(**) Por
Teresa Fernández Soneira
“… fue el más sabio y el más ilustre de los músicos cubanos, el Presbítero Don Esteban Salas, el “Bach cubano” como se le ha llamado siempre; bajo su dirección aprendieron los pocos músicos que entonces cultivaban el arte en ese país”[1]. Rafael Salcedo.
Poco se ha escrito de él y mucho menos reconocido al primer gran compositor clásico que tuvo Cuba, el músico habanero Esteban Salas y Montes de Oca. Pero debido a la importancia del papel que desempeñó en la historia de la música cubana del siglo XVIII, nada más justo que colocar a Salas en el lugar que le corresponde.
El historiador José
Luciano Franco encontró la partida de bautismo de Salas en la iglesia del Santo
Cristo del Buen Viaje. En ella consta lo siguiente:
Libro III de bautizos de blancos, del Archivo Parroquial del Santo Cristo del Buen Viaje, correspondiente al año 1726, figura inscrito con el número 77, el de Esteban Salas, que nació el 25 de diciembre de 1725 en la ciudad de La Habana. Hijo legítimo de Don Tomás de Salas y Castro y Doña Petrona de Montes de Oca, ambos naturales de Islas Canarias. Folio 13 (vuelto)[2].
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| Parroquial del Santo Cristo del Buen Viaje, La Habana, Cuba. |
Monseñor Ramón
Suárez Polcari en su Historia de la Iglesia Católica de Cuba[3],
relata: “Sus contemporáneos lo describen con tez morena, nariz aguileña, frente
despejada, labios gruesos y carnosos, y sensibilidad tropical exuberante en su
obra. Hombre de Iglesia, siempre vestido con el traje talar, muy escueto y
pobre, con la tela envejecida hasta la trama”.
De joven, Esteban
Salas se educó en La Habana. Primero estudió gramática, y luego ingresó como
tiple de coro en la Parroquial Mayor. Algunos años más tarde se matricula en la
Universidad de La Habana y estudia Filosofía y Teología, y aprende los oficios de
organista y compositor, pero no termina sus estudios de Derecho Canónico por
motivos de salud. Desde muy joven vive como un sacerdote aunque se considera
indigno de ordenarse. Ha hecho votos de pobreza y castidad, y siempre viste de
negro.
La Parroquial Mayor
de La Habana (la ciudad aún no tenía catedral) poseía un alto nivel de riqueza
material y actividad intelectual por el intercambio comercial, ya que las
flotas que regresaban a España y que viajaban en la ruta de
Veracruz-Habana-Sevilla, y luego Cádiz, hacían escala en La Habana. Por esa vía
se cree vinieron a la Isla los maestros españoles que servirían en la
Parroquial Mayor, y que pudieron preparar a un músico de la talla de Esteban
Salas. Santiago de Cuba, aunque era capital de la Isla, no tenía la vida
cultural que tenía La Habana, pues se encontraba en el extremo oriental de la
isla, con pocos recursos económicos por la lejanía de las rutas comerciales. En
La Habana, los instrumentos eran usados para los oficios religiosos, pero en
Santiago se carecía hasta de libros de música, y en Cuba los organistas y músicos
permanecían en sus cargos por poco tiempo pues tenían su vista siempre puesta
en La Habana.
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| Sala Parroquial del Museo de la Ciudad de La Habana. |
En 1722, el Obispo
Francisco Jerónimo Valdés funda en Santiago de Cuba el Colegio Seminario de San
Basilio el Magno y establece una cátedra de canto llano. Eso, sin embargo, no
soluciona el dilema de la música en la Catedral de Santiago. En diciembre de 1755
el Cabildo se dirigió al Rey Fernando VI, pidiéndole licencia y ayuda para
finalmente establecer una capilla de música en Santiago de Cuba. No sería hasta
diez años después que Carlos III (sucesor de Fernando VI), respondiera a la
solicitud.
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| Pedro Agustín Morel de Santa Cruz (1694-1768) |
Mientras tanto, en
1753 Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, de la Española, había sido nombrado
Obispo de Cuba y establecido su residencia en La Habana. Allí conoce a Esteban
Salas y piensa que él es la persona indicada para constituir la capilla de
música de Santiago de Cuba. Al recibirse el 26 de abril de 1765 la Real Cédula,
Morell de Santa Cruz pide entonces a Salas que se traslade a Santiago.
