Wednesday, May 3, 2023

De las armas y las letras: Un guerrero y sus memorias XVIII


Por Guillermo A. Belt


Dos semanas después de la creación del Himno Invasor en el potrero de La Matilde, la columna invasora pernocta frente a la Trocha de Júcaro a Morón, línea militar formada por una vía férrea de diecisiete leguas de largo entre dos zanjas orillada por alambradas de siete hilos de altura y protegida por treintitrés fuertes entre sus puntos extremos, el puerto de Júcaro en la costa sur y el de Morón, inmediato a la costa norte, de la que sólo lo separa un pantano y la laguna llamada de Leche por el color de sus aguas. Así la describe Enrique Loynaz del Castillo, autor del himno, en Memorias de la guerra.

Continúa su relato de primera mano: El 29 de Noviembre, el Ejército Invasor, rompiendo las alambradas a machetazos y saltando las zanjas, desplegó su vanguardia junto a la barrera militar y forzando el paso la cruzó bajo los fuegos del fuerte más próximo, La Redonda. El fuerte del otro lado secundó el fuego, sin resultado apreciable porque nuestras fuerzas desfilaron rápidamente y en orden abierto… Con este paso trascendental la Invasión había entrado en una fase nueva de combates continuos y reñidos, después de un recorrido sin resistencia, de cerca de setecientos kilómetros.

El 1 de diciembre el ejército invasor acampa en La Reforma, donde logra impedir un movimiento envolvente por una columna enemiga de mil quinientos hombres al mando del general Suárez Valdés. Cerca del fuerte enemigo de Iguará libra un combate imprevisto que termina con la retirada de las fuerzas españolas para refugiarse en el fuerte, no sin antes causar sensibles bajas a los cubanos, entre ellas la muerte del jefe de la escolta de Maceo, teniente coronel Andrés Hernández.

El 10 de diciembre, luego de pasar cerca del pueblo de Fomento, los generales Gómez y Maceo detienen la marcha y junto con el Estado Mayor y la escolta de cada uno quedan en espera de una información que se les ha anunciado. Al escucharse unos disparos a vanguardia, Maceo ordena al corneta tocar a degüello. Todos se lanzan al galope, con Maceo a la cabeza. Los ayudantes, Loynaz, entre ellos, logran pasarlo para evitar que sea el general quien primero choque con el enemigo. Con tal velocidad llegamos al río que la pequeña barranca de un metro o metro y medio de alto fue saltada por los caballos todos sin vacilar cayendo en las aguas, donde seguramente no daríamos pie, y alcanzando, acero en mano, la opuesta orilla y el playazo ocupado por la fuerza enemiga detrás de unas maniguas.

El enemigo se retira tras intenso intercambio de disparos. Así termina la acción de Casa de Tejas, que hubiera podido, con mayor esfuerzo del enemigo, dejar cortados del camino del ejército invasor a sus más grandes jefes.

El ejército reanuda su marcha hacia Quemados Grandes, donde se halla acampado el general Serafín Sánchez. Al amanecer del 10 de diciembre continúa marchando, siempre al oeste. El 11 acampa en la altura de Boca del Toro. En prolongada espera todo el medio día, a la una y media se dejó ver el enemigo, unos cuatro mil hombres de las tres columnas de Oliver, Manrique de Lara y García Navarro, con dos cañones y alguna caballería…Algunas unidades nuestras de caballería bajaron a hostilizar al enemigo, que al momento inició el fuego por descargas con mucha intensidad. A la vez dos piezas de artillería cañoneaban, aunque sin resultado alguno, nuestra posición: la ocupada por el general Maceo y su Estado Mayor, su escolta y un regimiento de Oriente. Un intento de envolver la altura por nosotros ocupada fue tan prontamente rechazado que no llegó a iniciarse la subida.

En la presentación de Memorias de la guerra, Dulce María Loynaz destaca la capacidad de su padre para “llevarnos a presenciar un combate con el dinamismo de una cinta cinematográfica.” Prueba de su afirmación son los párrafos que transcribo seguidamente.

Nunca presencié tan bello campo de batalla. La inmensa línea de copos de humo, reventando por momentos y ya entrada la noche convertida en zig-zag de resplandores. Arriba las nubes a cada instante iluminadas por los rojizos relámpagos de la artillería y todo era un estruendo sin intermitencias horas tras horas. Allá, en una de nuestras líneas de fuego, tendida en un alto, contemplábamos al obscurecer la silueta de un joven ayudante de Miró – de apellido Cabrera si mal no recuerdo – inquieto el caballo a cada  fogonazo; pero él obstinado y temerario, el brazo extendido y el acero, ante la lluvia de balas. A veces un proyectil de cañón, como incendiada esfera, recorría el espacio.

Acá, en el Estado Mayor, se peleaba, ya a pie, y a caballo. Los ayudantes apuntaban sus fusiles. A un Mauser, en las manos del comandante Miguel Varona del Castillo, en momentos en que lo prestaba al general Maceo, que quiso hacer un disparo, le fue destrozada la caja de madera. El enemigo, que por allí avanzaba, se replegó a tiempo que apagaba el círculo de fuego alrededor de nuestra posición. La noche ponía fin al combate, quedando los dos ejércitos en sus posiciones. Eran las ocho. 

Tuesday, May 2, 2023

Oswaldo Payá: "“I am not going to leave. It is Fidel who must leave.”


INTERVIEW TO DAVID E HOFFMAN BY VICENTE MORIN AGUADO 

By Vicente Morín Aguado.

I met David E. Hoffman* at the splendid Books & Books, Coral Gables, Florida, during the presentation of his recent biography on Oswaldo Payá Sardiñas, emblematic Cuban opponent, Sakharov Prize for Human Rights of the European Parliament, Catholic and promoter of non-violence, who died in the dark and still not clarified circumstances on July 22, 2012, as a result of a car accident.

Exploring the Nashville environment, as a newly arrived Cuban, I discovered another great book store, Barnes & Noble, part of picturesque Hendersonville, and the face of the Cuban martyr reappeared, motivating the following question that the biographer answered:

Carlos Alberto Montaner, perhaps the most widely read in the Spanish language of Cuban journalist has written: “The acts that a liberal classifies in Russia as political crimes, he ignores when they occur in Cuba”. Considering that you have written, and with remarkable success, on the Russian-Soviet subject, do you also suffer this kind of disappointment? 

I think what Carlos Alberto is saying is that when a government anywhere denies people basic rights—to free speech, belief, assembly, press and free enterprise—we should be equally concerned. The lack of rights cannot be ignored in Cuba any more than in Russia or China. Do you know that the 1948 Universal Declaration of Human Rights was written with the help of prominent Cubans, including the jurist Gustavo Gutiérrez, whose thinking about freedom and democracy informed the drafting process? The word “universal” meant that it would apply to all, and we should not forget that in today’s world. No country can simply check out.

This biography has the merit of addressing, between literature, testimony and the historical chronicle, a synthesis of the last 120 years. What did you learn about our past?

What I learned is that, since 1902, there have been waves of Cubans who struggled to establish democracy, clean government, independence and prosperity. They tried but didn’t always succeed. Take a look back at Gutiérrez’s generation, who came of age in the 1920s. They were discouraged by what they saw after two decades of statehood.

There were a series of rebellions – remember the Minoristas and the Veterans and Patriots. This generation was further discouraged by the Machado dictatorship. They discovered a new the visions of Jose Martí, in part through Jorge Mañach’s book, “Martí: Apostle of Freedom.” By 1940, Cubans had come together to write a new Constitution that was the most democratic (and long-winded) in their history. It was followed by 12 years of constitutional transfer of power, although the scourge of corruption lingered, some semblance of democracy existed. The 1940 Constitution contained a small but essential provision allowing for a citizen initiative—for the people to take charge and ask for laws. This provision amazingly remained during Fidel Castro’s revolution. And when Oswaldo Payá began to advance the Varela Project in the late 1990s, it was this provision that allowed him to seek signatures for a citizen initiative. So yes—the waves of change are connected. Unfortunately, there were also waves of repression and falling backwards.

Ignoring sales statistics, personally, tell at least one pleasant and an unpleasant anecdote about the reception of your book.

One of the most pleasant aspects of the reception was our event at Books & Books in Coral Gables, with the Payá family present, and also the Gutiérrez family, and many other people familiar with the story. The most unpleasant by far is the simple fact that Oswaldo Payá is not with us, and he must rely on me and his friends and family to tell the story.

To what extent were the authorities in Cuba hostile with regard to investigating the life of a notorious political opponent like Oswaldo Payá?

