Tuesday, May 13, 2025

Un cubano en la OEA XVIII (Final)


El autor, (derecha) junto a Mauricio Granillo 

Por Guillermo A. Belt


César Gaviria era presidente de Colombia en 1994 cuando fue elegido Secretario General de la OEA. Sería el quinto y último de los funcionarios de este rango con quien me tocaría trabajar.

Mi amigo el excanciller Julio Londoño había sido nombrado embajador de Colombia en la OEA. Gaviria estaba aún en Bogotá y no había tomado posesión de su nuevo cargo cuando Julio me llamó por teléfono y me invitó a visitarlo en su oficina en Washington. Allí me presentó a Miguel Silva, en misión de avanzada para reunir información sobre la Secretaría General, por encargo de Gaviria, con quien trabajaba en la presidencia. Miguel era joven, muy inteligente y de trato cordial. Le di la información que necesitaba sobre la estructura y el funcionamiento de la Secretaría General, y con respecto a los principales funcionarios con los que se relacionaría Gaviria. Fue esta una excelente oportunidad que me brindó gentilmente el Embajador Londoño porque Miguel Silva pasaría a ser el primer jefe de gabinete del nuevo Secretario General.

Como se ha visto anteriormente, yo había presentado la renuncia a mi cargo de confianza cuando Alejandro Orfila asumió el cargo máximo en la OEA. Otro tanto había hecho a la llegada de Joao Clemente Baena Soares. Ahora me tocaba renunciar ante César Gaviria, y yo estaba plenamente consciente de que esta vez sí se aceptaría la renuncia de uno de los pocos asesores del Secretario General. Con el expresidente llegaron varios colaboradores cercanos suyos. Era mucha la gente bien capacitada, y pocos los puestos como el mío.

Mi oficina en el Edificio Principal quedaba junto al salón de sesiones del Consejo Permanente. Poco después de la toma de posesión de Gaviria, llegaron a visitarme Miguel Silva y dos jóvenes colombianos, Martín Carrizosa y César Negret. Martín reemplazaría a Miguel algún tiempo después cuando éste decidió regresar a Bogotá, y Negret era el subjefe de gabinete. Cuando Miguel celebró mi oficina con su habitual amabilidad, le dije que estaba a su disposición. Entonces agregué que también lo estaba mi cargo, desde luego, por ser de confianza, pero que yo no estaba listo para retirarme de la OEA, por lo que le agradecería ofrecerme otro puesto. De inmediato Miguel me preguntó si tenía alguno en mente.

Mauricio Granillo, muy buen amigo mío, había sido embajador de El Salvador en la OEA por varios años, y ahora era el director de personal de la Secretaría. Días antes me había dicho que el cargo de Inspector General quedaría vacante por renuncia del titular, quien regresaría a Brasil, y me lo había sugerido como nuevo destino. Por consiguiente, le contesté a Miguel Silva que podría desempeñar esta función. Miguel dijo que le parecía interesante la idea y la consultaría con Gaviria.

Pocos días después César Negret me invitó a su oficina. Me informó que Gaviria había decidido nombrarme Inspector General con la recomendación de Silva y Carrizosa. Negret comentó que el embajador de Panamá, Lawrence Chewning Fábrega, había dado excelentes referencias mías. A los tres les di las gracias, y muy pronto tomé posesión de mi nueva oficina en el Edificio Premier, en la calle 18.


 El Canciller Julio Londoño presidiendo una reunión en la OEA

El Inspector General presenta sus informes directamente al Secretario General. No recibe instrucciones de ningún otro funcionario, y el Secretario General debe darle máxima libertad de acción. Así fue mi relación con Gaviria desde el comienzo. Los asuntos de rutina los trataba con el jefe de gabinete, y en algunos casos con el subjefe, pero las recomendaciones importantes las formulaba directamente a Gaviria. Tuve que hacer tres que en lo personal fueron difíciles por tratarse de amigos míos. A dos de ellos me vi en la obligación de pedirles la renuncia, y quedaron fuera de la Secretaría General. El tercero tuvo que aceptar el traslado a un cargo de menor relevancia.


Lo más difícil de todo fue ocupar el cargo sabiendo que debió haberse nombrado a Alfonso Caycedo, el auditor principal, con larga experiencia en estas funciones. El primer día le dije a Alfonso que con él se cometía una injusticia. Me contestó ofreciéndome su total apoyo y colaboración.

Fuimos amigos a partir de entonces y hasta su fallecimiento, ocurrido poco antes de terminar estas evocaciones. Sus leales y sabios consejos me ayudaron mucho a desempeñar mis funciones a cabalidad. Más de una vez se los agradecí personalmente, y ahora dejo constancia escrita de mi gratitud a este noble amigo y muy capaz funcionario internacional.

*

No habrán sido muchos los caminos andados, ni muchas las veredas que entre 1961 y 1998 logré abrir. Tampoco navegué en cien mares, ni atraqué en cien riberas. Fui testigo, eso sí, y a veces protagonista de sucesos que en el campo de las relaciones internacionales trazaron rumbos hasta entonces inexplorados en la práctica, aunque esbozados en los salones académicos y la literatura especializada.

En pocas palabras, cumplí con mi deber de funcionario internacional. Tuve la buena fortuna de hacerlo sin faltar a mis convicciones como cubano enemigo del régimen tiránico que sufre mi país hace más de sesenta años. Me ayudaron a salir adelante las enseñanzas de mis padres, por sobre todo. Asimismo, me animó el ejemplo de mi padre como funcionario público en su juventud y, aún joven, embajador en Washington y la OEA, y jefe de la delegación de Cuba en Naciones Unidas y en muchas reuniones internacionales.

Resultaron útiles los estudios de Derecho; mi breve experiencia como abogado en ejercicio; la también breve experiencia como profesor universitario; y el idioma inglés, bien aprendido en Georgetown Preparatory School cuando vivíamos en la capital de los Estados Unidos, no lejos del Edificio Principal de la OEA, sin que me pasara por la mente entonces que doce años después pondría pie en él por primera vez, entrando por un túnel, como quien lo toma por asalto, para desembocar, incierto y deslumbrado, en el elegante despacho del Secretario General José Antonio Mora Otero.

A diferencia de mi ingreso, la salida del Edificio Principal fue por la puerta grande. El miércoles 24 de junio de 1998, seis días antes de la fecha de mi retiro reglamentario, el Consejo Permanente celebró sesión ordinaria bajo la presidencia del Embajador Michael Arneaud, Representante Permanente de Trinidad y Tobago. Luego de despedir a varios Representantes Alternos que culminaban sus funciones en la OEA, el Presidente del Consejo Permanente dijo:

Today we also bid farewell to the Inspector General, Mr. Guillermo Belt, who is retiring after a long career of service to this organization. Mr. Belt has done a tremendous job during his career at the OAS, and I feel that the least we could do is to really thank him for his efforts and for his very detailed reports to us over the past few years. Mr. Belt, thank you very much for all you’ve done for us.

En las actas de esta reunión (OEA/Ser.G CP/ACTA 1164/98, 24 junio 1998) constan las muy generosas palabras de los embajadores Mauricio Granillo Barrera, Representante Permanente de El Salvador, y Lawrence Chewning Fábrega, Representante Permanente de Panamá, quienes hablaron a continuación del Presidente del Consejo. Sería una falta de modestia citarlas aquí, como también las igualmente generosas y afectuosas expresiones del Secretario General Adjunto, Embajador Christopher R. Thomas.

Asimismo me dedicaron amables palabras de despedida, en este orden, el Embajador Claude Heller Rouassant, Representante Permanente de México; la Representante Interina de Canadá, Renata Elisabeth Wielgosz; el Embajador Denis G. Antoine, Representante Permanente de Granada; el Representante Alterno de los Estados Unidos, Ronald D. Godard; la Embajadora Marlene Fernández Del Granado, Representante Permanente de Bolivia; y la Embajadora Beatriz M. Ramacciotti, Representante Permanente del Perú. Todos estos reconocimientos figuran en las páginas 8 a 13 del Acta citada, que, como todas las del Consejo Permanente, son actas textuales.

Avisado gentilmente por mis queridos amigos Mauricio Granillo y “Chuni” Fábrega que debía asistir sin falta a esta sesión, y sentado, por primera vez en mi larga carrera, en la galería de visitantes del salón de sesiones del Consejo Permanente, escuché sorprendido sus palabras y las de sus colegas. De habérseme invitado a ocupar un puesto en la mesa de la presidencia, como lo hice por varios años, no dudo que se habría notado la emoción con la que recibí estos generosos reconocimientos de mi trabajo.

Monday, May 12, 2025

JOSÉ MARTÍ Y EL TOTALITARISMO[1]



Por Eduardo Lolo

Todo parece indicar que el primero en utilizar el término “Totalitarismo” fue Benito Mussolini en uno de sus histriónicos discursos de 1935[2]. Francisco Franco, quien se adelantaría a Castro en su admiración por Il Duce, también esgrimiría la expresión en 1936[3]. Es de destacar, sin embargo, que en ambos casos la locución no tenía una intención peyorativa, sino todo lo contrario: un sistema totalitario era por ellos preciado como el infalible constructor de una sociedad perfecta.

Se considera que el primero en utilizar la palabra Totalitarismo con el significado actual fue el escritor austriaco Frank Birkenau (comunista en su juventud), en un libro sobre la Internacional Comunista publicado en 1938. Pero quien la hizo famosa internacionalmente con su significado despectivo fue Winston Churchill al incluirla en un luego muy difundido discurso ante la Cámara de los Comunes en 1939.

Por lo anterior, resulta obvio deducir que Martí no se enfrentó al Totalitarismo. Pero sus juicios sobre el peligro de las ideas socialistas, tanto en sus textos publicados como en cartas personales, arrojan una nítida visión de lo que sería un Estado bajo un gobierno socialista (es decir, totalitario) casi dos décadas antes de la Revolución de Octubre en Rusia.

Los marxistas cubanos, envalentonados por la victoria de los bolcheviques, comenzaron su labor proselitista en la Isla, pero no previeron que las ideas martianas serían un escollo para el cumplimiento de sus objetivos y, a la postre, lo atacarían.

