Sunday, October 25, 2026

LA TRAICIÓN DEL PRIMERO DE ENERO DE 1959

 

El beso de Judas, por Ignazio Jacometti (1819-1883) 

ESTAMPAS DE CUBA

Por María Argelia Vizcaíno

«La traición supone una cobardía y una depravación detestable». BARON DE HOLBACH

El 1º de enero es una fecha solemne porque, a manera de esas piedras que marcan en las rutas los kilómetros recorridos, así en el andar de la vida el año que adviene señala el comienzo de UN TRAMO MÁS.

Quien así sabiamente se expresaba era el maestro del periodismo cubano, Don Pepín Rivero, director del prestigioso Diario de la Marina.

Pero el primer día del año 1959, quedó marcado en la historia cubana por la gran traición que se confabuló contra nuestro pueblo, estimándose el «tramo más largo» de barbarie vivida en la Isla. Así lo confirman distintos autores que he consultado, por haber sido testigos de tan ultrajante maniobra —que he escogido especialmente para esta Estampa para que los defensores de lo indefendible no me digan que yo escribo de lo que no conocí.

La caída del régimen dictatorial de Fulgencio Batista el primero de enero de 1959 abrió una era muy distinta para Cuba. Desde el comienzo de la república, ésta se caracterizó por una larga serie de crisis políticas originadas de modo destacado por grandes fallas en el liderazgo cubano, principalmente el político, que tendía a centrarse en el caudillismo y el sectarismo.

Así comienza la introducción de uno de los más documentados libros sobre la revolución de Fidel Castro escrito por el profesor Juan Clark y titulado «Cuba: Mito y realidad.»

Al triunfo de la revolución, en enero 1º de 1959, Castro con su habitual uniforme verde-olivo descendió de su escondrijo en la Sierra Maestra, de donde días antes había sido precedido por sus guerrilleros que atravesaron la isla con rosarios en el cuello. ¿Hipócritas? ¿Ilusos? Una vez en el poder, Castro se aparta completamente de sus predicamentos y TRAICIONA SU PUEBLO (...) Como la caña enferma que aún conserva algo su verdor para ocultar el gusto rancio que ha adquirido. La Mentira Verde. (...) Habíamos perdido nuestro derecho al voto y teníamos otro dictador, pero mucho más férreo y sanguinario que los anteriores. Dr. Edmundo Yrigoyen Miret en su libro «Años Intensos».

El por muchos considerado Robin Hood latinoamericano, en el año 1957 había enviado desde la Sierra Maestra una proclama dirigida a las instituciones patrióticas, a los partidos políticos, y organizaciones cívicas de Cuba y el mundo que prometía:

Declarar bajo formal promesa que el régimen provisional celebrará elecciones generales para todos los cargos en el término de un año bajo las normas de la Constitución de 1940 y entregará el poder inmediatamente al candidato que resulte electo.

Además, por si fuera poco, de toda la maniobra mitómana, el 20 de julio de 1958 Castro firma el Pacto de Caracas junto a Carlos Prío, Tony Varona, Carlos Prío Socarrás (Organización Auténtica); Enrique Rodríguez Loeches (Directorio Revolucionario 13 de marzo); Justo Carrillo Hernández (Asociación Montecristi); Manuel Antonio ‘Tony’ de Varona (Partido Revolucionario Cubano Insurreccional); Ángel Santos (Resistencia Cívica); Lincoln Rodón (Partido Demócrata Independiente); David Salvador Manso, Ángel Cofiño, Pascasio Linares, Lauro Blanco, José M. Aguilera (Unidad Obrera); José Puente, Omar Fernández (Federación Estudiantil Universitaria) y José Miró Cardona (Coordinador General), miembros de las 11 organizaciones políticas y armadas opositoras, y otros que establecía:

Conducir el país mediante un breve gobierno provisional a su normalidad, encausándolo por el procedimiento constitucional y democrático.

Miguel L. Talleda en su libro Alpha 66 y su histórica tarea, dice:

La traición de Fidel Castro fue como si hubiéramos recibido un latigazo. Produjo tremendo impacto en nuestro espíritu. ¿Cómo podía ser posible que hubiéramos luchado siete años para sacar un dictador y encontrarnos al triunfar con que nos decían: ¿Elecciones para qué? (...) nada habíamos adelantado, sólo habíamos cambiado un dictador abusador y malo, por otro mucho más abusador, cínico (...) que en su desespero por mantenerse en el poder no tuvo escrúpulos para entregarse al comunismo internacional.

Para que se sepa a cabalidad quién es el señor que detenta el poder en Cuba, ganado a base de infundios y mentiras, y con una gran suerte de su parte, declaró al periódico Revolución en diciembre de 1961, periódico dirigido por su entonces amigo Carlos Franqui, hoy convertido con sobrada razón en su enemigo político:

Desde luego, si nosotros nos paráramos en el Turquino cuando éramos cuatro gatos y decimos somos marxistas leninistas, desde el Pico Turquino posiblemente no hubiéramos podido bajar al llano.

Parte de un estupendo análisis escrito por José M. Martínez titulado «La conquista del poder por el engaño» y publicado en «La Voz Libre» de noviembre/97, dice lo siguiente:

El 25 de diciembre de 1991, fue uno de los días más felices de mi vida, cuando en el Kremlin bajaron la odiada bandera de la Hoz y el Martillo y el pueblo ruso pudo izar su insignia nacional, que los comunistas le habían cambiado. Yo sentí como propio el triunfo de la democracia en el hermano país que una vez sus malos gobernantes apabullaron al mío.

Ellos han nombrado al 17 de noviembre Día del Arrepentimiento, porque se han lamentado de aquel día en que los Soviets tomaron posesión del Congreso, cuando el pueblo ingenuamente creyó que la revolución Bolchevique dirigida por Lenin, iba a mejorar su nivel de vida y devolverles la paz y el bienestar que prometían.

Inspirados en este ejemplo, y con las pruebas antes expuestas y otras razones que nos sobran, pienso que nosotros los cubanos debemos llamarle al 1º de enero «Día de la Traición», para que nunca más los cubanos confiemos en palabras superfluas y como dice el extraordinario escritor y amigo Enrique Padrón en el escrito «Cuba está viva en la Constitución del 40», (octubre/1997) «...tenemos que estar preparados para, si logramos ver caer la bestia, poder enfrentar lo que viene después...».

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