Sunday, May 30, 2021

DÍA DE LA DRAMATURGIA Y EL TEATRO CUBANO DEL EXILIO

Por noveno año consecutivo, el domingo 30 de mayo de 2021, se celebrará el Día de la Dramaturgia y el Teatro Cubano del Exilio. Esta iniciativa, planteada inicialmente por los dramaturgos Pedro Monge Rafuls (OLLANTAY Center for the Arts) y Eddy Díaz Souza (ARTEFACTUS Cultural Project), ha contado desde su primera edición con el respaldo de artistas, creadores de las artes escénicas, periodistas y del público admirador del teatro.
El 30 de mayo se seleccionó para la celebración para hacerla coincidir con el fallecimiento del crítico y estudioso de este teatro, el catedrático José A. Escarpanter, fallecido en Auburn, Alabama, el 30 de mayo de 2011.
El teatro escrito y presentado por cubanos en la diáspora se ha presentado en escenarios tan diversos como Miami, Chicago, Nueva York, Los Ángeles, y en países tan distantes como Canadá, Chile, Colombia, Ecuador, España, Francia, México y Suiza. Ha sido publicado en diferentes antologías y libros individuales; además de español en idiomas como alemán, italiano, árabe, francés, inglés y más. Se estudia en múltiples universidades alrededor del mundo. Esta dramaturgia, escrita en distintos contextos, se distingue en buena medida por el tratamiento de sus temáticas, enfoques, modalidades y hasta el idioma con que, en muchas ocasiones, se escribe y se presenta.
Por nueve años los teatristas y amigos del teatro cubano del exilio han intercambiado felicitaciones en espacios físicos y virtuales. Se ha celebrado la fecha de forma pública con actividades en New York, organizadas por OLLANTAY Center for the Arts. En Miami, por su parte, organizaciones como Teatro Akuara, la Fundación Cuatrogatos, el Museo Americano de la Diáspora Cubana y Artefactus han contribuido a esta celebración con espectáculos teatrales, conversatorios, entrevistas, presentaciones de libros y lecturas dramatizadas, entre otras actividades. En 2020, ante la manifestación del virus de COVID-19, la celebración se trasladó de los escenarios habituales a las redes sociales. En las plataformas de Faccebook y YouTube se dio lectura al manifiesto escrito por Maricel Mayor Marzán, dramaturga y editora de la revista literaria Baquiana; también se realizaron lecturas de escenas de varios autores cubanos en el exilio y la presentación del más reciente volumen teatral de Guillermo Arango.


Este año, 2021, las actividades previstas en diferentes ciudades han tenido que ser pospuestas o canceladas, debido a la crisis global causada por el coronavirus. Por tal razón, le invitamos a celebrar este domingo, 30 de mayo de 2021, en su espacio físico y virtual. Estas son algunas sugerencias: lleve a cabo la lectura de un texto teatral en las redes; comparta fotos y/o carteles de obras en las que aparezcan directores, actores o creativos del exilio; recuerde a los artistas que ya no están con nosotros; mencione la riqueza de nuestra dramaturgia del exilio (fragmentos de obras y autores); y recuerde, como cada año, enviar su felicitación a los artistas que han contribuido al teatro cubano del exilio y que conoces: actores, educadores, directores, escenógrafos, atrecistas, dramaturgos, críticos, y a todos los amantes de nuestro teatro cubano en la diáspora.
Unámonos para celebrar la novena jornada del Día de la Dramaturgia y el Teatro Cubano del Exilio.

Saturday, May 29, 2021

Ragtime's Missing Links

Classical pianist Donna Coleman traces the legacy of Saumell, Gottschalk, and Cervantes and establishes a direct link to Scott Joplin's ragtime music!

An event sponsored by the Cuban Cultural Center of New York:



Thursday, May 27, 2021

7 escritores cubanos encarcelados por sus ideas*

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Por Arbol Invertido

Cuba, tierra de escritores, desde el primero de enero de 1959 ha sido especialmente una isla de escritores censurados y presos por sus ideas. Conoce las historias de siete escritores cubanos encarcelados por pensar diferente.

Poner tras las rejas a los escritores cuando estos cruzan una raya roja, porque se atreven a cuestionar al poder o porque se niegan a “entrar por el aro”, ha sido una práctica habitual en la etapa de la revolución cubana, desde 1959.

Aunque evidentemente no fue Fidel Castro el primer gobernante de la isla que temió a los escritores y los trató de enmudecer encerrándolos. Durante la colonia, tenemos al poeta Juan Francisco Manzano, nacido esclavo. Hay incluso una literatura “carcelaria”, escrita durante o sobre el castigo de la cárcel. Esa bibliografía es amplia y recoge momentos célebres. Se cuenta que el poeta Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) iba recitando su poema “Plegaria a Dios” mientras lo llevaban al lugar de su ejecución. Otro poeta fusilado por los españoles, Juan Clemente Zenea, escribió en su celda el Diario de un mártir. José Martí, cuando era muy joven, fue condenado por revelar sus ideas independentistas en una carta privada, experiencia que resumió en El presidio político en Cuba. Luego, en la primera mitad del siglo XX, pasaron alguna vez por la cárcel escritores como Rubén Martínez Villena y Alejo Carpentier, entre otros. También tenemos el Presidio Modelo, de Pablo de la Torriente Brau.

Pero, cuando la isla queda dominada por la ideología comunista, es cuando se abre para los escritores cubanos un largo capítulo de vigilancia sistemática, campos de concentración (UMAP), normas sociales impuestas por decreto, adoctrinamientos, censuras, correcciones de la conducta, y el castigo de la cárcel para los más problemáticos, pena que casi siempre acaba en destierro.

Uno de los procesos más sonados del gobierno cubano contra un escritor, fue el del poeta Heberto Padilla: antes de obligarlo a autoinculparse públicamente, en una escenificación que pasaría a los anales universales de la infamia, estuvo treinta y siete días encarcelado (entre marzo y abril de 1971) en Villa Marista, sede de la Seguridad del Estado.

Si intentáramos mencionar a todos los escritores condenados a pasar una temporada en las cárceles revolucionarias, correríamos el peligro de hacer una lista demasiado extensa, y, aun así, pasar por alto más de un nombre. Asimismo, elegir solamente a unos pocos no resulta menos difícil, pues parece imposible comparar entre cantidades de sufrimiento.

A continuación, hemos seleccionado a siete de los más significativos en esta historia, en representación de todos los escritores cubanos encarcelados a partir de 1959.

Reinaldo Arenas (1943-1990)

Fue tal vez el primer caso notable de condena contra un escritor por parte del régimen. Abiertamente homosexual, el poeta y narrador nacido en 1943, quedó excluido desde los primeros años de la Revolución de los principales espacios que marcarían la política trazada por Fidel Castro en su famoso “Discurso a los intelectuales”. Desde la Biblioteca Nacional al Instituto Cubano del Libro y de allí a las páginas de la revista La Gaceta de Cuba, el estamento público que comenzaba a alcanzar Arenas, a la par que sus constantes críticas a la dictadura, dispararon las alarmas de la Seguridad del Estado (SE), órgano represivo creado para controlar de cerca cualquier actividad de oposición emergente en la isla.

Tras el éxito de su única novela publicada en territorio nacional, Celestino antes del alba (1967), agotada en apenas una semana y sin reeditarse, la SE, que para el año 1971 ya se había estrenado en sus métodos estalinistas con la sonada autoinculpación del poeta Heberto Padilla, se dispuso a seguirle los pasos a Arenas. Lo que sobrevino fue la acusación por “desviaciones ideológicas” contra el escritor de treinta años y su condena a prisión, que cumplió entre 1974 y 1976 en las mazmorras del castillo El Morro, frente a la bahía de La Habana.

Luego de su liberación permaneció algunos años silenciado en Cuba, hasta su salida por el Mariel en 1980 hacia el exilio, de donde nunca regresó.

Sus años de supervivencia en El Morro, confinado entre presos comunes, quedaron recogidos en su autobiografía Antes que anochezca (1992), el libro en que se basó el director Julian Schnabel para realizar la película de igual título, con Javier Bardem en el papel de Arenas (actuación que le valdría al español una nominación a los Premios Oscar en 2001).

Pero, Arenas no pudo asistir a ese y otros éxitos que darían a conocer su magia narrativa y su vida insobornable dentro de un gran reconocimiento internacional. El 7 de diciembre de 1990, enfermo de SIDA, puso fin a su existencia en la ciudad de Nueva York.

