Por Pedro Corzo
Desgraciadamente, el pueblo cubano no
está en capacidad de juzgar a sus verdugos, así, que confiemos que sean
procesados por nuestros amigos.
Los dos, delinquieron contra los
países democráticos del hemisferio y directamente contra Estados Unidos en
innumerables ocasiones, como lo fue el derribo en aguas internacionales de los
aviones de Hermanos al Rescate que causó la muerte de cuatro activista, tres
ciudadanos estadounidenses y un residente.
De veras, que distinguimos con mucha
satisfacción que el fiscal general de la Florida haya iniciado una investigación por el derribo de las dos aeronaves, un crimen que no hubiera
ocurrido si Raúl Castro, a la sazón ministro de la Defensa de Cuba, no lo hubiera
autorizado. Además, sugerimos a las autoridades que sería muy conveniente que
otros delitos en los cuales el verdugo de la loma de San Juan estuvo
involucrado, fueran sacados a la luz.
Por ejemplo, en 1993, Raúl Castro fue
investigado por otro jurado de la Florida por estar involucrado en actividades
de narcotráfico, sin embargo, la investigación fue cerrada por falta de
voluntad política de parte de la administración del presidente Clinton. También
fue acusado de ser jefe de una conspiración que tenía como objetivo introducir
toneladas de cocaína en Estados Unidos, Cuba sería la plataforma,
Los hermanos Castro suministraron armas y explosivos a grupos extremistas radicales, fomentaron redes de espionaje como la red Avispa, sedujeron a varios funcionarios estadounidenses para que espiaran a su propio país, sin olvidar que se cuentan entre los pioneros en organizar, con el respaldo de una estructura gubernamental, la introducción y distribución de narcóticos en territorio de la unión americana.
Por otra parte, el sistema que ambos
hermanos impusieron en Cuba, instrumentó una campaña de subversión y terrorismo
que afectó a todo el hemisferio con repercusiones en este país, incluidos los
asesinatos de funcionarios del gobierno de Estados Unidos; entre otros, Dan
Mitrione en Uruguay y el embajador en Guatemala, John Gordon Mein, ejecutados
por grupos subversivos entrenados y avituallados por el sistema castrista.
El caso de Mitrione fue el más
escandaloso. Un agente castrista de nombre Manuel Hevia Cosculluela, suministró
información sobre Mitrione a los Tupamaros, el grupo terrorista que ejecutó el
crimen.
Un sector del exilio cubano siempre ha
estado a favor de juzgar internacionalmente a los hermanos Fidel y Raúl Castro,
un esfuerzo sin resultados positivos porque hasta el momento, a pesar de las
evidencias, ningún gobierno ha mostrado energía política para juzgar a estos
criminales.
Raúl Castro, aparte de ser un
ejecutor, sirvió como acusador en todos los procesos judiciales importantes que
efectuó el castrismo. Instrumentó un espurio juicio que terminó en las 71 ejecuciones de la Loma de San Juan el 11 de enero de 1959 y cumplió la misma
función en el juicio contra Huber Matos y sus compañeros en diciembre de ese
mismo año.
Otro proceso en el que asumió el papel
de fiscal, una seria aproximación a Robespierre, fue en el de la denominada
“micro fracción”, en 1967.
Aquel fue un soberano escándalo. Los
indiciados, más de una treintena, fueron condenados a diferentes penas de
cárcel, entre ellos, un hombre que tomó conciencia, como pocos, del daño que el
nuevo sistema causaría a los cubanos: Ricardo Bofill Pagés, quien años más
tarde y en prisión, sembraría las bases para promover novedosas formas de lucha
contra el totalitarismo.
Las constantes pugnas dentro del
castrismo, genuinas peleas de hienas, condujeron a la destitución en 1968 de
Ramiro Valdés, el otrora todopoderoso y sanguinario ministro del Interior, al
parecer, como consecuencia de su rivalidad con el hermano del faraón. No
obstante, “Ramirito” era insustituible en su rol de duro, razón por la cual
nunca ha dejado de estar en la primera fila de los verdugos más connotados del
sistema.
Es apropiado reconocer que la purga
más sangrienta del castrismo, sin alusión a las numerosas e inexplicables
muertes de generales y doctores ocurridas en los últimos años, tuvo lugar en
1989, cuando fueron condenados a muerte y fusilados, el general Arnaldo Ochoa y
otros tres altos oficiales de los cuerpos armados.
Desgraciadamente, el pueblo cubano no está en capacidad de juzgar a sus verdugos, así, que confiemos que sean procesados por nuestros amigos.

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