Tuesday, November 1, 2022

Historia del origen de los nombres de La Habana (intramuros)

Por Emilio Roig de Leuchsenring


INTRAMUROS

AGUACATE

Se dió a esta calle dicho nombre por un frondoso árbol de aguacate que existió en la huerta del antiguo convento de Belén, donde precisamente termina la vía. Afirma José María de la Torre que ese aguacate fue cortado en 1837 y que él vio un atril hecho con la madera de este árbol. Antes se nombró calle Del Aguacate de Belén. Por acuerdo número 74, de 16 de diciembre de 1921, aprobado el 29, el Ayuntamiento varió el nombre de Aguacate por Perfecto Lacoste, como homenaje a la memoria del primer alcalde de la Ciudad, al cesar la soberanía española y, quien, además, prestó valiosísimos servicios a la causa de la independencia. De acuerdo con la Base 1a , proponemos restituirle el nombre primitivo de AGUACATE. El nombre de Perfecto Lacoste recomendamos se traslade a una de las calles transversales a la calzada de Ayestarán, en el Reparto Ensanche de El Vedado.

AMARGURA

Debe su nombre a que en la cuaresma salía por las tardes del Calvario existente en el lugar donde hoy se halla la iglesia del Cristo, y establecido por la Orden Franciscana, una pasión, representando la Vía Crucis. De esta costumbre religiosa se conserva aún en la esquina de Amargura y Mercaderes una Cruz Verde de piedra, semejante a otras varias que había en la calle para cada estación. Se denominó antes De la Cruz Verde, y las cuadras entre las calles de Villegas y Compostela, De las Piadosas Mujeres, por unas beatas, Da Josefa y Da Petrona Urrutia, que los viernes alumbraban un Custodio que tenían, y también porque la cruz existente en la esquina de Aguacate y Compostela correspondía a la estación de las mujeres piadosas que salieron a consolar a Jesús. El Ayuntamiento, por acuerdo número 74, de 16 de diciembre de 1921, aprobado el 29, cambió el nombre de Amargura por el de Marta Abreu, en homenaje a la memoria de la ilustre patriota y benefactora de la revolución del 95, fallecida en París, el 2 de enero de 1909. De acuerdo con la Base 1a , proponemos la restitución del nombre de AMARGURA. El nombre de Marta Abreu sugerimos se traslade a una de las calles transversales a la Calzada de Ayestarán, del Reparto Ensanche de El Vedado.

BERNAZA

Tomó su nombre de José Bernaza que tenía en ella una gran panadería. Desde Lamparilla a Muralla se llamó antes Del Ejido, porque allí tan sólo había una parte del ejido de la ciudad. Desde el Cristo hasta la Plaza de Monserrate se conoció por Del Caído, por un hombre que cayó del techo de una de sus casas. Por acuerdo número 700, de 17 de abril de 1912, aprobado el 21, el Ayuntamiento sustituyó el nombre de Bernaza, por Plácido, como homenaje a la memoria del poeta Gabriel de la Concepción Valdés, conocido por aquel seudónimo. Aunque la Comisión de Historia, Ornato y Urbanismo acordó en 1928, dejarle el nombre de Plácido, “en consideración a que en el número 4 de esta calle nació dicho poeta”, nosotros, teniendo en cuenta que ni se sabe, ni se ha podido averiguar, ni hay prueba alguna para sostener la veracidad de ese hecho, y de acuerdo con la Base 1a , proponemos se le restituya el nombre antiguo y por el que hoy es unánimemente conocida, de BERNAZA. Recomendamos que el nombre de Plácido, sea trasladado a una de las nuevas calles innominadas del Reparto Ensanche de El Vedado.

BOMBA

Según José María de la Torre, se denominó así por una bomba que durante el sitio de La Habana por los ingleses cayó en una de sus casas que se encontraba llena de milicianos, y habiendo reventado, no mató a nadie. Pero Manuel Pérez Beato afirma que es lo cierto que a la terminación de esta calle, donde está el parquecito nombrado De Jerez, existió un polvorín del que en un plano de principios del siglo XVIII, se decía: “Almacén de pólvora a prueba de bomba”. Se denominó con anterioridad Del Padre Sánchez, por el sacerdote de este nombre, apoderado del Hospital de Paula, que allí vivía; Del Vigía del Morro, por el vecino D. Francisco Evia, que tenía este cargo; Cerrada de Santa Catalina; De la Pólvora; y, por último, Del Progreso, nombre que tuvo rápida aceptación por haber estado antes habitada por mujeres públicas y ocurrir en la misma frecuentes escándalos y riñas. Por acuerdo número 154, de 8 de enero de 1923, el Ayuntamiento dio a esta calle y a su continuación la de San Juan de Dios, el nombre de Julio de Cárdenas, como tributo al ex-alcalde municipal que el 13 de diciembre de 1922 murió en la casa número 57 de la calle de Habana, esquina a San Juan de Dios, en cuyo lugar se ha fijado una lápida conmemorativa. De acuerdo con la Base 1a , proponemos que esta calle y 1a de San Juan de Dios se denominen: SAN JUAN DE DIOS.



EJIDO

Antiguamente estuvo ocupada por la muralla y las puertas de la misma De Tierra, Del Arsenal y Puerta Cerrada. Allí comenzaban los ejidos de la ciudad. Por disposición del Ayuntamiento tuvieron en este lugar su residencia muchos de los cabildos de nación de los esclavos africanos. En 20 de noviembre de 1918 tomó el Ayuntamiento el acuerdo número 17, aprobado el 26, haciendo extensivo a esta calle el nombre de Avenida de Bélgica, que en 20 de octubre se había dado a la calle de Monserrate. Por tratarse de una nación amiga, a cuyo lado estuvo Cuba durante la Guerra Mundial, proponemos se conserve para esta calle y para su continuación la de Monserrate, el nombre de AVENIDA DE BÉLGICA.

EMPEDRADO

De lo Empedrado o Del Empedrado se denominó antes, por haber sido la primera calle que se empedró en La Habana con chinas pelonas, según Manuel Pérez Beato con anterioridad al año 1641, quien atribuye el haberse elegido esta calle para iniciar tal clase de pavimentación, a la gran corriente de aguas que por la misma bajaba en tiempo de lluvias. Al comienzo de la calle estuvo La Pescadería. El Ayuntamiento, por acuerdo 114, de 18 de mayo de 1921, aprobado el 25, varió el nombre de la calle por General Riva, como tributo al general Armando J. de la Riva, veterano de la guerra de independencia y ex-jefe de la Policía de La Habana, muerto trágicamente en el Paseo de Martí, el 9 de julio de 1913. De acuerdo con la Base 1a , proponemos la restitución del nombre tradicional de EMPEDRADO.

ENNA

En honor del militar español Segundo Cabo de la Isla, en tiempos del gobernador José de la Concha, general Manuel Enna, quien murió el 18 de agostó de 1851, de resultas de las heridas recibidas en la acción del Cafetal de Frías, combatiendo contra el general venezolano, y uno de los precursores de nuestra independencia, Narciso López. Se llamó antes El boquete de la Seiba, por encontrarse junto a la ceiba debajo de la cual consideran algunos historiadores, aunque sin fundamentos para probarlo, se dijo la primera misa. No puede ser más acertado el cambio de nombre de esta calle, que se realizó por acuerdo del Ayuntamiento de 3 de abril de 1904, por el de NARCISO LÓPEZ, por lo que proponemos se conserve esta denominación actual, de acuerdo con la Base 2a .

LAMPARILLA

Según José María de la Torre, por una lamparilla que un devoto de las Animas encendía todas las noches en su casa, esquina a la calle de Habana. Hoy se denomina Pedro Pérez, debido a acuerdo número 134, de 8 de enero de 1923, aprobado el día 9, como homenaje a este ilustre ciudadano que recogió y guardó durante la revolución los restos del general Antonio Maceo y su ayudante Panchito Gómez Toro. Proponemos que de acuerdo con la Base 1a , se le restituya el nombre de LAMPARILLA, y sea trasladado el nombre de Pedro Pérez a una de las calles paralelas a la Calzada de Ayestarán en el Reparto Ensanche de El Vedado.

MONSERRATE

Se denominó así por la Ermita de Monserrate, que existía en la plazuela de las puertas de la muralla, de este nombre, fundada según José María de la Torre, en 1695, destruída en 1836 y reedificada en extramuros en 1844. El Ayuntamiento, por acuerdo número 390, de 20 de octubre de 1918, aprobado el 4 de noviembre, acordó dar a esta calle el nombre de Avenida Bélgica. Según dejamos expuesto al hablar de la calle de Ejido, por tratarse de una nación amiga, proponemos se continúe denominando esta calle y su prolongación la de Ejido con el nombre de AVENIDA DE BÉLGICA.

