Saturday, August 29, 2020

Verdad y dolor: Archivo Cuba y el costo en vidas del período de Batista*

Por Enrique Del Risco 



Archivo Cuba acaba de concluir un largo y exhaustivo esfuerzo para revisar el número de muertes por causas políticas durante la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1958). Precisa aclararse, sin embargo, que dar por concluida esta parte de su misión no impide que en el futuro Archivo Cuba siga perfeccionando su base de datos. Raro encontrar en estos tiempos una institución consagrada de tal manera a esa cuestión anacrónica que es la verdad. En la época de las fake news y la post verdad, cuando el relativismo parece ser la esquizofrénica medida de todas las cosas, Archivo Cuba insiste en determinar el costo exacto en vidas humanas a lo largo de las dos dictaduras en las que ha transcurrido lo que académicamente se conoce como Revolución Cubana.

En medio de la espesa mitología que rodean las últimas siete décadas de vida cubana, Archivo Cuba insiste en la terca racionalidad de los números. Desde que empezara a publicar el resultado de sus investigaciones, Archivo Cuba no ha dejado de masacrar mitos. El primero de ellos, el famosísimo de las veinte mil muertes causadas por el régimen de Fulgencio Batista desde el golpe de estado del 10 de marzo de 1952 a su caída el primero de enero de 1959. Un mito enunciado en las primeras ediciones de enero de 1959 de la entonces fundamental revista Bohemia y luego reproducido como artículo de fe en cuanto resumen oficial u oficioso se hacía de la dictadura batistiana. En un seminal artículo publicado por Armando M. Lago en Cubaencuentro.com 15 de octubre de 2002 “El fraude de los veinte mil muertos de Batista”, la cifra monstruosa de veinte mil muertos quedó reducida a una no menos monstruosa pero numéricamente más modesta de 1.816 muertes.

En aquel artículo el total de muertes atribuidas al régimen de Batista aparecía desglosado de la siguiente manera.

