Thursday, December 1, 2016

Sociedad Protectora de la Instrucción La Liga

Rafael Serra
Por Enrique Del Risco

Uno de los proyectos educativos y culturales más notorios e influyentes que creó la emigración cubana del siglo XIX fue la Sociedad Protectora de la Instrucción La Liga. Aunque atribuida con frecuencia a "los esfuerzos pedagógicos y la sensibilidad popular de José Martí" su creación y mantenimiento en la ciudad de Nueva York se debió en lo fundamental al esfuerzo de trabajadores cubanos y puertorriqueños. Estos eran en su mayoría “de la clase de color” aunque entre sus socios fundadores aparecen intelectuales blancos como Enrique Trujillo, Benjamín Guerra y Gonzalo de Quesada. “El profesorado, mayoritariamente blanco, era de ambas nacionalidades y se componía de personalidades de la emigración, muchos de ellos allegados a José Martí, quien ocupaba el cargo de inspector e impartía la clase final de cada jueves". Curiosamente Martí no aparece como en el listado inicial de los fundadores en 1890 aunque desde antes había colaborado en su creación y ejerció un “padrinazgo intelectual y político” sobre la institución.

La Liga es producto en lo fundamental del esfuerzo del tabaquero y periodista Rafael Serra (1858-1909) originario del barrio habanero de Monserrate e hijo de “negros libres” de acuerdo con su fe de bautismo. De formación autodidacta Serra funda en 1879 en Matanzas la sociedad de instrucción y recreo La Armonía (calle Daoiz 187 1/2) que “tiene por objeto el socorrerse sus asociados mutuamente y establecer una escuela gratuita de niños con el auxilio de socios de beneficiencia”. Poco después fundará un periódico del mismo nombre que “lleva por objeto principal armonizar con todas las razas y todas las clases sociales, bajo el lema santo de fraternidad”. Acosado junto al también intelectual y periodista negro Martín Morúa Delgado por los representantes del gobierno colonial en Matanzas termina escapando hacia Key West “a fines de 1880”. "Después de una estadía en Cayo Hueso en 1884, Serra se trasladó con su familia a Nueva York, donde permaneció hasta su regreso a la patria en 1899".
Hacia 1888 Serra recupera el proyecto de fundar una sociedad similar a La Armonía. Busca apoyo en Martí y este le responde que “No sabía de ella [La Liga] más de lo que Ud. dice y ya deseo el éxito de su establecimiento inmediato, como si fuese cosa mía” [el énfasis es mío] y de inmediato comienza a trazarle objetivos ulteriores para la sociedad: “De ahí se ha de arrancar para ir a donde debemos, que no es tanto el mero cambio político como la buena, sana, justa y equitativa constitución social, sin lisonjas de demagogos ni soberbias de potentados”.
Bajo el título "Señoras de La Liga" aparece esta composición fotográfica con las esposas de los principales miembros de la institución. Obsérvese al centro con el número 15 el retrato de Carmen Miyares, compañera sentimental de Martí.

No obstante ya para 1907 y en plena expansión del martianismo como culto cívico Serra se refería a La Liga como una institución “fundada en Nueva York en 1890, por nuestro egregio Martí y sus fieles seguidores”. Quince años antes, en la edición del 10 de agosto de 1892 en el periódico Patria, órgano del Partido Revolucionario Cubano fundado por Martí y al que se había sumado La Liga se hablaba de “la idea de La Liga Sociedad Protectora de la instrucción de Nueva York, emanada de la mente previsora de Rafael Serra, y hecha posible por el incansable amor que a los humildes tiene José Martí”. Su primer presidente fue Germán Sandoval quien "no es político ni pretende serlo; no es rico ni hombre de letras ni de ciencia; pero por la corrección de su carácter, por su constancia)' pulcritud en todas las obligaciones que contrae, ha sido moralmente el gefe [...] de nuestra colectividad en Nueva York, por espacio de 29 años".
Retrato del primer presidente de La Liga
En el reglamento de la institución “consagrada al auxilio de la clase de color” se proclama que esta busca “procurar por todos los medios prácticos, activos y generosos, el adelanto intelectual y la elevación del carácter de los hombres de color nacidos en Cuba y Puerto Rico”; “facilitar recursos a los jóvenes pobres que ya hubiesen terminado su primera enseñanza”; “establecer un modesto salón educacional para sus asociados regulares”; “crear ocasiones de reunión amenas y decorosas para las familias de los socios, que ayuden a su mejor conocimiento mutuo o aprovechen en general a su cultura”. Sobre el perfil racial de la sociedad, en el periódico La Doctrina de Martí (1896-1898) del propio Rafael Serra se rectifica a Enrique Trujillo quien la había definido como "Sociedad de obreros cubanos y puertorriqueños de color" diciendo que "La Liga no fue sociedad de gente de color cubana y puertorriqueña [...] Nosotros probamos que era una sociedad mixta". El investigador Miguel Cabrera Peña afirma que "Como su antecesora [La Armonía], aceptaba estudiantes pobres de raza blanca".
Uno de los fundaddores de La Liga en cuya casa radicó temporalmente la sede de La Liga antes de ocupar su sede oficial

Durante la época previa a la fundación oficial de La Liga la “dirección provisional” de la instotución “se elige en la casa de los hermanos Juan y Gerónimo Bonilla, el 19 de mayo” de 1889. Allí estará hasta que “por fin, el 22 de enero de 1890, después de luchar dos años ‘en la calle pobre que da al arco de Washington (74 West Third Street)’ estrena su casa, la Sociedad Protectora de la Instrucción La Liga”. (Muchos estudios consultados confunden el número del edificio con el de la calle y llegan a decir erróneamente que la Liga se ubicaba en la calle 74, o sea, 71 cuadras más al norte).

Vista aérea de la calle Thompson desde Washington Square Park donde aparece en el extremo inferior izquierdo la sede de La Liga

No es extraño que la Liga se asentara en una zona que más tarde asociara con el centro del mundo bohemio y artístico de Nueva York si se tiene en cuenta que hacia 1863 “the area was home to nearly a quarter of the city’s African-American population” y entre los 1880s y finales de 1910 la zona al sur de Washington Square era conocida como Little Africa.  Según los estudios “Little Africa was a rare place where interracial families could settle, the census listing numerous interracial families in the years from 1880 to 1910. The area was also home to many working-class black families”. 