MURALLA

Según José María de la Torre, ya desde 1691 se conocía esta calle con el nombre De la Muralla, “porque siendo la principal para salida de la ciudad para el campo (como antes se llamaba calle Real) se abrió en ella en 1721 la puerta de la Real Muralla”. En 1763, según expusimos en otro lugar, se le dió el nombre de Ricla por el conde de este nombre, primer gobernador español después que abandonaron La Habana las autoridades y fuerzas inglesas de ocupación militar. Sus dos primeras manzanas se denominaron calle de la Cuna, porque a la cuadra comprendida entre la Plaza Vieja y la, calle de los Oficios se trasladó en 1710 la Casa-Cuna. La esquina de esta calle con la del Aguacate se llamó de las Jimaguas, por unas gemelas que allí nacieron y vivieron; la de San Ignacio, Tienda del Agua de Cebada, por una expenduría que allí existió de esta popular bebida de La Habana del siglo XVIII. Aunque su nombre oficial se remonta a los tiempos coloniales, no habiéndosele cambiado después del cese de la dominación española, el pueblo, tanto ayer como hoy, la ha conocido y denominado siempre, Muralla, por lo que juzgamos que de acuerdo con la Base 1a debe restituírsele el nombre primitivo de MURALLA.

OBISPO

José María de la Torre atribuye el origen de esta calle a que acostumbraba frecuentarla en sus paseos el obispo D. Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, que vivía en la calle de Los Oficios número 94, donde murió. Pero Manuel Pérez Beato afirma que es más antigua la causa, y que se debe a que el obispo Fray Jerónimo de Lara vivía por los años de 1641 en esta calle, esquina a la de Compostela. Se llamó antes Del Obispo. En 8 de febrero de 1897 el Ayuntamiento acordó unánimemente cambiarle el nombre por el de Weyler, que en esa fecha gobernaba despótica y sanguinariamente la Isla, y “colocar en el salón de sesiones el retrato de este ilustre gobernante”. Al ocurrir en1898 la evacuación española, el pueblo de La Habana arrancó y destruyó las tarjetas que ostentaban el nombre de Weyler en esta calle. Ya en la época republicana, el Ayuntamiento, por acuerdo de 27 de marzo de 1905, le dió el nombre, que hoy ostenta, de Pi y Margall, en homenaje al defensor entusiasta y constante, en España, durante nuestras luchas emancipadoras, de los derechos y libertades de Cuba. De acuerdo con la Base 1a , proponemos se restituya a esta calle el nombre de OBISPO, y se dé el nombre de Pi y Margall al trozo del Malecón comprendido desde la Plaza del Maine hasta la calle G de El Vedado. También nos permitimos sugerir la realización del proyecto que en 1928 tuvo la Comisión de Historia, Ornato y Urbanismo de erigir en esta ciudad un busto o monumento a tan esclarecido repúblico, que demuestre el agradecimiento de los cubanos a ese político y gobernante español defensor de nuestra independencia.



OFICIOS

Porque desde la Plaza de San Francisco hasta la de Armas se encontraba llena de menestrales; y era en 1584, según ya vimos, la más importante de las cuatro calles de que entonces contaba La Habana, y en ella estuvo, frente a la Plaza de San Francisco, la Casa Consistorial. Se llamó antes De la Concepción. El Ayuntamiento, por acuerdo número 381, de 30 de enero de 1928, le cambió el nombre por Santiago Gutiérrez de Celis, que era secretario de Hacienda en esa época, quien renunció a ese homenaje, no obstante lo cual fue mantenido el acuerdo. De acuerdo con las Bases 1a y 3a , proponemos se le restituya el primitivo nombre de OFICIOS.

O'REILLY

Debe su nombre a que por esta calle hizo su entrada en la ciudad el general Alejandro O'Reilly, subinspector de las tropas españolas cuando la restauración de La Habana en 1763 y la retirada de las autoridades inglesas de ocupación. Después de terminada la organización del ejército, el general O'Reilly abandonó la isla, viniendo a ella más tarde su hijo y afincándose aquí, creando una familia que ha sobresalido, por los cargos ocupados y por sus acciones benéficas, en la historia de este Término Municipal. Se llamó antes Calle Honda y Del Sumidero, Del Basurero y De la Aduana, los primeros nombres por el mal estado del terreno y fines a que la destinaban los vecinos, y el último por haberse encontrado situada durante algún tiempo en esta calle las oficinas de la Aduana, en la proximidad de los muelles. Por acuerdo número 91, de 27 de abril de 1921, aprobado en mayo 5, el Ayuntamiento, a solicitud de una agrupación política partidaria del Dr. Alfredo Zayas que entonces había sido ya electo presidente de la República, acordó denominar esta calle Presidente Zayas. El Dr. Zayas falleció en esta capital el 11 de abril de 1934. De acuerdo con las Bases 1a y 4a , proponemos que se restituya a esta calle el nombre de O'REILLY.

PAULA

Porque en su extremidad Este se encontraban la iglesia y el hospital de San Francisco de Paula. Se llamó antes De San Francisco de Paula. El Ayuntamiento, por acuerdo número 74, de 30 de noviembre de 1922, aprobado el 4 de diciembre, sustituyó el nombre de Paula por Leonor Pérez, rindiendo tributo a la memoria de la madre de Martí. Por tratarse de la progenitora del Apóstol de la Independencia cubana; por haber nacido Martí en la casa número 102 de esta calle; y en atención a que dicho nombre se dió para corresponder al acuerdo del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, ciudad natal de la ilustre matrona, de poner el nombre de República de Cuba a una de las calles de esa población, recomendamos se conserve el nuevo nombre de LEONOR PÉREZ.

SAMARITANA

Opina La Torre que esta calle debe su nombre a que en ella vivía una beata que llamaban así. Pérez Beato afirma que el nombre se lo debe “a que las monjas surtían de agua a los vecinos, tomándola del enorme aljibe del convento”. Se llamó antes De la Huerta del Campo, porque en la parte del convento de Santa Clara correspondiente a esta calle tenían las monjas una huerta. En 22 de mayo de 1899 se le dió el nombre de Porvenir, por el cual es ya generalmente conocida. Indicamos la conservación del nombre de PORVENIR.

SAN ISIDRO

Por la iglesia de este nombre que en ella existía. Se llamó también De la Tenaza, por salir a la puerta de las murallas que llevaba este nombre. Por acuerdo número 648, de 28 de febrero de 1928, el Ayuntamiento le cambió el nombre por Dr. Enrique Núñez, ex-secretario de Sanidad, que murió en la ciudad de Nueva York el 14 de septiembre de 1916. De acuerdo con la Base 1a , sugerimos la restitución del nombre de SAN ISIDRO.

SAN JUAN DE DIOS

Esta calle sólo tenía una cuadra, entre las de Habana y Compostela y se denominó así porque frente a ella se encontraba el fondo del hospital de San Juan de Dios. Después de derruído el antiguo convento de Santa Catalina, esta calle y la de Bomba, como ya dijimos, forman una sola vía. Ambas ostentan hoy, según vimos ya, el nombre de Julio de Cárdenas. De acuerdo con la Base 1a , proponemos que esta calle y la de Bomba se denominen: SAN JUAN DE DIOS.

TACÓN

Por el capitán general Miguel Tacón, que gobernó despóticamente la Isla de 1834 a 1838, significándose por sus desafueros y persecuciones contra los cubanos defensores de los derechos y libertades públicos. Por acuerdo del Ayuntamiento, número 91, de 6 de enero de 1919, aprobado el día 14, entre los distintos homenajes ofrendados al morir el citado día 6 el expresidente de los Estados Unidos, coronel Teodoro Roosevelt, bajo cuyo gobierno se entregó la isla a los cubanos, se dió a esta calle el nombre de Teodoro Roosevelt. De acuerdo con la Base 2a , proponemos se conserve el nombre de TEODORO ROOSEVELT.

TEJADILLO

Debe su nombre a la única casa con techo de teja que en ella existía, siendo de guano los techos de las demás casas. Por acuerdo número 849, de marzo 2 de 1928, el Ayuntamiento le cambió el nombre por Lola Tió, en homenaje a esta poetisa, entonces fallecida. De acuerdo con las Bases 1a y 4a , proponemos se restituya el nombre de TEJADILLO.

TENIENTE REY

Por D. Félix del Rey y Boza, teniente de gobernador y auditor de guerra, que vivió en la esquina de Habana. Se llamó antes del Basurero, de Santa Teresa y de San Salvador de Horta. Por acuerdo número 301, de 1o de septiembre de 1922, aprobado el día 9, el Ayuntamiento acordó variar el nombre por el de República del Brasil, en demostración de cariño hacia dicha nación que el día 7 de aquel mes y año celebraba el centenario de su constitución en pueblo independiente. Por tratarse de un país amigo, y de acuerdo con la Base 2a , se deja a esta calle el nombre de BRASIL.

