Por Jesse Fernández

A comienzos de la década de los sesenta, el exilio
cubano en los Estados Unidos estaba integrado por un número impresionante de
profesionales y eruditos que se vieron obligados a abandonar su país ante la
amenaza del totalitarismo comunista implantado por Fidel Castro y sus partidarios o secuaces. Muchos de esos primeros
exiliados, eran ya intelectuales reconocidos internacionalmente por su notable
labor en el campo de las artes, las ciencias, la pedagogía, el periodismo, etc.
El aporte cultural y educativo del llamado “exilio histórico” se efectuó tanto
en los EU como en los otros países que abrieron sus puertas a las mejores
mentes de Cuba en aquellos momentos, y que ganaban así lo que Cuba perdía. Como señala el profesor y ensayista Alberto Gutiérrez
de la Solana:
Las grandes mentes
cubanas fueron expulsadas de Cuba por el déspota mediante las amenazas, los
falsos juicios, los asesinatos, los fusilamientos, las cárceles y la mordaza.
El tirano le arrancó el cerebro a la nación más progresiva de la América de
origen español y la convirtió en isla-prisión.[1]
Dada las limitaciones de tiempo, sólo me es posible
delinear brevemente a tres figuras representativas del exilio cubano que se
distinguieron por su meritoria labor en el campo de la enseñanza y por su
empeño en difundir y exaltar nuestro legado cultural fuera de la isla. Me
refiero a Humberto Piñera Llera, Rosario Rexach y José Olivio Jiménez. Por
supuesto, lo ideal hubiera sido realizar un estudio minucioso de los cientos de
pedagogos de la diáspora cubana, entre los que no podrían faltar los siguientes
nombres conocidos de todos – debo reiterar que sólo se incluyen figuras que se
destacaron profesionalmente durante la segunda mitad del siglo XX: Roberto Agramonte, Levi Marrero, Jorge Mañach,
Octavio R. Costa, Carlos Raggi, las hermanas Mercedes y Rosario García Tudurí,
Oscar Fernández de la Vega, Alberto Gutiérrez de la Solana, José Ignacio Rasco,
Carlos Ripoll, Julio Hernández Miyares, Antonio Radamés de la Campa, José López
Isa, José Sánchez-Boudy, Elio Alba Buffill, Esther Sánchez Grey-Alba, Antonio
A. Acosta, Manuel Gómez Reinoso, Zenaida Gutiérrez Vega, Rosario Hiriart,
Raquel Chang Rodríguez y muchos más que harían esta lista interminable.
Humberto Piñera Llera
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| Humberto Piñero (1911-1986) |
Su labor intelectual y pedagógica en el destierro se
compara favorablemente con sus logros profesionales dentro de la isla. Antes de
sumarse al destierro, el Prof. Piñera había alcanzado honores como catedrático
y conferenciante, así como autor de importantes libros de filosofía: Filosofía de la Vida y filosofía
existencial, de 1952, y Panorama de
la filosofía cubana, de 1960. En los E.U y en España publicaría más tarde
otras obras importantes. Me limito a citar varias que considero indispensables: El pensamiento español de los siglos XVI y
XVII (1970); Filosofía y literatura: aproximaciones (1975); Idea, Sentimiento y
Sensibilidad de José Martí (1982), y
Sartre y su idea de la libertad, que aparece póstumamente, en 1989.
En 1961, al año escaso de su llegada a los Estados
Unidos, el Doctor Piñera es contratado por la New York University (NYU) para
enseñar Literaturas Hispánicas. En esa prestigiosa Universidad habría
de ofrecer también cursos a nivel de doctorado a estudiantes de Filosofía y
Letras, entre ellos a varios miembros de la diáspora cubana. Algunos de ellos
seguirían los pasos del ilustre maestro y mentor al convertirse en
catedráticos, ensayistas y autores de obras en torno a figuras notables de la
historia de Cuba y de las letras y culturas hispánicas en general. Valga
mencionar a los doctores Alberto Gutiérrez de la Solana, Julio Hernández
Miyares, Elio Alba Buffill, Esther Sánchez-Grey Alba y Rosario Hiriart, entre
muchos otros. Alberto Gutiérrez de la Solana, que además de discípulo llega a
ser colega de Piñera en NYU, exalta «su erudición, su actitud siempre alerta
ante el resurgimiento del pensamiento filosófico, y su devoción por la
enseñanza»[2].
Por su parte, Julio Hernández Miyares subraya los atributos profesionales y
espirituales del maestro: «Desde la primera entrevista con él en su oficina de
NYU, me impresionaron su cordialidad, discreción, lucidez y jovialidad. Me
sentí como junto a un viejo amigo, presto a brindarme su ayuda desinteresada y
valiosa»[3].