Dicho duelo no tuvo nada que ver con la literatura martiana, de importancia capital en el desarrollo de las letras españolas de finales del siglo XIX que continuarían sus seguidores durante los primeros decenios de la siguiente centuria. Los asaltos totalitarios contra el Apóstol los determinó su ascenso como personaje político en Cuba más allá de su Cruzada Independentista, debido al desarrollo de un ideario ético, más filosófico que ideológico, de carácter trascendental por su naturaleza humanocéntrica.

¿Cómo logró Martí convertirse en una figura histórica significativa en su Patria, en tanto que personaje político, que llegara a representar una amenaza para las ideas totalitarias y, consecuentemente, fuera embestido por los cubanos comunistas? El proceso fue paulatino y demoró décadas en cristalizarse.

En el momento de su muerte, Martí era en Cuba, excepto para unos pocos escritores y conspiradores en la Isla, “un ilustre desconocido”; toda su fama la había ganado entre los cubanos del destierro y la intelectualidad hispana fuera del país. Cuando cae en Dos Ríos, el gobierno colonial, quizás sorprendido, de momento no reaccionó con la algarabía que era de esperarse. El gacetillero del Diario de la Marina ni siquiera intentó escribir una nota al respecto, sino que copió literalmente un telegrama dirigido al Capitán General de la Isla desde Oriente, sin ni siquiera editarlo para mejorar el texto y optimizar su lectura.[4] Los lectores leyeron más sorprendidos aún el despacho publicado. Todos conocían a Máximo Gómez, Antonio Maceo y otros héroes de la Guerra del 68; pero ¿a Martí?

Todo comenzó a cambiar a partir de 1898 con el regreso de muchos de los cubanos de “la emigración” (como se conocía lo que hoy llamamos Exilio), que alcanzara una gran cifra de repatriados con el advenimiento de la República en 1902. Por la misma época, se comenzaron a publicar textos martianos en revistas culturales de entonces, prohibidos durante la Colonia.

En abril de 1899 fue removida la estatua de la reina española del Parque Central de La Habana y, menos de un mes después, el periódico capitalino El Fígaro llevó a cabo una encuesta entre algunos personajes para seleccionar qué efigie debía ocupar su lugar. Los inquiridos prefirieron a Martí por un estrecho margen. Luego, el mismo periódico publicó los resultados obtenidos para que sus lectores escogieran una entre las propuestas recibidas. Gracias a los exiliados de regreso a la Patria, intelectuales y algunos oficiales del Ejército Libertador, Martí ocupó el primer lugar en la indagación pública. La estatua, sufragada por cuestación popular, fue develada el 24 de febrero de 1905, siendo la primera en rendir homenaje al Apóstol. Poco después, también con fondos privados, se inauguraría la segunda (de más relevancia) en la Plaza Mayor de la ciudad de Matanzas, rebautizada como Parque de la Libertad. Ambas se mantienen en pie.

Ya el pueblo cubano de la Isla comenzaba a conocer a Martí. No obstante, cuando Gonzalo de Quesada y Aroztegui intentó en 1910 encontrar un editor en La Habana para publicar el contenido de un paquete de textos seleccionados por Martí confiándole su publicación si moría en la Guerra Necesaria, su fiel albacea literario no encontró quién aceptara el encargo. El primer tomo sería publicado en Italia y tuvo muy poca acogida en Cuba. Gonzalo de Quesada le entregó un grupo de ejemplares de Leonor Pérez para que los vendiera y éste llegó a quejarse de que “ni siquiera por ser su madre le compran un libro”.

En los años 20 fue el comienzo de lo que sería el culto a Martí, impulsado, fundamentalmente, por las autoridades educacionales y la publicación de las obras martianas más emblemáticas en ediciones populares. Nuevas escuelas en casi todo el país comenzaron a ser bautizadas con su nombre, a las cuales se les instaló un busto de Martí que devendría en lo que llegaría a conocerse como el “Rincón Martiano” del plantel –poco menos que un altar patrio– en práctica que se extendió a todos los colegios de la nación.




En la siguiente década se publica, al fin, la primera edición de las Obras Completas de José Martí, y se extiende a todo el país la Parada Martiana por su natalicio siguiendo el ejemplo de la primera, celebrada en La Habana el 28 de enero de 1889, durante el gobierno interventor norteamericano. Libros como IsmaelilloLa Edad de Oro y Versos Sencillos publicados en ediciones populares, así como artículos y crónicas repetidos en periódicos y revistas, serían lectura generalizada en el país. Sus poesías se memorizan en las aulas escolares y declamadores profesionales las incorporan en sus repertorios. Los niños, guiados por familiares y maestros, fueron los primeros receptores de las doctrinas martianas, Por todo lo anterior, ya a mediados del segundo lustro, el “ilustre desconocido” de 1895 se había hecho célebre como el Mártir de Dos Ríos y el Apóstol de Cuba; términos ambos que, combinados, no resulta descabellado interpretar como una subliminal conexión religiosa de cariz católico. Y comenzaron los ataques del Totalitarismo contra José Martí.

Lanzaría los primeros dardos venenosos contra sus ideas humanistas un destacado miembro de la nomenklatura del Partido Socialista Popular (PSP); en realidad, un tentáculo soviético. Se llamaba Juan Marinello y se caracterizó por una piel política camaleónica que le permitió alcanzar altos cargos gubernamentales como fiel lacayo de tiranos de ideologías que se supone disímiles, como lo fueron Fulgencio Batista y Fidel Castro.Sirve de prueba de cargo lo que Marinello escribiera en 1935 en su artículo “Martí y Lenin” donde asevera que Martí había sido “un gran fracasado” y “abogado de los todopoderosos”, por lo que sus ideas no servían más que “como trampolín de oportunistas”, por lo cual había que “dar la espalda de una vez a sus doctrinas.”[5] Otros de sus camaradas partidistas repetirían y ampliarían sus falacias.

Pero en los años 40 ya Martí y sus ideas se agigantaron de manera tal que atacarlo habría sido poco menos que un suicidio político. Contribuyó en ello la segunda edición de sus Obras Completas en 1946 por la Editorial Lex, y no solamente por la seriedad de la edición de los textos, sino por su factura física, con cubiertas de piel y papel biblia, que de alguna forma como que remedaba la de las biblias verdaderas adoradas en los hogares cristianos, junto a las cuales dicha edición de Lex pasó a ocupar un lugar destacado en las lecturas familiares.

El clímax del culto a Martí se alcanzó con motivo del Centenario de su nacimiento en 1953 con multitudinarias festividades en todo el país y el develamiento del monumento martiano en la Plaza Cívica, cuyo elemento básico sería la monumental escultura del Apóstol[6] y, todavía en medio de las dilatadas celebraciones, el estreno y exhibición nacional del filme cubano-mexicano La Rosa Blanca. Momentos de la vida de José Martí (1954)[7].


Pero en 1953 el Totalitarismo volvió a la carga. Una foto de Fidel Castro en una dependencia gubernamental luego de entregarse sin ofrecer resistencia a las tropas del Ejército Constitucional luego de huir cobardemente junto a su hermano y abandonar a su suerte a los asaltantes que sí habían entrado al Cuartel Moncada, mostraba en la pared a sus espaldas una foto de Martí muy destacada. Como quiera que ésta fue publicada en muchos medios de prensa, el hecho de que eran los dos únicos rostros que aparecían en la imagen, le dio la idea al futuro Falsificador en Jefe de aprovecharse de la coincidencia y, ya que no podía vencer a Martí, decidió “incorporarlo” demagógicamente a su causa. De ahí surgió el mito de que Martí fue “El Autor Intelectual del Cuartel Moncada.”


Para implementar dicha falacia institucionalmente, en los setenta se constituyó en La Habana el Centro de Estudios Martianos como una dependencia del Ministerio de Educación. El día de su inauguración, el Comisario de turno dijo en su discurso que dicho centro

…orientado por el materialismo histórico, e inspirado en la enseñanza de Fidel en el Moncada, el Centro de Estudios Martianos debe cumplir el compromiso de estudiar las relaciones entre el pensamiento de José Martí y las tareas de la revolución socialista. Grande y valioso aporte hará el Centro de Estudios Martianos si con el pensamiento de José Martí y con el instrumento científico del materialismo histórico logra exponer, con información y datos concretos, los lazos que unen el movimiento democrático revolucionario del Maestro con el ideario socialista de Marx, Engels y Lenin. [8]

A partir de entonces, no cesó el ataque frontal del Totalitarismo contra Martí en la historiografía castrista, su prensa tanto radial como escrita y televisiva, su producción fílmica y los libros de textos escolares en todos los niveles de enseñanza, con el desarrollo embaucador de lo que Carlos Ripoll calificó, justamente, como “La Falsificación de Martí en Cuba.”[9]

Los pormenores del proceso falsificador castrista del pensamiento democrático y humanista martiano servirían para una voluminosa monografía. Por razones de espacio, solamente voy a esbozar unos pocos:

1) Ocultar el marcado sentir anti caudillista de Martí, que le impidió asentarse en México, Guatemala y Venezuela porque, según sus propias palabras “la Colonia siguió viviendo en la República”, lo cual le hizo carenar en Nueva York a pesar de la todavía imberbe democracia norteamericana de la época, a medio camino en su proceso evolutivo.

2) Distorsionar la breve relación de Martí con Carlos Baliño en los Estados Unidos como una especie de camaradería socialista, cuando en ese entonces Baliño era un comprobado anarquista, quien tenía como modelo a Mijail Bakunin, ideólogo fundamental del movimiento y, consecuentemente, connotado antimarxista. Baliño no se adscribiría al socialismo sino casi 3 décadas después, en Cuba, luego de la decadencia e inoperatividad de las ideas anarquistas. Congruentemente, el nuevo converso se encargaría de servir de elemento distorsionador. (Algo semejante le pasaría después a Fidel Castro, quien de su militancia fascista pasó a la socialista, pues, ya desaparecido el fascismo, era la única ideología occidental vigente que le permitía convertirse en dictador vitalicio.)

3) Transpolar cronológicamente las críticas martianas a la sociedad norteamericana como si estuvieran vigentes unas ocho décadas después, cuando las condiciones que las justificaron ya habían sido largo tiempo atrás superadas. Y, al mismo tiempo, omitir los elogios martianos a los elementos positivos de esa sociedad decimonónica que tan objetivamente retrató en sus crónicas.

4) Minimizar (cuando no escamotear) los encontronazos de Martí con Máximo Gómez y Antonio Maceo por el poeta identificar en sus posturas el caudillismo que había echado al traste las repúblicas hispanas de tierra firme y que él intentó (inútilmente) que no se repitiera en Cuba.