Monday, October 31, 2022

Las calles de La Habana

Por Guillermo A. Belt

Mi madre nos contaba siendo nosotros niños y luego nos recordaba en la adolescencia que como alcalde de La Habana nuestro padre había propiciado la restitución de sus nombres antiguos, tradicionales y populares a las calles de la capital.

Hoy, al ver una fotografía de mis nietas disfrazadas como lo estarían esta tarde de no ser porque han dejado atrás las costumbres de la infancia, he caído en una de las trampas que tiende la nostalgia al recordar una vez más aquella decisión de un alcalde que fue por décadas el más joven de quienes ocuparon el segundo cargo en la jerarquía política de Cuba.

Dada su extensión comparto sólo la primera parte del Informe del Historiador de la Ciudad, Emilio Roig de Leuchsenring, en la que este relata los antecedentes y enumera las normas por las que se rigió la restitución de sus nombres a las calles de La Habana.

Emilio Roig de Leuchsenring

CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA


Dirigidos por Emilio Roig de Leuchsenring Historiador de Ciudad de La Habana

LAS CALLES DE LA HABANA: BASES PARA SU DENOMINACION. RESTITUCION DE NOMBRES ANTIGUOS, TRADICIONALES Y POPULARES

Hemos querido reunir en éste, el quinto de los CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA, toda la documentación relacionada con el problema, al fin resuelto — por el Decreto núm. 511, de 13 de enero del corriente año, publicado en la Gaceta Oficial, edición extraordinaria número 11, del día 17 de dicho mes — de la nomenclatura de las calles de La Habana y restitución de sus nombres antiguos, populares y tradicionales.

Hace varios años que se viene clamando en todos los tonos, por particulares y por corporaciones, contra el desbarajuste que en la denominación de nuestras calles habían introducido los inarmónicos y a veces inconsultos acuerdos tomados en ese sentido, de 1899 a 1933, por la Cámara Municipal y el Consejo Deliberativo. Y fueron numerosas las demandas que en ese período de tiempo se formularon para que, ya por el propio Ayuntamiento, ya por el Congreso, se pusiese coto a ese intolerable y perjudicial abuso, regulándose la forma y el procedimiento en que pudieran ser cambiados los nombres de nuestras calles.

No ha sido sencilla y breve esta labor, ni tampoco, obra exclusiva nuestra ni de la actual Administración Municipal.

Larga fue la lucha, pues comenzó en 1928, durante la administración del Alcalde Dr. Miguel Mariano Gómez, quien encomendó el estudio de la cuestión a la Comisión de Historia, Ornato y Urbanismo, creada por acuerdo municipal, según proyecto que al Consistorio presentó el entonces concejal Sr. Ruy de Lugo Viña.

A esa Comisión, de la que nosotros formamos parte, prestaron su talento, su cultura histórica y su buena voluntad, además del Sr. Lugo-Viña, los señores Evelio Govantes, jefe del Departamento del Municipio y presidente de la Comisión, Ezequiel García Enseñat, Gabriel Camps, Napoleón Gálvez, Manuel Pérez Beato, Tomás Jústiz, Pedro Martínez Inclán, Francisco Centurión, Luis Mondes, Luis Rodríguez Lamont, Gonzalo Aróstegui, Javier de Acevedo, José Manuel de Ximeno y Alfredo Longa.

Durante varios meses laboramos intensamente hasta dar cima a nuestros trabajos en un extenso y documentado Informe, del que fuimos ponentes, auxiliados de manera eficaz por los compañeros Govantes, Lugo-Viña y Ximeno. Ese informe fue enviado por el Alcalde Dr. Gómez, a la Cámara Municipal, para que ésta le impartiese su aprobación, convirtiéndolo en acuerdo. Pero, por motivos diversos, que no es del caso enumerar, fue imposible que el trabajo de la Comisión culminase en acuerdo municipal. Y sobre la mesa quedó durante todo el período final de la administración del Dr. Gómez. Después, desaparecido el Término Municipal de La Habana, para transformarse, bajo la garra de la dictadura machadista, en el tristemente célebre Distrito Central habanero, no era posible que prosperase un proyecto, como ese, beneficioso a la comunidad municipal.

Caído Machado, al ocupar la Alcaldía, hace ahora un año, el Dr. Guillermo Belt y Ramírez, tuvimos la satisfacción de encontrar en él la más calurosa acogida al viejo empeño de regular la denominación de las calles habaneras y restituirles sus nombres antiguos. Y al efecto, aprovechando la labor ya realizada en 1928 por la Comisión de Historia, Ornato y Urbanismo, redactamos, en nuestro carácter de Historiador de la Ciudad de La Habana, un Informe, que mereció, no sólo la aprobación del Sr. Alcalde, sino también la de asociaciones de tanta significación e importancia en nuestra capital como los Amigos de la Ciudad, el Centro de la Propiedad Urbana, el Club Rotario, el Automóvil Club, la Asociación Nacional de Propietarios y la Sociedad Colombista. Todas estas asociaciones impartieron su conformidad a nuestro Informe, haciéndolo así saber, primero, al Presidente de la República, coronel Carlos Mendieta, y después, al actual Presidente Dr. José A. Barnet, a fin de que por el Ejecutivo y Consejo de Secretarios fuese sancionado el Decreto-Ley que, basado en nuestro Informe, presentó en dicho Consejo el Sr. Alcalde Municipal.

Si antes recordamos los nombres de las personalidades que colaboraron el año 1928 en la Colisión de Historia, Ornato y Urbanismo, justo es también que reconozcamos la cooperación utilísima que nos prestaron ahora en nuestro trabajo los señores Emilio Vasconcelos, jefe del Departamento de Fomento, José Luciano Franco, jefe del Departamento de Cultura, Ángel Luis Valladares, ingeniero del Departamento de Fomento y Julio Gomiz, Oficial Primero de la Oficina del Ayuntamiento.

Y queremos citar, además, de manera especial, al ingeniero Mario Guiral Moreno, quien, como presidente de la Sección de Estética Urbana de los Amigos de la Ciudad, redactó un notabilísimo dictamen en el que estudia detenidamente nuestro Informe, mostrándose favorable al mismo en términos generales, dictamen que reproducimos en este Cuaderno y ha sido acogido, por su valor e interés, en las páginas de la Revista de la Sociedad Cubana de Ingenieros.

Al apoyo decidido de las asociaciones antes mencionadas se debe el feliz éxito alcanzado sobre éste que parecía ya insoluble problema, pues ellas, con la fuerza de su prestigiosa representación, inclinaron el ánimo del Sr. Presidente de la República y de los señores Secretarios del Despacho a aprobar el Decreto-Ley que regula la denominación de las calles habaneras y restituye sus nombres antiguos.

Los puntos básicos de este Decreto-Ley son los siguientes:

I o — Que tiene carácter y fuerza de ley, y, por lo tanto, sólo puede ser modificado o derogado por el Congreso.

2 o — Que en él se han incluido las Bases Generales que nosotros redactamos en nuestro Informe y mediante las cuales se regula, ahora y para el futuro, la denominación de las calles habaneras.

3 ° — Que lo esencial de esas Bases, hoy ley de la República, es:

Se conservará o restituirá el nombre antiguo, tradicional y popular, siempre que no hiera el sentimiento patriótico cubano.

Se suprimirá todo nombre antiguo que hiera el sentimiento patriótico cubano.

Ninguna calle llevará el nombre de persona que se encuentre viva.

No se dará a calle alguna el nombre de persona que tenga menos de 10 años de fallecida.

Se conservará en los barrios de El Vedado, Medina, Carmelo y sus ampliaciones, el sistema de números y letras, que desde su fundación se ha usado para denominar sus calles.

No podrá dejarse al capricho de los dueños de los repartos que de aquí en adelante sean urbanizados, la denominación de las calles, sino que éstos deben ser sometidos al estudio y resolución de una comisión especial que al efecto se creará por la Alcaldía y en la que estarán representadas las corporaciones y asociaciones con intereses vitales en el Término Municipal. 

Se simplificarán los nombres extensos y complicados que ostentan algunas de dichas calles a fin de hacerlos más fácilmente utilizables por el público, logrando que con ello adquieran rápida y permanente popularidad.


4 o — Que igualmente se establece que los nombres definitivos que ahora se dan a las 104 calles cuya denominación había sido cambiada de 1899 a 1933, y a la calle de Ricla, siempre conocida por el de la Muralla, no podrán ser alterados sino únicamente mediante una ley del Congreso.

5° — Que los nombres de patriotas revolucionarios de nuestras luchas emancipadoras que ha habido necesidad de quitar de las calles antiguas de La Habana, han sido trasladados a calles innominadas del reparto Ensanche de El Vedado, llamado a convertirse en plazo breve en uno de los lugares más hermosos de la capital, ya que constituye el centro de la Grande Habana del futuro.

