Saturday, October 30, 2021

Los que van a escribir te saludan


El miembro de la AHCE Enrique Del Risco publica nuevo libro de ensayos: Los que van a escribir te saludan. El autor ha dicho del libro:

"Se trata de una recopilación de ensayos escritos durante más de veinte años sobre "lo que llamo política literaria: una suerte de guerra de guerrillas empeñada, no en favorecer o contradecir determinado proyecto político, sino en enfrentarse a las presiones que, desde los diferentes poderes, intentan apagar su voz o domesticarla". Porque "por inocente o etéreo que se pretenda, el ejercicio literario siempre representará una revuelta contra el monopolio de sentido al que aspira el poder". El libro comienza por ser un recorrido por la literatura nacional desde su llamado texto fundacional, Espejo de paciencia, hasta poetas contemporáneos como Néstor Díaz de Villegas y Gleyvis Coro Montanet pasando por las batallas que libró Virgilio Piñera contra la Ciudad Letrada primero y contra el totalitarismo local después; y por el ejemplar ejercicio literario de la generación del Mariel que según mi opinión terminó resultando "la verdadera Novela de la Revolución Cubana". También Los que van a escribir te saludan incluye una sección que explora el mismo tema en escritores ajenos a "la maldita circunstancia del agua por todas partes" y que incluye textos sobre Julio Cortázar, Roberto Bolaño, Joseph Brodsky y Vaclav Havel" 

El ensayista Jorge Brioso, autor de El privilegio de pensar, ha resumido así el libro de Del Risco:

"El enemigo de un escritor lo define. Trilce de Vallejo resulta inconcebible sin ese ruido que viene de afuera y no deja cantar al poeta. A Borges no se le puede entender sin ese concepto que corrompe y desatina todo, el infinito. La obra de Enrique Del Risco resulta inimaginable sin su ubicuo contrincante: el poder que aspira, según sus propias palabras, al monopolio del sentido. La literatura se le revela y se le rebela al poder -valga aclarar que la buena literatura es pródiga en revueltas pero no puede ser revolucionaria, eso equivaldría a plegarse a la política- al oponerle su "ambigua levedad". Los ensayos de este libro exponen a través de múltiples escenarios -que van de Espejo de paciencia a Néstor Díaz de Villegas, de Roberto Bolaño a Joseph Brodsky- los flancos de esa batalla" 

Para adquirir el libro pueden pinchar aquí.

Héctor Santiago: Morir de isla y vivir de exilios

El escritor y dramaturgo Héctor Santiago publica nuevo libro de relatos Morir de isla y vivir de exilios. De este ha dicho el escritor José Abreu Felippe:

"Si me viese obligado a escoger una sola palabra que resumiera las treinta y cuatro historias de Morir de Isla y vivir de Exilios, sería sin dudas, dolor. Un sentimiento que recorre las dos partes, “Somos de donde hemos venido” y “Somos de a donde llegamos”, con la misma intensidad. No es óbice que la primera se centre en la Isla y la segunda en el Exilio, los personajes arrastran los mismos fantasmas. Muerte, cárcel, acoso, persecución, gravitan sobre todos ellos. Demasiado horror acumulado por demasiado tiempo. Morir de Isla y vivir de Exilios es un libro contundente, imprescindible, que escarba en la memoria para tallar un monumento contra el olvido"

Para comprar el libro pinchar aquí.

Tuesday, October 19, 2021

Mi último día en La Habana*


 

Por Ileana Fuentes

Dedicado a los 14,048 niños y niñas que salieron de Cuba entre 1960 y 1962 por la Operación Pedro Pan

Nota: Este texto narra mi experiencia personal del día en que salí de Cuba hace 60 años. No constituye un trabajo periodístico. Cada cubano y cada cubana que partió al exilio vivió una experiencia similar, o peor. Son historias que deben ser contadas porque constituyen la historia privada y no-oficial –pero no por eso menos oficial ni menos pública- de todo un pueblo.

MIAMI, Estados Unidos.- El telegrama llegó hace unos días. La suerte estaba echada. Carlitos y yo saldríamos de Cuba hoy, 20 de octubre. Año 1961. Toda la familia se dio cita en casa por la mañana. Todos intuían que se iniciaba el fragmentado viaje hacia la libertad, y que de pronto éramos como un organismo que se iría desmembrando poco a poco. Los muertos quedarían aquí, en el Cementerio de Colón; los vivos huiríamos despavoridos.

Tía Carmita y Juana empezaron a acicalar a Carlitos. Tía había mandado a hacer un trajecito de lana a la medida. Pobre niño de apenas 6 años, con el calor que hace aquí, y en un día como hoy, de por sí incierto y preocupante. Mamá y madrina me ayudaron a vestir. “Aquí tienes. Ponte esto”, dijo madrina. ¿Y qué es “esto”?  No puedo creerlo: un ajustador copa B que mi cuerpo no necesita. A mis trece años yo no tengo con qué llenar una copa B, ni B, ni A, ni de ningún tamaño. Pero aquí está, su ajustador de algodón blanco con alforcitas y encajitos, lavado, hervido, almidonado y planchado, listo para yo heredarlo precisamente hoy. Los encajitos almidonados pican, como la lana.

