![]() |
| El beso de Judas, por Ignazio Jacometti (1819-1883) |
ESTAMPAS DE CUBA
Por María Argelia Vizcaíno
«La traición supone una cobardía y una depravación
detestable». BARON DE HOLBACH
El 1º de enero es una fecha solemne porque, a manera
de esas piedras que marcan en las rutas los kilómetros recorridos, así en el
andar de la vida el año que adviene señala el comienzo de UN TRAMO MÁS.
Quien así sabiamente se expresaba era el maestro del
periodismo cubano, Don Pepín Rivero, director del prestigioso Diario de
la Marina.
Pero el primer día del año 1959, quedó marcado en la
historia cubana por la gran traición que se confabuló contra nuestro pueblo,
estimándose el «tramo más largo» de barbarie vivida en la Isla. Así lo
confirman distintos autores que he consultado, por haber sido testigos de tan
ultrajante maniobra —que he escogido especialmente para esta Estampa para que
los defensores de lo indefendible no me digan que yo escribo de lo que no
conocí.
La caída del régimen dictatorial de Fulgencio Batista
el primero de enero de 1959 abrió una era muy distinta para Cuba. Desde el
comienzo de la república, ésta se caracterizó por una larga serie de crisis
políticas originadas de modo destacado por grandes fallas en el liderazgo
cubano, principalmente el político, que tendía a centrarse en el caudillismo y
el sectarismo.
Así comienza la introducción de uno de los más
documentados libros sobre la revolución de Fidel Castro escrito por el profesor
Juan Clark y titulado «Cuba: Mito y realidad.»
Al triunfo de la revolución, en enero 1º de 1959,
Castro con su habitual uniforme verde-olivo descendió de su escondrijo en la
Sierra Maestra, de donde días antes había sido precedido por sus guerrilleros
que atravesaron la isla con rosarios en el cuello. ¿Hipócritas? ¿Ilusos? Una
vez en el poder, Castro se aparta completamente de sus predicamentos y
TRAICIONA SU PUEBLO (...) Como la caña enferma que aún conserva algo su verdor
para ocultar el gusto rancio que ha adquirido. La Mentira Verde. (...) Habíamos
perdido nuestro derecho al voto y teníamos otro dictador, pero mucho más férreo
y sanguinario que los anteriores.
Dr. Edmundo Yrigoyen Miret en su libro «Años Intensos».
El por muchos considerado Robin Hood latinoamericano,
en el año 1957 había enviado desde la Sierra Maestra una proclama dirigida a
las instituciones patrióticas, a los partidos políticos, y organizaciones
cívicas de Cuba y el mundo que prometía:
Declarar bajo formal promesa que el régimen
provisional celebrará elecciones generales para todos los cargos en el término
de un año bajo las normas de la Constitución de 1940 y entregará el poder
inmediatamente al candidato que resulte electo.
Además, por si fuera poco, de toda la maniobra
mitómana, el 20 de julio de 1958 Castro firma el Pacto de Caracas junto a
Carlos Prío, Tony Varona, Carlos Prío Socarrás (Organización Auténtica);
Enrique Rodríguez Loeches (Directorio Revolucionario 13 de marzo); Justo
Carrillo Hernández (Asociación Montecristi); Manuel Antonio ‘Tony’ de Varona
(Partido Revolucionario Cubano Insurreccional); Ángel Santos (Resistencia
Cívica); Lincoln Rodón (Partido Demócrata Independiente); David Salvador Manso,
Ángel Cofiño, Pascasio Linares, Lauro Blanco, José M. Aguilera (Unidad Obrera);
José Puente, Omar Fernández (Federación Estudiantil Universitaria) y José Miró
Cardona (Coordinador General), miembros de las 11 organizaciones políticas y armadas opositoras, y otros que establecía:
Conducir el país mediante un breve gobierno
provisional a su normalidad, encausándolo por el procedimiento constitucional y
democrático.
Miguel L. Talleda en su libro Alpha 66 y su histórica tarea,
dice:
La traición de Fidel Castro fue como si hubiéramos
recibido un latigazo. Produjo tremendo impacto en nuestro espíritu. ¿Cómo podía
ser posible que hubiéramos luchado siete años para sacar un dictador y
encontrarnos al triunfar con que nos decían: ¿Elecciones para qué? (...) nada
habíamos adelantado, sólo habíamos cambiado un dictador abusador y malo, por
otro mucho más abusador, cínico (...) que en su desespero por mantenerse en el
poder no tuvo escrúpulos para entregarse al comunismo internacional.
Para que se sepa a cabalidad quién es el señor que
detenta el poder en Cuba, ganado a base de infundios y mentiras, y con una gran
suerte de su parte, declaró al periódico Revolución en diciembre de
1961, periódico dirigido por su entonces amigo Carlos Franqui, hoy convertido
con sobrada razón en su enemigo político:
Desde luego, si nosotros nos paráramos en el Turquino
cuando éramos cuatro gatos y decimos somos marxistas leninistas, desde el Pico
Turquino posiblemente no hubiéramos podido bajar al llano.
Parte de un estupendo análisis escrito por José M.
Martínez titulado «La conquista del poder por el engaño» y publicado en «La
Voz Libre» de noviembre/97, dice lo siguiente:
El 25 de diciembre de 1991, fue uno de los días más
felices de mi vida, cuando en el Kremlin bajaron la odiada bandera de la Hoz y
el Martillo y el pueblo ruso pudo izar su insignia nacional, que los comunistas
le habían cambiado. Yo sentí como propio el triunfo de la democracia en el
hermano país que una vez sus malos gobernantes apabullaron al mío.
Ellos han nombrado al 17 de noviembre Día del
Arrepentimiento, porque se han lamentado de aquel día en que los Soviets
tomaron posesión del Congreso, cuando el pueblo ingenuamente creyó que la
revolución Bolchevique dirigida por Lenin, iba a mejorar su nivel de vida y
devolverles la paz y el bienestar que prometían.
Inspirados en este ejemplo, y con las pruebas antes expuestas y otras razones que nos sobran, pienso que nosotros los cubanos debemos llamarle al 1º de enero «Día de la Traición», para que nunca más los cubanos confiemos en palabras superfluas y como dice el extraordinario escritor y amigo Enrique Padrón en el escrito «Cuba está viva en la Constitución del 40», (octubre/1997) «...tenemos que estar preparados para, si logramos ver caer la bestia, poder enfrentar lo que viene después...».

No comments:
Post a Comment