Las únicas excepciones que el Consejo de Secretarios introdujo, al aprobarlo, en el proyecto de Decreto-Ley presentado por el señor Alcalde y basado en nuestro Informe, son las siguientes:

No se han restituido los nombres antiguos a las calles de Correa, Estrella y O'Reilly, sino que se les han consentido sus nombres modernos respectivos de Avenida del Presidente Gómez, Enrique Barnet y Presidente Zayas; a la calle de Infanta no se le ha dado el nombre definitivo que nosotros propusimos de Calixto García, sino se le ha aconsejado el moderno de Avenida del Presidente Menocal.

Debemos también dejar constancia de la restitución que por el Decreto-Ley se hace, de acuerdo con nuestro Informe, del nombre antiguo de Muralla, dado por el pueblo a la calle que hasta ahora, y desde 1763, se denominaba oficialmente calle de Riela. A pesar de lo remoto de la fecha en que le fue dada por el Ayuntamiento esta última denominación, el pueblo siempre la ha denominado calle de la Muralla o Muralla, y por ello nosotros propusimos, y ha sido aceptado por el Consejo de Secretarios, se legalizase este nombre popular.

Se ha dado, por último, el nombre de Calzada de la Independencia, que ostentó en un tiempo la Avenida de Carlos III, a la mejor, por su amplitud y extensión, de las vías con que cuenta el Término Municipal de La Habana, o sea a la calzada que parte del Paseo de Carlos III hasta el límite de este Término, y a su prolongación hasta el Cacahual.

Emilio Roig de Leuchsenring,

Historiador de la Ciudad de La Habana.





Thursday, October 27, 2022

Anuario Histórico Cubanoamericano, Número 6

Acaba de salir el último número del ANUARIO HISTÓRICO CUBANO-AMERICANO, el número 6, de este año 2022, una publicación de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp.
El ‘Dossier’ de este número se concentra en la “Resistencia civil en Cuba (1959 – 2021)” y tiene muy interesantes estudios sobre “La larga memoria de la historia”, del conocido periodista Pedro Corzo; la “Protesta del pueblo de Perico”, de Lidia Martínez; “Protesta por la visita de Anastás Mikoyán en el Parque Central de La Habana”, de Juan Manuel Salvat; “Un asesinato y tres latrocinios”, de Julio Estorino; “El Cano y Cárdenas, 1962: Verano de Protestas”, por Daniel J. Pedreira; “El Comité Cubano Pro-Derechos Humanos, Ricardo Boffill y la Primera Mesa Redonda Disidente”, de Ricardo Cartaya; la “Carta de Presos Políticos Cubanos de 1978”, de Ángel de Fana; la “Carta de los Diez”, de María Elena Cruz Varela; la “Memoria del Maleconazo”, de Luis Leonel León; las “Memorias Reflexivas de ‘Concilio Cubano’, de Juan José López Díaz; “A los Veinte y Cinco Años de ‘La Patria es de Todos’”, de Pedro Corzo; “Las Damas de Blanco, Ejemplo del Patriotismo de la Mujer Cubana”, de Roberto Álvarez Quiñones; “Patria y Vida: La Canción de las Protestas en Cuba”, de Antonio Gómez Sotolongo y “11-J: Anhelado y (Por el Momento} Frustrado Despertar de los Cubanos”, de Luis Leonel León.

Asimismo, se encuentran artículos y ensayos de los escritores José Azel, Santiago Juan-Navarro, Pedro Monge Rafuls, Ingeborg Portales, Manuel Gayol Mecías, Jesse Fernández, Sylvia Landa, María Argelia Vizcaíno, Teresa Fernández Soneira, Rafael Peñalver, Vicente Morín Aguado, Pedro Corzo, Rolando Alum Linera y Federico R. Justiniani, como a la vez el “Documento con la firma a mano de los 31 miembros de la Asamblea Constituyente Cubana de 1901”, del profesor Raúl Eduardo Chao. Finalmente, una recopilación bibliográfica original sobre la “Presencia del Exilio en la Internet”, del ensayista Manuel Gayol Mecías.

Esta bella y atrayente publicación de 340 páginas ya puede adquirirse aquí.

Friday, October 14, 2022

La hispanidad en EEUU y el frustrado boicot hacia Goya Foods del 2020*

By Rolando Alum Linera

Ya es una tradición en EEUU el celebrar este mes de octubre como “el mes de la Hispanidad”. Es menester repasar la historia, aun relativamente reciente, del fracasado boicot contra la afamada firma de comestibles hispanos Goya Foods en el verano de 2020.(1)

Hace años participé en una conferencia universitaria acerca del progreso de la comunidad hispana –sobre todo la cubana– en el condado de Hudson, en la ribera oeste del río del mismo nombre, en el noreste del estado de Nueva Jersey. De pronto, y casi de una manera cómica, una señora no hispana se quejó de que “el problema mayor” era que le hablaban mayormente en español cuando ella entraba en las tiendas de la simbólica Avenida Bergenline (que atraviesa las pequeñas municipales de Union City y West New York).


Varios de los asistentes tratamos de persuadirla de que ella tenía la opción de comprar en los establecimientos donde ella se sintiera cómoda; pero ella insistió en apuntar el supuesto “daño sociocultural-cultural” que la presencia cubana en especial le estaba haciendo área.

Este ejemplo deshace el mito que pregonan ciertos académicos estadounidenses de que la población promedio norteamericana dió a los exiliados cubanos una bienvenida privilegiada, lo que presumiblemente explica su éxito comparativo. Pero, irónicamente, incluso hubo anuncios de apartamentos para renta –en Miami y Nueva Jersey– que advertían “No dogs, no Cubans”. También un alcalde de Union City en los años 70 intentó demagógicamente detener la llegada de cubanos a su ciudad. Se olvida también de la campaña del “English Only” en el sur de la Florida, sobre todo a raíz de la llegada en masa sin precedentes de refugiados por el Mariel en el verano de 1980.

Sin embargo, con el tiempo, los exiliados y sus descendientes escalaron en todas las esferas socioeconómicas y políticas, tanto en la Florida como en Nueva Jersey, y a su vez les abrieron las puertas a otros inmigrantes latinoamericanos. No obstante, los hay en el mundo académico y de la prensa que les quieren negar a los cubanoamericanos ese crédito histórico.

Con fines de definición práctica, consideremos esos ejemplos de xenofobia, etnocentrismo y hasta racismo como de la Derecha político-social tradicional. No obstante, en el verano del año 2020, un tema predominante fue el ridículo boicot lanzado por algunos autonombrados abanderados de la Izquierda hispano-estadounidense contra Goya Foods.

La historia de Goya es emblemática de la tradición de los negocios con orígenes étnicos en EEUU. Honrando el nombre del célebre pintor español Francisco Goya (1746–1828), fue fundada en Nueva York en 1936 por la familia Unanue, inmigrantes españoles. Ha proporcionado empleo por nueve décadas a miles de trabajadores de diversos orígenes a través de EEUU, así como Puerto Rico, República Dominicana (tras la caída de la dictadura de los hermanos Trujillo), y España (luego de eliminada la dictadura fascistoide de Franco).
 


Aparte de Bacardí –la mundialmente famosa firma de bebidas de origen cubano–, Goya es la empresa hispana en EEUU con más ventas (sobrepasa los mil millones de dólares anuales), y con la mayor nómina de empleados, esparcidos en varios estados, particularmente Florida, Texas, Nueva York y Nueva Jersey, donde radican sus oficinas centrales.

Aunque este relato sobre el llamado a rechazar a Goya al estilo del “cancel culture” en boga ocurrió hace apenas dos años, ya constituye una historia merecedora de un análisis didáctico, si preliminar.

La excusa esgrimida para lanzar esa malévola furia tóxica de los autodenominados “activistas comunitarios” contra la renombrada Goya se originó porque su director ejecutivo, Robert Unanue, aceptó una invitación a un cónclave de empresario/as en la Casa Blanca con el entonces Presidente Trump.

Tanto Unanue como sus predecesores en el liderazgo de dicha empresa lo habían hecho rutinariamente con presidentes estadounidenses anteriores de ambos partidos políticos, sin que nadie lo objetara. En años anteriores, conocí a los directivos principales de Goya a la sazón, en mi capacidad de administrador fundador del que fuera el nacionalmente premiado Buró de Empresas Hispanas del Gobierno del Estado de Nueva Jersey, así como en mi función de presidente del Comité Federal Asesor al Censos, y pude palpar el compromiso de ellos a mejorar el estatus e imagen de la comunidad hispanoparlante.(2)

Entre los líderes del absurdo boicot se encontraban una congresista de Nueva York y un político de Texas (que aunque no hispano, se presenta como tal), quienes ambicionan convertirse en “líderes” de la Izquierda hispano-estadounidense, sin ni siquiera dominar el idioma español. Incluso, es dudoso que esos gritones intolerantes consuman regularmente productos de la cocina hispana, excepto para efectos de “photo-opps” de publicidad demagógica oportunista.

