De los entretelones emerge un capítulo de la
historia de Cuba.
Por: Vicente Morín Aguado (**)
El ideal anexionista pretendía obtener las libertades propias de la constitución norteamericana, conservando la esclavitud. Mientras encontraba apoyo en los intereses de los estados esclavistas norteamericanos, chocaba con la oposición del norte, a la vez que desafiaba las leyes federales, opuestas a la expansión del oprobioso sistema de explotación humana.
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| Casa Museo James K. Polk @Fuente externa. |
Un domingo rodé por la interestatal 65 hasta Columbia City, consumando mi tercera visita a una casa presidencial convertida en museo. Junto a la imprescindible bandera, pañoletas al viento, carteles y vallas reiteraban el cuarto de milenio ininterrumpido de ejercicio democrático, inaugurado con la declaración de independencia que cambió el mundo.
Nuestra guía se afanó en mostrarnos las
interioridades de la vivienda y sus habitantes, donde el onceno presidente es
protagonista. Se trata de una familia de la clase alta, propietarios de dos
fincas con numerosos esclavos, a mediados del siglo XIX.
En mi patria, Cuba, la esclavitud de
plantaciones, caña de azúcar principalmente, era la base de una próspera
economía, al igual que el algodón hacia el centro-sur de los Estados Unidos. De
a primeras, contrasta la rusticidad de los norteamericanos frente a la
exhibición de refinamiento y lujos propios de similares propietarios caribeños.
Solo dos pequeños jarrones de Sevres adornan el comedor. La mesa es para seis comensales. Estantes y demás recipientes ocupan lugares exactamente pensados, significando el valor concedido al espacio habitado.
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| El comedor Polk está repleto de muebles originales. @Fuente externa. |
En los cuartos, las camas matrimoniales no alcanzan ni siquiera a la medida Queen. La cocina es el lugar de mayor amplitud de la vivienda, bien equipada según los cánones de la época.
James Knox Polk nació el 2 de noviembre de 1795
en Pineville, Carolina del Norte. Samuel, su padre, marchó pronto en busca de
oportunidades a Columbia, pequeña ciudad de Tennessee, un estado de la llamada
frontera en los tiempos iniciales de la república norteamericana. El hijo
pródigo habría de regresar a la tierra natal procurando una escuela de altos
estudios, graduándose de leyes en 1818. (UNC, Chapel Hill).
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| James Knox Polk (1795-1849) |
Samuel, convertido en un rico plantador, juez
del poblado, impulsó la carrera política del joven, de vuelta al Volunteer
State, bajo la sombra poderosa de Andrew Jackson, uno de los presidentes
icónicos de la nación.
Según las normas del siglo XIX, el onceno
período presidencial transcurrió entre marzo de 1845 hasta igual fecha de 1849.
Polk cumplió su promesa preelectoral de no reelegirse, regresando a Nashville
al término de su mandato cuatrienal. El acontecimiento principal de su gobierno
fue la guerra contra México. Las hostilidades terminaron con la toma de la
capital azteca por el ejército del cual era Polk comandante en jefe, el 15 de
septiembre de 1847.
Tal y como es costumbre en este tipo de visitas
guiadas, el tema mexicano quedó al margen, evitando probables controversias
políticas. Sin embargo, era imposible para nuestra interlocutora dejar de
mostrarnos una pieza que sin dudas es la joya del museo, capaz de desatarle la
lengua a cualquiera medianamente conocedor de la historia.
En medio del amplio espacio del piso superior,
de espaldas a la escalera, debí girar mi cuerpo totalmente, siguiendo el índice
de nuestra guía, hasta encontrarme con una figura que reconocí al instante, sin
mediar explicación alguna.
Al directo pregunté: ¿Qué hace Hernán Cortés
aquí?
Efectivamente, de la alta pared ininterrumpida
entre los dos pisos, colgaba un retrato a tres cuartos, tamaño natural, del
renombrado Conquistador de México.
La reseña de cómo esta pieza llegó a manos de la
familia Polk se basa en la explicación de quien nos atendió, confirmada con la
lectura de un artículo publicado por John Holtzapple, director de esta casa
museo durante 35 años.
Se trata de: A portrait
of Spanish Conquistador Hernán Cortés: A Gift to the First Lady. Summer 2013.
White House Historical Association[1].
