Basado en un ensayo de mi
libro La Cuba Eterna: Ayer, Hoy y Mañana
Por:
Néstor Carbonell Cortina
Logrado
ese objetivo esencial, ¿cómo galvanizar a la población, traumatizada por tantos
años de tiranía, para acometer la ingente tarea de la pacificación y
reconstrucción del país? Los pueblos en circunstancias críticas suelen acudir a
los artículos de fe, a los símbolos que representan lo mejor de sus tradiciones
y lo más grande y perdurable de su nacionalidad.
Los
cubanos contamos con cinco símbolos propios que nos inspiran y enaltecen:
I- EL HIMNO NACIONAL,
letra y música de nuestro eximio Perucho Figueredo. Nunca más debe este canto
patriótico, sublimado por la grandeza moral de tantos mártires, cederle su
primacía a composiciones embaucadoras y sectarias como el himno del 26 de
julio. La nación sólo ha de tener un himno: el de Bayamo.
Deben sus sabias y melódicas estrofas servir de admonición para no caer de nuevo en la demagogia, preludio sombrío del autoritarismo, ya que en cadenas vivir es vivir en afrenta y oprobio sumido.
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II- LA BANDERA
de la estrella solitaria, con la sensación visual de sus colores y el ondeo
majestuoso de sus pliegues, es como un jirón de nobles sentimientos que flamea
airoso bajo el sol. La izó Narciso López en Cárdenas el 19 de mayo de 1850, la
siguieron con devoción los heroicos mambises, y la enarbolaron con firmeza los
fundadores de la República para consolidar la plena soberanía sin Enmienda
Platt.
Nuestro
sagrado pabellón, ultrajado en 1959 por traidores disfrazados de profetas,
flotará de nuevo bien alto cuando caigan la hoz, el martillo y todos los resortes
del régimen comunista, y puedan los cubanos recobrar la ansiada libertad.

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III- EL CAPITOLIO NACIONAL
es un símbolo imperecedero de la nación, no ya por la imponente estructura
marmórea que lo sostiene, sino por los hitos republicanos que evoca y los logros
jurídicos e institucionales que representa.
Fue
en ese templo de leyes que se debatió y aprobó nuestra Carta Magna de 1940
libremente, sin injerencia doméstica o foránea. Esa Constitución, que ha sido
bandera de lucha contra la dictadura de Batista y el totalitarismo
marxista-leninista de Castro, podrá servir de base legítima para el tránsito en
su día a la democracia representativa, a la libre empresa con conciencia social,
y a la justicia con garantías para todos.

IV- JOSÉ MARTÍ-
el apóstol de nuestra independencia, es el símbolo más egregio de nuestra
nacionalidad. Bajo su aureola, le rendimos homenaje también a todos los
próceres que han dignificado a nuestra Patria.
Martí luchó denodadamente por la libertad de Cuba sin odios ni resentimiento. Aún para sus enemigos él pidió la Rosa Blanca. La doctrina martiana Con Todos y para el Bien de Todos es nuestra mejor consigna para lograr la redención de la isla y anclar la República del mañana en el imperio de la ley y en la concordia ciudadana.

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V- LA VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE. Desde que los tres Juanes vieron flotar su imagen sobre una tablita en la bahía de Nipe, la Divina Madre ha sido fuente de inspiración y consuelo para los cubanos. En nuestras guerras de independencia, las fuerzas libertadoras le rindieron tributo a la Virgen Mambisa e invocaron su santo nombre en el fragor de los combates. Y durante el turbulento proceso republicano, ella fue luz y aliento para todos los cubanos.
Cuando caiga el régimen comunista, nuestra Cuba arruinada, polarizada y desmembrada requerirá no sólo amplias infusiones de capital y tecnología para reavivar la economía y reconstruir el país. Necesitará también una fuerte dosis de espiritualismo cristiano para sanar las heridas, recobrar la fe y levantar los ánimos. Roguemos a la Virgen de la Caridad que oriente y bendiga a los que emprendan la regeneración de la Patria liberada.

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Estos cinco símbolos encierran, como en un cofre sagrado, los valores cívicos y morales, los principios guiadores, los sentimientos y virtudes cardinales que nos legaron nuestros próceres y que representan lo mejor de nuestra CUBANÍA—la que pervive en la esperanza del pueblo sojuzgado y la que palpita en la añoranza de muchos desterrados.

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