Thursday, August 5, 2021

TODOS SOMOS CUBANOS (Del asombro a la esperanza)*



Por Felipe Lázaro 


“…del inesquivable Encuentro mayor que mantendremos un día en el escenario común, quienes no queremos alejarnos de una cultura insustituible que es la máxima expresión de nuestra historia y de nuestro mismo ser”.

GASTÓN BAQUERO (1996).

Hay tres momentos esenciales que marcaron mi niñez: la muerte de mi madre (1954), el triunfo de la revolución cubana (1959) y el inesperado camino del exilio que emprendió mi familia el 23 de agosto de 1960 vía Miami. Si el fallecimiento de mi madre a mis seis años de edad, me dio un sentido de ausencia, de vacío, de constante orfandad; el despertar la mañana del primero de enero me impregnó de cubanía, de patriotismo, contagiado por la alegría popular que desató el triunfo revolucionario. Esos días iniciales del 59 representaron un brusco paso hacia la adolescencia; dejé de ser un niño de diez años, que hasta entonces jugaba a los soldaditos, para enfrentarme con un nuevo vocabulario, donde palabras como tiranía, democracia y libertad adquirieron su verdadero significado. No obstante, cuando mi padre decidió irse de Cuba, para la mentalidad de mis doce años fue como el inicio de unas vacaciones; aunque, con el tiempo, esa salida se convirtiera en definitiva.

Obviamente, no decidí mi partida, me sacaron de Cuba. Pero no juzgo a mi padre por su decisión. Él había llegado a la Isla como emigrante español, a principios del siglo XX, y con los años se convirtió en un exitoso comerciante. En 1960, tuvo la clarividencia de sacar a toda nuestra familia del país ante el nuevo rumbo del gobierno castrista. De todas maneras, creo que si yo no hubiese partido en esa temprana fecha, quizá lo habría hecho más tarde. Sobre todo, porque pertenecía a una clase social que sería totalmente afectada (eliminada) por la Leyes de la Revolución y por mis convicciones cristianas que me hubiesen convertido en un juvenil opositor.

En definitiva, siempre he pensado que la muerte y ausencia de mi madre, el haber vivido una Revolución como la cubana (aunque sólo fuesen dos años, ¡pero qué dos años!: 1959-1960; además, el exilio es otra forma de vivir el hecho revolucionario) y la nostalgia, la lejanía, la doble orfandad, que me acompañan en la diáspora, han sido constantes de mi vida que han caracterizado mi persona e hicieron nacer en mí otra forma de ver el mundo. De esos tres mazazos raigales (muerte, revolución y exilio) nació mi vocación de poeta. O como siempre digo; aprendiz de poeta, marcado por un compromiso con nuestra cultura, una obsesión por todo lo relacionado con lo cubano y un sentimiento constante de cubanidad.

Esa Generación del asombro, los niños de la Revolución, víctimas o victimarios, hemos sufrido, de una u otra forma, los avatares históricos de estos largos años de ensayos ideológicos; viviendo una transformación radical, profunda e impactante en nuestras vidas.

Generación del asombro: Los niños de la Revolución

Mi historia personal es semejante a la de miles de niños cubanos que nos despertamos, en la madrugada del primero de enero de 1959, con el triunfo de los barbudos. Desde ese preciso instante, con el transcurrir de los hechos históricos, fuimos optando por diferentes caminos: unos, se unieron a las filas gubernamentales; otros, se convirtieron en opositores o nos exiliamos.

Y aunque la inmensa mayoría de esa generación se sumó al nuevo proyecto político -y muchos de sus componentes lo siguen apoyando en la actualidad- no es menos cierto que una buena parte de la misma se fue decepcionando con su radicalización: proclamación socialista de la Revolución (1961), el nefasto período de las ORI, la estatización de la agricultura (1963), la fundación del Partido único (1965),  la  descerebrada Ofensiva Revolucionaria del 68, los duros sesenta o en los ochenta con el gigantesco éxodo por el puerto del Mariel y los noventa con el Período Especial.

Durante estas cuatro décadas, miles de miembros de esa generación salieron al destierro: como niños con su familia o a través de la llamada Operación Peter Pan en los primeros sesenta. Luego, como adolescentes por Camarioca en 1965 y como adultos por el mencionado Mariel o no pudieron salir hasta los 90 como balseros o por otras vías. Además, hay que mencionar a los que pidieron asilo en las embajadas extranjeras acreditadas en La Habana en los primeros años del castrismo o los becados del régimen que estudiaban en el extranjero y optaron por el destierro, hasta los miles de balseros (de los años sesenta a nuestros días) que lograron sobrevivir o se ahogaron en el Estrecho de la Florida.

También hay que recordar a los cientos de fusilados de esa generación, a los miles que sufrieron o sufren presidio político, a los que cayeron en combate como infiltrados o soldados verde oliva, como milicianos o alzados en cuanta loma hay en Cuba, en la resistencia interna como  opositores o defendiendo los ideales del nuevo régimen del 59.

Esa Generación del asombro, los niños de la Revolución, víctimas o victimarios, hemos sufrido, de una u otra forma, los avatares históricos de estos largos años de ensayos ideológicos; viviendo una transformación radical, profunda e impactante en nuestras vidas.

Un proceso histórico fraticida

Como la mayoría del pueblo cubano me entusiasmé con la vorágine del 59, recolectando dinero en la escuela para la Reforma Agraria, participando en la campaña para comprar armas y aviones, y festejando la noticia cuando se creyó haber localizado a Camilo; aunque otras facetas me impresionaron negativamente. Por ejemplo, en los primeros meses del 59, el colegio donde estudiaba la primaria en Güines organizó un viaje a La Habana para enseñarnos el Capitolio, el Zoológico, el Habana Libre, pero lo que más me impactó fue la visita a La Cabaña, donde nos mostraron, como si de un museo se tratase, el paredón de fusilamiento. En esa fortaleza un oficial del Ejército Rebelde nos comentó, con toda la sangre fría e imprudencia para unos ojos y oídos infantiles, que hacía unos días en ese mismo paredón habían fusilado a Sosa Blanco. Fue un hecho lamentable. Y no sólo es denunciable la orgía de sangre, tanto de batistianos como de revolucionarios, cubanos y seres humanos en todo el período castrista o que la pena de muerte esté vigente y se siga aplicando en la actualidad, sino la tremenda brutalidad de mostrar a unos niños un lugar de muerte, como si fuese lo más natural. Siempre me he preguntado, ¿qué pasaba en la sociedad cubana del 59 para que asumiese la pena de muerte, el paredón, como algo normal?  Sé que existieron voces de denuncia desde el principio, pero sólo el hecho de que nos llevarán de excursión a La Cabaña, donde además había cientos de presos políticos, denotaba el ambiente fraticida que imperaba en los inicios de la década de los sesenta en Cuba.

Terminado los años noventa, podemos analizar el gran costo social que ha representado el experimento castrista: miles de fusilados o muertos en acciones de guerras, un presidio político por donde han pasado cientos de miles de ciudadanos cubanos y un millonario exilio que no cesa desde 1959. ¿Qué logros sociales o nacionales se pueden argumentar para minimizar esta realidad? ¿Cómo afrontar nuestra historia reciente con la ilegalidad permanente en procesos político-judiciales: desde la sentencia a los aviadores batistianos en Santiago de Cuba, al juicio del comandante Hubert Matos, desde el caso del general Ochoa al actual enjuiciamiento de cuatro disidentes en La Habana acusados de sedición, cuando en realidad lo que propugnaron fue la abstención en los pasados comicios electorales y la publicación del documento La Patria es de todos?

Desde las disparatadas “nacionalizaciones” o intervenciones de las empresas cubanas en los años sesenta, hasta la locura de la estatificación de la agricultura en el 63, que perjudicó solamente al campesinado cubano, y la apropiación estatal de todo el comercio nacional con la Ofensiva Revolucionaria del 68; hay un nudo gordiano que desemboca en un proceso cainita, donde el Estado castrista se ha convertido en el gran patrono, en el único administrador de la economía nacional, en un gran ogro, supuestamente generoso, que no sólo ha desposeído a una parte importante de la población de sus bienes y riquezas, sino que impide el resurgimiento de toda actividad comercial privada; favoreciendo la propiedad pública y controlando toda actividad económica mediante un gran monopolio estatal..

Sin embargo, hay que admitir que los cambios revolucionarios de los años sesenta beneficiaron a la gran mayoría del pueblo cubano, sobre todo, a las clases más pobres o menos favorecidas, facilitándole viviendas (aunque la mayoría de esas casas no las construyó la Revolución, sino que eran viviendas propiedad de los que se exiliaban), atención médica y estudios  gratuitos, aunque desde del inicio de la República existía una salubridad y una educación pública muy solvente.

Terminado los años noventa, podemos analizar el gran costo social que ha representado el experimento castrista: miles de fusilados o muertos en acciones de guerras, un presidio político por donde han pasado cientos de miles de ciudadanos cubanos y un millonario exilio que no cesa desde 1959. ¿Qué logros sociales o nacionales se pueden argumentar para minimizar esta realidad?

De la guerra revolucionaria al diálogo entre cubanos

De mi llegada al exilio, recuerdo una anécdota graciosa: una tarde asistí con mi padre a mi primer mitin anticastrista en un parque de Miami y como había un ambiente muy parecido a las manifestaciones en Cuba (banderas, himnos, etcétera) pregunté en voz alta: “Viejo, ¿Dónde están los milicianos?”. Como es lógico, a mi padre casi no le dio tiempo para sacarme de aquella concentración, porque todos los participantes a nuestro alrededor nos miraron como si fuésemos los primeros infiltrados.

Después viajamos a España, donde apenas residimos unos ocho meses, porque mis hermanas no querían permanecer en la madre patria ya que la encontraban más atrasada que Cuba. Además, sucedió otra anécdota de las mías: acudimos al estreno de la película Ben Hur  en el cine Madrid con la asistencia del generalísimo Franco. Al entrar éste al cine y sentarse en el palco, todo el público se puso de pie y lo ovacionó por varios minutos. Yo no sólo me quedé sentado, sino que no aplaudí y cuando mi padre me reprochó, le contesté en voz alta: “Yo no me levanto ni aplaudo a un dictador como Batista”, para sorpresa de los asistentes a nuestro alrededor. En ese instante, mi padre comprendió que si permanecíamos en España y yo reiniciaba mis estudios, tarde o temprano, me involucraría en actividades políticas contra el franquismo. Quizá eso pesó más que la actitud de mis hermanas para no seguir residiendo en España.

En 1961 volvimos a América, vía Nueva York, y nos establecimos en Puerto Rico, donde nos acogimos a la condición de exiliados políticos. En aquellos años sesenta, San Juan de Puerto Rico se parecía más a Bolondrón que a la capital de un Estado Libre Asociado a los EE UU, aunque ya comenzaba a disfrutar de un alto standing. Puede decirse sin lugar a dudas, que el despegue o verdadero desarrollo de la economía puertorriqueña se inició en esos años, como ocurrió, curiosamente, en España. (Lo que nos lleva a plantearnos una interrogante de política ficción: ¿Qué habría pasado con la economía cubana, desde los años sesenta a nuestros días. Si el gobierno revolucionario del 59 hubiese optado por un modelo socialdemócrata en vez del trasnochado régimen comunista?).

De Puerto Rico, que es un pueblo hospitalario, puedo decir lo mejor; tengo invariables amigos y guardo gratos recuerdos de mi adolescencia en esa isla hermana. Casi desde mi llegada, me identifiqué con la lucha por la independencia de Puerto Rico. Al fin y al cabo, si yo era un nacionalista cubano, por qué no serlo como puertorriqueño. De esa época recuerdo una frase brillante de Luis Muñoz Marín, uno de los más lúcidos políticos que ha dado el Caribe, que resume la hermandad entre cubanos y boricuas: “Un puertorriqueño es un cubano triste, un cubano es un puertorriqueño alegre”.

