Por Pedro Corzo
El documento titulado «Cuba: la capital del comunismo del
Siglo XXI» consolida las numerosas actividades contra Estados Unidos y lo que
esta nación representa que han sido orquestadas o auspiciada por la mayor de
las Antillas desde el mismo año que accedió al poder.
Cierto que, aunque muchas de las informaciones son de
conocimiento público, es la primera vez que un documento oficial de una
instancia tan importante del gobierno federal, como el Departamento de Estado,
compila tanta y variada indagación sobre las acciones criminales del castrismo.
La labor destructiva de los hermanos Fidel y Raúl Castro
contra Estados Unidos se inició en el mismo año de la victoria insurreccional,
paralelo, con la procura de establecer en Cuba un sistema totalitario que
imposibilitara la gestión independiente de la población.
Veamos algunas instituciones creadas por el totalitarismo
insular que durante años los ciegos que no quieren ver y los sordos que
prefieren no escuchar, escogieron considerarlas aparatos inofensivos dedicados
a labores intelectuales, amistad o información.
El Instituto de Artes e Industrias Cinematográfica,
ICAIC, fue fundado en marzo de 1959. El primer aparato del castrismo que le
regaló Fidel a su amigo Alfredo Guevara. El ICAIC fue usado para glorificar la
revolución y denostar contra Estados Unidos.
Uno de los aparatos más poderosos del castrismo y que ha
cumplido la mayoría de sus propósitos con éxitos, fue la agencia desinformativa «Prensa Latina», constituida a mediados de 1959. Esta entidad fue inspiración
de Fidel Castro, el asesino en serie Ernesto «Che» Guevara y el periodista
guerrillero Jorge Ricardo Masetti, su primer director general, muerto en
combate.
La idea de crear un centro de desinformación, básicamente
orientado a desmentir a las agencias capitalista generando sus propias
informaciones y editando las ajenas, por supuesto, esto nunca fue dicho tan
claramente. La idea se le ocurrió a Fidel Castro en el aula Magna de la
Universidad de Caracas, fundamentándola en la necesidad de combatir a lo que
llamo el monopolio informativo de las agencias.
En abril se creó la «Casa de las Américas», supuestamente
un centro cultural totalmente distante de los polos ideológicos que
representaban Estados Unidos y la entonces pujante Unión Soviética. La «Casa» otorgaba premios y magnificaba prestigios, particularmente entre los
creadores jóvenes ansiosos por labrarse un sitio en el mundo intelectual,
también invitaba a creadores a participar como jurados, con todos los gastos
sufragados por el estado.
No obstante, los potenciales jurados como los
concursantes debían tener credenciales que contaran con el visto bueno del
oficialismo y sus trabajos corresponder a los postulados de la Revolución, sino
sus premios podían ser cuestionados como le ocurrió al poeta Heberto Padilla,
1968, cuya obra fue publicada, pero censurada por la Unión de Escritores y
Artistas de Cuba, el aparato que controla con manos de hierro a los autores
cubanos.
La Casa de las Americas no solo seducía y comprometía a
intelectuales latinoamericano, también a estadounidenses, ya fuese sirviendo de
jurados o concursantes. El objetivo era captarlos para que a su regreso llevara
un mensaje de inconformidad a sus centros de estudio y trabajo, labor que
cumplió con igual o mayor éxito, el Instituto de Amistad con los Pueblos, ICAP,
diciembre de 1960, un cuerpo que contaba con amplios recursos económicos con
los que encandilaban a los sujetos con grandes ambiciones.
Entre esas herramientas fundamentalmente orientadas a la
guerra asimétrica se destaca «El Comité Pro Justo Trato para Cuba» fundado en
Nueva York en abril de a1960, un aparato que agrupó intelectuales, activistas y
ciudadanos estadounidenses que defendían la Revolución Cubana, consideraban,
que la hostilidad de Washington contra los Castro, personas que nunca tuvieron
en cuenta los fusilamientos masivos al interior de la Isla y la confiscación de
bienes a ciudadanos probos, incluidos compatriotas suyos.
El engendro que asumió el poder en Cuba no fue una
propuesta política y menos ideológica, sino, una armazón de odios, envidias y
resentimientos, que, si bien no cuenta con capacidad para destruir a sus
enemigos de un golpe, si dispone de las herramientas necesaria para corroer
desde adentro a quienes les adversen, de ahí, su esfuerzo por manipular a los
estudiantes y funcionarios públicos.
(*) Tomado de The Post
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