“O se vive como uno desea, o es mejor no seguir viviendo”, apuntó en su autobiografía, concluida poco antes de su último día. “En Cuba había soportado miles de calamidades porque siempre me alentó la esperanza de la fuga y la posibilidad de salvar mis manuscritos. Ahora la única fuga que me quedaba era la muerte”.

Ángel Cuadra (1931-2021)

De opositor a la tiranía de Fulgencio Batista, cuando estudió en la Universidad de La Habana, pronto pasó a oponerse también al nuevo régimen, cuando comprendió que no eran muy diferentes.

Ángel Cuadra fundó tempranamente el Grupo Literario Renuevo (1957) y publicó su poemario Peldaño (1959). Ejerció como abogado hasta 1967. Para ese año, mientras la cortina de hierro a la que se había hilvanado el gobierno cubano comenzaba a oxidarse con las primeras protestas de polacos y checos, las “actividades subversivas” del poeta Cuadra acabaron por no cuadrarle al ojo atento de la tiranía.

Formó parte de una revista en contra del gobierno. Lo sentenciaron a 15 años de prisión, pena que cumplió con su cuota añadida de golpes, insultos, castigos, menoscabos y el aislamiento de los suyos.

Jamás consiguieron doblegar su alma de poeta, y desde la celda concibió y logró publicar, con la ayuda de amigos en el extranjero, Impromptus (1977) y Poemas en correspondencia (1979). En la prisión se dedicaba además a la publicación clandestina de textos literarios de presos políticos. Declarado prisionero de conciencia por Amnistía Internacional, fue nombrado miembro honorario del PEN Club de Suecia en 1981, hasta que, tras una gran campaña internacional, fue puesto en libertad y en 1985 pudo emigrar a Estados Unidos, donde se reunió con su familia.

Viajó a Suecia y Alemania, los países que más habían hecho por su libertad. Se graduó en Letras Hispánicas en la Universidad de la Florida, allí trabajó como profesor de Lenguas Modernas. Fundó el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio y continuó escribiendo incansablemente hasta su muerte en febrero de 2021.

María Elena Cruz Varela (1953)

La única mujer de esta lista, autora del poemario Hija de Eva (1991), con que ganara el Premio Nacional de la UNEAC, nació premonitoriamente el mismo año en que Fidel Castro asaltó el cuartel Moncada. A inicios de la década de 1990, ya María Elena se enfrentaba a la disyuntiva de no permanecer indiferente ante la situación política provocada por el autoritarismo del mismo hombre que en el año de su nacimiento había atacado al ejército batistiano buscando para Cuba supuestamente un cambio de destino. ¿Tendría ahora ella el coraje de exigir un cambio en la nación que hasta entonces había vivido y defendido con sus virtudes literarias?

Lideró el grupo disidente Criterio Alternativo, y decidió, junto con otras personalidades de la cultura, redactar una Declaración de los Intelectuales Cubanos que pasaría a conocerse como “La carta de los diez”, por el número de firmantes. Enviaron el documento el 2 de junio de 1991 a las más altas instancias del Partido Comunista de Cuba y a la Asamblea Nacional, solicitando explícitamente a Fidel Castro la liberación de los prisioneros políticos.

Figuras como Jorge Pomar Montalvo, Fernando Velázquez Medina y Manuel Díaz Martínez, estamparon sus firmas al pie de aquella misiva que empezó a circular de mano en mano por la capital cubana.

La tarde del 19 de noviembre de 1991, una pareja de conocidos llegó al apartamento de María Elena en un edificio del reparto Alamar, pidieron para pasar a discutir varios puntos de una campaña de octavillas lanzada por Criterio Alternativo. Pero, cuando la poeta accedió a abrirles, aquel hombre y aquella mujer se transformaron en desconocidos monstruos, y se multiplicaron en una turbamulta que surgía de todos los costados de la vivienda, irrumpiendo violentamente y destrozando cuanto encontraban a su paso. Golpearon a todas las personas presentes, incluyendo a la hija de María Elena. Y a ella la arrastraron escaleras abajo hasta la calle, donde otro grupo tenía la misión de introducirle por la boca los papeles con las octavillas del programa opositor.

Fue conducida a Villa Marista, el centro de la Seguridad del Estado, y, en juicio sumarísimo, condenada a dos años de prisión. Los “actos de repudio”, sin precedentes en materia de crueldad, y el ensañamiento dentro del presidio, sin embargo, no pudieron someter a la escritora. Después de dos años de cárcel y una campaña internacional pidiendo su liberación, partió al exilio en 1994, primero a España y luego a los Estados Unidos, donde seguiría publicando obras fundamentales de la literatura de todos los tiempos, como el testimonio Dios en las cárceles de Cuba (2001), memorias noveladas de las mujeres que padecieron el presidio político en Cuba.

Jorge Olivera Castillo (1961)

Detenido por una tropa militar en su hogar en La Habana el 18 de marzo de 2003 y, tan solo 15 días después, juzgado en un proceso sumario, sin ninguna posibilidad de defensa. Se le acusó de cometer actos “contra la independencia nacional y la economía de Cuba” (Ley 88). Sus culpas tan “terribles”, consistían en la publicación de artículos de opinión en la revista Encuentro de la cultura cubana en Madrid y otros medios internacionales.

Nacido en el barrio de Belén en La Habana Vieja, Cuba, en 1961, Olivera Castillo había trabajado diez años como editor en la televisión cubana, hasta que, en 1991, tras un intento fallido de abandonar la isla en una balsa, empezó a sufrir las consecuencias de disentir. Dos años más tarde realizaba su primer reportaje para Radio Martí, y en 1995 fundaba junto a otros periodistas Havana Press, agencia de periodismo libre, de la que luego se convertiría en director.

Aprovechando que los Estados Unidos y el resto del mundo concentraban su atención en la guerra de Irak, el gobierno cubano se propuso deshacerse, con un solo golpe, de los principales reporteros independientes y opositores que lo señalaban, y Olivera estaba entre ellos. “Sobre las dos de la tarde del 18 de marzo de 2003 —contaría luego— fui arrestado. Había regresado del hospital, de atenderme un problema gastrointestinal, cuando violentamente irrumpió una tropa de alrededor de veinte militares”. Se conoce a estos hechos como la Primavera Negra de 2003. El mismo día fueron detenidos unos 75 opositores, para ser condenados en tiempo récord. La sanción contra Jorge Olivera: 18 años de cárcel.

Se le trasladó a más de 900 km de su familia, a la cárcel de Chafarina en Guantánamo, en el otro extremo de la isla.

“Fueron días terribles. Las celdas mínimas de cuatro personas estaban tapiadas. Las camas eran una plancha de zinc fijada a la pared con una cadena. Los medicamentos te los sitúan en una bandeja metálica fuera de la celda. Te llaman por un número. Ya no era Jorge, sino el recluso 666. Duermes con dos lámparas de luz fría que nunca se apagan. A cualquier hora del día o la noche te llaman para largos interrogatorios. Te conducen por largos y sombríos pasillos repletos de celdas donde no ves a ningún otro detenido. Es como la boca de un lobo”, recuerda Olivera.

En prisión, su salud seguiría agravándose. Pero, también allí empezó a escribir poemas. “La poesía me salvó de la locura”, ha dicho. “En mi encierro en una celda de aislamiento, durante más de nueve meses, fue que las musas me visitaron con mayor asiduidad. No podría explicar el porqué de esto. Son los misterios de la vida”.

Cuando había cumplido 18 meses de condena, quedó en libertad con una licencia extrapenal, por razones de salud. Siguió escribiendo y disintiendo del régimen, sin aceptar la oferta del exilio, a pesar de sufrir continuamente acoso y represalias.

Sus vivencias de la cárcel están presentes en algunos de sus libros, como en los cuentos de Huésped del infierno (Ed. Aduana Vieja, España, 2007) y Antes que amanezca y otros relatos (CADAL, Buenos Aires, 2010), así como en los poemarios Sobrevivir en la boca del lobo (Ed. Hispano Cubana, España, 2012) y Tatuajes en la memoria (Praga, 2013).