Por supuesto, los boicoteadores tienen derecho a enunciar sus objeciones civilmente. Sin embargo, como lo expresaron algunos comunicadores sociales más objetivos, lo que los vociferantes boicoteadores demostraron fue un visceral odio divisivo que, además, pregonaba la venenosa lucha de clases (al estilo marxista) en esta, la sociedad abierta por excelencia, como lo ideó el gran filósofo Karl Popper, de mi preferencia.

De igual manera, reclamamos el derecho a ripostarles, aunque más elegantemente que los bajos estilos de “bullying” y “woke” de moda en ciertos círculos de élite, que ellos suelen emplear.

Es posible argumentar que los envidiosos que han atacado a Goya parecían haber tenido al menos una intención perversa adicional: La de infligir más daños (en medio de la pandemia del Covid-19) a la economía de los estados con mayor concentración de hispanos, como son Nueva Jersey en el norte y la Florida en el sur. Si en tiempos normales dichas metas antisociales son censurables, en épocas epidémicas son más imperdonables, moralmente hablando.

Quizás no es coincidencia que muchos de los boicoteadores gritones resultaban también ser apologistas de los regímenes socialistas de Chávez-Maduro en Venezuela, del clan de los Ortega en Nicaragua, y de los hermanos Castro en Cuba, en los cuales reclamaron encontrar inspiración ilusoria (y a pesar de que esas tiranías han arruinado a sus respectivos países). Y todo ese alboroto, inconsistentemente, en aras de una supuesta sensibilidad étnica, igualdad social, tolerancia, diversidad, “antifascismo, y “justicia social y racial” [sic]. Para los exiliados cubanos, venezolanos, nicaragüenses, y demás que han experimentado en carne propia la opresión de dicho tipo de autocracia, estas propuestas de fantasía orwelliana constituyen insultos a la inteligencia.

Paradójicamente, como resultado del boicot, la Goya reportó un aumento en sus ventas, incluso en ciudades donde la comunidad hispana es ínfima. Curiosamente, esto no fue reportado debidamente por los medios de comunicación.

Es obvio que el fallido boicot encaja en una escuela de pensamiento contraproducente a la meta del éxito socioeconómico a que aspira toda comunidad en un sistema básicamente capitalista y democrático, como lo es EEUU. Hace años sorprendí a un colega argüir con los estudiantes donde dictábamos clases que el hispano que abandonara la pobreza estaba de facto renunciando a su etnicidad hispana. De igual manera, los boicoteadores contra Goya, en vez de alabarlo, aborrecen al comerciante hispano triunfante cuando alcanza a rozar codos con el líder del Mundo Libre.

Esa es una mentalidad que conspira contra la prosperidad nuestra, una posición que al mismo tiempo promueve el rencor hacia empresas célebres como Goya Foods y a los hispanos e hispanas exitosos en todas las ramas de la sociedad.

Y nos preguntamos: ¿es esa la ideología negativa la que debe representar el pensamiento de los hispano-estadounidenses?


Notas

(1) Le dedico este modesto escrito a los comerciantes e industriales hispanos en EEUU, héroes anónimos que crean fuentes de trabajo. Como es mi costumbre, le doy bienvenida a toda crítica constructiva {ralum@pitt.edu}.

(2) Debo aclarar que nunca he recibido ningún privilegio u obsequio de la susodicha empresa. Aunque he escrito con anterioridad sobre el tema, mi propósito principal aquí es el de: (a) resumir las reflexiones anteriores, (b) aprovechar la oportunidad para expandir sobre el tópico visto ya desde la distancia de un par de años, (c) y estimular a otros estudiosos a que profunden el análisis del fenómeno del fracasado boicot a Goya como un caso de estudio.

* Tomado de Periódico Cubano

Thursday, October 13, 2022

CRISTÓBAL COLÓN, EL DESCUBRIDOR DE AMÉRICA, SÍ SEÑOR

Por Antonio Gómez Sotolongo

No es casual que todos los anticapitalistas estén en contra del concepto «Descubrimiento de América», una hazaña clara y fundamental para el conocimiento en la Historia de la Humanidad. Condenar a Cristóbal Colón por el descubrimiento de América, es tan absurdo como condenar a Albert Einstein por el descubrimiento de la bomba atómica.

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón, el Gran Almirante de la Mar Océana, avistó nuevas tierras, cuentan que allí también incumplió la primera promesa de un europeo en tierras del Nuevo Mundo, al negarle a Rodrigo de Triana la primacía del avistamiento de aquella candelita que en la obscuridad de la noche dijo el Adelantado haber visto antes que desde el Palo Mayor se escuchara la atronadora voz de: ¡¡¡TIERRAAAAA!!!.

La anécdota es conocida, pero la hazaña fue tan increíble que cada año da más de qué hablar.

El hecho que cambió el rumbo de la Humanidad para siempre se celebra en algunos países y en otros, al parecer, desde hace algunas décadas, se padece. Según El País, del pasado 31 de agosto, el Ayuntamiento de Los Ángeles -a donde nunca llegó Colón-, votó para cambiar el Columbus Day, que se celebra en los Estados Unidos, por el Indigenous People´s Day, o Día de los Pueblos indígenas. En 2011, Evo Morales decretó el 12 de octubre como Día de la Descolonización y ayer a través de Twitter dijo: «En el Día de la Descolonización denunciamos la invasión europea del imperio español de 1492, que trajo muerte, saqueo y explotación en Abya Yala». Hugo Chávez cambió, mediante el Decreto N° 2.028 de 10 de octubre de 2002, el Día de la Raza, por el Día de la Resistencia Indígena, y Nicolás Maduro ha dicho ayer que «El rey de España lo que debe hacer es pedir perdón y hacer una indemnización histórica a los pueblos indígenas que masacraron los Borbones a lo largo y ancho de nuestra América».

En Nicaragua se celebra el Dia de la Resistencia Indígena, Negra y Popular. El pasado día 9 el Parlamento de Navarra proclamó el día 12 de octubre como Día de los pueblos indígenas y de respeto a la diversidad cultural, y ayer, en el atrio del Parlamento, Fanny Carrillo, la parlamentaria foral de Podemos, oriunda de Ecuador, dijo: «Quienes tenemos el privilegio de portar en nuestra identidad parte de la dignidad de las milenarias civilizaciones indígenas debemos recordar el 12 de octubre como el día del inicio del holocausto de nuestros abuelos. Y los días sangrientos ni se festejan ni, muchos menos, se agradecen».

A pesar de todos estos dichos y hechos, Colón descubrió una región absolutamente desconocida para la Europa del siglo XV y completó así la geografía del planeta Tierra. Aunque según lo que han podido documentar sus biógrafos el genovés no se dio cuenta del tamaño de su hazaña y nunca entendió que había descubierto un nuevo continente, según las Cartas que anunciaron el descubrimiento de Las Indias en 1493, «había encontrado unas islas con gente sin número, y por sus Altezas plantó su bandera y tomó posesión de ellas sin que nadie se lo impidiera», y con esa idea murió en Valladolid, creyendo que estas eran unas islas, que según las descripciones de Marco Polo en el Libro de las Maravillas, preludiaban lo que él en realidad buscaba: Las Indias Orientales, el imperio mongol del Gran Kan, Cipango y Catay.

El Almirante no tuvo nada que ver con lo que vino después, ni siquiera el continente lleva su nombre, sino que fue adjudicado por Martin Walldseemüller a Américo Vespucio, quien sí comprendió la magnitud del descubrimiento. La crueldad de la conquista, el sometimiento al vencido y el saqueo eran entonces y aun lo siguen siendo en ciertas regiones del planeta y para ideologías como la marxista, actuaciones acordes con la moral, ¿o qué fueron los fusilamientos indiscriminados que ordenó Ernesto Guevara, alias el Che en 1959 en Cuba? ¿o qué fueron las Cruzadas? ¿y qué del dominio de los mexicas sobre otros pueblos indígenas? ¿y qué de la alianza de los totonacas y los tlaxcaltecas con Hernán Cortés para conquistar Tenochtitlan? ¿qué fue de las rivalidades entre Tikal y Kalakmul? ¿cómo dominaron los quiché a otros pueblos mayas? ¿fue Moctezuma un pacificador de las 450 poblaciones que conquistó entre 1503 y 1517? ¿y qué de la conquista musulmana de la península ibérica? ¿Cómo conservar rencor por lo que sucedió hace siglos y tratar de juzgarlo como cosa sucedida hoy? En mi opinión es un absurdo.