Detalle de la imagen anterior. El edificio de la izquierda, hoy inexistente, era la sede de La LIga.

No obstante para la época de la fundación de la Liga la población afroamericana de la zona empezaba a decrecer lentamente y “the immigrants settling on the streets of the South Village were overwhelmingly Italian in origin, making the South Village one of the most densely populated Italian communities in New York’s history”.



Es una suerte contar con una muy interesante descripción de las clases de Martí en la Liga debida a la pluma de Manuel de Jesús González, uno de los fundadores de la Liga quien representa así el salón de clases:

"En la pared que da frente á la puerta, á la derecha, el retrato al creyón del Maestro, á la izquierda el de Serra, en el centro varios cuadros, uno de ellos prestado por el Maestro, representa á un negro cubano guardiero, á la puerta de su bohío,, con la cara plácida y llena de bondad, apoyado en un leño que tiene en la mano izquierda, mientras que con la derecha desgrana una mazorca de maíz rozándola fuertemente con una tusa, cuyos granos al caer al suelo, comen ávidamente las aves caseras ; sobre la repisa dos figuras de bisquit y dos floreros, sobre uno de estos una bola de goma,—la que sirviera para que el inolvidable Barranco, en una de sus clases, demostrara la configuración y movimientos de la tierra,—pintada de azul turquí. En la pared opuesta, entre las dos puertas, un paisaje de invierno, del Parque Central de Nueva York. Hacia el fondo, dos ventanas de puertas vidrieras con cortinas blancas; en uno de los ángulos una bandeja con copas y un jarro de agua sobre una mesita, en el otro un escritorio, y en el centro el estante con sus cinco anaqueles llenos de libros. Al frente una puerta corredera de dos alas que se insertan en la pared á ambos lados, que soló se abre, para comunicar los dos salones, cuando La Liga está de fiesta: los lunes de La Liga. A la izquierda está el piano, á la derecha la estufa encendida, en el centro un poco hacia el frente, una mesa con tapiz color de esperanza, y al frente están las sillas en semicírculo. Las paredes están entapizadas de color claro, la alfombra es de flores blancas sobre fondo encarnado, la lámpara dorada tiene seis mecheros con globos tricolor, y los muebles " color de luz ". Este el salón más conocido de La Liga y el más querido"

Como indica el texto cada lunes se celebraban actividades culturales que incluía a las familias de los socios de la Liga y en la que María Mantilla -hija de Carmen Miyares, compañera sentimental de Martí y cuya paternidad se insiste en atribuirse al propio Martí- solía tocar el piano. También se leía poesía y se hablaba de diferentes temas literarios y artísticos. Además el local "se convierte en centro de reunión de los más activos separatistas allí residentes”. 
El ejemplo de La Liga es imitado en otras ciudades norteamericanas con presencia cubana y el 27 de noviembre de 1892 surge en Tampa la Liga de Instrucción “fundada en la casa humilde del negro Cornelio Brito, por indicación de Martí”. En Cayo Hueso se funda la Sociedad de Instrucción y Recreo El Progreso y en 1895, en Ibor City se crea la Sociedad de Instrucción y recreo La Verdad. Todas estas sociedades llegarán a adscribirse al Directorio Central de Sociedades de Color que desde Cuba dirige el separatista Juan Gualberto Gómez.

No he podido encontrar la fecha de cierre definitivo de La Liga aunque en varios textos de 1896 se refieren a la institución en pasado. El edificio en el que radicaba la sede de la institución de 74 West Third Street debió haber sido derribado no mucho después pues en 1903 fue construido en su lugar y en el del edificio aledaño (76 West Third Street) un nuevo edificio al que se accedía por la calle Thompson y cuya numeración era 234 Thompson Street. Dicho edificio todavía existe en la actualidad y su planta baja está ocupada por el bar “The Half Pint”. 

Edificio que ocupa actualmente el espacio antes ocupado por el de 74 West Third St. 
Bibliografía
Brazee, Christopher et al. South Village Historic District Designation Report. 2013. http://www.gvshp.org/_gvshp/resources/doc/sv-hd-lpc-rpt.pdf 
Cabrera Peña, Miguel. "Alma fundadora. Rafael Serra y Montalvo". http://www.angelfire.com/planet/islas/Spanish/v3n9-pdf/21.pdf
Deschamps Chapeaux, Pedro. Rafael Serra Montalvo. Obrero incansable de nuestra independencia. La Habana: Unión de Escritores y Artistas de Cuba, 1975.
López Mesa, Enrique. La comunidad cubana de New York: siglo XIX. La Habana: Centro de Estudios Martianos, 2002.
Montero, Oscar. "La raza y el racismo en la república sin nombre de Rafael Serra". América sin nombre, no 19 (2014) 43-52
Serra Montalvo, Rafael. Ensayos políticosNew York: Impr. de El Porvenir, 1892.
----------------------------. Ensayos políticos. Segunda serieNew York, Impr. de P.J. Diaz, 1896.
----------------------------. Ensayos políticos. Tercera serieNew York: A.W. Howes, 1899, 1899.
----------------------------. Para blancos y negros ensayos políticos, sociales y económicos. La Habana: El Score, 1907.

Wednesday, November 23, 2016

José Raúl Capablanca en Nueva York, 1904-1942

Por Miguel Angel Sánchez

José Raúl Capablanca y Graupera (1888- 1942) arribó a la ciudad de Nueva York el 2 de Agosto de 1904 desde La Habana a bordo de la nave Morro Castle. Con apenas 15 años de edad viajaba en compañía de su mecenas Ramón Pelayo, dueño del central Rosario en Aguacate. El objetivo de su viaje era aprender inglés y preparar su ingreso a la Universidad Columbia a la cual fue admitido en 1907 como estudiante de la Escuela de Minas e Ingeniería. Durante su primer año de vida en los Estados Unidos Capablanca residió en el poblado de West Orange, Nueva Jersey. Después de su ingreso a la Universidad Columbia lo hizo en el dormitorio Hartley, ubicado dentro del recinto de la institución.
Los primeros pasos de Capablanca en el mundo del ajedrez de los Estados Unidos ocurrieron en el Manhattan Chess Club, ubicado entonces en el edificio Carnegie, en la 7ma Avenida y la calle 56, cuyo presidente era el acaudalado cubano Arístides Martínez. El Manhattan Chess Club fue uno de los lugares donde en el año 1909 Capablanca enfrentó a Frank J. Marshall el más fuerte maestro estadounidense de la época y uno de los cinco primeros en el mundo. En dicho enfrentamiento salió triunfante el cubano con el amplio margen de 8 victorias contra una sola derrota, hazaña que lo elevó a la categoría de contendiente por la corona suprema del ajedrez.
Torneo celebrado en 1918 en el Manhattan Chess Club. De pie, junto a Capablanca, Arístides Martinez, president del club

