviar a Martí y a Maceo a México a buscar fondos, y en esa conversación fue donde Gómez le dijo a Martí que se limitara a cumplir sus órdenes, lo que ocasionó la famosa respuesta de Martí sobre las fundaciones de pueblos y campamentos, y su apartamiento de la causa independentista. 

Pero volvamos a 1895. El esposo de Luciana Govín, el Dr. Miranda, era el médico personal de Martí y mantenía una consulta en la misma casa. Además, era el presidente de la Sociedad de Beneficencia Hispanoamericana, organización que también tenía sede oficial en la casa. El Dr. Miranda, graduado de la Sorbona, era médico de renombre en Nueva York. Ante una epidemia de fiebre amarilla, por ejemplo, los periódicos de la ciudad buscaban sus comentarios de experto. Y de todos es conocido el cariño reverencial que Martí sintió por él.

Gonzalo de Quesada, por supuesto, fue muy cercano colaborador de José Martí en sus años finales en Nueva York. Su admiración apasionada por Martí era correspondida por el cariño paternal que este le dedicó. Se olvida habitualmente que Gonzalo, además de ser “el discípulo” de Martí, era un neoyorkino; un señor cuyo inglés era más sofisticado que su castellano y casado con la heredera de una fortuna inmensa. Un abogado graduado de la Universidad de Columbia. Un hombre con conexiones en el mundo de los negocios y de la prensa de Nueva York.

Angelina, por su parte, fue también admiradora de Martí, desde antes de su boda con Quesada ,y contribuyó con su dinero a la causa martiana repetidas veces. Y después de la muerte de Martí fue la principal animadora del Club Hijas de Cuba, que se reunía en su casa.

Esa amistad casi familiar de Martí con toda la familia se puede rastrear en cartas, notas y referencias en el periódico Patria. Quizás la más reveladora de todas sea que Martí daba a Angelina “recibos” por el tiempo que le robaría al esposo para las labores de la independencia.

Esa casa, que fue uno de los centros de la comunidad cubana de Nueva York y uno de los lugares más frecuentados por José Martí, sería también su refugio último.

Pero, ¿dónde estaba?


Por más de siete décadas, en los libros de historia de Cuba, en las biografías y estudios diversos se ha repetido que José Martí pasó esas dos semanas definitivas en el número 116 oeste de la calle 64 de la ciudad de Nueva York. Esos mismos libros dicen a veces que se trataba de la casa de Gonzalo de Quesada y otras que era la casa de su suegro, el Dr. Ramón Miranda.

Esa casa —la del 116 oeste de la calle 64— desapareció a fines de la década del cincuenta o principios de la del sesenta del siglo pasado cuando se construyó el Lincoln Center.

Hay tres razones poderosas por las que se aceptó siempre esa dirección como verdadera.

En 1941, Luis Rodolfo Miranda, sobrino del Dr. Miranda y comandante del Ejército Libertador, publicó el libro Reminiscencias cubanas de la guerra y de la paz. Luis Rodolfo Miranda conoció de cerca de José Martí siendo adolescente y vivió en la casa de su tío, el Dr. Miranda. En su libro reproduce varios artículos. Hablando de Martí, afirma que tuvo “la dicha de acompañarle constantemente” 1 durante esas dos semanas de su estancia en casa del Dr. Miranda. E indica, de manera inequívoca, que la casa se hallaba en el 116 oeste de la calle 64.

La segunda razón es el libro de Blanca Z. de Baralt, El Martí que yo conocí, publicado en 1945. La Sra. de Baralt relata la conocida anécdota del abrigo olvidado por Martí en su casa el día en que partió hacia Cuba. Tras explicar que en 1895 ella vivía en el “número 135 oeste calle 64”, añade que a “dos puertas de nuestra nueva casa vivían el Dr. Ramón L. Miranda, su esposa Luciana Govín, su sobrino Luis Rodolfo Miranda y el joven matrimonio Angelina Miranda y Gonzalo de Quesada”. 2

Esos dos testimonios de personas tan cercanas a Martí son dos de las razones por las que se aceptó la dirección de la calle 64 como verdadera. La tercera razón parece ser que nunca se han comparado esos testimonios con documentos de la época.

