RESEÑA Y PRESENTACIÓN EDITORIAL
«Perla sin corona. Historia crítica de Cuba entre dos imperios»
Carlos Manuel Estefanía
Continuación y profundización de
Cuba Imperial
Hay libros que llegan para poner
orden en el desorden de la memoria colectiva. Perla sin corona, el nuevo
volumen de Carlos Manuel Estefanía, es uno de ellos: una obra que continúa y
profundiza el recorrido iniciado en Cuba Imperial para abordar los siglos más
decisivos y menos comprendidos de la historia de la isla, aquellos en que Cuba
dejó de ser una colonia española para convertirse en el escenario de una
transición imperial que nadie controló del todo y que todos, en cambio, reclamaron
como propia.
Estefanía escribe con la autoridad
de quien conoce los archivos y con la claridad de quien respeta al lector. El
resultado es un ensayo histórico de largo aliento que no concede fácil acomodo
a ninguna de las mitologías en pugna: ni al nacionalismo cubano que necesita
héroes sin fisuras, ni a la nostalgia española que prefiere olvidar los siglos
de extracción y abandono, ni al entusiasmo anglosajón que todavía celebra 1898
como una guerra de liberación. Perla sin corona es, ante todo, un ejercicio de
honestidad intelectual aplicado a una historia que ha sido, demasiadas veces,
secuestrada por la política.
Un proyecto en dos volúmenes: de
Cuba Imperial a Perla sin corona
Para entender el alcance de este
libro es necesario situarlo dentro del proyecto historiográfico más amplio que
Estefanía ha venido construyendo. Cuba Imperial, su volumen anterior, se ocupó
de los primeros siglos de la presencia española en la isla: la conquista, el
sometimiento de los pueblos originarios, la fundación de las primeras villas,
la construcción del aparato colonial bajo los Austrias y la formación lenta e
irreversible de una sociedad criolla que empezaba a distinguirse de la
metrópoli que la había engendrado. Aquel libro estableció las coordenadas
fundamentales del mundo cubano: su carácter esencialmente hispánico, su
diversidad étnica sin precedentes, su posición estratégica en el corazón del
Atlántico.
Perla sin corona toma el relevo
exactamente donde Cuba Imperial lo dejó. Si el primer volumen preguntaba cómo
nació Cuba, este segundo pregunta cómo empezó a morir —y renacer— bajo el peso
de dos imperios que la codiciaron, la explotaron, la transformaron y, finalmente,
la soltaron sin haberla comprendido nunca del todo. La continuidad entre ambos
libros no es solo cronológica; es temática y metodológica. El mismo rigor en el
uso de fuentes primarias, la misma desconfianza hacia las interpretaciones
interesadas, la misma voluntad de separar lo que los documentos dicen de lo que
la tradición ha querido que digan.
Leídos juntos, los dos volúmenes
constituyen la historia crítica más completa de Cuba colonial disponible en
lengua española para el lector no especializado: accesible sin ser superficial,
rigurosa sin ser árida, apasionada sin perder nunca el norte de la evidencia.
El
argumento central: la perla que nunca tuvo corona propia
El título del libro no es una
metáfora ornamental. Cuba fue durante siglos llamada, con razón, «la perla del
Caribe» y «la llave del Nuevo Mundo». Era el nodo financiero y estratégico que
articulaba dos océanos, el punto de encuentro de las flotas que sostenían el
mayor imperio que el mundo occidental había conocido, la ciudad —La Habana— que
en el siglo XVIII superaba en riqueza, monumentalidad y sofisticación urbana a
cualquier ciudad de las Trece Colonias norteamericanas. Era, en todos los
sentidos materiales e históricos, la perla más valiosa de la corona española.
Y, sin embargo, nunca tuvo corona
propia. España la trató como una fuente de rentas antes que como una comunidad
de ciudadanos. Los Estados Unidos la liberaron en 1898 para someterla de otra
manera, prohibiendo la entrada del ejército cubano a la ciudad que sus propios
soldados habían contribuido a conquistar, izando su bandera donde nunca debió
ir, manteniendo en sus puestos a los funcionarios civiles de la corona española
mientras se congratulaban de haber terminado con el colonialismo. El propio
movimiento independentista cubano, como Estefanía demuestra con una
documentación que incomoda, construyó una narración nacional que simplificó,
omitió y en ocasiones directamente falsificó aquellos aspectos de su propia
historia que no encajaban con el relato que necesitaba para sostenerse.
La tesis de fondo del libro es tan
sencilla como perturbadora: Cuba no puede entenderse si se la separa de España,
y no puede entenderse si se acepta sin examen crítico la versión del
nacionalismo cubano sobre su propia historia. Ambas operaciones —la separación
y la aceptación acrítica— producen el mismo resultado: una isla sin contexto,
un pueblo sin pasado real, una historia convertida en propaganda.