The authorities in Cuba have never conducted a thorough investigation into Oswaldo Payá’s death. They charged the driver of the car, Ángel Carromero, with homicide, and put him on trial, and convicted him. But Carromero later said he was forced to give a false confession. At no time did the authorities in Cuba admit that the car carrying Oswaldo Payá was rammed from behind by state security. I hope they will agree to conduct a real investigation and release the autopsy report to the Payá family. That would be a start.

Did you try to go to Cuba as part of your investigation?

Yes, I went to Cuba. I walked the streets where Oswaldo Payá lived and worked. I devoted time to archival research, much of it outside the island. Please look at the endnotes to see the sources. Some of the records of the 1940 constituent assembly are still not public and I was not able to see them (although I asked) but the transcripts of the floor debate are open, and online. I used the extensive literature about the Cuba Republic, and the transcripts of Fidel. Most of the people necessary to interview for the book — those who knew Payá and worked with him — are no longer in Cuba, so I found them elsewhere, including the United States, Spain, Sweden and Germany.

To this day, do you think that your American compatriots understand the drama of the Cuban people?

Yes, I do, and I think the story of Cuba runs deep through the fabric of life in the United States. The story of the revolution and its failings is widely known and, as a reminder, about 300,000 Cubans fled the island over a year’s time. Their flight to exile says a lot about conditions in Cuba, and in the United States, it is impossible to ignore this sad and enduring catastrophe. Those people didn’t take chances on rafts or overland because they were happy and prosperous in Cuba. On their faces today is written the tragic drama of the economic and political failures of the revolution.

Do you can comment on the reception of your book among American politicians? Some important names that can be mentioned.

I really do not like to boast. Oswaldo Payá was not always well understood by politicians in the United States, especially in the exile community, but I think he is better understood now in the US, and his legacy and ideals are highly regarded.

I appreciate your modesty, but may be without mentioning names, I would like to know if there is evidence that this biography is known in the American political sphere.

Well, the book was featured at a number of events in Washington and Miami, including the Cuban Heritage Collection, the National Endowment for Democracy, and excerpts were published in The Washington Post. Honestly, it is hard for me to judge the impact—but I do think Oswaldo Payá is better known and understood in the United States than he was in 2003.

According to your long experience as a journalist, what sensitive aspects could help Cuban journalists opposed to the ruling regime in Cuba, to gain support and sensitivity in U.S. society.

Look, there is no secret to journalism. You ask questions and try to find out what happened. In an open society this is a daily routine, rather like the first coffee of the morning. But in closed societies like Cuba, such questions are prohibited. Why? What is the regime afraid of? So it is harder in a closed environment to ask questions, but journalism is not a crime. Reporting is not treason. But in a dictatorship, it takes a great deal of courage to be a journalist. More power to those who try against the odds.

The historical figure you biographed, is part of a list of political leaders whose preaching and personal nonviolent action, however, led them to be victims of murder. I'm thinking on Luther King or Mahatma Ghandi; is Payá one more of this tragic list?

Sadly, yes. But it is more important to focus on his life, and there you will see he is also a historic figure. I often say he is like Andrei Sakharov, who challenged the totalitarian Soviet state. Sakharov saw the flaws in the Soviet system, and eventually decided to stand up to them. Oswaldo Payá had the same sense of determination, the same moral compass, the same commitment to basic human rights.

Some lesson derived from Paya's life could be a compass for those who formulate policy towards Cuba?

Oswaldo Payá challenged Fidel from within. Once, during the Mariel boatlift, his relatives came and offered to bring him back to Florida. Way back then, Oswaldo said, “I am not going to leave. It is Fidel who must leave.” His point was that change has to come from within in order to be sustainable and legitimate. The 11J protests were a good example of change from within. The future of Cuba is not going to be decided by the United States, nor in the United States. Those who formulate policy toward Cuba should do everything they can that the desire for change from within is taking Cuba to a better future. This means enabling those forces for change.

What can you say to English-speaking people, especially from North America, as a recommendation for them to read Give me Liberty, The true story of Oswaldo Payá and his daring quest for a free Cuba?

Right now, the world seems to be awash in dictatorships. Look at China, Russia, Belarus, Burma. Look at the lack of freedoms even in places like Turkey, Egypt, Cambodia. The rollback of democracy is deeply concerning. The story of Oswaldo Payá is about one man’s effort to cause change in the other direction—to establish rights and democratic governance where there is now a dictatorship. Oswaldo Payá had the inspiration, stamina and vision to carry out this campaign, and I think it is profoundly inspiring, especially at this dark hour in which totalitarianism is returning to the globe.


*David E. Hoffman, journalist, born Palo Alto, CA. 1953. He won three National Journalism Awards during a decade of coverage for The Washington Post from the White House, Reagan administration, and the early days of George Bush Sr. Then he held the head of the Moscow office of such an important American medium for 6 years. His books reflect it this way:

- The Oligarchs: Wealth and Power in the New Russia. (PublicAffairs, 2002), ISBN 978-1-58648-001-1.

-The Dead Hand: The Untold Story of the Cold War Arms Race and its Dangerous Legacy (Doubleday, 2009), ISBN 978-0-385-52437-7 (Premio Pulitzer de 2010).

-The Billion Dollar Spy: A True Story of Cold War Espionage and Betrayal, Nueva York, Doubleday, 2015, ISBN 978-0385537605.

His fourth book motivates the following interview: Give me Liberty, The true story of Oswaldo Payá and his daring quest for a free Cuba. (Simon & Schuster, 2022)

 

 

 

Monday, April 24, 2023

Cartas a Pedro, novela de Janisset Rivero




Por Enrique Del Risco

De las cuatro razones que, según George Orwell, explicaban que alguien se dedicara al suplicio equívoco de la escritura al menos tres son notables en la novela Cartas a Pedro de la autora Janisset Rivero: el entusiasmo estético, el impulso histórico y el propósito político. Sobre todo ese impulso histórico que el escritor inglés definía como “el deseo de ver las cosas como son, de hallar cuál es la verdad, de almacenarla para su buen uso en la posteridad”. Del egoísmo puro y duro -que es la otra motivación fundamental que señala Orwell para escribir- no hablaré pues además de que no conozco lo suficiente a la autora que cualquiera que sea el tamaño de su ego lo ha sabido disimular lo suficiente como para que no se interponga en la lectura de su libro. En esto Rivero parece seguir al autor de 1984 cuando dice que “no se puede escribir nada legible a menos que uno aspire a una anulación constante de la propia personalidad” porque “La buena prosa es como el cristal de una ventana”.

La historia que nos cuenta Janisset es, en su inicio, la de un hombre, Alberto de la Fuente, antiguo ingeniero caído en desgracia por uno de esos traspiés de la decencia en un sistema escrupulosamente corrupto y que en el presente de la novela trabaja como empleado de limpieza en un hospital. Su drama y el de la novela empieza cuando una de las pacientes le pide que le guarde un paquete de cartas por unos días. Desde ese momento Alberto se ve acosado hasta la asfixia por el operativo que ha lanzado la policía política del país para recuperar aquellos documentos. Unas cartas que denuncian pasados crímenes y que amenazan con echar por tierra el cuidadoso borrado de memoria que el poder ha aplicado a uno de los episodios más oscuros de su pasado.

Este es el inicio del dispositivo narrativo que Janisset Rivero, conocida hasta ahora fundamentalmente como poeta y activista por los derechos humanos en Cuba, emplea para explicarnos el infierno particular que le ha tocado a los disidentes cubanos. Un infierno que, como el de Dante, consta de diferentes círculos en los que se ejercen dosis incrementadas del horror acorde con la gravedad de los pecados de desobediencia contra el régimen que se cometan. Es así como el exingeniero Alberto de la Fuente, castigado como auxiliar de limpieza en uno de los círculos más superficiales de aquel infierno, accede, en medio de la persecución que sufre, a las historias de víctimas recluidas en círculos más profundos y terribles: son las odiseas particulares de miembros de la resistencia bajo continua persecución, de familiares y seres allegados de los presos políticos y hasta de los propios presos. Las cartas que protege Alberto de la policía fueron las que años atrás escribiera Sarah, la mujer que se las dio a cuidar, a su entonces novio, el líder de la resistencia Pedro Luis Bencomo, muerto en una huelga de hambre con la que exigía el respeto de los derechos de los prisioneros.

La historia de un preso líder de la resistencia llamado Pedro Luis Bencomo que muere tras una huelga de hambre hace que cualquier lector medianamente enterado piense en el caso de Pedro Luis Boitel. Boitel fue un prisionero político anticastrista muerto tras 53 días de huelga de hambre el 25 de mayo de 1972, al año siguiente de haber cumplido la condena de diez años sin que lo liberaran. Pero a pesar de que el Bencomo de la novela Cartas a Pedro comparte no pocas características con Boitel -desde haber luchado contra la dictadura anterior hasta las elecciones que protagonizó por el liderazgo universitario contra el candidato oficial del castrismo- la autora insiste en no ubicar ni el lugar ni el tiempo en que se desarrolla la historia. Y sin embargo esta y otras referencias permitirían ubicar los acontecimientos que narra en Cuba entre la década del setenta y la del noventa.