Hace dos años, sin embargo, la lectura de una de las cartas que Martí escribió desde Santo Domingo en febrero de 1895 me hizo dudar de la dirección establecida. Comencé a buscar documentos de la época.

La carta que generó mis dudas es un breve mensaje de Martí a Gonzalo de Quesada, escrita desde La Vega, República Dominicana, el 18 de febrero de 1895, donde el remitente indica la dirección del destinatario bajo su nombre: 349 W. 46th St., New York.


¿Por qué dirigía Martí la carta a la calle 46 Oeste y no a la 64 Oeste donde se suponía que vivía Quesada, y donde Martí habría vivido sus últimas semanas?

Durante mi investigación pude hallar 24 documentos originales, de entre 1892 y marzo de 1895 que indican que los Miranda-Govín y los Quesada-Miranda Govín vivían en esa época en la misma casa, en el número 349 oeste de la calle 46. Entre esos documentos están cartas de José Martí a Gonzalo de Quesada, varios artículos de periódicos, el Directorio de la Ciudad de Nueva York, el Registro de Asociaciones Caritativas, varias publicaciones médicas, telegramas, etc.

Entre los 24 documentos hallados que indican que la dirección correcta es el 349 de la calle 46, los más significativos son éstos:

1. En la década del noventa del siglo XIX existió en Nueva York Sociedad de Beneficencia Hispanoamericana, presidida por el Dr. Miranda. La Sociedad, sobre la que Martí escribió un bello artículo, residía en su propia casa del Dr. Miranda, y en su junta directiva estaban dos de los más cercanos miembros clave del Partido Revolucionario Cubano: Gonzalo de Quesada y Benjamín Guerra.
En el Directory of the Charitable, Eleemosynary, Correctional and Reformatory Institutions4 de Nueva York de 1892 aparecen los nombres y direcciones de la Sociedad. Allí podemos ver que Quesada y el Dr. Miranda vivían en la misma casa, en el 349 oeste de la calle 46:

2. En el volumen 107 del New York City Directory5, publicado en julio de 1894, aparecen los nombres y la dirección del Dr. Miranda y de Gonzalo de Quesada:



3. El periódico The Sun, el 19 de mayo de 1894 relata6que un pariente de Luciana Govín, esposa del Dr. Miranda, había intentado asesinar al médico en su casa. Allí se indica claramente que ambos vivían en el 349 oeste de la calle 46. El caso parece haber resonado en la ciudad. The New York Times publicó ese día un artículo7 semejante donde se indica la misma dirección.

Con ligeras variaciones, los dos artículos cuentan que el Dr. Miranda había pedido a Lorenzo Govín, de 28 años, que desistiera de hacerle proposiciones amorosas a una de las criadas de la casa. El joven, al que describen en los periódicos como epiléptico y enfermo mental, comenzó a merodear la casa armado de una pistola y un “pesado bastón”. Finalmente, el joven se presentó en la casa gritando amenazas de muerte contra el Dr. Miranda. Fue entonces que la familia lo denunció a la policía y el joven fue detenido.

Esta es la copia de los primeros párrafos del artículo del Times:




3. El Charities Directory8 de la Ciudad de Nueva York, publicado en 1895, incluye nuevamente una lista de los miembros de la directiva de la Sociedad de Beneficencia Hispanoamericana. Allí aparecen el Dr. Miranda y Gonzalo de Quesada como residentes del 349 oeste de la calle 46.





Martí en el 349 oeste de la calle 46

El hecho de que ambas familias vivieran en la calle 46 entre 1892 y 1895 no prueba necesariamente que viviesen en esa casa en la segunda quincena de enero de 1895, cuando Martí se quedó con ellos. Pero también hay documentos que evidencian ese detalle esencial.

1. Al regreso de Fernandina, en enero de 1895, José Martí le escribe a Juan Gualberto Gómez. Los detalles esenciales de la carta los pone en clave para evitar revelar el lugar donde se oculta en caso de que la carta sea interceptada. Dice así:

Me enoja hablarle a medias. Si pudiese resolver por mí, ya le estaría diciendo. No puedo, en la nueva situación, y hay mar por medio. Si aguardan, todo marche al rescoldo: yo volaré, de un modo u otro.