— “Ya eres una señorita. Tienes que usar un ajustador… No puedes salir así, con las masas sueltas”, insistió mamá. “Ya no eres una niña. Tienes que ponerte esto también”.

Otro “esto”. Mamá se refería a una faja de goma, “para mantener tus curvas controladas”. Como si el trauma de este día no fuese suficiente, el separarme de mi familia, de mis amigas, de abandonar mi hogar, mi barrio… o el terror de viajar sola rumbo a otro país no bastaran… Como si el hecho de no poder negarme a una adultez prematura no fuera suficiente intimidación, había que añadirle estos amarres más aptos para vacas y yeguas que para “señoritas”. “Si pudiera llamar a María Julia o a Martica para ir a montar bicicleta”, pensé.  En este día soleado de octubre, esta Wendy entre miles de otras Wendys huiría de Cuba para refugiarse en el país de Nunca-Jamás vistiendo una faja de goma, unas ridículas medias de nylon, un ajustador que me quedaba grande y me picaba, ¡y ropa de invierno: falda de pana y pullover de angora! ¡La temperatura en La Habana –y en Miami– está en 27 grados centígrados!

Mientras esperábamos a que llegara el resto de la familia sonó el teléfono. Lo contesté yo. Era Martica, mi compañera ciclista. Mamá estaba muy cerca, y poniéndose el índice de la mano derecha sobre los labios con seriedad de militar, me dijo, sin emitir el más mínimo sonido: “Ni una palabra”. Rechacé la invitación de Martica: para mí no habría bicicleta hoy. “Lo siento, Martica, no puedo ir a montar bicicleta. Tengo que salir con mi mamá”.

Hubiera querido decirle que había otra salida programada, “la salida más drástica de mi vida, Martica, lejos de aquí, de ti, de Mari y Lalita, lejos de Joe, de Hiriam y Olguita, lejos de Maribel y Yoly, de Jesusito y Chemi, de la vieja revolucionaria Inés y su maldito comité de defensa, lejos de la quincalla y el puesto de fritas de la esquina, lejos de Aldito y su cotorra malhablada, y del pobre enajenado Elías, y de todo lo que me es familiar, Martica… Tu “salida” llegará también, un día de estos. ¿Cuándo te volveré a ver, mi amiguita querida?”

A eso de las 11, todos habían llegado: mi padrino Antonio, tía Teresa, y mi prima Carmencita; tío Pepe y madrina Celia; tía Carmita y tío Carlos, su hermano Pancho y su hermana Flora con su esposo Joaquín; Fina, la queridísima prima de mi mamá y su esposo Andrés; los entrañables amigos de mis padres, María Cuervo y David Abascal; mi adorada Juana, mamá, papá, Carlitos y yo. Nos tomamos una última foto: sentados en el sofá de mimbre en la terraza, Carlitos, Carmencita y yo, con nuestra prima recién nacida, Carmen María, en mis brazos.

—“Sonrían…”

Cuatro carros esperaban abajo frente a la casa para llevarnos al aeropuerto. Esta no sería una despedida alegre como las anteriores, sería más bien como un cortejo fúnebre por la Avenida Carlos III hasta la carretera de Rancho Boyeros, que nos llevaría directo al Aeropuerto Internacional José Martí. Abuela Carmen había fallecido dos meses antes. Todos, excepto Carlitos y yo, vestían de negro.

Había muchas familias con niños esperando su turno para entrar en la pecera. Si mis padres me hubieran dado más detalles en vez de mantenerlo todo en secreto, yo hubiera sabido de antemano que muchos de los pasajeros serían adolescentes que viajaban sin sus padres, como yo. En los años cincuenta, los familiares y amigos del viajante tenían libre acceso a las puertas de embarque. La espera para abordar se hacía acompañado, y era muy placentera. Desde la terraza exterior la gente despedía los vuelos y podía ver a su ser querido subir las escalerillas del avión.

Pero las cosas han cambiado. Estos viajes no son de vacaciones, son viajes de índole política, viajes de desafectos, de “sálvese el que pueda”, viajes para poner a los menores a salvo del comunismo. En las salas de espera de las puertas de embarque, que son herméticas, de cristal, no puede entrar nadie que no vaya a viajar. Es, literalmente, un tanque, una pecera. Carlitos y yo hicimos la cola rodeados de la familia, todos tristes, todos llorando, aferrados a nosotros. Desprenderme del abrazo de mima y pipo y sentir que me empujaban hacia el interior de la pecera fue como si me arrancaran la piel.

Yo llevaba en la mano nuestras dos pequeñas maletas. La cola terminaba ante un mostrador a la entrada de la pecera que continuaba adentro de la misma, donde había que mostrar a los milicianos de aduana los pasaportes, las visas waivers, el expediente de vacunas y el pasaje. Una vez adentro, las maletas las agarró otro miliciano, las abrió, les puso un sello y varios cuños, y las puso sobre unas mesas detrás del mostrador. Al instante, ambas desaparecieron. “¿Tiene algo que declarar?”, preguntó el miliciano. La pregunta me tomó de sorpresa. Mamá había insistido que llevara puestos los areticos de brillantes que me había regalado abuela Carlota, y en mis orejas estaban, escondidos bajo el pelo que las cubría. Nadie puede salir de Cuba con sus prendas. Solo se permiten tres mudas de ropa por persona.