Raúl Rivero (1945)

Otro “sobreviviente” de las represalias a los firmantes de la famosa “Carta de los Diez” fue el poeta y periodista Raúl Rivero. Había ganado los más importantes premios nacionales, cuando incluso se especulaba que estaba llamado a ser el sustituto de Nicolás Guillén como Poeta Nacional de Cuba. Pero, en 1989 renunció a su membresía en la oficialista Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Aunque no sería hasta la década del 90 cuando lograría desprenderse de la costra ideológica que permeaba todas las instituciones culturales del país.

En 1995, en su cumpleaños 50, quien había sido uno de los fundadores de la revista procastrista El Caimán Barbudo y ex corresponsal de Prensa Latina, se lanzó a la creación de la agencia de noticias independiente Cuba Press. Con la fiel compañía de Ricardo González Alfonso, fundó en el 2000 la Sociedad de Periodistas Independientes Manuel Márquez Sterling, primera asociación de periodistas autónomos de la isla, de la que saldría también la revista De Cuba, con González Alfonso como director.

La Primavera Negra del 2003 intentó cortar todas las actividades del pensamiento libre en Cuba. Unos 75 disidentes, y entre ellos un considerable número de periodistas, fueron acusados de realizar actos “contra la protección de la independencia nacional y la economía de Cuba y actos contra la independencia o la integridad o estabilidad territorial del estado”. Sobre Rivero cayó entonces una condena de 20 años de cárcel.

En Vidas y oficios. Los poemas de la cárcel, reunió los textos surgidos tras las rejas. Un libro “escrito para fugarme de la cárcel, para salir de ese lugar hostil y lleno de crispaciones donde estaba”, con poemas que nacieron en una celda en la que “sólo se podían dar seis pasos seguidos”. Cumplió año y medio, y salió en 2004 gracias a una licencia extrapenal, por problemas de salud. La presión internacional hizo posible la exoneración de la mayoría de los del grupo, y su salida del territorio nacional. Rivero se radicaría en España y posteriormente en Estados Unidos.

Manuel Vázquez Portal (1951)

La trayectoria de Vázquez Portal, nacido en 1951 en la ciudad de Morón, en el centro de la isla, no es muy distinta a la de Rivero, oriundos de la misma ciudad.

Vinculado en la década de los 80 a la cultura oficial promovida por el gobierno, Vázquez Portal trabajó como asesor para asuntos literarios del Ministerio de Cultura. En apenas una década, este prolífico autor llegó a contar con poemarios como Del pecho como una gota, A mano abierta, Cantos iniciales, Un día de Pablo y Cascabeles, casi todos reconocidos con los mayores premios que otorgaban las instituciones estatales en esa época.

Pero, entrando en los 90, cuando la realidad cubana se volvía más desoladora y asfixiante, con la eliminación de las revistas literarias y la censura en su punto más crítico, tomar un compromiso abierto se volvió para Portal una necesidad imperante. Pasó del cultivo de las formas tradicionales de la poesía a asumir un rol social como periodista independiente, lo que le valió el desprecio de los simpatizantes del régimen y la expulsión definitiva de la UNEAC en 1995.

Primero desde la plataforma Cuba Press, y más tarde desde su Grupo de Trabajo Decoro (1998), publicaba artículos criticando la economía nacional y la ausencia de democracia.

También fue sentenciado en la Primavera Negra de 2003. Su condena: 18 años. Recluido en la cárcel de Boniato, en Santiago de Cuba, era llevado frecuentemente a celdas de aislamiento, y realizó varias huelgas de hambre. En mayo de 2003 escribió un diario, que pudo ser sacado clandestinamente, describiendo las duras condiciones de la prisión. Tras una campaña internacional y merecer el premio internacional de la Libertad de Prensa del Comité para la Protección de Periodistas, finalmente recibió la liberación por el deterioro de su salud. Exiliado en Estados Unidos.

Ángel Santiesteban (1966)

La entrega del Premio Václav Havel en 2020 al escritor cubano Ángel Santiesteban (1966) no podía sorprender a nadie. Al menos a nadie que conociera la historia de este formidable narrador que, al igual que el escritor checo, había puesto a temblar al régimen totalitario desde su propia obra y delante de sus propias narices. El libro Dichosos los que lloran (2006), con que ganó el Premio Casa de las Américas, lo situó entre lo más selecto de la narrativa contemporánea de Cuba.

Parecía difícil, entonces, que tras convertirse en un autor molesto con la apertura de su blog Los hijos que nadie quiso, al escritor se le pudiera fabricar una imagen de descrédito entre sus colegas y lectores. Era el período posterior a la Primavera Negra, habían emigrado la mayoría de hombres y mujeres de letras que representaban un problema para la dictadura.

Quizás los represores creían que tendrían un descanso y podrían suspirar aliviados. Pero, la aparición de Internet y el auge de los blogueros, vino a provocarles otra vez pesadillas, y los vigilantes de la ciudad letrada optaron por extenderse en sus métodos de espionaje cibernético y la descalificación de todo aquel que expresara el menor desacuerdo. Fabricar casos de delitos comunes contra los disidentes se convirtió en una táctica acostumbrada para, al mismo tiempo que se ejecuta la represión, inhibir la solidaridad internacional.

Contra Santiesteban se orquestó en 2013 una infamia que involucró la coacción a su ex esposa y la elaboración de un presunto delito de “violación de domicilio y lesiones”, por el que debía cumplir cinco años en prisión. Apostaban quizás por la posibilidad de que, mientras él veía acercarse un juicio de sentencia segura, decidiera escapar de la isla como lo había hecho parte de su familia en una balsa muchos años atrás.

Pero, por el contrario, Santiesteban no solo permaneció en la isla, sino que acrecentó su crítica frontal al sistema.

Tras dos años y medio en las prisiones, y el apoyo del exterior y la falta de pruebas en el amañado proceso, pudo volver a la calle, para continuar su activismo y seguir escribiendo una literatura descarnada, en buena parte aprovechando las historias de la cárcel.

Santiesteban se ha burlado del “castigo”, diciendo que para un escritor como él, quien agradece hallar los temas de la dura realidad que prefiere incluir en sus cuentos, llevarlo a la cárcel resultó como si lo premiaran con una beca para apoyar su literatura.

Fue uno de los guionistas del filme Plantados, dirigido por Lilo Vilaplana, sobre la historia del presidio político cubano. Después, ha publicado El verano en que Dios dormía (Premio Frank Kafka, Praga, 2013) y El regreso de Mambrú (Premio Reinaldo Arenas, Miami, 2016). Creó en 2018 el independiente Club de Escritores y Artistas de Cuba.

*Tomado de Arbol Invertido

Saturday, May 22, 2021

Rolando Laserie. ¡De película!*

Por William Navarrete

A Rolando Laserie, en algún momento de su carrera de músico y cantante, el público le reconocía, además de por sus dotes artísticas, porque solía exclamar desde el escenario la frase: “¡De película!”. Tanto es así que cuenta, entre otras anécdotas del libro que hoy presento, que estando ya exiliado en Miami lo invitaron a Yucatán. Llevaba buen rato cantando cuando el contratista se dio cuenta que no había dicho ni una vez la frase por la que se le conocía. Entonces le hizo saber que el público preguntaba si realmente era él, y que, ante la duda, no le pagaría si no pronunciaba la famosa frase. Entonces dijo tantos “De película” como no recordaba haberlo hecho durante toda su vida.

Anécdotas como esta aparecen contadas en primera persona en el libro del locutor, guionista y director de programas de radio y televisión Lázaro Caballero Aranzola que, como han de imaginar, no podía titularse de otro modo: Rolando Laserie. ¡De película!, publicado recientemente por la editorial Unosotros, del sur de la Florida. Y es que, en vida, el célebre cantante, tenía un proyecto de contar la historia de su vida a Guillermo Cabrera Infante, quien lo admiraba mucho y pensaba escribir un libro sobre él.

Rolando Laserie nació en 1923, en Mata, un poblado de la provincia de Las Villas. Descendía de esclavos africanos por parte de padre y de chinos por parte de madre. Desde pequeño la numerosa familia se instala en Santa Clara, una ciudad en que de adolescente empezó a frecuentar el ámbito musical y en la que no perdía la menor oportunidad para demostrar su interés por la música, en cuanto pasaba por allí cualquier cantante, como Rita Montaner, a quienes vio desde muy joven.

Como tenía talento natural para la música y su hermano le había enseñado a tocar el timbal, dejaba el trabajo de zapatero que le habían destinado para tocar música en cuanto se presentaba la ocasión. A los diez años ya tocaba la batería en la orquesta de los Hermanos Guimbarda, en Santa Clara, y a los quince en la academia de baile. De joven se le conocía por su buen timbre de voz, y cuenta Cachao que cuando pasaba con la Orquesta de Arcaño por Santa Clara, lo buscaban para que los acompañara en el canto, pues en la ciudad se le conocía por cantar muy bien.