El Genovés fue el navegante más conocedor e intrépido de su época, pudo leer los más importantes documentos que existían entonces sobre navegación, geografía y astronomía, conoció las teorías sobre la redondez de la tierra de Eratóstenes, las teorías de Paolo dal Pozzo Toscanelli expuestas en una carta de 1497, que aún se conserva, destinada a Alfonso V de Portugal, conoció de las campañas de Enrique el Navegante, y cuando se dispuso a atravesar la Mar Océana ya había viajado por casi todas las rutas conocidas por los europeos. Así que no por azar se obsesionó con la búsqueda del oriente por el occidente, sino el más profundo conocimiento de la navegación del siglo XV, y esa obstinación le permitió probar la redondez de la tierra y la existencia de corrientes marinas en el Atlántico que permitían su navegación, conocimientos estos, que, de haber permanecidos ocultos al saber humano durante cien años más, el mundo de hoy no sería ni la sombra de lo que es.

Pero esa realidad, desde hace más de dos décadas, esa hazaña es negada por algunos grupos que entienden que aquello solo fue una gran matanza, una tragedia que originó la conquista, la colonización, el saqueo de las riquezas de esta parte del mundo y que no debería ser motivo de celebración, pero la Historia no se puede amoldar con los códigos morales de quien la estudia, no se pueden pasar por el tamiz de las ideologías las acciones de quienes se embarcaron en aquellas tres diminutas naves siguiendo a un «alucinado» Almirante, está muy claro para mí que toda esa desproporcionada «ofensiva revolucionaria» contra una gesta que completó la geografía del planeta tiene un propósito: acarrear agua a los molinos de los antisistema, a quienes necesitan romper el tablero nuevamente para llegar al poder, no es casual que todos los anticapitalistas estén en contra del concepto «Descubrimiento de América», una hazaña clara y fundamental para el conocimiento en la Historia de la Humanidad. Condenar a Cristóbal Colón por el descubrimiento de América, es tan absurdo como condenar a Albert Einstein por el descubrimiento de la bomba atómica.

Tomado del blog del autor:


Te quiero y te llevo al cine (a ver la Cuba que no quieren que veas)*


Por Luis Leonel León

Debería conocerse, desde hace mucho tiempo, que la historia de la censura en Cuba es tan larga y tortuosa como el castrismo. Antes de adjudicarse el poder total, el dictador Fidel Castro y sus más hábiles cómplices, eran conscientes de que la subsistencia de su macabro plan se basaba no solo en el pánico colectivo al paredón y otros castigos revolucionarios que se encargaron de publicitar revolucionariamente, sino también en envolver la sociedad, lo más rápido posible, con un manto capaz de sistematizar -e incluso casi legitimar con desinformación, porrazos y contubernios internacionales- la imposición del silencio.

A través de las artes y la literatura, no solo en estos tiempos neoposmodernos de Internet y redes sociales, cubanos osados han plasmado en sus obras la inconformidad, los miedos y anhelos, las dudas y angustias, el desencanto y la desesperación de su tiempo. El cine ha sido una de las vías para criticar la terrible realidad de la Isla, la mayoría de las veces echando mano a las benditas metáforas, lo mismo en la ficción que en el documental o lo experimental. Otras con duro y puro testimonio. Cerebros y espíritus recalcitrantes, incómodos, conflictivos, contestatarios. Piedras en la bota castrista.

Tal disidencia cinematográfica no ha sido cosa de los márgenes, aunque en ellos, inevitablemente, han crecido las flores a su aire del pantano. Buena parte del riesgo contestatario de los cineastas cubanos, desde 1961 hasta los primeros años del siglo XXI, ha ocurrido en el vientre, agolpado de hijos díscolos, o en los brazos del primer instituto fundado por la revolución, el Icaic (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos), creado por la dirección de cultura del Ejército Rebelde el 24 de marzo de 1959, a solo 83 días de que los revolucionarios tomaron el control del país, con Alfredo Guevara, un intelectual y promotor cultural comunista, quien hasta casi su muerte algunas veces entreabrió la cortina del oxidado hierro castrista para congraciarse con los jóvenes artistas, descompresionar la olla o lavarse un poco la cara y la conciencia.

La Maison de L'Amérique Latine (Casa de América Latina en París) proyectó el lunes 10 de octubre dos películas del realizador cubano Ricardo Vega que muestran la Cuba que tanto el régimen de La Habana como sus acólitos en el mundo no quieren que se vea y muchos menos son piezas que desmembran, tal es el caso, las falacias que se han impuesto dentro y fuera para suplantar la realidad. Se trata del cortometraje Opus Habana, recién terminado de editar pero filmado en la década de 1980, y el largometraje Te quiero y te llevo al cine, rodado entre 1988 y 1992 también en la Isla y vetado en 1993.


En aquellos tiempos de falsas ilusiones de transición a la libertad, atizadas por la caída del muro de Berlín y el bloque comunista del Este, Vega logró enviarle los negativos de Te quiero y te llevo al cine al director de fotografía hispanocubano Néstor Almendros, ganador del Oscar por Days of Heaven. Guevara le había prometido al joven exhibirlo una semana en la Cinemateca de Cuba, pero incumplió, en medio de las polémicas generadas por Fresa y chocolate, de Tomás Gutierrez-Alea, el más reconocido cineasta cubano en esa época. Así que Vega, que estaba vinculado al Icaic a través de la Asociación Hermanos Saíz (jóvenes creadores bajo la lupa del Ministerio de Cultura), le dijo que se iba del país y Guevara, cuyos poderes no eran pocos por su vieja amistad con Castro, se quitó el problema de encima y le facilitó marcharse poco después a Francia junto con Zoé Valdés, quien ya había escrito su famosa novela La nada cotidiana y era su esposa, y su pequeña hija Attys Luna Vega Valdés, hoy compositora y cineasta cubanofrancesa.

Para el músico y pintor cubano Adrián Morales (AdriáNomada) “la justicia que demora no es justicia”. Sobre todo la que tarda demasiadas décadas en llegar. Pero no es menos cierto que siempre será preferible una justicia tardía que la injusticia eterna. Y esa es la cura que a veces les ha llegado a los artistas fustigados por el castrismo. Morales, cuyos cuadros son parte de la visualidad de Te quiero y te llevo al cine y que trabajó la escenografía y hasta él mismo figura en la película, es uno de los que jóvenes, que hace 32 años, fueron violentados, a punta de ametralladoras, por participar en una pequeña muestra de cine no oficialista.


Morales no olvida cómo fueron “reprimidos con armas largas” por tropas del ejército. “Tuvimos que largarnos de allí casi con el rabo entre las piernas. Es muy curioso que después de 30 años Armando Valdés-Zamora y el director Ricardo Vega coincidan en París para seguir hablando precisamente de las mismas cosas. El Estado totalitario es enemigo de la verdad”, subraya desde Estambul el creador de Pilgrim Souvenir (Apuntes para una Cimática), Nómada, Ruta sobre ruinas, o Hispánico, y uno de los pioneros en desarrollar la visión multimedia en la producción artística de la nación.

Aquél golpe ocurrió en la primavera de 1990, en la llamada “ciudad nuclear” de Cienfuegos, donde se comenzó a construir bajo asesoramiento soviético, y por suerte nunca se terminó, la central nuclear Juraguá. Uno de los proyectos psiquiátricos del fallecido Castro. Allí el escritor y profesor Armando Valdés-Zamora programó una muestra de cine joven, que incluida uno de los cuentos de Te quiero y te llevo al cine y otras obras no agradables para el establishment, siendo por ello detenido e interrogado varios días por la policía política, expulsado de su puesto como asesor literario y enviado a trabajar a una biblioteca municipal como castigo a su audacia.


Vega no pudo viajar desde la capital a Juraguá pero envió uno de los tres cuentos que estructuran el filme, Insomnio, basado en un microrrelato En el insomnio de Virgilio Piñera, y que se había proyectado en La Habana en algunos eventos culturales. Es el opening del largometraje y muestra a un joven afectado por el insomnio (interpretado por Rolando Tarajano) que intenta sobrevivir la madrugada mirando la televisión desde su cama y reflejando su malestar en su máquina de escribir, pero que termina dándose un tiro en la sien.

Valdés-Zamora y Vega se conocieron personalmente en el exilio, en París. “Yo espero que después de esta proyección en la Maison de L'Amérique Latine a Armando no lo vayan a expulsar de la Universidad de aquí, de su trabajo”, advierte Vega, autor además del documental Cuba la bella y la serie Un pintor, un cuadro, 16 documentales de arte que le impulsó a realizar Zoé Valdés en los primeros tiempos de su exilio, momento en que el director no quería hacer nada relacionado con el cine. Algo que afortunadamente luego cambió.

Opus Habana (construida con imágenes documentales de la década de 1980 y con un montaje poético e intelectual) y Te quiero y te llevo al cine,“tratan de lo que sentíamos en esa época”, recuerda Valdés-Zamora, quien considera estos experimentos de Vega “un poco la imagen visual de la esperanza que teníamos en un cambio como el que había ocurrido en la Unión Soviética y en los países (comunistas) del Este (de Europa)”, explica el doctor por la Universidad de la Sorbona con una tesis sobre José Lezama Lima y profesor titular de la Universidad París-Est Créteil (Upec).