“No, no tengo nada que declarar”, mentí más fresca que una lechuga. La práctica de decir mentiritas en el matriarcado Ramos sirvió de algo. Igual, pasé tremendo susto.

Carlitos y yo encontramos dos asientos. La pecera se iba llenando de gente. Carlitos se estaba poniendo impaciente y majadero, y le dio por llorar.  Busqué con la vista a mi familia del otro lado del cristal en busca de algún consuelo. Pero allí, en la parte exterior de la pecera, todos lloraban. Será una imagen imborrable la de mis padres, mis tíos, todos ellos sufriendo esta separación. Retrato de familia y retrato de mi infancia, pañuelos en mano, con un dolor tremendo en el alma, todos vestidos de negro de pie a cabeza, todos de luto no solo por mi abuela muerta sino por la muerte colectiva esa mañana de octubre.

Empezaron a llamar nombres. Oí el mío a lo lejos. Carlitos seguía lloriqueando. Me levanté para dirigirme al mostrador. El niño empezó a gritar: “No te vayas, Illy, no te vayas”. Una amable señora se hizo cargo de Carlitos con una bolsa de chocolates. Una miliciana me indica que la siga. Me llevó por fuera a la parte trasera del edificio. Se veían claramente los aviones en la pista, con sus escalerillas ya posicionadas. Pasamos varias puertas, hasta que se detuvo ante una, y me hizo entrar. Era una habitación pequeña, con una larga mesa y varias sillas pegadas a la pared. Al sentarme reconocí mi maleta ya abierta sobre la mesa. Detrás de la mesa, otra miliciana. Ambas estaban armadas. La miliciana número 2 me llamó al frente.

— “¿Eres tú Ileana Fuentes Ramos?”

— “Sí.”

— “¿Es esta tu maleta?”

— “Sí.”

— “¿A dónde viajas?”

— “A Nueva York, a visitar a mi tío, que vive allá.”

— “Pero, ¿tu vuelo no es a Miami?”

— “Sí, pero de ahí seguiré para Nueva York.” Con la ayuda de mamá, me había aprendido la respuesta de memoria.

— “¿Quién te espera en Miami?”

— “Las monjas.”

— “¿Qué monjas?”

— “Las monjas de las Dominicas Americanas.”

Fue ahí donde la miliciana empezó a sacar cosas de la maleta. Además de las tres mudas de ropa, los tres juegos de ropa interior, un segundo par de zapatos, el abrigo de invierno, y artículos personales como mi cepillo de dientes y el peine, yo llevaba otras cosas en el equipaje que no estaban en la lista de artículos aprobados. Mamá, la anti comunista, haciendo de las suyas. No había sido suficiente lo de los aretes de brillantes. ¿Y si ahora los descubrían y me cortaban las orejas?

— “¿Qué son estas fotografías?

— “Esa es mi abuela, que murió hace dos meses. Ese es mi papá; esa es Juana, nuestra sirvienta [¡Oh, oh! Metí la pata con esa palabra.]… Esa es mi mamá.”

— “¿Así que ‘nuestra sirvienta’? Tú eres una de esas niñas bitongas de padres burgueses y gusanos que quieren irse del país”.

El susto ya era miedo. Confesar mis pecados al cura, aterrorizada con la amenaza del infierno y la perdición eterna no era nada comparado a esto. Intuía que alguna penitencia recibiría, y no diez “Ave Marías” precisamente. Bajé la cabeza y no dije ni pío.

— “¿Estos zapatos tan lindos, son americanos?”

— “No sé. Mi mama es la que los compra”.

— ¿Y estas batas, son americanas?”

— “Oh, no, esas son cubanas. Mi mamá y mi madrina me los hacen. Compran la tela en la calle Muralla, y a coser. Ellas son muy buenas costureras”.

— “Tu mamá no es costurera. Tu mamá es maestra, ¿no?”

— “Bueno, sí. Ella es maestra de la Escuela No.8 de Guanabacoa, y alfabetizadora. Pero también cose muy bien”.

— “¿Ella viajará a Nueva York también?”

— “No creo. Mi mamá está muy ocupada con la campaña de alfabetización” [Otra respuesta que me aprendí de memoria]”.

— “Así y todo, ella estará pensando en reunirse contigo allá, ¿no crees?”

— “En realidad no lo sé.”

— “¿Y tu papá? ¿Se irá para Nueva York también?”

— “No lo sé, pero él es un viejo amigo de Fidel, de cuando militaban juntos en el Partido Ortodoxo”. [Respuesta memorizada número tres].

Estoy más tranquila. Mamá, en la campaña de alfabetización, y papi un viejo amigo de Fidel. Eso compensa el disparate de “sirvienta” y hará invisibles mis areticos. Ahora no hay quien dude de que solo me voy de vacaciones a Nueva York.