En San Juan, reinicié mis estudios primarios y comencé a escribir poesía con trece o catorce años, publicando en revistas y periódicos estudiantiles puertorriqueños. Terminando la secundaria (1964-65), inicié mi compromiso político, como joven exiliado, en organizaciones anticastristas que habían sido fundadas en La Habana en los primeros años de la década de los sesenta, y que mantenían delegaciones en Puerto Rico, aún cuando prácticamente habían sido desmanteladas por la represión castrista en Cuba, como el Directorio Revolucionario Estudiantil (DRE) (1)  y, más tarde, como universitario (1965-68) en la Juventud Demócrata Cristiana de Cuba (JDC) (2).

Esa militancia juvenil fue consecuencia de la atracción que la épica revolucionaria de la lucha antibastistiana ejercía sobre la juventud cubana desterrada en Puerto Rico. Al fin y al cabo, la Revolución era una ideología armada y, en ese entonces, no se vislumbraba otra posibilidad real de combatir al nuevo régimen. Fue entonces cuando contacté, por primera vez, con jóvenes estudiantes cubanos, preuniversitarios y universitarios cristianos (católicos y protestantes) que militaban en ambas organizaciones. Fueron años de formación, de entrega total con reuniones semanales, seminarios y ciclos de conferencias sobre la problemática cubana. Del 64 al 65 publicamos, en el DRE de P.R. la revista Jóvenes, ya que en Miami se publicaba Trinchera, órgano oficial de dicha organización. Asistíamos a Asambleas y Congresos de organizaciones del exilio y manteníamos contacto con dirigentes cubanos que habían participado en la insurrección contra Batista, como: Manuel Ray y Rufo López Fresquet, ex ministros del primer gabinete revolucionario del 59.

De esa etapa de mi vida guardo inolvidables vivencias por el estupendo equipo de trabajo que formábamos, el compañerismo y la aureola de mística que impregnábamos a nuestra militancia en el Directorio. Y aunque ese encuentro se dio fuera de nuestra patria, por nuestro temprano exilio en Puerto Rico, no por ello dejábamos de ser un valioso grupo generacional, como puede desprenderse de algunos nombres y su ocupación actual:  Ramón Cernuda (editor y representante de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional en Miami), Jorge Rodríguez Beruff (profesor de Ciencias Políticas en la UPR)., Ramón Cao Garcia (profesor de Economía en la UPR), Jorge Nogales (milita en San Juan en una organización que defiende los Derechos Humanos en Cuba), Pedro Subirats (dueño de un colegio privado en la República Dominicana), Roberto López e Ignacio Cancio Bello (abogados) y Mike Moenck (empresario), entre otros.

El DRE funcionó hasta 1965, cuando prácticamente se disuelve –al menos la delegación de Puerto Rico– y casi todos los afiliados de esa organización pasamos a engrosar las filas de la Juventud Demócrata Cristina (JDC) del Movimiento Demócrata Cristiano (MDC) que lideraba José Ignacio Rasco en Miami, desde su fundación en La Habana (1959). Del 65 al 67 publicamos la revista JDC en San Juan, junto a otros jóvenes cubanos que residían en Puerto Rico y que me es muy grato recordar, como: Ignacio Azcoitia, Enrique Martínez (qepd), Armando Navarro, Anna Álvarez Dumont, Enrique Oliver y Juan Chipi, entre otros.

Si tanto el DRE como el MDC estaban comprometidos con la vía armada* “la guerra revolucionaria”, como se decía entonces (que no era otra cosa que una copia exacta de la lucha insurreccional contra Batista), los militantes más jóvenes no participamos en ninguna acción bélica, ya que nos dedicábamos más a tareas de formación y propaganda. Es decir, edición de revistas (Jóvenes JDC), organización de ciclos de conferencias, seminarios o forums sobre la temática cubana. Aunque en esos años, un grupito de universitarios cubanos nos entrenamos como hombres-ranas para participar en un descabellado proyecto independiente llamado PLAN PIRAÑA que, por suerte para nosotros, jamás se realizó y que consistía en poner minas a barcos soviéticos en diferentes puertos de la Isla. (3)

En el verano del 67, varios dirigentes estudiantiles de diversas organizaciones del exilio cubano, celebramos una Asamblea de Juventudes Cubanas en San Juan, en cuyo Comité Gestor estábamos: Jorge Rodríguez Beruff, Orlando Canales (qepd), Harry Swan (qepd), Ramón Cernuda y quien esto escribe. Este evento tuvo una gran resonancia en la prensa local, no por oponernos, como jóvenes exiliados cubanos al régimen cubano: condena de la pena de muerte, del presidio y del exilio político y la denuncia del totalitarismo castrista, sino por nuestro rechazo al Servicio Militar Obligatorio norteamericano y nuestra solidaridad con los independentistas puertorriqueños.

Ese mismo año, viajé a España para continuar mis estudios universitarios iniciados en Puerto Rico y comencé a residir en el Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe, donde con varios universitarios exiliados cubanos, como Raúl Fernández Duque y Ángel Lavandera Braña publicamos la revisa Testimonio del 67 al 68.  Por esas fechas, seguía militando en la JDC y era presidente de la delegación en España. Por lo tanto, la revista era el órgano de la JDC en territorio español, pero por la censura franquista jamás pudimos decir que pertenecía a esa organización. (Hay que recordar que la democracia cristiana española formaba parte de la oposición a la dictadura franquista).

De todas maneras, a pesar de la dispersión geográfica del exilio, la incomunicación que éste produce y la falta de nuestros lectores naturales, uno de los aciertos de Betania ha sido reunir y dejar testimonio de nuestra literatura desterrada, que en definitiva es tan cubana como la que se escribe en Camajuaní o en Jatibonico.

1968: un año crucial

En el 68, los dirigentes y miembros de la JDC de las delegaciones de Puerto Rico, España, Venezuela, Miami, México, etcétera, rompimos en bloque con el MDC porque se empecinaba en seguir manteniendo una línea política de vía armada, cuando no sólo ya era inaplicable, sino que hacía años no se practicaba. (4)Ese año, la mayoría de los dirigentes de la JDC fundamos Vanguardia Social Cristiana (VSC) con sede en Puerto Rico y con delegaciones en diferentes países. (5)En San Juan se editaba la revista Vanguardia (1968-70) donde propugnábamos un diálogo entre revolucionarios cubanos: marxistas (en el poder) y cristianos (en la oposición). Diálogo que, por supuesto, era totalmente sectario, porque no tenía en cuenta al resto de las opciones políticas cubanas.

En esos años estábamos no sólo imbuidos por las ideas socialcristianas de Camilo Torres, sino influenciados por nuestras tempranas lecturas de Maritain, nuestro descubrimiento universitario de Berdiaeff (léase su Autobiografía espiritual) y, sobre todo, la obra de Mounier que nos conmovió hasta los tuétanos. Además, en ese 68, nos tocó vivir –como joven exiliado cubano en Madrid– la llegada de muchos jóvenes cubanos que huían de la Isla y nos contaban su paso por las UMAP, su expulsión de la Universidad de La Habana por ser cristianos, miles de ellos pudieron reanudar sus estudios –y terminarlos– en diversas universidades españolas en esa década de los 60 al 70. Ese año del 68 significó muchísimo para un joven universitario exiliado cubano: el ocaso del guevarismo y escuchar a Fidel Castro pelearse con los partidos comunistas de América Latina. También, los cristianos latinoamericanos que se sumaban a las guerrillas, Garaudy que planteaba la necesidad de un diálogo entre marxistas y cristianos, nuestra lectura de Marcuse y los filósofos de la Escuela de Frankfurt, la masacre de estudiantes en Tlaltelolco, la esperanza de la Primavera de Praga con “el socialismo de rostro humano” y su interrupción por los tanques soviéticos, el apoyo de Fidel a la invasión soviética de Checoslovaquia, el affairede la microfracción en La Habana con la represión del castrismo a los viejos y jóvenes comunistas del PSF, la revuelta estudiantil del “mayo francés” y su repercusión en la universidad española. Todo un revoltillo histórico que sin lugar a dudas hizo mella en nuestra forma de pensar.

Por supuesto, si ya como demócrata cristianos éramos “pececitos rojos nadando en agua bendita” para el exilio cubano, nuestra nueva postura socialcristiana a favor del diálogo, no sólo fue desoída por las autoridades de la Habana (lo cual era lógico), sino que fue furibundamente atacada por los sectores más reaccionarios de la diáspora insular. Sin embargo, en 1970 recibimos desde Cuba, por diferentes vías, un manifiesto de una nueva organización denominada Movimiento Revolucionario de Acción Popular (MRAP) que planteaba, por primera vez dentro de la Isla, la necesidad del diálogo como única vía para solucionar la problemática nacional. Es decir, nuestra siembra había tenido su cosecha en Cuba, aunque la década de los duros 70 supuso un jarro de agua fría para nuestras ideas y todos esos proyectos pacifistas terminaron en el más rotundo de los fracasos.

Precisamente en los años setenta, interrumpí toda militancia política tras la disolución de Vanguardia Social Cristiana y me dediqué a terminar mis estudios universitarios. Desde entonces, no he vuelto a afiliarme a ninguna organización partidista. Lo que no quita que siga defendiendo mis ideales y que, como cubano, aspire a un país democrático y pluralista que configure un Estado Social de Derecho con justicia y libertad.

Encuentros cubanos

Mi primer encuentro con la realidad cubana se verificó al conocer a los primeros becados cubanos del castrismo que llegaron a Madrid durante mi estancia en el Colegio Mayor Guadalupe (1967-69), cuando estudiaba en la Universidad Complutense de Madrid. Con esos estudiantes y profesionales progubernamentales mantuve un diálogo fraternal, aunque a veces se convertía en monólogos, pero fue una de las primeras tomas de contacto entre adversarios políticos, con unas ideologías muy definidas, que dio como resultado una experiencia enriquecedora y beneficiosa para ambas partes.

En segundo lugar, si desde los años sesenta he estado inmerso en actividades políticas y culturales cubanas, relacionarme con intelectuales cubanos del exilio, como: Gastón Baquero, Reinaldo Arenas, José Mario y Pío E. Serrano, entre otros muchos, me brindó la oportunidad de tomar contacto con la tradición literaria cubana y la gran posibilidad de conocer a otros escritores de dentro y fuera de Cuba. Mi amistad con Gastón Baquero se remonta a mi llegada a Madrid en 1967, como universitario cubano. Desde entonces, siempre fue y será para mí un Maestro en toda la extensión de la palabra. Su amor a Cuba, a la poesía y a todo lo cubano me marcó definitivamente. Él colaboró en cuanto proyecto acometíamos con artículos en las revistas Testimonio y La Burbuja, con poemas en varias antologías, hasta las dos entrevistas que le hice. Con los años, Gastón me presentó a varios poetas cubanos residentes en Cuba, como: León de la Hoz, Bladimir Zamora Céspedes, Camilo Venegas, etcétera; y pude empaparme de la vida cultural cubana de los 80 hasta nuestros días, a través de sus respectivas trayectorias personales.  

Otro poeta cubano que influyó en mí fue José Mario, que dirigía la revista Resumen Literario El Puente, las Ediciones El Puente y, más tarde, las Ediciones La Gota de Agua en Madrid. Lo conocí por el año 75 y comencé a colaborar en su revista con poemas, publicando bajo se sello editorial mi largo poema Ditirambos amorosos (1981) y participando como miembro del Jurado del Premio Carilda Oliver Labra que presidía Roberto Cazorla. Con José Mario pude conocer mejor de la vida cultural cubana (más bien habanera) de la década de los sesenta, ya que él había sido un gran protagonista del mundillo literario del 59 al 65 con las Ediciones El Puente en La Habana, además de su experiencia trágica en las UMAP hasta su exilio español en 1968.

Un tercer vínculo con la Cuba intelectual fue a través del poeta y editor cubano Pío E. Serrano a finales de los años setenta, cuando aún trabajaba en la editorial Playor, donde –junto a su fundador el escritor  Carlos Alberto Montaner– recibían a todos los escritores cubanos que visitaban Madrid. Desde entonces, no sólo nos une una invariable amistad o el orgullo de la patria chica: Güines (aunque él es oriental de San Luis), sino que hemos compartido proyectos, como nuestra colaboración, desde principios de los 90, en el Comité Cubano Pro Derechos Humanos en Cuba (organización madrileña que dirige la Dra. Martha Frayde) o como fundadores de la Asociación Cultural Encuentro de la Cultura Cubana (1995) que edita la revista Encuentro de la Cultura Cubana y nuestra posterior ruptura (1997) hasta la actual participación en el Consejo Editorial de la Revista Hispano Cubana (1998) que publica la Fundación Hispano Cubana en Madrid.