Salas en
Santiago de Cuba
Cuando Salas llega
a Santiago es ya un hombre maduro. Su extremada modestia comienza a dar de qué
hablar. Los canónigos, algo desconfiados, lo someten a prueba y le exigen la
composición inmediata de un himno a la Virgen. Salas sale victorioso de aquel examen
escribiendo el motete Ave Maris Stella. Algo tranquilizado, el Cabildo le hace
otra encomienda: la composición de un salmo que Salas también escribe para
beneplácito de los más exigentes. Finalmente le es concedida la plaza de
Maestro. Muy pronto el Cabildo también le confía a Salas la enseñanza de
algunas clases en el Seminario San Basilio el Magno, enseñando allí las
cátedras de Filosofía, Teología y Moral. Salas lo acepta a condición de no
recibir estipendio alguno. Escribe también varios textos de filosofía que son
publicados.
Una vez asentado en
Santiago en su nuevo cargo, Salas comienza a laborar intensamente y pide al
Cabildo un estipendio de 1,400 pesos anuales para el mantenimiento de la
capilla, y una asignación de 370 pesos para él. Expone la gran pobreza de los
músicos que habrían de actuar bajo su dirección y la necesidad de que puedan
llevar una vida digna. Después procede a la creación de plazas: tres tiples,
dos altos, dos tenores; dos violines, un violón, dos bajones y un arpa, además
del órgano: un total de catorce ejecutantes. No es mucho, pero es un buen
comienzo para una iglesia que sólo había conocido, hasta entonces, organistas
temporales y capilla de dos voces. Hace trabajar mucho a sus músicos y
cantores, y les impone nuevas disciplinas. Forma a varios discípulos, entre
ellos Manuel Miyares y Francisco José Hierrezuelo. Está siempre componiendo y
escribe con letra clara y segura, lo que más tarde haría más fácil el descifrar
sus manuscritos.
El entusiasmo que
puso Salas por hacer de la capilla de música de la Catedral algo digno de ésta,
se aprecia por los resultados. La capilla se fue enriqueciendo con flautas,
oboes, trompas y violas, llegando a establecer una pequeña orquesta clásica que
podía ejecutar sinfonías, convirtiendo a la Catedral en sala de conciertos. El
historiador Pablo Hernández Balaguer[4]
dice: “Salas fue el verdadero punto de partida de la práctica de la música
seria en Cuba. Con él comienza a apreciarse en Cuba y a diferenciarse la música
popular de la música culta en el templo y en el pueblo”.
Cuando en 1783
parecía haber llegado al punto más alto de su carrera, el Supremo Consejo de
Indias le exige la devolución de las sumas suplementarias que le habían estado
entregando para mayor lucimiento de la capilla de música. Sorprendido y
desconcertado, sin saber cómo reunir aquella tremenda cantidad de dinero,
dirigió una larga carta al Rey explicando lo ocurrido. Pero la respuesta se
hizo esperar siete años, y en ese tiempo la angustia y la incertidumbre
quebrantaron su salud hasta el extremo de que estuvo a punto de morir. Por
entonces los canónigos lo instan a que tome las órdenes sacerdotales, pero por
estimarse a sí mismo indigno de llevar el hábito o de decir misa, sigue en su
propio mundo, llevando traje de abate.
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| Dr. Antonio Feliú y Centeno (1728-1791) |
En 1789, el Obispo
Antonio Feliú y Centeno llega a Santiago. Mientras el Cabildo lo agasajaba,
observa que Salas permanece en segundo plano, en medio de los monaguillos. El
prelado va hacia él, le toma en brazos y le pide que solicite su ordenación.
Esta vez el músico accede y recibe la primera tonsura en noviembre del mismo
año, y en marzo de 1790 ya es sacerdote. El Viernes Santo de 1790 recibe la
tonsura y oficia su primera misa, componiendo para aquella ocasión tan solemne
un Stabat Mater monumental. “[Salas] llegó a vivir como un mendigo”, nos dice
Monseñor Polcari[5]
en la obra ya citada. “Su sotana se iba haciendo trizas y sólo se alimentaba
con chocolate, pero seguía atendiendo a sus deberes ministeriales… aunque todo
el dinero debía entregarlo para sufragar las deudas”, termina diciendo Polcari.