Durante cuatro años (1972-1976), el Dr. Piñera dirigió
el Programa de Español que NYU mantenía en Madrid. Por iniciativa propia logra
ampliar dicho programa, añadiendo estudios especializados a nivel de Máster y
de Doctorado. Además, se convierte en guía y mentor de estudiantes cubanos
afiliados a la Agrupación Abdala, fundada en NY por Gustavo Marín, cuyos
miembros asistían a varias universidades españolas. (p. 23). Otros esfuerzos
dignos de mencionar son la fundación de la Revista
Exilio, una de las primeras publicaciones dirigidas por desterrados
cubanos, y de la Revista Cubana,
dirigida por Carlos Ripoll y el propio Humberto Piñera. En el ensayo titulado Las
ideas extrañas y el destino propio (1969) se pregunta Piñera: «¿por qué ha
pasado en Cuba últimamente todo lo que ha pasado?» Las respuestas del autor no
eran alentadoras pues, en su opinión, los deplorables acontecimientos ocurridos
en Cuba en 1959 se debieron a que:
Nuestra personalidad jamás ha dejado de estar dominada
vigorosamente por ciertas determinaciones psicológicas negativas, como, por
ejemplo, el individualismo, la falta de solidaridad, de previsión y de sentido
práctico[4].
Que el
exilio cubano no juzgara de irreverentes las opiniones del profesor Piñera en
aquellos momentos comprueba la autoridad moral del ilustre pensador y erudito.
Sus ideas y argumentos en aquel y otros ensayos históricos y filosóficos tienen
tanta vigencia hoy como el día en que fueron escritos hace medio siglo. Como nos recuerda Julio Hernández Miyares en
un ensayo dedicado a su ilustre maestro y mentor en New York University:
Cuando se escriba la historia definitiva de las letras
cubanas del siglo XX, […] la figura de
Humberto Piñera Llera ocupará un lugar cimero entre los hombres de pensamiento
que mantuvieron dignamente en el destierro los postulados de la integridad,
cubanía y amor a la libertad[5].
Rosario Rexach
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| Rosario Rexach (1912-2003) |
A los 26 años de edad Rosario Rexach daba ya
muestras de una singular capacidad para armonizar la pedagogía, el pensamiento
filosófico y la investigación histórico-literaria. Entre sus primeros escritos en el campo de la
investigación hay que mencionar los siguientes títulos: El pensamiento de Varela y la formación de la conciencia cubana
(1950) y El carácter de Martí y otros
ensayos (1954). Años más tarde, ubicada ya en el exilio, la autora
actualiza y amplía los dos libros antes citados. El primero, titulado Dos figuras cubanas y una sola actitud
(Miami, 1991), incluye ahora varios ensayos sobre Jorge Mañach, que, junto a
Félix Varela, son los dos pensadores cubanos cuya vida y obra influyen
profundamente en la formación intelectual de la escritora. Los ensayos incluidos en el segundo libro
escrito en Cuba, El carácter de Martí y
otros ensayos, pasan a formar parte del volumen titulado Estudios sobre Martí (Madrid,1986),
prologado por el poeta Gastón Baquero. Según el Profesor José Olivio Jiménez,
es éste «un libro enjundioso […] que al cabo nos brinda la generosa maestra que
para mí –y para tantos –ha sido la profesora Rexach»[6].
Cuando llega a Nueva York en la década de los
sesentas Rosario Rexach encuentra un ambiente propicio para desarrollar muchas
de la actividades educativas y culturales en las que se había distinguido en su
país. Para comenzar, descubre que muchos de sus
antiguos colegas y alumnos de la Universidad de la Habana continúan siendo sus
mejores amigos en el destierro. Entre ellos hay que mencionar a Oscar Fernández
de la Vega, Carlos Ripoll, José Olivio Jiménez, Zenaida Gutiérrez Vega, Antonio
Radamés de la Campa y Manuel Gómez Reinoso. Todos ellos eran ya reconocidos en
la diáspora cubana no sólo por su destacada labor educativa sino por sus
esfuerzos por mantener vivo y difundir nuestro legado cultural e histórico. Gómez
Reinoso le ofrece a Rosario un puesto de profesora adjunta en el Dowling
College de Long Island, donde él enseñaba y era jefe del departamento de
Literaturas Hispánicas; José Olivio Jiménez la lleva a Hunter College para
enseñar cursos especializados de literatura cubana e hispánica en general; Elio
Alba Buffill la nombra presidente del Círculo de Cultura Panamericano, y
posteriormente es designada académica de número de la Academia Norteamericana
de la Lengua Española.
A su vocación de servicio y a su inquieta curiosidad
intelectual debemos varios libros, un nutrido número de conferencias ofrecidas
en prestigiosas instituciones profesionales, así como artículos periodísticos y
ensayos académicos publicados en revistas literarias nacionales y extranjeras. Rosario Rexach, en efecto, no necesitaba un salón
de clases para transmitir su sabiduría y su entusiasmo por todo lo relacionado
con la historia y la cultura. Para enseñar le bastaba su pluma y la elocuencia
de sus palabras siempre claras, justas y sinceras. Con razón el destacado poeta
y ensayista cubano Gastón Baquero, en el prólogo antes aludido, la declaró «Guía
perfecta, guía benévola», opinión que comparto y con la que cierro a estos
breves apuntes sobre una de las más prestigiosas educadoras de nuestro
angustioso, pero a la vez fecundo exilio.