— “¿Y quién más en la familia se va para el Norte?

— “Que yo sepa, nadie”.

— “¿Y estos libros qué hacen aquí? Aquí no puede haber ningún libro”.

— “Esos son mis libros de piano. Mamá quiere que siga practicando mientras estoy en Nueva York”.

— “¿Practicando? ¿Tu tío en Nueva York tiene un piano?”

— “Bueno, eso espero”.

— “Eso esperas…. Estos libros no salen del país: aquí se quedan. Son patrimonio nacional. La revolución se los dará a niños pobres revolucionarios que los necesiten”.

— “No, no, por favor. Esos son mis libros de piano. ¿No podrían entregárselos a mi mama? Estoy segura de que las niñas pobres de Guanabacoa le sacarán provecho”.

— “¡Cállate la boca! Tu mamá también se irá del país, y tu papá, y los padres de tu primito. Todos los gusanos burgueses se irán del país, y mejor, porque no queremos escoria como ustedes en la nueva Cuba”.

“Llévate a esta chiquilla para la sala de espera…” le dijo a la miliciana número 1, que en todo este tiempo no había abierto la boca. El interrogatorio me había parecido una eternidad, pero solo tomó una media hora.  La número 1 me escoltó hasta la pecera. Ya todos estaban en fila, listos para salir hacia el avión y abordar el vuelo de PanAm que nos llevaría a Estados Unidos. La amable señora no había soltado a Carlitos, y a ella me acerqué. El niño seguía inquieto.

— “¿A dónde vamos? ¿A dónde vamos? ¿Por qué mami y papi están allá afuera?” Pobre Carlitos, todo le picaba por culpa del trajecito de lana. Traté de calmarlo.

— “Tú y yo nos vamos de vacaciones, mi amor… Ellos vendrán después”, le susurré al oído. La amable señora le dio más chocolates. ¡Benditos chocolates! ¡Bendita la amable señora! Lo tomé de la mano y, a unos pasos de la puerta de salida, miré de nuevo hacia los cristales de la pecera.  Mi gente, la supuesta escoria, tenía pánico en sus rostros. Les dije adiós con la mano y les tiré besos. Pánico es lo que sentía yo por dentro, de solo pensar que quizás nunca más los volvería a ver.

De Retrato de Wendy: Memorias. © Ileana Fuentes. De próxima publicación.

*Publicado originalmente en Cubanet. Reproducido aquí por cortesía de la autora.

Saturday, October 16, 2021

ANUARIO HISTÓRICO CUBANOAMERICANO No. 5 (2021)

 

Ya se encuentra disponible el más reciente número del Anuario Histórico Cubanoamericano, publicado por la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp. Como siempre, consta de diferentes secciones con artículos, ensayos, documentos, testimonios, etc. El Dossier de este año está dedicado a “Organizaciones Cubanas del Exilio.” La lista de autores presenta tanto a experimentados académicos como a otros de nueva promoción, así como a ilustres colaboradores, como prueba la siguiente relación:

 

Iván Acosta, Roberto Álvarez Quiñones, Emilio Bernal Labrada, Raúl Eduardo Chau, Pedro Corzo, Ángel De Fana, Enrique Del Risco, Paúl Echániz, Julio Estorino, Rolando Fernández Padrón, Manuel Gayol Mecías, Antonio Gómez Sotolongo, Eduardo S. Iglesias, Sylvia Iriondo, Federico Justiniani, Luis Leonel León, Eduardo Lolo, Ángel Marrero, Luis Martínez-Fernández, Raúl Moncarz, Paul V. Montesino, Alberto Müller, Eduardo Palmer, David Pedreira, Gustavo Pérez Firmat, Manuel Rodríguez Ramos, Perla Rozencvaig, Ismael Sambra, Octavio de la Suarée, Armando R. Triana, José Raúl Vidal y Franco, y Lilo Vilaplana.

En este número también aparece una carta inédita de Francisco Vicente Aguilera, un breve compendio bibliográfico de la historiografia cubana del exilio del 2020, y otros trabajos de igual interés.

 

Para más información y cómo obtener un ejemplar, pulse AQUÍ.

 

Monday, October 11, 2021

Continúa la fascinación con Che Guevara mientras sus víctimas siguen olvidadas

Por María Werlau

No nos sorprende que el 54 aniversario de la muerte del Che Guevara esté recibiendo cobertura mediática en todo el mundo. Los biógrafos más famosos del Che han dedicado cientos de páginas incluso a las minucias más efímeras de su vida sin casi prestar atención a sus víctimas. Su vestimenta, apariencia, intereses arqueológicos, asma, sexualidad o correspondencia con familiares han atraído más atención que cualquiera de las vidas que truncó.

Que su rostro adorne las camisetas de opositores a la pena capital es una extraña ironía, ya que el Che de carne y hueso demostró un profundo desprecio por la santidad de la vida.

El librito de alrededor de 50 páginas está disponible en Amazon en español e inglés. Suma testimonios y material fotográfico inéditos a la extensa bibliografía sobre Guevara, reseña a algunas de sus víctimas y contiene la lista de ejecuciones documentadas hasta la fecha que se le atribuyen a Guevara (los casos se encuentran individualmente en nuestra base de datos). Al comprar la publicación, accede a ese importante material a la vez que apoya nuestro trabajo y nos ayuda a continuarlo.