Un cuarto escritor cubano que me impresionó mucho por su talento literario fue Reinaldo Arenas, a quien conocí por mediación de José Mario en uno de sus frecuentes viajes a España y al que presenté en la Tertulia Hispanoamericana en una inolvidable noche madrileña. Con Reinaldo reviví los años duros cubanos del 74 al 80, cuando el autor de El mundo alucinantes salió de Cuba, vía el éxodo del Mariel. Con los años me convertí en el editor de su poesía, puesto que en los poemarios Voluntad de vivir manifestándose (1989) y Leprosorio. Trilogía poética (1990) está compilada toda su obra poética. Gracias a él, también entablé amistad con Rafael Bordao, Reinaldo García Ramos y Roberto Valero (qepd), poetas cubanos a los que les publicaría poemarios o seleccionaría para antologías publicadas por Betania.

Pero el momento más culminantes de estos encuentros cubanos —a pesar de que con anterioridad había participado en otros significativos eventos culturales, como:

“Outside Cuba” en Rutgers University (1988) y el “Festival de Poesía Cubana” celebrado en el Miami-Dade Community College (1992)– se produjo cuando se celebraron las “Jornadas de Poesía Cubana: La Isla Entera” que organizó el Ministerio de Asuntos Exteriores español en la madrileña Casa de América y en la Universidad Complutense de Madrid en noviembre de 1994. Encuentro de poetas cubanos, de dentro y fuera de Cuba, que se denominó La Isla Entera ya que con Bladimir Zamora estábamos compilando una antología de poesía cubana con el mismo título y que un año más tarde publicaría Betania en 1995. Este fue un evento crucial para todos los escritores cubanos que participamos en dichas Jornadas. Fue una semana inolvidable en nuestra memoria, de intenso diálogo y de invariable confraternidad, donde nos dimos cuenta que era más los que nos unía que lo que nos separaba, pues todos nos reconocimos como cubanos y compartimos nuestro amor a Cuba. Y todos acompañados, arropados por la sabiduría y cubanía del Maestro Gastón Baquero.

Pero, además, dentro de la sociedad cubana hay “otras orillas” bien diferenciadas, como los partidarios del régimen o los disidentes. Hasta en el exilio hay “diversas orillas”, no sólo geográficas, sino por la saludable pluralidad ideológica del mismo. Por lo tanto, antes del “Encuentro mayor” que nos hablaba Gastón Baquero deben darse otros encuentros menores dentro de la propia sociedad cubana, así como en el exilio.

Labor editorial

En los años ochenta, comencé mi labor de editor como Coordinador Internacional de la madrileña editorial Catoblepas (1984-87) donde publiqué las antologías 9 poetas cubanos (1984) y Poesía Cubana Contemporánea (1986), poemarios de poetas cubanos en el exilio y la revista literaria La Burbuja (1984-86). Hasta 1987 que obtuve la beca Cintas de Nueva York y fundé la actual Betania que hasta nuestros días posee un fondo de 200 títulos de autores españoles e hispanoamericanos, de los cuales 65 son escritores cubanos. Desde entonces, no he dejado de recibir cartas, libros y revistas desde la Isla, sobre todo, de Alberto Lauro que me inundó de manuscritos y al que le publiqué el poemario Cuaderno de Antinoo (1994). Precisamente, gracias a Albertico pude publicar el largo poema La novia de Lázaro (1991) de Dulce María Loynaz, un año antes de que le concedieran el Premio Cervantes (1992) con lo que este título se convirtió en uno de los primeros bestsellersde Betania y buque insignia de nuestro fondo editorial.

Respecto a mi labor editorial al frente de Betania, he publicado –por razones obvias– a más escritores cubanos exiliados que de dentro de la Isla.  Desde 1959, las casas editoriales del exilio sólo publicaban a los exiliados, copiando lo que hacía la Cuba oficial, pero a la inversa. Esa dicotomía de “las dos orillas” con todas sus consecuencias político-culturales en ambos lados, nos impregnó durante años.  De esto es tan culpable el exilio como la oficialidad cultural cubana. Son dos caras de un mismo fundamentalismo trasnochado que une a La Habana con Miami mediante un hilo conductor que no es otro que el fanatismo y la intolerancia. Al menos, con los años, algunas editoriales cubanas del exilio nos hemos liberado de esa absurda política cultural. Esperemos que pronto podamos decir lo mismo de las de dentro de la Isla.

De todas maneras, a pesar de la dispersión geográfica del exilio, la incomunicación que éste produce y la falta de nuestros lectores naturales, uno de los aciertos de Betania ha sido reunir y dejar testimonio de nuestra literatura desterrada, que en definitiva es tan cubana como la que se escribe en Camajuaní o en Jatibonico.

En los últimos años, al margen de mi labor editorial, he colaborado en otros proyectos culturales en Madrid, como Redactor Jefe del periódico independiente La Prensa del Caribe (1997-98) que edita el Centro de Estudios del Caribe, dirigido por un gran hermano dominicano, el sociólogo y politólogo Carlos Julio Báez Evertsz, configurando un espacio para los escritores antillanos: dominicanos, puertorriqueños y cubanos que residen en España. O, recientemente, la creación de la Asociación Cultural Gastón Baquero (1998) junto a León de la Hoz, Pío E. Serrano y Ángel Rodríguez Abad, con la finalidad  de difundir la obra del gran  poeta y escritor cubano, fallecido en mayo del 97 en Madrid.

No obstante, la gran interrogante –como exiliado político y opositor– es: ¿cuándo podré realizar estas labores culturales en Cuba? Ya que mi mayor ambición, mi mayor anhelo no es regresar como un turista más, que no lo soy ni seré, sino volver como decía Martí que debe retornar todo cubano: con la dignidad y la seguridad de poder participar, con toda libertad e igualdad,  en la vida política, social, económica y cultural de mi país.

Todos somos cubanos

En cuanto a la distinción de cubanos de dentro o de fuera creo que es superflua y dañina, aunque tenga visos de realidad histórico-geográfica. Ni unos ni otros poseen una moralidad superior por permanecer en la Isla o por haberse ausentado de ella. Todos somos cubanos, independientemente de nuestro lugar de residencia, de nuestras ideas políticas y creencias religiosas. No importa que unos sean oficialistas o sigan creyendo en el proyecto revolucionario, apáticos, disidentes internos o exiliados; todos somos cubanos y debemos comenzar a respetar esa pluralidad, esa diversidad y esas diferencias. Tan cubano es un opositor activo en Santiago de Cuba como el más acérrimo militante del Partido único, tan cubano es un periodista exiliado en Miami como un joven dirigente de la UJC. Lo mismo sucede con la literatura, el poeta cubano que escribe en Nueva York o en Madrid es tan cubano como el que lo hace en Holguín o Matanzas. Y frente a la tesis de reencuentro de “las dos orillas” hay que rescatar la unicidad de nuestra cultura, ya que todos formamos parte de un solo pueblo.

Por fortuna, y gracias al transcurrir del tiempo, hoy existen contactos frecuentes entre los intelectuales cubanos de dentro y de fuera de la Isla (sea por vía epistolar, viajes, encuentros, seminarios y revistas literarias) que han creado vínculos más que fraternales entre nosotros. Ya no estamos en los años iniciales de la Revolución, cuando se distinguía a los escritores cubanos como castristas o anticastristas; creando una división en el mundillo cultural cubano. Lo cual respondía a un cliché impuesto por los fundamentalistas de ambos bandos, que trataron de encasillar y separar a los escritores cubanos por su postura política o lugar de residencia.

Pero, además, dentro de la sociedad cubana hay “otras orillas” bien diferenciadas, como los partidarios del régimen o los disidentes. Hasta en el exilio hay “diversas orillas”, no sólo geográficas, sino por la saludable pluralidad ideológica del mismo. Por lo tanto, antes del “Encuentro mayor” que nos hablaba Gastón Baquero deben darse otros encuentros menores dentro de la propia sociedad cubana, así como en el exilio.

Al final, todos los cubanos vivimos como incompletos: a los que residen en Cuba les falta la experiencia del exilio y los exiliados no hemos vivido algunos momentos cruciales de la sociedad cubana, dependiendo de la fecha de salida. Pero, unos y otros, oficialistas u opositores, tenemos los mismos derechos y obligaciones con el futuro inmediato de nuestra patria.

Soñar lo cubano

El paso de estos terribles  años de nuestra historia ha movido a la intelectualidad cubana a soñar lo cubano, teniendo en cuenta no sólo sus propias experiencias nacionales o vitales, sino otras realidades culturales y sociales. Desde el inicio de los sesenta, cientos de miles de jóvenes han viajado fuera de Cuba, estudiando en la URSS o en los países del socialismo real. De la misma manera que cientos de miles de jóvenes exiliados han estudiado en París, Londres o Ciudad México y en universidades de casi todo el mundo: españoles, norteamericanas, latinoamericanas… Por lo que es un hecho constatado, que la realidad cultural cubana se ha enriquecido con esa explosión migratoria de nuestra educación universitaria fuera de Cuba.

Actualmente hay cientos de profesionales y de escritores  cubanos en todo el mundo que dominan varias lenguas, en contacto cotidiano con otras realidades sociales. Esa quizá sea una de las grandes riquezas culturales que nos dejarán estos casi cuarenta años de poder totalitario para el cercano siglo XXI: el cosmopolitismo de una intelectualidad que ha dejado de verse el ombligo (¡Cuba ha crecido!), donde lo universal opaca todo frustrante nacionalismo y los ismos se desfiguran en contraposición a una nueva valoración de la persona. Por eso, en esa especie de boom literario cubano, sobre todo en nuestra narrativa, hay importantes escritores residentes en la Isla y como exiliados: Zoé Valdés, Abilio Estévez, Mayra Montero, Leonardo Padura, Eliseo Alberto, Daína Chaviano, Cristina García, Atilio Caballero, René Vázquez Díaz, Pedro Juan Gutiérrez, Pedro de Jesús, Andrés Jorge, Yanitzia Canetti…

Hasta nuestros días, los cubanos hemos logrado lo que jamás debimos hacer: dividirnos en “ismos”, consagrando el nacionalismo y la Revolución como panacea para la solución de todos los males de la República. Quizá ya sea tiempo de recuperar un poco la cordura y dejar de lado tanto delirio iluminado para transitar el camino del diálogo y la reconciliación nacional como única vía pacífica para resolver nuestros problemas patrios.

Recuperar la memoria histórica

Los dirigentes revolucionarios cubanos intentaron construir el socialismo en Cuba durante estas cuatro décadas y lo que han logrado –además de copiar y repetir el modelo soviético que no funcionó en la URSS ni en los mal llamados países “socialistas”– fue implantar un régimen absolutamente totalitario. Por esto, Cuba no es socialista, no basta que todos los medios de producción estén en manos del Estado para denominar a ese sistema socialista, por muchas prestaciones o ventajas sociales que el régimen cubano le ofrezca a la mayoría de la población o por los supuestos logros (todos mejorables) en educación o en salud pública (sectores que, además, necesitan una indiscutible reforma para lograr su mayor eficacia). Pocas veces se resalta que países como Costa Rica han logrado más avances sociales y muchísima más prosperidad económica con un sistema democrático y, sobre todo, con menor costo social.

En realidad, lo que existe en Cuba es un capitalismo de Estado donde el único patrón es precisamente el Estado, con todas sus consecuencias: Partido único, radio, televisión y prensa estatales, sindicatos oficiales, federaciones estudiantiles progubernamentales hasta las llamadas organizaciones de masas no son más que correas de transmisión de un poder único, omnipotente e infalible, en cuyo vértice está el siempre atento Big Brother orwelliano.

Sin embargo, la alternativa a este modelo “socialista” –que ya había fracasado en otros países– fue el programa de los tradicionales demócratas de la oposición, que sólo han ofrecido la democracia representativa, con todas las libertades, incluida la de mercado, como un capitalismo salvaje típico de los países subdesarrollados y con las desigualdades e injusticias inherentes a ese sistema que caracterizaba, precisamente, a la sociedad cubana de los años cincuenta.

