Por Pedro Corzo
![]() |
| Según la ONG Prisoners Defenders, a finales de febrero su registro de presos por motivos políticos en Cuba sumaba un máximo de 1.214 personas. (Archivo). Imagen Franklin Reyes |
José Martí, con la sabiduría que le definió, entendió a
tan temprana edad lo traumático que es el presidio; sin embargo, lo enfrentó
con la entereza que le caracterizó, tal y como hacen, numerosos jóvenes cubanos
del presente que no temen demandar sus derechos, aunque terminen en prisión.
Este once de julio arribamos al quinto aniversario de una
protesta nacional sin precedentes en Cuba, en la que cientos de personas fueron
a prisión por reclamar derechos cercenados por el totalitarismo
La prisión ha sido bajo el totalitarismo castrista, a
pesar de los horrores que allí se padecen, una especie de oasis y crisol donde
los prisioneros al forjar sus ansias de libertad vigorizan sus compromisos con
la patria. Creo que la tiranía jamás se ha percatado que quienes se encuentra
en prisión endurecen sus convicciones e idean nuevas formas de demandar sus
derechos.
La prisión puede ser para algunos el final de su
autoestima, decoro y dignidad, para otros, un horno donde se forjan los valores
que le van a guiar por el resto de la vida, una realidad que ha experimentado
la mayoría de los cubanos de distintas generaciones que han pasado por las
cárceles del totalitarismo castrista.
La juventud cubana es la que más ha padecido los horrores
de las cárceles y más de uno el infausto paredón de fusilamiento como fue el
caso de Emeterio García Rodríguez, fusilado a los 17 años, en 1962, y de su
compañero de causa, Teodoro González que con 15 años fue condenado a muerte,
sentencia conmutada a 30 años, el mismo veredicto que recibió a los 16 años
Ricardo Vázquez, recientemente fallecido.
La juventud ha sido la principal víctima del sistema
represivo del castrismo, no sólo por la gestión política que pudieran haber
participado, también, han sido apresados y golpeados por la forma de vestir o
llevar el cabello largo, uso que los represores castigaban con un corte a rape
y brutales palizas.
La represión cobró cotas más masivas a partir de las
protestas populares del 11 de julio del 2021, como refleja un informe del
pasado 30 de junio de 2026 que apunta que el número de prisioneros políticos
menores de edad alcanza los 40, siendo la cifra más alta documentada hasta la
fecha por la organización Prisoners Defenders, especializada en esos
temas.
Es apropiado decir que los cubanos de intramuros saben lo
cruel y despiadadas que son las mazmorras del castrismo, un conocimiento en la
Isla que nadie ignora. No obstante, cada día se aprecia más la disposición de
la ciudadanía a reclamar los derechos que le fueron conculcados hace décadas,
contrario a lo que sucedía en el pasado reciente en el que los padres les pedían
a sus hijos que no se involucraran en actividades antigubernamentales, porque
eso había llegado para quedarse.
Recuerdo expresiones que lastimaban fuertemente a los que
combatían al régimen, entre otras, «que lo quite quien lo puso» o la más
egoísta de todas, «no voy a ser el primero que proteste», invenciones que han
sido desplazada por la dolorosa realidad de que los hijos y los nietos se están
depauperando ante los ojos de padres y abuelos y que, para evitar un trágico
final, es imprescindible tomar los riesgos que sean necesarios.
La población ha dejado de creer los cuentos de la
tiranía, entre ellos, la falsa leyenda urbana de que los represores lo saben
todo, al ritmo que la miseria y la desesperación le hace más presa que en el
pasado. Las protestas nocturnas son testimonio del hartazgo general y que las
cadenas pueden ser quebradas por la voluntad popular.
Lo hemos comentado antes, pero es importante no perder de
vista que los hermanos Castro le robaron al pueblo la esperanza al imponer un
poder absoluto y un pensamiento único. El control de la sociedad y muy en
particular de la economía, difundió la certeza de que el nuevo orden era
irrevocable, percepción que empezó a cambiar el 11 de julio del 2021.
Todos estamos conscientes que deslastrarse del miedo demanda mucho esfuerzo y voluntad, pero cuando se rompe ese cántaro que aplasta el pecho, la prisión se rompe, parafraseando nuevamente al Maestro Martí, y empieza al fin con la destrucción del totalitarismo, la vida.
Tomado de The Post.

No comments:
Post a Comment