Según nos informa el escritor William Navarrete en su prólogo a Cartas a Pedro “Janisset Rivero no ha deseado enfocar la historia en un contexto específico, a sabiendas que lo que ha sucedido en Cuba, su país natal, puede reproducirse, y de hecho se reproduce ya, en otros países del continente americano”. La novela, pues, se nos presenta como una distopía, o sea, una sociedad ficticia y terrible cuando en realidad puede reconocerse en ella hasta en los detalles más nimios la cotidianidad cubana. Porque lo que para otros lectores podría parecer distópico para el lector cubano se trata de puro costumbrismo. Tanta es la precisión con que describe Rivero su mundo “ficticio” que muchas veces se puede intuir hasta el barrio habanero en el que transcurren algunos de sus episodios.

Y aquí me van a permitir una breve digresión. Mientras leía las primeras páginas de este mundo “ficticio” que me era tan fácil de reconocer me pareció identificar una incongruencia. Es a la altura de la página 31 donde dice. “Era una tarde hermosa de mayo, hacía exactamente un año. El cementerio de la ciudad era inmenso y antiguo. Lena había estado varias veces allí, buscaba una tumba. Aquél día había conseguido al fin que un empleado del cementerio le diera los datos del lugar donde se encontraba”. Justo en ese momento detuve la lectura: había encontrado una inexactitud. Porque yo, que trabajé durante unos tres años como historiador de aquel cementerio conocí al empleado del archivo encargado de dar la ubicación de las tumbas. Jaime se llamaba. Precisamente en mi libro Nuestra hambre en La Habana lo describo

Muy blanco, rechoncho, bajo y calvo. Y sudoroso a pesar de que el archivo, por rarísima deferencia a la conservación de los papeles que alojaba, era favorecido por un sistema de aire acondicionado. Jaime estaba entre los pocos justos que —con independencia de su rango oficial— hacían funcionar aquel mundo en medio del caos que era cualquier institución cubana. De los pocos que entendían la función de cada una de las rutinas administrativas que se habían establecido desde siempre.

Y en un país donde prácticamente nada funciona excepto quizás la vigilancia, Jaime con sus viejos hábitos republicanos, era la eficiencia misma a la hora de facilitar la ubicación de las tumbas. Solo que unas líneas después descubro que Janisset ha sido -una vez más- exacta en su narración del ambiente pues la tumba que busca Lena, su personaje, es la de Pedro Luis Bencomo, el Boitel de ese mundo paralelo. Y recordé que cuando trabajaba en el archivo del cementerio puse nervioso a Jaime la vez que me dio por interesarme en ciertos mapas. Dichos planos correspondían a la zona del cementerio donde enterraban a los ejecutados por el régimen, tumbas que se preocupaban por mantener en secreto, aunque abarcaban una parte considerable de la necrópolis. Fue entonces que Jaime me contó de la vez que dio la dirección de la tumba de Pedro Luis Boitel a unas personas que se la pidieron: el pobre archivero del cementerio había terminado detenido durante semanas junto a los que se habían interesado por la tumba de Boitel. Desde entonces tenía mucho cuidado en no dar la dirección del mártir perseguido más allá de la muerte. Tal era el miedo que seguía inspirando la sombra de Boitel en la propia dictadura que lo había empujado a la muerte.

Hoy Boitel es recordado por un número creciente de compatriotas, aunque siguen siendo muchos a quienes el ocultamiento del pasado llevado a cabo durante décadas les ha impedido conocer la biografía de este y otros héroes de la reciente historia cubana. Seres cuyas vidas son un testimonio de que hubo quienes, pese al efecto devastador del régimen sobre la voluntad y la memoria del pueblo, se supieron sobreponer al miedo y la apatía para enfrentarse a sus verdugos. Cartas a Pedro sería un drama histórico si la historia no se siguiera repitiendo en Cuba y en otros países del continente. En el caso cubano mil cuarentaicinco personas permanecen desde hace 650 días en prisión por el único delito de manifestarse pacíficamente en contra del gobierno que ha secuestrado sus derechos por 64 años.

Cartas a Pedro no se trata sin embargo de un simple libro de denuncia. Como dije al principio, tres de los cuatro motivos que señalaba Orwell para escribir son bastante evidentes a lo largo de la historia. Porque Janisset Rivero no solo ha puesto su novela al servicio de un propósito político, o sea, el de “propiciar que el mundo avance en una dirección determinada” que en este caso es de la libertad y la democracia para su país y para otros caídos bajo regímenes parecidos; o al servicio del impulso histórico para preservar una realidad que durante décadas nos han querido ocultar. También a Janisset la domina en Cartas a Pedro el entusiasmo estético que la hace buscar belleza en los lugares más sorprendentes y terribles y de compartir su placer “ante el impacto de un sonido u otro, ante la firmeza de una buena prosa, ante el ritmo de un buen relato”. Ese entusiasmo estético es lo que hace que Cartas a Pedro no se detenga en la simple denuncia y convierta este peregrinaje por el horror totalitario en una trepidante novela de suspenso donde la policía es una dedicada agente del Mal y sus perseguidos, acosados y arrinconados, pero todavía capaces de amar, son la única oportunidad que le queda al Bien en aquella pobre isla.

 

De las armas y las letras: Un guerrero y sus memorias XVII

Por Guillermo A. Belt

El Consejo de Gobierno, presidido por el marqués de Santa Lucía, llega a la sabana de los Mangos de Baraguá donde Antonio Maceo ha concentrado a más de tres mil hombres para recibir a las autoridades civiles. El comandante Enrique Loynaz del Castillo, ahora miembro del Estado Mayor del general Maceo, describe el encuentro en su libro, Memorias de la guerra.

El general Maceo había formado en dos larguísimas filas, de más de un kilómetro, aquellas tropas bien armadas, y a la cabeza de ellas, bajo un pabellón de banderas, desenvainados los sables y presentadas las armas, adelantóse, erguido en blanco corcel y sombrero en mano, a recibir al Presidente del Consejo de Gobierno. Largo fue el abrazo de los Caudillos esclarecidos, Maceo y Cisneros, que cuando todo se hundía en el Zanjón, ellos, Maceo y Cisneros, en Baraguá y en la Cámara de Representantes, encendieron dos candelabros de gloria junto al cadáver de la República.

Maceo aprovecha el poco tiempo en Baraguá para perfeccionar la organización del Ejército Invasor, y el 22 de octubre de 1895 inicia la marcha a Occidente. Eran tres mil hombres. Delante tenían que avanzar entre doscientos mil soldados españoles.

El 7 y 8 de noviembre se dan los primeros combates de la invasión, en el campo de Guaramaná y en el Labado, respectivamente. En este último Maceo manda a formar a su Estado Mayor y su escolta. Loynaz del Castillo pide permiso para ir a la línea de fuego al mando del general José Manuel Capote, veterano de la Guerra de los Diez Años. Recorre a caballo la línea de infantes tendidos sobre un cañaveral recién cortado. En este como en el primer combate triunfan las fuerzas cubanas y el enemigo se retira.

Cuando terminó el combate ya tenía un nuevo y generoso amigo, que no tardó mucho en enviarme de regalo un caballo. Así logró Loynaz reponer el caballo enteramente cojo debido a las largas marchas, por el que Maceo le había llamado la atención cuando pasó frente a él, con palabras que años después recordaba nuestro autor:

Un jefe en un día de combate se desluce, se pone en ridículo. A las que respondió Loynaz: General, se desluce el caballo, el jinete nunca; le ruego me permita ir a la línea de fuego.

Una semana después veremos a Loynaz escribiendo la letra y tarareando la melodía del Himno Invasor. Copio a continuación lo publicado en este mismo blog en noviembre de 2020 dado que lo dicho por Loynaz del Castillo en su conferencia de 1943, citada textualmente, coincide con lo recogido en Memorias de la guerra.

Aniversario del Himno Invasor



Por Guillermo A. Belt

Es un viernes, al caer de la tarde del 15 de noviembre. Han pasado tres semanas desde el comienzo de la invasión en las sabanas de Baraguá aquel 22 de octubre de 1895, y una desde que las fuerzas de caballería aumentaron a 1,300 jinetes al ingresar a Camagüey, tras el cruce del Jobabo, límite con Oriente.

