Por Pedro Corzo
Por décadas, los contrarios al castrismo han subestimado
las habilidades para sobrevivir y hacer daño de ese sistema. La mentira y el
engaño son las herramientas que mejor manejan, se transmutan como salamandras y
como tales, son tóxicas para las democracias y los derechos ciudadanos.
No es la primera vez que el castrismo promete cambios que
jamás concreta, porque como dice el refrán: «Compran pescado y les cogen miedo
a los ojos». El empobrecimiento del país ha sido una constante política de
estado porque el totalitarismo tiene la certeza que la independencia económica
conlleva a la política.
Los jerarcas del castrismo siempre han tenido una visión
absoluta y de eternidad en lo que respecta al poder. Tienen muchas similitudes
con los regímenes teocráticos, actúan como fundamentalistas religiosos, siendo
inflexibles en aceptar cualquier medida que ponga en juego su autoridad
imperial.
Cierto que el deterioro actual no tiene precedentes y las
decisiones del gobierno de Estados Unidos tienen al sistema totalitario en
conteo final, sin embargo, no se les puede dar cuartel, porque montan un
espectáculo teatral capaz de confundir a tirios y troyanos el tiempo suficiente
para que Washington cambie de perspectivas y los cubanos nuevamente se agoten
entre el garrote y muy pocas zanahorias.
Muy acertadas las recientes declaraciones del
Departamento de Estado de calificar como «señales de humo superficiales» y una «estrategia
típica» el paquete de 176 reformas económicas anunciado por la dictadura.
Aciertan, cuando dicen que el castrismo intenta crear una
ilusión de apertura para que cese la presión internacional, agrego, también,
para que las protestas de los cubanos cesen, saben que cuando el pueblo asuma
el protagonismo que le corresponde, no los salva ni el medico chino, expresión
del refranero cubano que significa que no hay cura posible.
El castrismo ha demostrado ser un histrión con gran
talento, poseedor de un guion bien articulado desarrollado en un escenario en
el que el pueblo ha ocupado los peores puestos, lugares, que aparentemente está
dispuesto a abandonar. El ciudadano está harto de tanta miseria
No tengo dudas que la dictadura teme profundamente a
Estados Unidos y todo lo que esta nación representa por ser contrarios a las
propuestas castrista; estoy convencido de que resentiría el fin de la
deshonesta asistencia que la Union Europea le viene prestando consistentemente;
pero, mi incuestionable certeza es que a lo que más temen es a la furia de la
población.
El sistema, con estas propuestas, busca neutralizar los
sectores del gobierno que no tienen acceso a los privilegios del aparato
central, además, confundir a la población, harta de la miseria absoluta que les
degrada, una situación que les ha conducido a protestar cívicamente generando
un clima de inestabilidad que puede hacer girar las bayonetas que el soldado,
también en la desdicha, empuña.
Los Castro, Diaz Canel y todos los sicarios que les han
servido por décadas, conocen de lo que son capaces las masas cuando rompen las
cadenas. Ellos, conscientemente, han sometido al pueblo a condiciones de
miseria extrema, humillado y degradado a las personas a niveles inimaginable y
eso hace fecundar un odio y una sed de pasar cuentas que la historia ha
plasmado numerosas veces.
Cuba lo ha vivido, y los nonagenarios que han destruido
el país y puesto en riesgo la nación lo saben, aunque, por si acaso, les
recuerdo la extrema maldad a la que puede llegar la ira popular.
Después del derrocamiento del general-dictador Gerardo
Machado, el cadáver de uno de sus esbirros más connotados, el brigadier Antonio
Ainciart Agüero, fue exhumado de una fosa común en el cementerio de Marianao y
llevado por las turbas a la Universidad de La Habana para colgarlo de una
farola, mientras, intentaban hacerlo, la soga se rompió y el cuerpo en proceso
de descomposición cayó al suelo, interviniendo entonces el dirigente
estudiantil Eduardo Chibas quien a punta de pistola impidió que la profanación
continuara.
La historia puede repetirse, aunque no precisamente para
absolver a los tiranos y a la tiranía.
Tomado de 14YMedio.Com
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