5) Ignorar, y hasta ocultar su filosofía humanocentrista, construida con los elementos heredados, desde los antiguos humanistas (Bruno, Erasmo, etc.) hasta otros filósofos de inicios del siglo XIX como Krause, cuyas ideas tuvieron una amplia resonancia en el mundo hispano (Martí fue un krausista confeso).

6) Hacer lo mismo con su praxis política basada en el sistema democrático y sus cambios evolutivos por consenso, no mediante la lucha de clases ni la violencia. No en balde escribió que “Una revolución es necesaria todavía: ¡la que no haga Presidente a su caudillo, la revolución contra todas las revoluciones!...”

7) El intento llegó, incluso, al pináculo de la demagogia o la más absurda ridiculez (o ambas a la vez) al intentar justificar el monopartidismo totalitario porque Martí había fundado ¡un solo partido! (¿acaso querían los ‘sabios’ ideólogos castristas que éste hubiera organizado otro partido político que sirviera de oposición al primero?) Martí utilizó la palabra “partido” para aunar las fuerzas independentistas como alternativa a la plataforma programática del Partido Autonomista (muy popular en Cuba, dicho sea de paso, en particular entre las llamadas ‘clases vivas’) y otras tendencias políticas en Cuba (integristas y, anexionistas), pero, obviamente, no porque promulgara el monopartidismo. En fin…

Aunque, realmente, la falsificación del ideario martiano por parte del Totalitarismo no fue una obra perfecta, ya que su resultado dista mucho de haber sido exitoso. La generalizada “doble cara” de muchos intelectuales varados en la Isla (a quienes se les permitió espaciar u omitir sus loas al régimen con tal de no hacer públicas sus críticas) y el consiguiente intento de incumplir subrepticiamente las directrices gubernamentales, hizo que muchos de ellos “entre col y col totalitaria” cultivaran alguna que otra “lechuga contestataria”, aunque fuera entre líneas. Incluso, en el mismo Centro de Estudios Martianos no eran todos los que estaban ni estaban todos los que eran. Aunque siempre bajo la mirada “profesionalmente” inquisitiva de los “segurosos”[10], algunos de ellos hasta hicieron contacto clandestino con martianistas del Exilio, con quienes intercambiaban ideas, y produjeron trabajos de real seriedad académica, consultando como fuentes libros prohibidos, si bien no dándoles créditos ni nombrando a sus autores exiliados siguiendo la advertencia del apotegma sarcástico de jugar con la cadena; pero con el mono, no. Hasta el legendario e indagado choteo cubano se hizo disidente en el Centro de Estudios Martianos, cuando no pocos de sus empleados ‘rebautizaron’ a sus espaldas a un director (léase comisario estilo soviético) de apellidos Toledo Sande como “Tolete Sandez”.

Las más recientes generaciones de cubanos, gracias al acceso (aunque restringido) al mundo digital y un consiguiente atisbo del mundo exterior, han comenzado a desintoxicarse de la espuria falsificación de Martí en Cuba. Otros, menos afortunados, han reaccionado con un efecto secundario negativo de amargura histórica: rechazan a Martí por considerarlo el culpable del horror consuetudinario en que desviven por creerlo todavía el “Autor Intelectual del Asalto al Cuartel Moncada”.

En todo caso, oficialmente, como lógico resultado de la feroz guerra del Totalitarismo contra José Martí, el Apóstol quedó como un simple precursor de Fidel Castro, este último auto convertido, por obra y desgracia de sí mismo y su cohorte de pajes y bufones prebendados, en el “Máximo Líder”; es decir, superior a todos quienes le antecedieron (incluyendo a Martí) como una falaz versión ampliada devenida en caricatura del personaje de Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos. Al final permaneció forzosamente en las mentes instilada (aunque para muchos rechazada), la repetida frase de que “Martí lo soñó y Fidel te lo cumplió”, la más nefasta y asquerosa malinterpretación de todos los tiempos del ideario martiano.

Pero queda la obra de Martí, pues aunque aquí falte, señores, ay, una voz, los “bramidos” de su pluma (como señalara Domingo Faustino Sarmientos) aún se escuchan en las páginas de sus faenas que algún día –una vez vencido el gigantesco molino de viento del horror– se conocerán en Cuba sin los innobles afeites de la referida falsificación mantenida por los descendientes históricos del castrismo, tanto presentes como futuros. Pues, por mucho que éstos se resistan atrincherados en la ignominia, parafraseando la frase del Apóstol sobre Bolívar y América, ¡Martí tiene mucho que hacer por Cuba todavía!


Miami, primavera de 2025.


[1] Palabras pronunciadas por el autor en un Acto Martiano del Instituto de la Memoria Histórica Cubana Contra el Totalitarismo, llevado a cabo el 10 de mayo de 2024 en el Auditorio de Westchester Regional Library, en el estado de Florida (USA).

[2] Mussolini fue uno de los más admirados personajes históricos de Fidel Castro, quien le sirvió de modelo y especie de mentor. El dictador cubano parafraseaba (por no decir plagiaba) frases de sus discursos e imitaba sus gesticulaciones en la tribuna.

[3] Franco y Castro, luego de una breve escaramuza con el embajador español en Cuba, mantuvieron muy estrechas relaciones, posiblemente por la raíz gallega y, en particular, su compartida ‘profesión’. El cubano, incluso, salió en defensa de su homólogo español cuando éste fue detenido brevemente en Madrid.

[4] Reproducido en su totalidad en “La muerte (también sin acabamiento) de José Martí” en: Lolo, Eduardo. El Asesinato de la Historia o Crimen en el Occidente Express. Nueva York: Editorial de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, 2024: 85-102.

[5] Marinello, Juan. “Martí y Lenin” Repertorio Americano (Costa Rica) Vol. 30, núm. 4 (26 de enero de 1935): 58-59.

[6] Obra de Juan José Sicre y Vélez (1898-1974) con la colaboración de Roberto Estopiñán Cernuda (1921-2015), ambos fallecidos en el Exilio.

[7] Financiada por el gobierno de Fulgencio Batista, fue dirigida por el afamado realizador mexicano Emilio “El Indio” Fernández.

[8] Anuario del Centro de Estudios Martianos, I/1978: 17-18.

[9] Véase La falsificación de Martí en Cuba, de Carlos Ripoll. 2da, edición, anotada. Nueva York: Unión de Cubanos en el Exilio, 1992; también en Martí en Cuba hoy (Nueva York: Editorial Dos Ríos, 1996). Hay una traducción al inglés de Manuel A. Tellechea publicada por la University of Pittsburgh Press en 1994. El término “falsificar”, relacionado con el tratamiento de José Martí por la historiografía castrista, parece haber sido utilizado por primera vez por Carlos Márquez Sterling en la Introducción que escribiera en el Exilio a su Biografía de Martí (Barcelona: Talleres Gráficos de Manuel Pareja, 1973.): 7

[10] Nombre burlescamente despectivo con el cual en Cuba se denomina a los miembros de la Seguridad (G2) del Estado, construida a imagen y semejanza de la Stasi, abreviatura de Ministerium für Staatssicherheit (Ministerio para la Seguridad del Estado), nombre oficial de la policía política de la desaparecida República Democrática Alemana (RDA), fiel heredera en su metodología del espanto de la Gestapo (abreviatura de Geheime Staatspolizei)
nazi.

Thursday, May 1, 2025

APUNTES PARA UNA HISTORIA DE AGUADA DE PASAJEROS

Contada por sus casas

Por Antonio Gómez Sotolongo


Estos catorce jóvenes aguadenses de la década del 50 del siglo XX y millones como ellos que comenzaban a escalar en la clase media, crearon las riquezas que hicieron de la isla de Cuba una de las más prósperas en el concierto de las naciones.

Entre las fotos que atesoraron mis padres durante su larga vida, encontré algunas que me llamaron poderosamente la atención debido al valor documental que en ellas se encierra. En una de las que más llamó mi atención, aparecen catorce jóvenes aguadenses de la década del 50 vestidos con tanta elegancia que inmediatamente me asaltó una duda: ¿A qué se dedicaban y cuánto ganaban estos veinteañeros para exhibir, en un pueblo de campo en Cuba, tanta elegancia como la que podemos ver en las revistas de modas de la época y en decenas de películas de Hollywood?

Y aunque responder a esa pregunta llevaría una investigación para la que no estoy preparado lo intentaré, porque la historiografía oficial no lo ha hecho y no lo hará atendiendo a estas fuentes, porque durante más de seis décadas, cuando el poder de dominación de la sociedad cubana pasó a manos de un solo hombre llamado Fidel Castro Ruz y en la isla se estableció una dictadura constitucional, institucionalizada a través de organismos que borraron todo rastro de independencia de los poderes del Estado y abolieron la prensa libre, la Historia de Cuba dejó de ser una ciencia para los historiadores y se convirtió en sustento ideológico del proselitismo político del poder hegemónico que ejerce el Partido Comunista de Cuba (PCC-Único), y la cultura se convirtió en un medio de adoctrinamiento. De hecho y valga como ejemplo, el museo de Aguada, sito en la calle Maceo No. 178, a pesar del esmero de quienes lo atienden, es un altar de propaganda comunista, como debe de ser en una dictadura constitucional.

Entre 1959 y 1975, Castro dictó las bases de lo que sería la Historia de Cuba. Antes había implicado a José Martí en su ataque al Cuartel Moncada en 1953 con la injuriosa afirmación de que el Apóstol había sido el autor intelectual de aquella aventura. En 1968 se apropió de las dos Guerras de Independencia al declarar que «su revolución» era la continuidad de aquellas, y ya en 1976, cuando dominaba el país a sangre y fuego, había devastado la economía con sus expropiaciones, arruinado a la clase media, demolido cualquier posibilidad de oposición y los dominados admitían el estado de cosas como algo «normal», convocó su «Constituyente», de la que salió el primer documento que institucionalizó la dictadura castrista. Basada en principios comunistas bien amoldados a sus intereses, tal cual una secta castro-marxista, la «Carta Magna» dictó en su artículo 5 que: «El Partido Comunista, […] es la fuerza dirigente de la sociedad y el Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia […] la construcción del socialismo […] y la sociedad comunista»[1]. Los demás, los que piensan diferente a callar, a la cárcel o al destierro[2].