Para el autor de la novela Las vacaciones de Hegel (2000) y los poemarios Libertad del silencio (1996) y el volumen de cuentos Horizontes del cangrejo (2020), aquel acto represivo fue unos de los “momentos más duros” de su vida. Se sentía con una “soledad absoluta”, “no tenía otro interlocutor que el silencio y no sabía qué hacer”. Hoy, 32 años después, se siente emocionado: “El destino quiere que Ricardo y yo estemos juntos. De alguna manera esto es un ejemplo de la libertad. Gracias a la libertad que poseemos podemos ahora expresarnos”.

Unas veces más sutiles, otras más vulgares, el castrismo ha censurado a diestra y siniestra. Desde antes del legendario cortometraje PM, de Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante, y las Palabras a los intelectuales que Castro dictaminó con su pistola sobre la mesa y custodiado por ametralladoras en la Biblioteca Nacional. A pesar de la coacción, diferentes generaciones han expresado lo que piensan o sienten y han pagado ese atrevimiento contrarrevolucionario. Son mucho más los que hemos escapado que los que persisten en el enfrentamiento o simplemente en la resistencia al aparato represivo. Lo mismo en balsas que con pasaportes, unos más contestatarios y arriesgados que otros, hemos transformado el arte de la fuga en deporte nacional y, por carambola, en una irónica y próspera industria del exilio. Somos muchísimos los fugados, desperdigados a pesar de nuestra complicada juntamenta, por todo el mundo.

La revolución socialista ha conseguido mantener millones de bocas cerradas, no solo para que no les entren moscas sino para que la contundente verdad no salga a la luz pública. Cuando en una sociedad cerrada las verdades silenciadas comienzan a compartirse más allá del susurro cotidiano, la pérdida del miedo puede llegar a explotar, y ese siempre será uno de los grandes peligros y temores de los totalitarios pues saben que el arte, con su poder comunicacional emotivo, es un elemento catalizador. De ahí el apego del dictador a la censura. Entretanto, una pregunta continúa levitando: ¿Podría el arte contestatario derrocar finalmente el régimen totalitario de La Habana?

Lo cierto es que estas dos películas no son solo testimonio de la naturaleza agónica y perversa del socialismo real, sino que también son la evidencia histórica de un cine contestatario hecho, durante 6 décadas, dentro y fuera de la Isla.

Monday, October 10, 2022

EL EJEMPLO DE LOS PROCERES

P
or Néstor Carbonell Cortina

Los tiranos a través de la historia se han valido de todo tipo de argucias para usurpar el poder, y han recurrido a todo género de coacciones para eliminar o neutralizar la resistencia. Pero los que perfeccionaron la técnica de yugulación han sido los regímenes totalitarios, maestros en el arte de sojuzgar y envilecer.

Una de las armas más eficaces que han utilizado para obnubilar y subyugar a poblaciones enteras ha sido la mentira. Cuando es grande, repetida y no impugnada, la mentira es un arma letal que no deja huellas físicas, pero que ofusca la mente, degrada el carácter, corroe la voluntad y envenena el espíritu.

Los tiranos totalitarios la utilizan sistemáticamente para encubrir su iniquidad. Con ese fin, deforman la historia, agigantando los errores pretéritos cometidos. Su objetivo es hacer table rasa del patrimonio nacional, cercenar todo nexo institucional y cultural con el pasado para consumar, en el vacío creado, la estafa totalitaria y convertir a las masas incautas en dóciles rebaños sin espinazo moral y sin perspectiva histórica.

Decía Ortega y Gasset que “el hombre es, por encima de todo, heredero. Y esto, y no otra cosa, es lo que lo diferencia radicalmente del animal. Tener conciencia de que se es heredero es tener conciencia histórica.” (1) Muy acertado el pensamiento de Ortega, porque cuando falta o se pierde esa conciencia, cuando se quiebran las raíces de la nacionalidad, los hilos de las tradiciones y los lazos de la cultura, los pueblos, aun los más civilizados, sufren hondas aberraciones y caen en el laberinto oscuro de la tiranía o en el vórtice asolador de la barbarie.

Eso fue, a grandes rasgos, lo que le aconteció a Cuba en 1959. Bajo un estado sicopático de histeria colectiva, el país, proclive al mito de la revolución, se entregó en manos de un megalómano que deformó el pasado para controlar el futuro. Desechando los valores, creencias y tradiciones de Cuba, y denigrando a sus héroes, el tirano reescribió la historia con los tintes biliosos del resentimiento y las consignas malévolas del comunismo.

Teniendo muy presente la necesidad de rescatar, no sólo la libertad de Cuba, sino también el patrimonio nacional, aplaudí la feliz iniciativa de la Editorial Cubana de publicar en 1999 una nueva edición del libro Próceres, escrito por uno de mis mayores: el diplomático, escritor, historiador y devoto de Martí, Néstor Carbonell Rivero. Asimismo, acepté la honrosa encomienda de redactar el prólogo en el exilio. Aquí va una síntesis evocando el pasado y mirando al futuro.

Contenido y Significación de Próceres

Próceres, libro cautivante que Néstor Carbonell Rivero escribió en 1919 y publicó, en edición especial, en 1928, es un devocionario patriótico que le dedicó a la juventud de Cuba, sedienta de fe y urgida de historia. Contiene treinta y seis ensayos biográficos o semblanzas de próceres cubanos, con ilustraciones del notable retratista Esteban Valderrama.

El autor se concentró en próceres fallecidos con anterioridad a la redacción del libro; por eso no figuran en sus páginas patricios como Manuel Sanguily, Enrique José Varona, Emilio Núñez y Juan Gualberto Gómez. La lista de los personajes seleccionados es representativa, pero no exhaustiva. En un sólo volumen no caben todas nuestras luminarias. Inevitables son, pues, las omisiones, pero éstas no le restan lustre ni valor a la colección de estampas egregias incluidas.

Siguiendo un orden alfabético, el libro comienza con Ignacio Agramonte, arquetipo de la epopeya del 68 a quien Martí llamara “un brillante con alma de beso,” y termina con Cirilo Villaverde, una de nuestras cumbres literarias y patrióticas.

Aparte de los libertadores más insignes y conocidos, como Carlos Manuel de Céspedes, Salvador Cisneros Betancourt, Francisco Vicente Aguilera, Antonio Maceo, Máximo Gómez, Calixto García y el sin par José Martí, el libro incluye a los protomártires de nuestra independencia, entre los cuales sobresalen Ramón Pintó, Joaquín de Agüero, Isidoro Armenteros y Narciso López.

No podían faltar, en el soberbio desfile de próceres, los forjadores de la nacionalidad cubana, aquellos que con tanto talento y fervor se esforzaron en cimentar nuestra identidad, sembrando ideas, formando hombres, hacienda patria: Francisco Arango y Parreño, Félix Varela, José de la Luz y Caballero, y José Antonio Saco, entre otros. Y como máxima representación de los poetas que fueron surtidores de cubanía y abanderados de la libertad, figura el ínclito cantor de El Niágara, José María Heredia.

Es imposible recorrer las páginas de Próceres sin que se enardezca el corazón y se encumbre el orgullo patrio. Las semblanzas enmarcadas ponen de relieve el tesoro espiritual de heroísmos y grandezas que tienen los cubanos. Claro que hay gradaciones entre los grandes, pero el autor no hace comparaciones estériles y lesivas. Sólo muestra con fina sensibilidad y perspectiva, en todo su esplendor, las constelaciones de próceres que fulguran en nuestro cielo—algunas mayores, otras menores, pero todas imponentes y magníficas.

Diversas y excepcionales fueron las ofrendas de los treinta y seis próceres a la patria que tanto amaron. Unos le dieron la savia nutricia de su prosa cristalina; otros la lírica apasionada de su corazón poético; otros el verbo acendrado de su oratoria elocuente; otros la concepción filosófica de su mente fértil; otros el sacerdocio ejemplar su vida prístina; otros el genio económico para crear riquezas; otros la estrategia militar para sacudir el yugo; otros el viril martirio para conquistar la independencia.

No encontrará el lector en este libro la clínica frialdad de un diccionario biográfico, ni la petulante aridez de una disquisición erudita. Con prosa vibrante y fluida, el autor logra condensar el fruto de sus investigaciones, trazando con pulso firme y atinado los rasgos más sobresalientes de la personalidad y la vida de cada uno de los próceres.

Se leen las semblanzas de Carbonell Rivero como poemas homéricos, porque homéricos son muchos de los episodios narrados, de las hazañas que con unción patriótica el autor describe. Mas no hay fantasía en sus cantares; no hay adulteración ni rebuscamiento en sus épicos relatos; solo galanura y vehemencia con apego riguroso a los hechos.