Las avanzadas vuelven con la noticia de haber encontrado una finca próxima. Se llama La Matilde, y ya tiene su historia de guerra, que los mambises conocen, sin saber que le tocará ser sede de otra más. Fue propiedad del padre de Amalia Simoni, y en ella vivió, dando a luz a su primer hijo, aquella camagüeyana que, arrestada por las tropas españolas durante la Guerra de los Diez Años y conminada a escribir a su esposo, el Mayor General Ignacio Agramonte, pidiéndole abandonar la lucha, contestó: “Primero me dejo cortar una mano antes que escribirle a mi esposo para que sea un traidor.”

Antonio Maceo decide acampar allí y lo hace en una arboleda de la finca, junto con su Estado Mayor, cediendo la casa al Consejo de Gobierno que lo acompaña en la marcha hacia Occidente. En medio de los preparativos del caso, se observa que en las paredes de la casa hay palabras ofensivas para los mambises, evidentemente escritas por los soldados españoles que habían ocupado la vivienda con anterioridad. Y en una ventana, unos versos, bajo la bandera española.

En este punto del relato, tengo el honor de dar la palabra al General de Brigada del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo.[i]

"A nadie habíasele ocurrido crear un himno para la tremenda campaña que iba a decidir la suerte de la Patria. Por mera casualidad, fue ocurrencia mía. El Ejército Invasor, al mando del general Maceo, acampó, en compañía de las fuerzas camagüeyanas, comandadas por el general José María Rodríguez (Mayía), en el gran potrero La Matilde, propiedad que fue del doctor Simoni, padre de dos admirables cubanas, Matilde, esposa del general Eduardo Agramonte Piña, y Amalia, la romántica y adorada compañera del general Ignacio Agramonte. Era el 15 de noviembre de 1895.

Respetuoso, en grado sumo, el general Maceo del Gobierno Civil de la República, asignó para alojamiento al Presidente Salvador Cisneros Betancourt, ilustre Marqués de Santa Lucía, y al Consejo de Gobierno por él presidido, la magnífica casa de vivienda de La Matilde, y él acampó en la arboleda inmediata, junto a los establos, en los que instaló su numeroso y brillante Estado Mayor, a las órdenes del ilustre general José Miró Argenter, y en cuyo alto Cuerpo, donde sabias enseñanzas recibíanse con la presencia del vencedor de Peralejo, y ejemplos temerarios, tuve uno de los más preciados privilegios de mi vida, la compañía de los otros ayudantes, Hugo Robert, Manuel Piedra, herido en la Batalla de Mal Tiempo y en otros campos de batalla, Miguel Varona, Emilio Bacardí, Peregrín Carulla, Mariano Sánchez Vaillant, Perucho Aguilera, Pérez Carbó, Pedro Echavarría, los Sauvanell, los hermanos Pilot, los hermanos Llorens, los hermanos Ivonet, los hermanos Mariano y Ramón Corona, Juan Maspons Franco, Alberto Boix, Rafael Ferrer, Adolfo Peña, Carlos Pastor, Arturo Bolívar, A. Sagebien, Salvador Pastor, Alfredo Jústiz, Ascensio y Armando Gómez, Rafael Peña y J. Muñoz y el insigne Carlos González Clavet , todos ellos, o muertos o heridos por la Patria. Aunque de las fuerzas, estaban siempre con nosotros alegrando el campamento, con sus dichos, los que fueron luego brillantes generales, entonces temerarios oficiales, Calixto García Enamorado, José Lara Miret, que tiene doce balazos por la libertad, Ángel Guardia, Enrique Céspedes, los Duchase y otros del heroico ejército oriental. Con nosotros, siempre deleitándonos con su ameno trato, el entonces teniente coronel Mario Menocal y los miembros del Consejo de Gobierno, Santiago García Cañizares, Rafael Portuondo, Severo Piña y José Clemente Vivanco.
Algunos amigos, apenas acampados, recorríamos la casa de La Matilde, y de paso alguna raspadura obteníamos de los miembros del Gobierno allí alojados.
Vimos en las paredes del edificio no pocos insultos que nos dejó el enemigo, allí acampado hasta nuestra aproximación, en vez de esperarnos para combatir. En una ventana, blanca y azul, algo distinto leímos: unos bellos versos, bajo el dibujo de una pirámide, coronada por española bandera. Quiso borrarla un compañero: me opuse y lo convencí de que las letras y las artes, bajo cualquier bandera, son patrimonio universal, ajeno a los conflictos de los hombres.
En ese momento, sobre la otra hoja de la misma ventana, pinté la adorada bandera de Cuba, y bajo su glorioso palio escribí estos versos, que me esfuerzo en recordar con la exactitud posible a casi medio siglo de distancia:

¡A las Villas valientes cubanos:
A Occidente nos manda el deber
De la Patria a arrojar los tiranos
¡A la carga: a morir o vencer!

De Martí la memoria adorada
nuestras vidas ofrenda al honor
y nos guía la fúlgida espada
de Maceo, el Caudillo Invasor.

Alzó Gómez su acero de gloria,
y trazada la ruta triunfal,
cada marcha será una victoria:
la victoria del Bien sobre el Mal.

¡Orientales heroicos, al frente:
Camagüey legendaria avanzad:
¡Villareños de honor, a Occidente,
por la Patria, por la Libertad!

De la guerra la antorcha sublime
en pavesas convierta el hogar;
porque Cuba se acaba, o redime,
incendiada de un mar a otro mar.

A la carga escuadrones volemos,
Que a degüello el clarín ordenó,
los machetes furiosos alcemos,
¡Muera el vil que a la Patria ultrajó!


Alguna que otra estrofa, innecesaria, escrita en aquella ventana, fue por mí suprimida, o modificada durante la campaña, por no avivar innecesarios odios.

En aquel ambiente patrio, caldeado al rojo, los versos de la Invasión, como en seguida los llamaron, fueron como reguero de pólvora…
La gran casa se colmó de oficiales y soldados que sacaban copias y agotaban el papel y la amabilidad del Gobierno. El Presidente Cisneros decidió mudarse. “No podemos con este gentío, trabajar. Tu himno nos desaloja”. ¡El himno estaba consagrado!
Aquel exitazo inesperado me animó a buscarle melodía apropiada al verso. Horas y horas de solitarios ensayos, fijaron en mi memoria la melodía, altiva y enardecedora.

Enseguida me dirigí al general Maceo, mi compañero de cuarto y de peligros, en Costa Rica: “General, aquí le traigo un himno de guerra, que merecerá el gran nombre de usted: déjemelo tararear”.
“Pues bien”, me respondió el General. Y a medida que yo canturriaba los versos, la mirada se le animaba. Al terminar, en la estrofa evocadora de las trompetas de carga, puso sobre mi cabeza su mano mutilada por la gloria…
“Magnífico –dijo–. Yo no sé de música, para mí es un ruido, pero ésta me gusta. Será el Himno Invasor; sí, quítele mi nombre, y recorrerá en triunfo la República…”. Luego agregó: “Véame a Dositeo, para que mañana temprano lo ensaye la Banda”. “General –objeté– tiene que ser ahora mismo, porque mañana se me habrá olvidado esta tonada, como me ha pasado con otras”. “Pues bien, vaya ahora mismo y traiga a Dositeo”.
Era el capitán Dositeo Aguilera, el jefe de la pequeña banda del Ejército Invasor: agradable, inteligente y acogedor.

“Lo he llamado –le dijo el general– para que la Banda toque un himno de guerra, que le va a cantar el comandante Loynaz. Váyanse por ahí y siéntense en alguna piedra, donde nadie los moleste; trabajen, hasta que la Banda toque exactamente el Himno Invasor. Apúreme eso”.
En dos taburetes Dositeo y yo nos pusimos al trabajo. Apenas media hora habría, a mi juicio, transcurrido, y ya estaba completa en el pentagrama la melodía, que le fui tarareando en sus tres variaciones armónicas.
La volvió a tararear leyendo sus notas. La celebró, pero agregó: “No se me contraríe si le hago una pequeña corrección…”.

Interrumpí: “El General dijo que exactamente…”. “Sí, pero ni el General, ni usted saben nada de música. Con las notas de este primer compás, no hay voz que llegue a los últimos. Y un himno se hace para el canto. Así en voz baja, únicamente, puede usted tararearlo. La corrección es poca cosa, bajar el primer compás.
Déjeme esto a mí, que necesito ahora mismo empezar el verdadero trabajo, instrumentar esto: y con la prisa que quiere el General”.

Así nació, hace un siglo y cuarto, el Himno Invasor. Nadie mejor para contarlo que su autor, veterano de más de 60 combates, y de todos los de la invasión: La Reforma, Boca del Toro, El Quirro, Mal Tiempo, Santa Isabel, La Colmena, Coliseo, La Entrada, Calimete y El Estante. Y poeta, con inspiraciones musicales, por si fuera poco.