En este sentido, ambos fundamentalismos se dan la mano, son anverso y reverso de una misma tragedia: los constructores del socialismo estatal o los demócratas de un capitalismo inhumano no son ni socialistas ni demócratas. Por eso, ni los actuales gobernantes cubanos o sus posibles sucesores ni la tradicional oposición cubana ofrecen un proyecto sensato que nos ayude a transitar hacia una verdadera democracia, a un Estado Social de Derecho, salvo algunas corrientes democráticas (socialistas democráticos, socialdemócratas, socialcristianos, demócrata cristianos o liberales) que aspiran a una democracia moderna en Cuba.

Hasta nuestros días, los cubanos hemos logrado lo que jamás debimos hacer: dividirnos en “ismos”, consagrando el nacionalismo y la Revolución como panacea para la solución de todos los males de la República. Quizá ya sea tiempo de recuperar un poco la cordura y dejar de lado tanto delirio iluminado para transitar el camino del diálogo y la reconciliación nacional como única vía pacífica para resolver nuestros problemas patrios.

Reformas económicas y apertura política

Agotado y estancado el actual modelo político y socioeconómico cubano, hace falta no ya remodelar el régimen del 59, sino transformarlo, mediante unas reformas (o cambios), tanto de índole económica como políticas que nos encaminen hacia una sociedad PLURAL y una economía múltiple con tres sectores balanceados: el privado, el mixto y el estatal.  Acaso, ¿no existen empresas mixtas en la Isla con capital extranjero y del Estado? ¿Por qué no aceptar empresas mixtas con capital privado cubano (de la Isla y del exilio) y del Estado? ¿Por qué no potencias el sector privado en toda la economía cubana, si ya existe en la agricultura y en el pequeño comercio interior? ¿Por qué no liberar las fuerzas productivas de la economía cubana?

Y si para desarrollar tanto la economía privada como la mixta hay que expropiar al Estado, ¿por qué no hacerlo? Si el Estado cubano se ha convertido en el gran propietario  y en el mayor latifundista de toda nuestra historia? ¿Por qué no repartir las tierras estatales entre el campesinado privado cubano? ¿Por qué no desmontar ese Leviatán tropical que se ha convertido en un ogro acaparador de todas las riquezas que aún le quedan al país y en un riquísimo terrateniente o casateniente nacional? 

¿Por qué no legalizar el derecho a la propiedad privada, comenzando con la pequeña y mediana empresa nacional? ¿O la legalización de los partidos políticos y las asociaciones independientes de todo tipo para propiciar una sociedad libre, más de oportunidades que igualitaria, más solidaria que clasista, que configure un Estado plural? Una República martiana de propietarios y no de funcionarios…

Para solucionar nuestra problemática, me parece lo más razonable plantearnos una transición pacífica hacia una economía social de mercado, con instituciones políticas democráticas que combinen la división de poderes y la democracia participativa. Es decir, contribuir con nuestras ideas y participación en la creación de un Estado del Bienestar con la vigencia de todas las libertades y el respeto a los Derechos Humanos.

Cubanos somos todos tanto los de dentro como los de fuera y, por pertenecer a un solo pueblo, tenemos el deber y la responsabilidad de soñar lo cubano; prefigurar una patria más justa, aportando diversos caminos e ideas diferentes para poder construir una sociedad pluralista y verdaderamente democrática sin exclusiones de ningún tipo, donde la pena de muerte, el presidio y el exilio político jamás vuelvan a repetirse en nuestra historia.  

Generación de la esperanza: los niños del cambio

Mientras esas reformas no se produzcan y no exista una verdadera transformación político y económica del régimen del 59, seguiré siendo opositor. Y cuando esos cambios se realicen, depositaré mi mayor esperanza en las nuevas generaciones cubanas: los niños del cambio, cuya natural y posible despolitización de los “ismos”, les llevará a forjar un pensamiento abierro y plural, creando nuevas ideas de gobierno y nuevas formas de gobernar. Donde tanto los gobernados como los gobernantes estén sometidos al imperio de la Ley y tengan que rendir cuentas ante el pueblo soberano con una necesaria alternancia del poder.

Confío más en los años venideros que en nuestro presente histórico, que está totalmente intoxicado por el pasado más reciente. Confío, sobre todo, en los niños cubanos del futuro, los auténticos autores materiales e intelectuales del ineludible cambio mayor en Cuba, de la transformación necesaria de nuestra patria para cumplir el deseo de Martí: “¡Es el sueño mío, es el sueño de todos: Las palmas son novias que esperan: y hemos de poner la justicia tan alta como las palmas!”, porque comprenderán que sin justicia social, sin libertades y sin Derechos Humanos, no podrá existir jamás una sociedad feliz y próspera con todos, y para el bien de todos los cubanos, sin excepciones.

Cubanos somos todos tanto los de dentro como los de fuera y, por pertenecer a un solo pueblo, tenemos el deber y la responsabilidad de soñar lo cubano; prefigurar una patria más justa, aportando diversos caminos e ideas diferentes para poder construir una sociedad pluralista y verdaderamente democrática sin exclusiones de ningún tipo, donde la pena de muerte, el presidio y el exilio político jamás vuelvan a repetirse en nuestra historia.  

Madrid, octubre de 1998.


NOTAS DEL AUTOR (Felipe Lázaro):

  1. El DRE fue fundado en Cuba en febrero de 1960, después  de la detención de estudiantes católicos (de la Universidad de La Habana y la de Villanueva) en una sonada manifestación estudiantil, que protestaron por la ofrenda floral que el Ministro soviético Anastas Mikoyan ofreció a la estatua de José Martí en La Habana. Desde su creación, los militantes del Directorio pasaron al clandestinaje o al exilio, propugnando la vía armada y emulando la lucha insurreccional contra Batista. Durante los primeros años sesenta, decenas de sus miembros cumplieron largas condenas en prisión o fueron fusilado, como Virgilio Campanería y Alberto Tapia Ruano, o cayeron en combate, como Juanín Pereira. El hecho armado más importante del DRE fue el alzamiento de estudiantes en la Sierra Maestra (1961), organizado y dirigido por su Secretario General Alberto Muller. Capturado y  condenado a muerte, a Muller le conmutaron dicha sentencia por la de 15 años de presidio político que cumplió íntegramente. El DRE fue una de las organizaciones anticastristas más representativas y populares de esos años, tanto a escala nacional como en el exterior. Otro de sus máximos dirigentes, Juan Manuel Salvat, es, actualmente, el decano de los editores cubanos del exilio, como Director de Ediciones Universal (1965) en Miami.
  1. La JDC pertenecía al Movimiento Demócrata Cristiano (MDC) fundado en La Habana del 59, por un grupo de profesionales católicos cubanos. EL MDC surgió como un partido político posrevolucionario que apoyó el inicio de la Revolución, pero con un cariz ideológico cristiano, que en las próximas décadas tendría gran resonancia en la América Latina como opción a las tendencias marxistas. Sin embargo, la radicalización del proceso revolucionario y la exclusión de todos los grupos no oficialistas de la legalidad vigente, los convirtió tempranamente en uno de los grupos más activos de la oposición anticastrista, tanto dentro como fuera de Cuba. En la actualidad, y después de 40 años de existencia, ha pasado a llamarse Partido Demócrata Cristiano de Cuba con presencia en la Isla y en el exilio.
  1. En realidad, no hicimos otra cosa que continuar con la tradición revolucionaria cubana, que desde el Machadato al Batistato, había implicado a los jóvenes cubanos más idealistas en la lucha armada para derribar a la tiranía de turno. En la etapa del DRE entendíamos que éramos herederos de los Directorios anteriores: el del 30 y el de los años cincuenta (13 de marzo). Incluso nuestro lema era: “José Antonio Echevarría con tus ideales en marcha”, Y en la JDC no veíamos incompatible nuestro cristianismo con una beligerancia a la que también optaron otros jóvenes cristianos con anterioridad, como el propio José Antonio o Frank País.
  1. Nuestro grupo en Puerto Rico fue una segunda oleada de jóvenes militantes exiliados que no habíamos luchado en la  primera etapa insurreccional de ambas organizaciones, lo cual queríamos remediar con nuestra participación a mediados de los 60. En esos años, estábamos convencidos que la lucha armada era la única vía posible para derribar al Gobierno castrista. Era como volver a repetir todo el proceso contra Batista: guerra de guerrillas, clandestinaje urbano, desembarcos armados. Pero, con el transcurrir de los hechos históricos: el fracaso de Bahía de Cochinos (1961), el desmantelamiento de todas las organizaciones anticastristas y de la resistencia urbana en la Isla, la liquidación de las guerrillas campesinas del Escambray (1966)…nuestra propia transformación intelectual (como universitarios) y la diferencia generacional entre los dirigentes fundadores y nuestra nueva militancia, nos llevó a condenar todo tipo de violencia: tanto de la oposición como la gubernamental. A partir del 68, comprendimos que la vía armada no era factible ni deseable y optamos por el camino de la no violencia y el pacifismo que desembocaría en un planteamiento nuevo: el diálogo entre los cubanos y la defensa de los Derechos Humanos en Cuba para articular una posible y deseable reconciliación nacional.
  1. Vanguardia Social Cristiana (VSC) la fundamos un reducido grupo de universitarios cubanos en el exilio (Cernuda, Azcoitia, Moenck, etc) y, por ello, fue una organización más pequeña, casi sin presencia en territorio nacional, y de menos trascendencia que el DRE  o el MDC. No obstante, la creación e ideología de VSC significó un cambio radical e importante en la estrategia de una  parte de la disidencia cubana y, aunque seguíamos siendo opositores del régimen castrista, nos distanció del anticastrismo beligerante.
*Ensayo tomado del libro Voces para cerrar un siglo (Suecia, Centro Internacional Olof Palme, 1999. Tomo II). Este texto también fue reproducido en el blog del poeta cubano León de la Hoz (2020)..

Felipe Lázaro (Güines, 1948). Poeta y editor cubano.Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Graduado de la Escuela Diplomática de España. Obtuvo la Beca Cintas y fundó la casa editora Betania en Madrid (1987). Sus últimos títulos publicados son: el libro de relatos Invisibles triángulos de muerte. Con Cuba en la memoria (2017), Conversaciones con Gastón Baquero (2019) y Tiempo de exilio. Antología poética (2020).

Sunday, July 25, 2021

DECLARACIÓN DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE CUBA EN EL EXILIO ANTE LA FALTA DE ESCRÚPULOS Y ÉTICA DE OTRAS INSTITUCIONES ACADÉMICAS.


La Academia de Historia de Cuba en el Exilio ha observado con sorpresa y disgusto cómo en las últimas semanas instituciones de estudios latinoamericanos han puesto a un lado cualquier escrúpulo académico o ético para salir en defensa del gobierno castrista en momentos en que este reprime brutalmente el anhelo de justicia y libertad del pueblo cubano. El pasado 29 de mayo la Latin American Studies Association (LASA) emitió el comunicado “Statement on the protection of human rights in Cuba” que, de hecho, apuntaba menos al objetivo que enunciaba en el título de su declaración que a convertir en víctima del embargo norteamericano al régimen que estaba violando los derechos que la declaración decía defender en su título. El 12 de julio, al día siguiente de que se iniciaran protestas masivas en toda Cuba contra el régimen totalitario, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) se apresuró a emitir un “Pronunciamiento frente a la campaña de manipulación contra Cuba” que convertía tales protestas en “actos vandálicos y terroristas” alentados por los Estados Unidos, mientras insistía en llamarle “Revolución Cubana” a la dictadura más longeva del continente.

Aunque no es norma de nuestra Academia emitir declaraciones políticas, creemos pertinente hacer constar nuestro rechazo a que organizaciones académicas sean utilizadas como plataformas de propaganda y apoyo a regímenes represivos, cualquiera que sea la ideología que estos digan profesar. No nos parece superfluo recordarle a las instituciones mencionadas que falsear la realidad de tal manera que conviertan a los victimarios en víctimas y a las víctimas en agentes de supuestos victimarios va en contra del principio fundamental de cualquier organismo académico que es la búsqueda de la verdad. O recordar que, en el caso específico de CLACSO, con su penosa declaración atenta contra el “fortalecimiento de los derechos humanos y la participación democrática” en el continente, objetivo expreso de dicha institución. La visión elemental y maniquea que proyectan las declaraciones de ambas organizaciones parecen dictadas menos por un estudio profundo de la realidad cubana que por agendas ideológicas que buscan más amoldar la realidad a sus intereses que comprenderla a cabalidad.