En conclusión, la Historia de Cuba, durante los últimos 60 años ha sido un instrumento de adoctrinamiento en manos del PCC, «vanguardia» que ejerce la hegemonía sobre la sociedad cubana; por eso, cuando los dominados abordan desde las academias el estudio de la Historia de Cuba deben cumplir con lo establecido por el Partido y si el objeto de estudio es el pasado republicano, lo han hecho, hasta ahora, de un modo despectivo, utilizando frecuentemente los epítetos Período Neocolonial, República mediatizada o Pseudo República[3].

El autor vestido de pelotero y al fondo la línea del ferrocarril y las casas de la calle Céspedes


Pero este apunte no pretende ser un artículo académico, esto no es más que una ocurrencia ante mis dudas y la curiosidad. Y se me ocurre que, para un artículo, utilizaría las propias casas, porque parafraseando a Martí, en estos tiempos no hay libros que cuenten las cosas que el Partido no quiere.[4]

Como en aquel artículo titulado «La Historia del Hombre Contada por sus Casas», que escribió el Apóstol en el vol. 1, Núm. 2, de agosto de 1889, en la revista La Edad de Oro, la Historia de Aguada de Pasajeros también se puede contar por sus casas, descubriendo quiénes vivieron en ellas y cuándo fueron construidas. Se puede contar por los edificios que se construyeron para el comercio, los centrales azucareros, investigando quiénes los construyeron y por qué un pueblo de unos pocos miles de habitantes pudo construir tres centrales azucareros, un paseo que lleva el nombre del mambí Valentín Menéndez y frente a ese paseo decenas de establecimientos comerciales.

El autor en 1955 en la calle Maceo, esquina Quintín Banderas


Se puede contar la Historia de Aguada de Pasajeros sobre todo por el ferrocarril, porque la Historia del Ferrocarril en Cuba lleva una parte de la Historia de Aguada de Pasajeros, investigar cuáles fueron las causas del súbito «crecimiento de la población, la mejora de los caminos vecinales por los que se transportaba la caña de azúcar, el carbón para las locomotoras y los polines para las líneas férreas extraídos de la Ciénaga de Zapata, y el ganado entre otros rubros de la economía»[5], y también se puede documentar una investigación historiográfica utilizando fotos de aquellos aguadenses que participaron con su trabajo en la producción de aquellas riquezas.

Todavía están en pie la mayoría de las edificaciones que en la «Calle Real» fueron el corazón del comercio, si al historiador se le ocurriera comenzar su investigación por la tienda La Perla, y terminar allá por la tabaquería que estaba al final del paseo Valentín Menéndez, tendría un panorama bastante completo de lo que fue Aguada en los pocos años que duró la República, una investigación que comenzara en 1930, cuando la crisis económica mundial hacía de las suyas y Gerardo Machado, prorrogando sus poderes, metió al país en otra crisis, esta vez en una crisis política, y terminara en 1958, cuando los centrales Perseverancia y Covadonga molían a todo tren, la próspera industria ganadera permitía que en la mañana casi todos los aguadenses tuvieran en la puerta de su casa un litro de leche y en las carnicerías no faltara ningún corte de carne, cuando el arroz y el carbón vegetal de la Ciénaga eran productos habituales en las cocinas de los aguadenses, los bodegueros podían enviar en triciclo los mandados a sus clientes y el municipio vivía una época de prosperidad.

Cafetería en los portales del cine Aguada



Estoy seguro que un Historiador oficial, un académico adscrito a una institución del Estado que dirige el PCC-único, no tendría esa ocurrencia, y si la tuviera la desecharía por «contrarrevolucionaria», eso pensaría porque el partido hegemónico domina su mente y lo ha fanatizado; sin embargo, si usted, que vive en Aguada de Pasajeros, y las dudas le asaltan cuando lee la Historia oficial, preste atención a las casas que le rodean, averigüe con sus mayores, investigue quienes y cuándo las construyeron, cuando vea un comercio o las ruinas que pudieran quedar de él, investigue quién fue su dueño y qué productos vendía, entonces se podrá enterar de la Historia verdadera, la Historia de Aguada contada por sus casas y también pudiera partir por esta foto, en la que como dije, están catorce jóvenes que como muchos otros aportaron sus esfuerzos a la creación de las riquezas que hicieron de Aguada un pueblo acogedor, por el que pasaron cientos de pasajeros con rumbo a oriente o a occidente, chóferes, viajantes o turistas que se hospedaban en sus tres hoteles y una o dos casas de huéspedes y saciaban su apetito en más de media docena de restaurantes y cafeterías.


Banco Agrícola e Industrial, sito en la calle Calixto García
No. 53, e/ Martí y Maceo

Y para no hacer este cuento demasiado largo, voy a mencionar la ocupación de algunos de los que aparecen en la foto, por supuesto que me faltan muchísimos datos que el historiador pudiera encontrar en los archivos. Pero antes, quiero agradecer al ilustre aguadense Julio Naranjo, quien me ayudó a identificar a la gran mayoría de los que aparecen en la foto.

Dos de ellos trabajaron en el Banco Naranjo, el Banco Bartal y en el Banco Agrícola e Industrial; una de las damas fue la propietaria de una farmacia que estuvo entre el Hotel Jardín y el cine Victoria; otra de las damas fue maestra; entre los caballeros uno de ellos fue el dueño de la tienda América; y otro era hermano del dueño de la heladería que estaba al lado del cine Victoria; las dos damas y el caballero que están a la derecha de la foto no pudimos identificarlos.

Empleados del Banco Agrícola e Industrial en plana faena

El historiador aquí tiene algunos datos importantes de las casas y sus habitantes para comenzar la Historia. Hubo al menos tres bancos privados en Aguada, el Naranjo, sito en Calixto García 18; el Bartal; y el Agrícola e Industrial, sito en Calixto García No. 53, al lado de la casa del dueño del cine Victoria, datos que pueden llevarle a conocer la importancia de la banca y el cine en el municipio, las facilidades de préstamos a los agricultores, industriales y comerciantes y la cultura cinematográfica de los aguadenses a quienes les llegaban las películas con relativa rapidez debido al tren que traía los rollos del valioso celuloide.

Para una Historia de Aguada de Pasajeros el investigador puede meterse en los archivos y descubrir que un Cajero pagador-recibidor en cualquiera de los tres bancos podía ganar un salario mensual que oscilaba entre los $75.00 y $120.00 mensuales, y un contador $150.00, esto cuando el peso cubano y el dólar se cotizaban a la par, un café expreso costaba $0.03 y la entrada al cine $0.10. Muy probablemente los comerciantes que aparecen en la foto tuvieran una entrada mayor, pero si se observa bien la foto, todos exhiben una elegancia comparable a la de cualquier urbe del mundo, incluso dos mujeres llevan abrigos de pieles y en una silla reposa una elegante chaqueta que parece ser de lana.

Esta foto fue tomada por Sol Quintero, muy probablemente, durante los primeros años de la década del 50 y, según la observación de Naranjo, en el patio de El Casino Español de Aguada de Pasajeros. Estos catorce jóvenes aguadenses de la década del 50 del siglo XX y millones como ellos que comenzaban a escalar en la clase media, crearon las riquezas que hicieron de la isla de Cuba una de las más prósperas en el concierto de las naciones, así que, en conclusión, si al historiador le asaltaran las dudas y la curiosidad le empujara a investigar lo que cuentan las casas de Aguada de Pasajeros y los otros tres asentamientos que componen el municipio: Covadonga, Real Campiña y Perseverancia, encontraría entre las piedras y las maderas machihembradas, los hierros y las ruinas de los centrales azucareros los documentos que confirman las cuantiosas riquezas que durante la primera mitad del siglo XX salieron de lo que alguna vez fuera Nuestra Señora de Belén.



[1] El contenido de este artículo, con algunos adornos, se mantiene en la Constitución que refrendaron en 2019 algunos cubanos residentes en la isla, que son quienes tienen el derecho al voto.

[2] «El destierro». Este es un tema que merece más atención, porque si bien es cierto que la figura jurídica no la contemplan las leyes de la dictadura castrista, sí existe la «repatriación».

[3] Me llamó la atención que en las campañas publicitarias por el 500 aniversario de la fundación de La Habana, Eusebio Leal y otros, definieran la época como «La República», sin apelativos despectivos.

[4] Martí, José. 1898. La Edad de Oro. [En línea] [[Fecha de consulta 21 de noviembre de 2019] Disponible en: http://biblioteca.udea.edu.co:8080/leo/bitstream/123456789/31/1/MartiJose_2017_LeerReleer.pdf

[5] Cfr.: Aguada de Pasajeros. [En línea] [[Fecha de consulta 14 de diciembre de 2019] Disponible en: https://www.ecured.cu/Aguada_de_Pasajeros

Monday, April 28, 2025

Un cubano en la OEA XVII

El presidente de Guatemala, Jorge Serrano Elías, a la derecha, da a conocer la disolución del parlamento de su país el 25 de mayo de 1993

Por Guillermo A. Belt

Guatemala

En la madrugada del 25 de mayo de 1993 el Presidente de Guatemala, Jorge Serrano Elías, expidió un decreto disponiendo la interrupción temporal de varios artículos de la Constitución, de la Ley de Amparo, Exhibición Personal y Constitucionalidad, y de la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Además, disolvía el Congreso, dejaba sin efecto la integración de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte de Constitucionalidad, y removía de su cargo al Procurador General de la Nación.

Golpe de estado, sin duda. “Estos acontecimientos, inesperados y alarmantes, en mi opinión configuraban una situación prevista por la Asamblea General.” Con estas palabras, referidas a la Resolución 1080 y tomadas de su libro Síntesis de una gestión, antes citado en estos recuerdos, calificó el Secretario General Baena Soares lo que terminaría siendo la aplicación más rápida y exitosa de dicha disposición.

Baena solicitó una reunión extraordinaria del Consejo Permanente para ese mismo día, y el presidente del cuerpo la declaró abierta a las cinco de la tarde. Tras escuchar el informe del Secretario General y las intervenciones de varios miembros, el órgano político aprobó por unanimidad una resolución deplorando los hechos y llamando al restablecimiento inmediato de las instituciones democráticas y el pleno respeto de los derechos humanos en Guatemala. Asimismo, convocó a una Reunión Ad Hoc de Ministros de Relaciones Exteriores, encargando a Baena fijar su sede y fecha, en consulta con los cancilleres.