I. Muertes causadas por fuerzas de Batista

448  Guerrilleros muertos en combate en las campañas de las sierras (4/1956, 35/1957, 409/1958)


37    Revolucionarios y civiles muertos en bombardeos de la Fuerza Aérea (1958)


15  Guerrilleros asesinados luego de rendirse en combates, Central Macareno y otros (1958)


21   Guerrilleros prisioneros de guerra asesinados en Alegría del Pío (en 1958)


20    Prisioneros de guerra de la Expedición Corinthia asesinados por Fermín Cowley (1957)


105    Fusilamientos de campesinos colaboradores de la guerrilla (40/1956, 14/1957, 51/1958)


646     Sub-total de muertos de la guerra rural




8     Revolucionarios muertos en combate en el Asalto al Moncada (1953)


10   Revolucionarios muertos en combate en el asalto al Cuartel Céspedes de Bayamo (1963)


60   Marineros y revolucionarios muertos en combate en la insurrección naval de Cienfuegos (1957)


25    Revolucionarios muertos en combate en el asalto a Palacio Presidencial (en 1957)


16    Revolucionarios muertos en combate en el asalto al Cuartel Goicuría (1956)


1    Asesinato de prisioneros de guerra en el cuartel Goicuría (Reynold García, 1956)


56    Asesinato de prisioneros de guerra del Moncada (1953)


15    Asesinato de prisioneros de guerra del Cuartel Céspedes de Bayamo (1953)


9     Civiles asesinados en Santiago en represalia por el asalto al Moncada (1953)


664     Asesinatos extra-judiciales (6/1952, 7/1953, 6/1954, 14/1955, 38/1956, 23/1957, 570/1958) 


1      Soldados leales a Prío muertos en tiroteos en el Palacio Presidencial (1952)


12  Desapariciones de revolucionarios arrestados (2/1955, 4/1957, 6/1958)


147    Revolucionarios muertos en tiroteos urbanos durante la Huelga General (1958)


125    Revolucionarios muertos en otros tiroteos urbanos (7/1953, 2/1955, 24/1956, 33/1957, 59/1958)


12    Presos políticos asesinados en prisión (1/1954, 7/1956, 1/1957, 3/1958)


1    Muertes en prisión de revolucionarios por negligencia médica (1957)


8     Suicidios de revolucionarios bajo arresto (1/1956, 1/1957, 6/1958)


1.170      Sub-total de muertos de la guerra urbana


1.816

Total


Cualquiera que hubiera hecho estimaciones a partir de las principales masacres y combates más conocidos durante la dictadura batistiana concordaría que esa reducción en un 90% de la cifra de veinte mil muertos estaba bastante más cerca de la realidad. Porque no se trataba de justificar a un régimen que hizo del asesinato una herramienta política habitual sino de darle su peso más exacto posible. ¿Por qué hasta el día de hoy el castrismo se ha aferrado a una estadística generada por la prensa burguesa? Todo apunta a que la aplastante redondez de la cifra de los 20,000 justificaba la feroz violencia desatada primero contra los servidores del régimen derrotado y luego contra los disentían del rumbo tomado por la revolución. El triunfo revolucionario, que en los primeros días de enero de 1959 se presentó como un acto de reconciliación nacional, pasó de inmediato a convertirse en ceremonial vengativo y catártico que creó condiciones para la instauración de un aparato represivo que persiste hasta hoy.

El mito de los veinte mil muertos permitió no solo reestablecer a toda prisa y a nivel nacional la pena de muerte, abolida por la constitución de 1940 con la excepción de “los miembros de las Fuerzas Armadas por delitos de carácter militar y las personas culpables de traición o de espionaje en favor del enemigo en tiempo de guerra con nación extranjera”. Aquella cifra desmesurada también permitió que el nuevo régimen presentara el número de fusilados en los primeros meses no como penoso acto de justicia sino con el mismo entusiasmo con que se presentaban los logros económicos alcanzados por la naciente Revolución. Afirmaba Fidel Castro en un discurso del 8 de mayo de 1959 que “los Tribunales de Guerra Revolucionarios han cumplido ya su rol esencial” y “por lo tanto, la Revolución estaba segura de que había cumplido cabalmente su deber con el fusilamiento de más de 500 criminales de guerra”.[1] Si, a pesar del celo en el cumplimiento de las metas, la maquinaria seguía funcionando, la cifra de ejecuciones siempre sería una fracción de los veinte mil muertes que supuestamente había causado el régimen depuesto. Si el régimen de Batista podía traducirse en una cifra era esa, la misma que utilizaba la Revolución para justificar sus excesos.

Rebajada la criminalidad del batistato a cifras realistas, aquel informe del 2002 se complementaba por las cifras de las muertes causadas por las fuerzas revolucionarias durante el mismo período que, sin ser similares, tampoco eran del todo desdeñables.