A partir de una primera estancia en La Habana, de la que regresa sin haber logrado nada, la carrera musical de Laserie despunta. Cantaba todos los boleros a ritmo de son y su estilo gustaba. Comienza entonces por Santiago de Cuba, en donde integra la Cadena Oriental de Radio, seguido por la orquesta “Los hijos de Arcaño”, de vuelta a Santa Clara. Ya en 1940 comienza con el guapachá, una mezcla de chachachá con merengue, y luego integra la orquesta Hermanos Palau en 1948.

Se instala entonces con Gisela Borgiano, su esposa desde 1953, en una casa de dos plantas la barriada de Lawton que logra comprar con el dinero que gana, y viaja a Haití (1947), integra el grupo Los Jóvenes del Cuadro, se va de gira por Colombia (1950), toca y canta en los Aires Libres (frente al Capitolio habanero, 1951), comienza a trabajar para Radio Progreso, para el show de Olga Chorens y Tony Álvarez, y se convierte en timbalero de la Orquesta de Benny Moré.

En la prodigiosa y prolífica década de 1950, Laserie toca en la orquesta del cabaret Sans Souci y logra permanecer en el “hit parade” durante ocho semanas consecutivas. Ya había logrado vender 30 000 copias de su versión del bolero “Mentiras tuyas”, de Mario Fernández Porta, quien se mostró muy disgustado cuando escuchó su versión, pero se calmó inmediatamente cuando vio la cifra de ventas del sello Gema, de Guillermo Álvarez Guedes, con el que se había grabado en 1956. También graba con la Orquesta de Eduardo Duarte, piezas de Margarita Lecuona y de Bobby Collazo. Ya en los años 1950 viaja a Nueva York varias veces y es en La Gran Manzana en donde adquiere la costumbre de llevar siempre una boina, signo distintivo por el que también se le reconoce, y que empezó a usar cuando, para combatir el frío de Manhattan, el célebre Mongo Santamaría le regaló una.

En 1959 el triunfo de la revolución lo sorprende de gira. Curazao, Aruba, México … hasta que, viendo el giro que tomaban los acontecimientos, decide quedarse en 1960 en el país azteca y no regresar a Cuba. Comienza entonces su vida de exiliado, en que reside primero, por poco tiempo en Venezuela y Nueva York, antes de radicarse definitivamente en Miami desde principios de la década de 1960. Ha dejado prácticamente a toda su familia en Cuba, y como Celia Cruz, no pudo volver para ver a su madre antes de que esta muriera. Tampoco a sus hermanos y a su numerosa parentela pues no quiso nunca regresar a la Isla.

De todo esto nos vamos enterando en las páginas de este libro muy completo, en que no faltan una excelente selección de fotografías, conservada por sus herederos en Miami, una rica discografía, como anexo del libro (en que se muestran las carátulas de sus discos y los temas grabados), además de un texto de colofón de Ramón Fernández Larrea. También aparecen los comentarios del saxofonista Paquito D’Rivera, el historiador Eloy Cepero, el músico dominicano Johnny Ventura, el flautista de la Aragón René Llorente, el cantante Carlos Oliva y el productor Miky Chevalier, que cuentan sus recuerdos sobre Laserie.

El libro alterna grabaciones de voz de Laserie (para el fallido proyecto de libro con Cabrera Infante), investigaciones, testimonios y otras fuentes. Sobre su vida en Miami, ciudad en que vivió unos 40 años hasta su muerte en Coral Gables, en 1998, Eloy Cepero nos cuenta de sus presentaciones en Los Violines, el Flamingo y el Club 43. En el exilio sigue cantando junto a Olga Guillot, Celia Cruz, Bebo Valdés, Johnny Pacheco … Graba con La Sonora Veracruzana. Y participa en el proyecto de discos Master Session junto a Cachao, producido por Andy García.

Este nuevo volumen de la editorial Unosotros enriquece su catálogo de ensayos sobre la música, en que ya cuenta con otros títulos sobre Luis Marquetti, Ñico Saquito, Chano Pozo, Bola de Nieve, Rita Montaner, Roberto Faz, la Orquesta Hermanos Castro, Clavelito, Miguelito Valdés, entre otros. Todos accesibles en www.unosotrosediciones.com

*Publicado originalmente en El Nuevo Herald y reproducido aquí por cortesía del autor, escritor cubano residente en Francia.

Encuentros con la memoria: entrevista a Juan Manuel Salvat

El miembro de la AHCE Pedro Corzo entrevista al editor Juan Manuel Salvat


Friday, May 21, 2021

A Cuba

 


Por Gustavo Pérez Firmat

A veces lo mejor de un libro no está en lo que el autor escribió sino en lo que sucesivos lectores han añadido en los márgenes y las páginas en blanco. Hace unos meses, guiado por la creencia que para conjurar las pesadillas era conveniente leer literatura rosa antes de acostarme, me compré online un ejemplar usado de Canción de cuna, la obra dramática de Gregorio Martínez Sierra, o más bien, como se ha sabido, de Mrs. Martínez Sierra, María de la O Lejárraga. El libro era parte de las ediciones escolares de Heath’s Modern Languages Series, aparecidas durante las primeras décadas del siglo pasado. Como era de rigor, además de un prefacio y una introducción en inglés, el texto incluye notas explicatorias, ejercicios de composición y un glosario. Se publicó en 1923, poco más de diez años después del estreno de Canción de cuna en Madrid.

La pieza, sobre el amor maternal de mujeres que no son madres, no me interesó demasiado, ni tampoco me inoculó contra lo que la lengua inglesa llama violent sleeping, el dormir violento. Lo que sí me llamó la atención fueron los comentarios de varios de sus lectores. Mi ejemplar había pertenecido a la biblioteca de Georgia Military College, donde permaneció por muchos años, ya que su vida como ente de biblioteca alcanzó la época en que los detestables barcodes empezaron a reemplazar las tarjetas con los nombres de los usuarios. (Detestables porque inhabilitan la agradable sensación de que al leer un libro uno se integra a una sociedad de lectores identificables.) En mi ejemplar la tarjeta con los nombres había desaparecido, pero sí quedaba la hojita que registra la fechas en que se vence un préstamo. La última fecha es 20 de mayo de 1966.

Fundado en 1879, Georgia Military College es una de esas escuelas militares a las que, in illo tempore, familias cubanas de buena posición solían enviar a sus hijos varones, en particular si tenían problemas de conducta. Mi padre cursó parte del bachillerato en una de esas escuelas, Bolles Academy en Jacksonville, aunque no creo que la disciplina militar haya hecho mella en sus relajadas costumbres. Al empezar a leer el libro, descubrí que varios muchachos tal vez no tan distintos de mi padre habían frecuentado sus páginas antes que yo. Dos de ellos estamparon sus nombres en la contraportada: Agustín Fuentes García y Rafael A. Mir López, quien también da su lugar de origen: “Mir, Oriente.” Cerca de la firma de Mir López, pero con una letra distinta, aparece un comprensible lamento: “me querían poner 20 horas por un absense [sic] a una formación.”


No todas las acotaciones poseen este carácter quejumbroso. En la página en blanco que antecede el prefacio de Aurelio Espinosa, un eminente hispanista que fue catedrático en Stanford University, un cadete cubano ha escrito los siguientes versos en letras de molde:

Si tú quieres averiguar

quién se singó a tu madre

 ve y pregúntale a tu padre

 pues él me la va a mamar.

Murió Martí Murió Maceo

Mi pinga es para ti

y pa’ tu madre el “deo.”

La efusión escatolírica termina así: “El que lea esto es un H. Puta. Yo.” A esta afirmación responde un compañero: “El coño de tu madre.”

Los acotadores (a juzgar por la variación en la caligrafía, hay al menos cuatro) no se limitan a insultar e insultarse. El más prolífico, que escribe en tinta roja con un bolígrafo, se dedica a ponerle coletillas a los parlamentos de las monjas en el convento o incluso a introducirse en las conversaciones. En la primera escena las novicias instan a una compañera que recite versos en honor del patrón de la orden, Santo Domingo de Guzmán. Entre corchetes – y con perdón – pongo los aportes del boligrafómano.