Si bien hubo concordancia total del Consejo Permanente con la apreciación de los hechos por el Secretario General, el órgano político encargó a Baena encabezar una misión de averiguación de los hechos, dejando en sus manos la elección de los cancilleres que le acompañarían a Guatemala y la redacción de un informe para facilitar el trabajo de la Reunión Ad Hoc.

Esta demostración de confianza, sin precedentes en la no siempre cordial relación entre el Consejo Permanente y el Secretario General, nos recordaba a quienes llevábamos varios años en la OEA algunos choques verbales entre embajadores y antecesores de Baena Soares. Ahora, en cambio, los representantes de los Estados miembros confiaban una misión diplomática de gran importancia al funcionario que habían visto en el pasado como un simple administrador.

Al día siguiente Baena invitó a los señores Maurice King, Ernesto Leal y Sergio Abreu, Ministros de Relaciones Exteriores de Barbados, Nicaragua y Uruguay, para integrar la misión que más bien debió denominarse de constatación de los hechos, puesto que poco o nada quedaba por averiguar. Para el lector no familiarizado con el tema aclaro que la distribución geográfica es un principio rector en la composición de misiones de esta naturaleza. El Secretario General lo aplicó invitando al canciller de un país caribeño, a un canciller centroamericano – obviamente, tratándose de un asunto de especial interés para la región – y un ministro suramericano. Los tres cancilleres aceptaron, modificando sus agendas de trabajo para poder cumplir con el nuevo compromiso.


El tiempo apremiaba. En una semana y media los Ministros de Relaciones Exteriores debían reunirse en Managua. La sesión ordinaria de la Asamblea General de la OEA comenzaría el domingo 6 de junio, bajo la presidencia del Canciller de Nicaragua como anfitrión de sus colegas. Además, habría que celebrar la Reunión Ad Hoc antes de la Asamblea General. Por consiguiente, tras consultas urgentes a los cancilleres el Secretario General convocó a la reunión Ad Hoc para el jueves 3 de junio, en la sede de la OEA en Washington. De tal suerte que antes de viajar a Guatemala el viernes 28 de mayo, los integrantes de la misión sabían que debían tener su informe listo en pocos días para consideración de la Reunión Ad Hoc.

El sábado tuvo lugar en un hotel de la capital guatemalteca la reunión interna de la misión para acordar su plan de trabajo. Baena, siempre amable conmigo, me preguntó si yo tomaría notas de todas las reuniones. Contesté que sí. Complacido, el Secretario General me dijo que él también lo haría, como era su costumbre, y luego compararíamos nuestros resúmenes de lo conversado.

A continuación, la misión recibió a los Jefes de Misión de los países miembros de la OEA y países observadores acreditados en Guatemala, quienes estuvieron de acuerdo en que el país enfrentaba una crisis de gran magnitud de la que era imprescindible salir sin demora. Varios diplomáticos manifestaron su convicción de que era inminente un golpe militar a menos que se encontrara una solución a la crisis jurídico-política.

Yo diría que no quedó duda de que nosotros compartíamos el sentido de urgencia que nuestros interlocutores habían dado a su percepción de lo que había que hacer para evitar males mayores. Con estas palabras cierra Baena en su libro esta primera toma de impresiones.

Esa misma noche la misión visitó a Serrano Elías en la Casa Presidencial. Tras escuchar a sus visitantes, Serrano opinó que el país había llegado a una situación de descomposición social. Reconoció la posibilidad de un golpe de estado y afirmó que había pensado en renunciar, descartando esta posibilidad porque habría sido una muestra de cobardía. Afirmó que las medidas adoptadas significaban una interrupción parcial del orden institucional, pero no de la vigencia constitucional. Aseguró que no quería ser dictador, ni permanecer en la presidencia un día más de su mandato.

Baena, en sus propias palabras de nuevo: Serrano conocía bien los organismos internacionales. No dudo de que estaba al tanto de las actuaciones de la OEA en Panamá, Haití y Perú. La Organización había reaccionado con vigor en esos casos, aunque no siempre con iguales resultados. Serrano actuó conscientemente contra la Constitución, pensando, quizás, que podría navegar hasta puerto seguro en medio de la tormenta que él mismo había causado.

A primera hora del domingo la misión se reunió con el Procurador de los Derechos Humanos, licenciado Ramiro de León Carpio, quien el 26 de mayo había hecho una declaración rechazando absolutamente todas las medidas adoptadas por Serrano, y llamando al presidente a acatar lo resuelto por la Corte de Constitucionalidad, que el 25 de mayo había declarado inconstitucional el decreto presidencial de esa misma fecha. Pronto resultaría evidente el repudio general a la actuación de Serrano en los sectores más influyentes de la sociedad civil guatemalteca.

A lo largo de ese día y hasta altas horas de la noche la Misión del Secretario General se entrevistó con quince entidades y personalidades más, incluyendo a dirigentes políticos, líderes sindicales, altas autoridades militares, magistrados del Tribunal Supremo Electoral y de la Corte Suprema de Justicia, miembros de Colegio de Abogados y Notarios, profesores universitarios y miembros del Colegio de Periodistas. El lunes por la mañana se completó el total de veinte entrevistas, entre ellas las celebradas con el Presidente de la Corte de Constitucionalidad y el de la Conferencia Episcopal, antes de la segunda reunión con el Presidente Serrano al mediodía.

Tanto Baena como los tres cancilleres invitados por él estaban conscientes de la falta de mandato para negociar una salida a la crisis. Pero era evidente que la presencia de la OEA en el país había pasado a ser un factor decisivo para impulsar los mecanismos nacionales que en definitiva producirían una solución constitucional.

Los militares, sin apoyar a Serrano habían dado esa apariencia, pero a partir de su reunión con la Misión del Secretario General asumieron una actitud expectante, según trascendió en una declaración pública del Ministro de Defensa. En segundo lugar, a pesar de la fuerte censura de prensa comenzó a conocerse lo que ocurría en el país porque la prensa internacional informaba sobre las actividades de la misión. Por último, la misión insistió en que la solución a la crisis tenía que ser guatemalteca. A estos efectos sugirió la creación de un centro articulador de la propuesta política.

Al mediodía del lunes 31 de mayo la misión visitó a Serrano por segunda vez y le hizo un resumen de lo que le había sido expuesto en sus numerosas reuniones. Ante las reiteradas afirmaciones del presidente que decía contar con el apoyo militar, Baena relató la reunión con las autoridades de las fuerzas armadas y la impresión de que el futuro de Serrano era muy incierto. Esa tarde la misión regresó a Washington.

El martes 1 de junio el Ministro de la Defensa Nacional de Guatemala emitió un comunicado a la prensa sobre la decisión del ejército de publicar y ejecutar la sentencia de la Corte de Constitucionalidad del 25 de mayo, que en su parte pertinente dice así: Consecuentemente, procede declarar que los actos realizados por el Presidente de la República adolecen de nulidad ipso jure y, por lo tanto, carecen de toda validez jurídica… Agregaba el ministro que, enfrentado a la realidad, Serrano había optado por dejar su cargo. El vicepresidente había asumido temporalmente la presidencia, conforme a la Constitución, y luego había renunciado también. Poco después se supo que Serrano había salido de Guatemala rumbo a El Salvador.

El jueves 3 de junio comenzó en la sede de la OEA la Reunión Ad Hoc sobre Guatemala. Los cancilleres decidieron el regreso del Secretario General a Guatemala acompañado de los cancilleres que él eligiera para continuar apoyando los esfuerzos del pueblo guatemalteco. La Reunión Ad Hoc acordó reunirse en Managua el domingo 6 de junio para recibir el informe de la segunda etapa de la Misión del Secretario General.

Baena invitó al Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador, Diego Paredes, a acompañarlo. En esta ocasión no pudieron hacerlo los cancilleres de Barbados, Nicaragua y Uruguay debido a compromisos previos. La presión del tiempo iba en aumento. Quedaban dos días de trabajo, viernes y sábado. El domingo, en Managua, además de la reunión sobre Guatemala recién convocada, tendría lugar el diálogo informal de cancilleres, previo a la sesión inaugural de la Asamblea General, y el lunes 7 de junio sesionaría allí la Reunión Ad Hoc sobre Haití con la participación del Presidente Aristide.

Para cumplir con estas obligaciones, el viernes tomamos un vuelo de itinerario de Washington a Miami, y desde allí en un avión fletado viajamos a Guatemala, donde nos esperaría el avión para llevarnos a Managua a primera hora del domingo. Durante todo el día y la noche del sábado tuvimos reuniones con autoridades militares, judiciales, figuras políticas y representantes diplomáticos, así como con la Instancia Nacional de Consenso, grupo creado por diversos sectores del país.

El Congreso de Guatemala se reunió el sábado hasta altas horas de la noche, estando la misión en el país, y ante la falta absoluta de Presidente y Vicepresidente de la República, eligió a Ramiro de León Carpio para ejercer la presidencia del país. El Secretario General y el Canciller Paredes lo visitaron esa noche en su residencia, felicitándolo por el retorno al orden constitucional.

La misión viajó a Managua muy temprano el domingo. Ante un pedido del nuevo gobierno de Guatemala se postergó para el lunes la Reunión Ad Hoc a fin de recibir un mensaje de agradecimiento del Presidente De León Carpio. Baena termina así este relato: De esta manera, a los catorce días de planteada la crisis, se cerraba con éxito un capítulo en la historia del fortalecimiento de la democracia. En Guatemala respondieron con vigor las instituciones en que se asienta el sistema constitucional y democrático.

Saturday, April 19, 2025

Los perjuicios intangibles del Castrismo


Por Pedro Corzo

Hace unos días en una charla entre amigos comentábamos que los regímenes de fuerza, en particular los de corte totalitario o mesiánicos, causan en la sociedad numerosos y diferentes clases de daños.

Hablamos de los fusilados y muertos en combate en la lucha por la democracia. Los cientos de miles que pasaron largos años en la cárcel, la destrucción económica de nuestro país, el deterioro general de las edificaciones y los millones que debieron partir al exilio o decidieron emigrar, por la catastrófica situación que la dictadura ha generado.