Además de la ayuda de Arístides Martínez el joven maestro cubano disfrutó del apoyo de otra importante figura norteamericana, el profesor y filٞántropo Isaac Leopold Rice, fundador del Rice Chess Club, ubicado en su propia mansion en el 170 Riverside Drive. Fue allí donde Capablanca a pesar de su corta edad fue nombrado árbitro de los encuentros anuales entre las universidades de Yale y Princenton, que organizaba el propio Rice.
Villa Julia, ubicada en 170 Riverside Drive, mansion que perteneciera a Isaac Leopold Rice
Después de la ciudad de La Habana, Manhattan fue el lugar donde Capablanca residió la mayor parte de su vida, la más extensa de ella desde agosto de 1904 hasta octubre de 1913, cuando embarcó para Europa para ejercer como cónsul de Cuba en la ciudad rusa de San Petersburgo, donde permaneció hasta julio de 1914.
En el año 1927 Capablanca obtuvo uno de sus más grandes éxitos deportivos al triunfar invicto en el fuerte torneo de Nueva York, que se celebró en el Hotel Manhattan Square en Broadway y la calle 77. En dicho torneo quedó por encima del ruso-francés Alexander Alekhine y del lituano-danés Aron Nimzowitsch, los dos principales contendientes a la corona mundial entonces.
En 1940 Capablanca fue nombrado Agregado Comercial de Cuba en los Estados Unidos y asentó su residencia en el 157 oeste de la calle 57, casi en la esquina de la calle 57 y la 7ma Avenida.
El tercer edificio desde la izquierda es el 157 W 57th St. donde viviría Capablanca sus dos últimos años de vida.

 
Emblemático edificio erigido hoy en 157 W 57th St. 
Esta quedaba frente al famoso Carnegie Hall y el Russian Tea Room, a donde solía ir todos los días con su segunda esposa, originaria de Rusia, Olga Chagodaef.
En la ciudad de Nueva York Capablanca jugó dos de sus más importantes exhibiciones masivas de partidas simultáneas. En Brooklyn, el 12 de febrero de 1915 contra 65 adversarios en el Auditorium del periódico Brooklyn Daily Eagle, en el 215 de la calle Old Fulton, así como el 12 de febrero de 1931 contra 300 rivales divididos en 60 tableros en el local del 7mo regimiento del ejército, en el 643 de Park Avenue entre las calles 66 y 67.  
José Raúl Capablanca falleció en el Hospital Mount Sinai de Nueva York, 1468 de Madison Avenue, a las 6 de la mañana del domingo 8 de marzo de 1942. 
Certificado de defunción de Capablanca
Alrededor de las 10 de la noche  del día anterior había sufrido un ataque de hemiplegia mientras observaba una partida de ajedrez de dos aficionados en el Manhattan Chess Club desde donde fue trasladado al mencionado hospital. Su cuerpo fue velado esa noche en la Funeraria Cooke, en el 117 de la calle 72, antes de ser embalsamado y enviado por tren a Miami para su traslado a Cuba el 13 de marzo.
        
Dos de los lugares más significativos de la estancia de José Raúl Capablanca en Nueva York fueron:       
Manhattan Chess Club
Entre 1941 y 1957 el Manhattan Chess Club estuvo situado en el 100 Central Park South (calle 59). Fue en dicha dirección donde la noche del 7 de marzo de 1942 José Raúl Capablanca sufrió la hemorragia cerebral que le causó la muerte menos de 12 horas después. Capablanca había caminado hacia ese lugar desde su cercano apartamento en el 157 oeste de la calle 57, en un trayectoria que hacía frecuentemente,  pero no para jugar ajedrez sino para pasar el rato jugando Pinochle , una variedad de bridge. Pero la noche que sufrió el ataque cerebral el ex campeón del mundo al no encontrar a sus compañeros habituales de bridge se puso a observar una partida de ajedrez entre dos parroquianos del club. Es fundamentalmente por ese motivo que el nombre de Capablanca ha sido asociado al de la clásica casa del ajedrez en Nueva York, aunque en realidad esa relación se remonta a 1904 cuando Capablanca viajó desde La Habana a Nueva York para estudiar. En esa época el club se encontraba ubicado en la calle 56 y la 7ma Avenida en el edificio Carnegie y su presidente era el cubano Arístides Martínez.

Fue allí que los ajedrecistas neoyorquinos conocieron el talento del joven entonces desconocido. En ese local de la calle 56 ganó sus primeros encuentros de importancia en los Estados Unidos, al extremo de que Capablanca era tildado como “el protegido del Manhattan Chess Club”. La institución de ajedrez hace años que no existe, pero su nombre ha quedado unido para siempre al de Capablanca.


Marshall Chess Club      
   
La tarde del 6 de noviembre de 1941 José Raúl Capablanca ofreció la última exhibición de ajedrez de su vida en el Marshall Chess Club, (23 W 10th St.) cuando enfrentó a 22 rivales, con resultado de 19 victorias, 2 derrotas y un empate. Los que acudieron aquella tarde a las partidas simultáneas se sorprendieron ante la lentitud de Capablanca, quien demoró cuatro horas para completar la tarea. Años antes hubiera finalizado en la mitad de ese tiempo. Cuando uno de sus rivales, Joseph Lewis, movió su Reina en la jugada 36, eso fue un mal augurio, pues fue una movida de jaque mate, la única vez en su vida que perdió así. A posteriori a algunos les parecería un adelanto de lo que ocurriría menos de seis meses después, el 8 de marzo de 1942,  cuando falleció de manera repentina. 
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Vista exterior actual de la casa donde todavía se aloja  el Marshall Chess Club

