Monday, July 20, 2026

APORTACIONES PEDAGÓGICAS Y CULTURALES DEL EXILIO CUBANO EN NUEVA YORK: SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX (*)

Por Jesse Fernández

A comienzos de la década de los sesenta, el exilio cubano en los Estados Unidos estaba integrado por un número impresionante de profesionales y eruditos que se vieron obligados a abandonar su país ante la amenaza del totalitarismo comunista implantado por Fidel Castro y sus partidarios o secuaces. Muchos de esos primeros exiliados, eran ya intelectuales reconocidos internacionalmente por su notable labor en el campo de las artes, las ciencias, la pedagogía, el periodismo, etc. El aporte cultural y educativo del llamado “exilio histórico” se efectuó tanto en los EU como en los otros países que abrieron sus puertas a las mejores mentes de Cuba en aquellos momentos, y que ganaban así lo que Cuba perdía. Como señala el profesor y ensayista Alberto Gutiérrez de la Solana:

Las grandes mentes cubanas fueron expulsadas de Cuba por el déspota mediante las amenazas, los falsos juicios, los asesinatos, los fusilamientos, las cárceles y la mordaza. El tirano le arrancó el cerebro a la nación más progresiva de la América de origen español y la convirtió en isla-prisión.[1]

Dada las limitaciones de tiempo, sólo me es posible delinear brevemente a tres figuras representativas del exilio cubano que se distinguieron por su meritoria labor en el campo de la enseñanza y por su empeño en difundir y exaltar nuestro legado cultural fuera de la isla. Me refiero a Humberto Piñera Llera, Rosario Rexach y José Olivio Jiménez. Por supuesto, lo ideal hubiera sido realizar un estudio minucioso de los cientos de pedagogos de la diáspora cubana, entre los que no podrían faltar los siguientes nombres conocidos de todos – debo reiterar que sólo se incluyen figuras que se destacaron profesionalmente durante la segunda mitad del siglo XX: Roberto Agramonte, Levi Marrero, Jorge Mañach, Octavio R. Costa, Carlos Raggi, las hermanas Mercedes y Rosario García Tudurí, Oscar Fernández de la Vega, Alberto Gutiérrez de la Solana, José Ignacio Rasco, Carlos Ripoll, Julio Hernández Miyares, Antonio Radamés de la Campa, José López Isa, José Sánchez-Boudy, Elio Alba Buffill, Esther Sánchez Grey-Alba, Antonio A. Acosta, Manuel Gómez Reinoso, Zenaida Gutiérrez Vega, Rosario Hiriart, Raquel Chang Rodríguez y muchos más que harían esta lista interminable.

Humberto Piñera Llera

Humberto Piñero (1911-1986)

No hay duda de que el Profesor Humberto Piñera Llera es uno de los pensadores y educadores cubanos más importantes del siglo XX. Desde muy temprana edad da pruebas Piñera de su vocación por la enseñanza al ejercer como maestro de escuela primaria en Camagüey, donde vivió desde niño, aunque había nacido en la ciudad de Cárdenas en 1911. Posteriormente ingresa en la Universidad de la Habana, donde se gradúa con honores en la cátedra de Filosofía y Letras en 1942. Poco después la Universidad lo nombra Profesor Adjunto en la cátedra de Filosofía Moral del eminente profesor y erudito Roberto Agramonte.

Su labor intelectual y pedagógica en el destierro se compara favorablemente con sus logros profesionales dentro de la isla. Antes de sumarse al destierro, el Prof. Piñera había alcanzado honores como catedrático y conferenciante, así como autor de importantes libros de filosofía: Filosofía de la Vida y filosofía existencial, de 1952, y Panorama de la filosofía cubana, de 1960. En los E.U y en España publicaría más tarde otras obras importantes. Me limito a citar varias que considero indispensables: El pensamiento español de los siglos XVI y XVII (1970); Filosofía y literatura: aproximaciones (1975); Idea, Sentimiento y Sensibilidad de José Martí (1982), y Sartre y su idea de la libertad, que aparece póstumamente, en 1989.  