Estábamos inmersos en esos aspectos cuando mi esposa comentó, "Ustedes hacen, justamente, al igual que la mayoría de los observadores y analistas, referencias a los perjuicios humanos y materiales, pasando por alto los intangibles, obviando que cada una de las personas a las que le cambió la vida o fue terminada por el régimen hubieran podido aportar a Cuba muchas cosas positivas".
Esta observación nos condujo a tratar aspectos que algunos de nosotros nunca habíamos considerado o abordado muy vagamente como cuanto habrían aportado a la Isla los dirigentes estudiantiles Pedro Luis Boitel, muerto en huelga de hambre en 1972 y Porfirio Ramírez, fusilado junto a cuatro compañeros en octubre de 1960, o el civilista Orlando Zapata Tamayo, también muerto en huelga de hambre en el 2010 en reclamo de sus derechos, en una Cuba democrática.

Pensamos también en los aportes a la Republica que los cientos de miles que pasaron por la prisión política y aún se encuentran en Cuba, como los exprisioneros Guillermo Fariñas, Félix Navarro y Jose Daniel Ferrer y las prisioneras políticas, entre muchas, Sally Navarro y María Cristina Garrido, si en nuestro país se respetase plenamente la dignidad humana.

Inmediatamente después la conversación se orientó al exilio, al éxito profesional de decenas de miles de compatriotas y al económico de muchos más. Los numerosos profesores universitarios y en otros niveles de la educación, así como la gran cantidad de trabajadores que desempeñan funciones importantes en todos los sectores de la sociedad, tales como las comunicaciones, la industria, la construcción y los servicios en general.

Por supuesto que la charla nos trasladó a la política y a los políticos cubanos que participan en esa actividad en Estados Unidos y otros países, los numerosos congresistas de origen cubano que han servido y sirven en la Cámara de Representantes y los que han integrado el exclusivo club de los 100 del senado estadounidense para terminar que dos cubanos participaron activamente en una campaña presidencial y que uno de los dos es Secretario de Estado, la posición no electa más importante de este gran país.

La charla se enriquecía mencionando a los políticos, cuando Luz Martínez, mi esposa, y Jose Antonio Albertini mencionaron al comisionado de la ciudad de Miami recientemente fallecido, Manolo Reyes. Debo decirlo, ahí todos callamos y rendimos con el silencio un modesto homenaje a una persona que se había ganado el respeto de todos nosotros por sus acciones y sencillez.

Manolo Reyes era un hombre respetable. Cordial y sincero, y todos coincidimos que en una “Cuba con todos y para el bien de todos” habría sido una cantera muy provechosa para la república. Manolo habría sido un excelente funcionario publico en cualquier instancia cubana y no dudamos de que hubiera sido un invaluable alcalde para la ciudad de Miami.

Hablando del fallecido, Daniel Pedreira, recordó a otro grande de los cubanos en la política estadounidense, el congresista Lincoln Díaz Balart, que recientemente partió al infinito. Un hombre que al igual que Reyes sentían por Cuba una gran pasión y se consideraban obligados a servirla en cualesquiera instancias en la que pudieran desarrollar sus talentos.

Desgraciadamente el totalitarismo castrista imposibilitó que estos dos hombres honestos y trabajadores, junto a otros con un profundo compromiso con la comunidad, también desaparecidos, en la Isla o fuera de ella, aportaran a la nación cubana su talento y dedicación. Esos daños intangibles del castrismo son tan o mas destructores que los otros que integran su trágico legado.

Thursday, April 17, 2025

Vargas Llosa y ese extraño imán que tiene la muerte


Por Luis Leonel León

El escritor y periodista peruano Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura 2010, falleció el domingo 13 de abril en Lima a los 89 años. Al último de los protagonistas del Boom Latinoamericano y uno de sus principales autores, cuya obra trascendió aquel fenómeno editorial (y en alguna medida también un movimiento cultural de acelerado crecimiento que entusiasmó al mundo entre 1960 y 1970) le conocí en Madrid, hace 20 años. Su obra la disfrutaba desde diciembre de 1985, cuando le compré a un vendedor de libros usados en la Calzada de Bejucal un ejemplar de La ciudad y los perros (1963), editada por Seix Barral, luego de ver su versión cinematográfica, premiada en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana de ese año, dirigida por el también peruano Francisco Lombardi, quien en 1999 llevó a la gran pantalla Pantaleón y las visitadoras

Nunca he olvidado sus amables palabras, ni aquella carcajada cómplice, pero sobre todo guardo las historias que no pudo dejar de contar. Con una disciplina inamovible durante más de 6 décadas, Vargas Llosa edificó un extenso y valioso corpus creativo, donde los grandes temas como la libertad y la opresión, el poder y el amor, el deseo y la identidad, viajan desde ambientes de la compleja y a veces increíble realidad peruana –y latinoamericana por extensión– hacia ese artefacto intelectual y sentimental que llamamos “universalidad” y al que suelen aspirar los grandes autores. En varios libros él lo consiguió. 

Motivado por las causas sociales, presentes en sus libros, Vargas Llosa fue candidato a la presidencia de Perú en 1990. Aunque terminó derrotado por Alberto Fujimori, nunca dejó de ser el escritor más admirado en su país y uno de los más leídos en Hispanoamérica. "Fujimori me devolvió a la literatura", confesó. Su apoyo al neoliberalismo se hizo más fuerte cuando en el 2021, ante la amenaza del izquierdista Pedro Castillo, puso en primer plano la defensa de las ideas de libertad, apartó su rechazo de 30 años a la familia Fujimori y en un acto de campaña abrazó a la hija de su antiguo contrincante y dijo: "Le pido a Keiko salvar al país de un peligro enorme que es caer en manos del totalitarismo". 

Sus ideales y experiencias, expresados con claridad en sus libros y columnas, evolucionaron del coqueteo con el comunismo y la revolución cubana hacia el liberalismo clásico –sobre todo en lo económico y en las libertades fundamentales– y las más duras críticas al castrismo, el socialismo del siglo XXI y el separatismo español. "La libertad, según los liberales, es una sola y debe darse simultáneamente en el campo económico, político, social, individual. Y que todo lo que signifique mayor libertad es bueno para el conjunto de la sociedad", dijo en una entrevista con BBC Mundo en mayo de 2019. 

El golpe de timón ideológico de Vargas Llosa comenzó en la década de 1980 gracias a la Dama de Hierro. “Para mí fue importantísimo lo que significó en Gran Bretaña el gobierno de Margaret Thatcher”, confesó en una entrevista con Jorge Lanata. “Era un país adormecido por las reformas laboristas y el espíritu emprendedor de la revolución industrial se había apagado. Ciertamente había libertad pero parecía un país muerto en vida. Thatcher infundió en la sociedad británica el espíritu empresarial, obligando a las empresas a competir en ese sistema frío pero eficaz que es el libre mercado, eliminando a las empresas que no funcionaban y premiando a las que sí. E inundó otra vez al país con cultura democrática”, le dijo al periodista argentino en la Feria del Libro de Buenos Aires del 2018.

En los últimos años ha apoyado a políticos de derecha como Jair Bolsonaro en Brasil, Mauricio Macri y Javier Milei en Argentina, Sebastián Piñera y José Antonio Kast en Chile, Carlos Mesa en Bolivia, Rodolfo Hernández en Colombia. En España a José María Aznar, Albert Rivera y a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a quien catalogó como símbolo de “resistencia liberal” e incluso la comparó con Ronald Reagan.

Pero a quien nunca soportó fue a Donald Trump. Su aversión era tal que llegó a decir que el presidente estadounidense era el mayor peligro para América Latina, cuando él mismo seguía denunciando que las peores pesadillas en nuestra la región se debían a las políticas socialistas. Antes de la llegada de Trump a la Casa Blanca, lo calificó de populista, demagogo, payaso, nacionalista, racista e irresponsable. Si bien es cierto que en ocasiones frases y poses –más que posturas y acciones concretas– no bien estructuradas por Trump han dado pie a esos y otros epítetos, el recio anti-trumpismo de Vargas Llosa y su incompleta comprensión del movimiento MAGA, lo arrastraron por un sendero equivocado, no exento de terquedad. “La corrección política es enemiga de la libertad”, apuntó, sin embargo, el novelista, quien experimentó no pocas contradicciones y virajes en su vida. Al menos en sus declaraciones públicas, jamás le dio una oportunidad a Trump. Al peruano no le fue bien en la política, no en balde llegó a decir: “La política es una forma de la maldad. El mayor error que he cometido en mi vida”. En cambio, fue un ilustre fabricante de ficciones.  

Desde joven he disfrutado de sus libros, primero leídos a hurtadillas y luego comprados en sus mejores ediciones, con la libertad que me ha traído el exilio, a pesar de que a veces funcione como una especie de cárcel abierta y transparente que también nos acompaña. Para Vargas Llosa, Cuba fue primero ilusión y luego desencanto. Aunque desde antes se había decepcionado por la creciente censura del dictador Fidel Castro y los campos de concentración conocidos como las UMAP (unidades militares de apoyo a la producción), Vargas Llosa rompió definitivamente con el castrismo en 1971 cuando Castro ordenó apresar y torturar al poeta disidente Heberto Padilla y su esposa, Belkis Cuza Malé, ambos acusados de “actividades subversivas”. Padilla permaneció 37 días detenido en una celda de la policía política, mientras que Cuza Malé fue liberada al tercer día. Padilla fue obligado a culparse por actuar en contra de la revolución comunista. La funesta operación castrista fue condenada en dos cartas abiertas, la primera publicada en francés en el periódico Le Monde el 9 de abril de 1971 y la segunda en el diario Madrid el 21 de mayo de 1971, ambas firmadas por intelectuales de izquierda y derecha de distintos países, entre ellos Vargas Llosa. Castro respondió fustigando a los firmantes, la mayoría de ellos hasta ese momento “amigos de la revolución”.

El 5 de mayo de 1971, el autor de Los jefes (1959) y El pez en el agua (1993) envió la siguiente carta a Haydée Santamaría, guerrillera comunista y presidenta de la Casa de las Américas: 

“Le presento mi renuncia al comité de la revista Casa de las Américas, al que pertenezco desde 1965, y le comunico mi decisión de no ir a Cuba a dictar un curso, en enero, como le prometí durante mi último viaje a La Habana. Comprenderá que es lo único que puedo hacer luego del discurso de Fidel fustigando a los escritores latinoamericanos que viven en Europa, a quienes nos ha prohibido la entrada en Cuba por tiempo indefinido e infinito. ¿Tanto le ha irritado nuestra carta pidiéndole que esclareciera la situación de Heberto Padilla? ¡Cómo han cambiado los tiempos!