Promulgada en Union City (NJ) el 24 de julio de 2021.

JUNTA DIRECTIVA

ACADEMIA DE LA HISTORIA DE CUBA EN EL EXILIO, CORP.


NOTA:

La AHCE es una corporación no gubernamental y sin fines de lucro fundada en el noreste del país en el año 2014 y oficialmente registrada como tal en el Estado de New Jersey y luego a nivel federal. Entre sus objetivos fundamentales tiene los de conjurar académicamente la falsificación de la Historia de Cuba por parte de la historiografía del Gobierno totalitario de Cuba y registrar los avatares del Exilio por este provocado. Para dar a conocer sus labores y las obras de sus asociados, la AHCE cuenta con un blog (disponible gratis en https://blogacademiaahce.blogspot.com/), publica una revista impresa (Anuario Histórico Cubanoamericano), ofrece los servicios de una editorial, y organiza actos, conferencias, congresos, etc. Tiene su sede central en New York-New Jersey y cuenta con capítulos en los estados de Florida y California, y miembros correspondientes en diversos países de Latinoamérica y Europa.



Saturday, July 24, 2021

CARTA DE RENUNCIA DE ROGERIO ZAYAS-BAZÁN A LA SECRETARÍA DE GOBERNACIÓN DURANTE LA PRESIDENCIA DE GERARDO MACHADO

Introducción de Eduardo Zayas-Bazán. 

El Comandante Rogerio Zayas-Bazán y Ramírez (1876-1931) nació en la República Dominicana a fines de la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y fue inscrito en la ciudad de Nuevitas, provincia de Camagüey, al final del conflicto con fecha de nacimiento de 4 de noviembre de 1876. Era hijo de Manuel Ramón de Zayas-Bazán y Duque de Estrada y de Isabel Tomasa Ramírez y Goyri.

            Perteneció al Ejército Libertador de Cuba y el 17 de junio de 1895 fue herido en la cadera derecha en el combate de Ceja de la Larga. Fue Ayudante de Campo del General Lópe Recio, tío de Isabel Recio Heymann, que más tarde fue su esposa, llegando a ostentar el grado de Comandante.

            Después de establecerse la República de Cuba en 1902, Zayas-Bazán fue oficial de la Guardia Rural. Estando destacado en la Provincia de Las Villas, hizo amistad con el General Gerardo Machado, que también era oficial de la Guardia Rural. Ambos habían apoyado al General Bartolomé Masó, expresidente de la República de Cuba en Armas, y líder del Partido Liberal en las elecciones de 1902.

            En 1917, al estallar la revolución contra el gobierno del Presidente Menocal, se alzó por la restauración de las libertades en su país. Descendiente de una de las familias más antiguas de Cuba, fue líder el Partido Liberal y salió electo Gobernador de la Provincia de Camagüey en 1922. En 1924, al ganar la presidencia el General Gerardo Machado con la ayuda de Zayas-Bazán, lo nombró Secretario de Gobernación. Su proyecto más importante fue la construcción del Presidio Modelo de Isla de Pinos, llamado así porque incorporaba lo último en reforma penitenciaria. Ocupó la Secretaría de Gobernación hasta 1928, año en que renunció a su cargo por no estar de acuerdo con la reelección del General Machado. En esta carta renuncia, Zayas-Bazán predice lo que le ocurriría a Machado por no escuchar sus consejos. Fue una lástima, porque de haberlo hecho Machado, la historia de Cuba sería diferente.

En 1930 salió electo Senador por la Provincia de Camagüey y despuntaba como uno de los candidatos a la presidencia. Su vida política quedó truncada cuando en un duelo irregular el 14 de julio de 1931 fue asesinado por un enemigo político cuando se bajaba de su automóvil para acudir a la cita de honor.

Zayas-Bazán fue uno de los caudillos más importantes que tuvo Cuba en su época. De los pocos políticos honrados que ha dado Cuba, siendo Secretario de Gobernación trató de erradicar el juego y la prostitución en una campaña en la que se les raspaba el pelo a los proxenetas y en la que se expulsaron de Cuba a cientos de prostitutas francesas que habían llegado a La Habana a través de la ciudad de Nueva Orleans.

Cuando era Gobernador, fundó en la ciudad de Camagüey un asilo para niños pobres. Hoy en día el asilo lleva su nombre y su memoria se honra con su busto.

El Comandante Rogerio Zayas-Bazán llegó a ser muy popular con el pueblo porque se le percibía como un líder valiente dispuesto a acabar con la corrupción rampante en esa época republicana. La canción a continuación, «Candela Zayas-Bazán», atestigua la aprobación de las masas por esa campaña moralizante que le daría dignidad al pueblo.

 

CANDELA ZAYAS-BAZÁN
Compositor: Felipe Valdés

Candela, Zayas-Bazán, candela al bataclán
Candela, Zayas-Bazán, candela al bataclán
Que las mujeres por aquí, ya no quieren trabajar
Que las mujeres por aquí, sólo quieren cumbanchear.
A nadie le importa que Coralia se muera, échale candela
A nadie le importa que Coralia se muera, échale candela
Mamita, échale carbón al anafe, échale candela
Mira, que se apaga el anafe, échale candela
Mamita, que se apaga el anafe, échale candela
Mamita, que se apaga el anafe, échale candela.

 

(Grabado por elSexteto Occidente de María Teresa Vera en Nueva York en noviembre de 1926 porel sello disquero Columbia)

 

El General Machado poseía un ego descomunal y se había rodeado de aduladores que le hicieron creer que él era imprescindible para el futuro de Cuba y, por lo tanto, debía ir a la reelección. Mi abuelo, el Comandante Rogerio Zayas-Bazán, que había sido uno de sus más fieles amigos, le había aconsejado que esto sería un funesto error para él y para Cuba. Machado no le hizo caso, y mi abuelo, frustrado, decidió renunciar a la Secretaría de Gobernación escribiéndole al General Machado la carta que sigue, la cual había permanecido inédita hasta ahora: 

 

 

REPÚBLICA DE CUBA

SECRETARIO DE GOBERNACIÓN

PARTICULAR

 

Habana, abril 18 de 1928.

 

 

General Gerardo Machado y Morales.

Presidente de la República.

Palacio Presidencial.

Ciudad.

 

Distinguido amigo y Presidente:

 

            A pesar de que un gran número de amigos, que creo que me quieren, me han aconsejado que personalmente le entregue a Usted mi renuncia del cargo de Secretario de Gobernación, con que Usted me honrara en 20 de mayo de 1925, y que pusiera como pretexto a esta renuncia el quebranto de mis intereses particulares, con el fin de que Usted no fuera a molestarse y que nuestra amistad de tantos años pudiera quebrantarse, yo he determinado escribirle esta carta, pues me parecía indigno de mí tratar de engañarlo a Usted, escribiéndole con todo el respeto que me inspira nuestra vieja amistad y con todo respeto que merece el alto cargo que Usted ocupa, pero al hacerlo quiero que Ud. tenga la plena seguridad de que nunca en mi vida pública me he sentido más tranquilo, así que no siento en mi alma sentimientos de violencia ni de odios.

            El motivo de mi renuncia es el siguiente:

            Es que estoy viendo que aquel Gobierno democrático q. yo soñara, con respeto para todas las opiniones y principalmente para el sufragio, está en peligro y no me siento con valor para hacerme solidario de su obra de Gobierno.

            Usted sabe muy bien que siempre me he mostrado contrario a que se realicen actos que lo alejen a Usted del corazón del pueblo, porque entiendo que, Usted puede hacer un Gobierno absolutamente honrado, pero también un Gobierno democrático, a fin de que el pueblo lo mirara a Usted como el continuador de la obra de Martí, y de todos aquellos que lucharon por la libertad de Cuba.

            Usted ha creído que destruyendo a la oposición, comprando a sus Directores, Usted puede gobernar al país más fácilmente y no se ha querido dar cuenta que Usted ha conquistado a esos Directores, pero no ha conquistado al pueblo.

            Usted, en realidad, no ha podido conquistar al partido adversario y ha hecho que sus amigos y correligionarios, aunque vayan a Palacio a sometérsele, como se han sometido a todos los tiranos, pierdan la fe en Usted y prueba de ello es el fraude electoral realizado en las pasadas elecciones, que solo puede ser comparada con aquel fraude electoral realizado en época de Don Tomás.

            Yo he sentido por el General Menocal, una profunda antipatía porque violó los derechos del pueblo. Jamás he recibido un solo daño de él, pero como antes le digo, he sentido esa antipatía, por haber violado esos derechos, pues para mí valen más las Leyes y el respeto a la voluntad popular que todos los bienes materiales, que en beneficio de un país puede realizar un Gobernante.

            Yo pensé, y por eso fue que yo no fui partidario del Coronel Mendieta, que usted sería el Gobernante recto, el Gobernante honrado, pero al mismo tiempo el Gobernante de guante blanco, que jamás pudiera dar motivo para un solo odio. Yo soñaba con que Usted sería idolatrado por el pueblo y admirado y querido por todos, pues aunque muchos crean lo contrario yo no sé odiar y creo que con el odio y la represalia no se consolidan las nacionalidades; pero de esto a oír al adversario y no permitir que los amigos y correligionarios tengan opinión, hay un abismo.

            Usted ha creído que suprimiendo la libertad de la prensa, no permitiendo que fiscalicen sus actos, podía gobernar más fácilmente, y eso ha sido el error más grande de los Gobernantes que la Historia nos señala como más funestos para su patria.

            No importa que Usted realice una obra constructiva, ni que Usted atienda a la Agricultura, ni que fomente la riqueza pública y ni que Usted llene de prestigios temporalmente a la Patria en el extranjero, si Usted a cambio de todo eso mata la libertad, porque los bienes materiales desaparecen en los pueblos y luego cuando Usted deje de existir (y ojalá dure muchos años) quedará siempre el recuerdo de que Usted fue un enemigo de la libertad, que Usted fue un tirano, y yo que lo he querido a Usted tanto, que no sé si tanto como a mi padre, me siento entristecido, pensando que la Historia llegue a juzgarlo como tirano.

            Fui contrario a la prórroga porque ella establecía un fatal precedente. Creí en aquella época, que su relección el país la recibía con gusto y el Partido Liberal se prestaba a ella con entusiasmo. No me quiso Usted entonces oír, y para demostrarle mi cariño entrañable defendí la reforma constitucional, y por consiguiente la prórroga, y como argumento empleé que Usted que era un hombre de honor no podía quebrantar sus juramentos hecho(s) ante los Centros de Veteranos, Logias Masónicas, y ante casi el cadáver de su padre. ¿Qué pod(r)ía decirle yo ahora al pueblo cuando ya se habla hasta de nuevas reformas a la Constitución cuando Usted cumpla su [nuevo] período?

            Usted siempre admiró en mí, y se encargó de propalarlo por toda la República, mi pureza de principios, mi sinceridad y mi honradez, (¿) y cree Usted que sería yo un hombre honrado y al diri(g)irme al pueblo a sabiendas lo engañara con tal que Usted no nos llevara a una situación (añadidura a mano ilegible) de fuerza y violencia(?), y digo esto, porque he sabido que Sargentos del Ejército espían mis pasos y los de mis amigos. Si Usted le jura al país que Rogerio Zayas Bazán, conspira contra Usted, nadie lo creería, pues en todos los momentos no he hecho más que ensalzarlo y me moriría antes de confesar mi equivocación.

            Con fe ciega defendí su [ilegible] cuando eran pocos, muy pocos los que creían viable su candidatura. Yo todo lo di por Usted y todo lo expuse por Usted y mi más grande satisfacción hubiera sido que Usted fuera el Presidente demócrata y querido de todos, como yo soñaba.