La dirección nueva—sólo para ella tengo tiempo—es: S. Dressner trescientos cuarenta y nueve oeste, calle cuarenta y seis—y en el sobre interior, ponga para María.10

2. El 29 de enero, en su siguiente carta a Juan Gualberto Gómez, Martí le reitera:

“…si ve que esperar, en las condiciones en mi carta explicadas, es posible o indispensable, aunque no sea grato, y decide recomendarlo así, telegrafíeme entonces la palabra venda a la misma dirección nueva que le di, y así podré irme más tranquilo, y con mayor firmeza…”11

3. El 29 de enero le escribe también a Serafín Sánchez, que está en Nueva York, y le dice:

“Si nada pudo enviar hasta el recibo de esta carta, alce en la noche cuantos cientos pueda, y por la noche avise el giro, el viernes mismo por la noche, o el sábado, al rayar, a G. De Quesada, —349 W. 46 St.—El sábado antes de las doce necesito tenerlo todo…”12

Cambio de dirección

Y entonces, ¿cómo apareció la otra dirección en los libros de Luis Rodolfo Miranda y Blanca Z de Baralt? ¿Cómo se explica que dos personas distintas recuerden medio siglo después que Martí se quedó en la calle 64 y no en la 46?

El hecho es que ambos matrimonios se mudaron del 349 oeste de la calle 46 al 116 oeste de la calle 64 en el mes de abril de 1895, menos de tres meses después de la partida de José Martí.

1. El 25 de abril de 1895, en la sección de bienes raíces de The New York Times14, se anuncia la venta de la casa, como se puede ver aquí:




2. Probablemente se hayan mudado de la casa unas semanas antes de la anunciada venta. En este caso, el dato viene de epistolario mismo de Martí. Supo éste, en los campos de Cuba, que la familia amiga que lo había ocultado por dos semanas en enero se acababa de mudar. Cinco días después del anuncio de la venta en el Times, escribe desde Cuba a Gonzalo de Quesada:

“¿Cómo los caliento a todos en mi pecho y les doy de este aire puro de libertad? Ya no vivirán en la sala inolvidable donde les dije adiós. ¿Trabajan mucho, como yo trabajaba? ¿Y Carmita, y mis niñas?”15

3. Dos años y medio después, a principios de octubre de 1897, muere Luciana Govín de Miranda. Su obituario en The New York Timesaclara específicamente el cambio de direcciones. Dice el segundo párrafo del obituario:

Cuando José Martí estaba en este país en 1895 e intentó sin éxito enviar una expedición filibustera a Cuba desde la Florida, se refugió por dos semanas en la casa de la Sra. Miranda, que estaba entonces en el número 349 de la Calle 46 Oeste. Martí le confió a ella muchos de sus planes para llevar a cabo la guerra, y dejó en su poder numerosos documentos. Poco después, cuando Martí abandonó Nueva York para unirse al general Gómez en Santo Domingo, la Sra. Miranda colaboró con grandes sumas de dinero como ayuda a la causa cubana. 16

Un amigo, estudioso de la vida de Martí en Nueva York, me dijo en tono de sorna que no creía que el redactor de obituarios del New York Timesconociera nada de la familia de Luciana Govín, por lo que no confiaba en su artículo. Le dije, y repito ahora, que precisamente por eso es confiable. El redactor de obituarios no podría haber inventado el dato de ninguna manera. Hizo la aclaración porque alguien de la familia le pidió que la hiciera. Y debió ser Gonzalo de Quesada, pues era él quien mantenía los contactos con la prensa estadounidense en todos los asuntos relativos al Partido Revolucionario de Cuba.


La casa del 349 oeste de la calle 46 sigue hoy en pie. En su sótano se encuentra ahora el club Swing 46. En una de sus habitaciones se decidió el inicio de la Guerra de Independencia. Y allí vivió José Martí los últimos días de su vida en Nueva York.