Los grandes temas del libro
Perla sin corona aborda cuatro
grandes ejes temáticos que atraviesan sus páginas con coherencia y ambición:
El primero es la cuestión de los
orígenes, retomada y ampliada desde Cuba Imperial. Estefanía dedica páginas
memorables a demostrar que los pueblos aborígenes de Cuba no desaparecieron con
la conquista, como sostuvo durante décadas la historiografía oficial, sino que
se asimilaron, se mezclaron y sobrevivieron en proporciones que la genética
moderna está apenas comenzando a cuantificar. El mito del exterminio total, tan
útil para ciertos relatos sobre la crueldad española, resulta ser, él mismo,
una forma de violencia hacia los descendientes de los taínos que aún hoy viven
en las sierras orientales de la isla.
El segundo eje es el de las reformas
borbónicas del siglo XVIII y su impacto en la sociedad cubana. Aquí el libro
ofrece uno de sus análisis más originales: la demostración de que la
modernización impuesta por los Borbones no fue simplemente una mejora administrativa,
sino una ruptura violenta del pacto informal que había sostenido la vida
colonial bajo los Austrias. El estanco del tabaco, la ejecución de los vegueros
en Jesús del Monte, la dependencia estructural del comercio francés: episodios
que la historia escolar cubana trata como anécdotas, y que Estefanía coloca en
su lugar exacto como el primer gran antagonismo entre el Estado imperial y la
sociedad criolla.
El tercero es el de la ocupación
británica de La Habana en 1762, quizás el capítulo más revelador del libro. En
pocas semanas de comercio libre, los ingleses demostraron empíricamente lo que
los hacendados criollos llevaban décadas sospechando: que el monopolio español
era el principal obstáculo para la prosperidad de la isla. La ocupación
británica no fue solo una derrota militar; fue una lección económica que
transformó para siempre las aspiraciones de la élite cubana. Y tuvo además una
consecuencia que la historiografía anglosajona sistemáticamente omite: los
milicianos norteamericanos que combatieron en los fosos del Morro llevaron de
vuelta a sus colonias las lecciones tácticas y el resentimiento fiscal que diez
años después los llevarían a rebelarse contra Londres.
El cuarto y más extenso eje es el
del pensamiento político cubano del siglo XIX: Varela, Heredia, Arango y
Parreño, Saco. Son los padres fundadores del imaginario nacional cubano, las
figuras que el canon ha elevado a la categoría de santos laicos de la patria.
Estefanía los lee con admiración y sin reverencia, que es la única forma
honesta de leer a los grandes. Y lo que encuentra en esa lectura es fascinante:
que el mismo hombre que enseñó a los cubanos a pensar —Varela— fue también el
que denunció con mayor lucidez el patriotismo de fachada que él mismo contribuía
a alimentar; que el poeta del exilio —Heredia— llegó a la conclusión, después
de observar de cerca las repúblicas hispanoamericanas, de que la independencia
prematura sería para Cuba una catástrofe; que el ilustrado que diseñó la
modernización económica de la isla —Arango y Parreño— fue al mismo tiempo el
abogado más elocuente de la continuación de la trata de esclavos.
José Antonio Saco: la figura más
actual del siglo XIX cubano
Si hay una figura que vertebra la
segunda mitad de Perla sin corona, esa es la de José Antonio Saco (1797-1879),
el pensador bayamés al que Estefanía rescata del lugar secundario que le ha
asignado una historiografía más cómoda con los héroes de espada que con los de
pluma.
Saco fue, antes que nadie, el
intelectual que comprendió que la identidad cubana no podía construirse sobre
la negación de sus raíces hispánicas ni sobre la rendición ante el
expansionismo anglosajón. Su famosa sentencia —»Desearía que Cuba no solo fuese
rica, ilustrada, moral y poderosa, sino que fuese también Cuba cubana y no
anglosajona»— resuena en este libro con una actualidad que desconcierta: fue
pronunciada en 1848, cuando los sectores más poderosos de la oligarquía criolla
consideraban seriamente la anexión a los Estados Unidos como solución a todos
sus problemas.
«Aquí yace José Antonio Saco, que no
fue anexionista, porque fue más cubano que todos los anexionistas.»
Las palabras cinceladas en su tumba
son el mejor resumen posible de una vida dedicada a pensar Cuba desde Cuba, sin
tutelas externas ni complacencias ideológicas. Estefanía las recoge al final
del capítulo dedicado a Saco con una sobriedad que es, en sí misma, un acto de
respeto intelectual.
La guerra de 1898: la pregunta que el nacionalismo no
responde
El libro cierra con un análisis de
la guerra hispano-norteamericana de 1898 que es, probablemente, la parte más
polémica y más necesaria de toda la obra. La pregunta que Estefanía formula es
tan simple como explosiva: ¿a quién debe Cuba, en última instancia, su
separación de España?
