Thursday, May 21, 2026

UN ENCUENTRO CON HERNÁN CORTÉS EN LA CASA MUSEO DEL PRESIDENTE POLK (*)

De los entretelones emerge un capítulo de la historia de Cuba.

Por: Vicente Morín Aguado (**) 

El ideal anexionista pretendía obtener las libertades propias de la constitución norteamericana, conservando la esclavitud. Mientras encontraba apoyo en los intereses de los estados esclavistas norteamericanos, chocaba con la oposición del norte, a la vez que desafiaba las leyes federales, opuestas a la expansión del oprobioso sistema de explotación humana.

Casa Museo James K. Polk @Fuente externa.

Un domingo rodé por la interestatal 65 hasta Columbia City, consumando mi tercera visita a una casa presidencial convertida en museo. Junto a la imprescindible bandera, pañoletas al viento, carteles y vallas reiteraban el cuarto de milenio ininterrumpido de ejercicio democrático, inaugurado con la declaración de independencia que cambió el mundo.

Nuestra guía se afanó en mostrarnos las interioridades de la vivienda y sus habitantes, donde el onceno presidente es protagonista. Se trata de una familia de la clase alta, propietarios de dos fincas con numerosos esclavos, a mediados del siglo XIX.

En mi patria, Cuba, la esclavitud de plantaciones, caña de azúcar principalmente, era la base de una próspera economía, al igual que el algodón hacia el centro-sur de los Estados Unidos. De a primeras, contrasta la rusticidad de los norteamericanos frente a la exhibición de refinamiento y lujos propios de similares propietarios caribeños.

Solo dos pequeños jarrones de Sevres adornan el comedor. La mesa es para seis comensales. Estantes y demás recipientes ocupan lugares exactamente pensados, significando el valor concedido al espacio habitado. 

El comedor Polk está repleto de muebles originales.
@Fuente externa.

En los cuartos, las camas matrimoniales no alcanzan ni siquiera a la medida Queen. La cocina es el lugar de mayor amplitud de la vivienda, bien equipada según los cánones de la época.

James Knox Polk nació el 2 de noviembre de 1795 en Pineville, Carolina del Norte. Samuel, su padre, marchó pronto en busca de oportunidades a Columbia, pequeña ciudad de Tennessee, un estado de la llamada frontera en los tiempos iniciales de la república norteamericana. El hijo pródigo habría de regresar a la tierra natal procurando una escuela de altos estudios, graduándose de leyes en 1818. (UNC, Chapel Hill).

James Knox Polk (1795-1849)

Samuel, convertido en un rico plantador, juez del poblado, impulsó la carrera política del joven, de vuelta al Volunteer State, bajo la sombra poderosa de Andrew Jackson, uno de los presidentes icónicos de la nación.

Según las normas del siglo XIX, el onceno período presidencial transcurrió entre marzo de 1845 hasta igual fecha de 1849. Polk cumplió su promesa preelectoral de no reelegirse, regresando a Nashville al término de su mandato cuatrienal. El acontecimiento principal de su gobierno fue la guerra contra México. Las hostilidades terminaron con la toma de la capital azteca por el ejército del cual era Polk comandante en jefe, el 15 de septiembre de 1847.

Tal y como es costumbre en este tipo de visitas guiadas, el tema mexicano quedó al margen, evitando probables controversias políticas. Sin embargo, era imposible para nuestra interlocutora dejar de mostrarnos una pieza que sin dudas es la joya del museo, capaz de desatarle la lengua a cualquiera medianamente conocedor de la historia.

En medio del amplio espacio del piso superior, de espaldas a la escalera, debí girar mi cuerpo totalmente, siguiendo el índice de nuestra guía, hasta encontrarme con una figura que reconocí al instante, sin mediar explicación alguna.

Retrato de Hernán Cortés

Al directo pregunté: ¿Qué hace Hernán Cortés aquí?

Efectivamente, de la alta pared ininterrumpida entre los dos pisos, colgaba un retrato a tres cuartos, tamaño natural, del renombrado Conquistador de México.

La reseña de cómo esta pieza llegó a manos de la familia Polk se basa en la explicación de quien nos atendió, confirmada con la lectura de un artículo publicado por John Holtzapple, director de esta casa museo durante 35 años.

Se trata de: A portrait of Spanish Conquistador Hernán Cortés: A Gift to the First Lady. Summer 2013. White House Historical Association[1].

