Monday, April 8, 2019

Un paso adelante a la Contra historia de Cuba*


Por Vicente Morín Aguado
EGREM. Photo: sierramaestra.cu
HAVANA TIMES – El sábado último la televisión cubana, en la voz del periodista Eduardo Cedeño Milán, reportaba sobre la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, (Egrem), calificándola como “la más longeva de Cuba”. La frase, por lo absoluta, encierra un error histórico, a la vez que testifica de una campaña manipuladora partidista estatal, extendida a la inmensidad de nuestro pasado nacional.
Primero, aclarar que desde 1944 el país contó con una disquera de prestigio, Panart, cuyo sello difundió entre otros artistas a Nat King Cole, Josephine Baker, Miguelito Valdés, Barbarito Diez, la Orquesta América y La Sonora Matancera. Digamos, además, que sus estudios, nacionalizados fueron la base para crear la Egrem en 1964.
Siguiendo el hilo de nuestra reflexión, es evidente que el mensaje trasmitido predica el borrón para la historia prerrevolucionaria. Si alguien cree que es un desliz casual, lo invito a leer en la Enciclopedia cubana de la red (Ecured) la siguiente mención respecto a la Egrem:
“Todos han sido testigos del paso por sus cabinas” de figuras como: Nat King Cole, Josephine Baker, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Chucho Valdés, Sonia Silvestre—perdonen la reiteración— y revisemos la frase gratuita todos han sido testigos del paso por sus cabinas…
¿Cabinas de quién, de la Panart o de la Egrem?
Basta con una breve consulta cronológica y tendremos las respuestas. Evidentemente para su tiempo, el antiguo estudio discográfico habanero alcanzó un alto prestigio. De nuevo se presenta el intento por desconocer lo positivo del pasado, atribuyéndole, de hecho, al proceso revolucionario de 1959, todas las glorias y memorias de la nación.
Queda justificado lo que el cubano Jacobo Machover, Catedrático en lengua, literatura y civilización hispánicas de la Universidad de Aviñón, llama la Contra historia. Algunos llegan a nombrar esa manifestación de los estudios sobre el pasado como historia de los vencidos, en contraposición a la historia oficial, propia de un estado totalitario autoproclamado marxista-leninista.
Por cierto, en mis largas lecturas de Carlos Marx, Federico Engels y Vladímir Ilich Lenin, nada parecido encuentra sustentación teórica, todo lo contrario, la doctrina dice fundamentarse en lo mejor del pensamiento universal sin distinciones.
La práctica es otra cosa cuando los comunistas se tornan élite poderosa, terminan por coexistir dos historias posibles, nuestro país es un buen ejemplo que tanto preocupa a los investigadores honestos. Así lo plantea el Dr. Eduardo Lolo, presidente de la Academia de Historia de Cuba en el exilio:
“Ese registro de la memoria puede, incluso, aclarar, enmendar o refutar versiones de historiadores que, por padecer deficiencias en sus conocimientos o perseguir agendas políticas específicas, hayan pasado por alto, olvidado o escamoteado otros elementos de la historia, tales como, citando al clásico romano Cicerón, ser “testigo veraz de los tiempos, luz de la verdad, maestra de la vida”.
Un hecho reciente agrega ilustración, se trata de la siempre interesante crónica dominical de Ciro Bianchi Ross, en el vespertino impreso y digitalizado Juventud Rebelde, edición del presente 9 de marzo, titulada Intrigas del 10 de marzo:
“Amargado por su derrota electoral frente a Carlos Prío en las presidenciales de 1948, Eduardo Chibás se dejó seducir por la idea de llegar al poder mediante un golpe de Estado que orquestaba un grupo de militares jóvenes, con el capitán Jorge García Tuñón al frente, en consonancia con los profesores Roberto Agramonte, Herminio Portell Vilá y Rafael García Bárcenas, de la Escuela Superior de Guerra, y afines a las ideas políticas del líder ortodoxo.”
Sin pretender adjudicarle la verdad absoluta, viene al caso la opinión de Mario Rivadulla, colaborador cercano a Chibás en aquellos momentos:
“Tan absurdo como ridículo que Chibás anduviese en esos trajines de la mano de dos personas tan profundamente civilistas como Roberto Agramonte y Herminio Portell Vilá, que además no eran “figuras de acción”, salvo en el plano político. García Bárcenas tampoco era miembro del Partido Ortodoxo ni persona de la confianza de Chibás para un empeño de esa envergadura.”
“En todo caso, de haber pensado siquiera en esa posibilidad, Chibás hubiera contado con Luis Orlando Rodríguez, Juan Manuel Márquez y Orlando Castro, con quien mantuve la más estrecha y constante relación, y quienes sí eran figuras con probado pasado revolucionario en vez de Agramonte y Portell Vilá, además de contar con la mayor confianza de Chibás.”
Ciro escribe bien, pero sin oposición alguna. No dudamos que sea capaz de aceptar cualquier polémica, no obstante, tal posibilidad está vedada en Cuba para quienes escriban desde una óptica contraria a los preceptos ideo-políticos vigentes, incluso pesará aún más la biografía del posible polemista.
La Contra historia se está anotando puntos meritorios en el archivo escrito de nuestro devenir nacional, nos llevará algún día a la única historia posible. Ejemplos relevantes son los magníficos trabajos de Jacobo Machover, en especial sobre Batista, figura sesgada por la historiografía oficial, sin la cual es imposible entender el quehacer de Fidel Castro.
También nombramos Antes de “Cuba Libre”. El surgimiento del primer presidente de Cuba, Tomás Estrada Palma, de Margarita García; y El Ataque al Moncada, lástima hasta hoy en inglés solamente, del profesor Antonio de la Cova, insuperable por su exhaustiva investigación del crucial acontecimiento.
Fuera del país mantienen su quehacer asociaciones financiadas por sus miembros, sobresalen el Instituto de la Memoria Histórica del Pueblo Cubano contra el Totalitarismo y la mencionada Academia de Historia en el exilio.
No se trata de dos historias paralelas, es el recuento vivido por una familia, el Apóstol de la Patria toda viene en nuestro auxilio:
 “El respeto a la libertad y al pensamiento ajenos, aun del ente más infeliz, es mi fanatismo: si muero, o me matan, será por eso”. JOSÉ MARTÍ
*Tomado de Havana Times