En medio de la ocupación norteamericana, el
general William Jenkins Worth obtuvo una copia del célebre retrato del hijo
ilustre de Medellín en Extremadura, España. La pintura original es una de las
cuatro que han estado hasta hoy preservadas en el hospital Jesús de Nazareno,
fundado por el propio conquistador en 1524, tres años después de la toma de
Tenochtitlán.
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| William Jenkins Worth (1794-1849) |
La vetusta institución médica se mantiene en funciones, orgullo nacional, al ser la más antigua de su tipo en América. Allí reposan los restos del controvertido personaje español.
La copia al óleo de quien es considerado
arquetipo del conquistador europeo en el Nuevo Mundo fue obsequiada por Worth a
la entonces primera dama.
Coincidencia geográfica e histórica, el ejército
invasor de los Estados Unidos desembarcó en Veracruz 328 años después que fuera
fundada esa villa por los españoles, desde donde ambos ejércitos partieron
hacia el mismo destino con similares propósitos.
El antes citado John Holtzapple nos ubica en
contexto:
Desde la publicación en 1843 de la muy popular obra History of the Conquest of Mexico de William H. Prescott, la historia del enfrentamiento entre la España del siglo XVI y los aztecas había capturado la imaginación de Estados Unidos. La guerra con México avivó aún más la fascinación del público por Cortés y Moctezuma. Los partidarios y críticos de las políticas expansionistas del presidente Polk celebraron o denunciaron la guerra como la “segunda conquista de México.
De vuelta en Nashville, Sarah Polk reordenó la
mansión familiar, colocando a Cortés en la mejor posición de su vestíbulo.
Entre tanto, el manto de los cruciales acontecimientos mexicanos ocultaba la
presencia de Cuba en las crónicas diarias.
Recién concluidas las hostilidades, el general
Worth recibió la visita de un cubano, quien le hizo una propuesta a tono con el
ambiente belicoso del momento.
Ambrosio José González, abogado y profesor
universitario, traía la encomienda de una organización política clandestina
llamada Club de La Habana: tres millones de dólares para el prestigioso
militar, solicitándole formar y comandar un ejército conjunto de cubanos,
estadounidenses sureños, junto a cuanto mercenario se dispusiera a incorporarse
a la tropa, con la misión de conquistar la isla mayor del Caribe, anexándola a
la Unión americana.
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| Ambrosio José González (1818-1893) |
Asombra la cifra si consideramos el valor de la moneda. Un dólar diario era entonces el salario medio en la costa este del país.
¿Podía ser Cuba una buena tajada isleña para el
imperio en formación?
La respuesta había cobrado fuerza entre los
políticos de ambos países, generando un polémico debate, cuyas consecuencias se
aprecian en la intensa labor de lo que se ha llamado anexionismo por parte de
los historiadores. La figura cimera de esta tendencia política fue el militar y
político español, nacido en Venezuela y muerto en La Habana, Narciso López.
El ideal anexionista pretendía obtener las
libertades propias de la constitución norteamericana, conservando la esclavitud.
Mientras encontraba apoyo en los intereses de los estados esclavistas
norteamericanos, chocaba con la oposición del norte, a la vez que desafiaba las
leyes federales, opuestas a la expansión del oprobioso sistema de explotación
humana.
Moviéndose en medio de tales contradicciones,
López, González y otros cubanos encontraron el apoyo de notables figuras
sureñas, cito al senador Jefferson Davis, el gobernador de Mississippi John A.
Quitman, el general Robert E. Lee, junto a numerosos plantadores. La delegación
de La Habana visitó la Casa Blanca el 23 de junio de 1848, estrechando la mano
del presidente Polk.
Se propuso al ejecutivo la compra de Cuba,
negada rotundamente por Madrid, a la vez contraproducente para el gobierno
federal, obligado a desestimar acciones favorables a la extensión del sistema
esclavista.
Dadas las circunstancias, López, González y
demás anexionistas, preconizaron la opción militar. ¿Rechazó el general Worth
los tres millones de dólares?
Ni siquiera tuvo tiempo de sopesar calmadamente
la oferta. Surgieron un par de inconvenientes en el camino, primero, le
trasladaron a Texas, bajo el mando del general Zachary Taylor, quien ocuparía
la Casa Blanca al año siguiente. Taylor no simpatizaba con este tipo de
aventuras. El segundo inconveniente resultó lapidario. Ciertas enfermedades
ahora bajo control, causaban tantas o más muertes que la pólvora durante el
siglo XIX.