II. Muertes causadas por fuerzas revolucionarias anti-Batistianas




487    Soldados muertos en combates en áreas rurales y sierras (2/1956, 33/1957, 452/1958)


96     Campesinos fusilados o ahorcados en sierras y áreas rurales (1/1956, 46/1957, 49/1958)


3     Guerrilleros muertos en accidentes de jeep en las sierras (1958)


9     Guerrilleros muertos accidentalmente por tiros escapados o tiros al aire (1958)


595     Sub-total de muertos de la guerra rural







3     Desertores revolucionarios ejecutados en México (1956)


22    Soldados muertos en combate en el Cuartel Moncada (1953)


3     Asesinatos de soldados y enfermeros en el Hospital Saturnino Lora del Cuartel Moncada (1953)


12    Soldados y policías muertos en combates durante la Insurrección Naval de Cienfuegos (1957)


191   Asesinatos extrajudiciales (1/1952, 2/1953, 4/1954, 2/1955, 10/1956, 36/1957, 136/1958)


2     Policías muertos en tiroteo en Palacio Presidencial durante el golpe de estado (1952)


28    Revolucionarios y civiles muertos en bombardeos terroristas (3/1953, 1/1954, 1/1955, 1/1956, 11/1957, 11/1958)


52    Soldados, policías y civiles muertos en otros tiroteos urbanos (4/1953, 1/1955, 7/1956, 5/1957, 35/1958)


1    Soldados muertos en fugas de prisión (1956)


2    Desapariciones de oficiales del gobierno de Batista (1958) 


11   Secuestradores y civiles muertos en actos de piratería aérea (1958)


3    Civiles muertos accidentalmente en tiroteos iniciados por fuerzas revolucionarias (Cienfuegos, 1957)


330    Subtotal de muertos de la guerra urbana


925 Total



Aquellos resultados parciales sirvieron, aparte de desinflar el mito de los veinte mil asesinatos, para tener una visión algo más próxima a lo que fue el proceso insurreccional que terminó con la caída del régimen batistiano. Este conteo sirvió para confirmar viejas sospechas y arribar a nuevas conclusiones. Desde confirmar la naturaleza asesina de un gobierno que causó la muerte de 1.816 personas de las cuales algo más de la mitad (918) se atribuían a ejecuciones extrajudiciales, hasta demostrar la hipótesis de que habían sido los combatientes urbanos los más sacrificados durante la insurrección. Otros detalles resultaban sorpresivos para muchos, como lo parejo de las cifras entre los campesinos ejecutados por el ejército (105) y los fusilados o ahorcados a manos de los rebeldes (96). O que la mayor cantidad de bajas sufridas por las fuerzas antibatistianas no correspondiera a los publicitados acontecimientos del 26 de julio de 1953 (98) o al alzamiento de Cienfuegos del 5 de septiembre de 1957 (63) sino a la -ninguneada por la historiografía oficial- huelga del 9 de abril de 1958 en la que habrían muerto 147 combatientes. Más significativo aun era que las 1.816 víctimas de Batista fueran más de cuatro veces menos que las ocho mil que le atribuían al castrismo los cálculos más conservadores.

Con la publicación de aquel artículo, el efecto político y de denuncia podía darse por satisfecho. El relato habitual que había impuesto la propaganda castrista y sus repetidores afines en todo el mundo de una dictadura asesina derrocada por una revolución justiciera quedaba destrozado por este sobrio recuento. El artículo de Armando Lago, y sobre todo las estadísticas que incluía, a la vez que desmontaba la mitomanía que abundaba sobre del batistato, ofrecía un cuadro mucho más realista del régimen contra el cual el castrismo se presentaba como redentor. Sin embargo, en lo adelante, más que a confirmar sus hallazgos iniciales, Archivo Cuba dedicó sus principales esfuerzos a refinar las cifras obtenidas, hacerlas más precisas y confiables, aunque de alguna manera contradijeran sus conclusiones originales. El tipo de labor en que el ansia de justicia no compromete la objetividad de la investigación suele asociarse en Latinoamérica con un momento posterior a las dictaduras, cuando las Comisiones de la Verdad, una vez desaparecido el régimen represivo pueden dedicarse con más o menos calma a reunir los datos. No era de extrañar que en el exilio cubano, tras tanto tiempo de dictadura, surgiera una iniciativa semejante antes que esta llegara a su fin. Lo sorprendente ha sido su rigor, su compromiso con la verdad incluso antes que con el reclamo de justicia.

Algo tendrá que ver la integridad investigativa de Archivo Cuba con las personas que la fundaron y trazaron su perfil. De una parte estuvo Armando Lago, doctor en Economía de la Universidad de Harvard (1966 y coautor del libro The Politics of Psychiatry in Revolutionary Cuba, (Transaction Publishers, 1991) quien desde mediados de la década de los noventa se enfrascó en la tarea de cuantificar el costo humano de la llamada Revolución Cubana. 


De la otra, Maria Werlau con diplomas de la Georgetown University y la Universidad de Chile en Relaciones Internacionales y quien fuera segunda Vice Presidente del Chase Manhattan Bank en San Juan y en Caracas. Werlau convenció a Lago de crear juntos la organización Free Society Project, que daría lugar al proyecto Archivo Cuba en el 2001 “para promover los derechos humanos mediante investigaciones y publicaciones”. En Werlau, capacidad profesional e interés personal se complementaban: sus padres habían sido militantes activos de la Revolución y luego víctimas de ésta. La madre, como miembro una célula clandestina en La Habana del Movimiento 26 de Julio. El padre, como combatiente del Ejército Rebelde en la columna del Che Guevara quien, al sentirse traicionado por el rumbo de la revolución, se incorporó a la Brigada 2506 que desembarcó en bahía de Cochinos y murió allí el 21 de abril de 1961 dejando a su esposa viuda a los veinticinco años y con dos hijos. Uno de ellos, María, ha dedicado buena parte de su vida adulta a entender, muerto a muerto, el leviatán que devoró a su padre. 