La manera en que se ha usado la imagen del Che para romantizar a una dictadura criminal debiera estudiarse con un apego a los hechos históricos. A sus víctimas les debemos, como mínimo, la memoria.

Primera fila: Miguel Ares Polo, Jesús Carrera Zayas, Cornelio Rojas Fernández, Raúl Clausell Gato; 2nda fila: Rafael García Muñiz, Ariel Lima Lago, José Castaño Quevedo, Fidel Díaz Merquías
 
A continuación, lea un extracto de nuestro libro Las Víctimas Olvidadas del Che Guevara (2da ed., 2020) que ayuda a entender cómo nació el culto al Che:

"Ion Mihai Pacepa, quien desertó a Occidente en 1978 siendo el jefe de los servicios de inteligencia de Rumania Securitate, ha escrito que el servicio de inteligencia y la maquinaria de propaganda de Cuba prepararon la campaña en torno al Che Guevara para darle una fachada revolucionaria romántica al comunismo cubano. Afirma que los hermanos Castro decidieron que el Che podía ser representado como un mártir del imperialismo estadounidense por haber sido ejecutado en Bolivia el 9 de octubre de 1967. Según Pacepa, la KGB inmediatamente apoyó la idea y se ordenó a los servicios de inteligencia de los satélites soviéticos, incluido el de Rumania, que echaran una mano a la “Operación Che”. Pacepa explica que la icónica imagen del Che Guevara tomada por el fotógrafo cubano Korda (Alberto Díaz Gutiérrez) fue presentada al mundo por un operativo encubierto de la KGB, el escritor I. Lavresky, en un libro titulado Ernesto Che Guevara, editado por la KGB (Moscú: Progress Publishers, 1976). Luego, la KGB difundió la fotografía de Korda por toda Sudamérica y usó al comunista italiano Giangiacomo Feltrinelli, un editor millonario involucrado con la KGB, para inundar el mundo con la foto en carteles y camisetas."


 

Saturday, October 2, 2021

NI HÉROES NI VILLANOS

LA UNAM PRESENTA EL COLOQUIO "NI HÉROES NI VILLANOS. LOS PERSONAJES, LOS HECHOS Y LAS OBRAS. 500 AÑOS DE LA CAÍDA DE TENOCHTITLAN / 200 AÑOS DE LA CONSUMACIÓN DE LA INDEPENDENCIA"



El ciclo tiene por objetivo profundizar en la imagen de algunos de los personajes que han resultado más polémicos en la historia de México con el fin de desmitificarlos y quitarles las etiquetas de héroes o villanos. En ese sentido, algunos de los personajes que se analizarán en el ciclo son Hernán Cortés, la Malinche, Moctezuma, Agustín de Iturbide, Antonio de Santa Ana, entre otros. Además, se abordarán las obras y los hechos que han servido para la construcción del mito de los personajes.

Entre los ponentes se encuentran los cubanos Rafael Rojas y Alejandro González Acosta, este último miembro de nuestra academia.
Programa completo: verlo aquí

Fecha:
5 al 8 de octubre de 2021
Horario de incio
10:00 am
-
Horario de término
03:00 pm
Periodicidad
Diario
MODALIDAD
EN LÍNEA
Sede o liga de transmisión en vivo

El coloquio se transmitirá en vivo a través del Canal de YouTube de la Biblioteca Nacional: https://www.youtube.com/channel/UCXFM0aq2FFkkKzABnt6rgwg


Para más información ver aquí

Sunday, September 26, 2021

Autor de “El Super” estrena en Miami documental sobre el 9/11*


Por Alejandro Ríos 

Iván Acosta, autor de la mítica obra de teatro homónima que inspiró la película por antonomasia de la cultura cubana del exilio, “El Súper”, estrena el documental “Detrás de mis ojos”, sobre los arteros ataques terroristas a Nueva York, aquella mañana inolvidable del 11 de septiembre del año 2001.

Esta suerte de poema ilustrado mediante imágenes que Acosta fue grabando con una modesta cámara de video, desde el piso 42 del edificio Manhattan Plaza en el mítico vecindario de Hell’s Kitchen, que ha sido su hogar por décadas, crea una insospechada empatía con el espectador.

El documental parte del mismo asombro e incredulidad sufridos por el resto del mundo, pero ocurre en el ámbito doméstico de Acosta, desde el balcón de su hogar, donde los sucesos del horror se encadenan, rápidamente, a la distancia, como en las agresiones extraterrestres de una película de ciencia ficción.

De tal modo comienza a hilarse un diálogo simple, pero abundante en descripciones alegóricas, expresado en la propia voz de Acosta, con imágenes conmovedoras de la realidad circundante, que se labran justo detrás de sus ojos y de los nuestros, donde adquieren una dimensión de fijeza estética y humanista.