Wednesday, November 16, 2016

Un colegio fundado por Cirilo Villaverde en Nueva Jersey

Por Enrique Del Risco

En casi todos los breves resúmenes biográficos sobre el más famoso novelista cubano del siglo XIX, Cirilo Villaverde, aparece una línea que por escueta al mismo tiempo resulta misteriosa. La línea dice: “En 1864 fundó, con la colaboración de su esposa, un colegio en Weehawken”. Pero el misterio no proviene del acto de fundar un colegio ni de que el lugar de la fundación fuese ese con tan extraño nombre. Lo misterioso es que ese dato aparezca como en medio de la nada, sin antecedentes ni consecuencias. El misterio se ahonda en mi caso personal porque en Weehawken, pueblo de Nueva Jersey situado en lo alto de un acantilado frente a la isla de Manhattan al otro lado del río Hudson pasé mis primeras semanas en los Estados Unidos. Viví aquellos días en una casa situada a unas decenas de metros del sitio exacto (si es que se puede tener certeza de ello) en el cual Alexander Hamilton murió a manos del vicepresidente de entonces Aaron Burr en un duelo. Hamilton vuelve a ser famoso gracias a un musical de moda pero en Weehawken no hay ninguna señal que indique que allí hubiera fundado una escuela el novelista que inspirara la más conocida de las zarzuelas cubanas.
Misteriosa era sobre todo la absoluta falta de evidencias. Todos mis esfuerzos por encontrar algún rastro de aquella en los archivos municipales de Weehawken o en su biblioteca habían tenido como resultado la más perfecta nada. Y sin embargo revisando la correspondencia de la esposa del escritor, la famosa patriota Emilia Casanova encontré unas líneas que me devolvieron -junto con la certeza de que no se trataba de un espejismo- el impulso para seguir indagando en los rastros que pudo dejar dicho colegio. De cualquier modo las líneas de Emilia Casanova apenas eran más explícitas que las notas biográficas sobre su marido. Decía a una amiga el 17 de agosto de 1870: “Recuerdo vivamente la noche en que fue a visitarnos, en compañía de su hermano Juan Francisco, al otro lado del Hudson, en un colegio que Villaverde tenía en Weehauken, [...] por los años de 1865 y 66”.  
La búsqueda en una base de datos monstruosa que incluye periódicos de todo el continente americano desentrañó por fin el misterio. Varios anuncios daban fe de la existencia del colegio. En el más antiguo, publicado por el New York Herald el 12 de febrero de 1865 se anunciaba el "Polytechnic Institute" de Weehawken Heights, New Jersey, como "la mejor escuela para aprender idiomas". “El nuevo curso comienza el primer lunes de febrero" dice el anuncio aunque ese año el primer lunes de febrero cayó el día 6, justamente seis días antes que el anuncio fuera publicado.

En otro anuncio, procedente del periódico habanero “El Siglo”, se da aviso de un “Colegio Politécnico Inglés –Español” bajo la dirección de “C.P. Villaverde” con la “cooperación de profesores americanos y extangeros [sic]”. Se añade que dicho colegio está “montado sobre los planes de los mejores colejios de Europa y en él se da una instrucción científica y práctica a la altura de las necesidades de la época”. 

El New York Daily Tribune publicó el 6 de febrero de 1866 otro suelto anunciando, nuevamente, que "el nuevo curso comienza el primer lunes de febrero". 


No debió funcionar muy bien el colegio ni recibir suficientes estudiantes cuando apenas dos meses después el “New York Herald” publica el 10 de abril sendos anuncios ofreciendo alojamiento a tanto a una pareja como a unos cuantos caballeros.
La ausencia de anuncios posteriores parecen confirmar la información de la mencionada carta de Emilia Casanova, sugiriendo que el instituto cerró sus puertas en ese mismo 1866. Un anuncio del New York Herald del 27 de diciembre  convocando al funeral de Emilia Villaverde, la pequeña hija del matrimonio de Cirilo Villaverde y Emilia Casanova los ubica en Mott Haven. En este sitio en el Bronx era donde residía de Inocencio Casanova, padre de Emilia, y allí los Villaverde vivieron en diferentes épocas.

En ninguno de los anuncios consultados se daba la dirección exacta de la escuela fundada por Villaverde. Téngase en cuenta que Weehawken apenas llevaba unos años desde su fundación, el 15 de marzo de 1859, y como se puede ver en la imagen abajo apenas contaba con algunas edificaciones en medio de la nada.
Grabado de Weehawken Hights y lo que debió ser el edificio del colegio fundado por Villaverde, luego propiedad de John Hillric Bonn
La única referencia concreta a la ubicación es que “el establecimiento se halla situado en la hermosa quinta que fue del célebre Daniel Webster en las alturas de Weehawken”. Aunque en ninguna de las biografías consultadas del representante, senador y Secretario de Estado de tres presidentes distintos se menciona el hecho de que viviera o tuviera propiedades en Weehawken en cambio en varias historias del condado de Hudson se alude de pasada a este hecho. En una de ellas al referirse al empresario John Hillric Bonn, emigrado alemán y fundador del sistema ferroviario del condado de Hudson dice que este y su esposa luego de mudarse un tiempo al vecino Hoboken “They returned to Weehawken in 1867 and made that city their permanent home, settling on the spot formerly owned by Daniel Webster, the statesman”.
Ferrocarril elevado al El Dorado Amusement Park, Weehawken construido por John Hillric Bonn

En otra historia de Weehawken se precisa por otra parte que Bonn fue “one of the pioneers of North Hudson, who settled in Weehawken, in 1857, had a large estate in the heights section (2nd Ward) and lived in a large house at what is now known as #530-Gregory Ave. There is a story told that one time Daniel Webster owned”.