El legado de las madres feroces


Por Cynthia Hudson*
Desde niña escuchaba a mi abuela Titi, como le decíamos sus nietos, y a mi madre, Ofelia, una intelectual profesora de literatura española, recordando aquellos momentos en los que la historia, los hechos y la vida las habían motivado a reaccionar con vehemencia ante la injusticia. Soy hija, nieta y bisnieta de mujeres guerreras -por historia familiar y por naturaleza- y han influido en mí y en mis hijas. Cada día le doy gracias a la vida por haber nacido en este momento de la historia, en el que, como mujer, no hay puerta que no pueda tocar, ni idea con la cual no pueda soñar.
Pero también sé que no todo es oportunidad, también hace falta la confianza en una misma que se describe en inglés como “grit”, una palabra que no tiene traducción directa al español, pero podría describirla como la mezcla entre la audacia y la resiliencia. Por ser una mujer decidida, entusiasta y ambiciosa (esta palabra es positiva cuando se usa para describir a un hombre y siempre hace levantar la ceja de muchos cuando se describe con ella a una mujer), he logrado llegar a manejar una de las cadenas más importantes de noticias, pero estas cualidades no se lograron en un vacío ni por ser la mejor estudiante o la más trabajadora. Se logra el éxito siendo positivo, imparable y aprendiendo de los errores. Pero todo esto lo aprendí de las manos de mi madre y mi abuelita, quienes me contaban sus historias y sus vivencias y cómo ellas también habían aprendido a ser mujeres decididas, sin miedo y con la búsqueda de la justicia como deber. Siempre me repetían que con el privilegio venía la responsabilidad, la integridad y el deber.
Las historias corren en las venas
Mi abuela era la más pequeña de 4 hijos de una acomodada familia cubana. Sus abuelos maternos habían sido los dueños de un importante ingenio azucarero, que había sido quemado por los españoles durante la Guerra de Independencia. Sus familiares eran judíos sefardíes en secreto, o sea, los que habían llegado muy al principio de la colonización con la promesa de convertirse al cristianismo y cuidar los intereses de la Corona a cambio de no ser perseguidos. Así y todo, por generaciones habían practicado su religión a escondidas y se casaban entre primos y amigos judíos. Mi bisabuela materna, María Luisa, era la menor de los Piedra y Martinez Palacio. Ya en la generación de mi bisabuela no se practicaba el judaísmo y ella se casó con Luís Llambí Sentmanat, el boticario hijo de catalanes, que eran más bien agnósticos. Como resultado, mi abuela nunca fue bautizada y no había hecho la primera comunión. Tuvo que hacerla para casarse con mi abuelo, Ricardo Martín de la Vega, un aristocrático y católico devoto.
El St. Louis en La Habana
Cuando mi madre tenía apenas un año, en 1939, llegó al Puerto de La Habana, el buque St. Louis. Llegaba lleno de refugiados judíos que escapaban de los nazis, a quienes Estados Unidos y Canadá les habían negado la entrada. Cuba no fue la excepción y a la mayoría se le negó el permiso de desembarcar. Esta situación causó furor en La Habana y mi bisabuela María Luisa, con su personalidad fuerte y decisiva, decidió ir a protestar a favor de los judíos. Mi abuela, que entonces tenia 26 años, la acompañó y ahí estuvieron durante días, a pesar de que no era bien visto que las mujeres de sociedad se exhibieran de esa manera. Cada vez que mi abuela me lo contaba, sus ojos azules se llenaban de lágrimas al recordar la injusticia de ver cómo navegaba el buque entre el Malecón y el Morro hacia un final mortal para todos a bordo. Me decía que todos éramos seres humanos y que había sido un crimen contra la humanidad el que ningún país, por sus dirigentes cobardes y racistas, no le dieran entrada. En ese momento comprendí que el racismo no solo podía ser por el color de la piel. Era discriminación por la fe y por odios culturales que yo entendía, eran injusticias.
La segregación y los negros en la década de los 50
En 1957, con solo 19 años, mi madre llegó a la bella ciudad de Nueva Orleans, en el estado sureño de Louisiana para estudiar por un año en la prestigiosa Universidad de Tulane, y así mejorar su inglés. Para una familia latinoamericana de aquellos tiempos, se trataba de un lujo. Más que eso, era una audacia: las hijas se casaban y los hijos estudiaban. Pero mi madre, hija única, tenía una capacidad intelectual y una curiosidad innata, dado que tuvo el beneficio de una formidable educación en Cuba, además de profesores privados de piano, francés, ballet, etc. Al llegar con su mejor amiga, eran las bellas latinas con el mejor ajuar, que venían con sus baúles llenos de ropa de Dior y de otros grandes diseñadores europeos que tenían sus boutiques en La Habana. Inmediatamente hicieron amistades y los chicos estadounidenses estaban encantados con estas dos bellas y elegantes cubanas.