[i] Conferencia del General Loynaz del Castillo a la Sociedad de Artes y Letras Cubanas, en los salones de la Benemérita Casa de Maternidad y Beneficencia, La Habana, 12 de febrero de 1943.

Thursday, April 20, 2023

Lourdes Gil en la memoria

 

Por Felipe Lázaro

La muerte de la poeta cubana Lourdes Gil (La Habana, 1950 - Nueva York, 2023) me ha golpeado de manera rotunda. Falleció el pasado domingo 16 de abril en la Gran Manzana.

La conocí -personalmente-  en Nueva York, durante mi asistencia al evento OUTSIDE CUBA en Rutgers University (1989) y la posterior participación de Betania en la Feria del Libro Latinoamericano (1990 y 1991) organizada por la Universidad de Nueva York; aunque hacía años que nos escribíamos, quizás desde finales de la década de los años 70. Además,  recibía con puntualidad las revistas literarias cubanas Románica y Lyra, (fundada y dirigida por Lourdes y su inseparable amiga Iraida Iturralde) de las que era asiduo lector.

Desde entonces, han sido muchos años de amistad y de admiración, de mutuos proyectos literarios; siendo Lourdes una de las primeras poetas cubanas que publicaron en Betania.

En 1989, nuestra casa editora publicó su poemario Blanca Aldaba Preludia y  seleccioné poemas suyos para varios proyectos antológicos de mi autoría, como: Poetas Cubanos en Nueva York (1988) con prólogo del profesor José Olivio Jiménez, la antología bilingüe (Español/Inglés) Poetas cubanas en Nueva York / Cuban Women Poets in New York (1991) con prólogo de Perla Rozencvaig,  Poesía Cubana: La Isla Entera (1995) en colaboración con Bladimir Zamora y la antología crítica Indómitas al sol. Cinco poetas cubanas de Nueva York (2011) con prólogo de Odette Alonso Yodú y ensayos de Elena M. Martínez, Perla Rozencvaig y Mabel Cuesta, en coedición con el Centro Cultural Cubano de Nueva York.

Como un sencillo homenaje a su memoria, y a su obra poética, ofrecemos unos breves versos de su cosecha.

3 poemas de Lourdes Gil

Los escribanos (su oficio)

Primero yacen.
Luego se yerguen, inguinales.
Sobre eslabones incendiarios saltan
tocan, mas sus plantas esquivan los rescoldos.
No se entregan.
Componen el ritual sombrío y milenario
desde sus ojos de ciruela
tienden el pálpito en la horma.
Ellos son otros.
Para sí y para otros producen alfabetos
de punzadura cuneiforme en Braille.
¿Quién los lee?
La noche los sorprende siempre apretados a la tierra
laminando hirvientes de corojos
las palabras.
Añaden nudo sobre nudo al corazón
y van escalonando perdices enjugadas
en vino aromático a clavo y canela.
Finalmente
posan junto a la herética panoplia de sus versos
desprendidos de bolso y cabellera
como lo exige la tonsura.
Adosan los salobres lagrimales
desnudos ante la soldadesca
esa hostil esgrimadora de panojas.
Más todo lo devora un píloro secreto:
La Parusía, que engulle el escenario
las metáforas, las brevas
y disipa
la vorágine rotativa de la Tierra.

Finisterre

Quería preguntarte
si existen túneles entre las estrellas
si en tu noche total hay lapsos que engullen los relámpagos
si ves tábanos de luz.

Quería decirte que amanece
aunque te has ido
y que el asta violeta de Amaltea
hiere mi lengua embadurnándola
de mosto, sal caliente, hambre de dos.

Quería preguntarte, sobre todo,
si te alcanzó el diluvio de las piedras
el caos febril, la despedida,
la locura de Pound que ambos supimos era falsa.
Quería saber si tus oídos
abren su vuelo ante la curvatura del espacio
si alguna música te llega (Bach más que nada)
si te perturba el anillamiento de las aves.

Quería preguntarte tantas cosas.
Si sabes que el amor imita tus delirios
trastorna el orden de la vida, sus deleites
y en vano enciende cábalas y pozos y simientes.

Quería, finalmente, preguntarte
cómo haces
para que siempre seduzcan verbo y poesía
si desde donde ahora en libertad padeces
ver cómo se desliza tu barro incandescente
por las cálidas combas de mis manos.

La extranjera

a Amalia Peláez
y a Carmen, por supuesto.

Cada día se asoma a su jardín
de pájaros y helechos,
ensarta el reino
de lo visible a lo invisible.
Cada día fosforecen las ausencias
la ciudad se hace más dulce y mas distante.
Cada día es invierno y primavera
cada día es guerra y pacto venturoso.
Más allá del patio y los vitrales
trituran su mural.
Cada día Amelia se sumerge
en el raído mimbre de su silla.
Allá afuera
llueve a torrentes y triunfan las urracas.


Con la muerte de Lourdes Gil, otro poeta cubano muere en el exilio, lejos de la patria. Este año cumplía sus 62 años de destierro...

DESCANSA EN PAZ, amiga Lourdes...

------------------------------------------------------------------------
Lourdes Gil (1951-2023). Poeta, escritora y profesora cubana. Salió de Cuba en 1961 a los once años de edad.  Estudió Lengua y Literatura Hispánica en la Universidad de Fordham, en la Universidad Complutense de Madrid y en New York University, donde se doctoró   Codirigió (junto a Iraida Iturralde) las revistas literarias Románica (1975-1982) Lyra (1987-1990).
Obtuvo dos veces la Beca Cintas (1979 y 1991). Desde 2001 perteneció a la Junta Directiva del Centro Cultural Cubano de Nueva York, donde dirigió los Programa de Literatura y de Estudios Martianos.  Durante años fue profesora en Baruch College.

PoesíaNeumas (1977), Manuscrito de la niña ausente (1980) Vencido el fuego de la especie (1983), Blanca aldaba preludia (1989), Empieza la ciudad (1993), El cerco de las transfiguraciones (1996) y Anima vagula (2014).

Ensayo: Paisaje extrainsular, Bipolaridad de la cultura cubana. Ponencias del Primer Encuentro de Escritores de dentro y fuera de Cuba (Suecia, 1994) y Viajes por las zonas templadas: arte y literatura cubanos de la extrainsularidad (inédito).

Tuesday, April 18, 2023

De las armas y las letras: Un guerrero y sus memorias XVI

 Por Guillermo A. Belt

 

El primer importante acuerdo del Consejo de Gobierno fue trasladarse al Cuartel General de Maceo para recibir el juramento del Ejército de Oriente y obtener las impresiones de su Caudillo relativas a la trascendental campaña de la Invasión de Occidente, cuyo intento no era un secreto para nadie.

El 22 de septiembre de 1895 el presidente del gobierno recién instalado le comunica al General en Jefe Máximo Gómez el objetivo y urgencia de esta visita, nos cuenta Loynaz del Castillo en sus Memorias de la guerra, y Gómez responde con tanta eficiencia que ese mismo día se efectúa la primera jornada, acampando en La Cabeza, y luego continúa la marcha por varios días. En resumen, citando nuevamente al autor, El Consejo de Gobierno, convenientemente escoltado, atravesó sin novedad alguna los territorios de Las Tunas y Holguín, en dirección a la histórica sabana de los Mangos de Baraguá a donde le citara el general Maceo.

Loynaz se separa de la marcha para cumplir un encargo del presidente del Consejo de Gobierno. Tras cruzar el Cauto a nado por la pérdida de uno de los caballos, llega a Dos Ríos el 10 de octubre, reconoce el sitio de la muerte del Apóstol, señalado por el capitán y prefecto José Rosalía Pacheco, fanático adorador de Martí, levanta un acta y conforme a las instrucciones del presidente Cisneros la encerré en una media botella y la enterré bajo la cruz (preparada por Pacheco). Luego se adelanta por las márgenes del Cauto en camino al campamento de Maceo.

Recordemos que Loynaz y Maceo no se veían desde el atentado al general en Costa Rica, en el cual Loynaz mató al hombre que le disparó por la espalda a Maceo, evitando que lo rematara. Ahora, el reencuentro, descrito por Enrique Loynaz del Castillo:

Una mañana me dio el alto un centinela. Era la avanzada del general Maceo, en el campamento de Canasta. Informado el general de mi presencia en la avanzada, montó a caballo con algunos ayudantes para venir a mi encuentro. Al mutuo divisarnos, pie a tierra, corrimos a encontrarnos;un largo abrazo, nuevos abrazos; apenas podíamos hablar; juntos fuimos al campamento.