Sor Sagrario: ¡Sí, sí, que los diga! [si se la singó o no]

Sor Marcela: Me da mucha vergüenza.

Priora: Dígalos, dígalos, ya que los ha compuesto.

Sor Juana: Me da mucha vergüenza.

Maestra: Ésas son las tentaciones del amor propio, hija mía. [Pero si te metiste una pinga, dilo, que no importa]

Vicaria: Y el primer pecado del mundo fue la soberbia.

[Boligrafómano: Mentira fue que Adán se singó a Eva y también tu madre]

Sor Juana: Es que están muy mal y se van a reír todas de mí.

Vicaria: Con eso se mortifica la vanidad.

Maestra: Además, que aquí no estamos en ninguna Academia, y lo que nuestra Madre ha de ver en ellos es la intención. [de singar]

De este modo el boligrafómano va enmendando la obra, aunque con más malicia que pericia. Con tal de ponerle una coletilla lasciva a los parlamentos, no evita el sinsentido ni se preocupa por la gramática y ortografía. Cuando las acotaciones escénicas señalan que “Dentro se oye la voz de Teresa, que canta alegremente,” él le pone letra a la canción: “Dale con la punta el palo, dale con el palo entero.” En cierto momento en que las monjas “sonríen con expresión complacida,” él añade: “y se empiezan a rayar una tremenda paja.” Cuando Sor Marcela suspira, “¡Ay!”, “Coño métemela” aparece en el margen. Poco después ella exclama, “¡Ay, Jesús mío!” – y el joven pornógrafo completa la frase: “qué rico.” Parecería que estuviera haciendo una parodia burlesca de la obra para el Teatro Alhambra.

No sorprende que una pieza tan anodina y sentimental como Canción de cuna haya provocado estos y otros exabruptos. Contra la cursilería, el choteo. Contra la literatura rosa, los chistes verdes. Contra el “intenso españolismo” (Espinosa dixit), el cubanismo chocarrero. Ni el propio Martínez Sierra se salva del hábito de irrespetuosidad que, según Jorge Mañach, caracteriza al choteador. Al lado de la fotografía del autor, en una alusión a la joven que deja a su hijo recién nacido en la puerta del convento, alguien ha escrito: “Sí, sí, yo me la singué. Y así termina mi historia.” 

Pero hay una adición, una sólo, que adopta otro registro. Es la única escrita con pluma de fuente y con una letra que la distingue de las demás. Ocurre en una escena en la que algunas monjas, que han recibido un canario de regalo, comentan con envidia la libertad de que gozan las aves.

Sor Marcela: [...] Dios ha hecho el aire para las alas y las alas para volar. Y el que pudiendo andar por las nubes, se conforma a vivir dando saltitos, entre dos cañas y una hoja de lechuga, es tonto de remate. ¡Ay, madre de mi vida, quién fuera pájaro!

Sor Juana: Eso sí que es verdad, ¡quién fuera pájaro!

Sor María Jesús: Golondrina, que dicen que todos los años pasan el mar y se van a no sé dónde.

La respuesta a la incertidumbre de Sor María Jesús no se deja esperar: “a Cuba.”

Sabiéndolo o no, el muchacho que escribió esto intuía un paralelo entre su reclusión en el colegio y la de las novicias en el convento. Al leer este pasaje su deseo de libertad encarna en la golondrina y de pronto se imagina a sí mismo volando de regreso a Cuba. Se parece bastante a Sor Marcela, que quisiera ser pájaro, y en quien el encierro produce “tentaciones de melancolía.” El temple de ánimo del cubanito melancólico se revela incluso en el uso de pluma de fuente. Un bolígrafo hiende, hiere el papel sobre el cual imprime sus trazas; al contrario, la pluma de fuente fluye, destila suavemente su tinta sobre el papel. Se embiste con la tinta roja del bolígrafo. Se añora con la tinta azul del fountain pen.

No obstante, la misma nostalgia subyace a ambos tipos de añadidos. Mañach también señala que el choteo nace como un desafío ante las limitaciones impuestas por una autoridad. En el caso de estos muchachos, la limitación de estar internados en una escuela militar ubicada en un pueblo perdido de Georgia y sometidos a la autoridad de los oficiales del plantel, que castigan con 20 horas (¿de qué?) una ausencia. La inconformidad que en unos se manifiesta en clave melancólica, en otros se expresa a través de mofas. La jodedera es la otra cara de la jodedura. Así, la Canción de cuna contiene también una canción de Cuba. No en balde la última fecha registrada es un 20 de mayo.



Thursday, May 13, 2021

AGRAMONTE, LAS IDEAS INCÓMODAS PARA LA CUBA DE HOY*



Por 
 Pietro Sánchez Quesada

Ignacio Agramonte y Loynaz es sin dudas el más prístino de los héroes cubanos de las primeras luchas independentistas. Se le adjudica el sobrenombre de “Bayardo del Camagüey”, haciendo paralelo con Pierre de Terrail de Bayardo, ilustre militar francés célebre por su valor y caballerosidad, sin embargo, las ideas de Agramonte incomodan en Cuba hoy.

Al igual que Terrail, Agramonte forma parte de esos personajes históricos cuya existencia ejemplar ha dado origen a leyendas que desafían siglos. Sus brillantes dotes y actos se resumen sin dudas en el lema “Chevalier sans peur et sans reproche” (Caballero sin tacha y sin miedo) que permanece hasta hoy en el alma de la gente.

Fue Agramonte un hombre brillante y sin mácula. Graduado como Abogado en la Universidad de La Habana, fue parte de la conspiración que desembocó en la Guerra de los Diez Años (1868 – 1878) primera de los cubanos contra el poder colonial español en Cuba, siendo uno de los primeros mayores generales, de ahí su otro sobrenombre: “El Mayor”.

AGRAMONTE, EL MILITAR

Desde su incorporación a la contienda, se reveló como un estratega y táctico genial. Organizó el que a la postre sería el mejor Cuerpo de Caballería del Ejército Libertador en las llanuras de su Camagüey natal, obteniendo rápidas y contundentes victorias contra el mucho más fuerte y organizado ejército español.

Al mismo tiempo participó en la Constitución de la República de Cuba en Armas, que redactó junto a Ignacio Zambrano, durante la Asamblea de Guáimaro en 1869, donde hizo prevalecer las ideas republicanas y de libertad, emanadas de la Revolución Francesa y los Derechos del Hombre.

Antes había asegurado la revolución al plantarse frente a quienes pretendían reformas y negociación, con una contundente intervención en el Paradero de Minas: “Acaben de una vez los cabildeos, las torpes dilaciones, las demandas que humillan: Cuba no tiene más camino que conquistar su redención, arrancándosela a España por la fuerza de las armas”.

Con esas perspectivas peleó, teniendo a su lado en la manigua a su esposa, con la que tuvo dos hijos. Renegó de las malas costumbres de caudillos e instauró una férrea disciplina entre sus tropas, en las que no se podía blasfemar, ni tener amantes, ni beber y lo que es más raro para la época: con su ejemplo consiguió que sus hombres lo acataran gustosos.

El 11 de mayo de 1873, en una acción que podría llamarse casual, cayó abatido por una avanzada española en los potreros de Jimaguayú, perdiéndose con él un soporte enorme de las ideas libertarias de la Cuba en revolución y, reitero, el mejor estratega de la contienda por la parte cubana. Tardaría en revelarse como sustituto el dominicano Máximo Gómez.

POR QUÉ NO SE DIFUNDEN SUS IDEAS EN CUBA

Agramonte obtuvo su título de Licenciado en Derecho Civil y Canónico con un discurso de defensa incómodo para las autoridades. El presidente del tribunal dijo más tarde que si hubiera conocido el contenido, lo habría prohibido. Según informes, está en el archivo de la Universidad, clasificación Academia – sabatinales 42, legajo 8. Pero… ¿Estará todavía?

Es válido preguntárselo, pues el joven de 21 años planteaba que “funestas son las consecuencias de la intervención de la sociedad en la vida individual; y más cuando esa intervención es dirigida a uniformarla, destruyendo así la individualidad, que es uno de los elementos del bienestar presente y futuro de ella”.

También defendió Agramonte la tesis de que el hombre debe «elegir por sí mismo lo que considere más conveniente a su carácter, sus gustos, opiniones y no amoldarse a la costumbre arrastrado por el número”, de lo contrario el hombre libre, se convierte en máquina y pierde la “tendencia a examinarlo todo, a querer comprender y explicarse cuanto ve, a comparar y escoger lo bueno, desechando lo malo”.