Una noche al salir en el “trolley” con un chico hacia el famoso “French Quarter”, la lluvia inundaba las calles y en una parada entró una señora mayor de raza negra. El conductor le dijo en voz alta “váyase a la parte de atrás del carro”. Entraba la pobre señora, mayor y cargada de bolsas y mi madre esperaba a ver quién le cedía su asiento en el carro que iba lleno. Al ver que nadie se movía, ella misma —que estaba sentada en la parte delantera— se levantó a cederle su asiento y entonces, como se dice en buen cubano, “se formó”. Su compañero le dijo que ella no podía cederle el asiento a la señora y que debía esta estar atrás, y el conductor paró el trolley para decirle que en la parte delantera del carro no podía ir la señora. Mi madre, enfurecida, le dijo al chico cobarde que todos los hombres del trolley deberían haber sido caballerosos y haberse levantado para darle su asiento a una persona mayor, sin importar el color. El chico estaba molesto y el conductor le dijo a mi madre que si no se sentaba en su asiento de nuevo la iba a bajar del trolley. Ella les gritó: “Pues en mi país no se le hace esto a una persona mayor y no importa el color, todos somos iguales y esto es una injusticia”.
En aquel momento salió del trolley y caminó sola de vuelta al dormitorio, empapada bajo la intensa lluvia. Nunca más salió con un chico que estuviera de acuerdo con la segregación. Mi madre nos contaba la historia para demostrar que había que dar la cara por los valores humanos y no permitir injusticias hacia los demás. Y, gracias a que mi padre era un hombre excepcional y nada racista, también estudiante y locamente enamorado de la rebelde cubana, ya años más tarde nací yo.
La criada de Martin Luther King
En 1963, Martin Luther King J. (1929 – 1968) fue el primer afroamericano en ser nombrado Personaje del Año por la revista Time.
Al graduarse de Tulane, mi padre entró al cuerpo de oficiales de la Marina de EE.UU., y entre 1966 y 1967, estuvo en Vietnam cuando yo apenas tenía 3 años. Ya en 1960 mis abuelos habían salido de Cuba con su auto en el Ferry de La Habana, que iba a diario a Cayo Hueso, al ver con preocupación el desarrollo de esa revolución cubana que al principio apoyaron. Mis padres se reencontraron en California, donde se casaron y donde yo nací.
Mi padre combatía en la guerra cuando mi abuelito se enfermó de un cáncer terminal. Mi madre estaba embarazada de mi tercer hermano y mi abuela ayudaba a la familia trabajando como criada en un lujoso hotel de Miami, cuando le tocó limpiar la suite presidencial donde se hospedó el gran Martin Luther King. Mi abuela nunca había trabajado y hablaba muy mal el inglés, pero como exiliada cubana y en medio una crisis personal horrible, logró conseguir el trabajo en el hotel.
Me contaba como la miraban Luther King y su esposa Coretta, ya que ella tenía un porte elegante y con su pelo claro y ojos azules contrastaba con el estereotipo estadounidense de las criadas de aquellos tiempos. Al escuchar su acento, el Dr. King le preguntó de dónde era y al comenzar a hablar con ella le hizo todo tipo de preguntas y la trataba con empatía. Ella decía que la miraban con pena y que el Dr. King incluso pidió en uno de sus discursos en Miami que se tomara en cuenta las dificultades de “los hermanos cubanos en el exilio”. Coretta le decía que no lavara los platos de la cocina y al irse del hotel le dejaron una propina enorme, como ningún otro huésped antes. Gracias a su generosidad, mi abuela nos decía que esa semana comimos carne después de meses a base de pollo, huevos y pasta. Me recalcaba que lo más importante en un ser humano era la humildad y la empatía para comprender el dolor de otros, y de nuevo se le humedecían sus ojos al decir que solo un monstruo podría haber matado a un hombre que solo quería lo justo para la sociedad.
La justicia pasa de una generación a otra
Cuando mi hija mayor tenía solo 6 años, la inscribí en un campamento de verano de un colegio élite para niñas en Miami. Ahí estaban sus amiguitas del kínder y otras niñas latinoamericanas que venían a pasar el verano a Key Biscayne. Un día, mientras jugaba con su amiga, Leigh, dos de las niñas nuevas les dijeron que ellas querían jugar con mi hija, pero que sus padres les prohibían jugar con Leigh porque era de raza negra. En ese instante, mi hija les gritó que si no jugaban con Leigh no jugarían con ella y les dijo que eso era injusto y muy feo y que así no se podía ser en EE.UU.
Esa noche recibí la llamada de la mamá de Leigh, una brillante profesora de música y pianista excepcional. La niña no me había contado nada aún, cuando -entre sollozos- la mamá me dio las gracias por haberle enseñado a mi hija a no ser racista y me contó los detalles de la pelea infantil. Leslie me decía: “le has enseñado a amar y a las otras les han enseñada a odiar”. Me conmovía mucho saber que mi hija había reaccionado de una forma justa y digna y que la sangre de las mujeres guerreras también corría por sus venas. Porque ya con 6 años, ella también escuchaba las historias de su abuela y de su bisabuela y mis constantes enseñanzas para que fuera una niña con sentido de empatía y honor hacia todo ser humano. Y ahora, con tres hijas entre 18 y 28 años, me siento orgullosa de llevar en mi sangre el sentido de justicia que me enseñaron las mujeres de mi familia.
También me ha tocado llorar una lágrima de orgullo cuando las tres han salido a manifestar por los derechos de la mujer y me dicen que, gracias a mí, ellas seguirán los pasos de las mujeres poderosas, guerreras y orgullosas de su pasado.
No puedo menos que sonreír, porque el amor también se enseña.
*Cynthia Hudson es vicepresidente senior y gerente general de CNN en Español y estrategia hispana para CNN/US. 

