Tuesday, August 18, 2026

LA MEMORIA RECUPERADA DEL TROTSKISMO CUBANO: A PROPÓSITO DE UN TESTIMONIO DEL PROFESOR ROLANDO ALUM LINERA (*)

Por Carlos Manuel Estefanía Aulet

La reciente publicación de mi libro Trotskistas cubanos. Una historia enterrada durante años continúa generando valiosas reacciones entre investigadores e intelectuales cubanos. Una de las más significativas ha sido la del profesor Rolando Alum Linera, académico, etnólogo y antropólogo, investigador asociado externo del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh, miembro de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio y del PEN Club Internacional de Escritores Cubanos en el Exilio, además de colaborador habitual de Periódico Cubano.

El profesor Alum tuvo la gentileza de hacerme llegar una carta de felicitación por la publicación del libro. Más allá de sus palabras de reconocimiento, compartió un testimonio familiar de extraordinario interés historiográfico, pues procede de su tío materno, Pascasio Linera (Guanabacoa, 1920 – Miami Beach, 2008), dirigente sindical auténtico, obrero textil, perseguido por la dictadura de Batista, exiliado y posteriormente incorporado a la lucha en el Escambray durante los meses finales de la insurrección.

Según recordaba Pascasio Linera, ya desde los primeros meses de 1959 el nuevo Gobierno revolucionario marginaba e incluso perseguía a los militantes trotskistas. Resulta especialmente revelador que este testimonio no provenga de un simpatizante del trotskismo. Al contrario, Pascasio no compartía sus posiciones políticas. Sin embargo, pertenecía a una generación del movimiento obrero cubano en la que las diferencias ideológicas no impedían mantener relaciones de respeto, solidaridad y reconocimiento mutuo entre quienes habían combatido las dictaduras.

Esta observación confirma una de las conclusiones fundamentales desarrolladas en Trotskistas cubanos. Una historia enterrada durante años: la eliminación del trotskismo cubano no fue un episodio tardío asociado a la institucionalización del régimen, sino una política iniciada prácticamente desde el triunfo revolucionario, cuando todavía coexistían diversas corrientes dentro de la izquierda cubana.

El profesor Alum recuerda igualmente otro episodio ilustrativo de aquellos años. Su tío fue acusado públicamente de «mujalista» por David Salvador en una intervención televisiva en 1959. Décadas después, ambos coincidieron casualmente en el exilio, en Los Ángeles, donde David Salvador terminó reconociendo el carácter injusto de aquella acusación y pidió disculpas. El episodio refleja hasta qué punto la descalificación política sustituyó al debate dentro del naciente régimen revolucionario.

Las reflexiones del profesor Alum no se limitan, sin embargo, al pasado. En su carta señala una paradoja que merece atención. Mientras el régimen castrista persiguió y desarticuló al trotskismo cubano, determinados grupos trotskistas internacionales han continuado defendiendo durante décadas a ese mismo régimen. Como ejemplo recuerda la visita realizada por Yoani Sánchez y Orlando Luis Pardo Lazo a una universidad de Nueva York en 2013, donde organizaciones trotskistas interrumpieron la conferencia con consignas contra los invitados y en defensa del Gobierno cubano. Según relata, cuando algunos asistentes intentaron explicarles hechos ampliamente documentados, como las UMAP o la persecución de homosexuales y disidentes, aquellos activistas rechazaron tales testimonios calificándolos simplemente como propaganda de la derecha.

Esta contradicción histórica ya había sido advertida en los propios años sesenta. El profesor Alum remite acertadamente al ensayo de Joseph HansenTrotskyism and the Cuban Revolution: An Answer to Hoy (1962), escrito en respuesta a la campaña de difamación lanzada por el periódico Hoy, órgano oficial del antiguo Partido Socialista Popular. Hansen denunciaba cómo el estalinismo cubano recurría a las mismas falsificaciones históricas utilizadas durante décadas por la burocracia soviética para desacreditar a Trotski y a sus seguidores, presentando toda crítica revolucionaria como una forma de colaboración con el imperialismo. Asimismo, sostenía que aquella campaña pretendía desviar la atención del creciente problema de la burocratización del proceso revolucionario tras la caída de Aníbal Escalante.

Joseph Hansen fue una figura central del trotskismo estadounidense y uno de los principales dirigentes del Socialist Workers Party (SWP), con influencia en la Cuarta Internacional durante el siglo XX. Su trayectoria combina militancia revolucionaria, producción teórica y participación en la dirección de organizaciones marxistas, pero también refleja los límites históricos y estratégicos del trotskismo como corriente política.

Su etapa más conocida fue su cercanía a León Trotsky entre 1937 y 1940 en México, donde actuó como secretario y miembro del equipo de seguridad. Aunque este vínculo le otorgó autoridad simbólica dentro del movimiento, su papel histórico en este período ha sido en ocasiones idealizado por la tradición trotskista, que tiende a convertir la proximidad a Trotsky en un criterio de legitimidad política.

Tras el asesinato de Trotsky, Hansen asumió posiciones de dirección en el SWP durante décadas, destacando más como organizador de prensa y aparato teórico que como estratega político con impacto real en procesos históricos de masas. Su actividad estuvo concentrada en la esfera de la discusión interna del marxismo revolucionario estadounidense, con limitada influencia fuera de ese círculo.

A nivel internacional, participó en la reunificación de sectores de la Cuarta Internacional en 1963. Sin embargo, este proceso no resolvió las fracturas estructurales del trotskismo, que continuó fragmentado en múltiples corrientes con escasa capacidad de intervención unificada en la política mundial.

Su análisis de la Revolución Cubana constituye su aporte más debatido. Hansen defendió tempranamente al régimen surgido tras 1959 como una forma de “Estado obrero en transición”, una interpretación que ha sido criticada por su tendencia a encajar procesos nacionales complejos dentro de esquemas teóricos rígidos del marxismo ortodoxo. Esta lectura fue influyente en sectores trotskistas, pero también mostró los límites del aparato conceptual del movimiento para explicar revoluciones lideradas por fuerzas no proletarias clásicas.

Su obra y su legado permanecen principalmente dentro del campo del marxismo militante, sin haber trascendido significativamente al pensamiento político académico general ni haber generado una teoría con capacidad explicativa dominante sobre los procesos revolucionarios del siglo XX.

Falleció en 1979, dejando una producción teórica relevante dentro del trotskismo, pero también un legado asociado a las tensiones internas, reinterpretaciones polémicas y limitaciones estratégicas de esa tradición política.

El testimonio aportado por Rolando Alum Linera posee un valor que trasciende la anécdota personal. Constituye una pieza más de la memoria oral que confirma cómo la represión contra el trotskismo fue percibida por numerosos militantes obreros ajenos a esa corriente política desde los primeros momentos de la Revolución. Cuando estos recuerdos familiares convergen con la documentación de la época y con investigaciones recientes, dejan de ser simples memorias individuales para convertirse en fuentes historiográficas de primer orden.

La historia del trotskismo cubano continúa reconstruyéndose precisamente gracias a la convergencia entre archivos, testimonios y documentos olvidados. Cada nueva aportación, como la generosamente compartida por el profesor Rolando Alum Linera, ayuda a rescatar una parte de la historia de Cuba que durante décadas permaneció deliberadamente sepultada.

 (*) Tomado de: Cuba Nuestra: Historia 

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