Recuerdo muy bien esa noche que pasamos con él, hace cuatro años, y en la que admitió de buena gana las observaciones y las críticas que le hicimos un grupo de esos intelectuales extranjeros, a los que ahora llama canallas. De todos modos, había decidido renunciar al comité y a dictar ese curso desde que leí la confesión de Heberto Padilla y los despachos de Prensa Latina sobre el acto de la Uneac en el que los compañeros Belkis Cuza Malé, Pablo Armando Fernández, Manuel Díaz Martínez y César López hicieron su autocrítica.

Conozco a todos ellos lo suficiente como para saber que ese lastimoso espectáculo no ha sido espontáneo, sino prefabricado como los juicios estalinistas de los años treinta. Obligar a unos compañeros, con métodos que repugnan a la dignidad humana, a acusarse de traiciones imaginarias y a firmar cartas donde hasta la sintaxis parece policial es la negación de lo que me hizo abrazar desde el primer día la causa de la Revolución Cubana: su decisión de luchar por la justicia sin perder el respeto a los individuos. No es este el ejemplo del socialismo que quiero para mi país. Sé que esta carta me puede acarrear invectivas: no serán peores que las que he merecido de la reacción por defender a Cuba.

Atentamente, Mario Vargas Llosa".

Nueve días después, el 14 de mayo, Santamaría le respondió: “Usted no ha tenido la menor vacilación en sumar su voz —una voz que nosotros contribuimos a que fuera escuchada— al coro de los más feroces enemigos de la Revolución Cubana […] Cuando en abril de 1967 usted quiso saber la opinión que tendríamos sobre la aceptación por usted del premio venezolano Rómulo Gallegos, otorgado por el gobierno de Leoni, que significaba asesinatos, represión, traición a nuestros pueblos […] le propusimos que aceptara ese premio y entregara su importe al Che Guevara, a la lucha de los pueblos. Usted no aceptó esa sugerencia: usted se guardó ese dinero para sí, usted rechazó el extraordinario honor de haber contribuido, aunque fuera simbólicamente, a ayudar al Che Guevara”.

La misiva de Santamaría manipula los hechos. Lo que ocurrió fue que cuando en 1967 Vargas Llosa ganó el premio literario Rómulo Gallegos con La casa verde (1966), consistente en $25,000, Santamaría le pidió donar ese dinero al Che Guevara, con la promesa de que se lo devolverían por debajo de la mesa, pues la supuesta donación no era más que una farsa para hacerle propaganda al castrismo y sus guerrillas en Latinoamérica. Castro y sus acólitos jamás lo perdonaron. De haberse prestado para aquella desvergüenza, Vargas Llosa hubiera quedado atrapado, quizás para siempre, en el chantaje del régimen de La Habana, como otros escritores y artistas. Y no hubiera sido el escritor ni el promotor del liberalismo clásico que fue. 

La venganza castrista contra Cabrera Infante

Esta es solo una de las historias de oposición al comunismo en que salió victorioso Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, el hombre que este lunes 14 de abril fue velado en privado, por familiares y amigos, en su casa en el distrito limeño de Barranco. Sus restos, en un carro fúnebre negro, a la más clásica usanza moderna, fueron llevados al Centro Funerario y Crematorio del Ejército, ubicado en Santiago de Surco, en el sur de Lima. El autor de clásicos contemporáneos como Conversación en la catedral (1966), La guerra del fin del mundo (1981) y La fiesta del chivo (2000), dejó instrucciones a su familia sobre su funeral y pidió ser cremado luego de una ceremonia íntima. 

En señal de duelo nacional, Perú amaneció con las banderas a media asta en instituciones públicas, cuarteles militares y policiales. Muchísimas personas colocaron flores alrededor de la vivienda del autor de El hablador (1987). Cuentan que no pocas librerías abrieron el lunes colocando en primer plano en sus vitrinas los libros de Vargas Llosa, ofreciéndolos con descuentos. En el Colegio Militar Leoncio Prado, donde Vargas Llosa estudió y se ambienta la La ciudad y los perros, los cadetes rindieron homenaje formando filas humanas con las iniciales del más premiado de los autores peruanos: MVLL. 

“Vargas Llosa fue una figura significativa de la literatura y la cultura latinoamericanas. Su escritura refleja su profundo amor por la narrativa, caracterizada por la riqueza de su lenguaje y que abarca diversos géneros, desde libros autobiográficos y novelas históricas hasta ficción erótica y thrillers. Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2010 por su cartografía de las estructuras de poder y sus imágenes agudas de la resistencia, la revuelta y la derrota del individuo”, destacó el Comité del Premio Nobel en X. 

La presidenta peruana Dina Boluarte, vestida con un traje negro, asistió al velorio y le dio el pésame a la familia a nombre del gobierno. Boluarte fue recibida en la puerta del edificio por el hijo mayor del escritor, Álvaro Vargas Llosa, cuyo abrazo, rodeados de la seguridad presidencial y periodistas, fue fotografìa principal en varios medios.  

"No tengo otra cosa que decir que Perú ha perdido a uno de sus mejores hombres y nosotros a un ser infinitamente querido al que vamos a echar de menos", declaró Álvaro, quien rápidamente comprendió, en buena medida gracias a las enseñanzas y experiencias de su padre, las esencias del totalitarismo cubano y en respuesta a la maquinaria propagandística y distorsionadora del castrismo, elogió el aplomo de sus exiliados dedicandoles artículos y un libro, El exilio indomable

La Vigía, Hemingway y la finca del castrismo

En los últimos meses, Vargas Llosa vivió en Lima, según varios medios y agencias, casi retirado, tras desarrollar una carrera que lo ubicó en los más altos peldaños de las letras hispanas. Se ha dicho que llevaba días sintiéndose mal, afectado por una fuerte neumonía de la que al final no se repuso, y que a la familia, ante el deterioro de su salud, no le sorprendió su muerte. Sin embargo, aunque la neumonía pudo haber influido su fallecimiento, el periodista peruano residente en Miami, Jaime Bayly, reveló que Vargas Llosa "sabía que se estaba muriendo, el mundo no lo sabía, nosotros no lo sabíamos”. Bayly contó en su programa, emitido a través de redes sociales, que un peruano residente en Madrid, de apellido Carrera, le envió un email en julio de 2024 contándole sobre la lucha de su esposa contra el cáncer y que se había encontrado con Vargas Llosa en el hospital Fundación Jiménez Díaz en Madrid, quien acudía a la zona reservada para pacientes que tienen cáncer hematológico”. De ahí la frase de Bayly: "murió de neumonía, pero no es exactamente cierto que estaba sano”. Sus hijos declararon que se fue en paz y rodeado del amor de sus seres queridos. 

Nacido en la sureña ciudad peruana de Arequipa el 28 de marzo de 1936, en una familia de clase media, fue educado por su madre y sus abuelos maternos en Cochabamba (Bolivia) y luego en Perú. Tras sus estudios en la Academia Militar de Lima obtuvo una licenciatura en Letras y dio sus primeros pasos en el periodismo, un oficio del que nunca se alejó y que influyó mucho en su literatura (y viceversa, como otros autores de los siglos XX y XXI). 

Sus exploraciones amorosas no fueron convencionales. Tampoco lo fue su literatura, aunque en sus experimentaciones, sobre todo en lo estructural y en la fusión de géneros, se arriesgara menos que otros del Boom como Julio Cortázar (sin dudas el que más lejos llegó), Carlos Fuentes, Augusto Roa Bastos y José Donoso. La pasión de Vargas Llosa por la historia y la política lo condujo a investigar temas, situaciones y personajes que, con su innegable talento y un oficio de hierro, convirtió en novelas que han seducido lo mismo al lector común que a los más exigentes críticos.  

Fue un autor que, en no pocos libros, indagó más en el erotismo y la sexualidad que en el amor. En sus novelas, el erotismo y el deseo sexual, bien facturados y no circunscritos a la descripción del acto físico, convergen con el poder, la violencia, la guerra, la política, la historia, los giros de la memoria. Vargas Llosa entendía que la mejor literatura erótica es aquella que se despliega en libros que no son sólo eróticos, tal como ocurre en grandes piezas de James Joyce, Gustave Flaubert o Anton Chéjov, donde el erotismo va a la par de los demás ingredientes y complejidades de la vida y la sociedad. Y eso fue lo que practicó en sus libros, no sólo en los que se lanzan directamente al erotismo como Elogio de la madrastra (1988) y Los cuadernos de Don Rigoberto (1997).

A comienzos de 1995 le dediqué a Elogio de la madrastra uno de mis primeros comentarios sobre libros en el programa radial A esta hora, que ese año fundé, junto a otros realizadores, en Radio Metropolitana, la emisora cultural de La Habana. Precisamente entre los bullets points del comentario estaban el tratamiento del sexo en la gran literatura, y los delicados márgenes entre lo erótico y lo pornográfico, tema que luego fue el centro del debate de la última hora del show que salía en vivo los domingos desde las 7 de la mañana hasta el mediodía. Recuerdo que la diferencia entre erotismo y pornografía fue lo que más llamó la atención de los directivos que estaban monitoreando el nuevo programa. Creo que no se dieron cuenta que la novela era de Vargas Llosa o no sabían quién era el autor. 

Su vida amorosa estuvo marcada por relaciones y rupturas con mujeres cercanas a su familia e incluso con una prima hermana. En 1959, mientras residía en París, se casó con su tía política Julia Urquidi, 10 años mayor que él y que luego le inspiraría para escribir La tía Julia y el escribidor (1977). Cuando años después rompió con Urquidi, se casó con su prima hermana y sobrina de su ex mujer, Patricia Llosa, con quien tuvo tres hijos, Álvaro, Gonzalo y Morgana. Tras iniciar en 2015, con casi 80 años, un romance con una conocida personalidad del mundo madrileño, Isabel Preysler, expareja del cantante Julio Iglesias, Vargas Llosa se divorció de Patricia luego de 50 años de matrimonio, uno de los acontecimientos más controversiales de su vida. Siete años después, en 2022, Preysler y Vargas Llosa anunciaron su separación. Su romance con la Preysler desató un fenómeno sociocultural, al principio sorprendente y raro, pero luego interesante. Pocos escritores serios han tenido la presencia en la llamada "prensa del corazón" (que en realidad es la prensa del chisme o el chisme trastocado en prensa) que la que tuvo Vargas Llosa gracias a la socialité española. Fue una etapa que a sus biógrafos les tocará investigar y relatar con la profundidad de una novela de tramas y pasiones furtivas. Al final de su vida regresó a Lima y se reconcilió con la madre de sus hijos. 