Vista aérea de parte de Weehawken marcado con la dirección del 530 Gregory Ave.
Establecida la ubicación exacta de la escuela todavía quedaría bastante por averiguar: fechas exactas de fundación y cierre, nombres de los profesores “americanos y extranjeros” que dieron clase allí, la dimensión de la matrícula que llegaron a tener, las materias que se daban. Por los dos anuncios sueltos encontrados puede deducirse que se trataba de una escuela de perfil técnico, enfocada a un estudiantado fundamentalmente cubano para prepararlo para ingresar en la educación superior norteamericana un destino cada vez más frecuente entre los jóvenes cubanos en aquellos días.  “Entre las décadas de 1860 y 1880, hasta una cuarta parte de los estudiantes en el Rose Hill Campus de St. John’s College (hoy día, Fordham University) tenían apellidos españoles. La mayoría venía de Cuba”. 
Sin embargo no parece que la escuela consiguiera prosperar: al año siguiente de estrenada ya intentaba complementar sus ingresos con el alquiler de habitaciones y cerraría sus puertas poco después. Resulta en cambio relevante para el condado de Hudson –el sexto más densamente poblado del país- con visible presencia cubana (28,900 personas de origen cubano en 2013) y con un 42% de población de ascendencia latina contara en fecha tan temprana con este proyecto de educación bilingüe, (posiblemente el primero en todo el estado) antecedente de otros colegios privados fundados por cubanos en el siglo XIX.
De acuerdo con el historiador Louis A. Pérez: 
"In 1885, Tomás Estrada Palma founded a college preparatory school, Instituto Estrada Palma [inicialmente como Instituto Cornell en 1883] in Central Valley, New York. Eduardo Pla directed an elementary school in Sussex County, New Jersey. Also in New York, Carlos de la Torre established El Progreso elementary  school, Demetrio Castillo Duany opened a business school, Inocencio Casanova organized the Instituto Casanova, and N.A. Carbó and J.R. Parras operated the Academia de Idiomas. In Tampa Cirilo Pouble founded the Academia Pouble" (Perez.42). 
El actual sistema educativo del condado de Hudson Nueva Jersey con una amplia mayoría de matrícula de origen hispano puede tomar este colegio como un antecedente histórico.

Bibliografía

Apuntes biográficos de Emilia Casanova de Villaverde. [Escritos por un contemporáneo] Nueva York: 1874.
Harvey, Cornelious B. Genealogical History of the Bergen and Hudson Counties. The New Jersey Genealogical Publishing Company, 114 Fifth Avenue, New York, 1900
Kirk, Edward J. Weehawken History,1932.
http://files.usgwarchives.net/nj/hudson/history/local/weehawken.txt
Nueva York (1613-1945)
https://www.nyhistory.org/web/PDF/nuevayork/NuevaYork_LARGEPRINT_SP_FINAL.pdf
Winfield, Charles. History of the Hudson County. NEW YORK: KENNAUD & HAY STATIONERY M'FG AND PHINTING CO.No. 89 Liberty Street.1874.

Sunday, November 13, 2016

Martí y el eterno retorno

El artista Geandy Pavón en un artículo reconstruye la accidentada historia que rodeó la instalación de la escultura de José Martí en el Central Park de Nueva York. Y de cómo la Historia insiste en la manía de repetirse:

Hace 58 años, Anna Vaughn Hyatt Huntington decidió regalar una estatua de José Martí a la dictadura de Fulgencio Batista. Casi seis décadas después, la actual directora del Museo del Bronx, Holly Block, gestiona, bajo la dirección de una institución pública como lo es ese museo, un grupo denominado "Amigos de José Martí", creado por ella con el único objetivo de recoger fondos por el monto de 2,5 millones de dólares para regalar una réplica de la misma escultura a otra dictadura cubana.

Friday, November 11, 2016

La América. Revista de Agricultura, Industria y Comercio

La importancia intelectual y política de la emigración cubana de Nueva York en el siglo XIX no es asunto casual. Al fin y al cabo la ciudad era el primer destino de las exportaciones cubanas (principalmente de azúcar) hacia mediados de siglo. Debe recordarse que en 1818 la burguesía, azucarera cubana gracias a la habilidad política de Francisco Arango y Parreño, logró que España aprobara el decreto que permitía el comercio directo de la isla con cualquier otra nación, una posibilidad negada por siglos al resto de las colonias españolas en América, entonces en pleno proceso independentista.  
El decreto de 1818, si bien consiguió apartar durante un tiempo a los hacendados cubanos de la tentación independentista convirtió muy pronto a los Estados Unidos en el principal socio comercial de la isla. En dicho intercambio comercial la nación norteña desplazó a la propia metrópoli que ni estaba en condiciones de absorber lo que Cuba producía ni de proveerla con los productos y la tecnología que su progresiva industrialización demandaba. Como complemento a este proceso la ciudad de Nueva York emergió como destino del azúcar cubano. Fue en Williamsburg, Brooklyn, donde se refinaba el azúcar cubano en la American Refinery Company empresa con la que la familia Havemeyer sentó las bases del consorcio que hoy conocemos como Domino Foods y que en 1870 cubría el 70% del consumo de azúcar refino de todos los Estados Unidos.

Tal tráfico por supuesto no era en una sola dirección ni solo de productos. Mientras los Estados Unidos enviaba a Cuba una amplia gama de productos industriales y agrícolas e ingenieros y técnicos que manejaran la nueva tecnología que se iba introduciendo en el país o turistas que viajaban preferiblemente en invierno desde la isla además de las cajas de azúcar llegaba el tabaco tanto torcido como en rama, jóvenes que iban a estudiar carreras eminentemente técnicas en las universidades norteamericanas y no pocos exiliados. Estos últimos no siempre estaban en condiciones de dedicarse en exclusiva a los asuntos de la patria o del alma. Antes de hacer el verso había que ganarse el pan. Y el pan aparecía en muchas de estas ocasiones asociado a empresas de carácter comercial donde su talento para comunicarse con el prójimo, para conmoverlo debía encontrar acomodo.