Acosta ha criado una hermosa familia en la ciudad herida, junto a Teresa, su esposa. Figura entre los cronistas excelsos que alaban la “Babel de Hierro”. En su caso, mediante reveladora filmografía que explora las conexiones del jazz y la música popular cubanas con la gloriosa fibra cultural de la llamada capital del mundo.

Melómano pertinaz, Iván Acosta es un artista inquieto, de vocación altruista, siempre dispuesto a favorecer dispositivos, de toda índole, para que nada quede pendiente a la hora de asentar el paso de aportes universales de la cultura cubana en libertad.

Sus virtudes de narrador, puestas a prueba con éxito en su obra teatral y cinematográfica de ficción, se trasladan, de modo natural, al cultivo del documental cuando le ha sido necesario, como es el caso de “Detrás de mis ojos”.

Acosta tomó nota cinematográfica del horror en su ciudad, sin la épica enervante de otras aproximaciones, y veinte años después nos devuelve viñetas, serenas, meditativas, de quien conoce la capacidad de resiliencia que tienen los neoyorquinos, porque él es uno de ellos.

La cámara de Acosta es indiscreta, baja a la calle, luego de registrar el espanto cerca del cielo. Se acerca al dolor, donde la convocatoria de diversas denominaciones religiosas y nacionalidades tratan de lidiar con la pérdida y ofrecen el consuelo de la palabra y el abrazo.

La narrativa de Acosta se vuelve una nota sostenida que entra y sale del corazón, guiada por la música dolorosa de Alfredo Triff, quien apunta el extrañamiento necesario para hacernos comprender lo inentendible.

Jorge Ulla, otro cineasta imprescindible de la generación de Acosta, resume con palabras sentidas la impresión que nos deja el documental “Detrás de mis ojos”, sin dudas, una contribución notable de la cultura cubana al servicio de la humanidad:

“Bastan poco más de treinta minutos para revivir con un dolor nuevo lo que fue aquella mañana de septiembre: en este relato vemos y sentimos la ciudad como cadáver pestilente, como un fantasma que camina sobre vidrios rotos. Sin embargo, hay redención tal como la hubo para Nueva York: casi veinte años más tarde, el autor obviamente menos joven encamina sus calmados pasos hacia un moderno templo a la memoria, una estación de trenes salida de la mente endemoniadamente genial de Santiago Calatrava — allí es donde Acosta termina su memoria, donde celebra la vida, la esperanza”.

“Detrás de mis ojos”, en español con subtítulos en inglés, se estrena en el Teatro Tower, de La Pequeña Habana, este 11 de septiembre a las 6:30 p.m. en presencia de Iván Acosta y sus colaboradores, quienes conversarán con el público luego de la proyección.

*Tomado de Cubanet

Thursday, September 23, 2021

Una aclaración necesaria

Por Enrique Del Risco 

Hace cuatro años publicaba un artículo que comenzaba con una declaración del caricaturista Arístides Pumariega ha sido bastante más claro en entrevistas que le han hecho al respecto:


“En el proceso revolucionario cubano el primero que sufrió la embestida de esa severa intolerancia del triunfante Fidel Castro fue Antonio Prohías, este increíble artista que a fines de la década de 1940 comenzó a trabajar como caricaturista en el periódico El Mundo y entre sus tiras cómicas se encontraba el increíble personaje El Hombre Siniestro, a fines de la década de 1950, era el presidente de la Asociación de Caricaturistas de Cuba. Cuando Castro fue con el primer gabinete de su gobierno a la Sierra Maestra a firmar la Reforma Agraria, Prohías hizo una caricatura que reflejaba al séquito como un grupo de bombines. Eso encolerizó a Castro a tal punto que Prohías debió marcharse a la carrera de Cuba hacia Estados Unidos”.


A continuación yo añadía:

"Hay varias imprecisiones al respecto que vale la pena aclarar: una es que la mencionada caricatura no fue publicó a raíz de la firma de la Ley de Reforma Agraria, ocurrida el 17 de mayo de 1959 sino unos meses antes, el 31 de enero. Y Prohías no se marchó de Cuba “a la carrera” sino quince meses más tarde 'el día 1 de mayo de 1960, 3 días antes de que Castro aboliese por completo la libertad de prensa en Cuba'”.

Pues ahora descubro una imprecisión todavía más importante. La caricatura aludida de los bombines no es del famoso Antonio Prohías sino de un tocayo suyo, el menos conocido Antonio Rubio Nuñez quien firmaba sus caricaturas simplemente como “Antonio”. 

Nacido el 26 de noviembre de 1920 Antonio Rubio inició su carrera profesional a los 25 años tras ser descubierto por el famoso Conrado Massager. Colaborador de Zig Zag, Avance, Bohemia, El Crisol, Infomacion, Pueblo, Prensa Libre, y el Diario de la Marina tuvo una carrera en Cuba jalonada de premios incluido el importante Premio Juan Gualberto Gómez a la mejor caricatura del año que recibiera en cinco ocasiones. Fue además fundador y presidente de la Asociación de Caricaturistas de Cuba y vicepresidente del Colegio de Periodistas de La Habana.