Friday, April 5, 2019

Editorial Betania: una entrevista


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Reproducimos aquí la entrevista que hiciera la escritora Teresa Dovalpage para la revista Surco Sur a uno de los editores fundamentales del exilio cubano: Felipe Lázaro, fundador y director de la editorial Betania, cuyo catálogo incluye a buena parte de los escritores cubanos más destacados de las últimas décadas.


Teresa Dovalpage (T D): Betania se distingue por su excelente colección de poesía, pero veo que publican otros géneros (narrativa, teatro). ¿Qué posibilidades tiene un autor sin pedigrí literario de publicar, digamos, una novela o una colección de cuentos con ustedes?


Felipe Lázaro (F L): Betania se fundó en 1987 como un proyecto cultural dedicado —inicialmente— a publicar libros de poesía de autores españoles e hispanoamericanos. No obstante, como bien dices, fuimos ampliando otras colecciones, sobre todo, la de narrativa (novela y libros de cuentos) y la de ensayo (literario e histórico), aunque también lo seguimos intentando con la literatura infantil y las obras de teatro, que son más difíciles de trabajar, u otras colecciones como las de Arte, Ciencias Sociales, etc. En definitiva, más de 500 títulos en estos veinticuatro años de labor editorial, de donde un 80% son libros de poesía (poemarios y antologías) y ese mismo porcentaje corresponde a los autores cubanos (más de cien, de dentro y fuera de la Isla) publicados por nuestra casa editora. Respecto a la narrativa, hemos publicado novelas de escritores conocidos, como los cubanos Matías Montes Huidobro (Parto en el cosmos, 2002); Daniel Iglesias Kennedy (La hija del cazador, 1995; Esta tarde se pone el sol, 2001; Espacio vacío, 2003); León de la Hoz (La semana más larga, 2007); Pancho Vives (Ruyam, 1990); Jacobo Machover (Memoria de siglos, 1991); Nidia Fajardo (Poniendo los sueños de penitencia, 2002) y Armando Valdés Zamora (Las vacaciones de Hegel, 1999); también el venezolano Carlos Pérez Ariza (Pagadero al portador, 1997); el mexicano Raúl Thomas, Cincuenta años de amor, 1999; Meditaciones perrunas, 2002; Posdata de un amor desesperado, 2004 y Lo prometido es deuda, 2008); la colombiana Adriana Restrepo (Chivitas, 1996); la española Ángela Reyes (Adiós a las amazonas, 2004) o la nicaragüense Martine Dreyfus (Casi todo pasó en abril, 2000). Pero también editamos a escritores menos conocidos, como Andrés Alburquerque (Diez cuentos cubanos, más o menos, 2002); Magda Silva (Hacia un mundo nuevo, 2006); Paulina Fátima (El castillo de los ultrajes, 2000); Gisela García Martín (Nunca podré olvidarte, 2003). Sin dejar de mencionar las excelentes colecciones de relatos de los cubanos Mirza L. González (Astillas, fugas, eclipses, 2001) e Ismael Sambra (Viviendo lo soñado, 2002) y a jóvenes valores como Jorge Luis Llópiz, con su estupendo libro de cuentos Juego de intenciones (2000) o las más recientes incorporaciones a la colección de Narrativa Inscrita bajo sospecha y De Ceca en Meca, ambos de 2010, de los también cubanos Mabel Cuesta y Gabriel Cartaya, respectivamente. Por lo tanto, publicamos a autores conocidos y a autores que se inician, siempre esperando descubrir al mejor, pues creemos —como decía Pavese— que el mejor antólogo es el tiempo y estos últimos que he mencionado ya vislumbran una trayectoria literaria con muchísimo futuro. 


T D: ¡Ustedes tienen un catálogo impresionante! Y ya veo que no sólo publican a cubanos, son muy internacionales. Ahora, ¿cómo prefiere la editorial Betania recibir manuscritos: directamente de los autores, por medio de agentes o por otra vía como concursos literarios? ¿Organizan ustedes alguno en particular?


F L: Lo más corriente es recibir las obras directamente de los autores. Al principio recibíamos los manuscritos por correo postal y ahora todo se recibe por e-mail. Este prodigioso avance de la humanidad que se llama Internet nos ha facilitado muchísimo el trabajo, tanto a autores como a editores. A veces pienso cómo trabajábamos hace veinte años y casi no me lo puedo creer, hoy ya no se podría trabajar así. Veremos qué nos depararán los próximos años. De todas maneras, no solo recibimos manuscritos de los autores, sino que también creamos nuestros proyectos editoriales, como son los casos de los libros Conversación con Gastón Baquero —1ra edición, 1987; 2da edición, 1994— y Entrevistas a Gastón Baquero (1998); los poemarios La novia de Lázaro (1991) de Dulce María Loynaz, nuestro best seller, pues lo editamos un año antes que le concedieran el Premio Cervantes, en 1992; Versos sencillos, de José Martí (2003); Oasis, de José Ángel Buesa (2002); La ciudad muerta de Konrad, de Oscar Hurtado (2001) o la antología poética Herejías Elegidas, 2da edición, de Raúl Rivero (2003); El grito y otros poemas, de José Mario (2000) y Fatiga ser dos sombras, de Ángel Escobar (2001). Todos estos títulos son proyectos betanianos. Incluso el Manual de cocina cubana, un anónimo del siglo XIX, de 1862, bajo el título El cocinero de los enfermos, convalecientes y desganados —2da edición, 2002—.Y están las antologías colectivas que han tenido cierta repercusión, como: Poesía cubana: La isla entera (1995) y Al pie de la memoria. Antología de poetas cubanos muertos en el exilio, 1959-2002 (2003). También hay que mencionar las importantes coediciones que hemos realizado con instituciones como el Centro Cultural Cubano de Nueva York y con las madrileñas Fundación Hispano Cubana, la Asociación Cultural Gastón Baquero, el Centro de Estudios Poéticos Hispánicos, la Escuela Internacional de Madrid (TANDEM) y VOMADE.


T D: Es tremendo… No sabía que hicieran tanto, que tuvieran tantas publicaciones… Hace varios años me cayó en la mano precisamente un ejemplar de El cocinero de los enfermos, convalecientes y desganados, qué bueno que hayan rescatado esa joya. Y tienes razón, qué haríamos sin Internet… ya yo ni me acuerdo de los tiempos pre-Google. Cuando les llega un manuscrito de un autor novel o no muy conocido, ¿qué proceso siguen para aceptarlo o rechazarlo? ¿Cuánto tiempo, aproximadamente, toma la decisión? 


F L: Lo primero que se hace es leerlo con suma calma y con detenimiento. Una vez evaluado el manuscrito, se le comunica al autor nuestra decisión: si nos interesa o no, y el tiempo de la toma de decisión depende principalmente del volumen del libro, de la cantidad de originales que hayamos recibido y estén pendientes de lectura y de su evaluación. (...) más de 500 títulos en estos veinticuatro años de labor editorial, de donde un 80% son libros de poesía (poemarios y antologías) y ese mismo porcentaje corresponde a los autores cubanos (más de cien, de dentro y fuera de la Isla) publicados por nuestra casa editora.


T D: ¿Cuáles de sus últimos libros publicados recomendaría a nuestros lectores? 


F L: Pues recomendaría el poemario Las palabras viajeras de la cubana-brasileña Aimée G. Bolaños publicado a finales del año pasado y la antología crítica que inicia el 2011 betaniano, Indómitas al sol. Cinco poetas cubanas de Nueva York que reúne una selección de poemas de Magali Alabau, Alina Galliano, Lourdes Gil, Maya Islas e Iraida Iturralde con ensayos críticos de Odette Alonso Yodú, Elena M Martínez, Perla Rozencvaig y Mabel Cuesta. 


T D: Los poetas cubanos han tenido un gran apoyo en Betania porque la verdad monda y lironda es que poquísimas editoriales se atreven con la poesía. ¡Más mérito para ustedes, y ojalá que de ahí salga otro best seller como el de Dulce María Loynaz! ¿Qué consejos le daría a un autor que quiera publicar con ustedes? 


F L: Que trabajen mucho sus libros, que relean y revisen bien su obra antes de enviárnosla, incluso que la sometiesen a varias lecturas con anterioridad, pues es un excelente ejercicio crítico. O sea que una vez sus libros hayan pasado por varias lecturas críticas y con esos resultados tomados en cuenta, procurando siempre que el manuscrito venga lo más limpio posible de errores o de erratas, pues, entonces, estaríamos encantados en recibirlos.