En medio de la ocupación norteamericana, el general William Jenkins Worth obtuvo una copia del célebre retrato del hijo ilustre de Medellín en Extremadura, España. La pintura original es una de las cuatro que han estado hasta hoy preservadas en el hospital Jesús de Nazareno, fundado por el propio conquistador en 1524, tres años después de la toma de Tenochtitlán.

William Jenkins Worth (1794-1849)

La vetusta institución médica se mantiene en funciones, orgullo nacional, al ser la más antigua de su tipo en América. Allí reposan los restos del controvertido personaje español.

La copia al óleo de quien es considerado arquetipo del conquistador europeo en el Nuevo Mundo fue obsequiada por Worth a la entonces primera dama.

Coincidencia geográfica e histórica, el ejército invasor de los Estados Unidos desembarcó en Veracruz 328 años después que fuera fundada esa villa por los españoles, desde donde ambos ejércitos partieron hacia el mismo destino con similares propósitos.

El antes citado John Holtzapple nos ubica en contexto:

Desde la publicación en 1843 de la muy popular obra History of the Conquest of Mexico de William H. Prescott, la historia del enfrentamiento entre la España del siglo XVI y los aztecas había capturado la imaginación de Estados Unidos. La guerra con México avivó aún más la fascinación del público por Cortés y Moctezuma. Los partidarios y críticos de las políticas expansionistas del presidente Polk celebraron o denunciaron la guerra como la “segunda conquista de México.

De vuelta en Nashville, Sarah Polk reordenó la mansión familiar, colocando a Cortés en la mejor posición de su vestíbulo. Entre tanto, el manto de los cruciales acontecimientos mexicanos ocultaba la presencia de Cuba en las crónicas diarias.

Recién concluidas las hostilidades, el general Worth recibió la visita de un cubano, quien le hizo una propuesta a tono con el ambiente belicoso del momento.

Ambrosio José González, abogado y profesor universitario, traía la encomienda de una organización política clandestina llamada Club de La Habana: tres millones de dólares para el prestigioso militar, solicitándole formar y comandar un ejército conjunto de cubanos, estadounidenses sureños, junto a cuanto mercenario se dispusiera a incorporarse a la tropa, con la misión de conquistar la isla mayor del Caribe, anexándola a la Unión americana.

Ambrosio José González (1818-1893)

Asombra la cifra si consideramos el valor de la moneda. Un dólar diario era entonces el salario medio en la costa este del país.

¿Podía ser Cuba una buena tajada isleña para el imperio en formación?

La respuesta había cobrado fuerza entre los políticos de ambos países, generando un polémico debate, cuyas consecuencias se aprecian en la intensa labor de lo que se ha llamado anexionismo por parte de los historiadores. La figura cimera de esta tendencia política fue el militar y político español, nacido en Venezuela y muerto en La Habana, Narciso López.

El ideal anexionista pretendía obtener las libertades propias de la constitución norteamericana, conservando la esclavitud. Mientras encontraba apoyo en los intereses de los estados esclavistas norteamericanos, chocaba con la oposición del norte, a la vez que desafiaba las leyes federales, opuestas a la expansión del oprobioso sistema de explotación humana.

Moviéndose en medio de tales contradicciones, López, González y otros cubanos encontraron el apoyo de notables figuras sureñas, cito al senador Jefferson Davis, el gobernador de Mississippi John A. Quitman, el general Robert E. Lee, junto a numerosos plantadores. La delegación de La Habana visitó la Casa Blanca el 23 de junio de 1848, estrechando la mano del presidente Polk.

Se propuso al ejecutivo la compra de Cuba, negada rotundamente por Madrid, a la vez contraproducente para el gobierno federal, obligado a desestimar acciones favorables a la extensión del sistema esclavista.

Dadas las circunstancias, López, González y demás anexionistas, preconizaron la opción militar. ¿Rechazó el general Worth los tres millones de dólares?

Ni siquiera tuvo tiempo de sopesar calmadamente la oferta. Surgieron un par de inconvenientes en el camino, primero, le trasladaron a Texas, bajo el mando del general Zachary Taylor, quien ocuparía la Casa Blanca al año siguiente. Taylor no simpatizaba con este tipo de aventuras. El segundo inconveniente resultó lapidario. Ciertas enfermedades ahora bajo control, causaban tantas o más muertes que la pólvora durante el siglo XIX.