El 12 de noviembre de 1801, una Real Cédula pone fin a la deuda y a su
preocupación, pero ya para Salas era muy tarde. Enfermo y deprimido, deja de
existir, en la mayor pobreza, el 15 de junio de 1803, después de haber
desempeñado su cargo por 39 años. Su cuerpo fue sepultado en la Santa Iglesia
del Carmen[6],
y el señor obispo dispuso que sus exequias se hicieran con la mayor pompa y
solemnidad, y toda la ciudad de Santiago de Cuba se asoció al duelo. El día de
sus funerales se leyeron estos versos:
No es muerto Esteban no, que vida ha sido/ de perdurable paz su monumento; por él con subterráneo apartamento/a la mansión de Dios se nos ha ido. Ya desnudo del hombre mal nacido/dejó la patria y valle turbulento, viajando en derechura al firmamento/por la lóbrega senda del olvido. Puerta dichosa fue, no sepultura/la que le abrió el destino en su partida.

Salas deja al morir
un precioso legado al Archivo Catedralicio compuesto por más de un centenar de
obras. En los años subsiguientes a su muerte se siguieron oyendo en la Catedral
de Santiago sus villancicos y algunas otras obras como la Misa de Réquiem. Esta
obra fue perpetuada por Juan París[7],
el maestro de capilla que le sucedió, quien realizó numerosas copias de las
composiciones de aquél de modo que pudo continuarse y renovarse su
interpretación en los oficios de la Catedral. En 1855, el Semanario Cubano
publicó el primer artículo dedicado a la memoria de Esteban de Salas, cuya obra
fue calificada como ‘venerable”. En lo adelante, alguna que otra vez su nombre
fue mencionado en estudios sobre la música cubana, pero una vez disuelta la
capilla y con la entrada del nuevo siglo, su figura comenzó a ser poco a poco
olvidada.
No sería hasta la
década de 1940 en que el escritor, investigador y musicólogo Alejo Carpentier
se da a la tarea de desenterrar la obra de Esteban Salas y Montes de Oca. Los
documentos y las obras se encontraban en estado lamentable y en gran desorden
en un armario de la Catedral, y su estudio fue tarea larga y paciente. Algunas
partituras no sólo estaban semi destruidas, sino que fue preciso hacer un
estudio minucioso de muchas otras obras para determinar lo que era realmente
obra suya. “Las prolongadas búsquedas que nos llevaron a dar con un buen lote
de partituras de Salas”, dice Alejo Carpentier, “arrojan plena luz sobre una
figura que no sólo es adquisición para Cuba, sino para la historia musical de
todo el continente”[8].

A raíz de este
hallazgo, los investigadores se dedican a estudiar la figura de Salas, y en
1953, al cumplirse los 150 años de la muerte del compositor, José Luciano
Franco escribe para la revista Carteles un artículo titulado “Salas, el
compositor olvidado”. Tres años más tarde, Pablo Hernández Balaguer[9]
comienza la ardua labor de catalogación de la obra. “De toda la música
conservada de este compositor, 146 obras en total, sólo 80 y tantas pudieron
ser devueltas a la vida; las demás solamente nos dan una pista de lo que
fueron”, dice Hernández Balaguer. “No obstante, tal pista es en extremo valiosa
para la investigación, pues nos brinda la oportunidad de estudiar mejor la
naturaleza de su música, el conjunto vocal e instrumental de que se valía
Salas, a más de otros aspectos de su obra”, termina diciendo Hernández
Balaguer.
Salas compuso
misas, lecciones, las Siete Palabras, un Himno a la Virgen, pasionarios,
salmodias, Letanías del Corazón de Jesús, Letanías del Trisagio; 16 salves y
motetes para la Octava de la Asunción; te deums, stabat maters, motetes,
pastorelas y 30 villancicos, así como un himno titulado Saludad a la Aurora
Divina, autos sacramentales y unas canciones compuestas junto con Pérez y
Ramírez. Carpentier añade: “[…] la finura, el buen gusto, el frescor de ideas,
nunca abandonan a Salas. Su lenguaje es además conciso y directo. No hay
espacio perdido. Se vale del canon y de la fuga con frecuencia, pero no abusa
gratuitamente del juego contrapuntístico”[10].