La respuesta del canon nacionalista
cubano es conocida: a sus propios hijos, al Ejército Libertador, a los mambises
que durante treinta años combatieron sin descanso por la independencia.
Estefanía no niega este mérito; lo documenta y lo celebra. Pero añade, con la
misma honestidad que aplica al resto del libro, los datos que esa versión
omite: que España no había sido militarmente derrotada en la isla cuando firmó
la paz; que los Estados Unidos entraron en la guerra sin reconocer al gobierno
cubano y salieron de ella tratando al ejército cubano como a un subalterno
incómodo; que la decisión final de rendir Cuba fue tomada en una mesa
diplomática en París sin que ningún representante cubano estuviera presente; y
que el motivo de la rendición española no fue la derrota militar en la isla,
sino la destrucción de su flota naval y el agotamiento político de una
metrópoli que miraba más a Europa que al Caribe.
Esta es la historia de Cuba que no
se enseña en las escuelas: no porque sea falsa, sino porque es demasiado
compleja para caber en un relato de héroes y villanos. Estefanía la cuenta con
la calma del historiador que ha leído los documentos y la pasión del cubano que
ama demasiado a su país como para mentirle.
El método: fuentes, rigor y mirada revisionista
Una de las señas de identidad de
Perla sin corona, como de Cuba Imperial, es la solidez de su aparato
documental. Estefanía no escribe desde el ensayo especulativo ni desde la
polémica gratuita; escribe desde los archivos. A lo largo de sus páginas el lector
encontrará referencias a documentos del Archivo General de Indias, cartas
capitulares habaneras del siglo XVII, crónicas militares suecas del siglo XIX
consultadas en la Biblioteca Estatal de Estocolmo, informes de gobernadores
coloniales, actas de la Real Audiencia de Santo Domingo y un larguísimo
etcétera de fuentes primarias que anclan cada afirmación en la evidencia antes
que en la tradición.
Este rigor no sacrifica la
legibilidad. Estefanía escribe para el lector culto y curioso, no para el
especialista universitario que ya conoce las respuestas. Su prosa es clara,
directa, con frecuencia irónica, y tiene la virtud poco común de hacer que la
historia compleja resulte apasionante sin simplificarla. Quien comience este
libro buscando entretenimiento lo encontrará; quien lo comience buscando rigor
histórico también.
La perspectiva revisionista que
define su trabajo no es una postura ideológica sino metodológica: consiste en
preguntar qué dicen los documentos antes de aceptar lo que dice la tradición, y
en asumir que la tradición, cuando contradice los documentos, suele tener
razones políticas para hacerlo. Esta actitud, que en cualquier otra disciplina
científica se llamaría simplemente honestidad intelectual, resulta en el campo
de la historia colonial cubana un acto de valentía.
Para quién es este libro
Perla sin corona está escrito para
dos lectores fundamentales, como el propio Estefanía confiesa en su nota
inicial. Para los cubanos, a quienes ofrece la posibilidad de conocer sus
raíces sin el filtro del adoctrinamiento ni la nostalgia; de entender por qué
son como son, de dónde vienen realmente, qué tienen de español, de africano, de
indígena, de anglosajón sin saberlo, y por qué esa mezcla irreductible y
magnífica no es una debilidad identitaria sino su mayor riqueza.
Y para los españoles, a quienes
ofrece algo más difícil pero igualmente valioso: la posibilidad de entender que
Cuba no era solo una colonia, sino una parte del mundo hispánico que creció, se
transformó, y terminó por ser más española que la propia España en muchos
aspectos decisivos, antes de que la incomprensión mutua y el oportunismo
geopolítico de una tercera potencia los separaran para siempre. O casi para
siempre.
Pero más allá de estos dos lectores
específicos, el libro interpela a cualquier persona interesada en cómo se
construyen y destruyen los imperios, cómo nacen las naciones, cómo se forja y
se falsifica la memoria histórica, y cómo los grandes procesos del mundo
atlántico —la esclavitud, el liberalismo, el colonialismo, el imperialismo— se
vivieron desde dentro en una isla que durante tres siglos fue el centro
gravitacional del mundo occidental.
Ficha técnica:
Título: Perla sin corona. Historia crítica
de Cuba entre dos imperios
Autor: Carlos Manuel Estefanía
Colección: Historia crítica de Cuba (Vol. II)
Volumen anterior: Cuba Imperial
Editorial: Lulu Press
Formato: 6 × 9 pulgadas, rústica
Idioma: Español
Temática: Historia de Cuba, Historia colonial,
Historia del Caribe, Historia de España en América
Perla sin corona está disponible en
Lulu Press en formato impreso y digital. Junto con Cuba Imperial, constituye
una de las lecturas más estimulantes y necesarias sobre la historia del Caribe
hispano disponibles hoy en lengua española.
La obra está disponible en Lulu
Tomado de Cuba Nuestra
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