El no haber corregido ese error es imperdonable de mi parte. Que Fidel Castro en su discurso y siguiendo su costumbre no mencionara al caricaturista tampoco era de mucha ayuda. No ayudan tampoco otros detalles que apuntalan la confusión como una carta de renuncia de Prohías al periódico El Mundo en los días posteriores al discurso de Fidel. O como que la propia hija piense que el mencionado dibujo era de su padre:

Las caricaturas que más irritaron entonces a Castro, de acuerdo con su hija Marta y con Fabiola Santiago, autora de un texto incluido en el libro Spy vs. Spy-Omnibus, que publicó en 2011 la revista Mad, fueron la de una calavera que decía sentada frente a un plato vacío: “Señores, qué difícil es comer con un martillo y una hoz”, y la del propio Fidel Castro seguido por un ejército de personajillos con bombín, símbolo de la politiquería oportunista.


En El Mundo apareció en una fecha que no hemos podido determinar la siguiente caricatura de Prohías.




Por las dudas compárense la firma de la caricatura de los bombines (aunque borrosísima) con la de otra caricatura de Rubio:





Pero ahí no acaban los errores de mi artículo pues descubro que ni siquiera ese del 6 de febrero de 1959 es el primer ataque público de Fidel Castro contra un caricaturista ni tampoco será el único de ese año.

Ya en un discurso del 21 de enero, a menos de dos semanas de su entrada triunfal en La Habana de 1959 se refería a una caricatura aparecida en una publicación mexicana diciendo 
“Repugnaba abrir algunos periódicos extranjeros, algunos periódicos de México, por ejemplo, y encontrarse allí una caricatura donde aparecía Cuba vestida de blanco en un charco de sangre y nosotros ahí con barba y fusil, como unos vulgares verdugos”.

Semanas después del ataque abierto contra la caricatura de Rubio, el 22 de marzo de 1959 en un discurso pronunciado desde el Palacio Presidencial, Castro vuelve a arremeter contra caricaturistas de los cuales tampoco menciona nombres. Primero hace una alusión oscura al pasado de uno de ellos diciendo:

“ustedes me dicen que el pueblo está conmigo [pero] se olvidan de algunos cintillos y de algunas caricaturas, y se olvidan o no han reparado tal vez cómo algunos de los que hasta hicieron fotografías y retratos del esbirro Salas Cañizares, hoy hacen caricaturas y fotografías contra la Revolución”.

De inmediato se refiere a otro caricaturista 
“que esta mañana, en un rotativo —no sé si de motu proprio o mandado por el dueño—, ponía unos versitos y en los versitos ponía a un lado: “aumento de sueldo”, y por otro lado un cartelito que decía: “contrarrevolucionario”, y lo titulaba: “El parche antes de que salga el grano.”

A continuación Fidel Castro en labores de Crítico en Jefe interpreta el dibujo: 
"por lo que yo entendí, no sé si quería decir que por un lado queríamos comprar a los periodistas hablando de un aumento de sueldo y por otro lado queríamos intimidarlos con el cartelito de contrarrevolucionario”.

Castro aclara, por si hacía falta decirlo 
“que ni queremos comprar a nadie, ni queremos intimidar a nadie, porque nosotros no tenemos que comprar a nadie para que nos defienda, porque sabemos defendernos; nosotros no tenemos que intimidar a nadie para que no nos ataquen, porque no le tememos a nadie, y porque al que tienen que venir a convencer es al pueblo”.

Pero de inmediato se contradice diciendo que “desde ahora declaro que me tienen sin cuidado las lisonjas y los ataques” porque, generoso como es, “en definitiva nos atacarán haciendo uso de la misma libertad que hemos conquistado para el pueblo”.

El único humorista al que ataca Fidel Castro con nombre y apellidos en sus discursos 1959 será Carlos Robreño Dupuy, hijo del teatrista Gustavo Robreño y hermano del escritor Eduardo. En este caso la ocasión es algo más señalada. Se trata de la renuncia forzada del hasta entonces presidente de la República Manuel Urrutia Lleó al que el propio Castro había impuesto tras su llegada al poder. Por el carácter ornamental del cargo que ostentaba Urrutia el pueblo le había endilgado el sobrenombre de “Cuchara”, ya que “ni pinchaba ni cortaba”. La sustitución por otro presidente ornamental, el cienfueguero Osvaldo Dorticós Torrado, hizo que Carlos Robreño publicara un artículo titulado “Cambio de cucharas”.

En su discurso del 22 de julio de 1959 Castro por una vez rompe con su tradición de denostar anónimamente y se refiere a 
“un señor periodista publica [que] con un título verdaderamente insolente —un señor que confunde el humorismo con la grosería muchas veces, que se llama Carlos Robreño” [a quien] “no se le ocurre sino escribir un artículo indecente que titula “Cambio de cucharas”. Se trata, sencillamente, de una historieta de mal gusto de este señor que hace un cuento y lo termina diciendo que un cliente que llegó a un restaurante pide un menú, una amplia cartulina en la cual aparecen escritos los platos del día...”. 

Ya esa alusión bastaría para que el mencionado humorista fuese sometido a un sistemático linchamiento público.