El Espejo”, publicación para la que trabajó durante décadas Cirilo Villaverde y en cuya imprenta publicara su “Cecilia Valdés” no es un caso único de talentos literarios asociados o subordinados a empresas comerciales. “La América. Revista de Agricultura, Industria y Comercio” es un caso quizás más ejemplar.  Fundada “en abril de 1882 por el cubano Enrique Valiente […] como órgano de la Agencia Americana de New York (The American Agency/ E. Valiente & Co./ Manufactures’ Agents for Export" (Lopez.56) en diferentes momentos de su existencia contó con la dirección o colaboración de intelectuales cubanos como Antonio Bachiller y Morales, Diego Vicente Tejera, Rafael de Castro Palomino, Gabriel Zéndegui y el ubicuo José Martí. The American Agency era “una casa comisionista que representaba a más de 44 empresas del país, entre ellas la compañía de jabonería y perfumería Colgate y la fábrica de máquinas impresoras R. Hoe & Co. Contaba con agentes en cuatro ciudades cubanas –La Habana, Puerto Príncipe, Santiago de Cuba y Manzanillo- así como en Puerto Rico, Santo Domingo, México, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina, Uruguay, España y todos los países de Centroamérica” (Ibid). Su primer director fue el mentado Rafael de Castro Palomino residente en Hoboken, NJ era "the son of a Cuban propietor of a stable in Manhattan and had lived for more than two decades in the New York metropolitan area, acting for many years as spokeperson for the mugrant community" (Lomas.94). hasta junio de 1883 en que José Martí se encarga de la redacción. No es hasta diciembre de 1883 en que Martí aparece oficialmente como director de la publicación puesto en el que se mantendrá  hasta finales del verano del año siguiente. La revista, que tuvo entre los sucesores de Martí en la dirección a los cubanos Gabriel Zéndegui y Diego Vicente Tejera y al ex –presidente colombiano, Santiago Pérez Manosalbas continuó publicándose al menos hasta 1893.

Las colaboraciones de Martí en la publicación anteceden y sobrepasan el período en que asumió su dirección comenzando al menos en marzo de 1883 y apareciendo algún  artículo en fecha tan tardía como 1887. Por mucho que el estudioso Enrique López Mesa insista en que entre “los años que median entre el 10 de agosto de 1881 –día de su regreso definitivo a Nueva York- y el 14 de marzo de 1892- día de la fundación de su propio órgano de prensa [se refiere a Patria]-  José Martí es un pensador en busca de medios de divulgación para sus ideas” (Lopez.54) lo cierto es que el objeto de la agencia que sufragaba la revista era como él mismo reconoce “era ayudar a los fabricantes norteamericanos a exportar sus productos hacia Hispanoamérica”. El propio Martí no se apartó demasiado de dichos objetivos comerciales imprimiéndoles sin embargo su personal densidad literaria. En las páginas de “La América” lo mismo aparecían glosas martianas de las virtudes de la luz eléctrica, o de cierta fábrica de locomotora o de cierta marca de tijeras de trasquilar ovejas que su bello e incisivo artículo sobre la inauguración del puente de Brooklyn. En este sentido si se compara con “El Espejo” del cual Cirilo Villaverde confesaba en una carta que “la política estrictamente mercantil […] no consiente la publicación de artículos amenos ni doctrinarios” las libertades que se tomaba Martí en “La América” resultan notorias.
Calle Broad en 1929
Sitio correspondiente al 76 Broad
En sus inicios “La América” radicó en 76 Broad Street en la parte baja de la ciudad. Aquella zona, donde todavía radica el corazón financiero de la urbe era en aquellos tiempos también el lugar de mayor concentración de imprentas y sedes de publicaciones de Nueva York. 


Es en enero de 1884 que, coincidiendo con el momento en que "La América" estrena nuevo propietario, que se anuncia en la revista que “el domicilio social ha cambiado para el número 756 de la calle Broadway. Ubicado entonces en un sitio de intenso tráfico de la avenida más importante de la ciudad la publicación se aloja ahora en sede “de la New York Tourists’ Agency, compañía de la que es propietario el cubano Ricardo Farrés, avecindado en la ciudad” (Lopez.59-60). La nueva sede estaba en un área densamente comercial a medio camino entre la céntrica Astor Place y la New York University, una zona llena de lugares asociados con la actividad política de Martí en aquellos años.
Como ocurre con la inmensa mayoría de los edificios relacionados con la emigración cubana en el siglo XIX ambos hace mucho tiempo dejaron de existir. El de 76 Broad hoy es un espacio vacío en que se ha instalado recientemente una pérgola y un jardín mientras que el 756 Broadway fue derribado para dar paso a la construcción de la Wanamaker's Department Store a partir de 1902, tienda que a su vez cerró en 1955. Luego de un incendio en el edificio este “was sold to investors who converted it to offices, showrooms, and manufacturing lofts. The building is now occupied by retail space on the first and second floors, with offices above” (Presa.95). 


Bibliografía
Lomas, Laura. Translating Empire. José Martí, Migrant Latino Subjects and American Moderties. Durham & London: Duke University Press, 2008
 López Mesa, Enrique. José Martí: Editar desde Nueva York. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2012.
Presa, Donald. NOHO historic District Designation Report. New York, 1999.

Wall Street National Register Historic District Report

Monday, October 31, 2016

Calle 8, un símbolo del destierro cubano

Por Pedro Corzo
Es más que evidente que la Calle 8 trasciende para muchos de nosotros su identificación numérica o definición de camino entre dos filas de construcciones. Calle 8, cuando se contempla en el tiempo y espacio histórico del destierro cubano es un símbolo, una historia con atributos de leyenda que el pueblo de la isla lejos de su entorno natural ha cultivado con dedicación y esmero, con sudores y lágrimas, pero también con sueños y desencantos.

Antes de andar y desandar esa calle geográficamente extranjera pero que en humanidad y cultura es cubana, es preciso visitar el gran mundo de la Calle 8, Miami, que es una especie de Meca para los que perdieron el aliento y las esperanzas y quieren moldear su vida con sus propias manos.


Miami, es la primera frontera para la mayoría de los que de una forma u otra repudiaron el régimen castrista. Desde 1959 la ciudad se convirtió en una especie de santuario para luchar contra la dictadura o como punto de partida para iniciar una nueva vida. A poco los nuevos ciudadanos provocaron en la ciudad del río una seria transformación, un cambio radical que fue más allá de sus dimensiones como urbe o como centro de producción y servicios.

Pudiéramos afirmar que si el cuerpo, la estructura de la ciudad cambió, su psiquis sufrió igual modificación porque los nuevos habitantes aportaron ideas, conductas y hábitos que fueron conformando una sociedad diferente que a su vez engendraba otros cambios por el acceso siempre renovado de desterrados e inmigrantes de todo un continente. Miami de centro turístico de carácter nacional se transformó en foco de atracción permanente para peregrinos, exiliados y viajeros de cualquier parte del mundo y particularmente de América.