“Una sociedad (…) en la que por la uniformidad de costumbres, de modo de pensar, no hay tipos distintos donde poder entresacar las perfecciones parciales, que puedan servir de modelo, se paralizará en su marcha progresiva”, decía el Bayardo camagüeyano.

RESISTENCIA A LA OPRESIÓN Y LIBERTAD INDIVIDUAL

Un punto en el que Agramonte siempre hizo énfasis a lo largo de su vida, fue el derecho del hombre a resistirse a la opresión. ¿Suena? Pues otra de sus premisas, manifiesta en el discurso que “solo la administración centralizada de una manera bien entendida o conveniente deja expedito el desarrollo individual”.

“La centralización llevada hasta cierto grado, es la anulación completa del individuo, la senda del absolutismo; la descentralización absoluta conduce a la anarquía y al desorden”. Ignacio consideraba necesario colocarse entre los extremos “para hallar esa bien entendida descentralización que permite florecer la libertad a la par que el orden”.

“La administración, requiriendo un número casi fabuloso de empleados, arranca una multitud de brazos a las artes y a la industria; y debilitando la inteligencia y la actividad, convierte al hombre en órgano de transmisión o ejecución pasiva”. ¡Genial diatriba contra burócratas y vividores del Estado!

Y hay más: “A pesar del gran número de empleados que requiere tal administración, los funcionarios no tienen tiempo para despachar lo que se aglomera en el Gobierno por su intervención tan peligrosa como minuciosa en intereses locales e individuales, demoras harto perjudiciales, y peor aún, su despacho es encomendado a subalternos, cuya impericia o falta de conocimientos no ofrecen garantía alguna de acierto”.

Le atizaba Agramonte a la mezquindad de los sueldos que no servían a los empleados “para sostenerlos con dignidad” y sí recargarse “con otras ocupaciones”, pero más que todo a la centralización que “hace desaparecer ese individualismo, cuya conservación hemos sostenido como necesaria a la sociedad”.

AGRAMONTE ANTICOMUNISTA

La joya de la corona la hallamos acá: “De allí al comunismo no hay más que un paso; se comienza por declarar impotente al individuo y se concluye por justificar la intervención de la sociedad en su acción destruyendo su libertad, sujetando a reglamento sus deseos, sus pensamientos, sus más íntimas afecciones, sus necesidades, sus acciones todas”.

Entonces, si se estableciera cierta independencia entre los trabajadores, “su dignidad en vez de humillarse sometidos a los caprichos de un superior, crecería con responsabilidad legal y no arbitraria. Lejos de ser convertidos en máquinas de ejecución o de transmisión, necesitarían desplegar su actividad e inteligencia”, para provecho de ellos y de la sociedad.

“El individuo, con esta organización, podría tener garantizado el libre ejercicio de sus derechos contra los excesos y errores de los funcionarios, con acciones legales y entabladas ante los tribunales competentes”, afirma Agramonte, con la certeza de que sólo una administración conveniente” puede dejar expedito el desarrollo del ciudadano.

LA ORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD Y LA LIBERTAD POR SOBRE TODO

Solo con esa administración es posible la “alianza del orden con la libertad, objeto que debe ponerse todo gobierno, la representación del orden; de esa armonía de los intereses y acciones de los individuos entre sí, y de los de éstos con el gobierno en su más perfecta concurrencia de libertad”, preconizaba el Bayardo.

“El Estado que llegue a realizar esa alianza será modelo de las sociedades y dará por resultado la felicidad suya y de cada uno de sus miembros”, y en la acera opuesta: “el Gobierno que con una centralización absoluta destruya el desarrollo individual y detenga la sociedad en su progreso, no se funda en la justicia y en la razón, sino tan sólo en la fuerza”.

Y la estocada final, tirándose a fondo: “el Estado que tal fundamento tenga, podrá en un momento de energía anunciarse al mundo como estable e imperecedero, pero tarde o temprano cuando los hombres, conociendo sus derechos violados, se propongan reivindicarlos, irá el estruendo del cañón a anunciarle que cesó su letal dominación”.

No por gusto Agramonte es soslayado en el estudio de su pensamiento. Conveniente resulta silenciar lo que auguraba para la nación de entronizarse individuos e ideas que coarten las libertades y derechos. Hoy, 148 años después de su caída, entiendo mejor por qué los españoles vejaron su cadáver y por qué en la Cuba actual no se difunden sus asertos.

Hoy, me enorgullece mucho más llamarme “AGRAMONTINO”.

*Tomado de Editorial 24

Wednesday, May 12, 2021

GASTÓN BAQUERO Y LA EDUCACIÓN PÚBLICA EN LA CUBA PRERREVOLUCIONARIA*

Por Felipe Lazaro

                Sólo por la poesía se libera el hombre.
                Gastón Baquero


Hace algunos años, leí un discurso del ya enfermo y jubilado Fidel Castro en la Universidad de La Habana, donde le brindaban un homenaje por haber estudiado en dicha casa de altos estudios de la capital cubana, a finales de los años 40. De más está decir, que fue un acto repleto del todavía vigente culto a la personalidad -en la más pura tradición estalinista- , aunque ya no ostentaba el poder (total). Pero lo que más me llamó la atención fueron sus aseveraciones sobre la educación en la Cuba anterior a 1959; haciendo hincapié en ese mal entronizado por el castrismo en nuestra patria, que es el adanismo (que consiste en que toda la historia cubana comenzó el primero de enero del 59 y que los años republicanos (1902-1958) se pueden resumir diciendo que la Isla era una colonia yanqui, un país de los más subdesarrollados del mundo, donde existía un racismo equivalente al del sur de los EE UU, sin apenas educación ni salubridad pública). Además, la propaganda gubernamental todavía recalca, el “excesivo” porcentaje de analfabetismo nacional que en 1953 rondaba el 23 %, cuando en España y en Italia era del 40%. Pero nada más alejado de la realidad, Cuba -aunque no era un paraíso y existía una fuerte desigualdad social, una diferencia campo-ciudad, mucho desempleo temporal y, sobre todo, una gran corrupción político-administrativa en esos 57 años fundacionales- logró, precisamente, después de la Revolución del 33 y del período democrático de la Constitución del 40 (1940-1952) convertir a esa joven República en uno de los países más prósperos, como demuestran casi todos los indicadores socio-económicos internacionales de entonces (CEPAL, ONU, etcétera) con una pujante clase media (destruida en los años sesenta, precisamente, por el castrismo).

En ese extenso discurso del todavía Comandante en Jefe (en la sombra), Fidel habló de sus inicios escolares en su Oriente natal, posteriormente su bachillerato en La Habana hasta sus años como universitario habanero; matizando que si él pudo estudiar en esa Cuba prerrevolucionaria fue porque era hijo de rico, porque su padre era un terrateniente millonario y que de haber sido pobre no hubiese podido estudiar en esa Cuba del pasado. Como si en nuestra Isla no hubiese existido jamás la educación pública desde el mismo inicio de la República en 1902. Por lo tanto, Fidel Castro mintió descaradamente -como un bellaco- en ese discurso ante los aplausos y ovaciones de los universitarios habaneros, porque hay suficientes datos y documentos que demuestran todo lo contrario de sus mentiras: Hay constancia de miles de profesionales e intelectuales cubanos (pobres) que se escolarizaron en escuelas públicas por todo el territorio nacional (primaria y secundaria) que posteriormente ingresaron y se graduaron de médicos y abogados, dentistas e ingenieros (y de otras profesiones) en la Universidad de La Habana, en la de Oriente o la de Las Villas, etcétera… En cualquiera de las universidades publicas cubanas que existían antes del 59, además de las privadas.