T D: Pues claro que sí, no hay cosa peor que empezar a leer un manuscrito y ver una “b” donde debería estar una “v” o cualquier barbaridad de ese estilo. Volviendo a la poesía, Betania publicó en el 2008 el ensayo Poesía insular de signo infinito. Una lectura de poetas cubanas de la diáspora, de la profesora y poeta Aimée G. Bolaños, a quien mencionabas antes. ¿Cómo ha sido la acogida de ese libro y qué nos puedes decir del mismo? 


F L: Desde sus inicios, nuestra editorial ha desarrollado una política de divulgación del estudio de la literatura de la diáspora cubana. Por ello, desde el ensayo Desde esta orilla: poesía cubana del exilio (1988) del poeta Elías Miguel Muñoz, pasando por la antología crítica Presencia negra. Teatro cubano de la diáspora (1999) del profesor Armando González-Pérez, hasta el ensayo que mencionas, hay un hilo conductor que refleja y plasma esa literatura hecha por cubanos exiliados. En esa trayectoria editorial no podemos dejar de mencionar una serie de antologías poéticas que retratan la labor lírica del destierro cubano; Poetas cubanos en Nueva York y Poetas cubanos en España (ambas de 1988), la antología bilingüe Poetas cubanas en Nueva York, 1991; Al pie de la memoria. Antología de poetas cubanos muertos en el exilio, 1959-2002, 2003, hasta la más reciente Indómitas al sol. Cinco poetas cubanas de Nueva York (2011). Incluso hay que citar otro libro que es todo un símbolo betaniano, me refiero a la antología Poesía cubana: la isla entera (1995), pues aunque incluye a poetas de dentro y fuera de la Isla, precisamente lo que hace es incorporar esa producción poética de la diáspora y la suma a la poesía hecha en la isla, de ese estricto momento, (pues muchos de los entonces poetas seleccionados que residían dentro, con los años salieron al destierro), formando así un todo que es la realidad de nuestra poética nacional. A esta relación de estudios y antologías de temática cubana habría que añadir los cientos de poemarios, decenas de novelas y libros de cuentos, obras de teatro y de otros géneros literarios que hemos ido publicando de autores cubanos exiliados en estos 24 años de labor editorial. Respecto a Poesía insular de signo infinito, como define su subtítulo, es una lectura de la obra de varias poetas cubanas de la diáspora, concretamente de autoras ya reconocidas, como Juana Rosa Pita, Alina Galliano y Carlota Caulfield, que entre ensayos y entrevistas desgranan su poética y su trayectoria literaria. Es un libro excelente, que recomiendo y que ha constituido todo un éxito de difusión. En este sentido, quizás pueda pensarse que este interés se deba porque todo lo referente a la literatura femenina está de moda e interesa, pero indudablemente me inclino a pensar que es por la calidad y profundidad de la investigación desarrollada, sin desvalorar la temática de mujeres de la diáspora, que también atrapa. 


T D: Para seguir con la literatura de la diáspora, no sólo cubana, sino hispanoamericana en general, ¿qué peso han tendido esos autores diaspóricos, por llamarlos de alguna forma, en Betania? 


F L: Con toda sinceridad, solo puedo hablarte de la diáspora cubana, pues aunque Betania ha publicado a muchos autores españoles e hispanoamericanos (y algún alemán, francés e italiano) no ha incidido en éstos la temática de la diáspora. Piensa que Betania se funda en 1987 y para entonces ya en España llevábamos casi una década de democracia e igualmente en América Latina habían pasado las dictaduras militares, y todo el continente se caracterizaba por un regreso a la normalidad democrática. En ese contexto, la diáspora cubana (masiva, sucesiva en el tiempo y social e ideológicamente plural), es una de las que más se han prolongado en la historia contemporánea, con 52 años y un saldo que ya sobrepasa los tres millones de cubanos desde 1959. Por lo tanto, si nos referimos solamente a la diáspora o exilio cubano, te digo —sin dudas— que el peso ha sido muy notable, importante y evidente. Basta con mirar nuestro fondo editorial y podemos comprobar que el 80% son autores cubanos exiliados. Y esto no quita para que siempre hayamos intentando publicar a escritores cubanos que residen en la Isla. Lo hemos hecho siempre, pues no hacemos distinción entre escritores cubanos de dentro o de fuera y siempre hemos pensado que todos somos cubanos.


T D: ¿Hay algunos temas recurrentes de la literatura de la diáspora que aparezcan en las publicaciones de Betania? 


F L:  Sí, por supuesto. En toda diáspora, exilio, o destierro, hay una temática muy recurrente y en la cubana pasa igual: Cuba, la patria, la isla, el país, la salida, el éxodo, la nostalgia, la lejanía, la ausencia, los años de estar fuera, los cambios de domicilio, los viajes: una peregrinación constante, la tierra natal o el terruño, los nuevos documentos y más documentos, el cansancio, ansiar o vislumbrar el regreso, el retorno al país, el olvido, la añoranza, la fatiga, el calendario, cierta frustración, la esperanza… y, sobre todo, el futuro posible que se acerca cada día más. Todo ello conforma la vida de un exiliado y, por lo tanto, su literatura.


P.D: Para saber más de la editorial Betania, visite su sitio en la red. 