Según El País, el escritor fue diagnosticado con una grave enfermedad en el verano del 2020. Cuando se enteró de que para su enfermedad no existía cura, pero sí tratamientos para retrasar la muerte, redactó una carta para sus hijos, Álvaro, Morgana y Gonzalo, explicándoles la situación. “No quiso hacerlo público, pero su entorno más íntimo lo sabía. Sus últimos meses de vida los dedicó a visitar los escenarios de algunas de sus novelas más celebradas”, asegura el periodico español. Quiso esperar el final cerca del mar y que sus cenizas fueron esparcidas en la bahía de Paracas. Sus hijos cumplieron sus últimas voluntades. Lo planificó todo tal como si se tratara de una novela. La novela de los últimos días de su vida. 

Vargas Llosa fue un maestro de la novela. No por casualidad o por meras operaciones de mercadotecnia vendió millones de libros por los que recibía, por concepto de derechos de autor, miles de euros cada mes. A lo largo de su carrera, de más de seis décadas, creó una impresionante y bastante fiel comunidad de lectores, no solo en Hispanoamérica, pues sus libros fueron traducidos a más de 30 idiomas. Desarrolló una obra no sólo muy particular y valiosa, sino también muy prolífica y diversa, cautivando a los lectores de disímiles generaciones y a la crítica, lo mismo con novelas, cuentos y ensayos, que con piezas teatrales y artículos periodísticos. Fue un escritor total. 

Aunque le pude ver una vez en la Feria del Libro de Miami, donde le conocí fue en la Casa América de Madrid en noviembre de 2004. Durante una semana presenté allí el ciclo de cine Otras imágenes posibles, que por primera vez mostraba en Europa una veintena de películas documentales y de ficción realizadas de manera independiente, la mayoría por estudiantes de cine y jóvenes cubanos, junto a otras que, aunque producidas dentro del sistema, abordan críticamente la realidad cubana a pesar de la censura. La última tarde, Vargas Llosa presentó su libro La tentación de lo imposible, sobre Los miserables y Victor Hugo. Yendo a su sala nos encontramos y alguien de la institución le mencionó  mi ciclo. Me saludó cordialmente y cuando escuchó mi nombre me dijo: “Todo con ele”. Le dije algo que aún suelo repetir: “Era la única letra que estaban dando ese día” y él soltó una carcajada. Me dijo que le hubiera gustado haber visto algunos de los filmes y le hice una síntesis veloz. 

Desde esta ventana*

Como me presentaron como el curador de la muestra, al principio creyó que yo era un crítico, pero alguien le explicó que era cineasta y que tenía un documental sobre La Habana. No sé si me equivoqué al leer en sus ojos una mezcla de sentimientos: curiosidad, nostalgia, desconsuelo y quizás incluso hasta esperanza. O al menos fue lo que quise ver en su expresión. Me comentó que Habaneceres le gustaba como título. Le conté que gracias a la biblioteca de la Fundación Alejo Carpenter había leído varios de sus libros, proscritos en la isla y que sabía que su posición ante el caso Padilla había ayudando a que esas otras verdades de la revolución se conocieran un poco, pues el mito lamentablemente persistía. No olvido una frase tan amable como inspiradora: “Estoy seguro de que tu documental, como otros de los que has traído, también ayudarán a desmitificar la revolución cubana”. Tenía que irse a presentar su libro y no pudimos hablar mucho más que eso. Fueron unos 5 minutos. Un breve e inolvidable encuentro. Recuerdo que cuando se apagaban las luces en mi sala y comenzaba un cortometraje, yo me escapaba a su sala para escucharle y regresaba sólo para presentar el próximo. Lo mismo hice una o dos noches antes con Caetano Veloso, que también tuvo allí una presentación aquella semana, no tan interesante como la de Vargas Llosa, pero igualmente a sala repleta. 

Casi 5 años después me reencontré con Vargas Llosa en el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico por la Libertad (CEDICE) en Caracas, en el Encuentro Internacional Libertad y Democracia. Había mucha tensión, Vargas Llosa fue retenido en el aeropuerto por la dictadura chavista, pero de todos modos fui al evento con un par de amigos del equipo de producción del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) que yo dirigía en Venezuela. Por desgracia tuvimos que irnos antes de tiempo cuando uno de mis colegas detectó entre el público a un agente cubano. No quisimos arriesgarnos a un interrogatorio ya que nos habíamos llevado la cámara del ICAIC para filmar un evento antichavista. Pero alcancé a saludar a Vargas Llosa, quien se acordó de mí. Allí conocí a Antonio Ledezma, alcalde de Caracas, con quien después hablé en otras dos ocasiones, con mucho cuidado de no ser visto por la policía política y los chivatos cubanos y venezolanos. A los pocos días del encuentro en el CEDICE, coincidí en el bar Rajatabla, al lado del teatro Teresa Carreño, con la abogada neoyorquina prochavista Eva Golinger, quien me habló horrores de Vargas Llosa y de otros de los excelentes panelistas de aquél evento. Entre tragos y una música altísima hice una defensa de la escritura de Vargas Llosa, le dije que era una de las voces cardinales del Boom y que incluso había influenciado a autores cubanos jóvenes. Por aquellos tiempos Eva solía pasar por el Rajatabla. Como un año antes, una amiga común, también estadounidense de izquierda, nos había presentado y de pronto sentí que, sin variar su posición, Eva bajó el tono y reconoció los valores literarios del peruano. “De la que me libré”, pensé al día siguiente, cuando los efectos del ron Pampero se habían esfumado y la concupiscencia de la madrugada era sólo un recuerdo. 

¿Qué hubiera dicho o escrito Vargas Llosa sobre aquello? A veces me lo he preguntado. Nunca lo entrevisté, pero me hubiera gustado mucho hacerlo. Además de un excelente escribidor, era muy buen respondedor. Agudo y simpático. No olvido y aun me sigo riendo de la cara y la sonrisa de Vargas Llosa al escuchar uno de los comentarios más desatinados del periodista Jorge Ramos –por aquellos momentos en Univisión– cuando, en una entrevista en la Feria del Libro de Miami, le propuso a Vargas Llosa utilizar el “lenguaje igualitario”, basándose en que si de pronto ellos se encontraban entre un grupo de 5 o 6 mujeres por qué no decir “todes” en vez de todos o nosotros. Al escritor, conocedor de nuestra lengua, ante tamaña aberración no le quedó otro remedio que decirle a Ramos que eso era estupidez que de ninguna manera él iba a aprobar. Es mi último recuerdo de Vargas Llosa en un evento público en Miami.

Se ha ido uno de esos autores que son una biblioteca. De sus ensayos, recomiendo La orgía perpetua. Flaubert y Madame Bovary (1975), el primero que leí, a finales de los ochenta en La Habana. También La verdad de las mentiras. Ensayos sobre la novela moderna (1990), Cartas a un joven novelista (1997), El viaje a la ficción (2008), La civilización del espectáculo (2012) y Medio siglo con Borges (2020). De su obra periodística, para comprender el viaje de sus ideas, vale la pena leer los tres volúmenes de Contra viento y Marea. En cuanto a teatro, La Chunga (1986) y Los cuentos de la peste (2015). Conversación en La Catedral (1969), La guerra del fin del mundo (1981) y La fiesta del chivo (2000) están consideradas sus piezas maestras. De sus novelas, recuerdo otras, menos celebradas, como El paraíso en la otra esquina (2003) y Travesuras de la niña mala (2006), las últimas que leí en Cuba. Al llegar a Estados Unidos compré su nueva novela, El sueño del celta (2010). Todos sus libros no han causado el mismo impacto ni todos sobresalen de igual modo, pero todos tienen su marca y todos están muy bien escritos. 

Aprovechó el boom del Boom y, sin vender su alma al diablo del enfermo y vulgar izquierdismo latinoamericano, como hizo Gabriel García Márquez, le sacó provecho, casi como el autor de Cien años de soledad (1967), la obra más reconocida de su amigo y de la generación del Boom. Tuvo la gran suerte de trabajar en lo que de verdad le gustaba y, con tonos altos, bajos y medios, como todo autor, no paró de escribir, lo mismo en su eterna ciudad, Lima, que en París, Londres, Nueva York, Punta Cana y Madrid. 

A propósito de su fallecimiento, el diario español El País publicó un artículo titulado “Mario Vargas Llosa, el más español de los escritores latinoamericanos”. Aunque desde 1993 adquirió la nacionalidad española y pasó mucho tiempo viviendo en la madre patria, Vargas Llosa siempre escribió y vivió como lo que era: un escritor peruano, un autor cardinal del boom latinoamericano, sin nada que ver con el provincianismo que flota en ese ridículo y falso titular de El País, un medio que con los años ha venido a menos, muy distante a aquellas páginas de los años noventa y comienzos de este siglo donde brilló la columna de opinión, Piedra de Toque, del autor que acaba de fallecer en su querida Lima, con los suyos. 

Con sus análisis y sobre todo con sus novelas, Mario Vargas Llosa, el escritor peruano que mejor retrató el Perú del siglo XX, hizo crecer en nuestra lengua el universo de la literatura, eso que él llamó “la verdad de las mentiras”. Fue muy leído, reverenciado y exitoso. Ganó, entre muchos otros premios, el Príncipe de Asturias de las Letras (1986), el Planeta (1993) y el Cervantes (1994). Fue académico de la RAE y casi al final de su vida, en 2023, fue también premiado con su incorporación a la Academia Francesa. La literatura fue su pasión y su adicción perenne. En 1981, a propósito de la presentación en Madrid de su novela La guerra del fin del mundo declaró: “La pasión por la literatura, como todos los buenos vicios, se acrecienta con los años, y con el tiempo se descubre que lo importante no son los libros que se escriben, sino el hecho de escribirlos, el tránsito hacia el libro”. 

Intentar hacer un resumen de la obra de Vargas Llosa no es tarea imposible, pero siempre resultaría un río de omisiones y descartes de imágenes, personajes, diálogos e historias que –como ocurre con los clásicos, según Borges– no pocos leerán y volverán a leer. Y por estos días, por ese extraño imán que tiene la muerte, con mucha más intensidad y una inevitable maleta de nostalgias.