Un ejemplo paradigmático de esa escolarización pública en la Cuba anterior a la Revolución es el caso de Gastón Baquero. De familia muy humilde, el autor de Memorial de un testigo se escolarizó tarde, pues -desde muy niño- tuvo que trabajar para ayudar a su madre, aunque sí estudió parte de la primaria en una escuela pública de su pueblo natal (Banes), estudios que más tarde terminaría en La Habana (en otro centro público) hasta terminar el Bachillerato, en otra entidad pública, y lograr graduarse en la Universidad de la Habana de ingeniero agrónomo y Doctor en Ciencias Naturales. Por lo tanto, ese niño y adolescente Gastón -aunque era pobre- accedió a su educación primaria y secundaria gracias al sistema de educación pública imperante en esos años 20 al 30 en Cuba. Mientras que el padre de Fidel le pagó los estudios de primaria en un colegio privado de Santiago de Cuba (Dolores) y, posteriormente, le costeó la Secundaria en uno de los colegios más caros (y prestigiosos) de la Isla (Belén). Y si bien es verdad que Don Ángel (padre de Fidel) pagó a su hijo las bajas matrículas de la Universidad de La Habana le resultarían a todas luces baratísimas para su alta posición económica. No obstante, queda patente que un juvenil Fidel Castro con un padre pobre hubiese podido escolarizarse en esos años cubanos y graduarse de abogado en la colina universitaria habanera. ¡Nada se lo impedía!

Además, esa Universidad -como todas las demás instituciones superiores cubanas de esa época- donde estudió Gastón y Fidel no estaba limitada por la lapidaria frase fidelista de “La Universidad es para los revolucionarios”. Las Universidades republicanas (públicas y privadas) de entonces eran plurales…y democráticas. Baste recordar los movimientos y luchas estudiantiles de los años 30 y 50 para corroborar esta aseveración de unas instituciones universitarias libres.

Pero ese Gastón de familia humilde y mestiza no solo pudo estudiar en la Cuba republicana, además ejerció su profesión de ingeniero agrónomo, triunfó en el periodismo nacional como un reconocido columnista y gran polemista (hay que recordar su controversia literaria con el intelectual comunista Juan Marinello en 1944) hasta llegar a la cima del periodismo cubano (hispano) al convertirse en Subdirector del prestigioso periódico habanero Diario de la Marina. Si a sus estudios y trabajos, sumamos su labor como poeta y colaborador de revistas literarias cubanas (Nadie parecía, Verbum, Poeta, Orígenes…) nos da una medida de la figura trascendente -y reconocida- que ya era Gastón Baquero antes de exiliarse en abril de 1959.Respecto a su precipitada salida de Cuba, poco se ha escrito: Gastón no tuvo problemas al inicio de la revolución del 59, aunque había sido senador de la República anterior y asesor de Batista (como lo fue el dirigente comunista Carlos Rafael Rodríguez) y siguió en su alto cargo del periódico más prestigioso de Cuba y jamás se le acusó de “batistiano”. De haberlo sido hubiese caído preso en ese inicial 59… Lo que pasó es que Gastón siguió escribiendo sus ya famosos artículos en su periódico, textos de matiz conservador como correspondía a un hombre de derecha y parece que sus trabajos irritaron al comandante Ernesto Guevara y a Baquero le llegó una advertencia de que el Che había dado la orden de detenerlo. Como en esos días, el argentino estaba al mando de la Fortaleza de a Cabaña, fusilando a diestra y siniestra, Baquero optó (no lo que quedó más remedio) porsalir huyendo de su país, escoltado por tres embajadores latinoamericanos que le acompañaron al aeropuerto Rancho Boyeros (José Martí) hasta la escalerilla del avión que le llevó a Ecuador donde el presidente ecuatoriano, el profesor Velasco Ibarra (amigo de Gastón), lo recibió con una gran hospitalidad y le ofreció asilo político antes de proseguir su viaje a España, donde vivió todo su exilio vitalicio (1959-1997).

De todas maneras, hay que resaltar que Gastón Baquero no se exilia de Cuba perseguido por ser “batistiano” ni siquiera por conspirar contra el nuevo régimen, sino por sus ideas, por sus punzantes artículos en Diario de la Marina, por sus textos conservadores (en los primeros meses de 1959…) en contra de la algarabía totalitaria. Ejemplo, de estos textos es su recomendable artículo en el que se despide de sus lectores, último texto que publicará en su país. Después de su exilio, ya se sabe el destino del Diario de la Marina: sus ejemplares fueron quemados por las turbas castrista, el periódico confiscado y clausurado para siempre (aunque renacería en Miami en 1960, por poco tiempo).

El poeta y profesor cubano Jorge Luis Arcos (Universidad de Bariloche) ha resaltado seis condiciones vitales de Baquero: pobre y mulato, homosexual y provinciano, poeta y exiliado. Pero, “ese pobre señor, gordo y herido, / que lleva mariposas en los hombros / oculta tras la risa y el olvido / la pesadumbre de todos los escombros”, como él se describió en su poema “Retrato”, fue algo más que todo eso. Poseedor de un físico de patricio del siglo XIX cubano, la cubanidad le salía por los poros y la contagiaba con su palabra. Quienes le conocimos, nos consta que fue un gran conversador, un hombre de letras -con un saber enciclopédico- y un apasionado lector con una memoria prodigiosa. Además, como buen criollo de principios del siglo pasado, fue una persona sumamente educada y fina, respetuosa y sencilla. Un hombre sumamente elegante (siempre le recuerdo de traje, corbata y sombrero), amante de la buena mesa, solidario y siempre hospitalario.

Lo que sí queda claro, en su trayectoria cubana, es que nada le impidió estudiar y trabajar, prosperar y triunfar en la Cuba de los años 20 a los 50 del pasado siglo XX cubano. Como poeta y periodista, como ensayista y por su ejemplo de amor a la poesía y a Cuba, Gastón Baquero se ha convertido en uno de las grandes voces de las Letras cubanas e hispanoamericanas. Hoy en día él es el decano (o santo patrón) de los exiliados políticos cubanos y es un claro ejemplo de que el adanismo castrista ya es una gran mentira enterrada por la Historia.

Como una vez le escuché a Don Gastón, más o menos, decir: “cuando se hable dentro de cien años de Fidel Castro, se dirá: ‘Dictador del Caribe que gobernó durante los años que el excelente poeta y escritor cubano José Lezama Lima escribió su inmensa obra’ “. (Por lo que es oportuno recordar que Lezama terminó su Secundaria en el Instituto (público) de La Habana (1928) y años más tarde se graduaría (1938) de abogado en la Universidad de La Habana.) Lo mismo se podrá decir de Baquero, pues estos dos hombres ilustres del siglo XX cubano son un genuino producto del sistema educativo público de la Cuba prerrevolucionaria.


Toledo, 2021 y mayo. En el 24ª Aniversario de la muerte de Gastón Baquero (Banes, 1914 – Madrid, 1997).