Tuesday, April 2, 2019

La guerra antes de Netflix*

Por Enrisco
Antes de que apareciera Netflix (o ese Netflix ortopédico que era la televisión) no había nada más entretenido que una buena guerra.  Fíjense en este detalle: luego de disfrutar dos guerras mundiales en treinta años la producción de la Copa Mundial de las guerras se ha paralizado. Y no es casual que ocurriera tras la difusión mundial de la televisión. Hay quien culpa a la bomba atómica. Pero ¿para qué necesita Alemania una guerra con Francia cuando le puede propinar una buena goleada en vivo y en directo? O viceversa.
Pero en la era pretelevisiva nada como las guerras para mantenerse entretenido, cambiar de aires, crearse odios y amores virtuales y aprender un poco de Historia y de Geografía, asignaturas en las que los norteamericanos han estado tradicionalmente flojos. Algo así ocurrió en 1868, cuando los habitantes de las últimas colonias españolas en el Nuevo Mundo, Cuba y Puerto Rico, se cansaron de que les llamaran “españoles” impunemente. Y de ser gobernados por políticos corruptos sin tener derecho a ser políticos corruptos ellos mismos. También tendrían otros motivos, porque los pueblos —como los adolescentes— siempre encontrarán razones para reclamar independencia. Así que, aprovechando que las cosas no andaban muy estables por España y el ejército acababa de jubilar a la reina Isabel II, boricuas y cubiches decidieron alzarse en armas.
En Puerto Rico el alzamiento, ahora conocido como “el Grito de Lares”, se produjo el 23 de septiembre y un par de días más tarde ya se estaban haciendo las conclusiones del evento y repartiendo años de prisión para los implicados. No obstante, en las menos de 30 horas que duró el alzamiento les dio tiempo para: proclamar la república de Puerto Rico, crear un gobierno provisional, abolir el sistema de libretas de jornaleros, declarar libres a los esclavos en armas contra las autoridades, saquear el pueblo de Lares, apresar a sus autoridades y ser derrotados en un combate que pasó a la historia como la batalla del Pepino. Hay gente que sabe aprovechar el tiempo.
Los cubanos se retrasaron, pero no por mucho tiempo. Menos de tres semanas después, el 10 de octubre, lanzaron su Grito, el de la Demajagua, que era el nombre de la finca en que se habían reunido los complotados. Los cubanos también formaron gobierno, liberaron esclavos y hasta se hicieron derrotar en su primer combate, pero tuvieron el cuidado de hacerlo en un pueblo llamado Yara para que el enfrentamiento no trascendiera como una riña en un puesto de verduras.
Sin embargo, de alguna manera los cubanos se las arreglaron para que una empresa con un comienzo tan poco promisorio sobreviviera diez años más, aunque sin conseguir su objetivo que era —no estaba de más recordarlo— la independencia.
La consecuencia fundamental en lo que respecta a la presencia latina en Nueva York es la llegada a la ciudad de millares de cubanos y boricuas. Y que fuera más frecuente escuchar el español en el transporte público o leerlo en la prensa diaria. Si Nueva York se había convertido en el destino de los principales productos antillanos (azúcar, tabaco y exiliados) no era extraño que lo siguiera siendo por un buen rato.
Acá llegarían por igual aristócratas y torcedores de tabaco a beber el amargo vino del exilio. Lejos de la familia, los amigos y los plátanos maduros fritos. A escuchar una lengua extraña. O a escuchar en lengua conocida de boca de exiliados veteranos cosas como: “Mira que te dije que aquello nunca iba a cambiar”. Por algo muchos de ellos decidían que era mejor incorporarse a la guerra en Cuba que seguirla por periódico. Y de Nueva York zarparon unas cuantas expediciones para liberar la isla y que que los periódicos tuvieran algo emocionante que contar.
*Publicado previamente en Nuestra Voz.

Friday, March 29, 2019

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AL ACTO DE INVESTIDURA DE LOS NUEVOS ACADÉMICOS

Ing. Alberto B. Calvo y Paul V. Montesino, PhD.


A efectuarse el sábado 13 de abril de 2019 a las 12:00 PM en el

CAMBRIDGE COLLEGE

500 Rutherford Avenue, Room 1425/1434

Boston, MA  02128



PROGRAMA



Palabras de Bienvenida por Alberto Vasallo, Jr., Presidente del Centro Cultural Cubano de Boston y Fundador y Presidente (retirado) del periódico El Mundo de Boston.

Discurso de Investidura del Ing. Alberto B. Calvo, con el título de “Operación Pedro Pan: Familia, Separación, Libertad.”

Discurso de Investidura del Dr. Paul V. Montesino, con el título de “De los Profetas y sus Profecías.”

Discurso de Respuesta a los investidos y entrega de diplomas por el Dr. Octavio de la Suarée, Secretario de la AHCE.

Refrigerio.

QUEDAN TODOS INVITADOS

Hoy, se proyecta la película El Súper en la Biblioteca Pública de Nueva York

Para celebrar el 40 aniversario del estreno de ese clásico del cine cubano en el exilio se proyectará en la biblioteca de la 42nd y la 5th Ave. a las 2:00 pm:

DIRECTED BY LEÓN ICHASO & ORLANDO JIMENEZ LEAL
EL SUPER, celebrating its 40th Anniversary, is a tragicomedy that was one of the first to portray the life of a working-class Cuban family in the United States. 
Produced by Manuel Arce. Based on the original play written and directed by Ivan Acosta.
Cast: Raimundo Hidalgo-Gato, Zully Montero, Reynaldo Medina, Juan Granda, Elizabeth Peña, Ana Margarita Martínez Casado, Hilda Lee, Phil Joint.  Cuba/USA, 1979, 1 hour 20 minutes   INTRODUCTORY REMARKS BY RAUL BARCELONA, AWARD-WINNING FILMMAKER, ARTIST, AND EDUCATOR **WITH AN APPEARANCE BY IVÁN ACOSTA** 

FRIDAY, MARCH 29, 2019 | 2 PM PROGRAM ROOM | DOORS OPEN AT 1:30 PM

El escritor cubano Enrique del Risco recibe Premio Unicaja por su novela 'Turcos en la niebla'