El Culto a los Héroes

El autor de Próceres estudió seguramente a Carlyle. Este romántico de las letras inglesas fue el escritor de la era moderna que con mayor brillantez enfocó el culto a los héroes—seres excepcionales que por su genio visionario, su valor índómito o su dedicación sublime dejan huellas indelebles en la humanidad a su paso por la vida.

Según Carlyle, el mundo en todas las épocas se ha adherido a unas pocas personas magnéticas, intérpretes de inquietudes humanas, catalizadores de fenómenos sociales, que asumen la función de misioneros, guías, estadistas o libertadores. Por eso Carlyle llegó a sentenciar que la historia universal no es sino la historia de los grandes hombres sobre la tierra.

Esta tesis, que tuvo hondas resonancias en pensadores como Nietzsche, Maeterlink, James y Emerson, ha sido muy debatida por lo que tiene de individualismo hipertrofiado, de fatalismo encarnado en los seres providenciales. La crítica es válida, pero aun reconociendo el concurso de factores económicos, políticos y culturales que influyen en la organización y evolución de las sociedades, no puede negarse el singular impacto en la historia de los grandes hombres (expresión genérica que abarca naturalmente a ambos sexos).

La necesidad que tienen las democracias, en su maduración, de depender de la solidez de sus instituciones más que del carisma a veces embustero de sus líderes, no debe llevarnos a desdeñar u olvidar la estela luminosa de sus héroes y mártires, el ejemplo nimbado de gloria de los ciudadanos eminentes. Los pueblos requieren para progresar de una escala notable de valores, de una jerarquía sugestiva del intelecto y el espíritu que sirva de modelo para exaltar la virtud y superar la mediocridad, que estimule el avance de los que son, o pueden ser, realmente grandes por la inteligencia, el carácter o el dinamismo en la búsqueda afanosa y desprendida del bien.


Escala de valores no implica, desde luego, odiosas castas ni almidonado elitismo. Como decía Emerson, refiriéndose a lo que algunos llaman masas u hombres comunes: “…no existen hombres comunes. Todos los hombres son, al fin y al cabo, de alguna talla; y el verdadero arte es sólo posible por la convicción de que cada talento halla su apoteosis en alguna parte. ¡Juego limpio y campo abierto, y frescos laureles para todos los que los hayan ganado!” (2)

Mas, como sabemos los cubanos por trágica experiencia, no siempre los que aparentan ser grandes lo son en verdad. La historia está cuajada de farsantes y simuladores, de seudosalvadores de pueblos que enajenan con el paroxismo de su demagogia engañosa y subyugan con el latigazo de su tiranía vil. Hay que cuidarse de ellos, como advirtiera San Mateo en el Nuevo Testamento: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces.” ¿Cómo identificar a estos impostores? No por sus palabras ni por sus promesas. Como señalara San Mateo, “por sus frutos los conoceréis.” (3)

Ahora bien, el hecho de que haya falsos profetas no niega la existencia de genuinos y sabios guías. La aberración de la mentira confirma la norma de la verdad. Hay árboles que sólo dan abrojos espinosos, pero hay otros que dan higos frescos. Si hay seres malvados que enlodan y rebajan la especie humana, hay también seres excelsos que la eleven y dignifican.

Al escudriñar la vida de las luminarias, al reseñar la trayectoria de los héroes, algunos escritores se deleitan en agigantar sus fallos para poder así regañar al genio. Otros, por el contrario, los endiosan con loas desmesuradas, cubriendo sus lunares con incienso. El biógrafo o ensayista de nota debe evitar estos extremos. Siguiendo la regla de oro de Platón, ha de lograr la estrecha unión, la indispensable alianza de amor y de conocimiento. No puede el escritor ser un alegre sin pensar que es un necio, ni un romántico sin enjundia que es un tonto, ni un predicador del bien sin conciencia del mal que es un iluso.

El feliz balance de elogio edificante y juicio reflexivo, apoyado en sólida documentación, lo encontramos en las páginas de Próceres—líricas pero conceptuosas, emotivas pero lúcidas, apasionadas pero justas. Sin complejos bastardos ni motivaciones espúreas, Néstor Carbonell Rivero acomete la delicada tarea de enhebrar las semblanzas de nuestros grandes. El autor los ensalza sin raquitismo envidioso, mas no cae en la hibérbole vacua ni en la hagiografía pueril. Para él, los próceres no son semidioses de nuestra mitología ni arcángeles de nuestro cielo. Son seres superiores porque se sobreponen con talento y virtud a las flaquezas de su humana condición.

Perennidad de Próceres

Encomiable ha sido la decisión de Editorial Cubana, que con alta distinción presidió el Dr. Luis Botifoll, de publicar una nueva edición de Próceres. Libros como éste tienen lo que pudiéramos llamar perennidad, no sólo porque son clásicos de las letras, sino porque sirven de enseñanza histórica, de norte cívico y de ancla moral para todas las generaciones, en todas las épocas.

Esbozar en lienzos duraderos el perfil de patricios y repúblicos es sentar derroteros de grandeza; es abrirle a la mente inquieta vastos campos de ideación para enfrentar los retos; es impartirle a la imaginación feraz y al magno sentimiento el ímpetu vital para realizar los sueños. La vida inspiradora de los grandes deja siempre seguidores a su vera.

Antes de servir de acicate a los demócratas cubanos, Próceres nos ayudará a cumplir una misión esencial: remover la costra de falsedades con que el régimen de Castro ha tergiversado nuestra historia y denigrado a nuestros héroes. La tiranía que se implantó en Cuba en 1959 no solo contó con el terror difuso que intimida y con la fuerza bruta que esclaviza. Contó también con la mentira larvada que atonta, corroe y envenena.

Para rehacer a Cuba con molde totalitario, hubo que arrasar todos los cimientos, estructuras, tradiciones y creencias. Por eso el tirano, en su afán de justificar su monstruoso crimen social, reescribió la historia con tintes sombríos, pintando a nuestra isla progresista como un lodazal de corrupciones, como un páramo de indigencia y de miseria. Y en su campaña nihilista y vilipendiosa, profanó a nuestros próceres y los suplantó con falsas deidades que él cambiaba a capricho desde el olimpo de su vana omnipotencia. En el caso de Martí, no pudiendo esfumarlo, lo maquilló de socialista, presentando al Apóstol que luchó por la libertad de Cuba como precursor del régimen que la aniquiló.

Libros como Próceres servirán para limpiar la infamia y corregir los hechos. En la ingente tarea de reeducación cívica y moral que en el futuro se emprenda, habrá que separar lo falaz de lo genuino, lo pérfido de lo cubano. La consigna ha de ser una sola: a la mentira totalitaria, la verdad histórica; a la estafa encubierta, transparencia plena.

Pero antes, tenemos los exiliados cubanos que extraer nuevos bríos del ejemplo de los próceres, y luz orientadora de su credo, para acelerar la liberación de Cuba y ponerle fin a su larga agonía. Víctor Hugo, quien durante veinte años luchó desde su exilio contra el imperio despótico de Napoleón III, demostró la enorme importancia que tienen la militancia, la prédica y los versos de los desterrados, de los patriotas fieles a la causa de los vencidos.

Según Enrique José Varona, el gran poeta francés les enseño a todos los oprimidos “la fuerza oculta, pero incontrastable, del derecho, el triunfo final del bien contra el mal, de la inteligencia contra la pasión, de la libertad contra el despotismo; y les [hizo] repetir su invocación sublime: ¡ Resonad, resonad siempre, clarines del pensamiento, y las murallas de la iniquidad, los alcázares de la injusticia, se hundirán al cabo por su propio peso en los abismos!” (4)

Invocaciones como ésta, que alentaron a los mártires de nuestra independencia y a los miles que han caído en la actual epopeya, han de motivarnos hoy para vencer el escepticismo enervante y avivar la fe en nuestra capacidad para rescatar y mantener la libertad. El pasado glorioso de Cuba, condensado en el libro de Néstor Carbonell Rivero que me honro en prologar, puede y debe ser nuncio de un futuro promisorio. No se calibra a los pueblos por sus desviaciones y caídas, sino por su perseverancia, talento y denuedo en sacudirse el polvo y reencontrar su camino. No se juzga a los países por sus eclipses temporales de despotismo, sino por sus epifanías perdurables de libertad. La talla no la dan los tiranos y traidores. Los pueblos tienen el tamaño de sus próceres.



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Notas

1-José Ortega y Gasset, Ideas y Creencias, Obras Completas, vol. V, pág. 400.

2-Ralph W. Emerson, Hombres Representativos, Editorial Iberia, España, 1960, pág. 21.

3-San Mateo 7, 15-16.

4- Enrique José Varona, Estudios y Conferencias, Editorial Cubana, 1998, pág. 269.