“Aunque la investigación incorporó todas las fuentes que se conocen, no por eso es perfectamente exhaustiva” advertía Lago en su artículo del 2002. “Pudiera haber muertes no reportadas en la literatura conocida, aunque es casi seguro que no sería en un número considerable”. Sin embargo, el mayor problema que encontraron los investigadores de Archivo Cuba fue de signo contrario: “los mismos casos […] aparecían con nombres similares o en distintas fechas” dando lugar a una inflación de los números reales. Desde aquel informe del 2002, la depuración de datos de muertes duplicadas por reportes inexactos ha terminado reduciendo las cifras iniciales. Las supuestas 1.816 muertes causadas por las fuerzas batistianas del conteo original quedaron reducidas a 1.591 mientras las provocadas por la acción de los grupos antibatistianos bajaron de 925 a 444. Si en el informe del 2002 las fuerzas antibatistianas eran responsables de una de cada tres muertes durante aquel período con las nuevas actualizaciones la proporción baja a aproximadamente una por cada 4.6. El uso de una mayor cantidad de fuentes y la disponibilidad de más datos en cada uno de los casos hace las cifras actuales más reducidas pero mucho más confiables que las del informe de 2002.

El investigador y cofundador de Archivo Cuba, Armando Lago, fallecería en junio del 2008, pero no por ello el trabajo iniciado por él se detuvo. “Con el tiempo comenzamos a revisar las listas usando medios […] (electrónicos y el programa excel),” nos comenta María Werlau, “que permiten hacer comparaciones y revisiones más efectivas. Asimismo, obtuvimos nuevas fuentes con las cuales Lago no contó, especialmente del gobierno cubano en la serie de cuatro volúmenes del Consejo de Estado y en numerosas páginas y listas en Ecured así como en artículos aparecidos en la prensa oficial de Cuba”. Resultado de estas depuraciones son las siguientes tablas que resumen las pérdidas humanas que ocasionaron las partes en pugna entre 1952 y 1958:

Desglose de casos de víctimas atribuidas a las fuerzas batistianas:



Causa de muerte Número de casos Por ciento

Accidental 9 0.6%

Víctimas civiles en combate 30 1.9%

Muertos en combate 644 40.6%

Ejecuciones (de miembros del ejército) 1 0.06%

Asesinatos extrajudiciales 864 54.4%

Muerte por enfermedad/ negación de cuidados 2 0.12%

Causas indeterminadas 5 0.3%

Desaparecidos 32 2.0%

Otros 1 0.06%



TOTAL 1.588

Desglose de casos de víctimas atribuidas a las fuerzas antibatistianas:



Causa de muerte Número de casos Por ciento

Accidental 52 12%

Víctimas civiles en combate 22 5%

Soldados muertos en combate 159 36%

Ejecuciones 39 9%

Muertos por bombas o minas 4 1%

Asesinatos por motivos políticos 134 30%

Terrorismo/ ataques a civiles 20 4%

Otros 6 2%

Prisioneros de guerra asesinados 2 0.5%

Muerte por enfermedad/ negación de cuidados 1 0.02%

Causas indeterminadas 2 0.5%

Desaparecidos 3 0.07%

TOTAL 444



Si en cambio analizamos el total de muertes durante el período de acuerdo a los años en las que se produjeron podemos tener una idea de cómo fue escalando el conflicto a lo largo de los años.

1952: 9

1953: 115

1954: 10

1955: 19

1956: 122

1957: 431

1958: 1300

Gracias a este nuevo conteo podemos afirmar, por ejemplo, que las víctimas de actos terroristas, aunque bajas en términos absolutos, representan un 4% del total de muertes provocadas por las acciones antibatistianas. O que estas, junto a los asesinatos políticos y las ejecuciones (193), superan claramente a las muertes ocasionados al bando contrario en enfrentamientos directos (159). O por el bajísimo número de prisioneros asesinados (2) podemos asumir que en general el trato hacia éstos fue todo lo correcto que se puede esperar en esa clase de conflictos.

En cambio, si se comparan las cifras de las muertes producidas por el batistato, aquella dictadura que para los estudiosos de la Revolución Cubana no requiere de apellidos, parece, en términos absolutos y relativos, asunto muy menor. Hasta los famosos asesinos de Batista (Ventura, Carratalá, Pilar García, Masferrer) parecen simples aprendices frente a los anónimos ejecutores revolucionarios. Los 1.588 muertos del batistato caben 4,7 veces en las 7.537 víctimas del castrismo documentadas hasta la fecha por Archivo Cuba. Incluso si se objeta que son incomparables los siete años de dictadura batistiana con los 61 de castrismo, las estadísticas arrojan que en los primeros siete años de Revolución ésta produjo más del doble de muertes totales (3.317) y de ejecuciones (2.139) que las de todo el batistato.

