Tuesday, January 14, 2020

Traducciones de Heberto Padilla

Por Gustavo Pérez Firmat



De las actividades literarias de Padilla, la menos conocida es su labor como traductor. En su única novela, En mi jardín pastan los héroes (1981), uno de los dos protagonistas es escritor mientras que el otro es traductor. No es casualidad. Son las dos caras de su quehacer literario. Padilla practicó la traducción a lo largo de su carrera, a veces informalmente en conversaciones entre amigos o en trabajos periodísticos, a veces como parte de un proyecto de más envergadura. Políglota desde muy joven, tradujo del inglés, del francés, del alemán y del ruso. La época en que con más asiduidad ejerció como traductor, aunque no por voluntad propia, fue la oscura década de los años setenta, cuando a raíz del “caso” que lo puso en prisión y desembocó en la autocrítica, trabajó para la Editorial Arte y Literatura como “simple traductor,” la frase que usa en La mala memoria (1989) a propósito de Virgilio Piñera, quien trabajaba para la misma entidad. Aunque algunas nunca se publicaron, entre sus traducciones se encuentran obras de Bruno Apitz, Giorgi Karaslavov, Magnus Enzensberger, Vladimir Maiacovsky – y, sobre todo, una nutrida antología de poetas románticos ingleses. 
Poesía romántica inglesa (1979), se aparta de las otras traducciones no sólo por concentrarse en poetas que no eran contemporáneos de Padilla, sino porque esos poetas asumen la poesía de muy distinta manera que el autor de Fuera del juego. Además es uno de los proyectos de escritura más ambiciosos de Padilla, pues comprende más de setenta poemas de doce poetas, entre ellos todos los poetas románticos más importantes: Blake, Wordsworth, Coleridge, Scott, Keats, Shelley, Byron. Aunque Padilla no hizo la selección de poemas, en alguno de ellos, como “El tejón” de John Clare, se filtra la precaria situación del traductor durante esta época. Poesía romántica inglesa es también el libro que William Figueras, el protagonista de la novela de Guillermo Rosales, Boarding Home (1987), lee y cita a lo largo de su relato.
Publicado por la Editorial Arte y Literatura en septiembre de 1979, el libro tuvo poca difusión (Padilla abandonaría el país pocos meses después) y hoy en día es difícil de encontrar. Para recuperar esta parte de la obra de Padilla, Linden Lane Press acaba de publicar una nueva edición de Poesía romántica inglesa. A continuación va una muestra de las traducciones.



WILIAM BLAKE (1757-1827), “EL TIGRE” [The Tyger]



¡Tigre! ¡Tigre! en la espesura

de la noche ardes, fulguras.

¿Qué ojo o mano eterna haría

tu terrible simetría?



¿En qué abismo o cielo ardió

el fuego en tu ojo? ¿Y osó

sobre qué alas él subir?

¿Qué mano osó el fuego asir?



¿Y qué hombro, qué mano o qué arte

pudo el corazón trenzarte

y, cuando latió, después

la atroz garra hizo en tus pies?



¿Qué martillo, qué cadena o

qué horno el seso te forjó?

¿Qué yunque, qué osado puño

su terror mortal ciñó?



Cuando los astros lanzaron

flechas y el cielo anegaron

de llanto, ¿ante su obra él sonrió?

¿Creó al cordero y te creó?



¡Tigre! ¡Tigre! en la espesura

de la noche ardes, fulguras.

¿Qué ojo o mano eterna urdía

tu terrible simetría?





JOHN CLARE (1793-1864), “EL TEJÓN” [The Badger]



A medianoche toda la hueste está reunida.

Los niños y los hombres acechan la guarida

del tejón, y tapan con sacos el agujero

y esperan a que pase este viejo pendenciero.

Él llega, oye ... Y ellos lanzan al más fornido.

El viejo zorro suelta el ganso al oír el ruido.

El cazador furtivo tira y el grito lo apresura.

La liebre medio herida jadea en la espesura.

Con un palo se aprestan a golpear al tejón

y lo empujan con perros hacia la población.

La jauría lo muerde todo el día en un cerco.

Ellos ríen con gritos que asustan a los puercos.

Corre el tejón y muerde todo cuanto lo acosa.

¡Ellos gritan y chillan en las calles ruidosas!

Él lanza hacia el tumulto amenazas abiertas

y empuja a los rebeldes contra sus mismas puertas.

De todas partes tiran piedras al animal;

cuando el tejón pelea todo el mundo es rival.

Azuzan a los perros a la lucha más cruenta;

pero el tejón, resuelto, se vuelve y los ahuyenta.

Aunque los perros tengan dos veces su estatura,

en una lucha de horas su victoria es segura.

Los mastines, salvajes en su lucha aguerrida,

se echan y se relamen y se dan a la huida.

El bulldog lo conoce y comienza a temblar:

lo que el tejón agarra no lo vuelve a soltar.

Corre detrás de todos, les busca los talones,

los muerde..., el borracho oscila, grita imprecaciones.

Las madres aterradas alejan a las niñas

y los pillos se ríen y azuzan más la riña.

Él trata de irse al bosque, en difícil huida.

Los palos y los golpes detienen su estampida.

Él se enfrenta otra vez al tumulto, a los ruidos,

y muerde a los perros en medio de los aullidos,

y muerde igualmente a todo el que lo perseguía.

Ellos sueltan entonces a toda la jauría.

Al fin hombres y niños lo logran derribar,

y aunque esté casi muerto él los vuelve a enfrentar;

pero vencido y golpeado un quejido profiere,

y cae, afloja sus garras, y gruñe hasta que muere.





JOHN KEATS (1795-1821), “CUANDO TENGO TEMORES” [When I Have Fears That I May Cease to be]



Cuando tengo temores de desaparecer

sin que mi pluma haya en mi alma rica ahondado

ni los libros, impresos, puedan contener

cual graneros llenos el grano dorado.



Cuando veo en la noche estrellada asomar

vastos, oscuros símbolos de una gran creación

y siento que no pueda vivir para trazar

sus sombras con la mano maga de la ocasión.



Y cuando, hermosa criatura de una hora,

siento que no te volveré a mirar

ni gozaré jamás la fuerza encantadora



de este loco amor, entonces en la rada

del ancho mundo, a solas, me detengo a pensar

hasta que Amor y Fama se hunden en la Nada.





GEORGE GORDON, LORD BYRON (1788-1824), “ELLA VA EN SU BELLEZA” [She Walks in Beauty]



Ella va en su belleza tal como entra

la noche en zonas claras y radiantes;

y lo mejor de sombra y luz se adentra

en sus ojos y aviva su semblante:

así esa tierna luz logró purificar

lo que el cielo le niega al día vulgar.



Un rayo menos, una sombra más

habrían dañado esa gracia innombrable

que ondula en la negrura de sus trenzas

o el rostro alumbra de un fulgor amable,

donde el pensamiento con dulzura expresa

cómo es su interior de puro y adorable.



Y sobre esta ceja, y sobre esta mejilla

tan suave y serena, aunque tan elocuente;

la sonrisa que triunfa, el color que brilla,

hablan de un pasado virtuoso y sonriente,

de un alma en paz con su vida sencilla,

de un corazón con su amor inocente.

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