Esa misma noche se produciría un desencuentro entre el heroico guerrero y su joven admirador. Son bien conocidas las diferencias entre José Martí y Antonio Maceo sobre los poderes civil y militar durante la guerra, y afloran en el relato que hace Loynaz en su libro.  En este resumen recojo el incidente, sin comentarios, tal como lo recordó Loynaz.

A la hora de la cena me convidó – primera y única vez – el general Maceo. De sobremesa, a la luz de una vela de cera, con todo el Estado Mayor alrededor de nosotros, recordábamos el General y yo nuestra vida de Costa Rica, la expedición de Fernandina y las penosas marchas de los expedicionarios de Maceo luego de desembarcar en Duaba. Como era natural, hablamos de Martí; porque mi mente saturaba estaba de las emociones sentidas en la visita al campo de Dos Ríos, expresé mi angustia por la suerte futura de la República, privada de su artífice, sabio, austero y glorioso. El General me interrumpió:”Sí, es verdad que Martí era un gran abogado…¨

Sorprendido, interrumpí a mi vez a Maceo: ¨No, General, no un gran abogado. Martí es el primer estadista de América; es la cumbre del patriotismo y la posteridad ha de venerarlo como el libertador de la Patria; porque sin él, General, ni usted, ni Gómez, ni nadie hubiera podido reanudar la guerra, abandonada en el fracaso de 1885; porque sin dinero, sin respaldo de crédito entre las emigraciones decepcionadas, ninguna expedición trascendente podría haberse montado…Martí galvanizó al pueblo cubano, puso a trabajar para la Revolución los talleres del exilio, unió – corazón a corazón – a todos los desunidos: a usted con Máximo Gómez, a usted con Flor Crombet y con Serafín Sánchez; él levantó los corazones y echó a andar la Revolución.

Era el general Maceo hombre tan comedido y sereno que oyó hasta el final, sin interrumpirlas, estas justas observaciones. Cuando las terminé, púsose de pie y dijo: ¨Bueno, señores, ya es tarde; se ha tocado silencio y vamos a descansar.¨ Después, en el camino a nuestro rancho, me decía el colombiano, teniente coronel Gustavo Ortega: ¨Mi amigo, ¿que usted no es psicólogo? ¿que no veía usted la cara del general Maceo mientras hacía usted la apología de Martí? Mi amigo, esta noche ha jugado usted a esa carta su carrera militar y la ha perdido.¨

Concluye así Loynaz, ascendido a comandante después de la tertulia de aquella noche en el campamento de Canasta:

No sé. Es posible que tuviera razón el patriota colombiano; en aquella sobremesa me jugué y perdí el inicio de mi carrera militar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fallece Lourdes Gil*

El Centro Cultural Cubano de Nueva York se viste de luto y comunica con profundo dolor y tristeza el fallecimiento ayer, domingo 16 de abril, 2023, de Lourdes Gil. Prestigiosa intelectual, brillante poeta y ensayista, destacada profesora universitaria, martiana cabal y entrañable amiga

Natural de La Habana, Cuba, desde niña mostró cualidades de escritora, talento que siguió acendrándose durante sus años de estudiante en el Colegio del Apostolado y luego en high-school en los Estados Unidos tras abandonar la Isla en 1961 como parte del éxodo infantil Pedro Pan. Estudió literatura en St. Peter’s College, la Universitad Complutense de Madrid, New York University y Fordham University. Por más de dos décadas se desempeñó como profesora de Historia y Cultura Latinoamericana en Baruch College de la City University of New York, donde se estableció una beca en su nombre en reconocimiento a su larga y distinguida carrera académica. Co-dirigió las revistas literarias Romanica (1975-1982) y Lyra (1987-1990).

Su poesía ha sido ampliamente antalogada y sus ensayos sobre el arte y la literatura de la diáspora han sido incluidos en numerosas revistas y enciclopedias. Es autora de varias colecciones de poesía, incluyendo Neumas (1977), Manuscrito de la niña ausente (1979), Vencido el fuego de la especie (1983), Blanca aldaba preludia (1989), Empieza la ciudad (1993), El cerco de las transfiguraciones (1996) y Anima Vágula (2014); el libro de ensayos Viaje por las zonas templadas: arte y literatura cubanos de la extrainsularidad (de próxima aparición); y varios poemarios y colecciones de ensayos, aún inéditos. Su obra ha sido galardonada dos veces por la Beca Cintas, así como por otros premios literarios, incluyendo becas de la Ford Foundation y la Geraldine R. Dodge Foundation, y residencias como escritora invitada de Poetry Society of America, Virginia Center for the Creative Arts, Casa de Andrés Bello en Caracas, Venezuela, la US-Japan Foundation y otros reconocimientos.
 
Durante años sostuvo una larga colaboración con el Centro Cultural Cubano de Nueva York, donde desempeñó una labor invaluable como frecuente conferenciante, miembro de su junta directiva, asesora en los congresos anuales y directora del Programa de Literatura y del Programa de Estudios Martianos hasta 2021.
 
Falleció colmada de amor, junto a su adorado hijo, Gabriel Rodríguez, y rodeada de queridos amigos y estudiantes. Nuestro corazón se encoge con su partida, pero el mundo se ensancha con su huella. Que Dios la tenga en su Gloria.

Compartimos, en su honor, uno de sus poemas más recientes:
 
Lluvia de piedras
 
Los que ya no están me acompañan:
los de la sangre y el espíritu.
Hablan entre sí, cuchichean.
Desatan febriles mis entuertos,
me reconcilian con las plagas y el elíseo.
Trazan caminos que nunca he transitado,
los senderos ocultos a donde no llega el sol.
Vías secretas de señales telúricas,
árboles imponentes, majestades sonoras.
 
Se enrojece el cielo de la madrugada,
 
recupero la risa,
el silencio,
la divina gracia.

*Nota emitida por el Centro Cultural Cubano de Nueva York
 
 

Sunday, April 16, 2023

Morir de Isla y vivir de Exilios*

 

Octavio de la Suaré, Luis de la Paz y Héctor Santiago

Por Octavio Delasuaree**

                 

La reciente publicación del libro de cuentos, Morir de Isla y vivir de Exilios, del conocido dramaturgo y narrador Héctor Santiago, atrae la atención de inmediato con su muy sugestivo y apropiado título, y en especial, para todos aquellos que han sido forzados a abandonar el rincón natal y tratar de rehacer su vida en un lugar diferente, problemática común de nuestros tiempos modernos.

De su autor, Héctor Santiago, queremos primordialmente destacar que nació en La Habana y entre sus muchas credenciales cuenta con ser un distinguido dramaturgo, narrador, pintor, director escénico, actor, bailarín, coreógrafo y titiritero. Entre sus aportaciones dramáticas se incluyen El último vuelo de la paloma, Balada para tres muñecos tristes y Las noches de Madame Fru-frú. También tiene una novela a su haber llamada La memoria del agua y el don de poder expresarse clara y líricamente.

Para todo lector interesado en los drásticos cambios que han ocurrido en Cuba durante más de medio siglo, en estas narraciones Uds. hallarán un estudio abarcador y detallado del despotismo establecido contra su ciudadanía a partir de 1962 con la Declaración de La Habana. Este es a la vez un testimonio muy poderoso, emparentado con el ya clásico El presidio político en Cuba de José Martí, sobre los excesos de la tiranía, llámese Weyler o Castro, y sus inhumanos campos de concentración o UMAP.

Este volumen que estudiamos está compuesto de treinta y cuatro historias y se halla dividido en dos secciones. La primera es la más extensa y se concentra en lo que significa el mal vivir bajo un régimen totalitario, o como se lee en el rótulo, “Morir de Isla”, y, paradójicamente, a la vez estar forzado a abandonarla.

La segunda parte trata de la adaptación de un exiliado cubano que tiene que rehacer su vida en los Estados Unidos, sin poseer nada, mientras soñaba a diario con el posible regreso a la isla. Y como ya señalara un clásico que había sufrido similar separación del terruño querido: “La peor carga es existir sin poder vivir”, o dicho de otra forma, “Vivir de Exilios”.

Como el tiempo de que disponemos es limitado no podremos comentar sobre las 34 historias incluidas, así que hemos seleccionado solo 3 porque resumen vívidamente los avatares sufridos por todos sus personajes.

Pudiéramos seleccionar, por ejemplo, “Sin título”, sagaz ejemplo de la literatura del silencio ya señalada por Milan Kundera, donde se examina la denuncia del totalitarismo con solo 7 palabras y 3 números”: “Aquí se ha aplicado la Ley revolucionaria 349”. Punto. Con ella se alude al Decreto 349 de 2018 que restringe la libertad de creación. O sea, que ya no se puede escribir nada contra el castrismo, y ahora tampoco se permite pensar contra él.