En 1961, al año escaso de su llegada a los Estados Unidos, el Doctor Piñera es contratado por la New York University (NYU) para enseñar Literaturas Hispánicas.  En esa prestigiosa Universidad habría de ofrecer también cursos a nivel de doctorado a estudiantes de Filosofía y Letras, entre ellos a varios miembros de la diáspora cubana. Algunos de ellos seguirían los pasos del ilustre maestro y mentor al convertirse en catedráticos, ensayistas y autores de obras en torno a figuras notables de la historia de Cuba y de las letras y culturas hispánicas en general. Valga mencionar a los doctores Alberto Gutiérrez de la Solana, Julio Hernández Miyares, Elio Alba Buffill, Esther Sánchez-Grey Alba y Rosario Hiriart, entre muchos otros. Alberto Gutiérrez de la Solana, que además de discípulo llega a ser colega de Piñera en NYU, exalta «su erudición, su actitud siempre alerta ante el resurgimiento del pensamiento filosófico, y su devoción por la enseñanza»[2]. Por su parte, Julio Hernández Miyares subraya los atributos profesionales y espirituales del maestro: «Desde la primera entrevista con él en su oficina de NYU, me impresionaron su cordialidad, discreción, lucidez y jovialidad. Me sentí como junto a un viejo amigo, presto a brindarme su ayuda desinteresada y valiosa»[3].

Durante cuatro años (1972-1976), el Dr. Piñera dirigió el Programa de Español que NYU mantenía en Madrid. Por iniciativa propia logra ampliar dicho programa, añadiendo estudios especializados a nivel de Máster y de Doctorado. Además, se convierte en guía y mentor de estudiantes cubanos afiliados a la Agrupación Abdala, fundada en NY por Gustavo Marín, cuyos miembros asistían a varias universidades españolas. (p. 23). Otros esfuerzos dignos de mencionar son la fundación de la Revista Exilio, una de las primeras publicaciones dirigidas por desterrados cubanos, y de la Revista Cubana, dirigida por Carlos Ripoll y el propio Humberto Piñera. En el ensayo titulado Las ideas extrañas y el destino propio (1969) se pregunta Piñera: «¿por qué ha pasado en Cuba últimamente todo lo que ha pasado?» Las respuestas del autor no eran alentadoras pues, en su opinión, los deplorables acontecimientos ocurridos en Cuba en 1959 se debieron a que:

Nuestra personalidad jamás ha dejado de estar dominada vigorosamente por ciertas determinaciones psicológicas negativas, como, por ejemplo, el individualismo, la falta de solidaridad, de previsión y de sentido práctico[4].

Que el exilio cubano no juzgara de irreverentes las opiniones del profesor Piñera en aquellos momentos comprueba la autoridad moral del ilustre pensador y erudito. Sus ideas y argumentos en aquel y otros ensayos históricos y filosóficos tienen tanta vigencia hoy como el día en que fueron escritos hace medio siglo.  Como nos recuerda Julio Hernández Miyares en un ensayo dedicado a su ilustre maestro y mentor en New York University:

Cuando se escriba la historia definitiva de las letras cubanas del siglo XX, […] la figura de Humberto Piñera Llera ocupará un lugar cimero entre los hombres de pensamiento que mantuvieron dignamente en el destierro los postulados de la integridad, cubanía y amor a la libertad[5].

Rosario Rexach

Rosario Rexach (1912-2003)

La Profesora Rosario Rexach también demuestra su vocación pedagógica y sus capacidades intelectuales desde muy temprano. Después de graduarse de la Escuela Normal ingresa a la Universidad de la Habana, donde obtiene un doctorado en Filosofía y Letras. Su formación académica e intelectual fue orientada por dos ilustres educadores y pensadores de la época: los doctores Roberto Agramonte y Jorge Mañach. Este último la anima a colaborar en actividades culturales celebradas en la Sociedad Lyseum de la Habana, la organización femenina dedicada a promover la cultura, la literatura y las artes dentro y fuera de Cuba. Además de ser una eminente pedagoga, Rosario Rexach comienza a distinguirse como investigadora y ensayista. La publicación en 1938 del ensayo titulado Orientación vocacional de la mujer en Cuba marca su entrada en el mundo de las letras. Poco después de producirse el cataclismo Castro-comunista, la joven educadora decide abandonar su patria, sin sospechar que nunca más habría de regresar a ella.