José Olivio Jiménez
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| José Ovidio Jiménez (1926-2003) |
Jiménez regresa a Cuba en 1956 y en seguida es
contratado por la Universidad Católica de Villanueva, y por el Instituto de
Segunda Enseñanza de la Habana. A finales de 1958, presintiendo los trágicos
acontecimientos que ya se anunciaban en la isla, y que pronto culminarían en lo
que Guillermo Cabrera Infante llama «la caída en el abismo histórico», Jiménez
abandona nuevamente su país para volver a España. En la autobiografía antes
citada José Olivio afirma que «Con el tiempo, la realidad me ha hecho no tener
que arrepentirme de aquella decisión de no volver a Cuba, a pesar de que supuso
la amputación impuesta de mis primeras raíces»[7].
El año 1960 es una fecha decisiva en la trayectoria
profesional e intelectual del joven educador y crítico cubano. Unos días antes
de cumplir los 34 años llega como profesor adjunto a Merrimack College,
cerca de Boston. La soledad en lo que él llama «las praderas seis meses nevadas
de Massachusetts», así como su curiosidad intelectual, hacen que Jiménez se
matricule en un curso de literatura española en la cercana Universidad de
Harvard. El profesor del curso era el destacado hispanista y humanista Raimundo
Lida, quien pronto se convierte en amigo y mentor de José Olivio, y lo anima a
completar el libro Cinco poetas del tiempo, que
sería el primero de una veintena de obras que verían la luz en las próximas
tres décadas de su fructífera labor como crítico literario, tanto de autores
cubanos e hispanoamericanos como peninsulares. En
1962, es decir, dos años después de su experiencia en Boston, Jiménez se
incorpora al departamento de Lenguas Románicas de Hunter College de la City
University of New York (CUNY).
En la
legendaria «ciudad grande» de su admirado José Martí encuentra el Profesor
Jiménez un terreno fértil para sus aspiraciones profesionales. En corto tiempo
comienza a ser reconocido en los círculos académicos norteamericanos y
extranjeros, no sólo por sus aptitudes educativas sino también por sus
luminosos escritos y conferencias, que no se hicieron esperar después del éxito
alcanzado con su primer libro, Cinco
poetas del tiempo, considerado hoy una obra indispensable para estudiar la
poesía española del siglo XX. Como señalamos antes, a esta publicación habría
de añadir Jiménez una veintena de libros, que las limitaciones de tiempo me
impiden enumerar. Me limito a citar las que considero aportes fundamentales en
su trayectoria como crítico y ensayista: Antología
de la poesía Hispanoamericana contemporánea:1914-1970 (1971); Antología crítica de la poesía modernista
hispanoamericana (1985) (que
cuenta ya con más de 10 reimpresiones), La
Raíz y el Ala: Aproximaciones críticas a la obra literaria de José Martí
(1993), y José Martí: Ensayos y
crónicas (1995) (ampliada y reimpresa en Editorial Cátedra) (2004).
Además de
enseñar literatura peninsular e hispanoamericana en Hunter College, José
Olivio Jiménez pasa a ser uno de los fundadores del Programa Doctoral de
Español en el Centro de Estudios Graduados de CUNY. La claridad expositiva, el
entusiasmo, la cordialidad y el respeto por sus estudiantes caracterizaron
siempre lo que podría llamarse «el sistema educativo» del profesor Jiménez, o
como él prefería llamarlo, sus «manierismos
didácticos». Esa práctica pedagógica, que
respondía a una inclinación natural de su persona, se hizo patente a lo largo
de su larga y brillante carrera, como lo comprueba el nombramiento a Profesor Distinguido (Distinguished Professor, el más alto rango otorgado por sistema
universitario de la City University of New York. No cabe duda de que el Profesor Jiménez, por
su brillante labor didáctica, su erudición y su fecunda labor como crítico y
ensayista, tiene un sitio
asegurado en el ámbito de la cultura, en el sentido más amplio de esta palabra.
De los tres educadores brevemente reseñados es lícito
afirmar que fueron maestros de maestros, ejemplos vivos de dedicación y
humanismo, y verdaderos arquetipos para aquellos que supieron beneficiarse de
su sabiduría e inagotable generosidad.
(*) Ponencia presentada en el Primer Congreso de la Academia de la Historia de Cuba, Corp. el 15 de septiembre de 2018 en el William V. Musto Cultural Center de Union City (NJ) y publicada en el Anuario Histórico Cubanoamericano #2 (2018): págs. 151-160]
[1] El soñar despierto de Levi Marrero.
Círculo: Revista de Cultura, Vol. XXVI, 1997: 19.
[2] Estela Piñera y Alberto Gutiérrez
de la Solana. Humberto Piñera Llera: Pensador, escritor, crítico y educador,
p.36.
[3]
Ibid, p.51
[4]
Exilio, Otoño-Invierno 1969: 97
[5] Estela Piñera y Alberto Gutiérrez
de la Solana. p.50
[6] Círculo: Revista de Cultura, Vol.
XVII, 1988: 55
[7] p.28



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