            Muchas veces yo le he aconsejado que consulte libremente a sus verdaderos amigos, que no se deje guiar por los que le adulan y q. mañana cuando Usted abandone el cargo serán los primeros en negarle su concurso, y entonces yo le demostraré a Usted que lo he querido, que lo sigo queriendo y que solamente lo he aconsejado porque he recogido los latidos del pueblo, para transmitírselos a Usted, para que ellos sean los que inspiren todos sus actos.

            Ojalá yo esté equivocado, ojalá no tenga que lamentarse algún día de no haber oído mis consejos, pues yo sinceramente prefiero equivocarme a que Cuba sufra las consecuencias que trae todo gobierno tirano.

            Quiero terminar esta carta haciéndole presente que es mi propósito retirarme a reconstruir mi hacienda, al llevar la tranquilidad a mi espíritu y hacer votos porque el Ser Supremo lo ilumine a Ud. y no llegue a ser su Gobierno, Gobierno de luto y dolor.

            De usted con toda consideración y afecto,

 

Rogerio Zayas Bazán.

 

 

 

Publicado originalmente en Anuario Histórico Cubanoamericano #1 (2017), págs. 175-178.

Tuesday, July 13, 2021

Maleconazo*



Por Enrique Del Risco

Si el hundimiento del remolcador Trece de Marzo pretendía disuadir a los cubanos de robarse lanchas para fugarse de la isla además de crimen contra la humanidad puede considerarse un absoluto fracaso comunicativo. Apenas trece días después de la masacre un grupo de gente desvió la famosa lanchita de Regla hacia los Estados Unidos. El medio de transporte principal entre La Habana y el pueblo situado al otro lado de la bahía y la forma más elemental y barata de turismo al alcance de los habaneros: atravesar aquellas aguas negras, gelatinosas, dar una vuelta por un pueblo polvoriento, desvencijado y luego volver a cruzar la bahía sulfurosa. Si estabas enamorado podía parecer hasta romántico.

No debió ser tarea fácil robársela. A la lancha la vigilaban y a los pasajeros los revisaban escrupulosamente antes de entrar. Además, el combustible se le abastecía de a poquitos, previendo que si la vigilancia fallaba no pudiera alejarse demasiado. Se decía que los secuestradores encubrieron su plan con los preparativos de una boda. En el pastel escondieron las armas y en botellas de cerveza, el combustible extra. No sé si se prepararían con mucha antelación o si decidieron aprovechar el escándalo que provocó el hundimiento del remolcador para escapar ilesos. Tuvieron suerte. A treinta y seis millas de La Habana los recogió un guardacostas norteamericano.

Esa noche Quientusabes no pronunció su habitual discurso con el que conmemoraba su irrupción en la Historia Nacional asaltando un cuartel del ejército. No creo que fuera coincidencia. Con Quientusabes nada lo era.

El éxito de la fuga fue asumido por la gente como señal de que, de momento, el gobierno se abstendría de matar a quien tratara de escaparse. El 4 de agosto volvieron a secuestrar la lanchita de Regla. Esta vez hubo un muerto, un oficial de la policía que intentó impedir el secuestro. La embarcación estaría a la deriva por casi dos días frente a las costas hasta que finalmente se rindieron a los guardafronteras cubanos.

El 5 de agosto cientos de personas empezaron a reunirse en el paseo que se encuentra a la salida de la bahía. Con mochilas, comida, agua. Esperando que volvieran a secuestrar algún barco y, mágicamente, conseguir montarse en él. A la espera de que un milagro les cambiara la vida. El milagro apareció en la forma del Contingente Blas Roca. En la forma, no en el contenido. Se suponía que eran constructores destinados a proyectos estratégicos del gobierno. Los noticieros no hablaban de otra cosa. Pero entre los que desplegaron para rodear a la gente reunida en la Avenida del Puerto y el malecón había de todo: agentes del Ministerio de Interior, miembros de la selección nacional de karate y tae kwan do. Les habían repartido camisetas del contingente Blas Roca para que se viera cómo la clase obrera en persona se encargaba de la situación.

No estuve ahí pero varios amigos me contaron cómo los tipos de camisetas del contingente empezaron a repartir golpes donde el Paseo del Prado se encuentra con la Avenida del Puerto. Les creo. La gente estaba demasiado enfocada en escapar como para buscar pendencia con el primero que se apareciera. Lo increíble fue lo que ocurrió a partir de entonces. Los que esperaban por el primer objeto flotante que los sacara de aquella isla se volvieron contra los policías y karatecas disfrazados de obreros de la construcción y los desbordaron. De repente descubrieron que la ciudad, o al menos la porción que tenían ante sí, estaba a su merced. Unos se entregaron al saqueo de las tiendas en dólares, pero los más, como no había tiendas suficientes que saquear, simplemente se dedicaron a recorrer las calles como si fueran suyas, gritando las dos frases que más miedo les había dado articular durante toda la vida: “¡Abajo Fidel!”, “¡Libertad!”.

De momento debió bastarles. En las imágenes que se recogieron de ese día se ve gente famélica, inundando las calles. En su mayoría hombres sin camisa, empujando sus bicicletas, indignados con la represión y asombrados con el mínimo poder que acababan de adquirir. Dando órdenes a los pocos periodistas que había por los alrededores. “¡Filma ahí cojones!”. Pasando de la rabia y el estupor a la alegría y la euforia. No como si creyeran vivir un momento único en la Historia de la Nación pero sí con la comprensión instantánea de que lo que sentían en ese momento no lo habían sentido nunca antes.

Ya fuera porque el ataque de los supuestos constructores se concibió como una provocación para aplastarlos o porque se trataba de un plan de contingencia diseñado de antemano pronto columnas de camiones y jeeps militares marcharon hacia el centro de la ciudad. Los objetivos más obvios eran dos: rodear a los manifestantes y evitar que el resto de la capital se contagiara con aquel estallido de rebeldía. Una vez creado un bolsón de seguridad desembarcó ahí Quientusabes en su sempiterno uniforme de campaña rodeado por decenas de guardaespaldas que lo vitoreaban como si su aparición bastara para resolverlo todo mágicamente. Algo de eso hubo. Muchos de los que minutos atrás andaban entonando cánticos en su contra al verse rodeados por las hordas de constructores-karatecas-policías pasaron del “¡Abajo Fidel!” al “¡Fidel, Fidel, Fidel!” sin otro trámite que obviar el “abajo”.

Eso fue lo único que vio el resto del país al asomarse a la televisión: el Comandante de barba, gorra y uniforme avanzando por un mar de pueblo uniformado y de acólitos disfrazados de pueblo. Eso fue lo que vi en televisión desde otra esquina de la ciudad, en mi primer día de vacaciones, un día distendido que dediqué a bañarme en la playa, jugar fútbol y asistir a un concierto. Al pasar por la sala de mi casa camino del concierto vi Su guerrera verde flotando en el mar de secuaces y pensé que cualquier rebeldía que hubiera estallado en Centro Habana había llegado a su fin. De otra manera no se atrevería a caminar por aquellas calles. Eso debió pensar el resto de los cubanos de la isla. Para eso se trasmitieron esas imágenes: para asegurarse de que no nos hiciéramos la más mínima ilusión sobre los rumores que ya circulaban por el resto de la ciudad y del país.

*Fragmento del libro inédito Nuestra hambre en La Habana

Sunday, July 11, 2021

UN LIBRO PARA “CASTILLÓFILOS”*

Por Carlos Manuel Estefanía

Es usted de las personas que se enamoran de las fortalezas, que las que se fascina ante su grandeza, de la que pasa la mano por sus imponentes muros, como si de ese modo pudiera usted descubrir el relato de héroes y hazañas que entre sus piedras ocultan las paredes. Entonces, no debería pasar por alto: “MONTALEMBERT EN CUBA. LA FORTIFICACIÓN POLIGONAL DEL SIGLO XIX”. Ese es el título de un libro del investigador Antonio Ramos Zúñiga, escrito en el 2019, y publicado en el 2020 por la Asociación Cubana de Amigos de los Castillos. Tiene por ISBN las cifras: 9 7 9 8 7 4 6 0 8 8 9 7 0.

El diseño de cubierta ha sido realizado por Ernesto Valdés. Es la típica obra con la que se deleitaría aquel lector, que, amando la historia, se interesa por lo que sobre ella nos cuenta la arquitectura de una época, en particular esas fortalezas que tanto protegieron a Cuba en su etapa imperial.

Digo “imperial”, porque lo considero un término mucho más apropiado que ese al que nos tuvo acostumbrados, primero la historiografía liberal, luego la marxista: el de “colonial”. Y es que, técnicamente, Cuba no fue una colonia; a lo sumo una capitanía de un virreinato español en América, regido prácticamente por las mismas reglas, que los virreinatos españoles de Europa; con la particularidad de que, en nuestro caso, tocó a los cubanos administrar territorios tan importantes, de lo que hoy son los Estados Unidos, como los que cubren buena parte del Estado de la Florida y el de Luisiana.

Pero volviendo a nuestro libro, en particular su título. Varias cosas debemos preguntarnos antes de leerlo. La primera: quién fue ese tal Montalembert, por qué esa disposición a aceptar las propuestas defensivas del que, a todas luces, era un francés. Y, por último, de qué estamos hablando cuando nos referimos a una “fortificación poligonal”.

Para comenzar diré que Marc-René de Montalembert, como su nombre sugiere, era de nacionalidad francesa. Había nacido el 16 de julio de 1714 en Angulema, y morirá en París, el 29 de marzo de 1800, a la respetable edad de 85 años. Evidentemente el arte de la “matasanería”, no estaba tan desarrollado como en nuestros pandémicos tiempos. Y eso que este Noble, era Marqués, alcanzó el rango de General de división y que participó en la Guerra de sucesión polaca.

Pero quizás lo que más nos interese del personaje sea su condición de ingeniero militar, especializado en fortificaciones y por su puesto su condición de escritor; no tanto como autor de comedias, como de una obra de once volúmenes llamada “La Fortification Perpendiculaire”. Se publicó en París entre 1776 y 1778 y es donde expone su teoría del fuerte poligonal.

Se trata de un tipo de fortificación aparecida a fines del siglo XVIII en Francia y extendida a otras partes de Europa en el siglo XIX, en la que, a diferencia de las fortalezas anteriores, desaparecen los bastiones, pues éstos se habían vuelto muy vulnerables con el desarrollo de las técnicas de sapa y artillería.

Fue precisamente un ingeniero francés; Sébastien Le Prestre de Vauban, quien puso en crisis el sistema de baluartes, al idear el modo de derribarlos. Le Prestre, más conocido como “señor de Vauban”, llegó a ser mariscal de Francia, a pesar de haber nacido en 1633 en un pequeño pueblo de Borgoña y sin grandes contactos sociales. Participó en la empresa militar que le permitió a Luis XIV colocar a su nieto en el trono español, ganándose por esos y otros méritos en afecto del Rey. Tras convertirse en comisario general de Fortificaciones en 1678, Vauban garantizó la protección del reino francés con una red de fortalezas en el noreste del país que mantendrán su utilidad más de un siglo después. Teórico del asedio, Vauban volvió obsoletos los castillos con bastiones colocando contra ellos la artillería en líneas paralelas, cuyos disparos rebotaban hacia el interior del parapeto, dañando así a los hombres y armamentos que allí se protegían.

El caso que la obra del señor de Vauban fue estudiada detalladamente por Montalembert, quien, para evitar a los franceses recibieran, su propia medicina, crea un sistema en contra del atrincheramiento paralelo del enemigo. Está basado en el bombardeo hecho por un gran número de cañones y la sustitución de los baluartes por una suerte de tenazas que generaban una línea defensiva en zigzag. Los cañones se montarían en casamatas de mampostería de varios pisos, como cámaras abovedadas construidas en las murallas de los fuertes.

Ahora bien, para comprender el interés que pudo haber por el pensamiento militar de este hombre en la España de su tiempo, interés que se prolongó hasta casi un siglo después, habría que entender la repercusión a nivel cultural y de saberes que tuvo el ascenso al trono español de la casa Borbón. El hecho ocurrió tras la llamada “Guerra de sucesión española”, iniciada en 1701 como resultado de la muerte, sin descendencia. de Carlos II de España, el último representante de la Casa de Habsburgo.