En la actualización de la base de datos de Archivo Cuba para el período que va del 1ro de enero de 1959 al 31 de diciembre de 2019 el desglose de las víctimas del castrismo es el siguiente:

Muertes y desapariciones atribuidas al estado cubano

Ejecuciones por fusilamiento 3.048

Ejecuciones extrajudiciales 1.242

Ataques a civiles en el extranjero (terrorismo) 22

Desapariciones forzadas 49

Desapariciones - otras (mayormente en intentos de salida) 1.140

Negligencia médica (mayormente en detención/prisión) 441

Huelgas de hambre 21

Suicidios inducidos o presuntos (mayormente presos) 175

Muertes en intento de salida: deshidratación, ahogados, minas, etc. 202

Otras muertes en prisión, accidentales, etc. 313

En combate o desaparecidos en acción 887

Total 7.537

Pero ninguna demostración matemática será capaz de responder la pregunta de cuántos muertos son demasiados para una revolución, cuántas vidas deberá cobrar para que su costo sea inaceptable. Demostrar que una revolución puede matar bastante más que regímenes que usualmente abominamos puede parecerle insuficiente los que se aferran a su aureola de redención. La pregunta de cuántas personas concretas deberá matar un sistema para que se considere nocivo para la humanidad en abstracto servirá, si acaso, para medir la capacidad de empatía de quien responda.

No es ajena a su comprensión de lo humano que el interés de Archivo Cuba abarque el costo de la Revolución Cubana en el sentido más amplio posible. Bastante más allá de las matemáticas. En el sitio que aloja la institución, ArchivoCuba.org, aparecen informes sobre el caso de la base norteamericana en Guantánamo, cuyos alrededores fueron fortificados y minados por el actual régimen cubano al poco tiempo de su llegada al poder. La base de datos recoge solo cinco casos de cubanos asesinados por guardafronteras o víctimas de las minas al intentar escapar hacia la base, pero se piensa que han sido muchos más. Archivo Cuba también incluye en su sitio informes sobre ciudadanos de diferentes países asesinados o desaparecidos en Cuba incluidos naturales de España y Estados Unidos, cuyos casos recoge la base de datos.

Otro informe recogido por la institución es el referido al sistema penitenciario cubano que en los últimos años ha alcanzado el penoso liderato mundial en la proporción de ciudadanos presos respecto a la población total del país. El reporte de Archivo Cuba hace especial énfasis en el presidio político, llegando a afirmar que “puede estimarse muy grosso modo y de forma conservadora que al menos 500,000 personas han sufrido el presidio político en un momento u otro a partir del 1ro de enero de 1959, incluyendo los que han sufrido detenciones cortas”. Hasta la fecha, la base de datos recoge 1.832 casos de muertes por diversas causas (asesinatos, huelgas de hambre, suicidio, falta de atención médica y otros) de personas detenidas.

Archivo Cuba, resulta una herramienta invaluable tanto para investigadores del tema, familiares de las víctimas como para interesados en determinar cuántas vidas ha costado la Revolución Cubana. Por ello mismo la pormenorizada base de datos de Archivo Cuba merece incluir algún tipo de tutorial introductorio que permita comprender las múltiples posibilidades que ofrece su compleja base de datos. Un recorrido por el sitio de Archivo Cuba puede dar una idea de la descomunal labor que ha representado reunir, clasificar y depurar toda esta información a lo largo de los años y la utilidad que podría aportar a nuestro conocimiento de la historia cubana reciente. Más importante aun es la probidad con que se ha llevado a cabo este descomunal esfuerzo y la profunda lección que esto entraña para cualquiera que intente buscar algo de verdad en medio del dolor.





[1] “Discurso pronunciado en la concentración celebrada a su llegada del extranjero, en la Plaza Cívica, el 8 de mayo de 1959”. Discursos e intervenciones del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1959/esp/f080559e.html

*Versión de artículo aparecido en Hypermedia Magazine.

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