En cambio, de la famosa caricatura de Antonio Prohías en la que aparece un vendedor de periódicos anunciando “Extra… extra última hora Fidel Castro 45 minutos sin hablar” no hemos encontrado ninguna referencia por parte del aludido. Lo seguro es que no le hizo mucha gracia.

Dos años antes de las famosas "Palabras a los intelestuales" donde Fidel Castro fijaba los limites de la creacion artística estos ataques públicos dejaban claro que el ejercicio de la sátira en el país se había convertido en una actividad de alto riesgo. Previsiblemente los dueños de las publicaciones en que aparecieron estas caricaturas y escritos se vieron forzados primero a expulsar a los infractores (o a aceptar sus renuncias como en el caso de Prohías) para luego ver cómo eran clausurados uno tras otro los diarios y revistas que hasta entonces habían funcionado con independencia del Estado. Mientras Antonio Prohías debió salir del país el primero de mayo de 1960, Antonio Rubio Núñez (Antonio) debió hacerlo en julio de 1961. Los siguieron entre otros importantes humoristas Ramón Arroyo Cisneros (Arroyito) en 1963, Silvio Fontanillas Quiroga (Silvio) en 1964 y otros de los que desconocemos la fecha de exacta de partida pero que escaparon en los primeros años de la dictadura cubana como Carlos Robreño, José Manuel Roseñada, Niko Lursen (emigró a Panamá), Luaces y Vergara así como los comediantes Alberto Garrido, Federico Piñero, Mimí Cal, Leopoldo Fernández o Aníbal de Mar. El humorista, como se ha dicho tantas veces, es de los primeros en resentir la pérdida de libertades, en no poder respirar sin ellas y el más indefenso de todos los creadores ante los embates de la censura.

P.D: Cualquiera que pueda ofrecer información detallada sobre la salida al exilio de cualquiera de estos creadores será de agradecer.

Sunday, September 12, 2021

PREMIER EN MIAMI DEL DOCUMENTAL DETRÁS DE MIS OJOS, DE IVÁN ACOSTA



Por Eduardo Lolo

 

El pasado sábado 11 de septiembre, a 20 años del ataque terrorista que destruyera las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York, se estrenó en el Teatro Tower de la Pequeña Habana (barrio icónico del Exilio Cubano) el documental Detrás de mis ojos, filmado, escrito y narrado por Iván Acosta, vicepresidente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp.

Este documental conmemorativo de los trágicos acontecimientos que cambiara la vida norteamericana para siempre, se diferencia de los demás dados a conocer hasta ahora en que su objetivo principal no es describir los hechos ocurridos, sino lo que se iba grabando “detrás de los ojos” de un cubano neoyorquino testigo del nefasto suceso mientras filmaba lo que veía a través del lente de una humilde cámara de 8 milímetros. Acosta nos hace acompañarlo al balcón de su apartamento en Manhattan esa mañana aciaga cuando aún sólo había preguntas sin respuestas, con la ciudad saturada de horror e incertidumbre cubiertos por las nubes de humo que despedían las torres gemelas en lo que nadie previó serían sus últimos momentos. Luego, caminaríamos por los alrededores de la llamada Zona Cero, escuchando el silencio locuaz del dolor colectivo, las paredes y postes convertidos en volantes de esperanza en busca de los seres queridos desaparecidos, un niño (el hijo de Acosta) recogiendo compungido con una especie de cuchara improvisada las cenizas del suelo convertido en historia, etc., etc. Y, finalmente, la reconstrucción de lo destruido, como haciéndolo indestructible en el tiempo por la digna voluntad indoblegable del pueblo norteamericano.

La sobria narración de Acosta se vuelve íntima, casi personal, a veces de un lirismo que toma prestado de la poesía, pues del habla del alma se trata; que es decir, lo que quedó detrás de sus ojos. Le edición de Raúl Barcelona y la música de Alfredo Triff se imbrican armoniosamente al texto narrado y las imágenes espontáneas que se sucedían delante del lente, como buscando su registro por sí mismas.

A pesar de la poca publicidad que se le hizo al evento, un nutrido público acudió a la premier. Entre ellos otros cineastas, actores y actrices, periodistas, neoyorquinos asentados en la Florida y, como es lógico, miembros de nuestra academia. Luego de la proyección se llevó a cabo un panel compuesto por los realizadores del documental con la asistencia de Andrés Martínez y moderado por Luis Leonel León, Secretario del Capítulo de la Florida de la AHCE, entidad que ha tomado como tarea el estudio y reconocimiento de la historiografía fílmica del Exilio Cubano, como quedó demostrado con la investidura este año de Eduardo Palmer y Lilo Vilaplana.

Cuarenta minutos le bastaron a Iván Acosta darnos a conocer todo lo que había quedado detrás de sus ojos aquel 11 de septiembre de 2001 y meses subsiguientes, aunque en realidad (y quizás sin habérselo propuesto) nos permitió ver lo que todavía queda en el alma de Nueva York (y de esta gran nación toda), ciertamente herida por la infamia, pero arropada de valor, honor y esperanzas que, conjugados, sirven de raíz a la resiliencia demostrada por este pueblo a través de toda su historia. Y que lo define, por siempre.