Miami se hizo puente y encrucijada. Puerta nueva para el comercio y las finanzas y para muchos una especie de capital de las América; pero para todos, el acceso primero y principal en el que dos culturas diferentes empezaban a conocerse. La villa se hizo tierra de Las América, diferente a cualquier otra metrópoli de esta nación que atrae a inmigrantes porque su cosmopolitismo posee una raíz específica, un peso propio que a pesar de la diversidad de sus renovados habitantes no ha perdido.

Retornemos a la Calle 8 con su simbolismo y realidades. Desayunar en el Versalles, almorzar en un virtual Centro Vasco y cenar en un resucitado Málaga. Caminar desde el dowtown hasta la Universidad Internacional de la Florida. Imaginemos los años transcurridos, los sueños acabados, los rostros envejecidos y las despedidas eternas en el Woodland o en el Graceland Memorial.

Pero también hay que pensar en las alegrías, en los sueños cumplidos, en las amistades forjadas y en los amores de ensueños. En los planes de lucha, en las ilusiones del poder nunca conquistado, en traiciones, en las amistades perdidas, en reuniones y marchas, en concentraciones, en lutos y carnavales, todo eso  es  Calle 8.

Ediciones Universal y el teatro Tower, el monumento a la memoria de los combatientes de Playa Girón, y estemos un rato en el Parque del Dominó, pasando por la Farmacia Santa Clara.

Para algunos la Calle 8 es emblema de lo más conservador y extremista del pensar y quehacer político cubano, es predio de locura y reacción, de entreguismo a mensajes y promesas ajenas a la raíz de la nación cubana y de ahí que los resultados o frutos históricos que derivan de la Calle  sean a veces temas de agrios debates. 


Para otros, sin negar los errores y desaciertos que pueda albergar el oficio de haber laborado en esa arteria su significado es casi metafísico porque es una vía repleta de sentimientos, de amores a una tierra que no pueden abandonar las generaciones que ya se han marchado ni expatriar las que están llegando; un lugar donde no habría espacio ni para respirar si las ilusiones y desencantos pudieran materializarse.

Pero para todos, cuando llega el momento de la meditación, de la reflexión descansada y el apasionado yo se duerme; la Calle 8 es sin duda alguna un reducto de la nación cubana. Punto mágico de la cubanía transterritorializada donde la política, los dictados coyunturales sobre estrategias y tácticas y las opiniones sobre las personalidades que en un momento determinado han simbolizado tesis o actitudes pierden todo su valor y solamente nos concretamos en el deseo y la voluntad de ellos y la nuestra por regresar a la raíz, por enterrar la nostalgia por lo perdido porque ya lo habríamos encontrado.

Esa Calle 8 está indisolublemente ligada a la nación cubana. Más allá de su grandeza o deterioro físico es elemento importante de nuestra historia reciente y parte de nuestro futuro como nación. Esa vía es la estampa histórica de los cubanos en Miami, y esta ciudad al igual que Hialeah es expresión concreta de una tribu que se niega a perder su raíz, su originalidad y orgullo como pueblo.

Miami es para algunas personas una especie de ghetto y pueden hasta llegar a aplicarles el calificativo en el tono más despectivo posible sin percatarse que el término es el rechazo consciente de una minoría a perder su identidad e integrarse a una sociedad que le absorbería por completo.

Si Miami es un ghetto cubano, la calle 8 es su reducto más importante porque más allá de la política y la ideología, el sentido de cubanía ha permeado la arena y el cemento que la forman al punto que si algún día lo cubano y el cubano desaparecieran de esa calle la herencia que ellos labraron permanecería en ella. 


Wednesday, October 19, 2016

La bandera cubana ya tiene acta de nacimiento (y es un anuncio ofreciendo clases de español)

Poema de Teurbe Tolon
Por Enrique Del Risco

Lo inexacto de la ubicación del nacimiento del símbolo más reconocible de la nación cubana puede resultar frustrante, sobre todo si ocurre que vives no lejos de allí. No es fetichismo histórico. Toda ciudad, a pesar de su impresión caótica termina individualizando cada rincón, atribuyéndole una personalidad y frente a esto la mera aproximación es flaco consuelo. No se trata de ubicar un punto en el desierto o en la estepa donde tal combate tuvo lugar. Se trata de determinar un sitio concreto entre las muchas posibilidades de interacción que una ciudad ofrece. Sobre todo en una ciudad como Nueva York donde el tiempo y la historia se va a acumulando a mayor velocidad que en otros sitios. No resulta irrelevante determinar –me decía al emprender la investigación-  cuál de los rincones de Nueva York vio combinar por primera vez esos colores y diseño que animan lo mismo una tienda de tabacos en La Haya que un puesto de croquetas en Miami.  
Sin embargo el margen de posibilidades de dar con el sitio exacto donde Miguel Teurbe Tolón pasó la bandera en limpio era bastante desalentador. En Cuba su nombre había aparecido en diversas publicaciones periódicas de su Matanzas natal y de La Habana además de estrenar un par de obras teatrales. En sus años neoyorquinos comenzó como jefe de redacción del periódico separatista y anexionista La Verdad y más tarde fundó y dirigió publicaciones como El Cubano, El Papagayo y El Cometa” y “tuvo a su cargo la sección hispanoamericana del Herald, de Nueva York”. 
Directorio de Nueva York de 1850
Sin embargo en los días en que diseñó la bandera Teurbe Tolón, en su condición de recién llegado, con esa invisibilidad de los inmigrantes recientes, tuvo escasas posibilidades de dejar huellas en la memoria escrita de la ciudad. Esa memoria que se registra en directorios, censos o archivos de transacciones comerciales. Y en efecto ni en el directorio de 1849 ni en el censo de 1850 aparece el nombre del poeta.
Directorio de Nueva York de 1850
Teurbe Tolón residía en Nueva York desde 1848, ciudad a la que había tenido que huir de la persecución española. Tras ser parte de la abortada conspiración encabezada por el general Narciso López en la isla había sido condenado a la pena de muerte en rebeldía. 
Cabecera del periódico La Verdad diseñada por Miguel Teurbe Tolón. Nótese el parecido del diseño con el cuartel superior del escudo cubano
Siendo editor de “La Verdad” creó para la cabecera de dicho periódico un diseño que recuerda el cuartel superior del actual escudo cubano. De acuerdo con Cirilo Villaverde fue el propio Miguel Teurbe Tolon el encargado del diseño en el propio año de 1849 de lo que luego de varias modificaciones se convirtiera en el escudo nacional cubano y que entonces se usó “a modo de escudo de armas para sellar los despachos y bonos que debía emitir”.
Escudo diseñado por Miguel Teurbe Tolón. Nótese todos los detalles asociados a la heráldica norteamericaba incluida la propia bandera y la repetición del motivo del las 13 estrellas del pabellón original