La obra del padre Camiñas: el desconocido éxodo de niños cubanos a España


Esta página está dedicada a la memoria y la obra del padre franciscano Antonio Camiñas, el motor principal de un programa para albergar transitoriamente en España a niños cubanos enviados por sus padres para escapar del castro-comunismo. Gracias a este proyecto, miles de niños recibieron educación y refugio en la madre Patria mientras esperaban el momento de reunirse con sus padres. El espíritu y la dedicación del Padre Camiñas fueron decisivos en el éxito de esta noble iniciativa.
El propósito de esta página es recopilar la mayor cantidad de información escrita, ya sea en forma de recortes de periódicos, cartas personales, fotografías o anécdotas personales, de parte de todas las personas involucradas en el proyecto. Todo ese material será utilizado en la confección de un libro sobre esta experiencia, el cual será escrito por el activista y periodista Omar López Montenegro, fundador del movimiento pro derechos humanos dentro de Cuba y Director de Derechos Humanos de la Fundación Nacional Cubano Americana, con el apoyo de un nutrido grupo de colaboradores y entusiastas. El libro estará patrocinado por el Fondo de Estudios Cubanos y Cubano Americanos de la FNCA, y recogerá la historia desde el punto de vista de los niños, las familias y los trabajadores del proyecto, y estará por supuesto centrado en la figura del Padre Camiñas. Se estudia también la posibilidad de, una vez escrito el libro, producir un documental sobre esta gran obra humanitaria.
𝘚𝘪 𝘶𝘴𝘵𝘦𝘥 𝘱𝘰𝘴𝘦𝘦 𝘢𝘭𝘨ú𝘯 𝘵𝘪𝘱𝘰 𝘥𝘦 𝘪𝘯𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘶𝘦𝘥𝘢 𝘴𝘦𝘳𝘷𝘪𝘳 𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘱𝘳𝘰𝘱ó𝘴𝘪𝘵𝘰𝘴, 𝘭𝘦 𝘳𝘰𝘨𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰𝘴 𝘭𝘢 𝘦𝘯𝘷í𝘦 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘦 𝘴𝘦𝘢 𝘮á𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘦𝘯𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦, 𝘱𝘰𝘯𝘪é𝘯𝘥𝘰𝘴𝘦 𝘦𝘯 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘢𝘤𝘵𝘰 𝘤𝘰𝘯 𝘯𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘢 𝘵𝘳𝘢𝘷é𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘰𝘳𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘱á𝘨𝘪𝘯𝘢. 𝘈𝘭 𝘪𝘨𝘶𝘢𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘰𝘣𝘳𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘗𝘢𝘥𝘳𝘦 𝘊𝘢𝘮𝘪ñ𝘢𝘴 𝘺 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘯𝘦𝘴 𝘵𝘳𝘢𝘣𝘢𝘫𝘢𝘳𝘰𝘯 𝘦𝘯 𝘦𝘭𝘭𝘢, 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘺𝘦𝘤𝘵𝘰 𝘦𝘴 𝘵𝘢𝘮𝘣𝘪é𝘯 𝘶𝘯𝘢 𝘰𝘣𝘳𝘢 𝘤𝘰𝘭𝘦𝘤𝘵𝘪𝘷𝘢. 𝘈𝘨𝘳𝘢𝘥𝘦𝘤𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘮𝘢𝘯𝘰 𝘴𝘶𝘴 𝘤𝘰𝘭𝘢𝘣𝘰𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴.
𝙋𝙧𝙤𝙝𝙞𝙗𝙞𝙙𝙤 𝙤𝙡𝙫𝙞𝙙𝙖𝙧. 𝙄𝙢𝙥𝙧𝙚𝙨𝙘𝙞𝙣𝙙𝙞𝙗𝙡𝙚 𝙧𝙚𝙘𝙤𝙧𝙙𝙖𝙧.
English version:
This page is dedicated to the memory and works of Franciscan Father Antonio Camiñas , the driving force behind the program that provided shelter in Spain to Cuban children sent alone by their parents to escape Castro’s communist regime.
Thanks to this project, thousands of children received refuge and education while in transit thru Spain waiting to reunite with their relatives in the US. The effort and dedication of Fr Camiñas were a key element in the success of this noble endeavor.
The purpose of this page is to gather the most amount of information available on this subject. We are looking for newspaper clips, letters and personal anecdotes from anyone who was a part of this chapter of our history.
All the material compiled will be used to write a book by journalist and activist Omar López Montenegro, founder of the human rights movement inside Cuba and Human Rights Director of the Cuban American National Foundation, he counts with the support of a large group of collaborators whose interest and enthusiasm is driven by the close ties to this experience.
The book will be sponsored by CANF’s Endowment for Cuban American Studies, and it will portray the story from the point of view of the children and their families as well as the people who worked on the project, the central figure being father Camiñas. The possibility of producing a documentary about this humanitarian gesture is also being considered.
𝘐𝘧 𝘺𝘰𝘶 𝘩𝘢𝘷𝘦 𝘢𝘯𝘺 𝘪𝘯𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢𝘵𝘪𝘰𝘯 𝘵𝘩𝘢𝘵 𝘤𝘰𝘶𝘭𝘥 𝘩𝘦𝘭𝘱 𝘶𝘴 𝘪𝘯 𝘰𝘶𝘳 𝘦𝘯𝘥𝘦𝘢𝘷𝘰𝘳 𝘸𝘦 𝘢𝘴𝘬 𝘺𝘰𝘶 𝘵𝘰 𝘴𝘦𝘯𝘥 𝘪𝘵 𝘵𝘰 𝘶𝘴. 𝘗𝘭𝘦𝘢𝘴𝘦 𝘶𝘴𝘦 𝘵𝘩𝘪𝘴 𝘱𝘢𝘨𝘦 𝘧𝘰𝘳 𝘵𝘩𝘢𝘵 𝘱𝘶𝘳𝘱𝘰𝘴𝘦. 𝘞𝘦 𝘵𝘩𝘢𝘯𝘬 𝘺𝘰𝘶 𝘪𝘯 𝘢𝘥𝘷𝘢𝘯𝘤𝘦 𝘧𝘰𝘳 𝘺𝘰𝘶𝘳 𝘤𝘰𝘭𝘭𝘢𝘣𝘰𝘳𝘢𝘵𝘪𝘰𝘯.

𝙁𝙤𝙧𝙜𝙚𝙩𝙩𝙞𝙣𝙜 𝙞𝙨 𝙣𝙤𝙩 𝙖𝙣 𝙤𝙥𝙩𝙞𝙤𝙣. 𝙊𝙪𝙧 𝙢𝙚𝙢𝙤𝙧𝙞𝙚𝙨 𝙖𝙧𝙚 𝙚𝙨𝙨𝙚𝙣𝙩𝙞𝙖𝙡 

Monday, May 3, 2021

The ‘Plantados,’ Cuba’s Immovable Heroes

Por Alvaro Vargas Llosa


If Nelson Mandela had been Cuban rather than South African, he never would have been awarded a Nobel Peace Prize or become a 20th-century human-rights icon and statesman. Instead, he would have been a “plantado,” one of the political prisoners (the “immovable ones”) who refused to cooperate with the regime in exchange for shorter sentences and lesser punishments.

“Cooperate” meant accepting the re-education and indoctrination program introduced in the early 1960s by Fidel Castro and Che Guevara, then in charge of “La Cabaña,” an 18th-century fortress turned into a prison and execution camp.

For most of the plantados who spent decades in Castro’s cells, there was no redemption, except among some in Cuba’s South Florida exile community. Many in the West, including the self-proclaimed champions of civil rights, were oblivious to the plight of Castro’s political prisoners — often deliberately so.

That’s why Plantados, a new film directed by Lilo Vilaplana, is important. Released recently at the Miami Film Festival, it follows the story of Ramón, a former plantado who escaped and discovers years later that his torturer, lieutenant Mauricio López, is living with impunity with his family in Miami.

Ramon’s discovery takes us back, through his painful memory, to Castro’s prisons, where he suffered the worst tortures and witnessed executions and unspeakable acts of violence against other political prisoners. The punishments included being thrown in sewer trenches, having to stand naked for days in tiny cells shared by four prisoners, where only one could lie down to sleep, suffering routine beatings, watching the humiliation to which their loved ones were subjected when visiting them, and other degrading experiences.

In Miami, Ramón and his family, among them the son of Jorge (nicknamed “the poet” by other inmates), who died in Mauricio’s prison, confront the impossible dilemma: whether to kill Mauricio and avenge their suffering or try to bring him to justice, which probably would yield no result in U.S. courts.

The plantados were known to favor justice over vengeance, but it is one thing to be principled in the abstract and another to have to confront the dilemma in flesh and blood. Vilaplana’s movie presents the spectator with the wrenching gamut of moral dilemmas and psychological drama derived from the plantados’ story.

At one point, the wife of one of the prisoners tells her husband that she and her family are living like pariahs for being associated with counterrevolutionaries, not to speak of the sexual humiliations suffered when entering the prison on visit days.

The story of the plantados and their persecutors also carries long-lasting moral implications for the latter. Mauricio’s family, confronted with details of his shameful past, initially refuse to acknowledge the truth — that is, accept that they have been blind to the atrocities the loving husband and father committed in the past.

And then there is the crucial question of how much responsibility those who served in Castro’s prisons had for carrying out the orders they received. At one point, a corporal who throws the prisoners into the sewer trenches tells one of them, a dissident: “You were part of the victors and ended up with the vanquished . . . and we sided with the communists.” What he is telling him is that in a totalitarian system there is only one way to survive.

Years later Mauricio, confronted by Ramón and his nephew, tells them he was not responsible for setting up the system; he was just following orders: “If it hadn’t been me, it would have been someone else. . . . Now I am with you.”

But the moral of Plantados is that you always have a choice, no matter how narrow the options and how strenuous the circumstances. They opted for resistance knowing it could cost them their lives, as when they drew blood from their own veins to color a piece of tissue red so they could brandish it from their cell’s window, as if it were a Soviet flag, while jeering a visiting dignitary.

Mario Chanes de Armas, who served 30 years in Castro’s cells, died without the world recognizing his heroism. Eusebio Peñalver Mazorra, who endured 28 years of torture, some of it racially motivated because he was black, never got the Nobel Peace Prize — nor will the others who lived to tell the tale and give brief personal testimonies at the end of Vilaplana’s movie. None of them will receive the recognition they deserve.

Vilaplana’s film begins, only begins, to do justice to these immovable heroes.