Conciertos,
grabaciones y publicaciones
En 1959 el Coro de
Madrigalistas, dirigido por el maestro Manuel Ochoa, grabó un disco de
villancicos en el que aparecen varios villancicos de Salas. En 1960 se
interpretó la música de Salas en la Catedral de Santiago, repitiéndose el mismo
programa en La Habana. Después, el viernes 15 de abril de ese mismo año,
Viernes Santo, en la iglesia del Espíritu Santo de La Habana, Monseñor Ángel
Gaztelu[11],
su párroco entonces, predicó el Sermón de las Siete Palabras a la par que se
interpretaba, por primera vez la versión musicalizada de este texto atribuida a
Esteban Salas. Este oficio de Semana Santa fue dirigido por Juan Viccini y
estuvo a cargo de un coro, dos solistas y un conjunto de cuerdas[12].
En 1996 el coro
Exaudi de Cuba, bajo la batuta de María Felicia Pérez, graba los tres primeros
discos compactos con música de este compositor, y más tarde el conjunto Música
Antigua Ars Longa, bajo la dirección de Teresa Paz y Aland López, continúa el
“rescate” y difusión de la obra de Salas con los discos: Nativité en Santiago
de Cuba, y Cantus in honore Beatae Mariae Virginiae. Estos coros han seguido
ofreciendo conciertos y dando a conocer la música religiosa de Salas en Cuba y
en el extranjero. También se han venido celebrando los Festivales de Música
Antigua Esteban Salas en La Habana. Importante es la colección de libros Música
Sacra de Cuba, siglo XVIII, escritos por la musicóloga cubana Miriam Escudero.
En Miami, el grupo
coral Seraphic Fire, con residencia en esta ciudad, presentó en septiembre del
2008, y luego en enero del 2019, unos conciertos de música religiosa de
Latinoamérica, y escogió de Cuba la música de Salas. Como dijo esa noche su
director, Patrick Dupré Quigley, “oirán las composiciones de Esteban Salas como
hubieran sonado en la Catedral de Santiago de Cuba en el siglo XVIII”. Para los
que pudimos asistir, estos conciertos fueron memorables.
En palabras de Carpentier, Salas “fue un verdadero místico” y el primer gran compositor serio de música religiosa clásica que tuvo Cuba. De él parte en línea recta la tradición que luego continuarían Laureano Fuentes, Ignacio Cervantes, Cratilio Guerra, Antonio Raffelin, Manuel Saumell y otros. La vida de Salas estuvo llena de dificultades y siempre tuvo que luchar contra los que, celosos de su talento, se empeñaban en amargar su productiva vida. Pero nos ha quedado su música que le ha conquistado, aunque dos siglos después de su muerte, un lugar cimero en la historia de la música religiosa de Cuba.
Discografía:
Esteban Salas: Les
Grandes Heures du Baroque Cubain, 1996
Esteban Salas: un
barroco cubano del siglo XVIII, 1996
Nativité à Santiago
de Cuba, 2001
Cantus in honore
Beatae Mariae Virginis, 2002
Esteban Salas: un
barroco cubano, 2003
Esteban Salas.
Passio Domini Nostri Jesu Christi, 2004
Referencias:
Pablo Hernández
Balaguer, Los villancicos, cantatas y pastorelas de Esteban Salas, Editorial
Letras Cubanas, La Habana, 1987, cédulas y órdenes, legajo 2, núm. 198.
Mons. Ramón Suárez
Polcari, Historia de la Iglesia Católica de Cuba, Vol. I, Ediciones Universal,
Miami, Florida, 2003.
Hernández Balaguer,
Pablo, Ibid.
Según Alejo
Carpentier en obra citada: Libro de Entierros No. 7, folio 25 vuelto, No. 50,
Catedral de Santiago de Cuba.
Alejo Carpentier,
La Música en Cuba, Fondo de Cultura Económica, México, 1972.
Balaguer, Pablo
Hernández, El Más Antiguo Documento de la Música Cubana, Editorial Letras
Cubanas, 1986.