Por supuesto, que todos tenemos en mente la Inquisición contra reformista en España y sabemos muy bien cómo terminó esa injusticia. De igual forma, tenemos “La última noche que NO pasé contigo”, donde el escritor hace alarde de su buen sentido del humor al presentar la función cultural de las posadas de barrio, escape para los obstáculos a los que están sometidos en la actualidad la pareja de enamorados. Cuando por fin logran estar solos caen rendidos de agotamiento del ajetreo constante por el que han sido sometidos. Y a la vez están conscientes de que hay no momento disponible para disfrutar su privacidad y así salen corriendo como bólidos para regresar a sus respetivos hogares sin siquiera besarse. Tal parece que el amar en Cuba tampoco es permitido.

O tal vez pudiéramos concentrarnos en el irónico “Sueños de agua”, sobre la famélica y desesperada familia que emprende la fuga de la isla soñando con la libertad de Miami y terminan todos sus miembros por servir de alimento a los tiburones al romperse su improvisada balsa.

En resumen, los dos asuntos principales de esta importante obra son, en primer lugar, la vigorosa denuncia contra los abusos del gobierno castrista contra sus ciudadanos, como los crímenes del pasado 11 de julio atestiguan. En segundo lugar, el firme propósito del artista por destrozar caducos y falsos mitos que aún persisten en la sociedad. Pasemos a revisarlos.

El primer cuento que elegimos es “¡Virgencita, que no me persigan las tataguas!”, en donde se describe una verdadera historia de amor, honor y responsabilidad, que tiene lugar bajo las más espantosas condiciones en que los seres humanos puedan hallarse. El relato comienza con la viuda del protagonista y su pequeña hija en el aeropuerto, preparándose para abandonar el país instigadas por el comité del barrio para apropiarse de su codiciada vivienda. El consternado esposo había sido forzado a alzarse contra las injusticias del despótico régimen y había sido fusilado. Resalta en esta escena inicial cómo ambas son objeto de una minuciosa pesquisa por parte de los esbirros de la aduana que hasta incluye hurgar en las partes privadas de las personas, y hasta en los niños. Mientras espera, la protagonista rememora la última visita al cementerio donde se suponía que se encontraban los restos de su esposo, siempre vigiladas en el trayecto de ida y vuelta por los vecinos o chivatos del barrio. Esta imagen le ofrece a nuestro innovador la oportunidad para introducir la nota simbólica en la historia, o sea, el poético empleo de las tataguas.

En breve, la leyenda sobre las tataguas narra que, en Cienfuegos, cuando los aborígenes la habitaban, una bella joven llamada Aipirí era la admiración de todos ya que bailaba y cantaba como nadie en todas las fiestas de su tribu. Un día, Aipirí encontró el amor en un joven siboney, se casaron y fundaron una familia de seis hijos. Al principio la joven se pasaba el día con su familia, pero un día se aburrió de todo y quiso volver a su vida de joven soltera y sin compromisos. Comentó a faltar a su casa y a dejar a sus hijos solos. Fue así que Mabuya, señor del mal, cansado de oír a los niños llorar y temiendo que, cuando crecieran, fueran tan impíos y crueles como él, en un rapto de ira los transformó en matas venenosas, arbustos de guao cuyas resinas y hojas producen al contacto llagas e hinchazones. Si Mabuya castigó en los hijos la falta de la madre, el espíritu del bien castigó a la causante del daño, transformando an Aipirí en tatagua, mariposa nocturna de cuerpo grueso y alas cortas conocida también como mariposa bruja. Según la leyenda, en Cuba se considera la visita de la tatagua como un presagio de muerte o el anuncio de un evento desagradable.


Sin embargo, como destaca el artista y está consciente el lector, la situación de Irma, la madre, en esta exposición, es por completo a la inversa, pues nuestra protagonista vive enamorada de su fallecido esposo, siempre cumple con sus responsabilidades y protege a su pequeña hija de la sociedad atemorizada, mecánica y de las tataguas o chivatos del barrio que las rodean. En este caso, el lector disfruta de la ironía de hallarnos ante un buen presagio, ya que madre e hija lograrán en breve escaparse de aquella pesadilla.

En esta narración observamos por igual cómo el autor hace alarde de un sinfín de recursos literarios como la ironía para enfatizar su empatía con las virtudes de los alienados y perseguidos, entre los que resaltan el símil (“Como un árbol desgajado comenzaron a irse los familiares y amigos”), la hipérbole (“El interrogatorio duró un mes”, “…usaban los tampones como bancos para sacar dólares y joyas”), la prosopopeya (“Ya que Palmarito, la villa, era sordomuda”, “se quejaba la tristeza de las cruces sin rezos”), el uso de letras simbólicas (“LCB: “La lucha contra Batista”, primero, “La lucha contra Bandidos”, ahora; “La Esfinge de Piedra); las repeticiones (“A ratos comprobando de reojo que ella y su sombra seguían allí…Seguía allí…Seguía allí…”); el tremendismo de Camilo José Cela mientras desenterraba y limpiaba los huesos del que creía había sido su esposo…; las clásicas canciones de Carlos Borges (Bodas negras), Rafael Hernández (Ahora seremos felices) y Agustín Lara (Noche de ronda), el cambio cronológico del presente al pasado y viceversa; los neologismos; los epítetos (“Las Villas La Cómplice”, “José, el Rápido”, “La Habana, La Horrenda”); el uso de símbolos numéricos (el # 9, el día en que madre e hija visitan el cementerio del esposo muerto, simboliza el idealismo, aquellos que vienen a ayudar; y en la numerología pitagórica el 9 simboliza el cierre de un ciclo y el comienzo de otro), repetición de verbos activos en asíndeton (“¡Que saltara, se agachara, abriera las nalgas y la labia!”), la historia de la fundación de Palmarito (“Don Gaspar de Suazo Campuzano, el fundador, un 18 de marzo del 1792, Año del Señor”), metáforas con anáfora (“El nueve de una mañana sin risas, el nueve cuando los ojos entreabrían miedosos las puertas y ventanas para verlas pasar…, el nueve que las volvía invisibles…); paradoja (“Sin mirar a los que aparentaban no mirarlas…”), metáforas con metonimias (“Los pasos de sus lutos”, “quitarles la identidad”, “afeitarse el pasado”, “imponiéndoles la nueva piel”); imágenes (“Partidos en dos,), “ella
podía irse sin ellos, él sin ellas, los dos sin la niña que necesitaba el permiso de Estado”), contrastes (“vendieron lo mucho pudiendo arreglarse con lo poco…”), sinécdoque (“Avivando las envidias que después se vestirían de verde olivo”, “Le vio los ojos inundados de verde, lomas, ríos…”); los anónimos reveladores (“José está enterrado en Palmarito en El Escambray. ¡Queme esta nota!”);
onomatopeya y aliteración en una sola palabra:(¡Siquitrilladoscontrarevolucionariosvende patriagusanos!), etc.

El segundo relato que nos interesa destacar es “En el país de los 
Patagones”, crítica acerba de todo el tiempo que han sufrido de pie las madres cubanas debido al racionamiento de alimentos que sufre la isla, donde ya no se produce casi nada. Si en el primer cuento se percibe la ironía en la horripilante realidad que enfrenta un matrimonio bajo el comunismo, en este segundo, el escritor emplea el sarcasmo para denunciar el sufrimiento de las madres cubanas en el símbolo de las colas o interminables filas de espera en busca de algún alimento para su familia, obligadas a mantenerse de pie horas
tras horas viendo cómo se le deforman las extremidades. Y la alegoría de La Charada China o bolita cubana le viene de perillas en esta narración.

La Bolita o Charada es el juego de azar más popular en Cuba y la mayoría de los jugadores busca experiencias místicas u oníricas que asumen como revelaciones y las transforman en códigos numéricos. Como Uds. saben, la Bolita o Charada Cubana es una tabla de números consecutivos del uno al cien, se juega desde 1873 bajo todos los gobiernos y en la década del ’90 se disparó otra vez su popularidad y se juega hasta la época actual. Las tele-emisoras de
onda corta, como Telemundo, Radio Martí, La Poderosa, Cash3 y Play4 de la lotería de la Florida contribuyen a su éxito.