Sarah Polk bebió un vino amargo el 7 de mayo de
1849, noche inaugural del retrato de Cortés en su casa de Nashville. El correo
le trajo la infausta noticia del fallecimiento de William Jenkins Worth,
víctima del cólera.
Cuenta John Holtzapple:
Un mes después, James K. Polk también murió de cólera. A lo largo de los cuarenta y dos años de viudez de Sarah Polk, la pintura fue un punto frecuente de sus recuerdos. En una entrevista de 1884, le dijo a un periodista de Nashville: “Considero que la adquisición de Texas, y los resultados posteriores a la guerra con México, es decir, la incorporación de California y Nuevo México al territorio de los Estados Unidos, se cuentan entre los acontecimientos más importantes en la historia de este país.
Como se sabe, el colosal despojo territorial
abarcó 2,4 millones de km2, el 30 % del territorio continental continuo de los
Estados Unidos, equivalente al 55 % de la extensión de la naciente república
mexicana, heredado del antiguo virreinato español llamado Nueva España.
Narciso López y sus seguidores afrontaron la
muerte sucesiva de Worth y Polk con nuevas acciones. Una primera expedición
partió hacia Cuba en septiembre de 1849, detenida por la intervención de la
marina, ordenada por el nuevo presidente Zachary Taylor.
El 19 de mayo de 1850, Ambrosio González
acompañó al persistente Narciso López en un segundo intento. Esta vez tomaron
la costera ciudad de Cárdenas. El abogado y profesor universitario resultó
herido durante el asalto a la casa de gobierno, siendo el primer cubano en
derramar su sangre por la libertad, tal y como era entendida en aquellos
momentos. (Patria, periódico del exilio en Tampa y Key West, diciembre 31,
1892, págs. 2 y 3. Por Gonzalo de Quesada)
No obstante, desde la capital llegaron
refuerzos, superando abrumadoramente a los patriotas. A pesar de la derrota,
esta expedición dejó un legado imperecedero: por vez primera se izó en
territorio libre del dominio colonial la bandera de la estrella solitaria,
nuestro símbolo nacional.
Tanto la bandera como el vigente escudo de
nuestro país, fueron creados por colaboradores de la derrotada incursión
militar. La estrella significa la unidad indisoluble del estado; el escudo
muestra la relevancia geopolítica de Cuba, llave a la entrada del golfo, entre
Yucatán y la Florida.
López lo intentaría por tercera vez desde los
Estados Unidos. El consabido proverbio de las tres veces se cumplió a favor de
España, negándole el éxito al obstinado aventurero anexionista.
Por su parte, Ambrosio González fundó hogar en
Carolina del Sur, volviendo a tomar las armas cuando la guerra civil le incitó
a combatir, como era de esperarse, del bando Confederado, alcanzando no
obstante la errada elección histórica, relevantes méritos en el campo de
batalla.
Casi al final de sus 74 años, está documentado
que abrazó el independentismo, incorporándose al Partido Revolucionario Cubano,
PRC, fundado por José Martí en los Estados Unidos. (Consultar biografía escrita
por Antonio Rafael de la Cova, 2003)
Murió en Nueva York el 31 de julio de 1893,
donde está enterrado en el cementerio Woodlawn, en el Bronx.
El anexionismo flota aún entre ambas riberas del
estrecho de la Florida, cual anhelo desesperado de libertad, camino torcido
pero recurrente de un matrimonio mal llevado, siempre intentando la
reconciliación.
En cuanto a su figura fundacional, Narciso López
es uno de esos casos raros en la historia, de una personalidad cuyos reiterados
fracasos no impidieron elevarlo a la categoría de inolvidable.
Aún resuenan sus palabras, momentos antes de ser
estrangulado por el garrote el 1ro de septiembre de 1851, en la explanada
pública del Castillo de la Punta, a la entrada de la Bahía milagrosa que le dio
a Cuba la categoría de llave de Las Américas.
«Mi muerte no cambiará los destinos de Cuba».
[1] https://www.whitehousehistory.org/a-portrait-of-spanish-conquistador-hernan-cortes
(*) Tomado de Facebook
(**) Periodista independiente cubano. Se formó como profesor de Historia y Pedagogía en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. Ha publicado sus textos en Diario de Cuba, Cibercuba, 14 y Medio, El blog de Montaner, entre otros. Arqueólogo, investigador de la historia y la cultura aborigen, especialmente las pictografías de la isla anteriores a Colón.




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