A los 26 años de edad Rosario Rexach daba ya muestras de una singular capacidad para armonizar la pedagogía, el pensamiento filosófico y la investigación histórico-literaria.  Entre sus primeros escritos en el campo de la investigación hay que mencionar los siguientes títulos: El pensamiento de Varela y la formación de la conciencia cubana (1950) y El carácter de Martí y otros ensayos (1954). Años más tarde, ubicada ya en el exilio, la autora actualiza y amplía los dos libros antes citados. El primero, titulado Dos figuras cubanas y una sola actitud (Miami, 1991), incluye ahora varios ensayos sobre Jorge Mañach, que, junto a Félix Varela, son los dos pensadores cubanos cuya vida y obra influyen profundamente en la formación intelectual de la escritora.  Los ensayos incluidos en el segundo libro escrito en Cuba, El carácter de Martí y otros ensayos, pasan a formar parte del volumen titulado Estudios sobre Martí (Madrid,1986), prologado por el poeta Gastón Baquero. Según el Profesor José Olivio Jiménez, es éste «un libro enjundioso […] que al cabo nos brinda la generosa maestra que para mí –y para tantos –ha sido la profesora Rexach»[6].

Cuando llega a Nueva York en la década de los sesentas Rosario Rexach encuentra un ambiente propicio para desarrollar muchas de la actividades educativas y culturales en las que se había distinguido en su país. Para comenzar, descubre que muchos de sus antiguos colegas y alumnos de la Universidad de la Habana continúan siendo sus mejores amigos en el destierro. Entre ellos hay que mencionar a Oscar Fernández de la Vega, Carlos Ripoll, José Olivio Jiménez, Zenaida Gutiérrez Vega, Antonio Radamés de la Campa y Manuel Gómez Reinoso. Todos ellos eran ya reconocidos en la diáspora cubana no sólo por su destacada labor educativa sino por sus esfuerzos por mantener vivo y difundir nuestro legado cultural e histórico. Gómez Reinoso le ofrece a Rosario un puesto de profesora adjunta en el Dowling College de Long Island, donde él enseñaba y era jefe del departamento de Literaturas Hispánicas; José Olivio Jiménez la lleva a Hunter College para enseñar cursos especializados de literatura cubana e hispánica en general; Elio Alba Buffill la nombra presidente del Círculo de Cultura Panamericano, y posteriormente es designada académica de número de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.  

A su vocación de servicio y a su inquieta curiosidad intelectual debemos varios libros, un nutrido número de conferencias ofrecidas en prestigiosas instituciones profesionales, así como artículos periodísticos y ensayos académicos publicados en revistas literarias nacionales y extranjeras. Rosario Rexach, en efecto, no necesitaba un salón de clases para transmitir su sabiduría y su entusiasmo por todo lo relacionado con la historia y la cultura. Para enseñar le bastaba su pluma y la elocuencia de sus palabras siempre claras, justas y sinceras. Con razón el destacado poeta y ensayista cubano Gastón Baquero, en el prólogo antes aludido, la declaró «Guía perfecta, guía benévola», opinión que comparto y con la que cierro a estos breves apuntes sobre una de las más prestigiosas educadoras de nuestro angustioso, pero a la vez fecundo exilio.

José Olivio Jiménez

José Ovidio Jiménez (1926-2003)

Desde muy joven, José Olivio Jiménez se destacó en el campo de la enseñanza, tanto en Cuba como en los Estados Unidos y en España –los tres países que más profundamente marcaron lo que él mismo calificó de «magisterio integral». Nace en Las Villas en 1926 y allí realiza los primeros estudios bajo la supervisión de su madre que, según él, era «una sencilla maestra rural», pero que en realidad desempeñaría un papel decisivo en su vida profesional. Se gradúa con honores en la Escuela Secundaria de Santa Clara, y en la capital villareña completa asimismo el bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza y, simultáneamente, obtiene el grado de pedagogía en la Escuela Normal para Maestros. A los 18 años comienza su carrera pedagógica en una escuela primaria de la capital habanera. En un ensayo autobiográfico inédito, titulado Cuanto sé de mí: Esbozo de una Autobiografía integral, Jiménez declara que «la enseñanza fue mi primera vocación». Es curioso que cuando ingresa a la Universidad de la Habana para iniciar sus estudios de Filosofía y Letras, dos de sus profesores dilectos fueran Jorge Mañach y la joven catedrática Rosario Rexach, maestros y mentores ejemplares que influirían profundamente su desarrollo intelectual.  En 1952, al completar el doctorado con honores, Jiménez recibe una beca para continuar estudios superiores en la Universidad Central de Madrid, donde se gradúa con un doctorado en Filología Románica en 1955. El título de su tesis doctoral era «Panorama de la lírica cubana contemporánea».