Carpentier, Alejo,
Ibid.
Bibliografía
Arrate, Martín
Félix de: Llave del Nuevo Mundo, Antemural de las Indias Occidentales, Fondo de
Cultura Económica, México.
Balaguer, Pablo
Hernández: Los Villancicos, Cantatas y Pastorelas de Esteban Salas, Editorial
Letras Cubanas, La Habana, 1986.
Carpentier, Alejo:
La Música en Cuba, Fondo de Cultura Económica, México, 1972.
El Más Antiguo
Documento de la Música Cubana, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1986.
Miriam Escudero:
“Esteban Salas in aeternum”, Opus Habana, La Habana, 11 de julio de 2003, en
www.opushabana.cu/noticias.
____________:
Esteban Salas, maestro de capilla de la Catedral de Santiago de Cuba
(1764-1803). Libros I-VIII, Ediciones Boloña, Oficina del Historiador de la
Ciudad de La Habana, Universidad de Valladolid, España, Centro de Investigación
y Desarrollo de la Música Cubana.
Suárez Polcari,
Mons. Ramón: Historia de la Iglesia Católica de Cuba, Vol. I, Ediciones
Universal, Miami, 2003.
Trelles, Carlos M.:
Bibliografía Cubana de los siglos XVII y XVIII, La Habana, Imprenta del
Ejército, 1927.
(*) Tomado del blog Gaspar, el lugareño. Publicado originalmente en la Revista Herencia Cultural Cubana, Miami, marzo 2009, pp. 87-91.
(**) Teresa Fernández Soneira (La Habana 1947), es una historiadora y escritora cubana radicada en Miami desde 1961. Ha hecho importantes aportes a la historia de Cuba con escritos y libros de temática cubana, entre ellos, CUBA: Historia de la educación católica 1582-1961, Ediciones Universal, Miami, 1997, Con la Estrella y la Cruz: Historia de las Juventudes de Acción Católica Cubana, Ediciones Universal, Miami, 2002. En los últimos años ha estado enfrascada en su obra Mujeres de la Patria, contribución de la mujer a la independencia de Cuba, (Ediciones Universal, Miami 2014 y 2018). El volumen I dedicado a la mujer en las conspiraciones y la Guerra de los Diez Años, y el volumen 2, de reciente publicación, trata sobre la mujer en la Guerra de Independencia. En estos dos volúmenes la autora ha rescatado la historia de más de 1,300 mujeres cubanas y su quehacer durante nuestras luchas independentistas.
[1] Carlos M. Trelles: Bibliografía
Cubana de los siglos XVI y XVIII, La Habana, Imprenta del Ejercito, 1927.
[2] Pablo Hernández Balaguer: Los
villancicos, cantatas y pastorelas de Esteban Salas, Editorial Letras Cubanas,
La Habana 1987, cédulas y órdenes, legajo 2, núm. 198.
[3] Mons. Ramón Suárez Polcari: Historia de
la Iglesia Católica de Cuba, vol. I, Ediciones Universal, Miami, 2003.
[4]
Pablo Hernández Balaguer, Ibid.
[5] Suárez
Polcari, Ibíd.
[6] Según Alejo Carpentier en obra citada:
Libro de Entierros No. 7, folio 25 vuelto, no. 50, Catedral de Santiago de
Cuba.
[7] Juan París (Barcelona, 1759 – Santiago de
Cuba, 1845) sacerdote y compositor.
[8] Alejo Carpentier: La Música en Cuba,
Fondo de Cultura Económica, México, 1972.
[9]
Hernández Balaguer, Pablo, Ibid.
[10]
Hernández Balaguer, Pablo, Ibid.
[11] Ángel Gaztelu, (Puente la Reina (Navarra,
España), 1914-Miami, Florida octubre 2003). Emigró con su familia a Cuba y se
naturalizó cubano. Sacerdote, escritor, poeta, y una de las figuras principales
del grupo literario Orígenes que marcó el desarrollo de la poesía en Cuba en
los años 40 del siglo XX.
[12] 13 Miriam Escudero: “Esteban Salas
in aeternum”, Opus Habana, La Habana, 11 julio 2003.





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