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La Fundación Unicaja hizo entrega, este martes, del Premio de Novela Fernando Quiñones al escritor cubano Enrique del Risco por su obra Turcos en la niebla, informó el diario Andalucía Información.
El pasado mes de noviembre se había notificado que la vigésima edición del premio había sido ganada por el cubano gracias a su novela, un retrato de la vida contemporánea de una comunidad latina a orillas del río Hudson. El galardón viene aparejado con 30 mil euros.
Estuvieron presentes en el acto, celebrado en el Centro Fundación Unicaja de Cádiz, Rafael Muñoz, director de Actuaciones Socioculturales de la Fundación Unicaja; Valeria Ciompi, en representación de Alianza Editorial; entre otros.
La novela del cubano, radicado en New York, impresionó al jurado al "recuperar un lenguaje perdido" y por "su decidida crítica al castrismo, al exilio y al postcastrismo".
Turcos en la niebla narra la historia de un cubano exiliado que se atrinchera, armado hasta los dientes, en su taller de carpintería para impedir que éste le sea embargado por falta de pagos. Mientras espera la llegada de la policía se dirige, a través de Facetime, a todo el que quiera escucharlo para explicar las razones de su acción.
Su relato se entrelaza con el de tres de sus amigos -un crítico de arte, un buscavidas y una psicóloga argentina- para ofrecer "un fresco de la vida contemporánea de una comunidad latina a orillas del río Hudson, de un grupo de exiliados y de hitos de la historia política y cultural del continente americano". 
Enrique del Risco Arrocha, nacido en la capital cubana en 1967, es graduado de Historia del Arte en la Universidad de La Habana. También, posee un doctorado de literatura latinoamericana por la Universidad de Nueva York, donde actualmente ejerce de docente.
Entre sus obras más reconocidas se encuentran: Pérdida y recuperación de la inocencia (1994), Leve Historia de Cuba (2007), ¿Qué pensarán de nosotros en Japón? (2008), Siempre nos quedará Madrid (2012) y Enrisco para presidente (2014).
El Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones es uno de los más prestigiosos en su género, a nivel internacional. El objetivo del mismo, es apoyar la cultura, sobre todo, en el ámbito de las letras. Existen otras categorías, relacionados con la lírica y el relato.
Luego de la entrega de dicho galardón, la vigésima primera entrega del Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones quedó oficialmente inagurada. El plazo de admisión de la nueva convocatoria finaliza el próximo 1 de julio.
Podrán presentarse todos los escritores mayores de edad -de cualquier nacionalidad- siempre que sus obras estén escritas en castellano. No se aceptan trabajos cuya extensión sea menor de 150 folios o que hayan sido premiadas con anterioridad. La proclamación del fallo tendrá lugar el 17 de noviembre, del presente año.

Tuesday, March 26, 2019

Aquellos tiempos grises que no debemos olvidar los cubanos*

Por Luis Cino
El llamado Quinquenio Gris duró mucho más de cinco años. No concluyó, como pretenden algunos, en 1976, cuando el Consejo Nacional de Cultura fue reemplazado por el Ministerio de Cultura: la grisura no se empezó a disipar hasta los primeros años 80.

Tampoco se inició en 1971, con el Congreso de Educación y Cultura y el Caso Padilla. Ya antes se avizoraba la oscuridad que vendría. Aun antes de que en 1968 se iniciara la ordalía contra Heberto Padilla y Antón Arrufat; antes de que empezara a disparar inmisericordemente contra los escritores, desde las páginas de Verde Olivo, la revista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, aquel ectoplasma estalinista que firmaba Leopoldo Ávila y que todavía no se sabe a ciencia cierta si era en realidad el teniente Luis Pavón, José Antonio Portuondo o ambos a dúo.

Seis años antes de que el teniente Armando Quesada ordenara quemar los muñecos del Guiñol Nacional, y de que una extremista recalcitrante y obtusa como Magaly Muguercia se creyera capacitada para decidir que el teatro cubano tenía que ser obligatoriamente “una expresión socialista”, tan temprano como 1965, ya otros personajes, imbuidos de “fervor revolucionario”, se erigían en inquisidores hasta extremos que resultarían risibles si no fuesen monstruosos.

Fue el caso, por ejemplo, del escritor y folklorista Samuel Feijóo. El 15 de abril de 1965, para ponerse a tono con las UMAP y aquel comunicado de la Unión de Jóvenes Comunistas que chillaba, “¡Fuera los homosexuales y los contrarrevolucionarios de nuestros planteles”, el autor de “Juan Quinquín en Pueblo Mocho” publicó en el periódico El Mundo un comentario titulado “Revolución y vicios”, una preciosura rabiosamente homofóbica de la cual citaré unos fragmentos que no tienen desperdicio.

Decía Feijóo: “Este país virilísimo, con su ejército de hombres, no debe ni puede ser expresado por escritores y artistas homosexuales. Porque ningún homosexual representa la Revolución, que es un asunto de varones, de puño y no de plumas, de coraje y no de temblequeras, de entereza y no de intrigas, de valor creador y no de sorpresas merengosas. Porque la literatura de los homosexuales refleja sus naturalezas epicénicas, al decir de Raúl Roa. Y la literatura revolucionaria verdadera no es ni será jamás escrita por sodomitas”.

Y continuaba más adelante: “No se trata de perseguir homosexuales, sino de destruir sus posiciones, sus procedimientos, su influencia. Higiene social revolucionaria se llama eso. Habrá de erradicárseles de sus puntos clave en el frente del arte y de la literatura revolucionaria. Si perdemos por ello un conjunto de danza, nos quedamos sin el conjunto de danza enfermo. Si perdemos un exquisito de la literatura, más limpio queda el aire. Así nos sentiremos más sanos mientras creamos nuevos cuadros viriles surgidos de un pueblo valiente”.

El pedido de Samuel Feijóo sería complacido con creces, con la depuración no solo de los homosexuales, sino también de los religiosos, los aburguesados, los melenudos (“enfermitos” y “elvispreslianos” los llamaba el Máximo Líder) y todo aquel sospechoso de “problemas ideológicos”. Como el mismo Feijóo, al que no dudaron en echar a cajas destempladas de la Universidad de Las Villas.

La cacería de brujas, que se inició a mediados de los 60, alcanzaría su clímax a partir de 1971. Todavía duraba en los días del éxodo de Mariel, en 1980. Desde entonces ha llovido mucho. Y sobre lo mojado. Algunas cosas han cambiado un poco, y otras, la mayoría, no tanto.

Molestará que escarbe en las grisuras y negruras a esos con el Síndrome de Estocolmo que han decidido olvidar y perdonar “los errores” y horrores del pasado, especialmente algún que otro Premio Nacional de Literatura y homenajeado en las ferias del libro.

Preferirán no recordar la parametración, y aquellos telegramas que los citaban a una oficina en la Quinta Avenida de Miramar, donde tenían que hacerse “una autocrítica” ante la Comisión de Evaluación del Consejo Nacional de Cultura, presidida por el teniente Armando Quesada, que en vista de los “errores confesados” y su “falta de idoneidad”, planilla mediante, les aplicarían la Resolución 3, y para darles una oportunidad de reivindicarse y de que no los agarrara la Ley de la Vagancia, los enviarían a trabajar a la construcción, a una fundición, como sepultureros o a empaquetar libros y revistas en una biblioteca municipal.

Preferirán obviar que hubo quienes fueron a parar a la cárcel. Como Pepe Camejo, el más importante de los titiriteros cubanos, o el escritor René Ariza, a quien condenaron a ocho años de encierro.