Fue aquella una verdadera guerra internacional que finalizará formalmente con la firma del Tratado de Utrecht en 1713, y la instauración de la Casa de Borbón en el trono de España. Sin embargo, a nivel peninsular la resistencia de los llamados austrasistas se mantendrá hasta 1715 con la capitulación de Mallorca ante las fuerzas del rey Felipe V, el primer Borbón de España. Su rechazo no fue para menos, desde aquel momento España se convertirá en una especie de nación tutelada por Francia de manera más o menos vergonzante. Aunque a la historia oficial hispanoamericana le cueste reconocerlo.

El país sufrirá una suerte de revolución cultural con la importación de la ideología oficial del despotismo borbónico francés, conocida como “ilustración”, el olvido de todo lo que recordara los logros de la etapa de la Casa de Austria, la auténtica forjadora del imperio.

Esta condición de subordinación de España a Francia se puede advertir sutilmente en los contenidos en lo que se llamó Pactos de Familia (1733-1789); tres acuerdos, firmados en distintas fechas del siglo XVIII, entre los Borbones de España y sus primos en Francia. Dos de ellos se acordaron en la época de Felipe V y el tercero en la de Carlos III. Los pactos tenían un gran componente militar, por ejemplo, el Primer Pacto de Familia, el de mil setecientos treinta y tres, involucra a España en la ya mencionada guerra de Sucesión de Polonia (1733-1738), haciéndola luchar lado de Francia.

El objetivo final era la absorción de España y sus territorios de ultramar por Francia. Eso generará en aquellos últimos una serie de conflictos que al final escalaran hasta degenerar en las guerras de independencias que estallan cuando partes de la burocracia y de la aristocracia peninsular juran fidelidad al rey José I, hermano de Napoleón, el 6 de junio de 1808.

Como ya sabemos de aquellas contiendas independencia solo Cuba y Puerto Rico quedaron como parte del imperio de la América Hispana. El resto de los territorios separados se enzarzaron en sanguinarias guerras intestinas, las cuales facilitaran el crecimiento a su costa de Estados Unidos en el norte del continente y de Brasil en el sur.

Cuba, aún conectada administrativamente con la Madre Patria lo hará en todo lo demás, incluso en sus tendencias arquitectónicas. Es verdad que con la expulsión de Napoleón y los últimos afrancesados la influencia cultural de Francia fue menguando en España en beneficio de otras potencias europeas, particularmente del Imperio Británico, cuyos intereses eran promovidos fundamentalmente a través de logias masónicas que plagaban el ejércitos y la clase política hispanos.

Sin embargo, en lo que respecta a los sistemas de Montalembert, el conocimiento de estos que se tenía en España era muy amplio y se mantuvo intacto, al punto que, combinado con ideas alemanas, influyó en varias generaciones de ingenieros militares españoles, y concretamente en el Plan de Defensa de España de 1855. *

Esto encaja con la tesis sostenida por Ramón Zúñiga en su obra, de que, durante la mayor parte del siglo XIX, Montalembert fuera el referente más importante en los proyectos de defensa de la Habana y en toda la isla.

En la introducción de su libro, Ramos Zúñiga nos recuerda que la condición de “llave del Nuevo Mundo”, dada su centralidad regional y su importancia comercial, luego por el azúcar, y en gran medida por un largo proceso de simbiosis cultural y como los castillos de la Fuerza, el Morro, La Punta, las murallas del siglo XVII, las formidables fortalezas borbónicas La Cabaña, el Príncipe, Atarés y San Diego y decenas de fortificaciones más, testimonian el esmero de la corona por conservar su perla antillana. Así mismo relaciona la perdida de los territorios continentales americanos, con el levantamiento de fortalezas de nuevo tipo, las afamadas poligonales con casamatas, cuyos ingenieros, alguno que otro nacido en Cuba se nos mencionan con rasgos y señales, para gloria de la arquitectura cubana. De igual modo se nos indican las prevenciones militares ante la posibilidad de tener que lidiar con Estados Unidos o y revueltas internas

Por otra parte, también se nos recuerda la llegada a la Habana tanto de tropas expedicionarias procedentes de la Península y como de los restos de los ejércitos repatriados del continente, lo que exigía la necesidad de una mayor infraestructura cuartelaria para la que nunca faltará el presupuesto.

Libro en mano, iremos recorriendo la isla de oriente a occidente parara saber como se fue implementando y modernizando a lo largo de ella y entre 1858 y 1898, los sistemas defensivos y dentro de ellos, particularmente, la fortificación poligonal. El significando que tuvieron en esta evolución tanto los conflictos internos, es decir las diferentes contiendas entre separatistas e integristas como el desafío exterior que significó la declaración de Guerra por parte de Estados Unidos. Todo ello acompañado de magnificas ilustraciones y de una valiosa bibliografía.

Por todo lo anterior me veo en la obligación de recomendar al curioso lector, de Antonio Ramos Zúñiga, “MONTALEMBERT EN CUBA. LA FORTIFICACIÓN POLIGONAL DEL SIGLO XIX, una obra que todo amante de los castillos, de la historia y de nuestra amurallada isla, sabrá disfrutar.

Tuesday, June 29, 2021

Poetas en Nueva York

Por Enrisco

Nueva York siempre ha inspirado a los poetas de lengua española. Es llegar y ponerse a escribir versos. Como si entraran en trance.

No es que sea una ciudad muy poética que digamos. Debe ser el contraste.

Viene el poeta con la cabeza llena de pájaros y le preguntan que a cuánto vende la libra de pájaros.

No sabe qué contestar y lo dejan con la palabra en la boca. Entonces el poeta, desolado, se aplica febrilmente a demostrar que sí tiene algo importante que decir.

Algo así le pasó al primero, el cubano José María Heredia. Llegó a la ciudad el 22 de diciembre de 1823 dispuesto a comérsela viva pero el frío y el inglés lo hicieron huir año y medio después, como el peligro a que lo fusilaran los españoles lo había hecho huir de Cuba.

Pero antes de abandonar Nueva York alcanzó a publicar su primer libro de poesía y un brinquito que se dio a las cataratas del Niágara le inspiró su poema más famoso.

Está el caso de su compatriota José Martí quien durante sus quince años en Nueva York se aburrió de escribir poemas hasta que regresó a Cuba a servirle de tiro al blanco a las tropas españolas.

Ya para entonces Nueva York era el paradigma de la modernidad capitalista que Martí se dio gusto de explicarle al resto de Latinoamérica mientras se quejaba de la falta de espíritu poético de la ciudad.

Estando todavía en la ciudad lo visitó el gran poeta nicaragüense Rubén Darío. Darío acababa de ser designado cónsul de Colombia en Buenos Aires y de alguna manera consiguió convencer al que sacaba los pasajes que el camino más corto a Argentina pasaba por Nueva York y París.

También visitó las cataratas del Niágara pero le parecieron inferiores al poema de Heredia. Más húmedas, supongo. Darío visitó Nueva York dos veces más. En 1907 y en 1914.

La última visita no le fue especialmente agradable. Andaba corto de dinero y encima contrajo neumonía doble.

Archer Huntington, presidente de la Hispanic Society le ofreció dinero pero Darío solo aceptó quinientos dólares y, para mantenerse, escribió artículos para el periódico en español La Prensa.

El New York Times lo anunció como poeta sudamericano y, en venganza Darío describió la ciudad así:

“Casas de cincuenta pisos, Servidumbre de color,/ Millones de circuncisos,/ Máquinas, diarios, avisos,/ Y dolor, dolor, dolor”.

En la primavera de 1905 Darío saldría para Guatemala invitado por su presidente Manuel Estrada Cabrera, un señor que ganaba elecciones y amansaba volcanes por decreto y celebraba festividades a la diosa Minerva para gloria suya.

No es que el poeta apreciara mucho al amansavolcanes pero este prometió encargarse de los gastos de estancia y Darío se marchó de Nueva York sin saber que le quedaba menos de un año de vida.

Al año siguiente llegó a la ciudad el poeta español Juan Ramón Jiménez para casarse con su compatriota Zenobia Camprubí en la iglesia de St. Stephens (en la 69 entre Columbus y Broadway).

No estuvo en la ciudad mucho tiempo pero el viaje le sirvió de pretexto para escribir su Diario de un poeta recién casado en el que lo mismo llama a la ciudad “maravillosa Nueva York” que “el marimacho de las uñas sucias”, whatever it means.

Pero el más famoso de los encuentros poéticos en español con Nueva York fue el de Federico García Lorca entre 1929 y 1930. Más que encuentro fue un choque.

El cantante de los campos verdes y los gitanos multicolores se puso a escribir cosas como:

“Debajo de las multiplicaciones/ hay una gota de sangre de pato; debajo de las divisiones/ hay una gota de sangre de marinero”.

Como si hubiera confundido un tomacorrientes con su tintero y los versos le salieran electrocutados.

Su Poeta en Nueva York no aparecería hasta después de que los franquistas lo usaran de diana y, para desgracia de la poesía, acertaran.

Saturday, June 19, 2021

Entrevista al historiador francés Paul Estrade sobre Severiano De Heredia, cubano alcalde de Paris

Por Roberto Perera

Hoy te quiero hablar de un cubano ilustre del siglo XIX cuya historia y trayectoria no dejan de asombrarme. Se trata de Severiano de Heredia, primo de José Maria Heredia, el poeta romántico cubano, el del Himno del Desterrado y de la Oda al Niágara. ¿Y por qué su biografía es digna de recordar? Pues porque este cubano del siglo XIX llego a ser alcalde de Paris y ministro de la 3ra Republica en Francia. El historiador e hispanista francés Paul Estrade escribió una biografía publicada en español en 2018 por la editorial Boloña de la Oficina del Historiador de La Habana y que se titula: Severiano de Heredia. El mulato cubano alcalde de París. Paul Estrade está con nosotros hoy para hablarnos de Severiano de Heredia... 
Músicas utilizadas: Siboney - de Ernesto Lecuona - Versión live interpretada por Rubén González.



Friday, June 18, 2021

Jorge Luis Camacho. Sinfonía cubana I. Una familia cubana en la tormenta de la revolución. Primer movimiento. “Allegro ma non troppo.”



Por Rafael E. Saumell, Profesor Emérito de Español, Sam Houston State University, Texas.

Sobre la revolución de Fidel Castro se han publicado riadas de libros de todos los géneros, dentro y fuera de la isla. La novela en cuestión podría ser calificada bajo el rubro de “literatura en el exilio”, según la distinción establecida por Claude Cymerman en su ensayo “La literatura hispanoamericana y el exilio” (Revista Iberoamericana, julio-diciembre 1993, núms. 164-65: 523-550). es decir la que se escribe fuera de Cuba y que trata de los avatares ocurridos desde el 1 de enero de 1959 con el derrocamiento de un régimen impuesto mediante un golpe de estado (10 de marzo de 1952), por el general Fulgencio Batista Zaldívar, quien escapó de Cuba en las primeras horas del año en el cual comienza esta obra. Precisamente Cymerman destaca “…que la revolución castrista…ha incurrido en un totalitarismo que ha llevado al exilio a numerosos cubanos y a muchos intelectuales de la isla” (523).

Por ese motivo esencial, el autor radica en París, Francia, desde 1981 donde ha desarrollado una multiplicidad de profesiones: actor, guionista, escritor y músico. Esta última es clave para entender el título del libro y la descripción del ritmo narrativo predominante en la primera parte. Las transformaciones en los destinos de los personajes ocurren de manera acelerada aunque no demasiado, y esos hechos están condicionados por el referente histórico-político sobre el cual no tienen control ni capacidad de reaccionar, exitosamente, para detener sus consecuencias profundas y devastadoras en varios planos: económico, social, político y privado.

En el caso de esta trama y en relación con los personajes, se puede hablar más que de instrumentos materiales (cuerdas, metales, percusión, viento, etc.), de un coro de voces simultáneas dirigidas por el narrador que ordena sus actuaciones en un esquema cabalmente organizado.

¿Quiénes son esas voces? Se trata de los integrantes de la familia Robles-Serra asociados, en tanto que propietarios y comerciantes, con la primera industria nacional, la azucarera, que ha marcado la vida nacional desde finales del siglo XVIII, cuando la revolución de Haití comprometió el lugar cimero, a nivel planetario, que ocupaba esa parte de La Española en la producción de azúcar y café. Los hacendados y su séquito se marcharon a Cuba y allí invirtieron y reprodujeron sus capitales.