Con un estilo informal y a la vez poético, nos encontramos aquí por igual con otra extensa variedad de técnicas literarias explicativas de las diversas y extenuantes circunstancias por las que pasan los personajes, entre las que resaltan, en primer lugar, el lacerante sarcasmo (“Acariciándole los pies a la recién nacida, recordó el dicho: ¡Puede dormir de pie!, ¡Ciento nueve elefante!, “Trajo la estampa de San Luis Bertrán, el Médico del Espacio, con su oración…”, “Por los caminos del racionamiento de esas cuotas extras dependía la familia convirtiéndolos en privilegiados”); asimismo la hipérbole (“Su esposo Manito tenía la culpa por no haber alcanzado la meta de cincuenta frijoles por persona que sus jefes pregonaron y también de la vagancia de los pollos tardíos con los huevos”; “la cuota extra del pedazo de carne recibida por estar embarazada que sus trucos cocineros alargarían como si fuera una pierna de ternera”, “Según su cuenta- pensaba-… más o menos…Trescientos sesenta y
tantos días durante veintitrés años…¡Car…amba! ¡Eran once mil trescientos quince días de colas!”); epítetos (“Oriente La Infernal”, “La Isla Maldita”); metáforas (“Las colas eran su droga”, “Eran analfabetos de un mundo numerado”, “En el zoológico colero saber identificar el bestiario: las mandamases, las chusmas, las guapetonas, las pandilleras, las coladas, las estoicas y mudas Señoras rezagos de las República, la gusano sin miedo que se quejaba, la del trueque de direcciones de dónde comprar en bolsa negra, la que había presentado la salida del país, etc.”); los símiles (“como una grulla
pasando el cansancio de una pierna a la otra”, “las pataditas del bebé en la embarazada eran como si desde adentro la embistieran con un ariete”); prosopopeya (“Adaptada a la mordida del sol “, “Llegó el aceite a la bodega”); anáfora (“Dividida entre la hija y la colera, la madre y la colera, la esposa y la colera“); repetición de verbos acelerando la narración: (“El oficio de colera implicaba conocer sus técnicas: evitar la más mínima crítica, escuchar sorda los chismes, hablar y hablar para pasar la espera, el leve eco criticando sin criticar, culpando cualquier cosa menos a los que había que culpar”), etc.

Por supuesto, no podía faltar el buen humor del artífice que lo reserva para el meollo de la crónica en la numerología de la bolita y con especial atención a las necesidades y a la falta de alimentos para sobrevivir. Así se observa en la lotería del gobierno para la repartición de víveres: “Del cuarenta y tres (alacrán) al noventa y seis (mosquito grande)”,-ninguno sirve para comer; “Del cincuenta (policía), por si se protesta, al ochenta (médico)”, por los golpes de la represión policial; “La fatiga y el cansancio de las colas quebraron su cuerpo: “Se le hinchaban las piernas”, ¡Dieciséis (Funerales), “Le craqueaban las rodillas”. ¡Ciento doce! (mujer mala)”, “Las varices trazaban sus caminos”, ¡Cuarenta y nueve! (borracho), “Los pies se le desparramaban hinchándose” ¡Ciento veinte! (orinal), “Exprimiéndole la cintura ¡Doscientos nueve! (lengua), “Golpeándole los riñones” ¡Seis! (Jicotea, botella), (“Apuñalándole la espalda” 53 (Tragedia), Encorvándole los hombros 17 (Opio), “Agarrotándole el cuello”120 (cañón), etc.

“Por menores de diez años –continúa Santiago--, la cuota de carne para sus hijas Mariskel y Xanabris -comprendidas en el grupo del 15 al 25, o sea, entre el 15, perro (¿para comer?) y el 25, piedra fina o tomar sol, tampoco ningún alimento apetecible. El cuarto de pollo por la úlcera de Manito su esposo -del 41 (prisión o lagartija, a escoger) al 75, cine, para entretener el estómago con una película, o viento, o sea, nada.). El pedazo de hígado extra por la vejez de Petra su madre -del 76, humo, al 98, entierro. En resumen, “noche de banquete, gracias a la maternidad, la infancia, la dolencia y la vejez”, pero a la vez comenta sarcásticamente el artista: “Por los caminos del racionamiento de esas cuotas extras, dependía la familia convirtiéndolos en privilegiados…”. O sea, volvemos a la lucha de clases, se divide y se conquista, los privilegiados comen, el pueblo, no.

“Las colas eran su droga, le adormecían la conciencia, funcionaba por pura sobrevivencia, en un estado de hibernación que le permitía estar sin estar, adaptada a la mordida del sol con sus sudores, sacándole malos olores, sin anhelar la simpleza de una sombrilla, una silla portátil, un vaso de agua fría, un café que la revitalizara…Ocurriéndosele que si premiaban y homenajeaban a los Héroes Nacionales del Trabajo, ¿por qué no lo hacían con las Heroínas Nacionales de las Colas? ...

El tercer relato escogido de esta primera sección se titula “Ícaro”, y como su nombre indica a las claras, se refiere a la espectacular fuga de dos adolescentes escondidos en el recinto de las ruedas de un avión que volaba de La Habana a Madrid, huyendo atormentados de la prisión en que se ha convertido la isla de Cuba. Mas otra vez nuestro artista hace alarde de las muchas armas que utiliza en su afán por tergiversar el significado de los mitos y leyendas establecidos. El castigo del personaje mitológico que voló demasiado cerca del sol y como consecuencia se le derritió la cera que enlazaba y sostenía sus improvisadas alas fue el resultado de su complacencia y de su arrogancia por no querer escuchar los consejos de su padre. Sin embargo, en el caso de los dos jóvenes cubanos que emprenden esa insólita y peligrosa fuga, nuestro autor explica con lujo de detalles que en esta oportunidad los motivos de fuga se debieron al aburrimiento que los abrumaba y a la desesperación que sufrían por no hallar una solución posible a su trancado porvenir. Es más, en ningún momento hicieron a nadie partícipe de sus planes ni desoyeron consejo alguno tampoco. Y si por desgracia Jorge Pérez Blanco, de 16 años, pagó la heroica osadía con su vida a los escasos 16 años de vida, por otro lado, Armando Socarrás Ramírez, un año mayor que aquél, logró cantar victoria al lograr aterrizar en Madrid en el vuelo 904 de Iberia el 4 de junio de 1969, maltrecho, pero vivo. No fue menos que un milagro, indiscutiblemente, ya que de los 113 casos documentados de fuga similar entre 1947 y junio del 2015, todos ellos varones y menores de 30 años, 86 jóvenes perdieron la vida con un promedio de 76 por cierto fallecidos.

Después han seguido una multitud de casos con diversos resultados y no hace mucho tiempo 2 militares aterrizaron en Cayo Hueso con un planeador modificado al que le habían instalado un pequeño motor para así atravesar las 90 millas que separan Cuba de Cayo Hueso.

El ensayista detalla por igual algunos de los procedimientos utilizados en el relato que incluyen, entre otros, el cambio cronológico (el cuento comienza con los 2 jóvenes ya dentro del recinto de las ruedas del avión, y continúa con la preparación de la fuga); canciones populares (La paloma, de Rafael Alberti); paradojas (“participen en la vigilancia o los vigilamos”, “convertidos en unos jóvenes viejos”, “El que traía a los de tercera: los gusanos, que lo habían pagado de primera”); metáforas (“polizontes del ciento”, “los relojes al margen del poder estaban confiscados”, “Ellas les contagiaron con las bilis del mal vivir”); anáfora (“Y como nada se ansía tanto como lo que nos niegan, más que todo porque quien lo niega no lo explica, tanto más porque no logran convencernos, muchísimo más porque deseamos ser nosotros quien nos concedamos o neguemos las experiencias…”); epítetos (“La Habana La Espantosa”), y muchos más.

Por último, algunas de las características sobresalientes de la obra de Héctor Santiago necesarias de mencionar son su conocimiento de la mayoría de los conceptos y de las técnicas empleadas en el momento no solo en la dramaturgia, que es su especialidad, sino a la vez en la narrativa y hasta en poesía. En esta ficción, que como se ve desde ahora no solo contiene fábula, se observan cambio de voces en una misma narración, hincapié en múltiples individuos y en sus intenciones mientras se evitan los personajes reveladores y el narrador omnipresente, hay también acciones complejas que varían de escenario, atributos generales en los diferentes tipos de sujetos, pero con marcadas variaciones de región, empleo de simbólicas canciones populares, énfasis no en el resultado sino más bien en el por qué y sus causas, y muchas otras más. Y por, supuesto, todo con una estructura simple y abierta.

En resumen, esta destacada obra de arte de Héctor Santiago es una sonante denuncia de los desmanes cometidos por el gobierno castro comunista contra sus ciudadanos, un firme propósito de deshacer mitos ya en desuso, y todo escrito con una admirable y enérgica prosa de la mejor estirpe martiana.

*Santiago, Héctor. Morir de Isla y vivir de Exilios. Miami, FL: Editorial el ateje, 2021, 306 páginas.

 **Profesor Emérito William Paterson University 

Este trabajo fue leído en la Biblioteca Pública, West New York, NJ, el 15 de april 15, 2023