A los olvidadizos y magnánimos perdonadores de los inquisidores de ayer les puede molestar que un majadero hurgue en las llagas, que reviva los malos recuerdos, pero se hace muy oportuno volver sobre este tema, hoy que el decreto 349 amenaza con devolvernos a los candados, las prohibiciones y las grisuras.

*Tomado de Cubanet. Luis Cino es un escritor y periodista residente en La habana.

Monday, March 25, 2019

LA NIÑA DE GUATEMALA NO MURIO DE FRIO NI DE AMOR


Por Santiago Cárdenas


Los recién casados, Pepe y Carmen, ambos de 24 años y muy enamorados, llegaron a Ciudad de Guatemala en los primeros días de enero, justo a tiempo para que Martí comenzara sus clases en la Escuela Normal Central de la capital.

 A los pocos días Martí recibió una nota que decía así : “Hace días  que llegaste  a Guatemala y no has venido a  verme. ¿Porqué eludes tu visita? Yo no tengo resentimiento contigo, porque tú siempre me hablaste con sinceridad respecto a tu situación moral de compromiso matrimonial con la srta.  Zayas Bazán. Te  suplico que vengas cuanto antes” – María.

María García Granado y Saborío era una de las hijas de las  cinco que tenía don Miguel García Granados, el muy respetado ex presidente de Guatemala. Las fotos la muestran como una muy bonita quinceañera de aspecto sereno; pelo largo,como  seda,  negrísimo con trenzas,  y vestidos muy  elaborados. Cantaba bien y tocaba el piano con prestanza, cuando animaba las fiestas en la Escuela de  Mujeres de Centroamérica donde Martí impartía clases gratuitamente.
Miguel García Granados


 Pero estas actividades artísticas quedaban mas bien reservadas  para el interior de las casonas de la aristocracia capitalina. El ex presidente no era la excepción y todas las semanas invitaba a un grupo de  matrimonios y a amigos de su estima  para  jugar dominó o ajedrez,tomar café,  charlar, oír música o declamación.

Existen dos versiones – la de los hermanos Izaguirre, exiliados cubanos -- acerca de cuando Carmen y Pepe se conocieron a la llegada de Martí por primera vez a  Guatemala. La de Manuel José: relata que al segundo día de su  arribo a Guatemala, Martí fue invitado a una fiesta de disfraces en casa del General García Granados. Estando en el lobby  vió entrar a una joven disfrazada de egipcia y pidió que se la presentaran. El flechazo de Cupido fue inmediato, como una “chispa eléctrica”, hiriendo a ambos con gran intensidad. Amor a primera vista.

La historia de  su hermano, José María, que era el director de la Escuela Centroamericana de Mujeres , es algo diferente : dice que ellos se conocieron  en una velada el 21 de marzo de 1877, organizada por él. Allí María cantó y tocó el piano.

Luego, las visitas de Martí  a las tertulias de los García Granados se sucedieron  hasta su regreso a  México a fines de ese año para  las vacaciones de Navidad y contraer matrimonio, según aclaró a la familia del ex presidente desde los primeros momentos del idilio con María.

Al regresar, ya casado,  continuó visitando la casa de los García Granados, pero  esporádicamente, como lo  demuestra  el album de bodas  que Carmen le llevó  al expresidente para su firma. No se conoce con certeza  si hubo algún otro encuentro  entre María y Martí a espaldas o en presencia  de Carmen en los cuatro meses que transcurrieron desde principios de enero  hasta el 10 de mayo  de 1878 cuando  murió María.


LA NIÑA DE GUATEMALA

Lo que inmortalizó a la García Granados fue una poesía de Martí escrita trece años mas tarde en Nueva York en su Versos Sencillos (IX). En esos momentos su matrimonio con Carmen estaba  acabado, a pesar de las dos visitas que ella hizo con su hijo Ismaelillo a la Gran Metrópoli con el único propósito de salvar su matrimonio.

La poesía es una joya literaria conocida  en todo el mundo y traducida a todos los idiomas. Una alegoría del romance que no pudo ser, entre un poeta romántico  y una jovencita excepcional. Una clásica “ historia de amor” tal como la sintió el autor muchos años después. Pero, carece de veracidad histórica especialmente en lo referente al suicidio implícitamente esbozado en la  séptima  estrofa.

 LOS  HECHOS REALES.- ¿DE QUE MUERE MARIA?

 Existe una historia familiar que  corrió de boca en boca por varias generaciones con visos de realidad. Está  sostenida y grabada  en Cuba  en el 2008 por Sergio García Granados un descendiente directo  de la joven  por vía paterna que la oyó de su mamá, que fue contemporánea de la difunta.

María,  que  tenía un resfriado,  fue a bañarse en un río o lago a insistencia de un prima, una actividad  habitual en ellas. Eso  ocurrió  a fines de abril o principios de mayo. El catarro, que ya padecía, empeoró en los días subsiguientes por lo que llamaron al médico de la familia que poco pudo hacer dado los limitados recursos  de la época.

Esa evolución tórpida es típica de las infecciones respiratorias “altas” virales cuando “bajan” a alvéolos o bronquios transformándose en neumonías bacterianas ; o agravando una tuberculosis pre existente de la cual no hay evidencias históricas.

Abril  y mayo son los meses mas calurosos  según las  estadísticas del clima guatemalteco  que revisé (máximas promediando los 80 F). Por tanto, no había frío en el agua.No conocemos la hora del fatal baño, ni el tiempo que duró.

No hay registros históricos de una epidemia de influenza en esos años en Latinoamérica; ni es la época de las  epidemias recurrentes  de esta enfermedad. La fiebre tifoidea es posible si se bebe agua infectada o se traga un sorbo por descuido.

Por  último, La Niña pudo haber muerto de una leptospirosis dada las malas condiciones higiénicas  de las aguas de la ciudad , especialmente ríos y arroyos donde orinan las ratas infectadas.La leptospirosis tiene una gran mortalidad y era desconocida  en esa época. Weil descubrió la espiroqueta infectante unas dos décadas después.

A dos  meses del trágico deceso, el 6 Julio de 1878, los Martí regresaron a Cuba,  Carmen con seis meses de embarazo, acojidos a la amnistía decretada por Arsenio Martínez Campos en la estela del Pacto del Zanjón .