Dichas voces tienen nombres: Fernando Andrés, el patriarca, su esposa Sofía, los hijos de ambos Rodrigo y Patricio, Libertad, esposa del primero y madre de Julio, un niño que aparte de sus deberes escolares estudia piano clásico. Con él entran a la novela personajes y elementos de la cultura afrocubana, especialmente en lo tocante a la música popular y a las religiones sincréticas.

¿Cómo se da el referente histórico-político en la novela? Mediante la inserción de breves noticias que informan al lector y a los personajes de las medidas que va implementando el gobierno revolucionario desde su asunción del poder. Ante ellas, los personajes opinan, expresan sus juicios y emociones frente al escenario presurosamente voluble del contexto.

Una virtud de la novela radica en que ni el narrador ni los personajes se manifiestan de manera tendenciosa, un defecto de cierta literatura de agitación política contra el cual se pronunció el mismísimo Friedrich Engels. En una carta a Minna Kautsky, este opinó al respecto: “la tendencia debe surgir de la situación y de la acción mismas, sin que se haga explícitamente referencia a ella, y el poeta no debe dar al lector ya acabada la futura solución de los conflictos sociales que describe”

En otras palabras, el narrador de la Sinfonía ofrece datos y deja que los personajes se rebelen contra lo que les perjudica pero no sermonean a otros ni mucho menos al lector con graves discursos sobre lo que debería hacerse, ellos simplemente actúan dadas las circunstancias expuestas en el texto literario.

También el uso de la cronología de los hechos da una guía temporal y contextual que le sirve al lector para evaluar el comportamiento de los personajes ante cada nueva situación, en qué orden se presentan los acontecimientos y las acciones, qué expectativas se abren en el ámbito de la trama, para revisitar el pasado y observar el comportamiento de individuos y clases involucrados en un ambiente de transformaciones inéditas que se suceden sin pausa y cada vez con mayor impacto y arbitrariedad en el porvenir de una nación.

Recomiendo con mucho entusiasmo esta obra a los lectores de todas las edades y que deseen enriquecer sus valoraciones sobre un régimen aún inestable y en vigor sesenta y dos años después del inicio de la trama comentada.

Disponible en Amazon.

 

Thursday, June 17, 2021

PRESENTACIÓN EN MADRID DE HISTORIA DE LA CENTENARIA BANDA DE CONCIERTOS DE CAIBARIÉN

Por Jesús Díaz Loyola

Su autor, el clarinetista cubano Alberto Rodríguez Acuña, bajo el sello de RoqueLibros nos lega un valioso documento para comprender la raíz de una agrupación que ha hecho de una ciudad cubana, cuna de grandes músicos.
El doctor Rafael Garesse Alarcón, rector de la Universidad Autónoma de Madrid, destacó los valores de una de las bandas de música más antiguas de Cuba que tuvo entre sus primeros directores a un célebre español: el valenciano de Alcoy, Ernesto Jarque Gómez.
Caibarién, un pueblo del norte de Cuba es cuna de grandes músicos como Manuel Corona, que lo ha hecho célebre con «Longina», una de sus canciones más universales. Y lo es también por la Banda de Conciertos de la ciudad, que tuvo entre sus más célebres directores al valenciano Ernesto Jarque Gómez, un emigrado de Alcoy a la isla a principios del siglo XX.
Este martes 8 de junio, el libro sobre la historia de la mítica agrupación, contada con precisión tras muchos años de investigación por el clarinetista, profesor y director de orquesta cubano-español, Alberto Rodríguez Acuña (1950), fue presentado en Madrid en una cuidada edición de RoqueLibros, el sello editorial que en el último año se viene especializando en la promoción de historias de la vida cultural cubana.
Su editor, Juan Carlos Roque García, ha exaltado los valores de identidad de
"Banda de conciertos de Caibarién: Un ícono de la música cubana”, y el esmerado trabajo de investigación de su autor en el volumen de 230 páginas.
En la velada de presentación, el doctor Rafael Garesse Alarcón, rector de la Universidad Autónoma de Madrid, tuvo elogios para el profuso trabajo que Alberto Rodríguez consigue reunir con la historia de más de un siglo de la banda de su pueblo. Y reconoció “una labor de investigación admirable.”
Rodríguez Acuña radicado en España hace más de tres décadas, es hoy por hoy un consumado músico, laureado clarinetista y director de orquesta que atesora una prolífica carrera que tuvo sus emprendimientos a la luz de los años dorados de la Academia de la propia banda ahora hecha historia.
Alberto Rodríguez está considerado como uno de los clarinetistas más representativos del panorama musical europeo. En Praga fue clarinete solista de la Orquesta de la Ópera Mozart y de la Orquesta Sinfónica Bohemia, y cada año figura en el plantel de músicos de los festivales internacionales en la capital checa. Es destacado también por su labor pedagógica en la formación de nuevas generaciones de músicos.
Sus años españoles han sido imprescindibles para completar su historia y la figura particular del valenciano Ernesto Jarque, el prolífico segundo director de la agrupación después que el maestro cubano José Pilar Montalván Raimundo la fundara en 1904.
En marzo último, “Banda de conciertos de Caibarién: Un ícono de la música cubana” (RoqueLibros), llegaba al mercado editorial de Amazon en dos versiones: la impresa y en versión kindle
para ebook

En la presentación del libro en Madrid, además de las exposiciones del autor, se escucharon intervenciones virtuales desde Caibarién, Cuba, por la clarinetista Angela Sañudo Rodríguez, actual directora de la banda y del saxofonista Julio Rodríguez Elí, uno de los músicos más antiguos en la plantilla de la laureada formación, que ya en 1911 cuando la integraban noveles músicos ganó el premio del Concurso Nacional de Bandas bajo la batuta de Jarque con la brillante ejecución de las oberturas “Si yo fuera rey”, de Adams y “Obertura 1812”, de Tchaikovsky. “Todos cuantos oyeron a la simpática Banda en las piezas que tocaron se hacen lenguas de su magistral interpretación”, relataron las crónicas de la época.
Más de un siglo después, el virtuosismo de la historia musical de Caibarién retumbó el martes en el Salón Príncipe de Asturias del Centro Asturiano de Madrid -que acogió la presentación- con la fabulosa interpretación de la épica “Longina” de Corona por la soprano checa-española Eva Novotná y la magistral ejecución del piano por el maestro Alberto Joya.
El director del Centro Asturiano, Valentín Martínez-Otero, agradeció el acontecimiento en la sede de los astures, entre rigurosas medidas preventivas por la pandemia.
El libro de Alberto Rodríguez Acuña quedará como un testamento imperecedero de los años de gloria de la Banda de conciertos de Caibarién, que al otro lado del océano sigue siendo aplaudida como un icono incuestionable, cada vez que el plantel de sus músicos desenfundan sus instrumentos y llenan con su armonía adorable un rincón cubano junto al mar.

Tuesday, June 8, 2021

Emilia Bernal. Antología literaria: verso, prosa y traducción poética

 


Selección e introducción de Manuel J. Santayana Ruiz. Prólogo, edición y notas de Emilio Bernal Labrada.  Colección Pulso Herido, Academia Norteamericana de la Lengua Española. The Country Press, Lakeville, MA, 2020, 302 pp. 

POR GUILLERMO A. BELT

Es una obra de amor, y con razón así la califica  el prólogo a esta antología de los poemas, la prosa y las traducciones literarias de Emilia Bernal. Es también un acto de justicia, porque rescata del prolongado eclipse editorial, señalado por el profesor Manuel Santayana en la Introducción, la muy larga y destacada labor de la viajera de la palabra escrita, como la llamó Luis Mario. Y es, agrego, un elegante recuerdo del temprano interamericanismo de Emilia Bernal, patriota cubana adelantada a su tiempo, tan evidente en su libro Cuestiones cubanas para América, publicado en Madrid en 1928. 

En el Capítulo I leemos poemas procedentes del primer libro de Emilia Bernal, Alma errante, publicado en La Habana en 1916, algunos con traducción al inglés por el editor de la obra, el citado  Bernal Labrada. Siguen los de ¡Como los pájaros! (San José de Costa Rica, 1922), con algunos igualmente traducidos. De entre ellos Santayana ofrece una selección de madrigales y sonetos. 

En 1925 Emilia publica en Madrid Los Nuevos Motivos. El ilustre antólogo nos regala más de una docena de poemas de este libro, y de Evocación al Quijote comparto la primera estrofa, clamor vigente hoy, casi un siglo después: 

 

¡Padre y señor de mi alma, Don Quijote! 

Sobre nosotros tu locura enjuicia 

para que vuelva a enraizar y brote 

en la tierra la flor de la justicia. 

 

También en 1925, y en Madrid, nace Vida. Entre los poemas de este libro hay uno sobre la Alhambra a la luz de la luna, con inspirada traducción (del Bernal Labrada), otro regalo para quienes guardamos recuerdos del patio de los arrayanes. 

Siete poemas selecciona Santayana de Exaltación (Poema sinfónico), publicado tres años después de Vida, de nuevo en Madrid. Teniendo en cuenta el interés de los anglohablantes, también aparece aquí, junto al original de Persecución astral, su versión inglesa. 

En 1934 Emilia Bernal publica en La Habana el libro Negro (Poemas), con una selección de sonetos y una introducción en prosa. Y en 1937 publica América, libro que, nos dice Santayana, fue “dedicado por Emilia Bernal a los países por ella visitados en su largo periplo a través del continente, durante el cual dio conferencias, compuso versos y se relacionó con los más importantes escritores, poetas y entidades culturales de cada país y localidad.” 

El año 1937 fue especialmente fecundo. En el libro Sonetos Emilia reúne, de nueve de sus obras publicadas hasta esa fecha, los poemas pertenecientes a esta categoría. Cinco de los seleccionados para la antología corresponden a Mallorca (Santiago de Chile, 1937) y los restantes a Negro

El Capitulo I cierra con seis poemas transcritos por la Dra. Hilda Bernal Labrada, hija de la poetisa, tomados del libro inédito Lubricán, que Emilia Bernal preparaba en Cuba durante sus últimos años allí, antes de salir al destierro en Washington, D.C. 

La prosa de Emilia Bernal es el tema presentado en el Capítulo II. Los textos proceden de cinco libros: Sentido; Mallorca;Layka Froyka. El romance de cuando yo era niña; La raza negra en Cuba,  Martí por sí mismo. Santayana selecciona los textos de los dos primeros, ambos publicados en Santiago de Chile, ediciones de 1938. La Dra. Hilda Bernal Labrada, fallecida en 1985, había hecho una selección preliminar —con miras a una futura antología— de los contenidos procedentes de la obra autobiográfica, cuya edición príncipe se publicó en Madrid en 1925; los del trabajo precursor sobre la mezcla de razas, que salió a la luz en Santiago de Chile en 1937, y los del libro sobre Martí, publicado por Emilia Bernal en La Habana en 1934, fueron escogidos por el propio antólogo, Manuel Santayana.  

En las cincuenta páginas del Capítulo III se recogen traducciones poéticas de Emilia Bernal, comenzando con las del poeta portugués Anthero de Quental. Seguidamente, las del catalán Joaquim Folguera. De la obra en lengua gallega de Rosalía de Castro, citamos lo siguiente: “Su lira inspiró a Emilia Bernal a traducir una porción considerable de sus entrañables versos…” 

Emilia tradujo en su totalidad el libro Juca Mulato del poeta brasileño Menotti del Picchia, y publicó la traducción en La Habana en 1940 con una introducción de del Picchia, proclamado “Príncipe de los Poetas Brasileiros” en 1982. Asimismo tradujo el libro Martím Cereré del brasileño Cassiano Ricardo. 

Este capitulo, el último, concluye con las traducciones del poeta catalán Ventura Gassol y de los portugueses Eugénio de Castro y Antonio Nobre, éste ya fallecido cuando Emilia Bernal conoció su obra durante su estancia en Portugal. 

Obra de amor, acto de justicia, elegante recuerdo que en su Colección Pulso Herido acoge la Academia Norteamericana de la Lengua Española.