En relación a la presencia de Teurbe Tolón en Nueva York en aquellos primeros tiempos sí hay incidente que aparece registrado en varios periódicos de la época. Se trata de su detención por la policía en mayo de 1850. Casi un año después de que Teurbe Tolón trasplantara al papel la bandera imaginada por López encabezó una manifestación en la zona baja de la ciudad en apoyo a la expedición de Narciso López a Cárdenas. 
Noticia sobre detención de Teurbe Tolón

El periódico The Sun –cercano colaborador de los planes expedicionarios- había dado la noticia y un grupo de exiliados cubanos se habían lanzado a la calle bandera en mano para celebrar el acontecimiento del que todavía no se conocía su desenlace. Ante la protesta del cónsul español en la ciudad Teurbe Tolón fue detenido por la policía, y su nombre apareció en los periódicos pero no el lugar de su residencia. Tuve la esperanza de que en los archivos municipales de Nueva York apareciera algún documento asociado a su detención pero la búsqueda no arrojó resultados positivos. En cualquier caso –traté de consolarme- tales documentos hubieran reportado dónde residía el poeta en mayo de 1850 y no once meses antes, cuando definió el diseño de la bandera.
¿Y si en lugar de rastrear sus huellas en los tortuosos archivos municipales buscaba en el periódico donde había fungido como editor durante años? No es que esperara que un editor incluyera en el periódico que edita su dirección  personal. Pero quizás navegara con suerte y encontrara en “La Verdad” alguna pista que pudiese llevarme a la verdad y de paso dar con uno de los juegos de palabras más infelices en la historia del idioma. Pues tuve suerte: “La Verdad” entrecomillada y mayúscula traía consigo la otra. En la última página del número del 18 de mayo de 1849 aparecía un anuncio que se invitaba a tomar clases particulares de español en el número 47 de la calle Warren justamente con el señor M. T. Tolon. Tan modesto anuncio con el que el inminente diseñador de la bandera pensaba complementar el salario que recibía como editor de "La Verdad" puede servirnos indirectamente como acta de nacimiento: al menos menciona a quien atendiera el parto y el lugar de nacimiento. El resto lo describía en detalle el autor de "Cecilia Valdés".  

Reccorte de anuncio del periódico La Verdad del 18 de mayo de 1849, unas semanas antes de la creación de la bandera
En el propio número del 18 de mayo aparece un poema firmado por Miguel T. Tolón que no era otro que quien dibujara la bandera. La existencia de una dirección oficial para el periódico en el 102 de Nassau Street  hace pensar que 47 Warren St. No podía ser otra que la dirección particular de Tolón en aquellos días y que allí, coincidiendo con el relato que hiciera Cirilo Villaverde en 1873 tuvo lugar la reunión donde se acordó el diseño de la futura insignia nacional.
Antes del descubrimiento de este anuncio me inclinaba por creer que era la dirección apuntada por el libro de notas de Villaverde (Murray entre Broadway y Church) la correcta partiendo del principio de que las anotaciones más cercanas en el tiempo a los hechos ofrecen menos espacio al error. No obstante que 24 años más tarde Cirilo Villaverde decidiera dar su versión pública y definitiva teniendo todavía en su posesión dicho libro de notas* (“El diario de tres años consecutivos, este sí siempre lo llevo a mi lado” dice en una carta del 25 de mayo de 1891) hace pensar que en 1873 tenía motivos para no ajustarse a sus apuntes de dos décadas antes. De manera que al cotejarse el relato de Villaverde de 1873 con el anuncio que insertó Tolón en mayo de 1849 ofreciendo clases de idioma se puede afirmar con razonable seguridad que fue en la dirección de 47 Warren Street el lugar de residencia de Miguel Teurbe Tolón y su esposa en junio de 1849 y por tanto donde se celebró la reunión en la que encontró forma y concreción la actual bandera cubana.
Mapa de 1850-1854 que incluye la calle Warren con sus números correspondientes
Cotejado con mapas de la época se comprueba que todavía se conserva la numeración original de 47 Warren St. donde debió estar la casa de huéspedes que alojó a mediados de 1849, en aquellos días a nombre de un tal John McLaren. Lamentablemente, como ocurre con la inmensa mayoría de las edificaciones de la zona, el edificio original ya no existe. 

Captura de mapa interactivo que permite superponer mapa de 1836 a una vista actual de Nueva York centrado en la calle Warren entre Church y Chapel
Apenas cinco años después de la creación de la bandera de acuerdo con un informe de 2002 de la “Tribeca South Historic District” se erigió en lugar de este un edificio de”Italianate-style” que “was constructed c.1854 as one in a pair of similar buildings including the adjacent  45 Murray Street, at a time when the residential streets to the west and north of City Hall Park were being rapidly redeveloped with new commercial buildings for the dry goods trade”. (En otros sitios aparece como 1910 la fecha del edificio pero el reporte de la “Tribeca South Historic District” aporta mucha más información). Es una suerte sin embargo que -a diferencia de otros sitios del downtown neoyorquino en los que con la erección de rascacielos descomunales quedó barrido todo rastro de la planta original de las antiguas edificaciones- este conserve  dimensiones, frente y planta no del todo distintos al de la edificación original. El edificio que abarca la numeración 45-47 Warren St. Hoy se encuentra en reformas para ser reconvertido en edificio de apartamentos aunque sin alterar la fachada de la edificación construida en 1854, en perfecta ignorancia de que hace 167 años allí mismo se gestaron los símbolos de un país.Ni más ni menos que la misma ignorancia que sobre el tema siempre ha demostrado dicho país.

Vista actual de la entrada de 47 Warren Street


Foto del edificio en los años 70s. La entrada de 47 Warren St. es la que se ve en la esquina inferior derecha.