Jiménez regresa a Cuba en 1956 y en seguida es contratado por la Universidad Católica de Villanueva, y por el Instituto de Segunda Enseñanza de la Habana. A finales de 1958, presintiendo los trágicos acontecimientos que ya se anunciaban en la isla, y que pronto culminarían en lo que Guillermo Cabrera Infante llama «la caída en el abismo histórico», Jiménez abandona nuevamente su país para volver a España. En la autobiografía antes citada José Olivio afirma que «Con el tiempo, la realidad me ha hecho no tener que arrepentirme de aquella decisión de no volver a Cuba, a pesar de que supuso la amputación impuesta de mis primeras raíces»[7].

El año 1960 es una fecha decisiva en la trayectoria profesional e intelectual del joven educador y crítico cubano. Unos días antes de cumplir los 34 años llega como profesor adjunto a Merrimack College, cerca de Boston. La soledad en lo que él llama «las praderas seis meses nevadas de Massachusetts», así como su curiosidad intelectual, hacen que Jiménez se matricule en un curso de literatura española en la cercana Universidad de Harvard. El profesor del curso era el destacado hispanista y humanista Raimundo Lida, quien pronto se convierte en amigo y mentor de José Olivio, y lo anima a completar el libro Cinco poetas del tiempo, que sería el primero de una veintena de obras que verían la luz en las próximas tres décadas de su fructífera labor como crítico literario, tanto de autores cubanos e hispanoamericanos como peninsulares. En 1962, es decir, dos años después de su experiencia en Boston, Jiménez se incorpora al departamento de Lenguas Románicas de Hunter College de la City University of New York (CUNY).

 En la legendaria «ciudad grande» de su admirado José Martí encuentra el Profesor Jiménez un terreno fértil para sus aspiraciones profesionales. En corto tiempo comienza a ser reconocido en los círculos académicos norteamericanos y extranjeros, no sólo por sus aptitudes educativas sino también por sus luminosos escritos y conferencias, que no se hicieron esperar después del éxito alcanzado con su primer libro, Cinco poetas del tiempo, considerado hoy una obra indispensable para estudiar la poesía española del siglo XX. Como señalamos antes, a esta publicación habría de añadir Jiménez una veintena de libros, que las limitaciones de tiempo me impiden enumerar. Me limito a citar las que considero aportes fundamentales en su trayectoria como crítico y ensayista: Antología de la poesía Hispanoamericana contemporánea:1914-1970 (1971); Antología crítica de la poesía modernista hispanoamericana (1985) (que cuenta ya con más de 10 reimpresiones), La Raíz y el Ala: Aproximaciones críticas a la obra literaria de José Martí (1993), y José Martí: Ensayos y crónicas (1995) (ampliada y reimpresa en Editorial Cátedra) (2004). 

 Además de enseñar literatura peninsular e hispanoamericana en Hunter College, José Olivio Jiménez pasa a ser uno de los fundadores del Programa Doctoral de Español en el Centro de Estudios Graduados de CUNY.  La claridad expositiva, el entusiasmo, la cordialidad y el respeto por sus estudiantes caracterizaron siempre lo que podría llamarse «el sistema educativo» del profesor Jiménez, o como él prefería llamarlo, sus «manierismos didácticos». Esa práctica pedagógica, que respondía a una inclinación natural de su persona, se hizo patente a lo largo de su larga y brillante carrera, como lo comprueba el nombramiento a Profesor Distinguido (Distinguished Professor, el más alto rango otorgado por sistema universitario de la City University of New York.  No cabe duda de que el Profesor Jiménez, por su brillante labor didáctica, su erudición y su fecunda labor como crítico y ensayista, tiene un sitio asegurado en el ámbito de la cultura, en el sentido más amplio de esta palabra.

De los tres educadores brevemente reseñados es lícito afirmar que fueron maestros de maestros, ejemplos vivos de dedicación y humanismo, y verdaderos arquetipos para aquellos que supieron beneficiarse de su sabiduría e inagotable generosidad.

(*) Ponencia presentada en el Primer Congreso de la Academia de la Historia de Cuba, Corp. el 15 de septiembre de 2018 en el William V. Musto Cultural Center de Union City (NJ) y publicada en el Anuario Histórico Cubanoamericano #2 (2018): págs. 151-160]


[1] El soñar despierto de Levi Marrero. Círculo: Revista de Cultura, Vol. XXVI, 1997: 19.   

[2] Estela Piñera y Alberto Gutiérrez de la Solana. Humberto Piñera Llera: Pensador, escritor, crítico y educador, p.36.

[3] Ibid, p.51

[4] Exilio, Otoño-Invierno 1969: 97

[5] Estela Piñera y Alberto Gutiérrez de la Solana. p.50

[6] Círculo: Revista de Cultura, Vol. XVII, 1988: 55

[7] p.28  

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