Sarah Polk bebió un vino amargo el 7 de mayo de 1849, noche inaugural del retrato de Cortés en su casa de Nashville. El correo le trajo la infausta noticia del fallecimiento de William Jenkins Worth, víctima del cólera.

Cuenta John Holtzapple:

Un mes después, James K. Polk también murió de cólera. A lo largo de los cuarenta y dos años de viudez de Sarah Polk, la pintura fue un punto frecuente de sus recuerdos. En una entrevista de 1884, le dijo a un periodista de Nashville: “Considero que la adquisición de Texas, y los resultados posteriores a la guerra con México, es decir, la incorporación de California y Nuevo México al territorio de los Estados Unidos, se cuentan entre los acontecimientos más importantes en la historia de este país.

Como se sabe, el colosal despojo territorial abarcó 2,4 millones de km2, el 30 % del territorio continental continuo de los Estados Unidos, equivalente al 55 % de la extensión de la naciente república mexicana, heredado del antiguo virreinato español llamado Nueva España.

Narciso López y sus seguidores afrontaron la muerte sucesiva de Worth y Polk con nuevas acciones. Una primera expedición partió hacia Cuba en septiembre de 1849, detenida por la intervención de la marina, ordenada por el nuevo presidente Zachary Taylor.

El 19 de mayo de 1850, Ambrosio González acompañó al persistente Narciso López en un segundo intento. Esta vez tomaron la costera ciudad de Cárdenas. El abogado y profesor universitario resultó herido durante el asalto a la casa de gobierno, siendo el primer cubano en derramar su sangre por la libertad, tal y como era entendida en aquellos momentos. (Patria, periódico del exilio en Tampa y Key West, diciembre 31, 1892, págs. 2 y 3. Por Gonzalo de Quesada)

No obstante, desde la capital llegaron refuerzos, superando abrumadoramente a los patriotas. A pesar de la derrota, esta expedición dejó un legado imperecedero: por vez primera se izó en territorio libre del dominio colonial la bandera de la estrella solitaria, nuestro símbolo nacional.

Tanto la bandera como el vigente escudo de nuestro país, fueron creados por colaboradores de la derrotada incursión militar. La estrella significa la unidad indisoluble del estado; el escudo muestra la relevancia geopolítica de Cuba, llave a la entrada del golfo, entre Yucatán y la Florida.

López lo intentaría por tercera vez desde los Estados Unidos. El consabido proverbio de las tres veces se cumplió a favor de España, negándole el éxito al obstinado aventurero anexionista.

Por su parte, Ambrosio González fundó hogar en Carolina del Sur, volviendo a tomar las armas cuando la guerra civil le incitó a combatir, como era de esperarse, del bando Confederado, alcanzando no obstante la errada elección histórica, relevantes méritos en el campo de batalla.

Casi al final de sus 74 años, está documentado que abrazó el independentismo, incorporándose al Partido Revolucionario Cubano, PRC, fundado por José Martí en los Estados Unidos. (Consultar biografía escrita por Antonio Rafael de la Cova, 2003)

Murió en Nueva York el 31 de julio de 1893, donde está enterrado en el cementerio Woodlawn, en el Bronx.

El anexionismo flota aún entre ambas riberas del estrecho de la Florida, cual anhelo desesperado de libertad, camino torcido pero recurrente de un matrimonio mal llevado, siempre intentando la reconciliación.

En cuanto a su figura fundacional, Narciso López es uno de esos casos raros en la historia, de una personalidad cuyos reiterados fracasos no impidieron elevarlo a la categoría de inolvidable.

Aún resuenan sus palabras, momentos antes de ser estrangulado por el garrote el 1ro de septiembre de 1851, en la explanada pública del Castillo de la Punta, a la entrada de la Bahía milagrosa que le dio a Cuba la categoría de llave de Las Américas.

«Mi muerte no cambiará los destinos de Cuba».


[1] https://www.whitehousehistory.org/a-portrait-of-spanish-conquistador-hernan-cortes 

(*) Tomado de Facebook

(**) Periodista independiente cubano. Se formó como profesor de Historia y Pedagogía en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. Ha publicado sus textos en Diario de Cuba, Cibercuba, 14 y Medio, El blog de Montaner, entre otros. Arqueólogo, investigador de la historia y la cultura aborigen, especialmente las pictografías de la isla anteriores a Colón.

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